Dossier

La deuda de los situacionistas con el pueblo gitano1

The Situacionists’ Debt with the Rroma People

Cristina Botana Iglesias
Universidade da Coruña, Spain

La deuda de los situacionistas con el pueblo gitano1

Revista INVI, vol. 37, núm. 104, pp. 130-151, 2022

Universidad de Chile. Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Instituto de la Vivienda

Recepción: 14 Diciembre 2021

Aprobación: 04 Abril 2022

Resumen: En la segunda mitad del siglo XX se articularon múltiples críticas al urbanismo cartesiano del Movimiento Moderno. La vanguardia Situacionista desarrolló su Urbanismo Unitario inspirándose en las expresiones territoriales de los grupos itinerantes de Rroma europeos. Sin embargo, no lograron abandonar una mirada colonial y primitivista hacia el Pueblo Gitano, cuyo pluriverso todavía es perseguido. El artículo se apoya en una discusión existente sobre dicha conexión y plantea una deuda epistemológica entre las utopías situacionistas y el Pueblo Gitano. Mediante la lectura contrastada de diversas fuentes situacionistas y de otras autorías relacionadas, se identifican los puntos de encuentro y las divergencias entre las propuestas urbanas de la Internacional Situacionista y la territorialidad romaní, analizándolas a partir del concepto de extractivismo epistémico y la crítica decolonial. La investigación se completa con la experiencia de la autora en las luchas de la población gitana residente en asentamientos informales de Galicia. El urbanismo crítico situacionista continuó siendo etnocéntrico, patriarcal y antigitano debido, en parte, a la explicación histórica de las desigualdades urbanas según el eje clase-pobreza. Esta negación contribuyó a la deshumanización extractivista de los Rroma que aún hoy nos impide construir modelos urbanos emancipadores que incorporen los saberes inferiorizados.

Palabras clave: antigitanismo, ciudad cuidadora, crítica utopías urbanas, teoría urbana, Galicia (España).

Abstract: In the second half of the 20th century, multiple criticisms were articulated about the Cartesian urbanism of the Modern Movement. The Situationist avant-garde developed its Unitary Urbanism inspired by the territorial expressions of the itinerant European Rroma groups. However, they could not abandon an ethnocentered and primitivist gaze towards the Rroma People, whose pluriverse is still persecuted. The article is based on an existing discussion about this connection and poses an epistemological debt between the situationist utopias and the Rroma People. Through the contrasted reading of various situationist sources and other related authors, it has been possible to identify the meeting points and divergences between the urban proposals of the Situationist International and Rroma territoriality, analyzing them from notions of epistemic extractivism and decolonial criticism. The investigation is completed with the author's own experience in the struggles of the Rroma population residing in informal settlements in Galicia. Situationist critical urbanism continued to be ethnocentric, patriarchal, and anti-Rroma due, in part, to the historic explanation of urban inequalities along the class-poverty axis. This denial contributed to the extractivist dehumanization of the Rroma, which even today prevents us from building emancipatory urban models that incorporate inferiorized knowledge.

Keywords: anti-Gypsyism, caring city, critical urban theory, urban utopias, Galicia (Spain).

Introducción

Este artículo explora los conceptos urbanos propuestos por la Internacional Situacionista, contribuyendo al análisis sobre la relación epistemológica entre las expresiones territoriales del Pueblo Gitano y los preceptos del Urbanismo Unitario formulados en los modelos de Constant Nieuwenhuys para Nueva Babilonia. El enfoque teórico se apoya en una discusión existente y planteada en los trabajos recientes de autores como Helios F. Garcés, Nicolás Jiménez e Isaac Motos (2015) o Pedro G. Romero (2015, 2016, 2019). En sus investigaciones han señalado el conjunto de negaciones históricas sobre el Pueblo Gitano y sus saberes desde la intelectualidad occidental, y específicamente en el campo de la episteme urbana. En el contexto español, la denominación gitana/o ha sido resignificada y reapropiada por esta población, contribuyendo a la construcción política de sus luchas. Para evitar invisibilizar este proceso y consciente del conflicto semántico y la carga exotizante y colonial en las denominaciones históricas del Pueblo Rrom, en el presente artículo, se utilizarán indistintamente las expresiones Pueblo Gitano/Rrom, Rroma o Romaní, de acuerdo al contexto del que se trate.

Existe un interés creciente en realizar una relectura de algunos conceptos de la crítica urbana como el derecho a la ciudad (Lefebvre, 2017), incluyendo las perspectivas de los grupos tradicionalmente invisibilizados en el conocimiento archivístico sobre el territorio y el urbanismo. La amplia bibliografía situacionista así como la diversa producción analítica sobre sus escritos y propuestas no representan el verdadero impacto que tuvo en ellas la expresión territorial y la cosmovisión del Pueblo Gitano.

Con esta investigación se pretende demostrar la deuda epistemológica existente, y no reconocida, entre el urbanismo situacionista y la territorialidad romaní. Para ello se realiza un análisis de la producción teórica de la Internacional Situacionista a partir de la obra de Guy Debord, Pinot Gallizio, Alice Becker-Ho y, muy especialmente, de Constant y su Nueva Babilonia, relacionándolo con los planteamientos críticos de autorías referentes en el pensamiento romaní y decolonial.

Problemática y estado del arte

A mediados del siglo XX, las críticas al urbanismo funcionalista de la Carta de Atenas ( Le Corbusier, 1993) encontraron, en la reconstrucción de las ciudades europeas tras la Segunda Guerra Mundial, una oportunidad para revolucionar la forma de entender y construir la ciudad. Destacaron grupos como el Team X, la Bauhaus Imaginista, autoras como Jane Jacobs o Henri Lefebvre y la Internacional Situacionista, cuyos integrantes prestaron una atención específica a las expresiones territoriales de los Rroma europeos, llegando a elaborar una potente contranarrativa que confrontaba la señalada como “ideología del urbanismo” (Internacional Situacionista, 1977). La visión de las Kumpània Rroma -grupos itinerantes de familias extensas- inspiró imágenes futuristas sobre nuevos modelos urbanos, ciudades itinerantes basadas en comunidades autogestionadas. Al tiempo que la teoría urbana soñaba ciudades nómadas, espacios autónomos liberados de la Carta de Atenas y el urbanismo capitalista, los estados dedicaban enormes esfuerzos a la sedentarización y distribución de la población gitana en el territorio entendido como payo (no gitano).

