Dossier

Excavaciones en el complejo arqueológico de Rapayán (Ancash, Perú): Resultados e interpretaciones

Excavations at the archaeological complex of Rapayán (Ancash, Peru):Results and interpretations

Alexis Mantha
Champlain College, Québec, Canadá
Hernando Malca Cardoza
Ministerio de Cultura, Perú

Excavaciones en el complejo arqueológico de Rapayán (Ancash, Perú): Resultados e interpretaciones

Indiana, vol. 34, núm. 1, pp. 95-127, 2017

Ibero-Amerikanisches Institut Preußischer Kulturbesitz

Recepción: 13 Enero 2016

Aprobación: 09 Febrero 2017

Resumen: En este capítulo, presentamos los resultados de nuestras excavaciones al sitio de Rapayán hechas en el 2005. Estas excavaciones perseguían esencialmente dilucidar la cronología del sitio así como la función de algunas estructuras arquitectónicas. De acuerdo a nuestros datos preliminares de la estratigrafía cerámica presentados aquí, el sitio de Rapayán fue ocupado sin interrupción a partir del Periodo Inicial (2000-800 a. C.) hasta el Horizonte Tardío (1450-1532 d. C.), y también probablemente durante la época colonial. Pudimos además confirmar que los incas occuparon directamente el sitio de Rapayán durante el Horizonte Tardío. Finalmente, nuestras excavaciones confirmaron que lo que percibimos anteriormente como estructuras residenciales eran no solamente de hecho viviendas en las cuales la gente vivía pero también en las cuales se celebraban rituales funerarios importantes.

Palabras clave: prehistoria andina, arqueología, cronología cerámica, Rapayán, alto Marañón, Perú, época precolombina.

Abstract: In this chapter, we present the results of our 2005 excavations at the site of Rapayán. The latter were designed essentially to address the chronology of the site and the function of certain architectural structures. Based on our preliminary ceramic stratigraphy, the data presented here suggest that the site of Rapayán was occupied without interruption from the Initial Period (2000-800 BC) to the Late Horizon (AD 1450-1532) and most probably throughout the colonial era. We were further able to confirm that the Incas directly occupied the site during the Late Horizon. Finally, our excavations enable us to confirm that what we perceived as residential structures were not only house structures where people lived but also where they conducted significant mortuary rituals.

Keywords: Andean prehistory, archaeology, ceramic chronology, Rapayán, upper Marañón, Peru, pre-Hispanic period.

Varias temporadas de prospección arqueológica en la zona de Rapayán en el Alto Marañón nos permitieron identificar 81 sitios con arquitectura de superficie. Simultáneamente, en 2005 realizamos excavaciones en el complejo arqueológico de Rapayán (Figura 1).

Ubicación de la zona de investigación en el Alto Marañón (mapa: Alexis Mantha).
Figura 1.
Ubicación de la zona de investigación en el Alto Marañón (mapa: Alexis Mantha).

Los trabajos de investigación cumplidos buscaron respuestas que las prospecciones arqueológicas no podían proporcionar. Los objetivos de nuestros trabajos de excavación fueron los siguientes: en primer lugar, precisar la cronología local de la zona de Rapayán mediante excavaciones verticales (tres calas y una trinchera en el área ii de Rapayán) y establecer una cronología relativa de la cerámica y de dataciones por radiocarbono. En segundo lugar, establecer y confirmar la presencia de la cultura incaica a través de tres calas y una trinchera en las estructuras de apariencia incaica en la ‘zona incaica’ del sitio de Rapayán. Finalmente, confirmar que varias estructuras cuadrangulares visibles en la superficie cumplieron la función de vivienda. Para alcanzar esto último excavamos sistemáticamente dos estructuras (‘viviendas’) en contexto cerrado en el área ii del sitio de Rapayán. En el presente trabajo exponemos los datos preliminares obtenidos en las excavaciones realizadas en el año 2005 en el complejo arqueológico de Rapayán y formulamos algunas interpretaciones sobre la cronología del sitio, la función de algunas estructuras y la ocupación incaica de Rapayán.

Ubicación de la zona de estudio

Nuestra zona de estudio se sitúa en la cuenca del río Marañón en el distrito Rapayán (Figura 1), específicamente en el sitio de Rapayán. Esta región se halla al este de la cordillera Blanca en la vertiente oriental de los Andes, a unos 180 km de la ciudad de Huaraz, entre los departamentos peruanos de Ancash y Huánuco en ambas márgenes del río Marañón. El distrito de Rapayán (Ancash) comprende la sierra más oriental y dista solo 130 km de la cuenca amazónica. El afluente principal en esta zona es el río Marañón, que fluye de sur a norte y determina en gran parte la topografía agreste de la zona. A la altura de Rapayán, los cerros que sobrepasan los 4000 m s. n. m. declinan abruptamente y su altura a orillas del Marañón no supera los 2400 m s. n. m. Muchos pequeños ríos se originan en las también numerosas lagunas de la zona de puna e intensifican el contraste del relieve. Estos ríos, que desembocan en el Marañón, esculpieron a lo largo del tiempo espectaculares depresiones. La topografía ‘tallada a cuchillo’ de la zona de Rapayán, presenta efectivamente algunas profundas quebradas, en cuyo interior las superficies rara vez son planas.

Cronología del valle de Tantamayo

Los mejores datos cronológicos en la zona del Alto Marañón provienen de Tantamayo, un pueblo ubicado a unos 20 km al sureste de Rapayán (Figura 1). Dada la importancia de la cronología para nuestras excavaciones del año 2005, resumimos a continuación los datos de Tantamayo para mejor contextualizar los nuestros.

Las investigaciones pioneras de Flornoy en el Alto Marañón (Flornoy 1955-56; Flornoy 1957) permitieron a Louis Girault realizar las primeras excavaciones rigurosas en el sitio de Piruru, cerca del pueblo de Tantamayo, entre 1968 y 1970. El temprano fallecimiento de Girault determinó que los resultados de sus investigaciones se publicasen póstuma­mente (Girault 1981). Siguieron las excavaciones de Elisabeth Bonnier y Catherine Rozenberg entre 1980 y 1987 en el mismo sitio de Piruru. Las investigadoras realizaron además un estudio sistemático del valle de Tantamayo que permitió identificar 81 sitios caracterizados, igual que los del valle de Rapayán, por una arquitectura de piedra muy bien preservada en la superficie.

El trabajo combinado de Girault, Bonnier y Rozenberg en el sitio de Piruru arrojó, entre otros resultados, la publicación de dataciones por radiocarbono, contextos estratigráficos detallados y una cronología de la cerámica del valle. Más de una docena de fechas radiocarbónicas indican dos secuencias principales de ocupación en Piruru, separadas entre sí por un periodo de aproximadamente mil años (Bonnier 1981,1987; Bonnier et al. 1983; Bonnier & Rozenberg 1981; Bonnier, Zegarra & Tello 1985; Girault 1981). La primera y temprana de estas secuencias (diez fechas de datación por radiocarbono) describe una ocupación continuada que abarca desde el Precerámico (2515 a 990 a. C.) hasta el Horizonte Temprano (790 a. C. ± 70). La datación de la segunda y tardía ocupación se obtuvo a partir de dos muestras de carbón extraídas en estratos superiores asociados a la arquitectura de superficie y a los edificios de varios pisos. La datación por radiocarbono obtenida es la siguiente: 1250 d. C. (± 70) y 1480 d. C. (± 60). Ella sitúa la arquitectura de superficie en Piruru en el Intermedio Tardío (1000 a 1450 d. C.) y el Horizonte Tardío (1450 a 1532 d. C.). Estas fechas fueron corroboradas además por un detallado análisis de los contextos estratigráficos asociados a las actividades de construcción arquitectónica superpuestas en Piruru (Bonnier, Zegarra & Tello 1985).

