Dosier
Los órganos de difusión de la AEN-PSM
The AEN-PSM’s Dissemination Instruments
Los órganos de difusión de la AEN-PSM
Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, vol. 44, núm. 146, pp. 269-284, 2024
Asociación Española de Neuropsiquiatría

Recepción: 01 Julio 2024
Aprobación: 27 Agosto 2024
UNA DE LAS ESTRATEGIAS DE CUALQUIER MOVIMIENTO ASOCIATIVO es difundir y dar a conocer sus objetivos y sus actividades en un proceso de socialización y captación de nuevos efectivos, y, además, debe contar con instrumentos que favorezcan la comunicación y el debate. Además de los congresos, jornadas, etc.,que favorecen el encuentro e intercambio y la toma de decisiones colectivas, los órganos de expresión (revistas y otras publicaciones) desempeñan un papel fundamental en todo este proceso. La AEN-PSM ha contado a lo largo de su historia con una serie de órganos de expresión que han ido adaptándose a las exigencias de los tiempos y a los cambios en la estructura de la propia Asociación. A los Archivos de Neurobiología, en la época anterior a la Guerra Civil y durante una parte de la dictadura franquista, y a la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, a partir de los años ochenta y hasta el presente, hay que añadir las revistas autonómicas (Norte de Salud Mental, Cuadernos de Psiquiatría comunitaria, Maristán) y la gallega Siso Saúde[1], así como boletines y colecciones de libros, que denotan el esfuerzo y la voluntad de las distintas juntas directivas de contar con este tipo de soportes, y a los que, recientemente, debemos añadir las posibilidades de las publicaciones virtuales y las redes sociales. El objetivo de este eje es describir y valorar la importancia de dichas publicaciones en el desarrollo histórico de la AEN.
Editores Dosier:Comencemos con los Archivos de Neurobiología, cuyo primer número aparece en 1920 y acaba convirtiéndose en el órgano oficial de la AEN (fundada en 1924). Rafa, tú has estudiado la historia de la psiquiatría española de los años veinte y treinta, ¿qué tipo de vinculación se estableció entre la revista y la Asociación?
Rafael Huertas: En efecto, Archivos de Neurobiología se fundó en 1919, aunque el primer número apareció en 1920. En el editorial del primer número se reconoce el magisterio de Cajal, Simarro y Achúcarro, y se resume muy bien el objetivo de la publicación: recoger y difundir las investigaciones de los maestros y de las nuevas generaciones en el ámbito de la neurología y la psiquiatría, así como de la psicología y de las neurociencias básicas (fisiología, histología, etc.), atendiendo, asimismo, a la organización de la asistencia psiquiátrica nacional. Sacristán y Lafora incorporaron a Ortega y Gasset al equipo de dirección de la revista y una amplia nómina de colaboradores, entre los que destacan Ramón y Cajal, Negrín, Marañón, Pío del Río Hortega, Novoa Santos, Sanchís Banús, Villaverde, Prados Such, Garma... Todos ellos, salvo Cajal –cuyo prestigio venía a legitimar la iniciativa de sus discípulos–, habían nacido en las décadas de 1880 y 1890, lo que ha dado pie a considerar la existencia de “la generación de Archivos de Neurobiología”, según expresión propuesta por Diego Gracia hace muchos años (1).
Así pues, cuando la AEN se funda en 1924, Archivos de Neurobiología ya tiene cierta trayectoria inicial. Los responsables de la revista son también socios de la AEN y en la Reunión Nacional de la Asociación, celebrada en Barcelona en 1926, proponen que Archivos se convierta en su órgano de expresión. Así ocurrió, pero la revista y la Asociación siempre mantuvieron independencia jurídica. La revista publicaba actas de los congresos de la AEN y artículos de sus socios, pero sus contenidos y su gestión editorial y de distribución nunca fueron marcados desde la directiva de la AEN, que se limitaba a prestar, en ocasiones, cierta ayuda económica. Tampoco fue exclusiva esta relación, pues los Archivos fueron también el órgano de la Sociedad de Neurología y Psiquiatría de Madrid a partir de su fundación, en 1931, en cuya junta directiva estaban José Miguel Sacristán (presidente), Pío del Río Hortega (vicepresidente) y Dionisio Nieto (secretario). Se trataba, en realidad, de empresas y estrategias diferentes llevadas a cabo por el mismo grupo reducido de médicos y científicos empeñados en la institucionalización de la clínica y la investigación en neuropsiquiatría.
Editores Dosier: ¿Los Archivos siguieron siendo el órgano de expresión de la AEN después de la Guerra Civil?
