Resumen: En el presente trabajo se exponen los argumentos a favor de la existencia en los textos del Conjunto de las Monjas, Chichén Itzá, México de un nuevo sufijo incoativo, previamente no mencionado en los trabajos sobre las inscripciones jeroglíficas mayas. Esta omisión se debe, sobre todo, a los problemas con la segmentación morfológica que han experimentado los investigadores que se han acercado a los monumentos en cuestión. El nuevo análisis no sólo permite ampliar los conocimientos sobre la gramática de la lengua de las inscripciones, sino también tiene posibles implicaciones extralingüísticas que podrían ser confirmadas o descartadas por las futuras investigaciones arqueológicas en Chichén Itzá.
Palabras clave:epigrafíaepigrafía,lingüisticalingüistica,mayamaya,Chichén ItzáChichén Itzá,MéxicoMéxico.
Abstract: The study presented here suggests the existence of a new inchoative suffix in the inscriptions of the Las Monjas architectural complex at Chichen Itza, Mexico, that has not been previously described by epigraphers. The main reason for this omission lies in the problems with the morphological segmentation in earlier works on these glyphic texts. The new analysis expands our knowledge about the grammar of Mayan hieroglyphs and probably has some implications that go beyond linguistics to the field of archaeology.
Keywords: epigraphy, linguistics, Maya, Chichen Itza, Mexico.
Posible nuevo sufijo incoativo en las inscripciones de Chichén Itzá
Possible New Inchoative Suffix in the Chichén Itzá Inscriptions

