Artículos
Estudio comparado de los modelos de covivienda senior y cooperativas vecinales de mayores en el contexto español
Comparative Study of Senior Cohousing Models and Senior Neighborhood Cooperatives in the Spanish Context
Estudio comparado de los modelos de covivienda senior y cooperativas vecinales de mayores en el contexto español
Revista INVI, vol. 39, no. 112, pp. 180-205, 2024
Universidad de Chile. Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Instituto de la Vivienda
Received: 01 May 2024
Accepted: 17 October 2024
Funding
Funding source: Consejería de Transformación Económica, Industria, Conocimiento y Universidades de la Junta de Andalucía
Contract number: (PY20_00411
Funding statement: Este artículo se desarrolla en el marco del proyecto I+D+i (PAIDI 2020) “Cooperativas vecinales de personas mayores para el envejecimiento activo en el lugar. Implicaciones en la mejora de la soledad forzada en grandes ciudades (PY20_00411)”, financiado por la Consejería de Transformación Económica, Industria, Conocimiento y Universidades de la Junta de Andalucía
Resumen: El artículo presenta un análisis comparativo entre los modelos de covivienda senior y cooperativas vecinales de mayores en el contexto español, evaluando su viabilidad desde la perspectiva económica, arquitectónica y social, con el objetivo de prevenir la soledad no deseada en la población mayor. El modelo de covivienda, que agrupa a personas mayores en comunidades intencionales con espacios compartidos, ha ganado popularidad en los últimos años. No obstante, enfrenta desafíos relacionados con su ubicación en entornos periféricos, la alta inversión económica y los largos tiempos de promoción inmobiliaria. Como alternativa, se propone el modelo teórico de cooperativa vecinal, que permite a los mayores en situación de soledad agruparse en viviendas dentro de sus propios barrios, liberando otras propiedades para ser alquiladas. Los resultados del análisis muestran que la cooperativa vecinal es más viable económicamente, flexible en su implementación y favorece un entorno urbano más inclusivo. Sin embargo, se requiere un mayor apoyo institucional para su desarrollo. La investigación concluye que este modelo es una estrategia prometedora para abordar el envejecimiento en el lugar, mejorar el parque residencial y fomentar la integración intergeneracional en las ciudades españolas.
Palabras clave: Compartir vivienda, envejecimiento en el lugar, soledad no deseada, vivienda colaborativa.
Abstract: The article presents a comparative analysis between senior cohousing models and neighborhood cooperatives for older adults in the Spanish context, evaluating their viability from economic, architectural, and social perspectives, with the goal of preventing unwanted loneliness among this population. The cohousing model, which brings older adults together in intentional communities with shared spaces, has gained popularity in recent years. However, peripheral locations, high investment costs, and lengthy development periods pose significant challenges. As an alternative, this study proposes a theoretical model of neighborhood cooperatives that allows older adults experiencing loneliness to group together in homes within their neighborhoods while making their other properties available for rent. The analysis results show that neighborhood cooperatives are more economically viable, flexible in implementation, and promote a more inclusive urban environment. However, the development requires greater institutional support. The research concludes that this model is a promising strategy to address aging in place, improve the housing stock, and foster intergenerational integration in Spanish cities.
Keywords: Home sharing, aging in place, unwanted loneliness, collaborative housing.
Introducción
Cada vez más personas mayores deben hacer frente al aislamiento y la soledad no deseada, una situación que se incrementa exponencialmente en Europa (Sundström et al., 2009), y a nivel mundial (Chen et al., 2022; Ezeokonkwo et al., 2021). La soledad está relacionada con el desarrollo de enfermedades graves y una mayor mortalidad en la población mayor (Carrasco et al., 2021; Qian Gao et al., 2021); situación agravada por la disminución de recursos económicos y sociales, cambios en la estructura familiar y limitaciones funcionales (Courtin y Knapp, 2017). La soledad no deseada conlleva incomunicación y aislamiento, siendo un problema social y de salud pública (Díez Nicolas y Morenos Páez, 2015; “Loneliness is a serious”, 2018).
