La botica y los boticarios de los Jesuitas en Santafé de Bogotá (1616-1767)
Jesuits Pharmacy and apothecaries, in Santafé de Bogotá (1616-1767)
La botica y los boticarios de los Jesuitas en Santafé de Bogotá (1616-1767)
Procesos Históricos, núm. 32, pp. 103-119, 2017
Universidad de los Andes
Recepción: 01 Diciembre 2016
Aprobación: 01 Marzo 2017
Resumen: En la historiografía colombiana de los últimos años, el estudio de las boticas coloniales ha adquirido gran importancia y, entre ellas, ha gozado de prestigio la que funcionó en el Colegio Máximo de Santafé de Bogotá (1616-1767). Este estudio se centra en la elaboración del elenco de boticarios que desempeñó tan importante función como fuente necesaria para reconstruir todo el edificio profesional e intelectual que supuso este proyecto. En ese contexto, se clarifican los conceptos jurídicos que definen al Colegio Máximo, la Universidad Javeriana, el Colegio Mayor de San Bartolomé, la Iglesia de San Ignacio y otras dependencias, como la Botica y la Imprenta.
Palabras clave: Botica, Boticarios, Colegio Máximo, Universidad Javeriana, Manzana jesuítica.
Abstract: In recent Colombian‟s historiography, the study of colonial‟s apothecaries (or pharmacies) has acquired great relevance and, among them, it has become very prestige the one established in the “Colegio Máximo de Santafé de Bogotá” (1616-1767). This article center in the preparation of apothecaries‟ crew, which developed such important role as source to rebuild the completely professional and intellectual building of Jesuits project. In this context, the legal concepts: Colegio Máximo, Universidad Javeriana, San Bartolomé College, San Ignacio Church and other dependencies, such as the Apothecary and the Printing Industry, are clarified.
Keywords: Apothecary or Pharmacie, Colegio Máximo, Universidad Javeriana.
1. Introducción
La colonización de los espacios americanos fue una tarea ímproba y lenta sobre todo en los terrenos relativos a la salud y a las enfermedades como lo atestiguan las condiciones alarmantes de insalubridad y sobre todo las pestes y epidemias recurrentes. De ahí la importancia que asumieron las boticas y por ende la producción de medicamentos en donde las órdenes religiosas desarrollaron una loable labor.1
En el presente artículo trataremos de construir el elenco de “boticarios” que laboraron en la Botica del Colegio Máximo de Santafé de Bogotá dada la importancia que asumió esta institución hasta el año 1767, fecha en que los miembros de la Compañía de Jesús fueron expulsados por el rey Carlos III de todos los dominios hispanos. Más antes de proceder al estudio del tema propuesto se imponen algunas observaciones críticas que ilustren la mejor comprensión de la personalidad jurídica en que se insertaba la botica y algunas consideraciones sobre la formación profesional de sus gerentes. La sede en donde los miembros de la Compañía de Jesús realizaron su mejor proyecto neograndino ha sido denominada la “Manzana jesuítica” que forma parte de la vida de la Plaza Mayor de Santafé de Bogotá.
Formulamos esta proposición porque dentro del imaginario histórico bogotano tres instituciones parecieran asumir el liderazgo representativo: la Universidad Javeriana,2 el Colegio Mayor de San Bartolomé3 (que es periférico a la Manzana) y la Iglesia de San Ignacio.4 Sin embargo, la realidad jurídica presenta otra visión que es necesario precisar.
2. Organización interna
Todas las instituciones que hacían vida en la “Manzana jesuítica” dependían jurídicamente del denominado “Colegio Máximo”5 a excepción de la “Curia Provincial” que era la sede donde residía el Provincial de la Provincia jesuítica del Nuevo Reino de Granada y su equipo asesor, y, por ende, se erigía como el cerebro rector de todos los proyectos desarrollados en los amplios terrenos que configuraron la entidad jurídica del mismo nombre. Sus dimensiones las definen las actuales Repúblicas de Colombia, Venezuela y República Dominicana, y durante el siglo XVII también de Ecuador y Panamá.
