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Relación entre diferenciación del self y agresión entre pares en estudiantes universitarios argentinos

Relationship between Differentiation of Self and Peer Aggression among Argentine University Students

Carolina Sánchez-Agostini
Universidad Austral, Argentina
Alfonso Osorio
Universidad de Navarra, España
Martiño Rodríguez-González
Universidad de Navarra, España
Julieta Laudadío
Universidad Austral, Argentina

Relación entre diferenciación del self y agresión entre pares en estudiantes universitarios argentinos

Interdisciplinaria, vol. 40, núm. 2, pp. 197-214, 2023

Centro Interamericano de Investigaciones Psicológicas y Ciencias Afines

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Recepción: 22 Julio 2021

Aprobación: 14 Abril 2023

Resumen: La agresión entre pares, sea un caso aislado o recurrente, se ha convertido en un problema cada vez más frecuente que socava el desarrollo psicoafectivo saludable en adolescentes y universitarios. Como en el caso de otras conductas de riesgo, la investigación sugiere que los aspectos emocionales son relevantes para su prevención. El objetivo de este trabajo fue explorar la posible relación entre la agresión entre pares, la agresión frecuente como potencial conducta de bullying, y la diferenciación del self, un constructo procedente de la perspectiva sistémica, vinculado con la autorregulación emocional y la madurez afectiva. Universitarios de entre 17 y 20 años (. = 365), completaron sendos cuestionarios autoadministrados sobre estilos de vida (Carlos et al., 2016) y diferenciación del self (Duch-Ceballos et al., 2022). En esta muestra, los análisis realizados indican que menores niveles de diferenciación del self en los varones se asocian con mayor probabilidad de agresión entre pares, tanto sufrida como ejercida. Además, uno de los componentes de la diferenciación del self, la reactividad emocional, predijo también las probabilidades de agresión (sufrida y ejercida) entre las mujeres. La diferenciación del self está recibiendo una creciente atención como variable relevante para explicar la conducta de los adolescentes y jóvenes emergentes, especialmente en lo que refiere a conductas de riesgo. Este sería el primer estudio sobre la relación entre diferenciación del self, agresión entre pares y agresión frecuente como potencial conducta de buylling. Finalmente, a partir de los resultados encontrados, se plantean futuras líneas de investigación y aplicaciones prácticas.

Palabras clave: agresión, diferenciación del self, autorregulación emocional, universitarios, bullying.

Abstract: The socio-emotional well-being of children and adolescents is a subject of interest, both for academics and researchers, as well as for parents, teachers, and educators. Initiatives on this subject promoted from the scientific and social fields are constantly increasing, and tend to have multiple objectives, among which one is to understand the dynamics of violence and aggression (which can lead to harassment situations), in order to design more effective prevention and intervention programs.

Research suggests that emotional aspects are relevant to the prevention of aggression. Within this realm, we have focused on Differentiation of self (DoS). The Differentiation of Self is the central construct of Bowen's (1978) systemic family theory, considered from the systemic perspective as one of the most comprehensive theories of human behavior. With multiple applications in various fields, DoS is a multidimensional construct, defined as the ability to balance emotional and intellectual functioning -intrapsychic dimension-, and intimacy and autonomy in personal relationships -interpersonal dimension-. Based on previous studies in which associations between bullying and socio-emotional competencies were found, the objective of this study was to find relationships between differentiation of self and peer aggression.

The sample of this study was comprised of university students between 17 and 20 years old (. = 365; . = 18.3, SD = .7), who were studying the first or second year of different careers at a private university in Argentina. Participants completed self-administered questionnaires on lifestyles (Carlos et al., 2016) and the Spanish version of the Differentiation of Self Inventory-Revised (S-DSI; Rodríguez-González et al., 2015). Considering that peer aggression does not represent bullying in all cases, the association between self-differentiation and peer aggression was first analyzed and, second, this same association was analyzed, but considering frequent aggression.

Peer aggression was perpetrated by 54 % of women and 63 % of men (. = .043) and suffered by 72 % of women and 61 % of men (. = .124). Frequent peer aggression was perpetrated by 15 % of women and 21 % of men (. = .001) and suffered by 41 % of women and 24 % of men (. = .146).

Both measures of DoS (Emotional reactivity and Emotional cutoff) were associated with a lower prevalence of both aggression and frequent aggression.

This work offers two main findings. First, given the high incidence of peer aggression, the results of this study confirm the relevance of the research on peer aggression and, specifically, on frequent aggression associated with bullying. Second, present data suggests the existence of a relationship between differentiation of self and aggression.

Since the idea and perceptions about aggression could be changing, new research is suggested, based around the cultural context and social changes that identify how the concept of bullying evolves should be promoted. Moreover, it would be positive to develop new research that can delve into the role played by the differentiation of self, since it is a factor that impacts the development and health of adolescents.

The significant relationship between peer aggression and DoS found in this study contributes to the empirical corpus that affirms the relevance of the emotional factor in aggressive and bullying behaviors. In this sense, this study joins others that support the idea of intervening in aggression and buylling through the development of school intervention programs aimed at developing emotional competencies, involving students and also parents and educators.

Keywords: aggression, differentiation of self, emotional self-regulation, university students.

Introducción

El bienestar socioemocional de niños, niñas y adolescentes es un fenómeno de interés, tanto para académicos e investigadores como para padres, madres, docentes y personal educativo. Las iniciativas sobre este tema, impulsadas desde el ámbito científico y el social, están en permanente aumento y suelen tener múltiples objetivos, entre los que se encuentra uno que está especialmente vinculado con los objetivos de este estudio. Este es entender cómo es la dinámica de la agresión y la violencia –que pueden derivar en situaciones de acoso–, para poder diseñar programas de prevención e intervención más eficaces (Sánchez Jiménez, 2019). La agresión, en términos generales, puede definirse como un comportamiento que busca herir o dañar a otra persona y puede adquirir múltiples manifestaciones, ya sean físicas, verbales, psicológicas, relacionales, entre otras (Crick y Grotpeter, 1995; Valido et al., 2021). Existen numerosos hallazgos que sugieren que la agresión física es más frecuente en varones y que los adolescentes que participan de conductas de agresión están a la vez más expuestos a la victimización (Lam et al., 2018).

