Artículos
Indicadores de percepción de calidad del entorno residencial: una herramienta para la planificación urbana. Caso de estudio del cantón de Flores, Costa Rica 1
Indicators of the perception of residential environments: A tool for urban planning. Case study of Flores, Costa Rica
Indicadores de percepción de calidad del entorno residencial: una herramienta para la planificación urbana. Caso de estudio del cantón de Flores, Costa Rica 1
Revista INVI, vol. 34, núm. 95, 2019
Universidad de Chile. Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Instituto de la Vivienda
Recepción: 19 Marzo 2018
Aprobación: 14 Enero 2019
Financiamiento
Fuente: Universidad de Costa Rica
Nº de contrato: 330-B5-A88
Descripción del financiamiento: Proyecto 330-B5-A88 “Validación de un instrumento para la medición de indicadores de percepción de la calidad del entorno residencial” (2015-2017) subvencionado por la Universidad de Costa Rica
Resumen: La aplicación de herramientas para medir la percepción de la calidad del entorno residencial en los procesos de planificación y gestión urbana es una alternativa poco explorada, a pesar de su valor como estrategia de mejora de la calidad de vida urbana. Fomentar la utilización de estos instrumentos y su contextualización con las características del entorno es necesario para mejorar las formas de incidir en los ambientes urbanos de un mundo cambiante y diverso, donde el planeamiento urge de nuevos mecanismos de intervención. La aplicación de un instrumento de auto-reporte sobre la percepción de la calidad del entorno permitió la recolección de datos sobre un área residencial en el cantón de Flores, Costa Rica, y el posterior análisis de esta información resultó un valioso aporte para la comprensión de la relación entre las características del contexto geográfico con la percepción de la calidad del entorno reportada por los encuestados. Las conclusiones obtenidas del análisis permitieron identificar relaciones entre la satisfacción con la calidad del ámbito urbano y las tipologías residenciales y características físicas del contexto, permitiéndonos acuñar argumentos para la futura promoción de estrategias de intervención urbana.
Palabras clave: calidad de vida, planeamiento urbano, PREQ, satisfacción residencial, tipología residencial.
Abstract: The use of tools designed to measure the perceived quality of a residential environment within urban planning and management processes has been little explored despite its value as a strategy to improve urban quality of life. There is a need to promote the implementation of these instruments and contextualize them with the features of the environment to further enhance the influence on urban environments within a changing and diverse world where planning demands the emergence of new intervention mechanisms. This research seeks to contribute to this end. The use of a self-reporting tool to measure the perceived quality of the environment allowed the collection of data from a residential area in Flores, Costa Rica. The analysis of this information greatly contributed to understand the relationship between the characteristics of geographical environments and their perceived quality. The findings of this research made it possible to identify the relationship between urban and residential satisfaction and urban characteristics, allowing us to elaborate arguments for the future promotion of urban intervention strategies.
Keywords: quality of life, urban planning, PREQ, residential satisfaction, residential typology.
Introducción
El rápido crecimiento y continua transformación del fenómeno urbano ha suscitado fuertes desafíos para la planificación y gestión del territorio. Los procesos de globalización han influido sobre los usos de la tierra, sobre los sistemas económicos que se despliegan en las ciudades, sobre las formas de experimentar el espacio urbano y sobre muchos otros aspectos más de nuestras urbes (Sassen, 1991), impactando la forma en que se vive en ellas y se percibe el entorno. Las ciudades enfrentan cambios constantes y una creciente demanda de infraestructuras y servicios, a la vez que emergen nuevas configuraciones espaciales y se amplían las inequidades económicas y sociales, presionado a la planificación en la búsqueda de soluciones innovadoras y acuerdos institucionales que permitan enfrentar, de forma acertada, las dificultades actuales (Friedmann, 2005).
La influencia de las políticas neoliberales en el comportamiento de los mercados del suelo, la localización de viviendas de interés social, la adopción de tipologías de urbanizaciones cerradas, la búsqueda de nuevas centralidades mediante grandes infraestructuras, entre otras, son solo algunas de las muchas dinámicas que influyen en la configuración de la ciudad y en los patrones de segregación socio-espacial que han ido caracterizando a las ciudades latinoamericanas, y en esto el planeamiento urbano y la gestión del territorio han jugado un papel determinante.
Las disparidades manifiestas en el territorio tienen un sinnúmero de efectos para la colectividad, al igual que lo tienen las variaciones en los patrones de urbanización. Sin embargo, no son las únicas problemáticas: otras como la polución ambiental, la contaminación de los ríos, la inseguridad, entre otras, han ido deteriorando nuestro hábitat, en detrimento también de los vínculos que establecemos los individuos con nuestras comunidades y la forma en que habitamos y experimentamos nuestros entornos urbanos. El hábitat está indisolublemente ligado al sujeto: es donde este constituye sus redes sociales, culturales, políticas y donde interactúa con otros sujetos y grupos, lo que implica el necesario entendimiento, no solo de la materialidad y función del hábitat, sino también de su significación, emoción y experiencias (Echeverría, 2009).
Los efectos de las transformaciones urbanas sobre la percepción que tienen los residentes de la calidad del contexto actual en el que viven y de las nuevas formas de urbanización es una de las líneas de investigación en urbanismo menos explorada, pero una de las más valiosas, pues los atributos del contexto tienen importantes implicaciones en la calidad de vida de los residentes y tienen una poderosa influencia sobre la forma en que se viven y experimentan los espacios.
Estudios anteriores (Dekker et al., 2011; Adriaanse, 2007) han podido demostrar que la percepción que los individuos tienen sobre las características del entorno, como estado de las edificaciones, tipologías de urbanización o servicios públicos existentes influyen sobre la satisfacción residencial; y condiciones negativas pueden provocar una disminución en la identificación de los habitantes con sus espacios residenciales, un mayor desarraigo, pérdida de valores y otra serie de patologías.
