RESUMEN: Chile presenta un alto grado de exposición y susceptibilidad ante escenarios de riesgo de desastre y es, además, uno de los cinco países con más volcanes activos a escala global. A lo anterior, se suma el sostenido aumento del envejecimiento poblacional, lo que convierte a las personas mayores en un grupo vulnerable ante potenciales desastres socio-naturales. Sustentado en lo anterior, el presente trabajo busca comprender la relación entre el apego al lugar y la percepción del riesgo volcánico de personas mayores residentes en la zona de exposición del complejo volcánico Nevados de Chillán, en el sur de Chile. Por medio de un diseño de caso cualitativo, de corte fenomenológico, se aplicaron 15 entrevistas semiestructuradas y un grupo focal, cuyo análisis se realizó bajo la teoría fundamentada. Los resultados señalan que las personas mayores presentan una baja percepción del riesgo volcánico, lo que conlleva i) minimización de los peligros naturales del entorno, ii) conocimiento informal basado en experiencias previas, y iii) desconocimiento de las características del riesgo natural y sus consecuencias negativas. Por otra parte, el apego al lugar y la vulnerabilidad social no solo actúan como obstaculizadores contextuales de la aceptación del riesgo volcánico, sino que también impactan en la falta de implicancia, adquisición y despliegue de capacidades de afrontamiento individuales y colectivas. Como conclusión, sostenemos la importancia de incorporar tanto el “envejecimiento en el lugar”, como el agenciamiento activo de la población adulta mayor en los procesos de planificación y gestión local del riesgo de desastre socio-natural.
Palabras clave: riesgo volcánico, percepción de riesgo, apego al lugar, vulnerabilidad social, personas mayores.
Abstract: Chile has a high degree of exposure and susceptibility to disaster risk scenarios, and it is among the top five countries in the world regarding active volcanoes. Meanwhile, sustained population aging is making the older population vulnerable to potential socio-natural disasters. This article, using these concepts, seeks to understand the relationship between place attachment and the perception of volcanic risk among the older population, focusing on older adults residing in the hazard zone of the Nevados de Chillán volcanic complex in the Ñuble Region in southern Chile. Using a phenomenological qualitative case design, 15 semi-structured interviews and a focus group were applied, with the analysis carried out based on grounded theory. The results indicate that the older population has a low perception of volcanic risk, entailing i) the minimization of the surrounding natural hazards, ii) informal knowledge based on previous experiences, and iii) ignorance of the natural risk characteristics and their negative consequences. On the other hand, it is seen that place attachment and social vulnerability act not only as contextual barriers to accepting the volcanic risk but also lead to a lack of engagement, acquisition, and deployment of individual and collective coping mechanisms. In conclusion, the authors outline the importance of including “aging in place” and the active agency of the older population in socio-natural disaster risk planning and local management processes.
Keywords: volcanic risk, risk perception, place attachment, social vulnerability, older people.
Artículos
APEGO AL LUGAR Y PERCEPCIÓN DEL RIESGO VOLCÁNICO EN PERSONAS MAYORES DE ÑUBLE, CHILE1
PLACE ATTACHMENT AND VOLCANIC RISK PERCEPTION OF OLDER ADULTS IN ÑUBLE, CHILE
Recepción: 17 Noviembre 2021
Aprobación: 22 Junio 2022
Los desastres socionaturales se han convertido en uno de los principales obstáculos para el desarrollo (UN Office for Disaster Risk Reduction [UNDRR], 2015). Sólo en 2019 ocurrieron 317 catástrofes globales, que provocaron la muerte y/o desaparición de 11.497 personas y un gasto económico superior a los 146.000 millones de USD (Swiss Re Institute, 2020).
Tras la notable importancia del cambio climático y la intensificación de eventos extremos, el estudio de riesgos de probabilidad remota se ha visto desplazado, como el de los vulcanológicos (Favereau, Robledo y Bull, 2018). Desde inicio de este siglo ya se han registrado más de 2.000 muertes por desastres volcánicos, a lo que se suma la exposición de aproximadamente 800 millones de personas que viven a 100 km de algún volcán (Marín, Vergara-Pinto, Prado y Farías, 2020). Sin embargo, y a pesar de su alta intermitencia, los efectos de erupciones volcánicas pueden permanecer por largo tiempo y llegar a ser un problema sostenido de los asentamientos humanos (Davis, Ricci y Mitchell, 2005; Marín et al., 2020).
