Artículos de Investigación

El genograma y el juego en la intervención psicosocial en temas de crianza [1]

The genogram and the game in the professional intervention for child-rearing themes

Ovídio Herrera Rivera
Universidad Católica Luis Amigó, Colombia
Ledy Maryory Bedoya Cardona
Universidad Católica Luis Amigó, Colombia

El genograma y el juego en la intervención psicosocial en temas de crianza [1]

Revista Virtual Universidad Católica del Norte, núm. 62, pp. 243-275, 2021

Fundación Universitaria Católica del Norte

Recepción: 16 Febrero 2020

Aprobación: 03 Diciembre 2020

Resumen: El objetivo del estudio se centró en identificar las estrategias y técnicas privilegiadas por profesionales del campo psicosocial: psicología, trabajo social, desarrollo familiar y terapia familiar, que acompañan en la práctica privada y/o institucional a familias con niños entre 1 y 14 años de edad, que consultan por temas de crianza, en la ciudad de Medellín. En la investigación participaron 16 profesionales. El método utilizado fue el cualitativo, mediado por la metodología de análisis de contenido (AC), al permitir analizar e interpretar experiencias de los profesionales en el tema. Acorde a los resultados, se encontró que algunas técnicas implementadas en el contexto profesional, como el genograma y el juego, por su uso y características en el tema de crianza, vinculan una perspectiva teórica y metodológica de base; además de facilitar la inclusión de los diferentes integrantes de la familia, reconociendo también el aporte invaluable de los niños, niñas y adolescentes, a veces no involucrados de manera activa en las sesiones. De esta manera, el artículo provee un marco discursivo y crítico, mediado por una apuesta comprensiva y ética frente a la implementación de estas técnicas, aspecto que se traduce en bienestar para las familias intervenidas y recursividad para los profesionales.

Palabras clave: Crianza del niño, Familia, Genograma, Intervención profesional, Juego, Técnicas de intervención.

Abstract: The objective of the study focused on identifying strategies and techniques privileged by psychosocial field: psychologists, social work, family development and family therapy, who accompany families with children between 1 and 14 years of age in private and/or institutional practice families, who consult in child-rearing themes in the city of Medellin. 16 professionals participated in the research. The method used was the qualitative, mediated by the Content Analysis (AC) methodology, by allowing the analysis and interpretation of professionals' experiences themes. According to the results, it was found that some techniques implemented in the professional context such as, the genogram and the game, for its use and characteristics in the child-rearing theme, link a basic theoretical and methodological perspective, in addition to facilitating the inclusion of the different members of the family, also recognizing the invaluable contribution of children and adolescents, sometimes not actively involved in the sessions. In this way, the article provides a discursive and critical framework mediated by a comprehensive and ethical commitment to its implementation of these techniques, an aspect that translates into well-being for the families, and a recursion for professionals.

Keywords: Child-rearing, Family, Genogram, Professional intervention, Play, Intervention techniques.

Introducción

A manera de contextualización, en el año 2018 se ejecutó la investigación: Formas de intervención psicosocial para familias que consultan por temas de crianza; proyecto financiado por la Universidad Católica Luis Amigó, en convenio con IAN Attachment Antioquia y Eje Cafetero. Este artículo corresponde a la categoría de análisis: técnicas y estrategias implementadas por los profesionales en el tema de crianza, que a partir de sus resultados planteó la necesidad de focalizar el análisis de la técnica del genograma y el juego, en virtud de su contribución al campo profesional, y especialmente a las familias en el tema de crianza; en correspondencia con estos propósitos, se facilita un acercamiento teórico y metodológico, en beneficio de las familias intervenidas, aspecto que se traduce en prácticas profesionales, en el contexto psicosocial, que disminuyen el umbral de riesgo psicosocial, asociado a un contexto de intervención.

Acorde con esto, se busca propiciar reflexiones en torno a la participación infantil en procesos de intervención familiar, encontrando que en muchos casos se priorizan acciones en las cuales los niños no tienen un rol activo en un contexto de consulta, en donde la atención usualmente está focaliza en los adultos, desdibujando de forma directa o indirecta al niño/niña o adolescente, como sujeto protagónico en la realidad familiar, evidenciando así un desbalance entre el discurso sobre estos, como sujetos de derechos, y las prácticas que los convocan. El artículo reviste un interés no solo investigativo, sino también profesional, al introducir reflexividad teórica y metodológica sobre dos técnicas conocidas universalmente, como el genograma y el juego, los cuales, si bien tienen un uso y funcionalidad terapéutica y pedagógica, revisten de atención, comprensión y responsabilidad, al hacerlas operativas con las familias, y en especial con niños y adolescentes. La pertinencia del estudio constituye un marco de responsabilidad en la intervención psicosocial, construida por personas y familias; por ello la necesidad de estudios que ayuden a los profesionales psicosociales a mejorar en el conocimiento teórico y metodológico de técnicas en el tema de crianza; en este contexto, los resultados se colocan en referencia con algunos estudios locales, nacionales e internacionales.

Referentes teóricos

Técnicas y estrategias en la intervención profesional

Las técnicas de intervención suelen ser comúnmente mencionadas en el ejercicio profesional; Aguilar (2013) indica que las intervenciones profesionales precisan de procedimientos que incluyen conocimiento y habilidad, para el manejo de técnicas propias en cada profesión. Considera la autora, que las técnicas de intervención requieren reflexión, formalización, además de un soporte teórico y metodológico específico para su implementación. Ávila (2017), por su parte, indica que es importante conocer previamente cada técnica utilizada, dado que el dominio de estas influenciará el análisis de la intervención con familias, grupos, comunidades y los ambientes institucionales. La estrategia, de otro lado, constituye una forma, una manera de hacer las cosas, que implica poner en marcha actividades y recursos, también involucra posturas profesionales, más activas o pasivas. Esto devela las implicaciones de la estrategia que, en la puesta en marcha, debe no solo implementar, sino garantizar la articulación y un buen pronóstico de las intervenciones. En armonía con las técnicas, se vinculan los instrumentos que, de acuerdo con Ávila (2017), constituyen las vías tangibles que facilitan una mejor intervención – acción, entre ellas el diario de campo, expedientes, guion de entrevista, manual de procedimientos, entre otros; aclara la autora que las técnicas son los medios o procedimientos intangibles, los cuales se apoyan en instrumentos para favorecer un abordaje integral de la realidad humano social.

Técnicas y estrategias en la intervención profesional en el tema de crianza

A modo de contextualización, se observa en el ámbito local, nacional e internacional, el reconocimiento e implementación de técnicas y estrategias de intervención en crianza desde el abordaje psicosocial, en disciplinas especialmente sociales; al respecto, Quintero (2009, 2010) señala la incursión del trabajador social en la intervención con familias, desde un enfoque restaurativo y sistémico, incorporando técnicas y/o estrategias como la visita familiar y la entrevista. Frente a esta última, Carrasco y Martínez (2019) reconocen su uso como una estrategia básica en la intervención terapéutica. Barreto y Yanguma (2015) identifican la visita domiciliaria como herramienta de intervención, orientada al cambio familiar, especialmente enfocada a la prevención de la violencia infantil, destacando el agenciamiento a partir de la visibilización de capacidades y competencias de las familias para solucionar sus circunstancias problemáticas; con lo anterior, se resalta la importancia del trabajo colaborativo entre disciplinas sociales en el acompañamiento de niños(as) y adolescentes, en procura de su bienestar (Camargo, 2015; Hernández, 2005; Ospina y Gallo, 2011). Micolta (2007) relaciona, en este sentido, una serie de recomendaciones que deben tener los profesionales al intervenir familias en parentalidad temprana, incluyendo perspectivas diferenciales, como la planeación y desarrollo de la intervención, acorde a demandas y necesidades. Terranova et al. (2014), a diferencia de este estudio, no recrean un análisis que incluya una reflexión sobre la crianza; aunque, de manera particular, focalizan la importancia de la familia como fuente de análisis, no se observa un tema específico dedicado a reflexionar la crianza, y con ella técnicas o estrategias para su abordaje. Betancourt y Escobar (2016) relacionan un interés por comprender el cuidado infantil en educación inicial, asumiendo una perspectiva crítica frente al ausentismo del Estado y las políticas públicas para su cuidado y protección,

