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Memoria de trabajo, inhibición y flexibilidad cognitiva: modulación mediante intervenciones físicamente activantes
Working memory, inhibition and cognitive flexibility: modulation through physically activating interventions
Memoria de trabajo, inhibición y flexibilidad cognitiva: modulación mediante intervenciones físicamente activantes
Interdisciplinaria, vol. 40, núm. 3, pp. 18-19, 2023
Centro Interamericano de Investigaciones Psicológicas y Ciencias Afines
Recepción: 26 Agosto 2021
Aprobación: 09 Mayo 2022
Palabras clave: actividad física, ejercicio, estilo de vida, modulación, funciones ejecutivas
Keywords: physical activity, exercise, lifestyle, modulation, executive functions
Introducción
Las prácticas físicamente activantes implican a toda puesta en marcha del sistema locomotor que genere un gasto energético por encima del basal (Garber et al., 2011). Cuando estas conductas se sostienen en el tiempo, se repiten con cierta periodicidad y tienen por fin la mejora o conservación de variables fisiológicas, anatómicas o emocionales en los individuos, se hará referencia al término ejercicio físico (Jiang et al., 2009). En la mayoría de los casos, la práctica asidua produce una mejora en la aptitud física o capacidad aeróbica del individuo, representada por la capacidad del organismo para dar una respuesta adaptativa rápida y sin fatiga ante las exigencias del ambiente (Garber et al., 2011).
Actualmente, la actividad y el ejercicio físico han suscitado el interés desde la investigación neurocientífica (Kao et al., 2021; Sinclair et al., 2021). Diferentes estudios emplean prácticas físicas como tratamiento agudo, antes o durante la evaluación comportamental. Estos entrenamientos, que implican una única exposición con parámetros de esfuerzo y duración preestablecidos, logran modular diferentes aspectos de la cognición (Chen et al., 2014; Hwang et al., 2016). Por otro lado, hay investigaciones que adoptan programas de entrenamiento de largo término (≥ 4 semanas), en los que el ejercicio modula favorablemente el desempeño cognitivo, tanto en medidas intragrupo pre y postratamiento (Coetsee y Terblanche, 2017) como intergrupo, respecto a tratamientos controles activos (Albinet et al., 2016), y pasivos (Predovan et al., 2012). Por último, existen trabajos que exploran cómo una aptitud física más desarrollada, producto de la ejercitación habitual como estilo de vida, se vincula con desempeños salientes en evaluaciones cognitivas (Bianco et al., 2017; Hayes et al., 2014). Este efecto favorable se presenta tanto en niños (Chen et al., 2014) y adolescentes (Browne et al., 2016) como en adultos jóvenes (AJ) y adultos mayores (AM) de 60 años (Hogan, Mata et al., 2013), y abarcan un amplio rango de funciones cognitivas. Dentro del marco del presente trabajo, el relevamiento se centrará en el efecto que estos tratamientos poseen sobre las funciones ejecutivas (FFEE) (Basso et al., 2015; Jonasson et al., 2017; Stern et al., 2019).
Las FFEE se definen como el conjunto de procesos cognitivos implicados en la resolución de situaciones novedosas que permiten la adaptación a entornos cambiantes (Collette et al., 2006; Tirapu-Ustárroz et al., 2018). Si bien abarcan un amplio número de subconstructos, es posible mencionar tres componentes principales: la memoria de trabajo –que refiere a la capacidad de codificar, manipular y actualizar la información del medio interno o externo a fin de cumplir un objetivo–; la flexibilidad cognitiva –que corresponde a la habilidad de modificar o alternar un plan de acción mental frente a alteraciones en la demanda de las tareas–, y la inhibición cognitiva, que implica poder suprimir de manera deliberada una respuesta preponderante o automática cuando fuese necesario (Miyake et al., 2000).
Debido a la importancia que las FFEE tienen sobre el desempeño en la vida diaria de los individuos (Vaughan y Giovanello, 2010), es de vital importancia comprender qué mecanismos neurológicos y cognitivos involucran y, de ser posible, llevar adelante estrategias que contribuyan tanto a la salud como al desarrollo de estas. En este sentido, se vio que el aprendizaje musical puede estimular y favorecer el desarrollo de los procesos neuronales subyacentes al funcionamiento ejecutivo (Hernández-Campos et al., 2020). La práctica deportiva y la ejercitación regular constituye una intervención ambiental similar a la música: no producen efectos adversos, son versátiles en su implementación, de fácil administración y adaptables a las capacidades y necesidades de cada persona.
En base a estas consideraciones, la presente revisión hará un relevamiento sobre aquellos trabajos que estudien una vinculación causal o relacional entre diferentes prácticas físicamente activantes y la modulación de los tres dominios que componen las funciones ejecutivas.
Método
Muestra
Se seleccionaron 33 artículos empíricos, luego de una búsqueda bibliográfica en bases de datos científicas indexadas. Los criterios de inclusión involucraron estudios empíricos que: a) abordaran a la actividad física y deportiva desde un enfoque neurocognitivo o neuropsicológico; b) utilizaran muestras sin patología; c) incluyeran variaciones metodológicas en la forma y tipo de aplicación de la actividad física y deportiva, y d) contuvieran las palabras clave relevantes.
