Articulo Original

Arqueología Pública en la quebrada de La Cueva (Humahuaca, Jujuy): 12 años de vínculo entre escuelas de comunidades originarias y arqueología

Public Archaeology in La Cueva Gorge (Humahuaca, Jujuy): 12 years of connection between schools of native communities and archaeology

Paola Silvia Ramundo
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) / Instituto de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), Argentina

Arqueología Pública en la quebrada de La Cueva (Humahuaca, Jujuy): 12 años de vínculo entre escuelas de comunidades originarias y arqueología

Cuadernos de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Jujuy, vol. 64, pp. 169-196, 2023

Universidad Nacional de Jujuy

Revista Cuadernos FHyCS-UNJu por Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Jujuy se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional. Basada en una obra en http://revista.fhycs.unju.edu.ar/revistacuadernos

Recepción: 01 Mayo 2023

Aprobación: 10 Octubre 2023

Resumen: El texto se propone como objetivo presentar un análisis crítico-reflexivo sobre más de 12 años de trabajo en el campo de la Arqueología Pública, realizado en las tres instituciones educativas de la quebrada de La Cueva, dentro del departamento de Humahuaca, en la provincia de Jujuy (escuelas N° 116 “Comandante Pastor” de la localidad de La Cueva/El Chorro, N° 47 de la comunidad de Pueblo Viejo y, finalmente, la N° 370 en la localidad de Casillas). Se explican detalladamente todas las herramientas metodológicas implementadas, como las visitas a sitios arqueológicos, los talleres didácticos, la elaboración de posters, maquetas, documentales, folletos y un libro. Entendemos que este trabajo puede ser de consulta o comparación para otros colegas, que permitirá apreciar las dificultades de la tarea, la seriedad y el respeto con la que debe ser realizada, así como también que interpelará sobre lo que se cree o idealiza respecto a cómo debe hacerse Arqueología Pública en contextos educativos. El texto muestra cómo las actividades realizadas redundaron en beneficio de todos los actores sociales involucrados con el patrimonio de la quebrada: comunidades educativas dentro de pueblos originarios y arqueólogos. También pone de manifiesto las motivaciones que llevaron a algunas comunidades a desarrollar estrategias y capacidades para reclamar su patrimonio arqueológico y acceder al conocimiento que sobre él se gesta de acuerdo a sus intereses, mientras los arqueólogos desarrollamos la habilidad de redefinir nuestro rol como científicos sociales.

Palabras clave: Arqueología Pública, quebrada de La Cueva, escuelas rurales.

Abstract: The objective of this article is to present a critical and reflective analysis of over 12 years of work in the field of Public Archaeology at the La Cueva Gorge schools in the department of Humahuaca, Jujuy province (schools N° 116 “Comandante Pastor” in La Cueva/El Chorro, N° 47 in the community of Pueblo Viejo and, finally, N° 370 in Casillas). The text outlines the various methodological tools implemented, including visits to archaeological sites, educational workshops, production of posters, models, documentaries, brochures, and a book. We hope that this work will serve as a useful reference for colleagues and allow them to appreciate the difficulties, seriousness, and respect with which Public Archaeology should be carried out in educational contexts. Additionally, the article demonstrates how these activities benefited all social actors involved in the heritage of the gorge, including educational communities within native peoples and archaeologists. Furthermore, the paper reveals the motivations that led some communities to develop strategies and capacities to reclaim their archaeological heritage and access the knowledge that is generated about it according to their interests. This work also highlights how archaeologists have developed the ability to redefine their role as social scientists.

Keywords: rural schools, La Cueva gorge, Public Archaeology.

Introducción

Arqueología Pública, Dimensión Pública de la Arqueología, Comunicación Pública de la Ciencia, Transferencia, Divulgación Científica, Extensión, Ciencia Abierta, entre otros, son términos o expresiones que muchas veces se usan como sinónimos de una actividad que implica la relación e interacción entre científicos (en este caso particular, arqueólogos), y el público. Pero no todos los términos son necesariamente intercambiables, y mucho menos, implican idénticas acciones, ni están dirigidos a los mismos públicos.

Arqueología Pública es un “concepto que identifica un amplio espectro de prácticas y temas de investigación referidos a las implicancias de la arqueología en el presente” (Salerno, et al., 2016, 398), y además el concepto o noción de “lo público” en el campo de la arqueología es diverso (Salerno, et al., 2016).

En el presente artículo apuntamos a una parte específica de la Arqueología Pública, aquella que se orienta al trabajo en y con establecimientos de educación formal. Pero no hablamos de todos los establecimientos, sino solo de aquellos que se encuentran en el territorio donde realizamos nuestra labor arqueológica (la quebrada de La Cueva, en la provincia de Jujuy), dedicados a la enseñanza inicial y primaria. Instituciones educativas rurales multigrado, insertas en comunidades originarias de nuestro país. Se trataría de aquello que muchos denominan una práctica situada de la divulgación científica (Pey et al., 2022).

Nos referimos a una Arqueología Pública desarrollada en instituciones educativas de nivel inicial y primario, que no consiste solamente en dar «charlas»1, sino que involucra una multiplicidad de acciones donde el arqueólogo trabaja con, para y por la comunidad con la que interactúa. Donde el conocimiento generado no surge unidireccionalmente desde la academia hacia la comunidad educativa, sino que se gesta de común acuerdo entre todos actores sociales involucrados con el patrimonio cultural o “se valoran distintos tipos de conocimiento, se los conjuga y se los hace dialogar” (Pey et al., 2022, 3) y donde ninguna voz es más importante o valiosa que otra, por lo cual, los resultados deben estar consensuados, pensados conjuntamente, cumplir con las expectativas de todas las partes, y respetar los valores, sentires, intereses y prioridades de cada protagonista involucrado. Como han expresado Rúa y Salerno, esto se parece más a la categoría de comunidad de práctica, donde “los miembros de estas comunidades participan en actividades y debates conjuntos, se ayudan mutuamente y comparten información construyendo relaciones que les permiten aprender unos de otros… comparten recursos y recorridos con los que legitiman la construcción de los problemas de estudio y las herramientas para su abordaje” (Rúa y Salerno, 2021, 11).

Dicho de otro modo, deseamos “trascender el espacio académico para dialogar con la comunidad valorando los diversos puntos de vista y respetando las distintas visiones de mundo, destacando a su vez los espacios para reflexionar y elegir” (Montenegro, 2014, 31-32). Al mismo tiempo se “busca estimular la apropiación social del conocimiento científico y contribuir a desandar estereotipos, convirtiéndose en un espacio de encuentro y discusión” (Pey et al., 2022, 3).