El ámbito educativo es clave para el desarrollo de habilidades socioemocionales y la prevención de violencia (Sánchez-Agostini et al., 2019). Estudios previos sugieren que, a mejor clima escolar (participación, sentimiento de pertenencia y apoyo del profesor/a), menor agresión entre pares (Montero-Montero et al., 2021). La agresión entre pares, y específicamente el bullying como su expresión más evidente, se ha extendido a lo largo de toda Latinoamérica (de Ribera et al., 2019) y numerosos estudios ponen de relieve que es necesario continuar investigando en torno a sus factores predisponentes y a su impacto (Catone et al., 2019; Fredkove et al., 2019; Vessey et al., 2016). Específicamente en Argentina, en un estudio comparativo con participantes de otros tres países (Estonia, Finlandia y Estados Unidos), presentó las tasas más altas de prevalencia de bullying en la adolescencia y las segundas tasas más altas en estudiantes universitarios (Pörhölä et al., 2020).

Existen numerosas investigaciones sobre el buylling (Garaigordobil et al., 2019; Herrera-López et al., 2018), un fenómeno que comenzó a estudiarse en la década de los setenta (Menesini y Salmivalli, 2017). Si bien se ha explorado en mayor medida en la infancia y adolescencia, diversos estudios recientes dan cuenta de que se presenta también entre universitarios, no solo como una problemática específica de esta etapa, sino también porque es una etapa vital en la que a veces se evidencian las consecuencias de haber sufrido agresión o bullying en la infancia y la adolescencia (Andreou y Tsermentseli, 2021).

Dada su relevancia social, se han generado diferentes líneas de investigación sobre la agresión y el buylling para tratar de prevenirlo e intervenir sobre él. En términos generales, uno de los principales factores que se ha asociado a la agresión entre pares y al bullying es la falta de autorregulación emocional (Toblin et al., 2015). Las competencias sociales y emocionales aparecen como factores esenciales para la comprensión del fenómeno (Zych, Beltran-Catalan et al., 2018). Gönültaş et al. (2020) analizaron el rol de los factores socioemocionales en la respuesta a la agresión entre pares. Sus resultados sugieren, por ejemplo, que adolescentes con mayor empatía afectiva, simpatía y sensibilidad frente al concepto de justicia presentarán mayor tendencia a intervenir activamente ante una agresión entre pares. Estos hallazgos están en sintonía con la evidencia previa, que indica que el altruismo y la conducta prosocial, como comportamientos opuestos a la agresión, favorecen la cohesión social y el cuidado de los más vulnerables (Palomar Lever y Victorio Estrada, 2018). En esta línea, numerosas investigaciones (Andreou y Tsermentseli, 2021; Garaigordobil et al., 2019; Jara et al., 2017; Menesini y Salmivalli, 2017; Moreno Bataller et al., 2019) ponen de manifiesto que los aspectos emocionales parecen ser clave en cuanto a la posibilidad de convertirse en agresor/a o víctima del buylling y podrían influir también en el tipo de respuesta que una persona daría cuando se convierte en espectador de esta conducta (Zych, Beltran-Catalan et al., 2018). Asimismo, sufrir buylling tiene importantes consecuencias en la esfera psicoafectiva y social de un individuo (Víllora et al., 2020), y la gestión emocional de estas consecuencias puede ser determinante para su cronicidad o superación (Zych, Ortega-Ruiz et al., 2018). Por todo ello, explorar la relación entre diferenciación del self y agresión entre pares puede ser una contribución significativa en el campo de la investigación sobre el buylling.

Este estudio ha buscado profundizar en esta línea de trabajo y explorar la relación entre la agresión, la agresión frecuente y la diferenciación del self, un constructo de gran relevancia en el campo de la terapia familiar (Nichols y Schwartz, 2004), vinculado con la capacidad de autorregulación emocional (Rodríguez-González et al., 2019). Algunos estudios previos han mostrado una relación significativa entre mayores niveles de diferenciación del self y un mayor bienestar psicológico e interpersonal en la adolescencia y adultez temprana (Hainlen et al., 2016; Oramas Viera et al., 2006; Skowron et al., 2009). Sin embargo, hasta lo que este equipo conoce, no existen estudios que hayan explorado la relación entre diferenciación del self y agresión o buylling, ni en Argentina ni en otros países.

La relevancia de lo emocional: el posible papel de la diferenciación del self

La diferenciación del self es el constructo central de la teoría familiar sistémica de Bowen (1978), considerada desde la perspectiva sistémica como una de las teorías más comprehensivas del comportamiento humano (Nichols y Schwartz, 2004). Con múltiples aplicaciones en diversos campos (Miller et al., 2004), la diferenciación del self es un constructo multidimensional, definido como la capacidad para equilibrar el funcionamiento emocional e intelectual -dimensión intrapsíquica-, y la intimidad y la autonomía en la relaciones personales -dimensión interpersonal- (Bowen, 1978; Skowron y Friedlander, 1998). En la población adulta, algunas investigaciones previas indican que los mayores niveles de diferenciación se asocian con una mejor salud psicológica (Simon et al., 2019), física (Rodríguez-González, et al. 2019) y relacional (Peixoto-Freitas et al., 2020).

La mayoría de las investigaciones sobre diferenciación del self se han realizado en EE.UU., aunque existe una creciente línea de trabajo en Europa y otros países, con estudios que han replicado algunos de estos hallazgos con población italiana e hispanohablante (Lampis et al., 2019; Rodríguez-González et al., 2020). Específicamente, la investigación en español y la investigación con muestras de adolescentes o universitarios ha crecido notablemente en los últimos años (Doba et al., 2018; Duch-Ceballos y Rodriguez-González, 2019). Algunas de estas investigaciones sugieren una relación positiva entre diferenciación y capacidad de autorregulación emocional (Ercengiz et al., 2020;Likcani et al., 2017). Así, por ejemplo, Ercengi et al. (2020) encuentran una correlación significativa entre los niveles de diferenciación –evaluada con el Differentiation of Self Inventory-Revised. y las habilidades del manejo emocional –evaluadas con las escalas Emotions Management Skills Scale, Nomophobia Questionnaire, e Intolerance of Uncertainty Scale. Su investigación, realizada con una muestra de 398 estudiantes universitarios de Turquía, sugiere que el nivel de diferenciación del self predice la incidencia de nomofobia en estudiantes universitarios.