Partiendo de lo anterior, el objetivo de esta investigación realizada en el cantón de Flores, en el Gran Área Metropolitana de Costa Rica, se centró en explorar la relación existente entre las actuales formas de urbanización y la manifestación de la percepción de la calidad del entorno por parte de los residentes, para así poder profundizar en los efectos que tienen las nuevas formas de hacer ciudad sobre los espacios y los individuos. Se indagó sobre las posibles variaciones -positivas o negativas- de la percepción reportada por los residentes sobre su entorno residencial según las características de la morfología urbana y las tipologías residenciales que predominan, así como la existencia y accesibilidad a equipamientos y dotaciones en el ámbito.
La identificación de patrones de distribución espacial de estos indicadores y su relación con infraestructuras urbanas existentes permite profundizar en la relación entre el ser humano y el medio, y facilita la identificación de factores o elementos que puedan estar afectando a las comunidades (como su cohesión, resiliencia, organización, etc.) y que no son detectados con las herramientas tradicionales del planeamiento. Además, con los resultados de esta investigación se busca recalcar la importancia que estas herramientas, asociadas a elementos intangibles como la percepción, adquieren para el planeamiento urbano cambiante y dinámico de la actualidad, pues nos permiten comprender la forma en que los residentes perciben y experimentan su hábitat y cómo esto influye en su interacción diaria con el espacio físico donde habitan, así como con sus vecinos. Un mayor entendimiento de las posibilidades que estos instrumentos brindan para los procesos de planeamiento urbano, especialmente a escala local, abre novedosas formas de intervenir y promover lineamientos para una mejor gestión de nuestros entornos residenciales, ya que facilitan el desarrollo de redes, asociaciones u otros mecanismos de organización que trabajan sobre problemáticas en las comunidades, y que desde las herramientas tradicionales de planificación no han podido ser abordados.
Percepción de la calidad del espacio y su importancia para la gestión urbana
Los procesos de transformación de los entornos urbanos preocuparon desde muchos años atrás a teóricos, políticos y escritores pues consideraban que las características espaciales de las grandes ciudades que iban surgiendo influían -por lo general de forma negativa- sobre el comportamiento de las personas y la forma en que interactuaban. La miseria, la suciedad y las enfermedades acrecentadas con la industrialización fueron motivo de preocupación en el siglo XIX, no solo por los efectos sobre la salud de las personas, sino por su influencia sobre el comportamiento, modos de vida y pérdida de valores que estaban desarrollando los individuos ante tan paupérrimas circunstancias, propiciando así el surgimiento del movimiento higienista y de importantes actuaciones y reformas en la infraestructura y servicios públicos (Hall, 1996). Desde entonces se empezó a mostrar mayor atención a la relación existente entre las características del espacio urbano y los modos de vida. Años más tarde, autores como Park, Burgess y McKenzie (1925) o Wirth (1938) también expresaban sus posiciones sobre cómo la ciudad estaba influyendo en las personas y aducían que algunas características de esta conllevaban problemáticas sociales de gran peso.
Estas líneas de investigación, lejos de concluir allí, se intensificaron y ampliaron sus campos de interés. Especial fuerza toman estos estudios a partir de los años 60-70 del presente siglo con las influencias de autores como Craik y Zube (1976), quienes abordaron la temática de la percepción de la calidad del entorno. Desde entonces, muchos han sido los estudios empíricos que han centrado su atención en esta relación entre el ser humano y el medio, y se han podido ir estableciendo diversas características o variables que influyen, tanto positiva como negativamente, sobre los individuos y la forma en que habitan sus espacios. Otros autores (Kaplan, Kaplan y Ryan, 1998; Marans y Spreckelmeyer, 1981; Marans y Stimson, 2011; Oktay y Rustemli, 2011) han indagado sobre los atributos del entorno residencial y su impacto en la calidad de vida de los ciudadanos, tanto en su dimensión objetiva basada en indicadores observables y cuantificables -salud, ingresos, ambiente físico, entre otros- como en su dimensión subjetiva, donde los individuos evalúan, con base en sus expectativas, su grado de satisfacción con la vida en general. Siguiendo la revisión de Urzúa y Caqueo-Urízar (2012) es claro que el concepto de calidad de vida es complejo y multidimensional, y hay además concordancia entre investigadores en que este es un concepto que tiene ineludiblemente una dimensión objetiva y otra subjetiva (Velarde y Ávila, 2002). Por tanto, la percepción que los individuos tengan del entorno construido que habitan influirá sobre la evaluación que ellos hagan de este espacio y, por ende, en su satisfacción, y esta satisfacción es a su vez un importante componente subjetivo sobre calidad de vida. Varios de estos conceptos se han ido trabajando y desarrollando con referencia específica al espacio construido con el afán de especificar mejor el objeto de estos estudios, surgiendo conceptos como satisfacción residencial o calidad de vida urbana.
Muchos de estos trabajos han buscado implementar estrategias, programas o herramientas que posibiliten transferir esos esfuerzos por mejorar la calidad de vida urbana a políticas públicas e instrumentos de planeamiento y ordenación territorial. Sin embargo, controversiales autores como Holcombe (1995) han expresado posiciones críticas con respecto al urbanismo actual y la necesidad de sopesar los costos y beneficios que suponen las políticas públicas enfocadas en el territorio para la mejora de la calidad de vida. Grosso modo, podríamos decir que las políticas públicas buscan asegurar la satisfacción de las necesidades básicas de la población y así mejorar la calidad de vida de los habitantes, pero la poca eficacia que muchas de estas tienen en un mundo complejo como el de hoy ha llevado a cuestionar su trascendencia. Siguiendo a Vos (1996), para medir el nivel de vida, las políticas públicas de corte social solían basarse principalmente en factores rígidos, como el “método de ingresos”, ya que tomaban como base aquellos elementos que satisfacían una serie de necesidades básicas materiales. Sin embargo, dejaban de lado otras necesidades que no se solventan con el ingreso, como lo son por ejemplo el acceso a dotaciones, equipamientos urbanos o servicios públicos. El desarrollo de nuevos instrumentos multidimensionales ha permitido ir acercándonos a una comprensión más integral del tema, y la dimensión intangible relacionada con la satisfacción que experimentan los individuos ha empezado a aparecer en algunos instrumentos de política pública de distintos países latinoamericanos.
