Arte

La Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe de Teguise, Lanzarote. Las obras del siglo XVII

The church of Nuestra Señora de Guadalupe de Teguise, Lanzarote. The works of the XVII century

Fernando Bruquetas de Castro *
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, España

La Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe de Teguise, Lanzarote. Las obras del siglo XVII

Anuario de Estudios Atlánticos, vol. AEA, núm. 65, pp. 1-17, 2019

Cabildo de Gran Canaria

Recepción: 22 Marzo 2018

Aprobación: 21 Agosto 2018

Resumen: A lo largo de los siglos fue necesario emprender algunas obras de rehabilitación en el templo parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe de Teguise, Lanzarote, porque se encontraba muy deteriorado debido a los ataques piráticos, los incendios provocados y fortuitos, así como por la desidia y el paso del tiempo, que habían acabado arruinando las paredes y parte de la techumbre del edificio. Pero esas obras fueron insuficientes y en la segunda mitad del siglo XVII, concretamente en los años 1679, 1680, 1681 y 1682 se llevó a cabo el trabajo más importante de reconstrucción total del templo, bajo la administración del mayordomo y prohombre Luis Rodríguez Fleitas y con los artesanos y artistas más sobresalientes de las islas; quienes fueron contratados por las autoridades para emprender esta emblemática restauración.

Palabras clave: Lanzarote, Teguise, iglesia, reconstrucción, obras, materiales, administración, arte.

Abstract: Throughout the centuries it was necessary to undertake some rehabilitation works in the parish church of Nuestra Señora Guadalupe de Teguise, Lanzarote, because it was very deteriorated due to the piratical attacks, the arson and incidental fires, as well as the negligence and the passage of time, which had ended up ruining the walls and part of the roof of the building. But these works were insufficient and in the second half of the seventeenth century, specifically in the years 1679, 1680, 1681 and 1682, the most important work of total reconstruction of the temple was carried out, under the administration of the butler and pro-man Luis Rodríguez Fleitas and with the most outstanding artisans and artists of the islands; who were hired by the authorities to undertake this emblematic restoration.

Keywords: Lanzarote, Teguise, church, reconstruction, works, materials, administration, art.

Introducción

La construcción del templo principal de la isla de Lanzarote, cuya advocación hoy es Nuestra Señora de Guadalupe, se realizó en la villa de Teguise, antigua capital insular en los tiempos inmediatamente posteriores a la conquista por parte de los normandos; sin embargo, el título dedicado a la virgen de Guadalupe, de clara connotación castellana, procede de la influencia que en aquellos primeros años ejercieron los españoles en el proceso de conquista y colonización isleña. El templo primitivo estuvo dedicado a Nuestra Señora Santa María[1], como el de Betancuria en Fuerteventura, debido a la devoción de los franceses, pero el cambio de propiedad de la isla y la consiguiente administración, trajo consigo el cambio de titularidad y devoción del templo de Teguise, que a partir de entonces se comportó como el principal de la isla de Lanzarote.

Así es como se ha interpretado hasta ahora, tal y como lo recoge la pesquisa de Cabitos, donde se señala que el 24 de agosto de 1455 el gobernador Adrián de Benavente presentó su nombramiento al Consejo lanzaroteño en la iglesia de Santa María para tomar posesión de la isla:

…y congregados en la Iglesia de Santa María de Lanzarote a la hora de Nona del día 4 de agosto del mismo año de 1455, cumplimentaron las órdenes del Rey, dando Alonso de Cabrera, Real almotacén y apoderado de Juan Iñiguez de Atabe, que a la sazón se hallaba en Sevilla, posesión de las casas del Señorío a Adrián de Benavente, como mandatario y gobernador de las Islas Canarias por Diego García de Herrera y su mujer Inés de las Casas y Peraza...

La iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe

La primera referencia a la denominación de Nuestra Señora de Guadalupe aparece, por lo tanto, un poco después, como recogen Francisco Hernández y María Dolores Rodríguez Armas, quienes afirman que Diego de Herrera trasladó a esta iglesia la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, trayendo con ella su devoción. Esto lo hace creer el documento descubierto por Fraga González y publicado en el tomo treinta y siete del Anuario de Estudios Americanos[2]. El instrumento en cuestión es un protocolo notarial fechado el 31 de enero de 1664 en el que se copia una petición del primer marqués de Lanzarote ante la Real Audiencia de Canarias a favor de Gonzalo Argote de Molina. Allí se dice que en el año 1560 Hamete Arraes y el turco Calafat llegaron a la Villa de Teguise y pusieron fuego a su iglesia, que era su tributo Santa María de Guadalupe, por la imagen de Nuestra Señora con el niño Jesús Nuestro Salvador en los brazos «que trajo Diego de Herrera de España». Es preciso recordar aquí que la Virgen de Guadalupe de Teguise, como la de Extremadura, es la Virgen del Cautiverio y la Virgen de los Cautivos[3], por lo que no puede negarse la intencionalidad manifiesta de quienes -nuevamente convertidos- ya no se sentían sometidos por los antiguos caballeros normandos, sino que con el advenimiento de los señores castellanos pasaron a formar parte de la nueva sociedad, recibiendo igual trato que el resto de españoles y cristianos viejos.

A ello debe añadirse otro hecho relevante, que fue la concesión por parte del papa Pío II de un año jubilar mariano a Canarias el 7 de octubre de 1462 que sería efectivo a partir del año siguiente y que fue comunicado a la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe como matriz de Lanzarote. También hay que tener en cuenta que un estudio sobre las iglesias que debían visitarse para el beneficio del jubileo, situaba la de Lanzarote en Teguise, por lo que la iglesia primigenia situada en el Rubicón ya debía de haber perdido toda su importancia a favor de Nuestra Señora de Guadalupe.

A esos acontecimientos habría que añadir el hecho de que unos años más tarde, el obispo Diego de Muros, ya finalizando el siglo, en 1497, erigió en Teguise la sede del único beneficiado de la isla, por lo que la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe o de Santa María se confirmó como el centro cristiano de Lanzarote al que debían acudir sus habitantes para participar en los oficios religiosos[4]. A ello contribuía el hecho de haberse erigido el templo en el centro geográfico y administrativo de la isla de Lanzarote en la villa capital. Su edificación junto a la mareta grande estuvo estratégicamente realizada, ya que era un lugar de inevitable trasiego de los parroquianos que necesitaban abastecerse del agua que daba la vida y del templo que santificaba el espíritu.

Esta localización -en lugar de indiscutible valor estratégico- era un área excelente para la existencia, junto a tierras de labranza, las vegas, que se hallaban protegidas por las laderas de Guanapay, que al mismo tiempo servían de pasto al ganado; lo que hizo que la zona se comportara como un refugio natural para la defensa de la vida y adquirió pronto, si no lo tuvo de antaño, un especial atractivo para las ceremonias y ritos religiosos: misas, procesiones, fiestas, incluyendo obviamente el ritual de la muerte, pues el templo y su contorno acogía las sepulturas de los habitantes de la villa y alrededores.

La fundación de la iglesia se realizó en 1418 de forma primigenia o bien sobre los cimientos de alguna antigua ermita que podría existir en la gran aldea, cuando se produjo el traslado de Maciot de Bethencourt desde el Rubicón[5], acompañado del núcleo de población principal de la isla[6], que se asentó entonces en la villa de Teguise, y se distanció del Rubicón y su obispado, pues este le increpaba la actitud despótica y, en concreto, la venta de esclavos canarios. El oratorio original experimentó entonces una metamorfosis al convertirse en capital insular del señorío betancuriano.

El diseño actual de la iglesia de Teguise es el resultado de las diferentes remodelaciones que experimentó a lo largo de los siglos, porque no siempre fue así, por lo que conocemos de varias reconstrucciones en el pasado y sobre todo de la que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XVII[7]. A lo largo de aquel siglo se vio necesario emprender algunas obras de rehabilitación porque el templo se encontraba muy deteriorado por los antiguos ataques, incendios provocados y fortuitos, así como por la desidia y el paso del tiempo, que habían acabado arruinando las paredes y parte de la techumbre del edificio. Pero esas obras fueron insuficientes y en la segunda mitad del siglo, concretamente en los años 1679, 1680, 1681 y 1682 se llevó a cabo el trabajo más importante de reconstrucción total del templo, bajo la administración del mayordomo y prohombre Luis Rodríguez Fleitas y con los artesanos y artistas más sobresalientes de las islas[8].

La obra de 1680

En la visita eclesiástica que realizó el obispo Bartolomé García Jiménez en enero de 1679 a Lanzarote vio personalmente el mal estado en que se encontraba el cuerpo de la iglesia y la capilla mayor, así como las colaterales, de tal modo que creía que amenazaba con derrumbarse la estructura de madera de los techos. Debido a ello, y teniendo en cuenta las buenas condiciones económicas que se experimentaba entonces, entre otras cosas por el buen trabajo realizado por el mayordomo Luis Rodríguez Fleitas, creyó conveniente emitir un edicto para promover su reconstrucción, esperando que los vecinos contribuyeran con su limosna.

