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La revolución pendiente del psicoanálisis
Luis Aragón González
Luis Aragón González
La revolución pendiente del psicoanálisis
The Pending Revolution of Psychoanalysis
Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, vol. 45, núm. 148, pp. 333-338, 2025
Asociación Española de Neuropsiquiatría
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Crítica de Libros

La revolución pendiente del psicoanálisis

The Pending Revolution of Psychoanalysis

Luis Aragón González
UNED, España
Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, vol. 45, núm. 148, pp. 333-338, 2025
Asociación Española de Neuropsiquiatría
Preciado Paul B.. Yo soy el monstruo que os habla. Informe para una academia de psicoanalistas.. 2020. Barcelona, España. Anagrama. 105pp.. 978-84-339-1643-3

PAUL B. PRECIADO, FILÓSOFO TRANS Y COMISARIO DE ARTE, alumno de Derrida, destacado teórico de los estudios de género y del movimiento queer, aunque más tarde recelará de la deriva mercantilista de este término al considerar que habría perdido su original potencial subversivo; activista en favor de los derechos de las minorías y director del documental Orlando, mi biografía estrenado en 2023, pronunció el 17 de noviembre de 2019 una conferencia en la École de la Cause freudienne en París ante un auditorio compuesto por 3500 psicoanalistas. Su intervención no dejó indiferente a los asistentes. Mientras unos, escandalizados por el ataque inmisericorde a las bases del psicoanálisis, abucheaban al ponente, otros rompían en aplausos. La división se había operado en la familia psicoanalítica. La guerra estaba declarada. Las grabaciones que con los teléfonos móviles se hicieron de algunas de las partes de la intervención pronto se colgaron en internet. Con el fin de centrar el debate y poner a disposición del público el texto íntegro de la conferencia, que por falta de tiempo no pudo ser leído en su totalidad, vio la luz este libro, publicado inicialmente en francés y posteriormente traducido al castellano. Paul B. Preciado, que se autodefine como un “cuerpo vivo de género no-binario” (p. 21), nace mujer y desde el 16 de noviembre de 2016 es reconocido legalmente como hombre.

Yo soy el monstruo que os habla es de la primera a la última página un ajuste de cuentas contra el psicoanálisis desde una perspectiva doble: biográfico-personal y teórica. Paul B. Preciado, que durante 17 años fue paciente de diversas orientaciones psicoanalíticas, denuncia el carácter normalizador que desempeña la doctrina de Freud y Lacan de aquellas identidades divergentes o disidentes de la matriz heterosexual; dirige sus críticas a una comprensión de la psique que estigmatiza a los individuos cuyo deseo escapa a la horma de la heterosexualidad como orientación sexual correcta, y echa en cara al psicoanálisis que se haya posicionado del lado de los victimarios y no de las víctimas. El autor señala que la explicación del psiquismo de Freud es contemporánea de la aparición de las nociones heterosexualidad/normalidad y homosexualidad/desviación de modo que la superación del paradigma de la diferencia sexual que está en ciernes afectará a la misma supervivencia del saber psicoanalítico.

Si el psicoanálisis se ha aliado con el régimen de la diferencia sexual, Preciado relata cómo su resistencia al aplastamiento de su voluntad y deseo de vivir fuera del molde de la diferencia sexual se produjo por una doble vía. De una parte, los libros le adentraron en territorios entonces ignotos y le ofrecieron una salida a la heterosexualidad normativa. El cuerpo lesbiano de Monique Wittig (1); El deseo homosexual de Guy Hocquenghem (2); En mi cuarto de Guillaume Dustan (3); la obra de Judith Butler, a quien dedica el texto que recensionamos, Donna Haraway o Jack Halberstam le ayudaron a no sucumbir al poder normalizador que ejerce la sociedad binaria. De otra parte, la administración de la hormona de la testosterona le llevó a iniciar un camino de transición a la transexualidad, el cual, a pesar de lo que defienden la extrema derecha y la izquierda pusilánime, así como el saber psiquiátrico y psicoanalítico, no es irreversible. Bastaría con dejar de hormonarse para que se borraran sus efectos corporales. La crónica de la aplicación de la testosterona en gel en la piel la publica en una obra anterior, Testo yonqui (4), en la que la reflexión filosófica alterna con la narración autobiográfica. En este texto introduce el concepto filosófico de potentia gaudendi, fuerza orgásmica o capacidad de excitación de un cuerpo. Paul B. Preciado, a través de su escritura, ha hecho de su vida como sujeto trans un espectáculo público; ha convertido su cuerpo y su transformación personal en una permanente sala de exposiciones.

