La reterritorialización de un espacio de frontera. El Llano alto occidental de Venezuela, 1950-2000.
Reterritorialization of a frontier space. West high plains of Venezuela, 1950 - 2000.
La reterritorialización de un espacio de frontera. El Llano alto occidental de Venezuela, 1950-2000.
Procesos Históricos, núm. 30, pp. 59-76, 2016
Universidad de los Andes
Resumen: El llano alto occidental de Venezuela (LLAO), después de un floreciente tiempo agrario en la segunda mitad del siglo XVIII, entró en un largo período de contiendas bélicas y rezagos socioeconómicos que desestructuraron su conformación geoeconómica colonial. No obstante, desde mediados del siglo XX fue valorado como frontera agraria por políticas públicas nacionales y actores locales, en virtud de sus apreciables recursos naturales en combinación con la creciente demanda alimentaria y agro - industrial del país. En consecuencia se abrió un proceso de modernización y expansión agraria que apuntaló una desigual reterritorialización regional , que acá examinamos mediante un enfoque constructivista flexible que da cuenta de los factores involucrados en la nueva territorialidad.
Palabras clave: reterritoralización, llanos altos de Venezuela, modernización agrícola, frontera agraria.
Abstract: The west high plains of Venezuela, after a fluorishing time agrarian in the second half of the 18 th century, suffered a long breakdown due to military and socioeconomics backwardness during 19 th century. The growing agricultural demand in the county and the wide regional endowment of natural resources, valued the region as emergent frontier territory, under national public policies and several local actors, since the second half of 20 th century. However that process implied forces of uneven regional reterritorialization, which here are examined through a flexible constructivist approach for revealing factors, actors and proc ess in the new border territory.
Keywords: reterritorialization, west high plains of Venezuela, agrarian frontier.
La reterritorialización de un espacio de frontera. El Llano alto occidental de Venezuela, 1950 - 2000
Introducción
La agricultura siempre ha sido una actividad prominente en la construcción social de los territorios. Así lo confirman las relaciones involucradas en la apropiación del espacio geográfico: apropiación material (transformación, disposición y uso de recursos), dominio político (control y subordinación de acceso) o apropiación cultural (arraigo, identidad, simbolismo). El significado de territorio, por tanto, depende mucho de la óptica disciplinaria. La geografía política generalmente subraya la segunda concepción, en tanto la geografía cultural se da la mano con la antropología en la tercera. La geografía económica, en cambio, valora los entramados o patrones de producción, poblamiento y circulación generados por la apropiación material del espacio. Acá seguimos esos patrones territoriales que, pese a su relativa “larga duración”, no son estáticos u homogéneos, sino mosaicos de temporalidades desiguales, herencias ligadas a su dilatado pasado e innovaciones asociadas a emergentes ruralidades. En efecto, esos patrones experimentan cambios graduales o abruptos, regresivos o progresivos, según una combinación de fuerzas desiguale s de desterritorialización y reterritorialización. Las primeras desestructuran transitoria o definitivamente formas anteriores y si bien no extinguen anclajes culturales (recuerdos, memoria, nostalgia), sí modifican o substituyen sus componentes materia les, cambios que originan re territorialidades.1 De ahí que algunos usos perduren, otros desaparezcan, se transformen o sean substituidos por nuevos usos2.
El territorio como una construcción social se desarrolla en el tiempo a partir de unas bases materiales y un conjunto de instituciones y organizaciones que le otorgan cierta identidad y complejidad a los lugares que lo integran. Por consiguiente, nuevas ruralidades o nuevas territorialidades son el producto de innovaciones producidas por cambios globales, nacionales o regionales en espacios tradicionales. En América latina, sobresalen dos grandes procesos asociados: a) cambios en los usos, funciones e intercambios de las áreas rurales y, b) creciente desagrarización de la sociedad 3. Estas ideas nos permiten a bordar la reterritorialización de una frontera agraria en Venezuela: el llano alto occidental (LLAO). La calificación de frontera o reserva de “tierras nuevas,” refiere su posibilidad para procesos territoriales emergentes con mayores aplicaciones de capital y fuerza de trabajo. Precisamente LLAO, después de sufrir calamidades bélicas y económicas durante gran parte del siglo XIX y primeras décadas del XX, fue incorporado por el Estado e iniciativas de actores locales al proceso de modernización y expansión geo económica desde mediados del siglo XX4.
