Violencia de pareja en hombres gay y mujeres lesbianas chilenas: un estudio exploratorio

Fabiola Gómez Ojeda
Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile
Jaime Barrientos Delgado
Escuela de Psicología de la Universidad de Santiago., Chile
Mónica Guzmán González
Universidad Católica del Norte, Chile
Manuel Cárdenas Castro
Universidad de Valparaíso, Chile
Joaquín Bahamondes Correa
Universidad Católica del Norte, Chile

Violencia de pareja en hombres gay y mujeres lesbianas chilenas: un estudio exploratorio

Interdisciplinaria, vol. 34, núm. 1, pp. 57-72, 2017

Centro Interamericano de Investigaciones Psicológicas y Ciencias Afines

Recepción: 17 Noviembre 2015

Aprobación: 14 Diciembre 2016

Resumen: La violencia en las relaciones de pareja del mismo sexo es un tema poco explorado. Históri­camente, esta problemática ha sido estudiada en el marco de relaciones heterosexuales ubicando a las mujeres como víctimas y a los hombres como principales agresores. El propósito de este estudio fue describir las experiencias de violencia de pa­reja (VP) en una muestra de 268 hombres gay y 199 mujeres lesbianas. Se utilizó un muestreo ti­po bola de nieve para reclutar la muestra en cua­tro ciudades chilenas (Antofagasta, Valparaíso, Santiago y Concepción). Para la recolección de datos se aplicó un cuestionario especialmente di­señado para este estudio. Se realizaron análisis descriptivos y Chi-cuadrado para indagar posibles relaciones por sexo y características sociodemo- gráficas. Entre los principales resultados se puede señalar que del total de la muestra (N = 467) sólo 80 personas (17.25%) reportaron haber sido re­ceptoras de algún tipo de VP. Se encontraron di­ferencias estadísticamente significativas en el re­porte de violencia psicológica entre hombres gay y mujeres lesbianas [x2(1) = 6.37, p = .01, w =.64]. Los hombres gay reportaron mayor frecuencia de violencia psicológica (87.5%) en comparación con las mujeres lesbianas (65.8%). También se encontró una asociación estadísticamente signi­ficativa entre experiencias de VP y nivel educa­tivo [x2(3) = 10.53, p = .01, w = .51]. Las perso­nas con mayor nivel educativo reportan fre­cuencias menores de VP. Finalmente, se encontró una relación estadísticamente significativa entre haber sido víctima de VP y haber sido perpetra­dor de VP. Los resultados son discutidos y se plantean implicaciones para futuras investigacio­nes.

Palabras clave: Violencia de pareja, Relaciones del mismo sexo, Hombres gay, Mujeres lesbia­nas, Victimización.

Abstract: The recognition of same-sex relationships has increased, but same-sex intimate partner violence has been less studied. Historically, this problem had been studied in heterosexual relationships, women being victims and men main aggressors. This heteronormative approach to intimate part­ner violence (IPV) often neglects same-sex rela­tionships (Finneran, Chard, Sineath, Sullivan, & Stephenson, 2012; Russell, 2015). For this study, IPV is defined as every act causing psychologi­cal, physical or sexual damage, within the context of intimate relationships (Harvey et al., 2007) per­ceived as such. To our knowledge, there are no studies about IPV in same-sex relationships in Chile. Data about this topic is scarce in the Latin American context (Ferreira et al., 2015). Therefore, it is necessary to provide contextualized knowledge about IPV in same-sex relationships to face this psychosocial problem. The aim of this study was to describe IPV in same-sex relationships in gay men and lesbian women and its sociodemographic characteristics. In addition, results are compared to detect possible differences between groups. LGBT populations are considered a difficult-to-reach or hidden population (Paz-Bailey et al., 2013). For this reason, a snow­ball sampling procedure was used. The sample consists of 467 participants who identify them­selves as gay men (57.4%) or lesbian women (42.6%), aging from 18 to 67 years (M = 27.9; SD = 7.9). The sample was recruited in four Chilean cities (Antofagasta, Valparaíso, Santiago, and Concepción). A specially designed question­naire was administered to collect data for this study. Results were obtained through descriptive and comparative analyses with a Chi-square Test. Anal­yses indicate that 80 subjects (17.2%) had ex­perienced some form of IPV (psychological, physical, or sexual); 87.7% of them reported psychological violence; and about half of them (47.5%) physical violence. Likewise, 19.3% re­spondents reported that there had been an IPV perpetrator. For group analysis, 20.1% of lesbian women and 19.3% of gay men reported some IPV experience. Statistically significant differences between gay men and lesbian women respondents were detected for psychology violence perpetrated [X2 (1) = 6.37, p = .01, w = .64]. Gay men reported a higher percentage perpetrating psychological violence in their relationship (87.5%), as comp­ared to the group of lesbian women (65.8%). Also, a statistically significant relation was found be­tween IPV experiences and educational levels [X2 (3) = 10.53, p = .01, w = .51]. Subjects with higher educational levels report less IPV frequency. Finally, a statistically significant relation was found between IPV victims and IPV perpetrators. This study represents the first approach to describe and characterize IPV in gay men and lesbian women, thus creating a baseline for making comparisons with future findings on LGBT issues in Chile and Latin America. Results support evidence concerning greater prevalence of psychol­ogical violence in both gay men and lesbian women, as compared to other types of violence such as physical and sexual (Barrett & St. Pierre, 2013; Finneran y Stephenson, 2013; Hellemans et al., 2015; Messinger, 2011). In addition, this result is similar to those of previous studies on general population (Russell, 2015). An important result is IPV mutuality in the sample, namely, IPV occurs in two directions: persons experiencing partner violence concurrently perpetrate violence against their partners. Findings support the view that, in general, violence in same- sex relationships takes place gradually from relational dynamics marked by violence (Barrien­tos, Rodríguez-Caballería, Escartín & Longares, in press). In this context, although data from this study are exploratory-descriptive, they make up a good approach to the problem since they include gay men and lesbian women from different Chilean areas of varied sociodemographic characteristics. If similar findings are reported in other studies, they could help direct psychosocial interventions, public policies, and future research. In any case, results must be carefully considered since they are non­representative samples and, in theory, not compa­rable with each other. Limitations and implications for future IPV research in same-sex relationships are discussed.

