Resumen:
El conflicto armado colombiano sigue siendo un problema vigente a pesar del Acuerdo de Paz firmado en 2016. Una de las manifestaciones de este conflicto que presenta mayor incremento es el desplazamiento forzado, por el cual las familias colombianas han transitado, generación tras generación, la pérdida de sus seres queridos, del territorio y de su identidad. Los niños y las niñas representan una de las poblaciones cuya experiencia de victimización se configura de forma directa e indirecta, con repercusiones a largo plazo. La evidencia señala que estas repercusiones se derivan por el hecho violento per se, por las afectaciones a sus condiciones de vida y en la capacidad de sus cuidadores para proporcionar entornos adecuados para su desarrollo, incluso por la transmisión del sufrimiento vivido por la guerra. En ese orden de ideas, este estudio problematiza las percepciones de la madre y otros cuidadores sobre la crianza y las consecuencias psicológicas en niños y niñas víctimas directas e indirectas del desplazamiento forzado. Un enfoque hermenéutico de alcance descriptivo orienta la fundamentación epistemológica y metodológica Se recurrió a la entrevista semiestructurada con 10 familias que para el momento del desplazamiento tenían hijos e hijas en primera infancia, ubicadas en la localidad de Kennedy, Bogotá. Se encontró una relación de interdependencia entre las condiciones e historicidad familiar y las percepciones construidas por los adultos acerca de los efectos del desplazamiento en los niños y las niñas. Se concluye que el lugar que se les otorga a ellos en la historia familiar evidencia la representación que se tiene de su subjetividad y de la crianza en contextos violentos.
Palabras clave: psicología del niño, crianza del niño, percepciones maternas, migración interna, problemas sociales (Tesauro de la UNESCO).
Abstract: The Colombian armed conflict continues to be an ongoing problem despite the Peace Agreement signed in 2016; one of the manifestations of this conflict that has increased the most is forced displacement, so that Colombian families have transgenerationally experienced the loss of their loved ones, territory, and identity. Children represent one of the populations whose experience of victimization is configured in a direct and indirect way, with long-term repercussions; evidence indicates that these are derived from the violent event per se, from the effects on their living conditions and on the capacity of their caregivers to provide adequate environments for their development, including the transmission of their suffering experienced by the war.
Keywords: child psychology, child care, internal migration, maternal perceptions, social problems (Tesauro de UNESCO).
Artículos
Primera infancia y desplazamiento forzado: Percepciones sobre crianza, consecuencias emocionales y daños psicológicos
Early childhood and forced displacement: Perspectives on parenting, emotional consequences and psychological damage

Recepción: 08 Julio 2022
Aprobación: 23 Enero 2023
A pesar del Acuerdo de Paz firmado el 24 de noviembre de 2016 entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) (Meto, 2016), el desplazamiento forzado interno se conserva como un problema complejo, que afecta gravemente los derechos humanos de un sin número de poblaciones (Aghajafari et al., 2020). De acuerdo con información publicada por la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, 2021), en el período enero - noviembre de 2021 alrededor de 72.388 personas fueron forzadas a desplazarse, lo que representó un incremento del 196 % del total de desplazados, en comparación con el mismo período para el año 2020.
A lo largo de estos años, el conflicto interno ha sufrido transformaciones que han implicado la aparición o diversificación de los actores armados, así como, de las razones para su perpetuación, entre las que se mencionan la “ausencia estatal (…) y la estructura hegemónica y tradicional de los poderes” (Ospina-Alvarado et al., 2022, p. 3). Así mismo, los efectos sobre las víctimas han terminado por configurar una línea de tiempo que caracteriza el desarrollo de muchas familias, dada la exposición a condiciones de vulnerabilidad, inestabilidad, desigualdad y revictimización (Cardozo et al., 2017; Patiño y Herrán, 2012).