A lo largo y ancho de nuestro país, múltiples equipos de investigación realizan trabajos de Arqueología Pública (como aclaran Salerno et al. [2016]), dirigido a diferentes públicos: establecimientos educativos de todos los niveles, medios masivos de comunicación, museos, comunidades originarias, etc. Muchos lo realizaron y realizan a nivel local (dentro de su propia área de estudio), otros a nivel municipal, regional e incluso existen grupos que lo hicieron y hacen a escala provincial. No es el objetivo efectuar un análisis de lo que hicieron todos los colegas de Argentina a través del tiempo, porque excede los límites del trabajo (dado que “en las propuestas de intervenciones en el espacio público los ámbitos escolares son uno de los escenarios privilegiados en todas las regiones del país” [Salerno et al., 2016, 405]), pero sí nos interesa destacar, a modo de ejemplo y sin la intención de excluir a nadie, algunos casos que en la provincia de Jujuy trabajaron en el ámbito de la educación formal, a través de publicaciones específicas.

González y Albeck (2013) es un texto que muestra los acontecimientos que tuvieron lugar antes de la llegada de los incas y los españoles en la Quebrada de Humahuaca. Y, como dice su prólogo, se busca “narrar la historia de los antiguos runas, con el deseo de que ella llegue a todos los jóvenes runas que transitan por las aulas quebradeñas” (González y Albeck, 2013, 3). Entre sus objetivos se destaca: distinguir e integrar épocas en una periodización que comprenda los períodos clásicos de la enseñanza de la historia con los propuestos en la arqueología e historia de la región; centrar el estudio en el espacio más cercano y desde ese lugar mirar al resto del mundo; reconocer el proceso autónomo de los pueblos quebradeños hasta la llegada de incas y españoles, comprender la situación sociocultural y económica actual desde la perspectiva que da la historia; y finalmente, dimensionar desde el largo proceso histórico que se ha vivido la capacidad de nuestro pueblo para asimilar los cambios sin perder sus raíces más profundas (González y Albeck, 2013).

Otra publicación realizada por investigadores jujeños es el de libro de Ortiz y Elbirt (2022), el cual no detallaremos -a pesar de ser una obra de inmenso valor- porque está dedicada a un público diferente (nivel medio o educación secundaria) al que nos dirigimos en este trabajo.

Nuevamente en el campo de la educación primaria, destacamos la labor de Montenegro, quien apeló a distintas experiencias educativas. Por ejemplo, realizó diagnósticos múltiples en contextos escolares sobre qué es el patrimonio y la arqueología (Montenegro, 2010; Montenegro et al., 2011). A lo que sumamos la elaboración de un material didáctico digital para trabajar contenidos sobre el pasado prehispánico en el contexto áulico, que buscó integrar conocimientos ancestrales y científicos, más diversas tecnologías de la información y la comunicación (Montenegro, 2014). También queremos mencionar el texto de Montenegro y Aparicio (2012), donde se analizaron las representaciones de los niños de instituciones educativas primarias, se trabajó en talleres áulicos, compartiendo preguntas y reflexiones acerca de la arqueología y los antiguos habitantes de la provincia de Jujuy, así como también realizaron una visita de estudios al Pukara de Tilcara, con alumnos y docentes de nivel inicial. En Montenegro (2012), la investigadora accedió a las prácticas discursivas de los actores involucrados (alumnos de nivel primario), a través de la observación participante, la realización de entrevistas, el uso de técnicas de expresión grafo-plástica y cuestionarios de opinión. A estas experiencias sumamos los aportes de otros colegas que recientemente desarrollaron actividades de esta naturaleza en su zona de estudio jujeña (Pey et al., 2022).

Teóricamente partimos, desde siempre (Ramundo, 2013a, 2015a y b, 2016a, 2019a, 2022a), del concepto teórico de multivocalidad, sin desconocer que su uso “es una cuestión compleja” (Gnecco, 2002, 18). De todos modos, lo hemos utilizado y lo seguimos usando desde una perspectiva intercultural crítica. Y también, porque entendemos que dicho concepto “permite que sectores, otrora marginados, puedan efectuar interpretaciones acerca del pasado en sus propios términos a fin de construir significados diferentes a los modelos dominantes… recuperando el valor de la pluralidad de perspectivas acerca del pasado, a fin de lograr una práctica arqueológica más ética y comprometida con la comunidad” (Montenegro, 2014, 32).

Quisimos, queremos y siempre deseamos que los diferentes actores escolares y, en el caso que nos ocupa, particularmente, los miembros de comunidades originarias, puedan ser parte de la construcción de discursos sobre el pasado de manera más ecuánime, y que las actividades realizadas resulten significativas para todos.

Por lo tanto, el presente texto se propone como objetivo general realizar un análisis crítico-reflexivo sobre los 12 años de trabajo en el campo de la Arqueología Pública que desarrollamos en la quebrada de La Cueva, ubicada en el departamento de Humahuaca, dentro de la provincia de Jujuy. Pretendemos que el artículo sea un aporte para quienes se inician en esta especialidad de nuestra disciplina, dentro de sus respectivos sectores de estudio, al destacar las múltiples actividades que dicha tarea implica, la seriedad y el respeto con la que debe ser realizada, así como los alcances y limitaciones que conlleva.

Simultáneamente, deseamos que sea un material comparativo para los colegas que desde hace tiempo se dedican a esta labor en diferentes áreas del país y en el exterior, más allá de las diferencias socio-contextuales y geográficas. También nos proponemos interpelar al lector sobre lo que comúnmente se cree o idealiza respecto a qué debe hacerse en Arqueología Pública dentro de contexto educativos, y lo que la realidad nos revela. Finalmente, anhelamos que, a través de este texto, se reconozca “el complejo proceso creativo que tiene lugar en las instituciones escolares” (Salerno, et al., 2016, 405), para superar su caracterización “como ámbitos de reproducción y transmisión uniforme” (Salerno, et al., 2016, 405).

La quebrada de La Cueva y su panorama educativo

La quebrada de La Cueva se localiza en el sector norte de la Quebrada de Humahuaca (Figura 1). Recorre en dirección general norte-sur unos 46 km desde los 4500 m.s.n.m. en sus nacientes hasta los 3300 m.s.n.m. en su confluencia con el Río Grande. Este espacio incluye varios sitios arqueológicos prehispánicos y post-hispánicos como pukaras, pueblos viejos, abrigos con arte rupestre, postas coloniales, sitios de superficie, entre otros, y actualmente la habitan cuatro comunidades originarias. En un eje norte-sur encontramos a la Comunidad Aborigen de Casillas –con la localidad del mismo nombre–, la Comunidad Aborigen de Pueblo Viejo –con su pueblo homónimo–, la Comunidad Aborigen de La Cueva/El Chorro (cuyos poblados son La Cueva y el Chorro) y a la Comunidad de Negra Muerta. Las tres primeras se sitúan estrictamente en nuestra área de estudio, mientras que la cuarta también ocupa parte de la Quebrada de Chaupi Rodeo, zona geográfica atendida por otro equipo de investigación.