Si bien la exposición es una condición necesaria, esta no es suficiente para configurar escenarios de riesgo de desastre, siendo necesario incorporar las diversas causas profundas de la vulnerabilidad (Wisner, Blaikie, Cannon y Davis, 2004), tales como: i) pobreza, ii) opresión racial/ clase/género, iii) enfermedades crónicas y/o discapacidades, iv) estado migratorio y v) edades críticas, tales como la infancia y adultez mayor (Cutter, Boruff y Shirley, 2003). Este último grupo ha sido escasamente investigado, a pesar de poseer una alta susceptibilidad ante riesgos naturales (Rodríguez, Donner y Trainor, 2018; Sandoval, Monsalves y Vejar, 2022; Sandoval y Cuadra, 2020).
Respecto a los lugares en los cuales se asientan los riesgos, las personas mayores tienden a manifestar un mayor apego hacia este, desarrollando una “interioridad extensiva del yo” (Hidalgo y Hernández, 2001) y otorgando gran importancia a la vivienda, tanto en términos de seguridad cotidiana, como en relación a los recuerdos que allí habitan (Shenk, Kuwahara y Zablotsky, 2004). De acuerdo con Aceros (2018), el concepto de “envejecimiento en el lugar” ha relevado la dimensión socio-física del espacio, contribuyendo a la construcción de autonomía, seguridad y bienestar (Costa-Font, Elvira y Mascarilla-Miro, 2009).
No obstante, de esta experiencia surgen relaciones complejas, tales como el desarrollo de apego con espacios estructuralmente inadecuados y/o expuestos a riesgos naturales (Berroeta, Pinto de Carvalho, Di Masso y Ossul Vermehren, 2017), que influye negativamente en la percepción y aceptación del riesgo (Kelman y Mather, 2008), obstaculizando procesos de evacuación y/o abandono de vivienda ante desastres (de Dominicis, Fornara, Cancellieri, Twigger- Ross y Bonaiuto, 2015).
Para el caso de comunidades desplazadas tras desastres volcánicos, Berroeta, Ramoneda y Opazo (2015) reportaron un menor apego al lugar en población reasentada en otro sitio (respecto a su barrio de origen); fenómeno reafirmado por Maldonado, Kronmüller y Gutiérrez (2020). En la misma línea, Ruiz y Hernández (2014) analizaron los vínculos socio-espaciales antes y después de erupciones volcánicas submarinas, concluyendo que los sentimientos de pérdida identitaria estarían vinculados al apego al lugar.
En base a lo anterior, se busca aquí comprender la relación entre el apego al lugar y la percepción del riesgo volcánico de personas mayores residentes en Ñuble, Chile (Figura 1). De acuerdo con este objetivo, se analizarán las distintas características facilitadoras / obstaculizadoras de la percepción de riesgo volcánico, en relación con la vulnerabilidad y el apego al lugar. En términos de relevancia, si bien se ha investigado la relación entre riesgo percibido y apego al lugar en población general, son escasos los estudios en personas mayores. A esto se añade que Chile presenta un acelerado envejecimiento poblacional (Instituto Nacional de Estadística [INE], 2020) y alberga, además, alrededor del 10% de los volcanes más activos a escala global (Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile [SERNAGEOMIN], 2020a).

Uno de los factores subyacentes de la vulnerabilidad ante desastres es la “percepción de riesgo” (en adelante PR), entendida como los juicios disposicionales sobre la probabilidad, curso y mecanismos que influyen en las decisiones ante un peligro natural (Dzialek, 2013). Por su parte, la “aceptación del riesgo” remite a la estimación de beneficios, pérdidas y ganancias entre opciones (Wachinger, Renn, Begg y Kuhlicke, 2013).