La región dispone de valiosos aportes sobre la modernización agrícola, particularmente del estado Portuguesa5. Sin embargo, carece de un enfoque geográfico que contextualice la nueva territorialización en el cuadro de las estrechas relaciones suscitadas entre políticas nacionales, crecimiento demográfico y procesos locales. En este sentido, el propósito central del presente trabajo consiste en identificar el juego de fuerzas que convirtieron a LLAO en la región agrícola más dinámica de la segunda mitad del siglo XX en desmedro de su amplia cobertura boscosa. Una significativa referencia metodológica la encontramos en los modelos cualicuantitativos que relacionan factores subyacentes o indirectos y factores próximos o directo s en la transformación de los territorios, como en los estudio s histórico s de la deforestación tropical6. En nuestro caso, entenderemos las políticas de Estado y el crecimiento demográfico como factores condicionantes a escala nacional, mientras que los actores y procesos regionales son vistos como factores locales directos de los cambios territoriales (Fig. 1). La imbricada relación entre ambos grupos de factores será abordada mediante un enfoque constructivista flexible, apoyado en análisis bibliográficos, cartográficos y censales agropecuarios y demográficos.

Modelo propuesto para el estudio de la reterritorialización de LLAO
Rasgos físicos del Llano alto occidental
Los llanos venezolanos conforman una extensa depresión de la gran cuenca del río Orinoco, aproximadamente 30 millones de hectáreas caracterizados por clima de sabana, cobertura de gramíneas, chaparrales y bosques de galería, densa red hidrográfica y relieve relativamente plano. Los principales ríos son navegables durante el período de lluvias, pero sus caudales descienden en la época de sequía. Esas características son variables de acuerdo con una división fisiográfica generalmente aceptada: llanos altos y bajos occidentales de los estados Apure, Barinas y Portuguesa; llanos altos y bajos centrales de los estados Cojedes y Guárico y llanos secos orientales de Anzoátegui y Monagas. Acá definimos el llano alto occidental (LLAO) como una faja irregular y relativamente estrecha de aproximadamente 3 millones de hectáreas, ubicada entre la vertiente sur de la cordillera andina y los llanos bajos occidentales. En si constituye un conjunto transicional variable entre los 350-400 msnm en el piedemonte y los 120-100 msnm en la llanura aluvial. Allí coexisten y se interpenetran lomas bajas, colinas y terrazas del piedemonte y acumulaciones detríticas más recientes de la sabana alta7

Ubicación de LLAO en la gran depresión central de Venezuela
En su extremo suroeste, temperaturas medias de 27-28 grados y precipitaciones de 2.300-2.500 mm tipifican una zona ecológica de bosque tropical húmedo. Hacia el extremo noreste las temperaturas son similares, pero las precipitaciones disminuyen a promedios de 1.300-1.500 mm, valores del bosque tropical seco, representativo de gran parte de la región. La subregión húmeda comprende parte de los estados Apure, Táchira y Barinas, mientras la sub-húmeda abarca porciones de Barinas, Portuguesa y una pequeña parte del estado Cojedes. Ambas subregiones separadas grosso modo por el río Santo Domingo8. Esa complicada configuración geomorfológica se prolonga desde la frontera colombiana, al suroeste, hasta el borde occidental del estado Cojedes en el noreste. Sin embargo, su mayor extensión incluye las áreas no inundables de los estados Barinas y Portuguesa (Fig. 2).
La sinuosa trayectoria geohistórica de la región
En ese territorio evidencias arqueológicas testifican una sociedad indígena suficientemente estable y organizada para mantener un patrón nuclear simple de asentamiento, cuyos c aminos de tierra y „caminos de agua‟ de la red hidrográfica Apure-Orinoco, canalizaron las comunicaciones con la cordillera andina y los llanos bajos respectivamente 9. En términos de la ecología regional podemos interpretarlo como un mega - paisaje de grano grueso, modelado por el eco-funcionamiento territorial y la dinámica geo-ecológica del contacto andino-llanero. Las implantaciones hispánicas “reordenaron” la base indígena mediante apropiaciones de tierras y concentración de sus poblaciones. Aunque muchos de los elementos autóctonos fueron validados, la desigual relación de dominio llevó al desmantelamiento de los antiguos territorios o la creación de territorios híbridos.