El enfoque teórico del artículo parte de las investigaciones realizadas por Pedro G. Romero y María García Ruiz acerca de las conexiones entre flamenco y arquitectura. En su trabajo señalan la atención puesta por la Internacional Situacionista en la ocupación territorial y las prácticas de movilidad de los Rroma. La exposición Máquinas de vivir. Flamenco y arquitectura en la ocupación y desocupación de espacios, realizada por dichos autores en Barcelona y Madrid entre octubre de 2017 y febrero de 2018, recogía la relación entre el pluriverso flamenco y la ciudad, leída a través de la vanguardia situacionista.

A partir de este precedente, se profundiza en la relación epistemológica entre las propuestas espaciales situacionistas y los Rroma que los inspiraron, pese a nunca llegar estos a ser reconocidos como pueblo. Tal y como señala Romero, “muchas de las formas con que la ocupación de la casa se despliega tienen que ver con esa estética futurista por más que, con sus prejuicios, miren a los gitanos como algo totalmente anacrónico, primitivo y miserable.” (Romero, 2015, p. 72).

Marco temporal y aspectos metodológicos

El marco temporal se sitúa entre 1956, año en que tuvo lugar el encuentro de la Internacional Situacionista en Alba, Italia, y 1968, momento en que se producen los acontecimientos del Mayo Francés que, junto con la decepción de muchos miembros del grupo situacionista, desencadena un período de revisión crítica hasta su posterior disolución. Estos últimos años de la década de los 50 tienen gran relevancia desde el punto de vista del saber urbano, ya que coinciden: la publicación del panfleto que presentaba el Urbanismo Unitario, la Declaración de Ámsterdam en 1958 (Internacional Situacionista, 1977) y la incorporación de Constant al grupo situacionista con la disolución de los CIAM y la formación del Team X en 1959. También la publicación del libro Los Gitanos de Jan Yoors en 1967 tuvo una enorme influencia en este movimiento, especialmente en la producción teórica de Guy Debord y Alice Becker-Ho. La efervescencia de estas vanguardias alcanzaría, como se adelantaba, un punto de inflexión con el Mayo Francés en 1968.

Para analizar las conexiones entre las teorías socio-urbanas situacionistas y el Pueblo Gitano, se ha llevado a cabo un estudio de las observaciones realizadas por parte de miembros de la Internacional Situacionista a los campamentos y otros habitares romaníes, comparándola con los conceptos descritos para el urbanismo situacionista y, más concretamente, con el trabajo de Constant para su proyecto Nueva Babilonia. Otro aspecto fundamental de este análisis ha sido el estudio de los trabajos de Pinot Gallizio, Asger Jorn, Guy Debord, Alice Becker-Ho y Jan Yoors.

A esta revisión bibliográfica y artística se incorporó la observación participante de la autora a lo largo de su investigación doctoral (2017-2021) en el contexto de los asentamientos informales de la población gitana gallega, las políticas de sedentarización y las soluciones de vivienda transitoria diseñadas para ésta entre los años 50 y 80. Durante este trabajo se visitaron 23 asentamientos en Galicia y el norte de Portugal, donde conviven grupos de población cigana portuguesa, gitana gallega y castellana y también grupos de población romaní de origen húngaro. En estos contextos fue posible profundizar en el conocimiento de la memoria territorial de la población Rroma, sus procesos de migración y persecución, así como las percepciones sobre el hogar, los espacios de usos mixtos y sus estrategias urbanas. Las familias de origen centroeuropeo procedían de grupos familiares nómadas y compartieron su tránsito a través de este territorio hacia la península ibérica y sus reflexiones sobre la construcción del espacio colectivo. Toda esta memoria fue incorporada al conocimiento urbano y a los habitares alternativos, enlazando con los saberes fetichizados por muchos situacionistas y ampliando así la mirada sobre la relación entre el Pueblo Rrom y esta vanguardia. En la mayoría de los asentamientos y barrios de absorción donde se realizó la investigación se hicieron múltiples visitas para hablar con las residentes, desarrollando 83 entrevistas de carácter semiestructurado. Además de estos testimonios, se consultaron diversas autorías académicas, especialmente autorías críticas gitanas y del pensamiento decolonial. A través de estas fuentes directas se desarrolló una perspectiva más compleja y completa sobre aspectos de la territorialidad romaní que constataron la mirada etnocentrada de los situacionistas y ayudaron a comprender la magnitud de la deuda epistemológica del urbanismo unitario con este pueblo. Además, se revisaron y matizaron los planteamientos de dicho movimiento acerca del pluriverso gitano y su ocupación del territorio.

En los márgenes de la utopía

La Carta de Atenas describió una configuración de ciudad repartida en sólo cuatro funciones: habitar, trabajar, recrearse y circular. La organización de esta ciudad funcional planteaba espacios para una sociedad teórica, más avanzada, que nunca terminó de llegar. Dicha sociedad, ficticia e idealizada, habitaría espacios cartesianos a cuyo diseño debería adaptarse en su proceso de modernización. Romero (2016) señala la complejidad de la figura de Le Corbusier, epítome de esta ciudad funcionalista representado en proyectos como el Plan Voisin o sus propuestas para Chandigarh. Su racionalismo radical convive, no obstante, con una concepción del Muralnomad (Le Corbusier, 1960) a partir del uso constructivo de tapices y telas que registra en las casas de poblaciones nómadas en Argel o el Sáhara. Un sentido de lo textil que remite al uso tradicional de las telas entre la población romaní como lenguaje, pero también como elemento organizador del hogar o atributo simbólico.

