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Propuesta metodológica para definir unidades locales de gestión para el ordenamiento territorial rural
Methodological proposal to define management units for rural land‐use planning
Revista INVI, vol.. 35, núm. 98, , 2020
Universidad de Chile. Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Instituto de la Vivienda

Artículos


Recepción: 11 Enero 2019

Aprobación: 22 Agosto 2019

DOI: 10.4067/S0718-83582020000100126

Resumen: Actualmente en Latinoamérica existe una creciente preocupación por la planificación de los territorios rurales, específicamente en el marco del ordenamiento territorial. Sin embargo, las particularidades de los territorios rurales construidos por actores locales aún no han sido atendidas en profundidad. En este artículo definimos los conceptos de territorio y capital social para analizar las redes sociales y la manera en que son percibidas por los actores, con el fin de elaborar una propuesta metodológica para definir unidades locales de gestión para el ordenamiento territorial rural. La metodología consta de cuatro etapas que, a través de técnicas de recolección cualitativas y cuantitativas y análisis de los datos basados en la codificación, buscan definir los límites analíticos de la unidad a través de un sistema de información geográfico. Para aplicar la metodología seleccionamos un estudio de caso del departamento de Santa Rosa, Mendoza, Argentina. Sostenemos que, al incorporar la unidad local de gestión en el diseño de políticas territoriales, es posible atender las singularidades que inscriben los actores locales en territorios rurales. De esta manera, la planificación territorial podría enriquecer sus acciones al abordar la escala local, es decir, al considerar a los sujetos y sus redes como unidad de análisis.

Palabras clave: actores locales, planificación territorial, redes sociales, sistema de información geográfica.

Abstract: Currently, in Latin America, there is a growing concern for the planning of rural territories, particularly in the context of land use planning. However, the distinctive features of the rural territories which are built by the local actors have not yet been addressed in depth. In this article, we define the concepts of territory and social capital to analyze the social networks and how the actors perceive them in order to elaborate a methodological proposal to define local management units for rural land use planning. The methodology consists of four stages that, through qualitative and quantitative techniques and data analysis based on coding, enables the definition of the analytical limits of the unit with the support of a geographical information system. To apply the methodology, we selected a case study in the department of Santa Rosa, Mendoza-Argentina. The consideration of the local management unit in the design of land use policies allows addressing the singularities that local actors express in rural territories. In this way, land use planning could be enriched by approaching the local scale, that is, by considering subjects and their networks as analysis units.

Keywords: local actors, land use planning, social networks, geographical information system.

Introducción

La planificación territorial en el encuentro con la ruralidad

Hasta comienzos del siglo XX los procesos de planificación en América Latina se centraron en las zonas urbanas, enfocados en la infraestructura y los servicios al interior de la ciudad. Posteriormente, la planificación incorporó un enfoque territorial para responder aspectos hasta entonces no abordados, como la dinámica urbano-rural. Allí se inserta el ordenamiento territorial (OT) como política de Estado e instrumento de planificación, cobrando protagonismo a partir de los años ´80 (Gudiño, Marre, Abraham y Pizzi, 2017). Si bien el OT se presenta como una estrategia para abordar la problemática territorial desde una renovada perspectiva sobre la planificación y el urbanismo, en Argentina aún se asienta en aspectos vinculados con territorios urbanos, surgiendo como reacción ante el crecimiento desordenado de las ciudades. Paralelamente, la ruralidad se encuentra principalmente asociada a problemas ambientales que, en la mayoría de los casos, se deben a conflictos específicos de las áreas naturales protegidas. Por ello, sostenemos que las particularidades de los territorios rurales aún no han sido analizadas en profundidad a través de una mirada integral de la planificación territorial. Asimismo, por parte del sector técnico-académico, se nota una preocupación por la participación de las comunidades rurales, sin embargo, no mitiga el que la visibilización de los actores locales en la construcción de políticas territoriales sea un tema pendiente. De este modo las acciones tendientes a ordenar el territorio de manera equilibrada ven disminuida su capacidad de garantizar una aplicación eficiente.

En las herramientas de aplicación del OT se utilizan, en la mayoría de los casos, representaciones de la realidad a través de modelos territoriales. Estos modelos parten de la base de profundos diagnósticos territoriales que permiten proyectar el comportamiento a través de unidades territoriales homogéneas (Gudiño et al., 2017; Sandoval, 2014). En esta misma línea, principalmente en Europa, existen numerosos antecedentes para el desarrollo de diagnósticos y lineamientos basados en unidades de paisaje que, si bien incluyen aspectos sociales, económicos y políticos, se encuentran circunscriptas a una conceptualización predominantemente ecológica (Mazzoni, 2014; Nogué, 2010). Siguiendo este argumento, advertimos que el componente de redes sociales construido por los actores locales, en clave de capital social, aún es un desafío pendiente para incorporar en el OT. Es por esto que el presente artículo propone analizar las redes sociales que configuran el territorio y la manera en que son percibidas por los actores, con el fin de elaborar una propuesta metodológica para definir unidades locales de gestión para el ordenamiento territorial rural. Para dar respuesta al objetivo planteado, seleccionamos un caso de estudio en el distrito La Dormida, del departamento de Santa Rosa, en Mendoza, Argentina. Si bien consideramos como caso de estudio una porción territorial específica, la herramienta metodológica propuesta puede ser aplicada en otros territorios rurales que presenten similares características.

“Lo local” a través de la territorialización del capital social

El concepto de territorio ha sido abordado por diversas disciplinas y ampliado por numerosos enfoques (Marchionni et al., 2014) . Para algunos autores, como Milton Santos, es un sinónimo de espacio (1996), pero otros identifican más matices en el concepto; Raffestin (2011) afirma que el espacio es la materia prima, algo previo a cualquier pensamiento y a cualquier práctica. Por lo tanto, el territorio deviene de un espacio en el que deben participar actores, quienes mediante relaciones sociales lo van construyendo, hasta que deja de ser sólo un soporte físico para pasar a ser una construcción colectiva e histórica, y por ende, social (Benedetti, 2011; Haesbaert, 2011; Marchionni et al., 2014; Raffestin, 2011).

