Articulo Original
Alienación y discriminación dentro de la familia: la € gura de “el apartado” en los cuentos infantojuveniles de Luis Carlos Suárez
Alienation and discrimination within the family: the figure of “the section” in the children´s and youth stories of Luis Carlos Suárez
Alienación y discriminación dentro de la familia: la € gura de “el apartado” en los cuentos infantojuveniles de Luis Carlos Suárez
Cuadernos de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Jujuy, vol. 64, pp. 197-216, 2023
Universidad Nacional de Jujuy

Recepción: 19 Octubre 2022
Aprobación: 04 Octubre 2023
Resumen: La cuentística, al constituirse como un espacio de coincidencia entre escritor y lector, nos abre un camino viable para insertarnos en los saberes de las ciencias sociales y humanísticas. De esta manera, transitar por este mundo permite un acercamiento a temáticas recurrentes como los son la alienación y la discriminación que, si desde diferentes disciplinas, ahondan tópicos de carácter social, también desde la mirada literaria nos remite al quehacer de autores que enrumban sus nortes a un destinario exigente y lleno de interrogantes. “Alienación y discriminación dentro de la familia: la figura de “el apartado” en los cuentos infanto-juveniles de Luis Carlos Suárez” es una forma de repasar la esencia misma de la sociedad y el incorporar obras a la larga lista de creaciones literarias en el país parten de una sensibilidad por temáticas diversas y reveladoras y constituyen, de hecho, un aporte a las editoriales cubanas las cuales contribuyen al desarrollo cultural de la nación. En virtud de ello, profundizar tanto en los escritores como en sus textos permitiría ampliar el conocimiento cultural y patrimonial de Cuba desde perspectivas estética y social identificadas con las tendencias contemporáneas del género representativas de las problemáticas sociales de la etapa. La interpretación del corpus se realiza a partir del rastreo de los cuentos del escritor granmense, para analizar las formas particulares en la que la unidad produce significados en su textualización, teniendo como centro los flagelos antes mencionados.
Palabras clave: alienación, cuentos infanto-juveniles, discriminación, familia, Luis Carlos Suárez.
Abstract: Storytelling, by constituting itself as a space for coincidence between writer and reader, opens up a viable path for us to insert ourselves into the knowledge of the social and humanistic sciences. In this way, traveling through this world allows an approach to recurring themes such as alienation and discrimination that, if from different disciplines, delve into topics of a social nature, also from the literary perspective it refers us to the work of authors who direct their norths to a demanding recipient full of questions. “Alienation and discrimination within the family: the figure of “the section” in the children’s and youth stories of Luis Carlos Suárez” is a way of reviewing the very essence of society and incorporating works to the long list of literary creations in the country start from a sensitivity for diverse and revealing themes and constitute, in fact, a contribution to Cuban publishing houses which contribute to the cultural development of the nation. By virtue of this, delving into both the writers and their texts would allow expanding the cultural and patrimonial knowledge of Cuba from aesthetic and social perspectives identified with the contemporary tendencies of the genre representative of the social problems of the period. The interpretation of the corpus is carried out from the tracing of the stories of the writer from Granma, to analyze the particular ways in which the unit produces meanings in its textualization, having as its center the aforementioned scourges.
Keywords: alienation, children’s and youth stories, discrimination, family, Luis Carlos Suárez.
Introducción
Con regularidad, se ha considerado que la narrativa infantil y juvenil propicia el desarrollo intelectual y cultural de los niños; de igual manera, se han establecido condicionantes importantes en sus derroteros educacionales, didácticos y de entretenimiento. En esta manera de hacer arte, se incluyen formatos y géneros de diversa factura que varían desde las obras clásicas de la literatura hasta las historietas y relatos de fácil comprensión, en lo cual incidirá la edad y desarrollo intelectual del lector y donde se insertan, además, los adultos que guían la lectura y sobre los que también influye la narración.
No han sido pocos los nombres que han transitado por esta zona de la literatura tradicional, cuyos cuentos y fábulas resultan los más leídos; así resaltan nombres como Daniel Defoe, los conocidos hermanos Jacob y Wilhelm Grimm, Hans Christian Andersen, Charles Dickens y Astrid Lingred. Sus historias, por lo general, parten del archiconocido esquema del héroe o heroína, que ha de vencer obstáculos para lograr su objetivo, con una transformación final, ya sea física o espiritual. Con tal finalidad, los creadores les presentan a los infantes la oposición bien/mal o espiritualidad/materialidad a través de estereotipos comprensibles que son universales: les incorporan una alta carga de ingenuidad, tolerancia y bondad a los personajes heroicos, así como de maldad y fealdad a sus antagonistas; todo ello con la garantía de que los buenos triunfarán (Guerrero y Núñez, 2000).
Aunque con patrones universales, cada país ajustó a su contexto este tipo de historias. En Cuba, por ejemplo, la narrativa infantil y juvenil transitó inicialmente por los rumbos de la sociedad colonial y por los movimientos literarios que marcaron su desarrollo en el siglo XIX: sin embargo, a medida que nuevos intereses y situaciones económicas, sociales y políticas se presentaron, otros fueron los derroteros temáticos asumidos. Según la bibliografía consultada (Quiles, 2007 y COLECTIVO DE AUTORES, 2008), figuras prominentes de la cultura cubana del siglo XIX, como José Martí,1 incursionarían en este género, a quien continuarían en los siglos XX y XXI otros escritores de merecido prestigio, los cuales ampliarían temática y formalmente las líneas creativas establecidas en estas primeras etapas.
Además de la cuentística infantil martiana, a cuyos reconocidos valores se han acercado varios estudiosos (Cabrera, 2008; Pérez, 1998; García, 2009 y Serra 2007) otras investigaciones han profundizado en autores cuyas publicaciones se ubican en los finales de la etapa republicana y los primeros años revolucionarios; dígase: Onelio Jorge Cardoso, Dora Alonso y Renée Potts, entre otros.
