Miscelánea

Lo personal en lo educativo

The personal into the educative

Vania Borbar
Universidad de Barcelona, España
Asunción López
Universidad de Barcelona, España

Lo personal en lo educativo

Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, vol. 34, núm. 1, pp. 227-242, 2020

Universidad de Zaragoza

Resumen: El texto que presentamos nace de la inquietud por las posibles relaciones entre lo subjetivo y lo social. Más concretamente, a las que se trenzan en los contextos educativos. Proponemos, a partir de nuestra experiencia en las escuelas, re-pensar de otro modo lo personal en lo educativo y ofrecer un posible camino en la formación de educadores/as. La escuela, los centros educativos pueden ser lugares en los que se aprende a ser y a convivir, un tiempo suspendido de la aceleración cotidiana, un mundo en el que se genere confianza y apertura para entrar en relación con la cultura como elemento constitutivo y en el que cada uno/a se la apropie para que esta relación sea fértil. Intentamos provocar un movimiento dentro/fuera, buscando situaciones que posibiliten a los estudiantes descubrirse a sí mismos/as y en su relación con el saber, que nace del encuentro con su propia experiencia y con los sentidos educativos que abre. La indagación narrativa nos va a permitir hacer de esos pasajes vitales, pasajes de experiencia y finalmente pasajes formativos que nos lleven a elaborar sentidos personales del oficio de educar. Indagación que no se refiere a contar, sino a profundizar en los sentidos que se abren, haciendo crecer la realidad interior y exterior. Un movimiento que invita a re- plantearse, pero ya no desde algo que acaba, sino desde una nueva forma de ser y estar con sí mismo/a y con lo educativo, un ejercicio de reflexividad constante que nace sin un espíritu mortal.

Palabras clave: Subjetividad, Experiencia, Relación educativa, Formación de educadores/as, Indagación narrativa.

Abstract: This text that we are introducing to you, is born from the concern of the possible relationships between the subjective and the social. Concretely, of those who are braid in educational contexts. From our experience at schools, we propose another way to re-think the personal into the educative and offer a possible path in the Training of Educators. The school, the educational centers could be places where to learn and live together, a suspended-time from the daily rush, a world which generates trust and openness in order to enter in the relationship with the culture as a constitutive element and which everyone can appropriate it in order to become a fertile relationship. We try to provoke an inside-outside movement, looking for situations that allow the students to find themselves and their personal relationship with knowledge, a movement which is born from the meeting with their own experience and with the educational meanings that it opens. The narrative inquiry allows us to make those vital passages into experience passages and, finally, educational passages that lead us to elaborate personal meanings of the craft of educating. Inquiry that is not about telling, but deepen the meanings that open, making inside and outside reality grow. A movement which invites to re-think- self, not from something that ends but starts about to be with yourself and with the educative, a exercise of constant reflexivity which is born without a mortal spirit.

Keywords: Subjectivity, Experience, Educational relationship, Training of educators, Narrative inquiry.

¿Qué es lo personal en educación?

En el umbral: “Quien no conoce nada, no ama nada. La afirmación de la vida, felicidad y libertad propia está arraigada en la propia capacidad de amar. Esto es, en el cuidado, el respeto, la responsabilidad y el conocimiento.” (Winnicot, 1986, p. 30)

Cada curso, cuando los estudiantes llegan al ciclo universitario, les pedimos que recuerden experiencias que les han dejado huella en un sentido abierto y amplio. Muchos de ellos y ellas se refieren a desencuentros que tuvieron entre su vida personal y las exigencias escolares y /o sociales en un sentido más amplio. Concretamente, que no sintieron ni vivieron ningún espacio en el que tuvieran la posibilidad de comentar cuestiones para ellos y ellas trascendentales como, por ejemplo, la muerte de un familiar tan cercano como la madre o haber sufrido experiencias de “rechazo” u otras experiencias dolorosas. No encontrar las palabras para expresar cuestiones vitales hace daño y no encontrar la escucha para pronunciarlas hace que este abismo se vaya haciendo intransitable.

Esto nos lleva a una serie de reflexiones que podemos englobar en esta pregunta: ¿Qué vida se vive hoy? En los tiempos que corren –tiempos muy acelerados– parece que estamos desposeídos de subjetividad. La conciencia de la vida que vivimos es un sentimiento que hoy pocas personas tienen, no por una carencia propia sino por las condiciones de nuestros contextos cotidianos. La experiencia de sí –es decir, ese sentimiento de que algo de ti y del mundo se entrelaza, de forma que sientes que formas parte de algo más amplio, pero que a la vez, tú estás aportando algo propio– da sentido a una vida creativa. Sin embargo, la vida de hoy tiende a la repetición y genera numerosas crisis personales cuando no se cumple con lo que se espera. Es como la expectativa que tendría un sujeto aislado, omnipotente, que no reconociera pérdidas ni dudas. Y de allí surgen personas centradas en sí mismas y que niegan toda vulnerabilidad y fragilidad.