Rafael Huertas: Tras la Guerra Civil, como se sabe, la AEN se refunda en 1949, bajo la presidencia de Antonio Vallejo Nájera, pero hay que esperar hasta 1953 para que la Dirección General de Prensa del Ministerio de Información y Turismo autorice la reaparición de los Archivos de Neurobiología. Lafora había vuelto de su particular exilio en 1947 y uno de sus primeros empeños fue que la revista se editase de nuevo. Se inicia así una segunda época en la que Lafora estará al frente de la publicación y contará con viejos y nuevos colaboradores, entre los que destacaré, sobre todo, a Diego Gutiérrez. En el IV Congreso de la AEN, celebrado en Madrid en 1954, se acuerda que Archivos vuelva a ser órgano de expresión de la AEN, pero compartiendo dicha función con otras dos revistas psiquiátricas que habían aparecido durante el primer franquismo: Actas Luso-Españolas de Neurología, Psiquiatría y Ciencias Afines, fundada en 1940 y dirigida por López-Ibor, y la Revista de Psiquiatría y Psicología Médica de Europa y América Latina, fundada en 1953 y dirigida por Ramón Sarró. En contrapartida, Archivos fue además órgano de otras dos sociedades médicas: La Sociedad Española de Neurología, fundada en 1949, y la Sociedad de Neuropsiquiatría Infantil, fundada en 1953. Es decir, la relación de Archivos con la AEN no fue en exclusiva ni en un sentido ni en otro. Tras la muerte de Lafora en 1971, la revista siguió publicándose con su hijo, el también psiquiatra Víctor Rodríguez Lafora, como director y Diego Gutiérrez como redactor jefe, pero en los ejemplares de los años setenta, desaparece la referencia a la AEN.
En definitiva, podemos concluir que Archivos de Neurobiología fue, tanto en su primera época como en la segunda, una empresa personal de Lafora y sus colaboradores más directos; que su gestión siempre fue bastante artesanal (la sede de la redacción estaba en el domicilio de su director y hubo numerosos cambios de imprenta) tanto en su edición como en su irregular distribución; que fue órgano de expresión de la AEN (de manera compartida con otras revistas en su segunda época) y de otras sociedades médicas, pero siempre mantuvo una clara independencia jurídica y administrativa de la AEN.
Habrá que esperar a 1980, en un contexto muy diferente, para que los cambios organizativos que se produjeron en el seno de la AEN contemplaran una vocalía de publicaciones en su Junta Directiva, una de cuyas responsabilidades sería editar una nueva revista: la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, cuyo número 0 apareció en 1980.
Editores Dosier: El número 0 de la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría aparece en 1980 y Manuel Desviat, tú fuiste su primer director. Como vocal de publicaciones de la Junta Directiva de la AEN ¿cómo fue la puesta en marcha de la nueva revista?
Manuel Desviat: La Revista de la AEN surge de una necesidad del movimiento de reforma psiquiátrica, por una parte, para dar cuenta de la presencia de este en la sociedad y, por otra, como herramienta de desarrollo teórico y análisis crítico de la realidad, en un momento en el que tanto la Asociación como el conjunto del país está en plena transición de la dictadura. Así lo fue para la Coordinadora desde las primeras hojas semiclandestinas, por medio de “vietnamita” o a ciclostil, cuando se inicia en el Congreso de Málaga en 1971, y lo fue para la refundación de la Asociación, que consolida su presencia pública sanitaria, psiquiátrica y social en el Congreso de 1980, el primero de la nueva AEN-PSM, que da lugar a la dirección de publicaciones y a la aprobación de nuevos estatutos que configuran sus señas de identidad. Qué tipo de revista constituye parte del debate que se produce en torno al xv Congreso y que de alguna manera responde a qué tipo de asociación se quería. La discusión estaba en si la revista debía ser el órgano de expresión de la Junta Directiva o ser un instrumento de los profesionales que pugnaban por impulsar las reformas con suficiente autonomía, y no solo como medio de expresión de la Junta Directiva. Se planteaba, por la dirección y el comité editorial que se presentó a la elección, como una herramienta de debate teórico y estratégico, abierta a las distintas corrientes de la psiquiatría y la psicología y aquellas otras que desde distintos campos (filosofía, antropología, sociología…) contribuyeran a un pensamiento crítico en torno al sufrimiento psíquico, pero también pretendía cumplir los estándares de una revista científica y no ceder ese estatuto a las publicaciones de la psiquiatría oficial heredera del franquismo. Para conciliar ambos posicionamientos se planteó reservar una sección de la Revista para la Junta Directiva (comunicados, actas y actividades de la asociación…). La edición de la Revista y de la colección de libros (iniciada con las ponencias que antes se editaban rudimentariamente para los inscritos en cada congreso) se hace sin financiación de las farmacéuticas, con las cuotas de los asociados a cargo de los ingresos del Congreso y lo obtenido con las ventas en librerías (salvo entre 1990-1993)[2]. La producción de la revista y libros fue cuidadosa con el formato, su diseño y calidad (que se diferenciaba de lo habitual en las revistas biomédicas).
Editores Dosier: ¿Qué línea editorial os planteasteis?, ¿qué importancia te parece que tuvo la Revista como elemento aglutinador de una AEN refundada?
Manuel Desviat: La línea editorial se marca desde el número 0, que viene a rubricar desde los títulos de la portada su vocación de encuentro de escuelas, de acogida a las diversas tendencias de la salud mental; todo ello sobre un andamiaje firme, la defensa de un sistema sanitario público, equitativo y universal y un modelo de salud mental salubrista, desinstitucionalizador y comunitario. Se pretendía conjugar artículos teóricos y clínicos con los informes y documentos que surgieran en la práctica asistencial y en el proceso de reforma. Para alcanzar estos objetivos se establecen una estructura y un equipo de redacción que debate colegiada y presencialmente cada número: editorial, secciones de asistencia, clínica, hemeroteca, entrevistas, debate, informes-documentos, crítica de libros, páginas de la Asociación[3].
