Historia

Un enfrentamiento desigual. Baja demografía y difícil resistencia en la conquista de las islas Canarias

Unequal confrontation. Low demography and difficult resistance of the Canary islands

Alfredo Mederos Martín *
Universidad Autónoma de Madrid., España

Un enfrentamiento desigual. Baja demografía y difícil resistencia en la conquista de las islas Canarias

Anuario de Estudios Atlánticos, vol. AEA, núm. 65, pp. 1-32, 2019

Cabildo de Gran Canaria

Recepción: 12 Abril 2018

Aprobación: 13 Julio 2018

Resumen: Las islas Canarias tuvieron una escasa población indígena que facilitó la conquista, por lo que sólo se emplearon pequeños contingentes de tropas. Las cifras en las crónicas de la conquista están sobredimensionadas para otorgar mayor importancia militar a los enfrentamientos, aunque los castellanos tenían la ventaja de usar caballería, ballestas y armaduras. La estrategia militar fue razzias de saqueo, asedios en zonas de orografía elevada y captura de esclavos, la principal fuente de riqueza en Canarias. Las dos islas con mayor población, Gran Canaria y Tenerife, sufrieron crisis demográficas justo antes de la conquista, por control de los nacimientos y una epidemia durante la guerra. Sólo se recurrió a tropas profesionales experimentadas entre noviembre de 1495 y marzo de 1496, unos treinta y ocho jinetes y setecientos veintidós peones enviados por el duque de Medina Sidonia para finalizar la conquista de Tenerife.

Palabras clave: islas Canarias, aborígenes, demografía, conquista.

Abstract: The Canary islands had a small indigenous population that facilitated the conquest, so only small contingents of troops were employed. The numbers in the chronicles of the conquest are oversized to give greater military importance to the clashes, although the Castilians had the advantage of using cavalry, crossbows and body armor. The military strategy was raid and looting, sieges in areas of high orography and capture of slaves, the main source of wealth in the Canary islands. The two islands with the largest population, Gran Canaria and Tenerife, suffered demographic crises just before the conquest, for control of births and an epidemic during the war. Only experienced professional troops were used between November 1495 and March 1496, some 38 horsemen and 722 infantrymen sent by the Duke of Medina Sidonia, to complete the conquest of Tenerife.

Keywords: Canary islands, indigenous inhabitants, demography, conquest.

Fuentes, objetivos y problemática de los estudios demográficos sobre la población aborigen de las islas Canarias

El estudio de la demografía aborigen es uno de los problemas más delicados por la falta de acuerdo entre las fuentes disponibles, que generalmente se trata de viajeros europeos que tuvieron noticias de ellas o hicieron escala en los siglos XV y XVI o cronistas no contemporáneos a la conquista de finales del siglo XVI y XVII. En estos últimos, a menudo estos datos demográficos y los contingentes de indígenas que participaron en los combates están sobredimensionados para acrecentar la importancia de la conquista de cada isla y de los choques armados que las precedieron, lo que se aprecia en el incremento del número de indígenas movilizados o muertos en las fuentes más tardías.

El objetivo de este trabajo será mostrar que los bajos contingentes de población indígena facilitaron la conquista, que sólo en pocas ocasiones exigió emplear un número importante de tropas para vencerlos. Es importante para valorar adecuadamente una escasa resistencia indígena en ocasiones, en particular en las 4 islas más pequeñas, dentro de un relato determinado por las crónicas de la conquista que realizaron los vencedores frente a los indígenas que fueron derrotados. Esta cuestión afecta al también complejo problema del número de indígenas que se incorporaron a la nueva sociedad canaria desde finales del siglo XV[1].

El análisis que presentamos hace una valoración de las cifras de indígenas que supuestamente vivían en las islas antes de la conquista y el número de los que participaron en los combates, los hombres de pelea, el cual muchas veces es el dato más frecuente que se aporta para evaluar las estimaciones demográficas que se han publicado por investigadores precedentes y ofrecer una propuesta nueva, con cantidades inferiores a las habitualmente defendidas.

