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Turismo comunitario pro-pobre en el ejido El Rosario, Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca
Pro-poor in the ejido El Rosario community tourism Biosphere
El Periplo Sustentable, núm. 29, pp. 92-119, 2015
Universidad Autónoma del Estado de México



Recepción: 16 Julio 2014

Aprobación: 26 Marzo 2015

Resumen: La colonización de zonas ecológicamente frágiles, la expansión de la frontera agraria, la explotación de materias primas y fuentes de energía llevaron a los gobiernos de países emergentes, a partir de los años setenta del siglo pasado, a iniciar políticas de conservación ambiental, así se declararon un gran número de Áreas Naturales Protegidas en México. No obstante, luego de casi cuarenta años, una población en aumento que vive dentro y alrededor de ellas enfrenta pobreza, por lo que el turismo se ha considerado como un instrumento que proporciona los ingresos necesarios para mejorar las condiciones de vida de la población residente. En este trabajo se presentan los resultados de una investigación en la que se buscó conocer la contribución del turismo en los ingresos de las unidades familiares de una comunidad de la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca. Por medio de entrevistas a profundidad, se logró saber que los ingresos por la actividad turística son marginales y únicamente benefician a los dueños de los bosques, lo que genera mayores desequilibrios socioeconómicos en la población ante las promesas incumplidas del turismo.

Palabras clave: Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca, turismo comunitario, turismo pro-pobre.

Abstract: The colonization of ecologically fragile areas, expansion of the agricultural frontier, the exploitation of raw materials and energy sources have led governments of emerging countries since the decade of the seventies to initiate environmental conservation policies century, and were declared a large number of protected areas in Mexico. However, after nearly forty years, a growing population living in and around these areas faces poverty and, tourism can be seen as a tool that provides the revenue needed to improve living conditions of the resident population. The first results of this investigation, in which the aim was to know the contribution of tourism for the income of a community in the region known as the Biosphere Reserve of the Monarch Butterfly. Through in-depth interviews, it was possible to know that tourism revenues are marginal and only benefit the owners of the forests, which generates higher socio-economic imbalances in the population due to the broken promises of tourism.

Keywords: Biosphere Reserve Monarch Butterfly, community tourism, pro-poor.

Introducción

En México, la población rural ha sufrido profundas transformaciones durante las tres últimas décadas. El continuo proceso de urbanización, el intenso avance de la globalización y las transformaciones demográficas han configurado un nuevo entorno para el campo, el cual se ha caracterizado por cambios tecnológicos que redundan en mejoras de la productividad, nuevos cultivos que se ajustan a las exigencias de un mercado internacional, modificaciones genéticas que mejoran las variedades de los productos, nuevos esquemas organizacionales que dinamizan las formas de comercialización y modifican los métodos de inserción en el mercado mundial e incluso, el surgimiento de nuevos esquemas de desarrollo rural. Dichos cambios han configurado un actual entorno para el sector agropecuario (Escalante y Catalán, 2008).

Así, en el marco de la Nueva Ruralidad[1] esta situación derivó para México en un aumento de los niveles de pobreza (principalmente de la pobreza rural), la migración y en la “desagrarización del medio rural”,2 en donde las actividades no agrícolas representan más de 50.0% de los ingresos de las familias rurales (Escalante y Catalán, 2008). Ante esta situación, las poblaciones rurales buscan diferentes alternativas para generar ingresos económicos, como la migración nacional e internacional, la incorporación a programas sociales, el empleo temporal, la artesanía y el turismo, que complementen el ingreso de las unidades familiares.

Un ejemplo de este panorama son las localidades que se ubican al interior de la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca (RBMM), misma

que abarca 56 259 hectáreas en los estados de México y Michoacán (Mariposa Monarca (n. d.). Consultado el 8 de enero de 2015. Página Web: http://mariposamonarca.semarnat.gob. mx/santuarios.html). La Reserva de la Monarca fue creada con la intención de proteger a este lepidóptero contra los estragos de la invasión de las actividades humanas (Barkin, 2002). Sin embargo, con el establecimiento de ésta, se presentaron cambios drásticos en la vida de las personas que viven en y alrededor de la Reserva (Barkin, 2002), debido a que a partir de la declaratoria, el acceso, uso y control del bosque se restringió para esa población que basaba su economía en el aprovechamiento forestal principalmente. Se trataba de comunidades con un sistema de producción diversificado que combinaba el corte de madera con la agricultura de baja intensidad, combinación que aseguró por muchos años los suministros para satisfacer sus necesidades: maíz y frijol, así como cerámica artesanal y muebles para complementar las ventas de madera o troncos (Barkin, 2002).

En este contexto y ante el interés que empezó a despertar entre los amantes de la naturaleza y por la necesidad de ofrecer alternativas o una actividad económica que compensara la restricción a los recursos del bosque, se permitió que la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca abriera cuatro accesos para que visitantes pudiera apreciar este fenómeno migratorio y que los ejidatarios obtuvieran ingresos a través del cobro por el ingreso y la prestación de servicios turísticos.

En el ejido El Rosario se abrió el primer santuario a turistas y es, actualmente, el más importante en términos de visitantes, los datos oficiales afirman que el turismo se ha consolidado como una actividad económica importante desde inicios de los años 80, debido a que los beneficios de esta actividad se distribuyen como utilidades entre los 261 ejidatarios (Santuario El Rosario (n. d.). Consultado el 17 de enero de 2013. Página web del Ejido El Rosario: http://santuarioelrosario.mx/index.php/el-santuario/la-reserva-de-la-biosfera-mariposa-monarca). No obstante, respecto a las políticas proteccionistas y de alivio a la pobreza han surgido voces críticas que consideran que no se han cumplido los objetivos de ninguna de las dos políticas (Barkin, 1998 y 2002; Brenner, 2009 y 2010; Merino Pérez y Hernández Apolinar, 2004). De acuerdo con lo anterior, en este artículo se presentan los resultados de una investigación en la que se buscó conocer la importancia del turismo comunitario en el ingreso de las unidades familiares del ejido El Rosario de Ocampo, Michoacán. De esta forma, se inicia con el marco teórico, después se expone el proceso metodológico realizado para la recolección de datos, posteriormente se elabora descripción de los hallazgos y se concluye con algunas reflexiones finales.

Pro-poor tourism (PPT)

La idea de usar al turismo en el combate a la pobreza toma fuerza en 1998 cuando en el Reino Unido varias agencias de cooperación e instituciones inician una investigación para conocer el impacto del turismo en el alivio de la pobreza. Un año más tarde, H. Goodwin acuñó el término Pro-poor tourism (PPT) para denominar a los estudios, cuyo interés fuera analizar la contribución del turismo a la disminución de la pobreza (Pinto Faria e Hidalgo Moratal, 2012).