En Latinoamérica la concepción materialista histórica del territorio remite a la geografía crítica brasileña, teniendo en cuenta las contribuciones de Raffestin. En esta línea, Haesbaert profundiza el concepto de territorio incorporando en su abordaje el concepto de desterritorialización (2011). Este concepto, define al territorio más como un proceso que como una condición. Así, la conceptualización de territorio está ligada a la de territorialización, entendida como el fruto de la interacción entre las relaciones sociales y el control del o por el espacio, el cual implica relaciones de poder (Haesbaert, 2011). Por lo tanto, entendemos al territorio como un conjunto de formas representativas en las que se conjugan las relaciones sociales, del pasado y del presente, que se manifiestan a través de procesos y funciones (Santos, 1996).

Teniendo en cuenta los procesos sociales que le dan sentido al territorio, recurrimos al concepto de capital social para explicar la construcción de redes sociales a escala local. El capital social, como concepto, ha sido discutido por numerosos autores y autoras desde principios del siglo XX. Entre los aportes más destacados se distinguen las teorías de Bourdieu, Coleman y Putnam. Para Bourdieu (2000), el capital social se define como trabajo humano acumulado, tanto en forma de materia u objetivada. Así, entendemos al capital social como el conjunto de recursos -actuales o potenciales- ligados a una red de relaciones establecidas y mantenidas en el tiempo que les confiere a los agentes la posibilidad de acumular otros tipos de capital (Bourdieu, 2000; Dalla Torre, 2012; Marsiglia, 2009). En la misma línea, Putnam define al capital social refiriéndose a los aspectos de la organización social, entre los cuales distingue a las redes, las normas y la confianza, elementos cuya función es facilitar la coordinación y la cooperación en beneficio mutuo (Urteaga, 2013). Sumado a ello, Coleman define el capital social como un bien público, en tanto sus beneficios no sólo son captados por los actores que lo reproducen sino también por otros (Vargas, 2002).

Años más tarde, Ostrom define al capital social como una herramienta conceptual que permite entender la construcción de redes locales y sus dinámicas. Esta autora, basándose en los aportes de Putnam, sostiene que el capital social se encuentra principalmente en la forma de normas compartidas, saberes comunes y reglas de uso. Asimismo, es posible advertir expresiones del capital social en los medios que las comunidades adoptan para solucionar los problemas de acción colectiva a los que se enfrentan (Ostrom y Ahn, 2003). Bajo este enfoque, hace una crítica al modelo utilizado para el diseño de políticas públicas, en el cual autoridades externas imponen reglas uniformes para resolver una situación particular, sin tener en cuenta las redes sociales ni las dinámicas locales. En consecuencia, la invisibilización de las singularidades locales genera una paralización de la acumulación de capital social o la destrucción de los recursos existentes (Ostrom y Ahn, 2003).

Bajo este marco entendemos que las dinámicas de las redes sociales generan mecanismos que inciden en la acumulación de capital social, mecanismos impulsados o condicionados por las particularidades territoriales sobre las que circula dicha forma de capital. En este sentido, consideramos que al entender y espacializar las redes sociales de los actores locales es posible establecer límites analíticos. Con estos límites definimos unidades locales de gestión territorial, con el objetivo de configurar una pieza de planificación con bordes claros que la contengan y delimiten espacialmente (Bustos Peñafiel, 2016).

Metodología

Aplicamos una metodología principalmente cualitativa que combinó el estudio de caso con la estrategia de la Teoría Fundamentada (Glaser y Strauss, 1967), lo cual permitió poner el énfasis en la generación de teoría, privilegiando la densidad conceptual antes que la descripción densa (Andreu Abela, García-Nieto y Pérez, 2007; Strauss y Corbin, 2002). Para ello, a partir de datos obtenidos en entrevistas semi-estructuradas, notas de campo y fotografías de campo, profundizamos y analizamos categorías e incorporamos la dimensión espacial para establecer criterios que permitieran la definición de la unidad local de gestión territorial. Como herramienta de apoyo en el proceso de análisis de datos cualitativos se utilizó el programa informático Atlas.ti.

Para aplicar la metodología propuesta y enriquecerla, se seleccionó un caso de estudio basado en la búsqueda de informantes-referentes que dieron cuenta de sitios en los que podían tensionarse las interrogantes que motivan esta investigación. Para esto se delimitó una porción territorial localizada en la cuenca inferior del rio Tunuyán en el departamento Santa Rosa, Mendoza (Figura 2). En este sitio habitan pequeños productores ganaderos asentados en tierras de uso común.

Unidad local de gestión territorial: propuesta metodológica

La herramienta metodológica propuesta consiste en cuatro etapas, las cuales desarrollamos a continuación (Figura 1).

La primera etapa, que denominamos “delimitación y caracterización de la zona de estudio”, consiste en realizar el primer recorte analítico para definir la zona de estudio a través de diversas aproximaciones al campo. Partimos por afirmar que la zona de estudio está compuesta por el área de estudio y su área de influencia. Para la definición del área de estudio delimitamos zonas en las que resulta posible advertir indicios de redes sociales a través del reconocimiento de relaciones de reciprocidad. El área de influencia se identifica a través de la unidad básica de administración y gobierno más próximo a los actores locales. Teniendo en cuenta ambas áreas definidas, identificamos las siguientes categorías de análisis: infraestructura existente (vial, obras hidráulicas y equipamiento), usos del suelo (asentamientos y actividades productivas), accidentes geográficos naturales y limites jurisdiccionales. Para el desarrollo de cada uno de estos aspectos fue necesario incorporar análisis de imágenes satelitales, información geo-espacial base y relevamiento en campo. Asimismo, la bibliografía específica permitió incluir el componente histórico y registros previos que profundicen el abordaje del área. Luego del análisis de datos fue posible delimitar el área de estudio y su área de influencia, mediante el cruce de los datos que se desprenden de la información georreferenciada, la información histórica del sitio y las percepciones que los actores locales construyen sobre las redes sociales.

