Artículos de Investigación
Recepción: 30 Mayo 2018
Aprobación: 02 Abril 2019
DOI: https://doi.org/10.35575/rvucn.n57a4
Resumen: La presente investigación parte de una hipótesis inicial, en la cual se plantea que las formas tradicionales en el proceso de crianza no han perdido vigencia, pero involucran las variables de los cambios que la contemporaneidad ha traído consigo. El objetivo fue identificar formas de acompañamiento en los procesos de crianza de 21 familias de la ciudad de Medellín, con niños entre 1 y 13 años de edad. Para el cumplimento de este objetivo, en el marco de la investigación cualitativa y el método de análisis de contenido, se realizaron entrevistas a profundidad y grupos focales con 23 padres, madres y abuelos cuidadores. Las formas de acompañamiento en los procesos de crianza corresponden a realidades únicas y subjetivas, en las cuales, siendo considerada la crianza una tarea fundamental, esta se representa en diversidad de formas, ligadas a su significado y relevancia, entre ellas: la crianza vinculada al cuidado y la asistencia permanente de los padres, la crianza delegada con poca permanencia, y la crianza compartida, en donde los padres y redes de apoyo asumen responsabilidades mutuas de cuidado.
Palabras clave: Crianza, Familia contemporánea, Formas de acompañamiento, Significados.
Abstract: The present investigation is based on an initial hypothesis, in which it is argued that traditional forms in the parenting process have not lost validity, but involve the variables of the changes that contemporaneity has brought with it. The objective was to identify forms of accompaniment, characteristics, incidents, changes, difficulties and possibilities, in the parenting process of 21 families of the city of Medellin, with children between 1 and 13 years of age. For the fulfillment of this objective, in the framework of qualitative research and the method of content analysis, in-depth interviews and focus groups were conducted with 23 parents, mothers and grandparents caregivers. The forms of accompaniment in the processes parenting correspond to unique and subjective realities, considering parenting as a fundamental task, it takes place in a variety of ways related to its meaning and relevance from which is identified the care and permanent assistance of the parents; the delegated parenting with little permanence and the shared parenting, in which the parents and support networks assume mutual responsibilities of care.
Keywords: Parenting, Contemporary family, Forms of accompaniment, Meanings.
Introducción
“Si pudiéramos recuperar para la sociedad humana la natural confianza de los niños en sus mayores, tal sería el mayor logro de la inteligencia operando en el amor, jamás imaginado” Maturana y Varela (1984)
La preocupación por la infancia, desde una mirada histórica, es relativamente vigente, dado que es solo entre los siglos XVII y XVIII (Varela, 1986, Narodowski, 1994) cuando comienza a generar interés, vinculada a las prácticas culturales y a los aportes iniciales de la filosofía y la antropología. En complementariedad, puede decirse que la infancia, desde una perspectiva sociocultural como categoría, solo es visible a partir de la modernidad, aunque la configuración familiar, las relaciones entre los diversos grupos sociales, y las reglas políticas, económicas y culturales, ofrecen información respecto al trato que los niños han recibido con el curso de las tradiciones (Arranz, 2004). Por su parte, los estudios sobre la familia ya se habían registrado desde tratados filosóficos (Aristóteles, trad. 1970; Platón, trad. 1986), antropológicos (Lévi-Strauss, 1974; Mead, 1976); y sociológicos (Engels, 1924; Le Play, 1895). Ahora bien, la concepción familiar y su relación con la infancia, particularmente la crianza, no es establecida de una manera tan clara hasta mediados del siglo XIX e inicios del XX, cuando el desarrollo de las teorías contextuales (Bandura, Walters y Riviere, 2007; Bronfrenbrenner, 1986) comienza a indicar la importancia de la relación establecida entre los padres y sus hijos, o de los cuidadores o instituciones que los acompañan durante sus primeros años de vida.
En este sentido, Muñoz (2005) considera que la familia, como contexto de desarrollo infantil, constituye una dimensión de análisis para la intervención educativa y social. Acorde a estas ideas, puede afirmarse que familia y crianza se articulan a la novedad de las transformaciones y nuevas condiciones, las cuales coexisten y configuran realidades con elementos mixtos que traen las brechas generacionales: la disparidad, heterogeneidad y desigualdad, generadores de múltiples cambios; y las formas de hacer, pensar y sentir dichas realidades. Entonces, es así como dentro de los diversos abordajes de familia, infancia y crianza, atrae particularmente la atención la incidencia que tiene la familia, no solo en los procesos de socialización, transmisión cultural y desarrollo de sus integrantes, sino también en la forma en que padres, madres y cuidadores participan en los procesos de acompañamiento de los niños. Si bien varios autores han estudiado dicha relación, estos estudios se encuentran más centrados en las prácticas o estilos parentales, tipología de estilos disciplinares y comportamiento infantil, como los desarrollados por Baumrind (1991), quien se reconoce como precursora en la investigación longitudinal de estilos disciplinarios; y con respecto a la interacción familiar, autores como Musitu, Román y Gracia (1988), y Hoffman (1970, 1984). Uno de los estudios que refleja información relevante, al respecto, es la revisión bibliográfica y reformulación teórica, realizada por Torío, Peña y Rodríguez (2008), en la cual dan cuenta de las investigaciones que relacionan los estilos educativos paternos y el desarrollo de la infancia y la adolescencia.
De acuerdo a los planteamientos de Bronfrenbrenner (1985), el contexto es fundamental para la comprensión de la crianza del niño, reconociendo la relación entre los diversos escenarios en que interactúa y los procesos evolutivos. Al respecto, se considera que, ante la diversidad de configuraciones familiares actuales, deben coexistir formas de crianza tradicionales y contemporáneas que, en momentos de tiempo específicos y contextos particulares, representan no solo un estilo parental, sino un conjunto de actuaciones de padres, madres y cuidadores, reflejadas en el tipo de relación, tiempo compartido y diversas implementaciones en las dimensiones de la dinámica familiar. Desde una perspectiva contemporánea se observa una crianza compartida, incluso en muchos casos delegada a las instituciones educativas, en especial a la escuela y el colegio, en donde cada vez se evidencia un marcado ausentismo de padres y madres frente a sus responsabilidades parentales y educativas. Frente a lo anterior, según Amador (2012), surge la necesidad de interpretar las prácticas convencionales (patriarcales y adultocéntricas) de educación y cuidado de la niñez, y con ellas el análisis y exploración de las formas en que las familias realizan estos acompañamientos, y el valor social, cultural y educativo asignado a dichas prácticas.