Los resultados de los informes del grupo “pro pobre” provocaron un revuelo en la literatura y han influido instituciones en el diseño de políticas para el turismo. Así, desde 2002, la Organización Mundial de Turismo (OMT) ha recomendado la adopción del enfoque del Pro-poor Tourism en los lineamientos para el desarrollo turístico y durante la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible presentó el Programa Turismo Sostenible-Eliminación de la Pobreza (ST-EP) para contribuir a dos objetivos del milenio: el combate a la pobreza extrema y la promoción de la igualdad de género.

En este documento se argumentaba, si bien el turismo se comercializa internacionalmente, se consume en el punto de producción. En otras palabras: los turistas visitan la fábrica. Es a nivel del destino que deben maximizarse las oportunidades para que los residentes obtengan beneficios de esta industria de exportación si el turismo se quiere utilizar para reducir la pobreza. Central en el debate sobre turismo y desarrollo son los temas de la forma de empleo y otros beneficios económicos que pueden ser maximizados a nivel local en los destinos, y cómo se pueden minimizar los impactos sociales y ambientales negativos. Los principios y los enfoques que maximizan los impactos económicos del turismo a escala local son los que están asociados con el enfoque del Pro-Poor Tourism, el cual se define por tener un enfoque basado en los beneficiarios (Goodwin, 2013: 388).

El PPT considera que el turismo es una eficiente herramienta para reducir la pobreza en los países menos desarrollados al incrementar los ingresos de la población más depauperada (Gascón, 2011). Para tal propósito plantea tres ámbitos de actuación:

  1. 1. Aumento de oportunidades de trabajo asalariado.
  2. 2. La creación de microempresas locales.
  3. 3. La generación de ingresos comunitarios.

Para lograr dichos objetivos se propone una intervención financiando proyectos de turismo rural comunitario y el apoyo de políticas empresariales turísticas de gran capital que generen empleo directo e indirecto para la población local. Tal mecanismo de cooperación internacional busca incidir en la realidad para transformarla, basado en el paradigma de que la pobreza se puede combatir incrementando los ingresos de los pobres hasta alcanzar un mínimo de bienestar (Gascón, s/f).

Uno de los puntos que han suscitado más críticas al modelo PPT es la definición de pobreza que subyace en él, la pobreza se concibe como la privación de las necesidades vinculadas al mínimo vital y los indicadores son el ingreso per cápita o el valor de una canasta de consumo (Pinto Faria e Hidalgo Moratal, 2012). No obstante, Amartya Sen (2000) sostiene que la falta de ingresos es una de las principales causas de la pobreza, pero el análisis no debe limitarse a este factor. Para este autor, la pobreza debe entenderse como la privación de capacidades; dicho enfoque se centra en las privaciones que son intrínsecamente importantes a diferencia de los ingresos que sólo son instrumentalmente relevantes. Así, se puede hablar de dos tipos que pobreza que están íntimamente ligados, pues uno conlleva al otro: la pobreza de ingresos y la pobreza de capacidades (Sen, 2000; Nussbaum, 1997).

Un enfoque alternativo en consonancia con Sen se encuentra entre los llamados teóricos de la exclusión, quienes llaman la atención hacia “cómo vive la gente” al plantear que los pobres presentan una variedad de problemas y privaciones que van más allá de los bajos ingresos que constituyen un círculo vicioso. De este modo, la pobreza es definida como un fenómeno multidimensional que debe incluir habilidades y capacidades del pobre de manejar su propia vida, capacidad de adaptarse, tener acceso a servicios, participar en la vida social o comunitaria de su grupo, tener seguridad, entre otros (Mitchell y Ashley, 2010). La capacidad de una persona consiste en combinaciones de funcionamientos posibles para esta persona, es decir, que ella es capaz de alcanzar. De acuerdo con este argumento, una persona es pobre cuando no fue capaz de alcanzar las oportunidades necesarias para desarrollar capacidades.

Los teóricos de la exclusión sostienen que en la realidad el modelo PPT ha demostrado que los beneficios netos del turismo favorecen a la población más próspera y no a la más pobre, incluso a gente foránea y no precisamente a la población local porque para tal modelo lo importante es que los índices globales de pobreza disminuyan (Gascón, 2011).

No obstante, ejemplos que demuestren los beneficios reales para los pobres cuando éstos se dedican al turismo, siguen siendo escasos (Ashley y Goodwin, 2007). Las voces críticas del PPT afirman que sólo se ha enfocado en el nivel micro, como un producto nicho en los casos de ecoturismo y turismo comunitario. Asimismo, se ha puesto poca atención en los vínculos con el mercado. Los recursos económicos de organismos nacionales e internacionales se destinan a proporcionar capacitación, en el mejor de los casos, o a la construcción de infraestructura, en su mayoría, pero los productos fracasan por no tener una demanda doméstica o internacional, lo que reditúa en que no se mejoren los medios de vida. En casi todos los casos, se anima a las comunidades a iniciar proyectos turísticos y luego de invertir dinero, trabajo y propiedades, los turistas no llegan (Ashley y Goodwin, 2007).

Turismo comunitario

Con base en el PPT, durante las últimas décadas del siglo pasado y la primera de éste, se ha promocionado al turismo como una estrategia cómoda y rápida de desarrollo y lucha contra la pobreza por su facilidad de generar altos beneficios económicos con poca inversión debido a que el paisaje y la cultura nativa, materia prima para ello, ya estaba ahí de manera gratuita (Gascón, 2011).

Como una alternativa al turismo de sol y playa, que suele ser altamente agresivo con el medio ambiente y la cultura local, se ha pensado que se podría apostar por un tipo de turismo gestionado por familias campesinas, comunidades, cooperativas o pueblos indígenas, mismos que integrarían una actividad complementaria a las tradicionales. Así surge el turismo comunitario en varios países de Latinoamérica.

El turismo comunitario, según Cañada (2012), es un tipo de turismo en el que la población rural, principalmente pueblos indígenas y familias campesinas, a través de sus diversas estructuras organizativas de carácter colectivo, ejerce un papel central en su desarrollo, gestión y control, así como en la distribución de sus beneficios. Se trata por lo tanto de un turismo de formato pequeño o de nicho que debe permitir establecer sinergias con otras políticas de desarrollo (Gascón, 2011; Fernández Aldecua, 2011).

El turismo comunitario no ha estado exento de defensores y detractores. Por un lado, ahí donde ha logrado consolidarse, ha promovido una diversificación de las actividades productivas y con ello generar nuevas fuentes de empleo, se han revalorizado bienes y servicios comunitarios como el agua, el bosque o la tierra, además el turismo comunitario pone a disposición de la mayoría de la población espacios, infraestructuras y servicios. Por su parte, las mujeres que participan en esta actividad turística han incrementado su protagonismo en asuntos públicos de la comunidad y el contacto, intercambio y conocimiento con otras formas de plantearse la vida, la maternidad, las relaciones de pareja, etc. (Cañada, 2012).

