Artículos
Recepción: 09 Octubre 2020
Aprobación: 08 Julio 2021
DOI: https://doi.org/10.5354/0718-8358.2022.63446
Financiamiento
Fuente: ANID -Programa Iniciativa Científica Milenio- Núcleo Milenio Movilidades y Territorios MOVYT
Nº de contrato: NCS17_027
Financiamiento
Fuente: Universidad de Santiago de Chile, Usach Vicerrectoría de investigación, Desarrollo e Innovación.
Nº de contrato: DICYT 032094MS
Descripción del financiamiento: Este trabajo fue financiado por ANID -Programa Iniciativa Científica Milenio- Núcleo Milenio Movilidades y Territorios MOVYT, NCS17_027 y Universidad de Santiago de Chile, Usach Vicerrectoría de investigación, Desarrollo e Innovación. DICYT 032094MS
Resumen: Uno de los aspectos distintivos del asentamiento de los migrantes en los territorios de destino es su concentración en áreas metropolitanas y, al interior de ellas, en determinadas zonas territoriales. El artículo propone problematizar el habitar migrante a través de las dimensiones vivienda, hogar y localización de los migrantes que residen en el Gran Santiago, lo que nos permite comprender el actual fenómeno migratorio identificando, a partir de la variable hacinamiento, los recursos sociales intangibles, asociados a capitales sociales, culturales y económicos que circulan en las redes familiares y extra familiares. La estrategia metodológica es de carácter cuantitativo, se hace uso de fuentes estadísticas del Censo 2017 y de los resultados de la encuesta Voces Migrantes (VM), realizada por el Servicio Jesuita a Migrantes (2019). Los principales resultados se orientan a comprender que el habitar migrante asociado con el hacinamiento, pese a presentar elementos de precariedad y vulnerabilidad social, también podría exponer estrategias familiares de apoyo y cuidado mutuo en la población migrante en las sociedades receptoras.
Palabras claves: capitales, Habitar migrante, hacinamiento, redes, Gran Santiago (Chile).
Abstract: One of the distinctive aspects of the migrants’ settlement in the destination territories is their concentration in metropolitan areas and, within them, in certain territorial areas. The article proposes problematizing migrant living through the dimensions of housing, home, and location of migrants residing in Greater Santiago, which allows us to understand the ongoing migratory phenomenon by identifying, through the overcrowding variable, the intangible social resources associated with social, cultural, and economic capitals that circulate in family and non-family networks. The methodological strategy is quantitative in nature, it uses statistical sources from the 2017 Census and the results of the Migrant Voices (VM) survey, carried out by the Jesuit Migrant Service (2019). The main results are aimed at understanding that migrant dwelling associated with overcrowding, despite presenting elements of precariousness and social vulnerability, could also expose family strategies of mutual support and care among the migrant population in the receiving societies.
Keywords: Capitals, migrant dwelling, networks, overcrowding, Greater Santiago (Chile).
Introducción
La inmigración es un fenómeno complejo que engloba una multiplicidad de aspectos económicos, sociales y de seguridad (Organización Internacional de Migraciones [OIM], 2019). Las investigaciones en migraciones han abordado enfoques interdisciplinarios que se han hecho cargo tanto de las miradas macro del fenómeno (flujos internacionales, transnacionales, entre otros) como de sus dimensiones micro, que conllevan a los perfiles migratorios y los impactos del fenómeno en las sociedades receptoras, a nivel de los barrios, territorios y empleo, entre otros aspectos. Desde el impacto territorial en la dimensión micro, se observa que la distribución de las migraciones en los lugares de destino no es homogénea, sino que existen áreas de concentración residencial o áreas de preferencia de localización, lo que ha conllevado segregación y exclusión.
Una de las características predominantes en el habitar migrante es el hacinamiento, por ello cobra interés conocer la dimensión interna de la vivienda migrante con relación a las relaciones que se desarrollan entre quienes conviven en ese mismo espacio y el entorno. El presente artículo busca responder a la pregunta por el habitar migrante a partir de la variable hacinamiento ¿cómo se relacionan los capitales (social, cultural y económico), como estrategias de redes que se despliegan en los migrantes y que impactarían en la predisposición al hacinamiento? Para ello se aborda teóricamente la relación entre la ciudad y la migración, conceptualizando el habitar migrante y se desarrolla un análisis desde la perspectiva de las redes que despliegan los migrantes, a partir de las categorías del capital social, económico y cultural. La estrategia metodológica es de carácter cuantitativo, enfocándose en el Gran Santiago y hace uso de fuentes estadísticas del Censo 2017 y de los resultados de la encuesta Voces Migrantes (VM), que fue realizada por el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) el año 2019.
La ciudad y la migración
En el último tiempo los países del sur global han pasado de ser países de casi exclusiva emigración, a territorios de tránsito y destino, dándose un aumento de migraciones internacionales con flujo sur-sur (OIM, 2014). Latinoamérica no ha sido la excepción, evidenciando así sus ciudades el incremento de la migración intrarregional, que tiene un marcado patrón de movilidad entre ciudades (Rodríguez, 2017; Stefoni et al., 2018). En esa línea, los flujos migratorios que han llegado a Chile en la última década -provenientes principalmente de Latinoamérica- se han localizado de un modo preferente en zonas urbanas al interior de las Áreas Metropolitanas (95,2%). De ellos el 64% vive en las Áreas Metropolitanas de las regiones del Biobío, Valparaíso y Metropolitana, en tanto sólo el 49% de la población local vive en esas zonas (Razmilic, 2019). En la RM, de 171.278 hogares migrantes, el 94,4% (161.733) se ubica en el Gran Santiago, tendencia más concentrada en comparación con los hogares chilenos (86,3%) (Instituto Nacional de Estadísticas [INE], 2017).
