Debate

¿HEREDADA O CONSTRUIDA? DIFERENTES PERSPECTIVAS DE ANÁLISIS DE LA IDENTIDAD ÉTNICA ENTRE LOS DESCENDIENTES DE INMIGRANTES EN ARGENTINA1

Inherited or Constructed? The Different Perspectives of Analysis of Ethnic Identity among Polish Immigrants’ Descendants in Argentina

Katarzyna PORADA [*]
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Argentina

¿HEREDADA O CONSTRUIDA? DIFERENTES PERSPECTIVAS DE ANÁLISIS DE LA IDENTIDAD ÉTNICA ENTRE LOS DESCENDIENTES DE INMIGRANTES EN ARGENTINA1

Revista del CESLA, núm. 20, pp. 103-122, 2017

Uniwersytet Warszawski

Recepción: 01 Octubre 2016

Aprobación: 01 Febrero 2017

Publicación: 30 Diciembre 2017

Resumen: La comunidad polaca en Argentina es resultado de movimientos poblacionales a gran escala, iniciados en el siglo XIX y finalizados en la segunda mitad del XX. Han pasado ya varias décadas desde que prácticamente se detuvieron los procesos migratorios entre ambos países. Pese a la distancia temporal que separa la llegada del último grupo inmigrante, algunos de sus descendientes, que nacieron, crecieron y fueron educados en Argentina, siguen conservando, de una u otra forma, los lazos que les vinculan con el lugar de nacimiento de sus antepasados. El presente artículo, basándose en diferentes perspectivas teóricas, analiza cómo, en el contexto actual, los descendientes de inmigrantes polacos perciben su identidad étnica, cuáles son las particularidades de los lazos, reales o simbólicos que mantienen con el país de origen de sus antepasados y qué es lo que les motiva a la hora de conservar esta vinculación.

Palabras clave: Argentina, comunidad polaca, identidad, trayectorias étnicas, descendientes de inmigrantes.

Abstract: The Polish community in Argentina is the result of large-scale population movements that began in the 19th century and completed in the second half of the 20th. Several decades have passed since that migration between the two countries stopped. Despite the time elapsed since the arrival of the last immigrant group, some of their descendants, who were born, grew up and were educated in Argentina, still maintain, in one way or another, the ties that bind them to the birthplace of their ancestors. This article, using different theoretical perspectives, analyzes how, in the current context, the descendants of Polish immigrants perceive their ethnic identity, what the characteristics of the links, real or symbolic, they have with the country of their ancestors are and what motivates them to preserve this linkage.

Keywords: Argentina, Polish community, identity, ethnic trajectories, descendants of immigrants.

La actual comunidad polaca en Argentina es resultado de movimientos migratorios a gran escala iniciados en tierras polacas en las últimas décadas del siglo XIX y finalizados en la segunda mitad de los años cuarenta del siglo XX. La distancia temporal que nos separa de la llegada del último grupo de polacos a este país se ha reflejado en la paulatina e inevitable desaparición de la mayoría de los inmigrantes. Hoy en día, como hemos podido comprobar durante la investigación realizada, una parte de sus descendientes, que nacieron, crecieron y fueron educados en Argentina – la mayoría en familias étnicamente heterogéneas – sigue conservando el interés por las tradiciones de sus antepasados y, de una u otra forma, mantiene la vinculación con lo que, a sus ojos, constituye su cultura de origen2. Teniendo en cuenta lo anterior, los interrogantes que nos planteamos en este artículo son los siguientes: ¿por qué los descendientes de inmigrantes polacos, después de casi siete décadas de haberse paralizado los movimientos migratorios, siguen desarrollando ciertas actividades que pretenden mantener los lazos con Polonia?; ¿qué es lo que les motiva?; ¿cuáles son las particularidades de esta vinculación? La especificidad del tema que nos interesa requiere, en primer lugar, esbozar una aproximación conceptual a lo que podríamos denominar la “cuestión identitaria”, que nos servirá de base para poder contestar las preguntas planteadas.

LA CUESTIÓN IDENTITARIA Y LOS VERICUETOS CONCEPTUALES

El extendido uso que las ciencias sociales han otorgado, en las últimas décadas, a los conceptos identidad étnica, grupo étnico y etnicidad, ha creado una falsa percepción de que existe un consenso sobre sus contenidos (Bazurco Osorio, 2006). No obstante, las distintas propuestas teóricas que albergan y utilizan estas nociones, al partir de supuestos y horizontes diferentes, contradicen esa idea. Se trata de términos altamente polivalentes y las diferentes líneas interpretativas desde las que se han pretendido abordar los complejos fenómenos identitarios, en ocasiones, han colocado dichos conceptos en extremos radicalmente opuestos. En primer lugar, el enfoque primordialista, denominado también esencialista o substantivista, se caracteriza por sostener la existencia “natural” de grupos étnicos. Según esta perspectiva, la identidad étnica está basada en profundos anclajes y ataduras, denominados también “lazos primordiales” (Geertz, 1992), que unen al sujeto a un grupo o a una cultura. Los seguidores de esta corriente teórica afirman que la identidad étnica no depende de la voluntad individual, sino que es un hecho dado, resultado de una serie de rasgos inmutables, que caracterizan al grupo y a los individuos que lo conforman. Estas particularidades – su carácter fijo e inamovible – explican, a su vez, la continuidad y la perduración en el tiempo de los distintos grupos étnicos. En otras palabras, las identidades colectivas en las que se sustenta la existencia de diferentes grupos son fruto de una vinculación, percibida como “natural”, que los sujetos sienten tener hacia los integrantes de su propia comunidad (Geertz, 1992: 222).