Sin embargo, Gascón (2011 y 2013) sostiene que la introducción del turismo comunitario en poblaciones rurales no está exento de dificultades y riesgos. Después de 10 años, se ha visto que mientras que la oferta ha tenido un incremento exponencial, la demanda se ha estancado. Lo que se ha visualizado es que la llegada de turistas está mediada por agentes externos (tour-operadores) lo que no permite que la comunidad tenga el verdadero control del negocio.

Asimismo, Gascón (2013) señala que el turismo comunitario ha detonado una serie de cambios en las comunidades rurales tradicionales debido al choque entre una actividad moderna y el mundo campesino, pues el turismo representa una experiencia ajena a las comunidades rurales indígenas o mestizas, es decir, es una actividad ajena a la “vocación social del territorio”. El campesino y su familia, generalmente, no han experimentado el ser turistas ni mucho menos saben qué es un prestador de servicios turísticos; tampoco tienen conocimientos ni destrezas para imaginar, crear y gestionar una empresa de corte mercantil, en competencia en el mercado global. El desconocimiento de sus características significa que la gente no puede participar con pleno conocimiento en su diseño y gestión. Por otra parte, cuando la comunidad no lo logra apropiarse de la propuesta, los proyectos fracasan o caen en la tutela de personas foráneas (Cañada, 2012).

Otro conflicto alrededor del turismo comunitario se refiere al aspecto distributivo de los beneficios de la actividad, lo que en ecología política se conoce como conflictos ecológicos distributivos, pues una parte de la población, aquella preponderante que controla el recurso, acapara las ganancias, lo que profundiza las diferencias socioeconómicas entre el sector minoritario que se beneficia de la renta generada por el turismo, mientras la mayoría pierde calidad de vida (Gascón, 2012).

Con esto como antecedente, un lugar en el que se pueden estudiar las repercusiones tanto de las políticas proteccionistas como de las de alivio a la pobreza son las comunidades que reciben turistas en la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca (RBMM). Por una parte, voces críticas (Barkin, 1998 y 2002; Brenner, 2009 y 2010; Merino Pérez y Hernández Apolinar, 2004) consideran un obstáculo para el desarrollo económico de determinadas áreas el hecho de que se declaren áreas protegidas porque ven reducida la capacidad de aprovechamiento de sus recursos, ya que, según Alonso García (1999 citado en Millán Escriche, 2001), las Áreas Naturales Protegidos (ANP) suelen configurarse como núcleos de empobrecimiento económico de los habitantes de la zona, es decir, en aras de la preservación de la biodiversidad, Estados o Administraciones Públicas frenan los procesos económicos de desarrollo ordinarios para no impactar en la naturaleza. Asimismo, David Barkin (2002) sostiene que el ecoturismo puede considerarse como una actividad económica ideal para promover la sostenibilidad y el desarrollo, no puede tener éxito por sí sola. Si tal actividad no va acompañada de una estrategia integral que diversifique la producción y que fortalezca la organización social, no habrá resultados en el alivio a la pobreza de las comunidades como el ejido El Rosario, parte de la RBMM en el municipio de Ocampo Michoacán.

En este contexto, datos oficiales afirman que en el ejido El Rosario el turismo se ha consolidado como una actividad económica importante desde inicios de los años 80, debido a que los beneficios de esta actividad se distribuyen como utilidades entre los 261 ejidatarios y se generan empleos para 87 miembros del comité turístico cada tres años, ocupaciones que son para los ejidatarios. Del mismo modo, sostienen que el turismo genera también beneficios económicos para alrededor de 261 familias de los ejidatarios, quienes son propietarios de los puestos de la zona comercial (Santuario El Rosario (n. d.). Consultado el 17 enero de 2013. Página web del Ejido El Rosario: http://santuarioelrosario.mx/index.php/el-santuario/la-reserva-de-la-biosfera-mariposa-monarca).

Por ello fue importante conocer qué tanto el producto del turismo es significativo en el ingreso de las unidades familiares en comparación con los generados por las actividades: agropecuarias, migración, programas sociales y apoyos institucionales. Asimismo, cuando la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca se abre al turismo lo hacen dentro del modelo del ProPoor Tourism, lo que según críticos (Gascón, 2011, 2012 y 2013; Cañada, 2012; Pinto Faria e Hidalgo Moratal, 2013 y 2012) hablaría de ingresos marginales y poco significativos para la población. No obstante, ejemplos que demuestren los beneficios reales para los pobres cuando éstos se dedican al turismo, siguen siendo escasos (Ashley y Goodwin, 2007). Faltan estudios empíricos que proporcionen datos sobre los impactos del PPT tanto por aquellos que lo proponen como por aquellos que lo critican.

De ahí que haya surgido la inquietud de contar con evidencia empírica acerca de ¿qué tanto reciben las unidades domésticas del turismo? ¿Son marginales o sustanciales esos ingresos para la economía local y para el combate a la pobreza? ¿Mejoró o empeoró la economía familiar?

Para responder a dichas preguntas se inició con la revisión y el análisis de los estudios previos realizados en la RBMM (Chapela y Barkin, 1995; Barkin, 2000; Martín, 2001; Merino Pérez, 1995; Merino Pérez y Hernández Apolinar, 2004; Brenner y Job, 2006; Brenner, 2009, 2010 y 2012; Cohan, 2007; Quintanar Maldonado, 2007; Ibarra García, 2011), posteriormente, se hicieron dos visitas al ejido El Rosario durante la temporada 2012-2013, una en diciembre y otra en enero, para 2013-2014 otras dos visitas, en enero y marzo. El Santuario El Campanario representa el más importante tanto por el número de visitantes como por las colonias de mariposas que ahí hibernan en su estancia en México. Para hacer acopio de información, se realizaron en total 25 entrevistas a profundidad a los miembros del Comité Ejidal Turístico en turno y 32 a los ejidatarios que trabajaron en cada una de las temporadas. Asimismo, se conversó con vendedores de la zona comercial, 14 hombres y 39 mujeres avecindados y ejidatarios. Se complementó la información con observación participante y charlas informales. Las preguntas que orientaron las entrevistas giraron en torno a la organización del trabajo, actividades económicas realizadas en la temporada y fuera de ella, tipos de apoyos y montos recibidos de los programas sociales del gobierno federal y estatal, número de integrantes de las unidades familiares, escolaridad, edad, ocupación e ingresos percibidos. Se consideró información fundamental saber el destino que le dan a los ingresos obtenidos por el turismo y el peso para sus finanzas. Asimismo, se les preguntó si consideraban que el turismo había servido para mejorar su vida, pregunta amplia para que ellos le otorgaran la interpretación que desearan. En total, se hicieron 57 entrevistas con una duración promedio de 90 minutos. Posteriormente, se inició un sondeo con algunos turistas para conocer su procedencia, forma de viaje y gasto realizado en su visita. Lo anterior, permitió constatar que no existe gran diferencia con el estudio realizado por Cohan (2007).

