Diferencias en la conducta de emparejamiento entre mujeres jóvenes universitarias de Santiago de Chile en relación con el consumo de píldoras anticonceptivas orales

Differences in mating behavior among university young women of Santiago de Chile in relation to the consumption of oral contraceptive pills

José Antonio Muñoz-Reyes
Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación , Chile
Pablo Polo
Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación, Chile
Valeska Cid
Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación, Chile
Giannina Buccioni
Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Chile
Ana María Fernández
Universidad de Santiago de Chile, Chile
Michele Dufey
Universidad de Chile, Chile
Luis Flores-Prado
Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación., Chile
Marcial Beltrami
Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Chile
Enrique Turiégano
Universidad de Playa Ancha, Chile

Diferencias en la conducta de emparejamiento entre mujeres jóvenes universitarias de Santiago de Chile en relación con el consumo de píldoras anticonceptivas orales

Interdisciplinaria, vol. 34, núm. 2, pp. 351-368, 2017

Centro Interamericano de Investigaciones Psicológicas y Ciencias Afines

Recepción: 24 Mayo 2016

Aprobación: 24 Julio 2017

Resumen: Durante los últimos años en Chile se ha de­tectado una masificación en el uso de anticoncep­tivos orales. Sin embargo, en Chile y al igual que en casi todos los países latinoamericanos prácti­camente no se han investigado sus implicancias sobre la conducta humana. Específicamente, este estudio evaluó el impacto del uso de estos anti­conceptivos sobre la conducta de emparejamiento en un grupo de 164 mujeres jóvenes universita­rias, con una media de edad igual a 19 años y pro­venientes de cuatro universidades chilenas. Para ello se utilizó la adaptación chilena del Cuestio­nario de Componentes del Valor de Pareja que es­tá compuesto por 22 ítems que se responden en una escala Likert de siete valores. Los resultados señalan diferencias entre las mujeres que consu­men píldoras anticonceptivas (PA) y las que no lo hacen. Las consumidoras presentan los mayores valores del índice general del cuestionario sobre los componentes del valor de pareja y las subes­calas de historia de relaciones de pareja, aprecia­ción desde el sexo opuesto y apariencia. Estos re­sultados indican que las mujeres consumidoras de la PA se autoperciben y creen que el sexo contra­rio las evalúa como atractivas y muestran una vida sexual más diversificada, no mostrando di­ferencias en los otros aspectos relevantes para el valor de pareja no vinculados centralmente al atractivo físico. En definitiva, los resultados pa­recen indicar que el consumo de anticonceptivos hormonales no modifica la conducta social y pa­rental de las mujeres, aunque su uso parece estar asociado con una mayor autopercepción de atrac­tivo y mayor diversidad sexual.

Palabras clave: Píldoras anticonceptivas, Valor de pareja, Mujeres jóvenes, Población chilena, Conducta de emparejamiento.

Abstract: Oral contraceptives, also known as birth con­trol pills (PAs from now on), have been available on the world market for five decades. At present, the use of PA is massifier worldwide, being consumed by more than 100 million women on the planet. In recent years, in Latin America has been detected a dramatic increase in the use of oral contraceptives, and Chile is not the exception. In this sense, it is probable that the increase in the consumption of PAs in Chile is linked to the in­crease of women who decide to pursue higher studies and to develop professional careers. Con­currently, a wide field of research has been focused on the physiological and psychological effect of the consumption of oral contraceptives on human behavior, being mating behavior one of the main topics of research. However, in Chile as in most Latin American countries there is a lack of studies on the implications of the consumption of oral contraceptives on human behavior. In the present study, we investigated in a group of 164 university young women (Mean ± Standard Deviation: 19.27 ± 2.88 years) of Chile the impact of the use of oral contraceptives on mating behavior. Accordingly, we have applied a validated psychometric test to assessed mate value, one of the more relevant components of mating behavior i.e., the Mate Value Questionnaire. Mate value can be defined as a construct that incorporates a number of physical, psychological, and social dimensions that are related to an individual's ability to find, attract, and successfully retain a partner. This questionnaire is composed by 22 items and 7 subscales that are answered in a Likert Scale of 7 values. The Mate Value Questionnaire showed a high reliability (a = .85). According with previous studies that showed a decrease in sexual satisfaction and desire on women that consume oral contraceptives, we predicted a decrease of mating behavior and, then, a decrease on Mate Value for those women that use oral contraceptives. This effect was expected for all subscales of this questionnaire with the exception of relationship history subscale since women that consume oral contraceptives reported to have more diverse sexual partners on previous studies. The results show differences between women who use oral contraceptives (n = 87 women: 19.60 ± 2.89 years) in comparison to those who do not (n = 77 women: 18.90 ± 2.84 years). However, the differ­ences were, in general, opposed to our expectations being the consumers of oral contraceptives who presented the highest values of the general index of the Mate Value Questionnaire, and, concretely, for the sub-scales of relationship history, views of the opposite sex, and looks. In addition, we have failed into found any differences between groups in subscales that were not associated to physical appearance, such as wealth, sociality and fear of failure. The results suggest that the use of hormonal contraceptives does not modify the social and parental behavior of the women, although their use seems to be associated with a greater self-percep­tion of attractiveness and greater diversity in sexual life. This study provides new information that will increase the understanding and discussion about the hypothetical effect that would or would not, the consumption of the PA on the pairing behavior. It is important to point out that the field of research on changes in the sexual preferences of women, deriv­ed from hormonal states, is in an important dis­cussion process. Therefore, we believe that it is critical to carry out research in the future in order to elucidate the real robustness of this phe­nomenon, improving our understanding about the behavioral effects of consuming oral contra­ceptives.