Los niños y niñas (en adelante, los niños) no son ajenos a esta realidad. Como lo plantean algunos estudios, la experiencia –directa o indirecta– del desplazamiento forzado tiene efectos de diversos órdenes en la población infantil y juvenil (Richter et al., 2018), toda vez que introduce pérdidas reales, imaginarias y simbólicas de su tejido social, desestabiliza la unidad familiar, genera desarraigo, traumas y deterioro de la identidad y de la memoria social, así como afectaciones en la capacidad de los cuidadores para proporcionar entornos adecuados para el desarrollo de los niños (Almqvist y Broberg, 2003; González-Ocampo y Bedmar-Moreno, 2014; Guzmán et al., 2016; Ospina-Alvarado et al., 2020; Richter et al., 2018). En palabras de Vallejo-Medina et al. (2021), las condiciones sociopolíticas de Colombia han conllevado a profundizar las expresiones de violencia contra los niños. De hecho, estudios recientes señalan de manera explícita que, tanto en los casos en los que el desplazamiento genera una sobrecarga de estrés psicológico y financiero para los padres, como en aquellos en los que el traslado asegura la posibilidad de estar en condiciones más favorables, se produce una transmisión del sufrimiento vivido por la guerra de los padres hacia los hijos (Doria-Falquez et al., 2021; Piñeros-Ortiz et al., 2021).
A propósito de lo anterior, Carbonell et al. (2015) indagó los factores microsociales de las problemáticas familiares y las relaciones en la vida cotidiana de familias colombianas en situación de desplazamiento forzado, específicamente acerca de las prácticas de cuidado con niños en primera infancia. Encontró que las familias en este contexto se esfuerzan por desarrollar prácticas de cuidado para romper con los ciclos de violencia, y se evidencia la necesidad de indagar acerca de la relación entre adversidad psicosocial –en particular, desplazamiento forzado– y las consecuencias psicológicas en los niños.
En este orden de ideas, estudios posteriores -relativos a diversas formas de exposición de niños al conflicto armado- han señalado que aspectos como la etapa evolutiva, el tiempo del conflicto y los factores contextuales (Piñeros-Ortiz et al., 2021) tienen consecuencias directas sobre su salud mental (Flink et al., 2013; Guzmán et al., 2016). Incluso plantean que la manifestación de síntomas patológicos evidencia el daño psicológico resultado de la experiencia (Lenis y Aponte, 2017), daño susceptible de perdurar a largo plazo, especialmente en lo relativo a los problemas psicosociales (Aghajafari et al., 2020).
Así mismo, hallazgos más novedosos sugieren que las consecuencias del desplazamiento forzado se configuran en una trama intergeneracional, con un impacto en los diferentes contextos en los que interactúan los niños y sus cuidadores, lo que en definitiva afecta la capacidad de estos últimos para promover el sano desarrollo de los niños (Doria-Falquez et al., 2021).
Así, las consecuencias psicológicas integran las diferentes afectaciones negativas en la capacidad psicológica y en la estabilidad emocional del niño o niña. Esto se evidencia en cambios observables en el desarrollo esperado de su conducta, cognición y respuestas emocionales (Arruabarrena et al., 2011), causados -entre otras razones- por la exposición a un evento adverso que desborda su capacidad de afrontamiento y adaptación (Lenis y Aponte, 2017) acarreando secuelas emocionales que persisten y se expresan en alteraciones en los mecanismos de vinculación y apego, organización de la personalidad y desarrollo de síntomas y, en algunos casos, en trastornos psicopatológicos (Doria-Falquez et al., 2021).
De esta manera, aunque el niño no haya vivenciado directamente el desplazamiento, o incluso aunque su nacimiento y desarrollo aconteciera en un escenario distinto al cual ocurrió el hecho victimizante, se hace necesario identificar la comprensión que los padres y las madres tienen acerca de las consecuencias psicológicas y para la crianza que el desplazamiento forzado ha generado sobre sus hijos e hijas.
Lo anterior, reconociendo que estas consecuencias tendrán implicaciones prácticas sobre el interés de muchos cuidadores no sólo para transformar los estilos de crianza transmitidos de generación en generación, sino también, para romper los ciclos de violencia que trascienden el seno privado de las familias para integrarse a la estructura social más amplia (Carbonell et al., 2015; Vallejo-Medina et al., 2021). Es por ello que, el presente estudio tiene por objetivo describir las percepciones de un grupo de madres y otros cuidadores acerca de la crianza y las consecuencias psicológicas en los niños, producto de la vivencia directa o indirecta del conflicto armado y de desplazamiento forzado.