Onelio Jorge Cardoso resulta una de las figuras paradigmáticas de la narrativa corta cubana. Conocido como el Cuentero Mayor, manifiesta en sus historias la preocupación que siente por la educación brindada por los adultos a los niños y la incomprensión manifiesta de los primeros hacia los segundos (Herrera y Estupiñán, 2014). Aunque muchos de sus cuentos no son explícitamente para niños, la forma de plantear la relación con los infantes, la perspectiva desde la que se cuenta, la enseñanza transmitida y la crítica social hecha de forma inteligente y muchas veces implícita en los detalles, hacen de sus obras textos perfectamente apreciables por niños y jóvenes. Entre las temáticas trabajadas se encuentran la prostitución, los tabúes sexuales, la marginación, el hambre y la discriminación racial, muchas veces con un trasfondo de violencia y muerte. Su acercamiento, en los cuentos propiamente infantiles, a la familia y a sus conflictos, aporta elementos fundamentales en el tratamiento de lo cotidiano aplicado al universo de los pequeños2.
Con una intención más pedagógica que denunciante, aparecen también en esos años los relatos de Dora Alonso. Esta escritora, que se acerca de manera especial a la vida en los campos cubanos, al mundo de la fábula, así como al folklore afrocubano, se destacó por la poetización de sus textos y la belleza de sus imágenes profundamente educativas3.
Otras figuras de prestigio cultural como Renée Méndez Capote, Félix Pita Rodríguez y Manuel Cofiño contribuirían al desarrollo creativo, teórico, crítico y promocional de este género en la segunda mitad del siglo XX. Estos autores trabajaron tópicos innovadores dirigidos a aspectos como la revitalización del folclore cubano, el compromiso ideológico con el acontecer histórico de la nación, la autodeterminación infantil, la libertad, la originalidad y la cotidianidad (González y Pérez, 2008).
Entre las grandes influencias en los rumbos de la cuentística infantil cubana de finales del siglo XX e inicios del XXI, y de la literatura en general, sería la producción literaria tanto rusa como de los países socialistas de Europa del Este, cuyos valores e imaginario fueron asumidos por más de una generación, en lo que se reconoce como la comunidad sentimental soviético-cubana (Puñales, 2016 y 2017; Sinitsyna, 2020). Editoriales como Raduga, Gente Nueva, la obra de los traductores y diseñadores, la formación académica en estos países, así como la marcada influencia de los referentes soviético-socialistas que se generalizaron a través del mercado y de los medios de comunicación en las décadas del sesenta al ochenta, formaron una estética que respondió a un diálogo entre culturas, pero que también tuvo un carácter pedagógico y político, el cual se extendió mucho más allá de la desaparición del campo socialista y se caracterizó por el didactismo y la construcción de ideales (Flower, 2010 y Puñales, 2017).
Ante esta marcada intención ideologizante, Aguirre (1987) abogó por la versatilidad temática y formal de las letras para el pequeño público, así como su acercamiento a las realidades cotidianas no siempre hermosas. Esa estética diferente se manifiesta en los cuentos de Nersys Felipe (Cuentos de Guane y Román Elé), textos premiados en el Concurso Casa de las Américas en 1975 y 1976, respectivamente. Ambos introducen en el mundo editorial cubano una forma diferente de acercar a los niños a realidades como la muerte y el racismo (Pérez, 1998).
Luego del primer y único Fórum sobre Literatura Infantil y Juvenil en 1972, diversos eventos, premios y concursos estimularon la creación del cuento desde su incorporación como una nueva categoría. Como una de las repercusiones del Quinquenio Gris4 estaría la literatura escrita por un grupo de autores más jóvenes que despuntarán entre los 80 y los 90, y cuya obra infantil tendría un carácter denunciante, crítico y con raíces en lo cotidiano. Sus temas ya no eran directamente educativos ni moralizantes, pues se centraban en las inquietudes de la juventud y en los conflictos intergeneracionales cada vez más frecuentes.5
Temáticas que definen el rumbo de una nueva estética muestran el mundo interior del niño y su aislamiento dentro del hogar. Figuras como Iliana Prieto Jiménez, Teresa Cárdenas, Luis Cabrera Delgado, Omar Felipe Mauri, Enrique Pérez Díaz, Antonio Orlando Rodríguez y Luis Carlos Suárez.
A pesar de que en 1990 se produjo un impulso en la labor creativa, una apertura editorial y un aumento en las publicaciones, el factor geográfico siempre ha sido determinante para la publicación, promoción y reconocimiento tanto de los nuevos escritores como de sus producciones, sobre todo para aquellos que permanecen trabajando lejos de la capital. Los análisis hechos sobre sus obras tienen un carácter generalmente promocional y sistematizan regularidades ya sean temáticas o composicionales asociadas a sus contemporáneos más reconocidos.
El análisis histórico y crítico de la cuentística de estos autores locales se encuentra fundamentalmente recogido en publicaciones periódicas, pero la actualización respecto a la exégesis del género constituye aún una deuda del sistema editorial cubano6, el cual se ha centrado en las obras de los autores más reconocidos o sobre las primeras manifestaciones de este tipo de literatura. Por tal motivo, resulta una necesidad emprender indagaciones o acercamientos crítico-ensayísticos que develen los valores de la literatura infantil y juvenil producida en Cuba y que aborden la obra de autores que cultivan este tipo de literatura dentro de su contexto.
