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LA REDENSIFICACIÓN URBANA DE LA CIUDAD DE MÉXICO Y EL COVID 191

THE URBAN REDENSIFICATION OF MEXICO CITY AND COVID 19

Víctor Javier Novoa Gutiérrez
Universitat de Barcelona, Spain

LA REDENSIFICACIÓN URBANA DE LA CIUDAD DE MÉXICO Y EL COVID 191

Urbano, vol. 25, núm. 46, pp. 78-89, 2022

Universidad del Bío-Bío. Departamento de Planificación y Diseño Urbano

Recepción: 29 Noviembre 2021

Aprobación: 01 Noviembre 2022

RESUMEN: Políticas públicas como la redensificación urbana, antes que meras intervenciones técnicas ante problemas concretos, funcionan como mecanismos de poder. Analizar la visibilización de las políticas de vida -biopolítica- y de muerte - necropolítica- en la Ciudad de México derivada de la pandemia del COVID-19, permitirá comprender esta función. Además, dará cuenta de la paradoja de que una misma política, la redensificación, sea un fracaso como política pública y simultáneamente un éxito como política de vida y de muerte. A partir de la sociología y con base en una metodología genealógica, se estudian datos relativos a los efectos de la redensificación urbana y de la pandemia en la Ciudad de México, para entrecruzarlos y reconocer una relación entre ambos. Se presta especial atención al periodo de confinamiento no obligatorio y a dos demarcaciones colindantes de la Ciudad de México: Iztapalapa y Benito Juárez. Se reconoce así una configuración de clase del espacio ligada a la planificación urbana que incidió en las consecuencias localizadas de la pandemia.

Palabras clave: biopolítica, necropolítica, Ciudad de México, Covid-19, redensificación.

Abstract: Public policies such as urban redensification, rather than mere technical interventions addressing concrete problems, work as a power mechanism. Analyzing the visibility of the politics of life - biopolitics - and of death - necropolitics - in Mexico City derived from the COVID-19 pandemic will allow an understanding of this. In addition, it will allow revealing the paradox that the same policy, redensification, is a failure as a public policy and, simultaneously, a success as a policy of life and death. Starting from sociology and based on a genealogical methodology, data on the effects of urban redensification and the pandemic in Mexico City were analyzed, to subsequently intertwine them and recognize a relationship between them. Special attention was paid to the period of non-compulsory confinement and two neighboring districts of Mexico City: Iztapalapa and Benito Juárez. Thus recognizing a class configuration of space linked to urban design that influenced the localized consequences of the pandemic.

Keywords: biopolitics, necropolitics, Mexico City, Covid-19, redensification.

INTRODUCCIÓN

La relación entre control poblacional y espacio fue evidente con la pandemia del COVID-19. Fue elemental para la contención de esta última. Piénsese, verbigracia, los confinamientos y las restricciones de movilidad. Sin embargo, la pandemia interaccionó con formas de control social ligadas al espacio previas a ella. Para reconocerlas, se propone aquí prestar atención a los efectos de la redensificación urbana de la Ciudad de México (CDMX) y a los de la pandemia, a fin de visibilizar la relación entre ambas.

El control sobre la población, además de las prácticas y conductas, abarca la vida y la muerte. Son áreas de su competencia pues generan o mantienen cierto funcionamiento social. He ahí, por ejemplo, el manejo de la natalidad y la mortalidad.

Hablar de control es hablar de poder. Este incide, especialmente, en la vida y la muerte a través de las formas para gestionarlas: la biopolítica (Foucault, 2000) y la necropolítica (Mbembe, 2011). Por ello, cabe preguntarse: ¿de qué manera se visibilizan las políticas de vida -biopolítica- y de muerte -necropolítica- en la CDMX con la pandemia del COVID-19, en concreto, aquellas relacionadas con la política de redensificación urbana que se efectuó allí desde principios de este siglo?

Para responder esto, se efectuará un contraste de los efectos de COVID-19 entre dos demarcaciones colindantes con una densidad poblacional similar y una disímil configuración socioeconómica (Tabla 3, Tabla 4, Tabla 5, Tabla 6, Tabla 7 y Tabla 8) durante la etapa de “confinamiento”. Se notará cómo un mismo proceso, la replanificación de la CDMX mediante la redensificación, influyó en la constitución de procesos biopolíticos y necropolíticos. Dichas demarcaciones corresponden a las alcaldías Benito Juárez (BJ) e Iztapalapa (Figura 1). La primera se encuentra poblada homogéneamente por sectores medio y alto -situación relacionada con la gentrificación vinculada con la redensificación urbana2-; mientras que Iztapalapa ha estado ocupada históricamente por clases populares.