Se estima que la población mundial de mayores de 65 años alcanzará los 2.000 millones en 2050 (Naciones Unidas, 2019). En España, el porcentaje de mayores de 65 se incrementará del 19.7 % de 2023 al 31.4 % en 2050 (Instituto Nacional de Estadística [INE], 2024); actualmente, cerca del 65% de las personas mayores se sienten en soledad no deseada, y un 14.8% en situación grave (Yanguas Lezaun, 2021).
La mayoría de las personas mayores prefieren vivir de forma independiente (Borgloh y Westerheide, 2012; Da Roit y van Bochove, 2017), a pesar de las dificultades físicas o económicas (Costa-Font et al., 2009), especialmente en situaciones de viudedad (Engelhardt y Greenhalgh-Stanley, 2010). Quienes viven solos lo hacen por elección y se sienten satisfechos en sus hogares (Stones y Gullifer, 2016), valorando la comodidad y la familiaridad de su vivienda (Wiles et al., 2009).
Las connotaciones subjetivas de la soledad son clave para entender el problema en entornos urbanos, basándose en emociones y expectativas sociales (Buz et al., 2014; Rubio et al., 2011). Factores socioculturales influyen en la percepción de la soledad; en sociedades familiares como España y muchos países de América Latina y el Caribe, las pérdidas en la vejez afectan más que en culturas individualistas (Sánchez et al., 2014). Investigaciones recientes destacan la viudedad como un factor principal de soledad en España y la pérdida de redes familiares en México (Garza-Sánchez et al., 2020).
Envejecer juntos de forma intencionada es una alternativa valiosa al aislamiento y la soledad no deseada (Glass y Vander Platts, 2013). En este contexto, la covivienda senior ha ganado fuerza en España y está integrada en políticas públicas de vivienda (Tortosa Chuliá y Sundtröm, 2022b). Sin embargo, su aceptación entre la población mayor aún es baja (Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España [UDP], 2018), y se enfrenta a desafíos en su implementación, especialmente para quienes tienen recursos limitados.
Como una evolución del modelo de covivienda emerge la cooperativa vecinal de personas mayores, basada en el barrio como un espacio social clave para fomentar relaciones de apoyo mutuo, facilitar servicios locales y procesos de participación esenciales para su bienestar y progreso (Spellerberg y Gerhards, 2014). A diferencia de la covivienda senior, la cooperativa vecinal promueve un mayor grado de convivencia y busca prolongar la permanencia de las personas mayores en sus comunidades.
La hipótesis de este artículo es demostrar que el modelo de cooperativa vecinal previene la soledad no deseada, se adapta a las necesidades de la mayoría de los mayores, y es económicamente más viable, flexible y ágil que la covivienda senior. Además, secundariamente, su implementación ayudaría al sector de la vivienda de alquiler en España. En consecuencia, el objetivo del artículo es comparar y analizar el modelo de cooperativa vecinal con la covivienda senior, como alternativa a la soledad no deseada entre mayores con recursos limitados y en el fomento del envejecimiento en el lugar.
Marco conceptual
La covivienda de personas mayores
Las comunidades de covivienda senior (también denominadas cohousing, collaborative living, etc.) son un modelo residencial que agrupa unidades privadas y espacios compartidos para fomentar la convivencia (Hispacoop, 2018). Este modelo (Figura 1) se caracteriza por la autoorganización del colectivo, el alto grado de interacción social y un equilibrio entre la autonomía individual y la colectiva (Czischke et al., 2020).