Cada una de las tres comunidades con quienes interactuamos tiene su respectiva institución educativa de nivel inicial y primario multigrado, y son los establecimientos con los que trabajamos desde el año 2010. La institución N° 116 “Comandante Pastor” de La Cueva/El Chorro, la N° 47 de Pueblo Viejo y, finalmente, la N° 370 de Casillas (Figura 1).

Figura 1.
Figura 1.
Figura 1.

Mapa de la quebrada de La Cueva con las tres instituciones educativas y sus sitios arqueológicos. Elaboración de la autora

Elaboración de la autora.

A las instituciones educativas asisten alumnos desde los cuatro a los 12 años, y la cantidad de docentes varía, dependiendo del número de alumnos. En ellas trabajamos con sus directivos (se trata en todos los casos de directoras mujeres), sus docentes de nivel inicial y primario, así como profesores especiales de plástica, agronomía, música y educación física. Al mismo tiempo, interactuamos con el personal administrativo, como porteros, cocineros y asistentes.

La relación con las tres instituciones educativas no fue igual a través del tiempo y, consecuentemente, no realizamos las mismas tareas con cada una de ellas, aunque algunas se reiteraron para reafirmar ideas que consideramos imprescindibles para todos los niños de la quebrada.

Ediliciamente los establecimientos también son diferentes. La institución de Pueblo Viejo es la más grande, si consideramos que cuenta con un aula especial para el nivel inicial y dos aulas más para los cursos de primaria, un sector de juegos, la dirección, una cocina, baños acondicionados para los pequeños y otros para los docentes, y un gran salón cerrado donde se realizan actos escolares, más la alimentación (desayunos y almuerzos) de alumnos y docentes. Luego encontramos la institución educativa de La Cueva/El Chorro, que dispone de dos aulas, un espacio para la dirección, una cocina, baños para alumnos y docentes, y un salón cerrado para actos escolares, que también funciona como comedor. Finalmente, la institución educativa más pequeña y con menor infraestructura edilicia, es la N° 370 de Casillas, con dos aulas, una cocina, un comedor pequeño para alumnos y docentes (que a veces se utiliza para actos, aunque también se suelen realizar dichas actividades al aire libre o en el salón comunitario de la Comunidad Aborigen, ubicado junto a la escuela), y dos baños que usan indistintamente alumnos y docentes.

Un poco de historia: ¿Por qué comenzamos a realizar Arqueología Pública en la quebrada de La Cueva?

Corría el año 2009 cuando se inició la dirección de las investigaciones del sector (dado que hasta ese momento se había colaborado en los estudios dirigidos por Basílico), y de camino hacia el Pukara de La Cueva, el conductor de la camioneta (que nos trasladó por años en cada trabajo de campo desde Humahuaca hasta los sitios de la quebrada), indicó que una mujer se encontraba junto al camino vecinal (de tierra y aplanado de vez en cuando por la municipalidad de Hipólito Yrigoyen), porque se la había roto su bicicleta, motivo por el cual iba a pie junto con su vehículo. Aclaró que se trataba de la directora de la institución educativa N° 116, la Sra. Guanuco, y consultó si la podíamos auxiliar alcanzándola. Al aceptar, de inmediato Guanuco agradeció y nos presentamos mutuamente. Le explicamos que éramos los arqueólogos que trabajábamos en la quebrada, y que este era el primer año que, quien escribe, estaba a cargo de la dirección del equipo. Saber esto la entusiasmó y comenzó a preguntar sobre nuestros estudios. Fue sencillo determinar que los conocimientos que tenía respecto a nuestra disciplina eran escasos, y se le consultó si tenían un libro o información sobre qué hacía la arqueología o sobre la arqueología de Argentina en general o de Jujuy en particular, a lo que respondió que no disponía de dichos datos2. La conversación continuó al agregar que ella cuando inicia cada mes del año, les consulta a los alumnos qué hechos importantes suceden durante ese lapso. Por ejemplo, al comenzar mayo los niños le respondían que se conmemoraba la Revolución de Mayo, en el mes de julio se celebraba el Día de la Independencia, pero lo sorprendente fue cuando comentó que al preguntarles ¿qué hecho importante se produce en septiembre?, a coro, todos los niños, le respondían “Vienen los arqueólogos”. Frente a este relato, la docente que escribe este trabajo (por profesión y vocación desde los 13 años), y la científica social que desde 1995 trabaja en Jujuy, se movilizó al percibir el impacto que generaba nuestra labor, y en ese momento nos comprometimos a que la relación entre institución educativa y arqueólogos cambiaría rotundamente.

En primer lugar, acordamos que iríamos al establecimiento para que nos conocieran y supieran cómo trabajábamos, pero también nos comprometimos a elaborar un plan integral de comunicación pública de la ciencia para los alumnos, docentes y miembros de la comunidad. Como podremos apreciar a lo largo de este escrito, múltiples actividades que realizamos revirtieron la situación inicial de desconocimiento, y la Arqueología Pública se transformó en un eje central de nuestras investigaciones.

Este proceso se realizó a lo largo de varios años. Dado que, en la institución Comandante Pastor N° 116 de La Cueva/El Chorro, iniciamos nuestra tarea en el año 2010 y continuamos durante 2011, 2012, 2013, 2014 (año en el que nos alojamos en la escuela), 2015, 2016, 2017 y 2018. Con la N° 47 de Pueblo Viejo, realizamos actividades en el 2011, 2016 y 2017 (cuando no alojamos en el establecimiento). Finalmente, en la N° 370 de Casillas realizamos nuestra primera actividad en el año 2011. Retomamos el vínculo en el 2016, y en el 2017 y 2018 regresamos, pero ya pudiéndonos alojar en la institución educativa. Mientras en 2019 y 2022, continuamos nuestras actividades (solo interrumpidas por la pandemia de COVID en 2020 y 2021), pero alojados en el salón comunitario, que se encuentra junto al establecimiento.

Materiales y métodos

El diseño metodológico se plantea, en primer lugar, de forma coherente con el marco teórico enunciado en la Introducción. Es decir, desde una perspectiva multivocal, donde cada uno de los métodos implementados para los distintos tipos de actividades que se detallarán de forma minuciosa y descriptiva en el acápite de Resultados, tengan en consideración las voces de los diferentes actores involucrados (miembros de comunidades originarias, del ámbito educativo y arqueólogos). Entendemos que de este modo, todos pueden ser parte de la construcción de discursos sobre el pasado de una manera más ecuánime, y que dichas actividades resultan significativas.