Diversas experiencias han demostrado que para la elaboración de políticas públicas hay necesidad por desarrollar más herramientas de medición y diagnóstico del contexto urbano que permitan conocer con mayor detalle el grado de satisfacción de los residentes y la relación de esta satisfacción con la calidad de vida, y para ello se hace indispensable la inclusión de las mediciones subjetivas o “blandas” (Tonon, 2010). Conocer la percepción de los habitantes favorece un mejor entendimiento del contexto para los diversos agentes urbanos. De esta forma, quienes definen política pública y quienes desarrollan proyectos urbanos e inmobiliarios pueden conocer la perspectiva de los residentes y buscar propuestas más acordes a la realidad que ellos experimentan, es decir, permite guiar los procesos de planificación al conseguir contrastar información que se desprende de estudios técnicos y la experiencia real de quienes habitan esos espacios. Esto posibilita priorizar proyectos que favorezcan la calidad de vida de los residentes.
A pesar de su importancia, el abordaje del componente psicológico para el estudio de la vida urbana no tiene una trayectoria robusta dentro del planeamiento. Podríamos decir que su introducción en las herramientas para la planificación o gestión de proyectos urbanos ha sido relegada hasta hace poco tiempo, principalmente por las dificultades que supone la recolección de datos de esta naturaleza. No es de extrañar, entonces, que la evaluación de la calidad de estos ámbitos por parte del residente, como elemento clave de los procesos de diagnóstico o análisis para la formulación de políticas públicas, sea poco habitual. Quizás más frecuentes suelen ser las herramientas de evaluación post-ocupación como parte de los procesos de diagnóstico en la evaluación de proyectos residenciales, siendo una interesante alternativa metodológica, puesto que se centra en conocer el desempeño de los proyectos tomando como base las necesidades y experiencias de los residentes. Siguiendo a Preiser, Rabinowitz y White (1988), la evaluación post-ocupación (POE, por sus siglas en inglés) es también una fase del proceso de construcción que se da tras la secuencia constituida por la planificación, la programación, el diseño, la construcción y la ocupación de las edificaciones, y a nuestro entender, también de los entornos urbanos en su conjunto. Estos métodos, iniciados a mediados de los años 60 han sido un ejemplo de posibles avances en la consideración de herramientas no tradicionales, enfocadas en la relación entre el ser humano y el entorno construido, que pueden ser de gran valor para la planificación y gestión urbana.
En años recientes, nuevos instrumentos para la medición de indicadores sobre la percepción de la calidad del entorno residencial han irrumpido con mayor presencia en el planeamiento urbano, y se han promovido avances en la incursión de este tipo de herramientas en los procesos de planificación y gestión urbana.
Para los estudios sobre la calidad del entorno residencial se han estructurado diversos instrumentos. Algunos se han constituido para grandes escalas territoriales y otros para pequeños barrios e incluso casas (Aragonés y Corraliza, 1992; Hall, Madrigal y Robalino, 2008). Algunas de estas herramientas han abordado la problemática desde los aspectos técnicos -con criterios cuantificables- y otros desde la percepción de los habitantes, mientras que algunos han combinado diversos acercamientos al objeto de estudio (Jansen, 2014; Sirgy y Cornwell, 2002). También, investigaciones previas han podido demostrar cómo las diversas variables del contexto urbano influyen o median sobre la satisfacción de los habitantes (Aiello, Ardone y Scopelliti, 2010) y por tanto la necesidad de combinar ambos acercamientos.
Dentro de las múltiples escalas elaboradas en las últimas décadas, una de las más utilizadas para la realización de este tipo de evaluaciones es la escala abreviada de indicadores de percepción de la calidad del entorno residencial PREQI (Perceive Residential Environment Quality Indicators) elaborada por Fornara, Bonaiuto y Bonnes en el 2010, la cual cuenta con una trayectoria importante por su aplicación durante más de dos décadas (Bonaiuto et al., 1999; Bonaiuto, Fornara y Bonnes, 2003, 2006; Bonnes et al., 1997; Fornara, Bonaiuto y Bonnes, 2010), a lo largo de las cuales se ha ido mejorando y reduciendo el instrumento, así como promoviendo su aplicación en diferentes contextos. Es justamente este cuestionario el cual ha sido seleccionado para la realización de este estudio, para así acercarnos a una mejor comprensión sobre la forma en que los individuos perciben sus entornos e identificar patrones de distribución espacial de estos indicadores y su relación con infraestructuras urbanas existentes en el contexto seleccionado.
Cantón de Flores, Costa Rica
La presente investigación, elaborada con el propósito de conocer la percepción de la calidad del entorno residencial y la posible influencia de la morfología y los atributos urbanos sobre las percepciones de los residentes, fue llevada a cabo en el cantón de Flores, en la provincia de Heredia en Costa Rica.
La selección del cantón -conformado por los distritos Barrantes, San Joaquín y Llorente- responde a las características particulares de este, entre las cuales resalta el hecho de que es un cantón 100% urbano, es uno de los más pequeños del país al contar solo con 6,96 km2, y al hecho de ser también uno de los diez cantones más densos del territorio nacional, con un total del 2.879 habitantes por km2, según los datos del último Censo Nacional de Población y Vivienda, realizado en el año 2011 por parte del Instituto Nacional de Estadística y Censos INEC. También resulta interesante que únicamente un 4,8% de las viviendas se hallan en edificios de condominios o apartamentos, mostrando una urbanización predominante de viviendas unifamiliares (18.301 personas de las 20.037 del cantón viven en casa independiente), las cuales tienen en promedio 3,48 habitantes por vivienda.