El obispo anotó ciertos pormenores que reflejan el estado de ánimo de los feligreses de entonces, al igual que otros asuntos particulares que afectaban al gobierno y administración de la iglesia isleña, de ahí que el decreto por el cual mandaba reconstruirse el templo debía publicarse en Jueves Santo y Corpus; y, además, decía que, como de los dos beneficiados de la isla uno era natural de la Villa, se esperaba aún mayor colaboración para solicitar las dádivas. No olvidó el prelado en dar las directrices necesarias para la ejecución de la obra, pues instó expresamente al capitán Luis Rodríguez Fleitas para que se ocupase de conservar la madera que ya se había llevado a la Villa.

En primer lugar, ordenó que se fabricarse la capilla mayor, cuyas paredes necesitaban hacerse de nuevo, apoyándolas con cimientos fuertes y proporcionados…

…levantando dichas paredes a el punto de elevación proporcionada, con que están hechas las capillas mayores de las parroquias de Tenerife, y que la techumbre de el arteson se haga en quadros de alguna moldura artificiosa y hermosa de moderado costo en el gasto. Y para la correspondencia de las capillas colaterales en la de Nuestra Señora de la Concepción, que es patronato especial, se observará lo que de próximo emos proveydo sobre ella en esta visita; y en la de Nuestra Señora del Rosario acordaremos lo que pareciere ser conveniente y de ello dexaremos despacho en forma.

Esto debía ejecutarse así porque las capillas colaterales servían de contrafuerte a la nave central, dando mayor fortaleza y seguridad de la obra, y debía tenerse en cuenta la uniformidad en la hechura de los arcos, ya que al mismo tiempo debían alzar la capilla mayor y las colaterales; aunque el obispo recomendaba que se ahorrara lo que se pudiese al emprender los arcos y la cantería de ambas naves del cuerpo de la iglesia, dejando a criterio de los maestros ejecutar la obra en general, utilizando el caudal de la fábrica hasta acabarla. Y después, contando con las limosnas, debía construirse el campanario «con su caracol cubierto» para lo que se le dio comisión al capitán Luis Rodríguez Fleitas, quien debía vigilar los pormenores y -con asistencia de los beneficiados- realizar los contratos pertinentes con los maestros.

Esta obra de remodelación de la iglesia implicaba un cambio de orientación general del templo, al ampliarse y trasladar la cabecera desde el norte hacia el sureste en dirección a la montaña de Guanapay. En este sentido, un cambio de estructura involucraba realizar algunas remodelaciones internas importantes, de las que no era menos las sepulturas de personajes ilustres; sobre ello el obispo expresó que no debía olvidarse este hecho porque «con la nueva forma del cuerpo de la iglesia que se formare» era preciso que se les diera otras sepulturas de igual importancia «y se anotará cualquier diferencia que en esto aya en el elenco y planta de sepulturas que tiene esta parroquia».

En cuanto a los cereales guardados por la Silla, que solía venderse fuera de la isla, recomendó el obispo que no debía agotarse para que los labradores y los vecinos tuvieran reservas, «para que nunca se falte a el remedio público, aunque la fábrica padesca algún menoscabo»[9].

El viernes, víspera del apóstol San Pedro del año 1680, con acuerdo del vicario se pusieron cincuenta reales sobre la primera piedra de cimiento que se asentó en la parroquia, que se valió de ellos por vía de regalo el maestro de la obra Julián Sánchez.

En cuanto a la bendición del nuevo templo, se realizó según el ritual romano y fue encargada por el obispo al doctor Diego de Laguna Ayala, beneficiado y vicario de la isla[10], quien la efectuó el 24 de marzo de 1681, resaltando en ese momento que la obra completa había podido acabarse en tan breve espacio de tiempo que parecía «cosa milagrosa»[11] ya que en principio se creía que podría alargarse durante muchos años.

Cuando el capitán Luis Rodríguez Fleitas, mayordomo de la iglesia parroquial, dio cuentas de los gastos efectuados en la fábrica del nuevo templo dejó constancia de algunas particularidades dignas de mencionarse, por lo que habían representado para él personalmente como para los vecinos de la Villa y la isla de Lanzarote. Textualmente decía:

(…) digo que su señoría ilustrísima el obispo, mi señor, me consedió licencia para fabricar dicha parroquia por causa de su mucha antigüedad y estar para venirse al suelo, y ser la madera con que estava cubierta basta, y tener las paredes los defectos que su señoría ilustrísima bio y rreconosió en fin del año pasado de mill y sseyscientos y setenta y ocho, que visitó la dicha parrochia, la qual de nuevo está fabricada con toda fortalesa y cubierta de madera de tea, en que se a hecho considerable gasto, y el ajuste de la quenta y de las que devo dar de los años de setenta y nuebe, ochenta, ochenta y uno, y ochenta y dos, se comete por su señoría ilustrísima al mayordomo, como consta del despacho que presento con la lisensia que tube para haser la dicha obra.

La licencia que el obispo otorgó al capitán Luis Rodríguez Fleitas expresaba que debía reedificar la capilla mayor, las colaterales y el resto de la iglesia ajustando los precios con los maestros, oficiales de carpintería y albañilería[12]. Y una vez terminada la obra el mayordomo lo certificó anotando que había podido cumplirse, a pesar del considerable costo, gracias a las limosnas aportadas por los vecinos[13].

La madera

Efectivamente, por estas cuentas sabemos que gran parte de la madera se trajo de las islas de La Palma y Tenerife, en esta última de la zona de Abona en el sur, así como de El Realejo y La Orotava; que algunos especialistas en el corte de piedras o «cabuqueros» también procedían de esta isla, como eran los hermanos Juan y Francisco Hernández, de donde también procedía la clavazón, concretamente del puerto de La Orotava. Y que en una ocasión se fletó el barco de Andrés García, vecino de aquel puerto, por quinientos reales para traer una partida de madera que faltaba, la cual se llevó en dos viajes, una en que fue el propio García y otra, su «maestre de tierra» Juan Batista. También se conoce por la contabilidad que el capitán Asensio de Araujo fletó su barco para servir el suministro de madera desde Tenerife, así como Manuel de Castro, el mozo, y Juan Batista, quienes fletaron sus barcos con varias cargas de madera en general y algunas de «pimpollos» o retoños de ramas.

El libro de fábrica[14] expresa que para emprender las obras de reacondicionamiento se trajo madera de tea de El Realejo de Tenerife, cincuenta tablas para barcales y otras tantas para «cajales» se trajeron del puerto de Santa Cruz para construir los andamios. También de allí se enviaron ocho picos de hierro, cuatro azadas, treinta cuñas, dos barras grandes, doce espuertas, dos marrones y los cabos de azada, por los que se gastaron trescientos cincuenta reales y medio que tuvieron de costo y pagó el licenciado don Gaspar Álvarez de Castro, a quien le pidieron que hiciese memoria de ellos. También se incluía el costo de bajar todo ello al puerto de Santa Cruz, por lo que al final fueron mil quinientos cuarenta y seis reales y medio que suplió el mismo Gaspar Álvarez de Castro por la barcada de madera que trajo el capitán Manuel de Acosta en su fragata de la parte de Arico en la isla de Tenerife.

Por esta circunstancia también sabemos que en ocasiones había que llevar la madera desde los puertos próximos donde se realizaba el corte de los palos hasta el puerto de embarque para el exterior, que en otras ocasiones fue el de La Orotava. Así se deduce del pago de seiscientos sesenta y dos reales que hicieron de costo varios cargamentos con barcos de descarga en pasar la madera cortada en el Realejo por el puerto de las Aguas y llevarlas hasta el puerto de La Orotava, desde donde se llevó a Lanzarote. Todo este trajín estuvo a cargo del capitán Asencio de Araujo y así consta en la carta que dio cuenta en su momento a la fábrica de la iglesia. Esa no fue la única ocasión, porque más adelante se le pagaron al capitán Asencio de Araujo Mederos seiscientos cuarenta y ocho reales por cuenta de una libranza que el licenciado Gaspar Álvarez de Castro le dio sobre el capitán Diego Fernández para costear la madera de tea que se cortó en El Realejo, y se había de embarcar en el puerto de Las Aguas en barcas de descarga y llevar al puerto de La Orotava.

En otra ocasión el licenciado Gaspar Álvarez de Castro pagó cuatrocientos reales a Manuel González y Fernando Peres para cortar una segunda partida de madera en la Rambla. Y otra segunda partida, asimismo de madera, que se cortó en Abona se valoró en mil trescientos sesenta y seis reales y cinco cuartos que el licenciado Gaspar Álvarez de Castro pagó por ella a Andrés García.