Así pues, si exceptuamos la “Curia Provincial”, el concepto de “Colegio Máximo” abarcaba las siguientes entidades. En primer lugar, la Residencia de los jesuitas que estaba integrada por el Rector, el correspondiente claustro profesoral de la Universidad Javeriana al que se debe añadir todos los agentes que laboraban en la totalidad de la “Manzana” y la comunidad de todos los estudiantes jesuitas cursantes en esta Casa de los Saberes. En segundo término, todo el complejo mundo que se cobijaba al amparo de la Universidad Javeriana: Las Facultades de Teología6, Artes7, Jurisprudencia8, Lenguas9 y los estudios primarios. De igual forma estaban adscritas dependencias como la Biblioteca 10 y otras entidades. Otro conglomerado lo constituía el cuerpo de jesuitas encargados de que el templo de San Ignacio tuviera significación dentro de la ciudad, a través de la complicada red de organizaciones eclesiásticas que procuraban la promoción espiritual y moral de sus asistentes. El último estamento lo configuraban todas esas personas anónimas que constituían el sostén de las infraestructuras que debían garantizar el perfecto desarrollo de todas las instituciones que tenían vida dentro de la Manzana como la botica 11, la imprenta12, las haciendas y el orden y disciplina internos.
Si quisiéramos graficar todos esos estamentos a través de una realidad concreta nos remitiremos a las informaciones que ofrece el catálogo de la Provincia del año 1751 13. En la comunidad del Colegio Máximo residían 42 sacerdotes, 13 estudiantes jesuitas y 19 hermanos coadjutores, lo que arroja un total de 74 personas. El estamento directivo de toda la Provincia del Nuevo Reino lo formaban 5 personas directas: el provincial, el secretario y su adjunto, el procurador de Provincia y su ayudante; y 4 consultores que también se ocupaban de otras tareas. El claustro de la Universidad Javeriana convocaba al Rector, 2 profesores de teología escolástica, 1 de moral, 1 de artes, 2 de lenguas (y 1 en tiempos pretéritos el catedrático de lengua chibcha), así como algunos asesores espirituales. Aquí hay que anexar al hermano coadjutor que enseñaba en la escuela de primeras letras.
Los servicios religiosos del Templo de San Ignacio eran atendidos de forma permanente por 11 sacerdotes bajo la dirección de un coordinador. Toda la gestión económico-administrativa descansaba sobre 7 sacerdotes y 5 hermanos coadjutores, amén del coordinador. El mantenimiento de las infraestructuras corría a cargo de 13 hermanos coadjutores entre los que debemos señalar el boticario y su ayudante, el carpintero, la botica y su ayudante y a veces el impresor. En consecuencia, la “Botica” era una dependencia del “Colegio Máximo” pero ello no excluye que sus preocupaciones intelectuales fueran ajenas a los hombres de la Academia sino que se puede verificar un mutuo enriquecimiento a la hora de buscar soluciones.
