ARTÍCULOS LIBRES

Humor y relaciones cotidianas en la educación secundaria de jóvenes y adultos

Humor and everyday relationships in secondary youth and adult education

Horacio Paoletta
Universidad de Buenos Aires, Argentina

Humor y relaciones cotidianas en la educación secundaria de jóvenes y adultos

Avá. Revista de Antropología, vol. 40, pp. 84-107, 2022

Universidad Nacional de Misiones

Recepción: 12 Julio 2021

Aprobación: 09 Diciembre 2021

Resumen: El artículo analiza desde un enfoque socioantropológico las prácticas en torno al humor desplegadas por distintos sujetos que cotidianamente se encuentran en las instituciones de educación secundaria para jóvenes y adultos, específicamente en Centros Educativos de Nivel Secundario de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Se sostiene que las expresiones humorísticas de los sujetos definidos según edad y condición de estudiante o docente interactúan de manera diferencial con las normas, principios y formas de proceder promovidas en estas instituciones. Asimismo, se plantea que el análisis de dichas prácticas aporta elementos para en- tender las relaciones desplegadas en el ámbito escolar entre los diferentes grupos ya que expresan y permiten procesar conflictos, acuerdos y negociaciones, constituyéndose en un elemento relevante para reflexionar acerca de la presencia juvenil en la educación para jóvenes y adultos desde un enfoque atento a las prácticas y perspectivas de los sujetos.

Palabras clave: Humor, Normas, Relaciones cotidianas, Educación de jóvenes y adultos.

Abstract: With a socio-anthropological approach, this article analyzes the practices related to humor deployed by different subjects who meet every day in secondary educational institutions for young people and adults, specifically in Secondary Education Centers of the City of Buenos Aires. It is argued that the humorous expressions of the subjects -defined by age and student or teacher status- interact differentially with the norms, principles, and ways of acting promoted in these institutions. Likewise, it is argued that the analysis of these practices provides elements to understand the relationships displayed in the school environment between different groups since they express and allow for processing conflicts, agreements, and negotiations. In this way, humor practices constitute a crucial element in understanding the presence of young people in Youth and Adult Education, a reality that highlights the importance of approaches attuned to subjects’ practices and perspectives.

Keywords: Humor, Norms, Everyday relationships, Youth and adult education.

Introducción

Desde diversas disciplinas y con distintos objetivos, se ha buscado entender las formas en que los sujetos vivencian su paso por la escuela. Por su parte, la educación secundaria para jóvenes y adultos cuenta con la particularidad de albergar en las aulas a sujetos de distintas edades. En este marco, la presencia juvenil ha sido objeto de preocupación en las instituciones de la modalidad y también objeto de reflexión en la bibliografía especializada.1 Esta particularidad, constituye un elemento central para comprender dichas vivencias.

Efectivamente, este artículo es parte de una investigación más amplia2 en la cual nos preguntamos acerca de las experiencias de los/as jóvenes3 vinculadas a su tránsito por el nivel de educación secundaria de jóvenes y adultos, específicamente en los Centros Educativos de Nivel Secundario (CENS) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), Argentina.4 Aquí, profundizo en algunas situaciones que se presentaron con bastante frecuencia durante el trabajo de campo, aquellas relacionadas con el humor.

En particular, analizo cómo los sujetos que concurren diariamente a los CENS ponen en práctica el humor y la risa posicionándose respecto de las normas, los principios y las formas de proceder promovidas en estas instituciones. Dichos posicionamientos son distintos según la edad (jóvenes o adultos/as) y condición (docentes o estudiantes) y, paralelamente, las modalidades de humor desplegadas cotidianamente dan forma concreta a aquellas orientaciones.

El humor así expresado contribuye a definir los grupos, produciendo y reproduciendo las interacciones entre ellos. Por las formas en que se practica, se constituye en una modalidad común de comunicación a la vez que productor de diferencia, une y distancia. En la enorme amplitud de sus posibles manifestaciones, se transforma en lenguaje que expresa conflictos, acuerdos y negociaciones en el ámbito escolar. Hipotéticamente, es posible sostener que la manera en que los sujetos se vinculan con las orientaciones mediante el humor es uno de los principales ejes a partir del cual se puede entender el conflicto en las relaciones cotidianas.

Así, el humor y la risa constituyen dimensiones de análisis relevantes para la comprensión del orden institucional y las relaciones entre grupos. Y, complementariamente, aportan elementos para conocer la “problemática” juvenil en los CENS.

El enfoque socioantropológico

Realicé la investigación desde un enfoque socioantropológico relacional, con lo cual se destaca, en el proceso de investigación, el esfuerzo por relacionar las diversas dimensiones de una problemática, dando cuenta de la interdependencia de los procesos y de sus relaciones históricas contextuales (Achilli, 2005), al tiempo que cobran centralidad las relaciones entre los diversos actores/puntos de vista presentes en los procesos bajo análisis (Menéndez, 2006 y 2010). Dicho enfoque supone considerar el movimiento histórico y el carácter contradictorio y conflictivo de lo social. Algunos “núcleos problemáticos” del mismo son el interés por el reconocimiento de la cotidianeidad social, la recuperación de los sujetos sociales y sus construcciones de sentido y, en cuanto a lo metodológico, la dialéctica entre trabajo de campo y trabajo conceptual (Achilli, 2005). Por otra parte, la descripción detallada y el análisis de diferentes situaciones y discursos escolares resultan relevantes en la búsqueda de “desnaturalizar” las formas de la propia sociedad, una de las características más originales y duraderas de la antropología (Neufeld, 2010).

Tal como sostiene Rockwell, lo que el etnógrafo hace es “documentar lo no documentado de la realidad social” (2009, p. 48). En ese sentido, las estrategias desplegadas incluyen el análisis de diverso tipo de documentos, entrevistas, charlas informales y observaciones de distintas instancias escolares en los ámbitos locales y cotidianos con el propósito de analizar los modos concretos en que los sujetos producen sentidos, prácticas y relaciones en los centros. Hice trabajo de campo en dos CENS.5 En el CENS A, principalmente, durante el 2013 y en el CENS B, principalmente, durante el 2015. Ambos estaban ubicados en barrios pertenecientes al centro geográfico de la Ciudad, zonas habitadas por sectores medios y medio-altos de donde provenían algunos/as estudiantes, también asistían estudiantes de sectores populares de otros barrios de CABA y del Conurbano Bonaerense6.

Registré entre docentes y estudiantes jóvenes y adultos/as una fuerte valoración positiva del nivel de educación secundaria y por alcanzar los mayores niveles educativos. Muchos/as estudiantes se lamentaban por haber discontinuado sus estudios anteriormente y asociaban la concurrencia al CENS con la posibilidad de mejorar su situación laboral, acceder a la formación post secundaria y mejorar y desarrollarse personalmente. Asimismo, tendían a destacar los buenos vínculos con directivos/as, docentes y compañeros/as que hallaban en estas instituciones (Paoletta, 2017).