Ejido El Rosario; Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca

La Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca (RBMM) se ubica en los límites del Estado de México y el oriente del estado de Michoacán. En las partes más altas de las sierras hay relictos de bosque de oyamel (Abies religiosa) que constituyen el hábitat invernal de la mariposa monarca (Danaus plexippus), especie de lepidóptero que atraviesa dos veces al año el continente norteamericano, desde los Estados Unidos y Canadá hasta México; y en dirección contraria al iniciarse la primavera. La llegada de la mariposa monarca a las comunidades del centro de México ha sido conocida desde hace siglos por los habitantes de la región; pero fue a finales de los años setenta del siglo XX que científicos norteamericanos ubicaron los sitios de hibernación. A partir de entonces se inició la campaña por la protección oficial de estos sitios; como resultado, en 1986, se decretó la RBMM en una extensión de 16 000 hectáreas, distribuidas en seis santuarios discontinuos. En 2000, con los mismos objetivos, el área protegida duplicó su extensión (Merino Pérez, 1995; Merino Pérez y Hernández Apolinar, 2004). Seis años más tarde, a finales de 2006, la RBMM se inscribió en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, ya que los santuarios de la mariposa monarca son considerados entre las cuatro bellezas naturales reconocidas por este organismo en el país.

Parte del territorio del ejido El Rosario está incluido en la zona núcleo de la reserva, donde está prohibida toda actividad extractiva, con ello los ejidatarios perdieron sus fuentes tradicionales de subsistencia a pesar de que formalmente mantienen la propiedad de dichos recursos. Los ejidatarios del Rosario recuerdan no haber sido consultados cuando se delimitó este primer polígono. En consecuencia, como lo han documentado varios en otras ANP mexicanas (Chapela y Barkin, 1995; Barkin, 2000; Merino Pérez y Hernández Apolinar, 2004) hubo oposición a estas medidas e incluso en el caso de El Rosario, muchos se enteraron hasta que quisieron obtener permisos para la explotación forestal como lo refiere Ibarra García (2011), así como resistencia en contra de las medidas para poner en práctica la normatividad ambiental (Brenner, 2010).

Monarcas y turistas

Para subsanar los “efectos secundarios” relacionados con la política ambiental, como en otras ANP, se fomentaron actividades económicas alternativas a las prácticas tradicionales del uso del bosque por no considerarse sustentables (Brenner, 2009). En este contexto y ante el interés que empezó a despertar entre los amantes de la naturaleza, la RBMM abrió cuatro accesos al público. El ejido de El Rosario fue el primer santuario que recibió permiso para recibir turismo en 1986 y es la entrada más importante en términos de visitantes, ya que atrae al 70% del total, en él se localiza el mayor grupo de la mariposa monarca (Brenner, 2012), además que de ahí las colonias de mariposas son muy accesibles por senderos pavimentados, en cambio, el acceso a las mariposas en los demás ejidos requiere mejor condición física.

El ejido El Rosario dispone, gracias al apoyo financiero de numerosas instituciones gubernamentales y diversas ONG (Brenner, 2009), de un centro de visitantes, sala audiovisual, cafetería, cabañas, tienda de artesanías, sanitarios y otros servicios turísticos. La finalidad última de los apoyos financieros a este ejido fue, sin duda alguna, la aceptación de la RBMM y de sus instituciones gestoras (Brenner, 2009). Los actores que fomentaron el turismo en la RBMM fueron: la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), la Comisión Nacional Forestal (Conafor), la Secretaría de Turismo (SECTUR), el World Wide Fund for Nature (WWF) y Bosque Modelo.

En 2010, El Rosario tenía una población de 4 270 habitantes lo que la constituye como una de las comunidades de la RBMM más grande. No obstante, del total de los habitantes, 6.1% (261) cuenta con derechos ejidales vigentes (Cohan, 2007), el resto que corresponde 93.9% (4,009) tiene el estatus de avecindado, eso significa que sólo 30.0% de las familias gozan de derechos agrarios formalmente establecidos, mientras que la mayoría no tiene acceso directo a parcelas ni a los recursos forestales comunitarios (Santuario El Rosario (n. d.). Consultado el 17 enero de 2013. Página web del Ejido El Rosario: http://santuarioelrosario.mx/index.php/el-santuario/ la-reserva-de-la-biosfera-mariposa-monarca).

Entre las familias de ejidatarios y las que carecen de estos derechos hay diferencias importantes: las condiciones de pobreza se agudizan entre los avecindados. Lo anterior favorece desequilibrios e incluso entre las mismas familias, pues los derechos a los recursos se le heredan de padre a uno de los hijos, lo que hace que los demás queden excluidos (Merino Pérez y Hernández Apolinar, 2004).

Cuando las actividades turísticas iniciaron, los 261 ejidatarios participaban en la administración y prestación de servicios, pero años más tarde se dieron cuenta de que les correspondían muy pocos dividendos que repartir al final de la temporada, es decir, para que no se “diluyeran” las ganancias anuales entre demasiados beneficiados tomaron la decisión de dividirse en tres grupos de 87 personas a los que les correspondería participar alternadamente. Cada ejidatario tiene el derecho de participar en la prestación comunitaria de los servicios turísticos cada tres años. Además, la mayoría de los ejidatarios consideran que la rotación contribuye a una administración más transparente de las ganancias comunitarias –obtenidas por el cobro de entradas, venta de alimentos en la cafetería y la tienda comunitaria, tarifas para uso de sanitarios, pago por hospedaje en las cabañas, entre otras. Así pues, la creación de los Grupos Ejidales Turísticos es resultado de dos factores: del bajo rendimiento económico de la actividad turística en la RBMM y de la desconfianza mutua entre los ejidatarios (Brenner, 2012).

Durante la temporada de hibernación de la mariposa, de noviembre a marzo en el bosque hay monarcas y turistas. Cada uno de los 87 ejidatarios, que trabajó en la Reserva, recibió un pagó de 100 pesos diarios durante las temporadas de 2012-2013 y 2013-2014. Así como se rotan la administración también se turnan el trabajo, pues cada 15 días las personas ocupan diferentes puestos (guías, cobro de la tarifa de baños y su limpieza, cobro en la taquilla de la entrada, limpieza de cabañas, atención de la cafetería, vigilancia en el estacionamiento y la administración –presidente, secretario y tesorero–). El Grupo Ejidal Turístico lleva un control del trabajo, la hora de entrada es a las 8:00 de la mañana. A esa hora deben presentarse todos a reportar su asistencia y a las 6:00 de la tarde, registran su salida. Quienes trabajan como guías reciben, además de 100 pesos diarios como salario, las propinas que los visitantes les suelen dar, por ello todos deben ir participando como guías en búsqueda de la equidad.