Sobre el delicado problema de la existencia y competencia de las boticas aducimos dos testimonios ilustrativos. Federico González Suárez hace referencia en su Historia del Ecuador a las pingües ganancias que tenían las boticas jesuíticas tanto en Quito como en Santafé14. Desconocemos sus fuentes pero es interesante conocer la argumentación del P. José Jouanén. Al respecto cita una carta del P. General en la que se afirma:
El P. Martínez Rubio siendo Rector de Quito, en 1684, puso botica por estar la de la ciudad muy mal parada, corrompidas las medicinas y también en manos de un ignorante, que con desconsuelo y peligro grande de los sujetos, trocaba las recetas.15
Y el 24 de septiembre de 1695 le escribía al Rector de Quito el Superior supremo de los jesuitas en Roma: “Siendo las boticas tan necesarias en los colegios de Santafé y de Quito para la salud de los Nuestros” establece las normas para la venta de sus productos y en el fondo desea evitar cualquier especie de negociación. Y concluye: “El P. Calderón trabaja mucho para conseguir dos buenos boticarios, y que estos enseñen a otros”.16
Un segundo problema lo presentan los “boticarios” ya que es importante para ulteriores investigaciones conocer sus nombres, su formación y también su desempeño. Siempre fueron Hermanos Coadjutores, es decir, jesuitas no sacerdotes pero debemos señalar que en la Historia de la Compañía de Jesús en Hispanoamérica jugaron un papel crucial, aunque todavía no se ha estudiado suficientemente su aporte a las ciencias aplicadas coloniales17. En el caso concreto del Nuevo Reino de Granada hubo arquitectos, ebanistas, pintores, impresores, boticarios que con su labor callada supieron enriquecer el complejo arquitectónico de la Manzana que estudiamos y generar sus imitaciones en los grandes espacios geográficos que separaban el Océano Pacífico del Atlántico 18. En este trabajo nos limitaremos a los que gestionaron la Botica ya que hasta el presente no conocemos ningún estudio que haya incursionado tan importante labor.
3. Fuentes
Las fuentes principales para este estudio radican fundamentalmente en los Catálogos de la Provincia del Nuevo Reino (1610-17561), documentos que cíclicamente recogían la actividad de cada uno de los miembros de esta jurisdicción. Gracias a esa documentación hemos podido trazar la primera síntesis biográfica de tan notable oficio.19 Otra ruta de interés serían las Cartas Anuas, colección de escritos oficiosos que recogían y reseñaban la actividad de las instituciones en favor de la ciencia, la educación, la promoción espiritual y social, tanto de las sociedades neogranadinas como del complejo mundo indígena que habitaba los grandes espacios geográficos de la Orinoquia20. También son de importancia capital los expedientes levantados por los comisarios regios que llevaron la tarea de inventariar todos los bienes de la Manzana jesuítica tras el decreto del rey Carlos III, el 1º de agosto de 1767, por el que expatriaba de todos sus dominios a los miembros de la Compañía de Jesús21. Es lógico que se encuentren expedientes en el Archivo General de la Nación sobre los más diversos problemas que suscitaron las boticas en Bogotá y por ello se puede llegar al conocimiento de algunos de los boticarios a través del estudio del consiguiente expediente.
Un punto interesante en el estudio de los gerentes de la Botica es el de su formación. Hay que reconocer que el complicado mundo de la medicina y la farmacia en los tiempos coloniales fue difícil y controlado por los organismos oficiales, y es evidente que conforme se vayan abriendo nuevas investigaciones locales se irá enriqueciendo el conocimiento de esta controversial disciplina. En tal sentido queremos resaltar la obra de Paula Ronderos, El dilema de los rótulos porque afronta con nitidez documental el mundo de la farmacia y los fármacos a comienzos del siglo XVII22. Ciertamente estamos ante un certero libro de consulta para entender la botica y los boticarios neogranadinos. Al parecer, la institucionalidad de los boticarios se mantuvo a lo largo de la biografía colonial del Colegio Máximo y fue lugar de experimentación de las fórmulas tanto del viejo como del nuevo mundo: la personalidad profesional de algunos de sus directores nos inducen a pensar que científicamente estaban bien preparados.23