Procedimiento
Se utilizaron artículos recuperados de Science Direct, PubMed, y SciELO, junto a fuentes secundarias extraídas de los artículos seleccionados. Se realizó una búsqueda con las palabras clave: physical activity, AND/OR aerobic exercise AND cognitive functions. Se obtuvieron aproximadamente 8000 resultados. El término funciones cognitivas resultaba amplio e inespecífico, por lo que se abordó una segunda búsqueda con las palabras clave: physical activity AND/OR aerobic exercise, AND executive functions, y se encontraron 1757 artículos. Luego se preseleccionaron 98 trabajos en base al cumplimiento de los criterios de inclusión, de los cuales 53 fuentes bibliográficas poseían una fecha de publicación dentro del período comprendido entre el 1º de abril del 2012 y el 1º de abril de 2022, que reportaron el uso de instrumentos para la medición de las funciones de inhibición, memoria de trabajo y flexibilidad cognitiva. De estos 53 artículos se tuvo en cuenta: a) el tipo de muestra; b) la función ejecutiva evaluada; c) la coherencia en sus métodos de evaluación y diseño experimental, y d) los tiempos de reacción, precisión de respuesta y cantidad de errores. Los desacuerdos entre los revisores fueron resueltos a través del consenso. Un total de 33 artículos empíricos cumplieron con estos criterios finales y fueron interpretados independientemente por los autores de este trabajo a través de un análisis cualitativo-descriptivo. En la Figura 1 se observa el diagrama de flujo de la selección de los artículos.

Resultados
La Tabla 1 presenta los principales resultados. Los 33 artículos empíricos incluidos para la síntesis cualitativa se dividieron en: 1) memoria de trabajo; 2) inhibición, y 3) flexibilidad cognitiva. En cada apartado se encuentran diferentes poblaciones: a) niños de 6 a 12 años (n = 8); b) adolescentes de 13 a 18 años (n = 5); c) adultos jóvenes de 18 a 60 años (n = 14), y d) adultos mayores (> 60 años; n = 4). Dos artículos realizan comparaciones entre poblaciones (Hayes et al., 2014; Hogan, Mata et al., 2013).
| Autores | Muestra | Tarea | Intervención | Modalidad | Duración (minutos) | Resultados | p valor |
| Memoria de trabajo | |||||||
| Chen et al. (2014) | Niños | n-back | Ejercicio aeróbico moderado (EAM); control sin ejercicio (CSE) | Agudo | 30 | Mejor desempeño post ejercicio aeróbico (EA) | < .05 |
| Chen et al. (2016) | Niños | n-back | EAM; CSE | Agudo | 30 | Mejor desempeño post EA | < .05 |
| Drollette et al. (2012) | Niños | n-back | EAM | Agudo | ≈ 20 | Mejor desempeño sólo en sujetos con bajo rendimiento en línea de base | > .15 |
| Hayes et al. (2014) | AJ y AM (con diferente nivel aeróbico) | Aritmética;Dígitos inverso | Sin tratamiento (ST) | Registro estilo de vida | - | Mejor desempeño para AJ y AM con mayor nivel aeróbico | < .005 |
| Hogan, Mata et al. (2013) | AJ, Adulto de mediana; AM | n-back | EAM; CSE | Agudo | 15 | Mejor desempeño post EA para los 3 grupos. | = .014 |
| Ishihara et al. (2016) | Niños | n-back | Tenis con ejercicios repetitivos; tenis con ejercicios variables | Registro estilo de vida | - | Mejor desempeño ejercicios variables | < .01 |
| Ishihara et al. (2017) | Niños | n-back | Tenis con ejercicios repetitivos; Tenis con ejercicios variables; control sin ejercicio | Agudo | 50 | Mejor desempeño post ejercicios; destacan los ejercicios variables | < .04 |
| Jäger et al. (2015) | Niños (diferente capacidad aeróbica) | n-back | EA + carga cognitiva; EA sin carga cognitiva; tarea cognitiva sin EA; CSE | Agudo | ≈ 20 | Mejor desempeño post EA en sujetos con capacidad aeróbica alta | < .01 |
| Kao et al. (2021) | AJ | Tarea de Sternberg | Ejercicio de alta intensidad por intervalos (EAII); EAM; CSE | Agudo | ≈ 16 | Mejor desempeño post EAII | = .011 |
| Scott et al. (2016) | AJ (mujeres con diferente capacidad aeróbica | Test de Memoria de Trabajo de Sternberg | ST | Registro estilo de vida | - | Mejor desempeño en aquellas con alta capacidad aeróbica | = .021 |
| Zach y Shalom (2016) | AJ (jugadores de vóleibol) | Dígitos; prueba de “canto, puño, palma” | EA moderado; ejercicio de fuerza; ejercicios tácticos de vóleibol | Agudo | ≈ 15 | Mejor desempeño luego de ejercicios basados en tácticas de juego | < .05 |
| Inhibición | |||||||
| Albinet et al. (2016) | AM | Stroop | EAM; entrenamientos en estiramiento y balance | Larga duración | Dos sesiones semanales, 60 minutos, 20 semanas | Mejor desempeño para el grupo de EA | < .05 |
| Bianco et al. (2017) | AJ (atletas y no atletas)AJ (baterista y músico no baterista) | Go/No-Go | ST | Registro estilo de vida | - | Mejor desempeño para atletas y músicos bateristas | < .001 |
