Artículos
Migración indocumentada e integración entre México y Estados Unidos. Razones y trayectorias
Undocumented Migration and the Integration of Mexico and the United States. Reasons and Trajectories
Migración indocumentada e integración entre México y Estados Unidos. Razones y trayectorias
Norteamérica. Revista Académica del CISAN-UNAM, vol. 10, núm. 2, 2015
UNAM, Centro de Investigaciones sobre América del Norte
Recepción: 17 Febrero 2015
Aprobación: 29 Octubre 2015
Resumen: La migración indocumentada como expresión de una especificidad de la integración multidimensional entre México y Estados Unidos tiene causas de índole económica, asociadas con diferencias salariales y efectos que son recíprocos: encuentra salida a una parte importante de la fuerza de trabajo mexicana que se emplea con salarios comparativamente atractivos en Estados Unidos, país que a su vez satisface su demanda de trabajo en determinadas ramas de la economía. Por ello, esta masa de trabajadores contribuye a la producción de bienes y servicios en un número significativo de estados en esa nación.
Palabras clave: México-Estados Unidos, migración indocumentada, integración, causas, trayectorias.
Abstract: As an expression of the specificity of the multidimensional integration of Mexico and the United States, migration has economic causes linked to wage differences, as well as mutual effects. It offers a way out to a significant portion of the Mexican labor force employed at comparatively attractive wages in the United States, which in turn satisfies the demand for labor in certain sectors of the U.S. economy. This mass of workers contributes to producing goods and services in a significant number of U.S. states.
Key words: Mexico-U.S., undocumented migration, integration, causes, trajectories.
Introducción
El proceso de integración informal entre México y Estados Unidos, acentuado por la vecindad geográfica, está determinado no sólo por factores económicos y comerciales, sino también por aspectos culturales y migratorios. Estos últimos han conformado un mercado laboral que ha permitido a México un desfogue de la creciente presión social y política, causada por el desempleo y la desigualdad; mientras que, para Estados Unidos, ha sido un mecanismo que regula los altibajos de la demanda laboral de fuerza de trabajo, sobre todo en actividades que reclaman poco nivel de capacitación.
El objetivo de este artículo es examinar los cambios en la dinámica migratoria de México hacia Estados Unidos, así como sus características, explicándola a partir de la conexión integración-migración, enfatizando las especificidades del fenómeno en los años transcurridos del siglo XXI. La hipótesis subyacente es que el fenómeno seguirá avanzando más allá de leyes y rechazo de los sectores más conservadores de la sociedad estadunidense. La razón es simple: los mexicanos en Estados Unidos forman parte de su engranaje económico y, en la medida en que este país pierda competitividad frente a naciones emergentes (China, entre otras), se volverán más indispensables.
El documento se compone de varias partes: en la primera, después de esta introducción, se desarrolla un breve bosquejo teórico para interrelacionar los conceptos de integración y migración; en la segunda, se describen las etapas de la migración entre los dos países; en la tercera, se detallan las características más recientes de la migración de México a Estados Unidos; en la cuarta, se incluyen algunos indicadores para medir el peso de los migrantes mexicanos en la economía de algunos estados del vecino país y, finalmente, se incluyen conclusiones y reflexiones; el trabajo cierra con las fuentes utilizadas en su desarrollo.
Breve referencia teórica y empírica
El estudio de los flujos migratorios entre países es un campo del conocimiento sobre el cual se han desarrollado diversas teorías, en constante retroalimentación (Massey et al., 2000). Otro de los ámbitos a conocer, porque también explica el fenómeno y que se ha mantenido relativamente al margen, es el correspondiente a la integración económica formal entre países. Si bien, en la integración realmente existente la migración es una variable histórica, en los acuerdos de integración formal recibe un tratamiento diferenciado. Es el caso del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en el que no se considera el tema en sí.
En sus orígenes, la teoría de la integración económica remite al ámbito de la economía y la creación de comercio entre países que deciden formar una unión aduanera. En este planteamiento, la tesis central sostiene que hay integración por medio de una unión aduanera cuando los países sustituyen bienes de proveedores de costos altos por bienes de proveedores de costos más bajos, y enfatiza los aspectos estáticos de la integración (Viner, 1977). Esta visión de la integración se da en el marco de la competitividad económica: crear y no desviar comercio entre países que formalizan la integración.
