Artículo
Recepción: 08 Agosto 2020
Aprobación: 04 Mayo 2021
Resumen: Desde un enfoque fenomenológico y hermenéutico, el objetivo del artículo es analizar los efectos producidos a partir de la llegada de la clase creativa al barrio pericentral de La Floresta (Quito), grupo social consolidado en el sector durante el Gobierno de la Revolución Ciudadana (2007-2015). En la primera parte, se hace un repaso bibliográfico sobre la gentrificación producida por artistas, estudiantes o nuevas clases medias en general, y se exponen las peculiaridades de la constitución de la clase media en Ecuador. En la segunda parte, se presentan los resultados de la investigación basada en el análisis de indicadores censales, la realización de entrevistas a actores clave y la observación de los cambios producidos en los usos del suelo y las prácticas desplegadas. Se concluye que la intensificación de los flujos económicos y sociales ha supuesto la constitución de la Floresta como centralidad cultural. Un proceso de revalorización que acaba provocando el desplazamiento de los “preservacionistas sociales” y la consolidación de una nueva “clase creativa”. Desde un enfoque multiescalar, se advierten los posibles procesos de revalorización en las zonas aledañas a la centralidad cultural, un efecto cascada que podría generar nuevos efectos gentrificadores.
Palabras clave: centralidad cultural, clase creativa, gentrificación artística, preservacionismo social, Quito (Ecuador).
Abstract: From a phenomenological and hermeneutic approach, the main goal of this paper is to analyze the productive effects since the arrival of the creative class to the pericentral neighborhood of La Floresta (Quito), a social group consolidated in the area during the Revolución Ciudadana administration (2007-2015). In the first part, a bibliographic review is carried out regarding the gentrification produced by artists, students, or the new middle class in general; and the peculiarities are presented of the constitution of the middle-class in Ecuador. In the second part, the results of the research are exposed, based on the analysis of census indicators, stakeholder interviews and a direct observation of land uses and its practices. It is concluded that the intensification of economic and social flows in the neighborhood supposes the constitution of La Floresta as a cultural centrality. A revaluation process that ends up triggering the displacement of the “social preservationists” and the consolidation of a “new creative class”. From a multiscale approach, it warns about a possible revaluation process in the areas surrounding the cultural centrality, a cascade effect that could generate new gentrification effects.
Keywords: Cultural centrality, creative class, artist gentrification, social preservationism, Quito (Ecuador).
El artista como agente gentrificador en la literatura anglosajona
El artista como agente gentrificador aparece ya en investigaciones publicadas en la década de los ochenta sobre las urbes estadounidenses y europeas (Cameron y Coaffee, 2005; Zuckin, 2010a, 2010b). Estas analizan el carácter dinamizador económico y social que los artistas generan sobre los territorios en los que habitan. Se caracterizan por ser antiguos barrios industriales venidos a menos tras la tercerización de las sociedades postfordistas anglosajonas (Soja, 2000). Muestra de ello es que donde antes se concentraba la fuerza de trabajo manufacturera, ahora se concentra el consumo artístico. En cierta manera, los artistas son los pioneros del “revanchismo urbano” (Smith, 2012), caracterizado por una nueva geografía del capital que ya no se basa exclusivamente en producir espacio a través de políticas urbanas expansionistas sino en reinvertir en el espacio ya construido.
Seducidos por el costo reducido de los lofts1, amplios y luminosos, y una vida barrial caracterizada por una composición étnica diversa, se instalan en estos barrios de los que el soHo será su arquetipo. Al comienzo de la llegada de los artistas, la mayoría con bajos recursos, se desarrolla un ambiente underground, en que las diferentes expresiones artísticas se dan cita, constituyéndose como un espacio donde darse a conocer y establecer redes de contacto (Lloyd, 2010). Esto significa una transformación en la representación simbólica de la zona. De ser un barrio obrero e industrial, pasa a concebirse como uno bohemio y cultural (Kanai y Ortega-Alcázar, 2009). El nuevo contexto lleva a una reacción de los agentes estatales y del mercado inmobiliario que, en medio de la aplicación de toda una serie de políticas orientadas a la revitalización de los sectores céntricos de la ciudad, ven en las nuevas centralidades culturales una forma de reorientar los flujos económicos y sociales hacia el interior de la ciudad.
Atraída por el nuevo aspecto generado en la zona, la nueva clase media, producto del proceso de profesionalización, considera el consumo de estos espacios como una forma de diferenciarse y acceder al estatus social del que se sienten parte. Paradójicamente, el efecto es contrario al anhelado y la proliferación de actuaciones artísticas, galerías y comercios gourmet comienza a masificar la zona. La revalorización del espacio se dispara y lo que antes era un barrio residencial en el que convivían familias obreras y un pequeño grupo de artistas bohemios, pasa a ser un barrio comercial en donde los pocos lofts residenciales que se mantienen pasan a tener unos precios de alquiler inaccesibles para los antiguos habitantes. Por lo tanto, del arribo de la nueva clase media se pueden identificar dos efectos: el cambio en los usos del suelo y el aumento del precio de la vivienda.
Los primeros habitantes en ser desplazadas son las familias tradicionales del sector que no pueden adaptarse a los cambios socioeconómicos. Los segundos que se ven obligados a buscar nuevos lugares de residencia asequibles son precisamente los integrantes de aquella bohemia que había provocado en un primer momento, de una forma más o menos consciente, la reorientación de los flujos económicos y sociales hacia el barrio. Es así como se produce el fenómeno del “gentrificador-gentrificado” o “supergentrification” (Ley, 2003).
No obstante, aquí es necesario hacer una distinción entre los artistas que siguen manteniendo una vida bohemia, caracterizada por la inestabilidad económica y sus prácticas artísticas desde los márgenes del sistema de mercado, y aquellos que aprovechan las transformaciones producidas y se incorporan a la institucionalización y mercantilización de la cultura.
El primer grupo es al que Brown-Saracino (2010) ha denominado “preservacionista social”. A diferencia del comportamiento gentrificador que busca revitalizar los espacios degradados, el preservacionista social busca mantener las prácticas anteriores, en ocasiones, desde una idealización de la comunidad congelada en el tiempo. Si el gentrificador tiene puesta la mirada en el futuro, el preservacionista la tiene en el pasado. La defensa por la autenticidad hace que se constituyan en los jueces que dictaminan quién es un vecino auténtico, generando prácticas diferenciadas y excluyendo a ciertos actores del proceso de construcción colectivo del barrio.