Además, cada uno de los 261 ejidatarios tiene un puesto comercial en el sendero que va del estacionamiento a la entrada del bosque en el que tienen la opción de vender a los turistas artesanías, comida, fruta, refrescos y souvenirs. Muchos hijos de ejidatarios rentan caballos a los visitantes que no pueden o desean ascender caminando. Incluso, se llega a solicitar que personas impedidas para caminar por enfermedad o por la edad sean llevadas en camilla o en una silla hasta donde se encuentran las colonias de mariposas. En un buen día, un caballo puede subir de seis a siete veces con un costo de 40 pesos por viaje.

Derrama económica de los turistas

El mejor año identificado por el Ordenamiento Ecológico del Territorio (OET) de la RBMM fue la temporada 1997-1998 (del periodo comprendido entre 1986-2008) porque se registraron 158 072 visitantes, el cobro por persona fue de 30 pesos, dando un total de 4 742 160,[2] entre 81 ejidatarios; se les asignaron 59 277 pesos a cada ejidatario (Ibarra García, 2011). Merino Pérez y Hernández Apolinar (2004) reportan que en la temporada 1997-1998 cada ejidatario recibió al final 16 163 pesos, que equivalían entonces casi al salario mínimo regional durante el lapso de un año. Durante la temporada 1998-1999 visitaron el santuario 30 092 personas, lo que produjo una ganancia de 451 380 pesos. Cada ejidatario recibió 12 538.33 pesos al realizarse el reparto. Según datos oficiales de la RBMM y de la Secretaría de Turismo de Michoacán, cada año llegan entre 100 y 150 mil visitantes.

Por otra parte, se informó que durante la temporada 2012-2013 a cada miembro del Grupo Ejidal Turístico le otorgaron 17 000 como ganancias y durante la temporada 2013-2014 hubo una sensible disminución en el número de visitantes debido a las noticias divulgadas en los medios de comunicación sobre la situación de violencia e inseguridad en el estado de Michoacán, pues apareció en los periódicos nacionales e internacionales que estaba ocurriendo una disminución en el número de mariposas que llegan a la RBMM, por estos motivos al terminar el periodo cada ejidatario obtuvo sólo 7 000 pesos.

En algunas ocasiones, parte de los ingresos turísticos se han invertido en la construcción de obras de beneficio público. Por ejemplo, se han restaurado las aulas de la escuela primaria del pueblo; asimismo, se construyó una cancha deportiva y la iglesia católica en el poblado.

Aunque los avecindados carecen de derechos sobre el bosque y sus recursos y, por lo tanto, a participar en el turismo, algunos ejidatarios venden su derecho de trabajar en la recepción de visitantes. Durante las temporadas de trabajo de campo, el derecho a participar en el grupo ejidal turístico como trabajador costó 2 500 pesos, lo que representó una inversión que generó más de 7 500 pesos de ganancia, si se contempla que durante tres meses les pagaron 100 pesos diarios. Un hecho significativo es que se hallaron varias personas que regresaron a su comunidad para trabajar en el turismo, luego de llevar un tiempo trabajando afuera. Es más frecuente que los ejidatarios renten sus locales comerciales a avecindados o personas de ejidos aledaños para que se oferten artesanías, souvenirs, alimentos y bebidas a los turistas. El precio de la renta osciló entre 2 000 y 4 000 pesos dependiendo de la ubicación del espacio comercial.

La posesión o carencia de derechos ejidales es determinada por diferencias de generación que da como resultado que los jóvenes resulten especialmente afectados y su marginación cancela la posibilidad de incorporarlos a las tareas de preservación, gestión y aprovechamiento del bosque y trabajar en el turismo. No obstante, los hijos y nietos de los ejidatarios pueden beneficiarse eventualmente con la venta de artesanías y alimentos o rentando caballos a los turistas que visitan el santuario de las mariposas monarcas; pero sólo acceden a esta posibilidad mediante acuerdos familiares, sin contar con ningún derecho reconocido por la comunidad (Merino Pérez y Hernández Apolinar, 2004).

El gasto turístico

Una característica del turismo es su vulnerabilidad a una serie de factores externos, como pudo constatarse arriba. El número de visitantes que llegan a la RBMM en general y al ejido El Rosario en particular muestra importantes variaciones de una temporada a otra. Por ejemplo, hay evidencia de que en vacaciones navideñas y días festivos soleados llegan un alto número de turistas, lo que incide en una sobrecarga al bosque, pero la cantidad de visitantes se reduce drásticamente en días laborales y en los periodos de heladas, tormentas o precipitaciones intensas (Brenner, 2010).

En este rubro fue posible corroborar lo planteado en el estudio de Quintanar Maldonado (2007), menos de 10% de los visitantes de la reserva son visitantes internacionales debido a la lejanía de los principales itinerarios de los turistas extranjeros. En cambio, la gran mayoría de los paseantes mexicanos proviene de entidades del centro y occidente de México, es decir, de regiones relativamente cercanas. La estadía promedio es corta: la gran mayoría de visitantes provienen del Distrito Federal, Estado de México, Michoacán y Guanajuato, permanecen en el lugar unas cuantas horas, el tiempo necesario para subir al bosque y, en algunos casos, comer y comprar algún recuerdo de su visita. Únicamente 28% se queda una o dos noches (Quintanar Maldonado, 2007). Debido al predominio del “turismo de paso” y de servicios turísticos de baja categoría, los gastos efectuados en la región de la RBMM sólo alcanzaron un promedio de 150 pesos diarios en 2003 (visitantes sin pernoctación) y 205 pesos (visitantes con pernoctación), respectivamente (Brenner y Job, 2006). La información que se recabó, mostró que el monto de lo gastado por los visitantes en la temporada 2013-2014 no aumentó considerablemente, pues muchos llegar en transporte rentado, viajan en grupo y llevan consigo su comida. Por lo tanto, resulta obvio que la actividad turística en la RBMM es de bajo rendimiento económico, a pesar del hecho de contar con una atracción natural única en el mundo.

Ingreso y trabajo cuando las mariposas están de visita

A cada una de las personas que trabajan en el Grupo Ejidal Turístico se les otorga un pago de 100 pesos diarios y cuando les toca el turno de ser guías,[3] puede haber una propina por su desempeño aunque no sea obligatorio darla.

Fuera de la Reserva, en la zona comercial, a ambos lados del sendero que une el estacionamiento con la entrada al bosque, hay puestos rústicos construidos de madera, ahí se ofrecen souvenirs (tazas, lapiceros, playeras, llaveros) con la imagen de la mariposa monarca. Estos artículos, los vendedores los compran a productores de municipios cercanos que los dejan a crédito. Por cada producto que venden, reciben una pequeña parte (un ejemplo, por una playera les queda una ganancia de 10 pesos). Con lo anterior, puede observarse que quienes ganan más son los foráneos que les surten.

