Bancos de alimentos. Un modelo que funciona mundialmente en la lucha contra el hambre
Food banks. A model that works worldwide in the fight against to hunger
Banques alimentaires. Un modèle qui œuvre dans le monde entier dans la lutte contre la faim
Bancos de alimentos. Um modelo que funciona mundialmente na luta contra a fome
Bancos de alimentos. Un modelo que funciona mundialmente en la lucha contra el hambre
Agroalimentaria, vol. 26, núm. 50, pp. 167-182, 2020
Universidad de los Andes

Recepción: 03 Abril 2020
Aprobación: 02 Agosto 2020
Resumen: La falta de acceso regular a alimentos nutritivos y suficientes va en aumento en el mundo. Paradójicamente, lo mismo sucede con las pérdidas y desperdicios de alimentos (PDA) a lo largo de la cadena de suministro. Esto ha reforzado que las prácticas de recuperación y redistribución de alimentos se estén extendiendo en todo el mundo como soluciones para promover el derecho a la alimentación y reducir las PDA. Los modelos de bancos de alimentos (BdA) son una de ellas. Son organizaciones sin ánimo de lucro que operan a través del espíritu solidario obteniendo alimentos excedentarios para donarlos a los más desfavorecidos a través de asociaciones benéficas. Realizan su misión por medio de recepción de alimentos excedentarios del sector agropecuario, industrial, comercial, hoteles, restaurantes y/o personas naturales, para su debida distribución entre población organizada en situación de vulnerabilidad. En este trabajo se revisan diversos aspectos de los BdA, su distribución en todos los continentes, la forma en que operan, su contribución a la sociedad y su conexión con los sectores privado, público y consumidores. Mientras que en casi toda América Latina existen BdA, no es este el caso en Venezuela. Por tanto, se discute también la precaria situación económica y productiva del país para crear un BdA.
Palabras clave: Bancos de Alimentos, Venezuela, Red Global de Bancos de Alimentos, reducción del hambre, inseguridad alimentaria, pérdidas y desperdicios de alimentos.
Abstract: Lack of regular access to nutritious and sufficient food is increasing in the world. Paradoxically, the same is true for food losses and waste (FLW) throughout the supply chain. This has reinforced food recovery and redistribution practices which are spreading worldwide as solutions to promote the right to food and reduce FLW. Food banks (FB) models are one of them. They are non-profit organizations that operate through the spirit of solidarity, obtaining surplus food to be donated to the most disadvantaged through charitable associations. They carry out their mission by receiving surplus food from the agricultural, industrial, commercial sector, hotels, restaurants and / or natural persons, for its proper distribution among organized vulnerable population. This paper reviews various aspects of the FB, its distribution throughout all continents, the way they operate, their contribution to society, their connection with private, public and consumer sectors. While in almost all of Latin America there are BdAs, this is not the case in Venezuela, therefore, the precarious economic and productive situation of the country to create a BdA is also discussed.
Keywords: Food banks, Venezuela, Global Food Banking Network, hunger alleviation, food insecurity, food loss and waste.
Résumé: Le manque d'accès régulier à une nourriture suffisante et nutritive est en augmentation dans le monde. Paradoxalement, il en va de même pour les pertes et gaspillages alimentaires (PGA) tout au long de la chaîne d'approvisionnement. Cela a renforcé le fait que les pratiques de récupération et de redistribution des aliments se répandent dans le monde entier en tant que solutions pour promouvoir le droit à l'alimentation et réduire les PGA. Les modèles de banques alimentaires (BA) en font partie. Ce sont des organisations à but non lucratif qui fonctionnent dans un esprit de solidarité, obtenant des surplus de nourriture à donner aux plus démunis via des associations caritatives. Ils accomplissent leur mission en recevant des excédents alimentaires du secteur agricole, industriel, commercial, hôtellerie, restauration et / ou personnes physiques, pour sa bonne répartition parmi la population organisée en situation de vulnérabilité. Dans ce travail, différents aspects de BA sont passés en revue, leur distribution sur tous les continents, leur mode de fonctionnement, leur contribution à la société et leur lien avec les secteurs privé, public et de consommation. S'il existe des BA dans presque toute l'Amérique latine, ce n'est pas le cas au Venezuela. Par conséquent, la situation économique et productive précaire du pays est également discutée pour créer un BA.
Mots clés: Banques alimentaires, Venezuela, Réseau Mondial de Banques Alimentaires, réduction de la faim, insécurité alimentaire, pertes et gaspillages alimentaire.
Resumo: A falta de acesso regular a alimentos nutritivos e suficientes está crescendo no mundo. Paradoxalmente, o mesmo sucede com as perdas e desperdícios de alimentos (PDA) ao longo das cadeias de suprimento. Tal fato tem sido responsável pela adoção de práticas de recuperação e redistribuição de alimentos em todo o mundo enquanto soluções para a promoção do direito à alimentação e de redução de PDA. Os modelos de bancos de alimentos (BdA) são uma delas. Trata-se de organizações sem ânimo de lucro que operam através de espírito solidário obtendo alimentos remanescentes para serem doados aos mais desfavorecidos através de associações benéficas. Realizam sua missão por meio do recebimento de alimentos excedentes oriundos de diversos setores (agropecuário, industrial, comercial, turístico) e/ou de pessoas naturais para serem distribuídos entre populações vulneráveis. Neste trabalho se revisam diversos aspectos dos BdA, incluindo sua distribuição em todos os continentes, as formas sob as quais operam, sua contribuição à sociedade e sua conexão com os setores público e privado e com os consumidores. Em quase toda a América Latina tais estruturas são encontradas, mas este não é o caso da Venezuela. Ademais, discute-se também a precária situação econômica e produtiva do país para criar um BdA.