Bulgach y Meilan (2011), y Álvarez et al. (2014), en aras de unificar una perspectiva interdisciplinar de la infancia, generan posicionamiento crítico frente a los procesos de intervención profesional e institucional, relacionados con la protección de la infancia; además, hacen un llamado a la comprensión del problema y la inclusión de estrategias para mejorar su situación actual; aspectos que se traducen, en escuchar la voz de los niños, vistos como sujetos de derechos y relaciones, pertenecientes a una familia y a una sociedad. Aburto y Arévalo (2008) resaltan, en el contexto de intervención familiar, el reconocimiento del otro como sujeto activo de su propio desarrollo; por ello, los instrumentos deben estar acordes al contexto histórico y social de las familias. P. Ruiz (2012) centraliza la urgencia de apoyo de las instituciones sociales, estatales y profesionales, dirigido a las familias en condiciones de marginación social, bajo un enfoque sistémico, centrado en la interacción del sujeto con otros sistemas de apoyo, incluyendo como técnica la comunicación desde la reflexión – acción, intervención en crisis, talleres grupales y redes locales.

Por su parte, Saavedra (2013) incluye el juego como una práctica de intervención a incluir con las familias, destacando la estimulación temprana en la población infantil, las redes de apoyo y las conversaciones como estrategias de apoyo para alcanzar este objetivo. Morales y Vásquez (2014), también, identifican técnicas como la instrucción verbal y el modelamiento de habilidades, las cuales ayudan a la reducción de conductas disruptivas en los hijos, dando lugar fundamental a las conductas positivas de los padres, mediante el programa crianza positiva. Moreno y Agudelo (2018) analizan las preguntas como generadoras de reflexividad y resignificación en un contexto terapéutico; interés retomado por las escuelas de terapia sistémica (Pulgarín y Fernández, 2019).

Las preguntas son concebidas por Sapéne (2011) como técnicas valiosas para inducir al cambio. Tomm (como se citó en Moreno y Agudelo, 2018) considera que las preguntas cumplen funciones terapéuticas. Núñez y Valcárcel (2013), también remiten al empleo de la técnica del emocionario, en tanto el profesional tiene la posibilidad de explorar emociones y el diálogo de sentimientos; Núñez y Valcárcel (2013) resaltan que el uso del emocionario permite desarrollar la inteligencia emocional de la niñez, básica en su proceso de desarrollo psicoevolutivo. Satir (1995), por su parte, valora la técnica de la comunicación en un proceso de consulta que, en afinidad con la escucha, facilita la comprensión del sistema relacional, en donde el profesional habilita sus cinco sentidos, especialmente ver, oír y escuchar, activando así la capacidad de observar y estar conectado con el sistema observado, incluyendo su habilidad para vincularse y separarse de la familia (Andolfi, 2003). Además de la escucha, se debe adoptar una posición de observancia; “las conversaciones son una fuente importante para el intercambio de descripciones y explicaciones, definiciones y significados diferentes” (Andersen, 1994, p. 52).

La práctica narrativa, en los procesos de intervención, cobra especial relevancia para los profesionales sociales, quienes consideran fundamental el despliegue de habilidades que permitan a las familias narrar y renarrar sus historias, para resinificarlas, dando lugar a una nueva forma de ver, entender y solucionar las situaciones presentadas. Narrar, se constituye en un acto de revelación, en una apuesta respetuosa y colaborativa entre las partes, permitiendo descubrir e interpretar nuevos significados que instan a un proceso de cambio (Agudelo, 2016). El uso de prácticas narrativas enriquece los saberes previos de los consultantes, además de fomentar habilidades para la vida (White, 2015); en este contexto, complementa Gallego (2012) que “las familias en su dinámica interna están atravesadas por una historia” (p. 333). De esta forma, el profesional entra en relación con la familia intervenida, a través de la “co-creación de una nueva trama narrativa y una nueva realidad de significados” (Andolfi, 2003, p. 129). En este contexto, las narraciones constituyen un marco de realidad, dando lugar a un proceso complejo, el cual se pone como factor de organización y reestructuración, por ende, transformador de la experiencia humana (Sluzki, 1991, como se citó en Anfolfi, 2003; Falla et al., 2016).

En estrecha afinidad con las prácticas narrativas,el cuento constituye, según Toledo (2014), una narración, oral o escrita, ficticia o real, que experimenta adaptaciones, acordes al momento histórico donde sea contado, y que puede compartir un valor formativo en quien lo escucha, sea niño o adulto. Los cuentos en el mundo infantil .responden a las necesidades de magia que los niños tienen, contrapuesto al mundo real de los adultos” (Martínez, 2011, como se citó en Toledo, 2014, p. 54). Soto (2017), a modo de síntesis, describe los elementos que debe contener un cuento: “un suceso único, brevedad, tensión, efecto, narración, tiempo y personajes” (p. 53). Su utilización puede ser de carácter pedagógico, que lleve al niño o niña al proceso imaginativo y creador, traducido en aprendizaje. Rodríguez (2014) reitera que el cuento no solo está vinculado al mundo infantil, dado que trasciende a la vida adulta.

La creatividad, incluye una postura estratégica que habilita la imaginación del profesional psicosocial para ofertar posibilidades emergentes en el contexto de la intervención, para agregar creatividad y con ella crear técnicas (Satir, 1995). Es decir, el profesional facilita proximidad a la realidad familiar, permitiendo, a través de su imaginación, la exploración de técnicas conocidas y con manejo profesional, para ayudar a las familias a encontrar solución a sus preocupaciones; permitiendo, a su vez, la posibilidad de nuevas creaciones. El profesional en la intervención familiar “No se pone, como alguien que utiliza técnicas, neutral y experto, sino como alguien que utiliza su propia subjetividad, jugando un papel activo en la construcción de la realidad descrita” (Ugazio, como se citó en Andolfi, 2003, p. 130).

El juego, es considerado en el contexto de la intervención psicosocial como una técnica de intervención necesaria, especialmente en la intervención con niños y niñas; Gagna (2014) concibe la palabra Jugar como el primer acto creativo del ser humano, siendo una herramienta fundamental para el desarrollo y crecimiento de los seres humanos, mediada por la dimensión física, cognitiva y psicológica, entre otras, que representan un modo de relacionamiento e interacción permanente con personas y contextos. Es así como, a través del juego infantil, estos comprenden el mundo, relaciones y significados. Andolfi (2003) y Satir (1995), consideran el juego como una técnica fundamental en la intervención familiar, en tanto vincula una forma genuina de expresión infantil. Montero (2017) considera que el juego constituye una parte vital del desarrollo y el crecimiento humano, en tanto el proceso de aprendizaje se fortalece, al estar mediado por la lúdica y la creatividad.