Está claro que algunas de las islas siempre estuvieron escasamente pobladas, pero las razzias esclavistas desarrolladas desde la primera mitad del siglo XIV, al menos desde la expedición del genovés Nicoloso da Recco en 1341, enviada por Alfonso IV de Portugal, o la del sevillano Álvaro Becerra en 1393 «que las corrió todas e traxó dellas catiuos»[2], concretamente ciento sesenta canarios a Sevilla[3], supusieron una continuada sangría de población, cuyo impacto, en islas de baja demografía, no debió de ser menor, pues era el principal beneficio obtenido en los ataques a las islas. Un texto de Le Canarien para Lanzarote es lo suficientemente significativo:

estaba muy poblada de gentes; pero los españoles y los aragoneses y otros corsarios de mar los han cogido varias veces y llevado en cautiverio, hasta que quedaron pocas gentes. Porque cuando llegamos nosotros, sólo había unas 300 personas[4].

Pese a todo, estos datos deben relativizarse porque el número de ventas de esclavos canarios que conocemos a través de protocolos notariales, aunque es importante cualitativamente, aún resulta de escasa entidad cuantitativamente, teniendo en cuenta el volumen de ventas que se realizaban en mercados como Sevilla[5] o Valencia[6], estos últimos básicamente llegados de Tenerife durante la conquista de la isla en 1495 y 1496.

Demografía y conquista de las islas Canarias

Lanzarote (1402-03)

Para Lanzarote, Le Canarien sólo recoge «más de doscientos hombres de defensa cuando llegamos»[7], lo que implicaría unos ochocientos o mil habitantes, pero la referencia más clara da cifras aún menores, «cuando llegamos nosotros, sólo había unas trescientas personas, que hemos cogido con mucho trabajo y mucho esfuerzo, y los hemos bautizado»[8].

No obstante, Navarro y Arco[9] sugieren mil habitantes, que Macías[10] aumenta hasta dos mil personas, pese a estar ya muy afectada por el tráfico esclavista, por lo que cree que la isla tendría un potencial máximo de doce mil habitantes, mientras Cabrera[11] supone que superaría claramente las mil quinientas personas, concretamente un máximo de unas tres mil personas[12]. Este número es incluso incrementado a 6.000 habitantes por Álvarez Delgado[13], pues considera que los 60 hombres de pelea de Zurara[14] deben de ser un error de copista por “LXc”, sesenta x cien.

A inicios del siglo XVI, Lanzarote no superaba los cien vecinos[15], unas quinientos personas, que apenas se había modificado a finales de ese siglo, en 1585, ciento veinte vecinos[16], cuatrocientos ochenta o seiscientos habitantes (tabla 1).

Tabla 1
Estimaciones paleodemográficas sobre el número de habitantes indígenas en las islas Canarias y su comparación con la población existente a finales del siglo XVI.
Población de las Islas Canarias antes de la Conquista
Autores Lanzarote Fuerteventura El Hierro La Gomera Gran Canaria La Palma Tenerife
Álvarez Delgado 6.000 - 1.200 1.800 25.000* 9.000/ 8000 3.000/ 4.000 14.000/ 15.000
Navarro y Arco 1000 1.000 500 2.000 +30.000 +4.000 +30.000
Macías 12.000 /2.000 24.000 2.555/ 3.053 4.200 60.000 8.047 36.000
Mederos 700 1.000 800 1.100 9.000* 4.500 2.500 16.800* 7.000
1585 480/600 875/1100 800/1000 1.000/ 1.275 6.825/ 8.550 4.400/ 5.550 16.275/ 20.350
Álvarez Delgado, 1981; Navarro y Arco, 1987; Macías, 1992 y 1995, p. 53, cuadro II; Mederos, este trabajo; Fernández Martín, 1975.* Población existente antes del control de la natalidad en Gran Canaria y de la epidemia en Tenerife.

Robert de Braquemont, almirante de Francia en la corte de Enrique III y Juan II, bien en su nombre, bien en beneficio de su primo, el barón normando, Jean de Béthencourt, obtuvo de Enrique III de Castilla la concesión de la conquista de Canarias.