Tras los análisis de radiocarbono, Catherine Rozenberg creó una tipología y cronología de la cerámica basada en el examen de sus pastas, superficies, formas y decoraciones. Este estudio permitió identificar cuatro tipos básicos de cerámica (Rozenberg 1982; Rozenberg & Picon 1985, 1990a, 1990b). Los tres primeros tipos remiten al Intermedio Tardío u Horizonte Tardío.

El primero, tipo A: Tantamayo rouge estampé (es decir, Tantamayo rojo estampado) está representado en su casi totalidad por recipientes de colores rojo, naranja, beige o marrón. Rozenberg (1982: 131-132) señala una serie de similitudes entre el tipo de Tantamayo A y los fragmentos de cerámica de superficie recogidos por Thompson (1967) en los asentamientos atribuidos al Intermedio Tardío y al Horizonte Tardío en las proximidades de Huánuco Pampa. Más significativamente, un subtipo definido por Rozenberg (tipo A-1) presenta adornos plásticos hechos de círculos estampados y yuxtapuestos situados por lo general en la intersección de cuerpo y cuello en los recipientes o cántaros. En otros lugares del norte de los Andes centrales, sobre todo en los callejones de Huaylas y de Conchucos (Ibarra 2003: 318-320; Lau 2004), se lo conoce como estilo aquillpo (o akillpo). A partir de contextos estratigráficos, similitudes estilísticas y seis fechas de datación por radiocarbono, se estima que el estilo aquillpo se desarrolló en el callejón de Huaylas al final del Horizonte Medio (600 a 1000 d. C.) y durante todo el Intermedio Tardío (Lau 2004: 189).

El segundo tipo, el tipo B: Brun Micacé (es decir, marrón mica), está representado por pequeñas jarras, cuencos y tazas de color marrón con superficies brillantes producto de una alta inclusión de mica.

El tercer tipo, el tipo C: Pariash, representa un estilo local de influencia incaica y pertenece al Horizonte Tardío (Bonnier et al. 1983: 115-116).

Finalmente, el tipo D: Piruru (dividido en cuatro subtipos de la secuencia Pirwa en publicaciones posteriores, ver Rozenberg & Picon 1990a), se asocia a la ocupación temprana de Piruru (Periodo Inicial, de 2000 a 800 a. C.; y Horizonte Temprano, de 800 a 200 a. C.) y se caracteriza principalmente por ollas cerradas y sin cuello, una forma que no se encuentra en los estratos superiores de los periodos tardíos ya mencionados. El tipo D: Piruru (olla sin cuello) representa, según Rozenberg, una versión algo más tosca de típicas colecciones de cerámica del Periodo Inicial frecuentes en otros lugares en los Andes centrales del norte, como Chavín, Kotosh y Huacaloma (Rozenberg 1982: 132).

Si bien la cronología de la cerámica es incompleta debido a la ausencia de evidencias del Intermedio Temprano (200 a. C. a 600 d. C.) y del Horizonte Medio (600 a 1000 d. C.) en el sitio de Piruru, Bonnier y Rozenbeg arribaron a conclusiones muy interesantes. En primer lugar, la cerámica del Periodo Inicial (tipo D: Piruru) no se encuentra en la superficie de ningún sitio, lo que sugiere que las primeras secuencias de la región se hallan probablemente enterradas bajo depósitos profundos. Por otra parte, la cerámica atribuida al Intermedio Tardío y al Horizonte Tardío se encuentra en la superficie de los 81 sitios estudiados. El tipo A (Tantamayo rojo estampado) es el más extendido: fue recogido en todos los sitios en alta proporción (90 % de recolección de superficie). El tipo B (marrón mica) se halla en la superficie de dos terceras partes de los sitios estudiados, pero en menor proporción (8 % de la recolección de superficie). Por último, el tipo C (Pariash), de influencia incaica, se encuentra solo en pocos asentamientos y representa el 2 % de la recolección de superficie. Aparte de esta pequeña proporción de cerámica incaica, la única evidencia de la presencia incaica en el valle son algunas estructuras incaicas asociadas a 20 collcas en el tambo de Pariash, un sitio conocido también como Selemín. En vista de una presencia incaica insignificante en los asentamientos locales, y de la presencia de los tipos cerámicos A y B en todos los sitios estudiados, Bonnier y Rozenberg concluyeron que la gran mayoría de los asentamientos con arquitectura de piedra de superficie habían aparecido durante el Periodo Intermedio Tardío (1000 a 1450 d. C.), y se habían mantenido habitados, prácticamente incambiados, en el Horizonte Tardío (1450 a 1532 d. C.) y posiblemente también en la época colonial (Bonnier & Rozenberg 1981: 5).

Las colecciones de cerámica de superficie y la cronología del valle de Rapayán

Antes de iniciar nuestros estudios en el valle Rapayán en 2001, conjeturamos que los sitios con arquitectura de superficie de Tantamayo y Rapayán serían contemporáneos, dadas sus grandes similitudes arquitectónicas, como, por ejemplo, la presencia de altos edificios de varios pisos. Los 610 tiestos de cerámica de superficie registrados en nuestras dos primeras temporadas de campo (2001 y 2002) en 56 sitios ubicados en la margen occidental del Marañón, confirmaron nuestra presunción. De los 610 fragmentos de cerámica, el 75 % (N = 458) son del tipo A de Rozenberg (Tantamayo rojo estampado) y fueron recogidos en 54 sitios (Figura 2).

El tipo A está representado principalmente por fragmentos de jarras de diferentes tamaños y en menor medida por ollas, cuencos y platos. Los fragmentos de estilo aquillpo o Tantamayo subtipo A-1, fueron encontrados en 27 sitios residenciales, pero con menor frecuencia (39 fragmentos en total, o ≈ 6 %; Figura 2). Dado que muchos fragmentos de la colección de superficie, incluso los tiestos de estilo aquillpo, muestran una alta proporción de inclusiones de mica, hasta el momento parecería que el Tantamayo tipo B (marrón mica) identificado por Rozenberg no constituye una categoría distinta en el valle Rapayán. Por último, encontramos 58 fragmentos de cerámica de estilo incaico, representados principalmente por fragmentos de aríbalos (Figura 3), en 37 asentamientos (≈10 % de la colección).

Arriba: bordes de cerámica (cántaro y ollas) de tipo A Tantamayo rojo estampado (estructura 15, nivel 3). Abajo: fragmentos de cerámica aquillpo o Tanta­mayo subtipo A-1 (colección de superficie) (fotos: Alexis Mantha y Hernando Malca Cardoza ).
Figura 2.
Arriba: bordes de cerámica (cántaro y ollas) de tipo A Tantamayo rojo estampado (estructura 15, nivel 3). Abajo: fragmentos de cerámica aquillpo o Tanta­mayo subtipo A-1 (colección de superficie) (fotos: Alexis Mantha y Hernando Malca Cardoza ).

Bordes de aríbalos incaicos (colección de superficie) (foto: Alexis Mantha).
Figura 3.
Bordes de aríbalos incaicos (colección de superficie) (foto: Alexis Mantha).

Se constata una ocupación incaica importante y directa en el asentamiento Rapayán (Mantha 2013). Sin embargo, si se elimina este sitio de la muestra, la frecuencia relativa de fragmentos incaicos encontrados en la superficie se reduce para el valle en general a solo 1 % o 2 %. En suma, los datos cerámicos encontrados durante las prospecciones en el valle de Rapayán indican un contexto cronológico análogo al de Tantamayo. Los asentamientos con arquitectura de superficie aparecieron probablemente en algún momento del Intermedio Tardío (1000 a 1450 d. C.), como revela la presencia de cerámica de superficie tipo A y Aquillpo, y continuaron siendo ocupados en el Horizonte Tardío (1450 a 1532 d. C.) bajo dominio incaico, como indica la presencia de cerámica de estilo incaico en la superficie de la mayoría de los sitios. En la superficie no se hallaron, o no se reconocieron, cerámicas de épocas anteriores al Intermedio Tardío.