Además, nos consta de la preocupación de las autoridades jesuíticas por los estudios sobre la salud ya que motivaron la enseñanza de la medicina en la Javeriana el 1º de abril de 1636 bajo la dirección de don Rodrigo Enríquez de Andrada, médico graduado en la Universidad de Alcalá.24 En el caso de los Boticarios javerianos debemos confesar que hasta el momento no poseemos información documentada directa su capacitación profesional pero sí existen los testimonios indirectos que parecen garantizar su idoneidad en la materia farmacéutica. Además, siempre los hombres formados en la Universidad Javeriana eran conscientes de que la “Manzana jesuítica” era no sólo lugar de formación para el futuro, sino también destino obligado de todas las noticias y descubrimientos con que sus egresados debían enriquecer ese Centro de los Saberes. Y en el caso concreto de los misioneros de la gran Orinoquia eran conscientes de que la Universidad era el espacio idóneo para realizar sus consultas y mantener la correspondencia científica con sus corresponsales bogotanos, como lo evidencian, por ejemplo, los envíos del P. Gumilla al “hermano Juan de Agullón, boticario, médico y excelente químico del colegio máximo”25 así como también de su intercambio epistolar con un médico de Santafé de Bogotá.26
Otra fuente de exploración para los científicos tuvieron que ser los diccionarios y vocabularios elaborados por los misioneros como norma de consulta para identificar las plantas y su denominación tanto indígena como castellana27. En este contexto es interesante anotar la observación del misionero Felipe Salvador Gilija este respecto: “De hacer un libro en este estilo, cuánto se podría decir. No hay acaso en el mundo otra región que abunde más que América en simples escogidísimos, aptos para curar las enfermedades humanas. De allí nos vienen la quina, de allí la zarzaparrilla, el salsafrás, el copaiba, y otras cien drogas, de que hoy abunda la Italia”28. En última instancia se trataba de una experiencia acumulada tanto por la observación directa del modo de actuar de los indígenas y sobre todo de los piaches29 así como también de las reflexiones de los españoles allí residentes30 y de la recopilación y ensayos llevados a cabo por los propios misioneros.31
Finalmente, en cuanto a la fecha del inicio de la Botica jesuítica en Bogotá no la hemos podido precisar, pero, según Esteve Barba, habría comenzado a funcionar hacia 1618 y "fue la única autorizada -según el mencionado autor- hasta que el Convento de Predicadores abrió otra en 1763"32. Precisamos que se trata de una botica institucional.
4. Boticarios
Si nos atenemos a la información de los Catálogos tenemos noticia cierta de que en 1616 fungía como boticario el Hermano Francisco Gonzalo.33 Y si apelamos a la fuente de las Cartas Anuas la noticia de la existencia de la Botica sólo aparece con ocasión de la acción de los hombres del Colegio Máximo ante la calamidad que supuso la peste en 1638 : “Nuestra casa de Santa Fe gastó en esta ocasión gran suma de ducados en limosnas y estuvo nuestra botica patente a los pobres; y no solo esto, pero el Padre de la cofradía de los indios puso despensa pública en que se daba lo necesario a los del pueblo y a esto acudían algunos piadosos del lugar con limosnas más que medianas”34.
Con estos antecedentes pasamos a ofrecer la primera lista de los Boticarios que dirigieron la Botica desde su fundación hasta el año 1767. Fundamentalmente la información proviene de los Catálogos de la Provincia del Nuevo Reino. Francisco Gonzalo (1580-?).35 Nació en Durón (Diócesis de Sigüenza) hacia 158036 e ingresó en la Compañía de Jesús el 24 de febrero de 1608.37 No hemos podido precisar cuándo vino a América. En 1610 laboraba en el Colegio de Bogotá.38 En el catálogo de 1616 aparece ya como Boticario del Colegio Máximo39 y en este cargo permanecería, al menos, hasta 1626,40 fecha en que aparece como fugado.41 En 1628 fue despedido de la Compañía de Jesús.42 Ignoramos ulteriores datos de su biografía.