De igual modo, los materiales que se utilizaron para cada actividad (visitas a sitios arqueológicos, talleres didácticos, elaboración de posters, maquetas, documentales, folletos y un libro), su procedencia y especificaciones técnicas, se explican en la siguiente sección de Resultados, al describir cada tarea realizada. De todas formas, es importante mencionar que transversalmente, cada una de las tareas realizadas se hizo bajo una modalidad participativa, donde todas las partes involucradas intervinieron con sus respectivas voces, las cuales fueron respetadas y volcadas en los resultados de las actividades (como por ejemplo, en la cartografía social que se menciona más adelante). De allí que, como mencionamos el enfoque ha sido multivocal; entendiendo por ello a esa instancia superadora de la transmisión de un discurso monolítico. Multivocalidad o “multiculturalidad implica la incorporación de actores sociales al discurso […] a fin de desmitificar el carácter monolítico de la historia” (Brichetti, 2009, 20). Al trabajar desde este punto de vista, consideramos que existen múltiples voces y diferentes intereses, tanto en el pasado como en el presente, y que el arqueólogo no posee más que una visión entre muchas otras. También somos conscientes de que el concepto de “multivocality” ha sido muy discutido. Sin embargo, nosotros lo aplicamos en el sentido de que es necesario escuchar otras opiniones más allá de la académica hacer participar a las comunidades locales o grupos minoritarios, y considerar que la arqueología es solo una forma más de acercarse al pasado entre varias (Ramundo, 2015b).

Aclaramos, además, que las tareas fueron realizadas de acuerdo a los estándares éticos que implican los procedimientos de Consulta Libre Previa e Informada. Dado que nunca hubo de nuestra parte, coerción, intimidación ni manipulación para la realización de las actividades. Porque en cada instancia se obtuvo el consentimiento con suficiente antelación al comienzo de las tareas. Simultáneamente, se ha proporcionado información sobre la naturaleza y alcance de las actividades propuestas, sus objetivos y duración; así como también dichas actividades fueron celebradas de buena fe, mediante un diálogo, dentro de un ámbito de respeto recíproco y una participación plena y equitativa.

Resultados

La Arqueología Pública inició en las instituciones educativas de nivel inicial y primario del sector hace más de 12 años, y a lo largo de este tiempo, las actividades que permitieron el acercamiento entre arqueología y comunidades originarias, implicaron tareas diversas que a continuación puntualizamos.

Talleres didácticos multivocales

Como expresamos, nuestra labor nunca fue brindar “charlas”, sino desarrollar encuentros con alumnos, docentes y administrativos, donde fuimos construyendo conocimientos de forma multivocal, por lo tanto, esta tarea se englobaría dentro de lo que conocemos como talleres didácticos.

Posiblemente, el primer gran desafío para quien escribe y desarrolla esta labor dentro del equipo, fue trabajar con cursos multigrado, donde los alumnos tienen entre cuatro y 12 años. Esto implica una experticia que fue necesario adquirir con tiempo y paciencia, dado que la formación docente que se tienen es para nivel universitario, y necesariamente esto requirió del trabajo conjunto con maestras de nivel inicial y primario, así como con especialistas en comunicación pública de la ciencia para este público.

Cada tema propuesto fue discutido con las docentes de las respectivas instituciones educativas de la quebrada, mediante correos o llamadas telefónicas previas a nuestro arribo, en las cuales se consensuaron los tópicos a tratar y su pertinencia dentro de la currícula escolar. Esto fue de mucha ayuda, porque lo trabajado se ajustó a los intereses de ambas partes.

Así, a lo largo del tiempo, los temas que hemos desarrollado han sido los siguientes:

“Arqueología y Educación en la quebrada de La Cueva, Humahuaca, Jujuy” fue un taller desarrollado con alumnos y docentes de la institución educativa N° 116, durante el mes octubre del 2010 y a solicitud de sus directivos. Allí se trabajó fundamentalmente mediante juegos de memoria, donde primero se hizo un intercambio sobre aquello que alumnos y docentes consideraban respecto a qué es un arqueólogo y cómo trabaja, más lo que nosotros explicamos en base a sus conocimientos previos apoyados con fotos tomadas en trabajos de campo. Luego, las fotografías se mezclaron boca abajo y los alumnos tuvieron que explicar qué significaba la imagen encontrada y posteriormente ordenarla secuencialmente, considerando cada etapa de nuestro trabajo. Las fotos fueron donadas para que los docentes pudieran reforzar contenidos, si lo deseaba, cuando nos estuviéramos en el aula.

El interés que nuestra tarea despertó en las otras instituciones educativas de la quebrada de La Cueva, provocó que al año siguiente, en noviembre del 2011, realizáramos un taller titulado: “Arqueología en la Quebrada de La Cueva: implicaciones de la tarea antropo-arqueológica”, en Pueblo Viejo de La Cueva (situado 8 km al norte de la institución N° 116). La escuela N°47 alojó durante este evento a alumnos del mismo establecimiento junto a otros de Casillas y La Cueva/El Chorro. Llevar a cabo esta actividad no fue sencillo, porque a pesar de desarrollarla en noviembre, ese día nevó en toda la quebrada y, quienes debían trasladar a los niños de la institución educativa N° 116 y la que se encuentra 46 km al norte (la N° 370), no cumplieron con su palabra y jamás pasaron a buscarlos (aclaramos que la nieve no cortó caminos, ni impedía la circulación). Motivo por el cual, de común acuerdo con los docentes y padres, decidimos trasladar en varios viajes a los niños y maestros de ambos establecimientos con la camioneta que alquilaba el equipo. Finalmente, el evento se pudo concretar y se apeló a los conocimientos previos de los niños para introducirlos en la arqueología en general y de la quebrada en particular, usando fotografías y los libros que fueron escritos especialmente para ellos y sus docentes (ver la referencia a dicho libro más abajo). El taller cerró con una muestra de trabajos realizados por los alumnos de la institución N° 116, en sus clases de plástica y actividades prácticas (Figura 2).

Figura 2.
Figura 2.
Figura 2.

Trabajos en distintos soportes realizados por los alumnos de la institución educativa N° 116 (La Cueva/El Chorro) al finalizar el taller multivocal en la institución N° 47 de Pueblo Viejo de La Cueva. Fotos de la autora.

Fotos de la autora.

Durante el año 2012 realizamos un taller sobre “Arqueología en la quebrada de La Cueva”, que incorporó además de alumnos y docentes, a los padres de los estudiantes de la institución N° 116. Esto también se realizó a pedido de las autoridades educativas, porque los padres se mostraron interesados en conocernos, a partir de aquello que sus hijos les habían contado de nuestras presentaciones previas, y porque algunos querían volver a vernos, luego de la visita didáctica al sitio arqueológico más cercano que realizamos en 2011 (ver explicación de esa actividad más adelante). En esta oportunidad, trabajamos con los saberes previos de todos los presentes y con las maquetas didácticas de las que también hablaremos.

Los talleres se desarrollaron también con docentes y administrativos de la institución educativa N° 116, en septiembre del 2015. En esta oportunidad se puntualizó en una capacitación que se brindó con certificado, sobre “Legislación patrimonial nacional y provincial”; donde se presentó un panorama de la actual legislación respecto a la protección del patrimonio nacional y jujeño.

