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Factores que explican la estabilidad marital: un estudio en Colombia y México

Factors that explain marital stability: a study in Colombia and Mexico

Victoria E. Cabrera-García
Universidad de La Sabana, Colombia., Colombia
María Amparo Torres
Clara B Zarate
María del Carmen Gómez

Factores que explican la estabilidad marital: un estudio en Colombia y México

Interdisciplinaria, vol. 41, núm. 2, pp. 9-10, 2024

Centro Interamericano de Investigaciones Psicológicas y Ciencias Afines

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Recepción: 25 Marzo 2022

Aprobación: 07 Diciembre 2022

Resumen: El aumento de las tasas de divorcio en Latinoamérica y su impacto en la sociedad, hace prioritario estudiar los factores que contribuyen a la estabilidad marital. El objetivo de esta investigación fue estudiar acerca de la relevancia de la educación premarital, las actitudes hacia el matrimonio, el compromiso religioso, los estilos de resolución de conflictos y el manejo de las finanzas en la explicación de la estabilidad marital, en Colombia y México. Estudio cuantitativo, de tipo descriptivo correlacional explicativo, contó con 783 personas, con unión marital superior a 3 años, 40 % hombres y 60 % mujeres de diversas edades y tipos de unión marital. Los resultados indican que el estilo evitativo del conflicto fue la variable que más peso obtuvo en la explicación de la estabilidad marital, para los hombres, las mujeres, y en Colombia. Para el caso de México la que más aportó negativa y significativamente fue la búsqueda del conflicto. Los hombres tienden a evitar más el conflicto que las mujeres y los adultos mayores de 42 años mostraron mayor compromiso religioso. Colombia y México han sido países perjudicados por la violencia, es necesario reflexionar que desde la relación marital y la familia se gestionen estilos de resolución de conflictos que contribuyan al bienestar de los cónyuges y reduzcan los niveles de violencia marital. Es necesario abrir un nuevo capítulo de promoción de estilos constructivos de resolución de conflictos maritales, que desemboquen en procesos de paz y fortalecimiento de la relación marital y otras relaciones, en estos países.

Palabras clave: estabilidad marital, educación premarital, compromiso religioso, conflicto marital, finanzas familiares.

Abstract: Divorce rate increases in Latin America and their impact on the society, makes it a priority to study marital stability factors. The objective of this study was to delve into the relevance of premarital education, attitudes towards marriage, religious commitment, conflict resolution styles and finance management in explaining marital stability. Quantitative, descriptive and correlational research with 783 respondents with at least three years of marriage, in Colombia and Mexico, of which 40 % were men and 60 % women of diverse ages and heterosexual marital union types. Results suggested that conflict avoidance conflict resolution style was the variable with most weight on explaining marital stability, for men, and women, in Colombia, while an attitude of searching for conflict was the most important and significant in a negative sense for Mexico. Men tended more to avoid conflict than women and adults over 42 years showed a higher religious commitment. Colombia and Mexico are countries afflicted by violence; thus, it is necessary to consider the promotion of conflict resolution styles from within marital relations and the family which may contribute to the wellbeing of spouses and reduction of intimate partner violence. There is a dire need to open a new chapter of constructive marital conflict resolution styles which may foster peace processes and the strengthening of marital and other relations in these countries.

Keywords: marital stability, premarital education, religious commitment, marital conflict, family finances.

Introducción

El matrimonio es una de las relaciones humanas más importantes pues brinda la principal estructura sobre la cual se establece una familia y garantiza el cuidado de las siguientes generaciones (Gamiz et al., 2013). Algunas investigaciones documentan los efectos negativos del divorcio en la pareja, en los hijos, en la familia, así como el impacto económico que produce en la sociedad (Clyde et al., 2020). Esta problemática ha generado un creciente interés por estudiar las relaciones de pareja y los factores que aportan a la estabilidad (Killawi et al., 2018).

En años recientes ha aumentado la tendencia a disolver las uniones maritales y los divorcios se presentan especialmente en uniones de escasos años (Domínguez et al., 2013). Aproximadamente, el 40 a 50 % de los primeros matrimonios y 60 % de los segundos matrimonios terminan en divorcio en los Estados Unidos (Clyde et al., 2019). En Colombia, las cifras de divorcio van en aumento; según Súper Notariado y Registro, entre 2018 y 2019 las cifras de divorcio aumentaron un 2 % frente al año anterior (Superintendencia de Notariado y Registro, 2019). Durante 2020, con la pandemia del COVID-19 las cifras de divorcio se redujeron 32 %; sin embargo, las últimas cifras registradas en 2021 por la misma entidad revelaron nuevamente el aumento de esta tendencia, registrando cerca de 17000 divorcios en los primeros ocho meses del año (Superintendencia de Notariado y Registro, 2021).

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2020), las cifras reveladas en 2019 en la última década en México la tasa de divorcios incrementó un 57.26 %, mientras que la de matrimonios disminuyó 24.68 %. Durante la pandemia las cifras disminuyeron 42 % frente al año anterior (Hernández, 2021).

Las crecientes tasas de divorcio en Colombia y México sugieren la necesidad de proponer este estudio, que tiene como objetivo determinar qué factores son importantes para contribuir a la explicación de la estabilidad y disminuir la disolución de las uniones matrimoniales, con el fin de aportar a la consolidación de la teoría sobre la estabilidad marital, y al diseño de intervenciones orientadas a trabajar en las relaciones de pareja y su bienestar en Latinoamérica (Reyes Rojas et al., 2021). Esta investigación va en línea con uno de los objetivos de desarrollo sostenible (Organización de Naciones Unidas [ONU], 2018), el objetivo 3: salud y bienestar, debido a que busca comprender la estabilidad marital y a disminuir las tasas de divorcio de las parejas. El divorcio es un evento vital que afecta a las familias que transitan por él, repercutiendo negativamente en el bienestar psicológico social y económico de hombres y mujeres (Rodríguez, 2018).

Asimismo, algunos estudios sugieren que las mujeres y los hombres difieren en su forma de ver el matrimonio dentro de los espacios en los que cohabitan (Huang et al., 2011); no obstante, se desconoce si las percepciones maritales masculina o femenina tienen impactos diferentes o similares en la relación marital y su estabilidad (Willoughby y Belt, 2016).