LLAO. Poblaciones y ruta s comerciales a finales del siglo XVIII
El tabaco fue desarrollado como principal producto de exportación en medianas plantaciones del piedemonte , donde sobresalieron los poblados de Guanare, Araure, Ospino, Pedraza, Obispos y Barinas como importantes centros tabacaleros 10. La competencia de otros tabacos americanos redujo la producción, desplazándose el eje económico hacia la explotación de carne y cueros en los hatos de la llanura. La difícil accesibilidad y lejanía a los puertos de exportación alentaron un afanoso mercado regional durante la segunda mitad del siglo XVIII, aprovechando la importante red hidrográfica11. El primer censo de la provincia barinesa (1787) registró un poco m ás de 30 mil habitantes, 150 centros poblados y aldeas, 182 haciendas, 105 trapiches de caña de azúcar, 534 hatos y 500 mil vacunos. A finales del siglo, las principales ciudades fluctuaban alrededor de 10 mi l habitantes, centros de irradiación comercial de la nueva geo -trama que se había formado a medida que se desterritorializaba la sociedad indígena12 (Fig. 3).
Las guerras independentistas (1811-1823) interrumpieron el comercio con España y afectaron la producción, los caminos y la población de gran parte del país. Poco después, la República comenzó a recobrarse con una modesta exportación agropecuaria, pero un nuevo conflicto bélico, la Guerra Federal (1859 -1863), le asestó otro duro golpe a la economía y demografía, sobre todo de los llanos. La República solo pudo salir del marasmo bélico hacia el último tercio del siglo XIX, favorecida por la gran demanda internacional de café. Sin embargo, el otrora floreciente LLAO quedó excluido de la reactivación económica pues no había mercado externo para sus disminuidos productos tradicionales, las endemias seguían haciendo estragos y carecía de „vocación‟ agroecológica para la caficultura, salvo en los bordes montañosos. Ese contexto trastocó y estancó los importantes anclajes de su antigua territorialidad colonial.

LLAO. Poblaciones y caminos a principios del siglo XIX
Así, al final de la segunda década del siglo XX, la población conjunta de Barinas y Portuguesa apenas rondaba los 150 mil habitantes, la superficie efectivamente cultivada en rubros alimentarios podía llegar a 50 mil hectáreas y el rebaño vacuno a las 300 mil cabezas. Las ciudades principales decrecieron a menos de 5 mil habitantes, los caminos seguían intransitables en época de lluvias y las enfermedades palúdicas devastaban la población13. Centros poblados precarios, baja densidad demográfica, aislamiento espacial y disminuida producción eran signos del estancamiento regional (Fig. 4). La primigenia cobertura boscosa se habría recuperado notablemente durante ese período de estancamiento poscolonial. Las condiciones geo-ecológicas, aunadas al contexto socioe conómico y político surgidas a mitad del siglo, posibilitaron la valoración de ese territorio como frontera agraria nacional.14
Factores condicionantes: políticas públicas y crecimiento demográfico
Después de la II Guerra Mundial el factor petrolero fue una especie de bisagra entre la República y el sistema capitalista mundial. El Estado--dueño de los yacimientos y receptor de la renta internacional del crudo--comenzó a recibir substanciales ingresos, dinamos del crecimiento y urbanización de la población, el aumento de los ingresos per-cápita, la construcción de infraestructura y equipamiento y de la expansión agrícola, intervenciones orientadas a la transformación del medio físico emprendida por la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez (1948 - 1958). El país iniciaba otra fase de su curso histórico bajo el amparo de la renta petrolera15. En 1961, al poco tiempo de terminar el gobierno militar, la red vial ya sobrepasaba los 30 mil km s asfaltados, frente a los escasos 3 mil km s no pavimentados de los años treinta; la tasa de crecimiento demográfico se situaba en 3,7 por ciento, entre las más altas del mundo, gracias al combate anti-malárico, y la población rozaba los 8 millones, la mitad en ciudades de más de 20 mil habitantes, evidencia del éxodo rural en marcha16. En corto tiempo la sociedad venezolana transitaba la ruta urbano - petrolera y la modernización agrícola.