Keywords: Intimate partner violence, Same-sex relationship, Lesbian, Gay men, Victimization.

Introducción

El desarrollo de marcos normativos que reconocen los Derechos Humanos como prin­cipios rectores de las sociedades han promo­vido el interés por el estudio de la violencia en las relaciones de pareja (Harvey, Garcia-Mo- reno & Butchart, 2007). La prevalencia de esta problemática lo ha posicionado como un tema de salud pública (Garcia-Moreno et al., 2006; Harvey, Garcia-Moreno & Butchart, 2007). Sin embargo, históricamente el estudio de este tema ha sido abordado desde una pers­pectiva heteronormativa en el contexto de la violencia de género o violencia familiar, en­focándose en la victimización de la mujer en parejas heterosexuales (Hellemans, Loeys, Buysse, Dewaele & de Smet, 2015; Letellier, 1994). Esto se ha traducido en la invisibiliza- ción de este tema en parejas del mismo sexo (Finneran, Chard, Sineath, Sullivan & Ste­phenson, 2012; Russell 2015).

En las últimas décadas se ha observado un creciente interés por el estudio de la violen­cia en las relaciones de pareja entre personas del mismo sexo (Baker, Buick, Kim, Moniz & Nava, 2013; Messinger, 2011). Sin em­bargo, según autores como Burke y Follings- tad (1999), aún persisten percepciones cultu­rales que conceptualizan la violencia en pa­reja limitada exclusivamente a un perpetrador hombre que abusa de una víctima mujer así como aún predomina el estigma hacia la po­blación lesbiana, gay, bisexual y transgénero (LGBT) y a las relaciones íntimas entre per­sonas del mismo sexo. Otros autores como Poorman, Seelau, E.P. y Seelau, S.M. (2003) indican que la violencia perpetrada por los hombres hacia las mujeres ha sido cataloga­da como más importante y grave que otros ti­pos de violencia. Dicha afirmación se sus­tenta en postulados del feminismo que otor­gan al patriarcado las causas de la violencia masculina hacia las mujeres en las relaciones íntimas (McClennen, 2005).

En este sentido, los esfuerzos de los inves­tigadores principalmente han estado puestos en comparar la prevalencia de este tipo de violencia en relaciones de pareja heterose­xuales y entre personas del mismo sexo (Ba­rrientos, Rodríguez-Caballería, Escartín & Longares, en prensa; Ferreira, SimSes, do Carmo & Moura, 2015), y si bien se ha po­dido establecer que en ambos grupos este ti­po de victimización se da con patrones simi­lares, poco se ha avanzado en la comprensión de posibles elementos diferenciadores de la violencia de pareja en relaciones entre per­sonas del mismo sexo (Ard & Makadon, 2011; Balsam, Rothblum & Beauchaine, 2005; Hellemans et al., 2015). La identifica­ción de este tipo de elementos tiene gran im­portancia para el estudio y abordaje clínico de este fenómeno.

Al respecto, Ard y Makadon (2011) han señalado que la no develación de la orienta­ción sexual por temor a ser discriminado, puede ser en sí misma una herramienta para la victimización, al mismo tiempo que se tra­duce en una barrera para pedir apoyo. Tam­bién han señalado que experiencias previas de victimización en otros contextos (escuela, fa­milia, trabajo, etc.) pueden favorecer una me­nor sensibilidad frente a este tipo de violen­cia. Por tanto, hacer investigaciones sobre la violencia en parejas del mismo sexo supone ir más allá del paradigma heterosexual que ha sustentado generalmente los estudios en este tema (Ristock, 2003).

Por otra parte, en Chile y Latinoamérica tampoco se tiene conocimiento de estudios que aborden el tema en parejas del mismo sexo y la información existente en el contexto lati­noamericano es escasa (Ferreira et al., 2015), por lo que resulta urgente aportar conocimien­to contextualizado que permita afrontar este problema psicosocial.

Chile aprobó en el año 2012 una ley anti­discriminación y en el año 2015 una ley que regula las uniones civiles entre parejas del mismo sexo. Además, en el país, según un re­ciente estudio hecho en el marco de la marcha del orgullo LGBT del 2011, un 59.4% de las personas encuestadas estaba en algún tipo de relación de pareja (Barrientos & Bozón, 2014). Por tanto, habría una proporción im­portante de la población LGBT que podría es­tar afectada por este fenómeno, lo que releva la importancia de su estudio.