Recepción: 12 Febrero 2019
Aprobación: 14 Mayo 2019
Algunos pasajes de las inscripciones jeroglíficas de Chichén Itzá, Yucatán, México, hasta la fecha siguen siendo bastante problemáticos para los estudiosos de la escritura maya. Esto se debe tanto a su mal estado de conservación como a la particularidad de su forma, contenido y, en general, discurso registrado en los monumentos de este sitio.
El propósito de este artículo es presentar un nuevo análisis1 de unas estructuras verbales que aparecen en los Dinteles 1A y 4A del Conjunto de Las Monjas. La revisión de la propuesta hecha en 1996 por García Campillo parte de un reanálisis de las segmentaciones morfológicas de las expresiones en cuestión y se basa en una serie de argumentos que abarcan los campos de fonología, lexicología y morfosintaxis.
Sustentándonos en estas observaciones y con el apoyo de los datos lingüísticos coloniales propios de las Tierras Bajas mayas se propone un nuevo sufijo incoativo, no descrito previamente para las inscripciones jeroglíficas mayas.
Durante las últimas décadas los epigrafistas han hecho una serie de observaciones respecto a la morfología de las estructuras verbales incoativas en la lengua de las inscripciones jeroglíficas mayas y propusieron varios sufijos correspondientes:
-aj / -iij (Lacadena 2003)
-jal (Lacadena y Wichmann 2002, 284-286)
-Vn (Law 2006, 73)
-Vy (Law y Stuart 2017, 150-151)
No vamos a debatir aquí estas propuestas, a pesar de que la discusión que las involucra aún no está cerrada.2
Respecto a los textos que nos interesan, éstos se ubican en el segundo nivel de edificio principal del conjunto arquitectónico conocido como Las Monjas (Estructura 4C1) y ubicado en la zona sur de la parte central de Chichén Itzá. En su totalidad se trata de siete dinteles, pero nos vamos a enfocar sólo en dos de ellas. Su primer análisis morfológico fue hecho por García Campillo (1996, 53-54). Hablando del supuesto sufijo -ki3 en las inscripciones de Chichén Itzá, el autor menciona unas construcciones muy particulares registradas en los Dinteles 1A y 4A.
García Campillo translitera estas inscripciones como wa-k’u-le-wa-ki y ka-k’u-le-wi-ya, respectivamente. Según este investigador, las secuencias indicadas tienen que transcribirse como wa k’ulewki ‘entonces adoró’ y ka k’ulewi ‘después adoró’, y su segmentación morfológica debería de ser la siguiente: wa k’ul-ew-ki-ø y ka k’ul-ew-i-ø. Aquí él ubica la raíz k’ul que es supuestamente transitiva derivada y aparece en el Diccionario maya Cordemex con el significado “adorar algún dios, adorar” (Barrera Vásquez 1980, 421) y el sufijo -ki con su supuesto alomorfo -i. Sin embargo, subraya García Campillo (1996, 53), “no podemos completar el análisis debido al carácter enigmático del sufijo -ew-”. Sin éxito alguno el intenta de comparar este elemento con el sufijo -Vw tan productivo4 en las inscripciones de las Tierras Bajas mayas e, incluso, con el sufijo -ow- de quiché que Dayley clasifica como el “antipasivo de enfoque” (García Campillo 1996, 53).
En la última versión de su vocabulario preliminar de la lengua de las inscripciones jeroglíficas mayas Boot (2009, 118) incluye los casos observados por García Campillo. No obstante, el propone sus propias transliteraciones y transcripciones: ka-K’UH-le-wi-yaka[‘] k’uhlewiy y wa-K’UH-le-wa-kiwa’ k’uhlewki.
Desgraciadamente, en este trabajo de Boot no hay segmentación morfológica, ni análisis correspondiente, y la traducción que propone para ambas estructuras es ‘entonces adoró’.5 Cabe destacar que en su obra maestra Continuity and Change in Text and Image at Chichén Itzá, Yucatán, México (2005, 325, 331) este autor, aparte de la transcripción que es la misma que en su vocabulario del 2009, sí presenta la segmentación morfológica de los dos ejemplos en cuestión. Pero es casi idéntica a la que propuso García Campillo una década antes: wa’ k’ul-ew-ø-ki y ka’ k’ul-ew-ø-iy.6
Para empezar, aparte de los casos mencionados por García Campillo y Boot, al parecer, existe al menos una mención más de esta estructura verbal en los textos jeroglíficos mayas. En el Dintel 1 de Las Monjas en la última columna, bloque G1 (Figura 1), se observa el silabograma wa al que aparentemente le sigue el logograma K’UH. El signo que está debajo de él no se distingue bien, pero el signo de atrás se asemeja a un wi, lo que nos hace pensar que todo el bloque debería de leerse como wa-K’UH-le?-wi...