El genograma como técnica de intervención involucra elementos interactivos, como la pregunta y el diálogo. De acuerdo con Andolfi (2003), “se vale un soporte gráfico para promover una modalidad narrativa más centrada sobre el recuento y entonces, sobre la comunicación verbal” (p. 131), facilitando, según el autor, la articulación no solo del lenguaje digital, sino también del analógico, metafórico y representativo, que le permiten al profesional colorear emociones, enriquecer contextos afectivos y redescubrir nuevos significados. Aclara el autor que el genograma es un diagrama de las relaciones de la familia extensa, que incluye por lo menos a tres generaciones, desde el cual es posible centralizar fenómenos humanos y facilitar el análisis de la familia. Autores como McGoldrick & Gerson (1985), Guerin & Pendagast (1976) y Montágano y Pazzagli (1989), han hecho aportes significativos frente al uso del genograma en la intervención familiar, especialmente en el análisis de la dinámica familiar; Rodríguez (2018) amplía su uso en la psicoterapia, talleres, contexto médico y estudios investigativos. Los genogramas se han utilizado en la educación y la práctica de enfermería, principalmente por enfermeras de familia, desde la década de 1980 (Piasecka et al., 2018, p. 1); además, para Magnuson (2000), el genograma profesional ofrece una oportunidad para consejeros en formación, estudiantes avanzados, licencia de nivel de entrada, candidatos y consejeros experimentados para examinar su ascendencia profesional (p. 401).

De otro lado, según Cuartas (2017), el genograma ofrece posibilidades de indagación sobre el diseño y estructura de las familias, lo cual posibilita un valioso recurso en el contexto profesional, especialmente clínico, para obtener información sobre las dinámicas relacionales, comportamentales, afectivas, comunicacionales; identificar eventos o sucesos en la historia de la vida familiar; conocer aspectos genéticos, enfermedades dominantes, como los trastornos mentales, condiciones adictivas; entre otros. Agrega el autor, que el genograma, a su vez, sirve de apoyo para la búsqueda de soluciones frente a las diversas situaciones o eventos vividos por las familias; lo cual permite hacer inferencias sobre los pronósticos, la presencia de subtipos clínicos distintivos y la evolución de los síntomas, consiguiendo avances significativos en el estudio de enfermedades como el Alzheimer, Parkinson, entre otras enfermedades neurodegenerativas que muestran transmisión familiar. Como aspecto a mejora, indica Cuartas (2017) que, a veces, algunos profesionales olvidan el uso del genograma, con lo cual pierden oportunidades valiosas para el bienestar de las familias, principalmente la detección de problemas o tensiones, comprensión del malestar, traumas, identificación de influencias o afectaciones externas o de contexto, capacidades o recursos instalados de las familias, entre otros. Suárez (2010) vincula otras ventajas del uso del genograma en el estudio y abordaje de la familia, entre ellas: constituye un registro sistemático; presenta un formato fácil de leer y comprender; permite identificar pautas generacionales, biomédicas y psicosociales; facilita evaluar relaciones entre el entorno familiar y la enfermedad; ayuda en la reestructuración de los problemas y tensiones familiares; evidencia obstáculos que limitan la cooperación y el vínculo familiar; permite establecer una diada funcional profesional – paciente; representa la estructura funcional de la familia; y, finalmente, ayuda al profesional a identificar factores de riesgo, como también las redes de apoyo que operan en la dinámica interna y externa de las familias para su fortalecimiento.

De acuerdo con Rodríguez y Díaz (2020) el genograma “funciona como un organizador terapéutico que resume la información y simplifica la complejidad de los vínculos familiares” (p. 14); por su parte, generan un llamado a la flexibilidad de la herramienta y convocan al reconocimiento de los animales de compañía en el diseño, estructura y contenido del genograma: “dada la relevancia que alcanzan las mascotas en la vida de las personas en la actualidad, consideramos indispensable incorporarlas al diseño y acoplar los datos que se proporcionan de este lazo emocional de tanta valía” (Rodríguez y Díaz, 2020, p. 14). Estos autores destacan la importancia del genograma en el contexto profesional, en donde las personas y familias “proyectan su vida, los vínculos, su historia, su emocionalidad y reflexiones” (p. 14); concluyendo, que el genograma configura un modo de trabajar, que vincula el contexto y la vida relacional y afectiva de personas y familias.

Método

La investigación es de naturaleza cualitativa, con enfoque hermenéutico; para lo cual, incorpora el análisis e interpretación de situaciones, aspectos interaccionales y comportamentales de familias y profesionales; incluyendo experiencias de vida, y aunado a ellas, creencias, pensamientos y actitudes, mediadas por un proceso interpretativo (Hernández et al., 2010). De esta forma, el enfoque, en articulación con la metodología de análisis de contenido (AC), permitió sistematizar y analizar cada una de las etapas del proceso. En este sentido, Navarro y Díaz (1995, como se citó en A. Ruiz, 2004) describen que el contenido está en correspondencia con el sentido que tiene el texto para quien lo genera, como también para quien realiza su interpretación; algunas razones para que el AC sea visto como “La técnica más elaborada y de mayor prestigio científico para la observación y el análisis documental que permite descubrir la estructura interna de la comunicación [composición, organización, dinámica] y el contexto en el cual se produce la información” (Galeano, 2004, p. 123).

Acorde con lo expuesto, se realizaron 16 entrevistas a profesionales de las ciencias sociales y el campo de la intervención psicosocial (psicólogos, trabajadores sociales, terapeutas familiares y profesionales en desarrollo familiar), con conocimientos y competencias en la intervención en crianza, agrupados en subgrupos de cuatro, acorde a cada profesión; su participación en el estudio fue voluntaria, con experiencia acreditada en el tema de crianza, no inferior a dos años. Algunos de los profesionales trabajan en instituciones gubernamentales y privadas en la ciudad de Medellín. Se aclara, en este sentido, que el estudio no pretende hacer comparativos entre los profesionales, frente a la implementación de estrategias y técnicas en la intervención psicosocial; el objetivo del estudio se centró en identificarlas y motivar a su análisis en este amplío contexto. En este caso se priorizó el nivel de recurrencia y uso por los profesionales entrevistados, relacionados con el uso del genograma y el juego en la intervención psicosocial.

Con respecto a las características sociodemográficas de las familias que llegan a la intervención profesional y/o institucional, estas se encuentran ubicadas en los diferentes estratos socioeconómicos, especialmente en el 1, 2, 3 y 4; residen en la ciudad de Medellín; padres y madres que cuentan con profesiones diversas, como oficios varios, licenciados en educación, y empleados públicos; sus edades fluctúan entre los 18 y 58 años, y tienen hijos entre los 1 y los 14 años. Es importante resaltar que las familias intervenidas, comúnmente llegan a un proceso de consulta profesional o institucional a través de un proceso de remisión, por parte de entidades privadas y del Estado, entre ellas: comisarías de familia, juzgados de familia, Instituto Colombiano de Bienestar Familiar –ICBF-, otras familias, y en menor proporción, acceden de manera voluntaria al apoyo especializado. En correspondencia con lo expuesto, el proceso metodológico apropió la entrevista a profundidad como técnica de recolección de datos, a la cual se vinculó un guion de preguntas, articulado a los objetivos. El instrumento fue validado por profesionales del área social con experiencia en el tema de crianza; luego de su revisión, se le adaptaron los ajustes pertinentes. El proceso de investigación incluyó, otros procesos complementarios como la grabación de entrevistas, previo consentimiento de los participantes; para dar paso al proceso de transcripción y codificación, a través del Software Atlas Ti V6; la etapa siguiente incluyó el proceso de análisis de información, a través de matrices y memos analíticos; pasando finalmente al proceso de escritura de resultados.