La relación entre la ciudad y la migración ha sido un factor clave en las poblaciones urbanas desde la sociedad preindustrial. La ciudad ha necesitado de la inmigración para mantener su población estable, siendo en muchas ocasiones esencial, por ello tanto la migración interna, como la migración internacional han contribuido considerablemente al crecimiento y al dinamismo de las ciudades (Martin y Weerasinghe, 2018). Los medios urbanos, por su parte, han atraído a los migrantes, con posibilidades de oportunidades económicas y por lo novedoso de la vida urbana. En palabras de Portes, “la atracción que las grandes metrópolis ejercen sobre los migrantes es multidimensional” (Portes, 2001), pues los inmigrantes encuentran en la ciudad nuevas posibilidades de empleo, y cuando las oportunidades de empleo no se presentan, ellos las crean, lo cual explica el surgimiento de un sector informal que aumenta el dinamismo de su economía (Capel, 1997; Portes, 2001).
Al interior de la ciudad, varios autores coinciden en que la tendencia de la localización de los migrantes suele estar asociada a patrones de segregación residencial y exclusión social (Martínez del Olmo y Leal 2008; Martori et al., 2006; Palacios y Vidal, 2014). La escuela de Chicago, a través de sus principales exponentes como Park, Burgess, Hoyt y Wirth, es una referencia clásica para el estudio de la localización de los migrantes en la ciudad. Los casos estudiados se relacionaban con las comunidades segregadas y la importancia de las relaciones primarias e intracomunitarias, identificadas como favorecedoras de la inserción social de los inmigrantes (Martínez Veiga, 1999; Torres, 2002; Urrutia, 2004).
Para el caso del Gran Santiago, área de estudio analizada, los migrantes muestran segregación residencial, así como mayores grados de hacinamiento, allegamiento y peor calidad de viviendas (Roessler et al., 2020). Pese a esta evidencia, se debe tener en cuenta la gran diversidad del fenómeno migratorio desde el origen, las diversas motivaciones de la migración y el volumen de estos colectivos, entre otros (Razmilic, 2019). Esto genera un habitar migrante diverso, que conlleva un despliegue de redes en la vida cotidiana, en las cuales confluyen diversos capitales (social, económico, cultural).
Vivienda migrante: vivienda, hogar y localización
Desde hace algunos años, la relación entre migraciones y acceso a la vivienda ha cobrado un interesante dinamismo en el campo de estudios migratorios (Magliano y Perissinotti, 2020). Uno de los elementos centrales del proceso migratorio es el acceso a la vivienda (Troncoso et al., 2018). Si bien un aspecto en común suele ser la transitoriedad de la primera vivienda, el camino hacia un alojamiento más definitivo variará de acuerdo a las posibilidades de cada migrante (Margarit y Bijit, 2014). Diversos estudios dan cuenta de múltiples factores en las dinámicas de asentamiento, habiendo algunos que están vinculados a las prácticas de movilidad y otros asociados con las condiciones estructurales que brinda la sociedad receptora, condicionando la localización residencial y restringiéndoles el mercado inmobiliario a una oferta precaria (Marcos y Mera, 2018; Margarit y Bijit, 2014).
En Chile, el acceso a la vivienda por parte de los migrantes se representa prioritariamente a través del arriendo como condición de ocupación. El porcentaje de quienes residen en vivienda propia (15%), es bastante menor en comparación con quienes nacieron en Chile (67%). En este escenario, el arriendo informal destaca dentro de las estrategias para asentarse, el cual se da muchas veces en piezas de dimensiones pequeñas, y en ocasiones en espacios que se han habilitado para formar dormitorios estrechos bajo condiciones abusivas impuestas por el arrendador (Razmilic, 2019; Roessler et al., 2020; Troncoso et al., 2018).
Para comprender el habitar migrante, se seguirá la propuesta de Terrones (2007), en base a tres dimensiones: a) la dimensión vivienda, b) la dimensión hogar y c) la dimensión localidad.
Dimensión vivienda: en esta dimensión, la vivienda adquiere un valor de uso que cubre necesidades humanas primordiales, lo cual implica que tiene una utilidad como el cobijo, vida de relación, seguridad, identidad, accesibilidad al puesto de trabajo, a centros de mercado, servicios sociales, familia y amigos (Martínez Veiga, 1999; Yujnovsky, 1984 citado en Di Virgilio, 2009). En cuanto a las características, se trata de viviendas que por el paso del tiempo y en ocasiones por la falta de cuidado o reparación se van convirtiendo en obsoletas; habiendo bajado su precio en el mercado son abandonadas por un grupo de la población que es reemplazado por otro con menor poder adquisitivo (Martínez Veiga, 1999). Se trata generalmente de viviendas que han sido subdivididas en habitaciones, las que son ocupadas por varias familias o por grupos de personas que comparten el arriendo (Algaba, 2003; Martínez Veiga, 1999).
Dimensión hogar: refiere al grupo humano que habita la vivienda, su relación con ella y con el entorno mediante redes. Se puede señalar que es recurrente el hacinamiento como modo de habitar, produciéndose tanto en aquellas casas en régimen de arriendo como de cesión, ocupación e incluso de propiedad.
Dimensión localidad: toma en consideración la ubicación de las viviendas en una determinada estructura urbana, los migrantes están en la (así llamada por los autores de la escuela de Chicago) zona de transición, tratándose, como ya se señaló en la dimensión vivienda, de lugares con infraestructura muy deteriorada (Martínez Veiga, 1999). Esto propicia la conformación de una “línea étnica urbana” que genera un mercado de vivienda segmentado, jerarquizante y desigualitario (Checa y Arjona, 2006).