Los navíos que transportaron estos cargamentos desde La Palma estuvieron capitaneados por Antonio Pinto y Francisco de Herrera, mientras que los que procedían de Tenerife fueron trasladados en la fragata del capitán Manuel de Acosta. Como lo confirma el hecho de que se pagaran doscientos dieciséis reales por el costo de traer desde La Palma veinte piezas de madera de vinático que envió de aquella isla el capitán Antonio Pinto, que fue el principal, a lo que hubo de sumarse veinticuatro reales por el acarreto de subirlos desde el puerto a la Villa.

El lucimiento que proporcionaba la madera de tea, tanto para los techos como para las puertas, hizo preciso traer esta de los lugares donde abundaba, de ahí que en cierto momento se pagaran mil ciento treinta reales por toda la madera de tea que se trajo para la obra desde el puerto de Garachico. El cargamento se componía de vigas, tiseras, tablas de hollar, tablones para la puerta, limatones y otras piezas pedidas por el maestro de la obra, según memoria que se encargó al capitán Bartolomé Doble, en cuyo poder quedaban docenas de tiseras y sesenta y seis reales. El transporte desde Tenerife hasta Lanzarote con este maderamen importó ciento ochenta y dos reales que se le pagaron a los capitanes Jacinto de Espinosa, Juan de Nieves y Lorenzo Hernández, por haber traído en sus embarcaciones dicha madera. Y por subirlo desde el puerto del Arrecife hasta la Villa se les pagó a los carreteros setenta y dos reales, ya que trajeron dicha partida en seis carretadas a doce reales cada una.

También en las cuentas constan dos mil reales que el licenciado Gaspar Álvarez de Castro, vicario de La Laguna, entregó en la isla de La Palma al capitán don Antonio Pinto, por cuenta de los efectos de la iglesia que estaban a su cuidado de orden del obispo, y se entregaron al capitán don Antonio Pinto de Guisla para hacer prevención de tablado de tea en dicha isla. Así como otros trescientos reales que el mismo licenciado Gaspar Álvarez de Castro, de lo procedido de los granos que estaban a su cargo, pagó al capitán Manuel de Acosta, maestre de su fragata, en virtud de libramiento que le hizo el mayordomo de fábrica.

La madera de vinático, oriunda de los archipiélagos atlánticos de la Macaronesia, también se extraía de La Gomera. En una ocasión se pagaron trescientos cuatro reales por otras veinte piezas de madera de vinático cortadas en aquella isla, con intervención del sargento mayor, en esta forma: del principal hasta embarcarse ciento noventa reales, de flete otros noventa reales, y del acarreto de subirlas desde el puerto del Arrecife a la Villa otros veinticuatro reales. En otro momento se le pagó cuarenta reales a Santiago Fernández, oficial de carpintero, quien fue a asistir en la obra y llevó consigo unos tabloncillos de palo de vinático que trajo por su cuenta, y los avaluó el maestro de la obra Sebastián Álvarez.

La obra de la iglesia preveía el ornamento de las sepulturas principales del templo, de ahí que se encargara madera de tea, de buena calidad, que se compró en la isla de La Palma; el encargado de llevarlas a Lanzarote fue el capitán Francisco de Herrera y su maestre de tierra fue Francisco Martín de Orduña. Se les pagó cuarenta y seis reales por veintiuna tiseras de tea, y cada docena tuvo de coste veintiséis reales para llevarlas al puerto del Arrecife. Con ellas previamente se hicieron los marcos de las sepulturas para después poderlas recubrir de ladrillos. Luego hubo que pagar el costo de subir dichas tiseras a la villa de Teguise, que fueron sesenta y seis reales por las veintiuna docenas de tiseras, las cuales se trasportaron en cinco carretadas y media a doce reales cada carretada.

Cantería

La labor de cantería se realizaba en la propia cantera de Soo o en los lugares más adecuados para el transporte de este material. Sabemos que trescientos noventa y tres reales fue el costo de cien esquinas de cantería que cortaron Gaspar Valente y Blas Rodríguez, a quienes se les pagó un real por cada pieza, catorce «bolsores» a tres reales, cuatro piedras mayores a cinco reales y noventa piedras para el campanario, concertadas en doscientos reales; además, había que añadir una botija de vino (de ayuda de costo) valorada en seis reales, de todo lo cual se dejó recibo.

El costo de llevar esta cantería hasta la Villa fue de ciento tres reales, las piezas grandes a un real y las pequeñas, a medio real cada una. En cuanto a los operarios encargados de juntar toda la piedra labrada en la misma cantera fueron Blas Rodríguez y Gaspar Valente, quienes eran especialistas en esta labor.

Uno de los trabajos más relevantes consistió en traer varias carretadas de piedra quemada para poner encima de los arcos. La piedra la cortó en la caldera del castillo el especialista «cabuquero» Juan Hernández, quien cobró un real por cada carretada; mientras que el costo del trasporte se pagó a dos reales cada carretada que importaron 75 reales por 25 carretadas, que fueron las que hubo de transportar desde el castillo hasta la plaza de la Villa el carretero Domingo Jorge.

Cal

En la propia isla, los obreros, canteros y transportistas estuvieron trabajando a destajo hasta finalizar la obra. Tomás López y Lázaro Morera fueron los transportistas que recogieron toda la carga en el puerto del Arrecife y la trasladaron hasta la Villa, donde la depositaron y la dejó asegurada en la misma plaza, junto a la obra.

Pero también Lázaro Morera fue el responsable de llevar la cal a la iglesia, así sabemos que una carga de trescientas fanegas de cal las entregó en el templo, y por ello se le pagó a nueve cuartos la fanega. Además, Juan Hernández Romero y Manuel Texera entregaron en el horno de Las Laderas noventa y cuatro fanegas de cal, por las que se le pagaron setenta reales y medio, a seis cuartos la fanega, y el acarreto fue por cuenta de la iglesia. No siempre figuran estos como los propietarios de la cal. En una ocasión aparece como verdadero dueño de la cal Joseph Fernández Pires, quien la depositaba en mano de los citados Hernández y Texera. En otra se menciona a Salvador Falcón como el personaje que entregó dos hornadas de cal hechas en Las Laderas que comprendían quinientas dieciséis fanegas y media, pagadas a siete cuartos la fanega y puestas en los hornos.

La cal siempre hizo falta, como lo evidencia el hecho de pedirla a lugares poco frecuentes, como en la ocasión en que se pagaron sesenta y ocho reales a Jerónimo de Acosta por sesenta y ocho fanegas de cal que dio en el horno de los Vallechuelos, «por la falta que había de ella», se dice expresamente. También son mencionados en esta labor Marcos de San Juan Espadaña y Antonio Curbelo, quienes se encargaron del acarreto de la cal desde los hornos hasta la iglesia, a quienes se les pagó medio real por cada fanega transportada.

En cierta ocasión se le compraron noventa y cuatro fanegas de cal al calero Blas de Betancor, por las cuales se le pagaron otros tantos reales. Esta cal había sido fabricada en el horno de Tahiche, de donde se trajo hasta la Villa sin pagar el acarreto, porque la transportaron de limosna, junto con otra cargazón de cal que dio de limosna Lázaro Morera en el horno de Guastahayde.

La obra de encalado precisaba de manos expertas, de ahí que se pagaran ciento cuarenta y cuatro reales y medio a Manuel «el Penado» y Juan Gonzáles de la Rosa, pedreros, que encalaron las dos naves de la iglesia que había dejado por encalar el maestro Julián Sánchez, en cuya partida entraban los peones que les asistieron y el agua que se llegó para el encalado.

También por cuenta de la iglesia se fabricó cal en el horno que estaba junto a la mareta de la Villa. Mil doscientos cuarenta y seis reales y seis cuartos se pagaron en diferentes partidas por fabricar siete hornadas de cal, contando con el apoyo de los vecinos, quienes llevaron piedra y leña, pero a los que les dio solo de comer y beber por cuenta de la fábrica. En esta partida entraba el gasto hecho con los vecinos que traían rofe o picón para la obra, así como el gasto de agua y acercar la cal; que todo ello fue con conveniencia de la iglesia, de lo cual quedó un cuadernillo con los gastos y las personas que trabajaron en esta operación.

Herramientas

Muchas de las herramientas necesarias para emprender y continuar la obra se enviaron desde La Laguna. Así sabemos que se pagaron ciento cincuenta y ocho reales y medio por el costo de la herramienta y demás cosas gastadas en servicio de la iglesia que había mandado el vicario don Gaspar Álvarez de Castro. Este cargamento constaba de espuertas, palas de palo y de hierro, picos y barras y quedó para el servicio de la iglesia una azada, dos barras, un marrón, un pico y una pala de hierro porque lo que no se gastó se vendió, y solo se cargó a la iglesia lo que se ha dicho.