Editores Dosier: ¿Cómo te parece que ha evolucionado la Revista desde su fundación hasta el momento actual?
Manuel Desviat: Los números sucesivos evidencian la continua toma de postura en la política sanitaria, la contribución indiscutible a la creación de una nueva salud mental más social y humana, pero también más técnica, reflejo de una asociación que supo intervenir en la arquitectura de un nuevo modelo de psiquiatría, de atención a la salud mental, del pensar sobre el malestar psíquico.
Tras esa etapa de consolidación, donde permanece el mismo equipo hasta el Congreso de 1986, la política editorial se mantiene en las sucesivas directivas, salvo un corto periodo antes mencionado (1990-1993), hasta alcanzar el que será el actual número 145, con los objetivos iniciales de conjugar el pensamiento crítico y la militancia por una salud mental comunitaria en una sanidad pública y universal.
Dan prueba de ello editoriales y artículos críticos con las políticas públicas, que señalan las amenazas del cambio de ciclo económico, la crisis de la socialdemocracia, las medidas privatizadoras, la masiva financiación farmacéutica de la docencia, congresos, publicaciones y la necesidad de avanzar a contracorriente. Un avanzar crítico, en la clínica, en la teoría, en los derechos de los sufridores mentales y en las alianzas que Mikel Munárriz deja muy claro en el editorial de 2016 (2), y que están siendo refrendados en las asambleas de la Asociación y en las páginas de la Revista (3,4,5), con medidas que he expuesto en otro apartado de este dosier.
Editores Dosier: Fernando Colina, fuiste director de publicaciones de la AEN desde 1993 al 2000 y posteriormente de nuevo desde 2006 hasta 2009. ¿Cómo valoras esa etapa de la Revista? ¿Cuáles fueron tus prioridades en cuanto a su línea editorial?, ¿qué novedades te parece oportuno señalar?
Fernando Colina: Resultaron casi once años de trabajo y compromiso directo con la Revista, y quizá fueron demasiados. En la primera época, de 1993 a 2000, mantuvimos el tipo y conseguimos llevar a cabo la idea que unía al Consejo de Redacción. Y digo unía en todo su sentido, pues, sin desestimar las características particulares de cada uno, dominaba una ilusión común. El equipo lo constituíamos Antonio Sáez, Ramón Esteban, José María Álvarez, Mauricio Jalón (artífice de la edición) y yo.
La motivación principal era volver a editar una revista que estuviera más cerca de las ciencias humanas que de las positivas. Durante los últimos años, el contenido y el formato de la Revista se fueron adaptando a los hábitos de las publicaciones médicas y había perdido algo del espíritu inicial que caracterizó su lanzamiento de la mano de Manuel Desviat.
Nosotros apostamos por un texto donde el rigor fuera más importante que los criterios de evidencia tan manoseados por el cientificismo. Estábamos convencidos, en línea con las corrientes epistemológicas más importantes del momento, de que una teoría solo era científica si era falsable y se predisponía a ser sustituida. No necesitábamos de muchas cifras, ni de garantías experimentales, para dar por bueno un artículo.
Por otra parte, aunque no lo confesábamos, no recurríamos a lectores o revisores externos. Su apoyo enlentecía el proceso y no le ahorraba al Consejo de Redacción la evaluación final de la evaluación del lector, así que nos ahorrábamos el paso intermedio.
En esa primera temporada publicamos 29 números, que enriquecimos con una entrevista a alguno de los intelectuales europeos más importantes del momento. Mauricio Jalón guiaba la elección y el proceso. Por allí desfilaron filósofos como Vattimo, Gadamer, Lledó, Remo Bodei o Savater; helenistas como Jean-Pierre Vernant; historiadores como Domínguez Ortiz, Georges Duby, Pitt-Rivers, Giovanni Levi, Roger Chartier, Michelle Perrot, Todorov; antropólogos como Goody o Jean Malaurie.
En la segunda época, de 2006 a 2009, creo que bajó un poco el nivel. Perdimos algo del fuelle y entusiasmo inicial. Modificamos un poco el diseño, incluimos publicidad directa y redujimos la edición a dos números anuales, en vez de los cuatro tradicionales. En total publicamos seis números.
Editores Dosier: Fernando, además de dirigir la Revista, como vocal de publicaciones de la AEN pusiste en marcha varias colecciones (en particular, la serie negra de Historia). ¿Podrías comentar cómo surge esa iniciativa y cómo se va desarrollando?