El complejo arqueológico de Rapayán

El sitio de Rapayán (Figura 1) en el que realizamos excavaciones en el año 2005, se extiende desde una cresta a 3700 m s. n. m. al oeste de la localidad Rapayán, hasta las orillas del Marañón a 2400 m s. n. m. Un gran precipicio caracteriza el lado sur de la cresta, mientras una pendiente relativamente suave ocupa la ladera norte. Los restos se extienden sobre más de 2 km en su eje oeste-este y en muy pocas ocasiones sobrepasan los 200 m en su eje norte-sur. Solo considerando las ruinas y eliminando los espacios vacíos entre ellas, el sitio cubre más de 12.5 ha. La ocupación incaica, ubicada al extremo noroccidental del asentamiento local, cubre en total 16 ha. Las estructuras incaicas se encuentran, por su parte, mucho más alejadas entre sí. Considerando la ocupación incaica y la local, el sitio de Rapayán alcanza una superficie de 28.5 ha.

La arquitectura local de Rapayán puede ser dividida en cuatro áreas claramente identificables (Figura 4). El área i se ubica al este, aproximadamente a 200 m sobre el río Marañón a 2600 m s. n. m., mientras que el área iv se sitúa al extremo occidental de la cresta, a 3500 m s. n. m.. Las áreas II y III se hallan entre las áreas I y IV. Finalmente, el área incaica se localiza en terrazas bien construidas ubicadas directamente al noroeste del área iv.

Los cuatro sectores de Rapayán siguen exactamente la misma distribución arquitectónica y pueden ser considerados como barrios o sectores de un mismo asentamiento. La parte baja de cada sector (este) cuenta con varias chullpas aisladas de pequeña dimensión. La parte central de cada sector agrupa las estructuras en su concentración máxima. Las estructuras incluyen galerías y almacenes construidos al interior mismo de los muros de contención de las terrazas y sobre todo viviendas rectangulares que cuentan por lo menos con dos habitaciones.

Mapa del complejo arqueológico de Rapayán. El área i, ubicada al este, no aparece aquí (mapa: Alexis Mantha).
Figura 4.
Mapa del complejo arqueológico de Rapayán. El área i, ubicada al este, no aparece aquí (mapa: Alexis Mantha).

Finalmente, cada sector tiene en su parte más alta (oeste) un edificio alto de varios pisos, así como uno o varios muros macizos que se extienden en las terrazas de cultivo en su eje sur-norte.

El conjunto de construcciones incaicas cuenta con unas 70 estructuras rectangulares de mayor tamaño y cuya técnica de construcción difiere de la de la arquitectura local. Las construcciones incaicas varían en tamaño, pero generalmente coinciden en tener una sola habitación. En la construcción de sus estructuras, los incas utilizaron piedras de mayor tamaño y capas de mortero más espeso que los usados en las suyas por los habitantes locales. Finalmente, el sector incaico cuenta con un gran corral construido en las afueras del sitio, en la parte más alta de la cresta, hacia el oeste.

Área II del sitio de Rapayán indicando las zonas excavadas (mapa: Alexis Mantha).
Figura 5.
Área II del sitio de Rapayán indicando las zonas excavadas (mapa: Alexis Mantha).

Excavaciones en el área II en el complejo arqueológico de Rapayán

Uno de los objetivos de este proyecto era afinar la cronología relativa local de la zona de Rapayán. Para cumplirlo, realizamos dos calas en las terrazas norte del área ii y una trinchera al pie del edificio mayor de varios pisos (Sucush Raga) del área II. Las excavaciones en contexto cerrado de las viviendas numeradas 15 y 30 también proporcionaron datos importantes sobre la cronología de Rapayán (Figura 5).

Estructura 15

Los datos más reveladores acerca de la secuencia ocupacional en Rapayán provienen de la excavación sistemática de la vivienda 15 en el área II del sector local (Figura 5). En ella excavamos nueve niveles ocupacionales que alcanzan casi cuatro metros de profundidad (Figura 6).

Estratigrafía de la estructura 15, área II (dibujo: Hernando Malca Cardoza y Alexis Mantha).
Figura 6.
Estratigrafía de la estructura 15, área II (dibujo: Hernando Malca Cardoza y Alexis Mantha).

La excavación se realizó por capas naturales y en contexto cerrado, a fin de obtener un mejor control e información completa de la estructura. La estrategia consistió en excavar una trinchera a lo largo y en la parte central de la estructura. Los niveles más bajos (8 y 9) se caracterizan principalmente por fragmentos de cerámica con pastas cuyos colores van del levemente claro a los marrones oscuros. En su superficie externa se aprecian claramente ranuras paralelas o perpendiculares. Si bien se hallaron algunas jarras, la forma más frecuente es la de ollas cerradas sin cuello, de diferente tamaño (Figura 7).

Bordes de ollas cerradas y cántaros con ranuras (paletada), niveles 9 y 8, estructura 15, área ii (foto: Hernando Malca Cardoza).
Figura 7.
Bordes de ollas cerradas y cántaros con ranuras (paletada), niveles 9 y 8, estructura 15, área ii (foto: Hernando Malca Cardoza).

Estas últimas formas guardan similitud con las encontradas en Tantamayo (Tantamayo D: Piruru o Pirwa) y en Huamachuco, fechadas en el Periodo Inicial (2000 a 800 a. C.; Thatcher 1979). Sin embargo, resulta distintivo de las ollas de Rapayán el tratamiento de su superficie externa con ranuras.

El nivel 7 se relaciona con la construcción inicial de una estructura de piedra pentagonal. Contenía, entre otros, fragmentos de cuencos y de ollas sin cuello, pulidos, muchos de ellos con pequeños bordes cóncavos (Figura 8). Estos son muy similares a los conjuntos cerámicos conocidos del Horizonte Temprano (900 a. C. a 200 d. C.), en particular a los de Chavín y Huamachuco (Burger 1978; Thatcher 1979). El Nivel 6 reveló una gran variedad de formas de cerámica y pastas. Los pocos fragmentos decorados de la muestra presentan pintura roja encima de colores crema o naranja (Figura 8).

Izquierda: fragmentos de cuencos y ollas sin cuello, pulidos, nivel 7, estructura 15, área ii. Derecha: fragmentos con pintura roja encima de colores crema o naranja, nivel 6, estructura 15, área ii (foto: Hernando Malca Cardoza).
Figura 8.
Izquierda: fragmentos de cuencos y ollas sin cuello, pulidos, nivel 7, estructura 15, área ii. Derecha: fragmentos con pintura roja encima de colores crema o naranja, nivel 6, estructura 15, área ii (foto: Hernando Malca Cardoza).

Estos son muy similares a los del Intermedio Temprano u Horizonte Medio de Humachuco (200 a 1000 d. C.; Thatcher 1972). Sin embargo, se necesitarán más investigaciones para confirmar su relación.

Encontramos también una estatuilla antropomorfa de cerámica, completa, en el nivel 6. Los niveles 5 y 4 se caracterizan por una cerámica burda muy similar a la hallada en la superficie de la mayoría de los sitios, correspondiente al Intermedio Tardío Tantamayo A (rojo estampado; 1000 a 1450 d. C.). Se trata de una observación importante porque el nivel 4 está relacionado con los cimientos de los muros de la vivienda 15. Esta evidencia afianza la atribución de la arquitectura de superficie al Intermedio Tardío. En estos niveles recogimos, además, instrumentos de hueso, dos figurinas representando cabezas de llama y una figurina representando un rostro posiblemente humano (Figura 9).

Herramientas de hueso y fragmentos de estatuillas representando cabezas de llama, niveles 5 y 4, estructura 15, área ii (foto: Hernando Malca Cardoza).
Figura 9.
Herramientas de hueso y fragmentos de estatuillas representando cabezas de llama, niveles 5 y 4, estructura 15, área ii (foto: Hernando Malca Cardoza).