Otros gastos

Costo de una garrucha para la colgadura y lámpara. Fueron diez reales pagados a Pedro Romero, carpintero, por hacer la garrucha para la colgadura y la lámpara, que lo demás lo dejó de limosna.

El pintor de piel morena, llamado Martín, recibió ocho reales por dar color y óleo al arponcillo del campanario y por la veleta que se puso en lo alto de él, que pagó por vía de limosna Juan Ventrilla, maestro de cerrajero. Este también había cobrado cuarenta y seis reales por el valor de una barra que construyó y ajustó a la campana grande, más las alcayatas y quicialeras que se le encargaron.

Otro de los maestros de clavazón y herraje fue Salvador Peres, a quien se le pagaron doscientos ochenta y cuatro reales y tres cuartos por los clavos, palmares y cotales que hizo para la obra y demás herrajes que se le encargó como consta de su recibo.

A Pedro Dylan se le pagaron ciento cincuenta y cinco reales que fue el costo de dos mil clavos de tiseras comprados en la ciudad de La Laguna, además de otros doce reales y medio de diez sogas de esparto gruesas para andamios, que envió desde aquella ciudad; pero este cargamento fue insuficiente, porque más adelante se pagaron otros setenta reales y medio por cuatrocientos cincuenta clavos y tres líos de sogas de esparto que remitió el alférez Juan Thomas de Guzmán desde el puerto de Santa Cruz.

Los clavos que servían para guarnecer también se trajeron en varias ocasiones desde La Orotava, como lo evidencian los cuarenta y ocho reales pagados por seis mil clavos de guarnición comprados a ocho reales el millar entregados al mercader inglés Samuel Swam, vecino del puerto de La Orotava. Así como otros ciento ochenta y ocho reales que se pagaron en el mismo puerto por mil clavos de tiseras vizcaínos, a ocho reales la centena; seis de guarnecer a ocho reales el millar, y otros seis mil, algo mayores, a diez reales el millar, todo comprado por mano de Juan Pendarve, también mercader inglés. En otra fecha se pagaron treinta y seis reales por seis pinceles para blanquear que se compraron en La Orotava, junto con mil clavos de aforro y dos mil de guarnecer, comprado todo por mano de Manuel de Castro Viera.

Tejas

Las islas portuguesas de Azores estaban especializadas en la elaboración de tejas, como se deduce de los doscientos sesenta y seis reales pagados a Antonio Fernández Castro por traer desde allí tres mil ochocientas tejas de la fábrica de las Islas Terceras, pagadas a setenta reales el millar. Aunque también en Lanzarote se elaboraban las tejas, así se desprende del recibo de seiscientos setenta y un reales pagados por el costo de teja hecha en la isla a Manuel Díaz, oficial de labrar teja, por once mil ciento ochenta y tres tejas que entregó fabricadas en la Villa, a setenta reales el millar.

Además del pago de la fábrica hubo que financiar el traslado de las tejas hasta la iglesia a la vez que el consumo de pan y vino del personal que se ocupó de ello. Todo costó noventa y ocho reales. Estas tejas tenían como finalidad cubrir la nave de la iglesia que mira al sur, y allí la subieron con ayuda de los oficiales que se ocuparon en poner sobre la nave dicha teja.

El pavimento

Uno de los trabajos más importantes consistió en colocar el pavimento de la iglesia, para lo cual se aprovechó el cargamento transportado por dos navíos holandeses que estuvieron fondeados en el puerto de Naos, a los que se les compró ocho mil ladrillos del norte, que costaron mil trece reales a razón de ciento veinte reales el millar, lo cual sumaba novecientos sesenta reales, a cuyo costo se añadieron cincuenta y tres reales gastados con la gente que llevaron las lanchas en pan, vino y por poner los ladrillos en tierra. Después hubo que acarrear los ladrillos desde el puerto hasta la Villa y depositarlos en la iglesia, trabajo por el que se pagaron doscientos sesenta y cuatro reales a los carreteros Tomás López, Lázaro Morera y Francisco Hernández.

El trabajo de enladrillar la iglesia, propiamente dicho, se les encargó a Juan Luis y a su yerno Antonio de Seijas, quienes cobraron cincuenta reales por ello, pues en diez días ganaron entre ambos este jornal, pagados a cinco reales. En principio solo tuvieron que enladrillar la parte de las sepulturas de la iglesia porque Juan Francisco, sacristán mayor, les pidió que efectuaran el embaldosado de limosna. No obstante, el costo de peones y agua para el enladrillado fue de setenta y siete reales por el tiempo que duró el trabajo a razón de cien peones que pudieron juntarse para asistir a cavar la tierra donde poner los marcos de tea de las sepulturas, después colocar los ladrillos y allegar el agua necesaria para la mezcla.

Personal

En primer lugar, habría que destacar la colaboración desinteresada de los vecinos de la Villa, quienes participaron en la obra de reconstrucción de la iglesia desde el primer momento, tanto con su trabajo personal como a través de las limosnas de cereales y cantidades en efectivo, tal y como recoge el libro de fábrica. A estos habría que añadir el empleo de jornaleros, albañiles, carpinteros y demás especialistas en las diferentes tareas necesarias para culminar la obra. En este sentido destacan los jornales pagados a los peones, cuyo trabajo importó dos mil ciento nueve reales y tres cuartos, pues la mayor parte de ellos estuvieron empleados en la obra desde primero de junio de 1680 hasta el 12 de mayo de 1681, en que terminaron el compromiso laboral, como consta de la memoria y recibos que dieron.

El maestro de obra de cantería Julián Sánchez Carmona vivió alquilado en una casa de Luis de Aday Perdomo, a quien se le pagaron ciento cuarenta y dos reales y medio por un año y siete meses, a siete reales y medio al mes por haber sido así el concierto de acondicionarle la casa junto a la iglesia para que estuviese más cómodo y próximo a su trabajo. A este se le abonaron veintiún mil quinientos reales por su trabajo de labrar la cantería de toda la obra de la iglesia, así los arcos como las esquinas, lo que, además de las paredes, también corrió de su cuenta porque con esa cantidad le pagó a los oficiales que le ayudaron, de cuyos recibos quedó carta de pago ante escribano.

Al finalizar la obra se le abonó al maestro Sebastián Álvarez catorce mil cien reales de los cuales también dio carta de pago ante escribano, y solo se le restaban a deber novecientos reales, cumplimiento a los quince mil en que había sido concertada la obra de carpintería; los cuales (novecientos reales) se le debían pagar cuando acabase de labrar y tornear los florones de la capilla mayor y de las dos colaterales, y de hacer las sillas del coro y tribuna de órgano, como constaba en el instrumento público.

Los transportistas más nombrados en las cuentas de fábrica fueron Tomás López y Lázaro Morera, como se vio anteriormente en el epígrafe dedicado a la cal.

El mayordomo

El encargado de realizar los cobros y pagos, así como dar las cuentas ante la autoridad eclesiástica, de todos los gastos de fábrica fue el mayordomo de la iglesia, Luis Rodríguez Fleitas, quien entregó un pormenorizado registro con todas las partidas que englobaban el costo completo de la obra de reconstrucción de la iglesia. El descargo importaba ochenta y siete mil seiscientos quince reales y dieciocho maravedís, que, bajados de los ciento un mil ochocientos sesenta reales y catorce maravedís de su cargo, fue alcanzado y quedó debiendo catorce mil doscientos cuarenta y cuatro reales y veinticuatro maravedís y lo firmó de su nombre en la villa de Teguise el 3 de marzo de 1683. Y con él lo firmó el vicario Rodrigo de Laguna y el notario público Pedro Fernández Guerrero, quien dio fe de la operación.

En cierto momento, cuando ya se encontraba muy cansado y en plena vejez, el capitán Luis Rodríguez Fleitas quiso renunciar al oficio de mayordomo de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe, por lo que escribió una carta al obispo en la que expresaba textualmente sus males:

…digo que e administrado los bienes de la dicha yglesia veinte y seys años, y de presente me hallo en la hedad de sesenta y ocho y con diferentes achaques, como son la de supresión de orina, quebrado por la berija siniestra y en el costado diestro un dolor, que disen ser de siática que me a obligado a haser cama muchos días por cuyas causas…

Solicitaba que nombrasen a otra persona que administrase los bienes de la iglesia desde el día primero de enero de 1684, ya que para ese efecto hacía dejación del oficio de mayordomo y, para que el hipotético sustituto no se encontrara con falta de aceite, vino, cera o incienso, se comprometía a dejarle estos géneros, lo que solía dar la iglesia para el gasto de seis meses. Sin embargo, el obispo no le aceptó la dimisión por lo que el mayordomo tuvo que resignarse por ahora.