En la segunda etapa, y teniendo en cuenta los aspectos desarrollados anteriormente, elaboramos el “mapa de actores clave”. Al definir los diferentes actores que -con diferentes grados de incidencia- construyen el territorio, pudimos identificar los agentes externos, los agentes territoriales externos y los actores locales. Los actores externos están conformados por los tomadores de decisiones y los técnicos-científicos que trabajan en la zona de estudio e influyen, mediante sus apreciaciones y líneas de investigación y acción, en la acumulación de capital social. Asimismo, los actores territoriales externos están conformados por los habitantes, localizados en el área de estudio, que no presentan rasgos indicadores de una participación en las redes sociales -definidas de manera preliminar en la etapa anterior. Los actores locales se definen a partir del reconocimiento de similitudes en las actividades socioeconómicas y en la convivencia de agrupaciones o grupos con una misma identidad (Arocena y Marsiglia, 2017). Esta clasificación permite enfocarnos con mayor precisión en las percepciones de quienes forman parte de la construcción de las redes sociales, es decir, en las percepciones de los actores locales. En esta etapa, las técnicas de recolección de datos fueron entrevistas semi-estructuradas y notas de campo.

En la tercera etapa, avanzamos hacia el “reconocimiento territorial de las redes sociales de los actores locales”. El proceso que implica la espacialización de las redes sociales se verá apuntalado por la definición previa de la zona de estudio y su caracterización, por la identificación de los actores locales y por el análisis del entramado territorial que conforman. Las técnicas de recolección de datos utilizadas fueron la entrevista semiestructurada, notas de campo y fotografías. Asimismo, registramos localizaciones georreferenciadas cuando fue posible, teniendo en cuenta las categorías de análisis.

A través del análisis de los datos, es posible obtener códigos teóricos que permiten clasificar las redes en: red de grupo doméstico, red vecinal, red familiar y red formal. La red de grupo doméstico es un “sistema de relaciones sociales que, basadas en el principio de residencia común, regulan y garantizan el proceso productivo” (Archetti y Stölen, 1975, p. 51). La red vecinal es posible identificarla a través de las percepciones de los actores locales en cuanto a los vínculos de confianza y reciprocidad con vecinos. Asimismo, y teniendo en cuenta que el concepto de familia implica aspectos biológicos, sociales y jurídicos, aquí utilizamos el concepto de familia extensa (Valdivia Sánchez, 2008). Por esto, comprender la red familiar implica identificar a parientes y personas con vínculos reconocidos como tales (Valdivia Sánchez, 2008). Finalmente, la red formal se define por las agrupaciones institucionalizadas que coexisten en el área de estudio. Cabe aclarar que las redes, en el contexto territorial en el que sean analizadas, se irán superponiendo de forma que amplíen las conexiones, dando cuenta de la dinámica de las mismas. Esto resulta un elemento clave para la delimitación de la unidad local de gestión territorial.

Una vez definidas las redes, indagamos las relaciones que se desarrollan a través de las siguientes categorías de análisis: antigüedad en el lugar, actividades productivas, división de tareas, lugar de procedencia, localización de familiares, reuniones sociales, pactos comerciales, conformación del grupo doméstico, tipo de mano de obra utilizada, control de ganado propio y ajeno, acuerdos de uso del campo, objetivos y actividades de las asociaciones.

En la última etapa, nos preguntamos acerca de los límites (explícitos e implícitos) que, según la percepción de los actores locales, intervienen en las redes sociales y por ello definen al territorio. Para la construcción de límites analíticos espaciales en base a redes sociales, las categorías de análisis se entrecruzan con los datos obtenidos en las etapas anteriores, para luego comenzar con la construcción de códigos teóricos que alcancen un nivel de abstracción mayor que los sustantivos y permitan realizar la síntesis gráfica. Esta etapa comparte las mismas técnicas de recolección de datos que la anterior, pero aquí cobra mayor fuerza la información geoespacial que, a su vez, también funciona como soporte para la generación de resultados. Para ello, desarrollamos las siguientes categorías de análisis: acceso al agua, acceso a la tierra, uso de espacios de pastoreo y de cultivo, percepción de las barreras físicas (tales como cierres perimetrales, medianeras), percepción de límites físico-naturales (tales como rio, montaña) y tipo de tenencia de la tierra.

Los datos obtenidos se analizaron a través del procedimiento que indica la Teoría Fundamentada (Glaser y Strauss, 1967). En una primera instancia de comparación de la información, encontramos una denominación común para un conjunto de datos que comparten una misma idea (Soneira, 2006). Para ello, realizamos la codificación abierta a partir de la cual, desglosamos los datos de entrevistas, notas de campo transcriptas y bibliografía específica y analizamos los textos línea a línea identificando palabras y frases clave. Asimismo, analizamos las fotografías digitales capturadas en campo. En esta instancia interpretamos los datos a través de una lectura y relectura, con lo cual descubrimos las relaciones entre ellos. Los códigos iniciales, construidos en esta etapa, revelan la información faltante para continuar la búsqueda (Glaser y Strauss, 1967). A continuación, elaboramos códigos sustantivos y códigos en vivo; los últimos proceden directamente del discurso de los entrevistados y son considerados códigos en sí mismos por su alta significación interpretativa. Luego, realizamos la codificación teórica en la que relacionamos las propiedades de los códigos sustantivos para así alcanzar un nivel mayor de abstracción. Finalmente, vinculamos los códigos teóricos, construidos a través de relaciones causales, y definimos el núcleo central del análisis.


Figura 1
Síntesis de metodología propuesta para la elaboración de unidades locales de gestión territorial. Fuente: Elaboración propia, 2019.