Por otro lado, el enfoque constructivista, desarrollado como crítica al primordialista, pone especial énfasis en la flexibilidad y dinamismo como cualidades inseparables de la identidad; la entiende como un fenómeno construido y no como una característica fija e inmutable. Los denominados constructivistas subrayan que la identidad étnica es un fenómeno que no puede ser entendido al margen de las circunstancias e independientemente del contexto social dentro del cual se construye. En este punto, es obligatorio destacar la contribución que en esta materia ha tenido el antropólogo Fredrik Barth (1976). Sus aportaciones se consideran como un punto de inflexión en la forma de pensar las identidades étnicas y los procesos que participan en su generación y conservación. El principal aporte de Barth consiste en poner la atención en las fronteras étnicas, entendidas como delimitadoras de la identidad, antes que en el contenido cultural que éstas encierran. Según este autor la identidad de un determinado grupo surge y se desarrolla en cuanto existe interacción con otros colectivos y no como característica propia del mismo. Es por ello que la conservación de los límites étnicos no depende de la falta de interacción social, sino es resultado de las relaciones que mantienen los portadores de diferentes grupos (Barth, 1976).

El tercer enfoque, denominado instrumentalista, está ligado en parte al constructivista e incluso, por algunos autores, es considerado como su vertiente. Esta perspectiva también sostiene el carácter flexible y dinámico de los procesos identitarios. Sin embargo, a diferencia del enfoque anterior, el instrumentalismo pone particular énfasis en la dimensión utilitaria y el cálculo racional que intervienen en el desarrollo de la identidad étnica. La valoración de costes y beneficios que realiza una persona a la hora de involucrarse o no en un grupo étnico es un elemento clave de la construcción identitaria. Según esta perspectiva, la etnicidad es un recurso al que el individuo o el grupo acuden de manera consciente para obtener determinados fines. Por lo tanto, al estar estrechamente vinculada con su necesidad práctica, depende, en gran medida, de las ventajas u oportunidades que puede representar, en un momento concreto, el hecho de identificarse con un colectivo específico (Bazurco Osorio, 2006).

Por último, en el recorrido por las diversas aproximaciones teóricas a la “cuestión identitaria” resulta de gran importancia detenernos en el concepto de la etnicidad simbólica. Se trata de un término originalmente acuñado por el sociólogo Herbert Gans (1979), seguido y desarrollado posteriormente por Mary Waters (1990) y Richard Alba (1990), en base a las particularidades de las identificaciones étnicas desarrolladas por los descendientes de inmigrantes europeos en los EEUU. Ésta destaca por un alto componente afectivo y una actitud nostálgica hacia el país de los antepasados y de la cultura de la generación inmigrante. Al mismo tiempo, la expresión de la afiliación étnica raras veces interfiere en las obligaciones cotidianas, ocupando un lugar relativamente marginal en el comportamiento social de los actores involucrados. Es decir, los sentimientos de amor y orgullo hacia una tradición o determinados aspectos culturales no necesariamente son incorporados a la conducta diaria de los individuos y las acciones que tienen como objetivo demostrar su pertenencia étnica, frecuentemente, se convierten en una actividad realizada en el tiempo libre o son evocadas durante algunas celebraciones especiales.

Una vez esbozadas las particularidades de las distintas perspectivas desde las que se ha analizado la problemática identitaria, y para evitar que la complejidad que presenta el objeto de estudio se vea limitada por las propuestas teóricas demasiado “rígidas”, en el presente artículo optaremos por adoptar el enfoque interpretativo inclusivo. En otras palabras, consideramos que el uso simultáneo de las perspectivas descritas, aunque, frecuentemente, consideradas como contradictorias e incluso irreconciliables, puede resultar complementario en el análisis que nos proponemos.

LA COMUNIDAD POLACA EN ARGENTINA

El desplazamiento poblacional a gran escala desde las tierras polacas hacia Argentina fue iniciado en el año 1897, fecha en la que un grupo de 14 familias polacas y ucranianas, procedentes de la Galitzia perteneciente al Imperio Austrohúngaro, arribó a Buenos Aires. Los recién llegados pudieron contar con el apoyo de un compatriota, Michał Szelągowski, establecido en Argentina desde el año 1878 (Mazurek, 2006). Adoptando el papel de intermediario ante las autoridades locales, Szelągowski se puso en contacto con el gobernador de la provincia de Misiones, Juan José Lanusse, para conocer las posibilidades de establecimiento en la zona. En la respuesta a su petición, enviada por el gobernador, podemos leer:

Escribirle hoy y anticiparle que estos inmigrantes estarán bien venidos. Tengo intérprete. Sírvase decirme cuantos son y asegúrese todo mi mejor concurso. Creo haceles. Ud. Un buen servicio mandándoles aquí. (…) Puede estar seguro que haré en obsequio de esta gente cuanto éste en mi mano y que se encontrarán bien (…). P.D. Aquí hay arados y semillas (Lanusse, 1897).

La carta demuestra claramente el interés con el que se aguardaba el arribo de las familias galitzianas a esta provincia con muy escasa densidad poblacional y carente de grandes núcleos urbanos. Su llegada a la selvática región del nordeste argentino, inicialmente a la ciudad de Apóstoles, se reflejó en el desarrollo de los pocos núcleos poblacionales ya existentes y en la fundación de otros nuevos. La correspondencia enviada a los familiares o vecinos en Polonia, que relataba los beneficios recibidos en Argentina, dio origen a una fuerte cadena migratoria. Ya en el año 1901, los colonos se establecieron en Azara, San José, Corpus y, en los años siguientes, en Cerro Corá (1910), Bombland (1917), Gobernador Roca (1928), Polana (1932), Campo Grande (1934) y, finalmente, en Colonia Wanda (1936) y Colonia Gobernador Lanusse (1937) (Stemplowski, 2011).