Fernando Colina: A la dirección de la Revista se sumaba la dirección de publicaciones de la AEN. Comprendía la edición de los “Cuadernos Técnicos” y de la colección “Estudios”. Estos libros no partían de una decisión nuestra, sino que respondían a encargos de la Junta Directiva. Por nuestra parte, tuvimos la iniciativa de poner en marcha la colección de Historia. Teníamos en la cabeza el libro de Robert Burton, Anatomía de la melancolía, y textos como las memorias de Schreber o el caso Wagner. A estos se añadieron otros, llegando a publicar dos libros anuales, hasta completar 28 durante nuestro mandato. Los propiamente psiquiátricos los elegíamos los psiquiatras y psicólogos del Consejo de Redacción, mientras que Mauricio Jalón, diseñador de la colección, proponía textos cultos que habían sido muy importantes en el entorno de la locura: John Donne, Marsilio Ficino, Edgar Zilsel, della Porta, Cicerón, Feuerbach, Raymond Queneau, Diderot, etc.
Merece la pena destacar que durante la primera etapa nadábamos en oro, ya que recibíamos una ayuda de la industria farmacéutica que llegaba a los 63.000 euros anuales, a cambio de 4.000 ejemplares que regalaban a los profesionales de todo el territorio nacional. La AEN, por su parte, hacía lo propio con sus socios. La aportación cubría los gastos y aún sobraba dinero para la propia Asociación. A partir de 2006 se redujo drásticamente la aportación directa de la industria y hubo que recurrir a incluir anuncios en la Revista.
Esta colaboración económica, que entonces no despertaba mucho rechazo bajo la justificación de libertad de contenido, hoy sería imposible, dado lo notoria que ha resultado la influencia negativa de la industria farmacéutica durante las últimas décadas, a la que debemos la imposición de un modelo biológico reduccionista pero hegemónico. Una circunstancia que ha llevado a la Asociación a desvincularse de cualquier patrocinio farmacéutico. Pero, por entonces, embriagados por el dinero y las facilidades editoras, no fuimos conscientes del riesgo, o no quisimos serlo, haciéndonos los tontos o mirando para otro lado. Pensábamos que nosotros arrastraríamos más partidarios a fuerza de cultura que la industria a base de perras. Ingenuidad que no lo era tanto. Merecemos el juicio de la historia por habernos dedicado, bajo tutela, a difundir a capa y espada unos libros de historia. Precisamente de historia.
Editores Dosier: Óscar Martínez Azumendi, fuiste director de la Revista de la AEN durante los años 2009-2015. ¿Cómo valoras tu etapa en la dirección?, ¿qué novedades y con qué dificultades te encontraste en la gestión de la revista?
Óscar M. Azumendi: Hacer una valoración del trabajo realizado resultará mejor dejárselo a otras personas, pero sí puedo decir que me despedí muy satisfecho de la experiencia y, espero, habiendo aportado nuestro pequeño granito de entusiasmo en su historia.
Realmente, cuando asumí la dirección de la Revista de la AEN, esta estaba ya plenamente consolidada, tanto en su funcionamiento como en el reconocimiento externo, con lo que fue relativamente fácil tomar el relevo. Pensando sobre alguna de las “novedades” que me preguntáis, destacaría principalmente el esfuerzo dirigido a adaptar sus contenidos y presentación a los estándares de las publicaciones científicas, buscando hacernos presentes y competir en pie de igualdad con otras revistas del entorno, aumentando su visibilidad y haciéndola más atractiva para otros posibles autores. Todo ello sin descuidar igualmente los aspectos identitarios de la Asociación y de la propia Revista.
Sin querer caer en la minuciosidad, en relación con los aspectos bibliográficos y administrativos, podríamos señalar: 1) la vuelta a una periodicidad trimestral, pasando de dos a cuatro números anuales, para hacer más presente a la AEN entre sus socios/as; 2) la adaptación de los requisitos editoriales a estándares internacionales para su inclusión en diferentes índices y repositorios que facilitaran su visibilidad –además, con la remodelación de la página web y el registro de un dominio propio (www.revistaAEN.es), junto al marcado digital de los artículos publicados en línea, se facilitó su indexación y acceso a diferentes buscadores en Internet–; 3) la exigencia de un mayor rigor con las normas de publicación y extensión de los manuscritos, aspectos que ocasionalmente pudieron no ser bien recibidos por socios que reclamaban una mayor laxitud formal en los requerimientos, pero que favorecieron una mayor participación de autores y variedad temática; 4) la publicación (en octubre de 2010), con ocasión de los 30 años de la Revista, de un índice de autores, artículos y temas durante ese tiempo; 5) y, por último, el mantenimiento de la renuncia a la incorporación de publicidad que ayudara a sufragar los altos costes editoriales (apostamos también por una labor editorial que no supusiera coste alguno a la Asociación más allá de su impresión y distribución, asumiendo todas las tareas editoriales sin recurso a agentes externos remunerados –en este sentido, hay que hacer un reconocimiento especial a Nekane Sagasti, secretaria de redacción, sin cuya generosidad y buen hacer esto no hubiera sido posible–).