El interés por los tapices y las telas será una constante en los trabajos de Pinot Gallizio y Asger Jorn y, de forma especialmente intensa, para los norteafricanos Mohamed Dahou, Mustapha Khayati y Abdelhafid Khatib, que “enunciaron por primera vez condiciones psicológicas para los objetos y el espacio urbano” (Romero, 2016). Frente a la definición constructiva y funcional de Le Corbusier, los situacionistas identificaron en las telas un elemento de cualidades psicogeográficas que dotaban de sentido los espacios a los que daban forma. Estas condiciones también fueron identificadas en los habitares gitanos, que empleaban textiles para distribuir los campamentos y refugios. Eran, además, uno de los artículos más importantes que llevaban consigo en cada desplazamiento pues formaba parte esencial de su vestimenta y del hogar. Muchos grupos iban comprando estas telas durante la ruta y las vendían en los mercados de pueblos y ciudades, donde eran muy apreciadas.

“Las observaciones que compartieron Constant y Gallizio vinculaban a los gitanos con esas cualidades psicogeográficas, su sabido nomadismo, sí, pero también el establecimiento especial de relaciones entre los hombres y las cosas. Gallizio había tramado su amistad en los mercadillos de telas que servían de sustento a estos gitanos; no sólo era la compra venta, también el especial uso de telas y retales había llamado su atención. Las telas infinitas y las impresiones de su Pintura Industrial proceden de esas observaciones”. (Romero, 2016, p. 8).

En el aspecto simbólico, Yoors (2009) relata en su libro los simbolismos y “poderes” de las telas para las faldas femeninas que podían convertir en marhime -corrupto en romanó- a cualquier hombre, o las “cintas de hombre muerto”, mulengi dori, que acostumbraban a anudar a sus cuellos como amuletos y recuerdo de sus fallecidos.

En 1956, antes de articularse la Internacional Situacionista, el Movimiento Internacional por una Bauhaus Imaginista (fundado en Suiza por Asger Jorn y Pinot Gallizio) organizó un laboratorio experimental en Alba, Italia, durante el Congreso Internacional de los Artistas Libres. Allí se encontraron, entre otros, con Enrico Baj, Piero Simondo, Guy Debord y Constant Nieuwenhuys, que mostraron telas con patrones flamencos y otros elementos del arte textil. Gallizio, concejal en Alba y anfitrión del encuentro, organizó una visita al campamento de un grupo gitano asentado en la explanada del mercado. Esta visita marcaría buena parte de la producción artística posterior de Gallizio, Constant o Debord, aunque esta admiración estaba atravesada por los prejuicios comunes sobre los Rroma como grupos paupérrimos y arcaicos (Romero, 2015). Desde sus viajes a España, Constant ya había manifestado su profunda admiración por “lo gitano”, en el sentido etnocéntrico de la expresión que tradicionalmente ha supuesto su reducción a la cultura flamenca española. Así relataba este momento y su conexión con sus modelos para Nueva Babilonia en su ensayo para la exposición New Babylon: A Nomadic City, celebrada en 1974 en el Museo de Arte de La Haya (Holanda):

“Ese fue el día en que concebí el esquema de un campamento permanente para los gitanos de Alba y ese proyecto es el origen de la serie de maquetas de Nueva Babilonia. De una Nueva Babilonia donde, bajo un techo, con la ayuda de elementos móviles, se construye una residencia compartida; un área de vida temporal, constantemente remodelada; un campamento para nómadas a escala planetaria.” (Nieuwenhuys, 1974 [traducción de la autora]).

Gallizio conversando con los pobladores del campamento de Alba.
Figura 1
Gallizio conversando con los pobladores del campamento de Alba.
Fuente: Archivio Gallizio.

Gallizio se propuso buscar un alojamiento permanente para estas familias, y comenzó a trabajar con los futuros pobladores (Figura 1) para crear una “ciudad gitana”. Tanto Oudejans como Constant envían propuestas y bocetos para lo que entendían como “casa para los gitanos”. Para diseñar esta nueva ciudad, Gallizio trata de descifrar las lógicas productivas en los trabajos desempeñados por los Rroma y cómo éstas se relacionan con el espacio, donde a menudo el ámbito doméstico se fundía con el laboral. Siendo el comercio de telas una de las actividades principales de los grupos romaníes itinerantes, Gallizio observó el uso que las mujeres hacían de los retales, el arte del regateo y su dominio del oficio, lo que le llevó a desarrollar su Pintura Industrial (Romero, 2016): imprimía largos rollos de telas, utilizando sistemas artesanales, para luego venderlos por trozos en los mercados, a modo de sátira de la producción industrial.

Uso de los textiles en el interior de un hogar romaní en Galicia.
Figura 2
Uso de los textiles en el interior de un hogar romaní en Galicia.
Fuente: Autora.

Cuando creó su Caverna de la antimateria, se inspiró en cómo los Rroma forraban el interior de las caravanas y distribuían los hogares a través de las telas (Figura 2). En este trabajo, Gallizio mezcló texturas y colores imitando lo que había aprendido de las mujeres gitanas, a las que también observó recogiendo hierbas para uso doméstico como el romero, que usaban como insecticida, o la lavanda, para aromatizar los interiores. La ramita de romero era un elemento tradicional en las mujeres gitanas que iban por los caminos echando la buenaventura. Gallizio reprodujo, entre el homenaje y la parodia, todos estos gestos cotidianos llenando su Caverna de hierbas mágicas y sonidos del cante gitano. En sus pinturas retrató las formas de ocupar el tiempo que anotó en sus observaciones, asociándolas dentro de una lógica de juego que el pensamiento situacionista identificó con el Homo Ludens descrito por Huizinga (2008). Esta percepción sobre los modos de vida gitanos está impresa en el imaginario histórico payo y posiblemente contribuyó al prejuicio del vago que tanto ha perseguido a la población gitana. “Si se trataba de buscar ejemplos de sociedades lúdicas que se enfrentaran a los modelos utilitarios del capitalismo y el socialismo, los gitanos venían, desde hacía tiempo, ofreciéndose como modelo”. (Romero, 2019, p. 43).

