Memoria de Los Flores de Catia: la comunidad como testigo del pasado vivo1
The memories of Los Flores de Catia: the community as a witness of a living past
Memoria de Los Flores de Catia: la comunidad como testigo del pasado vivo1
Procesos Históricos, núm. 38, pp. 3-26, 2020
Universidad de los Andes

Recepción: 15 Febrero 2020
Aprobación: 15 Abril 2020
Resumen: El artículo contiene los resultados de un estudio cuyo propósito fue construir, desde el recuerdo, una narrativa para identificar la evolución de procesos sociopolíticos relativos a la dinámica comunitaria, en la Parroquia Jesús Obrero de Los Flores de Catia, durante los inicios del siglo XXI. Es un estudio cualitativo que implicó la constitución de un grupo con líderes de la comunidad, con quienes celebramos encuentros de la memoria para tratar asuntos inherentes a su pasado reciente. El análisis de la información permitió valorar la participación comunitaria como un dispositivo de reconstrucción del mundo social y el papel de la memoria social en el fortalecimiento de los procesos de la dinámica comunitaria.
Palabras clave: Memoria social, Procesos sociopolíticos, Los Flores de Catia.
Abstract: This article presents the results of a study the purpose of which was to build, from the memory of the participants, a narrative that describes the evolution of some community, socio-political processes in the Parroquia Jesús Obrero de Los Flores de Catia. This memory-recuperation covers de first decade of the Twenty-first century. It is a qualitative study that involved the constitution of a group with community leaders, with whom we held meetings to discuss issues inherent to their recent past. The analysis of the information allowed us to value community participation as a device for the reconstruction of the social world, and the role of social memory in strengthening the processes of community dynamics
Keywords: Social memory, Social-political processes, Los Flores de Catia.
1. Introducción
La estrafalaria rojez de esa capital insurgente, ensangrentada también por las cifras de criminalidad rampante e impune, permite atribuirle ese color como predominante, así como explicarla y entenderla a través de la segregación y la violencia, la obsolescencia y el tercermundismo, distintivos todos de la súbita metrópoli modernista de otrora trocada hoy en revolucionaria meca roja.
Arturo Almandoz4
El estudio de la memoria social ha tenido expresión en distintos lugares donde las crisis y emergencias sociales reclaman una atención específica. La evolución de los procesos sociopolíticos, desde las vivencias colectivas, se ha constituido en uno de los ejes objeto de la reconstrucción que se registran como testimonio y huella de lo acontecido, como representación creada del pasado. De este modo, la memoria de los grupos y la recuperación de lo vivido en el pasado reciente se colocan en diálogo constructivo y distintivo de hechos y épocas. Como una forma de resistencia al olvido y de rescate del pasado, incluso como un medio de denuncia y de hacer justicia, la memoria social que se reconstruye permite analizar transformaciones sociales, estudiar los modos en que se evidencia y desarrolla la tradición, y las formas en que ella es comprendida en cada sociedad. Construir, desde el recuerdo, una narrativa para identificar la evolución de procesos sociopolíticos relativos a la dinámica comunitaria, en la Parroquia Jesús Obrero de Los Flores de Catia, durante los inicios del siglo XXI, fue el propósito de la experiencia que reportamos. Hemos organizado el artículo en cuatro apartados en los cuales presentamos referencias conceptuales, contextuales y metodológicas, análisis y discusión de las memorias producidas, y conclusiones.
2. Referencia conceptual y contextual. Memoria social
…este arte de decir que es un arte de pensar y hacer.
Michel de Certeau5
Poco menos de medio siglo, que se ubica entre las postrimerías del XX y lo que va del XXI, lleva el interés creciente por los estudios de la memoria. Decimos medio siglo, porque los desarrollos alcanzados en este sentido a comienzos del siglo XX con las contribuciones de Maurice Halbwasch en 1925., solo son el preámbulo del análisis y la laboriosa ocupación que, tiempo después, el tema ha tenido en las diferentes áreas del conocimiento. Además de las razones ontológicas que impulsan su estudio, fundamentalmente están en su base motivaciones de orden pragmático, histórico, ético y político.
La memoria como proceso psicosocial, para señalar la expresión de Halbwachs, hace posible que grupos, comunidades o la sociedad misma puedan reconstruir el pasado “vivido y experimentado”.; de este modo se asegura la permanencia del tiempo y, también, la identidad de quienes rememoran, aun cuando el mundo se encuentra en movimiento incesante. Así, “encontrar el pasado dentro del presente”., es una reconstrucción que permiten datos tomados del presente, además de otras referencias procedentes de saberes, emociones, afectos y pasión..
El carácter constructivo e intersubjetivo de “hacer memoria” se evidencia cuando asumimos la memoria como “proceso y producto de los significados compartidos engendrados por la acción conjunta de los seres humanos en cada momento histórico”10. Se propicia de esta manera la continuidad del pasado con el presente, el mantenimiento y proyección de la sociedad. Resulta claro entonces que el lenguaje y la argumentación se establecen, entonces, como constituyentes esenciales de esta práctica social y del proceso de “edificación cultural”11, habida cuenta de que volver conocido y habitual lo ocurrido en la sincronía de versiones diversas creadas del pasado, resignifica el presente, la tradición y el transcurrir de la sociedad.
En su condición de reveladora de sentido, la memoria tiene como propósito la verosimilitud, su estado de evolución constante la hace susceptible de actualizaciones por estar anclada en el presente; su fuente de provisiones son justamente los recuerdos, tiene naturaleza plural, colectiva, diversa12. Modela el pasado y busca integrarse con él, posee carácter fundacional, es vivida, verbal y variada13.
La relación entre la historia y la memoria adquiere significado al conservar rastros, señales y signos y, a través del recuerdo y la reminiscencia; también, al rescatar y restablecer la historia de la vida de personas, grupos y culturas. Esta práctica nos confronta con desafíos de existencia, con compromisos de resguardo, protección y preservación del pasado en defensa del futuro. Como lo señaló Ricoeur: “La memoria cumple la tarea de restituir lo que ha tenido lugar y, en este sentido, se encuentra inscrita en su seno la huella del tiempo”14. Por cuanto, ha dicho antes: “El deber de la memoria parece consistir en luchar contra el olvido. Éste se presenta como una amenaza cuando trata de recuperarse el pasado”15.
Si pensamos en el sentido ético y político que tienen hoy los procesos de rememoración es posible identificar, a lo largo de la historia, que en la época ubicada entre mediados del siglo XX e inicios del siglo XXI es cuando se ha dado la mayor producción de registros o “archivos” para garantizar la conservación de “huellas” e indicios. Como indica Pierre Nora, al dispersarse y suprimirse la “memoria tradicional” resulta necesario “acumular religiosamente vestigios, testimonios, documentos … destruir la inhibición, constituir todo en archivos”16. Pareciera ser que la sociedad en su conjunto alberga “un deseo de memoria que procedería, especialmente, del miedo al vacío de sentido”, tanto es así que “en todas partes, y a veces hasta llegar a la saturación, se manifiestan los signos de una superabundancia de la memoria, de una fiebre conmemorativa”17.