Otras investigaciones previas también sugieren que un menor grado de diferenciación predice, incluso después de controlar otras variables de riesgo (por ejemplo, celos y conflicto marital), la aparición de la violencia física en la pareja (Likcani et al., 2017) o mayores niveles de codependencia (Chang, 2018).

La teoría de Bowen plantea que el nivel de diferenciación del self se consolida hacia finales de la adolescencia, involucra el aspecto emocional e impacta de manera directa en el desarrollo de las relaciones interpersonales (Rodríguez-González y Martínez Berlanga, 2015) El grado de diferenciación estaría condicionado por el sistema emocional de la familia de origen (Bowen, 1978) y por personas con niveles más bajos de diferenciación que tenderán a una peor gestión emocional, lo que implica ciertos aspectos, como por ejemplo un peor manejo de la frustración, la ansiedad o el estrés. Además, generarían relaciones interpersonales más conflictivas y en las que más probablemente aparecerían pautas relacionales disfuncionales (Rodríguez González et al., 2016; Rodríguez-González et al., 2020). Por tanto, la hipótesis de este estudio es que el grado de diferenciación podría influir en la aparición del buylling, tanto en cuanto a la probabilidad de actuar como agresor/a como al riesgo de ser víctima.

El presente estudio

A partir de los estudios previos en los que se hallaron asociaciones entre el bullying y las competencias socioemocionales, el objetivo de esta investigación fue encontrar relaciones entre la agresión entre pares y la diferenciación del self. Se tuvo en cuenta que la agresión entre pares no representa en todos los casos bullying –caracterizado por su frecuencia, su condición de pares, la intencionalidad del daño y la situación de desigualdad entre agresores y víctima–, por lo que se analizó, en primer lugar, la asociación entre la diferenciación del self y la agresión entre pares y, en segundo lugar, esta misma asociación, pero según su frecuencia. Todo esto se realizó en una muestra de estudiantes universitarios argentinos.

El presente estudio tuvo como objetivo explorar la relación entre la agresión entre pares y la diferenciación del self. Para ello, se evaluó una muestra de estudiantes universitarios argentinos con el cuestionario YourLife (Carlos et al., 2016) y una adaptación para adolescentes y jóvenes de la versión española de la Escala de Diferenciación del Self revisada (DSI-R; Duch-Ceballos et al., 2022; Rodríguez-González et al., 2015. Los autores de este trabajo consideran que la investigación ofrece dos hallazgos principales. En primer lugar, dada la elevada incidencia de agresión encontrada, los resultados confirmarían la relevancia de la investigación en torno la agresión entre pares y, específicamente, a la conducta de agresión frecuente asociada al bullying. En segundo lugar, los datos sugieren la existencia de una relación de la agresión con el nivel de diferenciación del self.

En relación con el primer hallazgo, este estudio indica que existe una elevada prevalencia de conductas de agresión en general y de agresión frecuente entre los estudiantes argentinos evaluados, tanto en varones como en mujeres. Esta alta prevalencia coincide con datos ofrecidos por otros estudios recientes (Catone et al., 2019; Garaigordobil et al., 2019; Pörhölä et al., 2020). En el estudio de Catone et al. (2019), por ejemplo, la prevalencia de victimización es mayor que la que se reporta en cuanto a la perpetración de la agresión frecuente. Este dato coincide con lo hallado en este trabajo.

Como el bullying tiene sus propias características, que lo diferencian de otros tipos de agresión (por ej. una pelea callejera ocasionada una vez, una broma pesada que hizo sentir mal o dejar de invitar a un evento importante a una persona por un enojo circunstancial), este equipo decidió analizar primero la agresión en términos generales, para luego estudiar la agresión frecuente, pues que exista una alta frecuencia es una característica necesaria para que una agresión sea catalogada como bullying.

A partir de estos resultados, y conforme al hallazgo de que se reporta mayor prevalencia de victimización que de perpetración, se considera relevante que futuras investigaciones puedan profundizar en las causas por las que existe esta diferencia. Una posible hipótesis tendría que ver con la deseabilidad social: resulta más complejo reconocerse como maltratador que como víctima. Otra hipótesis de que existan menos estudiantes que reporten que maltratan, en comparación con aquellos que sufren agresión, tendría que ver con la existencia de un proceso de naturalización de la agresión y de distintas conductas asociadas (como las bromas ofensivas, el aislamiento del grupo o el cyberbullying), que las sufre quien las padece, pero no las reconoce quien las realiza. Por ejemplo, un estudio analizó la información que la prensa argentina –país de donde proviene la muestra del presente trabajo– daba sobre el cyberbullying y destacó la necesidad de estrategias que apuntaran a que no se naturalizaran estas conductas (Lanzillotti y Korman, 2020). Se considera de gran relevancia e interés indagar, para futuras líneas de investigación, de qué manera la frecuencia de agresión predispondría, por tanto, a un contexto de vulnerabilidad que dificultaría reconocer el bullying.

En referencia al segundo hallazgo, la asociación encontrada entre conductas de agresión y diferenciación del self, el diseño transversal del presente estudio impidió determinar cuál es el sentido de esta relación. Es posible plantear distintas hipótesis. Una primera posibilidad es que sufrir agresión reduzca el grado de diferenciación del self. Esto sería coherente con los principios del marco teórico en el que se sustenta el constructo de la diferenciación (Bowen, 1978). Ahora bien, una segunda posibilidad sería que este resultado indique que personas con menor grado de diferenciación pudieran ser más vulnerables a sufrir agresión o a denunciar dicha situación. Finalmente, ambas hipótesis podrían ser correctas, es decir, que el efecto sería bidireccional y se darían las dos posibilidades planteadas. Cabe considerar, además, que podría ocurrir que una tercera variable influya sobre ambas, es decir sobre la diferenciación del self y la agresión.