Sin embargo, muchos/as adultos/as (docentes tanto como estudiantes) solían identificar a los/as jóvenes como un “problema”. En ambos centros, aunque con distinto grado de intensidad, escuché quejas y críticas hacia ellos/as. Hubo frecuentemente alusiones a su falta de predisposición hacia las tareas y a su conducta inadecuada (que incluye cuestiones vinculadas al orden, silencio, respeto y convivencia), a que pierden tiempo o a que la motivación para estudiar no es propia de ellos/as sino movilizada por la beca o sus padres (Paoletta, 2020).

Las características atribuidas a los/as jóvenes me parecían desmedidas (aunque no totalmente desacertadas) cuando las contrastaba con la observación directa, además muchas veces no sólo no era posible confirmarlas mediante observaciones y entrevistas, sino que sí era posible identificarlas en algunos/as adultos/as. En cambio, hubo un aspecto que se presentó como propiamente juvenil: la puesta en práctica de ciertas modalidades de humor. Llamativamente, ese humor no solía ser mencionado por los/as adultos/as7, por lo que la observación directa fue central para el registro de dichas prácticas, que considero relevantes para el análisis de la presencia juvenil en los CENS.

El humor y la risa en los CENS

El humor y la risa han sido abordados desde diferentes disciplinas tales como la filosofía, la lingüística, la psicología, la sociología, la pedagogía y la antropología. Asimismo, distintos autores se refirieron a esta temática en los ámbitos escolares (McLaren, 1995; Willis, 1988; y en nuestro país García, 2004; Langer 2014 y 2016; Tenti Fanfani, 2009). En estos trabajos, un aspecto que recibió atención ha sido el desafío y transgresión de las reglas en la escuela, lo que tomaré como criterio para organizar y analizar el material de campo, pero en este caso correspondiente al nivel de educación secundaria para jóvenes y adultos.

En discusión con los enfoques naturalistas de las emociones, sostiene Le Breton que la antropología permite destacar la relatividad de las emociones y su relación con el contexto social, cultural y los protagonistas (2012 y 1999). Para el autor,

(…) las emociones nacen de una evaluación más o menos lúcida de un acontecimiento por parte de un actor nutrido con una sensibilidad propia; son pensamientos en acto, apoyadas en un sistema de sentidos y valores. Arraigadas en una cultura afectiva, se inscriben a continuación en un lenguaje de gestos y mímicas en principio reconocible (a menos que el individuo disimule su estado afectivo) por quienes comparten sus raíces sociales. La cultura afectiva brinda esquemas de experiencia y acción sobre los cuales el individuo borda su conducta según su historia personal, su estilo y, sobre todo, su evaluación de la situación. La emoción sentida traduce la significación dada por el individuo a las circunstancias que repercuten en él. Es una actividad de conocimiento, una construcción social y cultural que se convierte en un hecho personal a través del estilo propio del individuo (1999, p. 11-12).

Jáuregui (2008) se refiere a la risa como una emoción humana, un mecanismo psicológico que responde al humor, entendido como cualquier estímulo de esa emoción. Componen la risa un elemento afectivo subjetivo y un elemento expre sivo observable. Reír puede comunicar que algo es identificado como divertido o gracioso (aunque también puede estar asociado a aspectos como resignación, sorpresa, cortesía, desprecio, etc.). Y, por otra parte, una situación interpretada como graciosa puede estar acompañada de la supresión intencional de la risa (si fuera posible) por considerarla inadecuada en ese contexto. Asimismo, existen variaciones, mientras que algunas personas pueden interpretar una escena como graciosa, otras pueden no comprenderla así o identificar en ella algo incorrecto para el contexto u opuesto a sus valores. Sostiene Jáuregui, que “la risa queda condicionada en cualquier cultura por normas específicas sobre cómo y cuándo puede expresarse, y por los motivos de los actores concretos, según los significados y valores de la sociedad” (2008, p. 59).

Durante el trabajo de campo, tanto jóvenes como adultos/as, estudiantes y docentes, mostraron una predisposición especial al humor y a la risa, aunque de diferentes maneras. Algunos/as eran más propensos/as a realizar prácticas que conlleven la expectativa de, o tiendan a, generar gracia y algunos/as eran más propensos/ as a reír. Pero, además, había diferencias significativas entre los modos de humor practicado. El humor de los/as adultos/as (docentes y estudiantes) no se caracterizaba en su contenido o sus formas por la transgresión del orden escolar propuesto (en el sentido en que se trabajará en el próximo apartado), asimismo podía y solía provocar sonrisas o risas de quien realizó el comentario y risas o festejos abiertos por parte los/as presentes en el aula, estudiantes y docente (excepto cuando ese humor contenía una carga fuerte de crítica y cuestionamiento por parte de los/as docentes hacia los/as estudiantes, entonces no siempre tenía el correlato de la risa del destinatario).

En cambio, el humor juvenil por sus temas y modos de expresarlo constituía muchas veces un humor transgresor y desafiante que ponía en tensión el orden escolar. Estas prácticas juveniles, especialmente las más transgresoras y desafiantes, aunque podían llegar a ser las más divertidas para algunos/as, solían estar menos acompañadas de la risa que manifiesta compartir el carácter gracioso de la humorada. Incluso se podían generar momentos de cierta tensión, acompañados con seriedad, gestos de picardía, actuaciones de enojo o miradas cómplices, risas contenidas o sonrisas. Sólo en algunos casos apareció la risa abierta o las carcajadas, por ejemplo, cuando el “clima” del aula estaba alterado o cuando el/la docente parecía no entender claramente lo que estaba pasando o tenía dificultades para establecer orden. También, podía diferirse la risa, al momento de evocar la escena entre los pares. Y cuando el chiste/humorada era “malo” simplemente era ignorado.

En cuanto a las variaciones identificadas, son sugerentes las palabras de Le Breton cuando sostiene que:

(…) en una misma cultura afectiva, las emociones habituales de un lactante, un niño, un adolescente, un joven, un adulto o un anciano cambian de naturaleza e intensidad, impuestas por condiciones sociales y circunstancias muy diferentes unas de otras. Igualmente, además, si se trata de un hombre o una mujer (1999, p. 160).

Acerca de cómo proceder en un CENS

En éstas, como en otras instituciones educativas, existe para los diferentes actores un conjunto de lo que llamaremos “orientaciones”: normas y principios que se deben cumplir y formas de proceder que se fomentan por ser consideradas adecuadas mientras que otras se desalientan. Dichas orientaciones en buena medida se hallan expresadas en distinto tipo de documentos estatales-escolares y sostenidas por docentes y directivos/as en correspondencia con la lógica jerárquica de la institución escolar. Además, en lo esencial son conocidas por los distintos actores quienes obran conforme a ellas de manera generalmente intuitiva, no necesariamente consciente, aunque también pueden ser objeto de agudas reflexiones.8

Lo que se espera y promueve en docentes y estudiantes es resultado de procesos históricos, en ello intervienen mandatos sociales y normas estatales. Incluye supuestos acerca de la convivencia, los modos en que se produce la construcción de conocimiento, el tipo de tareas que deben asumir los distintos actores escolares, etc. Por otra parte, en cada institución ciertas orientaciones son más claras, respetadas y eventualmente sancionado su incumplimiento mientras que otras parecen más difusas y disputadas y se expresarán de modo diferente de una escuela a otra, de un curso a otro y al interior de un mismo curso producto de construcciones concretas entre docentes y estudiantes. Asimismo, qué constituye una transgresión dependerá del modo y contexto particular en que se produzca y, según quién considere estas orientaciones, las mismas pueden ser valoradas positivamente mientras que otras pueden ser cuestionadas.