Puntos de encuentro entre el urbanismo situacionista y la territorialidad romaní

Tal y como expresaron en su programa elemental para la oficina del Urbanismo Unitario, no se habita en un espacio o en un barrio, se habita en el poder, “se habita en alguna parte de la jerarquía” (Kotanyi y Vaneiguem, 1961). Quienes habitan en los márgenes representan esta posición en la jerarquía social y urbana. Para estas alteridades, el espacio urbano se presenta como un espacio ocupado por la hegemonía, distribuido y organizado según sus reglas. Para el Urbanismo Unitario materializar la libertad era, en primer lugar, ocupar los vacíos (Internacional Situacionista, 2011), precisamente lo que hacen los asentamientos definidos como informales.

La deuda del urbanismo situacionista con el Pueblo Rrom se demuestra a través de varias expresiones y propuestas de este movimiento. Por un lado, la movilidad de los grupos itinerantes romaníes y su relación situacional con el territorio se constituye como una deriva existencial permanentemente productora de situaciones; además, la tenencia colectivizada del espacio construido al margen de la propiedad privada propiciaba los espacios fluidos y multifuncionales, en contraposición al funcionalismo del movimiento moderno. Por otro lado, la liberación del chantaje renta-trabajo a través de modos alternativos de producción conectaba con la visión situacionista de una vida malentendida como ociosa.

La reinterpretación del Homo Ludens para la sociedad futura solo podría llevarse a cabo a través de la socialización de los recursos y los medios de producción, que fue la base teórica sobre la que Constant diseñó su Nueva Babilonia: una colectividad absoluta en la que el interés general coincidiría con la suma de los intereses individuales (Martí, 2014). Sería un paisaje situacional que se adaptaría a las necesidades de la población que lo recorre, definido en el momento en que se usa y transformado por los siguientes usuarios en tránsito. Constant basó sus modelos en los espacios fluidos de los campamentos gitanos, donde el espacio no era sectorizado, sino definido por el propio hacer, vivir y moverse de los cuerpos que lo habitaban.

Maqueta del Proyecto de campamento para gitanos de Alba (1956).
Figura 3
Maqueta del Proyecto de campamento para gitanos de Alba (1956).
Fuente: MedioMundo arquitectos

La primera maqueta de Nueva Babilonia es el proyecto de campamento para gitanos (Figura 3), presentado para el municipio de Alba en 1956. Consistía en un hogar colectivo cubierto, inspirado en las lonas con que cubrían sus campamentos las familias gitanas que había observado. Diseñó una serie de elementos móviles que podían montarse y desmontarse para ser trasladados a otra ubicación. El proyecto no llegó a construirse, pero supuso la base de toda su obra posterior. En su trabajo, Pedro G. Romero (2015, 2016) afirma esta cuestión describiendo a los Rroma como los nuevos babilonios:

“No estamos asistiendo sólo al nacimiento de New Babylon, el gran proyecto de urbanismo utópico de Constant. Lo que estos gitanos sacan a la luz es todo un universo mito-poético que para muchos de los futuros situacionistas -Constant, Pinot Gallizio, Debord- será una constante política y poética”. (Romero, 2019, p. 7).

El paisaje de Nueva Babilonia sería un paisaje interconectado compuesto por sectores donde no existe la propiedad de la tierra, tan sólo su uso. Su morfología geométrica evita las líneas rectas propias del funcionalismo y apuesta por las formas poligonales, espirales y circulares. El espacio aquí es disfuncional, caótico, se adapta a las necesidades cambiantes de la población usuaria. No está pensado para crear hábitos; al igual que en las vidas nómadas, la vida cambia con cada situación que se debe afrontar, siendo necesario abordar cada momento de manera creativa -ya que sería imposible generar una pauta fija de vida-. Los sectores están previstos para acoger a un grupo de población durante un tiempo determinado que podría ser de unas horas, días y hasta semanas o meses. Después continuarían su camino y no tendrían la necesidad de regresar puesto que encontrarán todo lo necesario en el siguiente sector. El continuo fluir de tiempo y espacio que da forma al espacio construido no atiende a las funciones determinadas por la Carta de Atenas, que supuso la ruptura de la superposición de espacios domésticos y productivos propia de la ciudad histórica y está representada también en los usos mixtos de los campamentos rrom.

La versatilidad y fluidez espacial de Nueva Babilonia están influidas de forma evidente por lo observado en los asentamientos gitanos, donde el espacio productivo se funde con el doméstico y con el público. En los asentamientos analizados, igual que en los campamentos observados por los situacionistas, el reparto de usos no es estático, sino que varía a lo largo de la misma jornada de manera continua con el desarrollo de las actividades del grupo. Dado que una parte importante de la actividad laboral se realiza de manera comunitaria, es habitual que esta ocupe las áreas entre viviendas y se funda con el espacio público o de reunión. El espacio destinado al trabajo se convierte en el de ocio al acabar el día o cuando hay alguna celebración, siendo también el lugar donde se toman las decisiones trascendentales en asamblea. El ámbito doméstico se abre al espacio exterior en diversos grados de intimidad.