La primera hipótesis implicaría que el sufrir o haber sufrido agresión daría lugar a un peor funcionamiento emocional como consecuencia de esta victimización. Diversos estudios han explorado el impacto emocional que la agresión tiene en la adolescencia (Hutson, 2018; Paradeisioti et al., 2019) y durante la etapa universitaria (Pörhölä et al., 2020). En estas personas se daría una mayor reactividad emocional, de modo que se verían más afectadas por el clima emocional y tendrían menor capacidad para autorregularse de forma adaptativa. Además, mostrarían un grado mayor de corte emocional, por lo que tienden a distanciarse de personas que pueden ayudarles o a aislarse sin que exista un daño o un peligro real.

Los postulados teóricos sobre los que se apoya el constructo de diferenciación del self sustentarían esta primera hipótesis (Bowen, 1978), pues, aunque la diferenciación del self es un rasgo muy estable según la teoría de este autor, una de las causas que pueden reducir el grado de diferenciación es verse sometido a procesos de estrés severo sostenido, como podría ser el caso de la agresión frecuente. Este postulado teórico se ha visto apoyado por algunos estudios empíricos, en los que se ha observado una asociación negativa entre el estrés y el nivel de diferenciación (Krycak et al., 2012; Rodríguez-González et al., 2019).

Ahora bien, el peor funcionamiento emocional descripto, asociado a bajos niveles de diferenciación, podría no ser una consecuencia, sino algún tipo de factor predisponente a sufrir o ejercer agresión. De acuerdo con esta segunda hipótesis, los presentes resultados podrían sugerir que personas con niveles menores de diferenciación del self sufrirán o ejercerán agresión con mayor probabilidad. Esta hipótesis sería coherente con investigaciones previas cuyos resultados indican que niños, niñas, adolescentes o jóvenes que tienen menos habilidades emocionales pueden caer más fácilmente en ejercer bullying (Zych, Beltran-Catalan et al., 2018; de la Fuente y Justicia Justicia, 2018). Además, una peor autorregulación emocional, tanto intrapsíquica como interpersonal, característica de un bajo nivel de diferenciación, implicaría también tener menos recursos para evitar sufrir agresión o para denunciarlo y cortar con esta situación. Por otra parte, las víctimas contarían también con menos recursos intrapersonales que permitan reducir el daño o las consecuencias secundarias de la agresión (por ejemplo, menores niveles de ajuste social; Gómez-Ortiz et al., 2017).

Esta segunda hipótesis implicaría que una forma de prevención de la agresión y del bullying, y también de intervención –entendida como limitar o evitar sus consecuencias negativas o su mantenimiento–, sería elevar el grado de diferenciación del self. El nivel de diferenciación se considera el resultado de un proceso muy complejo, en el que, sin embargo, existe una variable determinante: la dinámica emocional del sistema familiar de origen (Bowen, 1978). Aunque es posible poner en marcha intervenciones (por ejemplo, programas psicoeducativos, o intervenciones psicoterapéuticas) dirigidas directamente a adolescentes, a jóvenes universitarios y también a adultos, que podrían aumentar el grado de diferenciación, el recurso más efectivo sería la intervención sobre la familia (Bowen, 1978). La relevancia del contexto familiar para intervenir y prevenir la agresión no es algo novedoso. Aunque la agresión, especialmente el bullying, está asociado al ámbito escolar, se considera de gran relevancia que padres y madres puedan involucrarse tempranamente e intervenir en la prevención de estas conductas (Paradeisioti et al., 2019). Diversos estudios sugieren que los estilos parentales, especialmente el autoritario, pueden ejercer una considerable influencia tanto en la tendencia a ejercer bullying como en la victimización (Menesini y Salmivalli, 2017). Por otro lado, los padres y las madres tienen un rol fundamental en el fortalecimiento temprano de la autoestima y del autoconcepto en sus hijos y en su futuro patrón relacional que les facilite gestionar saludablemente sus relaciones interpersonales y reconocer con mayor claridad cuándo se está siendo víctima de agresión o bullying. Este estudio vendría a sumarse a otros trabajos de investigación que sugieren que la dinámica familiar puede ser determinante para la prevención y reducción de la agresión y del bullying, sea que esta dinámica familiar es abordada desde el modelo de los patrones de crianza, la promoción de capacidades parentales que favorezcan una sana autoestima y autoconcepto, o como en el caso de este trabajo, la promoción de mayores niveles de diferenciación del self.

Arslan y Adıgüzel (2018), en un estudio sobre el papel de las emociones en el comportamiento agresivo, conceptualizan la agresión como “cualquier comportamiento que hiera o pueda herir a otros” (p. 47). Sus hallazgos sugieren que hay una correlación negativa significativa entre la tendencia empática, la expresión de emociones y la autocompasión de los estudiantes y su comportamiento agresivo, a la vez que hallaron que estas variables son predictores significativos de agresión. En esta línea, y como conducta reiterativa, el buylling puede definirse como la situación en la que un estudiante es acosado por otro/a o por un grupo de estudiantes, a través de insultos, burlas, apodos molestos o hirientes, o cuando es completamente ignorado, excluido de su grupo de amigos o retirado de sus actividades a propósito (Olweus, 2013). Esto también incluye golpes, patadas o amenazas, así como difundir rumores falsos e intentar convencer a otros de que no interactúen con él o ella. La agresión se ha clasificado como directa, ya sea física o verbalmente, como insultos, golpes, o indirecta, más simbólica o solapada, en la que quien agrede aparenta no querer infligir el dolor en la víctima, como manipulación, murmuración, exclusión (Bjorkqvist et al., 1992). Existe un sólido consenso científico acerca de que las principales características que diferencian el bullying de una pelea o malentendido entre pares u otros tipos de agresión, tiene que ver con la idea que en el bullying, existe intencionalidad de hacer daño, persistencia de esta conducta y desigualdad de poder entre víctima y acosador/a (Catone et al., 2019; Nansel et al., 2001; Paradeisioti et al., 2019; Smith et al., 2002). La evidencia sugiere que el bullying es una situación que está manifestando un problema mucho mayor que es la agresión frecuente entre pares, incluso cuando no se presentan todos los criterios de acoso. Skrzypiec et al. (2018) examinaron, en una muestra de 6 000 estudiantes de entre 11 y 16 años procedentes de 10 países, el grado de daño asociado a la agresión entre pares cuando no se dan todas las condiciones necesarias para que la conducta se considere bullying. Sus resultados sugieren que la agresión entre pares disminuye el bienestar adolescente en un grado similar al de las vínctimas de bullying.