Bela Balassa (1961), otro autor clásico de la integración económica, va más lejos y la estudia desde la perspectiva de que se trata de un estado y un proceso. Destaca que la integración puede pasar por distintas etapas: zona de libre comercio, unión aduanera, mercado común, unión económica y unión económica total. Cada una de estas etapas se determina por la aplicación de políticas que comprenden liberalización comercial, manejo de políticas arancelarias comunes, movilidad de factores de la producción, políticas públicas comunes, así como la creación de instituciones supranacionales con incidencia en los países integrados. La teoría de Balassa se abre a la incorporación de elementos de índole política y social para explicar y analizar la integración, y destaca que es en el mercado común cuando se da la movilidad del factor trabajo.
Perroux (1967) va más allá, y a partir de la experiencia europea, se pregunta quiénes ganan y quiénes pierden en los procesos de integración. El autor asume que la integración entre países de desarrollo desigual experimenta el reto de relacionar los aspectos productivos con los niveles de bienestar de la población de los países que se integran.
En este artículo se asume, siguiendo a De Lombaerde (ed., 2006, Introducción) que la integración es un proceso de causas y efectos multidimensionales, ya que influyen variables de tipo económico, comercial, social, político y cultural. Puntualmente, el autor asume que
Los procesos de integración regional son fenómenos complejos y multidimensionales y por lo tanto requieren de un enfoque multidisciplinario para su estudio; asimismo, la integración regional [se compone de] procesos identificados por su heterogeneidad y no pueden ser modelados de forma única. Después de la segunda guerra mundial, con el llamado "nuevo regionalismo", la integración se acentúa como un proceso multidimensional que abarca nexos de cooperación económica, así como dimensiones políticas, diplomáticas, de seguridad y culturales, etcétera (De Lombaerde y Van Langenhove, 2006: 1).
En esta perspectiva, la integración de mercados laborales entre países se constituye por procesos migratorios que pueden ser de facto o formales. Ambas modalidades migratorias, como expresiones de dinámicas de integración, se explican desde distintos enfoques teóricos, entre los cuales los más conocidos son la teoría de la economía neoclásica (tanto en la macro como la microeconomía); la nueva economía de la migración; la teoría del mercado dual del trabajo; la teoría de los sistemas mundiales; la perpetuación del movimiento internacional; la teoría de las redes; la teoría institucional; la causalidad acumulada, y la teoría de los sistemas de migración (Massey et al., 2000: 6-49).
No obstante la diversidad de perspectivas teóricas para entender los flujos migratorios, el enfoque que explica en primera instancia el movimiento de personas de México a Estados Unidos es de sustento neoclásico de la migración internacional, tanto en sus aspectos macroeconómicos como microeconómicos. Esto se relaciona con el comportamiento de la oferta y la demanda de fuerza de trabajo. Los flujos migratorios tienen como causa principal, aunque no única, la brecha salarial que se da entre un país que tiene escasez de capital, pero mucha oferta de trabajo; y otro en que abunda el capital, pero demanda trabajo. En los países donde el capital es poco y la oferta de trabajo mucha, los salarios tienden a la baja; mientras que en aquéllos dotados de mucho capital y relativamente menos trabajo, los salarios tienden a aumentar (Massey et al., 2000: 8-9). Esto se complementa con los aspectos microeconómicos de la migración, en el sentido de que hay un comportamiento racional del migrante donde a sus beneficios netos (ingresos), producto del diferencial salarial con su país de origen, hay que restarle los costos para introducirse al país de destino (costos de transporte, gastos en hospedaje y alimentación, pago a extorsionadores, por mencionar los gastos más comunes) (Tépach, 2010).
Si la variable clave para explicar el desplazamiento de personas, en este caso de México hacia Estados Unidos, es el salario, ¿cuál es la base de comparación? La desigualdad se observa a partir de una simple comparación de los salarios mínimos en ambos países. 1 Estados Unidos, mediante la Ley de Normas Justas de Trabajo (Fair Labor Standards Act, FLSA), establece el salario mínimo y otras remuneraciones de los trabajadores, los cuales se observan en el cuadro 1, tanto el federal como el correspondiente a los estados con mayor migración de mexicanos.