La memoria entendida como punto intermedio entre lo social y el conocimiento que se origina, incide sobre las manifestaciones y procesos sociales y, en razón de ello, favorece la “continuidad de lo social”18. Supone el vínculo estrecho entre el aporte individual y el colectivo pues, “no hay individuo que no lleve el peso de su propia memoria sin que esté mezclada con la de la sociedad a la que pertenece”19. Implica el quehacer conjunto, al ser también un proceso social que simboliza una alianza vivida de manera compartida.
La memoria como elemento constitutivo de lo social e inherente tanto a sus prácticas, como a sus procesos y fenómenos, ofrece la garantía de que en lo social se dé una sucesión, permite definir y establecer los vínculos del orden social20. Esto sucede así por el carácter dinámico de la realidad, porque su construcción permanente en los diferentes tiempos en los que acontece cursa como un proceso, en el cual la memoria ofrece la secuencia, el encadenamiento de las transformaciones, la construcción y reconstrucción de los sucesos, el influjo de posibilidades para que el porvenir se desarrolle.
Por intermedio de la memoria representamos el imaginario actual y lo que es posible recuperar para este, con la finalidad de promover cambios desde nuestras acciones, atesorar y “dar cuenta de lo significativo de la vida”21, de lo que conviene mantener y transmitir. Es sobre la base de discursos que se construye la memoria social e individual, la narrativa en su forma de “relato lógico” se erige así en un modo de organizar experiencias, poder transmitirlas, hacerlas comprensibles al grupo y lograr su permanencia en el tiempo.
La preservación de la memoria social como una forma de confrontar el olvido instituido social y políticamente, ha tenido un espacio e importantes recursos en la fotografía, el cine y la literatura. Esto ha sido específicamente claro en “temas como el genocidio y la limpieza étnica, la migración y los derechos de las minorías, la victimización y la imputación de responsabilidades”22, en las últimas décadas del siglo XX con foco particular en las guerras civiles de Centroamérica –El Salvador y Guatemala–, en las dictaduras en Latinoamérica –Brasil, Uruguay, Chile, Argentina– y en el conflicto armado en Colombia.
Construir memoria, hacer memoria corresponde a procesos individuales y colectivos de evocación, rememoración y reconstrucción del pasado. La memoria, a pesar de que puede avivar traumas “es, efectivamente, una condición necesaria para resolver el problema, pero hay que pensarla hasta el final”23, en éste tránsito será posible “descubrir posibilidades latentes que pueden ser activadas”24, recuperar el sentido que se ha perdido y fusionarse con lo primigenio como base de la recuperación y la evolución.
Asumimos aquí el sentido de memoria como memoria social, por cuanto nos referimos a la memoria de la sociedad25. Entendemos además a la memoria como producto de la creación y condicionada por el presente que la elabora. “Una acción social, política y cultural construida simbólicamente”26, consecuencia de un proceso colectivo; generadora de “sujetos, relaciones e imaginarios sociales”27 y, en este sentido, fuerza que energiza desobediencias y cambios.
3. Trazos del contexto sociopolítico venezolano
Cuando las mayorías no tienen derecho a tener derechos, entonces la democracia deviene una pantomima, y su capacidad de cohesionar la sociedad es bastante nula.
(…) los padres van envejeciendo, algunos mueren, otros se van (…) El proceso de envejecimiento de las personas, de los laicos, ya no hay jóvenes, muchos se han ido (…) Hay muchas resistencias, hay como pequeños grupúsculos en la institución, también en la Parroquia. Prevalecen mucho las filias y las fobias, los recuerdos: “el padre tal, que el padre tal sí era, este padre ahora no, ¿ahora por qué no hacemos esto?, ¿por qué no hacemos la cofradía de…, por qué no…”. Hay resistencias a lo social, hay resistencias que antes no eran tales (…) la gente no está para eso, pero, sobre todo, la gente mayor; ha habido como la avalancha de las nuevas creencias, eso también ha difuminado un poco la catolicidad52
A partir del Caracazo y luego de las asonadas militares de los años 90 del siglo XX surgen en distintos sectores de la población clamores continuos sobre la necesidad de una “bota militar” para dirigir los destinos del país, inspirados, tal vez, en la nostalgia “romántica” del Pérez Jiménez de los años 50. Todo ello sin imaginar lo imponderable de las nocivas consecuencias que derivaron del acto que hizo posible una ilusión innoble.
Del mismo modo, luego del Caracazo se incrementó “la espiral de violencia criminal en las ciudades venezolanas [que] tuvo en Caracas su escenario protagónico y apocalíptico, y desplegó un catálogo delincuencial que ha configurado una suerte de nueva urbanidad capitalina32. Si agregamos a esto los vicios de orden político y las inequidades socioeconómicas que embargaban al país en las últimas décadas del siglo pasado, tenemos un terreno propicio para facilitar el ascenso al poder de Hugo Chávez, quien se posiciona con una clara intención populista que pretende la inclusión social de los excluidos históricamente, ofrece resistencias al capitalismo y busca “capitalizar el autoritarismo que, como clamaba la violenta ciudad, debía seguir al Caracazo”33.
Las referencias previas se inscriben en un escenario de la historia política del país que ha conocido en los últimos sesenta y ocho años una dictadura militar (1952-1958), cuarenta años de democracia (1959-1989); y veinte años de un proyecto socialista (1989-2020), el cual se establece como una alianza cívico-militar que representa al “bolivarianismo”34. En este último periodo hemos vivido el menoscabo de un país política y socialmente polarizado, con profundas fracturas en su institucionalidad y una gran inestabilidad política que ha mostrado sus cimas y reveses en diferentes momentos.
Los venezolanos en estas dos primeras décadas del siglo hemos vivido el deterioro gradual y sostenido del país35; observamos su ruina como consecuencia de una política gubernamental que ha desgastado sus bases y ha establecido la supremacía de la violencia, la impunidad, la intolerancia, la polarización política y social, el desmoronamiento de las instituciones, la corrupción, la violación sostenida de los derechos humanos fundamentales a la vida, la libertad, la integridad, la salud, la educación, la alimentación, el desarrollo…
Problemas enormes nos agobian a los venezolanos, muestra de ello es la profunda crisis humanitaria que vive la población36, donde la severidad de la escasez de alimentos, medicinas y servicios médicos afecta de forma excesiva a los habitantes del país y vulnera sus derechos fundamentales. Nuestra sociedad se ha trocado en “violenta y hambrienta”, aun cuando “Venezuela no era una sociedad violenta, los violentos eran otros”37. Los cambios en materia de violencia se muestran en tres modos diferentes38: “violencia por hambre” como consecuencia de la pobreza creciente que ha experimentado la población; “violencia ilegal del Estado” con despliegue excesivo, y producto de las acciones policiales y militares que responden a una política de seguridad cuyo nuevas y ruines expresiones aunamos la crisis de la institucionalidad, el despliegue de políticas populistas, amén del uso a discreción por parte del Estado de los recursos públicos43, tenemos la radiografía de un país en ruinas, descompuesto por la corrupción, con venezolanos engañados con la falsa promesa del “autodesarrollo y empoderamiento ciudadano”44. Un país sometido por la anomia, en un Estado que muestra su duplicidad operativa de “exceso y vacío”45, en tanto usa a discreción el poder para vulnerar el derecho de los ciudadanos, quebrantar las conquistas alcanzadas con la democracia, e incrementar los alcances de su control y dominio.