Se presenta una investigación cualitativa, de alcance descriptivo y con enfoque hermenéutico. Con ello se busca destacar la experiencia subjetiva y las formas en que las personas significan su mundo (Sandoval, 2002). Desde este enfoque, se asume que la comprensión de sentido emerge de la relación dialogal, la cual se sitúa contextual e intersubjetivamente (Vieytes, 2009).
El grupo de participantes estuvo conformado por diez familias con hijos/hijas entre los 2 y 6 años de edad, con al menos un año de residencia en la ciudad de Bogotá, luego de haber sido víctimas de desplazamiento forzado entre los años 2005 y 2010. La Tabla 1 especifica información acerca de las características de los participantes. Para la selección de la muestra se contó con la participación de nueve familias campesinas y una afrodescendiente, de acuerdo con la disponibilidad del conjunto de familias que se encontraban registradas como desplazadas en el Centro de Atención a Víctimas de Graves Violaciones a los Derechos Humanos e Infracciones al Derecho Internacional Humanitario –CAVIDH– y en las Unidades de Atención y Orientación –UAO– en la localidad de Kennedy.

Es pertinente señalar que los niños de las familias participantes vivían diferentes etapas al momento de su desplazamiento por el conflicto armado. Unos se encontraban en etapa de gestación, otros vivieron directamente la situación de desplazamiento y otros fueron gestados tiempo después.
Se recurrió a la entrevista semiestructurada. Para ello, se diseñó un guion de entrevista orientado por el objetivo de la investigación y su fundamentación teórica (Flick, 2007), con el fin de favorecer el proceso interpretativo de la información y la emergencia de preguntas en el diálogo entre investigador y participante que inicialmente no se habían considerado.
El guion de entrevista abordó áreas temáticas relacionadas con el proceso de adaptación a Bogotá como nueva ciudad de residencia, los motivos del desplazamiento del lugar de origen, las afectaciones percibidas en la familia por motivo del desplazamiento, las afectaciones percibidas en el niño cuando se evocaba la experiencia del desplazamiento y las experiencias de crianza en una ciudad distinta al lugar de origen.
La información fue grabada, transcripta y procesada mediante el análisis de contenido, haciendo uso de la técnica de codificación y categorización. Siguiendo el proceso de abstracción propuesto por Flick (2007), en primer lugar, se identificaron las unidades de sentido, haciendo uso del procedimiento de codificación abierta. Posteriormente, se construyeron las subcategorías emergentes y se estableció la relación categorial, considerando tanto la categoría inicial –consecuencias psicológicas y para la crianza – como categorías emergentes. Las citas a partir de las cuales se sustenta la relación entre códigos, subcategorías y categorías fueron sometidas a un proceso de contrastación, lo que permitió la construcción de los memos analíticos y el desarrollo de la discusión entre los hallazgos y los antecedentes teóricos y empíricos.
Finalmente, en cuanto a las consideraciones de cooperación academia-Estado y éticas del proyecto, dada la sensibilidad del fenómeno abordado, fue necesaria la firma de un acuerdo intersectorial entre la Pontifica Universidad Javeriana y la Secretaría Distrital de Integración Social de la Alcaldía Mayor de Bogotá. Así mismo, la investigación se desarrolló acorde a los lineamientos establecidos en la Resolución 8430 de 1993 (Ministerio de Salud y Protección Social, 1993), mediante la cual se establecen las normas científicas, técnicas y administrativas para la investigación en salud, particularmente en lo definido en el artículo 6 en relación con la seguridad de los beneficiarios y la confidencialidad de la información. Para efectos de este propósito, los participantes firmaron el consentimiento informado según lo establecido en el Manual Deontológico y Bioético de la Psicología en Colombia (Congreso de la República de Colombia, 2006).
El análisis de la categoría inicial consecuencias psicológicas y para la crianza propició la emergencia de dos subcategorías, a saber: consecuencias sobre la crianza y perspectivas sobre los resultados de la experiencia del desplazamiento en los niños, así como los correspondientes códigos (ver Figura 1).

Adicionalmente, emergió la categoría: antecedentes y consecuencias en la familia, a la cual se asociaron cuatro subcategorías: historia de trauma infantil, relatos familiares, fuentes de soporte y factores socioeconómicos, con sus respectivos códigos (ver Figura 2).