Los datos del cuadro 1 se contrastan con los de México que vemos en el cuadro 2, donde se observa que en Estados Unidos, durante el lapso de 2010 a 2015, por ocho horas de trabajo diarias, se obtiene una remuneración de 58 dólares; en cambio, en México, la remuneración durante el mismo periodo es de 4.96 dólares, considerando el dato promedio. Dicho de otra manera: un trabajador mexicano necesita trabajar 11.96 días para ganar lo que como migrante gana en un día, en Estados Unidos.

Cuando entró en vigor el TLCAN (en enero de 1994), en el acuerdo paralelo en materia laboral se sostenía la tesis de que en el largo plazo los salarios mexicanos tenderían a igualarse con los de Estados Unidos, situación que evidentemente no ha sucedido, como se observa en la divergencia de los datos. Si la comparación se hace respecto de estados que están por encima de la media salarial básica de Estados Unidos, como Washington, California, Florida, Colorado, Nevada, Nueva York, incluso Nuevo México, los días de trabajo en México aumentarían para alcanzar lo correspondiente a un día en estas entidades.
La importancia del salario radica en el poder de compra real que el dinero pueda tener, una vez descontada la inflación. En este sentido, el poder adquisitivo del dólar en Estados Unidos garantiza el acceso a estados mínimos de bienestar (alimentación, salud, vivienda, transporte e incluso recreación), mientras que en México el salario mínimo dista de satisfacer las necesidades básicas de alimentación de una familia de cuatro miembros. Es esta brecha entre ingresos y poder de compra del peso y el dólar lo que fundamentalmente explica el flujo migratorio hacia Estados Unidos. 2
Etapas del movimiento migratorio hacia Estados Unidos
La migración desde México hacia Estados Unidos es inherente a la vecindad entre dos países con estructuras económicas asimétricas. En ámbitos así, la migración ha tenido comportamiento cíclico; en la actualidad, nos encontramos en su parte.
Según Delgado y Márquez (2006), esta histórica relación se sintetiza como sigue: 3

El caso de Arizona se observa en la gráfica 2. Allí, a partir de la crisis inmobiliaria, cuyos primeros referentes se dan en 2007-2008, inicia un declive de migrantes mexicanos, lo cual se aprecia en el decrecimiento de la migración mexicana respecto del total de la población de ese estado: baja del 11.2 por ciento en 2005-2006 al 10.8 por ciento en 2007-2008, para continuar prácticamente en picada hasta el 2011, cuando el número de migrantes mexicanos en Arizona (recordemos que es vecino de Sonora) cae al 8.7 por ciento, la presencia más baja en el tiempo transcurrido desde el siglo XX. En la gráfica se puede observar también que, en relación con migrantes de otros países, es la mexicana la que más ha decrecido.

Movimiento, signo de la migración 5
El devenir histórico del proceso migratorio de México hacia Estados Unidos en la época contemporánea remite a los años de la segunda posguerra mundial, cuando la expansión de la economía estadunidense comenzó a demandar grandes cantidades de fuerza de trabajo, sobre todo en los estados del Sunbelt (Franja del sol): California y Texas. Desde entonces, la trayectoria de la migración indocumentada suele tener dos ejes movedizos: uno, el de los lugares para internarse, y el otro, los lugares de destino. Desde mediados de los ochenta, el fenómeno de abandono del país se intensificó al grado de que en la primera década del siglo XXI, el Pew Hispanic Center (2015b) consideró una migración anual de medio millón de personas, cifra muy cercana al 50 por ciento del incremento anual de la población económicamente activa de México. Esta migración se identifica por varios elementos:

En el cuadro 4 se advierte la cantidad de población absoluta de indocumentados mexicanos en los diez principales estados, así como el porcentaje, respecto del total de la población indocumentada. California, Texas, Arizona y Nuevo México, los estados fronterizos, acumulan el 72 por ciento de la población indocumentada mexicana. El 28 por ciento restante se dispersa en cuarenta estados de la Unión, entre los cuales sobresalen Georgia, Illinois y Carolina del Norte, con una población de setecientos cincuenta mil habitantes.

