Dossier
Conmemoraciones y fiestas patrias en la ciudad de Corrientes. La participación de la comunidad italiana entre 1870 y 1910
Memorial Days and National Holidays in the city of Corrientes. Participation of the Italian Community between 1870 and 1910
Comemorações e feriados nacionais na cidade de Corrientes. A participação da comunidade italiana entre 1870 e 1910
Conmemoraciones y fiestas patrias en la ciudad de Corrientes. La participación de la comunidad italiana entre 1870 y 1910
Quinto Sol, vol. 29, núm. 2, pp. 1-24, 2025
Universidad Nacional de La Pampa

Recepción: 07 Septiembre 2023
Aprobación: 22 Mayo 2024
Resumen: En el último cuarto del siglo XIX las prácticas conmemorativas sirvieron como herramienta a la consolidación de la identidad nacional argentina y al fortalecimiento de identidades propias de los grupos inmigrantes asentados en el país. Los líderes de la colectividad italiana conformada en la ciudad de Corrientes bregaron por la construcción de la italianidad, especialmente una vez concluida la unificación de la península en 1870. Con ese horizonte, organizaron jornadas que ofrecieron honores a sus héroes nacionales, Giuseppe Mazzini y Giuseppe Garibaldi, al tiempo que prestaron un espacio de expresión de confraternidad italiana y argentina. Este artículo estudia las actividades conmemorativas de los italianos en la ciudad de Corrientes y analiza el especial tratamiento que recibió Garibaldi debido a su participación en las guerras civiles rioplatenses, en el marco del enfrentamiento de la dirigencia provincial correntina a Juan Manuel de Rosas. El entusiasmo que despertó el recuerdo del político italiano, propiciado por los líderes de la colectividad y secundado por aquella dirigencia, se explica porque su figura respondió a la aspiración de la elite urbana correntina tendiente a destacar el papel de la provincia en la conformación de la nación argentina a partir de su pasado de resistencia al gobierno de Rosas.
Palabras clave: inmigración nación, asociación, identidad nacional.
Resumo: No último quarto do século XIX, as práticas comemorativas serviram como uma ferramenta para a consolidação da identidade nacional da Argentina e para o fortalecimento das identidades dos grupos de imigrantes estabelecidos no país. Os líderes da comunidade italiana formada na cidade de Corrientes lutaram pela construção da italianidade, especialmente após a unificação da península em 1870. Com isso em mente, eles organizaram dias que homenagearam seus heróis nacionais, Giuseppe Mazzini e Giuseppe Garibaldi, ao mesmo tempo em que proporcionaram um espaço para a expressão da fraternidade italiana e argentina. Este artigo estuda as atividades comemorativas dos italianos na cidade de Corrientes e analisa o tratamento especial que Garibaldi recebeu devido à sua participação nas guerras civis no Rio da Prata, no contexto do confronto entre a liderança provincial de Corrientes e Juan Manuel de Rosas. O entusiasmo despertado pela memória do político italiano, promovido pelos líderes da coletividade e apoiado por essa liderança, é explicado pelo fato de que sua figura respondeu à aspiração da elite urbana de Corrientes de destacar o papel da província na criação da nação argentina com base em seu passado de resistência ao governo de Rosas.
Palavras-chave: imigração, nação, associação, identidade nacional.
Keywords: immigration, nation, association, national identity
A fines del siglo XIX y comienzos del XX la elite dirigente argentina mostró interés por la consolidación del Estado y la identidad nacional, llevando a cabo acciones en tal sentido. En este escenario, adquirieron un lugar central las prácticas conmemorativas y, con ellas, la narrativa histórica que les ofreció contenido para la formación de la memoria colectiva (Rodríguez, 2009). La preocupación por lograr una adscripción identitaria nacional que superara los localismos provinciales no fue exclusiva de las elites locales y guardó correlato con la dirigencia de la comunidad italiana establecida en Argentina, que también bregó por la construcción de su identidad nacional en relación con la madre patria. En tal sentido, el filósofo Oscar Terán (2008) señala que aquella preocupación “se trató de una tendencia tan extendida que puede decirse irónicamente que la fabricación de identidades nacionales formó parte de una tarea internacional” (p. 172).
El contexto histórico abierto hacia fines del siglo XX e inicios del XXI presenció la multiplicación de estudios sobre la nación y los procesos de construcción nacional en países de América Latina. Acontecimientos en otros puntos geográficos como la caída del muro de Berlín o la desintegración de Yugoslavia, devinieron en el resurgimiento del problema de las nacionalidades. Por su parte, en Latinoamérica, el ciclo conmemorativo de los bicentenarios de las independencias también contribuyó con el regreso de la nación a la agenda política e intelectual y con la instalación de estudios acerca de su construcción en el campo historiográfico (Brezzo, 2013). En este marco, el análisis de las conmemoraciones tomó un lugar especial que se explica, según Nora Rabotnicof (2009), porque a través de ellas los grupos humanos sostienen o reconstruyen una imagen de su pasado, lo que resulta central para perpetuar la vida social y la identidad de la comunidad.