Las coviviendas generalmente adoptan el régimen jurídico de una cooperativa (López de la Cruz, 2014), mediante el acceso a una vivienda en régimen de cesión de uso (Simón Moreno, 2020). Este modelo, inspirado en el modelo Andel de los países nórdicos, permite a los miembros habitar las viviendas y compartir ciertos servicios a cambio de un alquiler reducido (Etxezarreta y Merino, 2013). La gestión se realiza por los propios residentes, quienes establecen normas de convivencia a través del consenso, lo que favorece la formación de un grupo de apoyo mutuo, esencial para combatir el aislamiento y la soledad en la vejez (Cummings y Kropf, 2020). Es una alternativa habitacional especialmente atractiva para personas entre 50 y 65 años (Choi, 2004), con niveles formativos y recursos económicos medio-altos (Hou y Cao, 2021).
La covivienda cuenta con una extensa trayectoria en Dinamarca (Larsen, 2019), Suecia (Blomberg y Kärnekull, 2019), Países Bajos (Rusinovic et al., 2019) o Estados Unidos (Glass, 2012). Por el contrario, en América Latina y el Caribe, donde las personas mayores de 60 años representan aproximadamente el 11% de la población y es habitual que vivan con sus familias y reciban cuidados de personas cercanas (Stampini et al., 2021), la implementación de la covivienda senior es aún incipiente, a pesar de la amplia trayectoria en cooperativismo residencial de países como Uruguay (Nahoum, 2024) o Chile (Aravena, 2024). El aumento de la esperanza de vida conllevará un envejecimiento poblacional acelerado de esta región en las próximas décadas (Aranco et al., 2018). Esto ha motivado un interés creciente por la covivienda (Vera Piazzini y Arispe Sevilla, 2021) con iniciativas como la Fundación Cohousing Chile (Rosay et al., 2022). En Uruguay, el colectivo Co-HABITAR trabaja desde 2015 en el desarrollo de coviviendas multigeneracionales, mientras que en Argentina comienzan a proliferar nuevas, al albor de la Asociación Vidalinda, que gestiona un edificio exclusivo para mayores desde 1970 (Cortés-Solano et al., 2023).
En España, el interés de las personas mayores por permanecer en su vivienda (91%) es elevado frente a la opción de covivienda (54%) (UDP, 2018). Sin embargo, la covivienda es el modelo más desarrollado en este país dentro de las iniciativas de co-housing (Simón Moreno, 2020). Desde la creación del Residencial Santa Clara en Málaga en 1991 (López Gómez y Estrada Canal, 2016), ha habido un aumento en las iniciativas de vivienda comunitaria. Actualmente, hay 80 proyectos de co-housing en diversas fases de desarrollo, de los cuales 67 aún no están operativos (Tortosa Chuliá y Sundström, 2022a).
La cooperativa vecinal
Como evolución de los modelos de covivienda senior, se ha desarrollado el modelo teórico de cooperativa vecinal para un envejecimiento en el lugar. Este enfoque se refiere a la capacidad de los adultos mayores de vivir de forma independiente en sus hogares y comunidades durante el mayor tiempo posible, evitando el traslado a instituciones especializadas (Low et al., 2021). La permanencia en comunidades con fuertes redes sociales aumenta el deseo de envejecer en ellas (Hui et al., 2014). La idea de envejecer en el lugar se basa en el deseo de los mayores de mantener sus redes de apoyo (familia, amigos, vecinos), lo que a su vez promueve su independencia y autonomía (Schorr y Khalaila, 2018). Esto reduce el aislamiento social y la soledad (Wiles et al., 2009), mejorando la calidad de vida y la salud (Corneliusson et al., 2019).
El envejecimiento en el lugar se ve influenciado por condiciones sociales y físicas del entorno, así como por la fragilidad y vulnerabilidad de los mayores (van Dijk et al., 2015). Esto sugiere un enfoque que centre la acción en la escala de barrio, apoyándose en experiencias de covivienda y un modelo prestacional de servicios de apoyo. La cooperativa vecinal de personas mayores se define teóricamente como una cooperativa de servicios que gestiona inmuebles de socios propietarios por un período de aproximadamente 10 años (Rosa-Jiménez y Nebot, 2021). Esto permite a mayores en situación de soledad no deseada convivir en alguna de las viviendas de la cooperativa, considerando sus necesidades y las características de las viviendas (Figura 2).