En Chile, las tres dimensiones mencionadas se evidencian en estudios recientes que destacan la vinculación entre ellas y los modos de habitar. Urrutia y Cáceres, dan cuenta de un aumento de familias allegadas en las zonas centrales de la capital. El concepto que se ha asociado a este fenómeno es el de co-residencia, el cual se ha atribuido a familias extensas que han tomado esta opción con el fin de poder mantener sus redes, el acceso al centro de la ciudad y a fuentes laborales (Urrutia y Cáceres, 2020). La co-residencia deja al descubierto la prioridad de las familias por la localización y las redes por sobre problemas que se asocian a la co-habitación -como el hacinamiento y la precariedad de los hogares-, en el caso de las familias migrantes.
Para efectos del alcance teórico, es necesario tener en cuenta que el hacinamiento puede tener una expresión de cohabitación, pues la deficiente política de acceso a la vivienda ha vulnerado el derecho a acceder a un hogar propio a muchas familias pobres, especialmente en el caso de los migrantes. En este contexto, estos grupos sociales han debido adquirir “estrategias de supervivencia” (González de la Rocha, 2007) en que las redes de solidaridad se vuelven fundamentales. Aquí, la estrategia de la co-residencia emerge como un modo de habitar que deja de ser conceptualizado como una acumulación de desventajas (González de la Rocha, 2001).
Habitar migrante
Las dimensiones desarrolladas por Terrones (2007) nos hablan del habitar como una acción que implica una apropiación, una modelación en la que se le da forma a un espacio, transformándolo en lugar (Lefebvre, 1971). De esta manera, habitar implica mucho más que vivir en un espacio, la construcción de sentidos en él y, por lo mismo, su conversión en un hábitat (Valdés, 2014).
En el proceso de devenir lugar, por lo tanto, un espacio se convierte en la escena en la cual se profundizan relaciones y vínculos no solo entre personas, sino que también entre las personas y su lugar habitado. Por lo mismo, resulta fundamental revisitar el término hábitat pues muchas veces se fija la mirada en lo material, desatendiendo a los sentidos y al aspecto simbólico que subyace al concepto (Bernat, 2020).
Dar cuenta de estos aspectos simbólicos implica observar las prácticas concretas en la relación de un individuo o grupo con un lugar y con sus otros habitantes (Bernat, 2020). Se da así cuenta de otro sentido de habitar, vinculado a estar presente en un lugar y relacionado con un entorno a través de las redes en las que se inserta.
Estas redes son parte de un entramado que diversos autores han considerado constituyente de la estructura social (Coleman, 1988; Radcliffe-Brown, 1986), siendo una base indispensable pues posibilita que un conjunto de recursos estén disponibles para todos los miembros de un grupo (Bourdieu, 2000), que facilita ciertas acciones comunes de los agentes dentro de la estructura (Coleman, 1988) y/o que permite la acción y cooperación para el beneficio mutuo por medio de la confianza o valores compartidos (Putnam et al., 1993).
Asimismo, estas redes suelen ser incluidas dentro del capital social o simbólico que detenta un grupo. Como se sabe, el concepto de capital se refiere a características que se vuelven similares no solo por las singularidades estructurales o materiales del espacio en que se habita sino más por los procesos de socialización, por la reproducción de disposiciones y prácticas dentro de un grupo o clase. Fue Bourdieu quien, para comprender las razones del éxito y continuidad de una práctica en un espacio social definido -una estructuración de legitimidades que otorga distinción a un grupo frente a otro- remarcó la diferencia entre los conceptos de capital económico, capital cultural y capital social.
Según mencionamos y como se sabe, en el análisis de Bourdieu el “capital” se presenta de tres maneras fundamentales: El capital económico es aquel que puede ser directa e inmediatamente convertible en dinero -se refiere a los ingresos o recursos monetarios en sí mismos- y en términos de su institucionalización suele tomar la forma de derechos de propiedad; por otra parte, el capital cultural es aquel adquirido por medio de la educación y la socialización dentro de las pautas distintivas de un grupo -se refiere a las formas distintivas de conocimiento y habilidad heredadas, por ejemplo, por pertenecer a una familia- y, en términos de su institucionalización, suele tomar la forma de títulos académicos; finalmente, el capital social está constituido por todos los recursos asociados a la posesión de una red duradera de relaciones más o menos institucionalizadas de conocimiento y reconocimiento mutuos. En palabras de Bourdieu:
“Se trata aquí de la totalidad de recursos basados en la pertenencia a un grupo. El capital total que poseen los miembros individuales del grupo les sirve a todos, conjuntamente, como respaldo, en el sentido más amplio del término, como merecedores de crédito” (Bourdieu, 2000).
Se trata de un capital de obligaciones y "relaciones" sociales, de redes que deben ser recíprocamente alimentadas y construidas y que, bajo ciertas condiciones, resultan convertibles en capital económico.
Metodología
La metodología utilizada para responder a la pregunta acerca de los modos de habitar migrante consta de dos partes. En primer lugar, siguiendo a Terrones (2007) nos enfocamos en la dimensión hogar, referida a la relación que se despliega en el interior de la vivienda y quienes la habitan y la relación con el entorno. Para ello se realiza un análisis estadístico bivariado y multivariado a partir de los resultados de la encuesta Voces Migrantes (VM)1. La metodología para esta primera parte fue la siguiente:
Calcular hacinamiento: La metodología oficial para medir hacinamiento en Chile señala que las personas que residen en hogares con menos de 2,5 personas por dormitorio no viven hacinadas, mientras que si tienen 2,5 o más sí lo hacen (Ministerio de Desarrollo Social, 2016). Por ello con las preguntas sobre cantidad de personas que residen de manera regular en el hogar, y la cantidad de habitaciones utilizadas exclusivamente como dormitorios, se construyó una variable dependiente, que es de tipo dummy2, donde cero es “sin hacinamiento (2,49 o menos)” y uno “con hacinamiento (2,5 o más)”.
Lo que guio esta etapa fue el propósito de indagar por el rol que las diferentes variables independientes pueden tener para explicar la situación de hacinamiento en la población migrante.