Si bien la PR se ha estudiado en una amplia gama de amenazas, son escasas las investigaciones centradas en peligros naturales, en comparación con los de tipo sanitario, de seguridad ciudadana y antrópico-tecnológicos (Dzialek, 2013).
De acuerdo con Favereau et al. (2018), entre los principales factores que afectan la percepción y aceptación de riesgo volcánico, se encuentran los siguientes: i) confianza, ii) experiencia, iii) conocimiento, iv) religión, v) sentido de comunidad, vi) vulnerabilidad social y vii) participación ciudadana (Tabla 1). En síntesis, la evaluación al riesgo volcánico se ve influenciada por diversos elementos, los cuales varían dependiendo de la persona, grupo, posición de poder y el lugar (Perry y Lindell, 2008; Rodríguez- VanGort y Novelo-Casanova, 2015).

En cuanto al “apego de lugar”, existen variadas perspectivas tanto a nivel conceptual, metodológico, como evaluativo, que la entienden como la “relación simbólica de las personas hacia un entorno en particular, manifestado a través de significados emocionales y afectivos compartidos culturalmente, de un hogar que es físico y simbólico, simultáneamente material e imaginativo, multiescalar, individual, público y político” (Pinto de Carvalho y Cornejo, 2018, p. 4).
Para Seamon (2014), el “apego al lugar” surge y se desarrolla desde la cotidianeidad contextual, propiciando la generación de un espacio significativo de afectos y reciprocidad interpersonal-comunitaria, repercutiendo en los vínculos socio- espaciales. Scannell y Gifford (2010) incluyen el concepto en el 12 conglomerado de vínculos socio-espaciales relacionados con la acción, clasificándolo en tres dimensiones: i) personal, ii) de proceso y iii) de lugar.
La “dimensión personal” contempla los siguientes niveles: i) individual (asociado a las vivencias y la memoria biográfica, contribuye a la formación de significados socio-espaciales) y ii) grupal (en tanto significados y vínculos compartidos).
La “dimensión de procesos” considera tres vínculos psicológicos: i) afectivo: vínculo positivo y/o displacentero-traumático; ii) cognitivo: co-construcción de significados y sentidos espaciales mediante la memoria y esquemas; y iii) conductual: decisión de permanecer y/o recuperar asentamientos.
La “dimensión de lugar” releva aspectos físico-espaciales del entorno, tales como bienes materiales y ambientales, como los vínculos interaccionales que estos facilitan y/o disponen (Berroeta et al., 2015).
En suma, el desarrollo de apego al lugar es una experiencia cotidiana, que resulta beneficiosa en múltiples aspectos, como la calidad de vida, la salud física-mental, la satisfacción con el entorno y las relaciones interpersonales, propiciando, además, la participación, implicación, protección y autorregulación comunitaria (Anton y Lawrence, 2014). No obstante, también se ha encontrado evidencia de que estos vínculos de apego pueden influir negativamente en la falta de preparación ante situaciones de riesgo (Mishra, Mazumdar y Suar, 2010). Asimismo, cuando una amenaza es inminente, un mayor apego al lugar tiende a favorecer el que las personas no abandonen el lugar y/o no acepten los riesgos implicados (Anton y Lawrence, 2014).
Pinto se ubica a 30 km de la capital regional de Chillán, Ñuble. A nivel de envejecimiento poblacional, la comuna cuenta con 10.827 habitantes, de los cuales el 14,8% son personas mayores, y presenta un Índice de Adultos Mayores (IAM)2 de 81,67, valor por sobre el promedio nacional 56,85 (INE, 2017). En cuanto a los indicadores sociales, posee una tasa de pobreza por ingresos del 25,06 y multidimensional3 del 37,13; valores que se ubican por sobre el promedio regional y de país (Ministerio de Desarrollo Social y Familia, 2018).En términos geográficos, el sector poniente de depresión intermedia es un lugar apto para cultivos y ganadería, mientras que el oriente se caracteriza por su geografía montañosa y boscosa, que otorga un gran atractivo turístico (Figura 2) gracias a Las Termas y al Complejo Volcánico Nevados de Chillán [CVNCh] (Municipalidad de Pinto, 2015).