Lo que a la vez sucede en una sociedad con grandes desigualdades y precariedad, la que no solo es económica, sino también subjetiva y deja a las personas jóvenes en un estado de desamparo y falta de recursos para las relaciones y el reconocimiento de su propia experiencia vivida. Nos lleva a compararnos con modelos inalcanzables. Esta forzada negación de la incompletud, ese continuo requerimiento de “felicidad” sin límites, nos están haciendo mucho daño. Nos deja en un estado de impotencia (“es lo que hay”, frase ya célebre), con poco espacio para ser, para elaborar lo que acontece y nos acontece. Para responsabilizarnos de nuestras vidas. Ser conscientes de lo que está en nuestra mano y lo que se puede vivir en relación y haciendo comunidad.

En palabras de Biesta (2017):

Asumir el riesgo, mantenerse abiertos para que el acontecimiento de la subjetividad pueda surgir, es, no obstante, un gesto creativo y un gesto de creación, aunque en el sentido frágil y existencial en el que se trae el ser a la vida –una vida compartida con otros en receptividad y responsabilidad. (p. 42)

Es que responsabilizarse de uno mismo y de sus decisiones es un riesgo que muchas veces no se quiere correr; a corto plazo creemos que es mejor adaptarse.

En diferentes escuelas hemos podido vivir que es fundamental la presencia de la maestra/o que acoge la vida, que no se desborda con los acontecimientos que suceden y nos suceden en el aula. Esta presencia –con las relaciones que genera– permite crear lazos con la cultura, con la palabra y con las y los demás, al favorecer las mediaciones educativas que posibilitan esos lazos. Y es que la escuela es la conexión de dos mundos. Por una parte, la escuela es parte de una cultura y está al servicio de trascenderla, cuestionarla y volver a re-construirla. Por otra parte, cada criatura llega a la escuela con su propio mundo. Así, será en este espacio en el que se puedan pensar y cuestionar esos mundos, creando –o no– otros nuevos en relación a lo subjetivo, lo común y lo cultural. Sin embargo, para que se produzca esta conexión es necesario que la figura de la maestra/o sea testimonio de una

presencia de humanidad que se funde en una vulnerabilidad solidaria. Y que cada criatura pueda realizar su propio camino entre lo singular y lo común, teniendo como orientación el bienestar relacional. Es decir, sintiéndose y formando parte de una comunidad.

Cuando una de las maestras con las que hemos colaborado en un proyecto anterior conversaba con las criaturas acerca de cuestiones que les hacían estar bien en el aula, una de ellos comentó: “Nos hace crecer por dentro” (López, 2017, p. 119). Y ante nuestra expresión de interrogación, niñas y niños, nos fueron aclarando esta cuestión:

Pensamos en lo que nos pasa. También fuera del colegio. Nos ayudas a poner palabras para explicar lo que nos pasa… A veces no encontramos la palabra y tú nos das una “palabra pista”. […] Xus nos hace pensar en cómo nos sentimos por dentro. (López, 2017, p. 120)

Con estas palabras tan lúcidas y sentidas de las criaturas, emerge ese “pensar en grande” (Piussi, 2017, p. 15) con el que expresan la relevancia de elaborar ese espacio interior desde el que relacionarse con el mundo.

Esta y otras experiencias nos han llevado a darnos cuenta de que como maestras no se trata de dar respuestas, ni interpretaciones, sino de buscar las mediaciones que ayudan a reconocerse a uno/a misma y a los otros. Hacer crecer el mundo interior y exterior, junto a ir abriendo nuevas posibilidades. Ayudarles a desplazarse en la relación con el saber y consigo mismos. No se trata solo de lo especial que hay que hacer con cada criatura, sino de lo especial que puede suceder en la vida en comunidad, de lo especial que es el espacio y el vínculo educativo y la relación con las otras criaturas.

Cuando la maestra/o es una presencia que contiene y acompaña con sentido educativo, abre un espacio para ser . una invitación a entrar en relación con el saber. Reconoce a cada criatura con su historia, respeta los tiempos subjetivos necesarios para estar presente, permite su propio modo de fluir y favorece que cada una encuentre un modo de elaborar su intimidad y de compartir. La experiencia de sí no queda así disociada en dos mundos: lo subjetivo/familiar y lo cultural/social, sino que una membrana porosa permite conectarlos.

Sabemos que es necesario para el crecimiento como persona vivir el espacio educativo como un espacio en el que sentirse seguro, protegido, acogido. El acompañamiento en las instituciones educativas entre lo singular y lo común favorece en las personas una experiencia de sí en relación a los otros y lo otro (saberes). Sentirse parte de una comunidad es vital para las experiencias humanas. Dicho de otro modo, ser sujeto de la propia vida, atravesando la experiencia de crear un lugar en la escuela desde el que cada criatura se relacione y se le reconozca como competente para crear recursos y ser parte activa de lo que allí sucede. Desde esta perspectiva emerge una cultura relacional que es fundamental para la vida. Una cultura relacional que reconozca la singularidad de cada criatura y que no fuerce ritmos y experiencias desde una perspectiva institucional. Habitar un espacio es

diferente de forzar unos hábitos o valores de convivencia.