Tabla 3:
Contraste general entre Benito Juárez e Iztapalapa.
Contraste general entre Benito Juárez e Iztapalapa.
Fuente: ¹ INEGI (2020). ² Elaboración propia con datos del gobierno local (GDF, 2008), la Delegación BJ (DBJ, 2016) e INEGI (2020). 3 Informe de Desarrollo Humano Municipal 2010-2015. Transformando México desde lo local (PNUD, 2019).

Tabla 4:
Contraste escolaridad Benito Juárez e Iztapalapa 2020.
Contraste escolaridad Benito Juárez e Iztapalapa 2020.
Fuente: INEGI (2020).

Tabla 5:
Contraste población económicamente activa e inactiva.
Contraste población económicamente activa e inactiva.
Fuente: INEGI (2020).

Tabla 6:
Contraste seguridad social entre las alcaldías Benito Juárez e Iztapalapa. Fuente: INEGI (2020).
Contraste seguridad social entre las alcaldías Benito Juárez e Iztapalapa. Fuente: INEGI (2020).
Fuente: 1 Petróleos Mexicanos, Secretaría de la Defensa o Secretaria de Marina. 2 Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado. 3 Instituto Mexicano del Seguro Social.

Tabla 7:
Contraste de casos de COVID en alcaldías Benito Juárez e Iztapalapa.
Contraste de casos de COVID en alcaldías Benito Juárez e Iztapalapa.
Fuente: Elaboración del autor con datos de la Dirección General de Epidemiología [DGE] (2020). 1 Al 30-V-2020. 2 Al 30-VI-2020. 3 Al 30-VII-2020. 4 Al 30-VIII-2020. 5 Al 30-IX-2020.

Tabla 8:
Contraste de muertes por COVID en alcaldías Benito Juárez e Iztapalapa.
Contraste de muertes por COVID en alcaldías Benito Juárez e Iztapalapa.
Fuente: Elaboración propia con datos de la DGE (2020). 1 Al 30-V-2020. 2 Al 30-VI-2020. 3 Al 30-VII-2020. 4 Al 30-VIII-2020. 5 Al 30-IX-2020.

Mapa alcaldías CDMX.
Figura 1:
Mapa alcaldías CDMX.
Fuente: Elaboración del autor.

La gentrificación funge como un mecanismo de poder actuando en la reconstrucción de zonas urbanas e incidiendo en la ubicación de ciertos grupos en espacios específicos. Esto acercó o alejó a dichos grupos a la enfermedad y a la muerte.

El objetivo de este trabajo es reconocer que la redensificación, al consolidar espacios de clase, influyó en la manera en que se espacializaron las consecuencias del COVID-19.

MARCO TEÓRICO

PODER Y ESPACIO URBANO

Foucault (2006) identifica tres tipos de poder: el soberano, el disciplinario y el securitario. El soberano actúa sobre el territorio, el disciplinario, sobre el individuo y el securitario, sobre la población. Todos ellos tienen una expresión en el espacio. El soberano, a través de la ley y la capacidad de hacerla efectiva en un espacio en concreto, el territorio. El disciplinario, de carácter tajante, construye bajo lineamientos específicos, de los cuales no debería de existir alejamiento. Cualquier negatividad tiene que ser evitada o rectificada. Espacialmente, esto se traduce en la construcción desde cero, en espacios vacíos o vaciados. En un diseño espacial que implica trazo, estética, relaciones, actividades y significaciones. Reina un principio de localización, separación y homogeneización funcional que busca una cierta perfección.

El poder securitario no tiene ese anhelo totalizante y homogéneo. Acepta las negatividades mientras se reduzcan al mínimo y se potencialice lo positivo (Foucault, 2006, p. 39). No corrige actos en concreto, las negatividades son tratadas mediante el manejo de la probabilidad de ocurrencia. Frente a lo restrictivo, localizante y homogéneo de lo disciplinario, resalta la movilidad y polifuncionalidad, incluyendo negatividades.