Conclusiones

Hay que tener en cuenta que la obra logró terminarse en tan breve espacio de tiempo porque los vecinos colaboraron gentilmente con el trabajo realizado con sus propias manos muchas veces y con la limosna de grandes cantidades de cereales. En las cuentas generales de la fábrica consta haber entregado por esta vía mil ciento ochenta y tres fanegas y seis celemines y medio de trigo, doscientos cuarenta y ocho fanegas y diez celemines de cebada que los vecinos dieron para ayudar a la reedificación de la parroquia, extraídas de las cosechas de los años 1678, 1679, 1680, 1681 y 1682, como constaba en el cuaderno donde se inscribían los sujetos que se las entregaban al vicario de la isla. Todo ello fue posible gracias a la bondad económica del momento, pues se produjeron entonces varios años de buenas cosechas y no se experimentaron contratiempos alarmantes ni llamativos para esos años del siglo. La piratería estaba controlada en el norte de África gracias a los presidios españoles y el tráfico marítimo se sentía seguro porque los enemigos tradicionales estaban neutralizados o bien bajo la protección de tratados internacionales que reconocían sus propios derechos.

En ese contexto de serenidad política y prosperidad económica, la reforma de la iglesia se convirtió en una necesidad evidente al hallarse abandonada y semiderruida, con las paredes y el techo a riesgo de caerse. Hay que tener en cuenta que la isla había sido atacada por los corsarios y piratas berberiscos en varias ocasiones, tanto a finales del siglo XVI como a principios del siglo XVII y, sobre todo, el ataque de 1618 fue determinante, ya que los invasores ocuparon la isla durante todo el mes de mayo y provocaron el incendio y destrucción de los edificios principales de la Isla[15].

Por lo tanto, las obras de reconstrucción de la iglesia eran necesarias ya en las postrimerías del siglo, así que, cuando el obispo dio su consentimiento primero y consiguiente orden después para que se emprendieran las obras de acondicionamiento de Nuestra Señora de Guadalupe, se aprovechó la circunstancia para ampliar el recinto; ya que se había quedado pequeño para la comunidad de vecinos de la Villa y alrededores. El problema surgió en el momento en que se diseñó la ampliación, pues quedó clara la imposibilidad de hacerla crecer con la misma orientación que tenía debido a la existencia de la gran mareta detrás de la iglesia. La solución fue cambiar la orientación del templo, y orientarlo al sureste, con la cabeza al nordeste. Al mismo tiempo, se acomodó el perímetro, con las dimensiones del antiguo largo al ancho actual y se pasó de una nave a tres. Ahora el presbiterio quedó dando a las puertas del palacio de los marqueses, lo que no fue un impedimento porque se trataba de una época en que la familia principal de la isla ya residía en la corte de España.

Esta nueva disposición de la iglesia obligó a cambiar las capillas y las sepulturas de los personajes principales allí enterrados, que las habían pedido y pagado en las zonas preminentes o en las capillas de sus patronos, por lo que en las obras de remodelación se tuvo en cuenta estas circunstancias para no ofender ni lesionar la última voluntad de muchos vecinos.

Anexo[16]

Costos de la reedificación de la Yglesia Parrochial

Nº 68. Costo de madera comprada en La Palma

Por 1.996 reales que hisieron de costo en la ysla de la Palma sien dosenas de tablas de aforro a dies y nuebe reales docena. Y quatro docenas de tablas de solladio a veinte y quatro reales docena comprado todo por mano del capitán don Antonio Pinto puesta dicha madera en los puertos donde se suele cortar.

Nº 69. Costo de flete de dicha madera

Por mill y quarenta 1.040 reales pagados al capitán Francisco de Herrera, vesino de la Palma, por el flete de dicha madera a dies reales por cada dosena cargada en los puertos donde se corttó de que mostró resivo.

Nº 70. Costo de subir la madera del puerto del Arresife a la Villa

Por 240 reales pagados a Tomás Lopes, Gaspar Francisco, Gaspar Morera y Lásaro Morera por subir del puerto del Arresife a esta Villa en sus carretas las siento y quarenta docenas de tablas de que mostró resivo.

Nº 71. Costo de la barcada de la madera de Abona

Por 1.546 reales y medio que hiso de costo la primera barcada de madera de tea que se trajo de las partes de Abona comprada por mano del señor lizenciado don Gaspar Álvares de Castro, vicario de La Laguna, y la trajo en su fragata el capitán Manuel de Acosta.

Nº 72. Flete de dicha barcada

Por 450 reales pagados al dicho capitán Manuel de Acosta del flete de dicha barcada de madera de que mostró resivo.

Nº 73. Costo de carretada de madera

Por otros 192 reales pagados a … Lopes y demás … del puerto a esta Villa … madera a dos reales cada carretada de que mostró resivo.

Nº 74. Costo de esquinas y contras de cantería

Por 262 reales y medio pagados a Joan …, vesino de La Laguna, … cantera siento y sinquenta … de cantería para esquinas y contras a catorse quartos cada piessa de que dieron resivo.

Nº 75. Costo del acarreto de dicha cantería

Por 75 reales pagados a Tomás Lopes y Lásaro Morera por el acarreto de traer de la cantera a esta Villa las siento y sinquenta piessas de cantería a medio real piessa con obligasión de traerla toda a medio real esquinas y a real los bolsores y demás piesas grandes.

Nº 76. Costo de tres barriles de clavos

Por 495 reales y medio que hisieron de costo en La Orotava tres barriles de clavos comprados en La Orotava por mano del capitán Diego Trolope, mercader ynglés, los dos de ellos con veinte mill clavos de aforro, y el uno con dies mill y ochocientos clavos de sollar; en la qual cantidad están inclusos dies y ocho reales pagados de flete y acarreto de dichos tres barriles.

Nº 77. Costo de 150 piesas de cantería

Por 450 reales pagados a Joan Hernandes cabuquero por cortar en la cantera siento y sinquenta piesas de cantería que llaman bolsores a tres reales cada uno de que mostró resivo.

Nº 78. Costo de 200 bolsores más

Por 600 reales pagados al dicho Joan Hernandes y a Francisco Hernandes, su hermano, ambos cabuqueros, por cortar en la cantera otra partida de dossientos bolsores a tres reales cada uno.

Nº 79. Costo de otros 200 bolsores

Por 625 reales más pagados a los dichos Joan Hernandes y Francisco Hernandes por cortar más otros dossientos bolsores, los sinquenta de ellos a tres reales y medio y los siento y sinquenta a tres reales.

Nº 80. Piezas de cantería

Por 14 reales pagados al dicho Joan Hernandes …dos piesas de cantería para … a siete reales cada piesa.

Nº 81. Costo de más bolsores y esquinas

Por 243 reales pagados a Francisco Hernandes, cabuquero, por cortar treinta y una piesas de cantería, bolsores a tres reales cada uno, y sien piesas para esquinas a rreal y medio cada una de que ay resivo.

Nº 82. Costo de traer de la cantera los bolsores

Por 583 reales pagados a los carreteros por traer de la cantera a esta Villa las quinientas y ochenta y tres piesas de cantería grandes a real cada piesa, como consta de la obligasión hecha por Tomás Lopes y Lásaro Morera de que ay resivo.

Nº 83. Costo de traer las sien esquinas

Por 50 reales pagados a los dichos carreteros por traer de la canttera las sien esquinas cortadas por Francisco Hernandes a medio real cada una, según están obligados, de que ay resivo.

Nº 84. Costo de 70 esquinas y pedasos de canto

Por 155 reales pagados a Francisco Hernandes y a Joan Hernandes, su hermano, cabuqueros, por settenta esquinas de cantería que tenían cortadas en la canttera y por todos los pedasos de cantos y tosca que auia en dicha canttera suyos para sobre los arcos, con acuerdo del maestro de la obra de que dieron resivo.

Nº 85. Costo de cargar las esquinas y pedasos de cantos

Por 12 reales pagados a Blas Rodrigues y Gaspar Valente por dos días que se ocuparon en la canttera en poner en cargadero las settenta esquinas y pedasos de cantos comprados a Francisco Hernandes y su hermano.

Nº 86. Costo de traer las esquinas

Por 35 reales pagados a Tomás Lopes y Lásaro Morera por traer de … las setenta esquinas compradas a Francisco Hernandes y Joan Hernandes a medio real cada como están obligados.

Nº 87. Costo de traer los pedasos de cantos

Por 90 reales pagados a Tomás Lopes y Gaspar Francisco y Lasaro Morera … Francisco por traer de la canttera treinta carretadas de pedasos de cantos y toscas para sobre arcos a tres reales cada carretada.

Nº 88. Costo que hiso la madera de la Rambla

Por 3.922 reales y medio que hiso de costo la madera de tea cortada en el Realexo para cargar por el puerto de Las Aguas, la qual concertó y pagó el señor lizenciado don Gaspar Álvares de Castro.