A partir de la fuerte expansión urbana en la segunda mitad del siglo XX, la conversión de tierras cafetaleras a usos urbanos significó uno de los aspectos de acumulación de capital más importantes del área metropolitana costarricense (Carvajal y Vargas, 1985) y la urbanización de la periferia se disparó con el crecimiento demográfico a partir de los años sesentas y setentas. El cantón de Flores experimentó una similar reconversión de terrenos en las últimas décadas, pues esta zona de la Gran Área Metropolitana (GAM) mantuvo, hasta hace pocos años, muchas áreas de cultivo del café, las cuales se han ido transformando, principalmente y de forma paulatina, en desarrollos residenciales que se han ido insertando en la configuración urbana tradicional de baja densidad preexistente en el ámbito.
Según los datos del último censo del INEC, este territorio contiene una población total de 20.037 habitantes (10.226 mujeres y 9.811 hombres), siendo el sexto cantón a nivel nacional con la mayor tasa de crecimiento, con un 2,6 por ciento de promedio anual intercensal.

En lo que respecta a los datos sobre pobreza, según el censo del 2011, el porcentaje de población con una o más carencias es del 18.06% en el distrito de Llorente; 11.22% en Barrantes y 12.01% en San Joaquín, porcentajes que disminuyeron con respecto al censo del 2000, cuando fueron 28.7%; 16.2% y 25.1%, respectivamente. La mejora de las condiciones responde en parte al hecho de que en el año 2000 se realizó el proyecto de viviendas de interés social “El Rosario”, con 170 soluciones familiares, y en el año 2002 el proyecto “Las Hadas”, con 40 soluciones familiares, ambos en el distrito de Llorente.
Por su parte, en cuanto a las actividades económicas en el cantón, el directorio de empresas y establecimientos del INEC del 2016 indica que en Flores hay un total de 3.902 trabajadores, de los cuales 3.047 están en el distrito de San Joaquín, 208 en Barrantes y 647 en Llorente, mostrando marcadas diferencias entre un distrito y otro. Esta misma información se corrobora con las 136 empresas registradas en San Joaquín, en oposición a las 17 de Barrantes y las 25 de Llorente en el mismo año. Otro elemento característico del ámbito es que cuenta con una importante actividad industrial que se localizó en el área desde hace muchos años, aunque es un cantón primordialmente residencial.
El estudio
Partiendo de un estudio inicial sobre el contexto y sus características, se organizó la ejecución de la investigación en dos etapas. La primera de ellas se centró en validar el instrumento seleccionado, que fue la escala PREQI sobre indicadores de percepción de la calidad del entorno residencial elaborada por Fornara y colaboradores en el 2010. Tras la aplicación y validación del instrumento1, la segunda fase se centró en cruzar la información sobre la percepción de la calidad del entorno residencial que tienen los habitantes del cantón de Flores con las características y atributos del contexto. Este proceso metodológico se llevó a cabo de la siguiente manera:
Primeramente se hizo la traducción del cuestionario al idioma español y se realizaron pequeños ajustes para la correcta comprensión de las preguntas; así, por ejemplo, se modificó la palabra barrio por distrito y se modificaron otras palabras para que respondieran más adecuadamente al contexto; labores que fueron complementadas con una muestra de 10 entrevistas específicas sobre el cuestionario. Concluida esta fase se definió el tamaño de la muestra, la cual se compuso de 3942 residentes del cantón seleccionado -de los cuales 81 vivían en el distrito de Barrantes, 150 en San Joaquín y 163 en Llorente- y el tipo de muestreo que debía ser aplicado para posteriormente llevar a cabo la recolección de datos.
El instrumento original, un cuestionario de auto-reporte compuesto por 66 ítems agrupados en 12 escalas distintas, se conformó en su totalidad por preguntas de escala Likert de cinco puntos, variando de “muy en desacuerdo” a “muy de acuerdo”. Este fue administrado en el lugar de residencia de los encuestados, quienes fueron seleccionados según un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional para cada sección censal del cantón y con un procedimiento de rutas aleatorias. Este método nos permitió, además, identificar el lugar exacto de residencia del individuo, para posteriormente vincular la información suministrada por el encuestado con el estudio sobre las condiciones urbanas realizado en la segunda fase.
La escala fue sometida a un análisis estadístico mediante modelos de ecuaciones estructurales para su validación. Tras su comprobación como instrumento válido, se utilizó la información de cada variable para su localización sobre el territorio y posterior análisis3.
Las escalas, factores e ítems utilizados para este estudio se organizan de la siguiente manera:
“Características arquitectónicas y de forma urbana”, compuesta por los indicadores relativos a “estética de edificaciones” y “configuración de edificaciones”, con ítems concernientes a la apariencia, volumen, altura y densidad del contexto.
“Movilidad y conectividad”, conformada por indicadores de “funcionalidad interna”, “funcionalidad externa” y “transporte”, con ítems que indagan en las posibilidades de moverse dentro y fuera del distrito, vías de comunicación y transporte público.
“Áreas verdes”: esta escala monofactorial incluye ítems relativos a la existencia y calidad de los espacios verdes del distrito.
“Características socio-relacionales”, compuesta por los indicadores de “seguridad”, “discreción” y “sociabilidad”, con ítems que evalúan la percepción con respecto a la criminalidad, vandalismo y las relaciones sociales entre vecinos.
“Servicios sociales” incluye los indicadores relativos a “servicios escolares” y “servicios de asistencia social”, con ítems que exploran la percepción en torno a la existencia y calidad de estas prestaciones.
“Servicios recreativos” se conforma por los indicadores de “servicios deportivos” y “actividades socio-culturales” con ítems relativos a la accesibilidad a las instalaciones deportivas y las posibilidades de participar en actividades culturales y de ocio.
“Servicios comerciales” es una escala monofactorial con ítems que exploran la cantidad, variedad y distribución de estos servicios.