A través de este proceso, es posible cartografiar la unidad local de gestión territorial a través de la síntesis gráfica de las etapas anteriores. Para ello, consideramos oportuno elaborar un sistema de información geográfica que incorporase los resultados de las 4 etapas junto a la información geográfica disponible a nivel nacional, provincial y regional. Cabe aclarar que, en la práctica, los datos obtenidos en cada fase se encuentran entrelazados y, aunque el análisis se desarrolla de manera lineal, consideramos necesaria una retroalimentación constante entre las fases.

Resultados

Etapa 1: Delimitación y caracterización de la zona de estudio

Con el fin de identificar la zona de estudio, primero abordamos el área de influencia y su contexto.

La provincia de Mendoza forma parte de las tierras secas de Argentina, por lo que las actividades productivas se articulan en torno a una limitada disponibilidad de agua. Esta condición define al territorio provincial conformado por oasis de riego, los cuales representan el 4,5% de la superficie total de la provincia y por los territorios no irrigados que constituyen el 95,5% de la superficie provincial (Abraham, Soria, Rubio, Rubio y Virgillito, 2014). Al interior de la provincia de Mendoza, se define como área de influencia al departamento Santa Rosa, en el cual las existencias bovinas representan el 4% de la provincia (Observatorio Ganadero Bovino de Mendoza, 2015). El stock total de animales está compuesto principalmente por ganado bovino y caprino (Torres, Pessolano y Sales, 2014). La principal actividad bovina es la cría; la caprina, la venta de animales faenados. La mayoría de los ganaderos de Santa Rosa son pequeños productores con una hacienda menor a 100 cabezas (Observatorio Ganadero Bovino de Mendoza, 2015).

En cuanto al área de estudio, los datos de campo indican que en las costas del río Tunuyán inferior, aproximadamente entre las latitudes 33°23´31.41”S y 33°24´04.37”S y las longitudes 67°56´33.25”O y 67°43´19.36”O, residen 60 personas1 que habitan en 19 puestos (Figura 2). Los puestos contienen tanto espacios de producción como de reproducción y representan el espacio de residencia y trabajo, es decir, de consumo y de producción de las familias rurales (Comerci, 2004; Pastor, 2005) (Figura 3).


Figura 2
Delimitación del área de estudio y su área de influencia. Fuente: Elaboración propia, en base a datos relevados en campo y SIG 250 IGN. Año 2019.


Figura 3
Configuración del puesto, espacio de producción y reproducción. Fuente: Elaboración propia. Año 2016.

A partir del relevamiento de campo observamos que los puestos se encuentran distanciados a no más de tres kilómetros entre sí, dispuestos en tierras de uso común. Para transitar de puesto a puesto, se circula por caminos o huellas transitables para vehículos adecuados o caballos, condición que en algunas ocasiones genera dificultades para la conectividad al interior de la zona. Para acceder a los servicios que brindan los centros urbanos más cercanos, los puesteros acceden a la Ruta Provincial 50 (RP50) por donde transita el transporte público (Figura 4). En cuanto a la provisión de servicios básicos, la zona de estudio cuenta con red eléctrica monofilar, no así con servicio de recolección de aguas servidas ni de residuos sólidos, ni alumbrado público, ni conexión a gas. Asimismo, los puestos no cuentan con sistema de abastecimiento de agua potable, por lo tanto, los datos de campo indican que en todos los puestos visitados se accede al agua para consumo humano y animal a través de pozos excavados para extracción de agua subterránea (Sales y Guida-Johnson, 2018). Para acceder a los establecimientos educativos y a la asistencia médica, deben trasladarse a los centros urbanos más próximos.

Existe, además, una limitante física: el río Tunuyán, que atraviesa de oeste a este la provincia y se compone de dos subcuencas; la Superior, que termina en el Dique Embalse el Carrizal, y la Inferior, que va desde este dique hasta su desembocadura en el río Desaguadero. El río Tunuyán Inferior atraviesa los departamentos de Santa Rosa y La Paz. Según los datos de campo transportaba un importante caudal de agua hasta el año 2007, pero en la actualidad la presencia de agua es ocasional (Sales y Guida-Johnson, 2018).


Figura 4
Elementos estructurantes del territorio y distribución de los puestos en el área de estudio. Fuente: Elaboración propia, en base a datos relevados en campo, SIG 250 IGN, Nodo Científico OTM IADIZA - CCT Mendoza y World Imagery (2017). Año 2017.

Etapa 2: Elaboración del mapa de actores clave

Para construir el mapa de actores, partimos identificando a los agentes y sus acciones (Marsiglia, 2009), enfocándonos en la manera en que estos actores inciden en la construcción de redes sociales al interior de la zona de estudio (Figura 5). En este sentido, identificamos numerosos agentes externos a escala nacional y provincial que intervienen de manera indirecta en la construcción del territorio. Sin embargo, los agentes estatales entrevistados se seleccionaron teniendo en cuenta a quienes intervienen directamente en el campo: Municipalidad de Santa Rosa, Agencia de Extensión Rural Santa Rosa y la Secretaría de Agricultura Familiar. Estos actores colaboran en la organización de encuentros al interior de los puestos de la costa y, según datos de campo, fortalecen la dinámica grupal proponiendo actividades que enriquecen los lazos de confianza. Sumado a ello, organizan acciones relacionadas con la actividad productiva, como la compra comunitaria de vacunas y desparasitantes, a la vez que pactan acuerdos para realizar los planes de vacunación del ganado y elaborar estrategias sanitarias de manera conjunta.