Con esta mirada al ámbito educativo no estamos negando la importancia de la colaboración de otros profesionales. Aunque pensar en lo educativo nos llevaría a re-definir lo terapéutico, porque está demasiado vinculado a problemas personales, o “patologías individuales”(muchas veces, reflejo de tensiones culturales y sociales).En el ámbito educativo, lo terapéutico no es lo que se busca, pero el acompañamiento en ese tránsito entre lo personal y el saber ayuda a cada criatura en el itinerario de ambos mundos y es una oportunidad única para vivir y vivir-se desde nuevas experiencias, personales y relacionales.

Todas estas experiencias y las reflexiones que emergen de ellas nos interpelan como formadores de futuros maestros y maestras y nos lleva a preguntarnos ¿Qué ocurre con el deseo del profesor-a? En las experiencias vividas en el aula universitaria pareciera que las alumnas y alumnos hubieran olvidado casi su infancia y su adolescencia, quizás porque no han tenido la posibilidad de reflexionar sobre la verdad de su propia historia.

Así con la pregunta: ¿Si el profesorado tuviera una visión de sus experiencias en la infancia y en su trayecto de vida, y una elaboración educativa de los sentidos que abrieron esas experiencias vinculadas a su lugar como maestra/o, se abrirían nuevos sentidos en su tarea con las criaturas?, hemos trenzado esta experiencia formativa inspirada en la indagación narrativa. Concebimos al educador/a como narrador/a que plantea algo atravesado por su propia experiencia, que deja huella, y toca algo de cada subjetividad pues permite reflexionar (Tres Borja, 2012, p. 78).

Para que el profesorado sienta el deseo de crear mundos pensamos que un nudo importante es crear espacios para la subjetivación personal y social en sus procesos de formación. Para que alguien pueda reconocer a otro en sus fragilidades y potencialidades, es preciso que se reconozca a sí misma/o.

¿Qué ocurre con el profesorado que ha olvidado su historia? No querer “saber” de la realidad interior, vinculada a la subjetividad y al origen de nuestros deseos, suele ir parejo con no querer saber de la realidad exterior. Cuestión que encontramos a menudo en las criaturas, pero desgraciadamente también en las personas adultas que están ahí para acompañarlas y que muchas veces no se colocan de un modo que ayude a crecer en la relación educativa.

Los saberes relacionales forman parte de la cultura y en la educación son primordiales. La sensibilidad educativa no es algo dado, sino algo con lo que trabajar constantemente. Pareciera que las cuestiones personales exceden la enseñanza, pero la cultura entendida como hecho vital y relacional puede ayudar a reparar esa escisión.

El pensar narrativo: La poética de la educación

Como formadoras que investigan e investigadoras que enseñamos, nuestro deseo ha sido proporcionar modos de saber relacionales más allá de

lo técnico y disciplinar, hacer del aula universitaria un espacio de encuentro, para elaborar un itinerario fértil entre lo que pasa y lo que nos pasa, en la relación con los otros y con el saber.

La perspectiva narrativa es un enfoque que nos va a dar la posibilidad de compartir historias que son portadoras de esos sentidos que cada uno elabora; permitirnos profundizar en la relación experiencia-saber, tanto en la investigación como en la formación. Es un modo de insertarnos en la relación mundo interior-mundo exterior que llamamos experiencia de sí. Elaborar este sentido subjetivo –sentido que es original para cada uno–, este lazo con la cultura que nos da un lugar en el mundo, significa una conexión entre la propia experiencia y el saber. Porque el saber es una creación de cada uno. Solamente si uno puede decir algo distinto, se hace posible transformar el conocimiento transmitido en saber original y creativo. Elaborar ese sentido subjetivo tiene que ver con la relación, porque elaboramos la imagen de nosotros mismos a partir de la mediación de distintos referentes familiares, escolares en las situaciones que vivimos, pero no tomamos conciencia de ello. Se necesita de esa escucha que veíamos al comienzo, sentirse, escuchado, tirar del hilo de la vivencia para dar sentidos a la experiencia y reflexionar con ella.

La experiencia de sí emerge cuando encontramos las palabras para narrar y elaborar nuestras vivencias, de modo que podamos transitar desde lo subjetivo a los sentidos educativos que se abren en este proceso de autoconocimiento.

Somos contadores de historias en tanto el lenguaje es lo que nos explica y explica el mundo, constituyéndonos como sujetos en relación. Este enfoque epistemológico nos conforma como parte de la vida y la palabra. Y desde nuestra singularidad transitamos hacia lo común, sin perder el sentido de lo singular, pero ampliándolo, compartiéndolo o diferenciándose de la palabra del otro. En un movimiento constante pegado al acontecimiento. Por tanto, los tránsitos no son lineales, sino con una dinámica constante dentro-fuera.