El complejo volcánico posee diecisiete centros de emisión, distribuidos en dos subcomplejos (Cerro Blanco y Las Termas). Su altura es de 3216 m.s.n.m., su área basal es de 14 km² y su volumen estimado es de 148 km³. Su última gran erupción ocurrió en 1973 (Dixon et al., 2010). Sus peligros principales son los flujos de detritos, coladas de lava y lahares; este último constituye el más significativo por su cercanía a los cauces (Orozco, Jara y Bertin, 2016). Desde el 5 de abril de 2018, se ha decretado “alerta técnica naranja” por parte del de la Red Nacional de Vigilancia Volcánica (RNVV), dado el importante pulso eruptivo manifestado, el cual registró su mayor magnitud (altura 3300 metros) a inicios de 2020 (SERNAGEOMIN, 2020b).
La investigación desarrolla un estudio de caso cualitativo de carácter fenomenológico orientado a producir significados de las experiencias y practicas situadas (Coller, 2005). En él participaron 15 personas mayores (Tabla 2), seleccionadas “según la relevancia de los casos, en lugar de hacerlo por su representatividad” (Flick, 2007, p. 80). Los criterios de inclusión muestral fueron: i) edad igual o mayor de 65 años, ii) residir en Pinto, iii) tiempo residencial igual o mayor a ocho años y iv) residir en zona de exposición (se utilizó, en este caso, el mapa de peligros del SERNAGEOMIN (Figura 3) que señala que Pinto y El Rosal son comunas sensibles a la ocurrencia de lahares secundarios, mientras que Recinto y los Lleuques, a erupciones volcánicas.


El trabajo de campo se realizó desde julio hasta octubre del año 2019. Respecto a los datos, las entrevistas semiestructuradas presentaron una duración promedio de 60 minutos, cuyo guion temático abordó: i) evaluación al riesgo volcánico, ii) vínculo afectivo con el lugar y iii) experiencias previas con desastres. Posteriormente, se conformó un grupo focal con diez participantes, el cual inició con la lectura de un extracto periodístico sobre los pulsos volcánicos locales.
Luego de la transcripción íntegra de los datos, se utilizó el proceso de codificación de la teoría fundamentada, validando la codificación por medio de la auditabilidad cruzada entre investigadores. Finalmente, para organizar y apoyar el proceso de codificación, se empleó el Software ATLAS.ti. v7.
Los resultados se dividen en los siguientes dos ejes temáticos: i) percepción del riesgo y ii) apego al lugar. Cada resultado narrativo es acompañado de citas textuales anonimizadas. Se expone, por último, un esquema integrativo de ambos ejes.
La baja percepción de riesgo volcánico advertida a través del estudio, se manifiesta en la escasa relevancia otorgada a los riesgos naturales, donde prima, además, una concepción fisicalista, contingente e incontrolable de los desastres socio-naturales. A esto se suma, que la experiencia directa y continua de vecindad con el Complejo Volcánico, y sus constantes, pero “inofensivos” pulsos eruptivos, no han conllevado hasta ahora consecuencias desastrosas. Esta inmunidad subjetiva experiencial ante el riesgo ha conducido no sólo al desconocimiento del alcance de los peligros del entorno, sino también a una escasa implicación comunitaria en la construcción de planes integrales de gestión del riesgo, de modo que se ve mermada la adquisición y el desarrollo de capacidades de afrontamiento ante la respuesta, la emergencia y la recuperación. Los siguientes extractos de las opiniones recogidas expresan lo recién descrito:
“Yo no tengo miedo, porque los volcanes son cosas de la naturaleza”
“Yo me levanto y ni me acuerdo del volcán, ni siquiera miro para allá, no es mi preocupación”
“Yo me quedaría en mi casita no más, porque he visto que todos hablan del volcán y todo, pero no es tanto, como para arrancar”
A lo anterior se añade, por una parte, el escaso conocimiento formal sobre riesgos volcánicos, lo cual es (sobre)compensado por la vasta experiencia directa adquirida, en tanto conocimiento informal; y, por otra, la percepción de falencias institucionales respecto la gestión comunicacional de los planes comunales de emergencia, ya sea por la falta de interés, por problemas de cobertura y/o por temas relacionados con la brecha en la alfabetización digital:
“Nadie las ha dado a conocer, y creo que hay muy poca gente que las sabe [...] debiesen juntarnos y enseñarnos todas las vías de escape, pero no, no lo hacen”