El proceso de análisis permitió entender que las consecuencias psicológicas en los niños, así como, en el ejercicio de la crianza, percibidas por las madres y cuidadores principales, está en una relación de interdependencia con las condiciones de la familia, no sólo en lo que respecta al evento del desplazamiento, sino también, a la historicidad familiar, es decir, la información asociada a la categoría antecedentes y consecuencias en la familia, da un marco de comprensión y lectura para lo que se representa como consecuencias psicológicas y para la crianza.
A continuación, se presentan los hallazgos por categoría.
En el contexto descripto, la manifestación conjunta de desplazamiento y desempleo se constituye en un factor de riesgo acumulativo que afecta la disposición de la madre para que se ocupe de un embarazo y se disponga a aceptar un nuevo nacimiento y, en consecuencia, para encargarse de las exigencias de la maternidad y la crianza, toda vez que, de manera compleja, se condensan un evento traumático, una serie de pérdidas materiales y emocionales y una carente condición socioeconómica.
El temor permanente de ser atacado por los grupos armados introduce una condición de inestabilidad emocional, que afecta la salud física de la madre y del feto, poniendo incluso en riesgo la continuidad del embarazo. Sin embargo, aun cuando la salud física se preserve, el rechazo hacia la maternidad se convierte en una experiencia plausible. Los relatos de las participantes permitieron identificar que llevar un embarazo en medio de una situación de desplazamiento forzado pone al límite la disponibilidad emocional de la madre y su capacidad para atender a las necesidades del hijo o hija por nacer o de un niño pequeño. De ahí que las condiciones de la familia marcadas por la separación, la inestabilidad, e incluso la violencia intrafamiliar, ofrecen un contexto que intersecta lo social con lo familiar, dejando entrever un ambiente para la crianza marcado por el dolor y la soledad (ver Figura 3).

En ese sentido, las dificultades para el cuidado de los niños se traducen en una experiencia difícil de manejar emocionalmente, tanto por el hecho de estar aislado –lo que incrementa el anhelo de criar en el lugar de origen– como por ser un recordatorio permanente de la carencia que trajo consigo el desplazamiento y, con ello, las dificultades para atender a las necesidades fundamentales en el sano desarrollo de los niños. La Tabla 2 muestra los costos que recaen sobre ellos cuando sus padres y madres son separados forzosamente de sus familias y lugares de origen.

Aun cuando los hallazgos descriptos hasta el momento muestran que los efectos de los hechos victimizantes recaen sobre los niños, incluso en aquellos casos en los que no lo vivenciaron directamente, una constante identificada en las familias participantes fue el silenciamiento de los hechos ante ellos, como una manera de dejar atrás lo que pasó y no involucrarlos -es decir, protegerlos o, bien, porque se reconoce que no es necesario, toda vez que se asume que su desarrollo ha acontecido adecuadamente.
En ese sentido, los sentimientos que los niños configuran con relación a la historia familiar no se asumen como un aspecto importante de conocer. Incluso, la edad influye en la decisión de hacerlos partícipes y escuchar lo que piensan y sienten; cuanta menos edad tienen, menor capacidad se les atribuye para captar y comprender las situaciones por las que atraviesa la familia. Esto revela una perspectiva acerca de la subjetividad de los niños que parece enajenarlos de su historia. La Tabla 3 integra los diferentes fragmentos que evidencian el silenciamiento de la experiencia ante los niños.

El lugar que se le otorga a los niños habla tanto de la representación que se tiene de su subjetividad como de la representación que se configura acerca del ejercicio de la crianza en contextos adversos. Por ello, es preciso señalar que en una posición de silenciamiento, también están implicados los recursos psíquicos de los que dispone una familia para buscar sobreponerse a una experiencia que los despojó de su hogar, de su estabilidad, de su identidad, que los arrancó de sus raíces. Ahora bien, emergen dos preguntas ¿es el silencio una tentativa de protección y reparación a través de la evitación que algún día tendrán que enfrentar, como señala la participante D1111 (ver Tabla 3)? ¿o se verán sujetos a transmitir los traumas y el sufrimiento del conflicto armado a las siguientes generaciones?
En suma, las perspectivas acerca de los niños también visibilizan el esfuerzo de las familias por favorecer su adaptación en los nuevos contextos, buscando estrategias de reparación con las que han logrado propiciar experiencias posteriores de bienestar para los niños, así como generar ambientes menos precarios y con menor exposición a diferentes formas de violencia.