Precisamente, este estudio toma como centro de su atención la obra de uno de los creadores de literatura infantil y juvenil que ha merecido el interés de varios autores en los últimos veinticinco años, y que destaca entre otras cosas por el particular enfoque del contexto social y familiar de sus personajes. El escritor Luis Carlos Suárez –representativo del territorio granmense- y su producción cuentística, constituyen el objeto de análisis de estas páginas.
Luis Carlos Suárez: una suerte de escritor
Nacido en Manzanillo en 1955, Luis Carlos Suárez Reyes es un escritor cubano que forma parte de la promoción de los noventa, según el criterio del especialista y escritor para niños Luis Cabrera Delgado.7 En sus obras se manifiestan ciertas aristas del contexto cubano de la Revolución, con una marcada mirada a la crítica social que con él se iniciara y que tanto prosperó posteriormente en el país.
Este escritor se integra a una larga lista de destacados autores de la literatura infantil y juvenil cubana y ha obtenido, entre otros, el Premio Abril 2000 y el Premio Nosside Caribe 2003. Como algunos seguidores del género, reafirma en sus cuentos la defensa de la infancia y de la familia, desde una visión crítica de las diferentes problemáticas que la aquejan en la actualidad. Por tal motivo, es novedoso en sus textos el enfoque centrado en las consecuencias negativas derivadas de los conflictos familiares, lo cual constituye una recurrencia en sus textos.
Yoel Izaguirre, quien profundizara en la obra de este escritor granmense, apunta que: “[los] temas abordados por Luis Carlos, que antes de la década del 80 fueron lastimosamente esquinados en la literatura infantil cubana, hoy son seriamente abordados por la vanguardia cubana en la literatura infanto-juvenil (Izaguirre, 2009: 30). Añade, además, como un nuevo elemento significativo referido a otras dos obras, que: “[…] el dominio del lenguaje resulta importante en este autor y que sus propuestas temáticas merecen un estudio mucho más profundo” (Izaguirre, 2009: 31).
La obra narrativa de Suárez asume las temáticas que surgen de los acontecimientos cotidianos y las proyecta con indiscutibles valores expresivos, lingüísticos y en especial temáticos, lo cual hace de su voz una de las más representativas dentro de la literatura infantil actual. Así se manifiesta Cabrera Delgado, al plantear que:
[Con la obra de Luis Carlos Suárez Reyes se constata] el inicio de la literatura de crítica social que tanto prosperó posteriormente en nuestra literatura infanto-juvenil, en una renovación encaminada a reflejar una realidad cambiante y no necesariamente idílica del ambiente familiar y social en el que se desenvolvía el niño del momento y, por otra parte, ponerse a la par con la amplia y tampoco necesariamente halagüeña información que el pequeño finisecular recibía por los diferentes medios de difusión masiva. (Cabrera, 2008: 667)
Ello da la medida de la excelente labor desarrollada por el prosista, quien ha sido convocado a participar en antologías junto a otros destacados escritores de la talla de Enrique Pérez Díaz, Luis Cabrera Delgado, Omar Felipe Mauri Sierra, Enid Vian Audivert e Ivette Vian Altarriba, entre otros. Entre estos volúmenes se destacan: ¡Mucho cuento! Narrativa infantil cubana de los años noventa (2001), El cuento de nunca a acabar y otros misterios (2005) y Tiempo de amar (2009).
Pérez (2001, 2005, 2009) -quien realiza la selección y prólogo de estos textos- lo clasifica como un escritor que no solo alimenta su aliento poético, sino su sinceridad, mediante los conflictos expuestos y el modo en que logra adentrarse en la psicología de cada personaje. En la antología La isla de los sombreros mágicos. Cuentos cubanos para niños y adolescentes (2012), tomo II, también Tornés y García (2012) lo consideran un autor que incorpora reflexiones en torno a la realidad, aunque asocian a este escritor con una cuentística didáctica.
La crítica especializada le ha adjudicado un carácter renovador a su obra, según criterio del propio autor8, debido, en lo particular, a la presencia de las problemáticas sociales en la literatura infantil de la Revolución y al hecho de no otorgar de forma directa ninguna enseñanza al niño. Luis Carlos Suárez trata de que el aspecto cognoscitivo pueda nacer de la trama, de la acción de los personajes y en no dar recetas para construir sus historias, le corresponde al infante o al joven, encontrar el conocimiento a partir de la lectura. Resalta, además, la creación de personajes que tienen un montaje psicológico creíble y el cuidado del lenguaje de los mismos, limpiándolo de sonidos repetitivos y de cuanto elemento innecesario lo afecte.
La alienación y discriminación en los cuentos infanto-juveniles de Luis Carlos Suárez
La alienación es un fenómeno que vincula de forma estrecha las dimensiones social y psicológica pues, además de depender de los procesos de exclusión e integración social, dados por las condiciones objetivas e institucionalizadas ofrecidas por la sociedad a sus miembros para participar de ella y desarrollarse, conlleva un proceso subjetivo de percepción de los sujetos sobre la organización, sus normas y sus relaciones con “el otro” (Ruiz et al., 2011).
Seeman (1959) propone cinco dimensiones que permiten comprender, desde el sujeto, esta percepción del aislamiento por parte de la sociedad como por sí mismo: impotencia, aislamiento subjetivo, sin sentido o incapacidad para comprender su entorno, anomia y autoextrañamiento. En este concepto resulta básico el individualismo de la sociedad moderna, la incertidumbre en el futuro, la noción de decadencia de las instituciones sociales y la desaparición de la cultura obrera de colectividad que conllevó la fragmentación de la familia y trajo consigo más libertades, pero también los sentimientos de soledad y abandono (Lasch, 1991; Lipovetsky, 1986 y Beck, 1998, citados por Ruiz et al., 2011).