La cooperativa permite que las viviendas desocupadas de los socios se incorporen al mercado de alquiler, generando ingresos para rehabilitar las propiedades y ofrecer servicios de apoyo que faciliten su permanencia en la comunidad. Al final del período de 10 años, la cooperativa devuelve la vivienda al socio, habiendo amortizado la inversión en rehabilitación. Este modelo busca abordar la soledad no deseada y reducir la infrautilización del parque residencial, al tiempo que promueve la convivencia y el apoyo mutuo entre mayores.
El envejecimiento en el lugar es respaldado por políticas públicas, como los programas en los Países Bajos que apoyan el envejecimiento en la vivienda (Dijkhoff, 2014). Desde 1968, se ha avanzado en la creación de un sistema público de apoyo a la dependencia (Schut et al., 2013), ofreciendo diversas alternativas de servicios según el nivel de renta de los mayores (Oliveira Hashiguchi y Llena-Nozal, 2020). Modelos como el Supportive Community Program en Israel (Auslander et al., 2003) y la Village en Estados Unidos (Scharlach et al., 2012) fomentan redes de apoyo vecinales que contrarrestan la soledad y facilitan el acceso a servicios profesionales.
Tradicionalmente las personas mayores han compartido vivienda con sus familiares por falta de recursos económicos, y solo el incremento de las pensiones ha permitido su independencia (López Doblas, 2018). La creciente cantidad de personas mayores que viven solas ha resaltado la importancia de programas de vivienda compartida, habiéndose demostrado sus beneficios (Martinez et al., 2020). En España, algunas personas mayores alquilan habitaciones a estudiantes universitarios, lo que les ayuda a combatir la soledad y obtener ingresos (Sancho Castiello, 2021). Muchas universidades han desarrollado programas que permiten a estudiantes alojarse gratis a cambio de asistencia a personas mayores (Martínez Pérez et al., 2015). Junto a Alemania, Reino Unido y Austria, España ha sido pionera en implementar estos programas en Europa (Martínez Román et al., 2001), con protocolos que fomentan una convivencia armoniosa (García Conde y Rodríguez Rodríguez, 2021).
Metodología
Para alcanzar el objetivo de la investigación se empleó una metodología de análisis comparado entre el modelo teórico de cooperativa vecinal y el de covivienda senior en España, con la finalidad de detectar similitudes y diferencias significativas. Las técnicas de investigación científicas utilizadas fueron la revisión bibliográfica, tanto de fuentes bibliográficas como de páginas webs, y un estudio económico de ingresos y gastos.
En un primer análisis de la bibliografía se desarrolló el marco conceptual de la investigación. Un segundo análisis permitió establecer los factores que posibilitan la permanencia de las personas mayores en casa y que garantizan un nivel de autonomía e independencia. De ellos se han analizado dos: los factores socio-urbanos y los factores arquitectónico-económicos.
Los factores urbano-arquitectónicos están formados por las redes de apoyo social en un entorno urbano adecuado con acceso a servicios asistenciales (Arias-Merino et al., 2019). La conexión con el lugar, el conocimiento del entorno y el sentido de pertenencia promueven la actividad social de las personas mayores ( Schorr y Khalaila, 2018). Las conexiones sociales robustas (Gardner, 2011) y una fuerte cohesión social a nivel de barrio (Cramm et al., 2013) mejoran el bienestar de los mayores (Aung et al., 2020). Las redes sociales ofrecen apoyo emocional y físico, facilitando tareas domésticas y cuidados esenciales para personas de bajos ingresos. Por tanto, son fundamentales para mantener la independencia y aumentar la longevidad de los mayores que eligen envejecer en sus barrios (Morita et al., 2010).