El Estado, actor-factor de políticas públicas; la renta petrolera, principal fuente económica, y el crecimiento demográfico, factor de la de manda, actuaron como fuerzas motrices del crecimiento agrícola. En virtud del alza en la demanda alimentaria y de materias primas agrícolas, la recién instaurada política de substitución de importaciones propició la formación de medianos productores empres ariales y estructuras agroindustriales en algunas regiones del país. No obstante, la persistencia de viejas estructuras mini- latifundistas, requirió una Ley de Reforma Agraria (1960), que pudo organizar un plan masivo de transferencia de tierras baldías al Instituto Agrario Nacional (IAN), en las que se ejecutaron programas de habilitación e infraestructura para asentamientos campesinos y pequeños productores. En el contexto político-económico de los años cincuenta y sesenta, LLAO fue apreciado por el Estad o y los agentes sociales locales (empresarios, campesinos y técnicos agropecuarios) como frontera abierta de recursos (tierras baldías fértiles, disponibilidad de agua, bosques maderables, mano de obra) y, en consecuencia, objeto de altas inversiones públicas con fines de modernizar la agricultura e impulsar la reforma agraria. Transformaciones agro-empresariales, progresivo deterioro de asentamientos campesinos, disminución de la población rural y urbanización de la población debilitaron la reforma agraria convencional en la agenda pública. En estas circunstancias, el Estado decidió acoger, hacia finales de los años setenta, la política del desarrollo rural integrado de inspiración israelí, con el propósito de reforzar la modernización agraria en áreas de potencial agrícola comprobado. El Proyecto Integral de Reforma Agraria y el Programa Nacional de Áreas Rurales de Desarrollo Integral (ARDI) nuevamente le otorgaron relevancia agroeconómica a LLAO 17. Allí dos extensas áreas rurales de desarrollo integrado, Uribante-Arauca y Guanare-Masparro, ocuparon 1,5 millones de hectáreas. La primera, sin embargo, fue menos atendida, pese a que el Programa Integral Alto Llano Occidental (PIALLO-VEN 11) había diseñado un conjunto de pre-proyectos para reducir sus niveles de atraso socioeconómico. En ese retardo influyó su condición geográfica, poco atractiva para los esperados rápidos retornos del capital (inundaciones, lejanía a los mercados centrales, suelos menos fértiles, ganadería extensiva y bajas densidades demográficas).
El ajuste macroeconómico de mediados de los ochenta orientó la política de substitución de importaciones hacia el sector agro - empresarial. El Estado y las élites empresariales fortalecieron el vigente curso de la vía“ farmer ” y agroindustrial, incrementándose la producción en términos significativos, clara respuesta al aumento de la in versión total en la agricultura18. El “Milagro Agrícola”, como se le conoció en los medios de comunicación y agencias del gobierno, encontró su mejor desempeño en los llanos altos centro-occidentales, a partir de la expansión de los nuevos sistemas de producción. No obstante, al final de la década, desequilibrios económicos y sociales, distorsiones del gasto público y escaso estímulos a las exportaciones inviabilizaron el modelo proteccionista19. La caída de los precios del crudo y las fuerzas globalizadoras impusieron urgentes medidas neoliberales en los años noventa. El nuevo modelo neoliberal generó un clima de turbulencia política e incertidumbre, puesto que disminuyeron financiamientos y subsidios, aumentaron las tasas de interés y se liberaron las tasas de cambio. En consecuencia, desmejoraron los indicadores agrícolas en los rubros más protegidos, de menores ventajas comparativas o escaso poder competitivo. La superficie cosechada del país, por ejemplo, disminuyó de 2,3 millones de has en 1988 a 1,6 millones en 1999. Sin embargo, en LLAO las asociaciones de productores gestionaron asistencia técnica, canales de comercialización, servicios agrícolas y vías de financiamiento con el sector privado, acciones que atenuaron los impactos macroeconómicos negativos en los sistemas mejor organizados e integrados a industria, vale decir los sistemas mecanizados de Portuguesa y los de ganadería semi-intensiva de Barinas 20. De este modo políticas públicas, crecimiento demográfico y proceso de urbanización crearon las condiciones de entorno para que los agentes locales convirtieran a LLAO en un territorio emergente, el espacio regional de mayor fuerza dinamizadora de la agricultura venezolana, especialmente durante el período 1950 - 198 0. Este proceso está vinculado a un intenso movimiento colonizador de las tierras boscosas. En los hechos, los bosques de Barinas y Portuguesa retrocedieron de casi 3 millones de hectáreas en 1975 a 1,7 millones en 1988, más de la mitad en poco más de una década 21.