Resultados

El genograma en el abordaje familiar en temas de crianza

Con respecto al genograma en el contexto de intervención, los profesionales psicosociales reconocen la importancia del instrumento, al permitir que adultos, niños y adolescentes se involucren en su diseño, a partir del cual se amplía la comprensión de la realidad familiar; en este contexto, el genograma adquiere una mayor connotación como técnica, al habilitar espacios y contextos, en donde se vinculan aspectos relacionales, afectivos y de diálogo permanente, como bien lo indica este testimonio: “Utilizamos el genograma que nos permite diagramar la estructura de la familia y complementar con los componentes relacionales” (TF[2]). El genograma en este punto, es observado por los profesionales psicosociales, como un medio eficaz para profundizar y analizar aspectos poco perceptibles en un ambiente normal de conversación; incluye al respecto las narrativas familiares, a partir de las cuales sus miembros relatan historias de su vida, que cobran sentido y representatividad en la actualidad de las familias: “yo uso siempre el genograma porque me deja ver lo que sucede en la familia como en una foto, y así todos pueden opinar frente a la historia que cuentan los demás” (DF).

¿Quienes participan en su construcción y análisis? Los niños, en especial, cobran importancia en el manejo de la técnica. Al respecto, algunos profesionales involucran técnicas complementarias que ayudan a fortalecer su diseño y contenido, con el apoyo de las familias; en este caso, pintar y solicitar a las familias traer fotos para una sesión, configuran aperturas que complementan la funcionalidad del genograma en este tipo de espacios: “El genograma es muy útil porque puedo recrear muchas actividades a través de él (…) les pido a los niños que pinten o a veces les digo a los papás que traigan fotos para que lo hagan con esas fotografías” (TS). El genograma, igualmente, puede compartir un manejo centrado entre adultos y profesionales cuando los niños no son involucrados en su realización o análisis, como lo refleja el siguiente testimonio: “Los niños realmente no son mi fuerte, por eso utilizó material como hojas y lápiz para entretenerlos, mientras converso con las familias, las cuales considero esenciales para trabajar aspectos de crianza” (PS). Otros profesionales, comparten perspectivas opuestas a este testimonio, en donde el uso del genograma valida y permite generar un juego relacional entre las partes, quienes gozan de habilidades y recursos para su diseño y reflexión, en donde especialmente los niños pueden recrean su imaginación. “El genograma, es un puente activo para conocer las familias, sus recursos, competencias y habilidades, en donde niños, adolescentes y adultos, proveen estas posibilidades, a veces ajenas al profesional en un proceso de intervención” (TF).

Signos y convenciones. A pesar de que el genograma ofrece un manejo profesional universal, mediado con signos y convenciones, los profesionales son conscientes de que su uso puede vincularse a las familias, explicando los lineamientos básicos de su construcción; aspecto que le da un contexto interaccional y de reciprocidad para vincular más a las familias frente a sus situaciones, y con ellas un nivel de afrontamiento a la búsqueda de soluciones. “El genograma es una técnica sencilla, que puede ser vinculada a todo el grupo familiar, bajo mi orientación procuro que todos se involucren, que incluyan sus ideas” (DF).

Implementación en el contexto profesional. El genograma es observado por algunos profesionales, como un medio de uso exclusivo en el escenario profesional, especialmente educativo y terapéutico, en donde bajo el direccionamiento de preguntas, por parte del profesional, y respuestas por parte de las familias, se logra la máxima optimización del recurso: “Las familias son altamente significativas en su diseño. Historias, eventos y sucesos, particularizan aspectos claves que el profesional podrá analizar más adelante, permitiendo además reencontrar situaciones nuevas que ayuden a comprender mejor la situación presentada” (TF); incluso el uso del genograma puede ser interdisciplinar: “es un instrumento interdisciplinario, todas las profesiones sociales pueden utilizarlo acorde a sus objetivos” (TS).

Aspecto teóricos y metodológicos. Frente a la pregunta sobre los aspectos teóricos - metodológicos y/o prácticos del genograma, las respuestas de los entrevistados, en su mayoría, dejan entrever los vacíos teóricos y metodológicos que operan en el mismo: “Realmente no conozco autores que teoricen sobre el genograma, aunque soy consciente de la utilidad de esta herramienta” (PS). Sin embargo, se encontraron profesionales que sitúan algunas perspectivas teóricas frente al genograma como herramienta de intervención profesional: “La teoría general de sistemas, la cibernética de segundo orden, tienen especial relación con el genograma” (TF).

Más allá de la técnica. El genograma más allá de verse como una técnica y/o herramienta de intervención, conecta relacionamientos humanos y profesionales, mediados por encuentros de humanización y respeto; “si claro, a través del genograma, puedo no solo proyectar mi ejercicio profesional, las familias, los niños, representan horizontes de sentido para humanizar y dar sentido al proceso de intervención” (DF). Resulta propio el reconocimiento y validación en la mayoría de los profesionales entrevistados, quienes en el marco de sus prácticas observan en el genograma, no solo un instrumento o herramienta de trabajo, sino también una técnica que reviste seriedad, compromiso y responsabilidad al momento de vincular un proceso de acompañamiento profesional, la cual precisa de conocimiento y habilidades previas para su manejo; de igual manera, hacen notar que técnicas complementarias como el dibujo, el juego, el cuento, entre otras, ayudan a dinamizar su implementación en el contexto de la intervención familiar.

El juego como estrategia de intervención en crianza. El juego representa la realidad humana, es un contexto inherente a la vida, del cual participan adultos, especialmente niños y adolescentes. Así, frente al juego infantil, los profesionales convocan a activar la escucha, en especial con los niños; entonces, decodificar sus lenguajes es parte del trabajo del profesional: “En el juego con los niños hay que tener buena escucha, ellos jugando dicen muchas cosas. Yo uso el juego con ellos y así me apoyo para un diagnóstico, ese es el lenguaje de los niños y tenemos herramientas para aprovecharlo” (PS). A modo crítico, algunos profesionales psicosociales son reiterativos en señalar que, con el paso de los años, los adultos olvidan que alguna vez fueron niños y jóvenes. De esta manera, prácticas como el juego son observadas por algunas personas como una habilidad propia del mundo infantil; sin embargo, algunas percepciones se observan divididas; en este caso, algunos profesionales consideran que jugares parte de la vida, siendo a su vez un recurso valioso en el contexto de intervención con las familias, como lo ilustra este testimonio: “Los niños representan la vía más cercana al juego, aspecto que lastimosamente muchos adultos hemos perdido con el paso del tiempo” (TS).

Jugar, apertura al mundo infantil y un reencuentro para los adultos. En armonía con la escucha, los profesionales generan conciencia de participar en la realidad infantil; el contexto de intervención se concibe, para algunos, propicio e ideal para escuchar sus ideas, fantasías, sueños y creaciones; el juego, al respecto, se considera mediador de estas posibilidades, que se traducen en prácticas inclusorias y visibilizatorias del niño(a) y el adolescente, en un proceso de intervención; aspecto que descentraliza la atención en los adultos, en donde no solo los padres operan con un nivel de participación y escucha, por parte del profesional. De esta manera, se articula la realidad infantil y el mundo de los adolescentes como sujetos y objetos de acompañamiento profesional, en armonía con los objetivos o metas de intervención; “Los niños hacen aportes significativos en un proceso de intervención, que quizás ni los mismos adultos podrían proporcionar” (TS). El juego de roles o rol playing, se hace también representativo en el contexto profesional, en donde niños, adolescentes y adultos, comprenden el significado de sus relaciones de convivencia; “Me encanta ese juego, que el niño juegue al rol de ser papá y el papá juegue a ser niño, entonces allí ellos se observan y se comprende acerca de las relaciones que están teniendo” (DF).

