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Sistematizar para disputar: la política educativa como campo de conocimiento y de poder
Rubí Surema Peniche Cetzal
Rubí Surema Peniche Cetzal
Sistematizar para disputar: la política educativa como campo de conocimiento y de poder
Systematize to Contest: Educational Policy as a Field of Knowledge and Power
Systématiser pour disputer : la politique éducative comme champ de connaissance et de pouvoir
Sistematizar para disputar: a política educacional como campo de conhecimento e de poder
Revista Latinoamericana de Estudios Educativos (México), vol. LV, núm. 2, pp. 1-8, 2025
Universidad Iberoamericana, Ciudad de México
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Sistematizar para disputar: la política educativa como campo de conocimiento y de poder

Systematize to Contest: Educational Policy as a Field of Knowledge and Power

Systématiser pour disputer : la politique éducative comme champ de connaissance et de pouvoir

Sistematizar para disputar: a política educacional como campo de conhecimento e de poder

Rubí Surema Peniche Cetzal
Universidad Autónoma de Baja California, México
Revista Latinoamericana de Estudios Educativos (México), vol. LV, núm. 2, pp. 1-8, 2025
Universidad Iberoamericana, Ciudad de México

Málaga, S. G. (Coord.) (2024). Política y políticas educativas. La producción científica a debate. Área temática 10. Volumen 11. México: Consejo Mexicano de Investigación Educativa (Comie), 526 pp. ISBN: 978-607-7923-46-6




Los estados del conocimiento representan una herramienta fundamental para el análisis y la comprensión de la evolución del saber en distintas áreas académicas. En el campo de la educación, estas revisiones sistemáticas hacen posible identificar tendencias, vacíos y oportunidades de investigación, lo que facilita la toma de decisiones informadas en el diseño de políticas públicas. De igual manera permiten sistematizar la producción académica de un periodo determinado, proporcionando una visión integral sobre los avances, debates y lagunas en una disciplina. En el caso de la educación, esta sistematización es clave para comprender cómo han evolucionado los enfoques teóricos, metodológicos y empíricos en la investigación educativa. Además, estos estudios ayudan a detectar temas emergentes y consolidar el diálogo entre académicos, formuladores de políticas y actores educativos.

El Comie ha desarrollado una labor destacada en la realización de estados del conocimiento en educación desde su fundación en 1993. A lo largo de tres décadas, ha impulsado la revisión y análisis de las principales tendencias en investigación educativa en México, lo que ha permitido reunir y sistematizar valiosas y abundantes fuentes de conocimiento sobre los alcances, retos y oportunidades del sistema educativo, en sus distintos tipos y niveles. A la fecha se han desarrollado cuatro entregas de estados del conocimiento, los cuales constituyen una base sólida para la toma de decisiones en diferentes ámbitos de la educación. En estos dos últimos años se han presentado algunos estados del conocimiento de la revisión 2012 al 2021.

En ese contexto, el volumen Política y políticas educativas. La producción científica a debate, coordinado por Sergio Gerardo Malaga Villegas y publicado en 2024 como parte de la cuarta entrega de estados del conocimiento del Comie, representa un ejercicio denso, provocador y urgente. No se trata sólo de registrar la producción académica sobre política educativa entre 2012 y 2021, sino de interrogar críticamente el lugar de esa producción en la configuración del campo. La pregunta que atraviesa sus páginas no es nada más “qué sabemos”, sino “cómo se ha producido ese saber”, “desde qué lugares” y “con qué efectos”.

La política educativa como campo en disputa

Una de las principales virtudes del libro es que no se limita a comprender las políticas educativas como productos técnicos, sino que las ubica como objetos complejos, conflictivos y profundamente ideológicos. Esto es congruente con una línea de trabajo que la Revista Latinoamericana de Estudios Educativos (RLEE) ha sostenido con fuerza desde los años ochenta, cuando comenzó a problematizar la relación entre el Estado, el conocimiento pedagógico y las reformas educativas. En efecto, la política educativa ha sido analizada por diferentes revistas académicas interesadas en la investigación educativa, como un campo atravesado por intereses y proyectos en contienda, donde actores diversos –estatales, académicos, sindicales, internacionales– se disputan por el sentido de la escuela y del derecho a la educación.

En consonancia con esta tradición crítica, el volumen coordinado por Malaga plantea que las políticas educativas no pueden ser explicadas sólo desde sus textos normativos o sus mecanismos de implementación. Requieren ser entendidas desde sus condiciones de producción, las relaciones de poder que las atraviesan y los imaginarios que las sostienen. Esta mirada no es nueva, pero sí es notable que un estado del conocimiento –un ejercicio por definición ordenado, clasificador, sistemático– asuma con tanta claridad esta perspectiva política y epistémica.

El resultado es un análisis que, si bien sistematiza líneas de investigación, también desmonta ciertas certezas. Por ejemplo, el volumen muestra cómo ha predominado una lectura tecnocrática de la política educativa en buena parte de la literatura, en especial en lo relativo a evaluación, planeación y gestión. Al mismo tiempo, señala el crecimiento de enfoques críticos, constructivistas o decoloniales que intentan romper con esa hegemonía. El libro del Comie contribuye a profundizar en el debate entre paradigmas –técnico-instrumental vs. político-crítico.