“Ritmo de vida” es una escala compuesta por dos factores, “relajación versus tensión” y “entretenimiento vs. Aburrimiento”, con ítems que indagan sobre la atmósfera o ambiente que se vive en el distrito.
“Salud ambiental” es una escala monofactorial con ítems relacionados con la polución y contaminación del lugar.
“Mantenimiento” también es una escala monofactorial con ítems que exploran sobre el cuidado y mejoras que recibe el ámbito.
“Apego al lugar” es también una escala monofactorial que busca conocer los vínculos que establecen los residentes con su entorno residencial e incluye ítems sobre identidad e integración.
Una vez elaboradas las bases de datos con la información recolectada, se referenció la ubicación de la residencia del encuestado en diversos mapas para su posterior análisis.
La segunda fase de la investigación se centró en el análisis espacial del contexto donde fueron administrados los cuestionarios. Se recolectaron datos generales sobre el ámbito y se levantaron mapeos sobre diversas características urbanas. Entre la diversidad de variables analizadas, este estudio buscó profundizar en los usos del suelo y en las principales características del conjunto urbano y sus tipologías residenciales, así como en la distribución y localización de los equipamientos dentro de ese territorio, pues esto permite reconocer ciertos elementos que pueden ser influidos desde las herramientas de planificación urbana.
En concreto, se localizaron las diversas tipologías y desarrollos residenciales clasificándolos en urbanizaciones cerradas o de acceso restringido, urbanizaciones abiertas y viviendas unifamiliares. Se ubicaron en el territorio las distintas áreas verdes y de cultivos; se identificaron también las diversas dotaciones, equipamientos urbanos y usos del suelo de predominio comercial e industrial, así como los cascos históricos de los tres distritos (Figura 2).
Finalmente, se consultaron los datos del Ministerio de Hacienda sobre los valores estimados del terreno según las zonas homogéneas a las que pertenecen, para también analizar posibles relaciones entre estos valores y los resultados de los indicadores de percepción.

Resultados
Para poder profundizar en la relación entre las características urbanas y la percepción que tienen los individuos sobre la calidad de sus entornos se generaron una serie de mapas donde se representaron los resultados de cada una de las 11 escalas estudiadas. Para ello, se calcularon las medias de cada escala según los puntajes obtenidos de cada ítem que le conformaba y se localizó en el territorio siguiendo la información georreferenciada de cada uno de los encuestados.
Así, se buscó representar la distribución espacial de las valoraciones obtenidas para cada una de las escalas, agrupando también la media de la valoración recibida en las zonas geográficas establecidas por las secciones censales o unidades geo-estadísticas mínimas que estipula el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Posteriormente, se contrapusieron los mapas elaborados a partir de las escalas, con la información sobre la estructura urbana y dotaciones del ámbito y se procedió a su escrutinio.
La dimensión geográfica de la escala “características arquitectónicas y de forma urbana” muestra una marcada concentración de percepciones desfavorables en el suroeste del cantón estudiado, concentrándose la mayor parte en el distrito de Llorente (Figura 3, mapa 3). Por el contrario, las percepciones positivas van quedando plasmadas en la parte norte del cantón.
En el estudio de campo se observó que en todo el cantón de Flores las edificaciones son de poca altura, siendo casi su totalidad de uno o dos niveles, así como también es común la mixtura entre pequeños sectores residenciales modestos con otros más refinados. Sin embargo, la parte norte del cantón se caracteriza por una morfología urbana poco densa -de las 5.751 viviendas del cantón, 1.209 se localizan en el distrito de Barrantes, 2.133 en San Joaquín y 2.409 en Llorente-, con muchos espacios libres y de cultivos en las inmediaciones, y con el mayor porcentaje de viviendas ocupadas en buen estado (en el distrito de Barrantes hay un 87,3% de viviendas en esa condición, mientras que en San Joaquín y Llorente representan el 84,9% y 79,2% respectivamente), características que podrían estar influyendo sobre la percepción de las características arquitectónicas y urbanas del distrito.

En cuanto a la percepción en torno a la movilidad y conectividad, la escala muestra una percepción más positiva en la zona central del cantón, lo cual concuerda con los principales ejes viales y línea férrea. Las zonas al oeste del cantón muestran mayor disconformidad. Llama la atención que el sector suroeste no aúna percepciones positivas con respecto a la conectividad, pues su límite oeste colinda con la autopista General Cañas y cuenta con dos importantes carreteras que son las principales vías de comunicación del cantón (Figura 3, mapa 4).
En cuanto a la escala relativa a “zonas verdes”, puede apreciarse una valoración positiva en las zonas del cantón donde hay espacios de cultivos y terrenos baldíos, y no se refleja un patrón asociado a los espacios verdes municipales como plazas y parques, pues justo donde se ubican estas dotaciones las valoraciones son menos positivas. Esto muestra cómo la percepción favorable sobre las áreas verdes del cantón se ve influenciada por elementos naturales o paisajísticos y no por áreas verdes públicas de utilidad para los residentes (Figura 4, mapa 5). Finalmente, las valoraciones más negativas se concentraron en las áreas donde el paisaje adquiere un lenguaje industrial por la presencia de fábricas y zonas francas.
La escala “características socio-relacionales” reúne información sobre la percepción de seguridad, y sobre la convivencia y relaciones sociales que se establecen entre los vecinos. A diferencia de las dimensiones anteriores, no se identifican patrones asociados a una distribución espacial, sino que, a grandes rasgos, se despliega de forma heterogénea en los tres distritos de Flores; independientemente de la tipología de urbanización, cercanía a espacios dotacionales de posible interacción -como plazas, iglesias o parques-, valor o estatus del ámbito, entre otras (Figura 4, mapa 6).