Es importante resaltar que históricamente los procesos de visibilización de la niñez han sido incipientes; no obstante, en la actualidad representa un escenario vital de intervención y acompañamiento por las instancias sociales, gubernamentales e internacionales, tales como: la Organización de las Naciones Unidas –ONU-, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura –UNESCO-, El Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia –UNICEF-, entre otras, en defensa de los derechos de la infancia en el mundo; aspecto que redunda en beneficio del desarrollo integral de la infancia. Acorde con Bocanegra (2011), para comprender la crianza como concepto, se hace imprescindible tener en cuenta las acciones de niños y adultos, incluyendo los ideales frente a los mismos, normatividad, religión, aspectos morales, costumbres, clase social y contexto cultural, que ubican la crianza como un fenómeno complejo para su interpretación en las familias, mediatizada por determinantes sociales y culturales, pero en la que indudablemente la relación adulto – niño es fundamental para su comprensión.
En este contexto, la crianza hace parte de las relaciones familiares y está caracterizada por el poder, el afecto y la influencia; de hecho, se resalta el papel de los padres en la formación de los hijos, en tanto comparten la convicción de que están ahí para cumplir la función de cuidado y orientación. Además, diversas conceptualizaciones sobre la génesis de la crianza se han desarrollado hasta el momento; una de ellas es la propuesta por Lerner, Castellino, Patterson, Villaruel y McKinney (como se citó en Arranz, 2004), quienes presentan la crianza como: “Una relación entre organismos, pertenecientes a generaciones diferentes y cuya interacción ofrece recursos referidos a la supervivencia, reproducción, cuidados y socialización” (p. 33); vista de este modo, la crianza involucra propiedades y características contextuales que contienen la idea implícita de la diversidad. Arranz (2004) amplía la definición planteándola como “el espectro de actividades que los padres practican con sus hijos y la administración de los recursos disponibles orientados a apoyar el proceso de desarrollo psicológico” (p. 33). Otros autores como Eraso, Bravo y Delgado (como se citó en Izzedin y Pachajoa, 2009), consideran que la crianza involucra componentes específicos, como la salud, las oportunidades de aprendizaje y el amor; “la crianza del ser humano constituye la primera historia de amor sobre la que se edifica en gran parte la identidad del niño y se construye el ser social” (p. 109).
De acuerdo con Moreno (2008), la crianza es un producto cultural y un espectro que incluye la subjetividad de los encargados de esta; “Se trata de actores y escenarios posicionados contextual, cultural y temporalmente” (p. 5). En concordancia con lo planteado, y parafraseando a Álvarez (2016), la crianza, en la actualidad, es entendida como un sistema de conocimiento construido en la intersubjetividad entre adultos y niños, mediada por interacciones y cuidados no regulados; incluye aspectos de nutrición, sanitarios, emocionales, relacionales y de inserción social, y de la cual participan diversos actores, estilos, pautas, prácticas y roles (p. 84). Así las cosas, la crianza representa inicialmente un contexto de responsabilidad, centrada en padres y madres, quienes no solo aportan potencial genético, sino también experiencias, cultura, socialización, conocimientos, comunicación, juego, nutrición y afectividad a sus hijos, consolidando un acompañamiento activo que vigila y regula el sano crecimiento y desarrollo de los mismos. Retomando las ideas de Alvarado et al. (2012) y Colangelo (2014), Álvarez (2016) plantea la dimensión ético-política del sistema de crianza, las interacciones de la familia, la intervención del Estado, a través de las políticas públicas para la familia y la infancia, y el surgimiento de nuevas formas de paternidad/maternidad.
En el contexto colombiano, la política pública en infancia incluye la movilidad social, a partir de la necesidad de darle nuevo significado en el contexto del Plan Nacional de Desarrollo y la Convención Internacional de los Derechos del Niño, con mayor inversión pública y privada en programas para el desarrollo de la niñez. Ahora bien, con respecto a las formas de acompañamiento en los procesos de crianza de familias contemporáneas, en el ámbito nacional, se resaltan los siguientes estudios: Posada y Gómez (2002), sobre la crianza en los nuevos tiempos, y el análisis de los conocimientos, actitudes y prácticas, como elementos constitutivos de la crianza; Moreno (2008), acerca de la crianza en grupos familiares contemporáneos y su cambio a través de las trayectorias vitales de hijos e hijas en la ciudad de Bogotá; y Llano (2017), sobre prácticas contemporáneas de crianza del eje cafetero, Antioquia y Montería. En el ámbito latinoamericano, por su parte, se incluyen los estudios de Covarrubias (2012), resignificando los estilos de crianza de familias mexicanas contemporáneas, y de Ojám (2016), quien presenta información respecto a las significaciones y prácticas contemporáneas de crianza, de jóvenes de clase media urbana en situación de conyugalidad.
Es importante mencionar que no se encuentra información específica respecto al concepto amplio de formas de acompañamiento en crianza; los estudios e investigaciones más recientes están relacionados con: las prácticas de crianza en Colombia (Tenorio, 2000); construcción de subjetividad y política en primera infancia, democratización de las relaciones familiares (Marín y Uribe, 2017; Santillán, 2016); significados, pautas y prácticas (Infante y Martínez, 2016; Izzedin y Pachajoa, 2009); familia, infancia y crianza (Gallego, 2012); el lugar del padre (Valdés, 2009); y el abuelazgo (García y Guerrero, 2014; Marín y Palacio, 2015).
De otro lado, sobre lo local, en la ciudad de Medellín se hace representativa la reflexión y análisis sobre el tema de la política pública en primera infancia de Cero a Siempre y el Programa Buen Comienzo, permitiendo avances significativos en la atención integral de la niñez, desde la cual se articulan mesas de trabajo, con la participación de la Fundación Éxito, Fundación Sofía Pérez de Soto, el programa privado Medellín cómo Vamos y la Fundación Proantioquia (Medellín cómo vamos, 2017). Este artículo constituye un aporte de reflexión y análisis para este tipo de abordajes, considerando la crianza un proceso inherente al ser humano, la cual requiere de perspectivas teóricas, prácticas y legales para acompañar esta compleja labor. Bernal y Camacho (como se citó en Fajury y Schlesinger, 2016) “explican que a nivel internacional se han demostrado los beneficios que trae realizar inversión en el capital humano durante los primeros años de vida. Estos resultados, se manifiestan en el componente individual y en el componente social” (p. 7); además, consideran que invertir en primera infancia genera un mayor desarrollo cognitivo y psicosocial en los niños, en concordancia con el fácil acceso a la salud, la nutrición y la estimulación.