“Yo no uso teléfono, ni usare ni whatsapp ni computador, solamente la tele y me informo por la radio… no me gusta la modernidad”
Estos problemas comunicacionales se acompañan de la falta de confianza en autoridades e instituciones técnicas, debido a la percepción de escasos espacios de participación orientados a una eficaz gestión local del riesgo:
“La autoridad tiene que estar en un constante acuerdo con los ciudadanos, con sus vecinos, … ellos son los que administran las medidas de evacuación en caso de erupción, y esas medidas tienen que estar entregadas con antelación [...] aquí estamos en pañales”
No obstante, este grupo percibe y acepta otros riesgos cotidianos, tales como los caminos en mal estado, los cuales, ante una situación de emergencia, podrían dificultar la evacuación:
“Uno es viejo y tengo que salir a pie … el camino está en malas condiciones “
Otro elemento influyente en la baja PR es la vulnerabilidad social, la que incrementa la susceptibilidad de daño en la población mayor. Como primer condicionante, se identifican las barreras de acceso y desigualdades en el trato que reciben a nivel institucional, ejemplificada en la falta de especialistas en los servicios locales de salud. Esta vulnerabilidad sociodemográfica resulta contraproducente frente a potenciales escenarios de riesgo, ya que el acceso sanitario constituye un determinante a la hora de reducir el riesgo de desastre, más aún en esta población. Así lo revela el siguiente comentario:
“…todavía estaría esperando la hora que me atendieran, porque en el hospital caramba que se demoran para dar una hora, cuantas personas salen en la tele que han muerto … Y de ahí no me hecho más exámenes, ¿por qué? Porque me aburrí al no tener respuesta”.
Por último, si bien la pensión de vejez se señala como el principal recurso económico, se percibe como insuficiente para costear las necesidades básicas de alimentación, transporte
y salud. Para generar ingresos extras, las personas mayores deben realizar trabajos esporádicos (venta de productos y talleres artesanales) que se ven perjudicados por lo que ellos denominan como “sensacionalismo local del desastre”, el cual afecta no sólo el turismo local, sino también la posibilidad de acceder a ingresos extras para mitigar la vulnerabilidad económica: “… la misma televisión le pone color al asunto ..., entonces están engañando a la gente, esa es la verdad de las cosas, porque eso no existe, … están correteando a la gente”.
Otro elemento condicionante, según los resultados obtenidos, es el apego al lugar, bajo el cual se identifican cuatro dimensiones: ii) personal, ii) comportamental, iii) física y iv) social. La primera dimensión se vincula a las experiencias y memorias personales, asociadas a la idea del esfuerzo personal implicado en la obtención de sus hogares y a los recuerdos familiares-comunitarios que allí habitan: “yo sufrí mucho de andar de casa en casa, así que este terreno lo valoro mucho … es propio, porque me costó mucho sacrificio”.
En segundo lugar, la dimensión comportamental se ve ligada a la insistencia de seguir viviendo en zona de riesgo, a pesar de la aceptación de un potencial desastre. Ello se acentúa si se considera la etapa del ciclo vital en la que se encuentran estas personas: vivir el día a día y, por lo tanto, evitar planificaciones a mediano y largo plazo: “¡Irse! No, yo me muero…hará explosión el volcán, pero yo de mi casa no me muevo”.
La dimensión física se describe como aquellas características propias del espacio topográfico (estructura de la vivienda, patio, accesibilidad del transporte etc.), significados como espacios conocidos, seguros y, sobre todo, de alta implicancia personal-comunal. Asimismo, destacan aquí las características paisajísticas del entorno habitado, en términos de tranquilidad y autonomía relativa, en comparación con la capital regional. Esta valoración paisajística del lugar se expresa en el aprecio y la valoración de los recursos del entorno natural, que favorece una relación de bienestar entre personas mayores y entorno construido, en la cual se releva la belleza estética del paisaje, el clima, la vegetación y, especialmente, el vínculo hacia los animales domésticos y ganaderos: “La tranquilidad, porque no me volvería ni amarrada, ni, aunque me regalaran un departamento. … parecería pájaro enjaulado … acá tengo toda la libertad del mundo”.