En septiembre del 2017 continuamos con los talleres didácticos en los establecimientos N° 47 y N° 370 sobre el tema “Historia de vida de los objetos”. En este caso, solicitamos a los niños que trajeran de su casa el objeto que ellos quisieran y nos contaran su historia. Es decir, el origen de ese objeto, los materiales con los que fueron confeccionados, el significado que tenían para ellos, cuánto hace que formaban parte de sus vidas, etc. Esta actividad se consensuó previamente, como siempre, con los docentes, y tuvo por objetivo comprender de una manera concreta y cercana a ellos, el valor que los objetos tienen para la arqueología. Algunos alumnos trajeron incluso piezas arqueológicas (aunque nunca solicitamos algo así), que pertenecen a sus familias desde hace años. Luego les presentamos un power point y se explicó la forma en que los arqueólogos reconstruimos la historia de vida de diversos objetos, y entre todos reconstruimos los pasos que implementamos para llevarlo a cabo. Además, ese año, en la institución N° 47, hicimos un taller donde trabajamos juntos la idea del arte, partiendo de los conocimientos preexistentes, al que titulamos “El arte rupestre: generalidades y ejemplos en la quebrada de La Cueva”. Otra actividad del 2017 fue realizada tanto en el establecimiento N° 116 como en el 370. Estos talleres se llamaron “El paisaje que nos rodea y elaboración de un mapa viviente”. En este caso, trabajamos de la siguiente manera, en primer lugar se proyectó un power point que mostró las imágenes satelitales de Google Earth de la casa, el lugar de trabajo y los espacios donde realiza las compras la arqueóloga que dirige el proyecto. De este modo, al arrancar por algo no propio o local, y al darles a conocer las bondades de esta herramienta informática, no resultaba invasivo que también nosotros tuviéramos imágenes de sus propios espacios, sino que una persona, de cualquier parte del mundo, puede disponer de esa información. Luego se les mostró una imagen de la zona donde viven los alumnos de ambas instituciones educativas, para evaluar si reconocían estos espacios. Al hacerlo, comenzamos a marcar juntos en el mapa sus casas, la iglesia local, la escuela, sus puestos de pastoreo, el nombre de ríos, arroyos, cerros, caminos, los limites comunitarios, los sitios arqueológicos que nosotros estudiamos y que ellos conocen, etc. Esto permitió armar una cartografía social, la cual fue solicitada por la comunidad3. También desarrollamos un taller de capacitación docente sobre “Patrimonio y Legislación en Argentina” en la institución N° 370, y se brindó certificación de su realización a todos los participantes, docentes o administrativos.

En el 2018 se concretaron distintos talleres en Casillas. En primer lugar se trabajó sobre “El arte rupestre en la quebrada de La Cueva: Chayamayoc y Angosto de La Cueva”. Para ello comenzamos a recuperar saberes previos sobre qué es el arte rupestre y dónde lo podemos encontrar en la quebrada (los sitios de Chayamayoc y Angosto de La Cueva, ver Figura 1), luego les mostramos los resultados de nuestros estudios al respecto mediante un power point, y sobre el arte rupestre de la provincia de Jujuy en general. Finalmente realizamos una actividad lúdica, que consistió en iniciar contando un cuento creado por nosotros, sobre el modo de vida de los ancestros y la importancia del arte para ellos. Luego les pedimos que se pusieran en el lugar de los ancestros y, a partir del armado estaciones dentro del aula (una con materias primas para hacer arte y otras con soportes para desarrollarlo), los niños buscaran los recursos para realizar las pinturas en estos espacios (Figura 3).

Figura 3.
Figura 3.
Figura 3.

Taller didáctico sobre arte rupestre donde los alumnos en “estaciones” diferentes dentro del aula, identificaron los espacios para aprovisionarse de las materias primas y ejecutar las pinturas, simulando ser sus ancestros. Fotos de la autora.

Fotos de la autora.

Además, y siempre a solicitud de los docentes, desarrollamos otro taller sobre “Educación para la protección del patrimonio arqueológico”. Para ello recuperamos con lluvia de ideas los conocimientos sobre qué es el patrimonio, qué tipo de patrimonio conocían los estudiantes y cómo pensaban que debemos/podemos protegerlo. Posteriormente les explicamos sintéticamente –y adecuado para el nivel inicial y primario- la legislación que existe al respecto y, mediante una proyección de caricaturas creadas por nosotros, mostramos distintas secuencias de huaqueo o robo de piezas arqueológicas y ellos dedujeron la manera en que deberían proceder si pasa algo así en el lugar donde viven.

En 2019 regresamos a Casillas y realizamos un taller sobre “Arqueología de la quebrada de La Cueva”. Se trató fundamentalmente de un repaso de la historia de las investigaciones en el sector, donde los niños recordaron todo lo que aprendimos juntos en los años previos. Para muchos fue un repaso y para otros, un descubrimiento de saberes nuevos, dado que recién comenzaban su escolarización.

El último taller se desarrolló en septiembre del 2022, en la institución educativa de Casillas, y fue dirigido tanto a estudiantes como docentes. La temática versó sobre “Identidad, a través de la construcción de árboles genealógicos”. El taller fue especialmente apoyado por los docentes de la institución, dado que este tipo de información es considerada valiosa a nivel educativo. Con los alumnos más grandes completamos conjuntamente sus respectivos árboles genealógicos, mientras que con los de nivel inicial, les pedimos que dibujaran a los miembros de su familia, y partir de eso fuimos reconstruyendo las genealogías. Respecto a dichas actividades, en la actualidad, estamos procesando los resultados para devolverlos al plantel educativo y a la comunidad local. Dicha devolución, tanto a la escuela como a la comunidad, se realizará mediante la entrega de informes a los directivos educativos y a las autoridades de la comunidad originaria de Casillas (esto último se expondrá en asamblea).

Elaboración de banners didácticos

La segunda herramienta que utilizamos es la elaboración de los banners/póster didácticos, que se realizaron para las instituciones educativas de la quebrada, y también para las comunidades originarias, especialmente en temas integrales sobre el estudio del sector.4

La función de los banners, desde el comienzo de su elaboración en 2012 hasta la actualidad, ha sido y es enfatizar ciertos contenidos que brindamos y discutimos con los niños y docentes, para que en el momento que no estamos presentes, puedan retomar dichas temáticas, si así lo desean. En el caso de los banners donados a las comunidades originarias, la función es devolver los resultados de nuestro trabajo para que si ellos quieren, lo exhiban en sus respectivos salones comunitarios para todos sus miembros, así como también para mostrarlos a los turistas, en el caso de que los visiten.

Una función secundaria, no pensada por nosotros, ha sido la que ocurrió en la institución educativa N° 116, donde su directora montó un pequeño museo en la dirección. Este espacio sirve para mostrar a otros docentes, alumnos y directivos que los visitan, la importancia arqueológica del sector.