En palabras de Foucault:

¿Qué es una buena calle? Una calle en la cual habrá […] circulación […] de las enfermedades, […] también el lugar a través del cual se trasladan las mercaderías y en cuya extensión se instalan las tiendas. Será igualmente la vía de tránsito de los ladrones y, llegado el caso, de los amotinados, etc. […] el ordenamiento consistirá en poner en juego todas esas diferentes funciones de la ciudad, unas positivas y otras negativas. (2006, p. 39)

Los mecanismos de poder no se sustituyen, confluyen al mismo tiempo. Lo que varía es cuál es la preminencia.

BIOPOLÍTICA Y NECROPOLÍTICA

Vinculada con lo securitario, está la biopolítica. Actúa mediante el control poblacional, en su forma de especie humana no individualizada atravesada por lo biológico (Foucault, 2000). Queda atenta de la natalidad, la morbilidad, la vejez y los efectos del medio (incluyendo la ciudad). Es un conjunto de técnicas, saberes y prácticas -una tecnología- relacionada con la medicina y la estadística.

Las enfermedades y muertes asociadas a ella son de carácter endémico, no epidémico: “la enfermedad como fenómeno de población: ya no como la muerte que se abate brutalmente sobre la vida -la epidemia- sino como la muerte permanente, que se desliza en la vida […] la disminuye y la debilita (Foucault, 2000, p. 221).

En lo soberano la vida también está presente, nótese su máxima “dejar vivir, hacer morir”. Hacer morir no se restringe al asesinato, incluye “a todo lo que puede ser asesinato indirecto: el hecho de exponer a la muerte, multiplicar el riesgo de muerte de algunos o, sencillamente, la muerte política, la expulsión, el rechazo, etcétera” (Foucault, 2000, p. 232). La biopolítica invierte esa máxima: “hacer vivir y dejar morir”.

Mbembe (2011), por su parte, nota insuficiente la biopolítica para explicar “las formas contemporáneas de sumisión de la vida al poder de la muerte” (p. 75) y propone la necropolítica. No es la gestión biológica de la vida, sino un poder de muerte sobre grupos en concreto que revitaliza lo soberano. El espacio, en este contexto, sirve para un control físico y geográfico, como se desprende de su concepto de “territorialización”:

se trata de inscribir sobre el terreno un nuevo conjunto de relaciones sociales y espaciales. […] («territorialización») consiste finalmente en producir líneas de demarcación y de jerarquías, de zonas y enclaves; […] la clasificación de personas según diferentes categorías; la extracción de recursos y, finalmente, la producción de una amplia reserva de imaginarios culturales. (Mbembe, 2011, p. 43)

Mbembe categoriza al espacio como “materia prima de la soberanía y la violencia que acarrea” (2011, p. 43), conceptualizando la primera como “la capacidad para definir quién tiene importancia y quién no la tiene, quién está desprovisto de valor y puede ser fácilmente sustituible y quién no” (p. 46).

Aunque este autor articula territorialización con soberanía, estos procesos también son visibles en escenarios en que prevalece lo securitario en consonancia con lo disciplinario. Un ejemplo de ello es la gentrificación que re-traza fronteras desde inscripciones de nuevas relaciones a partir de la reconfiguración del espacio urbano.

Gržinić (cit. en Estévez, 2018) recalca que la biopolítica se reserva para el primer mundo, en el segundo y tercero la necropolítica hace eco. En el primero se construyen “estilos de vida”, en los otros se “administra muerte”. Estas especificidades geográficas no sólo distinguen países. Ahora las grandes ciudades, en el marco de la globalización, contienen las grandes distancias, conflictos y contradicciones que antes diferenciaban países (Augé, 2007). Un mismo espacio, una misma ciudad, puede contener procesos biopolíticos y necropolíticos. Por ejemplo, cuando Mbembe, referenciando a Gilroy, reflexiona sobre las plantaciones de esclavos en las que sus “habitantes viven de forma no-sincrónica” (2011, p. 32). Sin equiparar el esclavismo en una plantación con la desigualdad urbana, es posible decir que en las grandes ciudades actuales sus habitantes pueden vivir no-sincrónicamente.