Nos acercamos a la palabra, desde nuestra experiencia de ir al encuentro de otras voces, en el aula, en experiencias materializadas que otros nos cuentan, en la lectura de textos, en un proceso de búsqueda de los sentidos educativos, a veces frágiles, otras ocultos, pero en los que siempre reside la posibilidad de decir y decir-nos.

La conversación, como la trabaja Maturana (2018), es el eje en el que cada uno y cada una se toma la libertad de entrar en juego. Para ello, es necesario comprometerse con la propia palabra, diferenciar entre dar la opinión y entrar en juego, estirar del hilo y no quedarse en lo anecdótico. Y, por supuesto, con la escritura y la lectura, que son elementos que nutren y descubren nuevos sentidos a la conversación.

Para ello cuidamos el espacio. Un espacio habitable, en el que cada una y cada uno se sienta cómodo, pero a la vez en confianza y respeto. Un tiempo para re-pensarnos, un tiempo subjetivo, en el que no se mercantiliza ni instrumentaliza la vida, se favorecen las relaciones y la relación con la

cultura. Un tiempo de pararse para estar atenta…

Hemos formulado el sentido de la pregunta de este modo: ¿Qué te dice a ti con tu historia, tus búsquedas, afectos, referentes, el sentido de ser maestra o maestro? Este es el proceso de indagación, que el propio sujeto abre cuando tiene esa oportunidad. Y en él, aparecen logros, pero también sinsabores, dificultades en ese camino de elaboración siempre abierto y no determinado.

Una propuesta formativa de indagación narrativa: de lo personal a lo educativo

Nuestra propuesta formativa explora la posibilidad de anudar la relación de los futuros/as educadores/as consigo mismos/as, con los otros y con el saber, de tal manera que la vivencia del día a día de las clases se convierta en un entretejido que hile experiencia, sentir y pensar.

La indagación narrativa parte de pasajes vitales, para transformarlos en pasajes de experiencia y en pasajes formativos que llevan a explorar y elaborar sentidos educativos. El foco en la experiencia puede estar vinculado a la propia, a la de otros en el aula, a profesionales del campo educativo, y otros materiales como películas, documentales etc. Nos proponemos desencadenar un proceso que rompa la dicotomía teoría- practica , sentir- pensar, generando un pensar CON, que tiene como núcleo la relación experiencia –saber, un pensar pegado al acontecimiento que huye tanto del discurso descontextualizado como de la descripción banal. Un proceso que requiere de entrar en juego en primera persona, para pensar y pensar-se con otros y otras y elaborar puentes con los saberes. Un proceso que conecta el conocimiento de si, con el pensar en comunidad y por tanto desplazarse del punto de partida para ampliarlo y/o enriquecerlo.

“Hemos indagado en el alma de los recuerdos” como comentaba una alumna y hemos visto que lo que tenemos en común es lo frágil y lo humano. No se trata solo de entrar en juego con las vivencias y experiencias del pasado, sino también del presente, entre lo que pasa y nos pasa dentro y fuera del aula. Nuestra mediación trata de generar pasajes para la toma de conciencia de los propios sentidos nacidos de las vivencias y experiencias personales. Y para ello, acompañamos el tránsito entre esa experiencia más existencial para ir caminando hacia sentidos educativos personales y compartidos.

Cabe mencionar que este escrito se basa en el desarrollo de distintas materias: dos, de la primera etapa de la formación inicial de Educación Infantil y Educación Primaria; otra del último año de Educación Social; y una de máster. Son asignaturas que parecen diferentes entre sí tanto por su lugar en la formación como por los contenidos, pero nuestro deseo es contar de qué manera ese tránsito de lo personal a lo educativo está siempre en movimiento, que las distintas asignaturas tienen un núcleo epistémico común –la relación educativa– que se apoya en la subjetividad y la alteridad.

Luego, cómo se verá en algunos testimonios, cada asignatura elabora la trama de forma acorde con el marco de la materia. Una alumna relata así el proceso vivido:

Siento que la combinación entre el poder PENSAR sobre lecturas, documentales, testimonios y videos inspiradores, así como a partir del SENTIR, de la EXPERIENCIA, de lo que cada una trae consigo, ha hecho que el espacio fuera muy fértil. Valorando lo que cada una trae y aportando “materiales” para abrir la mirada, el pensamiento y el corazón. Siento que hemos ido adentrándonos en lo que significa ser mujer y ser hombre, en las relaciones que se establecen en el patriarcado, en las formas de vivirnos (y las maneras de hacerlo), en las desigualdades, las luchas y resistencias, en el papel del amor en todo esto, en la fragilidad y la fortaleza, en los lazos con la educación, en la centralidad de la vida y su cuidado, en las tensiones entre lo personal y lo político… contando con referentes mujeres, mirando nuestra historia, escuchando a otras… (Estudiante 1 de Educación Social)