Nº 89. Costo de flete de madera de la antecedente partida

Por 179 reales pagados a Antonio de Morales por auer traido en su barco del puerto de La Orotaua tresientas y treinta y una tiseras de tea, dies y nuebe nudillos y ocho palos gruesos de quenta de la antecedente partida de que dio resivo.

Nº 90. Costo de subir dicha madera a esta Villa

Por 108 reales pagados a Thomas Lopes, Gaspar Francisco y Lásaro Morera por nuebe carrettadas que se trajeron de dicha madera del puerto a esta Villa a dose reales de que dieron resivo.

Nº 91. Costo de tablas barcales y cajales

Por 617 reales que hisieron de costo sinquenta tablas barcales y sinquenta cajales para andamios puestas en Santa Crus pagadas por mano del lizenciado don Gaspar Álvares de Castro.

Nº 92. Costo de subir dichas tablas a esta Villa

Por 24 reales pagados a Thomas Lopes y Lasaro Morera por subir a esta Villa dichas tablas de las quales no se pagó flete porque vinieron de limosna en navío de Joan Bautista Rata.

Nº 93. Costo de pan y vino y aseytunas

Por 8 reales que se gastaron en pan y vino y aseytunas con las personas y carreteros que asistieron a cargar y traer unas piedras grandes de la ladera del castillo para fundar en ellas los simientos y esquinas principales.

Nº 94. Costo de 32 brasas de cabo para subir la cantería

Por 32 reales en que se compraron treinta y dos braças de cabo nuevo en el navío de los Mármoles que se perdió por mano del capitán Domingo Peres Falero para subir la cantería.

Nº 95. Costo de cantería de Blas Rodrigues y Gaspar Valente

Por 714 reales pagados a Blas Rodrígues y Gaspar Valente, cabuqueros, los 40 de ayuda de costa para que limpiasen la cantera, y 64 reales por ocho piesas de cantería a 8 reales cada piesa, y 85 reales por dies y siete piessas a 5 reales. Y siento y setenta y sinco piessas que llaman bolsores a 3 reales cada una que hase la canttidad dicha de que ay reisuo.

Nº 96. Costo de traer las 200 piesas de cantería

Por 200 reales pagados a los carreteros por traer de la canttera a esta Villa las dosientas piesas de cantería de la antecedente partida a real cada una de que ay reciuo.

Nº 97. Costo de dos padiguelas

Por 16 reales que hisieron de costo dos padiguelas para el servicio de la obra.

Nº 98. Costo de 2ª barcada de madera de las partes de Abona

Por 1.366 reales y sinco quartos que hiso de costo la segunda partida de madera cortada en las partes de Abona pagada por mano del señor lizenciado don Gaspar Álvares de Castro, Vicario de La Laguna.

Nº 99. Costo de flete de la madera

Por 500 reales en que se hiso fletamento del barco de Andrés García, vesino de La Orotava, para traer dicha partida de madera, la qual trajo de dos viajes, una en que asistió el dicho y otra su maestre de tierra Joan Bautista de que ay resiuo.

Nº 100. Costo de subir la madera a esta Villa

Por 180 reales pagados a los … que trajeron del puerto a esta Villa la madera que se trajo de los dos viaxes … de que ay resiuo.

Nº 101. Costo de pimpollos para andamios

Por 195 reales que hisieron de costo en La Orotava veinte y seis pimpollos de pino para andamios puestos en el puerto de La Orotava pagada dicha cantidad por mano del capitán Asensio de Araujo como parece de su carta quenta.

Nº 102. Costo de flete de dichos 26 pimpollos

Por 169 reales pagados a Manuel de Castro el moso y a Joan Batista de flete de los veinte y seis pimpollos, a seis relaes y medio cada uno, de que dieron resiuo.

Nº 103. Dinero que recogió el maestro de la obra

Por 50 reales que el día viernes víspera del glorioso apóstol San Pedro del año de 1680 con acuerdo de su mersed el señor Vicario se pusieron sobre la primera piedra de simiento que se asentó en esta parrochia que se valió de ellos por vía de regalo el maestro de la obra Julián Sánches.

Nº 104. Costo de flete de la del Realexo

Por 68 reales y dos quartos pagados a Joan Esteues, vesino de La Orotava, flete de settenta y ocho tiseras de tea que trajo en su barco de quenta de la cortada en el Realexo a siete quartos cada piesa de que ay resiuo.

Nº 105. Costo de un árbol para plancha

Por 80 reales en que hiso rematte de orden de los señores jueses del tribunal de la Santa Cruzada de un árbol de navío para plancha necesaria en la obra de que ay fee del rematte.

Nº 106. Costo de juntar rofo para la obra

Por 10 reales y medio pagados a dos peones que se ocuparon dos días en limpiar el rofero de las canteras y poner el rofo en la parte donde le auían de cargar.

Nº 107. Costo de acarretos de madera del puerto

Por 180 reales pagados a los carreteros que trajeron del puerto el árbol para plancha después de auerle aserrado y de traerle veinte y seis pimpollos para andamios y alguna de las demás maderas pertenesiente a la yglesia de que ay resiuo.

Nº 108. Costo de flete de madera del Realexo

Por 155 reales y dos quartos pagados a Andrés Garsía de flete de la madera de tea que trajo en su barco del puerto de La Orotava de quenta de la cortada en el Realexo de que dio resiuo.

Nº 109. Costo de subir dicha madera a esta Villa

Por 108 reales que se pagaron a los carreteros que subieron dicha barcada de madera a esta Villa en nueve carretas a dose reales, de que ay resiuo.

Nº 110. Costo de flete de más madera

Por 268 reales pagados a Manuel de Castro, el moso, de flete de dies y seis vigas de tea a sinco reales; veinte y siete soleras largas a quatro reales, y quarenta docenas de guarnisión o ripia a dos reales docena, cargada dicha madera en el puerto de La Orotava de quenta de la que se cortó en la parte del Realexo de que ay resivo de dicho flete.

Nº 111. Costo de flete de madera

Por 68 reales y dos quartos pagados a Manuel de Castro Viera, flete de traer en su barco de La Orotava setenta y ocho tiseras de tea de a catorse pes de la cortada en el Realexo a siete quartos cada piessa de que ay resivo.

Nº 112. Costo de flete de 10 vigas

Por 50 reales pagados a Manuel de Castro, el moso, flete de dies vigas que trajo de La Orotava de la madera del Realexo a sinco reales cada una, ay resiuo.

Nº 113. Costo de acarreto de madera

Por 264 reales pagados a los carreteros que subieron a esta Villa veintidós carretadas de madera, a dose reales cada una, de que ay resivo.

Nº 114. Costo de 14 vigas de tea

Por 168 reales que hisieron de costo en el puerto de La Orotava catorse vigas de tea compradas por mano del capitán Asensio de Araujo como consta de su quenta.

Nº 115. Costo de flete de dichas vigas

Por 75 reales, flete de las cattorse vigas de tea de la antecedente partida, y una más de las cortadas en el Realexo, a sinco reales cada una, pagadas a Manuel de Castro, el moso, de que dio resiuo.

Nº 116. Costo de subir las vigas a esta Villa

Por 48 reales pagados a los carreteros que en quatro carretas subieron a esta Villa dichas quinse vigas a dose reales carreta.

Nº 117. Costo de cal que hiso Lásaro Morera

Por 337 reales y medio pagados a Lasaro Morera por tresientas fanegas de cal que entregó en la yglesia a nuebe quartos fanega de que tenía hecha obligasión y dio resivo.

Nº 118. Costo de más cal de Joan Hernandes Romero y Manuel Texera

Por 70 reales y medio pagados a Joan Hernandes Romero y Manuel Texera por noventa y quatro fanegas de cal que entregaron en el horno de Las Laderas, a seis quartos fanega, y el acarreto de quenta de la yglesia de que dieron resivo.

Nº 119. Costo de cal de Joseph Pires

Por más veintidós 22 reales y medio de treinta fanegas de cal que Joseph Pires tenía en poder de dicho Joan Hernandes Romero y Manuel Texera y por la falta que auia della la largó a los seis quartos cada fanega.

Nº 120. Costo de cal que hiso Falcón

Por 452 reales y medio pagados a Salbador Falcón de dos hornadas de cal que hiso en Las Laderas de que entregó quinientas y dies y seis fanegas y media a siete quartos fanega, puesta en los hornos, de que dio recibo.

Nº 121. Costo de cal de Geronimo de Acosta

Por 68 reales pagados a Geronimo de Acosta por sesenta y ocho fanegas de cal que dio en el horno de los Balichuelos por la falta que auia della.

Nº 122. Costo de cal de Cristóbal Morera

Por 140 reales pagados a Christoval Morera y Jacinto Hernandes de una hornada de cal que hisieron en Manguia de que entregaron en el horno dosientas y veinte y quatro fanegas a sinco quartos fanega de que dieron recibo.