La experiencia de violencia se muestra como un factor característico de la historia de vida de algunos de los cuidadores que participaron de la investigación, dejando entrever escenarios de intersección entre la violencia interpersonal y la violencia colectiva. Es decir, las infancias de algunos de los participantes transcurrieron marcadas por experiencias de trauma infantil, que derivaron en situaciones de abuso y abandono por parte de las figuras parentales. Estas experiencias acontecieron en el contexto del conflicto armado, de manera tal que, no sólo debían afrontar la adversidad proveniente del interior de sus familias, sino también la amenaza y desestructuración que acarrea el desplazamiento forzado, sentando las bases de estilos vinculares propicios para la transmisión intergeneracional del maltrato.
En este orden de ideas, un hallazgo relevante tiene que ver con la dificultad que experimentan estos cuidadores para romper los ciclos de violencia en los que han estado insertos, así como para configurar recursos a partir de los cuales definir estilos de crianza diferentes a los que ellos recibieron. La Tabla 4 relaciona los códigos emergentes a partir de fragmentos de entrevista de la participante D1111, en los que se muestra la interconexión entre la violencia intrafamiliar y el desplazamiento, así como el resultado de estas experiencias en la relación con su hijo y en su crianza.

Las amenazas se reconocen como una de las principales causas del desplazamiento; se irrumpe en la dinámica y convivencia de una familia a través de la amenaza, de manera tal que la supervivencia de los miembros se convierte en la prioridad fundamental.
(…) resulta y pasa que eran como a las 10 u 11 de la noche, llegaron unos hombres y llamaron (…) y dijeron que necesitaban a mi papá, a mi mamá, entonces salimos y le dijeron a mi papá que tenía esa noche para que desocupara, que no le daban más plazo o, sino, que nosotros seríamos llevados, que ellos eran del ELN. Entonces mi papá en ver de que iba a perder su familia, iba a perder sus hijos, sin saber qué les pudiera pasar, decidimos esa noche, nos pusimos todos pues sí tristes, al perder nuestras cosas y sin poder sacar lo que uno tiene (…). Entre todos reunimos lo de los transportes y llegamos acá donde una tía, pero entonces no, fue terrible. (Participante D1102)
Sin embargo, los efectos del desarraigo trascienden la pérdida de bienes materiales, pues, aunque el desplazamiento para algunos de ellos aseguró la vida de los miembros de la familia, el costo sumó la pérdida de un modo de ser en familia. Ejemplo de ello se observa en la separación del núcleo familiar, reportada por algunas de las familias como una de las principales pérdidas, lo cual trajo como consecuencia la desestructuración y la imposibilidad de retornar a los lugares de origen para reencontrarse con sus familiares.
Pues fue difícil, fue muy duro, porque ya uno viniéndose de allá, ya como quien dice por allá no puede volver y (…) pues ya hasta el año pasado fue que vino mi mamá y mi papá, y yo desde ese tiempo no he vuelto por allá (…), entonces, pues yo me vine con la niña y él [esposo] se fue para por allá [Huila], él se fue por allá a coger café y yo me vine para acá [Bogotá]. (Participante D1105)
En otros casos, la amenaza se materializó en la muerte de un ser querido, de tal forma que se explicita una pérdida de la libertad para la toma de decisiones, en donde el bien transado es la propia vida, tanto porque se acceda a los requerimientos del grupo armado, como porque se establezca resistencia. En este orden de ideas –a partir de un mismo hecho– se multiplican las razones del duelo, lo que hace muy difícil para estas familias definir los límites entre lo reparable y lo irreparable. De hecho, se encontró que la amenaza es una experiencia que persiste a pesar de que hayan transcurrido años; en algunos casos es sutil y expresada en la evitación a contactarse con los eventos pasados, pero en otros manifiesta y persiste incluso a pesar de estar lejos del lugar donde ocurrieron los hechos.