La distribución geográfica de la percepción que tienen los residentes sobre las prestaciones sociales existentes en el distrito, en concreto sobre los servicios escolares y de bienestar social, muestran una mayor concentración de percepciones positivas en el distrito de San Joaquín, donde efectivamente se concentran las principales dotaciones e instituciones públicas. Los distritos de Barrantes y Llorente contienen percepciones menos conformes, no repuntando siquiera en sus centros urbanos, a pesar de que allí se concentran también las principales dotaciones y servicios sociales de cada distrito. Esto podría sugerir que, en términos generales, la percepción en cuanto a los servicios sociales del distrito no se ve influida por la cercanía o accesibilidad a estas prestaciones, sino por la cantidad de estas a disposición del residente (Figura 5, mapa 7).

La escala relativa a servicios recreativos consultó a los residentes sobre las posibilidades de realizar actividades deportivas, culturales y de ocio en el distrito. Los resultados muestran una clara disconformidad en estos aspectos a lo largo de todo el cantón, es especial en la zona donde se concentran las industrias y en el extremo norte de Barrantes, ámbito de menor densidad habitacional y donde aún hay muchas zonas de cultivo. Las percepciones menos negativas se localizan principalmente en las áreas más pobladas y donde hay mayor actividad económica y servicios del cantón, posibilitando un mejor acceso al entretenimiento y recreación de sus residentes. Nuevamente, la cercanía a las plazas deportivas y parques -donde también se llevan a cabo actividades culturales como las fiestas patronales, por ejemplo- no demuestra una influencia sobre la percepción que los residentes pueden tener sobre los servicios recreativos en los diversos distritos (Figura 5, mapa 8).
El distrito de Barrantes es el que en términos generales muestra una percepción más desfavorable sobre los servicios comerciales existentes en el lugar, seguido por el distrito de Llorente, y finalmente es San Joaquín el distrito con mejor valoración en cuanto a estos servicios, lo cual concuerda con los datos de las actividades económicas en el cantón, del directorio de empresas y establecimientos del INEC, donde se estimó que solo el 10% de las actividades económicas se despliegan en el distrito de Barrantes, el 14% en Llorente y 76% en San Joaquín. Sin embargo, resulta llamativo que los ejes comerciales sobre las rutas principales no muestran una correspondencia palpable con la percepción que los residentes tienen sobre las actividades comerciales en el distrito (Figura 6, mapa 9).
La escala “ritmo de vida” buscó medir la percepción sobre el ambiente que se experimenta en el cantón. La zona central de este muestra una mejor valoración, y es evidente también la correspondencia de la valoración positiva con los ámbitos donde se localizan la mayoría de las urbanizaciones cerradas; por otra parte las zonas noreste y suroeste concentran las percepciones más adversas. Esta última se caracteriza por la cercanía de las actividades industriales, ejes viales aledaños de mucho tránsito vehicular y una zona residencial densa de viviendas de interés social, mientras que el extremo noreste es un ámbito de menor densidad residencial, con muchas áreas de cultivo circundantes y zonas residenciales de mayor plusvalía pero principalmente de viviendas unifamiliares. Es decir, a pesar de las características socio espaciales dispares, la única relación contundente se da con la tipología residencial, posiblemente por el estilo de vida y mayor control del contexto inmediato que pueden desarrollar los residentes de las urbanizaciones cerradas (Figura 6, mapa 10).

En lo relativo a la escala de “salud ambiental”, la diferenciación entre el sector norte y sur del cantón es palpable. El primero, como se ha comentado anteriormente, se caracteriza por la mayor presencia de espacios naturales o zonas verdes, mientras que el sector sur se rodea de actividades industriales y vías de alto tránsito vehicular, siendo estos elementos claves para en el tema de la calidad ambiental (Figura 7, mapa 11).
Similar a la anterior escala, la de “mantenimiento” muestra una concentración mayor de la percepción negativa en el suroeste de Flores, mientras que los ámbitos de mejor valoración se concentran específicamente en el centro urbano de San Joaquín y en el extremo noroeste del cantón, sector donde la tipología residencial se compone principalmente de urbanizaciones privadas (Figura 7, mapa 12).

Por último, la escala de “apego al lugar” arroja valoraciones favorables, en términos generales, a lo largo de todo el cantón, y no muestra patrones de distribución espacial que puedan asociarse a las tipologías residenciales de los distritos (Figura 8, mapa 13).
Finalmente, se elaboró un mapa para mostrar los resultados generales de la totalidad de la escala de percepción de la calidad del entorno residencial. La mayoría de las secciones promediaron valoraciones intermedias o levemente positivas, y solo la zona industrial aglomeró un área significativamente disconforme. Por su parte, se identifican dos áreas -con características diversas- que muestran mayor satisfacción con la calidad del entorno. Una de ellas es la zona central del cantón, específicamente en las inmediaciones del centro urbano de San Joaquín, ámbito que se caracteriza por su estructura urbana de malla reticular, con usos mixtos y concentración de las principales dotaciones y servicios comerciales. La otra región que concentra valoraciones positivas es el ámbito noroeste, zona residencial donde se localizan principalmente urbanizaciones cerradas rodeadas de áreas verdes y de estratos sociales más elevados, con acceso a ciertas dotaciones privadas que suplementen aquellas de carácter público más distantes. A pesar de la diferencia existente entre estos dos ámbitos en cuanto a su estructura urbana y tipología residencial, las condiciones que ofrecen a sus habitantes estos entornos residenciales les permiten alcanzar valoraciones positivas en diferentes aspectos y esto produce que el resultado global les favorezca. Este mapa nos permite concluir que la diversidad, variedad, accesibilidad y mixtura de los ámbitos urbanos compactos con mayor centralidad ofrecen características residenciales que son bien valoradas por sus habitantes, mientras que los contextos más homogéneos, con menos mixtura y distantes de la variedad y diversidad de servicios y comercios son los que generan menos satisfacción, con la gran excepción de los desarrollos de urbanizaciones cerradas, las cuales auto-abastecen una serie de necesidades -como seguridad, acceso a áreas verdes y recreativas, mantenimiento, entre otras- para sus habitantes.