La dimensión social se manifiesta no sólo en los vínculos comunitarios y familiares, sino también a través del sentido de pertenencia e identidad de quienes “nacieron y se criaron allí”, resaltando la reciprocidad y familiaridad relacional que propicia el soporte social de un entorno conocido:
“Me encuentro bien, porque a pesar de vivir sola tengo muchas amistades… amigos que son prácticamente una familia, siempre están pendiente”.
“yo soy nacida y criada acá…si a mí me llegaran a sacar de ahí, y me lleven a otro lado, no me acostumbraría”.
Aunque las distintas dimensiones socio-espaciales identificadas producen un mayor bienestar, es ante potenciales situaciones de riesgo de desastre donde el apego al lugar se torna desadaptativo, invisibilizando no sólo la exposición territorial de los peligros volcánicos, sino también la relevancia de contar con planes de gestión local del riesgo. A su vez, esta permanencia sostenida en el lugar dificulta la capacidad de ajustarse a otros contextos o condiciones de vida, en el potencial escenario de un proceso de desplazamiento y/o reconstrucción post desastre:
“Mis hermanos me dicen: “Oye, ¿cómo estás con el volcán? Ándate para Chillán”. Les digo que no tenía idea que el volcán estaba tan enojado…las cosas van a pasar con o sin alerta”.
“A medida que uno va conversando con vecinos, uno se va dando cuenta que, si hay una eventual erupción, hay que salir arrancando…qué se va a hacer”.
“Tendría que entrar a conocer gente nueva, lugares nuevos, que a uno le cuesta a esta edad también adaptarse”.
La PR volcánico (Figura 4) de las personas mayores se ve influenciada tanto por la i) vulnerabilidad social, en tanto susceptibilidad demográfica por barreras estructurales de acceso y trato desigual a nivel sanitario y económico, como por las ii) valoraciones positivas de las dimensiones personal, socio-espacial y paisajística del “lugar” que habitan. Si bien la bibliografía revisada releva la relación positiva entre el “envejecimiento saludable” y el apego al lugar, esta última, ante un potencial escenario de riesgo de desastre, se torna un condicionante negativo de la baja percepción y aceptación del riesgo volcánico. En términos disposicionales, esto conlleva una minimización de los peligros del entorno, asociado al ii) conocimiento experiencial directo, bajo el cual no se han vivenciado situaciones de emergencia y/o desastre, y al iii) desconocimiento formal no sólo de las características y tipos de peligros volcánicos, sino además respecto a la adquisición e implicancia en estrategias de afrontamiento individuales, como también a nivel del hogar y las institucionales.

En línea con Williams y Vaske (2003), el caso estudiado presenta una marcada dependencia al lugar, tanto por las características paisajísticas (y del entorno construido) para la realización de actividades y consecución de objetivos colectivos, así como por una fuerte identidad de lugar, en cuanto espacio emotivo y de lazos simbólicos que definen el “nosotros” comunitario (Berroeta et al., 2017; 2015; Maldonado et al., 2020). Ello contribuye a la construcción de autonomía, seguridad, bienestar físico y emocional, en clave de “envejecimiento en el lugar” (Aceros, 2018). Sin embargo, esto juega un rol negativo ante situaciones de riesgo de desastre, soslayando más aún, la mermada percepción y aceptación de riesgos volcánicos (Kelman y Mather, 2008; Tobin y Whiteford, 2002).
De acuerdo con lo anterior, es posible clasificar los distintos factores obstaculizadores de la PR en tres niveles: estructural, institucional y personal.
Estructural: (i) vulnerabilidad económica, en tanto principal medida de acceso a recursos, (ii) baja confianza hacia autoridades y medios de comunicación, (iii) escasos espacios participativos y de reconocimiento para la población mayor, (iv) brechas generacionales de acceso y uso tecnológico. Institucional: (v) inadecuación formativa y comunicacional en la gestión local de riesgos. Personal: (vi) inmunidad subjetiva ante riesgos de probabilidad remota y (vii) concepción fisicalista de los desastres (Favereau et al., 2018; Sandoval et al., 2022).