Otros efectos del desplazamiento se traducen en alteraciones en la convivencia familiar o en daños de carácter psicológico, por lo que en algunos casos se generó una lógica de continuidad de la violencia que se inserta en las dinámicas familiares. Para algunas de estas familias, la violencia intrafamiliar se convirtió en un correlato del conflicto armado: huyeron de sus lugares de origen buscando garantizar su supervivencia; sin embargo, el grado de exposición que encontraron al interior de sus hogares representó un riesgo para la propia vida tan inminente como el propiciado por los grupos al margen de la ley.
(…) entonces salí yo de la casa donde estaba, donde había llegado con él y pues ya yo iba golpeada, no mejor dicho toda vuelta nada (…) por allá fui a dar a esa Medellín Solidaria y me cogieron unos psicólogos de Acción Social y fueron los que se hicieron cargo de mí, y todo eso, y ahí fue donde fui a dar a SerFAMI, el hogar de mujeres maltratadas, me llevaron a poner pues la denuncia y todo eso y ahí fue donde fui a dar en el albergue. (Participante 1103)
Finalmente, fue posible hallar que en algunos casos el desplazamiento forzado es un hecho victimizante al que están expuestas diferentes generaciones de una misma familia, caracterizándose así en un elemento que marca la historia familiar. Ahora, este hecho se traduce en una constante inestabilidad y limitación para construir la identidad amarrada al sentido de pertenecer a un lugar, por ejemplo. De esta forma, aun cuando algunos de los niños no vivieron de manera directa el momento en el que sus madres y padres fueron desplazados por un grupo armado al margen de la ley, sí han participado de la reactualización de ese hecho a través de sus secuelas.
(…) y pues el niño, pues yo le he explicado, pues desde que él nació y que él ha estado conmigo en esos trajines, yo le he explicado, porque, por ejemplo, él me dice (…) “ay, pero por qué, por qué” porque como yo le hablo a él desde pequeño y, este año que nos tocó, pues que nos separamos del papá y volvimos por allá [Tolima], que no quería irse (…) me dice: “¿mami por qué nos tenemos que ir?” y, por ejemplo, yo ahorita le digo: nos vamos pa’ tal lado, nos vamos pa’, así sea que le diga yo de pronto Medellín o para donde mi mamá, él me dice que no, que ya no más, que él se quiere quedar acá [Bogotá], dice: “ yo quiero estudiar, yo quiero ir al parque” o sea, que él quiere otra vida. (Participante D1103)
El imperativo de salvar la vida ante la amenaza de los grupos armados hace que las familias desplazadas salgan de sus lugares de origen sin planeación ni preparación, por lo que la mayoría de ellas carecen de los recursos económicos y materiales necesarios para subsistir en otro lugar o incluso asumir el cambio de vida del campo a la ciudad. Esto genera la condición de pasar de un lugar a otro aumentando la inestabilidad que por sí misma causa el desplazamiento y haciendo más crónica la afectación a sus derechos y dignidad, pues se exponen a situaciones de humillación, hacinamiento y pobreza. Un aspecto llamativo tiene que ver con que la familia extensa no necesariamente se convierte en una fuente de apoyo, lo que puede incrementar la sensación de desarraigo, pues, pese a que el desplazamiento es un hecho impuesto por un agente externo, la falta de apoyo genera la experiencia de que se trata de una responsabilidad individual, que se asume en aislamiento y soledad.
(…) mal, nosotros llorábamos, nosotros decíamos no, nosotros no podemos aquí seguir, nosotros no sé qué, pues mal, nos humillaba mi tía, nos decía, nos echaba todo en cara, bueno pues sí, nos sentíamos muy mal. (Participante D1102)
Así mismo, los participantes son conscientes de los efectos que el asilamiento genera en los procesos de vinculación de sus hijos, de forma que la ausencia de redes de apoyo no sólo radica en la necesidad de alguien que asista económica, materialmente o ambas, sino también, en el deseo de ofrecer a sus hijos una red de crianza próxima a sus familiares más cercanos, como abuelos o tíos.
(…) o sea, a la niña le hace falta con quien hablar más, con quien compartir más, le hacen mucha falta los tíos, los primos, la abuela porque en familia es mucho más diferente, uno estar casi que con el esposo y la familia es muy fundamental también. (Participante D1109)
Por esta razón, en algunos casos la búsqueda de apoyo profesional, a través de las guarderías o jardines infantiles, ha sido el soporte más confiable para acompañar el desarrollo de los niños, así como para atender a las consecuencias que el desplazamiento les acarreó.