Luego se buscó identificar el rol del capital social, cultural y económico en los hogares. La literatura existente sugiere que el entramado de relaciones para los migrantes en un territorio es fundamental para la transmisión de capitales, pues permite acceso a bienes de importancia como empleo y salarios, así como a un conjunto de importantes recursos sociales intangibles como información y apoyo social. En definitiva, se afirma que las relaciones, que constituyen la red en los migrantes, son una parte del capital social (Guizardi et al., 2015; Margarit y Bijit, 2015; Martínez Veiga, 1999).
Con este fin, se analizaron las siguientes preguntas de la encuesta VM, para cada uno de estos tipos de capitales presentes en las redes.
Capital social: se plantearon dos preguntas: la primera buscaba medir las redes de apoyo familiares (si ante una serie de problemas, algún familiar asentado en Chile lo apoyaría) y la segunda pregunta identificaba las redes de apoyo extrafamiliares (si ante una serie de problemas, personas externas a la familia asentadas en Chile -tanto chilenas como migrantes- lo apoyarían).
Capital cultural: se utilizó como proxy el nivel educacional alcanzado, separando entre quienes no alcanzaron estudios superiores (sólo educación escolar o menor) y quienes sí lo hicieron. Si bien el nivel educacional no suele asociarse en población migrante de manera tan alta como en el caso de la población local, con ingresos económicos y puestos laborales acordes a la calificación (Bravo, 2019; Expósito et al., 2019), será relevante considerar su importancia en este estudio.
Capital económico: se aproximó por medio del grupo socioeconómico de pertenencia (Asociación Investigadores de Mercado, 2019), variable que se construyó, con el ingreso autónomo per-cápita del hogar y la ocupación. Así se separó, considerando la distribución de la muestra, entre los grupos socioeconómicos más altos (ABC1, C2 y C3), en relación con los más vulnerables (D y E).
También se consideraron dos variables que transversalizan el concepto de capitales y que la literatura considera relevantes para comprender el acceso a vivienda y condiciones de habitabilidad en población migrante. Nos referimos a:
Situación migratoria: Algo elemental para el acceso a derechos, entre ellos el de vivienda, es la situación migratoria (Troncoso et al., 2018), siendo importante la presencia de permisos de residencia estables y permanentes (Benítez y Velasco, 2019). Se separó, de ese modo, entre quienes cuentan con permiso definitivo de residencia en Chile y quienes no cuentan con éste.
Tiempo de permanencia en Chile: Se dividió entre aquellos migrantes que llevaban menos de dos años en el país al momento de la encuesta (es decir que habían arribado entre los años 2017 y 2019) y quienes llevaban más de dos años. La razón para diferenciar entre quienes llegaron desde 2017 en relación con quienes llegaron antes tiene dos fundamentos: por un lado, la muestra se divide casi por la mitad entre quienes llegaron antes de 2017 (54%) y quienes llegaron a partir de ese año (46%). Y, por otro lado, dado que la visa temporaria en Chile tiene una duración de un año -para luego solicitar la permanencia definitiva después del segundo año de residencia-, se darían menos brechas en acceso a servicios con posibilidad de prórroga por uno adicional, (Benítez y Velasco, 2019).
Finalmente se trabajó con las variables sociodemográficas de país de nacimiento (considerando a los que tenían mayor presencia en Chile diferenciados del resto), sexo y tramos de edad, todas relevantes para el control estadístico.
El análisis bivariado buscó comprobar la asociación entre cada variable y la variable dependiente por separado. Luego, para comprender qué variables se asocian de manera más significativa al hacinamiento sin ignorar la asociación de las otras, se realizó un análisis multivariado. De este modo, se llevó a cabo una regresión logística binaria para estimar la probabilidad de que una persona resida en un hogar hacinado, dado los valores de las variables independientes. Cabe señalar que la influencia que cada variable posee sobre la variable de hacinamiento se expresa como Odds Ratio (en adelante OR) (Agresti, 2007). De igual modo, en el mismo análisis los OR son llevados a términos de chances para una interpretación más sustantiva. Así, se analizaron tres modelos de regresión, uno de los cuales expuso mejores medidas de significación estadística entre las variables independientes y hacinamiento, como también mejor bondad de ajuste. Dicho análisis se realizó por medio del software STATA.
La segunda parte de la metodología se relacionó con la dimensión vivienda y localización, a partir del procesamiento de información del Censo 2017, para la creación de una cartografía con datos sobre la concentración de hogares migrantes hacinados por comuna en el Gran Santiago. Expresando territorialmente la información se puede asociar con otras variables y comprender esta localización en la trama urbana de la ciudad. La elaboración de la cartografía se realizó a través del Sistema de Información Geográfica ArcGis versión 10.3.
La decisión de centrar el análisis en el Gran Santiago es que este se ubica en la Región Metropolitana, zona que, según datos de la Estimación de Población Migrante del INE y el Departamento de Extranjería, alojaba en 2019 al 59,4% del total de extranjeros que habita Chile. Vale destacar que, según la misma estimación, de las 42 comunas donde residen 10.000 o más migrantes a nivel nacional (consideradas por INE como comunas con cantidad significativa de extranjeros), 24 se ubican en el Gran Santiago (Instituto Nacional de Estadísticas y Departamento de Extranjería y Migración, 2020).
Resultados
Dimensión hogar
En el análisis de la dimensión hogar, se observa que para la encuesta VM, el 18,7% de los encuestados vive en situación de hacinamiento. Si comparamos con lo que arroja la Encuesta CASEN 2017 para la población nacida en Chile, esto disminuye a un 7% (Roessler et al., 2020), así la población migrante tiene mayor representación de individuos en situación de hacinamiento. En este apartado se indagarán características de dicho grupo de la sociedad que posibilitan que se intensifique o disminuya esta manera de habitar, primero por medio de un análisis bivariado que luego se profundizará en uno multivariado.