En el nivel 4, en las esquinas suroeste y sureste, registramos dos concentraciones de tierra compacta rojiza quemada y mezclada con ceniza. Es posible que allí se ubicasen sendos fogones. Por último, el nivel 3 representa el piso final de ocupación de la vivienda 15 y contenía, hasta el nivel superficial 1, fragmentos de cerámica Tantamayo A (Tantamayo rojo estampado) así como cerámica aquillpo e inca (Figura 10).

Arriba, izquierda: fragmento de vasija incaica, nivel 2, estructura 15. Arriba, derecha: herramientas líticas y fragmentos de cerámica, nivel 2, estructura 15. Abajo, izquierda: herramientas líticas, cerámica Tantamayo A rojo estampado, algunos fragmentos con residuos de carbón; asa de aríbalo incaico, nivel 2, estructura 15. Abajo, derecha: chancadoras y morteritos, niveles 3 y 2, estructura 15 (fotos: Alexis Mantha y Hernando Malca Cardoza).
Figura 10.
Arriba, izquierda: fragmento de vasija incaica, nivel 2, estructura 15. Arriba, derecha: herramientas líticas y fragmentos de cerámica, nivel 2, estructura 15. Abajo, izquierda: herramientas líticas, cerámica Tantamayo A rojo estampado, algunos fragmentos con residuos de carbón; asa de aríbalo incaico, nivel 2, estructura 15. Abajo, derecha: chancadoras y morteritos, niveles 3 y 2, estructura 15 (fotos: Alexis Mantha y Hernando Malca Cardoza).

En estos niveles recogimos también varios huesos animales (llama), instrumentos de huesos, torteros de cerámica y varias herramientas líticas tales como pulidores, porras, chancadoras y morteritos (Figura 10). Finalmente, pocos centímetros por encima del piso (nivel 3), encontramos un nicho pequeño extendido a lo largo de la pared de la vivienda. En su interior hallamos una porra de piedra perforada al centro y varios granos de maíz carbonizados (Figura 11).

Planta del nivel 2 de la estructura 15, área II (dibujo: Hernando Malca Cardoza y Alexis Mantha).
Figura 11.
Planta del nivel 2 de la estructura 15, área II (dibujo: Hernando Malca Cardoza y Alexis Mantha).
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Estructura 30

En la excavación de la estructura 30 se aplicó la misma metodología que en la de la 15. Todo el interior de la estructura 30 presentaba abundante vegetación y escombros en forma de grandes y pesadas piedras lajas. Tras retirar todo el escombro (nivel 1) se llegó a un nivel 2 que presentaba una capa de tierra compacta color beige. El primer nivel retirado de la trinchera medía en promedio 40 cm de espesor. La trinchera presentaba lajas grandes, medianas y pequeñas, algunas incrustadas en el nivel 2. Se recogieron fragmentos de cerámica (25 cuerpos y un borde; Tantamayo rojo estampado). Al disponer del control estratigráfico previo, procedimos a excavar el resto de la estructura hasta llegar al nivel 2.

Planta del nivel 2 de la estructura 15, área ii. Se ven algunos elementos construidos en el nivel 3 (sobre piso): batán, fogón y estructura en L (dibujo: Hernando Malca Cardoza y Alexis Mantha).
Figura 12.
Planta del nivel 2 de la estructura 15, área ii. Se ven algunos elementos construidos en el nivel 3 (sobre piso): batán, fogón y estructura en L (dibujo: Hernando Malca Cardoza y Alexis Mantha).

En el nivel 2 encontramos cerámica en mayor densidad, así como algunos restos óseos. Asociado al nivel 2 en la esquina oeste se evidenciaron fragmentos de cerámica (Tantamayo A rojo estampado) asociados a parte de una olla, completa en un 50 %, con una gran asa, así como un resto óseo de llama, un pulidor de hueso y una porra de piedra (Figuras 12 y 13).

Izquierda: hueso de llama, cerámica incaica de asa única y bordes Tanta­mayo A (rojo estampado) con residuo de carbón, nivel 2, estructura 30, área ii. Derecha: vasija incaica de asa única, nivel 2, estructura 30, área ii (fotos: Hernando Malca Cardoza).
Figura 13.
Izquierda: hueso de llama, cerámica incaica de asa única y bordes Tanta­mayo A (rojo estampado) con residuo de carbón, nivel 2, estructura 30, área ii. Derecha: vasija incaica de asa única, nivel 2, estructura 30, área ii (fotos: Hernando Malca Cardoza).

En la esquina oriental se encontró otro fragmento completo de una olla junto a otros fragmentos de cerámica (Tantamayo A rojo estampado; Figura 12). Los fragmentos de olla encontrados al este y al oeste coincidían entre sí: eran parte de la misma olla, posiblemente quebrada intencionalmente y colocadas sus partes en ambas esquinas conjuntamente con otras evidencias líticas y óseas. La olla de larga asa es una vasija incaica típica (Figura 13).

El nivel 3 representa el último piso de ocupación de la vivienda. Se caracteriza por una capa de tierra compacta, una superficie regular y limpia. El piso (nivel 3) comunica con el interior de la estructura a través de un escalón que brindaba apoyo para descender al interior del recinto. El escalón está formado por varias lajas superpuestas unidas con argamasa de barro arcilloso y presenta las siguientes medidas: 28 cm de ancho, 60 cm de largo y 7 cm de espesor. En el piso se encontró un gran batán, un fogón de piedra que presenta restos de cenizas y de cuy (Figuras 12 y 14). Encontramos también varios huesos de cuy y de llama, así como gran cantidad de fragmentos de cerámica (Tantamayo A rojo estampado).

Izquierda: fogón y batán sobre el piso (nivel 3), estructura 30, área II. Derecha: estructura en forma de L sobre el piso (nivel 3), estructura 30, área II (fotos: Alexis Mantha).
Figura 14.
Izquierda: fogón y batán sobre el piso (nivel 3), estructura 30, área II. Derecha: estructura en forma de L sobre el piso (nivel 3), estructura 30, área II (fotos: Alexis Mantha).

Continuando en el nivel del piso, sobre el lado oeste de la estructura al interior, se descubrió una construcción sepulcral, un ‘pequeño mausoleo’ en forma de L adosado a la pared lateral y cuyas dimensiones son: 1.70 m de largo, 80 cm de ancho y 58 cm de altura promedio (Figura 12). Esta estructura presenta cuatro hornacinas pequeñas: mientras las hornacinas 1 y 3 se ubican al ras del piso, la hornacina 2 se ubica a 12 cm del piso, esto es, en la parte media de la estructura, y la hornacina 4 se ubica a un nivel superior, a 38 cm del piso. La estructura en sí es sólida y cerrada: bloques de lajas grandes de aproximadamente 60 cm la cubren y sellan a modo de cobertor o techo (Figura 14). Esta estructura ha sido alterada y solo algunas de las lajas siguen estando colocadas a manera de tapa en su lugar original. En su interior se encontraron, en forma de fragmentos, los bordes de una misma gran vasija (Tantamayo rojo estampado), así como un objeto de plata (tupu). Se encontraron también dos instrumentos líticos y restos óseos: tres dientes y un húmero humanos y un hueso de llama (Figura 12). Todos estos hallazgos en el interior estarían asociados, y se ubican en el nivel 3 sobre el piso.

Finalmente, se hizo una cala en el cuadro 84 rompiendo el nivel 3 (piso), abriendo así el último nivel 4 de unos diez centímetros de espesor, ubicado entre el nivel 3 y la roca madre. Se encontraron solo seis fragmentos de cerámica (Tantamayo A rojo estampado). También se hizo una cala en el cuadro 65 y se llegó a la roca madre.

Estructura 30, cuartos A y B

La estructura 30 presenta también dos cuartos que denominamos ambientes interiores A y B (Figura 12). Por el ambiente A se ingresa al interior sur de la estructura, por un vano ubicado en un nivel superior a 52 cm desde el piso 3. Esa puerta trapezoidal mide 1.59 m de alto, 73 cm de ancho en su base y 50 cm de ancho en su parte superior. El ambiente interior A tiene una altura de 2.36 m desde el piso al techo, mide 4.30 m de largo y 2 m de ancho.