Diego Molina (1595-1659).43 Nació en Priego (Córdoba) hacia 159544 e ingresó en la Compañía de Jesús el 1º de septiembre de 1612.45 Atravesó el Atlántico en la expedición de 161846. En 1623 residía en la Universidad Javeriana.47 Posteriormente, al menos de 1642 a 1659, ocupó el cargo de Boticario en el Colegio Máximo48. En 1655 se le reseña como ayudante del Procurador ante las cortes de Madrid y Roma.49 Por un tiempo vivió en Cartagena de Indias como Procurador de la Provincia del Nuevo Reino (1659-1661).50 En 1664, a los 69 años de edad, todavía se desempeñaba como Boticario.51 Sus últimos años transcurren en Santafé.52 Falleció en Bogotá el 19 de octubre de 1669.53
Manuel Fernández (c.1609-1681).54 Nació en España hacia 160955 e ingresó en la Compañía de Jesús el 11 de diciembre de 162756. No hemos podido precisar cuándo vino a América.57 En su biografía jesuítica aparecen tres etapas: la primera como Boticario del Colegio Máximo que no podemos precisar cuándo comienza pero concluye hacia 1658.58 La segunda se desarrolla en el colegio de Popayán (1659 hasta posiblemente 1665).59 La tercera etapa se consuma en Bogotá (1667-1681) y todos los catálogos lo señalan como "caecus".60 Falleció en Santafé el 9 de diciembre de 1681.61
Nicolás Fernández de Acuña (c.1624-1662).62 Nació en Tunja hacia 162463 e ingresó en la Compañía de Jesús el 22 de julio de 1642.64 En 165765 aparece como Boticario del Colegio Máximo y en este cargo duraría hasta su prematura muerte (1657-1662).66 Falleció en Santafé de Bogotá el 10 de marzo de 1662.67
Ignacio Carranza (1687-1733).68 Nació en Santafé de Bogotá el 13 de abril de 1687 e ingresó en la Compañía de Jesús el 10 de diciembre de 170269. Durante algún tiempo fue ayudante del Boticario y como tal aparece en 171170. En 1713 había abandonado ese cargo71 y desempeñó otros oficios dentro de la Universidad Javeriana.72 La muerte le sobrevino en Cartagena de Indias el 18 de junio de 1733.73
Inocencio Hoesteler (Höchstetter) (1694-1747).74 Nació el 8 de octubre de 1694 en Mindelheim (Diócesis de Ausburgo) e ingresó en la Compañía de Jesús el 10 de abril de 1722.75 Atravesó el Atlántico en la expedición del P. Mateo Mimbela el año 1723.76 Llegado al Nuevo Reino debió residenciarse en Bogotá en donde satisfizo sus servicios como Boticario en el Colegio Máximo, por lo menos hasta 1736.77 En 1738 debía estar al mando de alguna de las haciendas de la Universidad Javeriana78. Falleció en la hacienda de Apiay el 5 de octubre de 1747.79
Juan Agullón (1659-1737).80 Nació en Huesca81 el 19 de abril de 165982 e ingresó en la Compañía de Jesús el 12 de febrero de 1681.83 De Zaragoza se dirigió a Sevilla a donde llegó el 3 de abril de 1694 y atravesó el Atlántico en la expedición de 1695 dirigida por el P. Pedro Calderón.84 Toda su biografía americana se desarrolló en Santafé de Bogotá (1695-1737) al frente de la Farmacia que prestaba sus servicios dentro del complejo del Colegio Máximo.85 El P. José Gumilla lo conceptuaba como "... boticario, médico y excelente químico del colegio máximo"86. Falleció en Bogotá el 9 de enero de 1737.87
Juan Artigas (1698-1759).88 Nació en Valdeneu (Barcelona) el 8 de octubre de 1698 e ingresó en la Compañía de Jesús el 25 de octubre de 1734.89 Viajó de Barcelona al Puerto de Santa María a donde llegó el 17 de enero de 1734 y atravesó el Atlántico en la expedición que condujo el P. Ignacio Meaurio en 1735.90 Concluyó su noviciado en Bogotá en donde pronunció sus votos del bienio el 26 de octubre de 1736.91 Su biografía americana (1735-1759) se circunscribió a Santafé de Bogotá en donde estuvo siempre al frente de la Farmacia del Colegio Máximo.92 Falleció en la capital del virreinato el 8 de julio de 1759.93