Marcos teóricos y metodológicos. Al igual que el genograma, no se hace evidente en la mayoría de los profesionales entrevistados un relacionamiento teórico y práctico que le de sustento a la práctica del juego en un contexto de intervención; sin embargo, y como se decía anteriormente, los profesionales refieren la utilidad del juego como una dimensión que necesita una mayor visibilización en los procesos de intervención, no solo adscrito a los profesionales en educación infantil; “Considero que la utilización del juego en mis procesos de consulta, me han permitido explorar temas que ninguna otra técnica me había aportado, a través del juego, puedo observar relaciones, interacciones, comunicaciones, distanciamientos” (TF).

Proximidad, lúdica y conversación. El juego, como técnica de intervención profesional, genera coincidencia en la mayoría de los profesionales, frente a su capacidad para facilitar la proximidad relacional, activar momentos lúdico-recreativos y, finalmente, posibilitar la reflexividad frente a temas de preocupación familiar. Los profesionales, a través del juego, también entienden que la relación entre familia y experto incluye una apuesta humanizante, un encuentro relacional y de sentido que facilita un puente activo para ayudar a las familias a encontrar solución a sus preocupaciones cotidianas; “El juego representa para mí, un medio para acercarme a la realidad de las familias, conversar con ellas, jugar con ellas; los niños especialmente inducen a este tipo de espacios, que desafortunadamente algunos colegas no incluyen en sus procesos” (PS); “Yo uso la lúdica, pues está entre los lenguajes expresivos” (DF).

Miedos y temores. De acuerdo con lo expuesto anteriormente, se vislumbran temores asociados a la desvinculación del juego en el contexto de intervención; algunos relacionados con la falta de habilidad o destreza para participar de él, y otros a la necesidad de cualificación frente al manejo de las técnicas. Aspecto que ayudaría a comprender mejor su utilidad en los procesos de intervención con las familias en el tema de crianza: “Antes me costaba mucho introducir técnicas que implicaran movilidad en la sesión (…) El juego como técnica de intervención, considero que necesita habilidad por parte del profesional, por eso mi temor a no hacerlo bien” (TF).

¿Jugar por jugar? De acuerdo con los testimonios, el juego no solo ofrece la posibilidad de expresar lúdica y recreación; como técnica, está provisto de habilidades y competencias por parte del profesional, mediado por objetivos o metas de acompañamiento: “Creo que el juego no solo representa un medio para divertirse o recrearse. Los profesionales, considero que les hace falta ampliar conocimiento frente al tema, necesitamos ser fortalecidos en su comprensión y dinamización para la intervención infantil” (PS). De esta manera, jugar representa, para algunos profesionales, un contexto único para expresar y comunicar, de ahí la habilidad del profesional para comprender lenguajes digitales y analógicos; en el anterior testimonio se vincula un reconocimiento del juego infantil como recurso básico para la intervención, lo cual no significa que los adultos no puedan participar. Acorde a los testimonios anteriores, se observa la insistencia de los profesionales en dinamizar este tipo de prácticas en el mundo de los adultos, como también en ellos mismos; “Los niños son altamente expresivos, de nosotros depende explorar sus lenguajes y significados” (TF). El juego, de este modo, constituye un activador emocional fundamental en un contexto de intervención, desde el cual se observan y analizan conductas y actitudes, proximidades y distancias afectivas y relacionales. “A través del juego se introduce emoción, afecto y contacto bajo el acompañamiento del profesional; reencontrarse con las emociones, posibilita cercanía a las historias de las familias y a sus significados” (TF).

Discusión

El genograma en la intervención familiar: el genograma, más allá de ser concebido como un instrumento básico en la intervención psicosocial, representa una técnica profesional que articula una estrategia integradora y reflexiva “Impregna de significado las cosas (situaciones, personas, objetos, etc.), construyendo cotidianamente la experiencia de la realidad. (Rodríguez, 2018, p. 51). En este contexto, ¿Qué lleva a un profesional en psicología, desarrollo familiar, trabajo social, o especialista en terapia familiar, a apropiar el genograma como técnica de intervención? A modo general, los profesionales gozan de una diversidad de estrategias en el abordaje de las familias, algunas en concordancia con su especialidad o vinculadas a otras disciplinas, pero que, dada su efectividad y manejo, contribuyen a una postura ecléctica.

El genograma, al relacionar su génesis teórica, pareciera estar en el dominio de los trabajadores sociales y los terapeutas familiares; no obstante, de acuerdo a los resultados de este estudio, se observa su uso en disciplinas como psicología y desarrollo familiar, quienes no solo ven en este instrumento un diseño gráfico para representar las generaciones, sino una técnica que aporta conocimiento profundo de la dinámica relacional, afectiva, comunicacional, actitudinal y comportamental, de quienes participan de un proceso de intervención; el cual, vinculado a otras técnicas, como la observación, las preguntas, el juego y la escucha, por nombrar algunas, generan resultados significativos, tanto para las familias intervenidas como para el profesional psicosocial: “A través de preguntas reflexivas y circulares, uno puede profundizar en el campo relacional, no solamente dejarlo como una estructura ahí, para ver cómo está conformada toda la familia, sino que al realizar esas conexiones emocionales y relacionales” (TF). El genograma es considerado una herramienta profesional con variedad de usos, en tanto permite ver la estructura familiar y sus interacciones, procesos adaptivos en la trayectoria vital, dinámica, pautas y funcionamiento familiar, y el análisis de eventos cotidianos. Sus principios, análisis e interpretación usualmente requieren el apoyo de la teoría sistémica, entre otras. McGoldrick & Gerson (1985) recuerdan que “El genograma resulta un eficiente resumen clínico permitiéndole así al terapeuta que desconoce el caso, adquirir, en forma rápida, una gran cantidad de información sobre una familia y así tener una visión clara de los problemas potenciales” (p. 18). Agregan los autores que el genograma ayuda a la familia a analizar su realidad, a “verse distinta”, a rastrear y analizar situaciones en el tiempo que han dejado huella en el presente, acentuando un mal funcionamiento.

En este sentido, el diseño del genograma incluye criterios universales para su implementación en el abordaje psicosocial, entre ellos: símbolos, líneas y signos para los distintos datos reportados, permitiendo ordenarlos de una manera sintética, clara y completa. Minuchin (1974), lo define como una herramienta que le facilita al terapeuta organizar la información obtenida, vista como un primer acercamiento diagnóstico, que le permite evaluar los objetivos terapéuticos; “Se podría afirmar que ayuda a entender cuánto se vive la historia propia y cuánto aquella, que los otros en parte, decidieron por nosotros” (Andolfi, 2003, p. 135). En este orden de ideas, el genograma ha tenido una importante tradición en acontecer clínico; especialmente los terapeutas familiares reconocen su utilidad, aspecto que trasciende su uso como herramienta diagnóstica, posibilitando, además, una amplia fuente de recursos para el cambio. McGoldrick & Gerson (1985) complementan estas perspectivas al indicar que: “Los genogramas presentan la información en forma gráfica de manera tal que [proporcionan] un rápido Gestalt de complejas normas familiares y una rica fuente de hipótesis sobre cómo un problema clínico puede estar relacionado con el contexto familiar” (p. 17). En otros contextos no clínicos, como la asesoría y los procesos de orientación familiar, usualmente el genograma es diseñado por el profesional (trabajador, profesional en desarrollo familiar, entre otros), como parte de un repertorio usual, que posibilita comprensiones del escenario familiar, la génesis y configuración de los problemas.