Discusión

En este punto me apoyaré en algunos planteamientos que se están desarrollando desde los movimientos emancipatorios romaníes en el Estado español. El primero de ellos es la constitución del ser gitano como cuerpo marcado y predelictivo, el segundo plantea las limitaciones de la visión binaria que contrapone al Homo Ludens con el Homo Faber y cómo estas han impedido apreciar otras formas del ser urbano. Por último, se apuntan las prácticas de epistemicidio y expropiación de los saberes romaníes por parte de la sociedad dominante, prácticas que también estuvieron impresas en la mirada situacionista.

El encaje del habitar nómada en la deriva psicogeográfica

La deriva fue uno de los procedimientos situacionistas más relevantes, descrita en 1958 por Debord en el número 2 de la revista Internacional Situacionista con el título Teoría de la Deriva. Fue una técnica de reconocimiento territorial ligada a las teorías psicogeográficas, con un antecedente claro en la actitud del flâneur de Baudelaire. No se basaba en el caminar como acto de cubrir la distancia entre dos puntos ni tampoco como paseo ocioso; la deriva alude a lo que Debord describe como “comportamientos lúdicoconstructivos” (Internacional Situacionista, 1977). El caminante, que debe desprenderse de las clásicas motivaciones para desplazarse y recorrer los ambientes, responderá solo a las solicitudes del terreno y de las corrientes implícitas en el tejido urbano. La deriva resultaba más prolífica si se hacía en varios grupos de dos o tres personas y su duración idónea sería la jornada. Su desarrollo podía estar influido por diversas casuísticas, y aunque las variaciones del clima podían impedirla, no se consideraban determinantes. Podían surgir otros condicionantes derivados de las dinámicas urbanas y sociales, como posibles suspicacias ante el vagabundeo, interrupciones de la policía, etc. Siguiendo la descripción de Debord (2012), era deseable que la composición de los grupos cambiase de una deriva a otra. El campo espacial de la deriva así entendida se determina en función de lugares de reunión y mediante la exploración directa de lo que describe como urbanismo psicogeográfico.

Los experimentos situacionistas en el Urbanismo Unitario consistían en hacer que ciertas partes de la ciudad, espacialmente separadas, se vincularan y comunicaran entre sí, dando lugar a nuevas situaciones (Internacional Situacionista, 1977). A través de prácticas como la deriva, fragmentos desconectados de la ciudad podían ser entendidos de forma simultánea. “Una historia sincrónica. Ese era el significado del urbanismo unitario: unificar lo que tiene cierta unidad, pero una unidad perdida, una unidad en desaparición.” (Ross y Lefebvre, 1997). Esta sincronicidad podría interpretarse como las cartografías simbólicas elaboradas por los grupos Rrom itinerantes.

Propongo dos aproximaciones al experimento de la deriva en el marco del pluriverso gitano. La primera, siguiendo la admiración manifiesta de los situacionistas por los Rroma nómadas centroeuropeos. El caminar sin ruta fija, respondiendo sólo al tiempo, al azar y al encuentro, sin considerar fronteras territoriales, se conecta con los modos de vida itinerantes que describió Jan Yoors en su libro, y que tanto fascinaron a Constant y Debord. Podrían establecerse paralelismos entre este derivar psicogeográfico y la forma en que los grupos nómadas rrom se presentan en el territorio. Sus trayectorias trazaban mapas territoriales del espacio experimentado, a partir de elementos que otros grupos habían fijado a su paso. Una especie de atlas fenomenológico que conectaría con los trabajos de Michel Serres (1995) sobre las cartografías relacionales, como mosaicos fluidos de experiencias diversas y el modo en que estas vinculan al ser humano al espacio.

“La Kumpània de Pulika era tan sólo una asociación laxa, temporal y siempre fluida, que se dispersaba y se reagrupaba a medida que surgían nuevos intereses, cambiaban las alianzas y desaparecían viejas relaciones. Como el fluir del agua, la Kumpània se adaptaba a todas las circunstancias, pero sin alterar en absoluto su propia naturaleza, remodelándose continuamente pero permaneciendo siempre fiel a su propia esencia”. (Yoors, 2009, p. 125).

La segunda perspectiva que se plantea sitúa el foco en la escala urbana y en la deriva como experimentación de un espacio ideal. La movilidad de la población gitana en el contexto urbano es incompatible con una deriva tal y como la describe el urbanismo situacionista. Desde que los cuerpos que vagabundean por la ciudad son identificados y marcados como alteridad, su presencia en el espacio urbano es problematizada y su transitar deja de responder al azar o al deseo. En este caso, las solicitudes que surgirán del terreno llegarán en forma de detención, registro o violencia. Las derivas de los grupos romaníes itinerantes se configuran a través de itinerarios poco vistosos, donde el menor número de ojos pueda señalarles o donde la policía tenga menos presencia para evitar así el conflicto.

“Los rrom siempre estaban en movimiento. Muchas veces no tenían más remedio que cruzar una frontera de modo furtivo y con ingenio, desafiando claramente las leyes payas (…). Una vez cruzada la frontera, seguían tranquila y silenciosamente las huellas que habían dejado otros gitanos y se reunían y mezclaban con el grupo local de gitanos. Estos les “hacían de pantalla” y les advertían de los peligros y peculiaridades del nuevo país anfitrión”. (Yoors, 2009, pp. 115-116).

Así, su movilidad no estaría tan ligada al disfrute y el encuentro fortuito con el paisaje como a una estrategia de supervivencia colectiva (Fernández y Cortés, 2015). El control policial y social sobre el sujeto predelictivo representado por el cuerpo gitano imposibilitaría una deriva azarosa precisamente a los grupos de población donde la identificaron. Realmente esta cuestión puede extenderse a todos los grupos de población no hegemónica (mujeres, infancia, población no binaria, etc.) en cuyas derivas sería prioritaria la consideración de solicitudes psicogeográficas en términos de seguridad y accesibilidad. A pesar de este apunte, el ideal de sincronía urbana que se buscaba con las derivas sí será una cuestión identificable en el transitar romaní, que cosía territorios al margen de identidades nacionales, fronteras o culturas al amparo de una identidad común, abstracta para los payos por entenderla invisible, pero que existía siendo en sí misma esa simultaneidad de estar en todas partes y en ninguna, como una “conexión universal” (Serres, 1995).