Los temas abordados en los banners fueron:

“Arqueología de la Quebrada de La Cueva” (Ramundo 2012a), donde se explica la ubicación de la quebrada, desde cuándo ha sido ocupada, dónde vivían los antiguos, qué comían, qué herramientas utilizaban, la importancia que tiene la arqueología para estudiar estos temas y cómo lo logra (es decir, todos los procedimientos utilizados por la disciplina). Sobre este tema se elaboraron dos banners, uno para los adultos de la comunidad y otro para la institución educativa N° 116.

El segundo banner fue sobre el tema “¿Cómo y qué construían? Arquitectura y uso del espacio” (Ramundo 2013c), donde se explica cómo eran los poblados de los antiguos en la quebrada, detallando la diferencia entre pukaras y pueblos viejos, así como también se aclara la cronología de esas ocupaciones y como ejemplo se toma el caso del Pukara de La Cueva, con su respectivo plano y características determinadas por la arqueología. A esto se suma la información sobre los tipos de construcciones actuales y su comparación con las antiguas, y la explicación respecto a cómo hacen los arqueólogos para estudiar la arquitectura (Figura 4a). Sobre este tema se elaboraron dos banners, uno para los adultos de la comunidad y otro para la institución educativa N° 116.

El tercer póster fue sobre “¿Cómo y qué cultivaban? Agricultura en la quebrada de La Cueva” (Ramundo 2014). Allí se explicó a los alumnos de la institución N° 116 dónde cultivaban los antiguos, así como la diferencia entre las distintas estructuras de cultivo, desde cuándo cultivaban, qué y cómo cultivaban, pero además se resalta qué se cultiva hoy y cómo hacen los arqueólogos para estudiar la agricultura de los antiguos (Figura 4a).

El cuarto ejemplo fue respecto a “La vida de los antiguos en El Chorro, quebrada de La Cueva, Humahuaca, Jujuy” (Ramundo 2015c), donde se mostró a los niños de institución educativa N° 116, qué características tiene la fortaleza incaica y el pueblo viejo denominado localmente El Chorro, las formas de enterratorio que existen en el pueblo viejo homónimo, cómo hacen los arqueólogos para estudiar estos temas, y también se incluye una reflexión sobre el huaqueo de este sitio.

El quinto póster fue respecto a “¿Cómo trabaja un arqueólogo?” (Ramundo 2016b), donde se explicó a las instituciones educativas N° 47 y 370 qué es la prospección, el trazado y excavación de cuadrículas, la importancia del uso de zaranda, las mediciones y anotaciones en terreno, así como también se aclara la forma del trabajo en laboratorio y cómo divulgamos los resultados obtenidos.

El sexto tema fue sobre “¿Cómo y por qué pintaban los antiguos? Arte rupestre en la quebrada de La Cueva, Humahuaca, Jujuy” (Ramundo 2016c). Allí se señala a los niños de la institución N° 116 qué es el arte rupestre, los sitios con arte rupestre de la quebrada, cómo y para qué pintaban los antiguos, y cómo hacen los arqueólogos para estudiar estos temas.

El séptimo banner habla sobre “La quebrada de La Cueva y la comunicación en el pasado y en el presente” (Ramundo 2017a). Con este póster se explica a los estudiantes del establecimiento N° 370 con qué otros espacios se comunicaban los antiguos que vivían en la quebrada y con cuáles se comunican sus actuales habitantes (algo que reconstruimos conjuntamente), así como también los medios de transporte usados en el pasado y presente y, finalmente, cómo sabe el arqueólogo que existían esas vías de comunicación en el pasado.

Luego, presentamos el banner sobre “¿Cómo se puede saber la antigüedad de los objetos?” (Ramundo 2017b). Se trató de una herramienta para los niños de las instituciones educativas N° 116 y 370 (Figura 4b), donde se explicó que la arqueología tiene distintas formas para saber desde hace cuánto tiempo las personas vivieron en la quebrada, y se especificó de qué se tratan las dataciones absolutas y relativas, así como la forma en que los arqueólogos de la quebrada determinamos la cronología de sus sitios arqueológicos.

Otro ejemplo fue sobre la “Identidad de la quebrada de La Cueva” (Ramundo 2018a), donde se explica para los estudiantes de la institución N° 370, qué se entiende por identidad y cómo puede ser estudiarla desde la arqueología, a través de diferentes tipos de evidencias materiales.

“Historia de la ocupación de la quebrada de La Cueva” (Ramundo 2019b) fue un poster elaborado para los miembros adultos de la comunidad de Casillas, padres de los alumnos, donde se pormenoriza la historia ocupacional a través del tiempo de toda la quebrada de La Cueva, y la forma en que los arqueólogos la hemos estudiado.

Finalmente el poster “Las actividades ganaderas en el pasado de la quebrada de La Cueva” (Ramundo 2022b), ha sido el último que se elaboró para alumnos de Casillas. Allí se explica cómo sabemos los arqueólogos sobre las actividades ganaderas que realizaron quienes habitaban este lugar en el pasado, qué evidencia arqueológica estudiamos y cómo lo hacemos para aprender sobre ese tema (por ejemplo, con el estudio de los restos de fauna, corrales y arte rupestre, entre otras variables).

Figura 4.
Figura 4.
Figura 4.
Fotos de la autora.

Elaboración de un libro sobre arqueología y educación

Como se mencionó en el apartado sobre Talleres Didácticos, una de nuestras actividades iniciales, fue la elaboración de un sintético libro especialmente elaborado para los alumnos y docentes de las tres instituciones educativas (Ramundo y Magallanes, 2010). Dicho libro se publicó en el 2010, y fue presentado y entregado durante el 2011 a todos los establecimientos de la quebrada.

El texto explica la importancia que reviste la transposición didáctica (Chevallard, 1998) de los saberes arqueológicos e históricos en contextos interculturales donde las comunidades y grupos humanos son directamente referentes y partícipes de los trabajos de campo que se realizan en sus territorios, así como también presenta los resultados de las investigaciones para que sean apropiados como saberes socialmente significativos.

Nuestros objetivos fueron definidos en función de contribuir a la construcción de saberes significativos, aspirando a la valoración del patrimonio arqueológico del sector, que promueva la comprensión de las relaciones entre las diversas culturas apostadas en la región y sus desarrollos socioculturales, favoreciendo la construcción de distintas visiones sobre el pasado, que permita a los estudiantes observar el modo en el que el ser humano ha impactado en el medio, se cree conciencia del uso de los recursos naturales y sociales de las comunidades, fomentando la preservación para generaciones futuras de los restos materiales, por su valor cultural y carácter no renovable, en su carácter de patrimonio5.

El libro promueve, desde la arqueología, la interacción de distintos saberes: principios éticos, artes, matemática, ciencias naturales, geografía, redacción, fotografía, historia, entre otros. Y sus distintas partes son: a) “Palabras para los docentes” (con objetivos que pueden desafiar su labor a través el texto); b) “Historia de las investigaciones en la quebrada de La Cueva”, la cual incluye una cronología de su ocupación, su geografía y tipo de vegetación, los distintos sitios arqueológicos y su características, así como el análisis del material arqueológico recuperado; c) “Palabras para los chicos”, dividido en una parte teórica que incluye los contenidos básicos de la disciplina, las técnicas empleadas y el instrumental utilizado, y una parte práctica que contempla actividades y propuestas didácticas para trabajar con el arqueólogo en el aula, d) “Glosario”, ilustrado con todos los términos empleados en el texto.