GENTRIFICACIÓN

La “gentrificación” abarca un variopinto número de situaciones donde hay segregación urbana. Se clarifica que se retomará, problematizándolo, su significado “clásico”, “un aburguesamiento por sustitución de los residentes de un cierto sector urbano” (Díaz Parra, 2015, p. 14). Generalmente ligada a lo compacto y al supuesto acaparamiento del suelo y la vivienda de ciudades europeas, la gentrificación latinoamericana se presenta en sectores bajos y medios, dueños de las viviendas que ocupan (Valadez y Sabatini, 2017). Así, los desplazamientos dejan de ser inevitables (Sabatini, Sarella y Vásquez, 2009) (Valadez y Sabatini, 2017). La gentrificación no sólo desplaza, también actúa como filtro homogeneizante estableciendo quién habita un espacio.

La gentrificación es una construcción del espacio posibilitada desde una transformación material y simbólica del mismo, que conlleva un cambio de prácticas, relaciones, significaciones e, inclusive, arquitecturas. Se distingue un ejercicio de poder y la imposición de un proyecto de vida. Más notoria si ocurre desde intervenciones sobre el espacio con políticas sobre su planificación. De esta forma, ese proyecto de vida se nota de carácter civilizatorio. Hasta ha sido definida como “colonialismo a escala de barrio” (Clark, 2005, p. 266).

REDENSIFICACIÓN URBANA

La redensificación es una política de planificación urbana que busca concentrar población en áreas determinadas. Se vincula con el desarrollo inteligente y se ve comúnmente acompañada de verticalización, mezcla de usos de suelo, renovación y reciclamiento urbano. Su razón “técnica” es un manejo eficiente del espacio para aprovechar zonas con potencial subaprovechado.

La redensificación tratada aquí se relaciona con la sustentabilidad, la democracia liberal y la Ciudad Global. Se ubica, por lo tanto, en un entramado histórico concreto donde el Estado-nación ha reformulado su vínculo con el capitalismo y se consolida una economía de servicios -donde lo financiero y la información son preponderantes.

En ese entramado histórico, el diseño de la ciudad no será sólo una expresión de los valores de la democracia, del capitalismo terciario y la globalización, sino una forma de alcanzarlos y consolidarlos -constátese en el HABITAT II (United Nations [UN], 1996)-: un mundo mejor, más justo y ecológico a partir de la construcción de la ciudad. Dentro de este modelo, la redensificación, enarbolando la sustentabilidad, será primordial (UN, 1996), será un coadyuvante en la construcción de relaciones y prácticas deseadas para las grandes urbes del siglo XXI.

Empero está vinculada con la gentrificación. La densificación se liga al aumento de las rentas del suelo (Jaramillo, 2008, p. 191), que, a su vez, lo hace con la especulación inmobiliaria y la segregación socioespacial (Trivelli, 1982; Rodríguez, 2014; Encinas, Truffello, Aguirre y Hidalgo, 2019).

ESTUDIO DE CASO

LA REDENSIFICACIÓN URBANA EN LA CDMX

Aunque hay experiencias redensificadoras previas en la CDMX, se abordará la acontecida a partir del año 2000, cuando se da la institucionalización del modelo de la Ciudad Global en la CDMX (Novoa, 2018). Se pasó de un modelo enfocado en ciudades pequeñas y medias a buscar constituir ciudades terciarias competitivas internacionalmente (Presidencia de la República [PR], 2001). En la búsqueda de constituir una ciudad global, la planificación urbana fue un coadyuvante esencial. Si construir un espacio es generar directrices para relaciones, significaciones y actos, es posible advertir la razón de lo anterior. Se posibilitaron trabajos, empresas, producción y formas de consumo vinculados con una ciudad globalizada y terciaria. Bajo la bandera de la sustentabilidad y mediante la redensificación esta planificación adquirió expresiones arquitectónicas particulares. La gentrificación vino de la mano. En el mapa de la Figura 2, puede notarse en BJ la concentración de gentrificación ligera, media y avanzada y zonas sin cambios, mientras que en Iztapalapa dominan áreas de declinación3 y algunas de gentrificación ligera.

Mapa de gentrificación y declinación en CDMX, ITSEa (2000-2010). a Índice de Transformación Socioespacial.
Figura 2:
Mapa de gentrificación y declinación en CDMX, ITSEa (2000-2010). a Índice de Transformación Socioespacial.
Fuente: Bournazou (2015), citado en Valadez y Sabatini (2017).

La CDMX se divide en 16 demarcaciones. Préstese atención a 13 de ellas, 9 con suelo de conservación4 y 4 consideradas centrales. Estas últimas mantenían tendencias de decrecimiento poblacional, tenían la infraestructura adecuada y espacios subutilizados; allí se localizó la redensificación para la concentración poblacional y protección del suelo de conservación.