En cuanto a los resultados asociados a los capitales, llama la atención los relacionados al capital social vinculado a redes, pues si se observa la Tabla 1, se da un efecto protector en cuanto al hacinamiento solo en las redes extrafamiliares, mientras que en las familiares ocurre lo contrario. En este sentido, de quienes señalan tener redes de apoyo familiares en Chile, un 20,9% reside de manera hacinada, lo cual se reduce a un 10,5% en quienes no tienen redes de apoyo familiar, existiendo una diferencia estadísticamente significativa entre ambos grupos (p=0,002).
Por su parte, las redes de apoyo extrafamiliares serían protectoras del residir hacinado, pues se observa que casi un 30% de quienes no tienen redes extrafamiliares reside en una vivienda hacinada, a diferencia de quienes sí tienen redes de apoyo fuera de la familia (16,2%) (p=0,000).
Se expone también la asociación entre capital cultural y hacinamiento: el porcentaje de personas que residen en vivienda hacinada se intensifica (llegando a 23,2%) entre quienes no han alcanzado la educación superior. Relevante también es la asociación entre capital económico y hacinamiento, donde se constata que quienes pertenecen a grupos socioeconómicos más vulnerables (D y E) casi un tercio (31,8%) reside de manera hacinada.
En cuanto a las demás variables relevantes para entender el acceso a vivienda de las personas migrantes, la Tabla 1 revela que, más que la importancia del tiempo viviendo en Chile (existen diferencias nulas entre quienes llevan más de dos años y quienes llevan menos), es esencial el contar con permiso de residencia definitivo.
Por último, al observar las variables sociodemográficas, los colectivos que en mayor porcentaje viven de manera hacinada son el peruano (25,1%) y el haitiano (23,4%). Por su parte no hay grandes diferencias según sexo y en cuanto a los tramos de edad, los más jóvenes (menores a 29 años) son quienes viven más hacinados (22,9%) que el resto.

En el análisis multivariado, realizado por medio de regresión logística binaria -después de una exhaustiva experimentación con diferentes variables que el cuestionario de VM posibilita- y basándose en la literatura revisada, los mejores modelos son los expuestos en Tabla 2, siendo el más parsimonioso el Modelo 1. Fue el que presentó mejor ajuste (al ver el BIC y AIC3), como también mejores resultados en torno a la significancia estadística y fuerza en las asociaciones con la variable dependiente. Así, por razones teóricas y empíricas, los resultados se centran en dicho Modelo.
Para la lectura de la Tabla 2, es importante saber que los coeficientes estimados desde un análisis de regresión logística son difíciles de interpretar (al estar en términos logarítmicos), por ende, son traspasados en la Tabla 2 a Odds Ratio (OR)4. Para esto se le aplica exponencial al coeficiente (β) con la siguiente fórmula: (OR = exp(β)). Un OR mayor que uno indica que la probabilidad de vivir hacinados es positiva, y cuando es menor que uno es negativa (Agresti, 2007).
Como expone el Modelo 2 y 3 de la Tabla 2, al controlar por otras variables, vemos que el nivel educativo pierde relevancia estadística, lo cual también ocurre con el sexo (aunque esto ya se dejó ver en el análisis bivariado). Se vuelve a exponer, al igual que en el análisis bivariado, la poca relevancia (en cuanto a fuerza de la asociación y significancia estadística) de la variable de tiempo en Chile (como se observa en el Modelo 3 y 2), sugiriendo que más que el tiempo viviendo en el país, lo que aporta en mejorar la calidad de vida de las personas migrantes (entre ellas las condiciones del habitar) son elementos que estos van adquiriendo a medida que pasa el tiempo: mayor capital social (Hernando, 2019), económico (Fuentes y Vergara, 2019), así como también los permisos de residencia (Troncoso et al., 2018).

En el Modelo 1 de la Tabla 2, podemos ver que el residir en situación de hacinamiento tuvo sus asociaciones más importantes con el grupo socioeconómico (GSE) -donde quienes forman parte de los grupos socioeconómicos D y E tienen 307% más chances5 que los ABC1, C2 y C3 de residir de manera hacinada ([OR=4,07, 95%IC [2,79-5,92])- y el poseer un permiso de residencia definitiva. Quienes no cuentan con dicho permiso tienen 170% más chances de vivir de manera hacinada que quienes sí lo tienen ([OR=2,70, 95%IC [1,79-4,08]).
Si bien estas fueron las asociaciones con más fuerza, algo relevante que exponen los resultados y que no ha sido investigado en otros estudios, es el efecto diferenciador de las redes de apoyo familiares y extrafamiliares que ya se observaba en el análisis bivariado. Por un lado, quienes cuentan con redes de apoyo familiar tienen 100% más de chances de residir hacinados que quienes no tienen redes de dicho tipo ([OR=2,00, 95%IC [1,19-4,08]). Por otro lado, las redes extrafamiliares tendrían una asociación diferente, al mostrarse como “protectoras” al hecho de vivir de manera hacinada. Así, quienes no poseen redes de apoyo fuera de la familia, tienen 59% más chances que quienes si tienen de vivir hacinados ([OR=1,59, 95%IC [1,07-2,36]).
En otras palabras, es muy relevante la asociación inversa que poseen las redes familiares y extrafamiliares con las probabilidades de residir en un hogar hacinado para la población migrante. Así, contar con redes familiares expone mayores chances (con asociación estadísticamente significativa) de residir de manera hacinada. Realizando test de razón de verosimilitud, se expuso como relevante la incorporación de la variable de “Redes familiares” al modelo (p=0,008), lo que pone de manifiesto su importancia para comprender el hecho de residir de manera hacinada.