Paralelamente, a partir de los primeros años del siglo XX, empezó a crecer en número la migración urbana. Los pertenecientes a este grupo eran mayoritariamente los obreros polacos provenientes de Varsovia, Lublin o Łódź (Mazurek, 2006), que se iban estableciendo en ciudades o pueblos del conurbano bonaerense; es decir, en aquellos núcleos urbanos, en un principio independientes, que debido al espectacular crecimiento de la capital argentina, llegaron a fusionarse. Muchos de los pertenecientes a este grupo encontraron trabajo en las grandes fábricas, frigoríficos y talleres localizados en la zona que requerían de una abundante mano de obra (Klarner-Kosińska, 1983). En el período de entreguerras el movimiento migratorio hacia Argentina siguió creciendo, alcanzando en dos décadas un número aproximado de 160.000 ingresos (Smolana, 1983). Junto con la inmigración radicada en Buenos Aires y en la provincia de Misiones, empezaron a establecerse pequeñas comunidades polacas en las ciudades de Córdoba, Tucumán, Rosario y Mendoza. Algunos decidieron probar suerte en la Patagonia, en la ciudad de Comodoro Rivadavia, donde, después del descubrimiento de petróleo, encontraron trabajo en esta nueva industria.

La última etapa migratoria corresponde al período posterior a la Segunda Guerra Mundial. En los primeros años de postguerra, llegaron al puerto de Buenos Aires alrededor de 19.000 soldados desmovilizados acompañados, en algunos casos, por sus familias (Dembicz, Smolana, 1993). Los representantes de este grupo, al concluir el conflicto bélico y debido a la colocación de Polonia bajo la influencia de la URSS, tomaron la decisión de no regresar al país. Su llegada a Argentina dio origen al florecimiento de la vida asociativa. En los años inmediatos a su establecimiento en el país, surgieron varias organizaciones nuevas, al tiempo que fueron ampliadas las estructuras asociativas existentes. Esta animación se debía, en gran medida, al hecho de que muchos de los pertenecientes a la última oleada migratoria aguardaban una profunda convicción de que el orden político establecido en la Europa de postguerra pronto se iba a revertir, permitiéndoles retornar al país. Su estancia en Argentina la consideraban transitoria y ponían un fuerte énfasis en mantener la lengua, la cultura y tradiciones polacas e inculcarlas a sus hijos para que éstos, una vez cumplido el deseo de retorno, pudieran integrarse sin mayores dificultades a la sociedad polaca.

Además del crecimiento de la comunidad polaca en Argentina, el fin de la guerra provocó una interrupción de relaciones entre la comunidad polaca y las autoridades de la Polonia Popular. La colocación del país detrás del Telón de Acero obstaculizó considerablemente, durante más de cuatro décadas, los contactos entre la comunidad polaca en Argentina y la “Madre Patria”. Además, tras un prolongado periodo de auge, y ante la evidencia que el retorno no iba a producirse, los distintos colectivos fueron perdiendo su fuerza inicial. Este proceso se tradujo en el cada vez menor número de integrantes, el cierre de una parte de las instalaciones y, consecuentemente, la desaparición de algunas de las asociaciones polacas. No obstante, tras un periodo de actividad limitada, que parecía presagiar el declive de la comunidad polaca en Argentina, en los últimos años tuvo lugar una reactivación de la vida comunitaria; fenómeno que, como señalaremos a continuación, aguarda una estrecha vinculación con el contexto en el que está inserto el grupo.

IDENTIDAD ÉTNICA COMO UN FENÓMENO CONTEXTUAL

El significativo florecimiento de las actividades desarrolladas por la comunidad está, indudablemente, relacionado con las transformaciones efectuadas tanto en el país de origen como en el de residencia. Al centrarnos en el contexto argentino, en primer lugar, sobresale un importante cambio de actitud de las autoridades locales hacia las comunidades de origen inmigrante. Las fuertes tendencias asimilacionistas que pretendían combatir el cosmopolitismo existente y asegurar la “unidad nacional”, presentes en los proyectos nacionales desde la segunda mitad del siglo XIX y durante gran parte del XX (Devoto, 2009), fueron sustituidas, recientemente, por iniciativas orientadas hacia promover la idea de la Argentina como una nación plural, tanto a nivel político como étnicocultural y religioso. La particularidad de este reconocimiento oficial se ha basado, principalmente, en la escenificación de la pluralidad étnica en el espacio público (Fischman, 2011). Esto es, con el apoyo de autoridades, han empezado a ser organizadas distintas exhibiciones o festivales protagonizados por varias colectividades de origen inmigrante, que gozan de una gran popularidad entre el público asistente. Es necesario resaltar que si bien las fiestas del inmigrante no constituyen una novedad en el contexto argentino, la envergadura de las mismas, el respaldo oficial, así como la cobertura en los medios de comunicación que reciben, son factores que han influido en la especificidad que adquieren3. En este sentido, resulta significativo el siguiente testimonio de una de las integrantes de la comunidad, que de forma concisa resume el impacto que entre los miembros de la comunidad polaca han tenido los cambios recientes:

Se está notando el cambio. Este polaco o descendiente de polacos que antes no sabía muy bien si avergonzarse o no, ahora ve que al manifestar su “polaquidad” de esta forma es bien recibido por los argentinos (…). Porque lo perciben como algo interesante, algo bonito, entonces él se disfraza de polaco y es aceptado en la sociedad argentina (…) (mujer, 58 años, ambos padres polacos).

La aceptación y el interés que acompañan las exhibiciones presentadas durante los actos promovidos desde la esfera gubernamental y dirigidos al público extracomunitario han constituido un claro incentivo para los que participan en ellos. En consecuencia, el hecho de encontrarse con un recibimiento positivo por parte de la sociedad mayoritaria ha provocado que algunos de los descendientes de inmigrantes polacos empiecen a revalorizar su procedencia étnica. Lo demuestran los siguientes testimonios:

La verdad es que es muy bonito, es un orgullo representar a Polonia, mostrar los trajes, mostrar toda la cultura y a la gente le gusta mucho… Yo pienso que es la colectividad que más le gusta [al público] por la variación de trajes, los colores, los cantos. Y siempre nos reciben con muchos aplausos (hombre, 23 años, cuatro abuelos polacos).