Algunas mujeres recuerdan que cuando la Reserva se abrió al público, una maestra vino para enseñarles a bordar en punto de cruz. Afirman que les pedían hojas de papel cuadriculadas para dibujar distintos modelos de mariposas monarcas. Hoy día, bordan servilletas y manteles, principalmente. Las servilletas más baratas valen 25 pesos y los manteles con bordados más laboriosos pueden costar 4 mil pesos. Sin embargo, las que se venden más son las baratas.

Del mismo modo, tanto algunos hombres como mujeres aprendieron a realizar artesanías de ocoxal (hojas secas de árbol de ocote o pino). Con este material que recogen del bosque hacen canastos de diversos tamaños y formas, floreros, portarretratos y todo aquello que su creatividad les permita. Los precios de estos productos oscilan entre los 20 y 100 pesos. Un artesano comentó que elabora más objetos pequeños porque los grandes, de mayor costo, se venden lentamente. En ambos casos, puede deducirse que las entidades promotoras del turismo en la RBMM, enseñaron la elaboración de artesanías con la idea de que obtuvieran mayores ingresos.

En otros casos, lo que se expende a los visitantes son alimentos, bebidas, fruta de la región, golosinas y postres locales. Un platillo tiene un costo de 50 pesos por persona. En estos pequeños “restaurantes” trabajan mujeres jóvenes y niñas principalmente. Algunas son familiares y otras son empleadas, en ambos casos, el pago es de 100 pesos al día, pero si hay buenas ventas, les pueden dar 150 pesos. Quienes trabajan en servicio de alimentos tienen la ventaja de comer sin costo extra, cuestión que los demás comerciantes y miembros del Grupo Ejidal Turístico no pueden. Algunos informantes dijeron que si compran su comida un platillo se consume entre dos, o bien, llevan sus alimentos ya preparados en casa.

Lo que ganan con la venta de sus productos, souvenirs o artesanías, alimentos y bebidas, salarios y alquiler de caballos por lo regular lo utilizan para “irla pasando” y lo que les sobra lo gastan en la compra de maíz para asegurar, “al menos”, las tortillas cuando no tienen tierras o su producción no les alcanza para todo el año. Otros echan mano de los recursos obtenidos del turismo para, en primer lugar, surtirse para la siguiente temporada o para emergencias médicas. Otros sostuvieron que compran ropa, zapatos, pagan pasajes y cuotas de la escuela. En promedio, luego de una buena temporada, obtienen una ganancia de 4 a 5 mil pesos.

Cuando las mariposas se van

Debido a la baja fertilidad de los suelos, pendientes pronunciadas, heladas frecuentes y la falta de maquinaria, el rendimiento agrícola es bajo y limita considerablemente la producción de excedentes (Brenner, 2010). Frente a esta situación, junto con la carencia de fuentes alternativas de ingreso, es frecuente que muchos de los habitantes del ejido migren de manera temporal o permanente a las ciudades medias cercanas (Morelia y Toluca), la Ciudad de México o a los Estados Unidos. El principal trabajo de los hombres migrantes es la albañilería, por esta labor un peón recibe como paga alrededor de 1 100 pesos a la semana y un “maestro albañil”, 1 500 pesos. No obstante, como deben pagar alimentos y en algunos casos, cuando no les permiten dormir en la misma obra, la renta de algún cuarto, la cantidad que les llevan a sus familias puede ir de 700 a 1 000 pesos aproximadamente cada semana. Las mujeres que se van a trabajar fuera de la comunidad, lo hacen fundamentalmente como empleadas domésticas, incluso jóvenes con preparatoria terminada realizan esta actividad. Una mujer que se emplea realizando trabajos domésticos tiene un salario aproximado de 5 mil pesos al mes. La ventaja de las mujeres es que no necesitan pagar renta ni comida, por lo que su paga llega casi íntegra a la familia.

Es común que los hombres padezcan de alcoholismo, por lo que sus ingresos pueden verse mermados aún más, mientras que en las mujeres es muy raro que sufran de esta condición.

Un padre de familia de tres niñas afirmó recibir felicitaciones de los miembros de su comunidad porque cuando crezcan las pequeñas él será rico, ya que irán a trabajar en alguna ciudad y le mandarán sus sueldos. Asimismo, es necesario enfatizar que el trabajo de albañil es incierto, mientras que el de trabajadora doméstica es un empleo que siempre se demanda. Es poco frecuente que mujeres casadas vayan a trabajar, por lo general, lo hacen jóvenes o madres solteras.

Los hombres que se quedan en la comunidad pueden emplearse como peones agrícolas, vender madera muerta como leña, manejar taxis o combis de transporte público, no obstante, lo más frecuente es que hombres y mujeres se dediquen al comercio de fruta, verdura, golosinas y refrescos.

Para complementar su ingreso, es frecuente, que las unidades familiares críen ganado menor (borregos, gallinas, guajolotes) que venden cuando tienen alguna emergencia o lo consumen ellos mismos cuando no hay otro remedio.

  • Los ejidatarios reciben los siguientes apoyos aunque no de manera regular

  • Pago de servicios ambientales Hidrológicos-Comisión Nacional Forestal

  • Pago por servicios de conservación zona núcleo-Fondo Monarca

  • Restauración de la Microcuenca Cutzamala-Comisión Nacional Forestal

  • Producción de planta forestal en vivero-Fondo Mundial Para la Naturaleza (WWF)

  • Protección, plantación y mantenimientos de reforestaciones-Comisión Nacional Forestal

  • Conservación y manejo de recursos naturales-Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales-Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas

  • Monitoreo de la Mariposa Monarca-Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF)-Dirección de la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca

  • Obras de conservación de suelos para protección de escorrentías-Comisión Nacional del Agua

  • Turismo Sustentable-Secretaría de Turismo Federal y Estatal-Dirección de la Reserva de la Biosfera-Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

En el ejido El Rosario se otorgan apoyos monetarios de los programas sociales federales. El primero de ellos es el de OPORTUNIDADES, con estos apoyos las familias beneficiarias reciben un monto que varía conforme al número de hijos y al grado escolar que cursen, así como al número de adultos mayores incorporados en el hogar. Sin embargo, hay un monto máximo mensual que una familia beneficiaria puede recibir, y en el caso en que éste se rebase, los montos de las becas y del Apoyo Infantil Vivir Mejor se ajustarán proporcionalmente. La mayoría de los entrevistados recibe cada dos meses montos que van de los 840 a 3 200 pesos. Otro apoyo es el de PROCAMPO, mecanismo de transferencia de recursos para compensar a los productores nacionales por los subsidios que reciben sus competidores extranjeros, en sustitución del esquema de precios de garantía de granos y oleaginosas. Se otorga un apoyo por hectárea o fracción de ésta a la superficie elegible. De acuerdo con los informantes, les han dado 800 pesos por hectárea, lo que significa que no es mucho debido a que sus tierras de cultivo son de entre una y dos hectáreas. Muy pocos informantes dijeron recibir el Programa Pensión para Adultos Mayores, quienes lo obtienen son personas adultas mayores de 65 años en adelante, los beneficiarios reciben apoyos económicos de 580 pesos mensuales con entregas de 1 160 pesos cada dos meses.