Comienzos de la reterritorialización: actores y procesos
La situación social y económica de LLAO a mediados del siglo XX todavía se mantenía en estancamiento generalizado. Las principales actividades económicas --aserraderos tradicionales, ganadería extensiva y cultivos semi-comerciales de cereales y leguminosas -- lidiaban con endemias palúdicas, caminos de tierra y precarios servicios públicos básicos. Pese a ello, los factores movilizadores del territorio comenzaban la transformación regional a través de la mecanización de las tierras de Turén, estado Portuguesa, la recuperación de la ganadería extensiva de los llanos de Barinas y la explotación comercial de los bosques regionales, es decir, se daban los primeros pasos de la modernización agraria como tímida respuesta a la demanda generada por el crecimiento de la población (Cuadro 1).

Rasgos agrícolas de los estados Barinas y Portuguesa. 1949-50
El Nuevo Ideal Nacional, proyecto ideológico de la cúpula militar dirigida por Marcos Pérez Jiménez, postuló la agricultura familiar moderna ( tipo farmer ) y las colonias agrícolas con inmigrantes europeos, como estrategia modernizadora del medio rural, sin modificar la estructura latifundista, un pensamiento anclado en el imaginario republicano del siglo XIX y primeras décadas del XX. 22. La frustrada experiencia histórica no impidió al régimen militar insistir en la fundación de colonias en varias regiones del país, en general con magros resultados. La más próspera, Turén, fue creada en 1949 con 24 mil hectáreas repartidas entre 431 parcelas a campesinos venezolanos y 297 a extranjeros, para cumplir planes agrícolas de la Corporación Venezolana de Fomento 23. La gestión política-gremial del grupo Acarigua, “pionero” agro-empresarial, jugó un papel central en la organización de la agricultura moderna de Turén y poco después más allá del estado Portuguesa 24. El Plan Nacional Arrocero (1949- 957) se concentró inicialmente en los llanos altos de Portuguesa, donde encontró suelos de sabana aptos para mecanización y siembra de cereales bajo riego. En 1950 se encontraban sembradas 20 mil hectáreas de arroz, dirigidas y trabajadas por agro-técnicos locales formados en escuelas agrícolas del centro del país, a quienes el Estado les facilitó insumos técnicos y crediticios. La experiencia de Portuguesa fue traslada da por los propios pro ductores a Barinas y continuó con otros rubros cerealeros y oleaginosos 25. En el sistema de riego Río Guárico--embalse más grande de la época, 42.000 has -- el IAN desplegó un programa de expropiación de tierras a objeto de implantar una agricultura irrigada de mediana producción. Aproximadamente 100 mil hectáreas, aunque el área regada pocas veces excedió las 60 mil hectáreas. Así, en el sistema de riego se desarrolló el principal centro arrocero de Venezuela 26.
Estas intervenciones elevaron la superficie de cultivos agroindustriales de Portuguesa de 29 a 150 mil hectáreas, un incremento de más del 400 po r ciento, durante la década 1950 - 1961. En Barinas este incremento fue menor, de 12 a 35 mil hectáreas, junto a un aumento de sus pastos cultivados de 34 a 85 mil hectáreas. Por lo contrario, la superficie de rubros campesinos solo aumentó de 9 a 12 mil hectáreas en ambos estados 27. De esta manera, rápidamente comenzaron a imbricarse procesos de modernización agrícola y expansión de la frontera agraria, combinación que contribuyó substantivamente al desarrollo de Acarigua-Araure (Portuguesa), principal polo a gro - comercial de la región, ciudad-gemela que duplicó su población a 44 mil habitantes, mientras la segunda ciudad, Barinas, pasaba de 9 a 26 mil habitantes. Esos proyectos acentuaron el flujo migratorio hacia la región desde la cordillera y la frontera colombiana, al tiempo que continuaba la explotación de los bosques como recurso de libre acceso, según la conocida „ tragedia de los comunes”. A fin de frenar la destrucción boscosa, el Estado decretó cuatro reservas forestales en esa década (Turén, Ticoporo, Caparo y San Camilo, 615 mil hectáreas), áreas productoras de madera sujetas a un régimen legal - administrativo de acuerdo con un plan de manejo forestal. Ese propósito, no obstante, tuvo poco control sobre la actuación de los agentes territoriales, beneficiarios , a su vez, de la madera y las tierras deforestadas. De hecho, IAN, campesinos, madereros y empresarios agrícolas hicieron desaparecer la reserva forestal de Turén. Así, mientras en otras regiones del país la población rural decrecía por el éxodo hacia campos petroleros y grandes ciudades, en LLAO la migración rural-rural hacía aumentar su población: de 214 a 364 mil habitantes entre 1950 y 1961, un incremento del 70 por ciento, la mayor parte en el medio rural.