Método

Participantes

Muestra no probabilística compuesta por 356 estudiantes universitarios (171 mujeres), de 17 a 20 años (M = 18.3, DE = .7). Todos los participantes encuestados se encontraban cursando primer o segundo año de distintas carreras de una universidad privada de Argentina. El 52 % tenía ambos padres con estudios universitarios, el 33 % tenía solo un padre/madre con dichos estudios, y el 15 % no tenía ningún padre con estudios. Respecto a la religión, el 61 % se declaró católico, el 19 %, ateo o agnóstico, el 15 % dijo creer en Dios, pero no pertenecer a ninguna religión concreta, y el 5 % que pertenecía a otras religiones.

Instrumentos

Agresión

Para el estudio de la agresión entre pares se utilizó el cuestionario sobre estilos de vida de adolescentes YourLife (Carlos et al., 2016). Se trata de un autoinforme que evalúa cuestiones relacionadas con los estilos de vida y las relaciones interpersonales de los adolescentes. Para los objetivos de este estudio, se utilizaron las preguntas relacionadas con la agresión sufrida o ejercida. Sendos ítems decían “He sufrido [o ejercido/provocado] algún tipo de daño o agresión física o psicológica (me han insultado, golpeado, me han dejado de lado…) por parte de alguien de mi colegio/instituto”. Los participantes debían responder en una escala desde 0 (Nunca) hasta 6 (Muy a menudo). Para clasificar la agresión –esto es si la había recibido o ejercido–, ambas variables se dicotomizaron en “No” (respuesta 0, ausencia de agresión) frente a “Sí” (respuestas 1 a 6, alguna presencia de agresión). Para clasificar la agresión frecuente como potencial conducta de bullying (recibido o ejercido), ambas variables se dicotomizaron en “No” (respuestas 0-3, agresión ausente o poco frecuente) frente a “Sí” (respuestas 4 a 6, agresión frecuente).

Escala de Diferenciación del Self (DSI)

Para la evaluación de la diferenciación se utilizó la versión española del Differentiation of Self Inventory-Revised (S-DSI; Rodríguez-González et al., 2015). Esta escala consta de 26 ítems y ofrece un índice global de diferenciación y consta de dos subescalas de 13 ítems cada una: reactividad emocional y corte emocional. Los ítems se presentan en formato tipo Likert de 1 (completamente en desacuerdo) a 6 (completamente de acuerdo). Puntuaciones más elevadas corresponden a mayores niveles de diferenciación, tanto en las subescalas como en la puntuación global. Las confiabilidades de consistencia interna calculadas para las que se usó el alfa de Cronbach fueron altas para la escala completa (.85) y para las dos subescalas (ER = .84; EC = .78). Dado que la escala S-DSI fue originalmente diseñada para su aplicación en población adulta (25 años o más), para esta investigación fue necesario ajustar la redacción de los ítems. Se realizaron ajustes relacionados con el lenguaje, para adaptarlo al español de argentina, y la edad de la población universitaria. Además, al seguir las indicaciones del autor de la validación española del DSI (Rodríguez-González et al., 2015), se seleccionaron 21 de los 26 ítems originales. Ambos ajustes se hicieron buscando aplicar la validación provisional del S-DSI para adolescentes en la que el autor de la versión para adultos está trabajando (Duch-Ceballos et al., 2022). Para el estudio actual, la estimación de confiabilidad para la escala completa (21 ítems) fue .86, mientras que la subescala de reactividad emocional (10 ítems) obtuvo .84, y la de corte emocional (11 ítems) .78.

Procedimiento

La encuesta se aplicó a estudiantes matriculados en clases de primero y de segundo año (abogacía, relaciones internacionales, comunicación e ingeniería) en una universidad privada de Argentina. Todas las encuestas se completaron de forma anónima en línea a través de un sistema de encuestas seguro. Se les notificó a los estudiantes que completar la encuesta era un acto voluntario y anónimo, y que los resultados serían utilizados con fines de investigación, sin identificar a la persona que respondió. Los datos se recopilaron de marzo a mayo de 2019. Debido a que el interés de este equipo estaba interesado en los comportamientos de los adultos emergentes, los análisis de datos se restringieron a las personas que estaban en primer y segundo año en la Universidad. Se obtuvo, previamente, el dictamen favorable del Comité de Ética pertinente.

Análisis de datos

Para comparar las frecuencias de agresión frecuente entre sexos se calculó el coeficiente Phi (φ) y se realizaron pruebas de chi-cuadrado. Para comparar las medias entre grupos, se calculó el tamaño del efecto con la . de Cohen y se realizaron pruebas . de Student. También se realizaron cuatro regresiones logísticas multivariantes, una para cada variable dependiente (ejercer o sufrir agresión o agresión frecuente). Las variables independientes fueron las dos escalas de diferenciación y otras potenciales variables de confusión (estructura familiar, estudios de los padres, religiosidad y consumo de alcohol). En cada análisis, los sujetos con datos perdidos en alguna de las variables analizadas quedaron fuera de la encuesta.

Para todos los análisis, se consideró estadísticamente significativo p < .05 y se realizaron con Stata 12.0.

Resultados

Conductas de agresión y de agresión frecuente en función del sexo

La Figura 1 muestra las frecuencias de agresión entre pares según el sexo de los participantes. Se halló una alta prevalencia de agresión y diferencias significativas entre mujeres y hombres en sufrir agresión (61 % vs 72 %, φ = .11, p = .043), pero no en ejercer agresión (54 % vs 63 %, φ = .09, p = .124).

Porcentaje de participación en alguna conducta de agresión según sexo de los participantes
Figura 1
Porcentaje de participación en alguna conducta de agresión según sexo de los participantes

Con relación a la agresión frecuente (Figura 2), se halló una diferencia estadísticamente significativa de acuerdo con el sexo en cuanto a la victimización: las mujeres declararon haber sufrido agresión frecuente con mayor frecuencia que los varones (41 % vs 24 %, φ = .19, p = .001). En cuanto a ejercerlo, se observó que el 15 % de las mujeres y el 21 % de los varones (φ = .09, p = .146) declararon haber ejercido agresión frecuente.