El segundo grupo corresponde a la “clase creativa”. Para Richard Florida (2010), esta clase aglutina a todos aquellos emprendedores del conocimiento que convierten el capital cultural, o valor creativo, en riqueza material. Para el autor, esta clase es producto de la “nueva era creativa” o “capitalismo cognitivo” (Fugamalli, 2010) y en ella se incluyen artistas, científicos, investigadores, diseñadores o líderes de opinión. Para Florida, la clase creativa no es considerada un agente gentrificador sino todo lo contrario, son los llamados a superar las divisiones de clase y construir nuevas formas de cohesión basadas en la diversidad. De acuerdo al autor, las ciudades que consiguen una alta concentración de población creativa, mantienen unos niveles más altos de desarrollo económico con valores altamente capitalizables (Florida, 2009). No obstante, estos postulados han sido rebatidos por otros autores (Peck, 2005; Shearmur, 2006) quienes consideran que este “buenismo cultural” esconde condiciones de desigualdad estructural en el que no todo el mundo tiene las mismas condiciones para poder elegir, promoviendo procesos de elitización, segregación y exclusión.
En síntesis, si bien el artista se muestra como el principal agente activador de la gentrificación, se demuestra que la nueva clase media permite acelerar el fenómeno. La nueva clase creativa es la vía para atraer a agentes inmobiliarios que en medio de toda una serie de políticas orientadas hacia la revitalización de la zona, ven una oportunidad para reorientar los flujos económicos al interior de la ciudad. No obstante, el proceso expuesto presenta un modelo construido a través de los análisis realizados en contextos urbanos anglosajones.
Pese a ello, existen varios estudios sobre urbes iberoamericanas que aplican este marco teórico, destacando especialmente el papel jugado por el patrimonio en los procesos de gentrificación. A través de una extensa revisión bibliográfica sobre el papel de la cultura, que incluye tanto el patrimonio como su gestión, Checa-Artasu (2011) reflexiona sobre cómo la presencia del arte, sus agentes, el equipamiento y los espacios de ocio y consumo, pueden promover efectos gentrificadores, planteando ciertas hipótesis para las ciudades mexicanas. Por su parte, Van Geert y Roigé (2016) consideran que, aunque el patrimonio es un dispositivo que permite poner en valor ciertos elementos, existen diferentes usos políticos en torno a él. De acuerdo a los autores, el patrimonio es un elemento en disputa que puede servir, tanto para promover procesos de revalorización al margen de la población asentada como constituirse como una herramienta que permite frenar los procesos especulativos. Es precisamente desde esta última visión que Valencia (2017, 2019) analiza como la declaratoria patrimonial de “zona típica y pintoresca” aplicada a barrios tradicionales pericentrales de Santiago de Chile, se convirtió en una herramienta para frenar los procesos de neoliberalización del espacio promovido por las agencias inmobiliarias. Incluso, existe el caso de Buenos Aires expuesto por Gómez et al., (2011), quienes afirman que la declaración del tango como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, permitió el desarrollo social y económico de la zona. Por el contrario, existen varios trabajos que apuntan al patrimonio como un mecanismo de revalorización que genera procesos de exclusión y segregación socio espacial, como se exponen en los estudios sobre barrios históricos de Bogotá (Leyva, 2015) y Santiago de Chile (Matus, 2017), pudiendo incluso hasta provocar el desplazamiento de los antiguos pobladores con menos recursos, mostrado en los casos de Buenos Aires y Madrid (García y Sequera, 2013).
Teniendo en cuenta el marco teórico precedente, el objetivo de la investigación es analizar cuáles son los efectos provocados por el establecimiento de la clase creativa en La Floresta y si efectivamente ello genera un proceso de gentrificación en el barrio. Asimismo, se pretende comprobar, desde una lectura crítica, si los conceptos construidos en función de la observación de las urbes anglosajonas son operativos para las ciudades latinoamericanas. Esto es particularmente notable para el caso de una metrópolis andina como Quito, cuya realidad apenas ha sido analizada desde el marco de la gentrificación.
El diseño de la investigación contó con dos fases (apartado tercero y cuarto del artículo). Considerando que la gentrificación se basa en un proceso extendido en el tiempo de desvalorización y revalorización del espacio (Lees et al., 2008), en la primera fase se realizó una contextualización histórica del barrio, destacando los principales hitos en la transformación socioespacial del mismo, desde su constitución en la segunda década del siglo XX hasta finales de siglo, época en que se intensifica el proceso de revalorización de la zona. Para ello se realizó una revisión documental de textos sobre el barrio, así como entrevistas a vecinos que permitieron complementar la evolución histórica del barrio.
De acuerdo a estudios anteriores (Casgrain y Janoschka, 2013; Lees, et al., 2008), para que se produzca gentrificación en un barrio ha de producirse: 1) una inversión sobre el espacio que suponga un alza del valor de suelo; 2) cambios en el paisaje y la actividad social; 3) llegada de grupos sociales con mayores ingresos que los establecidos anteriormente; y 4) desplazamiento directo o indirecto de los grupos sociales con menores ingresos. Para analizar estos aspectos, en la segunda fase de la investigación se analizaron la evolución de últimos datos censales disponibles de 2000 y 2011, además de la realización de entrevistas a actores clave de la zona y observación directa, poniendo especial atención al papel jugado por la clase media -representada en los “preservacionistas sociales” y la “nueva clase creativa”- y las políticas estatales sobre el territorio.
El estudio combina un enfoque de carácter fenomenológico y hermenéutico. El primero está basado en la observación directa de las características espaciales del barrio y las actividades desarrolladas en él. En total se realizaron 11 entrevistas semiestructuradas que incluyen antiguos habitantes pertenecientes a lo que se ha conceptualizado como “preservacionistas sociales”, nuevos habitantes y comerciantes que corresponderían a la “clase creativa”, y autoridades de la administración municipal, con un papel central en los procesos de transformación socioespacial en el sector (ver Anexo 1). El enfoque hermenéutico complementa al fenomenológico y permite interpretar los datos recogidos en función de la literatura teórica presentada.