Sin intentar hacer un inventario exhaustivo, destaco algunas de las orientaciones relevantes que identifiqué durante el trabajo de campo. Los/as docentes, como especialistas y en el marco del cumplimiento de su trabajo, son quienes se espera que organicen las tareas a realizarse en torno al conocimiento en su clase (organizan el proceso de trabajo sobre los contenidos y realizan evaluaciones, toman asistencia, etc.). También, aunque no exclusivamente, pueden actuar de garantes de la convivencia y el orden de la clase, incluso mediante retos y sanción de algunas prácticas.9 De los/as estudiantes, se espera que tengan una actitud predispuesta a las tareas propuestas, respeto y obediencia hacia el/la docente y que sus vínculos con los/as compañeros/as sean armoniosos, entre otros aspectos. Si bien por lo general los/as estudiantes conocen las expectativas que recaen sobre ellos/ as, pueden estar en desacuerdo con las mismas o su seguimiento puede suponer esfuerzo, concentración y hasta aburrimiento.

Sobre el humor entre docentes, estudiantes adultos/as y jóvenes

En adelante me pregunto sobre los modos en que se presenta el humor en relación con las orientaciones mencionadas, con las cuales dialoga permanentemente. Primero trabajaré sobre aquel humor desplegado por los/as docentes, luego el desplegado por estudiantes adultos/as y, por último, daré cuenta del humor juvenil, en especial el de algunos varones.

Docentes: humor que refuerza las orientaciones

En el CENS A, los/as docentes realizaron una obra teatral para los/as estudiantes con escenas mediante las cuales buscaban transmitirles algunas de las formas adecuadas de proceder en el CENS: un profesor representó a un estudiante que llegaba tarde a clase y además interrumpía saludando uno por uno a sus compañe ros, también se abordó el tema del uso de los celulares en clase. El tratamiento de estas cuestiones estuvo revestido de una faceta humorística, sostuvo un estudiante al respecto “yo lo vi gracioso todo (…), todos nos reímos, no fue algo que fue serio…” (Gabriel, 18, 1er ciclo B, CENS A).

El humor docente tendió a presentarse reforzando un orden institucional en permanente construcción y negociación en el cual los/as estudiantes no siempre se conducirían del modo deseado. Con humor una docente desacreditó las posturas discriminatorias de un joven; otra indicó a un estudiante que haga silencio y retome su tarea al tiempo que reforzaba cuáles son los temas legítimos dentro del aula; otro docente cuestionó el desempeño de los/as alumnos/as de su curso y les recomendó con humor esforzarse para llegar a ser “buenos jugadores”.

En los siguientes registros, los/as docentes destacan su lugar diferenciado en rela ción con los/as estudiantes, pero en broma: profesoras con gran poder, alumnos/as sin derechos, docentes con quien conviene tener un trato gentil, parecen modos de recordar el lugar de poder que ellos/as tienen en el aula, así como cierto respeto y obediencia esperable hacia su posición.

Entra al aula la profesora Luisa, saluda. En las manos trae carpetas y un globo terráqueo colgando de un hilo, le hacen comentarios sobre el globo y ella bromea diciendo “tengo el mundo a mis pies” (Registro de clase de Historia y Geografía, 1er ciclo B, CENS A).

El profesor de Derecho de 3er ciclo había faltado, entra la preceptora al curso y dice “chicas y chicos, no tienen Derecho”. La profesora Sabrina –que estaba dando clases y había explicado que los derechos son una diferencia entre el feudalismo y el capitalismo y nos hacen ciudadanos– dice en tono simpático “¡no tienen derecho a nada!”. Se producen algunas risas por la ocurrencia (Registro de clase de Introducción al Estudio de la Cultura y la Sociedad, 3er ciclo, CENS B).

Es el recreo. Augusto, el nuevo profesor de Técnicas y Prácticas Contables, que estaba dando clases en 1er ciclo, entra a 2do ciclo con una taza en la mano. Pregunta si alguien tiene azúcar y ve que las señoras que están tomando té tienen azúcar, se acerca, les pide y se pone en su taza. Les dice a todos/as que es el nuevo profesor de contabilidad y pregunta si alguien debe contabilidad de 1er ciclo. Uno dice que sí y otro le dice en broma (explicitando la conveniencia de ser gentil con el profesor) “¿quiere más azúcar?”, a lo que él contesta “me parece muy bien… que vayan… endulzando el camino” (Registro de recreo, 2do ciclo, CENS B).

Según lo observado, los comentarios humorísticos más irónicos o que expresaban mayor desconfianza u hostilidad, solían tener a jóvenes por destinatarios, en lo cual no pueden descartarse los diferentes sentidos que circulan acerca de ellos/ as. En el registro siguiente se aprecia cómo la profesora explicita con humor su desconfianza hacia el argumento de un joven estudiante, reforzando en broma que debe comprometerse más con sus estudios y no debe faltar tanto:

La profesora Marta, de Literatura, estaba tomando lista y le dice a Fabricio (26) que no lo ve desde el día de la muestra, él responde que estuvo 15 días sin poder venir porque estuvo cubriendo a alguien en su trabajo, aunque sigue reflexionando que no viene desde hace un mes. La profesora le responde con humor irónico que debería ser rico con todo lo que trabaja (Registro de clase de Literatura, 3er ciclo, CENS B).

Durante la clase de Historia y Geografía la profesora aludió a diferencias entre estudiantes jóvenes “australopitecus” y estudiantes mayores, generando complicidad con los/as adultos/as del curso. Lo que parece estar cuestionando es la falta de autonomía:

La profesora Constanza dice que seguirán trabajando con el tema “sujeción de los aborígenes”, alguien pregunta “dónde está” y la profesora dice (con tono de fastidio, pero dejando en claro que era una representación y no algo serio totalmente) “den vuelta la hoja… ¡todo les tengo que decir!... ¿lo encontraron?”. Y agrega refiriéndose a mí, que estaba registrando “¿qué informe va a escribir?” y dice sonriendo “¿se acuerdan del primer homínido que vimos, los australopitecus? En ese nivel están”. Una de las señoras del curso dice “bueno, puede poner que somos personas mayores… que no se acuerdan…” y la profesora pone cara de dudar lo que dijo la estudiante y dice “mayores” mientras hace gesto con la mano extendida con la palma hacia arriba señalando a todo el curso y mostrando que había una gran cantidad de jóvenes (Registro de clase de Historia y Geografía, 2do ciclo, CENS B).

En otra oportunidad, la profesora advierte a Damián que su desempeño es malo y que si sigue así no podrá aprobar la materia, cuando él le pregunta qué nota debe sacarse para aprobar ella le responde que “un 12” (es sabido que la nota máxima de un examen es 10), y finalmente en tono de broma advierte a todo el curso sobre las consecuencias de quienes no cumplan con sus obligaciones de estudiante: “va a correr sangre si no traen todos los trabajos” (Registro clase de Historia y Geografía, 2do ciclo, CENS B).