| Browne et al. (2016) | Adolescentes | Stroop | EA intenso; CSE | Agudo | 30 | Mejor desempeño post EA | < .001 |
| Chang et al. (2014) | AJ (con diferente capacidad aeróbica) | Stroop | EAM | Agudo | 20 | Mejor desempeño post EA en todos los grupos. Destacan la capacidad aeróbica baja y media | < .02 |
| Coetsee y Terblanche (2017) | AM | Stroop | EAII; EAM; ejercicio de fuerza; CSE | Larga duración | Tres sesiones semanales, 30 – 47 minutos, 20 semanas | Mejor desempeño post EA moderado y ejercicio de fuerza | < .05 |
| Hogan, Kiefer et al. (2013) | Adolescentes (con diferente capacidad aeróbica) | Go/No-Go; tarea de flancos | EAM; CSE | Agudo | 20 | Mejor desempeño post EA en sujetos con alta capacidad aeróbica | = .05 |
| Ishihara et al. (2016) | Niños | Stroop | ST | Registro estilo de vida | - | Mejor desempeño con ejercicios en constante variación | = .04 |
| Jäger et al. (2014) | Niños | Tarea de flancos | EAM combinado con tareas de demanda cognitiva creciente; CSE | Agudo | 20 | Mejor desempeño post EA | = .02 |
| Labelle et al. (2013) | AJ (con diferente capacidad aeróbica) | Stroop | EAM a intenso | Agudo | ≈ 20 | Peores desempeños a medida que aumentaba la intensidad | < .01 |
| Lee et al. (2014) | Adolescentes (con y sin hábitos de ejercicio) | Stroop | ST | Registro estilo de vida | - | Mejor desempeño para aquellos con registros de actividad física habitual | = .038 |
| Netz et al. (2016) | AJ | Go/No-Go | EAM; CSE | Agudo | 25 | Mejor desempeño post EA | < .05 |
| Soga et al. (2015) | Adolescentes | Tarea de flancos | EAM | Agudo | ≈ 15 | Mejor desempeño post EA respecto durante EA | = .01 |
| Tsukamoto et al. (2016 a) | AJ | Stroop | EAM;EAII | Agudo | 33 – 40 | Mejor desempeño post EAM. Efecto residual prolongado luego del EAII | < .05 |
| Tsukamoto et al. (2016 b) | AJ | Stroop | EAII | Agudo | 33 | Mejor desempeño post EAII | < .01 |
| Wengaard et al. (2017) | Adolescentes (con diferente capacidad aeróbica) | Paradigma de clave de Posner | ST | Registro estilo de vida | - | Mejor desempeño en sujetos alta capacidad aeróbica | < .05 |
| Flexibilidad Cognitiva | |||||||
| Hwang et al. (2016) | AJ | Test del trazo | EA intenso; CSE | Agudo | 10 | Mejor desempeño post EA | < .05 |
| Ishihara et al. (2017) | Niños | Prueba de figura de Navon | Tenis con ejercicios repetitivos; Tenis con ejercicios variables; control sin ejercicio | Agudo | 50 | Mejor desempeño post ejercicios variables | < .01 |
| Stern et al. (2019) | AJ y AM | Atención alternante | EAM; Ejercicio de tonificación y estiramiento | Larga duración | Cuatro sesiones semanales, 30 – 40 minutos, 24 semanas | Mejor desempeño post EAM | = .038 |
| Kimura y Hozumi (2012) | AM | Respuesta en tarea alternante | EA leve a moderada con movimientos repetitivos vs variantes | Agudo | 20 | Mejore desempeño post EA con movimientos variantes | = .009 |
| Predovan et al. (2012) | AM | Stroop modificado | EAM; ST | Larga duración | Tres sesiones semanales, 60 minutos, 12 semanas | Mejor desempeño post EA | < .03 |
| Schmidt et al. (2015) | Niños | Tarea de flancos modificada | EA alta demanda cognitiva y física; EA alta demanda física; ST | Crónico | Dos sesiones semanales, 45 minutos, seis semanas | Mejor desempeño post EA alta demanda cognitiva y física | < .04 |
| Tsai et al. (2016) | AJ (con diferente capacidad aeróbica) | Respuesta alternante al estímulo | EAM; CSE | Agudo | 30 | Mejor desempeño post EA. Mejores resultados a mayor capacidad aeróbica | < .05 |
| Venckunas et al. (2016) | AJ | Tarea de cambio predecible e impredecible | EA intenso; ST | Largo duración | Tres sesiones semanales, 42 – 90 (progresivo); siete semanas | Mejor desempeño post EA. | < .05 |
| Yu et al. (2017) | AJ (expertos en juegos en equipo); AJ (expertos en juegos individuales); AJ (sin experiencia) | Cambio de tarea | ST | Registro estilo de vida | - | Mejor desempeño para ambos grupos de expertos. Destacan los expertos en juegos de equipo | < .05 |
Memoria de trabajo
En uno de los trabajos, los AJ atravesaban tres condiciones experimentales aleatorizadas en días separados: EAII –ejercicio de alta intensidad por intervalos–; ejercicio moderado y continuo, y por último, el descanso (control). Luego de cada tratamiento fueron evaluados con una versión modificada de la tarea de Sternberg, en la que se debe codificar, sostener y reconocer estímulos blancos frente a un grupo de estímulos distractores. Los resultados mostraron que el ejercicio por intervalos generaba tiempos de respuesta más rápidos respecto a la condición control (Kao et al., 2021).
