Crítica de libros
El fascinante viaje de Solms: neurociencia de la experiencia subjetiva
The Fascinating Journey of Solms: Neuroscience of Subjective Experience

| Solms Mark. El manantial oculto. Un viaje a la fuente de la conciencia.. 2024. Madrid. Capitán Swing. 407pp.. 978-84-127799-4-3 |
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MARK SOLMS ES UN NEUROPSICOANALISTA SUDAFRICANO destacado por su investigación sobre la conciencia y los mecanismos cerebrales del sueño. Tras formarse en neuropsicología en Ciudad del Cabo, se psicoanalizó, buscando integrar la experiencia subjetiva en la neurociencia. Fue influenciado por Jaak Panksepp y su enfoque sobre los sistemas emocionales primarios en el tronco encefálico. Fundó la Sociedad Internacional de Neuropsicoanálisis y aboga por una neurociencia que valore la experiencia subjetiva. Sus investigaciones han impactado en áreas como la psicopatología, la teoría del sueño y la comprensión de los procesos mentales básicos.
Su último libro, El manantial oculto, es un relato personal, científico y filosófico que busca desentrañar el misterio de la experiencia subjetiva, no desde la corteza cerebral (como dictan las convenciones), sino desde las regiones más primitivas del cerebro: el tronco encefálico. Con una prosa lírica y una curiosidad insaciable que en ocasiones recuerda a Oliver Sacks, Solms nos guía a través de su trayectoria personal: desde el impactante recuerdo del traumatismo cerebral que sufrió su hermano Lee, los tempranos encuentros con pacientes neurológicos graves y sus colaboraciones con gigantes de la neurociencia como Jaak Panksepp y Karl Friston hasta su incursión a contracorriente en el psicoanálisis. A lo largo del camino, cuestiona dogmas arraigados, desafía las fronteras entre la neurología, la psiquiatría, la psicología y el psicoanálisis, y propone una nueva visión de la conciencia como una propiedad fundamental arraigada en la necesidad de los organismos de mantener su homeostasis.
El manantial oculto representa, en cierta manera, un retorno al Proyecto de una psicología para neurólogos de Sigmund Freud (1), una obra que Solms considera esencial para comprender la arquitectura de la mente. A diferencia de muchos neurocientíficos cognitivos que ven a Freud como un anticuado charlatán, Solms argumenta que el fundador del psicoanálisis intuyó la importancia de las emociones y la necesidad de un marco teórico que vincule la experiencia subjetiva con la biología. Reivindica, dicho con sus palabras, “entender en qué consiste, en términos biológicos, nuestra existencia como sujetos”. Solms, sin embargo, critica la idea de Freud de que la conciencia reside en la corteza cerebral. Basándose en estudios de pacientes con lesiones en el tronco encefálico, así como en investigaciones pioneras de Jaak Panksepp sobre los sistemas emocionales primarios (2), Solms argumenta que la conciencia surge de las profundidades del cerebro, ese “manantial oculto” donde se regulan las necesidades básicas y se generan las emociones fundamentales.
Uno de los aspectos más innovadores del libro es la integración del principio de la energía libre de Karl Friston en la teoría de la conciencia (3). Friston, influenciado por la obra de Helmholtz sobre la inferencia inconsciente, ha desarrollado un marco matemático que describe cómo los sistemas autoorganizados, como el cerebro, minimizan la “sorpresa” o la incertidumbre sobre su entorno. Solms argumenta que la conciencia surge como una forma de “sentiencia activa”, un proceso mediante el cual el cerebro evalúa y modula sus propias predicciones para mantener la homeostasis. En este modelo, los sentimientos no son meros epifenómenos de la actividad cerebral, sino señales intrínsecas que guían la acción y la percepción. Finalmente, tras ser pasados por alto por los conductistas y desacreditados por los cognitivistas, los afectos se convierten, en este nuevo paradigma neurocientífico, en la piedra angular del fenómeno de la conciencia.
A lo largo de su obra, Solms articula una crítica mordaz y sistemática a la visión predominante en la neurociencia cognitiva, aquella que sitúa a la corteza cerebral como el epicentro de la conciencia. No se trata de una negación de la importancia de la corteza, sino de una reevaluación de su papel, despojándola de su estatus de “órgano de la mente” para reubicarla en una arquitectura cerebral más amplia y jerárquica. El autor cita casos de pacientes con lesiones en el tronco encefálico que conllevan una supresión completa de la conciencia, incluso en ausencia de daño cortical significativo. Además, Solms denuncia la tendencia a confundir la correlación entre la actividad cortical y la experiencia consciente con una relación causal. El hecho de que ciertas áreas corticales se activen durante la percepción no implica que sean la fuente de la experiencia en sí misma. En este punto, el autor coincide con Joseph E. LeDoux, al poner en duda la conexión entre los qualia y la corteza. Solms critica la idea de que las áreas subcorticales, como el tronco encefálico, son meras estructuras vegetativas, desprovistas de contenido mental. Argumenta que estas regiones son cruciales para la regulación de las necesidades básicas y la generación de emociones, las cuales proporcionan el sustrato motivacional para la acción y la cognición. El autor apela al papel de la homeóstasis en el sistema nervioso y al “estado extendido” de Barrett para desmentir este mito (4). Denuncia que el corticocentrismo tiende a favorecer el estudio de las funciones sensoriales y cognitivas en detrimento de las emociones. Influenciado por el trabajo de Panksepp, defiende la primacía de las emociones como organizadores de la experiencia y como impulsores de la conducta. La conciencia, según Solms, no es un invento reciente de la corteza, sino una propiedad fundamental que se ha ido refinando a lo largo de la evolución.
Autores como Anil Seth y António Damásio han argumentado que la conciencia surge de la interacción compleja entre el cerebro, el cuerpo y el entorno. En particular, la obra de Damásio sobre los sentimientos y la homeostasis ha allanado el camino para la teoría de Solms. Damásio ha demostrado que las emociones no son simplemente respuestas irracionales, sino procesos fundamentales para la toma de decisiones, la cognición social y la autoconciencia, tal como ha relatado en obras indispensables como El error de Descartes (5), En busca de Spinoza (6) o La sensación de lo que ocurre (7).
Si bien El manantial oculto ofrece una perspectiva provocadora y coherente sobre la conciencia, Solms reconoce que su viaje está lejos de ser completo. Él mismo dice: “Quizá sean dichas respuestas tales que echen por tierra nuestro artificial edificio de hipótesis”. Las preguntas sobre la naturaleza de los qualia, la relación entre la experiencia subjetiva y la realidad física, y la posibilidad de la conciencia artificial (según el autor, sí se puede construir “un sistema autoevidenciable artificialmente consciente” a través de la IA) siguen siendo objeto de debate y especulación. Sin embargo, al igual que Sacks, Solms cree que es nuestro deber, como científicos y como seres humanos, abordar estas cuestiones con humildad, rigor y una profunda apreciación por la complejidad del misterio que intentamos resolver.
En resumen, El manantial oculto es una obra imprescindible para cualquier persona interesada en el estudio de la conciencia. Escrito con pasión, erudición y una honestidad intelectual refrescante, este libro nos invita a repensar nuestras suposiciones más arraigadas sobre la naturaleza de la mente y a explorar las profundidades inexploradas de la experiencia subjetiva. Como afirmaría el propio Solms, citando a Charcot: “La teoría es buena, pero no impide que las cosas existan”, por lo que este nuevo abordaje a la neurociencia de la consciencia no invalida todos los abordajes previos, sino que los enriquece.
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