Comentarios finales

Como se planteó al inicio, el argumento de que el turismo puede ser un aliado en el combate a la pobreza tiene adeptos y detractores. No obstante, el caso del ejido El Rosario puede constituirse como un ejemplo de que el PPT presenta dificultades que no fueron suficientemente tomadas en cuenta. Los problemas encontrados incluyen en primer término un bajo nivel de viabilidad económica debido a que los servicios que se prestan son de baja calidad, el santuario de encuentra apartado de los circuitos de turismo nacional e internacional, el tipo de visitantes realiza un gasto promedio bajo –entre 150 y 250 pesos en unas pocas horas de estancia–. Por otra parte, no se les previno sobre que el turismo como cualquier actividad económica es vulnerable a factores externos que afectan la demanda –crisis económica, terrorismo, inseguridad, entre otros–, y que por ello no debe dependerse únicamente de esta actividad. En otras palabras, para reducir la pobreza no deben ponerse todas las fichas en el turismo, éste debe formar parte de una estrategia integral de desarrollo local articulado a otros sectores.

En segundo lugar, el concepto de pobreza absoluta vinculada a la escasez de ingresos en la que se fundamente el PPT hace el turismo en El Rosario esté estimulando procesos de diferenciación social y de conflicto intracomunitario, ya que los ejidatarios que son los dueños de los derechos sobre el bosque reciben, además de los apoyos económicos por servicios ambientales, corte de madera, de reforestación, ingresos por turismo (renta espacios comerciales, venta del derecho a trabajar y las utilidades al final de la temporada), mientras que los avecindados no tienen derecho a participar en esta nueva actividad. El estudio del binomio turismo y pobreza de una manera superficial, pasa por alto que el turismo como actividad capitalista constituye un modo de acumulación que tiende a reducir salarios o pagar poco a los proveedores de servicios, disminuyendo costos para incrementar los beneficios, así pasan inadvertidas las causas de la pobreza: procesos de explotación de clase, y la definición de grupos de interés y clases hegemónicas, así como del doble rol del Estado como aparato de dominación y como mecanismo de redistribución (Pinto Faria e Hidalgo Moratal 2013). Una perspectiva sistémica debe incorporar al conjunto de los explotados (aquéllos que perciben menos valor del que generan) y excluidos (aquéllos que no siendo explotados porque no producen, no pueden acceder a rentas mínimas de supervivencia).

No obstante, para los impulsores del PPT toda acción que beneficia al pobre es positiva, aunque aumente la desigualdad. Si hay beneficio neto para los pobres en su conjunto el resultado debe considerarse positivo, es decir, aunque unos pobres ganen y otros pierdan, el turismo es ideal en la meta de disminuir la pobreza.

En el caso del turismo, encontramos perdedores por diversos motivos. Entre ellos, citemos el encarecimiento de productos básicos como alimentación o vivienda. Quienes no participan en los beneficios de las actividades turísticas son afectados por sus impactos negativos. También la reducción de la actividad agraria de subsistencia por desvío de recursos productivos hacia el turismo puede provocar una situación similar (y de hecho, así ocurre con frecuencia). Pero si las pérdidas de estos perdedores son menores que las ganancias de los beneficiarios, el proceso propoor-tourism es, bajo el criterio de Goodwin, aceptable (Pinto Faria e Hidalgo Moratal, 2013: 412).

En este contexto, se observa que la valoración positiva del turismo en la reducción de la pobreza palidece, ya que el empeoramiento distributivo será considerado como indeseable al aumentar la pobreza relativa, aunque algunos individuos mejoren su nivel de ingresos. Por lo anterior, no puede separarse la política turística de lucha contra la pobreza de la estrategia global para afrontar el origen de la misma. La consideración de los mecanismos de explotación existentes en el modo de acumulación capitalista muestra la necesidad de incidir en el funcionamiento esencial del sistema para garantizar éxitos en la tarea propuesta.

La consideración del origen de la pobreza en un modo de acumulación de explotación y exclusión social lleva inevitablemente a la necesidad de abordar el concepto de la pobreza (y su solución) desde un ámbito global y multidimensional, nunca meramente sectorial (Pinto Faria e Hidalgo 2013). En lugar de implantar el turismo como una posibilidad de desarrollo económico dentro de un mercado globalizado y después buscar medios para incluir a los pobres entre los grupos beneficiados, se trata de tener como objetivo la reducción de la pobreza mediante la expansión de las capacidades humanas y verificar cómo esto puede ser alcanzado a partir de un desarrollo turístico.

La monopolización del recurso en El Rosario por un pequeño sector de la población y la distribución desigual de la beneficios forman el eje en torno al cual las diferencias socio-económicas se generan. Esta diferenciación no sólo sucede al interior de la comunidad, sino también al interior de la familia, pues los derechos del bosque los recibe uno de los hijos del ejidatario, dejando excluidos a los restantes. Asimismo, un aumento en la diferenciación socio-económica ocasiona una redistribución del poder a favor del sector beneficiado; el sector que no se benefició pierde la capacidad en los procesos de toma de decisiones dando lugar a una reducción en su nivel de vida, un avecindado puede tener voz en las asambleas ejidales, pero no voto.

El cumplimiento de objetivo de este estudio fue difícil de lograr debido a que el trabajo y, por lo tanto, los ingresos de las unidades familiares son erráticos e inciertos, pues a falta de rentabilidad del campo y sin muchas fuentes de empleo en su localidad, la migración es la salida a sus necesidades económicas, por ello, a partir de la información recabada, se ponderó un ingreso promedio mensual de 3 020.00 pesos, lo que está por debajo de la línea de pobreza rural por hogar reportada por CONEVAL, la cual es de 4 777.20 pesos, considerando cinco integrantes en promedio por familia de acuerdo con CONAPO.

En cuanto al alivio a la pobreza, el ingreso por turismo a nivel micro es marginal y sólo se beneficia directamente a 30% de las familias. Los ejidatarios poseen en sus casas estufa de gas, plancha, licuadora, refrigerador, horno de microondas y televisión por cable, sus hijos pueden ir a estudiar y cuando enferman pueden acudir al médico a Zitácuaro o Ciudad de Hidalgo. Mientras que la mayoría, los no ejidatarios, vive en casas de madera con pisos de tierra sobreviviendo con 100 pesos al día en promedio. Los jóvenes deben empezar a trabajar pronto para ayudar a sus padres y si enferman deben asistir al servicio médico de su comunidad, que califican de malo. Aun así, las mejores casas son de las familias, cuyos miembros han emigrado a los Estados Unidos, no obstante, para algunos jefes de familia esta no es una solución deseable, pues consideran importante mantenerse junto a sus hijos, es decir, piensan que es importante que la familia se mantenga unida.