Por su parte, Forero-Pineda (2021) apunta que: “[…] en la vida alienada hay una distorsión de la relación de apropiación, el mundo no lo vemos como propio, sino que se hace ajeno, extraño, es una carga para nosotros. El concepto indica el nivel de autonomía del individuo, la capacidad de adueñarse de sus deseos, de abrir sus proyectos […]” (Ibíd. p. 210).
Por su parte, la discriminación social, como lo conceptualizara Giménez (2005) tiene en su base lo siguiente:
Toda discriminación comporta un intercambio recíproco, pero desigual, de reconocimientos evaluativos entre actores sociales que ocupan posiciones dominantes y dominadas en el espacio social. En virtud de este intercambio, los actores que ocupan posiciones dominantes tienden a imponer una definición sobrevaluada (y por tanto etnocéntrica) de sí mismos, a la vez que atribuyen unilateralmente entidades minoradas, devaluadas y frecuentemente estigmatizadas a los dominados. (p. 32)
En la obra de Luis Carlos Suárez resulta notorio el hecho de que la alienación y la discriminación social constituyen elementos a tener en cuenta dentro de la familia. A través de recursos expresivos que denotan y connotan el proceder de los personajes y, en particular, del protagónico (el niño o niña), se manifiestan, de manera abierta y desenfadada, todo un sinnúmero de acciones que concluyen en la indiferencia en relación con los menores o con aquellos que poseen problemas mentales y la percepción de que el cambio es una meta imposible y que, por tanto, carece de sentido.
Dentro de la cuentística de Suárez (1990, 1999a, 1999b, 2009, 2011 y 2012a y 2012b) se puede determinar que la alienación y discriminación social se constituyen como elementos isotópicos sobre los que se construye la temática de la familia. Ejemplo de ello se puede constatar en “Abuela y la mariposa”, el cual narra una historia cargada de simbolismo que establece una dicotomía entre el mundo de la anciana, pletórico de añoranzas y de fantasmas a los que solo ella accede, y el mundo de los padres que rechazan esta otra realidad como un síntoma de locura, así como cualquier elemento que se salga de sus parámetros. Aquí puede percibirse claramente creación de un mundo paralelo donde las normas subvierten una realidad a la que el sujeto es incapaz de integrarse y las dos caras de la exclusión: la propia pero también la de los otros, que son incapaces de comprender más allá de su individualidad.
Puntos en común con los restantes cuentos resultan la alienación producida por la vejez y la relación entre la infancia y los ancianos como generaciones afines por la capacidad de ver más allá del día a día y de tener espacio para albergar otros sueños y realidades que no son los usuales.
“El príncipe de la basura” basa su atractivo en el motivo universal del amor y resulta uno de los textos de Luis Carlos Suárez más abordados por la crítica ya que tiende a atraer al público lector más joven; sin embargo, no sigue una ruta común, sino que se acerca desde una perspectiva difícil y muy contemporánea: la discriminación social vista a través de los ojos de la infancia.
Al no presentar obstáculos evidentes en la historia, la magistralidad del relato se encuentra en dejar traslucir, sin caer en didactismos, una problemática cada vez más común en la Cuba revolucionaria y es la discriminación de clases en una sociedad sin clases delimitadas. El oficio del muchacho (barrendero) incluye, a su vez, un rechazo social implícito que se asocia a la pobreza, a la falta de estudios, a los pocos medios de sustento, a la suciedad y a lo marginal. Sin embargo, la niña, desde valores y códigos diferentes, es capaz de ver por encima de todo ello y de considerar las cosas que, para sus padres, desde posiciones de consumo e individualismo, se mueven en un entorno totalmente diferente y que consideran intolerables. Así, esta niña debe enfrentarse a una dicotomía generacional insalvable pero perceptible pese a su joven edad:
- En ese vaso no, en el de plástico –dijo el padre. […]
- Amelia, por nada del mundo vayas a tomar agua en ese vaso de plástico, este que tiene la marca en el fondo. (Suárez, 2009: 115)
Uno de los textos peculiares dentro de la cuentística de Suárez (2011) es “Liberen a la tierra”, el cual se desarrolla en un escenario poco común en la obra del autor: una zona rural, lo que constituye quizás un tributo a Onelio Jorge Cardoso.
Es esta una historia de exclusión, de la discriminación latente hacia una persona cuya capacidad mental está disminuida, en un hogar donde conviven varias generaciones de una misma familia, con intereses y formas de enfrentar la vida diferente. Tiene puntos coincidentes con “El príncipe de la basura” y con la noveleta El caballero de los pájaros, ambos textos de Suárez (2009, 2005), pero que este cuento ofrece otra visión de la alienación y de la no aceptación de las diferencias. La familia de Gervasio, el protagonista de la historia, aparece constantemente y no de forma sugerida como en la mayoría de los cuentos de su autor: los integrantes del hogar (madre, hermanos y sobrino), inmersos en un mundo superficial, no comprenden el hecho de tener una persona con una discapacidad, que desvía el curso natural de sus vidas con las acciones que a diario realiza (o que no), sin tener en cuenta las consecuencias negativas que ello pueda tener para con los demás.