En relación con aspectos relativos a los contenidos (temática, cantidad y calidad), destacaríamos: 1) la reestructuración de los contenidos, apostando por la incorporación de otros nuevos, incluso estéticos –además de la recuperación de las “Páginas de la Asociación”, se desarrollaron nuevas secciones, como “Boticarium”, que se ocupaba de aspectos de psicofarmacología crítica, e “Historias con Historia”, y se incluyeron contenidos elaborados por usuarios o familiares–; 2) la incorporación de lectores anónimos ajenos al Comité Editorial (cuyos nombres se hacían públicos anualmente), de esta forma cada trabajo se evaluaba a ciegas por al menos dos lectores; por otro lado, las galeradas eran corregidas por los autores previamente a su publicación; 3) el aumento progresivo en el número de trabajos recibidos, incluso desde Hispanoamérica, pasando de una situación de cierta carestía a tener garantizados los artículos de los próximos números –fue precisamente esa relativa abundancia de trabajos lo que obligó a desestimar muchos de suficiente calidad como para ser rescatados para su publicación en otras cabeceras de ámbito autonómico–.
Editores Dosier: También nos gustaría que hicieras una valoración de las revistas autonómicas y afines, y de su importancia. En las últimas Jornadas Nacionales de la AEN, has coordinado una mesa que se tituló “Periféricas y cercanas. Las otras publicaciones periódicas de la AEN”, en la que participaron Chus Gómez por Siso Saúde, Maite Climent, por el Boletín de la Madrileña, Iñaki Markez por Norte de Salud Mental y Víctor Aparicio por Cuadernos de Psiquiatría Comunitaria. Ante la imposibilidad de convocar a todos en estas páginas, te pedimos a ti una valoración general.
Óscar M. Azumendi: Sí, un título muy acertado para condensar la mesa. Periféricas, en referencia a su carácter aledaño a su hermana mayor, la Revista de la AEN. Y cercanas porque, a pesar de su aparente localismo, esos títulos que citáis siempre han estado en la mente de la totalidad de la Asociación, recogiendo entre sus páginas aportaciones de más allá de sus supuestos límites geográficos. Fue precisamente la paulatina creación de las asociaciones autonómicas, a principios de los 80, lo que posibilitó la aparición de un nuevo abanico de publicaciones, si bien con una historia y propuestas particulares en sus contenidos.
En general, echando la vista atrás, el objetivo de los órganos autonómicos fue principalmente incluir contenidos de carácter informativo, tanto asociativo como de otros temas de actualidad profesional, tanto a nivel autonómico como nacional. Si la publicación de trabajos originales en alguna de ellas pudo despertar dudas ante el riesgo de restar contenidos a su hermana mayor, la Revista de la AEN, o quedar fuera de la órbita de la asociación nacional, pronto fue evidente que la coexistencia de las diferentes cabeceras que se han mantenido hasta hoy no hacía más que enriquecer y reforzar a unas y otras. Se potenciaba así la penetración y divulgación de las formas de hacer y de pensar de la AEN, y, tan importante o más que lo anterior, permitía a muchos de sus socios ver publicados sus trabajos, que de otra forma no hubieran tenido cabida en la Revista de la AEN, aunque solo fuera por las lógicas limitaciones de espacio editorial, como apuntaba antes.
Pero, si bien todas ellas nacieron con indudable entusiasmo, no todas sobrevivieron a sus primeros y tentativos números, habiendo quedado relegadas a un olvido que, como Asociación, no nos podemos permitir, lo que nos lleva al deber de rescatar y digitalizar el mayor número de ejemplares posible para garantizar así su conservación, un objetivo muy acorde con la celebración del Centenario de la AEN. Con ese ánimo, acompañando a las cuatro cabeceras participantes en la mesa, me voy a permitir recordar aquí, quizás descuidando alguna otra que desconozca, todas las publicaciones periódicas que de una forma u otra han tenido que ver con nuestra Asociación.
Hubo publicaciones no específicamente AEN pero muy ligadas a la Asociacióncomo Siso Saúde (1984-2022) y sus predecesoras en Galicia (Entre Nos e Inter Nos, 1980-84). A pesar de la cercanía, Siso Saúde no fue una publicación de la AEN, sino de la Asociación Galega de Salud Mental, hermanada con la AEN y finalmente integrada en esta en 2022. Otra publicación fue GOZE, órgano de la Academia Vasca de Ciencias de la Salud Mental, en cuya segunda época (1997-2000) participa OME-AEN, para finalmente transformarse en Norte de Salud Mental.
Respecto a las publicaciones periódicas de la AEN, el boletín Asociación Española de Neuropsiquiatría (1978-80) fue el predecesor de la revista que hoy conocemos. Entre sus números se aprovechó para publicar también alguno extraordinario (por ejemplo, sobre las Segundas Jornadas Nacionales o el Primer Premio José María Sacristán), y luego la propia Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría.
Por último, las publicaciones AEN autonómicas han sido boletines, generalmente de tipo informativo que no incluían, salvo excepciones, trabajos originales. A pesar del entusiasmo puesto en su nacimiento, la persistencia en el tiempo de la mayoría ha sido limitada. De breve recorrido fueron los boletines de la Asociación Murciana (3 números entre 2001/02) o de la Castellanoleonesa (6 números entre 1992/95); mientras que otros boletines, como los de la Asturiana (27 números entre 1999/2006) y la vasconavarra OME (39 números entre 2002/11), perduraron más, además de editar sus propias revistas. También tuvieron boletines autonómicos las asociaciones Canaria (¿1997-98?) y Andaluza (1998/¿?), esta última ya publicaba también la revista Maristán (13 números entre 1991/99).