Ampliación de la frontera productiva
La necesidad de rápidas y seguras vías de acceso a los mercados exigió mejorar la infraestructura vial. La conexión de Portuguesa con el centro-occidente del país y, sobre todo, la construcción de la carretera troncal del piedemonte barinés, 248 km terminados en 1964, abrieron la región al resto del país y la frontera colombiana. Las carreteras troncales y ramales locales arreciaron la corriente emigratoria andina y la incorporación productiva de tierras del piedemonte andino - llanero. En tal sentido, entre 1950 y 1971, la población regional ya había crecido de 214 mil a 563 mil habitantes y la superficie cultivada (cultivos y pastos sembrados) de 219 mil a 902 mil hectáreas, incrementos de 163 y 312 por ciento respectivamente. La dinámica agropecuaria, si n embargo, no parecía suficiente para aprovechar la potencialidad ganadera, lo que llevó al gobierno venezolano a conformar una alianza con la FAO (1969-1973) -- MAC-FAO-VEN 17-- para inducir cambios tecnológicos en manejo de forrajes y productividad ganad era del piedemonte barinés. Igualmente la Asociación de Cultivadores de Algodón y el Fondo Nacional de Desarrollo Algodonero aunaron esfuerzos en aras de revitalizar la mediana producción del cultivo. Un poco más tarde el Convenio Universidad Experimental de los Llanos Occidentales - Fundación Polar introdujo importantes innovaciones tecnológicas en maíz y la Asociación de Productores de Semillas Certificadas de los Llanos Occidentales en cultivares de arroz . Los distritos suroccidentales de la zona Uribante - Arauca (Páez de Apure, Ezequiel Zamora e Ignacio Briceño de Barinas), por lo contrario, continuaban con sus usos tradicionales -- ganadería extensiva, raíces y tubérculos -- asociados a una población que apenas alcanzaba 64 mil habitantes y la presencia de un solo centro urbano (Guasdualito, 7.800 habitantes en 1971).

Crecimiento de centros poblados del piedemonte barinés (No. de habitantes)
La expansión y modernización agrícola del eje piemontino siguió su marcha en los ochenta bajo la protección de las políticas nacionales, la creciente demanda de la población y los factores movilizadores locales. En esa época destacan los proyectos de riego, de especial importancia en la nueva agricultura (embalses de Las Majagua s, Santo Domingo, Boconó-Masparro, Tucupido) 28. De hecho, casi la mitad de las tierras efectivamente habilitadas en el país para usos agropecuarios se encontraba en los estados Barinas y Portu guesa. Los impactos demográficos y productivos se hicieron sentir en la región y el otrora desolado piedemonte barinés vio crecer sus centros poblados a lo largo de la carretera troncal Barinas - San Cristóbal, al lado del estancamiento demográfico de la llanura aluvial del extremo suroeste . La ciudad de Barinas incrementó su población, pues dio un salto de 15 veces en 30 años. Un caso particular fue Socopó, localidad inexistente en 1950, que pudo conformarse como centro poblado con el flujo migratorio, es decir , un pueblo construido por inmigrantes andinos y colombianos, posteriormente de importante posición en la red urbana del piedemonte andino-llanero (Cuadro 2).
El drama de las reservas forestales
La colonización de las reservas forestales planteó un agudo problema social y ecológico al Estado venezolano, por sus directas implicancias en la biodiversidad y la regulación de recursos del dominio público. En efecto, al no poder ser enajenadas ni colonizadas sin autorización de la instancia legislativa nacional, ocurrieron frecuentes enfrentamientos con grupos agropecuarios, madereros, campesinos e incluso funcionarios del Instituto Agrario Nacional. Paradójicamente el IAN aparecía como importante agente maderero, puesto que comercializaba el producto de las deforestaciones en las dotaciones de tierras de la reforma agraria. A partir de 1970, el Estado recurrió a la política de concesiones forestales empresariales para detener el avance de la colonización y garantizar el manejo sostenible del bosque. Extinguida la reserva de Turén (Portuguesa) y muy comprometida la de San Camilo (Apure), las reservas de Ticoporo y Caparo (Barinas) fueron concedidas a un grupo de aserraderos industriales. La política forestal reconocía, así, la función del modelo regulatorio empresarial, según el cual se esperaba que el propietario privado mejorara el valor del recurso a través del plan de ordenación y manejo forestal.