Antes de exponer los resultados de la investigación, en el siguiente apartado se hace un breve resumen sobre la evolución de la clase media en Quito, mucho menos representativa y con un papel menos trascendente de lo que lo ha sido en las urbes anglosajonas. El tercer apartado está dedicado a la contextualización histórica del barrio, destacando su carácter multiclasista y las transformaciones vividas en los últimos años. En el cuarto apartado, se evidencian los efectos producidos a raíz de la instalación de la nueva clase creativa. Finalmente, en el último apartado, se hace una síntesis de lo expuesto anteriormente, poniendo en diálogo los principales resultados de la investigación con el marco teórico sobre gentrificación artística presentado.
La construcción de la clase media en la metrópolis andina no fordista
El proceso de desarrollo urbano de las ciudades latinoamericanas responde a tiempos y velocidades dispares a las occidentales. Mientras que a partir de la década de los ochenta el proceso de tercerización de las principales metrópolis postindustriales supuso un retorno a la ciudad construida de las clases medias (Smith, 2012), en las ciudades latinoamericanas se ha mantenido un modelo de desarrollo urbano expansionista basado en la movilidad residencial de las clases medias y altas a las periferias, acompañado de procesos de urbanización informal (Inzulza-Contardo, 2012).
En Quito, la evolución urbana presenta un cuadro similar (Durán et al., 2016; Martí et al., 2016). Es más, en los últimos años, con la construcción del nuevo aeropuerto y el sistema vial integrado, el modelo de ciudad dispersa se ha acrecentado (Bayón, 2014). En este sentido, no se puede afirmar que en Quito haya síntomas de un retorno al centro de la ciudad, sino una tendencia a la expansión urbana de forma fragmentada, como se puede apreciar en el siguiente mapa (Figura 1).

A diferencia de la extensa bibliografía sobre la constitución de la clase media en los países occidentales, ni en Ecuador ni en Quito existen muchos estudios al respecto. Según la revisión bibliográfica realizada, existen algunas investigaciones históricas que analizan el surgimiento de la clase media a partir de los procesos de ampliación estatal -“Revolución Liberal” (1895) y “Revolución Juliana” (1927)- (Cueva, 1997; Goetschel, 2008; Ibarra, 2008).
El hecho de que Ecuador mantuviera el sistema de haciendas hasta las reformas agrarias de los setenta y ochenta hizo que el Estado no tuviera una función socioeconómica crucial sino hasta el último cuarto de siglo XX. En esas condiciones, se formó una clase media caracterizada por su fragilidad, reducida al pequeño campo de la intelectualidad y a algunos funcionarios mestizos servidores de un Estado dependiente de la élite aristocrática serrana y de los grandes latifundistas exportadores de la costa (Ibarra, 2008). El desarrollo de las universidades y el auge del cuerpo burocrático beneficiado por las regalías petroleras durante la década de los setenta, supusieron un aumento del número de personas con capacidad de consumo (Cueva, 1997). Sin embargo, la embestida neoliberal de final de siglo generará un estancamiento del desarrollo de la clase media ecuatoriana (Vera, 2013).
Precisamente, bajo la retórica de una nueva “revolución” (denominada “ciudadana”), el Estado ampliará como nunca antes su cuerpo burocrático, permitiendo consolidar una nueva clase media dependiente a él. Muestra de ello es que del 2007 al 2016 (años en que gobernó el nuevo régimen) el empleo público aumentó del 15% al 20 % (INEC, 2016). En lo que se refiere a Quito, entre 2007 y 2015, la evolución de categorías ocupacionales consideradas como clases medias y altas (directivos en empresas y administración pública, profesionales científicos e intelectuales, técnicos y profesionales y empleados de oficinas) aumentó un 11,6%, pasando del 26,5% al 38,1% (Martí, et al., 2016, p. 138).
Sin embargo, esta clase media no proviene únicamente del Estado. Por primera vez, existe una adscripción de las clases populares ascendentes que se definen por nuevos patrones de consumo. Estos se caracterizan por la compra de viviendas en nuevas urbanizaciones cerradas situadas en la periferia de la metrópolis, por su dependencia del automóvil privado y por el disfrute de su tiempo libre en las grandes superficies comerciales, dependiendo mayoritariamente del crédito para acceder a ello. Un modelo de sociedad alentado por el propio discurso de gobierno:
“Antes del Gobierno de la Revolución Ciudadana, las familias vivían en una casita de caña, en un terreno ilegal, sin educación ni salud para sus hijos, y encima el jefe de familia pierde su trabajo y se queda en la miseria, sin comer. Ahora somos una familia de clase media, con una casa de cemento, dos pisos, un carro, terreno legalizado e hijos con educación y salud” (“Rafael Correa”, 2016).
Es desde esta reestructuración social en el Distrito Metropolitano de Quito, marcada por un aumento de la burocracia, la tercerización del trabajo y la incorporación de nuevos hábitos de consumo por la población, que parte el análisis de caso que se desarrolla a continuación.
La Floresta: un barrio multiclasista
El barrio de La Floresta está situado en el pericentro norte del Distrito Metropolitano de Quito y forma parte del segundo anillo de crecimiento de la ciudad (Figura 2). Históricamente, el barrio de La Floresta tuvo una estructura social marcada por la relación interclasista entre los ex trabajadores de la antigua hacienda situada en la zona y una incipiente clase intelectual proveniente de las familias aristócratas del centro de Quito que, a partir de la década de los años veinte del siglo pasado, comenzaron a migrar a las nuevas áreas suburbanas constituidas. Las condiciones paisajísticas sirvieron de inspiración para que diversos artistas se instalaran en el lugar, consolidando toda un área residencial de pequeñas casas unifamiliares de estilo ciudad-jardín (emplazamientos aislados de viviendas, generalmente de una sola planta, con grandes ventanales y pórticos y un espacio libre circundante destinado al jardín2). Con esta nueva visión se rompía el esquema anterior de ciudad compacta, predominante en el centro histórico.