Dos estudios trabajaron con niños con actividad aeróbica moderada o descanso sin ejercicio (control), previo y posterior, para lo cual realizaban la tarea de n-back, en el que debían codificar un estímulo, compararlo con uno nuevo y determinar si se trataba del mismo estímulo. Así, se observó que luego del ejercicio, los tiempos de respuesta eran más rápidos (Chen et al., 2014; Chen, 2016). Resultados similares, en los que los desempeños mejoran posteriormente a los tratamientos, fueron hallados por Hogan, Mata et al. (2013) en una población de AJ y AM, mientras que Drollette et al. (2012) no encontraron diferencias al trabajar con niños con un diseño similar.
Zach y Shalom (2016) llevaron a cabo un estudio con AJ, a través de tres tratamientos agudos: ejercicio aeróbico moderado (correr), ejercicio de fuerza, o ejercicios tácticos en voleibol. Se evaluó a los sujetos pre y posintervenciones con el subtest de secuencia de dígitos directo y memoria visual de Wechsler (1997) y se observaron mejoras en los desempeños solo para quienes realizaron las tácticas de voleibol. Así, la demanda cognitiva de la tarea jugaría un rol relevante respecto a la modulación del ejercicio. Por otro lado, este trabajo no tuvo en cuenta la capacidad de respuesta física de cada sujeto, aun cuando esta una variable tiene la capacidad de afectar los desempeños comportamentales.
Un estudio trabajó con niños que practicaban tenis e invertían mayor cantidad de tiempo en ejercicios esquemáticos/repetitivos, o bien en tareas de coordinación dinámica propias a un partido. Se encontró que este último grupo lograba los mejores desempeños en la tarea n-back (Ishihara et al., 2016). Los mismos resultados se obtuvieron cuando los entrenamientos diferenciales se aplicaron a modo de intervención aguda: cada grupo de niños realizó una sesión de ejercicio similar a las realizadas en un día normal de sus entrenamientos. La comparación de evaluaciones pre y posintervenciones mostraron un desempeño saliente luego de realizar ejercicios de coordinación dinámica (Ishihara et al., 2017).
Jäger et al. (2015) trabajaron con niños y evaluaron la posible relación entre capacidad aeróbica individual, desempeño cognitivo y efecto por ejercicio. Utilizaron la prueba n-back antes e inmediatamente después de los tratamientos: actividad física moderada con compromiso cognitivo (ejercicio competitivo reglado); correr a intensidad moderada; tarea de compromiso cognitivo sin ejercicio (jugar cartas); control sin demanda física ni cognitiva (oír un cuento). En la línea de base, aquellos con mayor nivel aeróbico tuvieron mejores resultados en la tarea n-back. Conjuntamente, estos sujetos mejoraron su desempeño luego de las intervenciones y solo fueron efectivas aquellas que implicaban una demanda física.
Estas diferencias por capacidad cardiorrespiratoria fueron encontradas también en AJ y AM, quienes fueron evaluados con los subtest de aritmética y dígitos inversos del WAIS-III. Se halló que los AM de alto rendimiento aeróbico se desempeñaban tan bien como los AJ y ambos lo hacían significativamente mejor que los AM de nivel aeróbico bajo (Hayes et al., 2014). Resultados similares fueron obtenidos por Scott et al. (2016) al emplear la tarea n-back.
Al pensar en tratamientos capaces de modular la memoria de trabajo, se debe tener en cuenta la activación fisiológica desencadenada en la exigencia física, pero también el papel desempeñado por la demanda cognitiva de la tarea. Además, los trabajos mencionados emplearon actividad física moderada en sus tratamientos, de tal forma que otros niveles de exigencia podrían ser explorados en futuras investigaciones.
Inhibición
Un grupo de investigación trabajó con AJ para estudiar el efecto del nivel de exigencia física sobre el control inhibitorio. Para ello, los sujetos atravesaban dos condiciones en días separados: ejercicio moderado y EAII. Para la evaluación cognitiva, emplearon la prueba de Stroop (Stroop, 1935) antes, inmediatamente después y luego de 10, 20 y 30 minutos de finalizar los entrenamientos. Ambos tratamientos dieron como resultado tiempos de respuesta más rápidos. Pasados los 30 minutos, solo el entrenamiento variable mantenía su efecto modulador favorable (Tsukamoto et al., 2016a). En otro estudio de los autores, cada sujeto (AJ) atravesaba dos sesiones de EAII, separadas por 60 minutos de descanso. Las evaluaciones con la prueba de Stroop se efectuaban antes del primer ejercicio, luego de él (durante el primer descanso) y, una vez finalizada la segunda exposición, durante el segundo descanso. Se observó que, respecto a las medidas preintervención, los tiempos de respuesta eran más rápidos luego de ambas sesiones. Sin embargo, los desempeños posteriores a la primera sesión fueron mejores que los vistos luego de la segunda, lo que denotó un posible efecto de fatiga (Tsukamoto et al., 2016b).