El foco en BJ e Iztapalapa se justifica por su colindancia, disparidad socioeconómica y alta densidad poblacional; punto de especial interés en relación con la pandemia. Si la concentración poblacional propiciaba el contagio, las altas densidades poblacionales se veían problemáticas. Contrastar ambas revelará que la densidad poblacional sólo era un inconveniente cuando se cruzaba con otros factores. Al compararlas no se intenta trazar una linealidad sobre la relocalización de desplazados de BJ en Iztapalapa, sino reconocer cómo la construcción del espacio fue parte de la consolidación de clase en ambas localidades.

METODOLOGÍA

Este escrito es un análisis genealógico del entrecruzamiento de datos relativos a la redensificación urbana de la CDMX y a los efectos que en dicha ciudad tuvo la pandemia de COVID-19. Es un ejercicio interpretativo fundamentado en análisis de cifras y revisión documental. La genealogía busca reconstruir las condiciones de posibilidad de un acontecimiento exaltando su singularidad histórica, rompiendo linealidades históricas, negando causas originarias y linealidades causales simples de causa-efecto (Foucault, 2004). Se pretende reconocer la redensificación como condición de posibilidad de la espacialización concreta de las consecuencias de la pandemia en la CDMX en cuanto elemento central de la replanificación de la CDMX con efectos gentrificadores.

Respecto a la redensificación, se contrastan datos de programas de desarrollo y del Instituto Nacional de Geografía y Estadística [INEGI]. En cuanto a la pandemia, la fuente fue la Secretaría de Salud del Gobierno Mexicano y los datos provenientes del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología [CONACyT].

Los datos se trabajaron para efectuar un ejercicio comparativo. En el caso de la redensificación, la comparación se desarrolló entre el plan alternativo para la redensificación del Distrito Federal presente en el Programa General de Desarrollo Urbano del Distrito Federal (PGDUDF) (Gobierno del Distrito Federal [GDF], 2003) y los censos y conteos poblacionales en los años 2000, 2005, 2010, 2015 y 2020 (INEGI). Para analizar los efectos de la pandemia en la ciudad, se usaron los datos del gobierno de México contrastando los datos de casos y muertes en las alcaldías Benito Juárez e Iztapalapa. El periodo de atención abarca desde el fin de la “Jornada Nacional de Sana Distancia” (JNSD), a finales de mayo, hasta septiembre de 2020. Esta delimitación se debe a la necesidad de integrar al confinamiento y a la movilidad como variables a considerar.

RESULTADOS

EL FRACASO REDENSIFICADOR

En 10 años se perdieron 1,151 hectáreas5 de suelo de conservación. De las 9 demarcaciones con suelo de conservación, 7 superaron el crecimiento deseado (INEGI, 2020). Las diferencias son variables entre cada demarcación. En algunos casos, la diferencia es aparentemente insignificante, aunque observando el año en que la población registrada hubiera aparecido en el escenario programático, tal apreciación resulta falsa (Tabla 1).

Tabla 1:
Diferencia porcentual entre escenario programático y censo poblacional de alcaldías con suelo de conservación del año 2020 y su ubicación temporal en el escenario programático.
Diferencia porcentual entre escenario programático y censo poblacional de alcaldías con suelo de conservación del año 2020 y su ubicación temporal en el escenario programático.
Fuente: Elaboración del autor con datos del PGDUDF (2003) y el Censo 2020 (INEGI). * Ubicación temporal de la población censada según el escenario programático. Esto es, el año en el que la población registrada por el INEGI en 2020 se hubiera presentado según el escenario programático del GDF (2003). Estos datos se obtuvieron efectuando una proyección que toma como punto de partida la población indicada para 2025 y la tasa de crecimiento para cada demarcación en el escenario programático PGDUDF (GDF, 2003). Los años en que se ubicaría la población registrada en 2020 son temporalmente tan alejados porque, al querer evitar el crecimiento poblacional allí, se esperaban tasas de crecimiento casi nulas. Verbigracia, el caso de Tláhuac con una tasa de crecimiento del 0.01% (GDF, 2003).

De las cuatro demarcaciones a redensificar, Venustiano Carranza mantuvo hasta 2015 un constante decrecimiento poblacional, cambiando de tendencia al 2020. Aun así, los habitantes son menos que los reportados en 2000. Cuauhtémoc ha mantenido un crecimiento constante, aunque lejos del planeado. Su población en 2020 fue de 545,883 hab., cantidad pronosticada para 2012 (GDF, 2003)6 (Tabla 2).