En este orden de ideas, los asuntos relacionados con el cuidado, educación y desarrollo de la niñez, se convierten en un tema vigente, de alta complejidad y demanda constante, evidenciada en los centros de familia, comisarias, centros de Bienestar Familiar, consulta particular, instituciones educativas, entre otros; quienes indican la necesidad de atención no solo a los niños, sino también a quienes intentar orientar o encauzar los procesos de crianza. Al respecto, se hace necesario ampliar investigaciones que articulen la influencia de la dinámica familiar y sus características, cuyos aportes puedan contribuir a nuevas miradas, al desarrollo de propuestas para la atención especializada y al diseño e implementación de programas y proyectos, los cuales se acerquen a la demanda real de las familias, y que más allá de consolidaciones teóricas, respondan a las condiciones actuales en las que emergen y se desarrollan los procesos de acompañamiento en la crianza, que como se ha indicado, gozan de alta complejidad.
Método
La investigación desarrollada se enmarcó en la línea familia y calidad de vida, del grupo de estudios de familia de la Universidad Católica Luis Amigó, Medellín. Bajo el paradigma cualitativo y la epistemología constructivista, que concibe el conocimiento como una construcción social mediada por la experiencia del observador, se hizo uso del método de análisis de contenido (AC) para estudiar y analizar la información de los participantes. La investigación se centró en las descripciones que realizaron las familias desde sus experiencias en la crianza, los significados implícitos y explícitos anudados a su sistema de creencias y la correspondencia de éstos con su ejercicio cotidiano.
Sobre los participantes, es necesario indicar que se realizaron 15 entrevistas a profundidad y tres grupos focales con padres, madres y cuidadores, quienes representaron 21 familias de la ciudad de Medellín, de tipología extendida, extensa, monoparental materna, simultánea y nuclear, en etapa de escolaridad. Se facilitó su contacto, a través de instituciones educativas públicas y privadas (preescolares, escuelas y colegios). Participaron 20 madres, entre 23 y 46 años de edad; dos padres, entre 30 y 37 años de edad; dos abuelas, entre los 44 y los 65 años de edad; y un abuelo de 65 años; cuidadores con filiación consanguínea hasta cuarto grado. Se aclara, que los criterios de selección de los participantes fueron de comprensión y pertinencia, no de representatividad estadística; es decir, se incluyó un análisis de una muestra ilustrativa con la cual se posibilitó el cumplimiento de los objetivos propuestos en la investigación.
Además, se hizo uso de la entrevista a profundidad y grupos focales. El producto de las entrevistas (datos), fue grabado por el equipo de trabajo, previo consentimiento de los participantes; material que luego fue llevado al proceso de transcripción y codificación, mediante el uso del software ATLAS TI. Luego, se procedió con el análisis de contenido de las entrevistas realizadas, permitiendo la identificación de las categorías de análisis: familia contemporánea y crianza, y las respectivas subcategorías: significado de familia, dinámica interna, prácticas tradicionales y contemporáneas, significado de crianza, formas de acompañamiento, y emergentes. Al respecto, el proceso de análisis incluyó perspectivas conceptuales y vivenciales de los participantes, además de las interpretaciones de los investigadores.
Resultados
A propósito de la concepción familia. Respecto a los significados de familia, se observaron nuevas formas de concebir la realidad familiar, existiendo una tendencia a reiterar algunas de sus funciones básicas y evidenciar transformaciones en otras.
Esa conformación de unos seres que se unen para vivir juntos y crear un proyecto de vida, sea a través de los hijos, de los papás, de las mamás; como que entre esa comunidad pequeñita nos podamos hacer un proyecto de vida. (GF1)[2].
Para mí la familia, es un núcleo donde nos encontramos personas que nos amamos, que nos compartimos, que nos apoyamos y nos cuidamos. Para mí la familia es el núcleo funcional y más importante de la sociedad. (Madre, 36).
Acorde con estos testimonios de vida, la sensación de permanencia que experimentaron los entrevistados reflejó la conexión emocional, referida especialmente al vínculo: “Para mí lo más importante de mi familia es el amor, dejar ser, es pensarnos como una familia, como unas personas a través del respeto y del amor (…) son los pilares para nosotros” (GF1).
Por su parte, en cuanto a los valores y principios familiares, se destacó la importancia que atribuyen al respeto como elemento fundamental en la crianza: “Valores de respeto, el respeto, la obediencia, la tolerancia, en fin, hay muchos valores que a uno le inculcan, la obediencia, entonces eso lo lleva uno por dentro así uno sea muy, muy grosero” (madre, 38 años).
Dinámica familiar. La información ofrecida por los participantes dio cuenta de sus percepciones frente a la conformación actual de las familias, y las diferencias más representativas entre las familias tradiciones y actuales, respecto a reglas, normas y límites: “Las reglas existen y todos tenemos claro que están y procuramos no salirnos de ellas, son normas básicas de respeto, de cómo le hablo al otro, de qué manera me dirijo al otro, normas tan sencillas como recoger los platos” (Madre, 38 años).
La autoridad. Aunque en algunas familias, la autoridad sigue siendo establecida fundamentalmente por la figura del padre, también se evidenció en la madre y por ambos, como propuesta de un ejercicio compartido y de responsabilidad en las dinámicas actuales: “El ejercicio de la autoridad es compartido, somos papá, mamá e hijos, donde tenemos muy claro que la autoridad viene de parte de los padres y es una autoridad que se ejerce en conjunto” (Madre, 42 años).
La comunicación afectiva y reflexiva. Desde el punto de vista de los entrevistados promueve la conservación del vínculo, en donde, a través de la palabra, se buscan soluciones a las situaciones problemáticas propias de la cotidianidad familiar, evidenciando con ello una comunicación familiar incluyente y respetuosa: “Yo recomiendo siempre, hablar mucho y escuchar, sobre todo porque cada vez los niños desde más pequeñitos tienen tanto para contar, no solo con las palabras, sino leerles el lenguaje corporal, uno aprende viéndolos y observándolos mucho” (Madre, 42 años).
Ahora bien, es importante indicar que entre la familia tradicional y la familia contemporánea existen brechas que reflejan coexistencias múltiples, aprendizajes y enseñanzas que se articulan o se contraponen, como muestra de la diversidad de posibilidades que presenta la complejidad humana.