Hay gente que se emociona y viene y se acerca. Un día fuimos a participar y llegamos después de la misa con esos trajes. Íbamos a bailar y salíamos y la gente sorprendida, venía no sé de dónde, y nos sacaban fotos y nos sacaban fotos. Fuimos centro de atención. Eran gente de otros lados… Es que éste es el traje más lindo, porque es el traje más llamativo… (mujer, 36 años, abuelos maternos polacos).

La promoción de la diversidad étnica, el surgimiento de numerosos eventos enfocados en resaltar el carácter plural de la sociedad argentina y, sobre todo, el interés que éstos despiertan entre los espectadores concurrentes, no sólo han incidido a nivel individual, provocando que algunos de los descendientes de inmigrantes polacos recuperen o desarrollen un mayor interés por sus orígenes étnicos y se incorporen a respectivos centros, clubes o asociaciones polacas. Dichas iniciativas han supuesto también un notable cambio dentro de las prioridades organizativas de las estructuras étnicas y han llegado a ocupar un lugar privilegiado en las agendas culturales de la mayoría de las entidades polacas.

Por otro lado, la flexibilidad y el carácter contextual de la identidad étnica radican también, en gran medida, dónde y frente a quién el individuo se posiciona en un determinado momento. En este sentido, hay que tomar en cuenta la importancia que en el fenómeno analizado desempeña tanto la auto-afirmación y como la asignación identitaria realizada a los integrantes del grupo por los otros (Giménez, 2006). Como se ha podido observar, algunos de los entrevistados han afirmado que la forma en la que se perciben a sí mismos puede variar considerablemente según el lugar en el que se encuentran y frente a quién se posicionan. Este fenómeno ha sido relatado particularmente por aquellos de nuestros informantes que han tenido la oportunidad de viajar a Polonia. Lo comprueban los siguientes testimonios:

Entrevistada: (...) porque sí somos argentinos pero la verdad cuando estás en Argentina te sentís más polaco que argentino, salvo que cuando vas a Polonia que te sentís más argentino, es como al revés.

Entrevistadora: ¿Y cuándo no estás ni en Polonia ni en Argentina?

Entrevistada: Mitad-mitad, no sé. Porque uno dice por ejemplo a mí me pasaba cuando estaba en Londres, me encontré con un polaco que vivía en Londres desde hace mucho tiempo y le dije, no, yo soy argentina pero soy de familia polaca y es como (…) soy las dos cosas, no puedo dejar de ser una para ser la otra, pero la verdad que tengo (…) yo estoy acá y me siento más polaca que argentina, tengo más costumbres polacas que otra cosa. Para cualquier cosa, o sea por ejemplo para la Navidad, para Pascuas, para Año Nuevo (mujer, 28 años, abuelo paterno polaco).

Yo en Polonia soy argentino y en Argentina soy polaco (...) dentro de lo que es la cultura argentina, mis compañeros de trabajo, me consideran más polaco que argentino y, evidentemente, yo sé que si voy a Polonia yo soy argentino. (hombre, 51 años, padre polaco).

Consecuentemente, como se ha podido apreciar, la identidad se recrea individual y colectivamente, al tiempo que se alimenta, de forma continua, de la influencia exterior, evoluciona con las nuevas experiencias y se mantiene en un proceso de permanente modificación. La particularidad de la identificación étnica que elaboran los integrantes de la actual comunidad polaca en Argentina, así como su fuerte carácter oscilatorio, hacen que ésta se construya y reconstruya a partir de las relaciones que los individuos establecen con otras personas con las que interactúan en un determinado momento y lugar. En consecuencia, la señalada revitalización de la actividad comunitaria, la importancia que, hoy en día, los descendientes de inmigrantes otorgan a los eventos destinados al público extracomunitario, así como la frecuente adopción del punto de vista del otro para definirse a sí mismos, confirman, a su vez, la validez del enfoque constructivista desde el que se analizan las particularidades de la identidad étnica, que, como hemos afirmado, sostiene el carácter dinámico y contextual de los procesos identitarios.

IDENTIDAD ÉTNICA COMO FENÓMENO INSTRUMENTAL

Además de las transformaciones efectuadas en Argentina, a la hora de analizar la vida comunitaria es necesario tomar en cuenta los cambios efectuados en el país de origen. En este sentido, el año 1989 constituye un hito de suma importancia en las relaciones entre las comunidades polacas en el extranjero y las autoridades de Polonia. Después de más de cuarenta años han desaparecido, finalmente, las barreras ideológicas que obstaculizaban el acercamiento. Dicho acontecimiento dio lugar al restablecimiento de las relaciones mutuas y a la aparición de un conjunto de proyectos de colaboración que no se habían podido llevar a cabo en épocas anteriores. Con estas palabras uno de los integrantes de la comunidad resume el cambio que se había producido:

Por muchos años era bastante complicado, porque no había relaciones con los embajadores (…). Pero bueno, eran momentos muy difíciles. Entonces el gobierno no apoyaba. Ahora, cuando cayó el régimen, comienzan los primeros contactos con la embajada, comienza una interconexión, ya para el 3 de mayo, el 11 de noviembre. La embajada invita a todo el mundo. Todo el mundo va. Todo el mundo está muy orgulloso de ir a la embajada. Están muy orgullosos de recibir la invitación del embajador (…). Pero quiero decir, hoy por hoy, ya ha cambiado completamente (…). Desde que cambió el sistema en Polonia tenemos una excelente relación (hombre, 66 años, padres polacos).