Del Homo Ludens al Homo Accurans

A partir de mediados de los años 50 la expansión feroz del capitalismo a nivel internacional, con la automatización del trabajo, produjo un discurso contradictorio en el que la dictadura de la hiperproductividad y el consumo convivía con la supuesta abolición del trabajo que anunciaba la automatización (Koolhaas y Gielen, 2015). Constant reflexionó sobre un futuro donde la humanidad no tenía ya necesidad de vender su fuerza de trabajo, encontrando en el Homo Ludens una fórmula creativa para derivar la energía humana.

El planteamiento de Nueva Babilonia presupone la comunalización del espacio habitable e incorpora nociones como la propiedad colectiva de la tierra y de los medios productivos. Estos elementos serían necesarios para concebir una estructura continua como la planteada en el modelo de Constant, donde la propiedad privada de la tierra pierde su razón de ser. Según sus propias palabras, esto podría ser lo que obligase a renunciar a su viabilidad ya que quedaría supeditado a un cambio revolucionario de la sociedad (Internacional Situacionista, 2010).

Para Constant, la automatización es lo que separa al Homo Faber del Homo Ludens que Huizinga (2008) definió como dos aspectos de la misma persona. Observando el mundo actualmente, ¿tiene sentido esperar que la humanidad liberada del trabajo dedique su energía y su tiempo a la creatividad colectiva? Si preguntásemos al Constant de principios de los años sesenta, nos diría que el Homo Ludens del futuro (de ese futuro por él supuesto) será el ciudadano convencional, ya no una excepción social, cuya “vida consiste en construir la realidad que desea”. De este modo, los neobabilonios tendrían libertad para usar el tiempo y el espacio en un juego creativo, construyendo sus propios ambientes. El habitante creativo ya no representa la realidad que habita y le rodea, sino que es él mismo quien la transforma y la crea.

El entorno del Homo Ludens tendría que ser, ante todo, flexible, maleable, y debería garantizar todo movimiento, cualquier cambio de lugar o de estado de ánimo, cualquier comportamiento. Los espacios en los que viviría el Homo Ludens no podrían predeterminarse y tampoco el uso que se haría de ellos. El elemento principal de este entorno no puede ser el domicilio, sino el extenso espacio social por el que se mueve la gente en busca de circunstancias trepidantes que estimulen su actividad vital; el espacio social en el que la gente se encontrará y se influirá mutuamente, aquel en el cual materializarán sus vidas (Nieuwenhuys, 1963). En este sentido, las maquetas que realizó fueron modelos de juego. Ese juego es entendido como la expresión humana genuina, algo que Constant trasladaría a sus colaboraciones con Aldo van Eyck para los patios de juego infantiles. El Team X, grupo al que pertenecían ambos, así como Bakema y los Smithson, promovía esta visión del juego como descarga del funcionalismo severo del mundo capitalista. Por su parte, Debord (2012) renegaba de esta visión del juego como herramienta para construir prácticas radicales de urbanismo y defendía esta vertiente lúdica como una actividad esencialmente adulta y seria y firmemente improductiva; mas no como un desahogo lúdico y pedagógico. Los situacionistas identificaron esta actitud improductiva y centrada en el disfrute, como una visión frecuente de los modos de vida de las comunidades gitanas observadas Un análisis menos etnocentrado obtendría un aprendizaje acerca de los mecanismos de superación utilizados por las comunidades gitanas para esquivar las formas territoriales y planeamientos de control social y domesticación, es decir, como una auténtica subversión a la ideología urbana.

Esta dificultad para encontrar el nuevo rol de los habitantes de la ciudad futura, una vez superado el paradigma producción/reproducción, revela además ciertos sesgos patriarcales en el pensamiento de sus promotores. Entendieron que, minimizada la dimensión laboral de la ecuación urbana, solo quedaba el ocio y el esparcimiento creativo o artístico como funciones del espacio urbano. El urbanismo feminista niega estas visiones binarias de la ciudad y propone que, retraído el vector laboral, el espacio se configuraría de manera relacional, respondiendo a usos no solamente lúdicos y culturales sino albergando los cuidados y organización comunitaria. Así, estos usos se visibilizarían con complejas redes poligonales, alineaciones que también están presentes en las maquetas de Constant. La perspectiva de ciudad cuidadora supera la conceptualización del Homo Ludens hacia el Homo Accurans (cuidador), como estrategias de resistencia frente al colapso capitalista.

En su rechazo al sistema capitalista, la utopía situacionista identificó en el modo de hacer gitano este paradigma de la abolición del trabajo alienante, encontrando un modelo de ocupación del tiempo y el espacio que asociaron con esta sociedad lúdica teórica. Sin embargo, no acabaron de reconocer en ellos estrategias comunitarias más sostenibles que apostaban por el mutualismo y renunciaban a la acumulación y la explotación.

“La forma actual del mundo ha impuesto a los hombres un tipo de esclavitud contra la que los gitanos siempre nos hemos rebelado, aunque nuestra protesta solo la hayamos podido hacer efectiva aislándonos voluntariamente del contexto de normas y disposiciones que hemos encontrado injustas por violar lo que consideramos derechos inalienables de la persona humana”. (Ramírez Heredia, 1972, p. 202).

Los estudios urbanos feministas y la territorialidad gitana. Un diálogo posible

Las estrategias de autogestión y colectivización de los recursos que los situacionistas observaron en las existencias gitanas son tácticas de cooperación que han surgido siempre desde los márgenes frente a la retracción del Estado y que dialogan con las propuestas del urbanismo feminista, ya que ponen la vida en el centro. Los espacios generados por muchos grupos del Pueblo Gitano han mostrado, mucho antes de que surgiera el concepto de ciudad cuidadora, que el espacio público entendido como improductivo no se limita a la libre creatividad lúdica, como plantea el urbanismo situacionista, sino que acoge estas diversas funcionalidades desarrollándose de igual forma en él los cuidados intra e interfamiliares, la cooperación entre miembros del grupo y las redes de protección alternativas desarrolladas forzosamente al margen de las instituciones.