Esta tendencia fue afianzándose y siguió atrayendo a personas de la alta burocracia y la élite intelectual quiteña y extranjera. Mario Müller, antiguo habitante, añade que muchas de las personas que habitaban este nuevo barrio eran exiliados de la Segunda Guerra Mundial (Periódico La Floresta, 2007). Tras el derribo de las murallas de la antigua hacienda -a comienzos de los cuarenta-, la confluencia con las dinámicas urbanas se potenciará, lo que permitirá que el barrio adquiera la categoría de parroquia urbana. En este sentido, el primer Plan Regulador de Quito incluirá a La Floresta como parte del sistema de multicentralidades urbanas (Odriozola, 1945). Este plan le asigna un papel especial dentro del contexto urbano, al proyectar la zona como uno de los principales polos universitarios de la ciudad.
Para 1980, las universidades públicas y privadas instaladas en la zona albergarán al 41% de los estudiantes universitarios de Quito (Municipio de Quito, 1980). Esto generará un nuevo impulso social para el barrio, que comienza a reproducir dinámicas convivenciales entre un mosaico de actores culturales, artísticos, políticos y familias provenientes de la antigua hacienda.
“Escogí expresamente La Floresta para vivir ahí porque había diversidad, una posibilidad de vivir con lo diferente, por ejemplo, con artesanos, mecánicas, ferreterías, de sectores sociales distintos, universidades, escuelas, comercios pequeños, orientación comunitaria, era como vivir en la diversidad muy bien” (Antigua habitante 3, historiadora, 18 de octubre de 2015).
Como plantea el testimonio de una profesora universitaria vecina del barrio, uno de los principales motivos para trasladarse a vivir allí fue la diversidad que caracterizaba al barrio, donde se combinaban diferentes estratos sociales y formas de vida. Los nuevos profesionales comienzan a comprar las casas unifamiliares propiedad de la antigua aristocracia que decide movilizarse hacia los valles periurbanos. Así es como nuevos profesionales comienzan a instalarse en La Floresta de forma definitiva. Los estudiantes con bajos recursos arriendan habitaciones compartidas y muchos de ellos se van asentando conforme se gradúan. Esto supone que el barrio se vaya impregnando de toda una atmósfera de sociabilidad ligada a la universidad. Sin embargo, esto no generará grandes transformaciones espaciales. Los nuevos residentes se acoplan a las formas de vida anteriores, combinando el consumo en comercios populares y la presencia en ambientes intelectuales y artísticos.
No será sino hacia finales del siglo XX cuando los procesos socioespaciales se intensifiquen. Los factores son diversos y deben entenderse a partir de las dinámicas cambiantes de la propia ciudad. La Mariscal, sector pericéntrico que limita con La Floresta, había sido un barrio residencial de clase alta convertida en sector comercial. En los últimos años, ese consumo se había redireccionado hacia el ocio nocturno, constituyéndose como la principal “zona rosa” de la ciudad. La masificación de La Mariscal supuso el traslado de algunos de sus locales más selectos a La Floresta, una zona que, por sus condiciones espaciales y sociales, cumplía con las características demandadas por los dueños de estos locales. La llegada de nuevos locales culturales destinados a una clase creativa emergente generaría una fuerte revalorización del barrio, atrayendo a los capitales inmobiliarios que verán en la zona una posibilidad para construir apartamentos residenciales y nuevas oficinas en altura. Por otro lado, el barrio se constituirá en uno de los ejes de comunicación con los valles periurbanos, principal polo de expansión de la ciudad, lo que supondrá un incremento del flujo automovilístico, provocando así mismo una fragmentación de la malla barrial de la antigua ciudad-jardín (Figura 3).

Sin embargo, los proyectos inmobiliarios serán confrontados por las clases medias del barrio que, de acuerdo a la teoría presentada en el primer apartado, se definen como “preservacionistas sociales” (Brown-Saracino, 2010). Este grupo lo integran propietarios profesionales asentados en décadas pasadas, estudiantes comprometidos con las formas de vida barriales y propietarios de nuevos locales culturales que pretenden mantener la selectividad de la zona y no vivir de nuevo una densificación o “mariscalización”.
La capacidad para oponerse a los proyectos inmobiliarios se da en un contexto de alta movilización en el barrio durante esos años. A comienzos del siglo XXI, tras el feriado bancario y la consecuente dolarización de la economía (medidas que afectaron duramente a los ahorros de la clase media citadina) dos iniciativas habían tomado forma en el barrio: por un lado, la Asamblea de La Floresta, protagonista de la revuelta de Los Forajidos que llevó a la destitución del presidente del país, el General Lucio Gutiérrez en 2005; por otro lado, el Comité Barrial, cuyos integrantes provenían de la época en que se instalaron las universidades, que se focalizó en hacer frente a las problemáticas barriales, principalmente a la presión inmobiliaria intensificada (Argento, 2014). De esta forma, se forjó un contexto de fuerte asociatividad vecinal, permitiendo mantener una larga lucha contra las empresas inmobiliarias y el propio Municipio, el cual en un primer término había otorgado licencias de construcción.
Una de las personas entrevistadas relata esa época de movilización barrial así:
“Salimos al encuentro varios vecinos, y ahí nos encontramos con el Comité Promejoras, […] y nos constituimos en un grupo de resistencia muy fuerte; o sea llegamos a acciones, de hecho, en el sentido de salir a enfrentar por ejemplo a los funcionarios municipales que venían a medir el terreno o a preparar ya el espacio para la construcción, nosotros salíamos a enfrentarnos directamente” (Antigua habitante 3, historiadora, 18 de octubre de 2015).
Gracias a la lucha vecinal, en 2011 el Comité consiguió la aprobación de una Ordenanza Municipal que limita la construcción en altura, prohíbe el uso de suelo destinado para clubs nocturnos y plantea una serie de proyectos encaminados a la mejora de las áreas verdes, al sistema vial y a la preparación de un listado en el que constasen las casas patrimoniales de la antigua ciudad-jardín. Se aprueban además una serie de medidas para preservar la estructura urbana del barrio y evitar así que se extienda el centro de negocios y de consumo que lo rodean. De acuerdo al propio documento oficial:
“un proyecto que integre las estructuras construidas y las características naturales preexistentes en el sector [Figura 4], con las demandas contemporáneas, sin afectar el carácter emblemático, popular e histórico del barrio […], rescatando el aspecto patrimonial e histórico del sector, así como su potencial turístico y residencial. […] El proyecto contempla la valoración y protección del patrimonio urbano y arquitectónico; el mejoramiento integral del espacio público; la integración de los equipamientos urbanos; mejoramiento del sistema vial; la movilidad en calles internas; ciclovías; señalización y arborización” (Ordenanza 0135, Plan Especial del sector “La Floresta”).