Otras con más suerte se han mantenido hasta nuestros días: el Boletín de la Asociación Madrileña de Salud Mental (desde 1980), la asturiana Cuadernos de Psiquiatría Comunitaria (desde 2001) y Norte de Salud Mental (2001, y antes GOZE), dependiente de la vasconavarra OME; a esta última se ha ido sumando la colaboración de un importante número de otras autonómicas.
Editores Dosier: Cambiemos ahora de registro y vayamos de la prensa escrita e impresa a la virtual. En los últimos años, hemos asistido al auge de nuevas formas de comunicación. Aplicaciones tecnológicas como Facebook, Instagram o Twitter, por citar algunas, se han convertido en poderosas herramientas de difusión para la Asociación, permitiendo así llegar a otros sectores poblacionales que, sin estas vías, hubiesen sido más difíciles de alcanzar. Marta Carmona, como exvicesecretaria de la Asociación, ¿en qué medida estimas que la AEN-PSM ha sabido adaptarse a estas nuevas oportunidades de comunicación que han ido surgiendo en nuestra sociedad?
Marta Carmona: En relación con la adaptación a las nuevas formas de comunicación, creo que desde la AEN se ha hecho un esfuerzo notable, pero aún distamos mucho de tener una comunicación actualizada al mundo contemporáneo. Uno de los elementos más significativos del funcionamiento de la información hoy en día es que cada vez se deposita menos el grueso de la comunicación exclusivamente en la palabra escrita, al haber ido tomando cada vez más peso la comunicación audiovisual. Aunque las instituciones públicas y algunos otros organismos (como nosotros) sigan produciendo fundamentalmente PDFs larguísimos y de legibilidad dudosa, la mayoría de los medios de comunicación e incluso las personas en su día a día recurren cada vez más a imágenes y a vídeos cortos, al menos como apoyo a los textos, si no como forma fundamental de comunicación. Desde los memes, a los vídeos-burbuja en plataformas de mensajería como Telegram o WhatsApp a Gifs y stickers como forma de reaccionar… El uso grácil y espontáneo de imágenes ahora mismo es hegemónico. No solo en la comunicación informal. Hoy en día, TikTok es el buscador de referencia para cualquier tipo de uso para los menores de 25 años, por encima de agregadores de búsqueda como Google.
Este fenómeno se asienta en varios motivos, empezando por el hecho de que los agregadores funcionan cada vez peor, pues ofrecen unos resultados de mucha peor calidad que hace una década, siendo también muy significativo que el uso reiterado de estrategias en general poco éticas y nada transparentes de SEO (Search Engine Optimization) ha viciado mucho el funcionamiento de dichos buscadores. Pero no solo es la decadencia progresiva de los agregadores lo significativo, sino también el formato de resultados: cada vez más jóvenes escogen formatos de comunicación mucho más apoyados en la imagen y menos en documentos de texto largos. La AEN ha hecho un esfuerzo importante (tanto a nivel estatal como en las autonómicas) de comenzar hace unos años a grabar la actividad de jornadas y congresos, buscando preservar toda esa actividad, y contamos con un fondo documental audiovisual razonablemente bueno. Sin embargo, el formato de conferencias enteras subidas a plataformas de vídeo como YouTube o de podcasts como iVoox (donde pueden encontrarse bastantes actividades de la Asociación, curiosamente subidas ahí por usuarios y no por la propia Asociación) no es el más favorable a la comunicación contemporánea, o al menos no el más accesible.
Por otra parte, el contenido de las diferentes publicaciones de la AEN, tanto las revistas como los libros digitales, contienen una información valiosísima, tanto por la calidad de su contenido como por el hecho en sí de capturar la evolución histórica de la visión profesional de la salud mental. Sin embargo, el habernos mantenido tan apegados a formatos vetustos, emulando las publicaciones académicas, o el hecho de que formatos algo más modernos hayan quedado enterrados en entradas antiguas de una web mil veces remendada, dificultan enormemente el acceso a toda esa información.
Editores Dosier: ¿Crees que la utilización de estas redes sociales ha permitido a la Asociación aumentar su visibilidad y conseguir un mayor impacto social?