Para los autores cercanos al enfoque turismo en favor de los pobres, el aumento de la diferenciación socioeconómica no es importante si el proyecto trae algún beneficio para las personas más pobres, aunque sea marginal. Sin embargo, esto sería visto como un efecto no deseado que invalida el proyecto por los que tienen una visión relativista de la pobreza, como propone Amartya Sen (2000) y Nussbaum (1997). Para estos autores, la pobreza y la marginalidad dependen no tanto de la cantidad de los ingresos obtenidos sino de la posición del individuo dentro de la estructura social. Los ingresos son factores importantes en la disminución de la pobreza, no es suficiente cuando se habla de pobreza de capacidades.

Como lo argumenta Gascón (2013), cualquier intervención de cooperación para el desarrollo siempre conlleva riesgos: produce impacto en la realidad social debido a que no es una actividad neutral. En las sociedades tradicionalmente agrícolas, la vocación social del territorio remite a la idea de que cualquier cambio en el uso del suelo no sólo significa un cambio en la distribución y explotación de los recursos naturales, también conlleva un costo social, ya que la población tiene que adoptar procesos que pueden hacer que el conocimiento local se vuelva anacrónico, así como modificaciones en los mecanismos de gestión de la comunidad, en los sistemas de distribución de energía y las tradiciones culturales se sustituyen por otras nuevas. Enfrentar estos cambios requiere un periodo de adaptación y procesos de aprendizaje que no siempre son factibles y accesibles a la comunidad o parte de esa comunidad. Un cambio en la vocación social del territorio por lo tanto implica un proceso, cuyo costo debe ser evaluado de antemano.

El desconocimiento de las características del turismo en la comunidad de El Rosario repercute en que los ejidatarios no puedan participar con pleno conocimiento de su diseño y gestión y con ello obtener ingresos mayores. A pesar de que en los manuales de ecoturismo y de turismo comunitario recomienden la participación de la población local en las decisiones sobre la implementación de la actividad turística en su territorio a partir de la gobernanza tradicional y por razones más pragmáticas, ya que la viabilidad del proyecto se reduce enormemente cuando la población local no ha hecho su propio proyecto. Brenner y San Germán (2012) demuestran las limitaciones en la participación de la comunidad en el contexto de una falta de conocimiento de la industria turística. La decisión de abrir el santuario al turismo, los mecanismos y normas para su gestión fueron establecidos por agentes externos: los burócratas del Estado y técnicos de organizaciones no gubernamentales. Por último, el modelo turístico que se estableció no era un modelo creado a partir de la vocación social del territorio sino fue copiado y predeterminado.

Cuando se pensó en el turismo como opción para el alivio de la pobreza en la RBMM, los ejidatarios no cuestionaron la premisa de que el turismo beneficia económicamente a todos. Si al restringirse el aprovechamiento del bosque se les hubiera hecho una propuesta de intervención en el sector de la agricultura, la comunidad habría sabido –o al menos intuido– la capacidad real de comercialización, gracias a sus conocimientos. Sin embargo, fue y sigue siendo difícil para ellos saber cómo funciona el mercado del turismo (competencia de otras ofertas turísticas similares, la dependencia de los operadores turísticos, la existencia –o la falta– de las rutas turísticas en los alrededores, la tendencia hacia la crisis en los periodos de desestabilización, los flujos turísticos en el país, etc.). Ellos creían que no habría problema en la atracción de visitantes en número suficiente para cumplir con las expectativas creadas y las inversiones realizadas. O cuando menos, fue cierto por un tiempo debido a la novedad que representaba el fenómeno migratorio de la mariposa monarca, pero desconocían que todo destino turístico tiene un ocaso luego de un tiempo.

Debido a que hoy en día hay pocos grupos sociales que no han tenido experiencia con el turismo, los técnicos promotores del turismo en El Rosario asumieron que ellos entendían la complejidad del sector: cómo preparar el destino, el marketing, la planificación, la gestión de visitantes, el uso de los recursos naturales, las horas de trabajo requeridas, el carácter estacional de la nueva actividad y la forma en que encaja con los ciclos de trabajo tradicionales, y no se les capacitó para ello. Tampoco vislumbraron los promotores y los ejidatarios lo que significaría para sus relaciones sociales, prácticas culturales, política local y actividades tradicionales de producción el turismo. Por lo anterior, no importó qué tan participativo y democrático haya sido el proceso de decisión propuesto en relación con el turismo comunitario, si la población no tenía experiencia en profundidad del turismo el proceso no pudo ser democrático o participativo.

Finalmente, este trabajo intenta abonar al análisis para entender los problemas o riesgos que entraña el turismo comunitario en el modelo PPT, falta de sostenibilidad económica, la diferenciación intra-comunitaria y el conflicto. Vale la pena aclarar que no se propone una visión estructuralista que evita el cambio y el conflicto, antes bien todo lo contrario: el cambio debe ser la esencia del desarrollo y el conflicto es un motor que puede impulsar este cambio. Sin embargo, hay casos en los que el turismo tiene un carácter subversivo lo suficientemente fuerte como para romper una estructura social existente, por ello, conviene la consideración de un principio de precaución al llevar a cabo proyectos de cooperación para el desarrollo por medio de proyectos de turismo comunitario en la búsqueda de aliviar la pobreza.

En el caso del turismo como mecanismo para producir un incremento en los activos de las poblaciones con menores recursos, los proponentes de un turismo responsable (Gascón, Cañada, Pinto Faria e Hidalgo Moratal, entre otros basados en Sen y Nussbaum) recomiendan el crecimiento del capital físico, es decir, infraestructuras públicas y privadas y regularización de activos físicos; el fortalecimiento del capital humano: educación y capacitación profesional e incentivo al capital social; fortalecer vínculos sociales con la comunidad, la participación política en la gestión de vida pública y el acceso a créditos financieros.

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Notas

[1] Se conoce como Nueva Ruralidad al proceso de transformación a través del cual los habitantes de localidades rurales van modificando sus prácticas cotidianas y sus valores debido a la disminución de la agricultura como principal actividad económica (Estrada Iguiniz, s/f). 2 Según el Censo General de Población y Vivienda 1921-2000, la población rural en México en 1921 era de 9 795 890 (68.3%), para 2000 había disminuido a 24 723 590 (25.4%). Se proyectó para 2030 que habrá 26 788 676 (21.1%) de personas viviendo del campo (INEGI. Censo General de Población y Vivienda 1921- 2000. Resumen General; Conapo, proyecciones 2010-2030).
[2] Las discrepancias entre estos datos fue debido a que se hizo una multiplicación: tarifa de la entrada por el número de visitantes sin descontar el pago diario a los ejidatarios por su trabajo.
[3] Utilizamos el término guía porque es el que los ejidatarios usan para describir su actividad, aunque su trabajo puede ser más cercano al de acompañante, pues algunos de ellos no dicen palabra durante el ascenso, a no ser que se les pregunte algo.


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