Empieza Yo soy el monstruo que os habla recordando un relato de Kafka, “Informe para una academia”, en el que su protagonista, un simio llamado Pedro el Rojo, traído en barco de África a Europa, se dirige a la comunidad científica en su idioma. Como ese mono que se ha visto obligado a aprender a hablar para hacerse entender, Paul B. Preciado, en un gesto similar al del primate, habría estudiado las obras de Freud y de Lacan, y durante años habría sido objeto de análisis por distintos psicoanalistas; ese monstruo, al que el psicoanálisis habría diagnosticado de enfermo mental, disfórico de género o sencillamente anormal, toma la palabra para denunciar la connivencia de la doctrina psicoanalítica con los discursos tránsfobos. La psiquiatría y el psicoanálisis demonizan la transexualidad por la resistencia de esta a acomodarse al esquema masculino/femenino, que, más que ser una distinción natural, nos recuerda Preciado, se trata de una oposición naturalizada. La masculinidad y la feminidad son construcciones sociales, consolidadas por medio de la repetición, hasta crearse la ilusión de tener un origen natural. El psicoanálisis, en vez de cuestionar el modelo del binarismo sexual, ha optado por arrojar al cubo de la enfermedad aquellas variantes de deseos que no se acoplan en esta epistemología: la psicoanalista Catherine Millot describe en 1983 el cuerpo trans como grotesco y monstruoso; Janine Chasseguet-Smirgel interpreta la transexualidad como consecuencia de un resolución insatisfactoria del complejo de Edipo o Colette Chiland, por su parte, presenta en 2005 a los sujetos transexuales como enfermos. La lista de autores que hacen de la transexualidad una enfermedad no termina en los anteriores y Preciado alude al psiquiatra alemán del siglo xix Krafft-Ebing, conocido por establecer un catálogo médico de las perversiones, que conceptualiza a la persona transexual como paranoica; o Cauldwell, quien habla abiertamente de psicópata transexual; el psicólogo John Money considera a los transexuales como enfermos de la identidad de género y en 1973 Norman Fisk introduce el diagnóstico de “disforia de género” para describir el carácter patológico de la transexualidad.

En Yo soy el monstruo que os habla, Preciado lanza sus dardos no hacia una cuestión periférica o anecdótica de la doctrina psicoanalítica, sino al corazón mismo del psicoanálisis, como es la diferencia sexual. Con la crítica de la lógica binaria de los cuerpos desestabiliza los mismos fundamentos de la obra de Freud y de Lacan. A partir de la noción de la epistemología de la diferencia sexual, cobra sentido el conjunto de los conceptos que organiza el andamiaje teórico de la cura psicoanalítica como el complejo de Edipo y el de castración, la envidia del pene, las fases del recorrido de la libido, la homosexualidad, heterosexualidad, la histeria, el masoquismo o la perversión.

El establecimiento de la diferencia sexual hombre/mujer genera violencia y sometimiento de una de las partes sobre la otra, como denuncia el feminismo. Pero, además, el esquema de la diferencia sexual es violento en sí mismo por todo lo que deja fuera, por aquellas realidades vitales que expulsa al cesto de lo enfermizo, anormal y monstruoso. El cuerpo transexual es lo otro del binarismo sexual, aquel que no tiene lugar en la ley, que vive sin papeles y queda indocumentado. El transexual, por desafiar el molde masculino/femenino, se mueve en la marginación. En este sentido, Preciado valora los cambios legislativos que reconocen la existencia de cuerpos no binarios hasta ahora silenciados y juzgados subalternos. Mientras que Alemania introduce la noción de un tercer sexo, Holanda suprime la inscripción masculino/femenino del documento de identidad. Podríamos incluir en estas modificaciones legales la ley de 2023 en España, que autoriza el cambio oficial registral de la identidad de género.

Por otro lado, tres son las ideas que expone el autor en este libro esperando que se inicie un debate entre los psicoanalistas.

En primer lugar, la epistemología de la diferencia sexual de que se nutre el psicoanálisis es histórica, está fechada en un tiempo y sujeta a unos condicionantes determinados. Estamos ante un sistema histórico de instituciones y discursos que jerarquiza a los seres y moviliza los criterios natural/contra natura, verdadero/falso. Para comprender la función de la diferencia sexual, Preciado recurre al término paradigma de Kuhn, desarrollado en La estructura de las revoluciones científicas(5), que tanto éxito tuvo en el ámbito de la filosofía de la ciencia, y que es retomado por Bruno Latour. Un paradigma funciona como una pista que permite el aterrizaje de unos hechos y no de otros. De otro lado, un paradigma es compartido por una comunidad social a pesar de que siempre se encuentre con hechos de experiencia que no logre explicar.