Juan Bruno Prieto (1716-1792).94 Nació en Helito (Cuenca)95 el 7 de octubre de 1716 e ingresó en la Compañía de Jesús el 15 de febrero de 1734.96 Se encontraba en el Puerto de Santa María el 10 de febrero de 1734 y atravesó el Atlántico en la expedición de 1735 dirigida por el P. Ignacio de Meaurio.97 Llegado al Nuevo Reino pasó a Tunja donde se desempeñó como sacristán y portero.98 En 1736 se había radicado en la capital del virreinato y se desempeñaba como encargado de la enfermería del Colegio Máximo.99
Después actuó durante varios años como ayudante de la Botica del H. Juan de Artigas.100 Fallecido el titular en 1759 ascendió a la dirección hasta la expulsión (1759-1767) de la Compañía de Jesús.101 Expatriado a Italia falleció en Ferrara el 26 de octubre de 1792.102
Leonardo Wilhelm (1722-1767).103 Nació el 25 de octubre de 1722 en Mindelheim e ingresó en la Compañía de Jesús el 7 de marzo de 1754.104 Concluido su noviciado pasó al Puerto de Santa María a donde llegó el 26 de agosto de 1756 y se embarcó para el Nuevo Reino en la expedición de 1761 dirigida por el P. José Pagés.105 Su breve estancia en Bogotá (1761-1767) la dedicó a ser ayudante del Boticario del Colegio Máximo.106 El decreto de expulsión de la Compañía de Jesús de tierras americanas le sorprendió en la Universidad Javeriana el 1º de agosto de 1767107. Falleció el 7 de noviembre de 1767 durante la travesía de Cartagena a La Habana.108
Luis Marís (1735-1800).109Nació en Lérida (Cataluña) el 14 de diciembre de 1735 e ingresó en la Compañía de Jesús, en Tunja, el 1 de febrero de 1755.110 En 1756 se había trasladado, siendo novicio, al Colegio Máximo donde actuaba como ayudante del Boticario.111 En 1763 residía en el Colegio de Mompox como Maestro de Escuela112 y en ese servicio permanecía en 1764.113 La expulsión le sorprendió en el Colegio Máximo de Bogotá el 1º de agosto de 1767.114 Abandonó la capital santafereña el 6 de agosto.115 Fue reseñado en el Puerto de Santa María el 18 de abril de 1768.116 Desterrado en los Estados Pontificios vivía en 1774 en Cantiano y falleció en Urbino a comienzos de 1800.117
5. Consideraciones finales
Sin lugar a dudas en la Historia de la Compañía de Jesús en Hispanoamérica, la Botica y sus gestores: los boticarios, conocedores de las artes curativas basada en plantas, yerbas y minerales desempeñaron un papel fundamental en el conocimiento de la farmacopea y de la medicina neogranadina. Su labor, conocida por la importante información proporcionada fundamentalmente por los Catálogos de la Provincia del Nuevo Reino (1610-1761), permitieron junto a las Cartas Anuas, no solo delinear un embrionario sumario de sus miembros, sino también el quehacer de cada uno de ellos en el valioso desempeño de ese noble oficio que culminó con su expulsión en 1767.
Fuentes y bibliohemerografía. Fuentes primarias
BOGOTÁ. Archivo Nacional de Colombia (ANB) Curas y obispos, 43, Temporalidades, 7, 9,
MADRID. Archivo Histórico Nacional de Madrid (AHN) Jesuitas, 827/2, 955,
ROMA. Archivum Romanum Societatis Iesu (ARSI) Historia Societatis, 48, 49, 53a, Provincia Novi Regni et Quiti, 1, 3, 4, 5, 14-I,
SEVILLA. Archivo General de Indias (AGI) Contratación, 5549. Santafé, 250.
Biblioteca Nacional de Bogotá Sección de Manuscritos. Mss. 57. Libro de la Sacristía del Colegio de Tunja.