Otro estudio trabajó con AJ quienes tuvieron que realizar caminatas aeróbicas o control sin actividad. Se evaluó el desempeño antes, justo después y luego de 30 minutos de finalizar los tratamientos, mediante la prueba Go-NoGo, en la que se debe responder rápida y precisamente cuando un estímulo cumple cierta condición y evitar la respuesta en caso contrario. Si bien las caminatas generaron una mejora significativa en el desempeño, la modulación solo se presentó en las medidas inmediatamente posteriores al ejercicio. Esto es así, pues transcurridos 30 minutos, los resultados fueron mejores luego de atravesar la condición control (Netz et al., 2016).
En Labelle et al. (2013) investigaron el efecto del ejercicio en forma superpuesta a la evaluación cognitiva. Así, los AJ con diferentes capacidades cardiorrespiratorias, pedalearon a intensidad creciente mientras realizaban el Stroop. Si bien los desempeños empeoraban a medida que aumentaba la intensidad del ejercicio, los sujetos con mayor nivel aeróbico obtenían mejores resultados que sus compañeros de nivel más bajo.
Un trabajo con adolescentes dividió a los participantes según su nivel aeróbico: alto o bajo. Se realizó un diseño intragrupo en el que los sujetos atravesaban ambas condiciones: ejercicio moderado en bicicleta o mirar una película (control). Al finalizar, evaluaron cada actividad mediante una tarea que combinaba la prueba Go-NoGo y la prueba de flancos de Eriksen (Eriksen y Eriksen, 1974) y observaron una modulación favorable gracias el ejercicio, solo para aquellos con nivel aeróbico alto (Hogan, Kiefer et al., 2013). Resultados similares fueron hallados al utilizar la prueba clave/objetivo de Posner (Posner, 1980) en adolescentes (Wengaard et al., 2017), mientras que en Chang et al. (2014), la evaluación de AJ mediante el Stroop mostró mejoras para todos los grupos, por lo que los sujetos de nivel aeróbico bajo y medio mostraban mejoras salientes respecto al grupo de nivel alto.
Soga et al. (2015) trabajaron con adolescentes, al estudiar el posible efecto de correr cuando las evaluaciones se hacían antes, durante y posteriormente al ejercicio. Al evaluar con la tarea de flancos, se vio que los tiempos de respuesta luego del ejercicio eran significativamente más rápidos que los hallados antes o durante la actividad. Resultados similares fueron hallados al emplear esta tarea con niños (Jäger et al., 2015 así como en adolescentes al usar el Stroop (Browne et al., 2016). Esto demostraría que tanto el momento en que ocurre el entrenamiento como el punto temporal en que se efectúan las evaluaciones son factores de suma relevancia a la hora de entender los resultados hallados.
Otro estudio comparó el desempeño de AJ atletas y no atletas en la tarea Go/No-Go, y descubrieron que los primeros obtenían los tiempos de respuesta más rápidos (Bianco et al., 2017). Resultados similares se observaron en población adolescente al emplear el Stroop, en el que los participantes mayormente comprometidos con la actividad física obtenían mejores resultados que aquellos menos comprometidos (Lee et al., 2014). Además, al utilizar esta misma evaluación en un trabajo con niños habituados a la práctica de tenis, pero que poseían entrenamientos cualitativamente diferentes, se observó que quienes destinaban más tiempo a un juego dinámico y cambiante –para los que incorporaron aún más recursos cognitivos– obtenían tiempos de respuesta más rápidos en la prueba (Ishihara et al., 2016).
En AM, un trabajo implementó un entrenamiento de largo término basado en EAII con intervalos alternantes de alta y moderada intensidad; ejercicios aeróbicos moderados y continuos; ejercicios con levantamiento de peso o grupo control inactivo. Utilizaron la prueba Stroop antes y después de las intervenciones y encontraron que, finalizados los entrenamientos, el grupo de ejercicio moderado y de levantamiento de peso mostró tiempos de repuesta más veloces en las fases inhibitorias (Coetsee y Terblanche, 2017). Resultados similares fueron hallados al emplear un entrenamiento moderado en piscina (Albinet et al., 2016). En estos trabajos, los entrenamientos de alta exigencia no resultaron efectivos en la modulación de las variables estudiadas. Esto puede deberse a que los beneficios de tales intervenciones podrían asociarse al tipo de población blanco (AJ) o bien a su implementación mediante exposiciones agudas. Futuros trabajos deberán profundizar el estudio de estos hallazgos contradictorios.
Si bien la inhibición se ve influida por las prácticas deportivas y, especialmente por la actividad aeróbica, los resultados no son homogéneos. Esto puede deberse a que hay multiplicidad de variables puestas en juego en estos estudios: el tipo de ejercicio, su nivel de exigencia, su modalidad (aguda o crónica), su demanda cognitiva, el momento de evaluación, así como las características del sujeto.
Flexibilidad cognitiva
Una investigación trabajó con adolescentes en dos condiciones experimentales de largo término: correr a velocidad alta o ser grupo control inactivo. Para la evaluación (antes y después de completar el entrenamiento) utilizaron la prueba par/impar y la prueba de Schulte–Gorbov; en ambas se debía dar respuestas cambiantes según las cualidades del estímulo visto. Durante esa investigación se hallaron mejoras significativas en los desempeños luego del ejercicio en comparación con el grupo control (Venckunas et al., 2016).
