Ponerle rostro al virus
Putting a face on the virus
Ponerle rostro al virus
Iberoforum. Revista de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana, vol. XV, núm. 30, pp. 1-12, 2020
Universidad Iberoamericana, Ciudad de México

Palabras clave: Máscara, rostro, artesanos, covid-19, virus
Keywords: Mask, face, artisans, covid-19, virus.
¿Cómo entender a una máscara sino como un artefacto que, desde la primera impresión, produce y multiplica alteridades? A quienes las contemplan, les inquietan tanto como atraen: es imposible mostrarse indiferente ante las máscaras que inundan una danza de carnaval otomí, una petición de lluvia nahua, una fiesta de difuntos totonaca o las celebraciones de la Guadalupana en el atrio de su basílica del Tepeyac. Sin embargo, un objeto de este tipo no funciona en forma aislada: en general, las máscaras necesitan a los enmascarados. Y éstos requieren, para su perfecto despliegue, de vestidos y otras parafernalias diversas (sombreros, pañuelos, bastones, animales disecados, chicotes). En la mayor parte de los casos en México y América Latina, los enmascarados bailan ejecutando coreografías chuscas o solemnes acompañados por grupos de música, además del infaltable público. Las máscaras son instrumentos de trasformación: cambian el género de quien las porta o permiten convertirse en ancestros, animales del monte, víctimas o victimarios de dramas ampliamente ensayados, entre otras posibilidades. En el caso de las máscaras mostradas a continuación, ninguna fue bailada o utilizada en alguna ceremonia, y esperarán para presentarse ante la comunidad hasta que llegue un incierto semáforo verde.
Las máscaras que el lector contempla en las siguientes páginas surgieron de la solicitud realizada por el autor de este texto a varios artesanos mascareros de diverso origen étnico (nahua y afromestizo de Guerrero, nahua de la huasteca hidalguense, ikoot del sur de Oaxaca, mestizo de Jalisco, mixteco del sur de Puebla y nahua del centro de Veracruz), para elaborar máscaras que retrataran el virus. La investigación partía de una pregunta muy sencilla: ¿cómo podría plasmarse al coronavirus en una máscara? No se solicitó a los artesanos un tipo específico de máscara ni se influyó sobre sus diseños. Los colores, elementos y materiales utilizados fueron elegidos libremente por cada mascarero.
Cabe destacar que las negociaciones para acodar el pago por el proyecto y para acompañar y documentar el proceso de hechura se realizaron a través de Facebook mediante los grupos1 de esta red social en los que los artesanos especializados se habían agrupado para ofrecer sus servicios al mercado, con el fin de “ayudarse en estos difíciles tiempos de pandemia”, dejando claro que una buena parte de su producción está destinada a la venta para coleccionismo o para las fiestas que, a pesar de las restricciones, no se suspendieron del todo.
Cada una de estas máscaras cuenta con la narrativa del mascarero que la ideó y construyó. Se trataba de darle rostro al covid-19 y dejar constancia de sus efectos en la memoria, no de motivar el diseño de una artesanía “de recuerdo”. O tal vez sí, ¿por qué no? Sumados a los cubrebocas adornados con “arte étnico”, es posible que estas máscaras nos digan mucho sobre algo que los pueblos afrodescendientes e indígenas han vivido con especial desasosiego en los últimos cinco siglos. Con imágenes retomadas de internet, de dibujos animados o de acontecimientos trágicos vividos en sus propias comunidades (como en San Mateo del Mar, Oaxaca, en donde los conflictos por el poder municipal han dejado más muertos que el covid-19), esta memoria es también madera que canta.










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