La estabilidad marital

Harman (2005), citando a Booth, Edwards y Johnson (1983), explica que la estabilidad conyugal se define como la probabilidad de que el matrimonio permanezca intacto, sin disolución ni divorcio. La estabilidad marital consiste en un estado afectivo (cómo me siento acerca de mi matrimonio), condiciones sobre la relación (lo que he pensado hacer con base a cómo me siento) y algunas acciones (lo que he hecho acerca de cómo me siento y lo que he pensado). Cabrera-García, Herrera Calle y Serrato Vásquez (2019) explican que un matrimonio estable trae beneficios para el bienestar de los cónyuges y los hijos.

Orathinkal y Vansteenwegen (2006) explican que un matrimonio estable es aquel en que los cónyuges nunca se han separado desde que manifestaron la intención de formar una unión marital. Estos autores distinguen la estabilidad marital de la satisfacción marital. Por ejemplo, según Booth et al. (1983) cuando las personas perciben bajo nivel de ajuste marital, infelicidad con la relación y un inadecuado funcionamiento de la diada matrimonial, probablemente tienen una relación inestable. Sin embargo, una relación de baja satisfacción marital no significa necesariamente que llegue a divorciarse; de hecho, muchos matrimonios con baja satisfacción en la relación se mantienen intactos, y otros con altos niveles de satisfacción pueden dar por terminada la relación. Asimismo, para Karney et al. (1999) la estabilidad marital es una característica propia de una relación estrecha; no obstante, que una relación sea estable no significa que sea feliz o infeliz.

Según diferentes autores, la estabilidad marital se relaciona con varios factores. Karimi et al. (2019) afirman que se pueden dividir en intrapersonales (intra-diádicos) e interpersonales (extra-diádicos). Los factores intrapersonales incluyen la religiosidad, el compromiso y la lealtad, la personalidad, la capacidad de confiar y empatizar, la paciencia, la solidaridad, el perdón y la aceptación de sí mismo y de otros. Los factores interpersonales con los que se relaciona la estabilidad marital son la comunicación (Gamiz Sanfeliu et al., 2013), la relación sexual, el amor y el apego, el acuerdo religioso, el respeto mutuo, la división de roles, tener tiempos de calidad y el estilo de resolución de conflictos. Algunos autores explican que la estabilidad marital también se relaciona con altos niveles de estabilidad financiera, los matrimonios estables muestran mayor capacidad adaptativa de la pareja a lo largo de su historia de vida. Asimismo, la estabilidad marital se relaciona con un nivel alto de diferenciación del sí mismo, alta inteligencia emocional y un estilo de comunicación humorístico entre los esposos (Margelisch et al., 2017).

Asimismo, para Karney y Bradbury,2005; Karney y Bradbury, 1995) existen ciertos factores que predicen la estabilidad marital de las esposas, los esposos y la pareja en general. Para las mujeres, lo que más predice la estabilidad del matrimonio es la satisfacción marital, le sigue la satisfacción sexual y el tiempo del matrimonio. Para los hombres, lo que más pesa es la satisfacción sexual, seguida por la satisfacción marital y sus propios ingresos familiares. Las mujeres que alcanzan un nivel educativo alto tienden a presentar mayor inestabilidad marital. En el caso de los hombres no existe correlación entre estas dos variables. Así mismo, los matrimonios que tienen más hijos son más estables (Katja Margelisch et al., 2017).

Karney y Bradbury (1995) exponen que, de acuerdo con la teoría de intercambio social, la relación marital se disuelve o se mantiene debido a la interacción de varios factores entre sí, es decir, del balance que hace la persona entre las ganancias y atractivos de la relación, como la seguridad emocional, el compromiso sexual y el estatus social, y ciertas barreras como impedimentos sociales y religiosos y las dificultades en el cubrimiento de los gastos personales y familiares. Se da una relación costo-beneficio que contempla una variedad de atractivos y de barreras. De acuerdo con esta teoría, la estabilidad marital se define en función de la frecuencia relativa de intercambios positivos y negativos entre los cónyuges y postula que dichos intercambios tienden a ser recíprocos.

La educación premarital

Se define como un programa educativo diseñado para parejas que se preparan o consideran seriamente el matrimonio (Clyde et al., 2019). Las intervenciones generalmente se centran en una mejor comprensión de sí mismo y de la pareja, la evaluación y alineación de expectativas frente al matrimonio (el manejo de las finanzas, la división de las tareas del hogar, la crianza de los hijos, entre otras), principios de manejo de conflictos en las relaciones saludables y prácticas de comunicación efectiva. El objetivo es dar herramientas a las parejas para enfrentar los desafíos que acompañan la vida matrimonial. Estos programas son importantes, pues las parejas que realizan algún tipo de curso prematrimonial tienen más probabilidad de buscar ayuda para su relación, con el fin de mantenerla estable (Stanley, 2001; Williamson et al., 2014).

En cuanto al impacto de la preparación premarital en la estabilidad de los matrimonios, se ha encontrado que la implementación de políticas de promoción de la educación prematrimonial podría reducir las tasas de divorcio y fortalecer las familias, las comunidades y la sociedad (Clyde et al., 2020). Estudios previos de Stanley et al. (2006) sugieren que las parejas que tomaron cursos de preparación, frente a parejas de control que no lo hicieron, aprendieron a comunicarse de manera más positiva, son menos propensas a divorciarse y tuvieron mayores niveles de satisfacción marital.

Otros efectos positivos incluyen la disminución en los niveles de maltrato y de violencia intrafamiliar, mejor desarrollo de la parentalidad (Carlson y McLanahan, 2006), menores niveles de conflicto y mayor compromiso interpersonal entre los esposos, asociándolos a un descenso del 31 % en las probabilidades de divorcio (Namale et al., 2021; Stanley et al., 2006).