Un estudio trabajó con AJ y tuvo en cuenta el tipo de ejercicio que realizaban como parte de su rutina de vida. Así, se los dividió en atletas de habilidades abiertas, a quienes practican deportes cuyo contexto cambia continuamente y exige sucesivas respuestas adaptativas (deportes con pelota); atletas con habilidades cerradas, que durante períodos largos asumen movimientos estereotipados y repetitivos, sin necesidad de variar su estrategia (triatletas), y sujetos sin experiencia. Para la evaluación emplearon el paradigma de cambio de tarea de Hsieh y Liu (2005) que presenta una clave anticipatoria con valor predictivo variante y, a continuación, un estímulo blanco al que debía responderse. Encontraron que cuando la clave era 100 % predictiva, los expertos en habilidades abiertas respondían significativamente más rápido que los otros dos grupos. Por el contrario, cuando la clave era azarosa, ambos grupos de expertos eran significativamente más rápidos que los inexpertos (Yu et al., 2017). Los deportistas de habilidades abiertas están adecuados a contextos cambiantes en los que el éxito depende, en muchos casos, de poder anticipar los movimientos del rival. Esto podría explicar su desempeño saliente cuando la clave era 100 % predictiva. Por otro lado, el hecho de que ambos grupos fueran mejores que el grupo control podría deberse a los beneficios cognitivos de la ejercitación regular.
Ishihara et al. (2017) trabajaron con niños habituados a entrenamientos de tenis esquemáticos y repetitivos, o variantes y dinámicos que, a modo de tratamiento, realizaban una única sesión de ejercicio según el tipo de entrenamiento al que estuvieran acostumbrados o miraban una animación (control). Previo y posterior a las intervenciones evaluaron la flexibilidad cognitiva usando la figura de Navon (Navon, 1977) y observaron que ambos grupos de ejercicio mejoraban sus desempeños luego del ejercicio, por lo que el grupo de entrenamiento variante fue el más beneficiado. Resultados similares fueron hallados con AM, por cuanto los sujetos atravesaban alternadamente dos tratamientos aeróbicos: bailes con movimientos repetitivos y esquemáticos, o bailes con secuencias cambiantes. También se hizo una evaluación mediante un paradigma de cambio de tarea y observaron mejores desempeños solo al culminar los bailes con secuencias cambiantes (Kimura y Hozumi, 2012). En ambos trabajos el componente cognitivo de la tarea afectó al desempeño alcanzado.
Otro estudio dividió a preadolescentes en tres grupos de entrenamiento a largo término: alta demanda cognitiva y física (básquet y floorball); baja demanda cognitiva y alta demanda física (ejercicios aeróbicos), y los de condición control sin actividad. Se los evaluó antes y después del entrenamiento al utilizar la tarea de flancos, y se observaron mejorías solo para el grupo con alta demanda cognitiva y física (Schmidt et al., 2015).
Stern et al. (2019) trabajaron con AJ y AM a través de un programa de larga duración, en el que los sujetos realizaban entrenamiento aeróbico o ejercicios de tonificación y estiramiento. Antes y después del programa, evaluaron su memoria, el lenguaje, la atención y el funcionamiento ejecutivo mediante una batería de pruebas estandarizadas. Al comparar los resultados de la línea de base con aquellos postratamientos, se halló que el grupo de ejercicio mejoró su desempeño en las medidas de flexibilidad cognitiva. Adicionalmente, las variaciones en la adherencia al tratamiento entre sujetos provocaron la aparición de subgrupos con diferente volumen de ejercicio realizado: a mayor nivel de entrenamiento, mejores eran los desempeños. Resultados similares fueron hallados en AM evaluados con una versión modificada del Stroop (Predovan et al., 2012).
Un estudio contó con AJ como participantes que realizaban ejercicio aeróbico o permanecían inactivos (control) y, a su vez, quienes se ejercitaron fueron divididos previamente según tuvieran alto o bajo nivel aeróbico. Las evaluaciones se realizaron pre y postratamientos, con el protocolo de cambio de tarea de Kamijo y Takeda (2010), por el que los sujetos alternaban su respuesta, según el tipo de estímulo visto. Así, con respecto al control, hallaron que todos los participantes del grupo activo obtenían tiempos de reacción más rápidos luego del ejercicio, pero solo los sujetos de alta capacidad aeróbica mostraban una mejora por tratamiento en la precisión de respuesta (Tsai et al., 2016). En este trabajo, a diferencia de lo ya visto, el nivel aeróbico no afectó a la totalidad de variables estudiadas.
Finalmente, Hwang et al. (2016) trabajaron con AJ que corrían con una exigencia intensa o permanecían en reposo (control). Para la evaluación, se empleó la prueba del trazo, en la que se debe alternar el tipo de respuesta al seguir reglas cambiantes, y comprobaron que, al comparar las medidas pre y post intervención, los tiempos de resolución eran más rápidos luego del ejercicio. La condición control no mostró cambios.
En lo que respecta a la flexibilidad cognitiva, adquieren gran relevancia las actividades que exigen cambios frecuentes, sean en forma aguda, a largo término o como parte del estilo de vida de la persona.