Violencia de pareja en relaciones de personas del mismo sexo

Se ha definido a la violencia de pareja (en inglés intimate partner violence - IPV) como cualquier comportamiento dado dentro de una relación de intimidad afectiva que causa daño psicológico, físico o sexual a los miem­bros de la relación (Harvey et al., 2007). Sin embargo, no hay un consenso en su definición y operacionalización (cf., Barrientos et al., en prensa), lo que se ha traducido en hallazgos variados con respecto a su prevalencia, ca­racterísticas y consecuencias de este problema psicosocial (cf., Finneran & Stephenson, 2014; Hellemans et al., 2015; Messinger, 2011; Owen & Burke, 2004).

Investigaciones recientes, como la efec­tuada por Barrett y St. Pierre (2013), con una muestra de personas LGB (lesbianas, gay y bisexuales) canadienses, reporta que uno de cada tres personas es víctima de vio­lencia financiera o emocional y que una de­cada cinco ha experimentado violencia física o sexual. En tanto, un estudio realizado con parejas de mujeres reporta un 11% de vio­lencia en la pareja (Messinger, 2011). Helle­mans y colaboradores (2015) en una muestra de hombres y mujeres con pareja del mismo sexo encontraron que el 14.5% de las perso­nas encuestadas reportó agresión física y más de la mitad, violencia psicológica en su actual pareja (57.9%).

Estas diferencias en la proporción de vio­lencia reportada, no solo tienen relación con la variedad de definiciones con las que se aborda la violencia en la relación de pareja (VP), sino también con diferencias metodo­lógicas como las muestras y los instrumentos de medición utilizados, entre otros aspectos necesarios de considerar (Finneran & Ste­phenson, 2013; Turell, 2000).

Sin embargo, se evidencia cierto con­senso en señalar que el tipo de VP repor­tado con mayor frecuencia en parejas del mismo sexo es la violencia psicológica (Barrett & St. Pierre, 2013; Burke, Jordan & Owen, 2002; Finneran & Stephenson, 2013; Hellemans et al., 2015; Messinger, 2011; Owen & Burke, 2004; Turell, 2000).

Por otro lado, las diferencias en la preva­lencia de VP entre hombres gay y mujeres lesbianas ha sido poco explorada (Matte & Lafontaine, 2011). Algunos estudios han re­portado una mayor prevalencia de VP entre hombres gay en comparación con mujeres lesbianas (ver Burke et al., 2002), otros re­portan una mayor frecuencia de victimiza- ción en parejas lesbianas en comparación con hombres gay (Barrett & St. Pierre, 2013; Hellemans et al., 2015; Turell, 2000). Exis­ten otros estudios que no encuentran diferen­cias entre estos dos grupos (Messinger, 2011; Owen & Burke, 2004). Dado que no existe consenso sobre el tema, algunos autores pro­ponen avanzar en el estudio diferencial de di­námicas de violencia en parejas mujer-mujer y hombre-hombre (Cannon & Buttell, 2015).

Por otro lado, se ha visto que la perpetra­ción de VP en minorías sexuales ha sido po­co explorada (Barrientos et al., en prensa; Finneran & Stephenson, 2013). Al respecto, un estudio realizado en seis países reporta rangos de violencia física perpetrada que va entre 2.47% y 5.76% en parejas del mismo sexo (Finneran et al., 2012). Por su parte, Edwards y Sylaska (2013) señalan que más de la mitad de los encuestados en su estudio no reporta violencia alguna, el 13.3% re­porta haber sido victimizado y sólo el 7.3% haber ejercido violencia de pareja.

Frecuencia reportada de violencia de pareja y características sociodemográficas

Cuando la investigación es incipiente con respecto a un fenómeno, un primer nivel de análisis es el descriptivo, de allí el énfasis en el relevamiento de variables sociodemográ- ficas para el estudio de este tipo de violencia. Este sería el estado actual de la investigación de este fenómeno, en particular en América Latina (Barrientos et al., en prensa).

Se ha vinculado la violencia de pareja en relaciones de personas del mismo sexo con algunas características sociodemográficas. Sin embargo, el estudio realizado por Finne- ran y colaboradores (2012) en seis países (Estados Unidos, Australia, Canadá, Sudá- frica, Reino Unido y Brasil) no obtuvo resul­tados consistentes en las distintas muestras. Por ejemplo, los autores señalan que la VP se relaciona significativamente con la edad en Sudáfrica (a menor edad, mayor prevalencia de VP) y con el nivel educativo en Australia (a menor nivel educativo, mayor prevalencia de VP), pero no en los otros países incluidos en el estudio. Por su parte, Barrett y St. Pie­rre (2013) reportan que las personas que tie­nen menor edad y menor nivel educativo han experimentado mayor frecuencia de VP. Otros estudios no han encontrado diferencias estadísticamente significativas en función de la edad de los encuestados.

Hellemans y colaboradores (2015) señalan que el reporte de violencia física en parejas del mismo sexo disminuye ante el mayor ni­vel educacional, y que tanto las experiencias de violencia psicológica como las de violen­cia sexual se incrementan con la edad y dis­minuyen con un mayor nivel educacional.

Los resultados descritos permiten com­prender el desafío que implica el estudio de la VP en parejas del mismo sexo y la necesidad de explorar este campo con mayor profundi­dad.

De este modo, se realizó un estudio de ca­rácter exploratorio-descriptivo, que tuvo co­mo objetivo describir la violencia de pareja en hombres gay y mujeres lesbianas chilenas y explorar las posibles diferencias entre am­bos grupos, como así también las caracterís­ticas sociodemográficas asociadas al fenó­meno. Para tales efectos, se ha definido a la violencia de pareja como cualquier compor­tamiento dado dentro de una relación de inti­midad afectiva que causa daño psicológico, físico o sexual a los miembros de la relación (Harvey et al., 2007) y que es percibida como tal.