Keywords: Oral contraceptives, Mate value, Young women, Chilean population, Mating be­havior.

Introducción

Los anticonceptivos orales, también cono­cidos como píldoras anticonceptivas (PAs), están disponibles en el mercado mundial des­de hace cinco décadas (Groves, Mosher, Lep- kowski & Kirgis, 2009). Actualmente, el uso de la PA se encuentra masificado a nivel mun­dial siendo consumidas por más de 100 millo­nes de mujeres en el planeta (Alvergne & Lummaa, 2010). El uso de la PA cambia el es­tado hormonal durante el ciclo menstrual si­mulando un embarazo, debido a que se inhibe la liberación de las hormonas folículo estimu­lante y luteinizante (Frye, 2006). Como con­secuencia, se produce una disminución ge­neral de las hormonas producidas en los ova­rios (Fleischman, Navarrete & Fessler, 2010) y una suavización del peak de estrógenos que se produce a mitad de ciclo durante un pro­ceso normal (van Heusden & Fauser, 2002). Todo ello se traduce finalmente en una au­sencia de maduración folicular, de ovulación y por tanto, del período fértil (Alvergne & Lummaa, 2010). Según la Organización Mundial de la Salud este método anticon­ceptivo se sitúa en la cuarta posición de ma­yor uso considerando cualquier tipo de mé­todo anticonceptivo tras el coito interrumpido (método tradicional), el preservativo y el dis­positivo intrauterino (DIU). En España se ha incrementado el consumo de la PA en muje­res en edad fértil de un 14.2% en el año 1997 a un 20.3% en el año 2007 (Serrano, 2009). Por otra parte, en los países de América La­tina también se ha observado un incremento en el uso de los anticonceptivos orales, por ejemplo en Venezuela en el año 2009, el 39% de las mujeres en edad fértil consumían la PA, siendo el anticonceptivo más utilizado (R. Fernández et al., 2009). En Perú, la PA ocupa un tercer lugar ya que la consume el 9.1% de las mujeres en edad fértil (Instituto Nacional de Estadística e Informática, 2015). En Boli­via y Colombia, alrededor de un 5% y un 10% respectivamente de mujeres en edad fér­til la consumen (Aliaga, Jiménez & Rodrí­guez, 2011). Finalmente, en la población chi­lena se ha producido una masificación en el consumo de la PA que sigue el patrón de los países europeos anteriormente señalados (INJUV, 2017). En este sentido, la PA es el se­gundo método anticonceptivo más utilizado después del preservativo en población joven, con un 31% en el año 2015 (INJUV, 2017).

De acuerdo a Fenieux (2010), la razón más probable por la cual se ha masificado el consumo de la PA en Chile se fundamenta en el cambio sociocultural que han presentado las mujeres en las últimas décadas. Por un la­do, después de la dictadura militar (entre los años 1973-1990) se abrió un período de deba­te en el que se replanteó y se cuestionó la le­gitimidad del concepto de sexualidad defen­dido por las antiguas instituciones, lo que condujo en 1996 a un enfrentamiento entre el Gobierno y la Iglesia Católica por la política en torno a la educación sexual (Araujo, 2005). A su vez y como consecuencia de las trans­formaciones sociales derivadas del cambio de régimen político, se observó un aumento de la fuerza laboral femenina, que en el 2013 al­canzó a un 48.3% en el trimestre octubre-di­ciembre (Instituto Nacional de Estadística, 2015) y por otra parte, se evidenció el incre­mento de mujeres con estudios superiores. Un ejemplo de esto es que en el año 2008, 6 de cada 10 egresados de educación superior eran mujeres (MINEDUC, 2008). Estos cambios han llevado a una modificación del compor­tamiento sexual, los valores y las normas que afectan tanto a los hábitos sexuales de los jóvenes como de los adultos, adelantando la edad de la primera experiencia sexual y su significado, incrementando la variedad de prácticas sexuales o retrasando la edad de matrimonio (Barrientos, 2006). Estos cam­bios han afectado de manera importante a las mujeres ya que la normalización de los mé­todos anticonceptivos y la mayor indepen­dencia adquirida en diferentes facetas de sus vidas, entre ellas la sexual, han llevado a que ellas decidan retrasar la maternidad y plani­ficar sus embarazos controlando su fecundi­dad principalmente con la PA (Fenieux, 2010). Actualmente, dos millones de mujeres en Chile consumen PAs, siendo la edad pro­medio de inicio del consumo a los 17 años; de hecho, estudios recientes han evidenciado que un 20.4% de la población femenina de 15 a 29 años de edad las utilizó en su primera relación sexual. Esta cifra aumenta al 73% en las jóvenes de estratos socioeconómicos me­dios y altos (INJUV, 2017). En este sentido, es notorio que los cambios socioculturales y la modificación del comportamiento sexual asociado a ellos no ha afectado de manera equivalente a todos los estratos sociales, de manera que la trasformación ha sido menos evidente en aquellos estratos sociales más desfavorecidos (Silva & Barrientos, 2008). Consecuentemente, el consumo de la PA en Chile no es igualitario, ya que en mayor me­dida es utilizada por mujeres de 20 a 29 años, de un nivel socioeconómico alto (ABC1 y C2) y con estudios superiores universitarios (INJUV, 2017).