Asimismo, la reflexión sobre las formas conmemorativas guardó conexión con el interés por un nuevo objeto de estudio que convocó la atención de la historiografía a fines del siglo XX: la memoria. Una razón de este interés la dio Pierre Nora en la compilación denominada Les Lieux de mémoire.[1] Allí el autor sugirió que, en la sociedad que le era contemporánea, se produjo la destrucción de los soportes de la memoria y el distanciamiento del sujeto de su pasado. Esta realidad llevó a la búsqueda de los lugares donde descansaban los elementos que conformaban la ciudadanía y condujo al estudio de las conmemoraciones, ponderadas por su capacidad de estructuración del recuerdo, entre otros objetos de interés como los monumentos y la pedagogía escolar (Stortini, 2015).[2]
El presente artículo propone analizar las actividades conmemorativas que los italianos asentados en la ciudad de Corrientes brindaron a sus héroes nacionales, Giuseppe Mazzini y, especialmente, Giuseppe Garibaldi. Dichas actividades, además de servir al proceso de construcción de la italianidad, ofrecieron momentos para manifestaciones de confraternidad argentina-italiana.[3] Nuestro análisis recorre un período que comienza en 1870, año de la fundación de la asociación de ayuda mutua Unione e Fratellanza, fundamental en el desarrollo de la identidad nacional para los inmigrantes provenientes de la península itálica, y finaliza en la primera década del siglo XX, con el estudio de los honores brindados a Garibaldi por el centenario de su natalicio en 1907.
En un primer apartado, nos detendremos en la presencia de peninsulares en la ciudad de Corrientes, para dilucidar cuestiones referidas a la percepción identitaria hacia adentro, pero también hacia afuera del grupo. Luego, analizaremos las acciones conmemorativas llevadas adelante desde la asociación étnica Unione e Fratellanza: los honores fúnebres brindados a sus héroes nacionales y los festejos realizados en el centenario del natalicio de Garibaldi. En un tercer apartado, consideraremos algunas controversias suscitadas en torno a la instalación de Garibaldi como prócer extranjero, específicamente, la oposición del diputado correntino Manuel Florencio Mantilla a la erección de su monumento en Buenos Aires y las resistencias a la consagración heroica de su figura, expresadas en la prensa por varios sectores.
1. Peninsulares en la ciudad de Corrientes: ¿genoveses o italianos?
Aunque en la provincia de Corrientes el aporte europeo no se tradujo en grandes cantidades, a partir de la década de 1830 la ciudad capital, con su puerto, atrajo inmigrantes de ultramar y en particular a hombres oriundos de la península italiana vinculados a la actividad naviera y comercial.[4] Ciertamente, a partir de aquel año, la presencia de ligures se extendió en el Río de la Plata, convirtiéndose en el primer componente migratorio europeo (Devoto, 2008).[5] Al tiempo de este movimiento, y en el marco de un ambicioso esfuerzo del Reino del Piamonte y Cerdeña para ampliar su poder comercial y político en América, la Liguria comenzó a recibir mayor atención del gobierno de Turín, que inició en 1837 la construcción de una red consular y diplomática en las ciudades de Buenos Aires y Montevideo (Brilli, 2021).[6]
En el caso de la ciudad de Corrientes, los padrones del censo provincial de 1841 registraron 21 hombres y 8 mujeres originarios de la península, sobre una población de 5.382 habitantes. De aquel total de 29, en la categoría “patria” solo 6 adscribieron a Italia mientras el resto lo hizo a Génova.[7] Ocupados en el comercio fluvial, marineros y pequeños comerciantes se asentaron en la capital provincial probablemente después de haber realizado estadías iniciales en otras ciudades portuarias, gracias a la existencia de una red de asentamientos ligures relacionados entre sí por lazos familiares o comerciales, instalados para la misma época también en otras pequeñas ciudades costeras a lo largo de los ríos interiores, como San Nicolás, Paraná, Goya y Paysandú (Devoto, 1989).
En 1852, al compás de la construcción de la red consular, el destacado comerciante italiano Rafael Gallino, asentado en Corrientes, fue propuesto por el encargado de negocios del Reino del Piamonte y Cerdeña, Marcelo Cerruti, para ocupar el cargo de vicecónsul de Cerdeña en la provincia (Tarragó, 2011). Sumado a esto, a Gallino se le asignó la tarea de contabilizar los súbditos sardos en la ciudad, y produjo un informe que registró la presencia de 74 hombres y 14 mujeres de los cuales un 95% era originario de Génova (Devoto, 1989).[8] Con ello, en este temprano período Corrientes recibió principalmente peninsulares genoveses que, cinco años más tarde, comenzaron a ser comprendidos como “italianos” por los censistas. En efecto, fue a partir del Censo Confederal de 1857, en el que se contabilizaron 25 mujeres y 122 hombres provenientes de la península, cuando uniformemente se identificó como italiano o italiana a las personas allí nacidas.[9] Esta operación, que suprimió las identidades conforme a la ciudad de nacimiento en pos de contenerlas bajo un mismo gentilicio, continuó en los censos nacionales. Según los datos brindados por el primer censo nacional, hacia 1869, de una población de 11.218 personas en la capital, 35 fueron italianas y 568 italianos.[10] Por su parte el segundo censo nacional, en 1895, registró 447 italianos y 127 italianas, sobre una población de 16.129 habitantes.[11]
Ahora bien, aunque en las cédulas censales del censo confederal de 1857 y en las de los censos nacionales pudo leerse una identidad que remitió a la nación, esta identificación única y superadora de regionalismos no habría reflejado la autopercepción de los censados.[12] Ello se debe a que la identidad italiana, estrechamente vinculada con la empresa de unificación nacional que comenzó a mediados del siglo XIX, aún se encontraba en gestación.[13] En concordancia con esta afirmación y atendiendo a la información brindada en otras documentaciones con datos nominativos, como las actas matrimoniales del Registro Civil de Corrientes, se observa que, aun a inicios del siglo XX, a pesar de ser registradas con aquella identidad nacional, las personas continuaron enunciando su región e incluso, en algunos casos, la ciudad de procedencia. Por lo tanto, podría afirmarse que la identidad nacional registrada en la documentación a partir de la segunda mitad del siglo XIX fue una adjudicación del censista que relevó los datos, antes que una respuesta ofrecida por los censados, en una operación propia de la época en la que aquel atribuyó la identidad y no la recogió (Devoto, 1992).[14] Parafraseando a Hernán Otero, antes que la adscripción a una Nación-Estado, lo que primó en el escenario decimonónico fue la identificación con las regiones de origen, cuya homogeneidad cultural y comunidad de intereses estuvo más cercana a la idea de nación que los Estados en los que se hallaron insertas (1998, p. 145).[15]
Sin embargo, aquella adjudicación del gentilicio al censar no fue caprichosa y guardó un sentido que solo anticipó el resultado del proceso de construcción del ser nacional, en el que las asociaciones de ayuda mutua y sus líderes tuvieron especial protagonismo.[16] Desde estas entidades, elementos como las conmemoraciones, el calendario cívico y el panteón de héroes, apuntaron a subordinar las predominantes adscripciones regionales a la naciente italianidad. En pro de esta empresa, las acciones promovidas por los líderes étnicos contaron con la aquiescencia de la elite correntina y derivaron en muestras de confraternidad en fechas significativas de sus calendarios cívicos.