Método

Participantes

Este estudio contó con una muestra de 467 sujetos que se autoidentificaron como hombres gay y mujeres lesbianas, cuyas eda­des fluctuaban entre 18 y 67 años (M = 27.9; DE = 7.9). La muestra quedó constituida por 268 hombres gay (57.4%), con edades entre 18 y 67 años (M = 27.6; dE = 7.6) y 199 mu­jeres lesbianas (42.6%), con edades entre 18 y 60 años (M = 28.1, DE = 8.2).

Las minorías sexuales son consideradas como muestras de difícil acceso (Paz-Bailey et al., 2013), por tanto, no se cuenta con mar­cos muestrales que permitan seleccionar muestras aleatorias. Por esta razón, la mues­tra fue seleccionada a partir de un muestreo en cadena tipo bola de nieve, tal como se ha realizado en estudios previos en la región (Barrientos & Cárdenas, 2014; Barrientos, Cárdenas & Gómez, 2014).

Los criterios de selección fueron la auto- identificación sexual (hombres gay y mujeres lesbianas) y la ciudad de residencia. En cuanto a la ciudad de residencia, se recolec­taron datos de cuatro ciudades chilenas (An­tofagasta, Valparaíso, Santiago y Concep­ción) consideradas representativas de las distintas zonas de Chile (centro, norte y sur) y donde las organizaciones LGTB (lésbicas, gay, transgénero y bisexuales) nos facilitaron el acceso a la población objeto de estudio.

Instrumentos

La mayoría de las variables usadas han sido pilotadas en estudios previos (ONU- SIDA, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Chile, Ministerio de Salud, VIVOPOSITIVO y ASOSIDA, 2012). En particular, las medi­das referidas a VP fueron tomadas de estudios previos realizados sobre el tema, pero en po­blación heterosexual (Guzmán, Espinoza, Tay, Leiva & Adaos, 2014).

Se preguntó a los encuestados por su auto- identificación sexual (¿Cómo te identificas sexualmente?), edad en años cumplidos al momento de la entrevista (esta variable fue re-categorizada en dos grupos: 18-29 años y 30 años o más), ciudad de residencia (Anto­fagasta, Santiago, Valparaíso o Concepción) y nivel educacional (¿Cuál es el nivel edu­cativo más alto que has alcanzado?, con op­ciones de respuesta que van desde educa­ción básica incompleta a educación de post­grado); esta variable fue recategorizada en 4 grupos: educación básica y educación media incompleta (EBC-EMI), educación media completa y educación universitaria incom­pleta (EMC-EUI), educación universitaria completa y educación de post-grado, e iden­tificación religiosa (¿Te consideras una per­sona religiosa?, con opción de respuesta di- cotómica: sí / no).

Además, se midió el nivel socioeconómi­co (NSE) a partir del indicador ESOMAR (European Society for Opinion and Marke­ting Research), medida adaptada para el con­texto chileno por ADIMARK (2014). Esta medida evalúa el nivel económico y social de las familias en comparación con otras a par­tir de una matriz de seis niveles que combina el nivel educativo y la categoría ocupacional del principal sostenedor del hogar. Para faci­litar el análisis de los datos esta variable fue recategorizada en tres niveles: NSE bajo, NSE medio y NSE alto.

Relaciones de pareja

Se consultó a los encuestados sobre su es­tatus de pareja (¿En la actualidad tienes una pareja de tu mismo sexo?, con opciones de respuesta sí / no), sobre el tiempo de duración de la relación en meses (¿Cuánto tiempo de relación tienen?), sobre cohabitación (¿En la actualidad vives con tu pareja?, con opciones de respuesta sí / no) y sobre parentalidad (¿Tienes hijos?, ¿Vives con ellos? con opcio­nes de respuesta dicotómica sí / no).

Violencia de pareja (VP)

Las preguntas de este apartado fueron construidas especialmente para este estudio, en función del tipo de violencia mayormente explorada y reportada por las investigaciones revisadas. Para indagar violencia recibida se preguntó: ¿Has sido víctima de violencia psi­cológica, física o sexual por parte de tu pareja actual? En aquellos casos en que no estaba en pareja se preguntó por la última relación que tuvo (con formato de respuesta dicotómico: sí / no). Adicionalmente, solo a aquellos que respondieron sí a la pregunta señalada, se preguntó por el tipo de violencia recibida: psicológica, física y sexual, con opciones de respuesta dicotómica (sí / no por cada tipo de violencia).

Del mismo modo, para indagar acerca de la violencia ejercida se preguntó: ¿Has actua­do alguna vez de modo violento contra tu pa­reja actual, ya sea que se trate de violencia psicológica, física o sexual?

En los casos en que no estaba en pareja se preguntó por la última relación (el formato de respuesta fue dicotómico: sí / no). Adicio­nalmente, solo a aquellos que respondieron sí a la pregunta señalada, se les preguntó el tipo de violencia ejercida: psicológica, física y sexual, con opciones de respuesta dicotómica (sí / no por cada tipo de violencia).

Procedimiento

Este estudio es el primero que aborda la VP en minorías sexuales en el país y forma parte de un proyecto mayor que busca medir el estigma y discriminación hacia hombres gay y mujeres lesbianas en Chile y sus efec­tos en la calidad de vida y el bienestar. Por lo tanto, se utilizó un cuestionario con diversas medidas, muchas de las cuales no fueron uti­lizadas para este estudio[1].