En el nivel superficial, de aproximadamente 1.5 cm de tierra suelta, se encontraron fragmentos de cerámica (Tantamayo A rojo estampado) y una concentración de huesos: tres vértebras y un fémur humano. En el nivel 2, de un espesor de 9 cm, registramos dos pulidores de piedra, una garra de ave, un hueso de llama, un cúbito y un hueso sacro humanos (Figura 12). Finalmente, en el nivel (3), de 10 cm de espesor, el último antes de llegar a la roca madre, se encontró una cuenta de conchas que presenta un agujero en su parte distal.

Para ingresar al ambiente interior B (Figura 12) se debe acceder primero al interior A y atravesar un vano o puerta trapezoidal de 91 cm de alto, encima de la cual hay un nicho de 39 cm de alto. El interior B se encuentra en un nivel superior, a 51 cm desde el piso del ambiente interior A. En el vano de acceso, el umbral mide aproximadamente 49 cm de largo y en su parte alta 37 cm. El interior presenta una altura de 1.18 m desde el piso hasta el techo. Este único ambiente de este a oeste mide 2.80 m de largo y 60 cm de ancho en promedio. Luego de retirar el nivel superficial, hallamos un conjunto de piedras que forman parte de la estructura interior B empotradas en las paredes, y además pudimos ver la roca madre. Solo encontramos algunos fragmentos de cerámica. También excavamos el patio delantero de la estructura 30 y observamos allí un canal de drenaje junto con cerámica local y fragmentos de batanes (Figura 12).

En resumen, excavando el espeso escombro en el interior de la vivienda 30 antes de llegar al piso (nivel 3), encontramos varios fragmentos de cerámica local (Tantamayo A rojo estampado) e incaica, así como diversas herramientas líticas. En el piso mismo de la vivienda, encontramos solamente cerámica de estilo local tardío (Tantamayo A rojo estampado). Finalmente hicimos una cala en el cuadro 65 bajo el piso. A pocos centímetros del piso encontramos la roca madre. Este cuadro presentaba pocos fragmentos de cerámica de estilo local tardío. Las evidencias encontradas indican que la vivienda 30 estuvo ocupada durante el Horizonte Tardío. Sin embargo, los restos de cerámica hallados por encima y por debajo del piso prueban que fue construida originalmente durante el Intermedio Tardío.

Trinchera 1 (Sucush Raga)

El objetivo principal de la trinchera 1 era establecer la fecha de inicio de la construcción del edificio mayor de varios pisos (Sucush Raga) del área II de Rapayán (Figura 5). Comenzamos excavando una trinchera de 1 m por 2 m junto al pie del edificio mayor. Luego ampliamos la cala con una trinchera de 1 m por 5 m, localizada aproximadamente en el centro de la pequeña plaza donde se levanta el edificio mayor. La trinchera al pie del edificio mayor alcanza unos 2 m de profundidad y la componen nueve niveles (Figura 15).

En los niveles inferiores 9 y 8 encontramos gran cantidad de fragmentos de cerámica idénticos a los encontrados en los niveles más profundos de la vivienda 15 (niveles 9 y 8). En el nivel 7 hallamos material cerámico escaso de cocción oxidada y reducida, un ejemplo de la técnica de decoración pulida. Estos fragmentos son muy similares a los encontrados en el nivel 7 de la vivienda 15. La base del edificio, o el inicio de su construcción, corresponde a la capa 6, a un metro bajo el nivel de la superficie. Se trata de una capa de consistencia compacta de tierra de coloración beige claro y piedrecillas pequeñas. El apisonado presenta algunas lajas pequeñas y fragmentos de cerámica, lo que sugiere su correspondencia con el estilo del Intermedio Tardio (Tantamayo A rojo estampado). En esta capa no se hallaron estilos anteriores ni posteriores, lo que permite inferir que el edificio mayor fue construido durante el Intermedio Tardío. Además de la cerámica, encontramos la sepultura completa de un perro con los huesos articulados, en el lado noreste de la capa 6, al inicio de la construcción de la estructura (Figura 16). Por otra parte, en las capas superiores encontramos fragmentos de cerámica incaica (aríbalo), lo que sugiere que el edificio habría sido utilizado también durante la ocupación incaica.

Perfil sur de la trinchera 1 (Sucush Raga), área II. Los niveles superiores (5 a 1) se hallan a la vista solo en el perfil oeste(dibujo: Hernando Malca Cardoza y Alexis Mantha).
Figura 15.
Perfil sur de la trinchera 1 (Sucush Raga), área II. Los niveles superiores (5 a 1) se hallan a la vista solo en el perfil oeste(dibujo: Hernando Malca Cardoza y Alexis Mantha).

Sepultura completa de un perro con los huesos articulados, lado noreste del nivel 6 al inicio de la construcción del edificio de varios pisos, trinchera 1, área II (foto: Alexis Mantha).
Figura 16.
Sepultura completa de un perro con los huesos articulados, lado noreste del nivel 6 al inicio de la construcción del edificio de varios pisos, trinchera 1, área II (foto: Alexis Mantha).

En la ampliación de la trinchera, alcanzamos la roca madre a una distancia de aproximadamente 50 cm desde la superficie. Pudimos distinguir dos capas: una capa superior, de tierra marrón oscura, y otra, más antigua, de color beige. En ambas capas hallamos únicamente cerámica del Intermedio Tardío.

Las calas 2 y 3

La función principal de las terrazas ubicadas directamente por debajo del área II era la de sostén de las terrazas superiores, lugar de la mayor parte de las construcciones de superficie. Otra función era la de sistema de drenaje. En la construcción de las terrazas se usó como sostén un muro de contención de piedra, lo que revela una esmerada planificación. Fueron luego rellenadas con tierra, piedras y fragmentos de cerámica.

La cala 2, de 1 m por 1 m, fue excavada hasta a la roca madre, a 70 cm de profundidad (Figura 17).

Perfiles de las calas 2 (izquierda) y 3 (derecha), área II (dibujo: Hernando Malca Cardoza y Alexis Mantha).
Figura 17.
Perfiles de las calas 2 (izquierda) y 3 (derecha), área II (dibujo: Hernando Malca Cardoza y Alexis Mantha).

La estratigrafía de la cala 2 indica que la terraza ha sido construida en dos etapas y rellenada de piedras, tierra y fragmentos de cerámica. En la capa más profunda y antigua se encontraron escasos fragmentos de cerámica; algunos presentan engobe rojo sobre blanco, de estilo posiblemente recuay, mezclados con fragmentos gruesos de estilo tardío (Tantamayo A rojo estampado). En la capa superior se encontraron abundantes fragmentos de cerámica, en su mayoría doméstica gruesa, característica de la superficie en los sitios de la región y propia del estilo tardío de Rapayán (Tantamayo A rojo estampado; Intermedio Tardío).

La cala 3, realizada en una terraza debajo de la cala 2, a unos 50 m al noreste de esta última (Figura 17), mide 1 m por 2 m y se terminó de excavar a unos 2.70 m de profundidad. La cala 3 permite distinguir tres etapas de construcción: la capa más temprana (nivel 3) está compuesta de piedras sueltas y posiblemente funcionaba como un sistema de drenaje. La segunda capa (nivel 2) consiste en un relleno de piedras pequeñas, tierra y fragmentos de cerámica, algunos de los cuales también presentan engobe rojo sobre blanco de estilo posiblemente recuay, mezclados con fragmentos de estilo tardío. Finalmente, la tercera y última capa (nivel 1) presenta similitudes con la cala 2, dado que reveló tierra y fragmentos de cerámica gruesa semejante a la del estilo tardío de Rapayán (Tantamayo A rojo estampado).