Estudios realizados por Scott et al. (2013) y Stanley et al. (2006) mostraron que los participantes deseaban haber conocido más acerca de su pareja antes del matrimonio, y otros mencionaron que los preparativos de los planes de boda hicieron que ignoraran algunos factores esenciales que podrían llevar a terminar la relación. Uno de los beneficios de la educación prematrimonial temprana es que puede ayudar a algunas parejas que van en un camino prematuro hacia el matrimonio, a reconsiderar sus planes, ellas suelen participar en estos programas cerca de su fecha de boda, momento en el que terminar la relación puede ser especialmente difícil.

De acuerdo con Cumsille et al. (2015) y Barton et al. (2014), la educación premarital, en algunos países, se ha incluido como parte de las políticas públicas preventivas de rupturas matrimoniales y consolidación de relaciones de pareja estables que trabajen por su estabilidad marital. Sin embargo, estos autores anotan que no se puede afirmar que su aplicación sea garantía para la estabilidad marital, pues hay condiciones estructurales de la sociedad latinoamericana que le dan fragilidad a las familias y a los matrimonios como la pobreza y la inseguridad.

Nock et al. (2008), en un estudio de parejas casadas de Luisiana, encontraron que la educación formal prematrimonial o el asesoramiento reducen las posibilidades de un eventual divorcio y promueve la estabilidad de los matrimonios, especialmente para aquellas parejas que han sido identificadas con rasgos o perfiles que les hacen ser más propensas al divorcio.

La educación premarital en la familia

Las personas llegan al matrimonio con ideas preconcebidas adquiridas en la familia. Robert-Brady (2014) explica que la educación no formal incorpora el aprendizaje que se efectúa en la vida diaria sin objetivos claramente establecidos, generando actitudes, valores y competencias. Así́, la educación recibida sobre el matrimonio desde la familia ejerce influencia en las actitudes y percepciones sobre el mismo, llevando a las personas a tener posturas favorables o desfavorables acerca del matrimonio. Entre las actitudes favorables, se encuentran la tendencia y los pensamientos asociados a darle importancia al matrimonio y a su estabilidad; por su parte, las actitudes desfavorables se relacionan con la tendencia a restarle importancia al matrimonio y a superar las barreras que impidan disolver la relación (Cabrera-García, Arbeláez, et al., 2019).

Cabrera-García, Arbeláez, et al. (2019) explican que: Si la persona posee actitudes favorables hacia el matrimonio, este tenderá a ser estable; asimismo, la intención puede verse afectada por la presión social, es decir, por las actitudes que tienen las personas relevantes para él/ella frente a la intención de ejecutar la acción. Si la persona percibe que las figuras significativas para él/ella aprueban el contraer matrimonio y permanecer unido/a en una relación estable, hay mayor probabilidad de que intente hacerlo, por el contrario si las personas significativas poseen actitudes desfavorables hacia el matrimonio y aprueban el divorcio es probable que la persona se incline por la actitud de divorciarse.

Stanley et al. (2006) encontraron que en las últimas décadas la educación prematrimonial se ha vuelto más frecuente y que hoy hay una mayor disponibilidad de programas educativos para los matrimonios, teniendo en cuenta que la educación formal prematrimonial o el asesoramiento marital reducen las posibilidades de un divorcio al fortalecer la relación de pareja (Domínguez, 2015).

Asimismo, la educación que ofrece la familia como preparación matrimonial ayuda a disminuir los conflictos entre los cónyuges en la medida en que les proporciona herramientas para solucionarlos, y a establecer relaciones de pareja estables y saludables (Rivera et al., 2015).

El compromiso religioso

Karimi et al. (2019) anotan que estudios realizados a nivel mundial demuestran que la religión, la espiritualidad y la participación en servicios religiosos son factores importantes en la estabilidad y prevención del divorcio en uniones de larga trayectoria. Curtis y Ellison (2002) explican que existe una fuerte relación entre la espiritualidad y la reducción de conflictos maritales, a mayor espiritualidad menor número de conflictos y mayor estabilidad marital. Asimismo, la religión y la espiritualidad se convierten en estrategias de afrontamiento que aumentan en las parejas el compromiso, la capacidad para aceptar la adversidad y un sentido de comunidad familiar que se relacionan con la estabilidad de la relación. Fard et al. (2013) expresan que una tendencia religiosa similar entre los esposos influye en gran manera en la armonía emocional de la vida de pareja.

Las personas con un alto compromiso religioso presentan menores niveles de divorcio que personas no religiosas. Koenig et al. (2020) reportan que un alto nivel de religiosidad es un predictor de menores factores de riesgo que conducen al divorcio, y contribuye a la estabilidad de la relación. Ahmadi et al. (2008) afirman que existe una relación positiva entre la religiosidad y la satisfacción marital, y que esta última es el mejor predictor de la estabilidad de la relación. Siguiendo con estos autores, la religiosidad se asocia con mejores habilidades de comunicación, de manejo de la parentalidad, habilidades para resolver conflictos personales con la parentela o amigos, un mejor manejo financiero y la satisfacción sexual, concluyendo que el compromiso religioso de las parejas puede ser considerado como un predictor de un matrimonio exitoso y más estable. De acuerdo con Kazemi et al. (2018) cuando las personas poseen actitudes y compromiso religiosos, los conflictos matrimoniales decrecen, y por tanto, se reduce la probabilidad de divorcio y se aumenta la estabilidad. En esta misma línea, según Delatorre y Wagner (2018) tanto para los hombres como para las mujeres, altos niveles de religiosidad se asocian con estrategias más constructivas de resolución de conflictos.

Estilos de resolución de conflictos en la pareja

De acuerdo con algunos investigadores, las habilidades para resolver conflictos se deben enseñar desde edades tempranas, hasta llegar a la adultez. Se han de desarrollar ciertas competencias básicas como la conciencia emocional, la empatía, la importancia de la relación más que el conflicto en sí, las habilidades de comunicación y de resolución de conflictos (Margelisch et al., 2017). Castrillón Muñoz (2008) reconoce que, durante el desarrollo de la persona, es en la familia donde se experimentan las más profundas satisfacciones, así como los más profundos conflictos.

Correa Rodríguez y Rodríguez Hernández (2014) afirman que los conflictos son situaciones normales en la vida familiar, que dan oportunidades para el crecimiento personal y el fortalecimiento de las relaciones. Por este motivo se debe ahondar en la preparación de las parejas para la resolución de conflictos, buscando que se aborden con estrategias constructivas en las que prime la negociación, los compromisos y los acuerdos, con el fin de contribuir a la estabilidad de los matrimonios.