Como mencionamos, aquello que nos impulsó a realizar este material fue la carencia total de bibliografía sobre arqueología en las instituciones educativas del sector. Y, la manera de realizarlo, implico el trabajo conjunto con una docente de nivel primario (J. Magallanes) para realizar una adecuada transposición didáctica de contenidos, y una dibujante (A. Sanz), que ilustró el libro para los pequeños.

Visitas escolares a sitios arqueológicos

Durante el trabajo de campo del año 2011, invitamos a los alumnos y docentes del establecimiento N° 116 de La Cueva/El Chorro, a visitar el sitio arqueológico más cercano, el Pukara de La Cueva. Este sitio, localizado a 3500 m.s.n.m., presenta más de 150 recintos en el área de la cumbre (a los que se suman otros fuera de la primera muralla que protege dicha cumbre), y ha sido ubicado por fechados absolutos desde el Período de Los Desarrollos Regionales –al menos- hasta la etapa Incaica (Ramundo 2012b).

La visita se pensó entre docentes y arqueólogos, como una forma de complementar la tarea que habíamos iniciado el año anterior, y como una salida escolar donde se pudiera apreciar en terreno, la forma en que trabajan los arqueólogos.

Concretar esta actividad no fue sencillo, debido a que muchos padres se negaban a enviar a sus hijos a un lugar “donde moran los antiguos”, dado que en la cosmovisión local, pisar estos espacios podía generar enfermedades y, en casos extremos, provocar la muerte (relatos semejantes narra Montenegro [2010] y Montenegro et al. [2011] en otras escuelas de Jujuy). Frente a este planteo, aclaramos a los docentes que todos los años realizábamos una pequeña ceremonia antes de excavar, que era dirigida por un miembro de la comunidad aborigen local, que vivía al pie del sitio. En este ritual, se hacía una ofrenda a la Pachamama con el objetivo de pedir permiso a la deidad para realizar las excavaciones, y solicitar protección para todos los miembros del equipo. Cuando los padres se enteraron de esta actividad, accedieron a que los pequeños, acompañados por sus docentes y familiares, visitaran el sitio, aunque previamente se realizó una ceremonia de “refuerzo” por parte de ellos.

La actividad permitió que los alumnos y docentes pudieran apreciar cómo se trabaja en terreno, cómo se usan los instrumentos de medición y excavación, y qué se hace con el material recuperado. Por otra parte, para la mayoría de los alumnos y docentes, fue la primera vez que ascendieron al sitio y conocieron sus características.

Elaboración de maquetas didácticas

Otro recurso al que apelamos para hacer más didáctica la tarea de comunicación pública de la ciencia, ha sido la creación de maquetas elaboradas sobre diversos temas, y en algunos casos éstas incluyen materiales arqueológicos (lítico, óseo y cerámico) recuperados por los pobladores locales. Dichos materiales pertenecían a sus familias, y nos consultaron si podían brindar algún tipo de información. A esto respondimos que fuera de su contexto se pierde prácticamente todo, pero nos permitió abordar temas respecto a los datos que encierran distintas materiales arqueológicas, como la cerámica y el lítico (para explicar su manufactura y función, así como la información que estos restos revelan sobre: producción, consumo, distribución, circulación, identidad, etc.), o los restos de fauna, para detenernos en aspectos vinculados al consumo y relación de los ancestros con sus recursos (Figura 5). Además explicamos cuestiones como el valor que encierra el estudio de la estratigrafía y la información que brindan los sedimentos que recuperamos y analizamos en laboratorio; así como también, de qué manera ciertos restos orgánicos nos permiten realizar fechados y saber la antigüedad de algunos objetos o contextos.

Figura 5.
Figura 5.
Figura 5.
Fotos de la autora.

Elaboración de documentales y folletos educativos

Nuestra labor se complementó con la realización de tres documentales para las instituciones educativas y las comunidades originarias. El primero de ellos se filmó entre 2010 y 2013, y relató toda la labor de arqueología realizada en la quebrada de La Cueva desde el comienzo de sus investigaciones hasta el 2013, detallando dicha tarea con filmaciones de excavaciones, trabajo con la población local, reflexiones de las comunidades originarias al respecto y ensamble de fotografías (Ramundo 2013b). El objetivo del documental fue reforzar contenidos trabajados en ese lapso, mostrar los resultados de nuestras investigaciones, así como dejar testimonio de varios miembros de la comunidad que trabajaron con nosotros en el campo, y las reuniones comunitarias que hemos realizado para obtener los permisos.

En 2018 se filmaron dos documentales más, pero esta vez sobre la Arqueología Pública realizada desde 2010 en adelante, tanto en la institución educativa N° 116 de La Cueva /El Chorro como en la N° 370 de Casillas (Ramundo 2018b y c). Allí se muestran las actividades realizadas en este tiempo con docentes y alumnos, y el objetivo también ha sido reforzar contenidos trabajados, así como recuperar de forma fílmica todos los años de labor conjunta con ellos.

Esta tarea se complementó en 2019, con la elaboración de folletos educativos (ilustrados con fotos) sobre los estudios arqueológicos desarrollados en la quebrada, que de forma sintética resumen: Ubicación de las quebrada de La Cueva; ¿Dónde vivían los antiguos y qué actividades realizaban?; ¿Qué ocurrió en la quebrada con la llegada de los incas y luego los europeos?; ¿Qué hacen los arqueólogos? y ¿Cómo podemos cuidar el patrimonio arqueológico? (Ramundo 2019c).

Conclusiones

A lo largo del trabajo se buscó remarcar “la importancia de interactuar «con» las comunidades locales para co-construir relatos del pasado que resulten significativos” (Montenegro, 2014, 29). Esta interacción se desarrolló dentro de las tres instituciones educativas de la quebrada de La Cueva, desde el año 2010 hasta la actualidad.

Consideramos que la realización de esas múltiples tareas permitió cumplir con los diferentes objetivos planteados en este trabajo. En función de los cuales, podemos decir que realizamos un análisis crítico-reflexivo sobre los 12 años de trabajo en el campo de la Arqueología Pública desarrollados en la quebrada de La Cueva. También, posiblemente, el trabajo pueda ser un aporte de referencia para quienes se inician en esta especialidad, dado que brindamos múltiples casos de distintas actividades realizadas, que pueden servir de ejemplo para poner a prueba en otros espacios. Al mismo tiempo, esperamos que se apreciaran las dificultades que la tarea implica, así como, fundamentalmente, la seriedad y el respeto con la que debe ser realizada, siempre destacando sus alcances concretos y las limitaciones inherentes. Eventualmente, para otros colegas que trabajan en el tema, este artículo podría ser de utilidad como material comparativo. Pero por sobre todas las cosas, anhelamos que esto sea una interpelación a los lectores sobre lo que comúnmente se cree o idealiza respecto a qué debe hacerse en Arqueología Pública dentro de contexto educativos, y lo que la realidad nos revela. Finalmente, deseamos que el texto permita vislumbrar la complejidad creativa que este tipo de tareas implica, cuando se desarrollan en instituciones escolares.