“Estos experimentos de cooperación para sostenerse ya están ocurriendo, y han ocurrido siempre, en los márgenes excluidos. No se trata de idealizar a los grupos marginados, pero ha de saberse que, allí donde la vida no está sostenida ni por el Estado ni por el consumo, sólo queda el grupo como apoyo”. (Filigrana, 2020, p. 19).

Los estudios feministas sobre la ciudad plantean una organización fluida de los espacios, frente a la distribución funcionalista de usos. Las demandas de la vida cotidiana y los cuidados exigen itinerarios poligonales en el tejido urbano que rompen con la visión patriarcal de los movimientos urbanos en línea recta, del hogar al trabajo. Se plantea una extensión de los cuidados a la trama urbana. El espacio público tradicionalmente percibido como improductivo acoge multiplicidad de usos que no se limitan a las propuestas duales del Homo Ludens/Faber. En ellos se desarrollan tareas de cuidados, de trabajo, de celebración o de reunión que fortalecen las redes vecinales de apoyo y sostienen la vida.

La utopía del Urbanismo Unitario y de la ciudad imaginada en Nueva Babilonia se basa en un modelo de convivencia que depende por completo de la automatización del trabajo y de un nivel avanzado de tecnologización. Para Constant la tecnología haría libre a la sociedad futura. En sus reflexiones no pareció ver que el sistema de organización que vio en el campamento de Alba y en otros asentamientos se desarrollaba de manera independiente al sistema productivo capitalista, apostando por estrategias económicas más comunitarias donde las dependencias tenían que ver con la red de mutualismos, más que con el desarrollo técnico. Es decir, eran libres del binomio renta-trabajo, pero no porque delegasen la función productiva en las máquinas, sino porque habían desarrollado un modus vivendi autosostenible que producía los recursos necesarios para la vida, fuera del sistema capitalista.

La mirada colonial en la Internacional Situacionista

La vanguardia radical que supuso el movimiento situacionista para desbordar los enfoques teóricos sobre la ciudad entendió a los grupos romaníes como un lumpen itinerante más que como un Pueblo con identidad propia y productor de sabiduría urbana. Esta negación de los Rroma como Pueblo quedó reflejada en la reseña que Giorgio Agamben (1990) hizo sobre Les Princes du Jargon de Alice Becker-Ho2. En este texto, la autora rastrea en la genealogía lingüística de los Rroma y la sitúa como origen del argot común de las “clases peligrosas” y delincuentes. “Igual que el argot no es propiamente una lengua, sino una jerga, así los gitanos no son un pueblo, sino los últimos descendientes de una clase de banderizos de una época anterior” (Agamben, 1990, p. 58).

Traigo aquí esta cuestión como una muestra de la mirada colonial y etnocentrada del pensamiento situacionista sobre el Pueblo Gitano, al que negaban una identidad y lenguaje propios. Con todo no es un sesgo exclusivo de esta vanguardia, ya que forma parte del grueso de la producción teórica sobre los Rroma. Romero, que fue pionero en reconocer la conexión epistemológica, aunque identifica más una inspiración estética que epistémica, también incurre en esta negación:

“Lo que representan los gitanos, que en sus formas más bastardas, tan poco tiene que ver con grupos étnicos culturalmente definidos, y tanto con la sociabilidad propia de quinquis o flamencos -asociaciones de gitanos y no gitanos en torno a la delincuencia o a la música y el baile” (Romero, 2019, p. 92).

Este interés por negar la existencia del Pueblo Gitano resulta del proceso de deconstrucción de las identidades Nación y de sus elementos tradicionalmente constituyentes como la lengua. A pesar del interés que puede tener este planteamiento, termina por redundar en la construcción del gitano como el otro, el subalterno, que no tiene una identidad propia ni una lengua, sino una jerga, y cuya identidad sólo se basa en la mezcla de distintas clases de delincuentes comunes (Garcés et al., 2015)

Las carencias señaladas en la interpretación que los situacionistas hicieron del pluriverso romaní son producto de una perspectiva occidentalocéntrica que no buscó el diálogo de saberes (Leff, 2004). Al asumir en la población gitana una condición de inferioridad y subalternidad, extrajeron lo que les interesó de su cosmogonía y lo tradujeron a su crítica política y urbana. Tal y como analiza Grosfoguel (2016, p.132) “busca extraer ideas como se extraen materias primas para colonizarlas por medio de subsumirlas al interior de los parámetros de la cultura y la episteme occidental.”

La resignificación de las existencias gitanas representa el extractivismo cognitivo/epistémico descrito por Betasamosake (Klein, 2013) aplicado históricamente desde la población paya dominante sobre el Pueblo Gitano. Del mismo modo que ocurrió con la cultura flamenca, reapropiada como seña identitaria del nacionalismo español, muchas de las expresiones terri toriales gitanas han sido reapropiadas por estos movimientos utopistas en el desarrollo de su crítica urbana. Tal y como recoge Naomi Klein (2013) en la entrevista realizada a la activista indígena Lianne Betasamosake Simpson, el extractivismo se une al asimilacionismo y despoja de sentido los aspectos extraídos de las culturas subalternizadas. El asimilacionismo es un factor fundamental en todo el aparato de políticas públicas de integración de la población gitana en la sociedad occidental (Garcés, 2016). El discurso de la integración es, en realidad, un relato de disolución en la sociedad dominante, una vez ésta ha extraído todas aquellas formas y significados que le interesan de la cultura expoliada. “Lo «salvaje» suscita en efecto un deseo, pero este deseo es un deseo de domesticación, y por tanto de destrucción” (“Tesis sobre la comunidad terrible”, 2001, p. 22).