2. La asociación Unione e Fratellanza ante los sucesos de la península: honrar los héroes
2.1. El asociacionismo étnico
El fenómeno del asociacionismo étnico, expresado en la Argentina y en otros países receptores de inmigración europea a partir de la fundación de asociaciones de ayuda mutua, se expandió por la voluntad de los recién llegados de cubrir algunas necesidades básicas. Así, estas entidades, cuyo tamaño, cobertura y alcance varió conforme a la ciudad en la que se desarrollaron, brindaban servicios relativos a la atención de la salud, la asistencia ante la muerte y la ayuda para conseguir empleo. A ello debe sumarse su propuesta como un ámbito de sociabilidad y construcción de la identidad nacional, que comprendió fiestas y reuniones (Devoto, 2003). Sin embargo, no todos los propósitos de las asociaciones contaron con la misma relevancia para sus integrantes. Mientras la tarea asistencial constituyó el principal interés de los afiliados, para los líderes que las dirigían era importante también ofrecer un espacio de sociabilidad, tendiente a la construcción del “ser italiano”, que alentara la participación de los socios en celebraciones y actividades conmemorativas. Aunque la adhesión en las iniciativas patrióticas pudo variar, fue inevitable que los afiliados recibiesen la impronta de las ideas propagadas (Devoto, 2008).
La propuesta de los líderes étnicos de estas entidades, que estipulaba establecer lazos simbólicos con la madre patria y construir una “colonia italiana”, buscó convertir al conglomerado multiforme de inmigrantes con diferentes orígenes regionales, sociales, culturales y políticos, en un sujeto singular, homogéneo (Sabato, 2002). Para ello fue fundamental la erección de un panteón de héroes nacionales del que formaron parte hombres célebres, concebidos como “padres de la patria”: Mazzini y Garibaldi.[17] El genovés Mazzini representó la comunión de ideas nacionales con ideas revolucionarias y democráticas, se opuso a concepciones federales de organización y abogó por una república nacional unitaria (Vives, 1997). A diferencia de otros revolucionarios, lo que lo distinguió fue su misión de educador, volcada principalmente en la sociedad secreta que fundó en 1831, La Joven Italia, dotada de un periódico con igual nombre (Weill, 1961). Por su parte, Garibaldi fue un marino sardo destacado por haber organizado el ejército de los “mil camisas rojas”, que le permitió en 1860 realizar una expedición armada contra los Borbones en el Reino de las Dos Sicilias y conquistar de esa manera el sur de la península. Tras su expedición, se proclamó el Reino de Italia en 1861, bajo la corona de Víctor Manuel II (Martínez, 2014).
2.2. El fallecimiento de Giuseppe Mazzini
En la ciudad de Corrientes, la primera asociación de ayuda mutua italiana, denominada Unione e Benevolenza, se fundó en 1864, pero tuvo una corta vida institucional, ya que desapareció en 1865. Posteriormente, en 1870, peninsulares retomaron la iniciativa con la apertura de Unione e Fratellanza que contó, al igual que la primera entidad, con una orientación ideológica republicana.[18] Cabe destacar que, aunque estas instituciones promovieron valores y prácticas consideradas “modernas”, basadas en principios de libertad e igualdad (Sabato, 2002),[19] existió una “élite” vocera de estos ideales cuya vigencia fortaleció vínculos sociales bajo una modalidad que enfatizaba las “relaciones de jerarquía” (Adamovsky, 2015). En el caso de Corrientes, dicha modalidad se constató en la conformación de las comisiones directivas en las entidades, dado que los inmigrantes que actuaron como representantes locales de la solidaridad étnica fueron destacadas personalidades que habían logrado integrarse a la elite local, legitimando en varios casos esa integración a través de uniones matrimoniales con mujeres correntinas de importantes familias (Angelina, 2020, 2022).