Palavras-chave: Bancos de Alimentos, Venezuela, redução da fome, insegurança alimentar, insegurança alimentar, perdas e desperdício de alimentos.
1. Introducción. La Agenda para el Desarrollo Sostenible, hambre, pérdidas y desperdicios de alimentos
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que más de 820 millones de personas pasan hambre. El término “hambre” también es llamado subalimentación. FAO emplea el indicador de prevalencia de la subalimentación (PoU, por sus siglas en inglés), para estimar el alcance del hambre crónica en el mundo con base en la información de los países sobre la disponibilidad, el consumo de alimentos y las necesidades calóricas. Calcula la suficiencia de la ingesta de energía alimentaria de la población (FAO, 2020).
El Informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo del año 2019 –conocido bajo el acrónimo inglés SOFI 2019– pone de manifiesto que la prevalencia mundial de la subalimentación, si bien luce estabilizada, la cifra absoluta de personas subalimentadas sigue creciendo, aunque sea con lentitud (FAO-FIDA-OMS-PMA-UNICEF, 2019). Igualmente, otro hecho alarmante es que cerca de 2.000 millones de personas padecen inseguridad alimentaria moderada o grave en el mundo. La falta de acceso regular a alimentos nutritivos y suficientes que estas personas padecen las pone en un mayor riesgo de malnutrición y mala salud (ídem). Estas cifras comprometen el camino hacia el logro del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2, hambre cero, de la agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas (ONU, 2018).
Por otro lado, el mundo está prestando enorme atención al problema de las pérdidas y desperdicios de alimentos-PDA. Según el informe anual de FAO El estado mundial de la agricultura y la alimentación, –SOFA 2019–, alrededor del 14% de los alimentos en todo el mundo se pierden desde la producción antes de llegar al nivel minorista (la contribución de este último está en proceso de estimación según una nueva metodología) (FAO, 2019a).
La atención internacional sobre la cuestión de las PDA está igualmente reflejada en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (ONU, 2018), que plantea una serie de compromisos ligados con la promoción de prácticas de producción y consumo responsable y sostenibilidad de los sistemas alimentarios. Concretamente, la meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible-ODS requiere que de aquí al año 2030 se debe “reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita mundial en la venta al por menor y al nivel de los consumidores, y la reducción de las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y suministro, incluidas las pérdidas posteriores a la cosecha” (p. 56). Nuevamente, la cantidad de alimentos que se pierden y desperdician en los campos, los canales de distribución y los hogares, es un factor de enorme relevancia que limita estos compromisos. Un nuevo factor compromete aún más la Agenda 2030: el enorme impacto de la Covid-19.
2. Recuperación y donación y de alimentos
Desde el año 2016 varios países de la región de las Américas han establecido compromisos para atender la problemática de PDA en el marco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Existe una gran actividad mundial y regional en cuanto a las PDA, impulsada por FAO. La Oficina Regional de FAO para América Latina y el Caribe ha organizado el diálogo regional: “Soluciones latinoamericanas al desperdicio de alimentos”, el cual ha tenido varias ediciones, para profundizar el estudio de las causas y los impactos que tienen las PDA sobre la sostenibilidad de los sistemas alimentarios, analizar las soluciones al problema y las alianzas para su prevención (FAO, 2017). Preocupa la ausencia de actividad en Venezuela al respecto.
Uno de los espacios de trabajo más activos en la lucha contra las PDA, en marcha en América Latina y el Caribe, ha sido la formulación de marcos jurídicos para prevenirlas y reducirlas. Entre ellos destacan diversos proyectos de ley y normativas que apuntan a la definición de un marco de actuación y responsabilidades para fortalecer la inversión pública y privada en ámbitos como el desarrollo de investigación y tecnologías para el aprovechamiento de alimentos, la promoción de hábitos de consumo responsable y la facilitación de la recuperación y donación de alimentos (FAO, 2017).