De manera estratégica, cuando el genograma es diseñado con el apoyo de las familias y en sintonía con las preguntas formuladas por el profesional, la técnica posibilita la conversación y el logro de objetivos propuestos. Cabe aclarar que los resultados están en relación con las habilidades y competencias del profesional en su implementación, dado que toda técnica no solo debe contar con una fundamentación conceptual y metodológica, sino que requiere de destrezas que minimicen riesgos, asociados a la desmotivación, desesperanza e incredibilidad de las familias frente al proceso; por el contrario, su buen uso debe conducir a las familias a promover la reflexividad y las acciones al cambio. Por otro lado, Rodríguez (2018) refiere que el genograma presenta una utilidad complementaria como taller, en tanto permite explorar las historias familiares, generando conciencia y análisis, aspectos relacionales, figuras de identidad, patrones o modelos familiares, entre otros, que ayudan a tener una mejor comprensión de las familias en su dinámica.

En correspondencia a lo expuesto y reconociendo los múltiples usos del genograma, se destaca su valioso uso y aporte en los procesos de intervención psicosocial con familias, y en especial en el tema de crianza, al habilitar la participación infantil y adolescente, fundamental para la comprensión del funcionamiento y la historia de las familias; aspecto que trasciende el protagonismo adultocentrista en la intervención (Castillo et al., 2017). De esta forma, el genograma elaborado con la participación de las familias puede ser enriquecido con el uso de elementos artísticos complementarios, como pinturas y materiales plásticos; este tipo de estrategias, posibilitan la reflexividad familiar frente a las situaciones que atraviesan; además, las pone en perspectiva de observadores frente a las significaciones de los demás, propiciando el diálogo, el encuentro, la disertación y la reflexión; “Bueno, en las estrategias que yo utilizo con los padres está construir el genograma, también con los niños construir como la historia de su casa, de su familia” (TF); así, padres e hijos, entre otros, podrán reencontrarse con sus realidades y propiciar una dinámica de cambios frente a las situaciones o eventos que los llevaron a la consulta profesional. Frente a los hijos, a veces esquivos al proceso de consulta, estos podrán vincularse a su diseño y comprensión, permitiendo conectar hechos, personas y eventos; aspectos que pueden ser conducentes a una mayor participación de niños y adolescentes en las sesiones, y por ende garantizar una mayor permanencia en el proceso.

La técnica del genograma puede ser complementada con la técnica del dibujo, privilegiada por los niños; así, trazos, el dibujo de mascotas, hobbies, entre otros, podrán ser esquematizados, produciendo una imagen ilustrativa de sus realidades, recogiendo información, quizá más valiosa que la generada por las palabras. De este modo, la técnica retoma un carácter interactivo entre las partes, en donde no solo el profesional plantea preguntas, sino que también las familias operativizan y reflexionan inquietudes de su realidad familiar; que interrumpe el esquema rígido del genograma, incrementando la reflexividad familiar y la interacción activa con la realidad infantil; “para construir el genograma con los niños utilizamos lo que es el cuento, lo que son las metáforas, las historias, los dibujos, así son más expresivos” (TF). Se observa, al respecto, que el uso del genograma involucra otras técnicas complementarias que le suman utilidad y beneficio en el contexto de la intervención psicosocial; a manera de ejemplo, la implementación de preguntas lineales, circulares, reflexivas, entre otras, ayudan a las familias, niños y adolescentes a generar puntos críticos sobre eventos y sucesos, aspecto que trasciende su rol de observadores, hacia una apuesta reflexiva, y la resignificación de eventos y sucesos (Tomm, como se citó en Moreno y Agudelo, 2018); perspectivas que se vinculan al siguiente testimonio: “Utilizamos las preguntas reflexivas, las preguntas circulares, tratando como de hacer una intervención donde se trate de construir lo que es la realidad familiar actualmente, lo que es, lo que llaman ellos problema o dificultad” (TF).

Al respecto de las preguntas circulares, su uso generalmente se dinamiza en la terapia familiar sistémica, sin guardar exclusividad; dado que diversos profesionales podrán implementarlas, siempre que lo hagan desde un ejercicio responsable y riguroso, poniendo en uso competencias y habilidades necesarias; “Aunque no hacemos terapias, por eso hablo de los lenguajes expresivos, de la circulación de la palabra a través de las preguntas circulares, también tenemos el arte, la narrativa que no son propios solo de una disciplina” (TF). Es así como el genograma articula diversidad de posibilidades en el contexto de la intervención psicosocial; se retoma a Andolfi (2003), quien describe algunas variantes del clásico en el contexto profesional, entre ellas el genograma sexual, que incluye la exploración de temas vinculados a la sexualidad y la intimidad; el genograma viviente, “Que se pone como objetivo, incrementar la conciencia de la intersubjetividad evolutiva del sí con el otro” (p. 139); y el genograma fotográfico, cuando se hace difícil convocar a la familia de origen y se les pide traer fotos de su grupo familiar; este último, comparte atributos con el foto lenguaje, al implementar fotos familiares, como una manera de recordar, reconocer y comprender el presente y el futuro.

Finalizando, se deja un claro reconocimiento del genograma como técnica útil para el trabajo con familias en temas de crianza; se destaca que para su implementación estratégica, el profesional psicosocial debe tener en cuenta los siguientes aspectos: el diseño gráfico de la estructura, para la cual es importante tener claridades frente a los símbolos; el registro de eventos significativos, que dan cuenta del crecimiento de la familia y el tipo de relaciones que entre integrantes se establecen (McGoldrick y Gerson, como se citó en Rodríguez, 2018). En complementariedad, debe considerarse una serie de preguntas articuladas a la situación que presenta la familia, entre ellas ¿quién vive en la casa?, ¿cómo se relacionan?, ¿dónde viven otros miembros de la familia?, ¿quién o quiénes conocen sobre la situación o problema presentado?, ¿cómo se ve cada uno frente al problema?, ¿qué soluciones han intentado?, ¿qué ha sucedido últimamente en la familia?, ¿qué tipo de ayuda han buscado? (McGoldrick & Gerson, 1985). Es necesario reconocer que este uso debe trascender el interés por recopilar información; por tanto, el profesional debe revisar cuidadosamente su postura, el tipo de relación que establece con la familia, y analizar sus propias expectativas, sin perder los objetivos terapéuticos básicos, direccionados al bienestar de las familias intervenidas.

El juego: técnica incluyente y posibilitadora del cambio

Desde una perspectiva teórica, el juego, particularmente vinculado a la infancia temprana, ha sido relegado por la realidad de los adultos; las motivaciones que llevan a hacerlo no son muy claras, quizá revestidas por una dosis de vergüenza, al creer que el jugar sólo está consagrado a la niñez, o en la realidad de las familias actuales en el déficit de tiempo de los padres para participar del acompañamiento en el proceso de crianza, mediatizado por la lúdica, la recreación y los aprendizajes. Delgado (2016) señala que el juego contribuye con el desarrollo biológico, psicológico y social del ser humano, facilitando el desarrollo de destrezas motrices y la capacidad intelectual, además de ayudar a conocer el entorno y propiciar encuentros para la socialización. Llama la atención esta percepción teórica, al vincular el juego a la realidad humana, y no exclusivamente al mundo infantil, posiblemente esto se encuentre en relación con el hecho de que, inmerso en el contexto de la lúdica, el juego es una de sus manifestaciones, y como tal es natural a la existencia humana. De acuerdo con Posada (2014), la lúdica es el campo que contiene al juego, y que más allá de este, involucra una forma de relacionarse con el mundo desde los sentidos y las sensaciones, mediadas por la interrelación. En el contexto clínico, la técnica del juego vista por algunos profesionales como estrategia complementaria a su intervención, representa una forma de comunicación, así como la palabra en el adulto, señala el autor que la lúdica representa una “experiencia cultural” y una “dimensión transversal” que atraviesa la vida (Posada, 2014, p. 27), aclarando que “todo juego es lúdica, pero todo lo lúdico no es juego” (p. 27).