Conclusiones

En este trabajo me he propuesto contribuir a ampliar y matizar los análisis que relacionan las utopías urbanas situacionistas con la territorialidad romaní. Además, pretendí reformular dicha conexión como una deuda epistemológica entre ambas esferas. A lo largo del texto se ha evidenciado que su contranarrativa al urbanismo funcionalista se basó en las formas de habitar de los grupos Rroma centroeuropeos y que una parte importante de la producción de pensamiento situacionista está explícitamente influenciada por su percepción de la cosmovisión romaní. Los Situacionistas identificaron en sus campamentos una resistencia radical al funcionalismo del urbanismo moderno.

En el texto se detallan los aspectos que representan dicha deuda epistémica. La itinerancia de los Rroma nómadas fue interpretada como una deriva existencial. Los habitares romaníes se presentaron como la materialización de la crítica profunda al espectáculo pasivo y homogeneizante de las ciudades modernas. Su movilidad parecía proponer una relación con el territorio independiente de normas urbanísticas o identidades nacionales. La socialización de todos los recursos y su aparente liberación del trabajo alienante, junto con la abolición de la propiedad privada y la acumulación supusieron la base teórica para el Urbanismo Unitario y la utopía de la Nueva Babilonia.

Sin embargo, su relato futurista se asentaba sobre una visión de “lo gitano” como anacrónico, como un retorno a una sencillez pasada precapitalista que recuerda a la idealización romántica que Kaprow (1996) describió como racismo elegante. Esta mirada ha contribuido a la deshumanización histórica de los Rroma, atribuyendo como rasgos identitarios los aspectos derivados de la persecución y el despojo y consolidando una visión de este Pueblo como subalterno. La interpretación que muchas autorías situacionistas hicieron de los modos de vida gitanos, alejados del sistema capitalista, no superó los estereotipos antigitanos propios de la sociedad paya que han llegado a nuestros días en forma de folklore y exotización.

La idea de la deuda epistemológica no es nueva en relación a la explotación del Pueblo Gitano, redunda en los procesos coloniales de epistemicidio y despojo aplicados sobre él (Garcés, 2016). Del mismo modo que ocurrió con la cultura flamenca subsumida por la identidad española, muchas de sus expresiones territoriales fueron traducidas por los movimientos utopistas y la teoría urbana en su crítica al movimiento moderno. Estas negaciones amplían un conjunto de ausencias (Fernández, 2019) en la teoría urbana europea hegemónica que obliga a hacer una relectura de sus principales autorías y las herramientas que la sociología urbana ha puesto a disposición de las luchas por el derecho al territorio y al hábitat. Dichas relecturas solo tienen sentido dentro de un debate más amplio y abierto donde se incorporen otras voces hasta ahora silenciadas. El objetivo no es, por tanto, rescatar autorías occidentales o reinterpretarlas de manera interesada para revalidarlas y sostener así las miradas etnocéntricas. Se trata de articular instrumentos teóricos mucho más complejos que permitan explicar las desigualdades y la segregación urbana desde perspectivas más pluriversales e interseccionales.

En los años 80, un Constant desencantado con el estado de la sociedad se sorprendía de que, ante un panorama de desempleo y desigualdad estructural donde la fuerza de trabajo se había disociado de los procesos de producción, la planificación urbana persistiese en las funciones directrices de la Carta de Atenas, en vez de considerar formas de urbanización alternativas (Nieuwenhuys, 2015). Resulta paradójico que los modelos de habitar del Pueblo Gitano, cuyas expresiones construidas continúan siendo desprestigiadas y desmanteladas sistemáticamente por la sociedad paya hayan inspirado, sin embargo, algunos modelos urbanos utópicos de mediados del siglo XX. Aquellas utopías cuestionaban el funcionalismo capitalista y la adhesión ciega a la modernidad, haciendo visible la existencia negativa de la comunidad de los Bloom (“Tesis sobre la comunidad terrible”, 2001) mediante propuestas de ciudades nómadas basadas en el comunitarismo, la resistencia y el apoyo mutuo. Como he sostenido a lo largo de estas páginas, es palpable cierto paternalismo y cierta mirada colonial ante estas tácticas de supervivencia. El Pueblo Rrom se presenta como una subversión, una disidencia firme a las “complicidades” de la comunidad terrible “eterna” que representaría la Modernidad. Su existencia alternativa, vigente a pesar de todos los procesos históricos de exterminio o neutralización, supone el recuerdo de que otra realidad es posible, y es una invocación intolerable para un Sistema-Mundo que se defiende de su demolición. Continúan estando vigentes las visiones extractivistas que ponen en valor aspectos del pluriverso gitano, mientras sus asentamientos son desmantelados y los barrios donde habitan continúan siendo maltratados por las administraciones públicas. Con todo, estas soberanías subalternas que todavía aspiran a la emancipación han estado siempre ahí, en la inspiración de formas políticas y urbanas alternativas, en formas de organización comunitaria que aún hoy consideramos utópicas y prácticas de resistencia, camuflaje o imaginación política que nosotros los payos aún nos esforzamos por descifrar. Como alertó Constant, en una situación de colapso estructural y sistémica como la que vivimos, la planificación urbana continúa resistiéndose a admitir nuevos códigos, a mirar hacia sus márgenes y a otras formas de ocupar y organizar el territorio.

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Notas

1 Este trabajo nace de la investigación realizada por la autora en su tesis doctoral.
2 Becker-Ho, muy cercana a los intereses etnográficos de Debord, publicó la trilogía Les Princes du Jargon (1990), L’Essence du Jargon (1994) y Du Jargon, Héritier en Bastardie (2002), además de Paroles de Gitans (2000) donde profundiza en esta genealogía del argot.
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