Los proyectos de colaboración, que han empezado a afianzarse con la llegada del nuevo milenio, han sido acompañados por una importante inversión económica procedente de fondos públicos polacos. Ésta ha sido destinada, principalmente, a dos tipos de proyectos. Por un lado, gracias a las ayudas recibidas, ha sido posible remodelar las sedes de algunos colectivos y, por el otro, iniciar una serie de proyectos de promoción y divulgación de la cultura y tradiciones del país de origen entre los descendientes de inmigrantes. Entre todas las iniciativas desarrolladas, las que mayor interés han despertado han sido aquellas que han ofrecido becas o subvenciones para visitar el país de los antepasados, ya sea para asistir a un curso de polaco, tomar parte en un taller o participar en un evento específico. El viaje a Polonia o la posibilidad real de realizarlo en un futuro cercano ha influido en la forma en la que los descendientes de inmigrantes perciben su pertenencia étnica. Esta oportunidad ha constituido, además, un importante incentivo para promover la involucración en las actividades realizadas y, para muchos, se ha convertido en un beneficio concreto al que pueden acceder gracias a la participación en las estructuras comunitarias. Así lo explica una de las personas entrevistadas:

Desde Polonia hay un estímulo muy grande, de llevar gente a hacer curso a Polonia, las becas que se otorgan. Entonces quieras o no, que te otorguen una beca para ir a estudiar idioma. Y más allá del idioma, que tenés una oportunidad para ir a conocer. Y mucha gente sabe que tiene familia allá y es una oportunidad de conocerla (…). Y esto como que te abre la puerta y decís, bueno (…). Así que un montón de gente tuvo la oportunidad de viajar (…) y viajar es un estímulo también, por eso atrae un montón a los chicos. Te dan el viaje gratis y muchos lo deben hacer por interés (mujer, 28 años, abuelo paterno polaco).

Aunque, hoy en día, las facilidades de viajar entre ambos países son incomparablemente mayores que en las décadas anteriores, el coste de la empresa sigue siendo muy elevado. Por ende, el viaje muchas veces resulta inaccesible para los que tienen que afrontar los gastos por su propia cuenta, siendo, frecuentemente, la ayuda recibida la única posibilidad para poder realizarlo. Por lo tanto, el viaje a Polonia es percibido por los descendientes de inmigrantes polacos, principalmente por los más jóvenes, como una especie de “premio” por el compromiso asumido dentro de las estructuras colectivas:

o, por ejemplo, estoy laburando mucho [en la colectividad], ¿viste? Y tengo muchas ganas de tratar el año que viene conseguir una beca. No sé, si me dan tres semanas, voy a estar feliz. Para poder estudiar allí, para mejorar el idioma y, ya que estamos, seguir visitando y conociendo Polonia (hombre, 27 años, abuelo materno polaco).

Por otro lado, consideramos que en el análisis de la reactivación de la vida comunitaria entre los descendientes de inmigrantes polacos no se puede ignorar la incorporación de Polonia a la Unión Europea y, más concretamente, las ventajas que hoy en día supone el hecho de poseer el pasaporte polaco. Aunque el valor pragmático de la ciudadanía polaca raras veces ha aparecido como un elemento clave en el discurso de las personas entrevistadas, e incluso muchos han negado, con cierto malestar, que éste pudo haber sido el motivo que les ha incitado a recuperar interés por aquel país lejano, las ventajas que implica estar en posesión de la ciudadanía polaca se han hecho presentes al hablar de las siguientes generaciones. En varias ocasiones los informantes han señalado a sus hijos como posibles beneficiarios:

Yo lo haría más por mis hijos, porque en un futuro puede ser que ellos tengan posibilidades. A mí me sirven mis raíces y saber, no los papeles, pero para ellos (mujer, 66 años, padre y abuelos maternos polacos).

En su momento, yo empecé a tramitar [la ciudadanía], porque mi hijo más chico, que es médico, tenía una posibilidad de hacer no sé qué a través de Polonia por el tema de la medicina y bueno (mujer, 54 años, cuatro abuelos polacos).

Las todavía muy presentes consecuencias de la última crisis económica, desatada en Argentina en el año 2001, y el miedo a que la situación se vuelva a repetir, hacen que la ciudadanía polaca se presente como una solución alternativa. Aunque muchos de los entrevistados han declarado no estar pensando en hacer uso del pasaporte de la Unión Europea, la inversión asumida y el tiempo dedicado para tramitarla, se presentan como una necesidad de asegurar el futuro de sus hijos y, en el caso de que sea necesario, les permita emigrar en mejores condiciones, aunque no necesariamente para establecerse en Polonia.

Entre los motivos que han incidido en la involucración en un determinado centro, los entrevistados han mencionado también aquellos cuyo objetivo es satisfacer los intereses individuales y proporcionarles unas ventajas concretas. La importancia de la relación coste-beneficio de su pertenencia al grupo – sea esto a nivel afectivo, educacional o material – ha resultado particularmente visible entre las personas procedentes de familias étnicamente heterogéneas. Como se ha podido comprobar, su afiliación a una determinada colectividad no siempre ha sido un fenómeno exclusivo y, en algunos casos, ha cambiado de grupo de pertenencia. Resultan significativos los testimonios de aquellas personas que reconocen haber tenido una experiencia previa en otros centros étnicos antes de incorporarse a la comunidad polaca:

Entonces, sí, primero acompañé a mi vieja y a mis hermanas, que siempre han estado en la cocina de la colectividad ucraniana. Después, es una etapa, ¿viste?, que te vas cansando, vas cambiando, vas renovando. Entonces, como tengo apellido checo, me puse con los checos, cuando recién me puse a estudiar abogacía, me acuerdo (…). Y después entré en los polacos (...). Yo sabía que era polaco, pero como que nunca lo tenía presente y acá cuando entrás, no salís más (hombre, 26 años, bisabuelos maternos polacos).