Los datos de las calas 2 y 3 indican que las terrazas fueron construidas posiblemente durante el Intermedio Tardío (1000 a 1450 d. C.), como demuestran los abundantes fragmentos de cerámica gruesa sin decoración, propia del periodo. Por el momento dudamos que los escasos fragmentos del posible Intermedio Temprano (recuay) puedan asociarse al inicio de la construcción de las terrazas, y conjeturamos que su presencia se debe a una ocupación recuay anterior a la construcción de estas. Cabe también mencionar que no hallamos fragmentos de cerámica de estilo incaico en los rellenos de las terrazas, lo que parece corroborar que han sido construidas antes del Horizonte Tardío.

Resumen de la cronología del área II

Los datos indican que las construcciones visibles en la superficie del área ii estuvieron habitadas por lo menos hasta la fase incaica del Horizonte Tardío y probablemente durante la primera fase de ocupación colonial española, en la etapa previa a la implementación de políticas administrativas que afectarían directamente a la población, como las reducciones indígenas. Si bien el área II estuvo ocupada durante la época incaica, los datos recabados indican que la construcción de las estructuras de superficie ocurrió en el Intermedio Tardío. Podemos sugerir que el área ii estuvo ocupada durante el Intermedio Temprano (recuay), pero los escasos datos de fechado del periodo no son suficientes para reconstruir la naturaleza de esa ocupación. El más sorprendente de nuestros hallazgos, sin embargo, proviene de las excavaciones realizadas en la vivienda 15. Además de la ocupación durante el Intermedio Tardío, permiten documentar importantes restos culturales y arquitectónicos provenientes posiblemente del Periodo Inicial (es decir, Formativo). En resumen, el área II de Rapayán ha estado ocupada aparentemente en forma continua durante 3500 años: desde el Periodo Inicial hasta el final de la ocupación incaica o hasta la primera etapa de la dominación española.

Excavaciones en el sector incaico del complejo arqueológico de Rapayán

Sector incaico del sitio de Rapayán indicando las zonas excavadas(mapa: Alexis Mantha).
Figura 18.
Sector incaico del sitio de Rapayán indicando las zonas excavadas(mapa: Alexis Mantha).

El sector incaico está ubicado del lado noroeste del área IV A (Figura 18). Lo denominamos así porque las estructuras de superficie difieren mucho del estilo local del Intermedio Tardío y por el contrario guardan gran similitud con el estilo incaico, tanto en su morfología (construcciones rectangulares y de gran dimensión) como en la técnica de su construcción. Las estructuras incaicas (unas 70) se caracterizan por largas terrazas y por estar más separadas entre sí que las estructuras del sitio local. Una docena de estructuras rectangulares son de gran tamaño, midiendo en promedio 23 m de largo y 8 m de ancho. Hasta ahora ignoramos la función particular de estas grandes construcciones. Cinco de estas largas estructuras se organizan alrededor de una gran plaza, aparentemente una kancha típica. Las otras estructuras, también rectangulares, se encuentran dispersas en varias terrazas, son de menor tamaño y posiblemente viviendas. Registramos también un gran corral asociado a tres viviendas de tipo incaico. Es posible que los incas introdujeran ganado en esta zona, si bien es el único corral identificado en la zona prospectada. Para establecer y confirmar la ocupación incaica en el sitio de Rapayán, realizamos tres calas y una trinchera dentro de las estructuras de apariencia incaica. También limpiamos un sistema de drenaje y una gran hornacina de una vivienda de estilo local ubicada en las adyacencias del área incaica.

Cala 4. Estructura incaica 13

Junto al muro occidental, del que restaba solo la base pues el resto estaba destruido, excavamos una cala de 1 m por 1 m de lado y de 55 cm de profundidad. Durante la excavación encontramos dos niveles bajo la capa superficial. En el nivel más bajo, al inicio de la construcción, encontramos fragmentos de aríbalos incaicos mezclados con cerámica local. Ello sugiere que el inicio de la construcción de esta estructura data del periodo de ocupación incaica.

Cala 6. Estructura incaica 34

Se abrió una cala de 1 m por 1 m de lado y de 60 cm de profundidad junto al muro occidental de la estructura 34. También aquí hallamos dos capas bajo el nivel superficial. En ambos niveles, incluso en el correspondiente al inicio de la estructura cuadrangular (Figura 19), encontramos fragmentos de aríbalos mezclados con tipos de cerámica local. Inferimos que aparentemente también la estructura 34 ha sido construida durante la época incaica.

Cala 6 en la estructura incaica 34, sector incaico, sitio de Rapayán (foto: Alexis Mantha).
Figura 19.
Cala 6 en la estructura incaica 34, sector incaico, sitio de Rapayán (foto: Alexis Mantha).

Cala 5. Estructura 16

El estado de conservación de esta vivienda era particularmente bueno. Su techo a doble agua parecía claramente incaico. Abrimos una cala de 2 m por 1 m junto a los muros de la esquina suroeste. Alcanzamos el inicio de la construcción a menos de 30 cm de profundidad: no presentaba estratigrafía natural. Hallamos un mortero de piedra y un tipo de cerámica con pasta naranja clara en nada semejante al estilo local o al incaico, lo que nos impidió determinar el origen de esta construcción.

Trinchera 2. Estructura 26

La estructura 26 es de gran tamaño y está ubicada junto a otras estructuras de gran dimensión alrededor de lo que parece ser una kancha. Excavamos una trinchera en el centro de la estructura de 1.50 m por 8 m. Una vez que hubimos retirado la capa superficial, debimos descender solo unos 10 cm hasta alcanzar el inicio de los muros de construcción. Hallamos sogas, plásticos y cerámica de pasta negra quizá de estilo colonial. En todo caso, no encontramos cerámica incaica.

Limpieza de un sistema de drenaje

En el centro del sector incaico observamos el extremo de un sistema de drenaje hecho de lajas que apenas sobresalía de una terraza. Inferimos que se trata del sistema de drenaje de un baño incaico. Excavamos un área de 3 m por 3 m por 2 m alrededor del pico de lajas. Al terminar la limpieza de los paramentos habíamos descubierto una fuente hecha de lajas labradas, en la cual el agua caía dentro de una tina de grandes lajas colocadas verticalmente (Figura 20). Junto a la tina había una escalinata que permitía descender y también tomar asiento en la tina, lo que despeja casi cualquier duda en cuanto a la filiación incaica de esta fuente o baño.

Limpieza de una hornacina en la vivienda 20 del área IV B.

En una vivienda de estilo local del área IV B, precisamente sobre el margen suroeste del sector incaico, limpiamos el escombro que obstruía el acceso al interior de una gran hornacina ubicada en el fondo de la vivienda. Este tipo de hornacinas se halla en la parte posterior de cada vivienda de estilo local. Tras retirar la tierra y las lajas caídas del techo, encontramos fragmentos de tres aríbalos incaicos casi completos (Figura 21), lo que señala claramente que esta vivienda estuvo ocupada al menos durante el Horizonte Tardío.

‘Fuente’ incaica en el sector incaico, sitio de Rapayán(foto: Alexis Mantha).
Figura 20.
‘Fuente’ incaica en el sector incaico, sitio de Rapayán(foto: Alexis Mantha).

Planta del ambiente posterior (hornacina) en la casa 20. Allí encontramos varios fragmentos de aríbalo incaico, área IV b (dibujo: Hernando Malca Cardoza y Alexis Mantha).
Figura 21.
Planta del ambiente posterior (hornacina) en la casa 20. Allí encontramos varios fragmentos de aríbalo incaico, área IV b (dibujo: Hernando Malca Cardoza y Alexis Mantha).

Resumen de las excavaciones en el sector incaico

Aparte de la cala en la vivienda 16 y la trinchera en la estructura 26, todas nuestras excavaciones condujeron a identificar tipos de cerámica claramente incaicos en la fase inicial de las construcciones de las estructuras del ‘sector incaico’. También revelaron la existencia de un baño o una fuente de estilo claramente incaico. Estos datos confirman nuestra hipótesis del origen incaico de las estructuras de este sector del sitio de Rapayán. Puede afirmarse con seguridad que el sitio de Rapayán estuvo ocupado directamente por los incas durante el Horizonte Tardío.