El mapa 1 amplía la información anterior: indica el porcentaje de mexicanos indocumentados por estado, respecto al total. Destaca la caída relativa de California y el incremento en la vecina Arizona, estado estratégico para la población migrante. Por el sureste estadunidense, Texas mantiene una tendencia histórica de migrantes mexicanos indocumentados. Sin embargo, como también se observa en el mapa, sólo seis estados no presentan información de migración mexicana indocumentada. En términos generales, la distribución territorial de los migrantes mexicanos en el vecino país, por un lado, sigue presentando un alto índice de concentración en los estados fronterizos y, por otro, dispersión relativa en otros estados.

La población de migrantes mexicanos indocumentados en Estados Unidos, en términos generales, sigue la distribución territorial, que Durand (2005) describe así:
La primera región es la del sudoeste, que incluye los cuatro estados fronterizos: California, Arizona, Nuevo México y Texas; y en una segunda fase de expansión abarca a algunos estados adyacentes: Nevada, Utah, Oregon, Washington e Idaho. En segundo término, figura la región de los Grandes Lagos, que se articula en torno a la ciudad de Chicago y que abarca los estados de Illinois, Indiana, Michigan y Wisconsin. La tercera región de corta duración, fue las de las Grandes Planicies, que se articuló en torno al centro ferrocarrilero de Kansas y que al parecer, en estos momentos está en proceso de reconstrucción. Comprende los estados de Colorado, Kansas, Iowa, Misuri, Nebraska, Oklahoma y Wyoming. Finalmente, hay que tomar en cuenta a una nueva región, en proceso de formación, la del corredor de la Costa Este, que va de la Florida a Connecticut y que incluye, entre otros, a los estados de Georgia, las Carolinas y Nueva York (Durand, 2005).
El autor ilustra su regionalización en el mapa 2, que aparece a continuación.
Las evidencias estadísticas de esta dinámica de reacomodo migratorio de mexicanos se empalman con las de los mexicoamericanos radicados legalmente en el país, donde los mexicanos son ostensible mayoría comparados con la población hispana. Según se observa en el cuadro 4, hay una alta concentración en las regiones y estados mencionados, así como en zonas metropolitanas como la de Los Ángeles-Long Beach, California (el 78 por ciento); Houston-Brazoria, Texas (el 77.5 por ciento); Riverside- San Bernardino, California (el 88 por ciento); Chicago, Illinois (el 79.2 por ciento); Dallas-Fort Worth, Texas (el 85.4 por ciento); Phoenix, Arizona (el 91 por ciento), San Antonio, Texas (el 90 por ciento); y San Diego, California (el 90 por ciento). La otra parte de la distribución está constituida por la dispersión de la población mexicana en el resto de los estados y ciudades estadunidenses, entre las que destacan Fresno, California (el 91 por ciento), McAllen-Edinburg-Pharr-Mission, Texas (el 98 por ciento); Denver-Boulder, Colorado (el 81 por ciento); Tucson, Arizona (el 91 por ciento), entre otras zonas metropolitanas observables en el cuadro 4.


El peso económico de los migrantes mexicanos en Estados Unidos
La presencia de migrantes mexicanos en Estados Unidos tiene varios significados. Forman comunidades fácilmente identificables con respecto a otras migraciones como la asiática o la proveniente de Centro y Sudamérica. El apego al idioma español y a ciertos hábitos alimenticios, religiosos y de convivencia configura una cultura de características homogéneas, que difícilmente se integra al modo de vida de la población anglosajona. 7 Igualmente se identifica por los sectores y ramas de la economía donde laboran y realizan significativas aportaciones al producto interno bruto (PIB) de Estados Unidos: agricultura, silvicultura y pesca, construcción, servicios de alimentos y alojamiento, manufactura de bienes no durables y comercio mayorista. El cuadro 5 brinda la evidencia estadística.