Fijamos unas condiciones en los inicios y recordarlas cuando lo que nos sucede nos lleva a perdernos, creemos que puede ayudarles a re-escribir su historia, a entender y entender-se en ese nuevo espacio que ofrecemos. Porque la libertad no se enseña, se practica, pero eso también tiene su propio proceso y asusta. Estar en un lugar, el aula, donde no hay respuestas únicas ni exigencias externas del tipo al que están acostumbrados, puede llevarles a perderse. Por eso quizás es necesaria esta labor de contención y ayudarles a la toma de conciencia del nuevo espacio de relación que estamos creando entre todas y todos. Y es que si no hay consentimiento por su parte, somos rectas paralelas que no se encuentran.

Por ello buscamos unas reflexiones iniciales alrededor de estas preguntas, que pueden ser en forma directa o con otras materializaciones como talleres, con el sentido de que empiecen a conectarse consigo mismas/mismos, y a abandonar discursos prefabricados.

Para conseguir el clima adecuado en el aula que comentaba al inicio de este escrito, empezamos desarrollando una actividad de reflexión personal. Las preguntas que se nos presentan son las siguientes:

¿Quién soy yo? ¿Quién o qué soy yo para el otro […])? ¿Quién me gustaría ser? (Estudiante 2 de Educación Social)

El aula entonces es un lugar de encuentro también con la indagación narrativa. Se puede comenzar haciendo alusión a una película, a un texto o a un documento que pueda abrir el desarrollo reflexivo en clave narrativa. La elección de las situaciones formativas se va sucediendo con materiales acordes con el tejido que se va elaborando, co-componiendo historias que nos tocan desde la experiencia encarnada.

En las primeras sesiones realizamos una secuencia de talleres que nos proponían cuestionarnos quién somos, quién hemos sido, cómo nos han moldeado las experiencias de nuestro pasado y cómo podemos gestionar la influencia que tienen nuestra mirada y palabra como maestras.

(Estudiante 1 de Educación Infantil)

Es muy complejo trasmitir en un texto de forma lineal, el clima, las emociones y los pensamientos que nacieron, pues estos están siempre en movimiento. Por eso vamos a dar algunas pinceladas junto a algunos testimonios que nos ayuden a acercarnos con sus palabras.

Un espacio acogedor en el que pensar es clave en el momento de proponer compartir y pensar con la experiencia. Para esto, la invitación a ese modo de estar nace de un deseo genuino de escucha que trascienda a cada quien, un clima de acogida a cada voz que integre los diferentes pensares y sentires en torno a lo educativo, respetuoso de los movimientos personales y de todos y todas como grupo.

Un espacio acogedor en el que pensar, leer, interrogarnos, sentir, dejarnos tocar y transformarnos. Un espacio que se ha construido con todas, con cada una de las compañeras. Un espacio que no podría haber sido sin la implicación de todas y sin la apertura y convicción de las profesoras de querer abrir un espacio así. (Estudiante 1 de Educación Social)

Un espacio que, a pesar de ser motivado por un fin académico, se vuelva un lugar de encuentro entre las voces participantes, en el que el fluir de las ideas compartidas dé cuerpo a una reflexión subjetiva y conjunta sobre la vida y, por supuesto, sobre lo educativo. Así, para que las voces respondan a una apuesta coral, en las primeras sesiones les proponemos algunas indicaciones para que vayan componiendo relatos de su historia. “Lejos de tratarse de un espacio de queja, estas clases se han convertido en un lugar de reflexión, crítica y compartir.”(Estudiante 2 de Educación Social)

La conversación se vuelve un elemento que ayuda para profundizar la relación entre lo singular y lo común. Entendemos la conversación en un sentido real y metafórico, como una forma de estar, ser y constituirse como sujetos desde sí y en relación con otros. Esta reflexión compartida posibilita generar pensamientos educativos. En otras palabras y atendiendo a la singularidad del encuentro, se está construyendo un saber compartido único. Esta alumna explica de este modo como ha descubierto la vinculación experiencia–saber:

Ya antes de cursar género me consideraba una mujer feminista, pero el transcurso de este tiempo, y la oportunidad que he tenido de escuchar y leer a mujeres que han hecho de sus realidades teorías, o que simplemente han decidido no callar por conseguir un cambio propio y de las demás, me ha hecho entrar en horizontes que antes desconocía e ignoraba por completo. Sumado a ello, no únicamente creo pertinente agradecer las palabras de estas mujeres, sino que también veo necesario reconocer el hilo de voz que hemos ido generando en clase. (Estudiante 3 de Educación Social)

Ese hilo de voz señala ese pasaje entre pensar singular y común, que se encuentra atravesado de aquellos postulados culturales elegidos para promover este movimiento interno, individual y colectivo, que invite a re-pensar y re-sentir aquellas ideas construidas anteriormente y que traiga nuevos ecos a la conversación, abriéndose a la novedad de la creación dialogada.