La FAO resume los proyectos de ley y normas técnicas –vigentes o en proceso de formulación– en materia de PDA para el año 2017 (FAO, 2017). Desde entonces ha habido avances. Por ejemplo, el Congreso de Perú, aprobó la Ley Nº 30498 en 2016 que promueve la donación de alimentos en buen estado que hubieran perdido valor comercial y se encuentren aptos para el consumo humano y facilita el transporte de donaciones en situaciones de desastres naturales. Se espera que, a partir del tercer año de la entrada en vigencia de esta Ley, los almacenes de alimentos y supermercados donen la totalidad de los alimentos que tengan esta condición, quedando prohibida la destrucción de los mismos (Poder Legislativo, 2016). Posteriormente, el 8 de agosto de 2017 se promulgó la Ley N° 30.631 que amplió el límite de deducibilidad de gastos por concepto de donaciones de alimentos en buen estado para efectos del impuesto a la renta, corrigiendo trabas para las donaciones de alimentos en Perú, como la responsabilidad de los participantes, el límite del 10% de la renta neta y la afectación del Impuesto General a las Ventas-IGV (ComexPerú, 2018). En 2018, la Cámara de Senadores de Argentina aprobó finalmente la Ley 25.989. Régimen Especial para la Donación de Alimentos-Donal, y la creación del Plan Nacional para Reducir los Desperdicios de Alimentos. Para ser aprobada la ley, se reincorporó el artículo 9 que “deslinda de responsabilidad a los donantes por los daños y perjuicios que pudieran producirse, siempre y cuando la donación se hubiese efectuado sin ocultar vicios de la cosa y contando con los controles bromatológicos exigidos por el Código Alimentario Argentino”. La Ley Donal, estipula quiénes pueden donar, qué productos, cómo debe hacerse y los derechos y obligaciones de cada parte. La reincorporación del artículo 9, brinda un resguardo para las empresas, con el objetivo de que se animen a donar más, evitando el desperdicio de millones de alimentos (Redbda, 2018). En 2019 la Cámara de Representantes del Congreso de Colombia aprobó el Proyecto de Ley 301 de 2018, por medio del cual se crea la política contra la pérdida y desperdicio de alimentos, un avance importante en relación al ODS 12.3. Dada la importancia del tema y los avances que ha tenido Colombia en la materia, el país fue seleccionado como sede de la primera Cumbre Latinoamericana de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos, organizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura-FAO y el Banco Interamericano de Desarrollo-BID, en coordinación con el Departamento Nacional de Planeación y los socios de la plataforma #SinDesperdicio (FAO, 2019b).
Un hecho importante es que el informe SOFA 2019 (FAO, 2019a) estuvo dirigido a “progresos en la lucha contra la pérdida el desperdicio de alimentos”. En el mismo se hace mención especial a la recuperación y redistribución de alimentos –también denominados rescate o donación de alimentos–, así como la rebusca, definiéndolos como “obras de caridad que incluyen la distribución a las personas que padecen inseguridad alimentaria de alimentos que de otro modo se perderían o desperdiciarían” (p. 80). Estos alimentos pueden recuperarse en cualquier punto a lo largo de la cadena de suministro alimentario. Algo importante que señala SOFA 2019 es que aunque fueron ignorados por los encargados de formular las políticas hasta hace solo un decenio, los programas de recuperación y redistribución como los bancos de alimentos, las tiendas comunitarias, los supermercados sociales, los comedores sociales o los programas de alimentación y nutrición en las escuelas, desempeñan actualmente un papel cada vez más importante; no solo como soluciones para la pérdida o el desperdicio de alimentos, sino como manera de promover el derecho a una alimentación adecuada (FAO, 2019a).
3. Bancos de alimentos
John van Hengel, empresario y activista de derechos humanos estadounidense, desarrolló el concepto de banca de alimentos a fines de la década de 1960 a partir de una experiencia personal y una idea simple: una mujer que hurgaba regularmente en los cubos de basura de los supermercados le sugirió que debería haber un lugar donde los alimentos descartados –en vez de ser arrojados– se pudiesen almacenar para que las personas los recogiesen, tal como se guarda el dinero en los bancos. Con ello nació el modelo de banca de alimentos. Van Hengel organizó con voluntarios la recogida de alimentos en supermercados en Phoenix (Arizona), constituyendo el primer banco de alimentos: el St. Mary’s Food Bank. En el primer año se distribuyeron 275.000 libras de alimentos a las personas necesitadas. La noticia del éxito del banco de alimentos se extendió rápidamente y otros estados comenzaron a copiar el modelo. Para 1977 se habían establecido bancos de alimentos en todo el territorio de los Estados Unidos. En 1979 van Hengel estableció Second Harvest, como una red que englobaba a todos los bancos de los Estados Unidos. En 2008 la red cambió su nombre a Feeding America para reflejar mejor la misión de la organización. Hoy Feeding America es una eficiente red de 200 bancos de alimentos; es también la mayor organización de ayuda contra el hambre en Estados Unidos, la cual asiste a más de 40 millones de personas de bajos ingresos (GFN, 2019).
El modelo de bancos de alimentos empezó a popularizarse en el mundo. En 2006, cuatro de las principales redes nacionales de bancos de alimentos: Red Argentina de Bancos de Alimentos, Food Banks Canada, Bancos de Alimentos de México y Feeding America crearon The Global FoodBanking Network (GFN) o Red Mundial de Bancos de Alimentos, para promover la expansión de los bancos de alimentos en todo el mundo (GFN, 2020). La GFN es una organización internacional sin fines de lucro que alimenta a los hambrientos del mundo mediante la unión y el avance de los bancos de alimentos en más de 30 países. GFN se enfoca en combatir el hambre y prevenir el desperdicio de alimentos al proporcionar experiencia, dirigir recursos, compartir conocimientos y desarrollar conexiones que aumenten la eficiencia, garanticen la seguridad alimentaria y lleguen a más personas que enfrentan el hambre. La Tabla Nº 1 presenta los bancos de alimentos que funcionan en diferentes regiones del mundo asociados a la GFN.