El estudio fue realizado por un grupo de psicólogos clínicos y sociales, quienes selec­cionaron un coordinador de terreno y al me­nos cinco encuestadores, hombres y mujeres estudiantes de Psicología y Sociología (entre los encuestadores se contó con personas gay, lesbianas y heterosexuales). Los encuestado­res y el coordinador en terreno fueron capa­citados por el equipo de investigación tanto para la aplicación de la encuesta como para evaluar la necesidad de derivación a apoyo psicosocial.

La administración fue individual, con una duración de 45 minutos aproximadamente. Antes de ser encuestados, a los participantes se les informaron los objetivos del estudio y firmaron una carta de consentimiento infor­mado, donde aceptaban participar en el estu­dio y se les aseguraba confidencialidad y anonimato.

Para la selección de la muestra se definió un perfil para las semillas de entrevistados iniciales y a partir de ellas se comenzó la re­colección de datos. Los criterios de selección para estas semillas fueron: (a) la autoidenti- ficación como hombre gay o mujer lesbiana, (b) tener una amplia red social (personas que declaren conocer a un amplio número de personas gay o lesbianas), (c) residir en An­tofagasta, Valparaíso, Santiago o Concep­ción y (d) ser mayor de 18 años. No se in­cluyeron personas bisexuales pues no estaba considerado entre los objetivos del estudio mayor. Además, se ha reportado una baja prevalencia de este grupo en Chile (Barrien­tos et al., 2008; Barrientos, Silva, Catalán, Gómez & Longueira, 2010).

En cada ciudad, la recolección de la mues­tra comenzó con 3 semillas de hombres gay y 3 de mujeres lesbianas, excepto en San­tiago (ciudad capital) donde se comenzó con 6 semillas de hombres gay y 6 de mujeres lesbianas. En todos los casos, las semillas fueron seleccionadas a partir de informantes clave. Al finalizar cada entrevista se les so­licitó que invitaran a participar del estudio a 3 personas que cumplieran con los criterios de inclusión. Si las nuevas semillas acce­dían a participar se los contactaba, se expli­caban los alcances del estudio y se repetía el procedimiento, esto hasta completar la reco­lección de datos en cada una de las ciudades.

Este estudio fue aceptado por la Comisión de Ética de la Universidad Católica del Norte y el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico de Chile (FONDECYT). Se­gún los procedimientos éticos, en las cartas de consentimiento informado entregadas a los participantes se indicaban lugares de consulta y derivación para las personas que demandasen más información sobre el tema o ayuda profesional específica. Asimismo, los encuestadores fueron entrenados para apoyar y orientar en caso necesario a los en- cuestados.

Resultados

Los datos fueron analizados según el si­guiente orden: en primer lugar se realizaron análisis de frecuencia para cada variable in­cluida en el estudio, tanto para la muestra to­tal como para cada grupo (hombres gay y mujeres lesbianas). Posteriormente y a fin de analizar la relación entre variables categóri­cas, se realizaron análisis de Chi cuadrado y se calculó el tamaño del efecto para estos análisis. Para los análisis se utilizaron el soft­ware estadístico SPSS, versión 20.0 y G*Po- wer 3.1.

Características sociodemográficas

Las características sociodemográficas de los encuestados se resumen en la Tabla 1. En ella se presentan los resultados tanto para el total de la muestra como para hombres gay y mujeres lesbianas.

Como puede observarse en la Tabla 1, se trata de una muestra con mayor porcentaje de gente joven, en su mayoría residentes en Santiago (capital del país) y con 12 años de estudios o más (96%), mientras que la mayor parte de los participantes (87.8%) se sitúa en­tre nivel socioeconómico medio y alto.

Si se observan los resultados obtenidos para cada grupo (hombres gay y mujeres les­bianas), se puede señalar que los hombres gay reportan mayor nivel educacional ya que cerca del 40% ha alcanzado estudios univer­sitarios completos y estudios de postgrado, mientras que el 33.7% de las mujeres les­bianas alcanzó estudios universitarios o su­periores. Por otro lado, el 33.2% de las per­sonas gay y un 26.7% de personas lesbianas reportaron NSE alto.

En cuanto a las relaciones de pareja, más de la mitad de los encuestados (55.5%) se en­cuentra en una relación con una persona de su mismo sexo, con casi 3 años de tiempo medio de duración (M = 32.15 meses, DE = 41.21). De ellos, aproximadamente 1 de cada 4 perso­nas vive con su pareja en la actualidad.

Si se analizan los datos por grupo, 135 mujeres lesbianas (67.8%) declaran tener una relación con una persona de su mismo sexo y un 30.7% de ellas reporta vivir con esta pareja (tiempo de duración en meses: M = 30.23, De = 29.07). En tanto, 124 hom­bres gay reportan tener una pareja del mismo sexo (46.3%) y sólo el 18.3% reporta vivir con esta pareja (tiempo de duración en me­ses: M = 30.23, DE = 29.07).

Solo 25 personas del total de los encues- tados tienen hijos (5.4%) y en su mayoría se trata de mujeres lesbianas. De aquellos que reportan tener hijos, el 77.8% vivía con ellos al momento de ser encuestados.