En definitiva, el humor docente estuvo asociado a sugerir e indicar el camino a seguir, a cuestionar y advertir sobre las consecuencias de apartarse del mismo, reforzando de este modo ciertas orientaciones en el CENS. Encontramos que el humor más irónico u hostil solía dirigirse hacia los más jóvenes. Desarrollaré más adelante que esto puede pensarse como modalidades específicas mediante las cuales los sujetos en ciertos contextos expresan y procesan sus intereses y posturas diversas en la institución. De todas formas, cabe aclarar que, al interior del aula, registré prácticas humorísticas que no tendían necesariamente a reforzar las orientaciones como, por ejemplo, una anécdota personal relatada por una docente al curso. También, pude presenciar, enojos y retos de docentes que reforzaban las orientaciones y no estaban revestidos de una faceta humorística.

Estudiantes adultos/as: humor y respeto

El humor desplegado por este grupo, que durante el trabajo de campo apareció con menor frecuencia que el de otros actores, tuvo entre sus características el respeto a las orientaciones e incluso su reforzamiento. Era expresado de forma amena y siempre era claro que se estaba en presencia de algo gracioso.

Algunos comentarios jugaban con trastocar las orientaciones de manera explícita, confirmando su vigencia. Por ejemplo, en el siguiente registro, la estudiante invierte los roles con la docente evidenciando que se trata de un chiste y confirmando que lo normal es lo inverso. Todo queda en orden.

La profesora Ester pidió que le dicten un ejercicio que los/as estudiantes tenían como tarea para escribirlo en el pizarrón y explicarlo. Ana (41) se lo dicta y en un momento la profesora escribe un número y pregunta para confirmar que lo copió bien “¿así?” y Ana le responde “muy bien, ¡está aprendiendo!”, la profesora se ríe y dice “¡gracias!” (Registro de clase de Técnicas y Prácticas Contables, 1er ciclo, CENS B).

En el siguiente comentario un estudiante retoma lo visto en la materia y hace una analogía que es muy valorada por la docente:

La profesora María anuncia que hoy no tienen mucho tiempo para trabajar, que van a repasar algunas cuestiones ya que esta “es una hora cortita”, a lo que Rodolfo (de aproximadamente 35 años) responde que “es un conector”, haciendo referencia a un tema que vieron en la materia anteriormente. A la profesora le causa mucha gracia y luego hace público el chiste para todos/as los/as estudiantes que no lo habían escuchado (Registro de clase de Lengua y Literatura, 1ro A, CENS A).

El empleo de los contenidos demuestra astucia y manejo del tema por Rodolfo quien parece haber hecho bien su trabajo como estudiante y al mismo tiempo también la docente parece haber hecho bien su parte de enseñar. En otra oportunidad, también desplegó sus habilidades como humorista interpretando un personaje de un campesino que se mencionaba en un texto trabajado en clase, con lo cual varios ríen, también la profesora.

Así, el humor de los/as estudiantes adultos/as se daba usualmente como un humor que no incomoda ni agrede, y que no cuestiona las orientaciones oficiales del CENS ni las jerarquías al interior del aula. No sólo por el contenido sino también por los modos de expresarlo y por la claridad de que se trata de un “chiste”.

Jóvenes: humor y transgresión

Durante el trabajo de campo, el humor fue el modo en que se expresaron casi la totalidad de las prácticas transgresoras por parte de algunos/as jóvenes, especialmente varones. En esos casos humor juvenil y transgresión se hallaban relacionados estrechamente, siendo en oportunidades difícil determinar cuál antecede a cuál. Y, si bien el humor siempre puede suponer algún desafío a las normas, el humor transgresor por sus contenidos y formas se presentó como una modalidad propiamente juvenil. Asimismo, cabe aclarar que los jóvenes a los que me refiero, aunque por lo general no tenían buenos desempeños escolares, llamativamente expresaban respeto, admiración y agradecimiento hacia docentes, directivos/as y compañeros/as, se hallaban a gusto con las buenas relaciones que encontraron en el CENS y manifestaban deseo de completar su escolaridad secundaria.

Además de un humor juvenil que ponía más intensamente en cuestión las orientaciones oficiales, registré un conjunto significativo de situaciones humorísticas que no parecían apuntar en esa dirección. Por ejemplo, registré, excepcionalmente, prácticas humorísticas juveniles que guardan similitud con las descriptas en el caso de los/as adultos/as. En una oportunidad, Enzo (28), que se encontraba distraído, fue interpelado por la profesora que, con una sonrisa, le pregunta “¿qué hace?” y él, percatándose de la propia imagen, le responde “estoy pensando… en el libro mayor” (sonriendo y retomando un tema de la materia). A lo que la profesora, riendo, le responde, “¡si eso todavía no lo vimos!” (Registro de Técnicas y Prácticas Contables, 1er ciclo, CENS B).

Pero, dentro de este grupo de situaciones, las más frecuentes tenían como tema prin cipal el hecho de no reunir algunas características deseables en un/a estudiante al no tener una actitud predispuesta (por ejemplo, en términos de esfuerzo y dedicación) y/o no poseer las capacidades para tener un buen desempeño. Por ejemplo:

En una oportunidad en que estaba observando una clase y anotaba en mi cuaderno algunos estudiantes jóvenes hablan con voz grave, simulando imitar mis propios pensamientos “el chico que anota pone: día 7, no veo evolución”, otro opina “si ve la evolución del ser humano acá estamos al horno”, y se van sumando otros: “no veo ningún cambio en los sujetos”, “no veo actividad mental en este grupo de sujetos”, “¡Si sabés algo para la evolución del cerebro avisá!”, “parece que no son homo sapiens sapiens” y “pobre, como antropólogo (no va a encontrar nada interesante aquí, mejor) que se ponga una parrilla (para subsistir)”.

Me doy vuelta y los voy mirando mientras me río, la profesora Silvia también se ríe y pregunta si todo eso lo están viendo en las clases de biología… (Registro de clase de Técnicas y Prácticas Contables, 1er ciclo B, CENS A).

De manera similar, de modos más o menos públicos, los jóvenes se reían de sí mismos o de sus compañeros por el hecho de recursar alguna materia, cursar muchas veces el ciclo, no asistir con regularidad al CENS, tener mala caligrafía, no participar en clase como correspondería.

Esta modalidad de humor, aunque puede poseer elementos que resulten disruptivos, no parecía ser especialmente desafiante. Lo más destacado es que resulta una declaración de la incompatibilidad con las expectativas que recaen sobre ellos/as. Es un reírnos de nosotros por esa condición.