Entre sistematización y reflexión crítica

El valor de un estado del conocimiento no radica únicamente en el número de textos revisados ni en la taxonomía de temas que logra construir. Lo que distingue a un buen estudio de este tipo –y este libro lo es– es su capacidad para interrogar a la producción académica en sus fundamentos: qué se investiga, qué se omite, desde qué enfoques y con qué fines. En un momento histórico donde las políticas educativas están en constante transformación, esta publicación emerge como una contribución fundamental para comprender las dificultades de relación entre la investigación y la toma de decisiones en el sector educativo.

La obra plantea, por ejemplo, que buena parte de los trabajos sobre política educativa siguen anclados en un modelo de racionalidad instrumental, donde las políticas son entendidas como soluciones técnicas a problemas definidos por los gobiernos. Este hallazgo no es menor, sobre todo si se considera que entre 2012 y 2021 México atravesó procesos de reforma educativa con fuerte carga política: desde la reforma de corte gerencialista y evaluadora del sexenio peñanietista, hasta la contrarreforma de carácter populista de la administración lopezobradorista. En ambos casos, las políticas no fueron meras herramientas neutras, sino expresiones de proyectos políticos antagónicos. Y, sin embargo, como sugiere el libro, una parte importante de la producción académica no logró desentrañar esas lógicas, ni ofrecer categorías robustas para analizarlas.

Aquí reside uno de los aportes centrales del volumen: su invitación a repensar los marcos epistemológicos con los que se estudia la política educativa. En lugar de reproducir una lógica acumulativa –más datos, más estudios, más tópicos–, propone una lógica reflexiva: revisar los lentes con los que se ha construido el conocimiento, reconocer sus límites y ensayar nuevos modos de pensar. Este giro metacognitivo lo acerca a otras experiencias analíticas, en particular las que problematizan la noción misma de “incidencia” de la investigación educativa, y que demandan una mayor politicidad del trabajo académico.

Limitaciones y tensiones

Por supuesto, el libro no está exento de tensiones. Una de ellas tiene que ver con la dificultad de traducir el enfoque crítico en propuestas analíticas más arriesgadas. Aunque se reconoce la diversidad de enfoques que confluyen en el campo, el volumen tiende a privilegiar la organización temática por encima del análisis transversal. Esto lleva a que ciertas categorías –como gobernanza, agencia, disputa, subjetivación o colonialidad– aparezcan de manera fragmentada, sin un hilo analítico más sólido que las articule. En ese sentido, el esfuerzo por visibilizar enfoques críticos convive con una estructura general que aún conserva cierto formato clasificatorio.

Aunque la publicación presenta un análisis detallado de las políticas educativas, en algunos capítulos la información puede resultar densa para lectores sin formación especializada en investigación educativa. Además, si bien se ofrecen críticas fundamentadas sobre las políticas implementadas, en ciertos casos se echa en falta una mayor exploración de alternativas viables y propuestas concretas para la mejora del sistema educativo.

Asimismo, aun cuando la obra reconoce las dificultades para articular la investigación con la formulación de políticas, podría profundizar en estrategias concretas para mejorar este vínculo. En un contexto donde las decisiones políticas a menudo se basan en intereses económicos o ideológicos, es fundamental proponer mecanismos eficaces para garantizar que la evidencia científica tenga un mayor peso en el diseño de políticas públicas.

Otro límite importante es la escasa problematización sobre las condiciones institucionales que restringen el diálogo entre conocimiento e intervención pública. Si bien el libro reconoce que las decisiones políticas rara vez se fundamentan en evidencia, y que la investigación no siempre incide en la formulación de políticas, no termina de proponer rutas para mejorar esa articulación. En contextos como el actual, donde la evidencia es con frecuencia descalificada por su origen académico o ideológico, es urgente pensar mecanismos institucionales e intermedios que fortalezcan ese vínculo.

Igualmente, cabe mencionar que el enfoque crítico del texto se sostiene más en la voluntad analítica de sus autores que en una apuesta metodológica compartida. Es decir, por más que todos los capítulos adoptan una mirada crítica, no siempre comparten un marco teórico o una lectura común sobre el campo. Esto puede ser visto como una fortaleza –la pluralidad es real– pero también como un límite –la discusión epistémica podría haberse llevado más lejos­.

Una contribución necesaria

A pesar de estas tensiones, el libro constituye una aportación fundamental al estudio de la política educativa en México. Su riqueza analítica, su mirada crítica y su voluntad de problematizar la propia producción de conocimiento lo convierten en una lectura indispensable para académicos, estudiantes, docentes y tomadores de decisiones. Más aún: representa una oportunidad para reactivar un debate sostenido por décadas, pero que requiere nuevos insumos frente a los desafíos contemporáneos.

Diversas publicaciones académicas que abordan temas de investigación educativa han documentado y promovido una comprensión crítica del vínculo entre Estado, conocimiento y educación. Esto abre un espacio para pensar la educación como un derecho, pero también como un campo de disputa. En ese marco, el libro dialoga de manera directa con esa tradición, al proponer que la política educativa no puede pensarse sin atender a sus fundamentos epistémicos, a sus disputas internas, y a los efectos que produce en la vida de las personas.

Por ello, esta obra no sólo aporta al campo académico. También interpela a quienes hacemos investigación educativa: ¿desde dónde producimos conocimiento?, ¿para quién?, ¿con qué fines? En un contexto donde la producción científica está en riesgo de ser marginada del debate público, las respuestas a estas preguntas resultan más urgentes que nunca.

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