A dos años de su fundación, en abril de 1872, luego de la muerte de Mazzini ocurrida el diez de marzo del mismo año, la asociación Unione e Fratellanza convocó una asamblea extraordinaria “en honor a la memoria… del ilustre y benemérito compatriota” e invitó a una ceremonia a todos los italianos, incluso a aquellos que “desistieron de asociarse”.[20] En mayo, el periódico La Esperanza dedicó una nota al “patriarca de la democracia universal”[21] y publicó una descripción de la ceremonia fúnebre realizada en Génova.[22] Aquel mes, procurando no quedar al margen de los honores, el presidente de la asociación, Alberto Fainardi, propuso que se realizara un aporte a la erección del monumento a Mazzini en Italia, enviando dinero a la comisión encargada de su construcción. Aquí debe considerarse que la participación en la tarea puede ser leída como un modo de “ser parte” de la construcción de la identidad nacional. En dicho proceso fueron fundamentales elementos como estatuas, bustos y placas, que, con un grado significativo de permanencia e indestructibilidad, oficiaron como marcas físicas o soportes de memoria (Rodríguez, 2009; Stortini, 2015) materializados tanto en Italia como en Argentina.
Con el propósito de cooperar en la erección de aquel monumento, la comisión directiva abrió una suscripción voluntaria en la que podían participar socios y no afiliados.[23] La práctica de la suscripción que veremos, se activó también en otras ocasiones para remitir fondos a la madre patria, no era una novedad y sugería que la comunidad se sintiera partícipe de la empresa sin importar las cantidades que pudiese aportar. Habitualmente las personas donaban sumas dispares y luego la institución convocante de la colecta completaba la entrega (Gutiérrez Viñuales, 2004). Según estaba previsto, la asociación de Corrientes enviaría la recaudación a un comité formado en la ciudad de Buenos Aires, encargado de despachar los fondos a su destino final. El secretario de la entidad, Aníbal Chiesa, considerando que esta transacción opacaría las donaciones de los italianos de Corrientes, recomendó enviarlas directamente a la comisión encargada en Italia, presidida por el general Garibaldi. Chiesa expuso que: “de ese modo quedará siempre un recuerdo de la Colonia Italiana de Corrientes, mientras que, mandando los fondos a la comisión de Buenos Aires, ella será la que figure”.[24] Dicha propuesta fue aceptada por unanimidad y, al año siguiente, se leyó en asamblea una correspondencia enviada por Garibaldi al afiliado Francisco Resoagli, en agradecimiento a la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos de la provincia.[25] De esta manera, en relación con la madre patria, la asociación bregó por secundar las acciones llevadas a cabo en Italia en el marco de un dispositivo conmemorativo que apuntó a la construcción de una identidad italiana, al tiempo que, volviendo la mirada a la sociedad de recepción, buscó resguardar su particularidad para distinguirse de entidades análogas radicadas en Buenos Aires.
Por su parte, los italianos asentados en Corrientes también colaboraron con asuntos de la península en oportunidades que excedían los intereses monumentalistas y que funcionaban como instancias cohesionadoras, fortaleciendo el sentido de unidad. Así, la voluntad de implicación se manifestaba también ante catástrofes naturales que afectaron a Italia: por ejemplo, en agosto de 1879 miembros de la colectividad conformaron un comité de ayuda a los heridos de las inundaciones y terremotos ocurridos en el Valle del Po, y abrieron suscripciones arengando a la colonia establecida en la ciudad a “seguir el ejemplo de los hermanos de la península”;[26] la práctica se repitió ante las inundaciones producidas en Lombardía, Véneto y parte de Suiza en noviembre de 1882,[27] y , en septiembre de 1905, ante el terremoto que afectó al sur de la península, ocasión en que la asociación creó la comisión Pro víctimas de la Calabria.[28]
2.3. El fallecimiento de Giuseppe Garibaldi
Acciones conmemorativas se activaron nuevamente en Corrientes en 1882 tras el fallecimiento de Garibaldi, ocurrido el 2 de junio de dicho año.[29] En efecto, en la asamblea general de la asociación Unione e Fratellanza celebrada el 15 de aquel mes, el presidente Fainardi propuso que la institución tomara la iniciativa en la organización de los honores que la colonia italiana de Corrientes rendiría al héroe de la patria natal. El “Funeral cívico”, nombre que se dio a la ceremonia, prescindió de visitas a cualquier iglesia de la ciudad porque, explicó Fainardi, “Garibaldi había sido muy poco amigo o inclusive enemigo del clero”.[30] Esta postura respondió a una decisión personal del homenajeado y estuvo lejos de vincularse con una expresión anticlerical de la asociación que, en años previos, había celebrado en el convento La Merced el bautismo de una bandera recibida de Europa.[31]
Según el cronograma de honores, que los italianos resolvieron brindar el 25 de junio de 1882, participaron del homenaje referentes de la Sociedad Española de Socorros Mutuos, recientemente fundada, y hombres de la política correntina, como el liberal Eusebio Torrent, quien se habría comprometido a ofrecer un discurso. Además, se “rogaba” el concurso de otros destacados oradores locales, pertenecientes al autonomismo, como Manuel Derqui y Ramón Contreras.[32] Los propósitos que españoles y correntinos guardaron al participar de la jornada fueron distintos, aunque no por ello opuestos. Los españoles no asumieron su presencia como una evocación auténtica de honores hacia Garibaldi que, según la opinión de uno de sus líderes “nada hizo por España”, sino como un gesto de hermandad que buscó estrechar la unidad con los italianos.[33] Además, conviene apuntar que la participación fue oportuna porque existían lazos previos entre ambas entidades ya que la asociación española, nacida en 1881, había contratado los servicios médicos y farmacéuticos de los italianos Fainardi y Carlos Seravalle, respectivamente (Balbiano, 2022).[34]