Las manifestaciones de la enorme crisis que embarga al país y castiga a sus habitantes en las experiencias cotidianas, las encontramos en la ciudad; una ciudad cuyos habitantes se proyectan como seres fragmentados, destruidos y sin medios para reconstruirse, para reponerse de sus ausencias y privaciones. La ciudad que tematiza en su andar De Certeau, como “Marejada de verticales [que] Se transforma en una variedad de texturas donde coinciden los extremos de la ambición y la degradación, las oposiciones brutales y estilos, los contrastes…”46. Las ubicamos con excepcional impacto en “la Caracas de los márgenes”, aquellos “espacios de la negación” que se ligan con lo populoso, con dinámicas sociales más complejas, en una suerte de simulacro de la armonía con la gran ciudad, la cual solo señala una consonancia aparente que únicamente reafirma las desigualdades47.
Una Caracas, en la cual el barrio “… se hace presente como mundo-de-vida que es, como cultura en proceso, que sabe que necesita de la ciudad para constituirse con plenitud, pero que también puede aportar a ella”48. ¿Cómo se vive Caracas desde el barrio? El habitante del barrio siente que está en “… un mundo plural, contrastado, agónico, pero en construcción, es su propio mundo, el que se corresponde con su ritmo interior”49. Lo percibe también como un lugar en el cual se van deteriorando los servicios: la vialidad, el agua, la educación, la salud y la seguridad. Con ello se hacen visibles carencias que tiene precedentes y señalan consecuencias de un manejo inadecuado de políticas, programas y servicios públicos por parte del Estado. Caracas aparece así, como un mundo social significado por la desigualdad, desarticulado, escindido, diverso, discrepante.
Tal y como hemos visto, la situación particular que nos distingue en el país en los inicios del siglo XXI, demanda que trabajemos en los resultados y trascendencias de su acontecer, en las marcas que van produciendo en los venezolanos los diferentes eventos sociales que ocurren, de allí la pertinencia que otorgamos a un estudio que busca indagar sobre las memorias que definen el escenario sociopolítico de la Venezuela contemporánea, así como, los registros y modos de recuperación del recuerdo que se realizan a la luz de su evolución. Bajo esta significación es preciso, en el marco del contexto que nos ocupa, considerar como un compromiso necesario el asumir que “… la re-emergencia de la memoria está profundamente ligada a la construcción de futuros democráticos para los países, aun reconociendo que ella está también llena de olvidos”50. Y, que este fortalecimiento de una “cultura de la memoria” resulta imprescindible para cualquier proceso de transición democrática.
4. Los Flores de Catia: Una comunidad enraizada desde la fe en la promoción de la justicia
Es importante destacar el “desde dónde” realizamos esta Memoria. Nos ubicamos dentro de un sector que históricamente ha sido acompañado por los jesuitas. Esta zona de Catia que incluye parte del 23 de enero ha representado el epicentro de luchas y reivindicaciones sociales desde gran parte del pasado siglo e inicios de este.
La Compañía de Jesús a través de su propuesta educativa desde el Instituto Jesús Obrero y Fe y Alegría, ha constituido un baluarte en cuanto a lo social se refiere; de igual modo el acompañamiento pastoral realizado a las comunidades bajo la égida de la Teología de la Liberación. De hecho, aquí funcionó el Teologado (estudios teológicos), casa de formación sacerdotal de los futuros jesuitas tanto de Venezuela como de otros países de centro y sur América (República Dominicana, Paraguay, Cuba, Nicaragua); de aquí han salido los lineamientos que han configurado un modo de ser y vivir la fe dentro de los diferentes modelos sociopolíticos que nos han tocado vivir.
La Teología de la Liberación ha sido un proyecto llevado a cabo por un sector eclesial cuya finalidad es la toma de conciencia cristiana en contextos de opresión como los vividos en América Latina en los años 70; una dinámica comunitaria a partir de la ‘lectura liberadora’ de la Biblia y con el apoyo del análisis marxista. Los jesuitas, aunque no son los fundadores de la misma, se han destacado como grandes impulsores de este proyecto que ha marcado a muchas personas y comunidades a lo largo y ancho del continente, así como también han sido blanco de no pocos conflictos y enfrentamientos ‘ad intra et ad extra’ de la misma Iglesia institucional (sobre todo con la jerarquía), amén con sistemas de gobiernos tanto de izquierda como de derecha. Los ideales de la Teología de la Liberación y del logro de proceso revolucionario (meta, fin y cúlmen) de antiguas luchas que invitaban definitivamente a la tierra prometida, se han visto desvanecidos por una mentira que abarca a todos por igual y de la que todos hemos sido víctimas.
La comunidad de Los Flores de Catia y 23 de enero ha sido acompañada, formada y configurada desde este modo de vincular la fe con la lucha por la justicia.
En dicho marco se inscribe la parroquia Jesús Obrero, la cual adopta tal denominación en el año 1960 a partir del nacimiento, al lado de la iglesia, del Instituto Técnico Jesús Obrero –ITJO. Esta institución educativa hoy cuenta con el nivel medio y el nivel superior, conformando así el Instituto Universitario Jesús Obrero –IUJO, que constituye el producto de mayor reconocimiento de los jesuitas en Catia.51
En estos 70 años de la parroquia Jesús Obrero, el rol de la iglesia católica y su incidencia sobre la comunidad no han resultado exentos de la problemática general que aqueja al país. En los últimos veinte años se han sucedido muchos cambios internos y otros externos que han repercutido sobre esta institución; además de que se arrastra un modo de proceder que ya no tiene la efectividad de otros tiempos, el movimiento sociopolítico de estas dos décadas más recientes ha puesto a prueba fragilidades anteriores de la iglesia:
(…) los padres van envejeciendo, algunos mueren, otros se van (…) El proceso de envejecimiento de las personas, de los laicos, ya no hay jóvenes, muchos se han ido (…) Hay muchas resistencias, hay como pequeños grupúsculos en la institución, también en la Parroquia. Prevalecen mucho las filias y las fobias, los recuerdos: “el padre tal, que el padre tal sí era, este padre ahora no, ¿ahora por qué no hacemos esto?, ¿por qué no hacemos la cofradía de…, por qué no…”. Hay resistencias a lo social, hay resistencias que antes no eran tales (…) la gente no está para eso, pero, sobre todo, la gente mayor; ha habido como la avalancha de las nuevas creencias, eso también ha difuminado un poco la catolicidad52
Pese al descenso de la acción de la comunidad y la mengua de su disponibilidad frente a la iglesia, esta institución lucha por mantener su misión evangelizadora y su acción social de servir a los otros desde el reconocimiento que hace de ellos, fortalecer las capacidades de la gente, constituirse en alianza que favorece el desarrollo de la comunidad. Hoy la comunidad de Los Flores de Catia experimenta los problemas comunes que agobian a la ciudad toda, pero enriquecidos por los “olvidos” del apoyo gubernamental; sin embargo, sus habitantes conservan intacta su tradición de lucha reivindicativa heredada de los fundadores, con la cual sortean la complejidad cotidiana.