Discusión
Esta revisión centró su atención en los tres núcleos elementales de las funciones ejecutivas: memoria de trabajo, inhibición, flexibilidad cognitiva (Miyake et al., 2000), ya que se ven ampliamente beneficiados por la ejercitación (Basso et al., 2015;Jonasson et al., 2017; Stern et al., 2019). Sin embargo, las intervenciones basadas en actividades físicas implican actos complejos con múltiples factores que afectan la modulación comportamental resultante: el tipo de ejercicio, el nivel de exigencia, la población objetivo, el método de evaluación, la duración del tratamiento y las características individuales. En este sentido, y a diferencia de otros relevamientos bibliográficos, este trabajo recopiló artículos basados en diseños diversos, que brindaron un acercamiento general a los diferentes tipos de investigación existentes en esta área. En ciertos casos, los tratamientos buscaban únicamente la activación fisiológica en respuesta a la exigencia (Coetsee y Terblanche, 2017; Chang et al., 2014) o bien adicionar reglas y estrategias de juego, para lograr así una carga cognitiva adicional al ejercicio. Esta última categoría mostró ser efectiva tanto en entrenamientos de largo término (Schmidt et al., 2015) como en dosis agudas (Ishihara et al., 2017). Además, las diferencias individuales, como la capacidad cardiorrespiratoria (Scott et al., 2016) y la experiencia deportiva (Yu et al., 2017) del sujeto, se relacionaron con los desempeños encontrados.
Con respecto a la memoria de trabajo, se hallaron resultados favorables en niños y adultos, con quieres se empleó mayormente tratamientos de intensidad moderada (Chen et al., 2014; Hogan, Mata et al., 2013). En ciertos casos, el ejercicio se complementaba con una carga cognitiva adicional y mostraban los efectos más favorables (Ishihara et al., 2017) o igualaban los efectos del ejercicio por si solo (Jäger et al., 2015). Hubo solo un artículo que no halló diferencias significativas (Drollete et al., 2012) y es el único trabajo con niños en el que las intervenciones no tenían un enfoque social, pues a diferencia del resto de los artículos, los sujetos se ejercitaban en una cinta de correr, sin realizar actividades físicas cooperativas o competitivas. Esto permite pensar en las características cualitativas del ejercicio como un factor de suma relevancia a la hora de interpretar los resultados asociados a intervenciones basadas en actividad física. Además, cabe destacar que prácticamente todas las evaluaciones se basaron en la tarea n-back, por lo que se echa en falta la exploración del constructo a través de otras herramientas. Asimismo, no se implementaron diseños con entrenamientos de largo término, por lo que este es un vacío que podría explorarse en futuras investigaciones.
La modulación de la función inhibitoria arrojó resultados concluyentes para todos los grupos etarios explorados, en los que se emplearon niveles de exigencia moderado (Chang et al., 2014; Hogan, Kiefer et al., 2013; Netz et al., 2016) e intenso (Browne et al., 2016). Las evaluaciones se efectuaban antes o después del ejercicio. Además, ciertos experimentos estudiaron la duración del efecto modulador, una vez finalizados los tratamientos (Netz et al., 2016; Tsukamoto et al., 2016a). En estos estudios, tanto el EAM –ejercicio aeróbico moderado– como el EAII mejoraban el desempeño inhibitorio cuando la evaluación cognitiva se efectuaba inmediatamente después del tratamiento; sin embargo, transcurridos 30 minutos, solo los intervalos de alta intensidad mostraron ser efectivos en la modulación. Estos resultados podrían explicarse desde el nivel fisiológico, en base a los efectos generados por cada tipo de ejercicio: a diferencia del EAM, durante el EAII se produce una gran liberación de lactato en sangre. El metabolismo de este compuesto en el cerebro podría estar asociado a los cambios favorables observados, incluso 30 minutos después de finalizar el ejercicio (Netz et al., 2016). En base a estos resultados se destaca no solo la importancia del momento de la evaluación, sino el nivel de exigencia de la actividad.
Se enfatizaron las características propias a la población estudiada, y fue la capacidad aeróbica de los sujetos la que cobró un papel de relevancia. Si bien el estudio correlacional de Wengaard et al. (2017) encontró que los mejores desempeños se relacionaban en forma directa con el nivel de respuesta aeróbica, los trabajos que emplearon actividad física como tratamiento modulador, mostraron resultados dispares: mientras en Chang et al. (2014) todos los individuos mejoraban su desempeño gracias al ejercicio, en Hogan, Kiefer et al. (2013), solo aquellos en mejor condición física lograban beneficiarse por los tratamientos. Tales divergencias podrían deberse a los diseños empleados, ya que Chang et al. (2014) no contaron con un grupo control inactivo, mientras que Hogan, Kiefer et al. (2013) sí lo hicieron, además de observar que los sujetos con bajo nivel cardiorrespiratorio empeoraban sus desempeños luego de atravesar la condición control inactiva. Resultados similares se vieron en Netz et al. (2016), de tal forma que podría existir un efecto de relajación inducido por el descanso empleado en las condiciones control que, consecuentemente, afectaría negativamente los desempeños. Adicionalmente, pocos estudios emplearon tratamientos de larga duración y sería un factor para considerar en futuros trabajos que busquen ahondar en los posibles efectos causales de los entrenamientos cuando se los sostiene a lo largo del tiempo.