La iniciativa llegó a Europa en 1984 con la creación del banco de alimentos de París. Los bancos fueron extendiéndose por diversos países europeos y, en 1988, nació la Federación Europea de Bancos de Alimentos-FEBA. Entre 1988 y 1992 la FEBA apoyó el desarrollo de bancos de alimentos en España, Italia, Irlanda, seguidos de Portugal, Polonia, Grecia y Luxemburgo de 1994 a 2001. Desde 2004 Hungría, República Checa, Eslovaquia, Reino Unido, Lituania y Serbia se unieron a la red, seguidos por los Países Bajos, Suiza, Estonia, Dinamarca; y –más recientemente– por Ucrania y Bulgaria en 2013, Noruega en 2014 y Austria en 2015. En 2016 FEBA celebró su 30º aniversario. Alemania se convirtió en miembro en marzo de 2018. Actualmente la FEBA está compuesta por 24 miembros de pleno derecho que son organizaciones nacionales o bancos de alimentos individuales (FEBA, 2020).

La Tabla Nº 2 contiene la información de estos miembros. La FEBA tiene un acuerdo de asociación y una colaboración de larga data con la GFN. Al nivel mundial, GFN y las redes de organizaciones asociadas Feeding America y la Federación Europea de Bancos de Alimentos (FEBA) combinadamente atienden a 62,5 millones de personas vulnerables. A través de los esfuerzos de recuperación de alimentos, evitan el desperdicio de 2,68 millones de toneladas de alimentos saludables y mitigan 10,4 mil millones de kilogramos de equivalentes de CO2 al año. En la Figura Nº 1 se representa el alcance global del modelo de bancos de alimentos en el mundo.

4. Cómo funcionan los bancos de alimentos
Los bancos de alimentos nacieron con un doble objetivo: resolver el hambre y combatir el desperdicio. Por ello, con forma jurídica de fundaciones o asociaciones, los bancos de alimentos son organizaciones sin ánimo de lucro que operan en sociedades donde –a través del espíritu solidario y difundiendo los valores humanos necesarios–, tratan de solucionar la necesidad básica del ser humano: la alimentación. Su forma de operar es luchando contra el despilfarro obteniendo alimentos excedentarios para donarlos a los más desfavorecidos a través de asociaciones benéficas (Afonso y Sastre, 2017).
Los bancos de alimentos realizan su misión por medio de recepción de alimentos excedentarios del sector agropecuario, industrial, comercial, hoteles, restaurantes y/o personas naturales, para su debida distribución entre población en situación de vulnerabilidad. La organización de un banco de alimentos se orienta a un funcionamiento similar al de una empresa, esforzándose por ser rentables, administrando los recursos que se les confían con criterios de máxima eficacia y rigurosa profesionalidad. Tienen distintas áreas y un equipo de dirección, a saber:
Dirección
Aprovisionamiento de alimentos y Transporte
Almacén y Gestión de stocks: logística para recepción, preclasificación, evaluación, saneamiento, control de calidad, limpieza, transformación, reempaque
Distribución y Relaciones con entidades benéficas
Administración, contabilidad, y gestión económica
Voluntariado y Recursos Humanos
Mecenazgo
Comunicación
Como lo resumen Mejía et al. (2015), además de la estructura en los bancos de alimentos y del personal requerido, la logística de un banco de alimentos se ha mantenido básica: el donante informa de su intención de donar productos al banco de alimentos, llegando a un acuerdo con el donante sobre cómo se entregarán los productos y los beneficios que tendrá el donante (exención de impuestos, por ejemplo). El proceso para recibir los bienes se realiza en el centro de distribución del banco de alimentos, donde los productos se almacenarán en paletas y luego deben pasar por una etapa de clasificación, en la que se descartan los productos que no son aptos para el consumo humano. Finalmente se realiza el proceso de empacado. Si es necesario, se puede agregar el proceso y paso de almacenamiento. Una vez que se complete este proceso, el área administrativa del banco de alimentos informará a las ONG de los productos disponibles para recibir o comprar estos productos, que deben valer aproximadamente entre el 10%-15% del valor real del producto en el mercado (Figura Nº 2). En otras palabras, deben contar con la logística requerida para la consecución, recepción, almacenamiento, separación, clasificación, conservación y distribución de los alimentos recibidos en donación; adicionalmente, deben asegurarse que cumplan los procesos misionales de gestión de donantes, productos, beneficiarios y sus estándares de calidad relacionados con las Buenas Prácticas de Manufactura y operación orientada al rescate de alimentos (ABACO, 2020). Igualmente, los bancos de alimentos deben certificase, bien, por la GFN, la FEBA, o Feeding America. En los bancos de alimentos se reciben productos: i) que evidencian fallas en su presentación; ii) cuya fecha de vencimiento es cercana; iii) que presentan baja rotación; iv) cuyo estado de maduración exige pronto consumo; y/o, v) que las empresas desean que lleguen a población que necesita el bien de manera segura (ABACO, 2020).