Dintel 1 de Las Monjas, bloques G1-H2 (dibujo: Maxim Baboshkin basado en el dibujo de Ian Graham (Bolles 1977, 268).
Por desgracia el bloque G2 es igual de indistinguible en los dibujos y los calcos existentes, y para la confirmación definitiva de esta propuesta se requiere el acceso al monumento. Respecto al posible sujeto de esta estructura verbal que se menciona en el bloque H1 y, probablemente, H2, tampoco podemos decir mucho. La frase empieza con la expesión ‘u-SAK-nu?.. En el H2 a estas alturas solo es reconocible el elemento que podría ser un silabograma ma o sa.
Regresando a nuestros ejemplos principales, hay que mencionar que estamos de acuerdo con las transliteraciones propuestas por Boot y, apoyándonos en ellas, queremos proponer un análisis nuevo de estas estructuras enigmáticas.
En caso de las lenguas mayas de las Tierras Bajas, cuando se trata del análisis morfosintáctico, una de las categorías principales de las que tiene que partir una investigación es el tipo de raíz. Al definirla, podemos ver que clase de carga morfológica se permite la raíz examinada e ir descartando las opciones restringidas para ella.
Creemos que en nuestro caso existe un consenso entre los investigadores que la raíz k’uh es una raíz nominal que sintácticamente también puede fungir como adjetivo. Esta observación básica, sin embargo, es muy importante ya que en las lenguas mayas de las Tierras Bajas las raíces nominales y adjetivas pueden emplearse en las estructuras verbales sólo de tres (o cuatro, dependiendo de la aproximación metodológica) maneras posibles. Se trata de las construcciones incoativas,7 factitivas8 (Lois y Vapnarsky 2003, 108), usativas (England 2002, 84; Lehmann 1998, 101-102; Polian 2013, 378-379) y las construcciones con el aplicativo (Pool Balam y Le Guen 2015, 359-360). Tanto las factitivas como las usativas y las aplicativas son las estructuras transitivas, lo que nos hace descartarlas para nuestro caso. En los textos jeroglíficos de Las Monjas claramente tenemos unas construcciones intransitivas, lo que nos deja sólo una opción, la incoativa.
Ademas, si revisamos la entrada de Cordemex en la que se apoya García Campillo para su propuesta, encontramos ahí las formas <k’ulchahal> ‘ser adorado’ y <k’ultal> ‘adorar’ (Barrera Vásquez 1980, 421). Éstas contienen sufijos -chaj y -tal, respectivamente. El primero de ellos es uno de los sufijos incoativos que se ha encontrado en maya yucateco colonial (Smailus 1989, 33): <cool-chah-al, cool-chah-i, cool-chah-ac> ‘aflojarse lo apretado’. Llama la atención que en algunas variantes de maya yucateco contemporáneo este sufijo aún se usa para marcar las estructuras incoativas, igual que el sufijo -tal (Bricker, Po’ot Yah y Dzul de Po’ot 1998, 348; Lois y Vapnarsky 2003, 106-107).
Cabe mencionar que en maya yucateco moderno la raíz o, más bien, la base k’ul al parecer funciona como una intransitiva activa y no como una incoativa (Bricker, Po’ot Yah y Dzul de Po’ot 1998, 158). Sin embargo, debido a falta de ejemplos de su uso en los materiales de Bricker y sus colegas, para comprobar la naturaleza de esta raíz se requiere un estudio de campo adicional.
Regresando a nuestros ejemplos en las inscripciones mayas, si revisamos bien ambos casos de los dinteles de Las Monjas, justo después de la raíz y antes de los morfemas que ya se conocen bien y no provocan muchas dudas podemos encontrar un elemento en común algo inusual, el sufijo -lew. El hecho de que éste no se ha descrito previamente y alarmante escasez de ejemplos requiere de cierta prudencia de nuestra parte. No obstante, en una de las lenguas pertinentes a la discusión sobre la lengua de las inscripciones jeroglíficas mayas aparentemente existió un cognado suyo.
Nos referimos al choltí donde podemos encontrar el sufijo -law que se empleaba precisamente en las construcciones incoativas. Robertson, Law y Haertel (2010, 166) lo consideran “moderadamente productivo”, pero si revisamos el Manuscrito de Morán veremos bastantes ejemplos de su uso. De las más valiosas es la mención que aparece en el Capítulo 7 de ambos esbozos gramaticales presentes en este documento. Gracias a este análisis de lo que el autor del Manuscrito considera como “verbos neutros”, tenemos un paradigma, aunque sea muy básico e incompleto, para el aspecto y el modo:
Los q. acaban en lauel. asen el preterito en. au. el futuro. vic. exemplo. zalauel. alegrase. zalau. alegrose. xzalauic. alegrarase. yalauel. atormentase. Yalau. atormentose. xyalauic. sera atormentado (Robertson, Law y Haertel 2010, 244).
Aparentemente las raíces que se mencionan en estos ejemplos son <za> ‘dulce’ y <ya> ‘dolor’, y cuyos cognados conocemos de otras lenguas mayas de las Tierras Bajas. Por lo tanto la segmentación morfológica de los casos citados arriba sería la siguiente:

Teniendo en cuenta las correspondencias gráficas y terminológicas que se usaban en las gramáticas coloniales con las categorías contemporáneas, podríamos afirmar que el sufijo -law no proporciona ninguna información modal, ni aspectual, sino funciona como un marcador de las estructuras incoativas. Los datos sobre el modo y el aspecto los llevan los sufijos de estatus que le siguen al sufijo -law. De la misma manera se comporta el sufijo -lew en las inscripciones:9
Respecto a las diferencias vocálicas que se observan entre este sufijo y su posible contraparte registrada en Chichén Itzá cabe mencionar que no es el único caso similar. A pesar de la relativa escasez de los datos lexicográficos del choltí, logramos encontrar una serie de ejemplos que marca la misma diferencia.
Al mismo tiempo hay que subrayar que no existe una correspondencia regular /e/→/a/ entre los datos lingüísticos del Norte de Yucatán y el choltí. Este hecho sugiere la existencia al menos en algunas lenguas de las Tierras Bajas mayas de una variación sincrónica entre los segmentos vocálicos mencionados. En efectivo, es atestiguada tanto en choltí, como en maya yucateco colonial y hasta en maya yucateco contemporáneo, lo que la califica como un fenómeno tipológico de larga duración.
Además, dichos casos de la variación vocálica se observan en la misma lengua de las inscripciones jeroglíficas mayas:
Unos posibles cognados de los sufijos -lew de Chichén Itzá y -law del choltí también se observan en el chol y el chontal contemporáneos. Vásquez Álvarez (2011, 136-138) describe en su gramática de chol el sufijo -la(w) que el determina como afectivo. Según los ejemplos que el proporciona, éste se usa con onomatopeyas y algunas raíces posicionales para codificar cierta información sensorial vinculada con el sonido y movimiento. Por su parte, en caso de chontal Keller (1984) y Keller y Luciano (1997, 427) hablan del sufijo -law / -läw cuyo uso es parecido al de su contraparte en chol.
¿Cómo podríamos explicar esta aparente transformación de un sufijo incoativo en uno sensorial? Tenemos una pista plausible en el maya yucateco. Le Guen (2012, 9-10; 2014,22) propone que el sufijo -chaj que se usa en construcciones expresivas para codificar un evento con rasgos repetitivos es el homófono de uno de los sufijos incoativos yucatecos. No obstante, teniendo en cuenta los ejemplos del chol y chontal, probablemente en todos estos casos se trata de una extensión de uso del sufijo inicialmente incoativo. En caso yucateco tendríamos un fenómeno sincrónico, mientras en las lenguas cholanas mencionadas se trataría de un proceso diacrónico y un reanálisis.
Cabe destacar que algunos autores como, por ejemplo Kaufman y Norman (1984, 109) o MacLeod (1987, ig. 5 y 15), proponen para estos sufijos la segmentación y el análisis diferente: -l-aw para el choltí y -l-äw- para el chol. Esta idea se basa en la hipótesis de que el supuesto sufijo *-l funcionaba como un intransitivizador en el proto-cholano (Kaufman y Norman 1984, 109), mientras el sufijo -aw / -äw proporcionaba información modal y aspectual.
No obstante, en nuestro caso no está claro para que las raíces nominales y adjetivas, a partir de las cuales se forman las estructuras incoativas, requerirían de un 'intransitivizador', ya que simplemente carecen de la valencia verbal para ser ésta disminuida. Respecto al sufijo de estatus, que codifica el modo y el aspecto, como se puede ver en el análisis de las estructuras verbales de los Dinteles 1A y 4A del Conjunto de Las Monjas que hemos proporcionado anteriormente, éste aparece justo después del sufijo en cuestión. Por lo tanto consideramos que las propuestas de Kaufman, Norman y MacLeod representan un análisis excesivo.
Debido al carácter incoativo del sufijo -lew, habría que prestarle atención a la traducción que se les ha dado previamente a nuestros ejemplos de Chichén Itzá. Todos los autores que han tratado los ejemplos de los Dinteles 1A y 4A de Las Monjas sugieren que se trata de verbo ‘adorar’. Sin embargo esta propuesta no concuerda con el tipo de la estructura verbal en cuestión. Las construcciones incoativas codifican cambios de estado que experimenta el sujeto (paciente) del predicado. Una traducción general para éstas sería ‘ponerse de tal calidad’ (England 2002, 89) o ‘hacerse X’, donde X denota un estado. En nuestro caso, creemos que se trata de algo como ‘deificarse, hacerse deidad’.
Si observamos los contextos donde aparecen estas expresiones veremos que las traducciones propuestas previamente no cuadran mucho. Mientras que, en caso de la parte frontal del Dintel 1 (Figura 2), el estado de la inscripción no nos permite reconocer inequívocamente el sujeto del verbo en cuestión (en el bloque B2 sólo se distingue la colocación ‘u-?-ba-li?/ka?), el texto del Dintel 4A (Figura 3) es legible y no deja muchas dudas al respecto:

Dintel 1A de Las Monjas, bloques B1-B2 (dibujo: Maxim Baboshkin).
(A1) yi-li-wa (A2) ‘u-tzi-li (B1) tu-SAK-?-ni (B2) ‘u-cho-ko (C1) wa-?-’a-bi (C2) ka-K’UH-le-wi-ya (D1) ‘i-chi-la-11-TUN-ni (D2) ta-’AJAW-wa (E1) K’UH-lu-nu-ku-’AJAW (E2) ha-’i
yiliw ‘utzil tu sak [...]ni’ ‘u chok wa [...]abi’ ka’ k’uhlewiy ‘ichil 11 tuni[l] ta [1] ‘ajaw k’uhul nuk ‘ajaw ha’i’
‘Veía bondad en Sak [...]ni’ ‘U Chok Waj ‘Ab, y luego se deificó en el año 11 del k’atun 1 ‘Ajaw el gran gobernante sagrado; fue el’

Dintel 4A de Las Monjas (dibujo: Maxim Baboshkin).
Aquí el sujeto de la construcción verbal ka’ k’uhlewiy es el personaje conocido en la historiografía de Chichén Itzá cómo ‘U Chok Waj ‘Ab (lectura aún parcialmente convencional) que supuestamente27 era padre del gobernante K’ak’ ‘U Pakal (aprox. 869-890)28 con quién se está vinculando el auge epigráfico de este sitio. Para 880 d.C., cuando fueron comisionados los dinteles de la Casa de las Monjas, según Grube y Krochock (2007, 234), ‘U Chok Waj ‘Ab ya podría estar muerto lo que concuerda con la mención de su posible deificación. Según el texto del Dintel 4A este acontecimiento sucede ‘ichil 11 tuni[l] ta [1] ‘Ajaw ‘en el año 11 del k’atun 1 ‘Ajaw’ o entre los años 880-881 (Boot 2005, 331).
Puede ser que era una forma poética para referirse al deceso de este personaje, y todo el programa de consagración de los dinteles de la Casa de las Monjas fue dedicado a su muerte. Y, aunque por el momento esto suene algo especulativo, no se puede descartar que ahí mismo se encuentra su tumba. Al menos, esta información nueva cuadra muy bien con lo que ya sabemos sobre el culto de ancestros entre los mayas del Clásico.
De hecho, como ya se había propuesto ‘U Chok Wah ‘Ab y la madre de K’ak’ ‘U Pakal, ‘Ix K’ayam, eran los únicos humanos mencionados como dueños de los cuartos en la Casa de las Monjas. Las habitaciones con los Dinteles 2, 5 y 6, según los textos correspondientes, les pertenecían a las deidades, y este edificio al parecer era un templo para los ancestros y las deidades principales de Chichén Itzá en los tiempos de K’ak’ ‘U Pakal (Grube y Krochock 2007: 234).
Regresando a las cuestiones estrictamente gramaticales, el descubrimiento de nuevo elemento incoativo en las inscripciones de Chichén Itzá nos lleva al problema de la coexistencia de varios sufijos incoativos en los datos lingüísticos provenientes de este sitio. Así, en la parte frontal del Dintel del Akab Dzib, que fue comisionado en 870 d.C., diez años antes que sus contrapartes de Las Monjas, encontramos en el bloque A2 (Figura 4) la colocación PET-ja-yu-xu-lipet[a]j / petja[l] yuxuli[l] que podemos traducir como ‘se hizo / se hace redondo su tallado’. La raíz adjetiva pet significa ‘redondo’, y no cabe duda que tenemos aquí otro ejemplo de una construcción verbal incoativa.