5. Metodología
La investigación que planteamos se ubica dentro de los estudios cualitativos, aquellos que tienen como propósito “la captación y reconstrucción de significado de las cosas”53, además de que buscan “comprender los medios detallados a través de los cuales los sujetos se embarcan en acciones significativas y crean un mundo propio suyo y de los demás”54. Su relevancia particular para la comprensión de los contextos y las relaciones sociales, a partir del análisis de casos concretos en su especificidad temporo-espacial y de las expresiones y actividades de las propias personas55, funda las bases para: el retorno al lenguaje, la oralidad y la narración; el énfasis en asuntos concretos y en escenarios puntuales; el estudio de las situaciones localizadas en su contexto; y el reconocimiento de lo histórico y coyuntural de los problemas de investigación y de las soluciones derivadas56. De allí que el enfoque metodológico, y los métodos de producción y análisis de la información que se utilizaron para el cumplimiento del objetivo propuesto se enmarcan en las bases de la investigación cualitativa.
Diseño. Trabajamos con un diseño fenomenológico57, para captar la complejidad de las experiencias de vida de las personas desde su propia perspectiva. Empleamos como estrategia el estudio de caso58 con el grupo representante de la comunidad de Los Flores de Catia, con la intención de comprender la forma en que sus integrantes entienden los fenómenos, las realidades múltiples que manejan y la diversidad de perspectivas. El plan de trabajo se ajustó a la característica de emergente de los diseños cualitativos para la selección de situaciones, eventos, escenarios, fuentes y métodos específicos de producción de información. La actividad de campo implicó avances de exploración que derivaron en gestiones de intervención, diseñada de la ruta de exploración, análisis en proceso y análisis profundo de la información.
Participantes y contexto. Nos ubicamos desde esta esquina del Oeste caraqueño, más específicamente en Los Flores de Catia, Municipio Libertador. Zona recordada por sus fábricas, por el retén carcelario demolido hace años y por su población popular enriquecida por migrantes europeos y suramericanos. El grupo de participantes en la investigación estuvo conformado por diez personas, líderes comunitarios, en su totalidad con vínculos de larga data con la iglesia católica: siete mujeres y tres hombres, con edades comprendidas entre los treinta y cinco y los setenta años, nivel educativo, profesión y ocupación diversas, representantes de la variedad sociodemográfica y la pluralidad política de los diferentes sectores de la comunidad de Los Flores de Catia. La selección se realizó en atención a los criterios de accesibilidad y heterogeneidad, esto en dependencia del alcance en la representatividad cultural de la información59.
Métodos de producción de la información. Para la producción de la información en los distintos encuentros de la memoria, empleamos de modo específico las entrevistas grupales de carácter participativo a un grupo natural60; y, los documentos personales61 solicitados a los participantes durante el curso de la investigación.
Métodos de análisis de la información. Para el análisis de la información asumimos como base estrategias de la hermenéutica gadameriana62, particularmente los procesos involucrados en el dialogo, interpretación-comprensión-aplicación. Comenzando con proyectos pre-comprensivos desarrollamos la interpretación de las narrativas en correspondencia con el proceso pautado por el círculo hermenéutico, con la finalidad de lograr la comprensión y aplicación de la información producida durante la investigación, a partir del intercambio con los participantes.
Procedimiento. En la selección de los participantes adoptamos criterios variados, y cuidamos que: (1) las personas procedieran de diversos sectores de la parroquia: Los Higuitos, Bloques del 23 de Enero y zona central de Los Flores de Catia, así como del Instituto del complejo educativo y pastoral Jesús Obrero; (2) que tuvieran una visión política diferente; (3) con un sentido de pertenencia distinto a la comunidad cristiana (4) con una preocupación compartida por su entorno, (5) con diferentes cualificaciones personales: profesionales, vecinos, familias. En una reunión previa acordamos algunos escenarios y sus problemáticas, dado que es una temática a encuadrar, pues se trata de una vasta realidad con innumerables aspectos y perspectivas.
Los escenarios que abordamos aquí, y sus temáticas, fueron los siguientes: Comunidad: violencia. Instituciones: vínculos con la comunidad, eficiencia, deterioro. Crisis: desgaste, apatía, resignación, costumbre, “parálisis”. Para iniciar se propuso escoger un problema dentro del marco de las posibilidades anteriores y a sabiendas que todas han sido (y siguen siendo) atravesadas por elementos comunes, multifactoriales y que desembocan en una sola palabra: Crisis. En la producción de la información, como indicamos antes, empleamos estrategias diversas y complementarias. Realizamos diferentes sesiones de trabajo con el grupo, de 2 y ½ horas de duración cada una; en ellas abordamos los diferentes escenarios y temáticas. Para el análisis de la información privilegiamos el diálogo hermenéutico con los aportes producidos por el grupo en cada uno de los encuentros de la memoria.
6. Memorias de Los Flores de Catia
Hay colas largas infinitas perpetuas inacabables eternas por comida. Sí. Hay ciudadanos trocados en roedores husmeando los escombros alimenticios de los otros. También.
Y no estamos en guerra. Hay gente muriéndose en los hospitales sin remedios sin agua sin camas.
Y no estamos en guerra. Hay gente matando gente. Carniceros del odio. Enemigos del prójimo (…) Policías cayendo como
barajitas repetidas sobre el asfalto de sangre.
Y no estamos en guerra.
La información producida en los encuentros de la memoria con los líderes del sector ha hecho posible aproximarnos a resultados diversos, relativos a la comunidad de Los Flores de Catia, producto de su historia y desarrollo particular, de ellos destacamos los temas: violencia, institucionalidad y crisis.
6.1. Violencia
La violencia se erige como un fenómeno que muestra múltiples aristas, tiene diversas expresiones, congrega variedad de actores y reporta consecuencias que representan graves problemas para la comunidad, el principal, el control de la vida de las personas. En específico, la violencia que se ejerce desde el Estado a través de los “cuerpos de seguridad” ha llegado a ser en las dos últimas décadas la mayor manifestación de control sobre los habitantes del sector. Las narrativas del recuerdo traen al presente una caracterización de los actores responsables y de las acciones perpetradas; asimismo, develan la voz y el sentir de las víctimas, las repercusiones del padecimiento.
El perfil del policía de antes y el de ahora es objeto de cuestionamiento en las rememoraciones que hace el grupo. El policía de antes, es asociado a la delincuencia común, el de ahora a la delincuencia organizada, a nuevos y renovados modos de delinquir; con la ventaja que tienen estos sobre los anteriores de la posibilidad de obtener titulación universitaria, por la formación que ofrece el Estado. No obstante, existe un elemento unificador para los dos perfiles de policía: “la cultura del poder”; poder que se ejerce sobre los otros y que, consecuentemente, pareciera adquirir formas más sofisticadas de realizarse, aunque al final solo se busque intimidar, someter y dominar al otro:
(…) cuando yo estaba chama, yo preferiría mil veces que me parara un malandro a que me parara un policía. Porque los policías, el nivel educativo de la policía ¿qué era?, eran muchachos que se veía que eran feos, como delincuentes. Ahorita yo pienso que hay como una evolución en el sentido de que hay una formación desde el Estado, que hay universidades de seguridad. Sin embargo, sigue permaneciendo esa cultura de que se toma como una forma de poder (…) Ahora los policías es otro tipo de malandraje, porque ahora funcionan más o menos como funcionaban en la época, pero ahorita, como a otro nivel, ya no es amedrentando sino “mira tú sabes que yo te cuido, yo te cobro tanto”, eso es lo que más o menos funciona en este momento, sobre todo en esta zona como Los Flores64.