Violencia de pareja

Tal como se reporta en la Tabla 2, el 17.2% de los encuestados señala haber sido víctima de algún tipo de violencia (psicoló­gica, física o sexual) en su relación de pareja actual o en su última relación (en caso de no estar en pareja). Al realizar el análisis dife­renciado por autoidentificación sexual, se constata que el grupo de mujeres lesbianas reporta una mayor frecuencia de victimiza- ción en su relación de pareja (20.1%) en comparación con los hombres gay. Sin em­bargo, esta diferencia no es estadísticamente significativa [x2 (1) = 1.01, p = .32].

En cuanto al tipo de violencia reportado, la mayor parte de ellas reporta violencia psi­cológica (87.7%), seguida de violencia física (47.5%). En el reporte por sexo, el 90% de los hombres gay (sobre un total de 40) ex­presó haber sido receptor de violencia psi­cológica y el 55.3% reporta violencia física. El porcentaje de hombres gay que informa haber sido víctima de violencia sexual (13.2%) es superior a lo reportado por la muestra total (7.5%).

Por otro lado, el 19.3% del total de los en- cuestados informa haber perpetrado violencia en su relación de pareja actual o en la última que tuvo (en caso de no estar en pareja en la actualidad) (ver Tabla 2). Con mayor fre­cuencia se reporta haber perpetrado violencia psicológica (78.7%), tanto a nivel general como en el análisis según sexo. Tal como puede observarse en la Tabla 2, el reporte de violencia perpetrada es muy similar entre hombres gay y mujeres lesbianas (19.4% y 19.1%, respectivamente), no encontrándose diferencias estadísticamente significativas [x2 (1) = .18, p = .72]. El grupo de hombres es el que reporta mayor frecuencia de violencia psicológica y física (87.5% y 50%, respecti­vamente). En cuanto al grupo de mujeres, llama la atención el 37.8% de violencia física ejercida y el 2.7% de violencia sexual, esta úl­tima frecuencia es superior a la reportada por los hombres gay (1.9%).

Con el propósito de determinar si existe alguna relación entre autoidentificación se­xual y violencia de pareja se realizó un aná­lisis de Chi cuadrado. Sólo se obtienen re­sultados estadísticamente significativos para violencia psicológica ejercida [x2 (1) = 6.37, p = .01, w = .64]. Los hombres gay reportan en un mayor porcentaje haber perpetrado violencia psicológica en su relación de pareja (87.5%) en comparación con el grupo de mujeres lesbianas (65.8%).

Variables sociodemográficas y violencia de pareja

Se encuentra una relación entre haber re­cibido violencia de pareja y el nivel de estu­dios [x2 (3) = 10.53, p = .01, w = .51]. Las per­sonas que tienen mayor educación reportan menor frecuencia de victimización en la pa­reja. La frecuencia reportada por las personas que tienen estudios universitarios completos y estudios de postgrado es de 9.5% y 16.7%, respectivamente. Por su parte, los grupos que tienen EBC-EMI y EMC-EUI son los que reportan con mayor frecuencia haber reci­bido violencia de pareja (22.2% y 23.1%, respectivamente).

También se encuentra una relación esta­dísticamente significativa entre haber reci­bido violencia de pareja y haberla perpe­trado [x2 (1) = 101.28, p < .001, w = .9]. Aquellas personas que declaran haberla re­cibido reportan con mayor frecuencia haber­la perpetrado (63.3%) en comparación con aquellas que no la han recibido (11.7%).

Realizando los análisis segmentados por sexo, en el caso de las personas gay se en­cuentra una relación estadísticamente signi­ficativa entre haber recibido violencia de pa­reja y el nivel de estudios de los encuestados [X2 (3) = 9.99, p = .02, w = .8]. Las personas que tienen EBC-EMI y EMC-EUI son las que reportan mayor frecuencia de victimiza- ción por parte de su pareja (18.2% y 22.8%, respectivamente). Por su parte, las personas que reportan una menor frecuencia son las que tienen estudios universitarios comple­tos (5.6%) y estudios de postgrado (16.7%).

Por otro lado, se encontró una relación es­tadísticamente significativa entre haber per­petrado violencia de pareja y haberla recibido [X2 (1) = 36.30, p < .001, w =.7]. Los hombres gay que declaran haberla perpetrado, reportan en un 59% haberla recibido, pero sólo el 14.9% de los que la han perpetrado, no han sido víctimas. De igual modo, para el grupo de mujeres lesbianas se encuentra una rela­ción estadísticamente significativa entre ha­ber perpetrado violencia de pareja y haberla recibido [(x2 (1) = 69.95, p < .001, w = 1.3]. Las mujeres lesbianas que han declarado ha­berla perpetrado dentro de la relación de pa­reja, reportan en un 67.5% de los casos ha­berla recibido y sólo un 7.5% de las que declaran haberla perpetrado no han sido víc­timas.

Discusión

Los resultados obtenidos apoyan la evi­dencia existente con respecto a la mayor pre­valencia de violencia psicológica tanto en hombres gay como en mujeres lesbianas en comparación con otros tipos de violencia como la física y sexual (Barrett & St. Pierre, 2013; Burke et al., 2002; Finneran & Stephenson, 2013; Hellemans et al., 2015; Messinger, 2011; Owen & Burke, 2004; Turell, 2000). Por otro lado, este resultado es similar a lo reportado por estudios previos con población general (Russell, 2015).