5. Bancos de alimentos en economías de mercados emergentes, pero también en países desarrollados
Las prácticas de recuperación y redistribución de alimentos se están extendiendo rápidamente en todo el mundo. En países en los que los sistemas de seguridad social no reciben suficiente financiación, están sobrecargados o no existen, los programas de recuperación y redistribución de alimentos han demostrado ser formas eficaces de asistencia alimentaria, así como un elemento clave de las políticas sociales progresivas (GFN, 2019; FAO, 2019b). El innovador informe del Food Banking Waste not, want not: Food banks as a green solution to hunger (GFN, 2019), publicado en marzo de 2019, señala el éxito de los bancos de alimentos y los modelos de bancos de alimentos como una intervención comunitaria contra el hambre en las economías de mercados emergentes en las últimas dos décadas. Cita particularmente la investigación académica sobre modelos de bancos de alimentos en Brasil y Uganda, adaptada a las condiciones y necesidades locales (Görmüş, 2019). De la misma manera, el SOFA 2019 (FAO, 2019a) refleja la actividad de la red nacional de bancos de alimentos Mesa Brasil SESC, la cual atendió a más de 1,4 millones de brasileños por día, a través de asociaciones público-privadas en más de 500 municipios en 2017. Los datos hasta septiembre de 2019 indican que fueron 1.424.479 personas por día, 28.690.689 kg de alimentos distribuidos en 602 ciudades (Mesa Brasil, 2019). Cada estado brasileño es también un socio estratégico como parte de la iniciativa gubernamental Fome Zero (Hambre cero).
Según el informe SOFI 2019 (FAO-FIDA-OMS-PMA-UNICEF, 2019) en los últimos cinco años (2014-2018) la subalimentación ha aumentado a nivel mundial, principalmente debido a los incrementos de África y –en menor medida– de América Latina. En América Latina y el Caribe las tasas de subalimentación han aumentado en los últimos años, en gran parte como consecuencia de la situación en América del Sur, donde el porcentaje de personas con hambre incrementó del 4,6% en 2013 al 5,5% en 2018. América del Sur alberga la mayoría (55%) de las personas subalimentadas de la región y el aumento observado en los últimos años se debe, sobre todo, al deterioro de la seguridad alimentaria en la República Bolivariana de Venezuela. En esta nación la prevalencia de la subalimentación aumentó casi cuatro veces, de 6,4% en el trienio 2012-2014 a 21,2% en el 2016-2018.
Es importante mencionar que casi la mitad de las organizaciones miembros de GFN se encuentran en América Latina (Tabla Nº 1), aunque la mayoría no están totalmente escaladas en comunidades donde la necesidad es mayor. Operan en países donde existe una inseguridad alimentaria generalizada a pesar del importante crecimiento económico, incluidos Argentina, Brasil, Chile y México. Los bancos de alimentos, aunque no reemplazan las intervenciones sociales gubernamentales más establecidas, se asocian efectivamente con el sector público para ampliar los servicios y proporcionar un mejor acceso a las personas vulnerables.
En México el principal programa de asistencia alimentaria del gobierno es el Programa de Apoyo Alimentario (PAL). Se trata de un programa de apoyos monetarios –transferencias monetarias y cupones de alimentos–, que es reforzado por el apoyo del gobierno a Bancos de Alimentos de México-BAMX) y a las nuevas expansiones de bancos de alimentos, financiando nuevos almacenes e instalaciones, ayudando a la red a escalar en todo el país y sirviendo a personas con inseguridad alimentaria (Firco, 2017). La red de BAMX es una ONG compuesta por 55 Bancos de Alimentos (BAMX, 2020).
Los miembros de la GFN en América Central y del Sur y el Caribe juegan un papel importante en la reducción de la inseguridad alimentaria en siete países de ingresos medios y bajos con una prevalencia moderadamente baja de desnutrición, incluidos Colombia, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Panamá, Paraguay y Perú (FAO-FIDA-OMS-PMA-UNICEF, 2019). Dos naciones latinoamericanas de mercados emergentes que son miembros de GFN –Guatemala y Honduras– experimentan tasas moderadamente altas de desnutrición. En Nicaragua funciona un banco de alimentos operado por Cáritas. Esta situación contrasta con la de los venezolanos en inseguridad alimentaria, que en 2019 se estimaron en 9,3 millones (Programa Mundial de Alimentos, 2020).
En el caso de países desarrollados y con altos ingresos, Canadá proporciona un estudio de caso excepcional como país rico sobre la dependencia a largo plazo de la asistencia alimentaria caritativa, así como del impacto que esto tiene en la inseguridad alimentaria de quienes dependen de programas de asistencia social, fenómeno relacionado con el desmantelamiento del estado de bienestar (Tarasuk et al., 2014). En esta nación los programas de asistencia alimentaria –voluntarios, extra gubernamentales y de caridad– son un complemento importante a los proyectos de asistencia social financiados con fondos públicos. Food Banks Canadá apoya en cada provincia y territorio del país, conformando una red de 10 asociaciones provinciales y más de 500 bancos de alimentos afiliados. Sirven a aproximadamente el 85% de las personas que acceden a programas de alimentos en todo el país (Foodbanks Canadá, 2020). Los BdA de EE.UU. jugaron un papel relevante durante la cuarentena por la Covid-19. Igualmente, fueron receptores de ayuda federal.