La seguridad es otra, la seguridad es a través de los colectivos, son zonas de colectivos (…) las FAES tienen centro de operación en la zona. Y muchas personas de las FAES son personas de los colectivos, las FAES que son los que se visten de negro con capucha y se meten y hacen el tum tum, entonces uno dice “bueno, ¿hasta dónde llegan los colectivos y hasta dónde empieza la policía del Gobierno?65
Las prácticas de seguridad en el sector resultan oscurecidas por el uso discrecional que hacen del poder otorgado por el Estado, miembros de sus cuerpos de seguridad; poder que viene a revertirse en una forma de apoyo a la delincuencia organizada existente dentro de la comunidad, pero también, en un modo de debilitar la institucionalidad y envilecer las funciones de seguridad que tienen asignadas:
Yo creo que ahorita ser colectivo o la delincuencia es un privilegio, ¿por qué? Porque uno siente que hay cosas que quedan impunes, antes los Tupamaros trabajaban bajo un perfil de supuestamente ayuda a la comunidad, cuando viene toda esta revolución, ellos se apoderan de la zona. Y ¿quiénes son los primeros que también se lanzan a colectivos?, gente delincuente. Y lo digo así, abiertamente, porque aquí por lo menos en la zona los que se querían lanzar a colectivos eran delincuentes, que uno dice ¿con qué moral tú vienes a ser colectivo en esta zona? (…) Las FAES si operan entre la zona y operan fuerte, no es que, las FAES ya han eliminado a varias personas aquí en los Flores de Catia, se han metido y han hecho desastres, igualmente los colectivos se han metido a las casas y han hecho desastres. Ahorita el ser delincuente es un privilegio y algo con licencia a nivel de gobierno fuerte, porque ¿quiénes son los primeros que se lanzan a esas cuestiones? Los que tienen armamento los que tienen el perfil de matón66.
La línea difusa que ya no separa las acciones de la delincuencia de aquellas que ejercen los responsables de la seguridad, tiene su espacio de ocurrencia en las cárceles y jefaturas locales. Es desde allí que unos y otros (delincuentes y policías) se valen de prácticas del delito como extorsión, amedrentamiento, acoso y robo para hacer propio un negocio que les reporte cuantiosos beneficios, que devienen como producto de la alianza depravada:
(…) hay un tema que es que llaman a la gente desde las cárceles, que es muy fuerte. Nosotros los sufrimos por un tiempo, y es que había una persona allegada a nosotros y le vendió toda la información a la gente de la cárcel, una organización que estaba en la cárcel... Fue alguien que vivía con nosotros prácticamente… en mi casa, mi compadre.
Vendió esa información tan exacta que era imposible pensar que no nos estaban siguiendo, que era muy exacto... Eso tiene que ver con el Estado, ¿por qué el Estado permitía que desde la cárcel pudieran hacer tantas llamadas?67
Se potencia y fortalece la delincuencia organizada cuando a ella se suman el poder, armamento y autoridad que aportan miembros de los cuerpos de seguridad, además de la protección y legitimidad que les otorga el Estado. Igualmente se incrementa con ello el quebrantamiento de los derechos y se profundiza la brecha entre la inseguridad experimentada y la protección que recibe la ciudadanía:
Todo esto es delincuencia organizada, a fin de cuentas, ¿por qué? porque los colectivos supuestamente te cuidan, te protegen, te ayudan, pero son los mismos colectivos los que venden la bolsa, que saben de dónde saldrá, pero la venden mucho más cara, pero tienen en su casa bolsas y bolsas y las venden, o sino, tienen un local donde tienen allí cosas que tú tienes años que no ves en el país, pero las tienen los colectivos allí. Son los que de repente robaron a alguien por las escaleras y bueno allá saben que robaron, están pendientes, son los que van y ajustician a ese muchachito que fue y robó. Se toman la justicia por sus propias manos y con la guardia nacional allí, se llevaron al muchachito lo mataron, lo desaparecieron porque se dedicaba a robar. Son esos mismos colectivos, son esa misma gente que el día que decidimos tocar cacerolas, pues se paran a decir pestes, sabemos quiénes son los que tocan la cacerola, nos les vamos a meter en el apartamento, sabemos quiénes son. Entonces eso es una delincuencia organizada y es tu mismo vecino, tu misma gente que tú sabes que, bueno “fulanito yo te vi con la pistola cuando lanzaste tiros el día que yo estaba tocando cacerola, tú me conoces de toda la vida. Porque hemos crecido juntos porque has crecido con mis hijos, porque...” y no hay nada que hacer porque ¿dónde se denuncia? ¿A quién se denuncia?68
También es posible encontrar otras manifestaciones del abuso de poder de los cuerpos de seguridad en las prácticas que afectan la convivencia comunitaria, las que tienen como límite la impunidad pues no existen espacios creíbles para el reclamo, la queja, la exigencia de los derechos, se han desvanecido tras la emergencia excesiva y permitida del quebrantamiento de la norma:
Cuando tú dices también que el vecino está todos los fines de semana con el equipo prendido ¿a dónde tú vas? Uno va a denunciar eso y tú sabes que también el vecino es de las FAES. Pero el colectivo baja y te pone una corneta gigante que tú no oyes ni el televisor de tu casa porque los colectivos tienen ganas de escuchar música pues y, ¿a quién se le reclama? (…) Parece que el trabajar honradamente es sinónimo de estupidez, ¿dónde uno va realmente a quejarse con esta situación?, no hay…69
Una revelación que deriva de las narrativas producidas por el grupo, da cuenta asimismo de la realidad experimentada en estas dos décadas por la institución policial y el tratamiento específico que da a sus miembros. Ellos no escapan a la crisis que sacude a la ciudadanía; solo que, en tanto policías, se valen de su uniforme, insignia, arma y poderío para “resolverse”, sin importar lo que sus acciones violenten a personas, normas y principios:
El policía que está cuidando a los presos, necesita tener presos ahí para poder sostenerse la vida pues, porque un preso de esos, diario le puede dar hasta un millón. Eso es lo que están haciendo en la jefatura local, porque eso lo tienen como depósito. Si yo necesito real paso por la calle, tengo la celda vacía, voy por la calle a patrullar, empiezo, “ah, tú estás solicitado, móntese, tú estás bajo sospecha, móntese”. Lo meten, como saben que la persona ahorita vale dinero, van te meten preso y de ahí agarran la famosa "vacuna" (…) El que es honrado tiene que quedarse callado si quiere salvar su vida. Se tiene que quedar callado, aquí las FAES operan de una manera silenciosa, pero operan. Cuando ellos quieren venir a acabar a alguien, shh, llegan y ya se acabó el problema y sí lo hay, aquí todas las mañanas pasa una camioneta de las FAES, ya uno lo sabe quiénes son: el colectivo que anda en moto parado a veces en las esquinas70.