Si bien la planificación familiar y el uso de anticonceptivos es una necesidad social, la re­ducción de los niveles hormonales durante el ciclo ovárico producidos por la PA puede te­ner efectos sobre diferentes aspectos de la fi­siología y comportamiento de las mujeres (Spencer, Bonnema & McNamara, 2009). A este respecto, las consecuencias comporta- mentales y psicológicas derivadas del uso de PA han recibido mucha menor atención que las consecuencias físicas y fisiológicas; sin embargo, desde hace algunos años se ha desa­rrollado internacionalmente una línea de in­vestigación para estudiar el efecto del consu­mo de las PA sobre el comportamiento (cf., Welling, 2013). Tal vez uno de los resultados más interesantes, polémicos y replicados de forma consistente a lo largo de diferentes po­blaciones radica en el rol modificador de la PA sobre el comportamiento de empareja­miento femenino (cf., Alvergne & Lummaa, 2010).

La variación hormonal que se produce de manera natural durante el ciclo ovárico está relacionada con un cambio en las preferencias de las mujeres por ciertos rasgos masculinos (cf., Gangestad & Thornhill, 2008). De esta manera, diversos estudios muestran que las mujeres prefieren rasgos más masculinos y si­métricos durante la fase fértil que durante la fase lútea de su ciclo ovárico (Havlicek, Ro­berts & Flegr, 2005; Little, Jones & DeBruine, 2008; Little, Jones & Burriss, 2007; Penton-Voak & Perrett, 2000).

Sin embargo, este cambio en las preferen­cias parece no producirse en las mujeres que consumen PA, lo que puede tener importan­tes consecuencias para la satisfacción sexual en mujeres emparejadas y con un uso discon­tinuado de la PA (Roberts et al., 2012; Ro­berts et al., 2014; Russell, McNulty, Baker & Meltzer, 2014) y que en términos generales desencadenaría una aparente reducción del interés sexual (Bancroft, Sanders, Warner & Loudon, 1987; Caruso et al., 2004; Graham, Ramos, Bancroft, Maglaya & Farley, 1995; Sanders, Graham, Bass & Bancroft, 2001; Wallwiener et al., 2010). A su vez, la varia­ción hormonal que se produce durante un ci­clo ovárico normal también influye en el atractivo de la propia mujer. Numerosos es­tudios encuentran que diversos rasgos como son la forma de la cara, el olor y la voz se vuelven más atractivos durante la fase fértil del ciclo, y además, estos cambios son perci­bidos por los hombres (Miller, Tybur & Jor­dan, 2007; Pipitone & Gallup, 2008; Roberts et al., 2004; Singh & Bronstad, 2001). Junto a la variación en las preferencias por los ras­gos masculinos, este incremento del atrac­tivo de las mujeres durante la fase fértil del ci­clo se piensa que funcionaría como una señal para atraer y retener con mayor eficacia a hombres con características indicadoras de buenos genes durante la etapa fértil de su ci­clo (Alvergne & Lummaa, 2010; Gangestad & Thornhill, 2008). Las mujeres que consu­men PA no muestran esa variación de atrac­tivo a lo largo de su ciclo, lo que podría dis­minuir su capacidad de competir con otras mujeres y de atraer y mantener eficazmente posibles parejas (Welling, 2013). De hecho, el consumo de la PA se ha vinculado a un au­mento de la intensidad de la respuesta de ce­los (Geary, DeSoto, Hoard, Sheldon & Coo­per, 2001), especialmente para aquellos anticonceptivos con dosis más altas de estra­diol (Cobey et al., 2012) y una disminución de la intensidad de la competencia intrase­xual, aunque sólo en aquellas mujeres invo­lucradas en una relación de pareja (Cobey, Klipping & Buunk, 2013). Estos cambios podrían tener relación con la alteración de las señales y preferencias que sufren las mujeres que consumen PA, aunque no existe una evi­dencia directa clara. Sin embargo, los cam­bios negativos emocionales, de estado de ánimo general y de bienestar sexual son im­portantes predictores de la discontinuación en el uso de anticonceptivos orales (Graham et al., 1995; Rosenberg & Waugh, 1998; Ro­senberg, Waugh & Meehan, 1995; Walker & Bancroft, 1990), aunque esta sigue siendo un área en la que existen estudios con evi­dencia contradictoria, especialmente para la relación con el estado de ánimo y su varia­ción a lo largo del ciclo (Caruso et al., 2005; Oinonen & Mazmanian, 2002).

Por otro lado, el uso de la PA podría estar asociado a ciertos patrones sociales y comportamentales previos a su uso. A este res­pecto, se ha descrito una tendencia hacia una mayor diversidad de parejas sexuales y una mayor tendencia hacia la búsqueda de rela­ciones de corto plazo entre aquellas mujeres que consumen PA (Guillermo, Manlove, Gray, Zava & Marrs, 2010; Little, Jones, Penton-Voak, Burt & Perrett, 2002), si bien no se encuentra establecida claramente la relación causal entre ambas variables. Es decir, el de­seo hacia mantener relaciones con un número diverso de parejas puede conducir al con­sumo de PA o bien el consumo de PA y la re­ducción de los costes asociados al sexo casual puede aumentar la diversidad de parejas sexuales.