(…) de ahí arrancó fue en el comedor, entonces las psicólogas, ellas les hacen talleres y todo y les hablan, entonces él comenzó con un tema, hasta que me llamaron, pues claro, como estaba recién, nosotros estábamos recién salidos de allá [desplazados], entonces ella me dijo que me iba a mandar a una psicóloga; sí él tenía otra, como otra cosa en la cabeza que ni el estudio quería, él no quería estudiar. (Participante D1110)
Las pérdidas materiales se amalgaman con las pérdidas emocionales, de modo que hablar de lo que se tenía (una casa, un terreno, unos animales, unos bienes) es la forma de poner palabras al imposible retorno; no se trata sólo de regresar a un lugar físico sino a un “lo que éramos”. Sin embargo, la exigencia de reinventar la vida se complejiza en el reconocimiento de lo que materialmente se perdió, por lo que se transita entre la nostalgia del recuerdo y el imperativo real de unas necesidades básicas que atender a pesar de las carencias económicas, especialmente, cuando está de por medio el bienestar y la calidad de vida de los niños. La Tabla 5 muestra la relación entre estos dos códigos, de acuerdo con los relatos de los participantes D1102 y D1104.

Lamentablemente y, pese a las políticas definidas, para estas familias el Estado no representó un agente garante de sus derechos y del restablecimiento de su calidad de vida. Los participantes experimentaron una intervención de carácter asistencialista, basada en una reparación económica, que no restituye un estilo de vida, ni contribuye en la resignificación de la pérdida y, en su lugar, genera cierta posición de dependencia respecto a la indemnización o el subsidio, hecho económicamente insostenible en largos períodos de tiempo, lo que finalmente sienta la experiencia de falta de apoyo del Estado.
Si eso al comienzo dieron creo que $450.000 para tres meses de arriendo y unos mercados ahí, pero pues la verdad ya hace bastante tiempo que no nos dan nada, porque mi mamá pasó una, como una tutela para pues la reparación de víctimas y eso, pero entonces llevamos como tres años esperando eso y en Acción Social, que ya casi, que ya casi, que no, que ya va. (Participante D1108)
De esta manera, se retroalimenta la experiencia de carencia económica, lo que propicia la proliferación de otros fenómenos como la discriminación social, toda vez que el desplazado, que no tiene lugar ni bienes, personifica el rostro del conflicto armado y con ello, la amenaza que su cercanía puede significar para el resto de la sociedad civil.
(…) la gente por acá era como más malgeniada, como que, porque uno venía de otra parte que uno ya de pronto era como un delincuente, lo miraban a uno como raro. (Participante D1109)
La principal contribución del estudio está en el hallazgo que permitió reconocer que existe una relación de interdependencia entre las condiciones e historicidad familiar y las percepciones construidas por los adultos acerca de las derivaciones del conflicto en los niños. Esto en respuesta al objetivo de describir las percepciones de un grupo de madres y otros cuidadores acerca de la crianza y las consecuencias psicológicas en los niños, producto de la vivencia directa o indirecta del conflicto armado y el desplazamiento forzado en Colombia.
Este hallazgo se soporta en tres argumentos.
En primer lugar, está el hecho de que la violencia se traza como un continuum entre sus modos de expresión política e intrafamiliar, por lo que se convierte en una experiencia que se inserta en las dinámicas y arreglos familiares, lo que hace difícil transformar ciclos de violencia que se heredan de generación en generación. De esta manera, se encuentra, por un lado, que la exposición al conflicto armado es un evento por el que han transitado diferentes generaciones de una misma familia, lo que perpetúa las pérdidas emocionales y materiales.
Lo señalado en el párrafo anterior, se sustenta en el planteamiento de que, al ser la familia el escenario en el que se instalan las condiciones biopsicosociales y culturales para el desarrollo de una sociedad, la exposición a la violencia por conflicto armado genera un efecto en las dinámicas familiares, de manera que se convierte en el escenario de reproducción de los discursos y prácticas propios de la guerra (Durán Sánchez y Gauje Mendoza, 2019). En ese orden de ideas, las consecuencias de ser víctimas directa o indirectamente del conflicto armado se trazan de manera intergeneracional, lo que expone a las familias a interactuar con factores de riesgo contextuales que afectan su capacidad para la crianza y la promoción del sano desarrollo de los niños (Doria-Falquez et al., 2021).