Finalmente, el Modelo 1 expone que tanto el país de nacimiento como la edad son también relevantes para comprender el hacinamiento en la población migrante,
En cuanto a lo primero se utilizaron los países de nacimiento de Perú y Haití, en comparación al resto, al ser gente de esos dos colectivos quienes habitan en mayor medida de manera hacinada (cómo se observó en el análisis bivariado). Aunque en el caso de las personas nacidas en Haití estas tienen solamente 3% más chances que el resto de vivir de manera hacinada; esto es de un 151% si comparamos a quienes nacieron en Perú con el resto ([OR=2,51, 95%IC [1,56-4,03]).
En temas de edad, el 50% más joven de la muestra (18 a 35 años) presenta 59% más chances de vivir hacinados que los que poseen 36 años o más ([OR=1,59, 95%IC [1,08-2,35]).
Entre otros elementos, el aporte del presente análisis destaca en dos aspectos: por una parte, corrobora con datos concretos, desde la primera encuesta representativa a nivel nacional para población migrante (VM), características que generan más probabilidades de residir de manera hacinada en dicho grupo y por otra parte, revela que a diferencia de lo que ocurre con quienes tienen redes de apoyo fuera de la familia, aquellos quienes poseen redes dentro de ésta presentan más probabilidades de residir de manera hacinada.
Dimensión localización y vivienda
En la segunda parte del análisis, centrada en las dimensiones de localización y vivienda (Terrones, 2007), constatamos que los hogares migrantes con mayor porcentaje de hacinamiento (20% - 25%) se concentran en las comunas del centro y algunas del pericentro del Gran Santiago (Figura 1), destacando en la cartografía las comunas de Santiago, Cerro Navia, Conchalí, Estación Central, Independencia, Lo Prado, Recoleta y Pedro Aguirre Cerda. Esto se puede asociar a la necesidad, por parte de migrantes, de vivir en zonas centrales de la ciudad, las cuales les otorgan un alto nivel de conectividad, esencial para la economía de esos hogares por el alto ahorro en transporte y por la facilidad de desplazamiento hacia el sector oriente de la ciudad que muchas veces constituye su lugar de trabajo (Contreras, 2016).

La cercanía con el centro permite también una proximidad con gran variedad de servicios de telecomunicaciones, comercio, sector financiero, transporte, entre otros. Además, estas áreas tienen muchas veces una renta de suelo más económica al ser barrios antiguos y deprimidos. También en estos barrios se ha establecido una fuerte presencia de inmigrantes, lo que ha significado que exista una motivación referente a las redes familiares y de amistades en la elección de ese lugar de residencia. Esto último también les otorga redes para acceder de manera informal al arriendo de viviendas, por la alta presencia de viviendas amplias y antiguas que son subarrendadas, conformando varios hogares dentro de una misma vivienda (Hidalgo y Torres, 2009) (Figura 2).

Características que se evidencian en los estudios de vivienda migrante que dan cuenta de la precariedad del espacio habitado debido al deterioro de la infraestructura y la sobreocupación por parte de familias migrantes a través del arriendo informal.
Aunque las tres dimensiones propuestas por Terrones (2007) nos permiten configurar las características del habitar migrante con relación a los elementos físicos, la relación de quienes la habitan (uso) y la localización en la trama urbana de la ciudad, cabe señalar que estas dimensiones configuran un modo de migrante que no es homogéneo, por lo diverso del fenómeno migrante y en el hecho de que la producción social de ese espacio adquiere características particulares de acuerdo al origen de los colectivos, la situación migratoria y, muy especialmente, la participación en redes sociales.
Conclusiones
Los resultados exponen dos caras del modo de habitar migrante asociado con el hacinamiento: una relacionada con la precariedad y exclusión social de los migrantes; otra, con posibles estrategias de apoyo familiar asociadas con el modo de habitar.
Cara A: vulnerabilidad en el acceso a vivienda: materialidad y ubicación
En primer lugar, es necesario reconocer que el hacinamiento ha sido entendido como una problemática desde la planeación urbana, debido a las consecuencias que derivan de la sobreocupación de un espacio diseñado para menos personas, hecho que implica una evidente exposición a riesgos sociales y ambientales. Esto se debe a que las viviendas habitadas, por su condición de deterioro, incrementan las posibilidades de catástrofe por sobrecarga de los sistemas eléctricos (incendios), colapso del equipamiento de saneamiento básico (ruptura de cañerías, obstrucción de sistemas de eliminación de excretas).
En este sentido, el análisis constató, por una parte, que en la dimensión vivienda y de localización (Terrones, 2007), los migrantes en el Gran Santiago se ubican en zonas con casas antiguas, con problemas de materialidad (zonas de transición) pero ubicados en zonas céntricas que les posibilitan mayor acceso a oportunidades laborales (Razmilic, 2019). Un aspecto en torno al cual se podría hipotetizar se refiere a que el hacinamiento de los migrantes no derivaría solo de su inserción en un lugar desfavorecido de una estructura urbana desigual, sino de elementos particulares de esta población que los hacen más proclives al hacinamiento -como sería el caso de tener o no permiso de residencia (variable “situación migratoria”)-.
Retomando el concepto de capitales (Bourdieu, 2000), se observa la importancia del capital económico y social (referido a redes extra familiares) en las probabilidades de habitar de manera hacinada. El capital cultural, por su parte, pierde relevancia en el modelo multivariado, posiblemente asociado a que muchas veces el nivel educacional de las personas migrantes en Chile no se condice con trabajos acordes a la calificación, ni tampoco tiene efectos protectores similares a los de la población local (Bravo, 2019; Expósito et al., 2019).