El desplazamiento de los preservacionistas sociales y la irrupción de la nueva clase creativa
Pese a las luchas preservacionistas, las transformaciones socioeconómicas del sector durante la década del 2000 promoverán notables procesos de reinversión en el barrio, como se puede deducir del análisis de los datos censales entre 2001 y 2010 (Tabla 1):

La transformación del uso residencial a comercial se evidencia con una reducción de población de un 33% en una sola década y con la configuración de nuevas dinámicas culturales que revalorizan el precio del suelo comercial en un 90%. El aumento de viviendas propias, sumado a la reducción de los arriendos, coincide con la llegada de profesionales de clase media ecuatorianos y extranjeros con estudios superiores y salarios que les permiten acceder al nuevo mercado inmobiliario, cada vez más selectivo (Figura 5).


A partir del trabajo de campo realizado en el año 2015, se realizó un mapa de usos del suelo correspondiente al sector asociado con la vieja ciudad-jardín (Figura 6). Como se puede observar, pese a las restricciones decretadas en la ordenanza 0135 de 2011, existe una proliferación de áreas destinadas al comercio especializado (franjas morada y Figura 7) y a la construcción de edificios en altura para viviendas (franjas naranjas) y oficinas (franjas amarillas). Así mismo, se muestra la existencia de varios espacios socioculturales asociados a academias de arte y cine (franjas rojas), lo que ha supuesto la concentración de grupos sociales dedicados a la cultura institucionalizada.

Esta transformación socioespacial tiene que ver sin duda con la llegada al poder, en 2007, de Alianza País, partido político impulsado por sectores de la clase media intelectual del propio barrio que comienzan a manejar importantes cuotas de poder en el gobierno de la ciudad, influyendo en beneficio de los gestores culturales instalados en la zona, asociados a la “nueva clase creativa” (Florida, 2010) que se va constituyendo en el barrio.
“Yo más bien lo que sí realmente ha influenciado es Correa y te digo porque mucha gente que estábamos en la asamblea, que éramos cercanos, conocidos, nos separamos y eso generó dinámicas; mucha gente se fue al gobierno, mucha gente que era gente de aquí de la Casa [del Árbol]3 que es Subsecretario […] de pronto artistas tienen dinero, activistas como yo de pronto tienen estabilidad […] Hace 15 años o más, el Ocho y Medio4 era ahí un lugar medio botado al que nadie le hacía caso, y de pronto se convirtió en algo diferente, porque los dueños, los cineastas, fueron al gobierno a trabajar y creo que muchos llegaron y ahí llegó toda la dinámica de fondos, de recursos que no sé qué se van repartiendo entre los panas. De pronto los artistas tienen dinero y eso nunca había pasado…” (Antiguo habitante 1, Gestor Centro sociocultural autogestionado, 28 de octubre de 2015).
El testimonio responde al perfil del “preservacionista social”, habitante instalado en la zona desde los años noventa, con gran formación cultural, activista y defensor de las formas barriales comunitarias anteriores. Plantea que muchos de sus antiguos compañeros insertos en el mundo artístico underground se incorporan a puestos del Estado y pasan a tener unas mejores condiciones económicas, distanciándose de aquellos que se mantienen al margen de las esferas institucionalizadas. Esto alimentará la constitución de una “clase creativa” que se representa en el Colectivo Cultural de La Floresta, clúster cultural que a través de nuevos emprendimientos pretende revitalizar la vida en el barrio.
“Yo personalmente no puedo estar yéndome a quejar en la oficina de alguien, exigiendo, mandando cartas, yo no soy así y creo que me he topado con otras personas en el barrio que tampoco harían eso sino que prefieren proponer y rescatar las cosas positivas” (Director Colectivo Cultural 1, 8 de noviembre de 2015).
Frente al discurso confrontativo de los preservacionistas sociales, representados por el Comité Barrial, el nuevo Colectivo Cultural de la Floresta plantea proyectos culturales de recuperación espacial en colaboración con el gobierno local a partir de un discurso de inclusión y diversidad. En consonancia con los planteamientos de Florida (2010), el colectivo pretende invertir en creatividad para garantizar el crecimiento económico a largo plazo, en un intento por superar las divisiones sociales que debilitan el tejido social y la cohesión. No obstante, bajo este planteamiento de gobernanza multicultural (Zizek, 1998) se esconden prácticas de exclusión basadas en diferencias económicas y culturales que impiden el acceso a otros grupos poblacionales del barrio con menos recursos. Entonces, se promueve la mezcla, pero sin mezclarse. Un sentido del uso del espacio exclusivo como se demuestra en las entrevistas realizadas a los principales promotores del Colectivo Cultural de La Floresta:
“La gestión de los proyectos que nos hemos planteado es diferente. Ni ellos pueden venir donde nosotros ni nosotros donde ellos. No es de mala voluntad, más bien es que tenemos distintos estilos de vida y formas de pensar. Me imagino que hablarán cosas que a ellos les molesten y nosotros también, no pensamos igual” (Director Colectivo Cultural 1, 8 de noviembre de 2015).
“Yo siempre digo, ¿cuál es el problema de ser elite?, ¿cuál? Si las elites cambian la historia, si las élites son donde se genera la opinión, ése es su nicho, entonces lo que hemos sido” (Directora Colectivo Cultural 2, 2 de noviembre de 2015).
Pese a diferir en las prácticas llevadas a cabo, tanto los preservacionistas sociales como la clase creativa comparten intereses. Ambos quieren evitar la masificación del barrio y conservar cierta selectividad de uso. En este sentido, se puede considerar que la clase creativa adopta una actitud free rider5, pues pese a renegar de las prácticas más confrontacionales planteadas por los preservacionistas sociales, acaba beneficiándose de los resultados obtenidos gracias a ello, como el Plan Especial de la Floresta. Esta última, una ordenanza municipal que ha permitido reducir los proyectos inmobiliarios a mayor escala que implicaban una importante transformación del modelo barrial actual.