Tabla 2:
Diferencia porcentual entre escenario programático y censo poblacional de alcaldías centrales del año 2020 y su ubicación temporal en el escenario programático.
Diferencia porcentual entre escenario programático y censo poblacional de alcaldías centrales del año 2020 y su ubicación temporal en el escenario programático.
Fuente: Elaboración del autor con datos del PGDUDF (2003) e INEGI (2020).

Miguel Hidalgo y BJ sobrepasaron considerablemente los pronósticos. MH registró, en 2010, 372,889 habitantes: poco le faltó para llegar al pronóstico de 377,431. Para 2015, con 364,439 (INEGI, 2015), redujo su población por debajo de lo que se hubiera esperado al año 2006. De 2015 a 2020 creció cuantiosamente, llegando a contabilizar 414,470 habitantes, lo esperado para 20417 (Tabla 2).

BJ posee actualmente 434,153 habitantes, lo cual corresponde a la población esperada para el año 20668. Este dato no debería sorprender, pues mantiene la tendencia ya evidente desde 2010. En ese entonces, la población contabilizada -385, 439- era la esperada para 2022. Cabe señalar que se preveían 388,898 habitantes para 2025 (GDF, 2003) (Tabla 2).

Todo lo anterior debe observarse teniendo en cuenta que el crecimiento general de la CDMX al 2020 tuvo una variación del 0.1% respecto al escenario programático (Tabla 2).

En este periodo, además, se redujo en 15% el número de viviendas habitadas por sus propietarios (INEGI, 2000, 2010, 2020) (Figura 3).

Porcentaje de viviendas habitadas por propietarios entre 2000-2020, en CDMX.
Figura 3:
Porcentaje de viviendas habitadas por propietarios entre 2000-2020, en CDMX.
Fuente: Elaboración del autor con datos INEGI (2000, 2010, 2020).

Reconociendo la relación entre la densificación y el incremento de la renta del suelo, se entiende que los lugares afectados por estas dinámicas se vuelven atractivos para la “inversión”. Así, BJ es el primer lugar de oferta de alquiler de apartamentos de vivienda residencial -entre 15 y 30 mil pesos mexicanos- y de casas de vivienda residencial plus -entre 30 y 80 mil pesos-, en la CDMX. BJ también alcanza el primer lugar en el porcentaje de oferta inmobiliaria residencial, aportando el 18% del total de la CDMX. Iztapalapa es el primer lugar en oferta de alquiler de vivienda económica/interés social -hasta 5 mil pesos- y, con 5% de la oferta general de la CDMX, se encuentra -empatada con Cuajimalpa- detrás de otras 7 alcaldías (Lamudi, 2019).

ESPACIALIZACIÓN DE LA VIDA Y LA MUERTE EN LA CDMX DURANTE EL CONFINAMIENTO

En el Informe de Desarrollo Humano Municipal 2010-2015 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo [PNUD], 2019) se reportó un alto Índice de Desarrollo Humano (IDH)9 en la alcaldía BJ. También señaló que, aunque la CDMX mejoró sus estándares de vida, la desigualdad se mantuvo (PNUD, 2019, p. 194); inequidad que será un coadyuvante en la exposición a la muerte de cara a la pandemia.

Los estragos de la pandemia se focalizaron en cuerpos concretos y marcados precisamente por esa desigualdad. A finales de mayo de 2020, en México, el 71% de los muertos por COVID-19 tenían una escolaridad primaria o inferior; el conjunto de la población que no tenía empleo -no remunerados, no ocupados, amas de casa, jubilados y pensionados- sumaba el 46% de los decesos (Hernández, 2020). Se constata así la precariedad como facilitadora de muerte.

El confinamiento en México no fue obligatorio ni punible. El motivo: no castigar a la gente por su condición socioeconómica, dado que gran parte de la población vive “al día” y salir es necesario para garantizar el sustento. El quedarse en casa estaba revestido de privilegio.

A nivel nacional, la alcaldía BJ fue el municipio mejor valorado en la restricción de movilidad por quedarse en casa, al reducir su movilidad un 75% (PR, 2020). Iztapalapa, durante la misma semana, la redujo un 35% (Quintero, 2020).