A diferencia de los españoles, los correntinos guardaron estima por Garibaldi debido a su estadía en la provincia y a la colaboración en la lucha contra Juan Manuel de Rosas.[35] Exiliado de Italia en 1836, Garibaldi comenzó un derrotero por América del sur que lo llevó a atravesar Brasil, Uruguay y Argentina, ganándose así el apelativo de “héroe de los dos mundos”. En 1842 se puso bajo las órdenes de Fructuoso Rivera, líder del Partido Colorado en Montevideo y aliado del gobernador de Corrientes, Pedro Ferré. Estas circunstancias lo ubicaron a tono con la dirigencia política provincial, en enfrentamiento con el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, vinculado al líder del Partido Blanco en Montevideo, Manuel Oribe.[36] Garibaldi asumió el comando de la flota oriental con la misión de llegar a Corrientes para reforzarla militarmente y proveer pólvora y mercaderías al gobierno de Ferré. Sin embargo, el cometido se vio truncado porque el almirante Guillermo Brown, enviado de Rosas, interceptó la flota dando inicio a la batalla fluvial de Costa Brava.[37] Luego de ser derrotado en aquel combate, el marino sardo comenzó su recorrido por la provincia: Esquina, Goya, Santa Lucia, hasta llegar a la capital (Cocco, 2007).[38] De este modo, la implicancia del italiano en la conflictiva política rioplatense, abonada por el episodio que lo enfrentó a Rosas y su obediencia a Rivera, aliado del gobernador correntino, explican el reconocimiento con que contó su figura.[39] De hecho, según el programa de la actividad para rendir honores aquel junio de 1882, se estipulaba una procesión desde el Teatro Juan de Vera hasta la casa que habitó Garibaldi luego de la batalla de Costa Brava, en la calle Independencia.[40]
Particularmente en Corrientes, la imagen del italiano se ajustó a los fines reivindicatorios de una élite provincial insatisfecha, que no percibió la recompensa de participar en la conducción del Estado nacional devenido luego de 1853. Aquella insatisfacción se registró desde la década de 1880 en las quejas que realizaron los principales dirigentes provinciales en contra de lo que denunciaron como un excesivo centralismo, ejercido desde las administraciones nacionales, y una escasa inversión de recursos en su territorio.[41] En sintonía con estos reclamos, también generó disconformidad la narrativa histórica elaborada desde Buenos Aires, que no reconoció el aporte de Corrientes en la construcción de la nación. En este escenario, la denominada “cruzada libertadora” contra el orden rosista, iniciada con la batalla de Pago Largo (1839) y culminada en la batalla de Caseros (1852), fue instalada como símbolo de la contribución de Corrientes a la empresa nacional y, por ello, utilizada frecuentemente en editoriales de la prensa, en discursos conmemorativos, en intervenciones de legisladores nacionales y en obras históricas escritas desde fines del siglo XIX (Quiñonez, 2022).
Es en este marco que puede comprenderse la pertinencia de la figura de Garibaldi para la construcción de la memoria histórica elaborada desde Corrientes. Particularmente en la prensa, ello se constató en ocasiones en las que, con menor o mayor entusiasmo, se hizo presente su faceta como hombre comprometido con la política rioplatense. En julio de 1888, ante la noticia llegada desde Estados Unidos acerca de la apertura de una suscripción para erigir una estatua al héroe, el periódico El Correntino señaló: “se adelantan en ese acto de justicia a los pueblos del Rio de la Plata, que más deben a Garibaldi porque puso su brazo al servicio de la regeneración política de esta nación”.[42] Según interpretaban entonces, el italiano no recibía el valor que se merecía conforme a sus aportes a una causa nacional.
Por su parte, la colonia italiana comprendió la importancia de la construcción de la memoria histórica provincial y participó en actividades conmemorativas que operaron para enaltecer el pasado de Corrientes en calidad de provincia autónoma. En 1888, en ocasión del tercer centenario de la provincia y según el programa de festejos, peninsulares participaron ofreciendo guardias de honor.[43] Transcurrido un mes, las columnas del periódico El Correntino continuaron con la descripción de actividades y participantes, reconocieron al pueblo de la provincia por constituir un ejemplo de armonía y fraternidad con las colonias extranjeras para los “hermanos del litoral”[44] y afirmaron que italianos y españoles contribuían a solemnizar el tercer centenario de Corrientes, “suelo de sus hijos, sus bienes y su porvenir”.[45] Así, en sintonía con lo ocurrido en otros espacios, las crónicas periodísticas elogiaron la participación de colectividades inmigrantes en las festividades locales. Por ejemplo, en la ciudad de Santa Fe, la prensa hizo lo propio ante el aporte que, en los festejos del 9 de julio, hicieron las escuelas étnicas en la década de 1890 (Micheletti, 2008).