Porcentaje de agresión frecuente según el sexo de los participantes
Figura 2
Porcentaje de agresión frecuente según el sexo de los participantes

Medidas de diferenciación del self y agresión

En cuanto a la diferenciación del self, se analizaron las subescalas (reactividad emocional y corte emocional), en función del sexo (Tabla 1). En ambas subescalas los varones puntuaron significativamente más alto que las mujeres.

Tabla 1
Medidas de diferenciación del self de acuerdo con el sexo de los participantes
Sexo
Varones (N=190) M (SD)Mujeres (N=175) M (SD)dapb
Reactividad emocional3.90 (0.94)3.04 (0.99).89<.001
Corte emocional4.68 (0.80)4.33 (0.80).45<.001
a Tamaño del efecto (d de Cohen) de la diferencia entre varones y mujeres.b Valor p de la prueba t de Student.

En la tabla 2 se muestra la relación entre las dimensiones de diferenciación del self (reactividad emocional y corte emocional) y haber sufrido o ejercido alguna agresión entre pares. Respecto a la reactividad emocional, quienes habían sufrido alguna conducta de agresión obtuvieron menores puntuaciones en reactividad, comparados con los que no habían sufrido agresión. Y esto sucedió tanto entre varones como entre mujeres. Resultados similares se hallaron respecto a ejercer la agresión: tanto los varones como las mujeres que habían ejercido agresión obtuvieron menores niveles de reactividad emocional, que aquellos que no habían maltratado. En todos los casos, estas diferencias fueron significativas. En cuanto al corte emocional, los resultados también indican que los estudiantes varones que habían ejercido o sufrido agresión presentan puntuaciones significativamente menores en la medida de corte emocional, comparado con aquellos que no estuvieron involucrados en la agresión. Entre las mujeres, la tendencia fue similar, pero las diferencias no fueron significativas.

Tabla 2
Reactividad emocional y corte emocional según la participación en conductas de agresión (segmentado por sexo)
Reactividad emocionalCorte emocional
VaronesMujeresVaronesMujeres
NM (SD) adbpcNM (SD) adbpcNM (SD) adbpcNM (SD) adbpc
Ha ejercido alguna agresión
No654.13 (0.96).42.008703.30 (1.08).49.003654.91 (0.81).44.005704.41 (0.84).20.214
1093.74 (0.89)832.83 (0.85)1094.55 (0.79)834.25 (0.76)
Ha sufrido alguna agresión
No674.17 (0.87).50.002433.42 (1.10).55.003675.01 (0.71).68<.001434.49 (0.81).28.117
1063.71 (0.94)1102.89 (0.90)1064.48 (0.81)1104.26 (0.78)
a Media (y desviación estándar) de reactividad emocional en cada grupo.b Tamaño del efecto (d de Cohen) de la diferencia entre quienes han ejercido/sufrido alguna agresión y quienes no lo han hecho.c Valor p de la prueba t de Student.

a Media (y desviación estándar) de reactividad emocional en cada grupo. b Tamaño del efecto (d de Cohen) de la diferencia entre quienes han ejercido/sufrido alguna agresión y quienes no lo han hecho. c Valor p de la prueba t de Student.

En cuanto a la agresión frecuente, en la Tabla 3 se muestra la relación entre las dos subescalas del cuestionario de diferenciación del self y haber sufrido o ejercido agresión frecuente. En todos los casos, los estudiantes involucrados en agresión frecuente, tanto como víctimas o como victimarios, mostraron puntuaciones menores en diferenciación del self que los estudiantes no involucrados en estas conductas. Estas diferencias fueron significativas solo en algunos casos. Los varones víctimas puntuaron significativamente más bajo en ambas subescalas y los varones victimarios puntuaron significativamente más bajo en la subescala corte emocional. En cuanto a las mujeres, tanto el ejercer como sufrir agresión se asociaron con menor reactividad emocional.

Tabla 3
Reactividad emocional y corte emocional según la participación en conductas de agresión frecuente (segmentado por sexo)
Reactividad emocionalCorte emocional
VaronesMujeresVaronesMujeres
NM (SD) adbpcNM (SD) adbpcNM (SD) adbpcNM (SD) adbpc
Ha ejercido agresión frecuente
No1373.96 (0.96).36.0541303.13 (1.01).60.0091374.76 (0.79).42.0251304.38 (0.77).44.053
373.62 (0.79)232.55 (0.71)374.42 (0.84)234.03 (0.90)
Ha sufrido agresión frecuente
No1324.02 (0.91).64<.001903.31 (0.98).70<.0011324.80 (0.73).63.001904.37 (0.80).14.399
413.44 (0.92)632.66 (0.87)414.31 (0.94)634.26 (0.80)
a Media (y desviación estándar) de reactividad emocional en cada grupo.b Tamaño del efecto (d de Cohen) de la diferencia entre quienes han ejercido/sufrido agresión frecuente y quienes no lo han hechoc Valor p de la prueba t de Student.

Resultados multivariantes

Los resultados de los análisis multivariantes se muestran en la Tabla 4. Una alta reactividad emocional se asoció significativamente con menor riesgo de sufrir y de ejercer alguna conducta de agresión o de agresión frecuente. Un alto corte emocional se asoció significativamente con menor riesgo de sufrir alguna agresión y de sufrir agresión frecuente (ambas formas quedaron cerca de la significación estadística). Por otro lado, ser mujer se asoció con menor riesgo de ejercer alguna agresión y agresión frecuente, y tener mayor edad se asoció con menor riesgo de ejercer alguna agresión.

Tabla 4
Variables predictoras de agresión entre pares
Variables independientesVariables dependientes: OR (IC 95 %) a
EjercerSufrir
Alguna agresiónAgresión frecuenteAlguna agresiónAgresión frecuente
Sexo (Mujer vs. Varón)0.43 (0.26-0.72)0.45 (0.24-0.84)1.10 (0.65-1.84)1.60 (0.96-2.67)
Edad (19-20 vs. 17-18)0.61 (0.37-0.98)0.97 (0.53-1.78)0.78 (0.47-1.29)1.25 (0.75-2.09)
Reactividad emocional (alta vs. baja)0.33 (0.20-0.56)0.45 (0.24-0.85)0.53 (0.31-0.89)0.40 (0.23-0.69)
Corte emocional (alta vs. baja)0.63 (0.38-1.02)0.56 (0.30-1.04)0.32 (0.19-0.54)0.56 (0.33-0.94)
a Odds ratio ajustada (e intervalo de confianza al 95%) de la regresión múltiple entre las variables independientes y la variable dependiente correspondiente. Además de las variables de la columna izquierda, se ajustó también por estructura familiar (vivir o no con ambos padres), estudios de los padres, religiosidad y consumo de alcohol.