Conclusiones
En términos generales, la aplicación de la escala de "percepción de la calidad del entorno residencial" busca recuperar información valiosa que permita conocer cómo viven y experimentan los habitantes sus entornos residenciales para así poder identificar cómo las características urbanas pueden afectar estas percepciones o cómo esta información puede ayudar a mejorar los planes, programas y políticas públicas que lideran las transformaciones de los entornos urbanos.
La introducción de metodologías alternativas para evaluar diferentes aspectos de los entornos residenciales ha sido lenta, y se ha agravado además por el hecho de que la planificación y el diseño en conjunto con la comunidad han estado largo tiempo relegados por una visión más paternalista de estos procesos, dejando de lado las expectativas y necesidades de los residentes (Sanoff, 2000); y es ahí donde radica la urgencia por promover nuevos estudios empíricos, como el presentado en este artículo, pues abordan formas alternativas de conceptualizar la problemática urbana.
Los resultados de la aplicación de estos instrumentos fortalecen enfoques que se apoyan en la experiencia directa y valoración de quienes residen en esos entornos y no en informes técnicos que carecen de una visión más humana sobre cómo desarrollamos, diseñamos o creamos nuestros espacios residenciales. En este sentido, las políticas públicas que gobiernan nuestras ciudades también han tenido que adaptarse a las necesidades cambiantes y a los conflictos que genera el rápido crecimiento de las urbes, y ello ha supuesto la necesidad de trazar nuevas estrategias y métodos de trabajo, puesto que tanto la globalización como la emergente cultura de planeamiento están moderando los procesos de cambio en la planificación y la gestión urbana y territorial (Friedmann, 2005).
Este tipo de acercamiento, para una mejor comprensión del hábitat urbano, favorece canales de comunicación y entendimiento entre los distintos gestores urbanos -técnicos municipales, líderes comunales, desarrolladores inmobiliarios, entre otros- y los residentes, para así trabajar con propósitos comunes y lograr una mejor resiliencia y apropiación de las comunidades sobre sus entornos. Este artículo presenta avances en esta materia, puesto que permite ir consolidando y resaltando la importancia de estos instrumentos y su posible inclusión como herramientas de planeamiento y gestión urbana.
Además, el mapeo de los resultados reconoce la dimensión territorial de la percepción reportada por los habitantes, permitiéndonos explorar con mayor precisión las relaciones o vínculos entre la dimensión física del ámbito y la percepción de la calidad del entorno residencial. Esta información facilita un mayor entendimiento de los efectos de los planes y programas llevados a cabo en el ámbito y posibilita una mejor gestión del territorio. Así, la aplicación de estos instrumentos en los procesos de gestión y planeamiento urbano y territorial se percibe como una oportunidad para comprender la relación existente entre los habitantes y las infraestructuras urbanas, permitiéndonos identificar cuáles elementos, de qué forma y dónde pueden ser intervenidos para mejorar la percepción que el residente tiene de su contexto y favorecer la satisfacción residencial de este. Asimismo, nos permite corroborar posibles deficiencias que los planes y programas han generado para ciertos sectores de las ciudades y las personas que en ellas habitan.
Entre los distintos esfuerzos por mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, la planificación urbana debe trabajar por asegurar la existencia, adecuada función y distribución de una importante variedad de servicios y amenidades, como el acceso a los servicios de transporte público, a espacios de recreación, a servicios de saneamiento, entre otros; pero, además, debe velar por el bienestar social y la interacción ciudadana al facilitar espacios seguros, diversos y ambientalmente sanos sin recurrir a tipologías residenciales de urbanizaciones cerradas, favoreciendo mayor equidad entre poblaciones en cuanto a sus oportunidades para acceder a entornos residenciales satisfactorios.
Finalmente, es importante recalcar que aun cuando se propone la validación del instrumento para un contexto latinoamericano, es claro que no pueden generalizarse los resultados de una ciudad para toda la región, puesto que la región congrega una gran diversidad en todos los aspectos: culturales, políticos, geográficos, morfológicos, entre otros. Aun cuando existen elementos generales que han llevado a homogenizaciones del territorio latinoamericano en diversas investigaciones, es insoslayable definir claramente las características del ámbito objeto de estudio, para que posibles comparaciones puedan ser referenciadas con fundamento y no por generalización.
A pesar de los avances en el análisis de las problemáticas para la formulación de programas y política pública con la mejora en la clasificación y redefinición de los problemas que acarrean los diversos entornos urbanos, se siguen generalizando y clasificando indistintamente algunos factores de gran importancia que ayudan a entender el desempeño de estos ámbitos (Adriaanse, 2007). Para poder identificar las características que posibilitan un mayor progreso o mejora en las condiciones de un entorno específico, se debe contemplar el manejo y uso del barrio por parte de sus residentes, la estructura social del entorno y la interpretación que de esto hacen sus habitantes, pues la opinión que los residentes tienen sobre sus barrios ofrece importantes insumos de cara a las intervenciones urbanas (Adriaanse, 2007; Blockland-Potters, 1998).
Estudios como este nos permiten reconocer las diferentes formas de habitar y configurar la espacialidad donde se desarrolla el quehacer cotidiano para así comprender cómo la aplicación de planes normativos o proyectos oficiales de las administraciones afectan el entorno y la vida que se da en ellos.
Referencias bibliográficas
Adriaanse, C.C.M. (2007). Measuring residential satisfaction: a residential environmental satisfaction scale (RESS). Journal of housing and the built environment, 22(3), 287. https://doi.org/10.1007/s10901-007-9082-9
Aiello, A., Ardone, R.G., y Scopelliti, M. (2010). Neighbourhood planning improvement: Physical attributes, cognitive and affective evaluation and activities in two neighbourhoods in Rome. Evaluation and Program Planning, 33(3), 264-275. https://doi.org/10.1016/j.evalprogplan.2009.10.004
Aragonés, J.I. y Corraliza, J.A. (1992). Satisfacción residencial en ámbitos de infravivienda. Psicothema, 4(2), 329-341.