El Ministerio del Ambiente y las concesionarias ensayaron varias respuestas para “sanear” las áreas colonizadas. Una, la incorporación de colonos a proyectos agroforestales de las empresas, se manifestó poco viable por el largo período de retorno de los cultivos forestales y la preferencia campesina por actividades agropecuarias. Otra, la reubicación de colonos en proyectos agrarios ubicados en áreas desincorporadas de las reservas, tuvo limitado éxito dada la oposición de las autoridades ambientales. Finalmente, la experiencia de empresas mixtas entre el IAN y la Federación Campesina corrió con la misma suerte. La más organizada, Empresa Mixta Forestal Campesina Ticoporo (EMI FOCA), al poco tiempo fue legalmente intervenida por razones administrativas 29. En síntesis, los modelos regulatorios fueron ineficientes para controlar los frentes de colonización y las reservas forestales se redujeron a menos de una octava parte de su ex tensión original. En consecuencia, allí se expandieron formas agrícolas minifundistas y pecuarias latifundistas, pero al mantener el carácter jurídico de áreas bajo administración especial surgió una paradoja ecológica: reservas forestales sin bosques 30.
Consolidación de la trama territorial
La conversión de los bosques en áreas agropecuarias estabilizó los frentes de colonización de Barinas, en tanto disminuía la migración rural hacia LLAO por el propio agotamiento del bosque y la ampliación del latifundismo ganadero. Al mismo tiempo, la producción agro-industrial se difundía en los llanos altos de Portuguesa y llanos altos centrales de Guárico. El área de influencia agroindustrial de Acarigua-Araure se consolidó con importantes empresas dedicadas al procesamiento de cereales, caña de azúcar, algodón y madera. La ganadería de doble propósito, por otro lado, se desarrolló en los piedemontes de Barinas-Táchira, donde adoptó y adaptó innovaciones tecnológicas y gerenciales. La región se sintonizaba, de esta manera, con la demanda nacional de la industria agroalimentaria, especialmente de cereales, carne, leche y caña de azúcar, rubros privilegiados del “milagro agrícola” de los años ochenta. Esos procesos favorecieron la red urbana del piedemonte andino - llanero.
El modelo neoliberal de los noventa, si bien dislocó el desempeño de la agricultura venezolana, sus efectos fueron atenuados en los llanos altos centro occidentales. Ventajas conjuntas nacionales y locales (cambios tecnológicos, demanda alimentaria, desregulación del mercado, gestión privada de productores, financiamiento privado) estimularon la producción regional. El tonelaje de cereales de Portuguesa y Guárico aumentó de 1,3 a 2,2 millones durante el período 1992 - 2001 (maíz, arroz y sorgo). Maíz, el cultivo líder, recibió trato preferencial de financiamiento en virtud de su tradicional patrón cultural de consumo y aportes energéticos y proteicos al sistema alimentario.
Igualmente, la integración de los sistemas cañeros a grandes centrales azucareros posicionó al estado Portuguesa en la primera producción nacional de azúcar. De este modo, la ciudad Acarigua - Araure se erigió en el principal centro agroindustrial nacional. De igual manera, la producción de leche de Barinas ascendió de 60 a 178 millones de litros y el volumen de yuca de 15 a 120 mil toneladas 31; además de una importante ganadería semi-intensiva en el piedemonte, donde accesibilidad, innovaciones y tradición ganadera, posibilitaron la reducción de los insumos más caros y vinculaciones más estrechas con plantas pasteurizadoras y salas de beneficio de las principales ciudades regionales.
A finales del siglo, la población regional se acercó a los 1,5 millones, gran parte concentrada en las ciudades de Barinas, Acarigua - Araure y Guanare, conectadas por la nueva autopista José Antonio Páez. Hacia el oeste una cadena de pequeños y medianos poblados crecieron a lo largo del eje troncal del piedemonte barinés y hacia el noreste una carretera troncal comunicaba la región con Barquisimeto, princip al ciudad industrial del centro occidente (Cuadro 2).