La manera de exponer la exclusión no solo radica en aislarlo de la casa, sino que se extiende a proliferar frases y gestos desaprobatorios que irrumpen desde los hábitos cotidianos hasta los deseos más insignificantes: No le gusta bañarse. Quién ha visto que la Tierra se baña, solo en días de lluvia. Pero mamá, siempre molesta, lo lleva al patio y con la manguera le da un baño sin jabón, nadie se atreve a enjabonar a la Tierra. Lo seco con una toalla vieja, le unto perfume del mío y es como si en el planeta nacieran flores de primavera. Mamá dice: “No exageres, quién ha visto una primavera con babas”. Pone una cara de repugnancia que asusta como la noticia de que escapó. (Suárez, 2011:72)
Un elemento también importante en “Liberen a la tierra” lo constituye el enfrentamiento que hace avanzar el conflicto que se establece entre esa realidad fatua impuesta por la familia al niño y que despersonaliza al ser humano cuando no acepta la otredad; y el mundo libre, irreverente, que representa Gervasio, el cual está fundado en la irrealidad de sus escenas y que intenta romper con la monotonía: “- ¡La Tierra es libre! – grita esa voz. (Suárez, 2011:72)
Miro a mi madre, a ella, como si los otros no existieran, tiene una mirada dura, sin perdón, extiendo mis brazos abiertos. Quisiera abrazarla, poner mi cabeza de Tierra sobre su pecho y decirle sosténme, por favor, sosténme, no me dejes caer en las aguas de este canal que tanto esperaron por mí para hacerme libre. (Suárez, 2011:72)
Este texto de Suárez (2011) establece puntos comunes con “Claro de luna” en cuanto al valor que se le otorga al concepto de marginalidad en las relaciones sociales y a los matices peyorativos (lo inferior, lo bajo, lo desfavorecido) de las significaciones arbitrariamente instituidas, cuyo valor no provendrá de las características reales de los espacios referidos, sino de las nociones que se han asentado en el imaginario social desde la sistematización de la exclusión. Esto se manifiesta en las relaciones de la familia de Beatriz con el barrio y en las limitaciones impuestas por la madre y la abuela:
Dice la abuela que este barrio no es bueno. La policía siempre anda por aquí, porque hay mucha gente bandolera. (Suárez, 1990: 9)
[…]
Los Federicos son los vecinos de la esquina, se mudaron hace poco y se fajan todos los días. Y hasta los asientos salen por las ventanas, porque el padre Federico, cuando bebe, se vuelve como loco y le pega a la mujer y es necesario llamar a la policía. (Suárez, 1990:11)
Dichas imposiciones son superadas por la necesidad que tiene la niña de hacer el bien, por el reconocimiento de las barreras que le impiden relacionarse con el resto de una comunidad y por las vía que encuentra para cambiar su realidad. Aquí el sentimiento de aislamiento subjetivo y la anomia son vencidos, por lo que el sentimiento de exclusión desaparece ante la pertenencia y la inclusión.
Dentro de la historia y frente a estos conflictos surgidos de los ambientes familiar y social, Beatriz busca un refugio para poder sobreponerse a las coyunturas en las cuales se encuentra, basado en un mundo de fantasía. Al aumentar la añoranza por su padre, logra inventarse un personaje con el que solamente ella puede sentirse acompañada, segura y:
A veces, sueña que allí vive un enanito que es su amigo. Lo ve sentado sobre la fría luna, vestido con su traje de cascabeles y muchos colores. Domingo se llama el enanito, y ella quisiera que su padre viniera algún día para contarle de su amigo Domingo y cómo se columpia en lo alto de una hamaca de sombras sujeta a dos rayos de luz. (Suárez, 1990: 8)
Es justo mencionar que el mundo real de Beatriz se compone por un hogar roto, siempre en conflicto, lo cual se percibe en el cambio de actitud de la madre y de la abuela y la transformación de la percepción del entorno. Con este cuento, quizás por primera vez, aparecen tratadas en la literatura cubana infantil y juvenil las consecuencias negativas del divorcio desde la perspectiva del infante, aspecto totalmente renovador en la cuentística nacional.
Últimamente la mamá siempre está molesta y habla del papá. A Beatriz no le gusta y llora. La abuela le dice que no sea boba, eso es cosa de mayores. Y cuando un día preguntó por su papá, la madre golpeó con los puños en la mesa y por nada rompe los vasos. (Suárez, 1990: 9).
[…]
La abuela le dijo a Beatriz que su mamá no era mala, que la culpa era de la separación. La separación fue un día que el padre vino con el tío Manolo en una camioneta y recogió unas cajas, maletas y maletines. Y no se llevó el refrigerador porque se usaba para enfriar la leche de la niña. (Suárez, 1990:10)
Al verse frustrado el ideal de la casa como un micromundo donde la familia debe consolidarse y que amplía su universo al barrio como expresión macro, Beatriz crea el espacio deseado fuera de ella y la huida se verifica en un mundo exterior, fantaseado, en el cual la naturaleza es el principal refugio, representándolo de esta manera: “Todo aquello estaba muy oscuro, pero no tuvo miedo porque era como si su padre se encontrara entre los árboles cuidándola”. (Suárez, 1990: 12)
A diferencia de “El capitán de las arenas”, un cuento incluido en la colección Las mentiras del Rey Arturo, (Suárez, 1999a), a pesar de tener una misma naturaleza reflexiva y lírica, el tema de la soledad es tratado de manera diferente. En el primero, la soledad es requerida para desarrollar la imaginación del infante, para completarla con otra presencia amiga; sin embargo, la soledad de “Fábula del hombre solo” está dada por la incapacidad de su personaje protagónico de comprender a tiempo la necesidad del amor por encima de las cosas, inclinándose exclusivamente hacia cuestiones materiales, basadas en el sentido de propiedad sobre los objetos del planeta, elemento este que lo hace estar solo “en el país del hombre solo” (Suárez, 1999b: 19).
Los acompañantes que tiene a lo largo de la breve historia le van advirtiendo de sus posibles necesidades: la araña que satisface sus deseos de poseerlo todo, la niña que le advierte de lo que no puede poseer y la oveja que era la compañía deseada y no obtenida. Es indiscutible la intertextualidad existente con El principito, sobre todo en la creación de este mundo imaginario, totalmente poético y ficticio donde se desarrollan los hechos y del cual el hombre sería su rey.