Discusión

El presente estudio tuvo como objetivo explorar la relación entre la agresión entre pares y la diferenciación del self. Para ello, se evaluó una muestra de estudiantes universitarios argentinos con el cuestionario YourLife (Carlos et al., 2016) y una adaptación para adolescentes y jóvenes de la versión española de la Escala de Diferenciación del Self revisada (DSI-R; Duch-Ceballos et al., 2022; Rodríguez-González et al., 2015). Los autores de este trabajo consideran que la investigación ofrece dos hallazgos principales. En primer lugar, dada la elevada incidencia de agresión encontrada, los resultados confirmarían la relevancia de la investigación en torno la agresión entre pares y, específicamente, a la conducta de agresión frecuente asociada al bullying. En segundo lugar, los datos sugieren la existencia de una relación de la agresión con el nivel de diferenciación del self.

En relación con el primer hallazgo, este estudio indica que existe una elevada prevalencia de conductas de agresión en general y de agresión frecuente entre los estudiantes argentinos evaluados, tanto en varones como en mujeres. Esta alta prevalencia coincide con datos ofrecidos por otros estudios recientes (Catone et al., 2019; Garaigordobil et al., 2019;Pörhölä et al., 2020). En el estudio de Catone et al. (2019), por ejemplo, la prevalencia de victimización es mayor que la que se reporta en cuanto a la perpetración de la agresión frecuente. Este dato coincide con lo hallado en este trabajo.

Como el bullying tiene sus propias características, que lo diferencian de otros tipos de agresión (por ej. una pelea callejera ocasionada una vez, una broma pesada que hizo sentir mal o dejar de invitar a un evento importante a una persona por un enojo circunstancial), este equipo decidió analizar primero la agresión en términos generales, para luego estudiar la agresión frecuente, pues que exista una alta frecuencia es una característica necesaria para que una agresión sea catalogada como bullying.

A partir de estos resultados, y conforme al hallazgo de que se reporta mayor prevalencia de victimización que de perpetración, se considera relevante que futuras investigaciones puedan profundizar en las causas por las que existe esta diferencia. Una posible hipótesis tendría que ver con la deseabilidad social: resulta más complejo reconocerse como maltratador que como víctima. Otra hipótesis de que existan menos estudiantes que reporten que maltratan, en comparación con aquellos que sufren agresión, tendría que ver con la existencia de un proceso de naturalización de la agresión y de distintas conductas asociadas (como las bromas ofensivas, el aislamiento del grupo o el cyberbullying), que las sufre quien las padece, pero no las reconoce quien las realiza. Por ejemplo, un estudio analizó la información que la prensa argentina –país de donde proviene la muestra del presente trabajo– daba sobre el cyberbullying y destacó la necesidad de estrategias que apuntaran a que no se naturalizaran estas conductas (Lanzillotti y Korman, 2020). Se considera de gran relevancia e interés indagar, para futuras líneas de investigación, de qué manera la frecuencia de agresión predispondría, por tanto, a un contexto de vulnerabilidad que dificultaría reconocer el bullying.

En referencia al segundo hallazgo, la asociación encontrada entre conductas de agresión y diferenciación del self, el diseño transversal del presente estudio impidió determinar cuál es el sentido de esta relación. Es posible plantear distintas hipótesis. Una primera posibilidad es que sufrir agresión reduzca el grado de diferenciación del self. Esto sería coherente con los principios del marco teórico en el que se sustenta el constructo de la diferenciación (Bowen, 1978). Ahora bien, una segunda posibilidad sería que este resultado indique que personas con menor grado de diferenciación pudieran ser más vulnerables a sufrir agresión o a denunciar dicha situación. Finalmente, ambas hipótesis podrían ser correctas, es decir, que el efecto sería bidireccional y se darían las dos posibilidades planteadas. Cabe considerar, además, que podría ocurrir que una tercera variable influya sobre ambas, es decir sobre la diferenciación del self y la agresión.

La primera hipótesis implicaría que el sufrir o haber sufrido agresión daría lugar a un peor funcionamiento emocional como consecuencia de esta victimización. Diversos estudios han explorado el impacto emocional que la agresión tiene en la adolescencia (Hutson, 2018; Paradeisioti et al., 2019) y durante la etapa universitaria (Pörhölä et al., 2020). En estas personas se daría una mayor reactividad emocional, de modo que se verían más afectadas por el clima emocional y tendrían menor capacidad para autorregularse de forma adaptativa. Además, mostrarían un grado mayor de corte emocional, por lo que tienden a distanciarse de personas que pueden ayudarles o a aislarse sin que exista un daño o un peligro real.

Los postulados teóricos sobre los que se apoya el constructo de diferenciación del self sustentarían esta primera hipótesis (Bowen, 1978), pues, aunque la diferenciación del self es un rasgo muy estable según la teoría de este autor, una de las causas que pueden reducir el grado de diferenciación es verse sometido a procesos de estrés severo sostenido, como podría ser el caso de la agresión frecuente. Este postulado teórico se ha visto apoyado por algunos estudios empíricos, en los que se ha observado una asociación negativa entre el estrés y el nivel de diferenciación (Krycak et al., 2012; Rodríguez-González et al., 2019).