Otras prácticas humorísticas pueden llegar a ser menos oportunas que las de los/ as adultos, más disruptivas, por ejemplo, molestar a sus compañeros con bromas relacionadas con el aspecto físico o tirándoles cosas. Anteriormente, como parte del humor de los/as adultos/as, se analizó un caso en que una estudiante invertía los roles con la docente. En la siguiente escena otro estudiante realiza algo similar, en tono humorístico, pero de forma brusca:

El estudiante que está escribiendo en el pizarrón porque pasó a hacer un ejercicio a pedido de la profesora termina y en tono de chiste, como enojado golpea su carpeta sobre el escritorio le dice a alguien que está hablando “¡nene, nene! ¿estás prestando atención?”, y se ríe (Registro de clase de Técnicas y Prácticas Contables, 1er ciclo B, CENS A).

Ya pasaron 40 minutos del inicio de la clase y la profesora Adriana toma lista, algunos/as están y otros/as no. Ezequiel Ramírez (18), entra despacio al aula, como escondiéndose, se para detrás de ella, sin que llegue a verlo, y sonríe mientras todo el curso lo está viendo. La profesora termina de tomar lista y pregunta “¿me faltó alguno?” Y desde atrás Ezequiel le dice fuerte y sorpresivamente, “¡Ramírez!” y la profesora asustada dice “¡ahh!”. Ezequiel ríe, y se dirige a un asiento. (Registro de clase de Educación Para la Salud, 2do ciclo, CENS B).

La profesora Silvia está escribiendo en el pizarrón los “fines” de las “empresas comerciales”, mientras escribe los enuncia: “comprar, vender, pagar, cobrar” … y Valentín (aproximadamente 25 años) completa por lo bajo “garcar... y con intereses” (Registro de clase de Técnicas y Prácticas Contables, 1er ciclo B, CENS A).

En cuanto a la intervención de Valentín, la misma contiene un elemento potencialmente transgresor, la palabra que dice es informal en ese contexto, no agrega información relacionada con lo que intenta transmitir la profesora y fue dicha en el momento en que la docente estaba explicando. Sin embargo, la velocidad, el momento y el modo, resultaron graciosos. La voz de Valentín ocupó momentáneamente el lugar de la voz de la docente, puso una palabra que era inesperada en la secuencia que ella venía enumerando. También tiene algo de denuncia, ante un lenguaje pulcro y técnico, Valentín (que trabaja como delivery) expresa lo que piensa de las empresas.

Estas prácticas juveniles suponen cierto nivel de transgresión, suelen ser inoportunas respecto a la temática o las dinámicas propuestas en la clase y llegan incluso a poner en juego el respeto por la figura del/la docente. Sin embargo, es más o menos claro que se trata de un chiste, algo que no debe ser tomado en serio. No presencié sanciones a quienes las realizaban.

Las siguientes prácticas también suponen algún elemento que atenta contra las orientaciones. Sin embargo, el carácter transgresor, así como su aspecto humorístico no resultan tan claros ya que, de algún modo, sus creadores parecen intuitivamente expertos en la ambigüedad. Suelen ser situaciones cercanas a la burla velada al/la docente o las normas institucionales. Las “preguntas tontas” como las definió Damián (25, 2do ciclo, CENS B) pueden ser una expresión de lo anterior, mediante las cuales el estudiante muestra interés por la temática que presenta el/la profesor/a y por otro lo/a obliga a responder algo absurdo o poco relevante. Hacer ruido o decir piropos de manera pública en una muestra escolar es algo que claramente no es esperable y podría ser objeto de sanción, a menos que se encuentre una manera lo suficientemente ambigua para realizarlo:

Es la muestra de fin de año, en que los/as estudiantes exponían lo trabajado en las materias. Antes y después de que cada grupo expusiera en el escenario, se escuchaban algunos aplausos dispersos en reconoci miento al trabajo realizado. Llega el momento en que le toca pasar a un grupo de jóvenes estudiantes mujeres al escenario, una de ellas anuncia “vamos a presentar al caudillo Facundo Quiroga…” y un grupo de estudiantes jóvenes varones empieza a aplaudir enérgicamente y a silbar durante un buen rato (Registro muestra de fin de año, CENS A).

Lo que por un lado, podía interpretarse como un aplauso de los oyentes porque valoran el trabajo de sus compañeras o el contenido de la presentación, por otro, suponía un piropo dirigido con humor. Hubiera sido seguramente imposible en este contexto sancionar su conducta por inadecuada.

Ciertas expresiones, como las “malas palabras”, pueden ser inapropiadas en el aula, pero en oportunidades algunos las decían de manera aparentemente distraída, lo que resultaba gracioso. Registré cómo unos jóvenes cumplían las indicaciones de la docente, aunque de maneras bruscas, también cómo entre risas cómplices otros engañaban a la docente diciendo que no había solicitado realizar una tarea cuando sí lo había hecho o diciendo que faltaban cinco minutos para la hora de salida, mientras que faltaban quince.

Durante la clase de Educación para la Salud la profesora Celina grita “¡chicos! ¿me escuchan?” y Lisandro (aproximadamente 20 años) aplaude mirando a sus compañeros, pidiendo silencio e imitando burlonamente a la profesora, que no dijo nada al respecto (Registro, 2do ciclo, CENS A). En otra oportunidad, el mismo estudiante se adjudica el rol de organizar el habla a la par de la docente cuando había sido objeto de un reto:

Lisandro llega tarde a la clase con un sándwich en la mano, ingresa al aula y se queda parado cerca de la puerta como pidiendo permiso. La profesora Laura le dice “¿dónde estabas vos?”, él le responde “estaba abajo, tengo que alimentarme” va caminando hacia el centro del salón y se queda parado en el medio. Una estudiante continúa con lo que estaba diciendo antes de la interrupción (un ejemplo relacionado con los contenidos que se venían trabajando). Lisandro, que se había quedado parado en el medio del salón le dice a la compañera que habló “pará, estoy hablando con la profesora”, volviendo a interrumpir la clase. Luego se sienta y saca el celular y le empieza a mostrar fotos a una compañera (Registro de clase de Filosofía y Psicología, 2do ciclo, CENS A).

En el siguiente registro, un estudiante exige un trato respetuoso, pero cometiendo la misma falta que la docente sancionó:

Un joven estudiante pide a otro un pañuelito de papel, quien le revolea el paquete, para alcanzárselos. La profesora Susana, enojada porque se los tiró, le dice “te levantás y se los das en la mano”, aprovechando la orden, el que había recibido los pañuelos se los tira de nuevo y le dice “¡levantate y dámelos en la mano!”. El estudiante se levanta y se los entrega en la mano, se hacen un comentario entre ellos. La profesora se enoja nuevamente y les dice que si tienen que hablar vayan afuera. Finalmente les dice que salgan del aula y ella va detrás, se queda con- versando con ambos (Registro de clase de Educación Cívica, 1er ciclo B, CENS A).

En el siguiente caso, Valentín llama a la docente para que lo asista en la tarea, una práctica común que evidencia interés y trabajo por parte del/la estudiante:

–Valentín (aproximadamente 25 años): “profe, ¿puede venir?”

–Profesora Susana: “no”

–Valentín: “un segundo”

–Profesora Susana: “nooo”

–Valentín: “para ver si está bien” (la respuesta que escribió)

–Profesora Susana: “nooo”

–Otro estudiante joven: (imitando la voz de Popis, personaje del programa “el Chavo del 8” y su frase) “acúsalo con tu mamá, Quico”. (Registro de clase de Educación Cívica, 1er ciclo B, CENS A).