Por último, la flexibilidad cognitiva fue modulada favorablemente en todas las poblaciones trabajadas. Se exploraron en mayor medida los efectos generados por entrenamientos con carga cognitiva adicional que dieron resultados controversiales. Mientras algunos estudios situaron este factor como determinante (Kimura y Hozumi, 2012; Schmidt et al., 2015), en otros no se hallaron diferencias significativas respecto a un entrenamiento cognitivamente menos demandante (Ishihara et al., 2017). En estos trabajos se hizo hincapié en las características propias a la tarea -por ejemplo, reglas y objetivos- y, en menor medida, a los efectos fisiológicos del ejercicio. De esta forma, una posible explicación a la disparidad de resultados puede hallarse en la dinámica de trabajo adoptada: Kimura y Hozumi, (2012) y Schmidt et al. (2015) implementaron actividades que implicaban la coordinación activa con pares, en tanto Ishihara et al. (2017) habían empleado entrenamientos en los cuales la interacción con otros era acotada. Estas diferencias basadas en las características del entrenamiento pueden verse también en Yu et al. (2017) que, focalizados en la experiencia deportiva de los participantes, hallaron que los sujetos habituados a responder adaptativamente frente a escenarios cambiantes, presentaron mejores desempeños en tareas en los que el éxito dependía de procesar información en forma rápida y precisa. En base a esto, los resultados podrían explicarse desde una modulación favorable lograda gracias a la demanda cognitiva de los entrenamientos dinámicos y cambiantes, o bien al hecho de compartir un contexto grupal que busca cierta coordinación con el entorno circundante.
Dos trabajos emplearon ejercicios focales individualizados no reglados, con exigencia física intensa (Hwang et al., 2016) y moderada (Tsai et al., 2016). En este último estudio se halló además que el nivel cardiorrespiratorio afectaba distintamente los desempeños, de tal forma que los mejores resultados correspondían a los participantes en mejor forma física. En suma, tanto las características de la tarea (nivel de exigencia, demanda cognitiva) como los rasgos del individuo (experiencia deportiva, capacidad cardiorrespiratoria), pueden modular la respuesta comportamental expresada por los individuos. Futuras investigaciones podrían partir de estas premisas y comparar el efecto de cada variable aislada y de la combinación de uno o más factores.
Como ya se mencionó, esta revisión realizó un relevamiento general de las investigaciones basadas en actividad física como factor modulador de las FFEE, sin hacer foco en una cualidad específica de los diseños experimentales. Esta falta de especificidad no permite una comparación exhaustiva de las metodologías de trabajo posibles de hallar en esta área de investigación. Una selección bibliográfica centrada en trabajos con una cohorte delimitada, por ejemplo, entrenamientos focales con intensidad modera, posibilitaría un entendimiento más acabado respecto a cómo estos factores se relacionan con las variables de interés. Asimismo, debe destacarse la heterogeneidad de la distribución de rangos etarios dentro de cada subconjunto de FFEE, de tal forma que no se reportan estudios que evalúen la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva en adolescentes, mientras que los artículos que trabajan con AM representan un número considerablemente menor respecto a aquellos que con AJ y niños. Futuros trabajos que presten especial interés en dichas poblaciones permitirían comparar el efecto del ejercicio sobre el funcionamiento ejecutivo y, así, alcanzar un espectro completo de edades. Por último, se destaca que solo dos estudios realizaron comparaciones entre poblaciones (Hayes et al., 2014;Hogan, Mata et al., 2013), de tal manera que el efecto comparativo por edad no se abordó profundamente.
Ya que las FFEE están sumamente implicadas en la capacidad de los individuos para adaptarse y desempeñarse en la vida diaria, es importante generar un mayor entendimiento de los mecanismos fisiológicos y neurocognitivos que comprenden. Este trabajo brinda una mirada global sobre cómo las prácticas físicamente activantes, así como los rasgos individuales asociados a ellas, pueden modular favorablemente el desempeño ejecutivo en poblaciones desde niños hasta AM de 60 años. En base a esto, puede pensarse en programas de entrenamiento sostenidos en el tiempo que tengan por fin retrasar el deterioro cognitivo evolutivo asociado al envejecimiento en AM (Erickson et al., 2011). Por otro lado, en el ámbito escolar se ha visto que complementar las horas convencionales de cursada con clases diseñadas para estimular el funcionamiento ejecutivo podría favorecer el rendimiento académico en niños (Bernal-Ruiz et al., 2020). Según esta línea, las escuelas podrían considerar la integración de entrenamientos físicos diseñados para generar una activación fisiológica específica que propicia la adquisición o el razonamiento con y hacia el currículo escolar.
Conclusión
La actividad física y el ejercicio constituyen un área de creciente interés para la investigación neuropsicológica. Esto se debe a que su implementación experimental, sea de corta o larga duración, genera un impacto favorable en el funcionamiento ejecutivo de un amplio rango de edades. Además, los individuos que habitualmente realizan ejercicios físicos o deportivos mostraron mejores desempeños que personas no habituadas a ellos. Adaptadas a las capacidades y necesidades de cada persona, estas prácticas pueden constituir un tratamiento no invasivo, económico, accesible a un amplio rango de edades y aplicable en, prácticamente, cualquier contexto.
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