En la realidad infantil, el accionar del niño mediante el juego, le permite expresar sus vivencias, sentir, conflictos, fantasías y deseos (Capnikas, 2018). Lo cierto, es que este tipo de movilidades no solo son posibles en los niños; el juego, como técnica de intervención y desde un manejo profesional en los adultos, puede producir resultados satisfactorios; “Uso el juego de roles con niños y adultos, también cuando son grupos los pongo a jugar, así, propicio un espacio de comunicación entre ellos” (DF). Ante este panorama, se presentan varias tareas para los profesionales psicosociales en el tema de crianza: la interrupción de estereotipos adultocentristas transmitidos por medio del juego, el acercamiento al mundo infantil, y el involucramiento activo de niños y niñas en la interacción producida en una sesión familiar, y no solo desde la presencia o la atención individualizada. En este sentido, Castillo et al., (2017), en un intento por desmitificar el juego como un recurso y una necesidad exclusiva de la niñez, señalan que el “El juego puede ser una opción de abordaje para las familias, pues es una excelente opción para las características de desarrollo del niño, y, además, los adultos también pueden acceder a él” (p. 90). En esta misma línea, Silva et al. (2017) encontraron en su investigación, que la mayoría de los estudios en el contexto terapéutico utilizan el juego para la reducción de ansiedad en niños(as), promoviendo además su colaboración con los profesionales. Desde este nivel de análisis, el juego en la intervención psicosocial suele ser concebido como una herramienta para el acercamiento al mundo infantil; tradicionalmente usado en la psicología para apoyar la exploración y la elaboración de los diagnósticos. Sin embargo, esta es solo una de sus lecturas en su implementación, dado que disciplinas como licenciatura en educación infantil, puericultura, trabajo social, desarrollo familiar, entre otras, han tomado como marco de referente el juego en sus intervenciones, como bien se evidencia en estos resultados. Ahora bien, de manera similar el genograma y el juego pueden ser implementados como técnica y/o estrategia, al propiciar un acercamiento, la interlocución, y el encuentro entre los integrantes del grupo familiar, en especial con niños y adolescentes; además, por medio del genograma, es posible generar reflexiones, comprensiones y la atribución de nuevos significados a las prácticas cotidianas; dinamizando, entre otros, factores actitudinales, relacionales, comunicacionales y afectivos, que pueden llevar a una familia a operativizar acciones tendientes al cambio.

Por su parte, el Ministerio de Educación Nacional –MEN- (2014), afirma que el juego, el arte y la exploración, representan actividades propias de la primera infancia, en las cuales niños y niñas incorporan su realidad, y establecen contacto con el mundo, amigos y las personas adultas. Pizarro et al. (2013) relacionan la importancia de informar e instruir a los padres de familia en este tipo de estrategias, conducentes a una mejor cercanía y proximidad afectiva y comunicacional con los hijos; por tanto, la necesidad de vincular a los adultos, a compartir proximidad relacional y afectiva, en donde el puente más cercano lo representan la lúdica, el esparcimiento y la recreación.

En consonancia, el juego adquiere no solo atributos vinculados a la diversión y la recreación; al posibilitar un uso pedagógico, generador de aprendizajes a lo largo de la vida, favorece, además, el cambio de comportamientos y actitudes en contextos terapéuticos. Así, un niño con conductas disruptivas, o una limitación sensorial o cognitiva, podrá ver desde el juego capacidades que antes no observaba; igualmente, los padres se permitirán trascender su mirada sobre el niño, particularmente encriptado en el problema, y no en sus capacidades. Gagna (2014), desde su experiencia educativa, resalta que “El juego es una herramienta más con la que contamos, pero toda herramienta, debemos saber usarla a nuestro favor. La mejor clase no es la que tenga más juegos, pero si la que mejor los sabe utilizar” (pp. 52-53). Entonces, la lúdica constituye, de acuerdo a la autora en mención, un elemento vital para conservar el ánimo y la motivación de los estudiantes en el aprendizaje; agrega, además, que el juego como parte de esta representa un medio que ayuda a fortalecer y resolver los problemas relacionados con el aprendizaje, el cual permite la comunicación y expresión de emociones, siendo además un mediador entre el mundo interno y externo de niños y adultos; constituyendo un eje de los lenguajes expresivos, acompañado del arte y el cuento.

Muñoz (2018), por su parte, expresa que, desde muy temprana edad los niños empiezan a explorar el entorno que les rodea, haciendo uso de sus capacidades sensoriales y motoras. Acorde con esta exploración, según Muñoz (2018), emergen un sinnúmero de espacios lúdicos en donde el niño desarrolla habilidades para interactuar y comunicarse, surgiendo los primeros acercamientos al arte: “Las habilidades artísticas aparecen como mediadoras para la transmisión de conocimiento” (p. 12). Los lenguajes expresivos constituyen herramientas de la expresión infantil; a través de ellos, el niño manifiesta sentimientos, necesidades y gustos que, en lo particular, representan formas de observar, aprender, explorar, expresar y comunicar ante los demás. Algunos investigadores las han clasificado en cuatro ejes: expresión literaria, expresión plástica o artística, expresión musical, expresión corporal; e incluso incluyen un quinto eje, la expresión teatral y dramática. Los lenguajes expresivos incluyen el arte, la creatividad y el juego, incluyen una finalidad educativa, a la vez que facilitan la libre expresión de deseos, miedos, temores, sueños, fantasías y sentimientos (Muñoz, 2018).

En estrecha relación con los lenguajes expresivos, en el contexto de la intervención psicosocial, con un objetivo terapéutico y/o pedagógico, se habilita el juego de roles, considerado por los profesionales sociales como una técnica, que además de implementar el juego, personifica y representa la realidad de niños y familias; “El juego de roles, me encanta ese juego” (DF). De esta manera, la imaginación y la creatividad, no solo de los adultos, sino también del niño en consulta, permiten develar aspectos familiares no contados que aportan significativamente a la búsqueda de soluciones. Andolfi (2003) define el Juego de roles o “Role Playing” como una técnica relacional activa, en donde, desde la versión inglesa, “To play” significa “jugar”, pero también significa “drama”. El role play configura una técnica de representación “lúdica”, desde la cual “se permite dramatizar en palabras y acciones, deseos, miedos y experiencias dolorosas” (Andolfi, 2003, p. 151). Por su parte para Muñoz (2018) “En estas expresiones pueden presentarse formas diferentes de interrelación con el otro y con el mundo, también aparece la creación de diálogos y monólogos por medio de los cuales pueden exteriorizar su sentir sobre situaciones, roles o personas” (p. 20).

Así, en el contexto de intervención terapéutica, las familias simulan una situación real, vivida por sus miembros; su uso igualmente puede tomar intereses distintos acorde al objetivo y contexto; el profesional psicosocial, de esta manera, podrá operar la técnica al momento de identificar un comportamiento sintomático, invitando al grupo familiar a simular un evento o situación que motivó tal comportamiento; por ejemplo, afrontar la muerte y superar un duelo; de esta manera, el profesional podrá pedir a la familia simular la participación en el funeral.