Los factores arquitectónico-económicos responden a que muchas personas mayores deben enfrentarse a reformas complejas para adaptar sus viviendas, a menudo que sobrepasan su capacidad económica (Davey, 2006). Aunque la necesidad de reformas no les preocupa (López Doblas, 2005), sus limitaciones funcionales pueden reducir su autonomía, aumentando el aislamiento y la dependencia. Muchas viviendas presentan además un elevado nivel de obsolescencia, lo que agrava problemas de salud, especialmente en situaciones de pobreza energética (Zorrilla-Muñoz et al., 2020).
Para determinar los factores socio-urbanos se realizó una revisión de las páginas web de los proyectos de covivienda senior registrados en España gracias al proyecto Movicoma (Tortosa Chuliá y Sundtröm, 2022a). Esta se llevó a cabo durante enero a abril de 2004. De los 67 proyectos de covivienda recogidos en el estudio, solo 23 de ellas están construidas o han iniciado la tramitación administrativa. Se registraron tres parámetros con incidencia en la soledad: localización (en relación al territorio y al municipio), tamaño (número de alojamientos y socios) y promoción inmobiliaria (rehabilitación u obra nueva) (Figura 3).

Para determinar los factores arquitectónico-económicos, se llevó a cabo una comparativa económica de inversión e ingresos entre una covivienda y una cooperativa vecinal. Se trata de una aproximación teórica donde se comparó una cooperativa vecinal de 90 viviendas de 96,9 m2 (tamaño medio de las viviendas en altura en España) (“Los pisos, cada vez más grandes”, 2021), con un alojamiento de covivienda de similar superficie, para un periodo de amortización de 10 años. Esto nos permite analizar dos indicadores:
La inversión económica (Blomberg y Kärnekull, 2019; Scanlon y Arrigoitia, 2015) se estima a partir del coste final de construcción (CFC) cuyo valor depende del presupuesto de ejecución material (PEM) de acuerdo con la Figura 3. Los ingresos solo afectan a la cooperativa vecinal, que puede ofertar entre 1/2 y los 2/3 de sus viviendas en el mercado del alquiler. Su cálculo se obtiene del producto del tiempo (120 meses) por la superficie construida total (Sc), y por el precio medio de alquiler mensual por metro cuadrado construido de España a fecha de febrero de 2023 (Fotocasa, 2023).
Cabe destacar que la investigación se limita a los datos ofrecidos por las páginas webs y que la dimensión económica se trata de una aproximación teórica de costes medios, sin embargo, la metodología podemos considerarla adecuada ya que se hace una comparación cualitativa de ambos modelos.
Comparativa de factores socio-urbanos
Localización
Los resultados muestran que la covivienda es un modelo mayoritario de periferia urbana (Tabla 1). De las 23 coviviendas analizadas el 26.09% se localizan en las áreas metropolitanas de grandes ciudades como Málaga, Sevilla, Madrid y Barcelona. Mientras que en las dos grandes metrópolis españolas (Madrid y Barcelona) ninguna se ubica en su municipio, en Málaga y Sevilla ―ciudades de un tamaño que rondan los 600.000 habitantes― sí se ubican. Fuera de este ámbito, un porcentaje similar (30.43%) se localizan, casi en su totalidad, en la periferia de villas y el 43.48% lo hacen en ciudades. Sólo el 26.09% del total se localizan en ciudades con un carácter urbano. Lo que indica que la covivienda sigue siendo un modelo de periferia urbana, siendo estos resultados coincidentes con otros estudios realizados en España; así, la mayoría de las experiencias analizadas se sitúan en la periferia, donde los precios son más asequibles, con el abandono del barrio donde han residido (Torío López et al., 2018).