Hoy en día que veo yo que hay mayores comodidades, pero hay menos mamá y papá, hay menos acompañamiento, hay más soledad de los hijos en su casa, por eso veo que de pronto tanto niño se suicida y hay tanto problema de los jóvenes. (GF3).
Me parece que, si una familia la quieren conformar dos mamás o dos papás o una persona sola con su hijo, lo puedan hacer. (GF1).
El modernismo nos lleva a querer tener la tecnología, lo último, entonces querer ver que lo más importarte es lo material y dejar a un lado, lo más importante que es la familia, los niños, la unión de la familia. (Madre, 36).
Las familias del estudio, en su mayoría, dedican el tiempo libre a compartir en familia, confiriendo especialidad a los momentos juntos, jugando con los niños, viendo una película, compartiendo la comida, dialogando, apoyando los intereses individuales, celebrando momentos especiales, como aniversarios, entre otros. “Tratamos de pasar rico, nos gusta mucho salir a la calle, ir a los parques, ludotecas, bibliotecas, o sea nos gusta estar en casa, pero también nos gusta salir y hacer cosas, en la casa nos hacemos cosquillas” (Madre, 32 años).
Aspectos comprensivos de la crianza en la familia. Respecto a los significados de crianza, los padres, madres y abuelos entrevistados coincidieron en considerarla una tarea fundamental de la familia, aunque con variaciones respecto a la relevancia atribuida y a la forma de implementarla. En relación con lo anterior, la mayoría de los entrevistados hizo alusión a la formación: “La crianza es formar personas, formar personas con valores, con principios” (Madre, 39 años). Otros entrevistados describieron la conducción: “Lo importante de es la formación, los valores, lo que nosotros inculquemos en ellos, lo vamos dando a medida que van creciendo, cómo lo vamos dando, cómo lo vamos a dar, qué estamos tolerando, qué estamos cortando” (GF3). También, la mitad de los entrevistados habló de la corrección “ahora tiempos a punta de chancla y correa, pero ahora uno no puede ser así porque entonces la gente lo mira a uno feo, y la forma de ser no es solo abrazarlos y darles besos sino también corregirlos” (Madre, 28 años).
De igual manera, la mitad de los entrevistados manifestó que criar significa enseñar en doble vía: “Entonces creo que la crianza ahora es una cuestión, no solamente de enseñanza, de papás a hijos; sino también de enseñanza de hijos a padres” (Madre, 38 años). Otros definieron la crianza en términos de promoción de independencia y apertura: “Si realmente llegamos a tener esa conciencia de ese desarrollo de ellos (hijos) como seres individuales, de nosotros como familia apoyadora, podríamos llegar a respetar más ese proceso y permitirles a ellos ser seres más libres” (GF1). También, algunos entrevistados manifestaron que criar significa amar: “Criar significa darles amor, (…) los muchachos de tanto uno estregarles, de decirles ellos en un momento determinado van aprendiendo a madurar y van y yo creo que van cogiendo como esa esencia que uno les enseñó” (GF3). Aunque la mayoría de los entrevistados atribuyeron a la crianza los significados mencionados, también algunos de ellos consideraron la crianza como un proceso doloroso y difícil, en el cual también se sufre: “La crianza es lo más duro que puede haber en la vida, criar es difícil” (GF3). “Lo importante de esa familia es la formación, los valores, lo que nosotros inculquemos en ellos, lo que nosotros vamos dando a medida que van creciendo” (GF3).
Formas de acompañamiento. Ante la pregunta por las maneras en que padres, madres y abuelos cuidadores acompañan a los niños, los entrevistados refirieron una diversidad de formas, reconociendo en especial la importancia del cuidado: “Trato como de acogerlo más en actividades, bueno vamos a cocinar todos juntos, vamos a hacer todos algo juntos, salgamos al parquecito todos juntos como hacer ese lazo, porque es como acompañarlos a que cada quien tengan su libre desarrollo” (Madre, 42 años). También, la mitad de los entrevistados refirió, en sus relatos, una forma de acompañamiento participativa e incluyente: “Pienso que esta generación de ahora nos ha tocado una forma de crianza mucho más abierta, incluyente, despejada de tapujos, de creencias, mitos, cosas que se les tapaban antes a los niños, se les tiene muchísimo más en cuenta” (Madre, 38 años).
De otro lado, algunos entrevistados relacionaron, complementario a lo anterior, un acompañamiento de la crianza reflexiva: “Es una crianza de aprendizaje, siento que cada día aprendo yo de ellos, aprendo con ellos y busco justamente, respirar profundamente y hacerlo desde el respeto hacia ellos, también hago lo posible por leer, entender que es una crianza compartida” (GF1). Finalmente, un número menor de los entrevistados hizo relación a una forma de acompañamiento en la crianza: impositiva, correctiva, o poco flexible; “Pues si al niño hay que pegarle una pela uno no va a decir que no, pero en el momento y justamente, y ya, no es algo que usted va a coger de diario” (Padre, 30 años).
Crianza recibida, crianza ejercida: patrón y cambio. En el relato de los entrevistados, se pudo es posible evidenciar significativas diferencias entre la manera en que fueron criados por sus padres o cuidadores, y la manera actual en que intentan criar a sus hijos: “Como nos tocó a nosotros, que el psicólogo de nosotros era el palo de la escoba, el cordón de la plancha (…) y nosotros fuimos siete hijos y todos somos buenos muchachos” (Abuelo, 65años).
Discusión
¿Qué es familia?
Respecto a los significados que los participantes han construido acerca de familia, se encuentra que en sus representaciones sigue siendo un espacio vital de intercambio de afecto, cercanía, confianza, comunicación, cariño y respeto por el otro, que configura el clima familiar y el vínculo. En las diferentes descripciones de la familia, se resalta la importancia que padres y abuelos cuidadores, ofrecen a los valores y principios como modelos rectores de cada grupo familiar, que contribuyen a la construcción de una identidad conjunta; algunos de ellos, arraigados a tradiciones patriarcales y disparidad en los roles, mientras que otros, parecen responder a nuevas construcciones morales, ligadas a la idea de relaciones más equilibradas o valores más centrados en el desarrollo individual que en el colectivo. Riesgo y Pablo (2006), frente a lo anterior, plantean que “Amar a la familia significa estimar sus valores y posibilidades, promoviéndolos siempre. Significa individuar los peligros y los males que la amenazan, para poder superarlos. Significa esforzarse por crear un ambiente que favorezca su desarrollo” (p. 13). Los valores familiares son considerados base fundamental; la familia es considerada un espacio de tensiones donde se producen frustraciones y tristezas, y el afecto se visibiliza como característica del intrincado lazo emocional que se teje entre los integrantes de cada familia.