Por otro lado, la forma de vida instituida entre el lugar y la comunidad permea no sólo los sentidos de pertenencia y apego, sino también los niveles de bienestar personal y colectivo. Desde el punto de vista urbanístico, de acuerdo con Sánchez (2015), los expertos coinciden en el diseño de políticas sociales y planificación territorial enfocadas al proceso de envejecer en el lugar u hogar (aging in place), identificando tres elementos centrales para su desarrollo: i) el espacio social de oportunidades para el despliegue de capacidades, ii) la percepción positiva hacia el entorno, en términos de apego, identidad comunitaria y satisfacción habitacional, y iii) la influencia positiva sobre la salud física y mental, la conexión social, la satisfacción con la vida y el envejecimiento saludable (Corbin y Pangrazi, 2001).
Respecto a las limitaciones del estudio, si bien es destacable el carácter flexible y comprensivo del enfoque cualitativo utilizado, es importante que próximos estudios incorporen medidas subjetivas y objetivas del ambiente construido (Sánchez, 2015), triangulando metodológicamente no sólo las propiedades vinculadas a la exposición y vulnerabilidad a través de sistemas de información geográfica (SIG), sino también proponiendo una mejor integración, operacionalización y evaluación del concepto de “envejecimiento en el lugar” bajo escenarios de riesgo de desastre (Aceros, 2018).
A modo de cierre, para mejorar la gestión local del riesgo es fundamental fortalecer no únicamente los canales y contenidos informativos, sino además el grado de implicancia, participación y reconocimiento de capacidades que la población adulto mayor posee. En términos vitales, si bien este grupo debe adaptarse a una serie de cambios y barreras físicas, cognitivas y participativas, esto no implica ausencia de capacidad de agencia ante situaciones de riesgo (Arriagada. Vallejos, Quezada, Montecino y Torres, 2016; Ojeda y López, 2017; Sandoval et al., 2022). Por consiguiente, el relevo situado de capacidades colectivas tales como la memoria, experiencia de lugar, saberes locales, vínculos comunitarios y capacidad de organización, aportará a dar una mayor inteligibilidad al conocimiento científico-técnico de los expertos y, muy especialmente, al fortalecimiento de confianzas y del capital social de las distintas organizaciones vinculadas a la gestión local del riesgo (Paton, Smith, Daly y Johnston, 2008; Sandoval y Martínez, 2021).
En el presente artículo se ha problematizado la relación entre el apego al lugar y la PR volcánico de la población mayor, en tanto grupo etario identificado como vulnerable ante los procesos de riesgo de desastre (Rodríguez et al., 2018; Sandoval y Cuadra, 2020). De este modo, a partir de un caso de la zona centro-sur de Chile, desde un enfoque fenomenológico cualitativo, se analizaron las perspectivas de las personas mayores ante un riesgo natural, develando sus percepciones en torno a la exposición, vulnerabilidad y al lugar que habitan. Como principal resultado, destaca el rol del apego al lugar, en cuanto condicionante negativo de la percepción del riesgo volcánico, y la consecuente obstaculización en la implicancia y despliegue de estrategias de afrontamiento (de Dominicis et al., 2015), a lo que se suman las múltiples barreras negativas de las condiciones estructurales y etarias de la vulnerabilidad social (Cutter et al., 2003; Wisner et al., 2004).
Desde esta óptica, pese a que la literatura releva los beneficios del apego al lugar en la calidad de vida, salud física-mental, satisfacción con el entorno y relaciones interpersonales (Anton y Lawrence, 2014), el presente trabajo reafirma su influencia negativa no sólo sobre la percepción y aceptación de riesgos naturales (Kelman y Mather, 2008), sino también en la implicación y preparación ante potenciales escenarios de riesgo de desastre (Mishra et al., 2010) y/o potencial abandono de zonas en inminente emergencia.