En conjunto, los resultados presentados anteriormente destacan la importancia de investigar la conducta de emparejamiento fe­menina en las consumidoras de la PA, con el fin de caracterizar a este grupo, establecer di­ferencias y posibles problemáticas o benefi­cios, que pueden producirse como resultado del consumo de la PA. Dichas investigaciones resultan aún más importantes en la población chilena, debido a la ausencia de estudios so­bre el posible efecto psicológico del consumo de la PA sobre la conducta femenina y espe­cíficamente, la conducta de emparejamiento. De hecho, hasta la fecha no se ha realizado este tipo de investigaciones en poblaciones hispanoparlantes. Lo anterior es una alerta que denota la necesidad de generar datos cuantitativos que permitan a la Psicología mejorar y profundizar el conocimiento de este fenómeno, no solo utilizando los ante­cedentes derivados de población anglosajona. En este sentido, es claro que si los efectos de las PAs sobre el comportamiento humano tie­nen una fuerte base biológica, entonces estos deberían ser mensurables de manera ubicua en las diferentes poblaciones en el mundo. Sin embargo, los factores sociales e intrínse­cos de cada cultura pueden atenuar o intensi­ficar dichos efectos. Algo que no se puede sa­ber sin tener evidencia intercultural como la que aporta este estudio.

Uno de los conceptos más relevantes para comprender la conducta de emparejamiento en la especie humana es el denominado valor de pareja (del inglés mate value - Fisher, Cox, Bennett & Gavric, 2008). Este concepto se deriva desde la Psicología Evolucionista y se define como la suma total de característi­cas que posee un individuo en un momento dado dentro de un contexto particular y que impacta sobre su habilidad de encontrar, atraer y retener exitosamente a una pareja (Fisher et al., 2008). En este sentido, existe un Cuestionario de Valor de Pareja (CVP), dise­ñado por Fisher y colaboradores (2008) y re­cientemente validado en población chilena (Fernández, Muñoz-Reyes, Dufey, Buccioni & Cid, 2015) que explora siete dimensiones diferentes de este constructo a nivel físico, psicológico y social. Estas dimensiones se refieren a la apreciación del sexo opuesto acerca de las habilidades sociales, el interés por la paternidad / maternidad, la importan­cia que le dan a exhibir su riqueza, la histo­ria de relaciones previas, la importancia que le dan a su apariencia y sobre el miedo al fracaso.

El CVP ha sido evaluado en más de 30 in­vestigaciones diferentes en el área de la sexualidad. Por ejemplo, en relación con la au­toestima (Goodwin et al., 2012), las estrategias de agresión intrasexual femenina (Fisher, Cox & Gordon, 2009) o su vínculo con mar­cadores corporales de atractivo (Fernández, Muñoz-Reyes & Dufey, 2014), etc. Dicha prueba psicométrica podría ser considerada como una importante herramienta para medir las diferencias en torno a la conducta de em­parejamiento que pueda existir entre la po­blación consumidora y no consumidora de PA. Sin embargo, como se ha mencionado an­teriormente, los estudios previos únicamente han evaluado el efecto del consumo de PA en algunas de las dimensiones del valor de pa­reja y en concreto, sobre el atractivo físico (por ejemplo, Miller et al., 2007; Pipitone & Gallup Jr, 2008), relacionado con la Subes­cala de Apariencia y sobre la diversidad de parejas (por ejemplo, Little et al., 2002), re­lacionada con la Subescala de Historia de Relaciones Previas.

Dado el número escaso de investigaciones en Chile en estos tópicos, a través de este es­tudio se pretendió caracterizar a una pobla­ción de jóvenes universitarias chilenas en tor­no a su autopercepción del valor de pareja y establecer diferencias entre quienes consu­men la PA y quienes no lo hacen.

Asumiendo la hipótesis de que el consu­mo de PA modifica el comportamiento de em­parejamiento femenino eliminando la varia­ción de atractivo a lo largo del ciclo ovárico y limitando la capacidad de atraer y retener a las parejas por parte de las consumidoras de PA, se podría esperar que las mujeres con­sumidoras de PA muestren globalmente una autopercepción del valor de pareja menor que las no consumidoras. Esas diferencias se es­pera verlas marcadas por una menor autoevaluación de las escalas físicas de Aparien­cia y Apreciación desde el sexo opuesto por parte de las consumidoras de PA. Si además se asume que la mayor diversidad de parejas que muestran las mujeres consumidoras de PA se deriva de una reducción de los costes del sexo casual y de un cambio comportamental en la orientación sociosexual, entonces se po­dría esperar que, a pesar de que ellas mues­tren una autopercepción del valor de pareja más bajo en general, a nivel de la Subescala de Historia de Relaciones, los valores debe­rían ser más elevados en comparación a las mujeres que no consumen PA.

Método

Participantes

La muestra estuvo integrada por 164 mu­jeres heterosexuales jóvenes (M ± DE = 19.27 ± 2.88 años) universitarias provenientes de cuatro casas de estudio de la Región Metropo­litana de Chile.

Las universidades fueron seleccionadas siguiendo un criterio de conveniencia de la muestra. Se descartaron dos participantes ho­mosexuales ya que no era posible articular las predicciones en torno a esta orientación se­xual. Las universidades participantes acogen a estudiantes de niveles socioeconómicos me­dios y bajos principalmente, de hecho, todas están acogidas a la nueva Ley de Gratuidad en la Educación, que beneficia a los sectores socioeconómicos más vulnerables de la población.