Esta tendencia a localizarse en entornos periféricos o rurales para adquirir suelo a coste razonable puede generar aislamiento urbano y social, fomentando la descapitalización social de los barrios, al marcharse las personas mayores más activas y dinámicas (Rosa-Jiménez y Nebot, 2021). Por el contrario, la cooperativa vecinal potencia el barrio como espacio urbano y social donde fortalecer las interacciones de apoyo mutuo, facilitando el envejecimiento y la integración intergeneracional entre sus residentes, además de favorecer la implantación de familias jóvenes en las viviendas que van a ser alquiladas. Dado que el modelo de cooperativa vecinal está vinculado al mercado de alquiler, está diseñado para localizarse en ciudades y capitales que precisan ofertar un mercado de alquiler estable.
Tamaño
Por otro lado, los alojamientos de la covivienda se concentran en un único edificio o pequeña urbanización adquirido exprofeso para la promoción cooperativa (Durrett, 2009). El tamaño (Tabla 1) muestra que la mayor parte (53.33%) oscila entre los 27-35 alojamientos, inferior a los 90 socios. El 26.67% tiene entre 54-60 alojamientos (alrededor de 100-120 socios), y el 20% entre 76-204 alojamientos, superior a 120 socios. La cooperativa vecinal es un modelo más flexible en el número de socios y su grado de implicación, ya que cada miembro solo debe aportar su propia vivienda durante el tiempo que acuerde, finalizado el cual, pueden continuar o abandonarlo. Esto flexibiliza la capacidad de crecimiento o reducción de la cooperativa, frente a la rigidez de la covivienda.
Equipamientos
Las coviviendas estudiadas ofrecen servicios y equipamientos en sus edificios y parcelas a sus socios (Tabla 2). Aunque algunos de estos servicios ofrecidos no son absolutamente necesarios o son prestados por la administración local, la cooperativa vecinal debe brindar una serie de alternativas a los servicios que pueden ser contratadas en las coviviendas de personas mayores. En cualquier caso, ambos modelos se benefician de la economía de escala en la posible reducción de gastos básicos, así como de la gestión conjunta de servicios complementarios, potencialmente más rentable que la contratación individualizada.

Comparativa de factores arquitectónico-económicos
Promoción inmobiliaria
De acuerdo con la Tabla 1, la variable de promoción inmobiliaria muestra que la covivienda constituye un proyecto inmobiliario asociado a una nueva comunidad. Los resultados de la Tabla 1, indican que todas las coviviendas analizadas son promoción de nueva planta (aunque en algunos casos se rehabilitan algunas existencias rurales), ya que, en España, predomina la promoción de obra nueva frente a la rehabilitación del patrimonio residencial existente (Tortosa Chuliá y Sundtröm, 2022a), con excepción de algunos ejemplos destacados de inmuebles rehabilitados (Vallés et al., 2011). En la covivienda, el tiempo requerido para su desarrollo desde las primeras fases del proyecto, con una media de 10 años (Martín Galicia, 2021); retrasos que pueden repercutir en un aumento de los costes inicialmente previstos (Scanlon y Arrigoitia, 2015).
Por su parte, la cooperativa vecinal no es un modelo de promoción, sino que siempre es un modelo de gestión del patrimonio existente; un proceso rehabilitador de viviendas aportadas por sus socios en los barrios donde han residido, con menor riesgo para los cooperativistas, y mayores facilidades para el acceso a la financiación (Garibi, 2021). Además, adaptar el patrimonio residencial existente, no sólo es más simple, sino significativamente más rápido que la obra nueva (Scanlon y Arrigoitia, 2015), al no tener que adquirir suelo, y gestionar exclusivamente la financiación, el proyecto y la ejecución de la reforma.
Inversión económica
La inversión económica de la covivienda de obra nueva duplica la inversión por reforma de la cooperativa vecinal (Tabla 3). Todo ello sin incluir el coste del solar y zonas ajardinadas, lo que incrementa en gran medida los costes totales de una operación de covivienda, y sobre todo de inicio de la operación, ya que los suelos no suelen financiarse, por lo que los socios deben tener ahorros de antemano. La cooperativa vecinal permite, además, que las intervenciones se realicen de forma progresiva, ya que los socios pueden alojarse temporalmente en viviendas vacías mientras se rehabilitan las suyas.