Lo mismo pasa con el motivo recurrente y desencadenante del humo, el cual transforma las realidades que vive, ofreciéndole posibilidades que solo él es capaz de reconocer y seleccionar según sus valores en el momento en que todo se desapareció: “El hombre solo desenredó a la araña, que cayó al suelo como una lágrima de oro. Inmediatamente el espacio alrededor de él se llenó de un humo que lo borró todo, los árboles y las aguas, los animales y las rocas.” (Suárez, 1999b: 20)
La discriminación, en sus múltiples formas, es un tema abordado desde diferentes perspectivas por la tradición literaria. Como una manifestación de las relaciones sociales, el hecho discriminatorio parte primeramente de su ejecución, para luego ser nominado desde el lenguaje y la cultura, ser ratificado legalmente mediante las relaciones de poder y, por último, ser legitimado, sistematizado y socializado a través de las costumbres y tradiciones, entre las que se cuenta la literaria (Florescano, 1997, citado por Vázquez et al., 2017). Por ello, en textos literarios de diferentes culturas pueden observarse similares hechos discriminatorios e imágenes estereotipadas tanto de las víctimas como de los victimarios. Fundamentalmente a partir del siglo XX, con la experimentación de diferentes categorías como el narrador, es mucho más común observar los conflictos sociales y familiares desde una perspectiva infantil y su visión, casi siempre desprejuiciada, de los sucesos.
Por eso, “Liberen a la tierra” (Suárez, 2011) es una historia esencialmente de exclusión y discriminación, como bien se apuntara anteriormente, y es el sobrino el encargado de reconocer los prejuicios que existen en relación con Gervasio, desmontarlos y tratar de solucionarlos con el retorno al hogar, por considerarlo parte esencial de su vida. Es, además, quien ayuda a Gervasio a lidiar con los obstáculos que la trama le impone desde su discapacidad y el que le proporciona el poco afecto familiar que recibe, desde la metaforización de la realidad y desde las atenciones que de hecho le brinda.
Justo es mencionar las condiciones en las cuales el tío Gervasio se encuentra. El espacio impuesto por su familia está alejado de su propia casa, constituyendo “el apartado” la forma esencial de alienación y su descripción lo más semejante a la vida de un animal: “Lo mudaron a la casita del naranjal, donde guardan monturas y sacos vacíos. Allí pusieron un catre que fue de abuelo; en una silla vieja su comida y la lata del agua” (Suárez, 2011: 71).
La manera de exponer la exclusión no solo radica en aislarlo de la casa, sino que se extiende a hacer proliferar frases y gestos desaprobatorios que irrumpen desde los hábitos cotidianos hasta los deseos más insignificantes:
No le gusta bañarse. Quién ha visto que la Tierra se baña, solo en días de lluvia. Pero mamá, siempre molesta, lo lleva al patio y con la manguera le da un baño sin jabón, nadie se atreve a enjabonar a la Tierra. Lo seco con una toalla vieja, le unto perfume del mío y es como si en el planeta nacieran flores de primavera. Mamá dice: “No exageres, quién ha visto una primavera con babas”. Pone una cara de repugnancia que asusta como la noticia de que escapó. (Suárez, 2011: 72)
Por tales razones, Gervasio se inventa un micromundo, parecido al de “Moñigüeso”, texto de Onelio Jorge Cardoso. En ambos textos confluye, con total intencionalidad, la localización de los hechos en una zona rural.
Para sustraerse del medio que lo agrede, encuentra primero el espacio en el aislamiento, luego en la depresión y por último en la muerte, acto que constituye un símbolo dentro de la obra para patentizar, una vez más, la exención a la cual estuvo sometido Gervasio por parte de su propia familia y por los seres más allegados como la hermana. Es ella, la madre del niño, quien llega a ser el personaje más representativo de la exclusión social, por su completo rechazo al protagonista. Este fenómeno va escalando a lo largo del texto, hasta el momento climático de la muerte del tío. Si bien este se encontraba excluido, el niño también distingue en su madre una separación de la realidad que la aísla y que se manifiesta en el momento mismo en el que conoce la noticia de la muerte de Gervasio; en ella se adjetivan intencionalmente sus acciones marcando las irregularidades de las relaciones entre los personajes:
Miro a mi madre, a ella, como si los otros no existieran, tiene una mirada dura, sin perdón, extiendo mis brazos abiertos. Quisiera abrazarla, poner mi cabeza de Tierra sobre su pecho y decirle sosténme, por favor, sosténme, no me dejes caer en las aguas de este canal que tanto esperaron por mí para hacerme libre. (Suárez, 2011: 72)
Por otra parte, el cuento “El príncipe de la basura”, al que ya nos referimos con anterioridad y que se encuentra incluido en Tiempo de amar. Antología de cuentos de amor para niños, adolescentes y jóvenes al compás de sus doce campanadas (Pérez, 2009), tiene reminiscencias de los cuentos tradicionales asentados en el imaginario popular y desarrollados a través de diferentes variaciones de una misma historia, donde la joven se enamora a primera vista y espera todos los días por su amado (Suárez, 2009). Este texto discurre por momentos nada convencionales, en los que prima la construcción compleja de los pocos personajes que intervienen y la imaginación desbordada de esta niña: ambos confluyen para darle un matiz más humano y seductor a la narración. Combinados de maneras diversas, los conflictos hogareños que se aprecian están relacionados con el rechazo de los padres hacia el joven por su oficio de barrendero y el amor silencioso de la protagonista (Amelia), quien hace caso omiso de su oficio y percibe otras cualidades que se realzan como más importantes.
A pesar de que tiene puntos comunes con otros cuentos como el tema de la alienación, en “Abuela y la mariposa” (Suárez, 2012a), se establece una relación entre la infancia y los ancianos como generaciones afines por la capacidad de ver más allá del día a día y tener espacio para albergar otros sueños y realidades que no son los usuales. Es esta una familia donde el amor y el respeto son evidentes y donde los valores tratan de mantenerse en la convivencia. Cuando la abuela se siente herida porque se burlan de ella, los tíos tratan de subsanar el error, aunque sigue siendo incuestionable que para los padres, el criterio tanto de los niños como de los ancianos, no es importante.