En 1402, sesenta y tres normandos franceses partieron de Sevilla y llegaron a Lanzarote en julio[17]. El 19 de abril de 1404 llegó de nuevo Bethencourt, sólo con dos hidalgos y dos sirvientes como refuerzos[18].

No era fácil capturar majoreros después de las razzias piráticas del siglo XIV, en particular, después de la de los sevillanos, vizcaínos y guipuzcoanos de 1393, en la cual capturaron al rey, la reina y ciento sesenta indígenas según la Crónica de Enrique III[19]. El armador de la flota, aunque se ha asignado a Gonzalo Pérez Martel, recaudador mayor de las rentas reales en Sevilla[20], ha sido también atribuido a Juan de las Casas[21], promotor de revueltas en la ciudad contra los mercaderes genoveses y que entonces estaba condenado a compensarles[22]. El capitán habría sido el sevillano Álvaro Becerra quien “traxó dellas catiuos a esta çiudad”[23].

Es posible que Lanzarote también fuese afectada por la razzia que afectó a las islas en 1370 de piratas “francos”, probablemente mallorquines, quienes capturaron indígenas, parte de los cuales fueron vendidos al sultán según recoge Ibn Jaldun[24].

Por estos precedentes, Bethencourt «puso gran diligencia en buscar canarios, pero no lo logró, porque todavía desconocía el país»[25]. En la isla «cuando llegamos nosotros, sólo había unas trescientas personas»[26]. Ya en 1402, habían sido capturados y bautizados algo más de ochenta hombres, mujeres, niños, de los que muchos murieron por falta de alimentos[27].

En octubre de 1402 ya se había capturado en seis ocasiones, y vuelto a escapar, al rey de Lanzarote[28]. Fue capturado por séptima y última vez, con dieciocho de sus hombres, el 25 enero de 1403, y poco después decidió bautizarse[29].

Durante la conquista no hubo empleo de armamento de fuego, pero tuvieron gran importancia las ballestas y los arcos, «ellos tienen miedo a los arcos más que a cualquier cosa»[30].

El balance final fueron dos muertos franceses, quizás Pierre du Plessis y Guillén de Alemania, escuderos, y algo más de cincuenta aborígenes[31].

Fuerteventura (1403-05)

Para Fuerteventura las referencias son parcas, pero igualmente mínimas, «los habitantes son en poco número»[32]. Esto lo explican en que había «dos reyes, que pelearon largo tiempo entre ambas, en cuya guerra hubo por varias veces muchos muertos, tanto que están muy debilitados»[33]. A mediados del siglo XV la situación no parece haber mejorado mucho y Zurara[34] comenta que sólo «moraban LXXX [80] hombres» de pelea, unos trescientos veinte o cuatrocientos habitantes. En cambio, Macías[35] considera que esta cifra correspondería a los caballeros cristianos que defendían la isla. En principio, estos datos deberían descartar la cifra de «cuatro mil hombres de pelea» que comenta Abreu[36], sin embargo es aceptada por Macías[37].

Entre las valoraciones recientes está la propuesta de mil habitantes según Navarro y Arco[38]. En cambio, a partir de las densidades de población en áreas semidesérticas habrían sido entre setecientos sesenta y tres mil ochocientos sesenta habitantes según Tejera y González Antón[39], o bien no superarían los tres mil habitantes[40]. Aún más llamativo son los cuatro mil guerreros que Macías[41] acepta y multiplica por seis, lo que supondrían veinticuatro mil habitantes, aunque los contingentes habrían disminuido por el enfrentamiento entre los dos reyes de las dos mitades de la isla, los territorios de Guize y Ayoze. Sin embargo, frente a estas estimaciones, en 1585 sólo había doscientas diecinueve vecinos[42], ochocientos setenta y seis o mil noventa y cinco habitantes.

En 1403, Gadifer desembarcó en Fuerteventura con 5 normados, 2 lenguas o traductores y 28 castellanos[43], 35 personas frente a los 63 que participaron en Lanzarote, poco más de la mitad. El cambio más significativo fue que las tropas eran básicamente castellanos.