Valentín solicita algo usual, pero de modo humorístico y desafiante, pues la docente ya había respondido que no iría. Finalmente, otro estudiante concluye la escena con un chiste, esta vez más explícito. Por otra parte, el mismo podría interpretarse como una denuncia al modo de responder de la profesora y su poca disposición para asistir cuando se lo requieren.

Estas prácticas suponen alguna forma de transgresión y poseen carácter humorís tico, pero ninguna de las dos cosas es totalmente clara. Vimos cómo los jóvenes actúan conforme a lo que se espera de ellos al tiempo que obran contra ciertas orientaciones del CENS. Por lo general, aquí tampoco suele haber retos o sanciones.

Humor y relaciones cotidianas

El humor, prácticamente omnipresente, interpela de uno u otro modo a todos los actores de los CENS en que se realizó trabajo de campo. Hasta aquí, presenté algunas tendencias generales acerca de cómo éste se expresó en relación con lo que llamé “orientaciones”, dando cuenta de las maneras particulares en que los sujetos se posicionan ante las mismas (confirmándolas o poniéndolas en cuestión), dialogando con esos modos más o menos “adecuados” de proceder y, paralelamente, contribuyendo a su concreción a escala de lo cotidiano.

Sin perder de vista que aquellas prácticas vinculadas al humor son complejas y diversas y sus consecuencias no son inmediatas ni directas, resultan buenos indicios para reflexionar sobre las particulares maneras que adoptan las relaciones entre los sujetos en los espacios sociales según coordenadas como edad, condición de estudiante o docente, entre otras, aspecto sobre el que centraré la atención en adelante. Entre algunos/as docentes el humor puede estar al servicio de reafirmar el orden, buscando generar condiciones favorables para el cumplimiento de su trabajo.10 Suele reforzar las mencionadas orientaciones y actualizar las posibles consecuen cias de su transgresión. Asimismo, tal vez dice algo acerca del carácter endeble que tienen aquellas desde su perspectiva, las cuales demandan ser diariamente construidas y actualizadas. Eso, además, es mejor expresarlo “con una sonrisa” evitando los modos más directos, sugiriendo y dando a entender, sin dar órdenes (a sujetos más o menos adultos). Por otra parte, considerando que los jóvenes son identificados como portadores de una serie de características negativas y potenciales transgresores, no es extraño que el humor menos cordial suela dirigirse hacia ellos.

A partir de lo observado, el humor de los/as adultos/as (así como su ausencia) expresa respeto por el/la docente y las orientaciones en general, lo cual no significa necesariamente conformidad. Viabiliza momentos de diversión en armonía, sin alteraciones bruscas en la tarea, sin provocaciones, burlas ni ambigüedades, y sin el conflicto potencial que supone el desafío. Cabe aclarar también que las intervenciones humorísticas juveniles no tendrían las mismas connotaciones si fueran realizadas por adultos/as, posiblemente pasarían por más inadecuadas e incluso graves, de manera que la imagen que transmiten resulta acorde no sólo a lo esperable de un/a estudiante sino de un/a adulto/a.

En cuanto a las condiciones de posibilidad de las prácticas humorísticas juveniles, parecen abarcar desde motivaciones personales hasta procesos vinculados con las relaciones etarias y de género que prevalecen en los CENS y fuera de ellos. Su humor (sustentado muchas veces en la manipulación más o menos sutil de las orientaciones escolares compartidas) puede denunciar el sesgo de los contenidos que dejan por fuera aspectos de la realidad relevantes en su vida o puede expresar una exigencia de mejor trato o atención por parte del/la docente (por ejemplo, las escenas relatadas de los “fines de las empresas comerciales” y la del “Chavo del 8”). En este sentido, una de las docentes más desafiada mediante el humor era, según un estudiante, “la más mala onda de todas”. El humor puede actuar como un modo de resistencia enfrentando un poder docente y/o adulto que se presenta como arbitrario y acusatorio hacia los/as jóvenes (y, de hecho, ninguna interpretación del mismo podría realizarse sin considerar los sentidos y prácticas de los que son objeto). Sin embargo, esto no parece lo más corriente ni parecía ser el modo principal en que era interpretado por los otros actores.

Creo que no hay que precipitarse a sostener que estas prácticas constituyan necesariamente una resistencia contra la injusticia –ni, por otra parte, que estén asociadas directamente con consecuencias académicas negativas en la vida de los jóvenes–. En este sentido, resultan sugerentes los aportes de Giroux (1985) quien destaca que no todo comportamiento de oposición es una respuesta clara a la dominación y cómo algunos de dichos comportamientos pueden actuar incluso expresando o reforzando las lógicas de la dominación, formando parte del acomodamiento y el conformismo antes que de la resistencia.

A medida que avanzaba el trabajo de campo y que identificaba una gran cantidad de comentarios y escenas humorísticas, comencé a hablar sobre esto con algunos jóvenes varones. De aquellas charlas destaco, por un lado, el valor que asignaron a los momentos divertidos y graciosos en el aula y su relación con que fuera más llevadera la clase, lo cual permite entender la gran predisposición que algunos tienen a perseguir esos momentos. Por otro lado, se refirieron al humor propio o de sus compañeros jóvenes y lo asociaron con la transgresión y con la importancia de no superar el límite de lo tolerado. Damián (25, 2do ciclo, CENS B) considera que se hace el “payaso” y sostiene que a diferencia de algunos de sus compañeros, él identifica cuándo y con qué profesores se pueden hacer comentarios graciosos; Sebastián (19, 2do ciclo, CENS A) también decía que “molesta” a los/as docen- tes pero no de manera inadecuada; Ezequiel (18, 2do ciclo, CENS B) se pensaba como cargoso por hacer chistes, hablar, decir “boludeces” y “joder”, pero también aludía a la justa medida en que se debe combinar eso con las obligaciones exigidas por los/as docentes.

Por otra parte, quedan abiertas las preguntas acerca de por qué otros/as jóvenes no desplegaron prácticas similares con la misma intensidad durante el trabajo de campo. Seguramente, el hecho de reafirmar o poner en cuestión las normas mediante el humor en el aula también se halla vinculado, por ejemplo, a los roles diferenciados de género que contribuyen a potenciar, limitar y dar forma a los modos de actuar en público y vincularse con la autoridad.

Asimismo, cabe preguntarse si los posicionamientos diferenciales que adoptan los sujetos se corresponden con perspectivas propias y específicas de los distintos momentos históricos por los que han transitado los jóvenes y adultos/as (formas históricamente diferentes de percibir el mundo y la escuela), o si se trata de una cuestión transitoria, en donde es sólo cuestión de tiempo para que los jóvenes “aprendan” a ser adultos. Muy posiblemente ambos aspectos tengan lugar simultáneamente.