Cara B: redes y estrategias de apoyo familiar en la dimensión hogar
Por otro lado, en cuanto a la dimensión hogar, el hacinamiento como modo de habitar de la población migrante podría ser explicado por ciertas estrategias de cuidado y/o redes de apoyo familiar entre quienes viven de manera conjunta. Este modo aglutinado de ocupar un espacio habitacional también puede tener, junto a elementos de precariedad, estrategias familiares para poder desenvolverse en la sociedad de recepción y conseguir un mayor bienestar en términos laborales como de acceso a otros derechos. Estas expresiones de un capital social acumulado no son evidenciadas por las políticas públicas urbanas como algo positivo, sino más bien como una problemática que debe ser erradicada. Al no destacar estas prácticas de redes presentes en el hacinamiento se homogeniza un modo de habitar centrado en núcleos familiares individuales, modo que tiende a no valorar los recursos simbólicos que circulan en las redes en espacios comunitarios.
Entonces, aunque la manera de habitar asociada con el hacinamiento presenta, por un lado, elementos de precariedad y vulnerabilidad social, también podría estar exponiendo estrategias familiares de apoyo y cuidado mutuo en la población migrante.
Referencias bibliográficas
Agresti, A. (2007). An introduction to categorical data analysis. John Wiley & Sons.
Algaba, A. (2003). La discriminación en el acceso al mercado de la vivienda: las desventajas de la inmigración. novedades y permanencias. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales, 7.
Asociación Investigadores de Mercado. (2019). Actualización clasificación GSE AIM y manual de aplicación Chile 2019. https://www.aimchile.cl/wp-content/uploads/2020/02/Actualizacio%CC%81n-y-Manual-GSE-AIM-2019.pdf
Benítez, A. y Velasco, C. (2019). Desigualdades en salud: brechas de acceso y uso entre locales y migrantes. En I. Aninat y R. Vergara (Eds.), Inmigración en Chile: una mirada multidimensional (pp. 191-236). CEP, FCE.
Bernat, M. (2020). Modos de habitar y políticas públicas: relocalización de un asentamiento en La Plata, Argentina. Estudios Demográficos y Urbanos, 35(3), 727-759. https://doi.org/10.24201/edu.v35i3.1868
Bourdieu, P. (2000). Las formas del capital. Capital económico, capital cultural y capital social. En Poder, derecho y clases sociales (pp.131-164). Descleé de Brower.
Bravo, J. (2019). Mitos y realidades sobre el empleo migrante en Chile. En N. Rojas y J. Vicuña (Eds.), Evidencia y mitos de una nueva realidad (pp. 49-72). LOM.
Capel, H. (1997). Los inmigrantes en la ciudad. Crecimiento económico, innovación y conflicto social. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales , 3(1) http://www.ub.edu/geocrit/sn-3.htm
Checa, F. y Arjona, A. (2006). La segregación residencial de los inmigrados: aproximación teórico práctica. En F. Checa, A. Arjona y J. Checa (Eds.), La integración social de los inmigrados. Modelos y experiencias (pp. 207-241). Icaria.
Coleman, J. (1988). Social capital in the creation of human capital. American Journal of Sociology, 94, 95-120.
Contreras, Y. (2016). Nuevos habitantes del centro de Santiago. Universitaria.
Di Virgilio, M. (2009). Trayectorias residenciales y estrategias habitaciones entre familias de sectores populares y medios residentes en el Área Metropolitana de Buenos Aires, Argentina. En J. Erazo (Coord.), Inter/secciones urbanas: origen y contexto en América Latina (pp. 233-257). FLACSO Ecuador, Ministerio de Cultura del Ecuador.
Expósito, F., Lobos, C., y Roessler, P. (2019). Educación, formación y trabajo: barreras para la inclusión en migrantes. En N. Rojas y J. Vicuña (Eds.), Evidencia y mitos de una nueva realidad (pp. 158-184). LOM.
Fuentes, A. y Vergara, R. (2019). Los inmigrantes en el mercado laboral. En I. Aninat y R. Vergara (Eds.), Inmigración en Chile: una mirada multidimensional (pp. 65-100). CEP, FCE.
González de la Rocha, M. (2001). From the resources of poverty to the poverty of resources? The erosion of a survival model. Latin American Perspectives, 28(4), 72-100. https://doi.org/10.1177/0094582X0102800405
______ (2007). The construction of the myth of survival. Development and Change, 38(1), 45-66. https://doi.org/10.1111/j.1467-7660.2007.00402.x
Guizardi, M., Valdebenito, F., López, E., y Nazal, E. (2015). Condensaciones en el espacio hiperfronterizo. Apropiaciones migrantes en la frontera norte de Chile. En M. Guizardi (Coord.), Las fronteras del transnacionalismo. Límites y desbordes de la experiencia migrante en el centro y norte de Chile (pp. 224-257). Ocho Libros.
Hernando, A. (2019). Es un largo camino todavía: Inmigrantes, pobreza y vulnerabilidad en Chile. En I. Aninat y R. Vergara (Eds.), Inmigración en Chile: una mirada multidimensional (pp. 283- 320). CEP, FCE.
Hidalgo, R. y Torres, A. (2009). Los peruanos en Santiago de Chile: transformaciones urbanas y percepción de los inmigrantes. Polis, 8(22), 307-326. https://doi.org/10.4067/S0718-65682009000100018
Instituto Nacional de Estadísticas. (2017). Entrega final Censo 2017. https://www.censo2017.cl/
Instituto Nacional de Estadísticas y Departamento de Extranjería y Migración. (2020). Estimación de personas extranjeras residentes habituales en Chile al 31 de diciembre 2019. Informe técnico: desagregación regional y comunal. https://www.extranjeria.gob.cl/media/2020/06/estimaci%C3%B3n-poblaci%C3%B3n-extranjera-en-chile-2019-regiones-y-comunas-metodolog%C3%ADa.pdf
Lefebvre, H. (1971). La producción del espacio. Anthropos.