Abuela dice: “Mi mariposa se llama Melinda”. Se apuran en darle la pastilla, le contó a Melinda la historia de su bisabuelo el mambí, la mariposa quedó asombrada de su valentía en el rescate de la bandera durante la batalla. Trató de contarlo en el almuerzo que reunió a la familia, pero fueron concluyentes:
- Por favor, vieja, ¿cuántas veces va a contar la misma historia?
Todos rieron, menos la abuela. No habló más, a pesar de que tío Anselmo se puso a hacer chistes para alegrarla. (Suárez, 2012a: 81)
Este cuento es un texto donde la imaginación, como forma de comunicación universal, acerca a la niña o al niño, protagonista del cuento, a su abuela, a través de un mundo de fantasías al que solo ella accede y que se contrapone a la realidad que habitan los padres. Estos involuntariamente han aislado a la anciana y rechazan, como síntoma de locura, cualquier elemento que se salga de sus parámetros, como cuando ella comenta que: “Una mariposa viene a mi ventana” (Suárez, 2012a: 82).
Otro punto en común con “Liberen a la Tierra” es la muerte como una posibilidad cercana o inmediata. Si bien en la primera historia es percibida por el niño como una forma de liberación; en la segunda, asusta al adulto mayor y despierta en el niño una profunda compasión:
- Estoy cansada. Tengo miedo de dormir y descansar para siempre.
Subí a la cama y la abracé para que no tuviera miedo de cerrar los ojos. (Suárez, 2012a: 82)
La violencia es un campo semántico que persiste en toda la obra de Luis Carlos Suárez, aunque por sus resonancias tiene mayor énfasis en esta variación temática. Si bien se convierte en isotopía de todas las historias, su incidencia mayor se encuentra en los cuentos “Las mentiras del Rey Arturo” (Suárez1999a) “Fábula del hombre solo” (1999b), “Claro de luna” (1990) y “Liberen a la Tierra” (2011), cuentos pertenecientes a Suárez. En todos los casos está muy relacionada con los conflictos que se producen en el hogar debido a las diferencias generacionales, al rechazo a las diferencias y al divorcio como un fenómeno cada vez más usual.
En consonancia con lo antes expuesto, se puede establecer que en las historias infantiles y juveniles de Luis Carlos Suárez, la representación de la alienación y la discriminación social como temáticas afines a la isotopía de la familia y sobre todo a los conflictos que en la actualidad la sacuden, se corresponde con la estructuración compositiva de los textos y con esa imagen del niño desprejuiciado y veraz que a toda costa defenderá al oprimido, al desamparado y en particular a aquellos que forman parte cercana de su vida.
Ese universo simbólico, trabajado a través de un lenguaje cotidiano en función del infante, permite reflejar los conflictos sociales de una Cuba muy presente en los cuentos de Suárez Reyes, pero metaforizada para lograr, desde la belleza de la humanidad y los valores, conectarlos de manera convincente en estas historias hechas para conmover y transformar la realidad.
A modo de conclusión
La cuentística infantil y juvenil de Luis Carlos Suárez se encuentra construida sobre un mundo temático afectivo que gira alrededor del paisaje y de las vivencias del niño. Adquiere en algunos momentos formas didácticas, aunque ha evolucionado desde obras de contenido moral o educativo a las de simple entretenimiento y diversión, con un lenguaje nuevo, universal y de fácil entendimiento para los pequeños.
La alienación y discriminación social son temáticas recurrentes en la producción de Luis Carlos Suárez, en la cual la relación realidad-fantasía se expresa a partir de variaciones temáticas como estas, que denotan un ambiente donde la crítica social es el elemento primario, sin obviar las cuestiones educativas y moralizantes, jerarquizadas con el fin de obtener una perspectiva subjetiva del niño, un conocimiento de los conflictos a los que se enfrenta, así como la valoración interna del alcance de su percepción. Todos estos aspectos corroboran una perspectiva estética y social del autor granmense que se identifica con las tendencias contemporáneas del género.
Bibliografía
Aguirre, M. (1987) Verdad y fantasía en la literatura para niños. En Julio como en Enero. Boletín sobre literatura infantil (4). La Habana, Cuba.
Asociación Hermanos Saíz (AHS) (2020) Quinquenio Gris. Forodebate: La representación intelectual de la Revolución: creación, pensamiento social y comunicación. Arte Joven Cubano. http://www.ahs.cu/?tag=quinquenio-gris
Cabrera, L (2008) Panorama de la literatura para niños y jóvenes. En: R. Acosta, (Ed), Historia de la literatura cubana. (1a ed, 666-673). La Habana, Cuba, Editorial Letras Cubanas.
Colectivo De Autores (2008) Historia de la literatura cubana. Tomo III. La Revolución (1959-1988). Con un apéndice sobre la literatura de los años noventa. La Habana, Cuba: Editorial Letras Cubanas.
Flower, V. (2010) La literatura rusa y sus lectores cubanos. La Jiribilla. http://www.lajiribilla.cu/2010/n458_02/458_08.html
Forero-Pineda, F (2021) ¿Qué es la alienación? Perspectivas para la actualización de un concepto del pensamiento social crítico. Praxis filosófica (52): 203-224. Recuperado el 21 de septiembre de 2022 de: https://doi.org/10.25.100/pfolosofica.v0i52.10713
Fornet, A. (2007) El Quinquenio Gris: revisitando el término. Criterios. https://www.debatecultural.net.ve/Observatorio/FornetQuinquenioGris.pdf
García, P. A. (2009) La Edad de Oro una revista para todos los tiempos. Bohemia, (16): 11-14.