Según demuestra el entrevistado, en el paso por las respectivas colectividades ha influido la “necesidad de cambio” y su deseo de vivir nuevas experiencias. La heterogeneidad de su árbol genealógico le ha permitido acudir a diferentes comunidades ubicadas en su lugar de residencia, hasta encontrar una que por fin se adecuara a sus intereses y cumpliera con sus expectativas. En este sentido, cabe recalcar que si bien la participación en una colectividad étnica muchas veces es impulsada por motivaciones que pertenecen a la esfera emocional y, por ende, está fuertemente cargadas de subjetividad, entre las razones que los entrevistados han mencionado como claves a la hora de determinar su afiliación y permanencia étnica, también hemos detectado las que provienen de un cálculo racional. Este es el caso de una de las entrevistadas cuya participación en la comunidad polaca fue descartada, inicialmente, por la oferta cultural que no se adecuaba a sus intereses personales:

Bailé en la colectividad alemana y allí entré por una amiga. Mi amiga me dijo: ¿querés bailar en el balet de la colectividad alemana? Y justo el balet polaco no estaba. Bailé dos o tres años y lo dejé. Y después vuelvo a retomar la colectividad polaca (…) y de allí no me quiero ir más (mujer, 27 años, bisabuelos maternos polacos).

En síntesis, el entusiasmo con el que se encuentran las ayudas económicas para poder viajar a Polonia, los beneficios que, hoy en día, ofrece el hecho de ser ciudadano de uno de los países de la Unión Europea o lo fundamental que las actividades desarrolladas por la comunidad tengan la capacidad de satisfacer los gustos y necesidades individuales, reflejan claramente la dimensión utilitaria de la identidad étnica que conservan los descendientes de inmigrantes polacos en Argentina.

EL CARÁCTER SIMBÓLICO DE LA ETNICIDAD

Además de responder a los intereses individuales, entre los rasgos que caracterizan la identidad étnica de las personas entrevistadas destaca el lugar relativamente marginal que ésta ocupa en su comportamiento social. En otras palabras, la expresión de la pertenencia étnica no suele interferir en las obligaciones cotidianas de la vida de los actores, quedando subordinada a los compromisos escolares, profesionales o personales del individuo. En el caso contrario, si debido al tiempo requerido, la participación en las estructuras colectivas entra en conflicto con otros proyectos individuales o los servicios brindados por un determinado centro resultan menos ventajosos para sus miembros, el grupo pierde la fuerza de atracción y el sujeto puede alejarse del mismo. Lo demuestra por ejemplo este testimonio:

[Estuve] hasta los 19-20 años en la colectividad. Allí me puse de novio, empecé la facultad y allí dejé. Y después durante más de 25 años no participé y bueno y me reintegré nuevamente hace unos 10 años más o menos (hombre, 55 años, padres polacos).

El papel secundario que la identificación étnica suele desempeñar en la vida cotidiana es particularmente visible en una clara preferencia que los integrantes del grupo demuestran por algunos elementos de la cultura, mientras que otros, tradicionalmente considerados como fundamentales para el mantenimiento de las fronteras étnicas, que durante décadas han actuado como principales rasgos diferenciadores, no despiertan mayor interés entre ellos. Esta característica la hemos podido observar, por ejemplo, en el desplazamiento del idioma polaco como una herramienta comunicativa dentro del grupo. Además, el hecho de que la comunidad disponga de un mayor acceso a los cursos del idioma – resultado directo de los proyectos de colaboración con las autoridades polacas – no se ha traducido, hasta la fecha, en la adquisición de altas competencias lingüísticas entre sus integrantes más jóvenes, en su mayoría, personas laboralmente activas o que están en el proceso de formación. Entre los motivos que han sido mencionados por los entrevistados como los que impiden la asistencia al curso destacan la falta del tiempo y las características propias del idioma. En consecuencia, para muchos el idioma polaco se presenta como desprovisto de características que pudieran compensar el esfuerzo que requiere su aprendizaje:

Por allí viste, la gente está muy atareada ahora, como que no tiene tiempo de nada. Es uno de los obstáculos (…). Los hijos, los nietos están tan ocupados, viste, que yo quiero que vayan, por ejemplo a estudiar polaco, quiero que mis nietos vayan. Pero no pueden, no les dan los tiempos (…). No sé cómo hacer para juntarlos a ellos y hacer algo (…). Pero no puedo juntarlos, viste, van a distintos colegios, van a distintas cosas (mujer, 70 años, ambos padres polacos).

Yo de chiquita estudiaba, estudié hasta hace unos 5 años atrás. Después ya tuve que dejar por el tema de trabajo (…). Siempre me costó, aparte es un idioma muy difícil. Para nosotros es un idioma muy difícil, entonces allá yo podía entenderlo pero ya hablarlo era más complicado (mujer, 28 años, abuelo paterno polaco).

Al dinamismo de los procesos registrados y su dimensión utilitaria, hay que añadir también el carácter altamente opcional que, hoy en día, adquiere la identificación étnica entre los descendientes de inmigrantes polacos. Dicho fenómeno consiste, en primer lugar, en una gran libertad de la que disfrutan los descendientes de inmigrantes polacos a la hora de identificarse o no con el origen étnico de sus antepasados (Alba, 1990). Asimismo, esta opcionalidad, en el caso de las personas procedentes de familias mixtas, se refleja en la posibilidad de elegir, basándose en criterios tanto subjetivos como objetivos, cuál de los legados culturales que conforman su árbol genealógico les resulta más atractivo (Waters, 1990).

En segundo lugar, la particularidad de la identidad entre el grupo estudiado se basa en la multiplicidad de opciones de la que gozan los descendientes de inmigrantes a la hora de decidir cómo quieren vivir su pertenencia étnica y de qué manera desean expresarlo. Cabe destacar, sin embargo, que independientemente de la libertad de elección, en la mayoría de los casos se trata del uso de aquellos símbolos que son visibles, fácilmente reconocibles, tienen una alta carga emotiva y, al mismo tiempo, poseen un significado claro tanto para los integrantes del grupo, como para los que no pertenecen al mismo (Gans, 1979). En este sentido, las danzas, la vestimenta y la música, junto con los aspectos culinarios de la cultura étnica, son percibidos por la mayoría como la quintaesencia de “lo polaco”. Estos elementos, además de tener la capacidad de conmover a los integrantes de la comunidad, les permiten sentirse miembros de un grupo diferenciado, portador de una cultura específica, que perciben como extremadamente atractiva y original. Lo podemos observar en el siguiente testimonio:

Creo que tratamos, o sea, por lo menos de mi parte, y creo que es la intención de todos, es transmitir la cultura que tiene Polonia. Polonia tiene una cultura milenaria, con muchísima riqueza y un montón de cosas. O sea, son los trajes, los bailes, las figuras (hombre, 23 años, cuatro abuelos polacos).