2.4. El centenario del natalicio de Garibaldi: los festejos en Corrientes
La popularidad alcanzada por Garibaldi en la ciudad se revalidó al cumplirse los cien años de su natalicio, el 4 de julio de 1907, cuando el Consejo Superior de Educación de la Provincia dispuso conmemorar la fecha. En aquella oportunidad, los honores comenzaron por la mañana con saludos, bombas y bandas de batallón de infantería y continuaron, pasado el mediodía, con una marcha que partió de la Sociedad Italiana hasta el paseo Mitre, a fin de dedicar una salutación “al patricio argentino, el inmoral Bartolomé Mitre, compañero de armas y admirador del general Garibaldi”.[46] Luego, la columna de manifestantes ofreció una corona de flores a la estatua de San Martín en la Plaza de Mayo, donde las banderas argentina e italiana hicieron un arco para el desfile de escolares. Por último, la movilización se dirigió al Teatro Vera y concluyó los honores con una función brindada por la compañía de ópera de la temporada.[47] Participaron del evento autoridades locales, entre ellas, el gobernador de la provincia Juan E. Martínez, el intendente municipal, ministros, diputados y senadores provinciales, y magistrados. Estuvieron presentes también presidentes de asociaciones étnicas, el cuerpo consular, referentes de la masonería,[48] gerentes de institutos de créditos, abogados, profesionales, industriales, comerciantes y estudiantes. Según la crónica, la actividad contó con gran concurrencia y se comprendió como una oportunidad de reconocimiento extendido más allá del prócer, en un acto de confraternidad, susceptible de apreciarse en las elogiosas palabras que el periódico local El Progreso ofreció a la colonia italiana: “hay que agregar la influencia económica, artística que ejerce la sociabilidad italiana en nuestra república y las vivas simpatías demostradas por Italia a nuestra patria”.[49]
En la presentación del programa de festejos, el periódico El Progreso mencionaba a Garibaldi entre otros hombres “excepcionales”, llámese “Cristo, San Martín o Washington, Franklin o Mitre”.[50] La evocación a San Martín no era nueva, ya en 1898, en los festejos realizados en Goya por el aniversario del 20 de septiembre de 1870, el orador designado por los italianos, Pedro Speroni, utilizó aquella alusión al libertador de América y señaló a la Argentina como “cuna de San Martín, patria adoptiva de Garibaldi”. Además, Speroni se refirió al conflicto fronterizo con Chile y destacó el compromiso de los italianos en la “cuestión internacional” con la formación de la legión ítalo argentina que se preparaba “en defensa de la integridad de este territorio”.[51] En efecto, meses antes, en junio de 1898 y en el marco del posible enfrentamiento bélico con el país limítrofe, se había iniciado formalmente la organización de aquella legión de la mano de Emilio Deleuse, que invitó a los exoficiales del ejército italiano residentes en Argentina a integrarla. El capitán Deleuse recorrió las provincias, logró numerosas adhesiones y comunicó estar preparado para organizar veinte mil hombres (Bertoni, 2001).
Retomando la identificación de Garibaldi con José de San Martín, es importante señalar que esta respondía a un clima generalizado de exaltación del prócer americano que, a fines del siglo XIX, pasó a encabezar la pirámide de los padres fundadores de la patria sobre la base de una serie de recursos políticos e intelectuales (Bragoni, 2013).[52] Particularmente en Corrientes, San Martín fue una figura privilegiada por la elite dirigente local, en su afán de hacerle un lugar a la provincia en la narrativa histórica nacional. La operación consistió en la instalación de la condición del prócer como “correntino”, antes que “americano”, presentándola como una cualidad a la que debía las virtudes y los valores que le permitieron convertirse en un héroe continental (Leoni y Quiñonez, 2001).
Aun habiendo sido derrotado en el combate de Costa Brava al igual que San Martín, aunque en otro grado de consideración por su condición de extranjero, Garibaldi encarnaba un bastión en la elaboración de una narrativa histórica alternativa a la construida desde Buenos Aires. En otras palabras, la instalación del italiano en la historia de Corrientes colaboraba con el discurso producido en la provincia que buscaba revalidar sus propios esfuerzos en la construcción de la Nación. Ello explicaría, además, el tratamiento especial que se le dio, en la pedagogía escolar, a las jornadas del centenario de su natalicio, ya que el Consejo Superior de Educación de la Provincia dispuso que las escuelas participaran con clases alusivas a la fecha: “El pueblo italiano celebrará justicieramente el centenario del nacimiento de Garibaldi y este consejo ha dispuesto que las escuelas fiscales conmemoren el natalicio con algunas clases rememorativas”. La decisión respondía al lugar adjudicado al “prócer italiano” en la historia local, rescatando su rol en la lucha contra el régimen rosista: “llamado por sus connacionales el ‘héroe de ambos mundos’ ha sido un luchador en nuestro país contra la tiranía, y representa, en los anales del siglo pasado, uno de los caracteres más acentuados en pro de la democracia”.[53] Esta práctica pedagógica no era una novedad, existía en la provincia una tradición educativa que propugnaba el conocimiento de la geografía e historia local (Quiñonez, 2007).
3. Garibaldi, un héroe controversial
3.1. A propósito del monumento a Garibaldi en Buenos Aires
Si bien, como se señaló en páginas previas, algunos correntinos consideraron el monumento a Garibaldi como una empresa necesaria, la muestra de simpatía no fue extensiva a todos los hombres de Corrientes y encontró un límite que se reflejó en las discusiones parlamentarias concitadas en Buenos Aires, en torno a la construcción de estatuas y monumentos. Un proyecto para erigir un monumento a Garibaldi presentado por el diputado nacional Emilio Gouchón, en mayo de 1896, suscitó fuerte oposición en el Congreso Nacional.[54] La disputa, que emanaba del desacuerdo respecto al lugar otorgado a los monumentos de próceres extranjeros, se había hecho evidente días antes en la posición que guardó el diputado correntino Manuel Florencio Mantilla,[55] al votarse un subsidio para el mausoleo de Manuel Belgrano. En aquella oportunidad, Mantilla ofreció una comparación de la obra dedicada al héroe argentino con la estatua de Mazzini, que desde 1872 se levantaba en la Plaza Roma de Buenos Aires, exponiendo que el mausoleo de Belgrano debía corresponder, por su dimensión y belleza, a la importancia del creador de la bandera. Mantilla encontraba cierta ofensa en la envergadura de la imagen erigida a un extranjero, tanto en lo concerniente a su ubicación, “en las puertas de la ciudad”, como en lo relativo a su calidad y belleza, pues era, a juicio del correntino, “la mejor obra de arte que se ostenta en la ciudad de Buenos Aires” (como se cita en Bertoni, 2001, p. 296).