Del total de mujeres, 87 eran consumido­ras de la PA (19.60 ± 2.89 años) y 77 no lo eran (18.90 ± 2.84 años). Las participantes no recibieron ningún tipo de compensación eco­nómica o académica por participar.

Procedimiento

Las mujeres fueron invitadas a participar en el estudio a través de anuncios distribuidos en las cuatro universidades (es decir, carteles e invitaciones orales de los investigadores). Se solicitó a las interesadas que contactaran a un correo electrónico a través del cual se es­tablecía una fecha para la aplicación del ins­trumento.

El estudio fue anónimo y contó con la aprobación del Comité de Bioética de la Universidad de Playa Ancha. Cada participante completó un consentimiento informado pre­vio a la administración de los cuestionarios. Los instrumentos fueron aplicados al inicio del año lectivo.

Instrumento

Cuestionario de Valor de Pareja (CVP)

En primer lugar las participantes cumpli­mentaron un breve cuestionario con preguntas generales (edad y orientación sexual). Ade­más, se les pidió que indicaran si consumían anticonceptivos orales anovulatorios. En fun­ción de su respuesta se dividió la muestra en dos categorías: mujeres consumidoras de PAs y mujeres no consumidoras. A continuación, se les pidió que contestaran el CVP. Se utilizó la adaptación chilena (Fernández et al., 2015) del cuestionario de componentes del valor de pareja de Fisher y colaboradores (2008). Este cuestionario está compuesto por 22 ítems que se responden en una escala Likert de 7 valo­res (1 = discrepo fuertemente a 7 = concuerdo fuertemente). El cuestionario abarca las si­guientes dimensiones:

- “Apreciación desde el sexo opuesto”, que contiene seis ítems que evalúan la percepción del individuo sobre su propio éxito con el se­xo opuesto.

- “Habilidades sociales” contiene cinco ítems que evalúan la sociabilidad del individuo.

- “Cuidado de los hijos” contiene tres ítems que evalúan la importancia que los individuos le dan a ser visto como un buen padre / ma­dre y la intención de tener hijos.

- “Dinero” contiene dos ítems que evalúan las tendencias a mostrarse adinerado.

- “Apariencia” contiene dos ítems que eva­lúan la importancia que tiene el propio as­pecto físico para el individuo.

- “Historia de relaciones de pareja” contiene dos ítems que evalúan la cantidad de parejas y la capacidad de atracción a nuevas parejas.

- “Miedo al fracaso” contiene dos ítems que evalúan el miedo de la persona a ser recha­zada.

Cada dimensión se calculó de acuerdo a las indicaciones de Fisher y colaboradores, es decir, sumando los puntajes de los ítems que la componen. Este estudio mostró una fuerte consistencia interna, evidenciada a partir del valor Alpha de Cronbach (.83), si­milar a la reportada en otros estudios (Chile: .85 y .83 en Fernández et al., 2014 y Fernán­dez et al., 2015, respectivamente; Canadá: .83 en Fisher et al., 2008).

Análisis estadísticos

Para evaluar las diferencias en el CVP en­tre los grupos de mujeres consumidoras de PA y no consumidoras se empleó una prueba t para muestras independientes debido a la dis­tribución normal de la variable. Sin embargo, la normalidad desapareció al comparar las diferentes subescalas del CVP, por lo que es­tas comparaciones se realizaron con la prueba U de Mann Whitney. Los análisis se realiza­ron con el programa IBM SPSS 20, y el nivel de significación se estableció para un valor de Alpha igual a .05.

Para las diferencias significativas se cal­cularon además los intervalos de confianza para la diferencia de medias (para los datos no paramétricos se empleó el estadístico de Hodges-Lehmann para la mediana) y el ta­maño del efecto. Para esto último se utilizó el estadístico d de Cohen que fue calculado manualmente aplicando la fórmula habitual.

Resultados

Los estadísticos descriptivos se reportan en la Tabla 1. Siguiendo la predicción se ana­lizó si existían diferencias significativas en­tre las mujeres que declararon consumir PAs y aquellas que no lo hacían, para el CVP y sus subescalas.

Se encontraron diferencias en el índice general del CVP (t2 = 2.52; p < .05; Inter­valo de confianza para la diferencia de medias superior: 11.23, inferior: 1.36) (ver Figura 1), siendo las consumidoras de PAs quienes presentaron el valor de CVP más elevado (ver Tabla 1). Este tamaño del efecto fue mo­derado (d de Cohen = .4).

En las suescalas se encontraron diferencias significativas en Apreciación desde el sexo opuesto (U = 2581;p < .01; Intervalo de con­fianza superior: 5, inferior: 1), Apariencia (U = 2486.50;p < .01; Intervalo de confianza superior: 2, inferior: .00) e Historia de rela­ciones de pareja (U = 2661 de confianza superior: 2, inferior: .00). Los tamaños de efecto fueron moderados para Apreciación desde el sexo opuesto (d = .4), Apariencia (d = .4) e Historia de relaciones de pareja (d = .3). En todas ellas, el grupo de consumidoras de PAs presentó valores más elevados que las que no consumían PAs (ver Tabla 1).