Dintel del Akab Dzib, bloque A2 (dibujo: Maxim Baboshkin).
Sería muy difícil dar en este caso una transcripción inequívoca puesto que la colocación PET-ja puede representar tanto la palabra pet[a]j, como petja[l]. La primera sería una forma incoativa común para las inscripciones de las Tierras Bajas mayas del Sur, mientras que la segunda la tenemos, por ejemplo, en el anillo de juego de pelota de Oxkintok, consagrado en 714 d.C., escrita como PET-ta-ja-la en el bloque I-I (Figura 5). La situación se complica por el hecho de que en Chichén Itzá tenemos tanto los ejemplos comunes para toda el área de la distribución de las escritura maya, como las formas muy características, aunque no siempre exclusivas, del Norte de Yucatán.

Anillo de juego de pelota de Oxkintok, bloque I-I (dibujo: Maxim Baboshkin).
Sea cual fuera la transliteración exacta en este caso, la coexistencia de varios sufijos incoativos en la lengua de las inscripciones jeroglíficas mayas puede significar que habría implicaciones semánticas en el uso de un sufijo u otros. Así, para el caso de maya yucateco se ha propuesto que la variación de los sufijos -tal y -chajal en las estructuras incoativas incompletivas puede estar relacionada con los cambios de estado temporales o permanentes (Bricker 1986, 29-30; Hofling 2006, 380).
Para un fenómeno semejante en lacandón del sur, donde se alternan los sufijos -chäj y -tah, Martínez Corripio (2009) indica que podría existir una distinción respecto al grado de avance en el cambio de estado que codifique tal o cual construcción incoativa. Desgraciadamente, en nuestro caso la escasa cantidad de ejemplos y la imposibilidad de recurrir a una elicitación con los hablantes nativos no nos permite establecer la naturaleza de estas distinciones.
A finales del siglo IX tenemos documentado en Chichén Itzá un sufijo incoativo -lew, cuyo cognado -law encontramos ocho siglos después en el manuscrito de Morán sobre el choltí y en varias lenguas contemporáneas de las Tierras Bajas mayas, aunque codificando otras características gramaticales. A primera vista, no proporciona ninguna información modal, ni aspectual, sino sólo marca el tipo de la estructura verbal. Hasta la fecha las menciones correspondientes en los textos de Las Monjas son los ejemplos únicos en las inscripciones mayas. En los registros coloniales de maya yucateco ninguno de estos dos sufijos aparece. Mientras tanto, para comprobar o descartar nuestras propuestas que involucran a este elemento morfológico, tenemos que esperar la aparición de nuevos ejemplos en el continuamente creciente corpus de los textos jeroglíficos mayas.

Dintel 1 de Las Monjas, bloques G1-H2 (dibujo: Maxim Baboshkin basado en el dibujo de Ian Graham (Bolles 1977, 268).


Dintel 1A de Las Monjas, bloques B1-B2 (dibujo: Maxim Baboshkin).

Dintel 4A de Las Monjas (dibujo: Maxim Baboshkin).

Dintel del Akab Dzib, bloque A2 (dibujo: Maxim Baboshkin).

Anillo de juego de pelota de Oxkintok, bloque I-I (dibujo: Maxim Baboshkin).