Tapia Villanueva et al. (2009) refiere que las parejas con cierta frecuencia se ven enfrentadas a malentendidos. La solución para enfrentar estas situaciones son las aclaraciones, es decir, reconversar y chequear la comprensión de los mensajes. La posición que los individuos adopten estará influida por aspectos de personalidad, historia personal, familia de origen, género y factores socioculturales.

Castrillón Muñoz (2008) refiere que las parejas que se encuentran en conflicto evidencian una mayor cantidad de interacciones negativas, pocas interacciones positivas y una mayor reciprocidad negativa durante la solución de problemas, que puede desembocar en la posibilidad de contemplar el divorcio, y por ende, una baja estabilidad matrimonial.

Bonache et al. (2016), con base en los estudios de Kurdek (1995), exponen que las personas presentan diversos tipos de comportamientos cuando tienen un desacuerdo con alguien, unos pueden ser constructivos y otros destructivos. Entre los comportamientos constructivos se encuentran los que muestran un tono emocional positivo que ayuda a preservar el afecto en la relación. Entre los destructivos se encuentran la hostilidad y falta de respeto por el interlocutor, perjudican a las personas y afectan la estabilidad de las relaciones (implicación conflictiva), otras veces pueden evitar el conflicto o retirarse (Flora y Segrin, 2015).

Manejo de las finanzas en el matrimonio

Las prácticas financieras impactan la estabilidad y la satisfacción marital. El manejo del dinero es de suma importancia, idealmente la pareja debe estar de acuerdo en el uso que se le da (Horrocks, 2010). La situación deseable en una relación marital es que la pareja converse y analice sus expectativas, identifique prioridades individuales, logre acuerdos sobre cómo maximizar los recursos económicos y defina los roles financieros que cada uno desempeñará en la relación (Falahati y Sabri, 2015). Cuando los recursos son escasos, se puede percibir tensión en la relación marital; por otro lado, una condición económica estable se relaciona con la estabilidad del matrimonio (Kazmi et al., 2010). Hart et al., (2016) consideran que el manejo del dinero es uno de los principales factores de los conflictos maritales. Según Sabri y Falahati (2012) las personas que experimentan tensión financiera por no gestionar adecuadamente su dinero pueden presentar insatisfacción, afectando la relación marital a largo plazo.

Coria (2005) explica que, en la cultura latinoamericana, al establecer una relación amorosa, es común que la provisión económica de la familia esté asociada al hombre. Afirma que los esposos tienden a ejercer poder relacionado con el manejo del dinero y quien aporta más recursos económicos es quien toma las decisiones de inversión y uso del dinero (Anderson y Sabatelli, 2007; Pahl, 2000). Según Cerbasi (2004) y Ripoll-Núñez y Martínez-Arrieta (2012), los proyectos económicos que se hagan en pareja no serán planeados de forma eficiente si en la relación las cosas se hacen por separado. Cerbasi (2004) afirma que es sencillo, no requiere de cálculos complejos ni gran habilidad con números, recomienda trazar un plan con objetivos claros, seguirlo y ver cómo las metas se van alcanzando, esto contribuye a la satisfacción con la relación y a su estabilidad.

Dew y Xiao (2011) y Drentea (2000) aseguran que los niveles de endeudamiento están relacionados positivamente con la ansiedad, y afectan la calidad de la relación de las parejas. Estos autores afirman que el manejo adecuado de las finanzas se asocia con buena salud, física y mental, y con satisfacción con la vida.

En este orden de ideas, y para responder al objetivo general de este estudio, se plantearon las siguientes hipótesis: 1) la participación en programas de educación premarital, la educación premarital desde la familia, el compromiso religioso, los estilos de resolución de conflictos y el manejo de las finanzas correlacionan con la estabilidad marital en hombres y en mujeres, y en Colombia y en México, 2) la participación en programas de educación premarital, la educación premarital desde la familia, el compromiso religioso, los estilos de resolución de conflictos y el manejo de las finanzas explican la estabilidad marital en hombres y en mujeres, y en Colombia y en México, y 3) existen diferencias significativas en cada una de las variables del estudio de acuerdo con el género y la edad de los participantes.

Metodología

Tipo de investigación

El presente estudio es cuantitativo de tipo descriptivo, correlacional, explicativo, y se llevó a cabo en el contexto de una investigación más amplia.

Participantes

Se contó con una muestra por conveniencia de 783 participantes con una unión marital superior a tres años, con edades entre los 24 y 79 años (M = 43.69; DE = 9.88). El promedio de años de unión marital fue de M = 16.09 años (DE = 9.71) (ver Tabla 1).

Tabla 1.
Características sociodemográficas de los participantes
Variablen%
Nacionalidad
Colombianos55771
Mexicanos22629
Género
Hombres30840
Mujeres47560
Tipo de vínculoReligiosoNo religioso5692147327
Religión
Católicos43956
Protestantes o cristianos28937
No tienen filiación405
Hijos
No tenían hijos8811
Tenían 1 hijo15320
Entre 2 y 3 hijos47360
4 o más hijos699
Nivel educativo
Primaria71
Secundaria598
Técnico12015
Universitario33242
Posgrado26534

Instrumentos

En el inicio del cuestionario, se solicitaba el consentimiento para participar en la investigación; las siguientes preguntas se referían a datos sociodemográficos, tales como género, edad, nivel educativo, entre otros. Posteriormente se incluyeron las escalas. Con el fin de conocer el comportamiento de las preguntas de las escalas, se realizó el análisis factorial y de confiabilidad de cada una de ellas. Se tuvieron en cuenta las escalas mencionadas en los antecedentes teóricos y empíricos de este estudio.