A partir de entonces, ya una importante parte del contingente militar lo compusieron tropas indígenas reclutadas, en este caso, lanzaroteños, como posteriormente sucedió en las otras islas:

todos los habitantes de la isla de Lanzarote se ponen a ser arqueros y soldados y se han conducido muy valientemente en compañía de los cristianos contra los de Erbania [Fuerteventura] (...) y varios de ellos han muerto en la guerra, luchando y ayudando a los nuestros[44].

Durante 1404 el hecho más destacado fue la captura de 30 prisioneros en Valtarajal. El 18 de enero de 1405, se entregó y bautizó el rey del norte de Fuerteventura con 41 hombres, y tres días después, el 21 de enero, lo hicieron 22 personas más. Una semana después de la rendición del primer rey, el 25 de enero se entregó el rey del sur de Fuerteventura con 46 hombres, y poco después el resto de la población[45].

El Hierro (1405)

Para El Hierro, antes de la conquista, se señala la captura de 400 personas hacia 1402[46], pero de momento no hay fuentes documentales con ventas en mercados que lo ratifiquen, ni quién realizó esta razzia, que debería haber implicado el control de buena parte de la isla. Una opción sería que el ataque de 1393[47] haya tenido especial incidencia en la isla. El caso es que en 1403 ya se indica que «actualmente no hay sino poca gente» y en 1404 reitera que «solía estar poblada por muchas gentes, pero varias veces fueron cogidos y llevados en gran esclavitud y cautiverio a países extraños, y hoy día quedan pocas gentes»[48], lo que implica varios ataques y no sólo uno muy reciente. El dato más preciso es la entrega del rey de la isla y su hermano, con 111 personas a Béthencourt en 1405, buena parte de los cuales fueron esclavizados, pues se «guardó para sí a 31 de ellos, de los cuales el primero era el rey, los otros fueron repartidos como botín y algunos fueron vendidos como esclavos»[49], ordenando repoblarla con ciento veinte normandos pues si no “la isla del Hierro hubiera quedado desierta y sin criatura humana”[50].

A inicios del siglo XVI, El Hierro tenía 80 vecinos o cabezas de familia[51], unas 400 personas, que en 1585 habían aumentado a doscientos vecinos[52], ochocientos o mil habitantes. A finales de ese siglo alcanzaba doscientos treinta vecinos[53], correspondientes a una población en torno a mil ciento cincuenta personas.

Entre las interpretaciones de las últimas décadas, Navarro y Arco[54] reducen estas cifras a unos quinientos habitantes para El Hierro, ligeramente elevada a mil doscientas personas por Álvarez Delgado[55], en contraste con la opinión de Macías,[56] que apunta a cifras entre dos mil quinientos cincuenta y cinco y tres mil cincuenta y tres habitantes.

En 1403, Gadifer desembarcó con el mismo contingente que luego utilizó para conquistar Fuerteventura, treinta y cinco hombres desglosados en cinco normados, dos lenguas y veintiocho castellanos, los cuales permanecieron veintidós días en la isla, durante los cuales apenas capturaron cuatro mujeres y un niño[57].

En 1405, Jean de Béthencourt, permaneció tres meses en la isla, después de los cuales logró la rendición del rey de la isla con ciento once personas, con la ayuda del hermano del rey de El Hierro, que había sido esclavizado y entregado por el rey Enrique para que colaborase en la conquista, pues la expedición de 1393 según la Crónica de Enrique III[58] cita expresamente a El Hierro y La Palma, aunque atribuye todos los aborígenes capturados a la isla de Lanzarote. De los indígenas que se entregaron, ochenta fueron esclavizados y en parte vendidos fuera de la isla, salvo el rey y treinta y un herreños.

La Gomera (1488)

Una fuente contemporánea a la conquista de La Gomera señala que «serán setecientos hombres de pelea, los cuales tienen un duque y ciertos cabecillas»[59], lo que implicaría unos 2.800 o 3.500 habitantes. Cuando Pedro de Vera estuvo en la isla reprimiendo la sublevación contra Fernán Peraza en 1484 capturó algo más de 200 gomeros que trasladó a Gran Canaria[60] y posteriormente ajustició a todos los hombres y vendió como esclavos a mujeres y niños[61]. Otro grupo importante de los bandos de Orone y Agana fue ajusticiado después de matar a Fernán Peraza en 1488, y las mujeres y niños esclavizados en 1489[62].