Respecto a la dinámica familiar, esta “comprende las diversas situaciones de naturaleza psicológica, biológica y social que están presentes en las relaciones” (Agudelo, 2005, p. 8); los entrevistados, en este sentido, atribuyen significativa importancia a la figura masculina en el trámite de las relaciones humanas, y la forma en que ha fomentado el establecimiento de normas, reglas y límites, ejercidos de diferentes maneras, pero posicionados al interior de las familias, como eje rector del orden familiar. Sin embargo, el ejercicio de la autoridad trasciende el sentido y operatividad de un exclusivo autoritarismo; de este modo y manera de cambio, las familias actuales narran cómo la inclusión de los hijos en la toma de decisiones familiares y la participación más igualitaria entre padre y madre se convierten en un factor a implementar. En sintonía con esto se vincula la importancia atribuida al respeto, que representa el mantenimiento de valores propios de la familia clásica latinoamericana, fundamentada en el patriarcado, la Iglesia y el poderío. Respecto a la comunicación afectiva y reflexiva que se hace visible y operativa por medio de las conversaciones, la verbalización y los encuentros, si bien en todas las familias la comunicación no se vive de este modo, es considerada en general por los entrevistados como algo fundamental, reconociendo que en muchos casos es reemplazada por una comunicación instrumental, basada en conversaciones sobre asuntos rutinarios, que no profundizan en contenidos reflexivos o constructivos.
En esta articulación de ideas, se observa como la contemporaneidad de las familias evidencia cambios a ritmos distintos, en la forma de convivir, compartir tiempo, asumir roles, establecer normas, comunicarse y amarse; más aún cuando convergen, retomando a Margared Mead (como se citó en Amador, 2012), “Generaciones coefigurativas (aprendizaje entre pares), posfigurativas (adultos enseñan a los jóvenes) y prefigurativas (posible que los más jóvenes enseñen a los mayores) en un momento histórico particular” (p. 80). A propósito de los vínculos contemporáneos, Bauman (2000) resalta la fragilidad de las relaciones humanas y el contacto carente de solidez y consistencia en el tiempo; actualmente, puede decirse que la pregunta por la familia continúa vigente, y se encuentra anudada a las significaciones sobre lo que, en esencia, representa para cada individuo; condicionado esto, además, por las variables eco ambientales (Bronfrenbrenner, 1987).
¿Qué es crianza?
Para Eraso, Bravo y Delgado (2006) la crianza está referida al entrenamiento y formación de los niños por los padres o por sustitutos de los padres, incluyendo sus actitudes, conocimientos y creencias. También, para Izzedin y Pachajoa (2009) la crianza implica tres procesos psicosociales, a tener en cuenta, para su comprensión y análisis: las pautas, las prácticas y las creencias; las pautas, se relacionan con la normatividad de los padres, frente al comportamiento de los hijos, y están en concordancia con cada cultura; y las prácticas de crianza, se ubican en el contexto de las relaciones familiares, en donde los padres juegan un papel significativo en la educación de los hijos.
De otro lado, respecto a los significados que los entrevistados atribuyen a la crianza, se encuentra la formación como un proceso de transmisión de valores y principios, disciplina, cuidado básico (alimentación, vestido, vivienda), acompañamiento, respeto, establecimiento de límites y buen ejemplo, para que los hijos puedan ser en sociedad, promoviendo en ellos una conducta cívica responsable, como sujetos normatizados, socialmente aptos y con posición ante los demás; sujetos llamados a mantener el orden establecido. La formación se evidencia como tarea vital, de mayor relevancia en las familias extensas (tres generaciones), en las cuales los abuelos representan un apoyo en la crianza.
La conducción, por su parte, se presenta como necesidad de lograr obediencia, inculcar, educar (educación formal), eliminar actos de rebeldía, y tolerar dificultades en el proceso de sacar adelante a los hijos para que puedan ser, acorde a la expectativa del grupo familiar. Se hace referencia al ejercicio de modelamiento, no necesariamente para vivir en sociedad, sino para ser alguien acorde a los principios familiares. Se considera la necesidad de establecer calidad en los límites implementados para la conformación de la identidad del niño. Al respecto, la investigación de Ares y Bertella (2015) reafirma la importancia de la transmisión de valores morales, y la forma en que “La capacidad de límites posibilita y construye un sistema de ligazones que permiten el sometimiento pulsional, generando la posibilidad inhibitoria del yo” (p. 207). En convergencia con los puntos analizados, aparecen significados de crianza vinculados al modelamiento del comportamiento, con propuestas conductistas que propenden por el uso de castigos, recompensas, señalamientos y demás, bajo la lógica de causa – consecuencia.
La corrección, acorde a los entrevistados, es similar a la idea de conducción, pero fundamentada en la concepción dicotómica de lo “bueno y lo malo”; esta creencia se relaciona con la necesidad de establecer rutinas, reglas, hábitos y normas claras, que posibiliten sacar adelante a los hijos, acorde a sus principios morales, para que sean buenos, con la idea de que algo debe ser corregido, al no ser aceptado o natural. Se encuentra implícita la necesidad de tomar acciones para modificar aquello que, como condición natural, se considera defectuoso o anormal, lo cual valida de alguna forma el maltrato y la violencia en el contexto de la crianza, como asuntos propios y necesarios a implementar. Baumrind (como se citó en Izzedin y Pachajoa, 2009) señala que la obediencia en los estilos parentales, en el proceso de crianza, constituye una virtud; los padres favorecen la disciplina, dándole mucha importancia al castigo, y poca al diálogo; aspectos que pueden generar efectos negativos en los niños, como la hostilidad, baja autoestima, desconfianza y conductas agresivas.