Asimismo, identificamos como agentes territoriales externos a los productores agrícolas localizados en la zona irrigada, al norte de la Ruta Nacional 7, y a los productores ganaderos con lógica de producción mercantil, localizados hacia el sur de la zona de puestos. En este sentido, es posible afirmar que los actores locales desarrollan actividades socio-económicas homogéneas, a la vez que conforman, según datos de campo, un grupo con misma identidad. En los puestos estudiados se desarrollan diversas actividades económicas en común: cría y venta de caprinos, corte y venta de junquillo (Sporolobus rigens), venta de guano, y, en algunos casos, cría y venta de bovinos y equinos. Uno de los elementos clave para definir el área de estudio es entender que la producción se sustenta tanto en el uso común de los campos como en la mano de obra familiar y que se orienta principalmente al autoconsumo. La actividad productiva que genera mayores ingresos es la venta de ganado menor destinada al mercado mediante intermediarios (cabriteros) (Montaña, Torres, Abraham, Torres y Pastor, 2005) o a “clientes que compran de hace años y se acercan al puesto a llevarse los animales” (Entrevista a C. Bernardo, 2016). Asimismo, de la cabra se obtienen otros productos tales como, leche para producir quesos -que cuajada sirve para alimentar gallinas y chanchos-, guano y cuero.


Figura 5
Mapa de actores: externos, territoriales externos y locales. Fuente: Elaboración propia en base a datos relevados en campo. Año, 2019.

Etapa 3: Reconocimiento territorial de las redes sociales de los actores locales

En esta etapa accedimos a 11 de los 19 puestos del área de estudio y analizamos datos de 49 entrevistas -grabadas y transcritas, palabra por palabra; 16 notas de campo, transcriptas; y 45 fotografías tomadas en los puestos de cada informante. Cabe aclarar que las entrevistas no fueron acordadas previamente; sin embargo, en todas las ocasiones alcanzamos un clima oportuno. Asimismo, advertimos a los informantes sobre las grabaciones de las preguntas y las respuestas, los fines de la investigación y el manejo de los datos. Sumado a ello, aseguramos para cada caso el anonimato de los informantes resguardando su identidad.

Los datos de campo indican que, dentro del área de estudio, existen marcadas redes de relaciones, las cuales analizamos desde una clasificación que nos resulta útil para comprender sus diferentes dimensiones espaciales: red de grupo doméstico, red vecinal, red familiar y red formal.

En el área de estudio, no sólo los miembros que pertenecen a la familia forman parte de la misma unidad doméstica, sino que habitan otras personas con las que no se tienen lazos sanguíneos. Al interior de los grupos domésticos identificamos un funcionamiento en común con el que se negocian las actividades que cada persona realiza para llevar a cabo las tareas cotidianas (Figura 6). Observamos que, en la mayoría de los puestos, quienes se ocupan de las tareas domésticas, así como también de las actividades que se desarrollan en los espacios aledaños a la vivienda son las mujeres. Por un lado, las puesteras se ocupan de mantener el orden y la limpieza de las viviendas y de cocinar, así como también de estar en los corrales -aún más en época de pariciones-, del mantenimiento de la huerta y de la alimentación de las gallinas. Los varones son los que salen a buscar los animales al campo y en época de pariciones la tarea en los corrales se comparte. Los jóvenes que aún habitan en algunos puestos se desplazan, en general, hacia centros urbanos próximos para llevar a cabo su jornada laboral desarrollando trabajos tales como albañilería, cosecha y trabajos en relación de dependencia, haciendo que las redes se amplíen junto a la dinámica de las personas que las construyen. Sin embargo, en época de pariciones, los jóvenes se quedan a colaborar con las tareas de los corrales.


Figura 6
Dinámica de la red de grupo doméstico en un puesto tipo. Fuente: Elaboración propia en base a datos relevados en campo. Año 2019.

Respecto de la red vecinal, los datos de campo indican que el origen de los puestos está relacionado con las redes sociales construidas a través de los vínculos entre vecinos. Si bien existen investigaciones que afirman que “los orígenes de los puestos están íntimamente ligados a otros puestos, en general, al de los padres u otros parientes siempre mayores” (Torres, 2008, p. 87), en este caso los puestos más antiguos respaldan la construcción de nuevos puestos a partir de lazos vecinales, no necesariamente familiares. En la mayoría de los casos, los puestos nuevos se han constituido por medio de ayuda mutua mediante animales a medias o préstamos temporales de viviendas. El mecanismo por el cual se “tienen animales a medias” implica que un puestero A le otorga cierta cantidad de cabras a otro puestero B por una determinada cantidad de años para que pueda establecerse en el lugar. Durante un tiempo, el puestero B le otorga la mitad de la ganancia de venta de animales al puestero A hasta que logra devolverle al puestero B la totalidad de cabras otorgadas inicialmente (Entrevista a S. Gómez, 2018). Como afirman los entrevistados:

¿Y le dije un día a ella… y con que nos vamos a ir? ¿Con que compramos animales? ¡No teníamos ningún animal! Un solo caballo. Le digo, yo conozco el tema y me puedo hacer de animales seguro. Sin nada de plata. Y vine y hablé con el puesto este de acá. Y ahí no más sobre de eso, le dije que yo iba a agarrar animales a media (Entrevista a C. Bernardo, 2016). (…) me vine con dos cabritas, después de acá me fui al vecino por un año y de ahí saque otros chivitos más y de ahí seguimos otro tiempito y saque otros más (Entrevista a C. Bernardo, 2016).

Al analizar la red vecinal reconocemos una definida espacialización desde el puesto 1 o al puesto 19. Los datos de campo indican que, aunque la zona presenta características similares, los puestos localizados hacia el este del área de estudio se encuentran organizados en una cooperativa que establece otras maneras de territorialización. Por esto, los pequeños productores se enumeran desde el puesto 1 al 19 y se reconocen como los “puestos de la costa”, afirmando luego que “para allá hay otra cosa, se organizan distinto” (Entrevista a E. Hidalgo, 2015).