Ingresos
Los ingresos por alquiler de la cooperativa vecinal permiten ofrecer viviendas para el mercado de alquiler, una condición que la diferencia de la covivienda. El estudio teórico ofrece unos ingresos potenciales que oscilarían entre los 5,7 a 7,6 millones de euros (Tabla 4) y un precio sostenido de alquiler mensual de 11 €/m2 (Fotocasa, 2023). Estos ingresos permiten cubrir los gastos de construcción, además de generar unos recursos económicos potenciales disponibles para sufragar los gastos de limpieza y mantenimiento de las viviendas, así como los servicios de apoyo y asistenciales similares a los ofrecidos en el modelo de covivienda.
La demanda de viviendas de alquiler es la que garantiza los ingresos potenciales de la cooperativa vecinal, y la que permite que personas con niveles medios-bajos de renta puedan asociarse con rapidez, sin necesidad de aportaciones iniciales de capital. Un factor relevante frente al abono mensual que los socios de la covivienda realizan en función de servicios ofrecidos y las necesidades particulares de cada miembro1.

Discusión
A tenor del análisis comparativo, la cooperativa vecinal es un modelo más económico, flexible y sencillo de implementar que la covivienda, especialmente adecuado para las personas mayores con recursos bajos o medio bajos, que quieren envejecer en el lugar, y en ciudades con necesidades de mercado de alquiler (Tabla 5).

En relación a los factores socio-urbanos, en la covivienda la totalidad de las personas mayores abandonan sus viviendas por nuevos alojamientos, si bien todos ellos forman una red de apoyo y autoayuda muy fuerte. Sin embargo, el riesgo al aislamiento es mayor, especialmente por su necesidad de obtener suelos más económicos en la periferia y por su segregación social. Aunque iniciativas de covivienda como Färdknäppen (Estocolmo) se localicen en el centro urbano, su tendencia es a segregar por edades, incluso si se ubican en barrios céntricos de la ciudad (Glass y Vander Platts, 2013). Además, se están expandiendo las iniciativas destinadas a personas mayores que prefieren vivir en entornos libres de niños (Sandstedt y Westin, 2015). Mientras que, en la cooperativa vecinal, solo una parte de los socios permanecen en su vivienda, pero la totalidad continúa en su mismo barrio, lo que permitiría conservar sus redes de apoyo, el sentimiento de seguridad y la vinculación emocional con un entorno muy conocido.
Comparativamente, la covivienda es un proyecto continuo, cuenta con un alto nivel de cercanía al estar los alojamientos en la misma promoción, y es cerrado, ya que el proyecto se diseña para un número determinado de viviendas, con dificultades posteriores para su modificación. Mientras que la cooperativa vecinal tiene un carácter discontinuo, las viviendas se ubican dispersas en la barriada lo que reduce la cercanía de los socios, y es abierto, ya que aumenta o disminuye el tamaño de su parque de vivienda, en función del alta o baja de sus socios, lo que ofrece versatilidad para las diversas casuísticas y necesidades. Por ejemplo, para facilitar la accesibilidad, se puede optar por reubicar a los socios en aquellas viviendas que dispongan de ascensor, o utilizar las viviendas ubicadas en las plantas bajas.
La viabilidad de ambos modelos depende de la predisposición de sus socios a compartir espacios y de su compatibilidad en la convivencia. No todas las personas mayores estarían preparadas, especialmente desde un enfoque cultural, para adecuarse a estos nuevos modelos de convivencia (Mulliner et al., 2020). De hecho, los casos reflejados en la literatura se vinculan mayoritariamente a personas en los años previos a la senectud (50-65 años), quienes suelen estar más interesadas en esta forma de organización que personas de más edad (Choi, 2004). El rechazo potencialmente sería mayor para la cooperativa vecinal, ya que el nivel de convivencia es superior por compartir una misma vivienda, mientras que la covivienda solo comparte los equipamientos y espacios comunes. Si bien, este rechazo puede verse superado por las ventajas económicas y de prestación de servicios, así como por no tener que desplazarse del barrio en el que residen. Otra desventaja de la cooperativa vecinal es la dispersión de sus socios en la barriada para recibir servicios de apoyo, mientras que en la covivienda se localizan en el mismo edificio o parcela lo que optimiza su gestión.