Esta asignatura ha sido una revolución. Cada clase ha roto mis esquemas, el escuchar a mis compañeras ha sido una de las cosas más bonitas que me han ocurrido en los 4 años de carrera, hemos creado un espacio cubierto de confianza y respeto, nos hemos apoyado en nuestras conversaciones y hemos aprendido muchísimo. (Estudiante 4 de Educación Social)

La palabra es una de las principales formas de construcción de discursos y el compromiso con la misma es aquello que genera movimiento. Poner palabras al sentir y pensar insta a cuestionar aquello que realmente se quiere expresar y a la escucha de otros y otras; re-mueve la relación con el propio yo, interpelando cada ser y estar con eso que pasa y nos pasa en y con cada experiencia.

Poner palabra implica siempre abrir un tiempo para sentir(se), para recordar (en el puro sentido de volver a pasar por el corazón) y para buscar con humildad las palabras adecuadas que puedan acercarse a lo que una quiere expresar. Poner palabra con otras genera transformaciones, encuentros y desencuentros, escucha, conversación y ponerse en movimiento. (Estudiante 1 de Educación Social)

Así, la palabra regala la posibilidad de traer a la conciencia el discurso íntimo que acompaña al que se explicita, una conciencia reflexiva que abra un movimiento interior que conecte la propia historia con el pensamiento.

Partir de nosotras para hablar, para conversar, para abrirnos a la experiencia de lo que fuera a suceder. La invitación a exponernos a que algo nos pasara, compartiendo con voz propia y desde la experiencia de cada una. Pasar de lo teórico y “generalizable” (lo que pasa), a lo concreto, personal y subjetivo (lo que nos pasa). (Estudiante 1 de Educación Social)

Consideramos en este compartir las luces y las sombras que nos acompañan. Esas sombras que nos llevan a ahondar en aquellas experiencias que capturan lo profundo de cada quien. Situaciones que quedaron grabadas en la retina por el motivo que sea y que nos mueven a replanteárnoslas una y otra vez.

El objetivo no es demostrar quiénes somos, sino los agujeros que tenemos. Esos vacíos que nos llevan a pensar de otro modo, de otros modos, que nuestra voz no sea una voz del ego, sino que trate de captar lo que ocurre, lo real, “la verdad”. Los relatos de experiencia te llevan a la esencia de ti mismo, promueven un proceso de transformación de ti mismo, un poder ser de otro modo, pensar desde otro sitio. (Estudiante 1 de Máster)

Con esto, más allá de un compartir experiencias, se invita a una reflexividad en torno a lo educativo, con la vida de por medio, con el corazón y la carne puestas en juego. Un volver a pensar y sentir que inste a otra

forma de ser y estar en educación; que preste atención a lo que cada experiencia puede dar de sí –como saber y posibilidad de transformación constante– atendiendo a ese movimiento interno que genera el encuentro de voces en torno a algo.

El relato se vuelve una exposición, pero, a su vez, en una manera de re- pensar y re-sentir ese discurso que se está transmitiendo y, así mismo, una posibilidad de traslación de eso que hasta ese momento te ha acompañado de ese modo. (Estudiante 2 de Máster)

El encuentro con la propia historia, -con la miel y los sinsabores que pueda poseer la misma-, genera una reflexión con la posibilidad de abrir esos discursos previamente construidos a nuevas palabras, a nuevos asuntos con los que pensar y a re-crear la propia subjetividad.

Debo decir que no ha habido sesión en la que haya salido sin re- pensarme a mí misma, a mis relaciones, al mundo y a todo aquello que nos imponen y aceptamos sin más creyendo que es lo correcto. (Estudiante 2 de Educación Infantil)

Y descubrir la alteridad:

El discurso que creé para mí se quiebra al enfrentarse a otro discurso de lo mismo, pero vivido desde la voz de quien lo sufrió desde otro ángulo, de quien perdió a su padre en esa lucha. Con eso se me abrió la posibilidad de re-pensar y re-sentir la misma historia. (Estudiante 3 de Máster)

Al entrar en juego en primera persona se produce una gran apertura. Los diferentes saberes se anudan y se encarnan. Aparecen menos disonancias entre lo que viene de afuera y lo de adentro. Se genera así una conexión entre el saber subjetivo y el cultural, y se consideran las diferentes maneras de vivir y de vivir-se en cada contexto particular. De este modo la relación con el saber es viva, apegada al acontecimiento y con un sentido personal que, a la vez, se reconoce en una genealogía y unos referentes en los que se inspira. Un saber en primera persona que es el que custodian aquellas maestras y maestros que –como decían las criaturas– “nos hacen crecer por dentro”.