Por otra parte, una de las consecuencias de estas prácticas juveniles resultó ser el alterar la armonía de las relaciones en el aula. No siempre el humor tiene connotaciones positivas, ni se ajusta a criterios éticos o de justicia, ni parece perseguir siempre el propósito de cuestionar cómo docentes y adultos/as se posicionan ante los/as jóvenes. Los/as destinatarios/as de dicho humor pueden ser el/la docente injusto/a pero también otros/as que no son identificados de ese modo. Con humor se puede, por ejemplo, atentar contra lo que se está conforme, ya que como se sostuvo los jóvenes valoraban en gran medida al CENS y los vínculos con sus distintos actores; de manera que algunos jóvenes estarían contribuyendo a empañar las relaciones que ellos mismos valoran. Mediante el humor se puede expresar crítica de modos inconducentes. El humor también puede volverse agresivo y con humor se puede priorizar lo individual sobre lo colectivo, obstaculizar el desarrollo de las clases, ofender a quienes no lo comparten y ser inoportuno, molesto o irrespetuoso. Como indican Jáuregui Narváez y Fernández Solís, si bien suele generar cercanía, “el humor no siempre se comparte por igual, y a veces puede dividir con la misma eficacia con la que en otras ocasiones une” (2009, p. 211). Sostienen los autores que, ejemplos cotidianos como la burla y el acoso psicológico en clave de humor agresivo evidencian que el mismo no es siempre cohesivo.

Como sostuve, existe un conjunto de caracterizaciones negativas hacia los/as jóvenes por parte de docentes y estudiantes adultos/as: que tienen poca predisposición para realizar las tareas, que tienen mala conducta (asociado a la falta de orden, de silencio, de respeto y a generar problemas en la convivencia), que pierden tiempo y que la motivación para estudiar no es propia sino movilizada por la beca o los padres. Creo que, en parte, el señalamiento sobredimensionado de estos caracteres negativos y el descontento y malestar que existe alrededor de los jóvenes tienen un correlato con las prácticas que he señalado.

El humor juvenil no es aceptado por todos/as, lo que se expresa en primer lugar por los modos de humor (o su ausencia) llevados adelante por docentes, estudiantes adultos/as y muchos/as de los/as jóvenes estudiantes. Asimismo, como anticipé, pocas veces me encontré con la referencia al mismo sin preguntar directamente sobre ello, y no constituyeron más que comentarios al pasar. En entrevistas y charlas, algunos/as estudiantes adultos/as sostuvieron cosas como que los/ as jóvenes vienen a “joder” y “jugar” (Amanda, 36, 3° ciclo, CENS B), que se da cuenta de que a veces algún joven “lo está re gastando al profesor” (Mabel, 41, 1° B, CENS A), que le están “tomando el pelo” al realizar preguntas en clase (Pablo, estudiante, 38, 3er ciclo, CENS A) o que los chicos “se hacen los graciosos” (Roberto, estudiante, 54, 2do ciclo, CENS B). Con estos enunciados se expresaba incomodidad y rechazo al humor juvenil.

A partir de la observación directa pude apreciar más claramente el malestar que puede provocar. Presenté hasta el momento una serie de transgresiones humorísticas que en general no parecen haber ocasionado conflictos abiertos, pero en otras se aprecia más claramente cómo menoscaban las relaciones con estudiantes de mayor edad. La escena siguiente se produjo en el marco de una evaluación. Pueden hallarse componentes de transgresión (declarar no haber estudiado, no hacer silencio durante la prueba desestimando lo solicitado por la profesora, alterar el ambiente adecuado para la concentración) y también el fastidio adulto frente a estas prácticas:

–Joven (aproximadamente 20-25 años): (ni bien la profesora le dio la hoja de la evaluación) profe ¿hay recuperatorio? (sugiriendo después de leer las preguntas que no había estudiado lo necesario o fingiendo que no había estudiado)

–Varios: (risas)

–Damián (25): ¿profe, la puedo hacer con Oviedo la prueba? (la prueba claramente era individual).

–Profesora Marta: no desconcentren porque hay gente que necesita silencio. (…)

–Damián: profe, ¿qué es convergente?

–Profesora Marta: shhh (se acerca y le habla en voz baja)

–Otro estudiante (aproximadamente 20 años): (respondiendo a la pregunta de Damián) ¿Qué conversa?

–Otro estudiante (aproximadamente 20- 25 años): jajaja… que conversa… (…)

–Damián: (pregunta nuevamente a un compañero) ¿qué es convergente?

–Álvaro: (de aproximadamente 45 años, que estaba sentado al lado de Damián, se levanta del banco, toma sus cosas y se va a otro banco fastidiado por las intervenciones juveniles)

–Damián y otro estudiante que estaban al lado de él: ¡EEHHHH! (dado lo brusco de la actitud del compañero)

(Registro de evaluación, Lengua y Literatura, 2do ciclo, CENS B).

En la siguiente conversación percibí cierta carga de malestar de la profesora Susana acerca del curso. En ese momento ella estaba hablando sobre el tema “democracia”:

Le da la espalda a los/as estudiantes y me habla en voz baja. Me dijo que era un curso problemático, que la cargan, que una vez le hicieron el saludo nazi (con el brazo extendido) haciendo referencia al modo en que ella les habla. Se escucha alguna risa en el fondo y me dice, aludiendo a esa risa, “ves, ese tipo de cosas” (Registro de clase de Educación Cívica, 1er ciclo B, CENS A).

Por otra parte, en aquellas intervenciones juveniles que apelan a la ambigüedad, siempre está presente la posibilidad de aclarar que el chiste no era tal:

Es la hora de Historia y Geografía y la profesora Constanza está hablando de los Mayas, Aztecas e Incas. Menciona algo sobre la cultura, y dice que “muchas cosas son cultura: tomar mate…”. Y Damián (25) dice “matar”… la profesora lo mira, parece desconcertada. Damián aclara “matar es parte de la cultura… los Incas mataban”. La docente se queda pensando un tiempo, hasta que dice: “bien”. Algunos estudiantes se empiezan a reír, él mismo no puede contener la risa y justificándose dice “se ríen” y la profesora contesta amenazando al curso “que se rían, van a ver el trabajo que les voy a mandar a hacer” (Registro clase de Historia y Geografía, 2do ciclo, CENS B).

La intervención con la palabra “matar” corre el eje del tipo de ejemplos a los que la profesora parecía apuntar, el comentario estuvo al límite de lo que la docente podía aceptar para la enumeración que había comenzado. Más allá de todo, Damián, retomando los contenidos de la materia defendió su posición cuando se vio interpelado.

Otra posibilidad, entre las pocas que presencié de estas características, es que la práctica humorística fuera más lejos de lo esperable. El joven estudiante invierte los roles entre docente que pregunta y estudiante que responde:

La profesora Susana pregunta a los/as estudiantes sus opiniones sobre la temática que venían trabajando. La escena fue repetitiva, “y vos qué pensás”, “y vos”, “y vos”, hasta que un joven le pregunta “¿y usted qué piensa?”. La profesora responde enojada “¿qué te importa?... a preguntas desubicadas respuestas desubicadas, no estamos evaluando lo que yo pienso” (Registro de clase de Educación Cívica, 1er ciclo B, CENS A).