Las expectativas de la comunidad relativas a la seguridad que deben proveer policías y militares no han sido nunca muy altas, pero en este tránsito del país, los habitantes se sienten realmente desamparados e indefensos, además de considerarse “sujetos útiles”, víctimas de los perpetradores del delito. Hay, por ello, una valoración del propio gobierno como delincuente, por cuanto favorece y estimula la transgresión en expresiones renovadas del delito como el secuestro y la extorsión con diferentes niveles y usufructo.
Confinar el olvido promovido, social y políticamente, por los intereses gubernamentales de desaparecer los vestigios de la ignominia ejercida contra la población, encuentra en las prácticas de la memoria71 su principal resistencia; una divergencia y oposición que impide quebrar la continuidad, la sucesión de los cambios, la construcción y reconstrucción de los acontecimientos, situaciones e incidentes y el influjo de oportunidades para que el futuro se despliegue72.
Hemos visto así, como las prácticas del recuerdo nos han permitido traer al presente sucesos, escenarios, circunstancias y personajes que nos muestran desde las vivencias de ciudadanos de Los Flores de Catia el decurso de la “violencia ilegal del Estado”73, aquella que ejercen sobre los habitantes del sector los cuerpos de seguridad –policiales, militares y civiles armados–; las narraciones describen su experiencia en lo que estos desenfrenos de manejos condicionales han representado a lo largo del tiempo, y específicamente en los últimos cinco años, como una amenaza constante para los miembros de la comunidad, por cuanto ejerce sobre ellos un énfasis en lo punitivo74 y un control sostenido que atropella sus derechos75.
La alianza entre delincuencia organizada y cuerpos de seguridad del Estado, sobre la que nos alertan los relatos de los participantes, además de contar con la protección que ofrece el Estado, favorece que se incrementen y vigoricen las manifestaciones de violencia76, a esto es necesario agregar que las ganancias obtenidas de sus prácticas –especialmente las muertes provocadas77– insuflan de energía, vitalidad y mayor poderío a la peligrosa asociación. La gravedad que muestran estas circunstancias confina a la comunidad a una situación de abandono y falta de protección como consecuencia de la indolencia y negligencia gubernamentales78; desde allí su sentimiento de indefensión trasciende las ausencias de justicia, muestra el rostro de la invalidez79.
La denuncia que ofrecen estas memorias de habitantes de Los Flores de Catia sobre la anomia que se sostiene con la complicidad y apoyo gubernamental, da cuenta de prácticas transgresoras, criminales, permisivas, que vienen cursando abiertamente desde hace algunos años y con la aquiescencia de quienes en este momento rigen los destinos del país; señala, además, “los extremos de la ambición y la degradación” 80que existen en la ciudad, en aquellos sitios donde conviven las mayores desigualdades81..
6.2. Institucionalidad
Con respecto al tema de la institucionalidad, las narrativas del recuerdo nos indican que las instituciones de la comunidad y su proyección van en declive, como ha ocurrido con todas las promesas del gobierno en estas dos últimas décadas. El esfuerzo gubernamental inicial de empoderar a las personas para gestionar la solución de problemas en sus comunidades ha experimentado muchas deformaciones, su objetivo se desvió, esto ha derivado en que sean pocas las personas que ejercen el control sobre el funcionamiento comunitario y lamentablemente hacen negocio propio de los servicios públicos.
El boom preliminar con despliegue de nuevas instituciones fue de corto aliento y deterioro progresivo: el sistema de salud paralelo no funcionó porque torció sus finalidades y se dedicó al trabajo político; la educación pública se encuentra bajo el manejo de los “colectivos”; los módulos policiales no existen y prevalece la impunidad; los consejos comunales sustituyeron a las juntas de vecinos y funcionan solo para la distribución del Clap, donde controlan que la venta se haga exclusivamente a los afectos al gobierno. Frente a la ausencia del apoyo institucional la comunidad se encuentra desprotegida, agotada en lo cotidiano; hay miedo, desesperanza, decepción…
El influjo ejercido por las instituciones a nivel de la comunidad se califica, desde las memorias producidas, en decadencia progresiva. Particularmente en lo que supone el desarrollo y beneficio de la comunidad en general, la existencia de las instituciones encargadas de su desarrollo, se ha visto transformada por la pérdida de la independencia y de la pluralidad política al verse liadas en el desorden de instituciones creadas por el gobierno; y por una innovación participativa forzada que pretende fortalecer las bases del socialismo desde la organización comunitaria. La evolución que ha tenido en el tiempo la propuesta gubernamental de la institucionalidad comunitaria es evaluada como fallida: los principios originales se corrompieron en su decurso:
La proyección de las instituciones en la comunidad ha ido como va todo. Empezó en un nivel más o menos… aquí las juntas comunales tenían un peso en la comunidad, claro, con el cuestionamiento que se le ha hecho a lo largo de la historia, que el beneficio no llega en su totalidad, a toda la comunidad. En la parte de las juntas comunales he visto mucha modificación: pocas personas monopolizando un todo. En los últimos veinte años una de las estrategias fue empoderar a la gente. Eso fue positivo en el sentido de que la gente toma como suyo un proyecto… A la gente se le dio el poder de captar un todo y la manera cómo gerenciaba ese todo. Pero ha habido muchas deformaciones en los últimos cinco años, han buscado acaparar más el poder en la comunidad, dominar82.
No solo los vicios en su desarrollo se califican como los únicos responsables del fracaso de la institucionalidad gubernamental sobre la comunidad, también ha intervenido en ello la falta de legitimidad de las acciones emprendidas, que no han reconocido los procesos llevados históricamente por cada uno de los contextos comunitarios y sus habitantes. El saldo se traduce en la corruptela de unos pocos y el control que han alcanzado sobre la comunidad:
A lo mejor ese dar el reconocimiento a cierto número de personas en la comunidad, también hizo que esta gente, que en su vida había tenido nada y ver que ahora tengo, entonces ya me olvido de los demás porque tengo el poder dentro de la comunidad: el poder de la vida, de la alimentación, de las armas. Porque puede negociar, vender la comida, es el dueño de la panadería83.
La designación externa de formas organizativas para asumir el papel de cogobierno dentro de la comunidad no solo vino a irrespetar los procedimientos locales definidos y decididos en el sector mismo, sino que desconoce y repudia las formas de filiación política diversa existentes. En línea directa con el gobierno de turno, la comunidad y sus necesidades dejan de ser el sentido de las luchas colectivas que antes se ejercían en un plano de mayor horizontalidad, y pasan a convertirse en el preciado objeto del control de unos pocos afines y rendidos obsecuentes del gobierno:
Hay gente que pertenecía a la Junta de Vecinos y a la Asociación de Vecinos, yo creo que la mayoría pasó a los Consejos Comunales. Las juntas siempre habían tenido un poder sobre la comunidad, pero era un poder que utilizaba para resolver los problemas de la comunidad. ¿Qué pasó cuando el gobierno decidió que las Asociaciones de Vecinos no convenían? Lo transformaron en Consejos Comunales. Esa misma gente ya no tenía que negociar, porque formaban parte de la misma estructura. Qué veo yo: que esa gente que estuvo treinta años trabajando por la comunidad, se convirtieron en unos seres extraños, ya el trabajo que hacen es como un peso que cargan encima. Pasaron a ser parte del gobierno. Se les quitó hasta la sonrisa de la cara, se les quitó el gesto amable. La comunidad que antes discutía de tú a tú con el de la Asociación de Vecinos, ahora el otro se impone: “te voy a quitar la bolsa, no te voy a llamar pa´l pollo”84.