Magliano, M. y Perissinotti, M. (2020). La periferia autoconstruida: migraciones, informalidad y segregación urbana en Argentina. EURE , 46(138), 5-23. https://doi.org/10.4067/S0250-71612020000200005
Marcos, M. y Mera, G. (2018). Migración, vivienda y desigualdades urbanas: condiciones socio-habitacionales de los migrantes regionales en Buenos Aires. Revista INVI, 33(92), 53-86. https://doi.org/10.4067/S0718-83582018000100053
Margarit, D. y Bijit, K. (2014). Barrios y población inmigrantes: el caso de la comuna de Santiago. Revista INVI , 29(81), 19-77. https://doi.org/10.4067/S0718-83582014000200002
______ (2015). Los negocios de inmigrantes sudamericanos: una aproximación a las estrategias de instalación e integración socioterritorial en la comuna de Santiago de Chile. En M. Guizardi (Coord.), Las fronteras del transnacionalismo. Límites y desbordes de la experiencia migrante en el centro y norte de Chile (pp. 63-83). Ocho Libros.
Martin, S. y Weerasinghe, S. (2018). Gobernanza mundial de la migración: estructura actual y avances recientes. En Informe sobre las migraciones en el mundo 2018 (pp. 139-166). Organización Internacional para las Migraciones.
Martínez del Olmo, A. y Leal, J. (2008). La segregación residencial, un indicador espacial confuso en la representación de la problemática residencial de los inmigrantes económicos: el caso de la comunidad de Madrid. ACE: Arquitectura, Ciudad y Entorno, 3(8), 39-52. http://dx.doi.org/10.5821/ace.v3i8.2457
Martínez Veiga, U. (1999). Pobreza, segregación y exclusión espacial. La vivienda de los inmigrantes extranjeros en España. Icaria, Institut Catala d´Antropología.
Martori, J., Hoberg, K., y Surinach, J. (2006). Población inmigrante y espacio urbano. Indicadores de segregación y pautas de localización. EURE, 32(97), 49-62. https://doi.org/10.4067/S0250-71612006000300004
Ministerio de Desarrollo Social. (2016). Metodología de medición de la pobreza multidimensional con entorno y redes. http://observatorio.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/storage/docs/casen/2015/Metodologia_de_Medicion_de_Pobreza_Multidimensional.pdf
Organización Internacional de Migraciones. (2014). La migración sur-sur: asociarse de manera estratégica en pos del desarrollo. Autor. https://www.iom.int/files/live/sites/iom/files/What-We-Do/idm/workshops/South-South-Migration-2014/Background-paper-es.pdf
______ (2019). Informe sobre las migraciones en el mundo 2020. Autor. https://publications.iom.int/system/files/pdf/wmr_2020_es.pdf
Palacios, A. y Vidal, M. (2014). La distribución intraurbana de los inmigrantes en las ciudades españolas: un análisis de casos con SIG y técnicas cuantitativas. Cuadernos Geográficos, 53(1), 98-121. https://doi.org/10.30827/cuadgeo.v53i1.1335
Portes, A. (2001). Inmigración y metrópolis: reflexiones acerca de la historia urbana. Migraciones Internacionales, 1(1), 111-134.
Putnam, R., Leonardi, R., y Nanetti, R. (1993). Making democracy work: Civic traditions in modern Italy. Princeton University Press.
Radcliffe-Brown, A. (1986). Estructura y función en la sociedad primitiva. Planeta-Agostini.
Razmilic, S. (2019). Inmigración, vivienda y territorio. En I. Aninat y R. Vergara (Eds.), Inmigración en Chile: una mirada multidimensional (pp. 101-146). CEP, FCE.
Rodríguez, J. (2017). Efectos de la migración interna sobre el sistema de asentamientos humanos de América Latina y el Caribe. Revista CEPAL, (123), 7-34. https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/42691/7/RVE123_es.pdf
Roessler, P., Ramaciotti, J. P., Bravo, S., Faiguenbaum, M., Ojeda, I., Venegas, M., Lafferte, A., Leyton, V., Muñoz, B., Campos, F., y Rojas Pedemonte, N. (2020). Acceso a la vivienda y condiciones de habitabilidad de la población migrante en Chile. Servicio Jesuita a Migrantes, TECHO-Chile, Departamento de Sociología Universidad de Chile y Centro de Ética y Reflexión Social Fernando Vives SJ. https://www.migracionenchile.cl/informe-vivienda/
Stefoni, C., Lube, M., y Gonzálvez, H. (2018). La construcción política de la frontera. Entre los discursos nacionalistas y la “producción” de trabajadores precarios. Polis , 17(51), 137-162. https://doi.org/10.32735/s0718-6568/2018-n51-1353
Terrones, A. (2007). La influencia de los sistemas de vivienda en las condiciones residenciales de la población inmigrante. Los casos de Barcelona y Amsterdam. Papers. Revista de Sociología, 85, 207-211. https://doi.org/10.5565/rev/papers.2021
Torres, F. (2002). Els immigrants a la ciutat de València. La inserció urbana dels nous veïns. Cuadernos de Geografía, (72), 259-288 .
Troncoso, M., Troncoso, C., y Link, F. (2018). Situación habitacional de las personas migrantes en algunas comunas urbanas de la Región Metropolitana y Antofagasta. Fundación Colunga y Servicio Jesuita a Migrantes.
Urrutia, J. y Cáceres, M. (2020). Estrategias de co-residencia en el área pericentral de Santiago de Chile. Revista 180, (45), 98-111.
Urrutia, V. (2004). Los espacios urbanos de la desigualdad. En Diversidad y convivencia en las ciudades (pp. 133-154). Fundació Carles Pi i Sunyer.
Valdés, R. (2014). Producción social de sentido acerca del hábitat popular. El caso del barrio La Victoria, en la periferia del Gran La Plata. (Tesis de doctorado en Comunicación, Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Argentina). http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/43220
Notas