Se desencadena a partir de esta autora [Simone de Beauvoir], el hecho de cómo muchas escritoras convierten la experiencia en saber. Caigo en la conclusión que es sólo de este modo que nos conocemos, que aprendemos las unas de las otras. Me doy cuenta de que cada día crezco mediante el saber que algunas mujeres han generado en su vida a partir de sus experiencias personales. (Estudiante 2 de Educación Social)

Del tejido de saberes que se van elaborando emergen sentidos desde la subjetividad de cada quien y se propone una conversación que gire en torno a ese pensar de y con la experiencia, buscando referentes de mujeres que hayan vivido en el pasado experiencias similares y que han creado pensamiento. De este modo descubren a la vez un modo de relación con el saber que propicia e invita a ese diálogo encarnado.

Vania nos regaló un documental sobre las abuelas sanadoras de Chiloé […]. Aquel documental nos trasladó a otro lugar, donde el conocimiento y la sabiduría se viven y se transmiten de otra manera. Donde la conexión con la naturaleza, con el cuerpo y con la comunidad es bien diferente. Fue bellísimo el escuchar a esas señoras, las abuelas sanadoras, compartiendo tanto. Bello fue también el coloquio posterior, en el que conversamos sobre las maneras de vivir, los vínculos, la comunidad, la fuerza de la mujer… Siendo conscientes de lo que hemos perdido, pero también visualizando fronteras de lucha, para recuperar la comunidad, la interdependencia, las relaciones amorosas entre nosotras y con nuestros cuerpos. Acabamos con esa frase potente de que lo personal es político y, por tanto, nuestro campo de acción primero somos nosotras mismas. (Estudiante 1 de Educación Social)

Con esto, transitamos a otra cultura actual a través de un documental, lo que facilita abrirse a otras voces. Descubrimos también en este contexto esta red de saberes que se han elaborado en la comunidad de las mujeres de Chiloé, conectando siempre con lo propio, pues: “¿De qué sirven las palabras que dan otros y otras si a mí no me representan?” (Estudiante 3 de Educación Social)

Pensamos en los/as estudiantes como sujetos integrales, con su historia, con sus emociones, con sus saberes y relaciones. Mirarles así da una gran flexibilidad y da paso a la elaboración de una narrativa propia en la que se vayan anudando diferentes planos, tanto de la relación con el mundo educativo como de la relación consigo mismos/as. Se reconocen como creadores y no como realizadores de planes prescritos a seguir. Una mayor ligereza en el abordaje de la diversidad presente hoy en nuestras aulas y un mayor autoconocimiento ayudan a entender y entender-se en la relación educativa y a no tratar de poner todo lo que no funciona fuera de nosotros.

Movimientos y desplazamientos

En el desarrollo del curso algo pasa… Más allá de que se intente promover una reflexión, un modo de estar, una experiencia de clase particular, la vivencia misma es única. Es un viaje realizado en conjunto en el que nadie sabe qué ocurrirá, pues es algo dibujado por las subjetividades en juego en ese momento, algo construido por todos y todas, en el que aprendemos todos y todas.

Un desplazamiento en el que se siembre una manera de acoger nuestra experiencia, pensar y sentir, junto a la de los otros y lo otro (saberes) en una melodía compuesta entre todos y todas, y que, por tanto, hace eco en cada quien desde un lugar propio, subjetivo y colectivo.

Por esta razón, como profesional tengo que tener conciencia de que mi mente, mi percepción siempre me llevará a creer que lo que no soy yo, es lo anormal, y quizá el único saber posible consiste en saber que nuestro" yo "no se sostiene solo ya solas ni apenas por un segundo, sólo soy yo

en función de que soy una proyección de la otra. Ahí reside la importancia de como profesional reconocer la diferencia sin juzgar, entendiendo que todo juicio del otro es una comparación con mi realidad, pero como ya he indicado, si reconocemos que las personas somos diferentes, automáticamente afirmamos que cada persona tiene una manera de interpretar la realidad distinta y por tanto, de vivirla. (Traducido del original catalán de estudiante 4 de Educación Social).

El lugar de la educadora

Al conjugar el partir de sí con el entretejido de saberes que van circulando en cada clase, se abre un espacio de pensamiento volcado al lugar de la maestra/o, una reflexión desde la propia experiencia subjetiva en relación a los demás saberes que vehiculan en torno a lo educativo.

Escuchar al otro con intención, dejando atrás lo previsible o lo que ya se sabe de la persona a la que se escucha y con la mente vacía de todo estereotipo o prejuicio que pueda condicionar la información recibida. De ahí que, en ese proceso de escucha descubrimos al niño o la niña y podemos verle en su totalidad, no aislado sino con sus relaciones y circunstancias, con sus acciones y sus reacciones y todas sus posibilidades. (Estudiante 1 de Educación Primaria)

De esta manera, se trata de cultivar una disposición de atención, cuidado y escucha que abra la posibilidad de compartir la experiencia y pensar con ella. Un modo de estar que, a partir de la propia vivencia, re-cuestione el lugar del maestro y maestra que se ha ido formando. Que invite a esta otra forma de ser y estar en lo educativo, a esta otra relación educativa.