En septiembre de 1897, el proyecto del monumento a Garibaldi finalmente fue aprobado, no sin la oposición de Mantilla y otros diputados, colocándose la piedra fundamental en la entrada del Parque Tres de Febrero, de la ciudad de Buenos Aires (Bertoni, 2001).[56] El monumento fue inaugurado en 1904 y continuó recibiendo cuestionamientos que hicieron eco también en la provincia de Corrientes, incluso en los años posteriores a su aprobación. En 1900, el periódico La Reacción dedicó a aquella empresa un irónico comentario en sus columnas bajo el título “Pro-Garibaldi”:
Para tan cacareado monumento a Garibaldi, solo se han recogido hasta ahora 50.000 liras, faltando 100.000: prueba del gran entusiasmo que reina. Es de suponer que el monumento se concluirá allá cuando Elías vuelva al mundo. ¡Como si no se tuviera un héroe nacional sin ultraje para nuestras creencias, digno de figurar en los portones de Palermo![57]
Aunque en este enunciado el desprecio hacia el italiano puede comprenderse por el tinte católico de aquel periódico –que contó en sus números con el lema “Estoy en pie por la fe”–, los debates que suscitaron el emplazamiento de monumentos a extranjeros y posiciones como la de Mantilla se expresaron en un clima generalizado que percibía en el cosmopolitismo un fenómeno perjudicial para la consolidación identitaria argentina, y una amenaza que opacaba la construcción del panteón de héroes nacionales propios.[58] Esto explica las discusiones presentadas en torno a la erección de monumentos, traducida en una puja por la hegemonía simbólica en los espacios públicos (Bertoni, 2001).
3.2. Entre festejos e impugnaciones
Aunque, como señalamos antes, la figura de Garibaldi pudo ser funcional al intento de dotar a Corrientes de un papel protagónico dentro del pasado nacional, para hacer uso de ella, antes fue necesario eliminar los elementos agitadores de su faceta revolucionaria y, al mismo tiempo, recuperar sus virtudes asociadas a la libertad y unidad de los pueblos (Dosio, 2010) con sus muestras de sacrificio contra el régimen rosista. Y si los honores brindados podrían aparentar el éxito de aquella operación traducida en un acuerdo unánime, la realidad estuvo lejos de ello. Como señala John Gillis, en la práctica “la actividad conmemorativa consistió en la coordinación de memorias individuales y grupales, cuyos resultados pueden aparecer como un consenso, cuando en realidad son el producto de un proceso de intensa competencia, lucha y, en algunos casos, aniquilación” (como se cita en Rodríguez, 2009, p. 65). Así lo refleja una nota titulada “Campo Neutral”, enviada por Luis Pesenti al periódico El Progreso, unos pocos días después de la jornada por el centenario del natalicio de Garibaldi en 1907. En ella Pesenti, que había actuado en la conmemoración como uno de sus principales oradores, daba a conocer que recibió de forma anónima un trozo de diario sin título en el cual se transcribían varios párrafos de José Manuel Estrada, publicados en el periódico de Buenos Aires La Unión entre 1882 y 1883, en los cuales “se pretende denigrar e insultar al General Garibaldi hasta hacerlo aparecer como el más ruin y vulgar de los aventureros”.[59]
En la publicación, Pesenti compartió algunos párrafos del periódico porteño con el subtítulo “A propósito del centenario de Garibaldi - Juicios de José Manuel Estrada”.[60] Estos apuntes, permiten reconocer voces disonantes que rompían con la imagen del italiano erigido como prócer. Según Estrada, Garibaldi “no fue un pensador ni un político, sino un caudillo subalterno de multitudes”, caracterizado por su odio al papado y a la Iglesia. En su crítica, ni la lucha contra el gobernador de Buenos Aires era suficiente para ameritarle glorias: “Como se asociara a los que combatían contra Oribe y contra Rosas hay muchos que lo exaltan, pero estos condimentos inspiran pocas simpatías. Había argentinos de sobra para destrozarse sin la colaboración de aventureros cosmopolitas”. El intelectual argentino también ponía en duda el lugar del italiano en el panteón nacional, presentando pelea al pasado instituido. Caracterizaba “el garibaldismo” como “una secta frenética que lleva sus delirios hasta divinizar a un desgraciado" y cuestionaba la institución de Garibaldi como héroe nacional incluso de Italia, afirmando que esta imagen no era compartida por todos los compatriotas de la península:
Si hay italianos tocados de garibaldismo, también los hay libres de aquel contagio ¿Quién ha conferido a los alborotadores la representación de estos últimos?... Los garibaldinos monopolizan pues, arbitrariamente el nombre de los italianos y proceden sin su representación.[61]
Objeción similar se constató en 1897, en torno al ya mencionado debate suscitado por el proyecto del monumento. En esa oportunidad, el diputado nacional por la provincia de Salta, Indalecio Gómez, señaló que el pretendido héroe no reflejaba la aspiración de todos los italianos y tampoco constituía un modelo digno para la juventud nacional (Bertoni, 2001).