Marta Carmona: El grueso de medios de comunicación, agentes sociales, etc. está ya apoyándose fundamentalmente en información basada en “perlas comunicativas”, consistentes en vídeos cortos en los que se trasladan una o dos ideas fundamentales con las que llegar al público diana, que, si se siente interpelado, ya accede a formatos más largos de imagen o a textos. La AEN no ha hecho todo ese trabajo de selección y filtrado de ideas para hacerlas accesibles, por lo que la mayoría de las personas a las que podría interesar nuestro contenido no van ni siquiera a conocer que existe, en particular, la gente más joven, que recurre fundamentalmente a esa dinámica de información. Esto aboca inexorablemente a una brecha cada vez mayor, en la que acceder a nuestro contenido puede acabar implicando no ya un sesgo de selección importante respecto a quien sabe que tiene que buscarnos, como ya pasa ahora, sino también que para conseguir acceder a nuestras joyas ocultas haya casi que tener vocación de documentalista. Todo sea dicho, las causas fundamentales de esta enorme brecha no tienen tanto que ver con acciones u omisiones de la AEN a este respecto –ya que, repito, se ha puesto bastante empeño en esta tarea en los últimos años–, sino a que el mundo ha cambiado mucho comunicativamente en estos veinte años y la difusión de contenido (desde el más académico al puro entretenimiento) se ha profesionalizado enormemente, sin que la AEN haya tenido ni recursos para profesionalizar esa área ni energías para solventarla de otro modo, al tener muchos otros frentes que cubrir.
Pese a esta brecha, sí es muy significativo que haya habido un aumento de uso muy importante de redes por parte de la Asociación (estatal y autonómicas), que está mucho más presente que hace unos años, en especial en la red Twitter, cuyo valor comunicativo fundamental actual es alcanzar a periodistas (la dinámica de la red hace unos años la hacía muy propensa al intercambio de ideas, debate y producción de discurso in situ, pero la proliferación de bots, la evolución del algoritmo y la sucesiva creación de cámaras de eco han limitado mucho la efectividad de esa difusión), algo en lo que la AEN ha mejorado mucho de unos años a esta parte, así como en la red LinkedIn, cuyos usuarios tienen un perfil técnico bastante filtrado que hace que nuestra (aún relativa) obsolescencia de formatos sea menos perjudicial. El uso de Instagram actual de la AEN y las autonómicas que la usan todavía funciona más como una “red de proximidad”, para gente que ya conoce a la Asociación, y no como medio de difusión de contenidos a través de reels (que ahora mismo es el interés fundamental de esa red) aunque en un futuro puede ser prometedor.
En suma, creo que, pese a los muchos esfuerzos y mejoras en esta línea en los últimos quince años por parte de la AEN, seguimos muy por detrás de un mundo que avanza mucho más rápido que nosotros. Que las generaciones más jóvenes puedan acceder a todo el conocimiento que acumula la AEN en diferentes formatos es algo muy deseable y todo paso encaminado a esa dirección será útil y fructífero.
Editores Dosier: Olga Villasante, tú eres la actual directora de la Revista de la AEN. En una época como la actual, de grandes novedades tecnológicas y de cambios socioculturales importantes, ¿cuáles son los principales retos a los que te has tenido que enfrentar?
Olga Villasante: Cuando me hice cargo de la Dirección de Publicaciones asumí un reto del que probablemente no era del todo consciente. Primero, porque pensaba que el trabajo fundamental era la revista y, si bien ocupa probablemente más de la mitad de mi trabajo, el área de las Publicaciones es una tarea compleja y presenta dificultades significativas, sobre todo, en las decisiones a tomar. De hecho, antes de hacerme cargo de la Dirección, había asistido a algunas asambleas como la de Córdoba, en la que se plantearon cuestiones polémicas con la elección de los libros que la AEN-PSM publica.
Por una parte, la editorial cuenta con la ya mencionada y muy valorada colección de Historia, que acumula 31 títulos no solo de autores clásicos como Burton (6), Schreber (7) o Haslam (8), sino también de historiadores actuales como Peset (9). Esta colección, muy apreciada entre determinados círculos intelectuales, ha contado durante muchos años con el apoyo de la industria farmacéutica para la edición, la impresión y distribución de los libros, convirtiéndolo en un artículo de lujo para la Asociación. Sin duda, son joyas editoriales que es difícil mantener con la independencia de la industria farmacéutica, ya que el coste de las traducciones y el trabajo editorial es muy elevado. Dados los ajustes económicos que nos hemos visto forzados a hacer en la actual Junta, la frecuencia de edición de estos se ha ralentizado, ya que gran parte de los títulos responden a gustos reducidos a “bibliófilos”, como algunas voces han apuntado, pero, desafortunadamente, no atraen a la mayoría de las personas socias. Aun así, no hemos dado por finalizada la colección, ya que este año va a publicarse la traducción Sobre la fuga de ideas, de L. Binswanger, que cuenta con una financiación, ajena a la industria farmacéutica, gestionada por Enric Novella.
Por otra parte, hay personas, grupos o secciones que envían textos para ser publicados, como es el caso de las ponencias o comunicaciones resultado de diferentes Jornadas. A veces son textos desiguales en contenido y calidad, pero son el fruto del trabajo de personas socias y, por tanto, interesan a un grupo numeroso de estas, que pujan por su publicación. Este hecho nos hace considerarlos merecedores de edición (mayoritariamente en versiones digitales), a pesar de las críticas de algunos sectores de la Asociación por su modesta difusión fuera del ámbito asociativo. En la colección de Estudios, como novedad, se ha publicado en el año 2023 la traducción Una introducción directa al Marco de Poder, Amenaza y Significado, de Boyle y Johnstone (10), con una pequeña tirada en papel, y, ante el gran éxito, se ha realizado una reimpresión.