En cuanto a patrones diferenciados por sexo, sólo se encuentran diferencias estadís­ticamente significativas para la perpetración de violencia psicológica, donde los hombres gay reportan en mayor medida haber perpe­trado violencia psicológica a su pareja en comparación con las mujeres lesbianas. Este hallazgo quizás se asociaría a la mayor adhe­sión, por parte de hombres gay con respecto a mujeres lesbianas chilenas, a modelos de so­cialización de género rígidos que reproducen modos violentos de resolución de conflictos en el ámbito íntimo (Barrientos, 2015) o diná­micas de poder y de control propios de mode­los heteronormativos (Burke & Follingstad, 1999). Futuros estudios deberían profundizar sobre este tema, toda vez que algunas inves­tigaciones han propuesto que las relaciones de pareja entre personas del mismo sexo tende­rían a ser más igualitarias (Schechory & Ziv, 2007).

Por otro lado, la frecuencia reportada a ni­vel general (haber sido víctima de algún tipo de violencia, entre 14% y 20%) es muy in­ferior a lo reportado por otros estudios (por ej., Barrett & St. Pierre, 2013; Owen & Burke, 2004). Esta menor prevalencia puede estar relacionada con el tipo de instrumento utilizado para este estudio para medir VP, en tanto se trata de una pregunta única y que está permeada por lo que cada persona con­sidera violencia de pareja y sus subtipos. En futuros estudios es necesario incorporar otro tipo de instrumentos (por ejemplo, Conflict Tactic Scale) para evaluar si esta diferencia persiste.

En cuanto a la relación entre VP y varia­bles sociodemográficas, los resultados obte­nidos son congruentes con lo reportado por otros estudios que encuentran una relación entre bajo nivel educativo y mayor frecuen­cia de VP (Barrett & St. Pierre, 2013; Helle- mans et al., 2015). No obstante, no se en­cuentran diferencias significativas entre VP y edad de los encuestados, tal como ha sido reportado por Burke y colaboradores (2002). Esta información sociodemográfica es útil para describir la violencia de mejor modo y avanzar en su eventual prevención focali­zando dicho trabajo en determinados grupos donde ella sea más prevalente. Pero tam­bién, relevar que el fenómeno se asocia a al­gunas variables más que a otras, permite dis­poner de información útil para estudios fu­turos que busquen explicar el fenómeno (Ba­rrientos et al., en prensa).

Un hallazgo relevante es el fenómeno de mutualidad reportado, es decir, un porcentaje importante de quienes han sido receptores de VP también la han perpetrado. Esta bidirec- cionalidad sugiere que la violencia de pareja en relaciones del mismo sexo, en ciertas cir­cunstancias, tiene lugar de manera gradual a partir de dinámicas relacionales marcadas por la violencia (Barrientos et al., en prensa). Si bien son escasos los estudios que abordan ambos tipos de violencia (recibida y perpe­trada) (Ferreira et al., 2015), existen estudios que han problematizado este aspecto tra­tando de diferenciarlo de dinámicas de auto­defensa (Coker, Smith, McKeown & King, 2000; Morrow, 1994; Ristock, 2003). En este sentido, un estudio realizado con jóvenes chilenos revela una alta prevalencia de mu­tualidad en violencia de tipo psicológica, su­giriendo que podría tratarse de una estrategia de enfrentamiento del conflicto en la relación de pareja (Guzmán et al., 2014). Por su parte, un estudio realizado con parejas del mismo sexo, que identificó altos niveles de correla­ción entre haber perpetrado y recibido vio­lencia psicológica, sugiere que es posible que individuos con comportamientos violen­tos influencien a sus parejas a comportarse violentamente (Matte & Lafontaine, 2011). En cualquier caso, es un tema que debe ser abordado por futuras investigaciones de ma­nera específica, indagando en posibles pa­trones diferenciales de VP entre parejas he­terosexuales y del mismo sexo.

En Chile, sólo recientemente se ha admi­tido el derecho de las parejas del mismo sexo a convivir y formar una familia a partir de la aprobación de la Ley de Acuerdo de Unión Civil (promulgada en abril de 2015 y en vi­gencia desde octubre de 2015). La nueva normativa reconoce a las parejas del mismo sexo, que así lo soliciten, el estatus de núcleo familiar y conforme a ello, protege a la pareja en diversas materias (familiares, patrimo­niales, previsionales y derechos de salud, entre otros). Sin embargo, la normativa legal que abarca a la VP refiere a leyes sobre vio­lencia intrafamiliar (VIF), cuyo origen y fun­damento es claramente heteronormativo. Los resultados de este estudio y la evidencia acu­mulada en otros contextos refuerzan la ne­cesidad de contar con normativas específicas que incorporen la variabilidad de nuestra re­alidad social, abarcando las especificidades de todos los tipos de familias, incluidas aque­llas conformadas por parejas del mismo sexo.

Hace dos décadas Letellier (1994) llama­ba la atención sobre la necesidad de ir más allá de modelos heteronormativos en el es­tudio de la violencia de pareja en relaciones del mismo sexo. Si bien se ha avanzado en esta línea, los resultados obtenidos por las in­vestigaciones que abordan el tema han sido discrepantes. Estas divergencias pueden te­ner que ver tanto con aspectos metodológicos como con las dificultades que implica traba­jar con poblaciones de difícil acceso como lo es la población LGBT. En este contexto, los datos proporcionados por este estudio, si bien son de carácter exploratorio-descriptivo, son una buena aproximación al problema, en tanto incorpora a hombres gay y mujeres lesbianas de diversas zonas de Chile y con características sociodemográficas variadas. De replicarse hallazgos similares en futuros estudios, esto puede permitir la orientación de intervenciones psicosociales, políticas pú­blicas y futuras investigaciones.