En las valoraciones recientes se han sugerido mil ochocientos habitantes[63] o dos mil personas por Navarro y Arco[64]. En un trabajo posterior, haciendo un cálculo por 4.5 miembros, Navarro[65] apunta tres mil ciento cincuenta habitantes. La cifra más elevada es la propuesta por Macías[66] de cuatro mil doscientos habitantes, aunque ya reducida por las razzias esclavistas.

Otra interesante alternativa que se plantea es que quizás los hombres de pelea, mayores de 15 años, no fuesen necesariamente cabezas de familia, sino guerreros en condiciones de pelear, por lo que se multiplicaría por 1.4 ó 2, lo que implicaría una población entre mil quinientos setenta y cinco y dos mil doscientos cincuenta personas, inclinándose Navarro por algo menos de dos mil individuos[67]. Aunque la edad de quince años es la utilizada para esclavizar a unos doscientos gomeros sublevados contra Hernán Peraza por Pedro de Vera[68], y es la aceptada por Macías[69], guerreros entre quince y treinta y cuatro años, en otras islas como Fuerteventura se menciona la movilización de hombres mayores de dieciocho años[70]. En cualquier caso, es un argumento más para no utilizar un múltiplo demasiado alto cuando valoramos el número de guerreros.

Las cifras de habitantes en La Gomera en 1585, doscientos cincuenta y tres vecinos[71] implica valores entre mil doce y mil doscientos sesenta y cinco habitantes, que parecen más realistas.

Jean de Béthencourt no llegó a conquistar la isla de La Gomera, de orografía muy difícil y mayor demografía, sino que pactó con los indígenas de un sector de la isla. Hacia 1420, se ha supuesto un intento de control del bando de Orone (Valle Gran Rey) por Maciot de Béthencourt[72], apoyándose en la mención de Zurara[73] que la «intentó conquistar con algunos castellanos (...) pero no pudo terminarla». El bando de Orone prestó apoyo a Beatriz de Bobadilla al ser muerto Fernán Peraza[74], aunque luego Pedro de Vera ajustició a muchos de ellos[75]. El objetivo de Maciot, ahora como representante del conde de Niebla, era impedir el control de la isla por Guillén de las Casas, hijo de Juan de las Casas, quien consiguió apresar a Maciot en 1423[76].

Debido a la debilidad militar tanto de los señores de Canarias como de los reyes de Portugal, con una importante flota pero con un ejército insuficiente, fueron incapaces de conquistar islas como Gran Canaria o La Palma, mientras evitaban la isla más poblada, Tenerife, por lo que una isla pequeña como La Gomera acabó convirtiéndose en el principal punto de fricción.

En 1424 un contingente portugués de conquista enviado por el infante D. Enrique al mando de Fernando de Castro, con 2.500 infantes y 120 jinetes[77], intentó conquistar Gran Canaria. Después de fracasar, para apoyar a Maciot, desembarcaron en el puerto de Hipare en La Gomera, mataron al hermano del rey Amalahuige, que los cercó en la fortaleza de Argodey, pero acabaron firmando un acuerdo por el cual se pudieron reembarcar[78]. Probablemente desde entonces se estableció algún pacto con la corona portuguesa, lo que explica que el rey Amalahuige recibiera el nombre de Fernando Amalahuige[79].

En la posterior escala de Álvaro Gonçalves d’Ataide, con tres barcos, para atacar La Palma, dos de los reyes de los bandos de La Gomera, Piste y Bruco, le informaron que «eran vasallos del Infante D. Enrique» el Navegante[80]. De ellos, Piste participó en la expedición esclavista contra La Palma, después de la cual, Piste y otros gomeros visitaron la corte del Infante en el Algarve, de lo que fue testigo el propio Zurara[81]. Estos dos bandos aliados con los portugueses han sido identificados con Agana (Vallehermoso) y Mulagua (Agulo-Hermigua, valle de Hermigua)[82]. Según Gómez de Sintra[83] «Álvaro Dornellas recibió y gobernó la mitad de la isla llamada Gomera, que conquistó en la guerra que tuvo con los canarios».