La política de confinamiento en México puede pensarse en dos etapas: la JNSD y la restricción de movilidad y actividades por el Semáforo de Riesgo. La JNSD estuvo activa desde el 23 de marzo hasta el 30 de mayo. Resalta la suspensión de actividades productivas, laborales y escolares. Desde el 30 de mayo se instaura una política de gestión de la población y las actividades por un semáforo. El color rojo señalaba un riesgo máximo -prácticamente la continuidad de la JNSD-; el naranja, un riesgo alto; amarillo, medio; y verde, bajo. Cada color implica la apertura de mayor número de actividades.

Préstese atención a las diferencias entre la BJ e Iztapalapa (Tabla 3; Tabla 4; Tabla 5; Tabla 6; Tabla 7; Tabla 8).

Destaca aquí la evidente desigualdad en los rubros identificados por su relación con la muerte por la COVID 19: precariedad y nivel educativo.

Iztapalapa, al finalizar la JNSD (31 de mayo), tuvo 10% más de casos y 58% más de muertes por 100,000 habitantes que BJ. Las cifras evidencian la disparidad en la proximidad a la muerte y a la enfermedad. Estas diferencias disminuyen con el tiempo por el aumento de movilidad. Aunque el semáforo rojo era la continuación de las restricciones de la JNSD, a un día del fin de esta última el aumento fue notorio (Secretaria de Salud, 2020) (Figura 4).

Movilidad en CDMX entre marzo y septiembre de 2020.
Figura 4:
Movilidad en CDMX entre marzo y septiembre de 2020.
Fuente: CONACyT (2020).

Al relajarse la rigurosidad del confinamiento, la situación de clase dejó de ser una variable diferenciadora. La movilidad hizo que factores vinculados con la desigualdad, tales como la educación, la pobreza y la precariedad laboral, disminuyeran su relevancia. En los casos por 100 mil habitantes, se revirtió la tendencia. BJ superó a Iztapalapa. En las muertes por 100 mil habitantes, se registró una reducción considerable. Sin embargo, la diferencia continuó siendo evidente. Uno de los elementos que puede explicar esto es la diferencia en el acceso a la salud y sus implicaciones (Tabla 6), sobre todo, si se considera que en ambas demarcaciones la proporción de comorbilidades era similar (DGE, 2020).

DISCUSIONES

El fracaso redensificador no es la disparidad entre cifras, sino la discordancia entre medios y fines. La expectativa de que la construcción de la ciudad bajo los principios de la sustentabilidad y con la fuerza técnica de la redensificación devendría en espacios poblacionalmente diversos y evitando la expansión de la mancha urbana, fue negada.

La sobredensificación y la disminución de propietarios ocupantes de viviendas pueden ser indicadores de la constitución de un escenario similar al de la compacta y supuestamente más acaparada ciudad europea, lo cual puede generar en un futuro que los procesos de desplazamiento alrededor de la gentrificación sean más notorios y comunes. Podría discutirse si antes que una gentrificación sin desplazamiento, debería plantearse la existencia de distintos tiempos para que este ocurra. La gentrificación puede estar construyendo el escenario que después la ligará a expulsiones indirectas de población.

Así como la redensificación es un fracaso, también es un éxito biopolítico re-trazador de fronteras sociales. Retomando a Gržinić (cit. en Estévez, 2018), gracias a la forma de urbanizar se consolidan estilos de vida. Evidente en la BJ. Su alto IDH causó revuelo: en diversos medios se difundió su similitud con el de Suiza (Aquino, 2019). El coordinador del informe comentó: “el desarrollo humano implica la ampliación de las oportunidades de las personas para que tengan mayor libertad de hacer y de tener una vida conforme a sus anhelos” (Blanco, 2019). El bienestar se deja ver como pilar para la construcción de estilos de vida. La calidad de vida en dicha alcaldía es algo de lo que ya se habían ufanado las autoridades de la demarcación: “Si […] Benito Juárez fuera un país, sería el doceavo [sic] con mejor nivel de vida en el mundo, a la par de Estados Unidos” (Delegación Benito Juárez [D.B.J.], 2009, pp. 13-14). A pesar del regodeo, cabe resaltar que las condiciones de vida no devienen de una intervención para su mejoramiento; se vinculan a procesos de localización de grupos sociales que ya cuentan con dichas condiciones y blindando el espacio contra quienes no las tengan. Es notorio el carácter disciplinario de la gentrificación. Ubica espacialmente relaciones específicas en el plano urbano.