En resumen, la estructura de la trama regional se encontraba consolidada, aunque con menor fortaleza en la llanura aluvial del suroeste, inundable en la época de lluvias por los ríos Sarare, Uribante, Arauca y Caparo. Así, baja densidad demográfica, limitaciones ecológicas, carreteras locales, agropecuaria tradicional y una masa de colonos en la reserva forestal de San Camilo, diferenciaba la zona Uribante - Arauca del resto de la región (Fig. 5).

Crecimiento urbano en el piedemonte andino - llanero (No. de habitantes)

LLAO a finales del siglo XX
Selectividad espacial del proceso de modernización agraria
Las políticas públicas y el crecimiento demográfico, vía demanda agropecuaria, condicionaron los impulsos directos de los agentes locales en el territorio, pero la combinación de factores, actores y procesos no operó de la misma manera y al mismo tiempo, es decir, su desigual trayectoria témporo-espacial explica también la desigual territorialización. Dicho de otro modo, no existió simultaneidad entre factores condicionantes nacionales y factores regionales, pues los segundos selecciona ron los lugares de mayor rentabilidad real o potencial, pero también debieron superar los efectos de cierta “inercia territorial” e incongruencias entre tiempos políticos y tiempos técnicos de los proyectos. Por tanto, al final los cambios territoriales se expresaron en intensidades y coberturas vari ables, acordes con el carácter selectivo del proceso modernizador. En efecto, el mapa de uso del territorio a finales del siglo XX revelaba que:
Labranza mecanizada, producción agroindustrial, crecimiento demográfico y económico, localizados en el noreste de Portuguesa, constituían el “luminoso” centro agro-empresarial del espacio regional. Allí los actores locales aprovecharon las ventajosas condiciones productivas: financiamiento, fuerza de trabajo, suelos de alta capacidad agrológica, sistemas de riego y fluida accesibilidad a los mercados. Por lo contrario, los menores niveles de intensidad de capital y trabajo en los sistemas extensivos ganaderos, yuqueros y bananeros del suroeste , en su mayoría permanecieron a la “sombra” de húmedos ambientes periféricos: bajas densidades, redes inestables de infraestructura y servicios, dispersas y precarias organizaciones de reforma agraria, explotaciones pecuarias extensivas, economías de autoconsumo en relictos boscosos y pesca artesanal en ríos, todos testigos de diferentes épocas del pasado.
La reciente territorialización fraguó una nueva ruralidad agroalimentaria, cuyos mayores capitales territoriales están centrados en agroindustrias de las principales ciudades y modernos sistemas agro-productivos. En efecto, modernización tecnológica, estrategias de reforma agraria y gestión agro-empresarial -- procesos básicos de la territorialización--funcionaron según un sistema de interacciones socioeconómicas materializado a escalas locales. En esos lugares cristalizaron patrones innovadores de producción y poblamiento, mientras que en los lugares menos aventajados perduraron transiciones y persistencias heredadas. El “granero” del país ejemplifica, así, la típica formación de nuevas territorialidades en áreas de expansión agrícola, en este caso la transformación de un ecosistema bosque - sabana en un desigual entramado territorial.
Una conclusión inacabada
El estudio de la nueva territorialización de LLAO pone de relieve tres puntos de interés. Primero, que las múltiples y variadas articulaciones de los factores y actores de la construcción regional, dificultan su separación a nivel empírico, pues son redes e influencias que se entretejen a distintos tiempos. Segundo, que la heterogénea dinámica socio - espacial hace del territorio un todo de desiguales realizaciones a distintas escalas en diferentes lugares. Tercero, que el territorio como proceso seguirá su curso, más intensivo en las áreas dinámicas y menos en las áreas rezagadas del capital y la producción. Es decir la reterritorialización continuará solo que, al menos en el corto plazo, la distinción urbano-rural tenderá a mantenerse. Sin embargo, la frecuencia e intensidad de flujos espaciales podrá conducir a una resignificación convergente de áreas urbanas y periferias rurales – procesos de interterritorialidad-especialmente en los espacios de influencia de las principales ciudades. Un reto para las novedosas propuestas de desarrollo territorial que hoy se abren campo en América Latina.
Referencias
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Notas