La enseñanza en doble vía, también encontrada en los significados de crianza, representa dejarse permear por la enseñanza que los hijos pueden dar a los padres o la familia en general. Este tipo de creencia involucra la bidireccionalidad (Moreno, 2008), desde una perspectiva integradora y relacional, que pone al mismo nivel la influencia del niño en la vida de quienes lo acompañan. De manera similar la promoción de independencia y apertura considera la independencia de los hijos, quienes necesitan desarrollar su propio proyecto de vida, y para lograrlo requieren que los padres promuevan o faciliten momentos de reflexión, escucha, toma de consciencia, crecimiento y desarrollo como seres íntegros y capaces. Al respecto, en relación con las subjetividades de los niños, Amador (2012) plantea que preguntar por aquello que es el sujeto, implica preguntar por experiencias socioculturales como parte de la subjetividad. Fajury y Schlesinger (2016) indican al respecto que la crianza responsiva, sensible y estimulante presenta afectaciones en el desarrollo infantil, al satisfacer necesidades físicas, emocionales, mentales y sociales por parte de padres o cuidadores, favoreciendo aspectos como la salud, la nutrición, el aprendizaje y la protección.
Por otra parte, el amor como concepción de la crianza promueve la importancia de sentirse apoyado, vinculado, reconocido y validado en su ser. Los entrevistados afirman que la crianza afectiva se logra cuando los padres se convierten en guía, acompañan, permanecen cerca, física y emocionalmente, y expresan su afecto de diversas formas, a partir de besos, compañía, abrazos; resultado que finalmente deriva en la felicidad de los hijos, y por ende de los padres. Este pensamiento se encuentra muy vinculado a las prácticas de crianza humanizada, que considera el compromiso de la familia, el Estado y la sociedad en el acompañamiento afectuoso e inteligente de niños, niñas y adolescentes, para el desarrollo humano, involucrando en éste las dimensiones: corporal, intelectual, afectiva, social y espiritual (Ramírez, 2011).
Conectado con los significados anteriores respecto a la crianza, en la presente investigación las formas de acompañamiento representan las posibilidades de participación en los procesos de crianza, entendidos éstos como trayectorias que implican la convergencia de múltiples actores, con características diversas en un determinado momento de la historia y en un contexto particular. Desde esta concepción se reconoce la multiplicidad de formas que adoptan las familias, y particularmente los padres, madres y cuidadores para ejercer la crianza, con la premisa del acompañamiento como condición de la misma. Este, puede comprenderse desde el tiempo compartido, el vínculo afectivo, la comunicación, y el cuidado, como características de la existencia simultánea de padres, madres, abuelos cuidadores, niñas y niños.
De acuerdo con esto, se evidencia en las narraciones de los entrevistados, en primer lugar, un acompañamiento permanente de algunos de ellos, que desarrollando actividades alternas en su propio hogar, o sin desarrollarlas, consideran fundamental no solo la calidad del tiempo compartido con los hijos, sino la cantidad del mismo, argumentando que la cercanía y la permanencia son necesarias para promover una comunicación abierta y fluida, además del cuidado y el vínculo afectivo que los niños requieren. Este tipo de acompañamiento es considerado principalmente en el marco de una crianza participativa y reflexiva, dado que no se relaciona solo con la idea de permanecer cerca, sino de incluir todos los elementos antes mencionados; lo anterior, implica para muchos padres y madres: renuncias, aplazamientos, cambios, o redireccionamientos en el ámbito profesional, laboral o académico, que responden al establecimiento del cuidado de los hijos como prioridad; perspectiva soportada en creencias, orientadas principalmente desde la importancia que cobra su participación en el desarrollo de los hijos, como lo describe Bowlby (1986): cuidar a un bebé que comienza a caminar, implica una tarea de veinticuatro horas a la semana, siete días por semana; en este punto, resalta el autor, que aunque la carga se alivie a medida que crecen, aún precisan de tiempo y atención permanente.
Siguiendo los planteamientos Bowlby (1986), la labor de criar a otro, a lo largo de sus primeros años de vida, desde una modalidad afectiva, contiene cualidades de constancia y acompañamiento, que implican cuidado y asistencia permanente en sus espacios íntimos y de socialización, estar al pendiente de sus actos y detalles. Los padres que manifiestan mayor acompañamiento con los hijos, plantean la importancia de establecer con ellos “diálogos existenciales”; es decir, afectivos, vinculantes y reflexivos, que distan de conversaciones instrumentales, relacionadas con preguntas por el desempeño o el cumplimiento de actividades cotidianas. Este acompañamiento suele conducirse por posturas reflexivas respecto a las necesidades de los hijos; sin embargo, en algunos casos, aunque el cuidado de los hijos sea considerado una prioridad, la forma en que se ejerce dicho acompañamiento no tiene estrecha relación con la crianza respetuosa o reflexiva, dado que el castigo, la conducción y el modelamiento también pueden incluirse, y es así como se dimensiona el entramado que suele establecerse entre los significados y las formas de acompañamiento de las familias en temas de crianza.
En segundo lugar, se evidencia en los entrevistados un tipo de acompañamiento delegado, que indica poca permanencia o tiempo compartido, aunque está presente la responsabilidad del cuidado, en términos de proveeduría económica y salud. La comunicación puede ser vinculante, reflexiva o instrumental, pero principalmente el vínculo afectivo tiende a ser establecido con una figura diferente a los padres. En este caso los niños pasan la mayor parte del tiempo en instituciones o al cuidado de la persona elegida para dicho fin, que puede ser un familiar, un profesional en temas de puericultura, niñera, nana o empleada; en algunos casos, combinando varias de las alternativas. Al respecto, autores como Infante y Martínez (2016) relacionan esta situación con los cambios que ha sufrido la familia, a partir de modificaciones socioeconómicas y políticas, como la globalización y la postmodernidad.
En tercer y último lugar, se identifica un tipo de acompañamiento compartido, el cual indica que los padres asumen la responsabilidad del cuidado, estableciendo comunicación vinculante y reflexiva o instrumental, pero procurando pasar un tiempo significativo en compañía de los hijos. En este caso, pueden alternar este acompañamiento con instituciones, familiares, u otras personas que se configuran como red de apoyo; en muchos casos con la participación activa de los abuelos. Esta tercera forma de acompañamiento se identifica en correspondencia con las características de la sociedad actual y las trasformaciones en el ejercicio de los roles familiares, siendo cada vez más común que ambos padres trabajen, que ambos o uno de ellos continúe sus estudios y que ambos compartan escenarios sociales, en los cuales vivencian experiencias desde roles simultáneos: amigos, estudiantes, empleados, pareja, padre, madre, entre otros. En relación con esto, Bauman (2000) se refiere a la modernidad líquida, abordando la fragmentación de los vínculos en un marco de transformaciones y cambios, los cuales reflejan la idea de un momento social en el que el tiempo y el vínculo se viven de diversas formas; esto, en correspondencia con la crianza, permite también interpretarla como un rol que deja de ser, como lo fue durante algunas décadas, una tarea esencial.