Desbordan los ejemplos del despilfarro, la corrupción, el robo desvergonzado como colofón de ello las innobles y degradantes consecuencias sobre el entorno comunitario y sus habitantes. La apropiación de los fondos públicos destinados a garantizar la calidad de vida de las personas, el disimulo insolente frente al deterioro de los servicios, y la colaboración vergonzosa en el menoscabo de lo que han sido conquistas comunitarias respaldadas en largos períodos de lucha, se esgrimen como algunas de las acciones gubernamentales más impúdicas causantes de la situación de ruina y destrucción actual en la comunidad:
A nivel de servicios públicos sí vemos un deterioro total. Inclusive nosotros hablamos de los pavimentos de las calles: cómo es posible que en los tiempos de Pérez Jiménez es que predominan las mejores calles, el mejor asfaltado, y en estos casos cantidad de cooperativas que salieron, les entregaban recursos, pasaban un pavimento y ya. Vemos el agua, el deterioro, las inversiones que uno sabe ellos decían por los medios “que vamos a recuperar tal cosa” y nada, nada… al contrario, era una destrucción progresiva. Y, para terminar de poner la guirnalda, el transporte público. Nosotros antes gozábamos aquí de unas camionetas que venían hasta Jesús Obrero, otras iban al 23 de Enero, la avenida Sucre85.
Nosotros hemos visto como se disminuyó todo a nivel de cantidad y de calidad. La calidad se perdió a nivel de servicios públicos. El proyecto de ellos en estos veinte años de Barrio Adentro. El tener yo un dispensario dentro de mi comunidad, eso fue para la gente algo muy importante, pero después hemos visto, como todo, un proyecto político que vino a pasar una escoba sobre lo que había en lugar de repotenciarlo. La intención: controlar a la comunidad86.
A nivel de farmacias… nosotros teníamos ahí la farmacia y ahorita frente a la crisis de salud tan grave que hay, para conseguir farmacia tenemos que ir o al 23 de enero o a la avenida Sucre, toda una procesión para conseguir. Los servicios públicos para nosotros han venido en declive total87.
Como una suerte de vorágine que erosiona de modo indetenible, la anarquía y el caos parecieran haberse posicionado de la fuente de recursos que representa la comunidad, con el firme propósito de aniquilarla, extinguirla y dejar a su paso solo rastros de pérdida y desolación:
En el segundo período de Chávez comienza eso en el interior del país. La ciudad es algo indetenible, desde el interior ya venían los problemas de agua. En estos últimos cuatro años fue que reventó como el legado que nos dejó Chávez: el caos total, todo colapsó. A nivel de servicios esto es insostenible para nosotros88.
Solo el lamento silente atestigua el padecimiento de las víctimas de un extermino a plazos; una queja que se asume como secreto, pero que realmente es del dominio público al ser compartida por muchos:
Con el tiempo ha sido peor. Enfermarte hoy es un vía crucis, la gente va a la deriva, a la buena de Dios. Mucha gente se queja en las colas, hablan entre sí, pero no toman unas acciones contundentes porque hay miedo. En la situación que tenemos los venezolanos, el miedo está por encima de todo ahorita. Nuestra misma comunidad se ha cansado de esto…89
El debilitamiento que experimentan los habitantes de la comunidad, tras el menoscabo en sus vidas y el quebranto de lo cotidiano lo potencia el miedo como el sentimiento compartido más fuerte que, en este momento, domina su existencia. El sentido ético y político que tienen los procesos de rememoración, nos permiten reconocer no solo la existencia de “un deseo de memoria” cuyo origen principal es el “miedo al vacío de sentido”90, sino que hoy nos muestra el cuerpo herido de las comunidades, desde el relato de un grupo de personas que tienen en común el padecimiento compartido generado por la crisis de la institucionalidad en el país. De esta forma resulta posible volver conocido y habitual lo ocurrido en la sincronía de las versiones creadas del pasado, resignificar el presente, la tradición y el transcurrir de la sociedad91.
Las instituciones en Venezuela han experimentado la destrucción provocada por las instancias políticas. La finalidad de ello, obtener el poder del país y de su patrimonio; de esta manera, la decadencia institucional se constituye en sostén importante de estos fines. Por esta razón, la política es quien determina las instituciones económicas, y sus pequeñas élites las que ejercen el poder sobre las mayorías, con el propósito de obtener beneficio propio92. Se explica de esta forma cómo la corrupción responsable de haber minado las iniciativas gubernamentales en las comunidades, ha representado el beneficio de acólitos del gobierno, en lugar de garantizar los servicios públicos que ellas demandan.
La efímera ilusión generada alrededor del “poder popular”, y las desfiguradas promesas del “autodesarrollo y empoderamiento ciudadano”93 más allá de favorecer los intereses gubernamentales, ha representado uno de los mayores fraudes que el gobierno de turno ha perpetrado a las comunidades de los sectores populares. Aquí las voces de sus representantes, a través de sus memorias, nos develan detalles de la estratagema y el dolo del que han sido objeto
6.3. Crisis
El padecimiento reportado frente a las fracturas de la institucionalidad, permite hablar de la crisis del país la cual se encuentra presente en todo, pero esencialmente en lo social donde las personas realizan un esfuerzo mayor para lograr la sobrevivencia dentro del caos existente. Una crisis que es negada desde la esfera gubernamental y por ello no se encaran las problemáticas con la suficiente efectividad para lograr su extinción. Entre tanto, los derechos fundamentales continúan siendo atropellados, sin que se avizore un fin próximo.
A la escasez y en algunos casos al desabastecimiento total de alimentos, medicinas, artículos de primera necesidad, materiales y equipos médicos es necesario agregar el incremento en los índices inflacionarios, la devaluación del bolívar y el acceso real que se tiene a los productos de la cesta básica con los montos que se devengan por el salario mínimo.
Asimismo, se destaca que los programas compensatorios con el criterio de desigualdad que los distingue desde su origen, difícilmente logran que un número reducido de hogares puedan tener el acceso a algunos alimentos; pero, sin duda los problemas asociados de corrupción, distribución discrecional, suministro de alimentos en estado de descomposición, entre otros, solo añaden más dificultades a la garantía negada de acceso que tiene la población perteneciente a las comunidades más pobres; además de no cumplir con el propósito para el cual están destinados de aminorar la necesidad existente.
La gente requiere hacer mucho para lograr poco, lo que deviene en desgaste humano, hastío, inercia, inmovilidad. La protesta como prerrogativa por la defensa de los derechos sociales, económicos y políticos es regularmente obstaculizada e impedida, frustrada en sus objetivos, disminuida por las bajas frecuentes que se producen como saldo de la violencia del Estado.