Escala de Estabilidad Marital: La estabilidad marital se midió utilizando la escala original de Booth et al. (1983), en su versión reducida de cinco preguntas. Un ejemplo de pregunta es: ¿Alguna vez usted o su pareja han sugerido seriamente la idea de divorcio? Esta escala es de tipo Likert, con respuestas 0 (nunca), 1 (alguna vez), 2 (dentro de los últimos tres años) y 3 (ahora). La confiabilidad de estudios previos fue de α = .91. En el análisis factorial (AFE) que se llevó a cabo en el presente estudio se obtuvo un KMO = .87, que da cuenta de la bondad de ajuste del modelo; la prueba de esfericidad de Bartlett fue de χ2(10) = 2217.72; p = .000. Las preguntas de esta escala dieron cuenta del 69.95 % de la varianza explicada total y se agruparon en un solo factor de estabilidad marital. En esta investigación se obtuvo un α de .89.

El cuestionario de utilidad percibida de cursos premaritales, de Williamson et al. (2014), se utilizó para evaluar la educación premarital. Se indagó sobre la participación en programas o cursos de educación premarital usando la pregunta del estudio de Williamson et al. (2014): ¿Usted y su pareja participaron en algún tipo de curso o asesoría de preparación premarital antes de iniciar su relación marital? (0: no; 1: sí). Las personas que contestaban afirmativamente debían responder el cuestionario original de Duncan et al. (2010), que mide la utilidad percibida de las intervenciones de preparación premarital. Ejemplo de pregunta: ¿El curso les ayudó a tener expectativas realistas sobre el matrimonio?, con respuestas entre 1 (ninguna ayuda) y 5 (mucha ayuda). El estudio de estos autores obtuvo un α de .70; en el presente estudio: α = .986 y w McDonald’s = .986. En el análisis factorial (AFE), se obtuvo un KMO = .95, que se relaciona con la bondad de ajuste del modelo; la prueba de esfericidad de Bartlett fue de χ2(15) = 8780.01; p = .000. Las preguntas de esta escala dieron cuenta del 93.58 % de la varianza explicada total, en un solo factor.

Participación en servicios religiosos: Teniendo en cuenta que la mayor parte de cursos premaritales los desarrollan instituciones religiosas y la influencia positiva del compromiso religioso en las parejas, se incluyeron preguntas que indagaban sobre la afiliación religiosa y el nivel de participación en actividades religiosas con una sola pregunta: “¿Con qué frecuencia asiste a servicios religiosos? Dadas las restricciones actuales para asistir a cultos religiosos, responda con respecto a su asistencia antes de la pandemia”. La escala de respuesta era: nunca o casi nunca (0), ocasionalmente, menos de una vez al mes (1), una a tres veces por mes (2), una o más veces por semana (3). El análisis de confiabilidad arrojó un α de .81 (Stanley et al., 2006).

Actitudes hacia el matrimonio: Para medir la preparación premarital desde la familia se utilizó la escala de las actitudes hacia el matrimonio en personas colombianas con relación marital, desarrollada por Cabrera-García, Arbeláez, et al. (2019). Esta escala evalúa actitudes favorables y desfavorables aprendidas desde la familia, la escuela y los amigos. Se tomaron los 10 ítems para el contexto de la familia, por ejemplo: “En mi familia aprendí que debía trabajar en equipo con mi esposo(a) para que nuestro matrimonio perdurara”. Las opciones de respuesta cuentan con una escala de 1 (nunca) a 5 (siempre), con valores de alfa entre .83 y .88, y w McDonald’s de .851. En el análisis factorial (AFE) que se llevó a cabo en este estudio, se obtuvo KMO =.88, que explica la bondad de ajuste del modelo, y la prueba de esfericidad de Bartlett fue de χ2(45) = 2810.47; p = .000. Las preguntas de esta escala dieron cuenta del 57.89 % de la varianza total explicada y el análisis factorial arrojó dos factores: uno de ellos, preguntas en pro de la conservación del matrimonio (actitud favorable) que explicaron el 44.35 %, por ejemplo: “Mi familia me ha enseñado que mi matrimonio debía ser mi prioridad”, y el otro, preguntas en pro de la disolución del matrimonio (actitud desfavorable) que explicaron el 13.54%), por ejemplo: “Mi familia me enseñó que si no era feliz lo mejor era divorciarme”.

Inventario de estilos de resolución de conflictos (CRSI): Para el estilo de resolución de conflictos, se utilizó este inventario diseñado originalmente por Kurdek, (1995) y validado en México por Bonache et al. (2016). Son 13 ítems que identifican tres estilos: positivo, búsqueda del conflicto y evitación. Ejemplo: “Con qué frecuencia usted usa las siguientes estrategias para afrontar las discusiones o desacuerdos con su pareja: enfadarse y perder el control”, con respuestas en una escala desde 1 (nunca) hasta 5 (siempre), con un alfa de Cronbach entre .68 y .87. En el presente estudio se llevó a cabo el análisis factorial que arrojó un KMO =.88, que da cuenta de la bondad de ajuste del modelo, y la prueba de esfericidad de Bartlett fue de χ2(78) = 3157.27; p = .000. Las preguntas de esta escala dieron cuenta del 55.07 % de la varianza total explicada, distribuidas así: el primer factor se denominó búsqueda del conflicto y dio cuenta del 36.49 % de la varianza (α = .79); el segundo factor, manejo positivo del conflicto, dio cuenta del 10.10 % de la varianza (α = .82). El tercero, manejo evitativo del conflicto, dio cuenta del 8.47 % de la varianza (α = .70). Todas las preguntas quedaron organizadas lo propusieron Bonache et al. (2016); solo se retiró la pregunta “se centra en el problema en cuestión”, debido a su bajo peso factorial.