De otro lado, González (2013) plantea que, respecto a los padres de hoy, no es posible realizar generalizaciones, dada la singularidad de la familia y su dinámica, que no puede ser igual a la de ninguna otra, por más que parezca. Se aclara, a propósito, que la presente investigación tomó como punto de reflexión las formas de acompañamiento, para no limitarse exclusivamente a la relación padres- hijos ni a las prácticas reconocidas como estilos educativos. Al respecto, se incluye el análisis en relación con aspectos como: dinámica familiar (roles, afecto, comunicación, autoridad, límites, normas, uso del tiempo libre, funciones), y aspectos relevantes al ejercicio de la crianza, hábitos, rutinas, implementaciones, efectividad, involucrados, dificultades y posibilidades; y que a criterio del equipo de investigación pueden agruparse en las siguientes formas:
Acompañamiento participativo e incluyente. Esta manera de desarrollar la crianza se refiere al reconocimiento de los niños como seres independientes, con libertad de experimentación y responsabilidad sobre sus acciones. Esto implica para los padres una participación continua en el mundo del niño, sin llegar a ser invasores o intrusivos; además, se incluye el despliegue de estrategias y herramientas para vincularse y diferenciarse asertivamente. Algunos padres hicieron referencia a una crianza personalizada, como una forma de acompañar, desde la diferencia, reconociendo disímiles etapas por las que atraviesan los hijos, y tomando en cuenta sus demandas y necesidades. En este acompañamiento es importante escuchar a los niños, es necesario validar sus acciones y reconocer sus diferencias, en el marco del proceso de desarrollo. Entre estas características se encuentra correspondencia con lo que el grupo de puericultura de la Universidad de Antioquia ha planteado desde la crianza humanizada, la cual “considera a los niños y adolescentes, como gestores de su propio desarrollo, con los cuidadores adultos como modelos” (Posada, Gómez y Ramírez, 2008 p. 297).
Acompañamiento reflexivo. Involucra documentación, estudio y reflexión por parte de los padres, quienes realizan cuestionamientos frente a la forma en que ejercen la crianza y reconocen la influencia de los hijos en sus vidas, y en su propio crecimiento y desarrollo. Esta manera particular de ejercerla, considera a los niños seres dotados de capacidades, sujetos de derecho y miembros activos de la familia, cuya meta está asociada con el desarrollo de independencia y la búsqueda de felicidad. Sumado a esto, para los padres o adultos que acompañan, es importante el reconocimiento y manejo de sus propias emociones y recursos, que les permita de una manera dinámica, consciente y flexible establecer implementaciones y cambios en el momento que se requiera. En este acompañamiento se encuentran relaciones con el modelo de paternidad consciente de Duncan, Coatsworth & Greenberg (2009), quienes plantean que las relaciones entre padres e hijos mejoran cuando los padres ejercen una práctica consciente, que involucra la escucha atenta, la conciencia emocional, la autorregulación, y la aceptación sin prejuicios en sus interacciones paternas.
Acompañamiento impositivo, correctivo, o poco flexible. En este tipo de acompañamiento la meta de la crianza se fija más en expectativas sociales o personales, que en las demandas o necesidades de los hijos. Esta manera de acompañar relaciona la importancia del límite rígido establecido por los adultos, el ejercicio autoritario, el castigo físico y la importancia de la corrección, como método necesario para cumplir la tarea de hijos bien educados. El uso del castigo físico o emocional es un instrumento intencionado de educación, que de acuerdo con el estudio intercultural de López (2010), se relaciona con una costumbre arraigada, que se relaciona con el deber paterno de corregir y el dolor, como una manera efectiva de evitar que se vuelva a cometer la falta.
Otros aspectos relevantes que emergen en el discurso de los entrevistados
Participación de los abuelos. Se evidencia cómo algunos de ellos se involucran satisfactoriamente en la tarea de apoyar a sus hijos y nietos, mientras que otros expresan sobrecarga de responsabilidades o tensiones ante las diferencias en el establecimiento de normas y pautas. Las familias contemporáneas se mueven entre desafíos complejos, en donde madres y padres consideran estratégico el apoyo de los abuelos, para sortear otras actividades que interfieren en el acompañamiento y cuidado permanente de sus hijos. De acuerdo a lo que plantean Marín y Palacio (2015), “el abuelazgo es clave en la crianza y el cuidado contemporáneo de las nuevas generaciones, permite leer los cambios y las transformaciones sociales y familiares de manera distinta” (p. 25).
Satélites institucionales. La mayoría de los padres y madres, entrevistados, menciona alguna relación con instituciones cercanas a su red de apoyo, como guarderías, jardines infantiles o centros educativos. Algunos de los motivos por los cuales se establece dicha relación se centran en las actividades laborales o académicas de los padres, la falta de tiempo, la creencia de que los hijos necesitan un espacio diferente al hogar para compartir con niños de su misma edad, o abiertamente algunos padres y madres manifiestan la necesidad de llevarlos a la institución para tener descanso. De acuerdo con Santillán (2016), existe polifonía de actores e iniciativas en la atención a la infancia, los jardines, centros de desarrollo infantil, entre muchas otras, que evidencian una participación importante de múltiples actores en la atención integral a los niños, influyentes en su desarrollo. También, esto concuerda con la “colisión de intereses entre amor, familia y libertad personal”, de los que hablan U. Beck y E. Beck (2007 p. 16). Sin embargo, también se registra la tendencia de algunas familias contemporáneas (especialmente de estratos socioeconómicos altos) de practicar la educación en casa (homeschooling), ante las inconformidades sentidas con el sistema educativo actual.
Uso de nuevas tecnologías. Los entrevistados advierten que el establecimiento de límites y el acompañamiento se convierten en uno de sus principales retos, frente al uso de las nuevas tecnologías. Consideran que no se trata de clasificarlas como “buenas o malas”, sino del uso adecuado o inadecuado que tanto ellos como los niños puedan darle. Al respecto, es importante mencionar que algunos padres, que utilizan con mayor frecuencia las nuevas tecnologías, encuentran mayores ventajas respecto al uso que puedan darle, pero al mismo tiempo consideran como riesgo el tiempo que ocupan en ello. Al contrario, los padres o abuelos que se sienten más distanciados, respecto al uso de las tecnologías, evidencian como temor: el desconocimiento que los puede llevar a no advertir a tiempo los riesgos a los cuales los niños se puedan ver expuestos, dado que consideran el internet como un medio peligroso que puede afectar significativamente a sus familias. “El aspecto de mayor alarma es el potencial adictivo” (Labrador y Villadangos, 2010, p. 180).