6. Bancos de alimentos como objeto de investigación académica
De acuerdo con FAO, es posible influir positivamente en la seguridad alimentaria y la nutrición a través de la recuperación y redistribución selectiva de alimentos, sobre todo cuando los bancos de alimentos operan a escala, sirviendo de refuerzo de la sociedad civil a las redes de seguridad social del gobierno, ayudando a mitigar los impactos socioeconómicos y ambientales. Sin embargo, hay que tener muy claro que solo podrá servir como red de seguridad y no podrá ser una solución para eliminar la inseguridad alimentaria ni la pérdida y el desperdicio de alimentos (FAO, 2019b). Al adquirir alimentos excedentarios de los sistemas alimentarios comerciales ya establecidos en un país y redirigirlos a los necesitados, los bancos de alimentos pueden suavizar los efectos de las recesiones económicas y los shocks similares, que afectan desproporcionadamente a las poblaciones vulnerables con mayor riesgo de hambre (GFN, 2019).
A medida que la recuperación y redistribución de alimentos cobran más importancia, también lo hace la necesidad de evaluar sus repercusiones de forma crítica (FAO, 2019a). En este sentido, es importante notar la investigación académica sobre modelos de bancos de alimentos desde distintos puntos de vista. Gran parte de la literatura académica se ha referido a la idoneidad de los bancos de alimentos como mecanismo de entrega de alimentos para paliar fallas del estado de bienestar. Coque y González-Torres (2018) examinaron los 55 bancos de alimentos españoles desde el punto de vista de su gestión organizacional. Los resultados mostraron entidades sin fines de lucro basadas en una fuerza laboral voluntaria que dirige cadenas de suministro para unirse a objetivos sociales y comerciales. Concluyen señalando que los bancos de alimentos están efectivamente organizados y bien establecidos en sus territorios como un movimiento social coherente, del que dependen muchas personas para comer, aunque deberían mejorar su visión estratégica, coordinación, recursos y fuentes de estos, para satisfacer más adecuadamente sus demandas cada vez más complejas. En un trabajo anterior, González-Torres y Coque (2015) identificaron que la gestión logística (recolección de donantes, manipulación y almacenamiento de alimentos, así como su distribución adecuada en tiempo y forma a los centros beneficiarios) es la actividad fundamental de muchos bancos de alimentos, en el que invierten más de 60% de su jornada laboral.
7. Bancos de alimentos centrados en nutrición y salud
Aunque su misión principal es aliviar el hambre, el aumento de la obesidad y las enfermedades relacionadas con la dieta entre las personas que padecen inseguridad alimentaria ha llevado a los bancos de alimentos a promover activamente productos más nutritivos y saludables. Los bancos, como influyentes clave del sistema alimentario caritativo, están trabajando para avanzar en sus comunidades, en iniciativas de “bancos de alimentos centrados en la nutrición”. Las mismas se definen en términos generales como esfuerzos organizativos y programáticos para abordar las disparidades de salud relacionadas con la nutrición en los beneficiarios de organizaciones benéficas.
Handfort, Hennink y Schwartz (2013) discutían los obstáculos a estas políticas de nutrición: el temor a reducir la cantidad total de alimentos distribuidos, la incomodidad de elegir qué alimentos no deberían permitirse –como dulces, gaseosas– y la preocupación por poner en peligro las relaciones con los donantes y los socios de la comunidad. La inclusión de frutas y hortalizas (FyH) esenciales para una alimentación saludable, es otro gran tema. Los bancos de alimentos fueron desarrollados originalmente para la distribución de alimentos estables en almacén por la capacidad limitada para manejar y distribuir productos perecederos que tienen requisitos únicos de abastecimiento, manejo y almacenamiento. Dada su importancia, los bancos de alimentos invierten cada vez más en el desarrollo de la capacidad de almacenamiento y distribución de productos frescos. Wetherill, White, Rivera y Seligman (2019a) desgranan el “Estudio de los bancos de alimentos para aumentar la entrega de alimentos saludables” (FRESH-Foods) de Estados Unidos. Discuten barreras, tales como factores técnicos, espaciales y económicos que limitan la integración de los productos frescos en el modelo estándar de distribución de la banca de alimentos: la variación regional en la disponibilidad de productos frescos, largos tiempos de transporte y falta de almacenamiento refrigerado ante la capacidad y volumen de los productos perecederos, la distancia entre los donantes y los bancos de base y la eficiencia inadecuada. Entre las oportunidades indican: una gran demanda de productos frescos por parte de los clientes, puntos de referencia internos para la distribución de productos frescos y asociaciones organizacionales para crear fuentes regionales y eficiencias de distribución. Wetherill, White, Rivera y Seligman (2019b) informan que la mayoría de ejecutivos de una muestra de bancos de alimentos de EE.UU. trabajaban activamente para aumentar la distribución de FyH.