Ahora bien, el peor funcionamiento emocional descripto, asociado a bajos niveles de diferenciación, podría no ser una consecuencia, sino algún tipo de factor predisponente a sufrir o ejercer agresión. De acuerdo con esta segunda hipótesis, los presentes resultados podrían sugerir que personas con niveles menores de diferenciación del self sufrirán o ejercerán agresión con mayor probabilidad. Esta hipótesis sería coherente con investigaciones previas cuyos resultados indican que niños, niñas, adolescentes o jóvenes que tienen menos habilidades emocionales pueden caer más fácilmente en ejercer bullying (Zych, Beltran-Catalan et al., 2018; de la Fuente y Justicia Justicia, 2018). Además, una peor autorregulación emocional, tanto intrapsíquica como interpersonal, característica de un bajo nivel de diferenciación, implicaría también tener menos recursos para evitar sufrir agresión o para denunciarlo y cortar con esta situación. Por otra parte, las víctimas contarían también con menos recursos intrapersonales que permitan reducir el daño o las consecuencias secundarias de la agresión (por ejemplo, menores niveles de ajuste social; Gómez-Ortiz et al., 2017).

Esta segunda hipótesis implicaría que una forma de prevención de la agresión y del bullying, y también de intervención –entendida como limitar o evitar sus consecuencias negativas o su mantenimiento–, sería elevar el grado de diferenciación del self. El nivel de diferenciación se considera el resultado de un proceso muy complejo, en el que, sin embargo, existe una variable determinante: la dinámica emocional del sistema familiar de origen (Bowen, 1978). Aunque es posible poner en marcha intervenciones (por ejemplo, programas psicoeducativos, o intervenciones psicoterapéuticas) dirigidas directamente a adolescentes, a jóvenes universitarios y también a adultos, que podrían aumentar el grado de diferenciación, el recurso más efectivo sería la intervención sobre la familia (Bowen, 1978). La relevancia del contexto familiar para intervenir y prevenir la agresión no es algo novedoso. Aunque la agresión, especialmente el bullying, está asociado al ámbito escolar, se considera de gran relevancia que padres y madres puedan involucrarse tempranamente e intervenir en la prevención de estas conductas (Paradeisioti et al., 2019). Diversos estudios sugieren que los estilos parentales, especialmente el autoritario, pueden ejercer una considerable influencia tanto en la tendencia a ejercer bullying como en la victimización (Menesini y Salmivalli, 2017). Por otro lado, los padres y las madres tienen un rol fundamental en el fortalecimiento temprano de la autoestima y del autoconcepto en sus hijos y en su futuro patrón relacional que les facilite gestionar saludablemente sus relaciones interpersonales y reconocer con mayor claridad cuándo se está siendo víctima de agresión o bullying. Este estudio vendría a sumarse a otros trabajos de investigación que sugieren que la dinámica familiar puede ser determinante para la prevención y reducción de la agresión y del bullying, sea que esta dinámica familiar es abordada desde el modelo de los patrones de crianza, la promoción de capacidades parentales que favorezcan una sana autoestima y autoconcepto, o como en el caso de este trabajo, la promoción de mayores niveles de diferenciación del self.

Limitaciones del estudio, posibles aplicaciones y futuras investigaciones

Cabe considerar algunas limitaciones vinculadas al tipo de estudio y la población seleccionada. Por un lado, dado que se trata de un estudio de corte transversal, como ya se ha mencionado, no es posible establecer causalidad en las relaciones encontradas entre diferenciación del self y la agresión y el bullying. Esta limitación se ha abordado parcialmente al incluir análisis multivariantes ajustado por posibles variables de confusión. Sin embargo, permanece la cuestión de la dirección causal, por lo que sería de gran interés impulsar nuevas investigaciones longitudinales que permitan comprender mejor el proceso a través del cual se desarrolla esta relación. Por otro lado, existe una limitación vinculada a la población seleccionada. Por tratarse de una universidad privada, los resultados no representan necesariamente la diversidad cultural, étnica y socioeducativa de los universitarios de Argentina. Sería conveniente continuar con esta investigación en múltiples centros educativos y zonas del país, a fin de que puedan analizarse hipótesis de mayor complejidad. De igual manera, se considera relevante continuar con este estudio de manera longitudinal, de modo que permita establecer posibles causas y factores predisponentes involucrados en la agresión entre pares y en el bullying.

A partir de los hallazgos de este estudio en relación con la alta prevalencia de agresión y de agresión frecuente (que podría ser un indicador de bullying), se sugiere que sería enriquecedor promover nuevas investigaciones en torno al contexto cultural y los cambios sociales. Esto permitiría identificar, adicionalmente, de qué manera evoluciona el concepto de agresión y agresividad, ya que podría estar variando la percepción sobre lo que se considera agresión y, por tanto, cualquiera de sus formas en el contexto escolar o familiar (por ejemplo, violencia paterno-filial, bullying, etcétera). Sería interesante, por tanto, poder realizar estudios comparativos en este sentido y preguntarse ¿Aumenta la agresión o somos socialmente más conscientes de que ciertas conductas que antes eran naturalizadas, pero son en realidad agresión? Asimismo, a partir de este estudio se considera que sería positivo desarrollar nuevas investigaciones que puedan profundizar en el rol que desempeña la diferenciación del self, ya que es un factor que impacta en el desarrollo y la salud de los adolescentes (Peleg y Messerschmidt-Grandi, 2019).

Aunque será necesario realizar estudios de replicación, dado que es el primer estudio que encuentra una asociación entre diferenciación del self y agresión frecuente entre pares, los resultados de este trabajo contribuyen al corpus empírico que afirma la relevancia del factor emocional en las conductas de agresión y bullying.

La relación significativa con la diferenciación del self encontrada en este estudio contribuye al corpus empírico que afirma la relevancia del factor emocional en las conductas de agresión y bullying. En este sentido, este estudio se suma a otros que apoyan la idea de intervenir en la agresión y el buylling a través del desarrollo de programas de intervención escolar orientados al desarrollo de competencias emocionales (Zych, Beltran-Catalan et al., 2018; Pörhölä et al., 2020) y a mejorar el clima escolar (Montero-Montero et al., 2021). Diversos estudios (Menesini y Salmivalli, 2017; Paradeisioti et al., 2019) indican que existen rasgos personales que son factores predisponentes, tanto para la victimización como para quienes ejercen agresión y bullying. Por este motivo, se considera relevante que las políticas educativas atiendan a esta problemática de manera integral: por un lado, buscan aquellos elementos que originan la agresión y no solamente al penalizar la conducta cuando emerge y, por otro lado, al involucrar a los estudiantes y también a padres, madres y educadores.

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