Por otro lado, no se encontraron diferen­cias significativas entre ambos grupos para las siguientes dimensiones: Cuidado de los hi­jos (U = 2915; p = .151), Dinero (U = 3122.5; p = .406), Habilidades sociales (U = 3202; p = .627) y Miedo al fracaso (U = 3104; p = .416).

Discusión

La sociedad chilena es habitualmente de­finida como conservadora en aspectos sexua­les y reproductivos, no obstante, durante la úl­tima década se ha vivido una apertura pau­latina en torno a la discusión sobre sexualidad y derechos reproductivos (Macintyre, Mon­tero Vega & Sagbakken, 2015). Es probable que el aumento del consumo de PAs en Chi­le esté vinculado a esta mayor apertura social y más aún, al incremento de las mujeres que deciden cursar estudios superiores y desarro­llar carreras profesionales (Fenieux, 2010; INJUV, 2017). Sin embargo, aunque la inhibición de la ovulación y los cambios hormo­nales necesarios para ello se han asociado a diversos efectos fisiológicos, comportamentales y psicológicos (Graham et al., 1995; Spencer et al., 2009; Welling, 2013), lamen­tablemente dichos efectos no han sido inves­tigados previamente en tal población. En este estudio se investigó la relación entre el uso de las PAs y el comportamiento de empareja­miento de las mujeres chilenas a través de su efecto en la autopercepción del valor de pare­ja. El valor de pareja es un constructo que in­corpora una serie de dimensiones físicas, psi­cológicas y sociales que están relacionadas con la habilidad de un individuo para encon­trar, atraer y retener exitosamente a una pareja (Fisher et al., 2008) y que, por tanto, tienen importancia en el comportamiento de empa­rejamiento. Los resultados muestran diferen­cias en general en el valor de pareja entre los grupos, así como en algunas de las dimensio­nes de dicha variable. Sin embargo, a excep­ción de la Subescala Historia de las relacio­nes de pareja, los resultados obtenidos no están en línea con las predicciones que se plantearon ya que muestran un patrón opuesto al esperado. Aun así, constituyen evidencia que aporta al conocimiento y caracterización de la conducta de emparejamiento de las mu­jeres jóvenes consumidoras de la PA.

En esta investigación se esperaba que la autopercepción del valor de pareja se viese re­ducida en aquellas mujeres consumidoras de la PA al inhibirse en ellas el período fértil y modificar de esta manera el cambio en las preferencias y en el atractivo que las mujeres que ovulan normalmente presentan durante el ciclo ovárico (Welling, 2013).

Más concretamente, era de esperar que las subescalas relacionadas con los componentes físicos, es decir, las de Apreciación desde el sexo opuesto y Apariencia, estuviesen redu­cidas en las consumidoras de PAs, ya que se postula que la falta de incremento en el atrac­tivo durante el período fértil que sufren estas mujeres limitaría su capacidad de atraer y re­tener parejas (Welling, 2013) y eso podría afectar a su autopercepción del valor de pa­reja. Sin embargo, los resultados obtenidos no apoyan dichas predicciones. En primer lu­gar, los valores generales de valor de pareja son mayores para aquellas mujeres que to­maron PA en comparación con las que no. En relación con la Subescala Apreciación desde el sexo opuesto, los resultados muestran que las mujeres que consumen la PA perciben que son vistas como más atractivas por los hombres. Esto conllevaría una mayor seguri­dad en sí mismas, ya que esta escala ha sido considerada como una medida de autoestima vinculada a la conducta de emparejamiento (Fisher et al., 2008). De hecho, esta dimen­sión se encuentra estrechamente asociada a la Escala de Autoestima General de Rosenberg (1973) (Fernández et al., 2015). Asimismo, en relación con la Subescala Apariencia, las mu­jeres consumidoras de PA se sienten y perci­ben como más atractivas que sus pares. A es­te respecto, existe cierta evidencia previa de dicha asociación entre consumo de la PA y el atractivo autopercibido (Clark, 2004).

Por otro lado, en la Subescala Historia de relaciones de pareja se encontró apoyo para nuestra predicción. Estudios previos han re­portado que las mujeres que empleaban la PA manifestaban haber tenido mayor diver­sidad de parejas sexuales y una tendencia ha­cia la búsqueda de relaciones de corto plazo (Guillermo et al., 2010; Little et al., 2002). Los resultados obtenidos apuntan en la misma dirección, ya que las mujeres que consumen PA estarían reportando una historia de rela­ciones de pareja más diversa. Sin embargo, ni nuestros análisis ni los publicados en el estu­dio original de Little y colaboradores (2002) pueden entregar una valoración causal a esta relación, es decir, que el consumo de PA con­llevaría un cambio psicológico que aumenta­ría el número de parejas sexuales. De hecho, si se tiene en cuenta la relación positiva entre el consumo de PA y las subescalas Aparien­cia y Apreciación desde el sexo opuesto pa­rece más probable pensar que estas diferen­cias están dadas por diferencias previas en la orientación socio-sexual entre mujeres que consumen PA y las que no. De esta manera, las que se perciben como más atractivas e in­teresadas en relaciones a corto plazo consu­mirían anticonceptivos orales al tener un ma­yor acceso a parejas sexuales ya que saben que son especialmente valoradas por el sexo contrario. Por lo tanto, ellas estarían demos­trando que son conscientes de la relevancia de su uso para evitar embarazos no deseados, lo que en última instancia daría cuenta de la aplicación de conocimientos en torno a edu­cación sexual. En cualquier caso, son nece­sarios estudios futuros más profundos y de corte longitudinal para explorar la profundi­dad de esta relación entre estas tres subesca­las con el consumo de PA.