En cuanto a la red familiar, el aspecto más destacado en las entrevistas realizadas es el cuidado de los animales propios y ajenos. La vegetación característica de la región hace que los animales se dispersen en busca de pasturas. Si bien el ganado mayor recorre menores distancias y a menor velocidad, en palabras de un entrevistado el riesgo es mayor cuando de “capital móvil” se trata, ya que implica mayores costos de inversión y producción, antes de obtener mayores ganancias (Entrevista a C. Gómez, 2016). Para esto, los puesteros controlan los animales propios y ajenos, a través de la ayuda mutua: con un llamado telefónico -o recorriendo personalmente el campo a caballo, avisan que encontraron animales de otro puesto; reteniendo animales ajenos, evitan que no sigan alejándose del puesto al que pertenecen. De igual manera, los vecinos cuidan de los animales ajenos cuando el puestero debe concurrir a los centros urbanos y los animales quedan solos en el campo. Al respecto, los agentes estatales afirman que sería “imposible subsistir en estas condiciones sin estos arreglos que ellos tienen” (Entrevista a J. Pérez, 2017).

En paralelo, los pequeños productores conforman una red de organización Huarpe -pueblo originario de la región- llamada Francisco Talquenca, que se encuentra especialmente impulsada por las mujeres de la comunidad; para fines analíticos, la definimos como red formal. Uno de sus principales objetivos es la legalización de tierras comunes. Asimismo, los datos de campo indican que el principal punto de encuentro para la conformación de la comunidad es la identidad de los puestos de la costa. En palabras de la entrevistada: “tenemos las mismas ideas, la misma cultura, ahí decidimos que fuéramos una comunidad Huarpe” (Entrevista a E. Hidalgo, 2015). En cuanto al vínculo con la lucha por la tierra, identificamos un fuerte arraigo entre los puesteros y su lugar, como afirma el puestero “la lucha nuestra es que nuestros hijos no se vayan del campo porque si ellos se van de acá, se va a perder todo, se va a perder la cultura que nosotros tenemos. Es lo que nosotros no queremos” (Entrevista a E. Hidalgo, 2015).

Etapa 4: Construcción de límites analíticos espaciales en base a las redes sociales

En esta etapa nos ocupamos de comprender cómo los límites físicos inciden en la construcción de las redes sociales y, por ende, en sus límites espaciales. Para el caso, como fue mencionado en la etapa 1, el río Tunuyán inferior históricamente resultó un eje estructurante para el territorio. La presencia esporádica de agua en el río resulta problemática, principalmente por la falta de infraestructura para atravesarlo. Justamente, los datos exponen que la presencia del agua del río resulta una complicación más que un beneficio ya que restringe la accesibilidad a los centros urbanos. Por esto, los puesteros se han reunido, en varias ocasiones, para construir pasarelas con madera y materiales del lugar; sin embargo, al crecer el caudal de agua, no resisten. La falta de infraestructura adecuada para cruzar el río generó la necesidad de construir viviendas alternativas; éstas funcionan como nexo en caso de que los puesteros no encuentren más posibilidad que trasladarse hacia las cercanías de la ruta que conecta con los servicios básicos (Sales, 2018). Este proceso debilita las redes sociales afectadas por la imposibilidad de generar el encuentro entre los puesteros, como afirma la entrevistada: “no nos hemos podido reunir más con la comunidad, porque con este asunto del río se han ido todos pal lado de la ruta y ahora ya no queda más gente. Nos ha dividido el río!” (Entrevista a E. Hidalgo, 2016).

Paralelamente, identificamos que entre los 19 puestos existen acuerdos implícitos y explícitos para la apropiación del espacio. Cabe aclarar que en este territorio resulta posible compartir espacios de pastoreo por la ausencia de límites físicos y el uso común de las tierras. Los datos refieren que los espacios en los que el ganado se alimenta a campo abierto, se comparten con los puestos más cercanos. En palabras de la puestera: "todos los que tienen puestos por acá, ninguno tiene alambrado, entonces los animales se juntan, en el campo" (Entrevista a C. Gutiérrez, 2016). Asimismo, los espacios compartidos posibilitan la reproducción de bovinos ya que existe solo un vecino propietario de toros en la zona (Cáceres, Silvetti, Ferrer y Soto, 2006). Sin embargo, si analizamos lo que los puesteros afirman de la recorrida que realizan los animales en busca de alimentación, podemos inferir que cada grupo doméstico tiene implícitamente determinada su zona de pastoreo:

“en el campo sí, se saben juntar siempre, pero cuando ellas llegan derecho para acá las cabras mías toman para acá, las cabras de ellos toman para la casa de ellos” “a veces comen acá no más y a veces se van a comer a lo de otro [puesto] o por ahí” (Entrevista a C. Gutiérrez, 2016).

Al mismo tiempo, los puesteros asentados desde hace más de 100 años, según los datos de campo, coexisten, desde la década de 1990, con el avance del alambrado impuesto por los grandes productores ganaderos -definidos como actores territoriales externos- al sur de los puestos de la costa. Esto genera una limitante física que afecta negativamente a las redes sociales pues genera una merma en los campos de los puesteros y, en consecuencia, una carestía de pasturas para la alimentación de los animales; así, los puesteros han sido desplazados hacia otros territorios, por lo general, urbanos. Como afirma el entrevistado

“hay varios [puestos], sobre la costa hay muchos, pero están quedando pocos, ya se están yendo […] porque te alambran los campos, que ya no tienen lugar”, “el problema es que los alambres cortan la pastura para los animales” (Entrevista a E. Hidalgo, 2013).

Paralelamente, estos procesos de cercamiento dificultan la tarea de controlar el ingreso de los animales a los campos vecinos, ya que los alambrados, generalmente de siete hilos, son efectivos para impedir el paso de bovinos pero no de caprinos. Al respecto, el informante nos indica que “si el animal rompe el alambrado, se pasa para el otro lado y la culpa la tiene uno y no recuperas más el animal” (Entrevista a E. Hidalgo, 2015). Debido al paso de las cabras hacia los campos vecinos, deben asignar mayor tiempo y atención al cuidado de sus animales -un aumento en las horas de trabajo. En este sentido, las redes vecinales juegan un papel fundamental en el cuidado de los animales, como afirma la puestera: “ahora hay que mirar los animales más que nunca. Recién le aviso a la Paula que se le han ido las cabras. Las andamos correteando por allá” (Entrevista a C. Gutiérrez, 2016).