El role playing, habilita un proceso discursivo, representativo y actuado, en donde los roles, aparentemente aburridos y repetitivos, se vuelven vibrantes y explosivos, como si adquirieran vida propia en el contexto de intervención. A los niños y adolescentes, en lo particular, les gusta este tipo de situaciones; por su parte, los adultos tienden, con el paso de los años, a dejar atrás este tipo de prácticas; por ejemplo, en las niñas una práctica de simulación con muñecas puede inferir varios aspectos: desempeño potencial en maternidad, simular un rol social, o puede representar una preparación del rol para desempeñarlo después con seriedad. De acuerdo con Vygotsky (2003), la imaginación infantil se define como un elemento principal en el desarrollo, en donde, por lo general, son los niños quienes ofrecen soluciones a problemas que aparentemente ya tienen una solución definida por los adultos, de ahí la necesidad de incorporar sus intervenciones en el contexto de la intervención familiar. Resulta significativo, en este punto, preguntar ¿Por qué para algunos profesionales, especialmente sociales, resulta esquivo el abordaje de niños en consulta? Las fuentes teóricas, entre ellas los lenguajes expresivos, como bien se describió anteriormente, destacan no solo los atributos de la niñez, colmada de imaginación, creatividad, lúdica, sino que incluyen además, la necesaria responsabilidad y compromiso de los profesionales psicosociales en explorar el mundo infantil, habilitando estrategias y/o técnicas para su intervención, permitiendo un acercamiento humano “con todo lo que le es intrínseco: la emoción, la palabra, la idea, el amor (…); el niño agradecerá el acompañamiento del adulto como facilitador de su ejercicio expresivo, no como invasor o juez implacable” (Muñoz, 2018, pp. 24-25).

Conclusiones

El genograma es visto, teórica y metodológicamente, como instrumento de diseño para graficar generaciones y representar relaciones; puede implementarse como una técnica posibilitadora de expresión, diálogo y co-construcción de las versiones de la historia y de las situaciones familiares que tiene cada integrante de una familia; además, en dicha implementación el lugar de los niños resulta significativo, articulando herramientas artísticas que les permita, acorde a su momento evolutivo, expresar sus percepciones y reconocer las de los adultos en un encuentro dialógico, posibilitador de reflexiones, resignificaciones y cambios. El juego, por su parte, también visto por algunos profesionales como estrategia de intervención, se observa como una técnica válida, posibilitadora de expresiones, interlocución y encuentro que conecta el mundo infantil con el mundo adulto, en un escenario compartido e incluyente, inherente al desarrollo y la existencia misma. Ambas técnicas: genograma y juego, precisan de técnicas auxiliares complementarias como la observación, la escucha y el conversatorio circular; en este, las preguntas lineales, reflexivas y circulares amplifican el espectro de las situaciones, llevando a construcciones enriquecidas con los aportes de los diferentes participantes.

La implementación de ambas técnicas platea la necesidad de profesionales creativos, que además de avizorar objetivos de intervención, permitan que las familias, y en especial la población infantil y adolescente, participe activamente de este tipo de técnicas, ya que el hacerlo genera resultados más satisfactorios, orientados al bienestar de las familias. De este modo, el trabajo colaborativo, participativo y guiado desde el profesional, habilita espacios de reflexividad en torno a las prácticas de la crianza, en las cuales se develan emociones, se reestructuran relaciones, se generar preguntas; de tal modo que el profesional y la familia co-crean y viven la experiencia de estas técnicas, con una carga humanizante más que teórica.

Importante resaltar que las técnicas del genograma y el juego, en la intervención en crianza, desde la experiencia de algunos profesionales, parecen desprovistas de fundamentación teórica; aspecto que convoca a la implementación de procesos de cualificación permanente en las disciplinas sociales, vinculadas a temas de crianza; tema aportante para las familias intervenidas y el profesional, que implica a su vez la necesidad de focalizar su atención en este tipo de temas, en los cuales los procesos investigativos representan una forma significativa de hacerlo. En sintonía, a partir de relacionar los resultados del estudio y ponerlos en contexto con perspectivas teóricas e investigaciones, se observa que la mayoría de los profesionales entrevistados utilizan estas dos técnicas en sus intervenciones, evidenciando conocimiento teóricos y metodológicos mínimos frente a su implementación; falencia que introduce niveles de riesgo para las familias en el tema de crianza, e induce a las entidades de educación superior y afines al acompañamiento familiar, y en especial a la infancia, y a dinamizar espacios para la cualificación profesional en este tipo de temas. En este orden, se advierten los riesgos asociados a una práctica inadecuada de estas técnicas, en detrimento del bienestar de las familias. Así, el abordaje psicosocial en el uso de ambas técnicas contribuye a desarticular mitos que les restan funcionalidad clínica o pedagógica, incentivando por el contrario a su uso e importancia en la promoción de cambios actitudinales, comportamentales, relacionales, comunicacionales y afectivos, en la realidad familiar, infantil y adolescente; aclaran Herrera Reviera et al. (2019), que este tipo de acompañamientos deben estar mediados por procesos de inclusión profesional, en donde se visibilice la niñez como protagonista de su propio desarrollo, mediado por prácticas sensibles y conscientes.

Al respecto, resulta significativo que la realidad infantil y adolescente se observe esquiva e incluso invisible para algunos profesionales en un contexto de intervención, al no evidenciar en niños y adolescentes un potencial aportante en sus intervenciones, bajo la premisa de que a quien se debe fortalecer es al padre de familia. Es pertinente aclarar que este tipo de percepciones no es generalizable, en tanto para otros profesionales la población infantil y adolescente se hace representativa en sus consultas; aceptando que existen temores para incluir técnicas y estrategias que ayuden a dinamizar su contribución a los objetivos de la intervención, entre ellas la implementación del juego.

Este tipo de artículos, acorde con sus resultados, ayuda a desmitificar aspectos como: a una consulta no se viene a jugar, o a perder el tiempo; el punto es, que si la técnica en mención está desprovista de manejo y habilidad, o simplemente se plantea como entretención o distracción, puede generar un efecto desfavorecedores para el plan de intervención y los objetivos profesionales, en tanto, no hay un trabajo colaborativo entre las partes, que puede incluso ser invisibilizatorio, principalmente de niños, niñas y adolescentes; aspecto crítico, si se tiene en cuenta que el sistema familiar representa un todo funcional, así cada parte es decisiva para regular momentos de tensión o desequilibrio.

Es necesario destacar que el juego, al igual que el genograma, comparten el privilegio de armonizar con otras técnicas de intervención profesional, como las preguntas, el cuento, el uso de metáforas, el dibujo, entre otras, que dependen del interés, los recursos y habilidad del profesional para generar una articulación estratégica, acorde con las metas propuestas. Lo clave es la importancia de la implementación de técnicas y estrategias incluyentes de la población infantil y adolescente en el abordaje profesional; apuesta que convoca a abordar la integralidad familiar como un aspecto central en el proceso de acompañamiento. De este modo, el artículo habilita reflexividad teórica y metodológica sobre las técnicas señaladas, aspecto que puede ayudar a comprender sus atributos y beneficios profesionales en la intervención social y familiar, reconociendo que el contexto de la intervención profesional, en el abordaje familiar, está colmado de técnicas y estrategias diversas, que precisan fundamentación, compromiso, creatividad y rigurosidad ética en sus implementaciones.

Finalmente, es oportuno indicar que resulta confuso determinar, acorde con las posturas teóricas, los nombres asociados a técnica, estrategia y herramienta, vinculadas al genograma y al juego, en referencia con cada disciplina social; aspecto que limita un real aprovechamiento de estas técnicas en el contexto de la intervención, provistas de un contexto teórico y metodológico en la intervención psicosocial en el tema de crianza.

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Notas

[1] Investigación científica financiada por la Universidad Católica Luis Amigó (Medellín, Colombia) e IAN Attachment. Colombia. Fecha de iniciación: 1 de febrero de 2018, fecha de finalización: 30 de noviembre de 2018.
[2] Estas abreviaturas describen a los participantes del estudio: TS (trabajo social), TF (terapeuta familiar), PS (psicólogo) y DF (profesional en desarrollo familiar).
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