Blokland-Potters, T. (1998). Wat stadsbewoners bindt; sociale relaties in een achterstandswijk. Kampen: Kok Agora.
Bonaiuto, M., Aiello, A., Perugini, M., Bonnes, M., y Ercolani, A.P. (1999). Multidimensional perception of residential environment quality and neighbourhood attachment in the urban environment. Journal of environmental psychology, 19(4), 331-352. https://doi.org/10.1006/jevp.1999.0138
Bonaiuto, M., Fornara, F., y Bonnes, M. (2003). Indexes of perceived residential environment quality and neighbourhood attachment in urban environments: a confirmation study on the city of Rome. Landscape and urban planning, 65(1-2), 41-52. https://doi.org/10.1016/S0169-2046(02)00236-0
Bonaiuto, M., Fornara, F., y Bonnes, M. (2006). Perceived residential environment quality in middle-and low-extension Italian cities. Revue Européenne de Psychologie Appliquée/European Review of Applied Psychology, 56(1), 23-34. https://doi.org/10.1016/j.erap.2005.02.011
Bonnes, M., Bonaiuto, M., Aiello, A., Perugini, M., y Ercolani, A.P. (1997). A transactional perspective on residential satisfaction. En C. Despres y D. Piché (Eds.), Housing surveys: Advances in theory and methods (pp. 99-135). Québec: Centre de recherche en aménagement et développement (CRAD), Université Laval.
Carvajal, G. y Vargas, J. (1985). Principales tendencias del crecimiento urbano y demográfico del Área Metropolitana de San José 1950-1980, Revista geográfica, (101), 63-90.
Craik, K.H. y Zube, E.H. (1976). The development of perceived environmental quality indices. En K.H. Craik y E.H. Zube (Eds.), Perceiving environmental quality. (pp. 3-20). Boston, MA: Springer. https://doi.org/10.1007/978-1-4684-2865-0_1
Dekker, K., Vos, S.d., Musterd, S., y Kempen, R.v. (2011). Residential satisfaction in housing estates in European cities: A multi-level research approach. Housing Studies, 26(04), 479-499. https://doi.org/10.1080/02673037.2011.559751
Echeverría, M.C. (2009). Hábitat, prácticas y norma: ¿adaptarse o adaptar? Actas del hábitat popular, 1(1), 130-137.
Fornara, F., Bonaiuto, M., y Bonnes, M. (2010). Cross-validation of abbreviated perceived residential environment quality (PREQ) and neighborhood attachment (NA) indicators. Environment and Behavior, 42(2), 171-196. https://doi.org/10.1177/0013916508330998
Friedmann, J. (2005). Globalization and the emerging culture of planning. Progress in Planning, 64(3), 183-234. https://doi.org/10.1016/j.progress.2005.05.001
Hall, P. (1996). Ciudades del mañana: historia del urbanismo en el siglo XX. Barcelona: Ediciones del Serbal.
Hall, L.J., Madrigal, R., y Robalino, J. (2008). Quality of life in urban neighborhoods in Costa Rica. Washington, DC: Inter-American Development Bank.
Holcombe, R.G. (1995). Public policy and the quality of life: market incentives versus government planning. Westport, Conn.: Greenwood Press.
Jansen, S.J.T. (2014). The impact of the have-want discrepancy on residential satisfaction. Journal of environmental psychology, 40, 26-38. https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2014.04.006
Kaplan, R., Kaplan, S., y Ryan, R. (1998). With people in mind: Design and management of everyday nature. Washington, D.C.: Island Press.
Marans, R.W. y Spreckelmeyer, K.F. (1981). Evaluating built environments: A behavioral approach. Ann Arbor: Survey Research Center, Institute for Social Research, University of Michigan
Marans, R.W. y Stimson, R.J. (Eds.). (2011). Investigating quality of urban life: Theory, methods, and empirical research. London: Springer. https://doi.org/10.1007/978-94-007-1742-8
Oktay, D. y Rustemli, A. (2011). The quality of urban life and neighborhood satisfaction in Famagusta, Northern Cyprus. En R.W. Marans y R.J. Stimson (Eds.), Investigating quality of urban life: Theory, methods, and empirical research (pp. 233-249). London: Springer .
Park, R.E., Burgess, E.W., y McKenzie, R.D. (1925). The city. Chicago: University of Chicago Press.
Preiser, W.F.E., Rabinowitz, H.R., y White, E.T. (1988). Post Occupation Evaluation. New York: Van Nostrand Reinhold.
Sanoff, H. (2000). Community participation methods in design and planning. New York: Wiley.
Sassen, S. (1991). The global city: New York, London, Tokyo. Princeton, N.J.: Princeton University Press.
Sirgy, M.J. y Cornwell, T. (2002). How neighborhood features affect quality of life. Social indicators research, 59(1), 79-114. https://doi.org/10.1023/A:1016021108513
Tonon, G. (2010). La utilización de indicadores de calidad de vida para la decisión de políticas públicas. Polis (Santiago), 9(26), 361-370. https://doi.org/10.4067/S0718-65682010000200017
Urzúa, A. y Caqueo-Urízar, A. (2012). Calidad de vida: Una revisión teórica del concepto. Terapia psicológica, 30(1), 61-71. https://doi.org/10.4067/S0718-48082012000100006
Velarde, E. y Ávila, C. (2002). Evaluación de la calidad de vida. Salud Pública de México, 44(4), 349-361.
von Breymann y Montenegro. (2019). Validation of a scale to measure perceived residential environment quality in a Latin American setting. Psyecology. https://doi.org/10.1080/21711976.2019.1579471.
Vos, R. (1996). Hacia un sistema de indicadores sociales. Washington, D.C.: Inter-American Development Bank.
Wirth, L. (1938). Urbanism as a way of life. American journal of sociology, 44(1), 1-24. https://doi.org/10.1086/217913
Notas
Notas
Notas
Notas