Discusión: Rapayán en su contexto regional

La cronología

Para resumir la secuencia cronológica de Rapayán podemos subrayar que las excavaciones en la vivienda 15 en el área ii evidenciaron una ocupación temprana que podría fecharse en el Periodo Inicial (2000 a 800 a. C.). La cerámica de este periodo se diferencia de la de periodos posteriores tanto en su morfología como en la técnica de su fabricación. Un tipo muy común de la ocupación temprana en Rapayán es la olla sin cuello paleteada (con marcas de palos en su pared exterior). Estos tipos de cerámica no se encuentran en los periodos posteriores. Resta determinar si el Horizonte Temprano (800 a 200 a. C.) está representado en Rapayán. Los cuencos y las ollas sin cuello pulidos (generalmente de color negro) efectivamente se asemejan al estilo chavín. Esta incertidumbre podría ser resuelta en un futuro próximo mediante un análisis más detallado de la estratigrafía y con las necesarias dataciones por radiocarbono.

Al contrario de Tantamayo, el Intermedio Temprano (200 a. C. a 600 d. C.) parece estar representado en Rapayán a través de cerámicas con engobe rojo sobre crema blanco/naranja, así como rojo y negro sobre blanco. Estos estilos son muy similares a los de Recuay. Encontramos pocos de estos fragmentos en la superficie, en las calas 2 y 3 y también en los niveles medios de la vivienda 15. La escasez de estos fragmentos nos impide determinar la naturaleza de la ocupación de Rapayán durante el Intermedio Temprano. Sin embargo, es innegable que hubo una ocupación durante esta época, pues muchos pobladores guardaban en su vivienda vasijas de estilo recuay que habrían hallado mientras construían sus casas o chacras.

En cuanto al Horizonte Medio (600 a 1000 d. C.), hasta ahora carecemos de toda evidencia cerámica de su existencia en Rapayán. El problema es la dificultad de establecer en Perú la existencia del Horizonte Medio en ausencia de cerámica de estilo huari. No descartamos que el Horizonte Medio se halle representado en Rapayán, pero para determinarlo tendríamos que afinar nuestra cronología relativa y sobre todo obtener fechas C14 en contexto estratigráfico. Ello nos permitiría establecer estilos locales del Horizonte Medio sin la presencia de cerámica huari.

El Intermedio Tardío (1000 a 1450 d. C.) está caracterizado, a excepción del sector incaico, por las construcciones de superficie. La cerámica de esta época es mayormente doméstica, gruesa y de colores marrón, beige o rojo oscuro. Un tipo común de esta época es el estilo Tantamayo A rojo estampado y Aquillpo, representado mayormente por cántaros cuyo cuello presenta una o más hileras de círculos incrustados en su circunferencia. Es importante mencionar que todos los tipos de cerámica del Intermedio Tardío se encuentran también durante el periodo posterior, el Horizonte Tardío (1450 a 1532 d. C.). Para distinguir el Intermedio Tardío del Horizonte Tardío nos hemos valido de evidencias negativas, es decir: la presencia o ausencia de cerámica de estilo incaico. Las excavaciones en el área II (calas 1 y 2; trinchera 1, viviendas 15 y 30) demostraron una ausencia de cualquier tipo de cerámica incaica en los niveles del inicio de las construcciones visible en la superficie. Ello indica que la arquitectura de estilo local, al menos en el área II, fue construida específicamente durante el Intermedio Tardío.

Sin embargo, si bien se las construyó durante el Intermedio Tardío, las estructuras siguieron siendo utilizadas durante la época incaica en el Horizonte Tardío. Efectivamente, hallamos una cantidad importante de cerámica de estilo incaico en la superficie o en los niveles ubicados encima de la capa asociada al nivel del inicio de las construcciones locales.

Finalmente, el sector que llamamos ‘incaico’ fue construido durante el Horizonte Tardío. Dos tipos de evidencia respaldan esta conclusión. Primero, la arquitectura de este sector no solo es muy distinta de las construcciones locales, sino muy semejante a las de estilo incaico (grandes construcciones rectangulares). Segundo, encontramos cerámica de estilo incaico al nivel inicial en tres calas en diferentes estructuras. En tercer lugar, el hallazgo de una fuente o baño en estilo incaico confirma plenamente que el sector fue construido durante el Horizonte Tardío.

Para contextualizar la cronología general de Rapayán en una perspectiva regional, se deben cotejar los datos de este sitio con los de otros sitios de la zona. Como ya se señaló, los mejores datos de la zona del Alto Marañón provienen del valle de Tantamayo. Las excavaciones de los científicos franceses (Girault, Bonnier y Rozemberg) revelaron dos secuencias de ocupación en Tantamayo separadas por un largo periodo. La primera fecha del Periodo Inicial (cinco dataciones por radiocarbono desde 2100 a. C. ± 230 hasta 1340 a. C.), se asocia a la escasa cerámica. La segunda ocupación se ubica entre el Intermedio Tardío y el Horizonte Tardío (dos dataciones de carbono-14: 1250 d. C. y 1480 d. C. ± 60) y se asocia a la abundante cerámica (Bonnier et al. 1983). Entre ambas secuencias de ocupación se registra una interrupción de casi 2000 años, por lo que el Horizonte Temprano, el Intermedio Temprano y el Horizonte Medio no aparecen representados en Tantamayo.

La profundidad cronológica de Rapayán, si bien se asemeja a la de Tantamayo, no presenta una separación tan larga. Aparentemente estuvo ocupado en el Intermedio Temprano y posiblemente en el Horizonte Medio. También los periodos tardíos se asemejan en ambas regiones. En ambos casos la arquitectura de superficie se asocia al Intermedio Tardío y se mantuvo ocupada durante el Horizonte Tardío. Sin embargo, una diferencia importante entre ambas zonas es que los incas establecieron un asentamiento en Rapayán, mientras en Tantamayo no se registra arquitectura del Tahuantinsuyo y la presencia incaica parece haber sido indirecta, ya que solo se halló un 2 % de cerámica incaica en la superficie.

Rapayán y Tantamayo son las regiones con mayores similitudes entre sí en toda la zona del Alto Marañón, tanto en lo referente a su arquitectura como a la cronología de su ocupación. Contrastan con la cercana zona de los chupachus, donde las calas de excavaciones arrojaron solamente una ocupación tardía, es decir: del Intermedio Tardío y del Horizonte Tardío (Grosboll 1993; Morris & Thompson 1985).

¿Viviendas o chullpas?

Las estructuras más abundantes en el sitio de Rapayán son las que hemos denominado ‘viviendas’ considerando su abundancia en cada sitio, su forma y menor dimensión: eran rectangulares y en promedio medían 6 m de largo y 5 m de ancho. Sin embargo, también es posible inferir una función funeraria en estas construcciones, pues disponen efectivamente de dos hornacinas de gran tamaño en su parte posterior, en las que las momias de cada familia habrán sido depositadas y expuestas. En nuestras prospecciones anteriores hallamos restos humanos en el interior de estas hornacinas. Está también documentado históricamente que en ciertas regiones del Perú los pobladores colocaban momias en el interior de sus viviendas (Cobo 1990). Uno de los objetivos de nuestro proyecto era verificar la función de las supuestas viviendas, lo cual exigía documentar las actividades económicas, ceremoniales, etc. desarrolladas en esas estructuras. Como ya se dijo, en la temporada del año 2005 decidimos excavar para ello las ‘viviendas’ 30 y 15 en el área II.