II. Bibliografía
AA. VV. La iglesia de San Ignacio en Bogotá, 1610-2012. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2012
ARCHIMBAUD: Catálogo General del número de regulares que de la extinguida orden llamada la Compañia de Jesús, existían en los Reynos de España e Indias al tiempo de la intimación del real decreto de expulsión. s/f. Provincia de Santa Fe. [Archivo de Archivum Historicum Societatis Jesu. Armadio F-10]
BAILEY, Gauvin Alexander: “La Calera de Tango (1741-1767) y los otros talleres de arte misional de la Compañía de Jesús en Chile colonia l”. En: Luis MARZAL y Luis BACIGALUPO (Editores). Los jesuitas y la modernidad en Iberoamérica 1549- 1773. Universidad Católica del Perú-Instituto Francés de Estudios Andinos- Universidad del Pacífico, Lima, 2007.
CUERVO, Luis A.: "El primer año de la Imprenta en Santafé". En: Boletín de Historia y Antigüedades. Bogotá, 30 (1943) 874-877. Véase también: Revista Javeriana. Bogotá, 20, 1943.
DEL REY FAJARDO, José y Alberto GUTIÉRREZ (Editores): Cartas Anuas de la Provincia del Nuevo Reino de Granada. Años 1638 a 1660. Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2014.
DEL REY FAJARDO, José y Alberto GUTIÉRREZ (Editores): Cartas Anuas de la Provincia del Nuevo Reino de Granada. Años 1684 a 1698. Bogotá. Pontificia Universidad Javeriana.
DEL REY FAJARDO, José y Germán MARQUÍNEZ ARGOTE: La enseñanza de la Filosofía en la Universidad Javeriana colonial (1623-1767). Editorial Pontifica Universidad Javeriana, Bogotá, 2010.
DEL REY FAJARDO, José: La biblioteca colonial de la Universidad Javeriana de Bogotá. Caracas, Miguel Ángel García e Hijos, s/f.
DEL REY FAJARDO, José: La Universidad Javeriana, intérprete de la “otredad” indígena (siglos XVII-XVIII). Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2009.
DEL REY FAJARDO, José: La Facultad de Lenguas de la Universidad Javeriana colonial y la República de las Letras neograndinas. Editorial El Búho, Bogotá, 2010.
DEL REY FAJARDO, José: Los precursores de la „Sociedad del conocimiento‟ en la Javeriana colonial. Bogotá, Editorial El Búho.
DEL REY FAJARDO, José: La Los precursores de la „Sociedad del conocimiento‟ en la Javeriana colonial. Bogotá, Editorial El Búho, Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Javeriana 1706-1767. Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana. Facultad de Ciencias Jurídicas, 2012.
DEL REY FAJARDO, José: Expulsión, extinción y restauración de los jesuitas en el Nuevo Reino de Granada (1767-1815). Editorial Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2014.
ESTEVE BARBA, Francisco: Cultura virreinal. Salvat Editores, Barcelona-Madrid, 1965.
GALÁN GARCÍA, Agustín: El Oficio de Indias de los Jesuitas en Sevilla 1566-1767. Sevilla, 1995.
GARZÓN MARTHA, Álvaro: Historia y catálogo descriptivo de la imprenta en Colombia (1738-1810). Gato Gemelos Comunicación, Bogotá, 2008.
GERL, Herbert: Catalogus generalis Provinciae Germaniae Superioris et Bavariae Societatis Iesu 1556-1773. Monachii [München], 1968.
GILIJ, Felipe Salvador: Ensayo de historia americana. Academia Nacional de la Historia, 3 vols. Caracas, 1965.
GONZÁLEZ SUÁREZ, Federico: Historia General de la República del Ecuador. Imprenta del Clero, Quito, 1890-1903.
GROOT, José Manuel: Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada. Escrita sobre documentos auténticos. Bogotá, Librería Colombiana Camacho Roldán & Compañía, 5 vols, Bogotá, 1889-1893
UMILLA, José: El Orinoco ilustrado y defendido. Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1993.