Las sentencias de Estrada y Gómez revelaban que, a pesar del aparente acuerdo en torno a la heroicidad de Garibaldi, existía un grupo de personas que presentó discusión y reprobó en él aquellos elementos que amenazaran el orden establecido: el anticatolicismo y la faceta revolucionaria. Asimismo, las críticas dejaron en evidencia la operación selectiva imperante entre quienes lo instituyeron como héroe. En efecto, el mecanismo que encumbró a Garibaldi apuntó, por un lado, a la apropiación de su figura dispensando aquellas cualidades disruptivas y, por el otro, a su uso didáctico para incentivar sentimientos de pertenencia, tendientes a identificar su persona con rasgos propios de un héroe nacional (Dosio, 2010).
Ahora bien, como puede observarse, el anticlericalismo del italiano fue una nota que no pasó por alto en las elites católicas argentinas. Una discusión similar se había generado, hacia 1882, con la erección de una estatua de Garibaldi en la ciudad de Rosario. La iniciativa encontró varios obstáculos en el sector oficialista de Santa Fe, caracterizado por su catolicismo, que rechazó la idea de que fuese Garibaldi el primer héroe extranjero que contase con una estatua en la provincia.[62] Finalmente, la empresa se llevó a cabo en el pórtico del local de la logia masónica Unión, y no en una plaza pública como se pretendía inicialmente (Micheletti, 2008).
Por lo tanto, aquellas discusiones que hicieron mella en la heroicidad del italiano deben entenderse también en un contexto de avance de políticas liberales promotoras de la secularización, resistidas por los sectores católicos nacionales. Sin dejar de lado que, al menos en la colectividad italiana de Corrientes, esto no se tradujo en una división interna, puesto que para los italianos fue posible honrar a Garibaldi y a la vez expresar prácticas católicas, como se pudo constatar con el bautismo de su bandera en el convento La Merced en 1879.[63]
Consideraciones finales
Los líderes de la asociación italiana lograron integrar al calendario cívico de Corrientes jornadas conmemorativas de su comunidad y volcaron así parte de los esfuerzos en construir una amplia identidad nacional superadora de los regionalismos, que acompañó el proceso de unificación expresado en la península. Para ello, entre otras acciones, organizaron honores ante el fallecimiento de Mazzini y de Garibaldi que contaron con participación local y muestras de simpatía por parte de las autoridades de la ciudad. Esta misión nacionalizadora de los líderes, aunque tuvo como horizonte terminar con la identidad aldeana o regional y educar la italianidad, no contó con un correlato en el ámbito nacional porque, como pudo observarse, en la recaudación para el monumento a Mazzini la operación fue inversa: ante el riesgo de ser absorbidos o invisibilizados por el protagonismo porteño, los peninsulares hicieron prevalecer la identificación con la provincia de adopción, y reafirmaron su identidad como “la colonia italiana de Corrientes”.
Aquella preferencia por visibilizar el aporte correntino coincidió, años más tarde, con la búsqueda de la elite dirigente de construir una narrativa histórica que apuntara a la reivindicación del rol de la provincia en la construcción de la nación. En efecto, frente a la historia instalada desde Buenos Aires, que no dejó lugar a Corrientes porque centró la memoria en la guerra revolucionaria y las campañas libertadoras, la elite local subrayó la importancia de la provincia como entidad autónoma fundamental en el proceso institucional argentino (Leoni y Quiñonez, 2001). En este marco, la lucha contra Juan Manuel de Rosas fue uno de los ejes históricos centrales considerados para poner en valor a la provincia. La participación de Garibaldi en el enfrentamiento contra la “tiranía rosista”, a pesar de haber sido derrotado en la batalla de Costa Brava, habilitó un tratamiento especial al cumplirse los cien años de su natalicio. Dichos honores llegaron a las aulas escolares donde, al evocar su figura, se remitieron a José de San Martin, otro de los héroes predilectos en la narrativa histórica provincial. Ahora bien, aunque Garibaldi con su accionar pudo ajustarse a aquellos bastiones que la elite local construyó en su lucha por el control de la memoria, la valoración positiva de su figura estuvo lejos de conformar un consenso unánime, ya que existieron voces que objetaron su calidad de prócer indiscutido.
La incorporación al calendario de conmemoraciones foráneas, fue posible también porque la sociedad correntina, con escasos aportes de población extranjera, se mantuvo apartada de los conflictos suscitados en los espacios receptores de inmigración masiva. Aquí, el cosmopolitismo denunciado desde el gobierno nacional como un fenómeno perjudicial para la consolidación identitaria argentina, no significó una amenaza. Tampoco lo fue el problema de la agitación obrera, neutralizado por la conservación de una economía tradicional y el limitado desarrollo de las industrias. En Corrientes, entonces, convivieron pacíficamente las acciones conmemorativas extranjeras con fiestas patrias argentinas, al compás de una notable asociación de intereses que se centró en el desarrollo y la modernización urbana. En la ciudad capital de la República, en cambio, el avance de los italianos en materia conmemorativa fue percibido como una amenaza que opacaba las fiestas patrias argentinas (Quiñonez, 2007), razón por la cual algunos sectores políticos las rechazaron, al igual que los monumentos, como lo comprueban las voces disidentes surgidas ante la propuesta del diputado Gouchón para la erección de un monumento a Garibaldi.
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Notas
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