Sin embargo, el Comité Pro-Mejoras de La Floresta, representante del preservacionismo social en el barrio, sigue denunciando que el Plan Especial ha sido vulnerado. Entre sus denuncias, destacan la falta de medidas para pacificar el barrio, el incumplimiento de las restricciones de construcción en altura, la falta de implementación de zonas verdes y la carencia de políticas de preservación patrimonial (Figura 8). En lo que se refiere a este último punto, el Archivo Móvil de La Floresta documentó que entre 1990 y 2000 el 20% de las casas patrimoniales fueron derribadas. Consideran que, pese al reconocimiento patrimonial por parte del Municipio, la ausencia de políticas de conservación y rehabilitación ha permitido que siga el proceso de demolición de edificios históricos.

Ante los retos que el Plan Especial de La Floresta afronta en la actualidad, el Director de la Secretaría de Territorio, Hábitat y Vivienda del Distrito Metropolitano de Quito plantea:
“Pensar urbanísticamente que La Floresta es un barrio que debería conservar su estructura urbana, su valor patrimonial y su tejido social, que es un tejido que vincula la residencialidad con comercio de escala barrial, es acertado. Sin embargo el espacio territorial que ocupa está tensionado por conflictos, lo que hace que el barrio entre constantemente en una suerte de contradicción entre los objetivos del plan y el lugar específico de la ciudad que ocupa, y ahí hay un problema de dificultad […] y es que el barrio no puede ser concebido como una olla aislada de dinámicas que constriñen fuertemente su comportamiento, este barrio está realmente en una suerte de centro de dinámica de disputa constante entre el mercado inmobiliario […] y por otro lado la difícil situación de la movilidad de Quito, que sigue utilizando al barrio como conducto entre el tráfico sur y el tráfico norcentro de la ciudad. Frente a esos grandes desafíos, que son desafíos de mercado, desafíos de localización económica y de dinámica de movilidad, es evidente que la gestión del barrio tendría que estar en una simetría frente a esas fuerzas metropolitanas que están actuando. A mí me parece que los objetivos del barrio y del plan especial se ven desafiados constantemente, [...] en un territorio que ha entrado en una suerte de vulnerabilidad, influenciado por la economía del turismo, del entretenimiento y, hasta cierto punto, de la cultura. […] (LF_STDMQ)
Conclusiones
A diferencia de la realidad anglosajona, donde el proceso postindustrial conllevó la movilización residencial de un sector de la clase media hacia el centro de las ciudades, generando el consiguiente desplazamiento de familias de clase obrera, la reconfiguración socioespacial de las metrópolis latinoamericanas responde a lógicas diferentes. En el caso de Quito, el aumento de la clase media durante el gobierno de la Revolución Ciudadana (2007-2015) no generó un proceso de retorno a la ciudad sino que persistió la movilización residencial hacia las zonas periurbanas, sector donde se concentran las transformaciones urbanas de la metrópolis (Martí et al., 2016).
Desde su incorporación a la trama urbana a mediados del siglo pasado, el barrio pericéntrico de la Floresta se ha caracterizado por albergar una heterogénea composición social. La consolidación del sector como zona universitaria, a partir de los años ochenta, incidirá en la reestructuración social y económica del barrio, sin que por ello se produzca una fuerte valorización de la zona, o una “studentification” -un desplazamiento originado por la influencia de estudiantes universitarios. (Smith, 2005).
En los primeros años del siglo XX se producirá una intensificación de la presión inmobiliaria interesada en la construcción de grandes bloques de edificios destinados a vivienda y oficinas; sin embargo, las fuertes movilizaciones lideradas por el Comité Barrial permitirán que se conserve el orden urbano anterior. Este colectivo, compuesto por personas asociadas al mundo universitario, reivindica el mantenimiento de ciertos elementos populares en los cuales no participa el sector popular del barrio, asemejándose así a lo que Brown-Saracino (2010) ha denominado “preservacionistas sociales” quienes, desde cierta mirada romántica, plantean la conservación de los modos de vida barriales.
Paradójicamente, el modelo promovido se convierte en un escenario predilecto para la incipiente “clase creativa” (Florida, 2010). En un comienzo, está representada por la elite cultural quiteña que a partir de la instauración del Gobierno de la Revolución Ciudadana comienza a tener una mayor incidencia en la proyección del barrio como nueva centralidad cultural. La trama urbana poco densificada, su buena accesibilidad tanto a la centralidad económica como a los valles periurbanos de la metrópolis y la percepción general como un barrio históricamente habitado por artistas, permite la llegada de nuevos negocios. Así, comienza un proceso de reconversión de antiguas casas unifamiliares en galerías, centros de arte y nuevos bares pensados para un público selecto.
Como han planteado varios autores (Ley, 2003; Zuckin, 2010a, 2010b), la generación de un ambiente artístico trae consigo la revalorización del espacio. En el caso de La Floresta, esto conlleva a que, en menos de una década, se genere un repunte del precio del arriendo del 90%. A su vez, esto supone que el acceso a la vivienda y al comercio se reduzca a un grupo social cada vez más selecto, compuesto en su mayoría por profesionales de clase media y alta, nacionales y extranjeros, atraídos por el nuevo enclave cultural y beneficiados por las políticas del nuevo gobierno. De esta manera, pese a que los promotores culturales son los protagonistas de estos procesos, el papel del Estado juega un papel trascendental.
Una de las conclusiones que se recogen de este estudio es que, a diferencia de las investigaciones sobre gentrificación cultural en Estados Unidos -donde la revalorización de ciertas áreas de la ciudad es producida exclusivamente por el papel de los artistas-, en el caso de La Floresta se demuestra cómo el Estado es un agente esencial en el proceso. Esto no solo se demuestra a partir de las políticas urbanísticas municipales (como la Ordenanza de aprobación del Plan de La Floresta) sino a través de las políticas nacionales de ampliación de la clase media, menos tenidas en cuenta en este tipo de estudios. De esta manera, el estudio coincide con varias investigaciones sobre gentrificación en Latinoamérica que apuntan al rol esencial del Estado en los procesos de revalorización (Cócola et al., 2016; Díaz, 2015; Janoschka e Hidalgo, 2014; ).