Los resultados de la comparación entre ambos modelos pueden ofrecer directrices para incluir en las políticas públicas, especialmente las destinadas a hacer frente al reto de la soledad no deseada entre personas mayores. Aunque el modelo de covivienda ha sido tradicionalmente iniciado y gestionado por las propias personas mayores (Gummà Serra y Castilla Mora, 2017), en los últimos años es una alternativa promovida desde las instituciones públicas (Tortosa Chuliá y Sundtröm, 2022b).
El modelo de cooperativa vecinal, al ser teórico, todavía no se ha implementado en ninguna política pública. Deriva de un modelo cooperativo destinado a la gestión y autofinanciación en la regeneración de barriadas obsoletas, basado en la economía de escala y la prestación continua de servicios de habitabilidad (Rosa-Jiménez et al., 2023) y que fue incluido en I Plan Director de Innovación Social de Sevilla (Ayuntamiento de Sevilla, 2017). Aunque el modelo fue incorporado en este documento estratégico, una de sus principales limitaciones es la aceptación por la administración pública, que debe actuar como catalizadora de los procesos, ya que la población en general es reacia a arrancar este tipo de iniciativas.
Por tanto, la implementación de políticas públicas que apoyen la creación de cooperativas vecinales sería de gran interés, ya que además permitiría aunar en una única acción políticas de índole social y de rehabilitación del parque de viviendas ―incluida la accesibilidad universal―, así como políticas para incrementar la oferta de viviendas en alquiler.
Este trabajo de formulación, modulación y cuantificación de la cooperativa vecinal de personas mayores se ha visto viable y con claras ventajas frente al modelo más afianzado de covivienda. Sin embargo, la dificultad de gestión y aceptación hace necesario buscar nuevas vías de investigación que abarquen estudios sociológicos, por un lado, y por otro, de formulación normativa para facilitar su implementación.
Conclusiones
El estudio comparado entre los modelos de covivienda senior y las cooperativas vecinales para personas mayores en España ha permitido verificar que la cooperativa vecinal es una alternativa con gran potencial para prevenir la soledad obligada de personas mayores con recursos limitados, adecuar y modernizar el patrimonio residencial, así como fomentar la economía social en el sector de los cuidados. La covivienda, aunque promueve una red sólida de apoyo entre sus miembros, presenta el riesgo de aislamiento por su tendencia a ubicarse en áreas periféricas. Su desarrollo es lento y requiere una inversión significativa en obra nueva. En cambio, la cooperativa vecinal es más económica, flexible y rápida de implementar, ya que se basa en la rehabilitación de viviendas existentes. Este modelo permite a las personas mayores permanecer en sus barrios, manteniendo sus redes de apoyo y reduciendo el riesgo de soledad. No obstante, al ser un modelo teórico, aún no ha sido implementado en políticas públicas.
El éxito de ambos modelos depende de la disposición de los socios para compartir espacios y de su capacidad de convivencia. Mientras que la covivienda está más consolidada, la cooperativa vecinal presenta ventajas económicas y de servicios, pero enfrenta retos en su aceptación y gestión. En investigaciones futuras será necesario explorar estudios sociológicos y normativos para su implementación, considerando su potencial para abordar la soledad no deseada y regenerar barriadas que presenten elevados índices de obsolescencia. Acciones que, indudablemente, repercutirán en una mejora de la calidad urbana y las condiciones de habitabilidad de nuestros mayores en las ciudades.
Referencias
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Notes
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