Sin embargo, hay unos restos de compromiso social de miembros de la comunidad, arraigados en su tradición de lucha, que se resguardan en la reserva de la esperanza y quieren ser la defensa que se use desde el lado de los sobrevivientes de la crisis, aunque, como ya hemos visto, se trata de la participación en una lucha deshonrosa por ser desigual:
Mucha desesperanza, mucha decepción. Desgaste, apatía. La gentebusca el escape, la huida. Este es un cáncer muy grave que minó, pero sí tiene cura. Nosotros estamos llamados a hacer algo94.
Hacer resistencia frente a la crisis también ha llevado a la gente de las comunidades y sus miembros juntos a reinventar prácticas, a generar otros modos de vida como el rebusque y el emprendimiento que alteran lo cotidiano pero que les permiten subsistir. En su apuesta solidaria los habitantes de la comunidad promueven estilos participativos propios, arraigados a la tradición que los define. Buscan con ello recuperar la autonomía, la independencia que alguna vez desarrollaron, combatir el miedo del cual han probado su hiel paralizante, dar respuesta a necesidades básicas y sobrevivir como sujetos y como colectividad
El rebusque para poder sobrevivir. Ventas por encargo, producción de dulcería. Emprendimientos. Talleres para producción artesanal. Desarrollo de buenas prácticas. Hay mucha gente en una onda de creatividad. Reproducir las buenas prácticas que ayuden al sostenimiento de la familia, pero que también logren beneficiar a la comunidad95.
La gente comienza a hacer cursos de cosas distintas a su profesión, a preferir desarrollar un oficio en lugar de ejercer una profesión96.
La experiencia de la crisis es colectiva, hoy como antes, la comunidad se siente hermanada, en unidad, pero en este momento desde el compartir los más bajos niveles de depauperación, escasez y desventura, en tiempos en los cuales el país vive, como nunca, los mayores extremos de avaricia, prosperidad y opulencia de unos pocos, frente a la austeridad, las privaciones y penurias de muchos otros.
La memoria como proceso social repercute sobre las expresiones y prácticas sociales97. Supone el trabajo integrado en el que participan sujetos que se vinculan desde acuerdos y compromisos participativos, y logran mediante la experiencia narrativa reconstruir sentidos, transmitir vivencias, visibilizar lecciones aprendidas, generar la reflexión y toma de decisiones, producir registros que garanticen su permanencia en el tiempo. Reconocer como la comunidad ha construido en el tiempo el miedo que embarga su existencia, constituye un paso necesario para enfrentarlo98, para identificar recursos que permitan –desde un proceso colectivo– generar soluciones y poder actuar con la voluntad y determinación que el cambio demanda.
La crisis del país, construida a partir de las vivencias de personas de la comunidad, se significa desde: los modos en que se ha gestado a lo largo de los años con la responsabilidad directa e inocultable, y el desconocimiento irresponsable del gobierno99; la forma en que ha afectado procesos, relaciones y dinámicas sociales; el engaño y otras consecuencias producidas por la aparente bonanza que ofrecen los programas compensatorios100; la manera en que su desarrollo repercute en la violación continuada de los derechos fundamentales; el miedo a que la crisis los alcance, que no sea posible la defensa, y los liquide definitivamente101.
Las personas han debido desarrollar una capacidad para adaptarse, fortalecerse para enfrentar las dificultades. Rememorar sus procesos anteriores de luchas y reivindicaciones sociales ha favorecido la emergencia de un renovado interés por el compromiso social, la lucha por la justicia y la reconquista de la esperanza enraizada en la fe. Otra de las ganancias importantes de hacer memoria lo ha constituido el hecho de reconocer no solo que la crisis es colectiva, sino que la solución requiere del concurso y la solidaridad de todos con los modos que juntos puedan “idear” para llevarla a cabo.
7. Finalmente, de la remembranza a la re-construcción
Este estudio ha significado un ‘espacio diferente’ para los diversos actores que han participado. Ha supuesto algo que va más allá de la dinámica de una comunidad cristiana que versa casi única y exclusivamente sobre los aspectos de la fe con algunas pinceladas permeadas por problemáticas comunitarias compartidas: la basura, la delincuencia, los servicios básicos, etc.
Los diferentes participantes con sus particulares afinidades políticas y un mismo sentido de pertenencia, tienen algo en común: La Crisis. Nuestros encuentros han estado entretejidos por un mismo eje transversal: se presenta una añoranza de tiempos mejores repletos de esperanzas y oportunidades, sin obviar sus problemáticas. Las remembranzas han dado espacio a nostalgias pasadas, al desahogo y la expresión de sentimientos que por momentos obligaban a no perder el foco de una propuesta que debía ser racionalmente asumida, enfrentada y visualizada.
Por primera vez, de una manera sosegada y no exenta de ciertas tensiones, tocamos puntos álgidos que cuestionan el sistema político actual con tanta apertura y respeto, pese a las diferencias. “Esto” ha calado de modo profundo en el imaginario y las realidades concretas de las personas en su totalidad, lo que se ha evidenciado en una narrativa dolorosa que pone al descubierto una merma en la calidad de vida, pero con atisbos de esperanza que abren caminos hacia una reconstrucción histórica capaz de crear posibilidades.
En líneas generales, de este estudio podemos destacar el valor de la participación comunitaria como un dispositivo fundamental en la reconstrucción del mundo social; la memoria como producto de la elaboración social, y su papel preponderante en el impulso de la reafirmación de identidades colectivas; algunos de los problemas que plantea la coyuntura sociopolítica venezolana de inicios de siglo, en términos de la violencia, la institucionalidad, la crisis, y su impacto en la dinámica de la comunidad de Los Flores de Catia; el rol de la iglesia católica como institución social de enlace, que puede procurar vías y orientar procesos de reflexión, discusión y reconciliación, así como su desempeño en los emprendimientos y desarrollos futuros en materia de justicia y construcción de paz.
Los encuentros de la memoria permitieron a los participantes la socialización de experiencias de vida comunes y la conciliación de visiones de mundo; la construcción de nuevos significados sobre las narrativas del recuerdo, y el reconocimiento de problemas de la comunidad; la distinción de actores sociales y su influencia positiva o negativa sobre el contexto; asumir como parte de la conciencia colectiva el sentido de pertenencia a la comunidad; el compromiso con la construcción del futuro, a partir del enlace de las remembranzas del pasado reciente con el presente; la intencionalidad de incidir en la vida comunitaria, a través de acciones que den lugar al cambio.
Creemos que los testimonios presentados tienen la fuerza y la contundencia suficientes para garantizar su resonancia prolongada en el tiempo. Aspiramos que cobren sentido en muchos venezolanos, hermanados por las vivencias con la gente de Los Flores de Catia que participó en la construcción de estas memorias. Procuremos que sus remembranzas tengan el suficiente eco de significación para que otros –de ese nosotros que representa al país– puedan reconocer el valor de la cultura de la memoria, la virtud y trascendencia del recuerdo, el sentido de la lucha para conquistar el progreso y reafirmar la identidad, el apremio que nos demanda la re-construcción...
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Notas
Universidad Central de Venezuela, UCV Caracas-Venezuela
Centro de Investigación y Acción Social de la Compañía de Jesús, CIAS Fundación Centro Gumilla Caracas-Venezuela