En el ámbito psicológico clínico, los datos aportados pueden permitir comprender las particularidades de la VP en relaciones de personas del mismo sexo y orientar las inter­venciones en esta materia. En este sentido, es especialmente importante considerar el por­centaje de mutualidad reportada por los en- cuestados y los patrones diferenciados por sexo.

En síntesis, este estudio es uno de los po­cos existentes a nivel latinoamericano que aborda el tema de la VP entre personas del mismo sexo, dado que la gran proporción de investigaciones previas sobre este fenómeno está referida a personas heterosexuales. Iden­tificar similitudes y diferencias en los patrones de VP resulta relevante al momento de dise­ñar planes de prevención e intervención que sean acordes a las características particulares de la población objetivo. En tal sentido, este estudio es un primer paso en esta línea. Ade­más, a diferencia de investigaciones previas que evaluaron la violencia a partir de una se­rie de conductas predefinidas como VP (por ejemplo, el CTS, instrumento ampliamente utilizado a nivel internacional), el estudio re­alizado toma en consideración la percepción subjetiva de haber sido víctima o perpetra- dor/a de VP.

Por otro lado, es necesario considerar las limitaciones de este estudio. Una de las prin­cipales es el tipo de muestreo utilizado, a par­tir del cual no es posible abordar los resulta­dos como prevalencia de VP. Una de las prin­cipales dificultades de las investigaciones que trabajan con muestras de difícil acceso, como son las minorías sexuales, es acceder a muestras representativas y a tamaños mues- trales que permitan llegar a conclusiones só­lidas. Esta dificultad es muy difícil de abor­dar en sociedades como la chilena, donde el prejuicio y la discriminación hacia las mi­norías sexuales es aún muy importante (Ba­rrientes & Bozón, 2014; Barrientos et al., 2008; Barrientos et al., 2010).

Otro elemento a considerar es la opera- cionalización de la VP, pues se ha señalado que los estudios en este campo son sensibles a las definiciones a partir de las cuales se aborde el tema (Barrientos et al., en prensa) y esto podría contribuir a que se obtengan re­sultados diversos y muchas veces, discre­pantes. Por lo tanto, es necesario incorporar en futuras investigaciones preguntas que per­mitan precisar el tiempo en que ocurrieron los hechos y su frecuencia; al mismo tiempo, delimitar claramente entre hechos ocurridos en la actual pareja y aquellos que pueden haber ocurrido en relaciones anteriores. Del mismo modo, considerando los beneficios del autorreporte en este campo, es necesario incluir en el instrumento de medición una mayor precisión con respecto a cuáles son las conductas consideradas violentas.

Finalmente, es pertinente abordar el tema vinculando otras variables relevantes, por ejemplo estrés minoritario, prejuicio, discri­minación, estigma, homofobia internalizada, así como sus efectos en bienestar y salud mental.

Tabla
Variables sociodemográficas para la muestra total y por grupo (hombres gay y mujeres lesbianas)
Variables N Gay % Lesbianas N % N Total %
Edad
18-29 años 187 69.8 138 69.3 325 69.6
30-67 años 81 30.2 61 30.7 142 30.4
Ciudad de residencia
Santiago 128 47.8 70 35.2 198 42.2
Valparaíso 66 24.6 44 22.1 110 23.6
Concepción 26 9.7 39 19.6 65 13.9
Antofagasta 48 17.9 46 23.1 94 20.1
Nivel de estudios
EBC y EMI 11 4.1 7 3.5 18 3.9
EMC y EUI 151 56.3 124 62.3 275 58.9
Universitario completo 85 31.8 55 27.6 140 30.0
Postgrado 21 7.8 12 6.1 33 7.1
Datos perdidos -- -- 1 0.5 1 0.2
Nivel socieconómico
NSE Bajo 25 9.3 17 8.5 42 9.0
NSE Medio 147 54.9 121 60.8 268 57.4
NSE Alto 89 33.2 53 26.7 142 30.4
Datos perdidos 7 2.6 8 4.0 15 3.2
Identificación religiosa
62 23.1 49 24.6 111 23.8
No 201 75.0 147 73.9 348 74.8
Datos perdidos 5 1.9 3 1.5 8 1.7
EBC: Educación básica completa EMI: Educación media incompleta EMC: Educación media completa EUI: Educación universitaria incompleta

Tabla 2
Gay Lesbianas Total
Violencia N % N % N %
Violencia recibida
40 14.9 40 20.1 80 17.2
No 197 73.5 152 76.4 349 74.7
Datos perdidos 31 11.6 7 3.5 38 8.1
Tipo de violencia recibidaa Psicológica 36 90.0 35 85.4 71 87.7
Física 21 55.3 17 40.5 38 47.5
Sexual 5 13.2 1 2.4 6 7.5
Violencia ejercida Sí 52 19.4 38 19.1 90 19.3
No 184 68.7 149 74.9 333 71.3
Datos perdidos 32 11.9 12 94.0 44 9.4
Tipo de violencia ejercidaa Psicológica 49 87.5 25 65.8 74 78.7
Física 27 50 14 37.8 41 45.1
Sexual 1 1.9 1 2.7 2 2.2

Violencia de pareja

Caracterización por grupo (hombres gay y mujeres lesbianas)

a Para cada tipo de violencia se reportan frecuencias y porcentajes referidos a los que han declarado haber recibido o ejercido violencia de pareja.

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