Escala de comportamiento de gestión financiera: Para medir las prácticas de gestión financiera se utilizó la escala original de comportamiento de gestión financiera (FMBS), desarrollada por Dew y Xiao (2011). Consta de 15 ítems en cuatro áreas principales: consumo, gestión del efectivo, ahorro e inversión y gestión del crédito. Ejemplo: “Indique con qué frecuencia usted ha realizado las siguientes actividades en el manejo de las finanzas familiares en el último año: paga todas sus facturas a tiempo”, con una escala Likert desde 1 (nunca) hasta 5 (siempre). En el estudio de estos autores se obtuvo un α de .82, y en este estudio, α =.80 y w McDonald’s = .81. En el análisis factorial del presente estudio (AFE) se obtuvo un KMO = .85, que da cuenta de la bondad de ajuste del modelo, y la prueba de esfericidad de Bartlett fue de χ2(105) = 3000.15; p = .000. Las preguntas de esta escala dieron cuenta del 40.39 % de la varianza total explicada y se encontraron dos factores. El primer factor se denominó ahorro y manejo del dinero y explicó el 28.49 % de la varianza (α = .79) y el factor uso de seguros dio cuenta del 11.90 % de la varianza (α = .76). Se retiraron las preguntas: “Compara precios en diferentes lugares al comprar un producto o servicio”, “Ha llegado el límite del cupo de una o más tarjetas de crédito” y “Realiza sólo los pagos mínimos en un préstamo”, debido a su bajo peso factorial.

Procedimiento

Los participantes se contactaron a través de la estrategia bola de nieve (Espinoza et al., 2018). Su participación fue voluntaria y se buscaron en los lugares de trabajo de los investigadores en empresas privadas, comunidades escolares y congregaciones religiosas, con el fin de obtener una amplia variedad de la muestra. En cuanto a las consideraciones éticas, a los participantes se les informó el objetivo del estudio y a su vez ellos dieron su consentimiento de participar, se les explicó que la información obtenida sería anónima, de uso confidencial y que los datos únicamente serían usados para responder a los objetivos de la investigación. Este estudio fue aprobado por el Comité de ética de la institución que avaló esta investigación y consideró tener un bajo riesgo de trabajo con personas. Entre los criterios de inclusión, los participantes debían ser personas de Colombia y de México, con una unión marital, hombres y mujeres que no necesariamente debían participar como diada sino de manera personal, con al menos tres años de unión marital, unidos mediante cualquier tipo de vínculo, (religioso, civil, unión de hecho). Entre los criterios de exclusión, estaban no ser colombianos o mexicanos y no contar con una relación marital actual o menor de tres años.

Las preguntas se cargaron en una plataforma de MS-Forms, con el fin de que los participantes contestaran en línea. Para tener seguridad del lenguaje y la visualización de las preguntas se realizó una prueba piloto con 15 personas de Colombia y México.

Análisis de datos

Los análisis se realizaron con el paquete estadístico SPSS, versión 28. En primera instancia, se llevó a cabo el análisis factorial y se evaluó la consistencia interna de los instrumentos. Con el fin de determinar si la educación premarital, la educación marital desde la familia, el compromiso religioso, el manejo del conflicto y el manejo de las finanzas se asociaban con la estabilidad marital, se llevó a cabo un análisis de correlación de Spearman entre las variables, con un nivel de significación menor o igual a .05. Posteriormente, con el fin de conocer la explicación de la estabilidad se realizó un análisis de regresión lineal múltiple en el cual se incluyeron las variables que correlacionaron de manera significativa con la estabilidad marital. Se llevaron a cabo análisis multivariados de varianza (MANOVAS) con el propósito de estimar las diferencias entre las medias del género y la edad de los participantes, mediante la comparación conjunta de las variables dependientes observadas, incluida la estabilidad marital. Asimismo, se realizó un análisis del efecto de interacción entre estos dos factores, pero no resultó significativo. Estas pruebas estadísticas se aplicaron con el fin de lograr un alcance explicativo de la estabilidad marital y contribuir a la consolidación de la teoría sobre este constructo, asimismo, un alcance descriptivo con el fin de conocer las diferencias por género y por país en cada una de las variables. El nivel de significación que se contempló en el estudio fue menor o igual a .05.

Resultados

Con el fin de identificar las distribuciones y determinar el estadístico a realizar en las correlaciones, se llevaron a cabo las pruebas de normalidad Kolmogorov-Smirnov, dado el tamaño amplio de la muestra (n > 50). Los análisis muestran valores inferiores a .05, que indican distribuciones no normales, y llevan a seleccionar los coeficientes de correlación de Spearman.

Correlación entre las variables del estudio y la estabilidad marital según el género

En cuanto al análisis según el género de los participantes, todas las variables incluidas en el modelo se asociaron positivamente con la estabilidad marital, excepto las actitudes desfavorables hacia el matrimonio, la búsqueda del conflicto y el manejo evitativo del conflicto que correlacionaron de manera negativa, tanto en hombres como en mujeres (ver Tabla 2).

Tabla 2.
Correlación entre las variables del estudio y la estabilidad marital según el género
VariableEstabilidad marital
HombresMujeres
Utilidad cursos premaritales.14*.24**
Educación premarital desde la familia
Actitudes favorables.17**.11*
Actitudes desfavorables-.27**-.09*
Compromiso religioso.20**.1*
Búsqueda del conflicto-.44**-.36**
Manejo positivo del conflicto.34**.38**
Manejo evitativo del conflicto-.48**-.39**
Ahorro y manejo del dinero.17**.22**
Finanzas uso de seguros.15**.12**
*p ≤ .05; **p ≤ .01; *** p ≤ .001

La estabilidad marital y el género

Con el fin de analizar esta hipótesis de investigación y para conocer las posibles causas de la variación de la estabilidad marital, se utilizó un análisis de regresión múltiple. Se incluyeron todas las variables contempladas en este estudio debido a que todas correlacionaron con la estabilidad. En el caso de los hombres, las variables incluidas en el modelo de regresión explicaron un 32 % de la varianza de la estabilidad marital (R2 = .32; F(9,308) = 15.62; p < .001), la variable que más pesó en la explicación de la estabilidad marital de manera negativa fue el manejo evitativo del conflicto, seguido de la búsqueda del conflicto y de manera positiva el compromiso religioso. En el caso de las mujeres, las variables contempladas en el modelo de regresión explicaron un 27 % la estabilidad del matrimonio (R2 = .27; F(9,475) = 18.51; p < .001), las variables que más aportaron significativamente fueron los tres estilos de resolución de conflictos con un peso muy similar (el más alto fue el evitativo), la utilidad de los cursos premaritales y el compromiso religioso, estos dos últimos positivamente (ver gráfica 1).