Sanción social frente al castigo físico. Aunque los entrevistados hacen alusión a las implicaciones sociales que tiene el castigo físico o el maltrato a los niños, vale la pena mencionar que este reconocimiento generalizado, se encuentra más relacionado con el temor a la sanción social que a las consecuencias que este tipo de prácticas pueda acarrear en los hijos. Algunas familias, en la actualidad, mantienen prácticas basadas en agresiones; el maltrato sigue siendo para muchos padres y abuelos cuidadores, una herramienta en el ejercicio de la autoridad. Esta se relaciona, entre muchos factores, con las dificultades en el manejo de emociones y la resolución asertiva de situaciones tensionantes. Plantea Castrillón (2012), que los efectos de la Ley de Infancia y Adolescencia (1098 /2006), que tiene por finalidad garantizar a niños, niñas y adolescentes un desarrollo pleno y armonioso para crecer en el seno de la familia y la comunidad, en un ambiente de felicidad, en las estructuras institucionales del país apenas se vienen consolidando, y es importante considerar que en el proceso de legitimación de las nuevas regulaciones se requiere tiempo de adaptación y asimilación. En el imbricado complejo cultural la forma en que las disposiciones legales permean las creencias es disímil; los replanteamientos requieren tiempo para llegar a permear de manera consciente una práctica validada durante años, como el castigo.
Conclusiones
En el acompañamiento familiar, las creencias o significados que las familias, especialmente padres, madres y cuidadores contemporáneos, tienen acerca de los niños y la crianza, son fundamentales en el desarrollo de sus prácticas. Las ideas basadas en la necesidad de corrección y conducción tienden a incidir en formas de acompañamiento impositivas o poco flexibles, las cuales visibilizan a los niños como desprovistos de subjetividad y autonomía; mientras que las creencias relacionadas con la promoción de independencia y apertura, y la formación, tienden a relacionarse con acompañamientos más participativos e incluyentes que visibilizan a los niños como sujetos activos en su propio desarrollo. Por su parte, la relación de la crianza con el amor y la enseñanza en doble vía, propone una forma de acompañamiento reflexivo que responsabiliza, a quienes ejercen el acompañamiento, de examinar permanentemente sus propias acciones, en torno a la promoción de prácticas de crianza cada vez más responsables, asertivas y sensibles.
De acuerdo a la complejidad de los procesos de crianza y la multiplicidad de variables que intervienen en ellos, no es posible determinar formas exclusivas en el acompañamiento de los hijos; por tanto, la información aquí planteada se constituye un punto de partida para otras investigaciones que requieran considerar el tema del acompañamiento como proceso que involucra no solo prácticas o estilos, sino las variables de la dinámica familiar y contextual, en un momento determinado. Es necesario aclarar que, ante la dinámica cambiante de las familias, estas pueden pasar de una forma a otra, de acuerdo a sus necesidades y los recursos internos y externos de los que dispongan en cada momento de su trayectoria vital. Para quienes participan en procesos de crianza, la experimentación de satisfacciones, angustias y temores transcurre en un ir y venir que posibilita la permanencia o la búsqueda de cambios.
Respecto a las experiencias de los participantes en el presente estudio, se encuentra que la crianza ejercida entre varios introduce la idea de la presencia de padre, madre o cuidador en la vida de un niño, niña o adolescente; también, del involucramiento afectivo, económico, social, político, cultural, espiritual y vincular en la vida de este. Aunque tradicionalmente ha sido relevante la influencia del adulto en la vida del infante, las posturas contemporáneas señalan la influencia bidireccional y la perspectiva integradora, que pone al mismo nivel la influencia del niño o niña en la vida de quienes lo acompañan. En este estudio puede verse como varios padres, madres y abuelos coinciden en su deseo de mantener formas de crianza participativa, incluyente y reflexiva, con una imagen altamente positiva y esperanzadora frente al lugar que los niños ocupan en la sociedad. Sin embargo, es necesario anotar que aún el maltrato es visible y se hace necesario avanzar en estrategias psicosociales para un abordaje más efectivo sobre el mismo.
Las formas de acompañamiento en los procesos de crianza de familias contemporáneas en la ciudad de Medellín son diversas. Sin embargo, se encuentran tres tendencias que corresponden a las particularidades de las familias, sus necesidades, conformación, ciclo evolutivo y dinámica interna y externa: i) el acompañamiento participativo e incluyente, que se relaciona con prácticas respetuosas y humanizantes, en sintonía con las demandas de los hijos desde una perspectiva integral y posibilitadora; ii) el acompañamiento reflexivo, que además de incluir esa sintonía con las demandas de los hijos, promueve una actitud reflexiva en los padres, lo cual los convoca al replanteamiento, al autocontrol y al aprendizaje permanente, en la tarea de ser padres; y iii) el acompañamiento impositivo, correctivo, o poco flexible, que mantiene y refuerza prácticas asociadas al castigo, las cuales naturalizan el maltrato como un medio para lograr obediencia y buen comportamiento en los hijos, desde una perspectiva adultocéntrica.
Al concluir este estudio, puede advertirse que, desde el punto de vista de los entrevistados, existe una tendencia en las familias contemporáneas a emplear modos de comunicación que favorecen el crecimiento, y que reconocen el componente emocional y la importancia de la escucha a los hijos, en sintonía con un interés por satisfacer sus demandas. Estas formas elegidas para la crianza son modelos emergentes en la sociedad latinoamericana, ya que, al fomentar la palabra, el reconocimiento y la visibilización del niño como sujeto de derechos, contribuye a la conformación de una cultura ciudadana responsable e incluyente.
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Notas
Información adicional
¿Cómo citar el artículo?: Herrera Rivera, O., Bedoya Cardona,
L. M. y Alviar Ruiz, M. M. (mayo-agosto, 2019). Crianza contemporánea: formas de
acompañamiento, significados y comprensiones desde las realidades familiares. Revista Virtual Universidad Católica del
Norte, (57), 40-59. doi: https://doi.org/10.35575/rvucn.n57a4
Enlace alternativo
http://revistavirtual.ucn.edu.co/index.php/RevistaUCN/article/view/1053/1494 (html)