Nº 123. Costo de condusir la cal a la yglesia

Por 486 reales y medio que se pagaron a Marcos de San Joan Espadaña, Antonio Curubelo por el acarreto de traer la cal de los hornos que van referidos a la yglesia a medio real fanega de que ay recibo.

Nº 124. Costo de madera de viñátigo de La Palma

Por 216 reales que hisieron de costo veinte piesas de madera de viñátigo que ymbió de La Palma el capitán don Antonio Pinto del principal de 136 reales de flete, 56 de acarreto de subir a esta Villa veinte y quatro.

Nº 125. Costo de madera de viñátigo de La Gomera

Por 304 reales que hisieron de costo otras veinte piesas de madera de viñátigo cortadas en la ysla de La Gomera con yntervensión del sargento mayor de dicha ysla, de principal hasta embarcarse siento y ochenta reales, de flete noventa reales, de acarreto de subirlas a esta Villa veinte y quatro.

Nº 126. Costo de más madera de viñátigo

Por 40 reales pagados a Santiago Fernandes, oficial de carpintero, que vino a asistir en la obra por unos tablonsillos de palo de viñatigo que trajo de su quenta y los abaluó el maestro de la obra Sebastián Álvares.

Nº 127. Costo que se hiso en Canaria de trigo

Por 31 reales que en la ysla de Canaria se hisieron de costo con abogado, relator y escribano de cámara, en las diligensias que se hisieron en la Real Audiencia en rasón del trigo que daban los vesinos del caudal de la alhondiga que no tubo efecto y consta de quenta del alferes Joan González de la Cruz, procurador de dicha Real Audiencia, a quien se encargó.

Nº 128. Costo de 2ª partida de cantería, Gaspar Valente y Blas Rodrígues

Por 393 reales del costo de sien esquinas de cantería que corttaron Gaspar Valente y Blas Rodrigues a real la piessa, catorse bolsores a tres reales, quatro piedras mayores a sinco reales y noventa piedras para el campanario concertadas en 200 reales y una botija de vino de ayuda de costa en 6 reales, hase dicha cantidad, de que ay recivo.

Nº 129. Costo de traer dicha cantería

Por 113 reales, costo de traer la dicha canttería las piesas grandes a rreal, y las menores a medio real cada una.

Nº 130. Costo de 21 garruchas para colgaduras y lámpara

Por dies 10 reales pagados a Pedro Romero, carpintero, por hacer veinte y uno garruchas para la colgadura y lámpara; de lo demás hiso limosna.

Nº 131. Costo de color que se dio al harponsillo del campanario

Por ocho 8 reales pagados a Martín, de color moreno, pintor, por dar color al óleo al arbolsillo y belletta que se puso en lo alto del campanario, el qual hiso de limosna Joan Bentrilla, maestro de serragero.

Nº 132. Costo de piedra quemada del castillo

Por 75 reales que hisieron de costo veinte y sinco carretadas de piedra quemada para sobre arcos que se cortó en la caldera del castillo por Joan Hernandes, cabuquero, a real carretada, y se pagó a Domingo Jorge, carretero, a dos reales por traer la carretada.

Nº 133. Costo de clavos de tisera en La Laguna

Por 155 reales que hisieron de costo dos mill clavos de tisera en la ciudad de La Laguna comprados por mano de Pedro de Dilan, según que consta de su carta quenta.

Nº 134. Costo de sogas de esparto

Por dose 12 reales y medio de dies sogas de esparto gruesas para andamios que ymbió de La Laguna dicho Pedro de Dilan.

Nº 135. Costo de 450 clavos de tiseras en Santa Cruz

Por sesenta y quatro 64 reales y medio que hisieron de costo en Santa Crus quatrosientos y sinquenta clavos de tiseras y tres líos de sogas de esparto que remitió el alférez Joan Tomas de Gusman para los andamios.

Nº 136. Costo de cal comprada a Blas de Vetancor

Por noventa y quatro 94 reales que hisieron de costo otras tantas fanegas de cal compradas a Blas de Vetancor, fabricada en el horno de Tahiche, de donde se trajo de limosna con cal que dio de limosna Lasaro Morera en el horno de Guestajaide.

Nº 137. Costo de clavos de guarneser

Por quarenta y ocho 48 reales que hisieron de costo seis mill clavos de guarnisión a 8 reales millar por mano de Samuel Suam, mercader inglés, vesino del puerto de La Orotava.

Nº 138. Costo de más clavos de La Orotava

Por siento y ochenta y ocho 188 reales que hisieron de costo en el puerto de La Orotava mill clavos de tisera viscaynos a 8 reales siento, seis mill de guarneser a 8 reales millar y otros seis mill algo mayores a 10 reales millar, todo comprado por mano de Joan Pendombe, ynglés.

Nº 139. Costo que hiso la madera de tea cortada en el Realexo

Por seissientos y sesenta y dos 662 reales que se hisieron de costo con barcos de descarga en pasar la madera cortada en el Realejo del puerto de Las Aguas al de La Orotava de donde se trajo a esta ysla, que lo dicho estubo a cargo del capitán Asencio de Araujo y así consta de su carta quenta.

Nº 140. Costo de texas de las yslas Terseras

Por dosientos sesenta y seis 266 reales pagados a Antonio Fernandes Castro por tres mill ochocientas texas de la fábrica de las yslas Terseras a setenta reales el... de que dio resivo.

Nº 141. Costo de clavos y demás herraje

Por dosientos y ochenta y quatro 284 reales y tres quartos que se pagaron al maestro herrero Salbador Peres por los clavos armares y cotales que hiso para la obra y demás herraje que se le encargó, como consta de su resivo.

Nº 142. Costo de una barra y más obra que hiso Joan Bentrilla

Por quarenta y seis 46 reales que se pagaron a Joan Bentrilla, maeso de serragero, de una barra que hiso y ajustó ala campana grande, alcayatas y quisialeras que se le encargaron que consta de su resivo.

Nº 143. Costo de seis pinseles y clavos que trajo Manuel de Castro

Por treinta y seis 36 reales que hisieron de costo en La Orotava seis pinseles para blanquear y mill clavos de aforro y dos mill de guarneser comprado todo por mano de Manuel de Castro Viera.

Nº 144. Costo de madera de Garachico

Por mill y siento treinta 1.130 reales de madera de tea que se trajo para la obra por el puerto de Garachico en vigas, tiseras, tablas de sollar, tablones para la puerta, limatones y otras piesas pedidas por el maeso de la obra, según memoria que se encargó al capitán Bartolomé Doble, en cuyo poder restan dos docenas de tiseras y sesenta y seis reales, restan los fragueros, que todo consta de la quenta del dicho Bartolomé Doble.

Nº 145. Costo de flete de dicha madera

Por siento y ochenta y dos 182 reales pagados a los capitanes Jacinto de Espinosa, Joan de Nieves y Lorenso Hernandes por aver traído en sus embarcaciones la dicha madera.

Nº 146. Costo de subir la madera a esta Villa

Por setenta y dos 72 reales pagados a los carreteros que trajeron dicha partida de madera a esta Villa de seis carretadas a dose reales...

Nº 147, 148: muy borrosos.

...que se ocuparon de poner sobre la nave la dicha texa.

Nº 149. Costo de encalado de las dos naves

Por siento y quarenta y quatro 144 reales y medio gastados con Manuel Penedo y Joan Gonsales de la Rosa, pedreros, que se encalaron las dos naves de la yglesia que dejó por encalar el maestro Julián Sánches, en cuya partida entran los peones que les asistieron y agua que se llegó para el encalado.

Nº 150. Costo de la cal que se hiso de quenta de la yglesia

Por mill dosientos y quarenta 1.240 reales y seis quartos que en diferentes partidas se gastaron en hacer y fabricar siete hornadas de cal en el horno de la mareta desta Villa, llegando los vesinos piedra y leña, dándoles solo de comer y beber, y entra en esta partida el gasto hecho con los vezinos que llegaban rofo para la obra y el gasto de agua y de llegar la cal, que todo fue con conveniencia de la yglesia, de que ay quadernillo de los dichos gastos y qué sujetos trabajaron en este exersisio.

Nº 151. Costo de peones que trabajaron en la obra

Por dos mill y siento nuebe 2.109 reales y tres quartos que importaron los hornales de peones que trabajaron en la dicha yglesia desde primero de junio de 1680 hasta dose de maio de 1681 que zesó el obrar con ellos, como consta de la memoria y recivos que dieron dichos peones.

Nº 152: Muy borroso.

Nº 153. Costo de herramientas

Por siento y sienquenta y ocho 158 reales ...de La Laguna... el... res de Castro, espuertas p... y de fierro, picos y barras que … de presente para el servisio de la yglesia, una asada, dos varras, un marrón, un pico y una pala de fierro porque lo que no se gastó se vendió y solo se carga a layglesia de lo que va dicho.