De acuerdo con The Global Food Banking Network (GFN, 2019a), entre 2013 y 2017 el Banco de Alimentos República Dominicana-BARD distribuyó 3,6 millones de porciones de alimentos a unas 3.000 personas a través de 45 instituciones beneficiarias en siete provincias del país. Según una encuesta realizada por la FAO en 2014, se pierden alrededor de 2,5 millones de libras de alimentos cada semana en las operaciones de 130 empresas dominicanas; 2,3 millones de libras (93%) de este alimento se pierden en la etapa de producción. De otro lado, mientras que el 84% de las empresas encuestadas revelaron no estar dispuestas a donar sus productos excedentes, solo el 51% lo hizo al momento de la encuesta. Una gran parte de los 2,3 millones de libras perdidas cada semana producen en la ciudad de Constanza. Recientemente, el BARD completó su sistema de cadena de frío y ahora puede distribuir productos perecederos como frutas, verduras, lácteos, carnes y pescados. Un programa de rescate de alimentos que recolecta el producto excedente de los campos en Constanza es beneficioso para todos: alivia el desperdicio y mejora la canasta nutricional de las donaciones y, en consecuencia, el estado nutricional de los beneficiarios. El BARD comenzó su programa de rescate agrícola en el otoño de 2018 y de octubre a diciembre recuperó 32.100 libras de productos nutritivos, incluidos pepinos, tomates y zanahorias de la región de Constanza. Con este programa, BARD ha más que duplicado la cantidad promedio de alimentos que distribuye cada mes.
Cheyne et al. (2020) realizaron un proyecto piloto para evaluar la efectividad de una intervención realizada por un banco de alimentos dirigida a mejorar la seguridad alimentaria y reducir los factores de riesgo de diabetes tipo 2 entre beneficiarios en riesgo, en 12 sitios de distribución de alimentos comunitarios en el condado de Alameda (California, EE.UU.). La intervención incluyó paquetes de alimentos mensuales apropiados para la diabetes, educación en salud y referencias a atención médica. Los miembros del personal del banco de alimentos administraron encuestas a los participantes al inicio del estudio, 6 meses y 12 meses (después de la intervención). Se evaluó el estado de seguridad alimentaria, la ingesta alimentaria, los comportamientos relacionados con la salud y el índice de masa corporal-IMC. También se recopiló información sobre características demográficas, acceso a la despensa de alimentos, uso de la atención médica y síntomas de depresión. Al inicio, el 68,8% de los participantes tenía seguridad alimentaria baja o muy baja. En el punto medio, los participantes tuvieron mejoras significativas en relación con el estado de seguridad alimentaria, la ingesta alimentaria, la actividad física, su estado de salud y los puntajes de depresión. El IMC medio no cambió. Esta intervención demostró que los bancos de alimentos pueden evaluar efectivamente a los clientes con alto riesgo de diabetes y mejorar la seguridad alimentaria de los hogares y otros factores de riesgo de diabetes, así como también pueden ser un socio importante y estratégico para los sistemas de atención médica u organizaciones comunitarias que trabajan para prevenir la diabetes en poblaciones con inseguridad alimentaria.
8. Discusión final. Caso Venezuela
Venezuela se encuentra en un contexto de emergencia humanitaria compleja. De 28,5 millones de personas, 9,3 millones están en inseguridad alimentaria aguda (7 millones en inseguridad alimentaria moderada y 2,3 millones en inseguridad alimentaria grave) y necesitaban asistencia en julio-septiembre de 2019. Se estima que 17 millones de personas padecen inseguridad alimentaria marginal (Programa Mundial de Alimentos, 2020).
La política alimentaria nacional se basa principalmente en la asignación discrecional de una bolsa/caja CLAP (acrónimo de Comité Local de Abastecimiento y Producción). De acuerdo con la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida-ENCOVI, en 2018, un 69% de los hogares dependía de comprar una ración de alimentos a precios subsidiados a través del CLAP (FB-OVS-RAV, 2018). La información sobre familias pobres evaluadas en parroquias monitoreadas en ocho estados de Venezuela –según metodología de monitoreo centinela–, en el último trimestre de 2019, muestra que aumentaron prácticamente todas las estrategias de sobrevivencia familiar: 65% de los hogares ha recurrido a lugares no convencionales para adquirir alimentos, 85% de los hogares reportan haber tenido que deteriorar su alimentación, 56% de los hogares han incurrido en alguna forma de privación alimentaria, 49% de los hogares han recurrido a alguna forma de destitución de su base de recursos familiares para comprar alimentos y 34% de los hogares ha tenido que desincorporar a algún miembro familiar para bajar la presión de consumo de alimentos y afrontar la inseguridad alimentaria (Cáritas de Venezuela, 2019).
La Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos y afines-SVIAA ha estimado las PDA en Venezuela en 2.280.000 toneladas anuales, que equivalen a 190.000 toneladas mensuales –las cuales representan el 21% del total de alimentos disponibles en el año 2018–, por lo que el evitar estas pérdidas permitiría suplir necesidades nutricionales de al menos un tercio de la población vulnerable subalimentada (Humanitarian Response Plan, 2019). Para diciembre de 2019 las PDA fueron estimadas en 78.000 toneladas mensuales. Estas estimaciones se obtuvieron con la eficiencia de cosecha del sector primario mediante datos suministrados por las principales asociaciones de productores del país –la Confederación Nacional de Productores Agropecuarios-FEDEAGRO, la Asociación Venezolana para la Agricultura Familia-AVAF y otras asociaciones de productores–, la Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos-CAVIDEA, los mercados mayoristas y los supermercados. Al conocerse la disponibilidad total de alimentos, sumado a lo que produce el sector primario, fue posible obtener el dato que ronda el 18%. Dicho valor resulta bajo, si se compara con los países de América Latina y El Caribe-ALC. Esto podría deberse a que la agroindustria venezolana es altamente eficiente y gran parte de los residuos aparentes los destinan a la producción primaria animal o agroindustria de Alimentos Balanceados para Animales-ABA, por lo que los valores son bajos comparativamente con los países de ALC, aunado a la pérdida del poder adquisitivo del venezolano que han generado que en los mercados mayoristas se recojan y vendan a un precio más reducido el 70% los desperdicios de los alimentos perecederos. Se hace imprescindible estimar el costo de deposición de los residuos de la agroindustria para tener una gestión inteligente de residuos aparente que cubra el costo mencionado, sumado a la Responsabilidad Social Empresarial o Valor Compartido.
La SVIAA presentó una iniciativa en el Plan de Respuesta Humanitaria Venezuela 2019 de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas –OCHA, por sus siglas en inglés–, cuyo objetivo principal era gestionar el establecimiento del primer banco de alimentos en Venezuela y reducir las pérdidas y desperdicios en la producción primaria, agroindustria y comercio. Las mismas fueron estimadas en 1.260.000 toneladas anuales para mediados del año 2019, lo que equivale a 105.000 toneladas mensuales; estas, a su vez, representaban el 10% del total de alimentos requeridos mensualmente para el segundo semestre de 2019. Ello, sin duda, permitiría suplir necesidades nutricionales de al menos un tercio de la población vulnerable subalimentada.
Con estas acciones se podría abordar la creación del primer banco de alimentos en Venezuela, para así reducir las pérdidas y desperdicios. Con ello se ayudaría a más ciudadanos en condición de vulnerabilidad, los cuales en Venezuela sobrepasan los 6,5 millones de personas.
Para el establecimiento efectivo de un banco de alimentos se requieren acciones conjuntas con la agroindustria y el comercio de alimentos para acopiar alimentos de todo tipo, con especial acento en los que se encuentran en fechas próximas al vencimiento, para garantizar su acceso en condiciones preferentes a sectores en riesgo cruzado, sanitario y alimentario. Es necesario aumentar el estudio de registros, estadísticas, legislación, jurisprudencia y documentación relacionada con el sistema y los programas de alimentación existentes, operados tanto por el Estado venezolano como por la empresa privada y las organizaciones no gubernamentales. En la Tabla Nº 3 se presentan algunos supuestos fundamentales para la creación de un banco de alimentos de acuerdo a orientaciones generales del Global Food Banking. Una vez constatado que existan los elementos en el país para crear un banco de alimentos, por ejemplo, empresarios y otros sectores que donen alimentos excedentarios, hay que preguntarse si la mejor vía para resolver o ayudar a resolver los problemas actuales es el modelo de banco de alimentos. Por ejemplo, hay que considerar que los bancos de alimentos no tienen los mismos alimentos y en la misma cantidad todos los días, ya que dependen de las donaciones de productos excedentarios que proporciones los donantes.

Uno de los aspectos más importantes sobre la situación de Venezuela es considerar que de acuerdo a la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela, en 1999 había aproximadamente 13.000 industrias activas y 20 años después, quedan 2.600 o menos. Entre los factores que han destruido al sector con el deterioro económico acelerado en los últimos años están la caída del consumo en el país, incertidumbre política, ausencia de financiamiento, fallas recurrentes en servicios públicos –como el suministro de electricidad, agua, combustible y la ausencia de unidades de transporte para traslado de las mercancías– (Fedecámaras, 2019). Lo mismo ocurre con la industria de alimentos. La perspectiva es oscura al considerar que si la industria ya estaba funcionando con menos de 20% de su capacidad instalada por las razones mencionadas, los efectos de la cuarentena por el SARS-CoV-2 serán dramáticos.
Sin embargo, hay que pensar en el futuro con optimismo, por lo que es fundamental continuar promoviendo los sistemas alimentarios sostenibles con un enfoque de economía circular que aproveche los residuos generados por la actividad y que mitigue los efectos del cambio climático. De esa manera, terminan enfatizando su compromiso desde su área de responsabilidad con la sociedad venezolana. Los bancos de alimentos con enfoque de economía circular y aprovechamiento total son hoy más que nunca una necesidad en el sistema alimentario venezolano.
Para finalizar, durante la actual pandemia de la Covid-19, los BdA han jugado un papel relevante en el mundo, continuaron trabajando en un escenario de cierre de empresas, disminución de donaciones, menor participación de voluntarios, grandes aumentos de los gastos de operación, incrementada demanda de alimentos por población confinada, hambrienta y empobrecida por falta de sus ingresos habituales. Han debido igualmente enfrentar el reto de vigilar los aforos por el riesgo de constituirse en epicentros de contagio, así como también, el de haber sido incorporados en conflictos políticos en el manejo de la epidemia.
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