Giménez, G (2005) La discriminación desde la perspectiva del reconocimiento social. Revista de Investigación Social, (1): 31-45.
Guerrero, S. y Núñez, E. A. (2000) Lengua, literatura y cultura: aprender de los mitos. https://ruc.edu.es/dspace/bitstream/handle/2183/8124/LYT_16_2000_ar_8.pdf
González, W. y Pérez, E. (2008) La literatura para niños y jóvenes, Historia de la literatura cubana. La Habana, Editorial Letras Cubanas, tomo 3, 522-533.
Herrera, R. y Estupiñán, M. (2014) Diccionario de autores de la literatura infantil cubana, t. I. La Habana, Editorial Gente Nueva y Unión.
Izaguirre, Y. (2009) Hechizados por la dulce agonía. Un acercamiento al desarrollo histórico de la literatura infantil en Granma. Bayamo, Cuba. Ediciones Bayamo.
Pérez, E. (1998) Literatura para niños: renovación y ruptura en los 90. La Gaceta de Cuba, (3): 3-7.
Perez, E. (2001) ¡Mucho cuento! Narrativa infantil cubana de los años 90. La Habana, Ediciones Unión.
Perez, E. (2005) El cuento de nunca acabar y otros misterios. La Habana, Ediciones Unión.
Perez, E. (2009) Tiempo de amar. Antología de cuentos de amor para niños, adolescentes y jóvenes al compás de sus doce campanadas. Matanzas, Ediciones Aldabón.
Puñales, D. (2016) Todas las pieles de una isla: memoria y posmemoria rusa en la producción literaria cubana. Cuadernos del CEL, 1, (2): 57-72. http://www.academia.edu/27702699/TODAS_LAS_PIELES_DE_UNA_ISLA_MEMORIA_Y_POSMEMORIA_RUSA_EN_LAPRODUCCI%25C3%2593N_LITERARIA_CUBANA
Puñales, D. (2017) Geopolíticas de la traducción en la Cuba de la estética marxista al BOOM literario socialista. Rev. Let., 57, (2): 35-52. http://periodicos.fclar.unesp.br/letras/article/domnload/11718/7957/35556
Quiles, M. C. (2007) Una aproximación a la narrativa infantil y juvenil cubana actual. En Anuario de Investigación en Literatura Infantil, (5): 215-238. https://revistas.uvigo.es/index.php/AILIJ/article/view/794
Ruiz, S., Reinoso, A., Asún, R., Aceituno, R., Ugarte, A. M. y Jiménez, A. (2011) Jóvenes secundarios de hoy: estudio sobre su visión de la sociedad desde los conceptos de Anomia y Alienación psicosocial. Última Década, 19, (35): 195-220.
Seeman, M. (1959) On the meaning of alienation. American Sociological Review, 24. Washington, EUA: American Sociological Association.
Serra, M. (1989) La Edad de Oro. Acerca de la vida y el plan de la naturaleza. En: S. Arias, (Compilador) Temas Martianos, p. (67-148). La Habana, Cuba: Centro Félix Varela.
Snitsyna, D. (2020) Ruina y risa: la imagen de lo ruso y lo soviético en la literatura cubana. En: U. ASZYK (Directora), ¿Dentro/fuera? Nuevas perspectivas sobre la identidad y la otredad en las literaturas hispánicas, (p.111-117). Varsovia, Polonia: Museo de Historia del Movimiento Popular Polaco
Suárez, L.C. (1990) Claro de luna. Colección Para un príncipe enano. La Habana, Cuba. Ministerio de Cultura.
Suarez, L.C. (1999a) El capitán de las arenas. En L. Suárez, (Autor) Las mentiras del Rey Arturo, (p.23-27), Santiago de Cuba, Cuba, Editorial Santiago.
Suárez, L.C. (1999b) Fábula del hombre solo. En: L. Suárez, (Autor) Las mentiras del Rey Arturo, (p.18-22), Santiago de Cuba, Cuba, Editorial Santiago.
Suárez, L.C. (2005) El caballero de los pájaros. Santiago de Cuba, Cuba, Instituto Cubano del Libro, Editorial Oriente.
Suárez, L.C. (2009) El príncipe de la basura. En: E. Perez, (Ed.), Tiempo de amar. Antología de cuentos de amor para niños, adolescentes y jóvenes al compás de sus doce campanadas, (p.153-155), Matanzas, Cuba, Ediciones Aldabón.
Suarez, L.C. (2011) Liberen a la Tierra. En: E. Baratute, (Ed.), Vuelve a cantar la cigarra. Cuentos en homenaje a Onelio Jorge Cardoso (p. 71-72). La Habana, Cuba, Editorial Gente Nueva.
Suarez. L.C (2012a) Abuela y la mariposa. En: E. Tornes, y M. L. Garcia, (Autores), La isla de los sombreros mágicos. Cuentos para niños y adolescentes, (p. 81-83), La Habana, Cuba, Casa Editorial Abril.
Suarez, L.C. (2012b) Mi novia imaginaria. En: E. Tornes, y M. L. Garcia, (Autores), La isla de los sombreros mágicos. Cuentos para niños y adolescentes, (p. 87-92), La Habana, Cuba, Casa Editorial Abril.
Tornes, E y García, M. L. (2012) La isla de los sombreros mágicos. Cuentos para niños y adolescentes, La Habana, Cuba, Casa Editorial Abril.
Vázquez, J. C., Campos, C. F. y Torijano, O. (2017) Aproximación interdisciplinaria a las reminiscencias del sistema de castas colonial en México. Revista de El Colegio de San Luis, 7, (13): 202-221. https://doi.org/10.21606/rcsl7132017713
Notas