Esta forma de gueto del privilegio existe en función de su contraparte, como el otro lado de una moneda. Si no existiera lo contrario al privilegio, el privilegio no existiría. Ni en términos conceptuales, ni mucho menos materiales. Se conforma una segregación residencial relacionada con la renta del suelo que incide en la reproducción de las condiciones de vida. La renta del suelo es clave: “los ricos no se autosegregan de los pobres; los ricos segregan a los pobres. Lo hacen [...] a través de la renta del suelo, por ejemplo, […] con el fin de visibilizar su estatus promoviendo y manteniendo la homogeneidad social de sus vecindarios” (Rodríguez, 2014) o, indirectamente, mediante la redensificación. Ello refleja cómo la apreciación y depreciación de zonas se da en un proceso conjunto. El segregado y el segregador, que no necesariamente lo es intencionalmente, están unidos, paradójicamente, por la distancia.

La reproducción de condiciones de vida restringe o exponencializa los medios para interactuar con la realidad. Durante la pandemia, esto fue evidente.

CONCLUSIONES

La enfermedad no sólo se ensañó con cuerpos con ciertas particularidades, se situó además en espacios marcados por la desigualdad, una particularmente relacionada con la replanificación de la ciudad.

Políticas como la redensificación se desnudan como procesos de territorialización securitarios. No inscribiendo nuevas relaciones espaciales, sino homogeneizándolas. No produciendo “líneas de demarcación”, sino, más en la línea de Augé (2007), re-trazando y reforzando fronteras. La desigualdad entre BJ e Iztapalapa no se instauró con la puesta en marcha de la replanificación urbana de la CDMX, pero sí fue un pilar para su consolidación. Un pilar, dependiendo del espacio, biopolítico o necropolítico.

Así como los mecanismos de poder no se sustituyen, la biopolítica y necropolítica no son opuestos en un mundo hiperconectado y relacionado. Se configuran bajo los mismos acontecimientos, pero se localizan en espacios diferentes. Su relación permite que los estilos de vida protectores de la vida, incidan en otros que empujan hacia la muerte. La localización de grupos con las condiciones relacionadas con el bienestar en ciertos espacios, al mismo tiempo localiza en otro espacio a quien no las tiene. En la ciudad, durante la pandemia, esto hizo visible que la espacialización de la muerte se vincula con la espacialización del bienestar.

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Notas

1 Investigación financiada con la Beca para estudios de doctorado del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México (CONACyT).
2 Sobre la relación gentrificación-redensificación en la CDMX, véase Aguayo (2015), Novoa (2016), Delgadillo (2016), Masato (2017), Gómez (2018).
3 Declinación refiere al inverso de la gentrificación, el cambio poblacional hacia grupos de menor nivel socioeconómico (Bournazou, 2015).
4 El suelo de conservación es aquel que sirve a las recargas de los acuíferos; de barrera contra partículas producto de la contaminación, tolvaneras e incendios; captura de CO2 y estabilidad de suelos (Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial [PAOT], s/f).
5 Así resulta de contrastar el número de hectáreas reportadas en el Programa General de Desarrollo del Distrito Federal 2013-2018 (GDF, 2013) y el PGDUDF de 2003.
6 Considerando un crecimiento del 0.32% (GDF, 2003), para 2012 se esperaba una población de 545,823.
7 Considerando un crecimiento de 0.3% (GDF, 2003), para el periodo 2020-2025 y la alcaldía Miguel Hidalgo (se utilizó este dato por ser el último periodo indicado en el escenario programático), en 2041 se esperaba una población de 414,031.
8 Considerando el crecimiento de 0.27% (GDF, 2003), para el periodo 2020-2025 y la alcaldía Benito Juárez (se utilizó este dato por ser el último periodo indicado en el escenario programático), en 2066 se hubiera esperado la población más cercana a la reportada en 2020, con 434,357.
9 “El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es una medida compuesta que resume los logros de los países, estados, municipios o individuos en tres dimensiones básicas del desarrollo humano: una vida larga y saludable, el acceso a conocimiento y un estándar de vida decente. […] El Índice de Desarrollo Humano Municipal es igual a la media geométrica de sus tres componentes: IDH = (Índice de Educación* Índice de Ingreso * Índice de Salud)” (PNUD, 2019, pp. 314-320).
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