Del mismo modo, existen otros acuerdos implícitos de usos del campo, entre los cuales se definen los espacios de corte de junquillo de cada grupo doméstico. Es decir que, si bien no existen límites físicos que dividan las zonas de corte, a cada grupo doméstico le corresponde un área denominada “mancha” (Entrevista a C. Gutiérrez, 2016). Esto hace que se generen acuerdos, al interior de la red, que den respuesta a las necesidades concretas de quienes necesiten cortar junquillo. En palabras de la entrevistada:

claro, no eso es cuestión de ir y hablar. Póngale que yo quisiera ir y juntar junquillo es ir y mirá Gladys ¿me das un poco de este junquillo que tenís pa’ cortar? A lo mejor como ella está con problemas. La Gladys se ha quedado sola. A lo mejor ella dice bueno te doy un poco y me das un junquillo a mi” (Entrevista a C. Gutiérrez, 2016).

Con este marco, podemos afirmar que la consolidación de las redes sociales deviene una estrategia para sostener los procesos de territorialización en la ruralidad local. En este sentido, y teniendo en cuenta las etapas desarrolladas hasta aquí, es posible elaborar un sistema de información geográfico (SIG) que condense las espacializaciones de los datos obtenidos en cada etapa, con el fin de construir la unidad local de gestión territorial (Figura 7).


Figura 7
Unidad local de gestión territorial del caso seleccionado. Fuente: Elaboración propia en base a datos relevados en campo, IGN, SIAT, ECOAtlas, IDERA y Bing Maps, 2019

Discusión

En la última década, la provincia de Mendoza (Argentina) transitó un importante proceso legislativo que culminó en la sanción de la Ley de Ordenamiento Territorial y Usos del Suelo nro. 8.051 (Ley 8.051, 2009). Esto posicionó a la provincia como pionera en la elaboración de un marco legal para el OT en el cual se definen instrumentos y procedimientos para la gestión territorial. Entre ellos, podemos mencionar la reciente Ley 8.999 correspondiente al Plan de Ordenamiento Territorial Provincial (PPOT). Este documento establece estrategias que orientan la ejecución de acciones concretas y objetivos para alcanzar el modelo territorial deseado (Ley 8.999, 2017). Asimismo, engloba los procesos que tendrán que desarrollarse para la siguiente fase, incluida la elaboración de los planes municipales2 y sectoriales, entre otros.

Al interior del PPOT se plantea, en una primera etapa, el diagnóstico territorial provincial. Para ello, el territorio se clasifica en zonas irrigadas y no irrigadas, en las que se incluyen áreas rurales, áreas de aprovechamiento extractivo, energético y de uso estratégico de recursos y áreas naturales (Ley 8.999, 2017). En una segunda instancia, se establecen tres modelos territoriales: actual, tendencial y deseado, todos basados en la interpretación de la estructura y la dinámica del sistema territorial a partir del análisis de los subsistemas físico-biológico, socioeconómico y político-institucional. A partir de la interrelación de estos subsistemas se comprende el sistema territorial y se delimitan Unidades de Integración Territorial (UIT) basadas en la Unidades Ambientales (UA). Las UA se constituyen como “áreas homogéneas, tanto en sus características físicas como biológicas, que se expresan en un territorio dado y permiten identificar potencialidades y restricciones” (Gudiño et al., 2017, p. 28). En esta misma línea, las UIT se definen como unidades estratégicas o de síntesis, que permiten “identificar y ponderar problemáticas y potencialidades que son expresadas en un modelo cartográfico o imagen sintética de la organización espacial actual de la provincia de Mendoza” (Gudiño et al., 2017, p. 27). La definición de estas unidades se realiza mediante una evaluación multi-criterio a través de un SIG que permite sintetizar variables multi-escalares de diversas fuentes de datos. Con este marco se identifican cinco UIT: oasis, llanuras, montañas, piedemontes y unidades varias (Figura 8).


Figura 8
Unidades de Integración Territorial (UIT) definidas para la provincia de Mendoza. Se destacan las UIT correspondientes al área de influencia del caso seleccionado. Fuente: Elaboración propia en base a SIAT (APOT), LADyOT (CCT - CONICET), Instituto CIFOT (FFyL, UNCuyo). Año 2019.

Una vez elaborados los modelos territoriales, se identifican los principales problemas para las tierras secas no irrigadas, entre ellos que “en la zona norte y centro la ganadería de subsistencia es cada vez menos sustentable y se incrementan los procesos de erosión y desertificación” (Ley 8.999, 2017, p. 25). Sin embargo, teniendo en cuenta que en tierras secas no irrigadas predomina la actividad ganadera extensiva (cría de ganado mayor y menor), ni los pequeños productores ganaderos, ni sus modos de vida, ni sus condiciones específicas, ni las redes sociales que construyen han cobrado mayor protagonismo. Para hacer frente a los problemas identificados, se formulan directrices, programas e instrumentos que viabilizan la implementación de acciones. Entre ellos, se establece la elaboración de planes municipales que deberán incluir subunidades que, sumadas a las ya elaboradas, incorporen: áreas naturales, paisajes rurales y urbanos con características particulares y/o tradicionales, patrimonio arquitectónico y ecosistemas de importancia para el desarrollo humano (Gudiño et al., 2017). Asimismo, se deben tener en cuenta los patrones de asentamiento urbano, tanto urbanizables como no urbanizables y los conflictos, compatibilidad e incompatibilidad alrededor del uso del suelo. Sin embargo, no se menciona explícitamente la incorporación de las particularidades que presentan los actores locales en territorios rurales.