Explicación de la estabilidad marital según el género
Gráfica 1.
Explicación de la estabilidad marital según el género

*p ≤ .05; **p ≤ .01; *** p ≤ .001

Correlación entre estabilidad marital y país de residencia

En cuanto al país de residencia de los participantes, y a partir de los análisis de correlación de Spearman, todas las variables incluidas en este modelo se asociaron positivamente, excepto la búsqueda del conflicto, el manejo evitativo del conflicto y las actitudes desfavorables hacia el matrimonio que correlacionaron de manera negativa con la estabilidad marital, tanto en Colombia como en México (ver Tabla 3).

Tabla 3.
Correlaciones entre las variables del estudio y la estabilidad marital, por país
VariableEstabilidad Marital
ColombiaMéxico
Utilidad curso premarital.21**.17**
Educación premarital desde la familia
Actitudes favorables.10*.26**
Actitudes desfavorables-.09*-.32**
Compromiso religioso.12**.15*
Búsqueda del conflicto-.30**-.57**
Manejo evitativo del conflicto-.37**-.52**
Manejo positivo del conflicto.30**.49**
Ahorro y manejo del dinero.23**.15*
Finanzas uso de seguros.14**.15*
*p ≤ .05; **p ≤ .01; *** p ≤ .001

La estabilidad marital por país

Con el fin de explicar la estabilidad marital, se llevó a cabo un análisis de regresión lineal múltiple, se incluyeron las variables que correlacionaron significativamente con la estabilidad marital, tanto en Colombia como en México. En el caso de Colombia, las variables incluidas en el modelo de regresión explicaron un 22 % de la varianza de la estabilidad marital (R2 = .22; F(9,547) = 17.07; p < .001). Los tres estilos de resolución de conflictos aportaron de manera significativa: el manejo evitativo y la búsqueda del conflicto aportaron negativamente y el estilo positivo de resolución de conflictos aportó positivamente. Asimismo, la utilidad de los cursos prematrimoniales y el compromiso religioso hicieron un aporte positivo y significativo. En el caso de México, las variables contempladas en el modelo de regresión lineal explicaron un 43 % la estabilidad del matrimonio (R2 = .43; F(9,216) = 18.12; p < .001), los tres estilos de resolución de conflictos aportaron de manera negativa y significativa y la búsqueda del conflicto fue el que más aportó a la explicación de la estabilidad marital (ver gráfica 2).

Explicación de la estabilidad marital según el país
Gráfica 2.
Explicación de la estabilidad marital según el país

*p ≤ .05; **p ≤ .01; *** p ≤ .001

Análisis de diferencias por género

Con el fin de responder a esta hipótesis, se llevaron análisis multivariados de varianza (MANOVAS) y no se encontraron diferencias significativas en las variables incluidas en este modelo de análisis de acuerdo con el género (T2 de Hotelling = .017; F(1,781) = 1.30; p = .22; η² = .017). No obstante, al analizar el ANOVA de la evitación del conflicto se encontró que los hombres tienden a evitar más el conflicto que las mujeres (ver Tabla 4).

Tabla 4.
Diferencias significativas de acuerdo con el género
VariableF(1,781)pMη²
HombresMujeres
Utilidad de los cursos premaritales.63.432.512.62.001
Educación premarital desde la familia Actitudes favorables.00.983.493.49.000
Actitudes desfavorables.08.773.823.84.000
Compromiso religioso.39.532.993.03.000
Búsqueda del conflicto.49.481.962.00.001
Manejo evitativo del conflicto4.24.042.252.15.005
Manejo positivo del conflicto.43.513.903.94.001
Finanzas uso de seguros.10.753.163.19.000
Estabilidad marital.88.35.52.56.001

Análisis de diferencias por edad

Con el fin de llevar a cabo este análisis, los participantes se organizaron en dos grupos etarios; uno, entre 24 y 41 años, y otro, de 42 años en adelante. Se encontró que hubo diferencias significativas en las variables incluidas en este modelo de análisis de acuerdo con la edad (T2 de Hotelling = .34; F(1,781) = 2.63; p = .04; η² = .033). Al analizar los ANOVAS (F(1,781) = 5.35; p = .02), los participantes mayores de 42 años presentaron mayor compromiso religioso (M = 3.09) que los de 24 a 41 años (M = 2.90).

Discusión y conclusiones

Este estudio logró responder a las hipótesis planteadas. En cuanto a los análisis de acuerdo con el género y el país, se encontró que en hombres y mujeres -y tanto en Colombia como en México- las variables contempladas en esta investigación se consolidaron como un modelo que explica significativamente la estabilidad de los matrimonios.

En cuanto a los estilos de resolución de conflictos, la evitación fue la variable que más pesó en la explicación de la estabilidad de los hombres y en las mujeres, así como para los colombianos. Para los mexicanos, aunque el estilo que más aportó a la explicación fue la búsqueda del conflicto, el estilo evitativo obtuvo el segundo peso más alto. Según Urbano-Contreras et al. (2021), más allá́ de la frecuencia o intensidad de los conflictos, es importante la forma en que son abordados y resueltos -tanto en hombres como en mujeres- pues, si se superan de forma positiva, se constituyen en oportunidades de desarrollo como pareja. Además, es necesaria una forma asertiva de comunicarse, que contribuya a aceptar las diferencias, aumentar la satisfacción con la relación y, por consiguiente, la estabilidad. Este resultado tiene implicaciones relevantes en la educación premarital que reciben los hombres y las mujeres, en la familia y en los programas de intervención con matrimonios, en cuanto a las relaciones maritales se refiere. Es importante que los hombres asuman y enfrenten los conflictos de manera positiva y no los eviten, así como es menester que ellas entiendan la manera de funcionar de los hombres en un conflicto. Por su parte, ellos podrán comprender que ellas prefieren estilos positivos y pacíficos de resolver los conflictos. Esto llevaría a optimizar la comunicación entre los cónyuges y establecer una relación más asertiva entre hombres y mujeres, que lleve a aumentar el nivel de estabilidad.