Pero, el humor juvenil no supone tanto el quiebre claro del orden sino más bien la amenaza de que eso suceda, se constituye con frecuencia en un humor intimidante que permite entrever aquella ruptura a la que nadie quiere llegar. El mismo, si bien está bastante generalizado, no es practicado en todas las clases ni con todos/ as los/as docentes quienes, según lo observado, despliegan distintas estrategias. Algunos/as solían darle lugar e intentar neutralizarlo más que rechazarlo o sancionarlo con enojo, otros/as no parecían identificar claramente el carácter transgresor o simplemente lo ignoraban restándole importancia o tal vez intuyendo que habrá una justificación por parte del humorista que lo exima de culpas.

De todos modos, tampoco quisiera sobredimensionar las consecuencias negativas del humor juvenil transgresor. Cabe destacar que parece haber al respecto una “permisividad” particular, cierta “licencia” de la que gozan los más jóvenes, algo que no sería tolerado en otros sujetos. Incluso, es posible que represente para algunos actores cualidades positivas como astucia o rebeldía propia de la edad.

El humor y la risa contribuyen a producir las fronteras entre grupos a partir de los diversos modos en que se practican, las propias maneras de ver y valorar la realidad que comunican –incluso las sutiles o explícitas muestras de rechazo y aceptación que producen–. Mediante el humor y la risa se expresa parte importante de los posicionamientos de los grupos según la edad y lugar en la institución. Me centré en particular en aquellos posicionamientos en torno a las normas, principios y formas de proceder promovidos en el ámbito escolar, elemento considerado relevante para comprender las relaciones de tensión, acuerdo y negociación a escala de la cotidianeidad.

A modo de cierre

Destaco el potencial del enfoque socioantropológico para captar e incorporar al análisis los modos diversos mediante los cuales el humor es desplegado cotidianamente por los sujetos que se encuentran en las instituciones de educación secundaria de jóvenes y adultos, así como su papel en las relaciones cotidianas. Dimensión que por otra parte consideré relevante para analizar la “problemática” de los jóvenes en los CENS desde una perspectiva atenta a los sentidos y prácticas de los sujetos.

Aquí, caractericé distintas modalidades de humor a partir de categorías de sujetos construidas según edad y condición de docente o estudiante, los cuales expresan posicionamientos, deseos e intereses a veces en disputa. A la vez, presenté algunas consecuencias de estas prácticas. Cuando sucede una humorada juvenil todo al interior del aula se mueve, se dinamiza, para algunos jóvenes la clase se vuelve más divertida y llevadera, aflora la astucia y se expresan múltiples sentidos que de otra manera tal vez no tendrían lugar, incluso se denuncia lo injusto. Pero cuando sucede una humorada juvenil, también es posible entrever algo de crueldad y se ve puesta en cuestión cualquier expectativa de armonía. Eso es concomitante con la tensión de las relaciones y la circulación de los discursos anti joven al interior de los CENS. El humor desplegado por los distintos sujetos expresa y actualiza los modos en que se procesan localmente las edades en estas instituciones y contribuye a producir en el marco de los encuentros diarios los contenidos concretos de las categorías de jóvenes y adultos/as

Por otra parte, en otras oportunidades (Paoletta, 2019, 2020) me referí a los corrimientos de los/as jóvenes de ser identificados como tales, lo que fue interpretado como una estrategia por ocupar un lugar menos estigmatizado de un ámbito jerarquizado etariamente o de cumplir con las expectativas de que se conduzcan como adultos/as. Contrariamente, el humor más transgresor de algunos jóvenes no sólo es rechazado por los/as adultos/as y resulta compatible con los discursos anti joven, sino que otras variantes del humor juvenil destacan la incompatibilidad con las expectativas que recaen sobre ellos/as. De esta manera, parece tendiente a reforzar aquellas estructuras etarias desiguales sin que, hasta donde pude indagar, marque algún destino de “fracaso escolar”.

Finalmente, me interesa destacar una vez más las múltiples formas en que puede expresarse el humor por parte de los distintos protagonistas y enfatizar que los modos expuestos aluden fundamentalmente a tendencias identificadas. Hallé expresiones de humor juvenil que no me resultaba centrado en la transgresión e intervenciones humorísticas de docentes que no parecían destinadas a reafirmar las orientaciones de la institución, y registré momentos en los que mediante el humor se lograba un excelente clima de diversión en donde todos/as, jóvenes, adultos/as, docentes y estudiantes participan colectivamente (Paoletta, 2019).

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Notas

2 Tesis Doctoral: “Jóvenes en el CENS. Edades y políticas en la educación secundaria de jóvenes y adultos, un enfoque socioantropológico” (2019, Universidad de Buenos Aires), dirigida por María Rosa Neufeld. El presente artículo retoma y amplía los desarrollos del capítulo 4 “¿De qué se ríen?: el humor en el nivel de educación secundaria de jóvenes y adultos”.
3 Las edades de la vida, como ser la juventud, constituyen categorías sociales históricamente configuradas cuyo contenido y extensión temporal son variables (Ariès, 1988; Feixa 1996, 1999; Kropff, 2010; Padawer, 2008 a y b). Teniendo esto como referencia, y sólo con fines analíticos, considero jóvenes a quienes tenían 29 años o menos. Asimismo, en la investigación, todos/as los/as docentes, aunque con diferentes edades, pertenecían a la categoría de “adultos/as”.
4 Los CENS, creados en 1970, constituyen una de las ofertas tradicionales destinada a mayores de 18 años que desean iniciar o finalizar sus estudios secundarios. En la CABA existían al momento de la investigación, alrededor de 90 CENS con diversas especialidades, poseen una duración de tres ciclos (o menos, según estudios previos) y funcionan en instituciones conveniantes.
5 Los nombres de las instituciones y las personas fueron cambiados para resguardar su identidad.
6 El CENS A contaba en 2013 con 160 inscriptos/as, de los/as cuales el 76% tenía 29 años o menos y el 52% eran varones. El CENS B en 2015 contaba con 100 inscriptos/as aproximadamente, el 60% tenía 29 años o menos y el 56% eran varones. Las trayectorias escolares y vitales de los/as estudiantes eran diversas.
7 Luego retomaré estas excepciones.
8 En el CENS A existía un “acuerdo y normas de convivencia” que era leído en los cursos y algunos aspectos vinculados a la convivencia fueron teatralizados por los/as docentes ante los/ as estudiantes. En el CENS B, había un “código de convivencia” (con menciones a la ley 223/99 del G.C.B.A.) que era entregado a cada inscripto/a, leído en los cursos, comentado al inicio de clases, etc. El mismo regula el uso de celulares, vestimenta, permisos de salida de las clases, alude a algunas prohibiciones y establece tipos de sanciones.
9 En los CENS, según la resolución 349/94, el Consejo de CENS integrado por distintos actores escolares tiene por funciones aunar criterios de convivencia y determinar la aplicación de sanciones y en la cotidianeidad, los/as docentes y eventualmente los/as directivos/as suelen ser quienes promueven el conocimiento y el cumplimiento de las normas, así como quienes realizan sanciones menores.
10 De manera similar a lo identificado por López (2008) en su análisis del humor como recurso de poder entre directivos de empresas.

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