De esta forma, la “cultura milenaria” de Polonia, a la que hace referencia el último entrevistado, encuentra su máxima expresión en las danzas populares y en la indumentaria tradicional. Se trata, pues, en palabras de Irazuzta (2001), de la selección y posterior adquisición de un nuevo significado de aquellos aspectos simbólicos considerados como más sobresalientes de las culturas referenciales; nueva significación que, en el caso analizado, encuentra su mayor expresión en el folklorismo. El lugar privilegiado que dentro de las respectivas colectividades polacas ocupan los elementos basados en el folklore refleja el carácter altamente simbólico de la etnicidad que conserva el grupo.

IDENTIDAD ÉTNICA COMO UN FENÓMENO PRIMORDIAL

A pesar de la señalada alta dosis de dinamismo, opcionalidad y un elevado grado de simbolismo que caracterizan su identidad étnica, a la hora de definir qué es lo que les ha conducido a participar en un determinado centro, los términos frecuentemente empleados por los integrantes de la comunidad han sido “es la sangre que tira” o “uno lo lleva en los genes”. Aunque exista una estrecha relación entre los beneficios que supone la participación dentro de un colectivo y la intensidad con la que los sujetos viven su identificación étnica, la pertenencia a la comunidad polaca es percibida por sus integrantes como un rasgo heredado e inmutable, como una cualidad que se transmite a través de los “lazos sanguíneos”. Con estas palabras las personas entrevistadas, entre las que algunas reconocen haberse incorporado recientemente a la comunidad, explican su vinculación con el origen polaco:

Yo pienso que uno lleva los genes, lo de los antepasados (…). Los descendientes de los inmigrantes tenemos en los genes este desarraigo, que vivimos esa añoranza que vivieron nuestros padres. Eso algunos psicólogos lo dicen (mujer, 54 años, cuatro abuelos polacos).

Hay algo que no tiene explicación, yo creo que es la sangre que a veces tira (…). En mí siempre surge tal necesidad de participar y conocer más sobre mis raíces polacas (hombre, 27 años, abuelo materno polaco).

Esta ambigua vinculación que experimentan las personas entrevistadas con el origen polaco no sólo resulta difícil de explicar, sino también, en ocasiones, es percibida como incontrolable, como resultado de un imperativo – involuntario e instintivo – que, frecuentemente, resulta imposible de entender o explicar con palabras. Paralelamente, las actividades en las que participan los descendientes de inmigrantes, frecuentemente, logran despertar unas emociones muy profundas:

¿Por qué se siente eso? Realmente no lo sé. Es como con las pasiones; las pasiones no se pueden explicar. Yo me metí acá en la colectividad polaca, también fue una pasión. Es algo que me motiva venir los miércoles y viernes a ensayar con el balet, me motiva escuchar canciones modernas en polaco, sacarlas, ensayarlas con los chicos, presentarlas en eventos grandes (hombre, 27 años, un abuelo polaco).

¿Por qué uno extraña tanto a Polonia? Incluso a aquella Polonia que no conoce. Esta nostalgia es un fenómeno muy raro, es algo casi fisiológico, es algo inexplicable. Yo también tuve esta sensación. Es algo básico, algo primitivo, no podés, no podés manejarlo, nace solo. Yo creo que eso se transmite en familia (...). Es decir, este amor primitivo hacia Polonia está relacionado con los sentimientos, no hay una especulación intelectual en todo esto (mujer, 58 años, ambos padres polacos).

La visión primordialista que los entrevistados elaboran con respecto a su identidad étnica – visión que apunta hacia la existencia de “lazos naturales” o de un vínculo genéticamente determinado (Geertz, 1992) – se contradice claramente con las experiencias relatadas. Sin embargo, la aparente disonancia no resulta contradictoria para los propios actores; incluso no lo es para aquellos miembros de la comunidad que se han integrado tardíamente o han tenido experiencias previas en otras organizaciones étnicas. Por el contrario, el hecho de pertenecer en el momento de la entrevista a la colectividad polaca confirma, a sus ojos, el carácter hereditario de la identificación étnica; cualidad que, en algunos casos, puede ser reconocida desde la etapa muy temprana de la vida y en otros se “activa” en un determinado momento. Por tanto, retomando el anteriormente señalado papel secundario que la identificación étnica desempeña en la vida diaria de los individuos, a no ser que ellos mismos decidan otorgarle un espacio privilegiado, consideramos que dicha afirmación requiere de una cierta matización. Aunque no interfiera en la vida cotidiana, la comunidad ocupa, indudablemente, un lugar excepcional en la esfera emocional de los entrevistados y es capaz de generar un fuerte sentimiento de apego y lealtad.

A MODO DE CONCLUSIONES

Como se ha pretendido demostrar a lo largo de estas páginas, la comunidad polaca en Argentina se ha convertido, en los años recientes, en escenario de interesantes procesos de formación identitaria. Esta situación se debe al tiempo transcurrido desde la época migratoria y a las profundas transformaciones en su configuración interna. Además, la peculiaridad del caso analizado radica en una considerable revitalización – producida tras varias décadas de estancamiento – de la vida comunitaria. Ésta se ha reflejado en la incorporación a las estructuras colectivas de integrantes nuevos. Dentro de este grupo, unos han retomado la vinculación con la colectividad que habían perdido en algún momento de su vida y otros han empezado a interesarse, recientemente, por su origen polaco. A pesar de la gran diversidad que presentan sus trayectorias étnicas, ha sido posible establecer ciertas pautas que caracterizan su vinculación con la cultura y tradiciones de sus antepasados.