Simultáneamente, entendemos que la realización de estas actividades de Arqueología Pública redundó también en beneficio de todos los actores sociales involucrados con el patrimonio de la quebrada de la Cueva. En este sentido, entendemos que las comunidades originarias actualmente valoran positivamente el accionar de la arqueología; y esto se debe a que ahora conocen la finalidad y forma de nuestro trabajo, como consecuencia de todos estos años de labor dentro de las instituciones educativas de nivel inicial y primario locales.

Para dar cuenta de dicha valoración y los criterios que utilizamos para llegar a esta conclusión, debemos mencionar que, por ejemplo, gracias a la visita de alumnos, docentes y padres al sitio arqueológico HUM.06 -donde se han respetado las tradiciones ancestrales al realizar el ritual de ofrenda a la Pachamama- se pudo ver directamente nuestra forma de trabajo (algo que se ha reforzado con los múltiples banners/posters, talleres didácticos, documentales, folletos educativos y el libro), y se demostró que la arqueología no se cierra a las costumbres locales, sino que las respeta, busca simultáneamente un acercamiento al patrimonio local, reafirmando el vínculo entre ambas partes.

Además, las maquetas didácticas, actualmente resguardadas en cada comunidad, han sido una herramienta que permitió la valorización no solo del trabajo arqueológico, sino fundamentalmente del propio patrimonio. De este modo, aquello que resulta cotidiano (porque diariamente caminan sobre y observan patrimonio arqueológico), también cobra un valor cultural que se debe proteger para futuras generaciones.

Por otra parte, la comunidad actualmente valora el trabajo de los arqueólogos porque considera que la disciplina puede resultar una herramienta útil para sus demandas y reivindicaciones. A esto nos referimos con la elaboración de la cartografía social mencionada, que –al ser un trabajo conjunto entre miembros de la comunidad y arqueólogos, donde todas las voces fueron consideradas en el informe final–, fue solicitada para presentar antes quienes ellos consideren pertinente y de este modo reclamar cuestiones territoriales, no solo frente al Estado Nacional, sino también ante otras comunidades vecinas con las que tienen disputas por el territorio (Ramundo, 2018d).

A modo de síntesis, a lo largo de este tiempo de trabajo conjunto, los miembros de las comunidades originarias desarrollaron diferentes capacidades (casi siempre a través de la interacción que se generó por el trabajo realizado en las instituciones escolares donde concurren sus hijos/nietos/familiares, aunque también por varias asambleas celebradas con ellos, donde se presentaron los resultados y realizaron talleres con adultos que escapan al contenido de este trabajo), como reclamar su patrimonio arqueológico y el conocimiento gestado sobre dicho patrimonio, así como también apropiarse de ese patrimonio y ese conocimiento de acuerdo a sus intereses. Pero además, los arqueólogos hemos desarrollado la necesaria habilidad de redefinir nuestro rol como científicos sociales, especialmente frente a los imponderables de la práctica (Ramundo, 2018d). Práctica que “es interpelada, y de cierto modo, se ve obligada a re-configurar sus vínculos con la comunidad local” (Montenegro y Aparicio, 2012, 119). Esperamos, además, haber cumplido con el siguiente objetivo: “Proponer la necesidad de una arqueología intercultural que permita, por una parte, de-construir prácticas hegemónicas de producción de conocimientos, y por la otra, avanzar en el conocimiento de dinámicas actuales de re-configuración de patrimonio, identidades y territorios en este sector de los Andes Centro Sur” (Montenegro, 2014, 39).

Agradecimientos

Al Lic. Fernando Cabrera por acompañarme en muchas de las tareas de Arqueología Pública desarrolladas en la quebrada de La Cueva y a la Prof. Anabelle Castaños, por brindarme sus valiosos conocimientos sobre comunicación pública de la ciencia y colaborar en el diseño de algunos banners. A los alumnos de las tres escuelas, sus familias, directivos (Mirian Guanuco, Noemí Tolaba, Marta Miranda, Teresa Rodríguez, Myriam Quintana, Nilda Arroyo, Carmen Gareca), docentes (Patricia Guzmán, Carlos Melilla) y administrativos (especialmente a Carmen Armella, Graciela Cruz y Catalina Velázquez). A la Mg. Maryluna Santos Giraldo por la traducción del resumen, y a los evaluadores del texto por sus aportes y a la Dra. Mónica Montenegro por sus aportes, sin embargo, todo lo escrito es de mi exclusiva responsabilidad. Parte del trabajo de Arqueología Pública durante estos 12 años se ha realizado con diferentes PIP, PICT y proyectos de la UCA que ya no están vigentes, así como con el actual UCACyT N° 80020200100007CT: “Estudio interdisciplinar de los procesos sociales prehispánicos y post-hispánicos en el sector norte de la Quebrada de Humahuaca, a partir del caso de la quebrada de La Cueva” (UCA, Facultad de Ciencias Sociales).

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Notas

1| Término poco feliz para una actividad científica, dado que charlar significa: “Hablar mucho, sin sustancia o fuera de propósito”, por lo cual deberíamos usar dicho término con cautela en este ámbito, y cualquier otro.
2| Algo que también destaca Montenegro (2012) para otras instituciones educativas de Jujuy.
3| La vinculación con las comunidades originarias de la quebrada se ha realizado de dos maneras: de forma directa con las de La Cueva/El Chorro y la de Pueblo Viejo (mediante asambleas convocadas para tratar las problemáticas arqueológicas y pedir permiso de trabajo); o bien, como en el caso de Casillas, a través de la escuela, y luego directamente con la comunidad.
4| Para su confección contamos, en algunos casos, con el asesoramiento de Anabelle Castaños (integrante del Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti” del área de acción cultural, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires).
5| Debemos aclarar que el concepto de “patrimonio” ha sido el resultado de una larga construcción conjunta. Previamente a nuestro trabajo, dicho patrimonio formaba parte del paisaje, de lo cotidiano y prácticamente se lo naturalizaba tanto, que difícilmente se lo percibía. Luego de las actividades desarrolladas con las comunidades, el concepto de patrimonio arqueológico se incorporó a la realidad local desde una perspectiva diferente: a través de la valorización del mismo. Por ello consideramos que aquí ocurre aquello que Endere destaca: “Sólo se protege lo que se conoce, sólo se conoce lo que se comprende, sólo se comprende lo que se analiza y sólo se analiza lo que se valora” (Endere, 2009, 36).
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