A diferencia de lo que plantea Florida, el desarrollo económico anunciado no diluye las clases sociales, sino que más bien concentra a un grupo cada vez más reducido de personas marcadas por unos determinados atributos económicos y culturales. La clase creativa no permite que se superen las barreras socioespaciales, sorteadas ocasionalmente en el pasado, sino que potencia la segregación social y la exclusividad de los usos espaciales existentes, aspectos también reflejados en otros estudios de la región (García y Sequera, 2013; Leyva, 2015; Matus, 2017).
Si atendemos a que un requisito esencial para que se dé gentrificación es la sustitución de un grupo poblacional con mayores recursos por otro instalado anteriormente con menores recursos, se puede afirmar que en el caso analizado se confirma esta situación. El proceso de transformación urbano vivido en La Floresta desde comienzos de siglo demuestra cómo aquellos que defendían un modelo basado en la preservación social del barrio fueron un actor fundamental para la revalorización del barrio y la consagración de la nueva clase creativa, sufriendo las consecuencias que de una manera consciente o inconsciente han provocado, cumpliéndose aquello que la literatura ha definido como el gentrificador-gentrificado o supergentrification (Lees, 2003).
Sin embargo, a diferencia del contexto clásico de la gentrificación, el hecho de que no exista un poso popular significativo, así como la baja densidad poblacional de la zona, han hecho que el desplazamiento sea reducido. Esta conclusión demuestra la importancia del carácter de clase en los procesos de gentrificación, subrayado por toda una línea de estudios sobre la temática (Lees et al., 2008). Desde esta perspectiva, para que se produzca gentrificación, debe imponerse una clase sobre otra.
En este sentido, hay que poner atención a las transformaciones producidas en las periferias de la nueva centralidad cultural. Aunque no se observa un claro desplazamiento poblacional de las familias tradicionales del sector, sí que puede afectar a los territorios colindantes con una mayor densidad de población popular. El desplazamiento de los conservacionistas sociales a estas periferias, buscando espacios residenciales de menor coste que incluyan formas de vida comunitarias, así como un fácil acceso a la oferta generada por la nueva centralidad cultural, podría producir un efecto cascada (Lees, 2006), influyendo en la valorización de zonas aledañas y generando nuevas condiciones para procesos gentrificadores futuros (Figura 9). De esta manera, los preservacionistas sociales podrían volver a ser agentes “bisagra” que preparen el terreno para nuevos procesos de revalorización. Éste sería el caso de La Vicentina, barrio popular al sur de La Floresta donde en los últimos años han comenzado a llegar estudiantes y artistas con bajos recursos. Una hipótesis que queda abierta y que debería corroborarse con nuevas investigaciones.

Desde esta mirada amplia, que trata de comprender los flujos socioeconómicos interconectados de la ciudad, se podría afirmar que los nichos culturales de hoy pueden ser procesos gentrificadores del mañana. De esta afirmación, surgen los siguientes interrogantes: ¿Cómo un actor potencialmente gentrificador puede ser un agente de de-gentrificación? ¿Cómo impedir que las nuevas dinámicas culturales y sociales implementadas provoquen la revalorización del barrio afectando a los modos de vida vecinales?
Si bien la estrategia movilizadora de los preservacionistas sociales permitió frenar la ofensiva inmobiliaria sobre la zona, a su vez abonó el terreno para la revalorización del barrio. De aquí surge la siguiente paradoja sobre el uso político del patrimonio (Van Geert y Roigé, 2016): a la vez que sirvió como elemento discursivo de los preservacionistas sociales para frenar el proceso especulativo en marcha, fue un elemento central en la revalorización de la zona. En este juego de variables, hay que destacar el papel de la planificación a la hora de definir el devenir socioespacial de los barrios y ciudades. De aquí surge otra pregunta: ¿cómo evitar que las inversiones estatales impidan la revalorización y consiguiente expulsión de la población con menos recursos? Quizá aquí un punto clave que habría que incorporar son las políticas regulatorias del mercado de la vivienda. Cuestiones sin resolver que siguen constituyendo retos fundamentales para la academia y la sociedad comprometida, especialmente aquella que trata de comprender las causas que provocan la gentrificación y los medios que pueden permitir frenarla.
Referencias bibliográficas
Argento, M. (2014). Formas de acción colectiva y sentidos de lo político en las asambleas barriales de Rosario (2001-2003) y Quito (2005-2006). FLACSO-Ecuador.
Bayón, M. (2014). Hegemonía y dialéctica territorial: Las políticas públicas vinculadas al NAIQ como garantes del capital frente al derecho a la ciudad. FLACSO-Ecuador.
Brown-Saracino, J. (2010). Social preservacionist and the quest for authentic community. En J. Brown Saracino, The debates of the gentrification (pp. 261-284). Routledge.
Cameron, S. y Coaffee, J. (2005). Art, gentrification and regeneration from artist as pionner to public arts. European Journal of Housing Policy, 5(1), 39-58. https://doi.org/10.1080/14616710500055687
Casgrain, A. y Janoschka, M. (2013). Gentrificación y resistencia en las ciudades latinoamericanas. El ejemplo de Santiago de Chile. Andamios, 10(22), 19-44. https://doi.org/10.29092/uacm.v10i22.265
Checa-Artasu, M. (2011). Gentrificación y cultura: algunas reflexiones. Biblio 3W Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, 16(914), 1-37.
Cócola, A., Durán, G., y Janoschka, M. (2016). La ciudad del siglo XXI: políticas públicas urbanas, desplazamientos y contestaciones. Íconos, (56), 11-18. https://doi.org/10.17141/iconos.56.2016.2351
Cueva, A. (1997). El proceso de dominación política en el Ecuador. Editorial Colombia.
Díaz, I. (2015). Introducción. Perspectivas del estudio de gentrificación. En Perspectivas del estudio de la gentrificación en México y América Latina (pp. 11-30). UNAM.
Durán, G., Martí, M., y Mérida, J. (2016). Crecimiento, segregación y mecanismos de desplazamiento en el periurbano de Quito. Íconos , (56), 123-146. https://doi.org/10.17141/iconos.56.2016.2150
Florida, R. (2009). Las ciudades creativas. Paidós.
______ (2010). La clase creativa. Paidós.
Fugamalli, A. (2010). Bioeconomía y capitalismo cognitivo. Hacia un nuevo paradigma de acumulación. Traficante de sueños.