En primer lugar, la identidad étnica de los descendientes de inmigrantes polacos ha destacado por su alta dosis de flexibilidad. Quiere esto decir que puede ser vivida con mayor o menor intensidad a lo largo de diferentes etapas vitales dependiendo de cada individuo, permanecer silenciada durante un periodo prolongado o reactivarse en un momento dado, sin que haya existido contacto previo con la cultura polaca. Además, en el caso de las personas procedentes de familias étnicamente heterogéneas, su naturaleza procesual y dinámica se ha reflejado también en el hecho de que la vinculación con una comunidad específica no siempre es exclusiva y, en ocasiones, puede cambiar de grupo de pertenencia. La flexibilidad registrada y el carácter dinámico de la identidad étnica, se deben, en segundo lugar, a una estrecha relación que existe entre la formación identitaria y la necesidad de satisfacer los gustos e intereses individuales. La evaluación de costes y beneficios que supone ser miembro de un grupo – si bien no siempre efectuada de manera consciente – ha sido detectada como un elemento fundamental de la construcción identitaria.

Por último, cabe resaltar que independientemente de su carácter flexible y contextual y a pesar de una importante dimensión utilitaria, la identidad étnica es percibida por los descendientes de inmigrantes polacos como heredada e inmutable. La importancia que conceden a los denominados “vínculos sanguíneos” ha reflejado claramente una visión esencialista desde la que construyen su identidad. La percepción de la existencia de lazos naturales que remiten a un pasado compartido que, a su vez, se origina en un territorio concreto, provoca que la identidad étnica sea experimentada por los propios actores, pese a que las experiencias individuales claramente lo contradicen, como un fenómeno que se transmite genéticamente y, por tanto, como algo involuntario y sobre el que no tienen ningún control. En definitiva, la percepción de un origen común que es la base en torno a la que se constituyen los grupos étnicos, permite justificar, mantener y reforzar la identidad colectiva.

De esta forma, la identidad étnica, tal como la perciben y relatan los entrevistados, se nos presenta como un fenómeno antitético y, frecuentemente, contradictorio: de un lado, como algo natural, heredado e involuntario, y, del otro, como un elemento construido, opcional y altamente variable. Por tanto, es imposible, a nuestro juicio, entender el carácter multidimensional de los procesos que se están desarrollando en el seno de la actual comunidad polaca, ni analizar los motivos que subyacen a la decisión de involucrarse en la vida comunitaria, sin emplear, como hemos señalado en el inicio de este trabajo, un enfoque interpretativo inclusivo. Éste, antes que irreconciliable, ha resultado complementario en el caso de nuestra investigación.

Referencias

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Notas

1 Este artículo se inserta en el marco del proyecto de investigación HAR2012-33147 y HAR2015-63689-R, financiados por el Plan Nacional de I+D+i del Ministerio de Economía y Competitividad de España.
2 Este artículo se basa en entrevistas realizadas a 80 descendientes de inmigrantes polacos residentes en la provincia de Misiones (47 personas) y en la de Buenos Aires (33 personas). La selección de estos dos casos se debe al hecho de que ambas provincias han sido los principales lugares de destino para los sucesivos grupos migratorios arribados al país. Dentro de este grupo, hemos entrevistado a 36 hombres y 44 mujeres, de los que 37 han nacido en familias endogámicas y 43 en exogámicas. En cuanto a la distancia generacional que les separa del antepasado inmigrante, 38 son hijos de inmigrantes, 31 nietos y 11 bisnietos. Todas las personas entrevistadas están vinculadas, de una u otra forma, con las entidades polacas en Argentina. Con el objetivo de asegurar la mayor representatividad del grupo, a la hora de seleccionar la muestra se procedió a entrevistar a los presidentes de las respectivas asociaciones y, por lo menos, a un integrante de la comisión directiva de cargo menor. Asimismo, se recogieron los testimonios de aquellas personas que desempeñan algún papel destacado dentro de las diferentes secciones o grupos que pertenecen a cada una de las colectividades, por ejemplo, directores de grupos de danza, instructores de escultismo, presentadores de programas radiofónicos o entrenadores de equipos deportivos. Finalmente, se entrevistaron aquellas personas que si bien no ocupan ningún cargo en las asociaciones, participan en las actividades realizadas por la colectividad.
3 Entre los eventos más destacados que se organizan en Buenos Aires hay que mencionar el “Patio Gastronómico de las Colectividades”, celebrado por primera vez en 2012, cuyo lema invita a probar “todos los sabores del mundo en un día”; “Buenos Aires Celebra”, un evento cíclico, que desde 2009 se organiza en la Av. de Mayo, en que durante una sucesión de fines de semana se cede una jornada a cada una de las colectividades participantes; o “El Día del Inmigrante”, celebrado anualmente en el mes de septiembre. En la provincia de Misiones el evento con mayor difusión es “la Fiesta Nacional del Inmigrante”, de la ciudad de Oberá. A esta fiesta multitudinaria, de diez días de duración, se suman eventos menores que conmemoran el papel que en el desarrollo de la provincia han desempeñado los inmigrantes. Éste es el caso, por ejemplo, de la fiesta de aniversario de la fundación de la Colonia Wanda, festejada anualmente el 15 de agosto o el Día del Colono Polaco, celebrado el 8 de junio, acto con el que se pretende rendir homenaje a la llegada de los primeros polacos a Misiones.

Notas de autor

[*] Katarzyna PORADA, Doctora en Estudios Latinoamericanos, investigadora en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Buenos Aires (Argentina). E-mail: katarzynaporada@gmail.com.

katarzynaporada@gmail.com

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