En las estructuras 15 y 30, tras retirar el nivel superficial correspondiente a escombro y acceder al último piso de ocupación, en las excavaciones en contexto cerrado pudimos advertir la existencia de fragmentos de: huesos animales (cuyes y llamas); cerámica local (Tantamayo A rojo estampado), en muchos casos con residuos de carbón; cerámica incaica; así como varias herramientas líticas y de hueso. Estos datos de actividades domésticas coinciden con las expectativas respecto a una construcción en la cual un grupo familiar habita y se mantiene (Stanish 1989). Corroboran nuestra interpretación, además, los hallazgos de un batán permanente y de un fogón con cenizas en cuyo interior se encontraron huesos de cuy en el último piso (nivel 3) ocupacional de la estructura 30. Estos datos indican claramente que en estos recintos habitaban personas que preparaban y cocían comida. Podemos así concluir con seguridad que estas estructuras eran de hecho viviendas en las cuales habitaban familias.

Además de estos datos de actividades económicas, encontramos en ambas estructuras evidencias de actividades funerarias y ceremoniales. Recuérdese que en la estructura 30 descubrimos una pequeña estructura en forma de L sobre el piso, en cuyo interior encontramos cuatro fragmentos de una gran vasija, un objeto de plata (tupu), tres dientes y un húmero humanos. Estos datos sugieren la función funeraria de la pequeña estructura, como sepulcro o ‘pequeño mausoleo’ (chullpa). Recuérdese también que en la parte posterior de la estructura 30 hay dos ambientes (A y B) de menores dimensiones, a los que se accede por unos vanos trapezoidales. Las excavaciones en ambos ambientes revelaron la presencia de huesos humanos (un fémur, un cúbito, tres vértebras y un hueso sacro), una garra de ave, fragmentos de cerámica, pulidores de piedra y cuentas de concha. Los objetos encontrados en asociación a restos humanos sugieren la celebración de rituales relacionados a los ancestros.

En la estructura 15 se encontró una porra lítica con una perforación en el centro, asociada a varios granos de maíz carbonizados hallados en el interior de un nicho ubicado varios centímetros por encima del piso ocupacional. Varias investigaciones arqueológicas relacionan el culto a los ancestros con ofrendas realizadas en nichos (Hastorf 2003; McEwan 1998). Además, varios estudios etnohistóricos señalan la clara inclusión de alimentos en algunos rituales: así, se acostumbraba quemar maíz para ofrecer a los ancestros con el fin de obtener su favor (Doyle 1988; Ramírez 2005). En el caso de que la porra de piedra fuera una herramienta agrícola, se podría inferir que el ritual involucró un pedido relacionado con la fertilidad agrícola. Por otra parte, si la porra fuera la cabeza de un arma, sugeriría que el ritual implicó el pedido de ser exitoso en la guerra.

En conclusión, los datos encontrados dentro de las estructuras 15 y 30 demuestran que estas cumplían por lo menos una doble función. Primero, una función habitacional, por cuanto eran utilizadas como viviendas en las cuales los miembros de una familia realizaban actividades económicas cotidianas, como la preparación de la comida y su cocción. Segundo, estas viviendas eran utilizadas también para honrar algunos muertos, como demuestran los datos de actividades rituales y funerarias allí realizadas.

La ocupación incaica en el sitio de Rapayán

Una de las inquietudes principales que animaron este proyecto arqueológico fue la necesidad de explicar la significativa presencia incaica en el sitio de Rapayán. Con excepción del centro administrativo de Huánuco Pampa, la presencia incaica es escasa en el Alto Marañón. No se registraron construcciones incaicas en la mayoría de los sitios locales de esta vasta zona (D’Altroy 2002: 251; Grosboll 1993: 60-61; Morris 1998: 304; Morris & Thompson 1985), y tan solo se registró un 2 % de cerámica de estilo del Tahuantinsuyo. Considerando esa mínima presencia incaica en el Alto Marañón, la mayoría de los investigadores concluyeron que los incas ejercieron el poder desde Huánuco Pampa de manera indirecta sobre las poblaciones locales, y que tuvieron con ellas poco contacto directo. ¿Cómo explicar entonces la significativa ocupación directa incaica en el asentamiento de Rapayán?

Nuestras limitadas excavaciones en el sector incaico no nos habilitan a formular conclusiones sólidas. Habilitan, sin embargo, el planteo de algunas líneas de investigación para futuros trabajos. En primer lugar, nuestras excavaciones confirman que el llamado ‘sector incaico’ era efectivamente incaico. En segundo lugar, la planimetría detallada del sector incaico permitió advertir dos hechos importantes:

Nuestras limitadas excavaciones en el sector incaico no nos habilitan a formular conclusiones sólidas. Habilitan, sin embargo, el planteo de algunas líneas de investigación para futuros trabajos. En primer lugar, nuestras excavaciones confirman que el llamado ‘sector incaico’ era efectivamente incaico. En segundo lugar, la planimetría detallada del sector incaico permitió advertir dos hechos importantes:

1) El sector incaico se ubica del lado noroeste del área IV A de Rapayán, precisamente en la zona de las viviendas y de la arquitectura monumental más impresionante del sitio. Se sabe que cuando los incas colonizaban un territorio, se establecían, para mejor ejercer el control político, próximos a la sede del poder local o regional. El caso de Rapayán, el único sitio de la zona con estructuras incaicas, permite inferir la primacía política del lugar en comparación con otros del Alto Marañón. Podemos además formular la hipótesis siguiente: a la llegada de los incas el curaca principal de Rapayán habitaba en el área IV A, junto al asentamiento incaico (Mantha 2013).

2) En el asentamiento incaico se registran dos tipos de construcciones: estructuras rectangulares de gran tamaño (de más de 10 m de largo) y estructuras rectangulares de menor tamaño (de 5 a 8 m de largo), aparentemente viviendas. Sorprende la ausencia en el sector de facilidades para almacenaje (collcas), pues generalmente había collcas en los asentamientos administrativos incaicos secundarios, como tambos o tambillios próximos al sistema vial incaico, en los que se alojaban los dignatarios en sus viajes o los ejércitos incas en sus traslados (D’Altroy 2002: 225; Hyslop 1984: 288-292). La ausencia de collcas en Rapayán nos indica que la función de este asentamiento dentro del Estado incaico probablemente no fuera de naturaleza administrativa. ¿Cuál habrá sido entonces la función del asentamiento incaico en Rapayán, si no la de un ­centro administrativo secundario? Nos permitimos plantear aquí la hipótesis siguiente: el asentamiento incaico de Rapayán fue una colonia de mitmakuna enviada por el Estado incaico para pacificar esa zona, probablemente no muy leal al Imperio (­Mantha 2013). La comprobación de esta hipótesis exigirá excavar en Rapayán diferentes estructuras incas, pequeñas y grandes, para documentar sus funciones y determinar así el fin de la presencia incaica en Rapayán.

Conclusión

Información abundante sugiere que el sitio de Rapayán se mantuvo ocupado sin interrupción aparente desde una época temprana, es decir, desde posiblemente el Periodo Inicial (2000 a 800 a. C.) hasta el Horizonte Tardío (1450 a 1532 d. C.), y probablemente hasta la época colonial. En el presente artículo demostramos también que las construcciones de superficie, como las viviendas 15 y 30, así como el edificio de varios pisos (Sucush Raga), fueron construidas inicialmente durante el Intermedio Tardío (1000 a 1450 d. C.) y siguieron estando ocupadas durante el Horizonte Tardío (1450 a 1532 d. C.). Nuestras excavaciones corroboran asimismo la doble función de las construcciones llamadas ‘viviendas’, usadas con fines habitacionales y también como escenario de rituales funerarios relacionados a los ancestros. Por otro lado, si la cerámica incaica fue incorporada a la economía política local durante el Horizonte Tardío, los propios incas también ocuparon directamente el asentamiento Rapayán a través de la construcción de unas setenta grandes estructuras rectangulares situadas precisamente debajo de las ruinas locales (Mantha 2013). En fin, los datos presentados en este artículo esperan ser corroborados con análisis adicionales del material recogido y, sobre todo, con datación por radiocarbono de las muestras de carbón halladas.

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Notas de autor

amantha@champlaincollege.qc.ca

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