Por otro lado, el desplazamiento y los hechos traumáticos que de este se desencadenan propician inestabilidad y desestructuración, por lo que el entorno familiar puede llegar a convertirse en un escenario que acarrea amenazas para la salud mental, incluso para la vida. En consecuencia, para algunos de los participantes se hace difícil evitar que la relación y los estilos de crianza que establecen con sus hijos se tiñan también de acciones violentas. De esta manera, se ofrecen insumos a fin de contribuir a la comprensión que estudios previos han ofrecido acerca de la interrelación entre la violencia política y la intrafamiliar, con sus consecuentes efectos en la relación cuidador-infante (Arruabarrena et al., 2011; Carbonell et al., 2015; González-Ocampo y Bedmar-Moreno, 2014; Guzmán et al., 2016; Ospina-Alvarado et al., 2020; Richter et al., 2018;Vallejo-Medina et al., 2021).
En segundo lugar, las condiciones sociales de desigualdad y abandono estatal conllevan a que las familias asuman las consecuencias del conflicto armado y el desplazamiento en solitario, pese a ser hechos de carácter social. En este orden de ideas, la inminencia de la amenaza, del destierro y el desarraigo no da lugar a la construcción de redes de apoyo familiares y sociales; por eso, las carencias económicas son un elemento común denominador en la descripción de los participantes. Este aspecto es coincidente con planteamientos de Ospina-Alvarado et al. (2022), Cardozo et al. (2017) y Patiño y Herrán (2012). Ahora bien, la contribución se amplía al identificar que los límites entre lo emocional y lo económico se diluyen pues son la expresión de una experiencia que los despojó de una identidad construida en sus lugares de origen, dejándolos sin posibilidad de retorno a “lo que éramos” y con la nostalgia de que la crianza de sus hijos hubiera acontecido en la unidad familiar y lugares de otrora.
En tercer lugar, y en una lógica de ordenamiento, se hace comprensible que el silencio se presente como un recurso en favor del deseo de evitar que sus hijos vivan o continúen viviendo las consecuencias del desplazamiento, de tal manera que se asume que no participar a los niños de la historia familiar es una forma de protegerlos. No obstante, esta posición encierra una perspectiva de subjetividad enajenada, que no les da lugar a elaborar las consecuencias que la historia trae para ellos, incluso en los casos en los que la experiencia fue directa. En ese sentido, siguiendo a Doncel et al. (2020), la condición de desplazamiento se constituye en un mecanismo de exclusión social, producto del silencio impuesto que da lugar a la perpetuación de la condición de víctima, dado que los niños no desarrollan los recursos para introducir y resignificar la experiencia de ellos y de su familia en el contexto de sus historias de vida.
De esta manera, aun cuando otros estudios han develado la posibilidad de transmisión del sufrimiento vivido por la guerra y sus consecuencias físicas, emocionales y cognitivas (Aghajafari et al., 2020; Almqvist y Broberg, 2003; Doria-Falquez et al., 2021; Flink et al., 2013; Guzmán et al., 2016; Lenis y Aponte, 2017; Piñeros-Ortiz et al., 2021; Vallejo-Medina et al., 2021), los hallazgos aquí presentados permiten reconocer que el silenciamiento de la historia configura una doble funcionalidad, la de proteger y la de perpetuar, generando el efecto virtual de un hecho que se sostiene en el tiempo y a pesar del tiempo.
Ahora bien, una limitación importante de este estudio es que no se contó con la voz de los niños para nombrar los daños psicológicos y consecuencias emocionales que el conflicto armado les trajo, así como las comprensiones que han configurado acerca de su historia familiar. Los hallazgos presentados se convierten en insumos relevantes para el acompañamiento que se ofrece a familias víctimas del conflicto armado, particularmente del desplazamiento forzado, toda vez que señalan la importancia de partir del reconocimiento de la funcionalidad de los recursos psicológicos de las familias para el afrontamiento de la guerra y sus efectos. Esto permitirá identificar el lugar que se otorga a los niños en la historia familiar y en la posibilidad de contribuir a su transformación, como acción que aporta a la reparación del trauma individual y colectivo, así como del tejido social.
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