En las restantes subescalas no se encon­traron diferencias significativas entre las mu­jeres consumidoras de la PA y las que no las consumen, lo que indicaría que estas dife­rencias en el comportamiento no son extra­polables más allá de una dimensión física, ya que otros aspectos que influyen en el valor de la pareja, pero no relacionados directamente con el atractivo o apariencia física, no son di­ferentes entre grupos. De esta manera no se encontraron diferencias en la inversión pa­rental entre los grupos, lo que impide concluir que aquellas mujeres que consumen PA bus­quen más que las no consumidoras retardar o impedir la maternidad. Tal vez la principal ra­zón de esta falta de diferencias entre grupos, podría estar sustentada en la muestra en la cual se focalizó esta investigación, es decir, jóvenes mujeres universitarias. Ellas se encuentran en una etapa de desarrollo en la que la maternidad normalmente se retrasa cons­cientemente (Fenieux, 2010), ya sea a través del consumo de la PA, la abstinencia sexual u otros métodos anticonceptivos. De esta forma, se puede especular que las que no consumen la PA, probablemente están eli­giendo otro método anticonceptivo, ya que no parecen particularmente interesadas en tener hijos.

Por último, tampoco se encontraron dife­rencias entre las subescalas Habilidades sociales, Dinero y Miedo al fracaso, por lo que los resultados obtenidos sugieren que las prin­cipales diferencias encontradas en torno a la conducta de emparejamiento entre grupos de mujeres consumidoras de PA versus no con­sumidoras sólo se encuentran en aquellos componentes que están íntegramente rela­cionados con el atractivo físico y no por ejem­plo, con aspectos tan relevantes para la bús­queda de pareja como el desarrollo de habi­lidades sociales que es un rasgo de la perso­nalidad atractivo para el sexo opuesto.

Se puede mencionar que el estudio reali­zado presenta ciertas limitaciones relevantes que deben ser señaladas. De esta forma, la po­blación que afirmó estar consumiendo anti­conceptivos orales no detalló el tipo de prin­cipio activo que tienen las píldoras. Por lo tanto, tal y como lo señalan los estudios en torno a la respuesta de celos en función del consumo de diferentes tipos de PA (por ejem­plo, Cobey et al., 2012), podrían existir dife­rencias que surgirían a partir de las hormonas utilizadas y las concentraciones de las mismas que no fueron evaluadas en el presente estu­dio. Sin embargo, esta variable no suele ser considerada en estudios de este tipo (Muñoz- Reyes et al., 2014; Penton-Voak et al., 1999) porque lo que se intenta establecer es la pre­sencia de un efecto general derivado de la su­presión de la fertilidad, independientemente de las concentraciones hormonales.

Por otro lado, al no ser longitudinal este estudio, se carece de información para una misma mujer sobre su autopercepción del va­lor de pareja en las dos condiciones, con con­sumo de PA y sin consumo, lo que sería va­lioso para evaluar las posibles diferencias previas en el valor de pareja de futuras con­sumidoras de PA con respecto a las que nunca las han consumido y establecer una relación causal entre el consumo de PA y los valores en la autopercepción del valor de pareja. Por último, aquellas mujeres que declararon no consumir PA podrían estar consumiendo otro tipo de anticonceptivo hormonal no oral ya que no se les preguntó sobre ello. Sin em­bargo, la tasa de consumo de anticonceptivos hormonales no orales es baja entre la pobla­ción joven y universitaria. Por ejemplo, según la octava encuesta del Instituto Nacional de la Juventud, los parches transdérmicos fueron utilizados por el 3.4% de las mujeres mientras que las inyecciones anticonceptivas alcanza­ron el 7.4% (INJUV, 2017). A su vez, la po­sible inclusión de mujeres que emplean anti­conceptivos hormonales no orales en el grupo de no consumidoras de PA no explicaría nues­tros resultados, ya que en todo caso dificul­taría la detección de diferencias entre los gru­pos.