Dicho lo cual, el modelo de la diferencia sexual funciona a partir del siglo xviii. A lo largo de la Edad Media impera una epistemología monosexual, lo que significa que solo existe lo masculino. La mujer no tiene entidad política y anatómica.

En segundo lugar, la epistemología binaria entra en crisis desde la Segunda Guerra Mundial. La politización y organización de aquellos colectivos, como el movimiento trans, que habían sido arrinconados y despreciados; la despatologización de la homosexualidad y el empuje del feminismo, unido a los avances científicos en el terreno de la endocrinología que hacen imposible la asignación binaria; todo ello habría ido poniendo en cuestión el marco de la diferencia sexual en el que trabaja y se mueve el psicoanálisis. Ejemplos del abandono progresivo e imparable del paradigma del binarismo sexual serían, por un lado, la Organización Mundial de la Salud y su concepción del género como una construcción social, y las reivindicaciones del colectivo intersexual enfocadas en terminar con las operaciones quirúrgicas de mutilación genital en los recién nacidos según estándares impuestos por la ciencia médica con el único objetivo de legitimar la diferencia sexual.

En tercer lugar, en este naciente contexto cultural y político, otro marco epistemológico se requiere para dar razón de la multiplicidad de formas de vida. Como leemos en Testo yonqui: “No hay dos sexos, sino una multiplicidad de configuraciones genéticas, hormonales, cromosómicas, genitales, sexuales y sensuales. No hay verdad del género, de lo masculino y de lo femenino, fuera de un conjunto de ficciones culturales normativas” (4). Paul B. Preciado invita a los psicoanalistas a construir un psicoanálisis por venir, el cual, en vez de apuntalar el dogma del binarismo sexual, destine sus energías a su desmantelamiento y se abra a la escucha de quienes desafían la diferencia sexual. El movimiento feminista, el activismo queer, en resumen, la suma de identidades no normativas reclaman su derecho como sujetos políticos soberanos. No podemos movernos con el mapa que nos proporciona las coordenadas de la diferencia sexual que ha servido para excluir, perseguir y demonizar toda sexualidad no binaria. En este horizonte cultural el psicoanálisis se ve en la encrucijada de perpetuar sus viejos esquemas de pensamiento o, en cambio, reinventarse y atender las demandas de cuantos habrían sido silenciados; de lo contrario, quedará como una práctica anacrónica, el testimonio de una época superada, una reliquia para estudiosos del pasado. O el psicoanálisis se desbinariza e inicia un proceso de autocrítica, o no romperá su complicidad con las políticas normalizadoras, excluyentes y violentas, corolario de la epistemología de la diferencia sexual. No haremos justicia a la riqueza y pluralidad de cuerpos mientras sigamos encerrados en los barrotes del binarismo sexual. Patológicas no son las prácticas u orientaciones que se apartan del esquema que establece una causalidad entre sexo anatómico (genitales), género (apariencia) y sexualidad (normal/perversa), sino, antes bien, son los discursos normalizadores, como el psicoanálisis, que se afanan en mantener ese marco secuencial, los que son nocivos.

Yo soy el monstruo que os habla es un texto controvertido, llamado a despertar en la institución psicoanalítica una profunda revisión de sus fundamentos teóricos si aspira a dar voz a aquellos cuerpos que no encajan en el canon de la diferencia sexual. De que lo logre dependerá, en opinión de su autor, que el psicoanálisis refuerce las políticas que excluyen toda identidad disidente o, por el contrario, que se ponga al servicio de los subalternos, desamparados y excluidos del orden heteropatriarcal.

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Bibliografía
(1) Wittig M. El cuerpo lesbiano. Valencia: Pre-textos, 2021.
(2) Hocquenghem G. El deseo homosexual. Santa Cruz de Tenerife: Melusina, 2009.
(3) Dustan G. En mi cuarto. Barcelona: Mondadori, 1999.
(4) Preciado B. Testo yonqui. Madrid: Espasa, 2008.
(5) Kuhn T. La estructura de las revoluciones científicas. México: Fondo de Cultura Económica, 1972.
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