En este contexto, podemos afirmar que, aunque los actuales procesos de planificación conciben al territorio como un sistema complejo, los procesos de territorialización de las redes sociales de los actores locales rurales no se encuentran plasmados en los instrumentos de planificación territorial. Así como las UA y las UIT implican profundos e importantes avances para el OT -en respuesta al entendimiento territorial provincial, para la elaboración de planes municipales y la resolución de conflictos territoriales, a escala local, se debe prestar mayor atención a los actores locales y sus voces. En este sentido, consideramos que el mayor desafío lo presenta el atender la complejidad del carácter multi-escalar del OT, que incide directamente en la consideración de un territorio homogéneo, teniendo en cuenta la dificultad que implica, desde la mirada técnica, analizar los actores y sus territorializaciones en un contexto provincial, regional, nacional y mundial. Es por esto que la escala local resulta fundamental para vincular categorías abstractas como la “construcción territorial” con procesos y fenómenos empíricos y concretos a la vez que simbólicos, propios de los sujetos. Cuando hacemos referencia a la escala local, nos referimos a aspectos cualitativos relacionado con condiciones, capacidades y recursos de los territorios. En esta línea, acordamos que “las características específicas del territorio nos hacen adecuar y cambiar las estrategias desde la propuesta original. El territorio local de referencia para las políticas y proyectos define las fronteras de lo posible en un contexto dado” (Arocena y Marsiglia, 2017, p. 63).

Dentro de este marco, y para el caso seleccionado, podemos afirmar que la red de grupo doméstico define sus límites a través de la dinámica al interior del puesto. Sin bien los jóvenes se trasladan hacia los centros urbanos a trabajar, ampliando temporalmente los limites analíticos de la red, regresan al puesto para continuar con sus tareas cotidianas. Complementariamente, la red vecinal se comprende a través de la ayuda mutua que da origen a puestos nuevos, la identificación de los puesteros con el lugar, los espacios de pastoreo compartido y los acuerdos alrededor del corte de junquillo. En cuanto a la red familiar, se destaca en el discurso de los entrevistados la importancia del cuidado de los animales propios y ajenos. Asimismo, en el marco de una red formal consolidada, los datos indican la existencia de elementos simbólicos que identifican a los puesteros y de aspectos materiales que les permiten elaborar estrategias conjuntas para la resolución de conflictos. A su vez, las redes sociales se reconfiguran mediante los límites físicos que, en el caso de estudio seleccionado, se materializan a través del río Tunuyán Inferior y la presencia de alambrados que delimitan propiedades privadas vecinas.

Asimismo, los datos dan cuenta de la existencia de importantes relaciones de confianza que refuerzan las redes consolidadas -canalizadoras de acciones colectivas. Del mismo modo, cabe aclarar que las relaciones al interior de las redes adquieren matices y que, en algunos casos, resultan más conflictivas que en otras.

De allí que consideremos que la herramienta metodológica propuesta resulta útil para el diseño y la implementación de medidas concretas, teniendo en cuenta las redes sociales que se construyen en la cotidianeidad de los actores locales. De esta manera, resulta posible mapear aspectos singulares de los territorios locales de manera tal que puedan ser considerados en la elaboración de políticas públicas de planificación territorial. Esta metodología podría tener como debilidad la necesidad de contar con numerosos recursos humanos y financieros para el reconocimiento profundo del campo, la obtención de datos y el análisis de los mismos. Sin embargo, existe una política mundial que promueve la administración de datos a través de la conformación de espacios de colaboración abiertos (Muente-Kunigami y Serale, 2018). En Argentina, la Ley de Acceso Libre a la Información Pública (Ley 27.275), promueve acciones concretas para dar respuesta a ello, principalmente a través de la Infraestructura de Datos Espaciales de la República Argentina (IDERA). Esta comunidad de información geo-espacial tiene como objetivo propiciar la publicación de datos para apoyar la toma de decisiones en ámbitos públicos, privados, académicos, no gubernamentales y de sociedades civiles (IDERA, 2016). Asimismo, existen diversas experiencias en que las propias comunidades -en el caso de que tengan acceso a internet y posibilidades de hacerlo- cargan datos en una plataforma virtual para luego ser analizados. Por ello, proponemos elaborar un soporte colaborativo en línea que permita a los tomadores de decisiones en gestión territorial contar con información de las redes sociales construidas por actores locales.

Conclusiones

En el presente trabajo reflexionamos sobre la falta de visibilización en los instrumentos de planificación territorial que tienen los territorios rurales. Al respecto, los antecedentes indican que aunque hay avances en la consideración del territorio como construcción social en el OT, los datos de campo señalan que las particularidades que plasman las comunidades locales no han sido consideradas en profundidad. Por esto fue que rescatamos las voces de los actores inmersos en la ruralidad de tierras secas e identificamos límites del territorio -en términos analíticos- que de manera implícita y explicita fueron distinguidos en los discursos de los pequeños productores; creemos que comprender las redes sociales y sus territorializaciones permitiría al OT reajustar los lineamientos para mejorar los resultados obtenidos.

En esta línea, sostenemos que, al comprender y abordar las complejidades, los matices en los consensos, las particularidades de las dinámicas sociales y las percepciones de los pobladores, las políticas territoriales podrían reajustar sus lineamientos para mejorar los resultados obtenidos y tender hacia un OT que atienda las posibilidades y necesidades de las poblaciones locales.

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Notas

1 Los datos de campo indican que las personas que habitan en los puestos se autodefinen como pequeños productores o puesteros. Nos referimos únicamente a pequeños productores y a puesteros para facilitar la lectura. Sin embargo, las mujeres forman parte del conjunto de informantes clave.
2 En la provincia de Mendoza, los municipios comparten la entidad territorial con los departamentos. En relación a la planificación territorial, los municipios se encargan de coordinar los programas, proyectos y acciones municipales en el corto, mediano y largo plazo (Gobierno de Mendoza, 2009).
Este trabajo es financiado por CONICET en el marco de una beca postdoctoral. Los resultados derivan de la investigación realizada para la tesis doctoral, presentada en el año 2018 en el Doctorado de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de San Juan.


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