HAZAÑERO, Sebastián: Letras Anvas de la Compañía de Iesvs de la Provincia del Nuevo Reyno de Granada. Desde el año de mil y seyscientos y treinta y ocho, hasta el año de mil y seys cientos y quarenta y tres. En Zaragoza, 1645.
HERRÁN RAQUERO, Mario: “Fundación del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús y el Colegio de San Bartolomé en el Nuevo Reino de Granada”. En: Revista de Historia de la Educación colombiana. Tunja, año 1, nº, 1, Tunja-Colombia, (1998).
HUONDER, Anton: Deutsche Jesuitenmissionäre des 17 und 18 Jahrhunderts. Freiburg im Breisgau, Herder'sche Berlagshandlung, 1899.
JARAMILLO MEJÍA, William: Real Colegio Mayor y Seminario de San Bartolomé. Bogotá, Instituto colombiano de cultura hispánica, 1996.
JOUANEN, José: Historia de la Compañía de Jesús en la antigua Provincia de Quito 1570-1774. Editorial Ecuatoriana, I, Quito, 1941.
MEIER Johannes (Edit.): Jesuiten aus Zentraleuropa in Portugiesisch- und Spanisch-Amerika. Ein bio-bibliographisches Handbuch mit einem Überblick über das aussereuropäische Wirken des Gesellschaft Jesu in der Frühen Neuzeit. Band 3: Christoph NEBGEN. Neugranada (1618-1771). Müster, Ashendorf, 2008
MANTILLA, Luis Carlos: Fuentes para la Historia Demográfica de la Vida Religiosa Masculina en el Nuevo Reino de Granada. Archivo General de la Nación de Colombia, Santafé de Bogotá, 1997.
MIRANDA, Evaristo Eduardo DE: O descobrimento da Biodiversidade. A ecologia de índios, jesuítas e leigos no século XVI. Edicôes Loyola, Sao Paulo, 2004.
OSORIO OLIVEROS, María Eugenia: Curar el alma y medicar el cuerpo: Ciencia médica jesuita en el Nuevo Reino de Granada (XVII-XVIII). El Caso de la Botica del Colegio Máximo de Santafé. Monografía para optar al título de historiadora. Universidad de Los Andes, (Mss.), Bogotá, 2011.
PACHECO, Juan M: "Los jesuitas del Nuevo Reino de Granada expulsados en 1767". En: Ecclesiastica Xaveriana. 3, Bogotá, 1953.
PACHECO, Juan Manuel: 1559-1989 Los jesuitas en Colombia, 1559-1989. Editorial San Juan Eudes, I, 1959; Hijos de Santiago Rodríguez, II, 1962; Pontificia Universidad Javeriana, III, Bogotá, 1989.
“La Universidad Javeriana de Santafé de Bogotá durante la época colonial”. En: J. DEL REY FAJARDO (Edit). La pedagogía jesuítica en Venezuela. Universidad Católica del Táchira, I, San Cristóbal, Venezuela, 1991.
POSADA, Eduardo: Bibliografía bogotana. Biblioteca de Historia Nacional, XVI, I, Bogotá, 1917.
RESTREPO, Daniel y Guillermo y Alfonso HERNÁNDEZ DE ALBA: El Colegio de San Bartolomé. I. El Colegio a través de nuestra historia. Por el P. Daniel Restrepo S. J. II. Galería de Hijos insignes del Colegio. Por Guillermo y Alfonso Hernández de Alba. Sociedad Editorial, Bogotá, 1928.
RENTERÍA SALAZAR, Patricia: Arquitectura en la Iglesia de San Ignacio de Bogotá. Modelos, influjos, artífices. CEJA, Bogotá, 2001.
RONDEROS, Paula: El dilema de los rótulos. Lectura del inventario de una botica santafereña de comienzos del siglo XVII. Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2007.
Notas
Notas de autor