El desempeño de la fuerza de trabajo mexicana en las actividades mencionadas tiene un peso específico en cada estado donde se asienta. En el cuadro 6 se observan que la tendencia correlaciona con la región del suroeste y estados vecinos como Nevada.

Conclusiones y reflexiones
El flujo migratorio entre México y Estados Unidos expresa las especificidades que la relación integración-migración ha tenido en cada etapa de la conexión entre estos países. El alto grado de sincronización del ritmo económico de México con el de Estados Unidos ha determinado que esa dinámica se manifieste cíclicamente. La constante que la explica, aunque hay otras, es principalmente la económica, ligada a la brecha salarial.
La migración mexicana hacia Estados Unidos ha cambiado sustancialmente su perfil desde los años en que Jorge Bustamante, en su trabajo clásico Espaldas mojadas (1975), la caracterizara como "materia prima para la economía estadunidense" que provenía sustancialmente del medio rural mexicano, hasta la actualidad, cuando el fenómeno inicia también en las ciudades. Un fenómeno que se había caracterizado por ser masculino, ahora también es femenino; una migración asociada con bajos niveles de escolaridad, en la actualidad también incluye personas con niveles técnicos, licenciaturas e incluso posgrados; un flujo de personas tradicionalmente asociado con problemas de empleo y salarios remunerativos, ahora también comienza a incorporar migrantes de ingresos medios y altos; hoy, quien busca internarse más allá de la frontera, viaja en autobús, montado en vagones de ferrocarril, pero también por aire.
Como se sabe, la secuencia de modelos económicos en México, tanto el de economía cerrada de los años de sustitución de importaciones, originado a partir de los años cuarenta del siglo xx, como el de economía abierta que lo sustituyó a partir de los ochenta, no fueron capaces de absorber la creciente oferta de trabajo del mercado laboral mexicano, lo cual propició que ésta emprendiera caminos de búsqueda hacia el vecino país. Ello tuvo efectos particulares en Estados Unidos a raíz de la recesión iniciada en 2007-2008, en los estados que ya estaban "saturados" de migrantes mexicanos, cuyos gobiernos comenzaron a obstaculizar con diversas medidas la entrada a lo largo de la frontera.
Así, muros, incremento de efectivos de la Patrulla Fronteriza, sistemas de vigilancia automatizados, hasta la puesta en operación de drones, son parte de las medidas para controlar la migración mexicana indocumentada, la cual, sin embargo, no cesa en sus intentos de internación, como se advierte tanto en los corredores de migrantes del noroeste, como en los del noreste de México.
Hasta antes de la Ley SB 1070, Arizona era el nuevo pivote de redistribución espacial de la población migrante mexicana en Estados Unidos. Como se observó en los mapas, la vieja concentración regional en algunos estados fronterizos del vecino país ha perdido peso relativo, a favor de una dispersión hacia estados en los que hace tres décadas el número de migrantes mexicanos no tenía importancia. En este sentido, hay un avance sustancial hacia la construcción de regiones, relativamente independientes, que en el futuro tenderán a acentuar su vinculación, lo cual dará forma a una gran región intermedia entre México y Estados Unidos.
La presencia de mexicanos en Estados Unidos hasta ahora es predominante en ramas de la economía donde no suele ocuparse la población anglosajona; es decir, no desplaza, sólo ocupa vacíos, evidentemente no ocupados. Esto tiene expresión cuantitativa en la contribución creciente al PIB general de ese país y, en particular, al de los estados.
Si bien es cierto que la migración ha disminuido en los últimos años por las razones señaladas, en general la presencia de mexicanos en Estados Unidos está latente.
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Notas