Nº 154. Dinero pagado al maestro de la obra Julián Sánchez

Por veinte y un mill y quinientos 21.500 reales pagados al maeso Julián Sánches Carmona por lo que obró en dicha yglesia en labrar la cantería de toda la obra, así arcos como esquinas, corriendo las paredes de su quentta porque de ella se pagó a los oficiales que le ayudaron, de la qual cantidad ay cartta de pago ante escrivano.

Nº 155. Dinero pagado al maestro de la obra Sebastián Álvares

Por catorse mill y sien 14.100 reales pagados al maeso de carpintería Sebastián Álvares de que dio cartta de paga ante escrivano y solo se le restan debiendo nobesientos 900 reales cumplimiento a quinse mill 15.000 en que fue concertada la obra; los quales nobesientos reales se le an de pagar en acabando de labrar y tornear los florones de la capilla mayor y de las dos colaterales y de hacer las sillas del choro y tribuna de órgano, como consta de un ynstrumento público.

Al margen: Ojo. No dio cumplimiento a esto porque trabajando en una capilla del convento de esta Villa caió y se murió.

Nº 156: Muy borroso.

Nº 157. Costo de subir madera a la Villa

… sesenta y seis reales que se hisieron... en subir del puerto a esta Villa las veinte y una docenas de tiseras en sinco carretadas y media a dose reales carretada.

Nº 158. Costo de 8.000 ladrillos del Norte

Por mill y trese 1.013 reales que hicieron de costo ocho mill ladrillos del norte, comprados a bordo de dos navíos olandeses en el puerto de Naos desta ysla, para enladrillar la yglesia, a rasón de siento y veinte reales el millar, que hasen novesientos y sesenta reales, y a ellos se añaden sinquenta y tres gastados con la gente de las lanchas en pan y vino para echarlos en tierra.

Nº 159. Costo de acarreto de los ladrillos

Por dosientos y sesenta y quatro 264 reales pagados a Tomás Lópes, Lásaro Morera y Francisco Hernándes, carreteros, por traer del puerto a esta Villa los dichos ladrillos de que dieron recibo.

Nº 160. Costo de enladrillar la yglesia

Por sinquenta 50 reales pagados a Joan Luis y Antonio de Sexas, su yerno, que dies días ganaron entre ambos de hornal a sinco reales en ladrillar partte de las sepolturas de la yglesia y porque Joan Francisco, sacristán menor della, se ofresió ladrillarlas de limosna se les despidió, ay recibo.

Nº 161.

Por setenta y siete reales que se an gastado en el tiempo que duró el ladrillar la yglesia … peones …

Referencias

AZNAR VALLEJO, E. (1990). Pesquisa de Cabitos. Las Palmas de Gran Canaria: Cabildo Insular de Gran Canaria.

BRUQUETAS DE CASTRO, F. (2000). Lanzarote en el siglo XVII: gobierno, administración y economía. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

BRUQUETAS DE CASTRO, F. (2017). «La iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe a través del Libro de Fábrica». En XVII Jornadas de Estudio sobre Lanzarote y Fuerteventura. Arrecife, 26-29 de septiembre de 2017.

CLAR FERNÁNDEZ, J. M. (1996). «La virgen de Guadalupe en la historia de Lanzarote». En VI Jornadas de Estudio sobre Lanzarote y Fuerteventura. Arrecife.

CONCEPCIÓN RODRÍGUEZ, J. (1999). «Las manifestaciones artísticas en Lanzarote y Fuerteventura durante el Antiguo Régimen: Estado de la cuestión». En VIII Jornadas de Estudio sobre Lanzarote y Fuerteventura, (1997). Arrecife.

FRAGA GONZÁLEZ, M. del C. (1980). «Esculturas de la virgen de Guadalupe en Canarias». Anuario de Estudios Americanos, núm. 37.

LOBO CABRERA, M. (1998). «Luis Rodríguez Fleitas, benefactor de Lanzarote». En Revista El Museo Canario, núm 53.

PÉREZ SAAVEDRA, F. (1993). «Del Lanzarote heroico: La virgen de Guadalupe, patrona de Teguise». Revista Aguayro, núm. 204, julio.

RODRÍGUEZ ARMAS, Mª D. (1994). «Teguise y las primeras noticias marianas». En Revista Aguayro, núm. 210, noviembre.

SANABRIA, I. de J. y GÓMEZ-PAMO Y GUERRA DEL RÍO, J. R.(1999). «La ornamentación de la iglesia parroquial de Teguise (1634-1744)». En VIII Jornadas de Estudio sobre Lanzarote y Fuerteventura (1997). Arrecife.

VIERA Y CLAVIJO, J. de (1772). Noticia de la Historia General de las Islas Canarias, Madrid, Tomo I, Libro V, p. 380.

Notas

* *
[1] AZNAR VALLEJO (1990), p. 130. Se trata de la toma de posesión de Adrián de Benavente ante el consejo de la isla reunido en la iglesia de Santa María en Teguise. También CLAR FERNÁNDEZ (1996).
[2] FRAGA GONZÁLEZ (1980), p. 697. Documento que se halla en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, La Laguna, sign. 20/39, s.f.
[3] PÉREZ SAAVEDRA (1993), pp. 24-26.
[4] RODRÍGUEZ ARMAS (1994) y en: http://mdc.ulpgc.es/cdm/singleitem/collection/aguayro/id/3145/rec/50.
[5] En el Rubicón, sur de la isla de Lanzarote, residía la catedral desde el 7 de julio de 1404, cuando se produjo la creación del obispado por Benedicto XIII y por Inocencio VII. Aunque hay que tener en cuenta que luego se creó el obispado de Fuerteventura; sin embargo, por aquellas mismas fechas el obispo fray Mendo obtuvo del papa Martín V la confirmación como obispo rubicense y canariense, es decir, del Rubicón y de Canarias.
[6] VIERA Y CLAVIJO (1772), pág. 380. Viera dice que el templo de San Marcial de Rubicón en Lanzarote se fabricaba a competencia mientras Maciot de Bethencourt dirigía los trabajos.
[7] BRUQUETAS DE CASTRO (2017). En los aspectos artísticos sobresalen algunos artículos presentados en las VIII Jornadas de Estudio sobre Lanzarote y Fuerteventura, celebradas en Arrecife entre el 22 y 25 de septiembre de 1997: CONCEPCIÓN RODRÍGUEZ (1999), pp. 11-50; SANABRIA y GÓMEZ-PAMO Y GUERRA DEL RÍO (1999), pp. 51-61.
[8] LOBO CABRERA (1998), pp. 275-294. El documento base en Archivo Museo Canario (AMC), Colección Documental “José Miguel Alzola”, Caja 14; Libro de Fábrica de la Iglesia Parroquial de Teguise, fol. 259 y siguientes.
[9] Archivo Museo Canario (AMC), Colección Documental “José Miguel Alzola”, Caja 14; Libro de Fábrica de la Iglesia Parroquial de Teguise, fol. 259 y siguientes. Visita del obispo Bartolomé García Jiménez en 5 de enero de 1679.
[10] Archivo Museo Canario (AMC), Colección Documental “José Miguel Alzola”, Caja 14; Libro de Fábrica de la Iglesia Parroquial de Teguise, fol. 259 y siguientes. Autorización del obispo fechada en La Laguna el 10 de enero de 1681.
[11] Archivo Museo Canario (AMC), Colección Documental “José Miguel Alzola”, Caja 14; Libro de Fábrica, fol. 265 r y v.
[12] Archivo Museo Canario (AMC), Colección Documental “José Miguel Alzola”, Caja 14; Libro de Fábrica. La Laguna 27 de junio de 1679. Fol. 268v.
[13] Archivo Museo Canario (AMC), Colección Documental “José Miguel Alzola”, Caja 14; Libro de Fábrica. La Laguna 2 de mayo de 1682. Fol. 267r.
[14] Archivo Museo Canario; “Colección Documental José Miguel Alzola”, Caja 14: Libro de Fábrica de la Iglesia Parroquial de Teguise, Lanzarote. A partir de aquí, todas las referencias se extraen del Libro de Fábrica y de la documentación relativa a las cuentas y costo de la reforma de la iglesia en él expresada.
[15] BRUQUETAS DE CASTRO (2000).
[16] Archivo Museo Canario; “Colección Documental José Miguel Alzola”, Caja 14: Libro de Fábrica de la Iglesia Parroquial de Teguise, Lanzarote.

Notas de autor

* Catedrático de Escuela Universitaria, área de Historia Moderna, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria; c/ Pérez del Toro, 1; 35003. Las Palmas de Gran Canaria. España. Teléfono: +34 928 451 714/+34 667.664.439; correo electrónico: fernando.bruquetas@ulpgc.es
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