Es importante señalar que pese a que se re­alizó una campaña de reclutamiento de parti­cipantes, el tamaño de la muestra fue relati­vamente modesto. En este sentido, existe evidencia de estudios previos en temáticas de sexualidad en los que se ha logrado un buen número de participantes (sobre 500 indivi­duos en: Comisión Nacional del Sida, 2000; Fétis et al., 2008; González, Molina, Mon­tero, Martínez & Leyton, 2007; González, Molina, Montero, Martínez & Molina, 2009; González, Molina & San Martín, 2016; Schiappacasse, Bascuñan, Frez & Cortés, 2014). Sin embargo, en estas investigaciones, la me­todología de recolección de datos, la promo­ción y el acceso a la muestra son diferentes. De esta forma, usualmente se aplican entre­vistas cara a cara, auspiciadas por organismos del estado y con muestras cautivas, ya sean estudiantes de colegios o pacientes de hospi­tales. En contraposición, los estudios de re­clutamiento abierto en torno a temas de se­xualidad alcanzan tamaños muestrales muy similares a los de este estudio (por ejemplo, n = 117 en Cárdenas & Barrientos, 2008; n = 232 en Conejero & Almonte, 2009; n = 110 en Gómez & Barrientos, 2012), siendo menores a otros estudios con similar metodología pero que abordan características psicológicas no relacionadas directamente con la sexualidad (por ejemplo, n = 371 en Fernández, Martínez-Conde & Melipillán, 2009; n = 473 en Rojas-Barahona, Zegers & Förster, 2009). El equipo de investigación presupone que, pese a la apertura en temas se­xuales que vive el país, el contexto conser­vador con el que aun este tipo de problemá­ticas son enfrentadas en la población chilena, juega un rol central. Como señalan otros au­tores (por ejemplo. Lehrer, E.L., Lehrer, V.L. & Krauss, 2009; Morán Faúndes, 2013a), Chile es un país que se ha caracterizado por un férreo control conservador de sus políticas públicas de sexualidad y reproducción, deri­vado principalmente desde la Iglesia Católica. Ejemplos de esto son la difícil aprobación de la píldora anticonceptiva de emergencia, que recién ocurrió el año 2010 (Morán Faúndes, 2013b), la ilegalidad del aborto en cualquier tipo de circunstancia, incluyendo la viola­ción o la inviabilidad del feto (Amnistía In­ternacional, 2015) y la legalización del di­vorcio en el año 2004 (Blofield, 2006). Esta política conservadora probablemente ha re­trasado la aparición de estudios robustos en esta área que permitan tener líneas de base so­bre la realidad país, incluso en temas de alta sensibilidad social. Un ejemplo de esto último son los recientes estudios en torno a los abu­sos sexuales en estudiantes universitarios (Schuster, Krahé, Ilabaca Baeza & Muñoz- Reyes, 2016) y la discriminación contra las minorías sexuales (Barrientos & Bozon, 2014). Es por esto que esta investigación es parte de un conjunto de estudios que utili­zando un perfil cuantitativo, intentan comen­zar a generar resultados en un área de difícil acceso dentro de la política conservadora del país. De ahí que sumado a los resultados ob­tenidos, exista también una valoración cuali­tativa en torno al robustecimiento del área y a la generación de antecedentes que permitan discusiones más informadas.

En conclusión, esta investigación ha arro­jado nuevos resultados que en su mayoría se contraponen a nuestras hipótesis iniciales ba­sadas en la evidencia empírica reciente. Esta evidencia previa indica que las mujeres con­sumidoras de la PA no mostrarían los cambios en las preferencias por los rasgos masculinos y el incremento en su atractivo durante la etapa fértil que exhiben las mujeres que no consumen PA, lo que limitaría su habilidad en atraer y retener parejas (por ejemplo, Al- vergne & Lummaa, 2010; Welling, 2013) im­pactando negativamente sobre su autopercepción de su valor de pareja.

Sin embargo, en este estudio las mujeres consumidoras de la PA se autoperciben y creen que el sexo contrario las evalúa como atractivas y muestran una vida sexual más di­versificada, no mostrando diferencias en los otros aspectos relevantes para el valor de pa­reja no vinculados al atractivo físico.

En definitiva, los resultados parecen indi­car que el consumo de anticonceptivos hor­monales no modifica la conducta social y pa­rental de las mujeres, aunque su uso parece estar asociado con una mayor autopercepción de atractivo y mayor diversidad en la vida se­xual. Este estudio aporta nueva información que permitirá aumentar la comprensión y dis­cusión sobre el hipotético efecto que tendría o no, el consumo de la PA sobre la conducta de emparejamiento. Es importante señalar que el campo de investigación en torno a los cambios en las preferencias sexuales de las mujeres, derivados de los estados hormonales, se en­cuentra en un importante proceso de discu­sión, ya que existe evidencia contrapuesta en torno a sus principales resultados (por ejem­plo, Harris, Chabot & Mickes, 2013; Muñoz- Reyes et al., 2014). Por tanto, creemos que es crítico realizar investigaciones en el futuro con el fin de dilucidar la real robustez de este fenómeno, no solo en población anglosajona, sino también incluyendo nuevas poblaciones como la que ha participado en este estudio.

Tabla 1
Estadísticos descriptivos (media ± desviación estándar) para el Cuestionario de Valor de Pareja y sus subescalas
Variable Consumidoras PA (n = 87) No consumidoras (n = 77) Total (N = 164)
Cuestionario de valor de pareja 93.48 ± 16.08 87.18 ± 15.83 90.52 ± 16.22
Apreciación desde el sexo opuesto 27.79 ± 6.27 25.01 ± 6.78 26.48 ± 6.64
Habilidades sociales 21.28 ± 5.98 20.67 ± 6.62 21.00 ± 6.28
Cuidado de los hijos 15.59 ± 4.49 14.87 ± 4.28 15.25 ± 4.39
Dinero 3.47 ± 2.09 3.05 ± 1.60 3.27 ± 1.88
Apariencia 9.89 ± 3.23 8.62 ± 3.15 9.29 ± 3.25
Historia de relaciones de pareja 9.81 ± 2.39 8.87 ± 2.74 9.37 ± 2.60
Miedo al fracaso 5.62 ± 2.65 6.07 ± 3.04 5.83 ± 2.84

Media ± desviación estándar para el Valor de Pareja para
consumidoras y no consumidoras de la píldora anticonceptiva (PA)
Figura 1
Media ± desviación estándar para el Valor de Pareja para consumidoras y no consumidoras de la píldora anticonceptiva (PA)

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