En este sentido, y esto me parece lo más revelador, el autor propone una nueva mirada, en que se escuchen íntimamente las necesidades del niño antes de darle un diagnóstico; se haga uso del encuentro próximo y personal para conocerlo en todas sus diferencias y peculiaridades por tal de recibir un conocimiento que ninguna teoría puede aportar; se observe a los alumnos dentro del entorno y situación en la que se encuentran, no de forma aislada; y se mire hacia dentro, hacia nosotros, nuestra conducta y nuestra reacción a aquellos que son diferentes, para así poder entender por qué los vemos así y analizar nuestras propias deficiencias e incapacidades, volviéndonos más humanos ante ellos. (Estudiante 2 de Educación Infantil)

Tratamos de vivir en la clase un espacio de apertura que conjugue la teoría con el pensar y la experiencia misma de intentar trascender eso en el aula. Que haga un tanteo de convertir en carne lo conversado, con sus lados amables y sus dificultades. Que haga caso a todo lo que en relación se puede abrir en razón de las diferentes subjetividades presentes y lo que cada una tiene por decir.

Aprendemos desde lo que somos. El saber es colectivo. Debemos tener cuidado en no pensar nosotros lo que los demás necesitan, sin dejar espacio a sus propias voces. Hay muchísimas instituciones que asumen lo que los otros necesitan, sin preguntar ni cuidar la visión y cosmovisión del otro. (Estudiante 4 de Máster)

En ese encuentro con la diferencia nos encontramos con todo lo que compone a esa persona; sus miedos, deseos, historias y demás. En otras palabras, su interioridad... su fragilidad. Por tanto, la responsabilidad en relación es un asunto de gran cuidado: mantener una mirada consciente de los velos que se puedan poseer, con tal de tratar de re-conocerlos constantemente.

Vania nos regaló también el poema de “Los Nadies”, leído por el mismo Eduardo Galeano. El poema despertó también la conversación, abriendo la cuestión de cómo habitamos el mundo y de qué manera nos relacionamos con los otros: ¿Cómo miramos? ¿Cómo vemos al otro/a?

¡Qué importantes estas cuestiones en la educación, donde es tan fácil mirar y ensuciar al otro, y tan difícil mirar al otro sin juicios y sin proyectar! ¡Qué necesario ser conscientes de la propia mirada y de la necesidad de limpiarla constantemente! Estuvimos conversando intensamente, con algunas disonancias y algunos encuentros. Me tocó especialmente cuando hablamos de la fragilidad en la educación, del dolor. (Estudiante 1 de Educación Social)

Estas expresiones finales nos invitan a seguir re-pensando la formación de educadoras/es; a apostar por formas acordes con lo dicho y que no tienen cabida en planteamientos técnicos y fragmentarios.

La apuesta porque la escuela siga siendo hoy un lugar de existencia, un lugar de reposo y crecimiento, de creación de cultura pasa por volver a re- pensar lo esencial que nos constituye como seres humanos. Un lugar relacional, donde puedan las criaturas desplegar todas sus posibilidades de “ser” en comunidad. Cuando aparecen obstáculos en aquello que se le denomina “comportamientos” o cuestiones personales, es preciso estar atentos para ver en qué punto esa subjetividad naciente está sufriendo heridas. Y reconocer también la importancia de que cada criatura encuentre su propio lugar en un contexto “protegido”, como pueda ser la escuela y otros espacios educativos.

Por parte de los y las educadoras, si partimos de la gran oportunidad que significa ser una buena maestra o maestro, mantendremos la llama encendida del deseo de enseñar. Lo personal y lo educativo es un continuo que se va alimentando mutuamente, en ese crecimiento interior del que nos hablaban las criaturas. Partir de la reflexión y elaboración de la experiencia de si en la formación de educadores/as facilita ese movimiento interior del que emerge una sensibilidad que precisa la relación educativa. Esa escucha y acompañamiento a las criaturas en su crecimiento, con sus logros y sus sinsabores.

Pensamos finalmente en la importancia de una cultura colaborativa entre los distintos profesionales implicados en la educación, que coloque en un

espacio central al contexto educativo como lugar de relación primordial. La escuela, no como “solucionadora” de problemas sino como un espacio único, una oportunidad para las criaturas cuando encuentran maestras/os que los acogen en una escucha atenta. Una tarea compleja que requiere de apoyo y reconocimiento.

Este texto se sustenta en los siguientes proyectos de investigación:

- EDU2011-29732-C02-01: “El saber profesional en docentes en educación primaria y sus implicaciones en la formación inicial de profesorado.”

- EDU 2016-77576-P: “Relaciones educativas y creación del currículum: entre la experiencia escolar y la formación de profesorado. Indagaciones narrativas.”

- Codi 2017PID-UB/032 Vicerrectorado de Ordenación Académica. Universidad de Barcelona. Proyecto de Innovación docente: “Desarrollo de los saberes educativos de los estudiantes mediante estrategias narrativas.”

Referencias

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