García, E. y Sequera, J. (2013). Dinámicas de gentrificación en metrópolis de cultura. Aproximación comparada a las estrategias de Madrid y Buenos Aires. V Seminario Internacional de Investigación en Urbanismo. (pp. 561-569). DUOT.
Goetschel, A. M. (2008). Educación y formación clases medias. Ecuador Debate, (74), 123-135.
Gómez, M., Almirón, A., y González, M. (2011). La cultura como recurso turístico de las ciudades. El caso de la patrimonialización del tango en Buenos Aires, Argentina. Estudios y Perspectivas en Turismo, 20(5), 1027-1046.
Ibarra, H. (2008). Notas sobre las clases medias ecuatorianas. Ecuador Debate , (74), 37-62.
INEC. (2016). Encuesta nacional de empleo, desempleo y subempleo. INEC.
Inzulza-Contardo, J. (2012). Latino gentrification? Focusing on physical and socioeconomic patterns of change in Latin America inner cities. Urban Studies, 49(10), 2085-2107. https://doi.org/10.1177/0042098011423425
Janoschka, M. e Hidalgo, R. (2014). La ciudad neoliberal. Estímulos de reflexión crítica. En R. Hidalgo y M. Janoschka, La ciudad neoliberal. Gentrificación y exclusión en Santiago de Chile (pp. 7-32). Pontificia Universidad Católica de Chile.
Kanai, M. y Ortega-Alcázar, I. (2009). The prospects for progressive culture-led urban regeneration in Latin America: Cases from Mexico City and Buenos Aires. International Journal of Urban and Regional Research, 33(2), 483-501. https://doi.org/10.1111/j.1468-2427.2009.00865.x
Lees, L. (2003). Super-gentrification. The case of Brooklyn Heights, New York City. Urban Studies , 40(12), 2487-2509. https://doi.org/10.1080/0042098032000136174
______ (2006). Gentrifying down the urban hierarchy: "The cascade effect" in Portland, Maine, USA. En D. Bell y M. Jayne (Eds.), Small cities: Urban experience beyond the metropolis (pp. 91-104). Routledge.
Lees, L., Slater, T., y Wyly, E. (2008). Gentrification. Routledge.
Ley, D. (2003). Artists, aestheticisation and the field of gentrification. Urban Studies , 40(12), 2527-2544. https://doi.org/10.1080/0042098032000136192
Leyva, N. (2015). El papel de las instituciones culturales en el proceso de gentrificación del barrio La Candelaria de Bogotá: un estudio de caso. Cuadernos de Música, Artes Visuales y Artes Escénicas, 10(2), 83-106. https://doi.org/10.11144/Javeriana.mavae10-2.picp
Lloyd, R. (2010). Living like an artist. En J. Brown Saracino, The gentrification debates (pp. 185-194). Routledge.
Martí, M., Durán, G., y Marulanda, A. (2016). Entre la movilidad social y el desplazamiento: una aproximación cuantitativa a la gentrificación en Quito. Revista INVI, 31(88), 131-160. https://doi.org/10.4067/S0718-83582016000300005
Matus, C. (2017). Estilos de vida e imaginarios urbanos en nuevos residentes de Lastarria y Bellas Artes: el barrio patrimonial como escenario de diversidad, distinción y movilidad. EURE, 43(129), 165-186. https://doi.org/10.4067/S0250-71612017000200008
Municipio de Quito. (1980). Plan Quito. Esquema director.
Odriozola, J. (1945). Memorias del Plan Regulador de Quito 1942-1944. Ilustre.
Peck, J. (2005). Struggling with the creative class. International Journal of Urban and Regional Research , 29(4), 740-770. https://doi.org/10.1111/j.1468-2427.2005.00620.x
Rafael Correa: ‘Ahora somos como una clase media’. (2016, 14 de enero). El Comercio. http://www.elcomercio.com/actualidad/rafaelcorrea-familia-clasemedia-economia-ecuador.html
Shearmur, R. (2006). L'aristocratie mobile du savoir et son tapis rouge. Quelques réflexions sur les thèses de Richard Florida. En D.-G. Tremblay y R. Tremblay, La compétitivité urbaine á l'ére de la nouvelle economie. Enjeux et défits (pp. 285-303). Presses Universitaires du Québec.
Smith, D. (2005). Studentification: the gentrification factory? En R. Atkinson y G. Bridge, Gentrification in a global context: the new urban colonialism (pp. 72-89). Routledge.
Smith, N. (2012). La nueva frontera urbana. Ciudad revanchista y gentrificación. Traficante de Sueños.
Soja, E. (2000). Postmetrópolis. Estudios críticos sobre las ciudades y las regiones. Traficante de sueños.
Valencia, M. (2017). Tensiones entre procesos de patrimonialización y modernización neoliberal. El caso de los paisajes culturales modernos: conjuntos habitacionales y barrios obreros en América Latina en el siglo XX. Revista de Urbanismo, (37), 3-16. https://doi.org/10.5354/0717-5051.2017.45198
______ (2019). ¿Gentrificación en zonas patrimoniales? Estudio de cinco casos en Santiago de Chile. Revista INVI, 34(95), 71-99. https://doi.org/10.4067/S0718-83582019000100071
Van Geert, F. y Roigé, X. (2016). De los usos políticos del patrimonio. En F. Van Geert, X. Roigé y L. Conget (Coords.), Usos políticos del patrimonio cultural (pp. 9-26). Universitat de Barcelona.
Vera, M. P. (2013). Más vale pájaro en mano: crisis bancaria, ahorro y clases medias. FLACSO-Ecuador.
Zizek, S. (1998). Multiculturalismo, o la lógica cultural del capitalismo multinacional. En F. Jameson y S. Zizek, Estudios culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo (pp. 137-188). Paidós.
Zuckin, S. (2010a). From arts to housing market. EnJ. Brown Saracino , The gentrification debates (pp. 119-126). Routledge.
______ (2010b). The creation of a 'Loft Style'. En J. Brown-Saracino, The gentrification debates (pp. 175-284). Routledge.
Otras fuentes consultadas
2007, Periódico La Floresta
2010, Archivo Móvil de La Floresta, Centro Cultural Ceroinspiración
Ordenanza 0135. Plan Especial del sector “La Floresta”. Distrito Metropolitano de Quito, 11 de noviembre de 2011
Anexo

Notas