En cualquier caso y teniendo en cuenta estas reflexiones, no hay que olvidar que somos una editorial pequeña y modesta, por eso decidir los libros a publicar es una compleja decisión en la que chocan diferentes intereses de las personas socias.
Editores Dosier: ¿Qué novedades se han introducido durante tu gestión?
Olga Villasante: Seguramente la más importante y, por otra parte, la que personalmente me ha generado más incomodidades el final de la impresión en papel de la Revista de la AEN. Los que me conocen saben que soy una persona básicamente “analógica”, por lo que este debate fue llevado a la Asamblea de las Jornadas Estatales de Segovia (2023) no como un planteamiento personal, sino como una responsabilidad de la Junta que implicaba ahorro económico, un deber ecológico y más ajustado a los nuevos estándares de comunicación y una alternativa al grave problema de almacenamiento en la sede.
Por otra parte, hemos mejorado la página web para aumentar la accesibilidad y visibilidad de la Revista en internet, contribuyendo a la ciencia en abierto, de modo que no exigimos un pago para publicar. Un aspecto muy significativo es la elaboración de un código ético (accesible en la página en español e inglés) y una mayor paridad en el consejo editorial. Me gustaría reseñar la recuperación, a petición de la Asamblea de Barcelona, de la sección “Páginas de la Asociación” y la posibilidad de dar cabida a opiniones o debates de cuestiones actuales relevantes para las personas socias, como la sección de “Perspectivas actuales”o“Cartas a la Dirección”.
Editores Dosier: ¿Qué fortalezas y debilidades crees que tiene en la actualidad la Revista?
Olga Villasante: La principal fortaleza de la Revista, a mi parecer, es la longevidad. No es fácil que una revista de una asociación, sin apoyo de la industria farmacéutica, ni del mundo académico u otra organización científica de carácter público, se haya publicado durante más de 40 años sin interrupción. No hay que olvidar que, aunque actualmente se cuenta con personal contratado, como nuestra editora, Rebeca García Nieto, una parte significativa del trabajo de publicaciones se ha realizado de forma totalmente voluntaria por los diferentes equipos de Juntas previas, a quienes quiero agradecer su dedicación. Este trabajo altruista, mantenido en el tiempo, ha llevado a la Revista de la AEN a estar comprometida con la ciencia en abierto y mantener una publicación de acceso libre que no genera coste ni a quien escribe ni a quien lee.
Quizá la mayor debilidad, pero no hay que olvidar que algunas personas socias lo ven como una fortaleza, es que la Revista no tiene índice de impacto. Esta apuesta también ha generado controversia dentro de la Asociación, que se debate entre dos polos: una revista con mayor impacto para que los y las autoras puedan engrosar sus currículum o una revista que mantenga la esencia de la Asociación y sea asequible para socios y socias que no pueden publicar en revistas más exigentes o de alto impacto, difíciles de alcanzar para la mayor parte, que nos dedicamos mayoritariamente a la clínica, no a la investigación.
Editores Dosier: Por último, Olga, nos gustaría saber cómo ves su futuro.
Olga Villasante: El futuro no es fácil, porque no podemos olvidar que la comunicación, también de la ciencia, va por otros caminos y otras vías que, muchas veces, no son las revistas profesionales. Además, es difícil encontrar profesionales que se comprometan en el mundo asociativo, como hemos visto en algunas autonomías y en la sucesión de las diversas Juntas. Mi deseo, sin duda, es que la Revista se mantenga y, por ello, hago una llamada a esas generaciones jóvenes que valoren la Revista como un verdadero órgano de expresión de la Asociación y, por tanto, imprescindible para nuestro futuro y pervivencia.
Bibliografía
(1) Gracia D. Medio siglo de psiquiatría española: 1885-1936. Cuadernos de Historia de la Medicina Española 1971; 10: 305-309.
(2) Munárriz M. Cambio de régimen, cambio de paradigma. Rev Asoc Esp Neuropsiq. 2016; 36(130): 293-296.
(3) Desviat M. La AEN y la atención a la salud mental en la Europa de Maastricht. Editorial. Rev Asoc Esp Neuropsiq. 1997; 17(61): 3-7.
(4) Desviat M. Salud pública y psiquiatría. Rev Asoc Esp Neuropsiq. 2001; 21(77): 125-33.
(5) Alonso Suárez M, Levav I, Desviat M, Saraceno B. Jornada sobre modelos y estrategias en salud mental. Rev Asoc Esp Neuropsiq. 2009; 29: 229–51.
(6) Burton R. Anatomía de la melancolía. Madrid: AEN, 1997.
(7) Schreber DP. Sucesos memorables de un enfermo de los nervios. Madrid: AEN, 2003.
(8) Haslam J. Ilustraciones de la locura. Madrid: AEN, 2020.
(9) Peset JL. Las melancolías de Sancho: Humores y pasiones entre Huarte y Pinel. Madrid: AEN, 2010.
(10) Boyle M, Johnstone L. Una introducción directa al Marco de Poder, Amenaza y Significado: Una alternativa al diagnóstico psiquiátrico. Madrid: AEN, 2023.
Notas