En este estudio el manejo de las finanzas fue un factor que no pesó significativamente en la explicación de estabilidad marital ni en el modelo de regresión lineal múltiple que se llevó a cabo con los hombres, ni en el de las mujeres, ni en Colombia ni en México. Este resultado contrasta con lo que expone Cerbasi (2004), quien explica que el manejo de las finanzas es un factor relevante para la vida en pareja, debe fomentarse un trabajo en equipo en el manejo de las finanzas para que la relación perdure y sea estable. Es posible que para los participantes de este estudio el manejo de las finanzas fuera un factor que se asocia con la estabilidad marital; de hecho, se puede observar en las correlaciones según el género y según el país. No obstante, al diseñar el modelo de regresión y la inclusión conjunta de todas las variables, otros factores -como los estilos de resolución de conflictos- juegan un papel más relevante en la explicación de la estabilidad de los matrimonios.

En cuanto al compromiso religioso, este estudio confirmó lo encontrado por diversos autores, como Karimi et al. (2019), Ahmadi et al. (2008) y Curtis y Ellison (2002), quienes afirman que las personas con mayor compromiso religioso presentan mayores niveles de estabilidad en sus relaciones. En el presente estudio tuvo un peso relevante para los hombres, las mujeres y los participantes colombianos en general, y no para los mexicanos. Esto coincide con la literatura en cuanto a que los matrimonios que ejercen prácticas religiosas tienden a ser más estables (Dilmaghani, 2018). En cuanto a la edad, los mayores tienden a presentar mayor compromiso religioso que los jóvenes. Si bien esta tendencia parece generalizada, no es universal; en varios países no hay diferencia estadísticamente significativa entre estos dos grupos. Sin embargo, cuando se presentan estas diferencias, los adultos más jóvenes son menos religiosos que los mayores (Jia et al., 2021); no obstante, estos autores sugieren que si los jóvenes presentan identidad religiosa se podría evitar la disminución del compromiso religioso en edades posteriores.

En cuanto a la utilidad de los cursos de educación premarital, sobre todo en el caso de las mujeres y en Colombia, esta fue una variable que no obtuvo mayor peso en la explicación de la estabilidad marital, debido a que fueron los estilos de resolución de conflictos, pero sí obtuvo un peso significativo. Este resultado es relevante en la medida que se deben diseñar programas de intervención y estrategias de formación con los matrimonios, con el fin de aportar a la estabilidad de las familias y de la sociedad en general. Algunos estudios muestran que entre los retos de la educación premarital para el siglo XXI, se encuentra que las actitudes de los adultos jóvenes hacia el matrimonio puedan cambiar significativamente en las últimas décadas, y darle relevancia al matrimonio y a su estabilidad (Daugherty y Copen, 2016). Según Clyde et al. (2019) algunos jóvenes muestran actitudes ambivalentes y poco favorables hacia el matrimonio y su significado, aunque todavía lo valoran y aspiran a casarse. Por este motivo, los planes de estudios de educación premarital pueden necesitar una actualización para el siglo XXI, para hacer frente a los cambios en los patrones de formación de relaciones y los cambios sociales, sobre todo en lo relacionado a fomentar estilos de resolución de conflictos positivos y constructivos entre los cónyuges que optan por el matrimonio (Clyde et al., 2020). Estos autores explican que hoy más que nunca es importante trabajar en políticas públicas que promuevan el desarrollo de habilidades para asumir y vivir armoniosamente en una relación matrimonial dirigidas hacia las nuevas generaciones, pues identifican situaciones culturales y sociales que menoscaban las probabilidades de éxito de las uniones matrimoniales (Clyde et al., 2020; Cumsille et al., 2015). A pesar de ser un estudio realizado con base en las tendencias de Estados Unidos, sus hallazgos se contextualizan en muchos países occidentales. De esta manera, este estudio da luces a las instituciones que diseñan los contenidos de los cursos premaritales y la transmisión de actitudes hacia el matrimonio en la familia y en otros contextos informales, sobre la importancia de considerar diversos temas, tales como los diversos estilos de resolución de conflictos, el manejo adecuado de las finanzas, o las actitudes favorables y desfavorables hacia el matrimonio.

Si bien todas las variables analizadas en este estudio correlacionaron con la estabilidad marital, es relevante anotar las diferencias arrojadas en los países al diseñar estudios tendientes a analizar la estabilidad marital; estas deben ser ajustadas a la realidad cultural y social de cada país; por tanto, es importante realizar estudios similares en otros contextos latinoamericanos. Lo anterior va en línea con Barton et al. (2014), quienes mencionan que el ideal de intervenciones es la estandarización en la implementación, un enfoque único puede carecer de sensibilidad y de impacto, dadas las diferencias en las dinámicas de pareja y su realidad social y económica. Asimismo, se sugiere profundizar cualitativamente en la fuente de las diferencias encontradas, debido a que una de las limitaciones del estudio se centró en el uso de instrumentos cuantitativos que no permiten conocer las narrativas asociadas a estas variables.

Los resultados de este estudio contribuyen al fortalecimiento de la teoría y la investigación acerca de la explicación de la estabilidad marital. Asimismo, generan una reflexión acerca de que la preparación para el matrimonio no debe darse solamente como requisito para consolidar la unión en el momento de la boda, sino desde edades tempranas, y a lo largo de toda la vida, desde el contexto familiar y social, de manera formal e informal. En este orden de ideas, y con el fin de consolidar relaciones sanas y estables que contribuyan al bienestar de los cónyuges, como lo expone el Objetivo de Desarrollo Sostenible # 3, esta preparación se debe basar, entre otros aspectos, en la manera de resolver los conflictos, hacer buen uso de las finanzas, en fomentar habilidades y actitudes favorables hacia el matrimonio, así como el compromiso religioso, que pueden contribuir al bienestar individual y de pareja.

En Colombia y en México, el conflicto en distintos escenarios sociales -entre ellos la familia- ha sido afectado por las desigualdades sociales y económicas, la violencia social y política, la lucha por el poder en las relaciones familiares, sociales y políticas, factores que han generado distintas dinámicas sociales que aun hoy se mantienen, y las relaciones de pareja no se escapan de la influencia de estas realidades. Por eso, es necesario abrir un nuevo capítulo de diferentes estilos de resolución de conflictos, que desemboquen en procesos de paz en las relaciones maritales y en otras formas de relación, en estos países.

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