Fernán Peraza el Viejo construyó una torre en la bahía de San Sebastián en 1449[84] o 1450[85], después de un acuerdo amistoso con el rey de Hipalán, uno de los cuatro bandos de la isla, que fue bautizado como Sebastián Gaismet[86]. Esta torre avisaba simbólicamente a las embarcaciones extranjeras del control de la isla, a la vez que permitía comerciar con los gomeros. Es importante tener en cuenta que hacia 1475, según precisa Gómez de Cintra[87], «En Gran Canaria y Gomera ya cerca de la mitad de los habitantes son cristianos».

Su sucesor, Diego García de Herrera, no vivió en la isla, aunque mantuvo el pacto con Hipalán. En 1477 se concedió el señorío a Fernán Peraza de Herrera el mozo, quien se instaló en La Gomera y amplió el pacto con Hipalán para incluir también el bando de Mulagua, iniciando la captura de gomeros de los otros dos bandos para esclavizarlos, aunque «eran cristianos, recibían los sacramentos y pagaban el diezmo de sus cosechas y ganado». Esto provocó dos levantamientos, uno en 1478, incentivado por los portugueses, y otro en 1484 que incluyó el asedio de la torre de San Sebastián, pero Fernán Peraza de Herrera el mozo, con la ayuda del gobernador de Gran Canaria, Pedro de Vera, al que había ayudado en la conquista de Gran Canaria, reprimió la revuelta y en compensación se llevó 200 gomeros esclavos a Gran Canaria en 1484[88].

Poco después, se conocieron las relaciones extramatrimoniales entre Fernán Peraza y la gomera Iballa, del bando de Mulagua, uno de sus reinos aliados, y fue muerto en venganza por ellos en noviembre de 1488[89]. Es posible que fueran portugueses los que incitaran a los bandos de Hipalán y Mulagua a su asesinato para debilitar la presencia señorial castellana. Pedro de Vera vino nuevamente en auxilio con cuatrocientos hombres en 3 naves[90] y obligó a los gomeros a presentarse en la iglesia so pena de culparlos de la muerte de Fernán Peraza. Sin embargo, sólo se presentó población de los bandos de Orone y Agana, aunque que se había acusado a los habitantes de los bandos de Hipalán y Mulagua. Para doblegarlos atacó Garajonay, donde estos se habían refugiado y, tras capturarlos, condenó a muerte a todos los hombres mayores de 15 años y esclavizó a las mujeres y niños[91]. En Gran Canaria, cogió a todos los hombres que se había llevado hacia 1485-86 y otros allí avecindados hasta doscientos[92] o trescientos[93], ejecutó a los hombres y esclavizó a las mujeres y niños, lo que motivó la destitución como gobernador de Pedro de Vera, que fue enviado a combatir al reino de Granada.

Gran Canaria (1478-83)

La isla que presenta más datos es Gran Canaria. En fechas previas a la conquista de la Salle[94] menciona 6.000 hidalgos del testamento de los siete frailes; sin embargo, probablemente estas cifras fueran una exageración incentivada por los propios canarios, que deseaban impedir asaltos a la isla. Así recoge que «los canarios dicen entre sí [que tienen] diez mil combatientes, pero Gadifer (...) dice que en su opinión nunca vio juntos más de setecientos a ochocientos hombres»[95]. Más revelador es el cálculo militar que hizo Gadifer al conocer la cifra de guerreros, pues esperaba conseguir «cien arqueros y cien hombres, entrar en el país y fortificarse hasta tanto que (…) haya puesto el país en nuestro poder»[96], que en ningún caso lo hubiera pensado de existir esos supuestos 6.000 hidalgos guerreros.

Entre otros autores del siglo XV, García de Santa María[97] señala «más de dies mill omes de pelea», 10.000 recogidos también por Béthencourt[98], mientras Zurara[99] indica cifras próximas a de la Salle, 5.000 hombres de pelea. Esto implicaría unos 20.000 o 25.000 habitantes siguiendo a Zurara, y duplicar las cifras de acuerdo con García de Santa María, 40.000 o 50.000 habitantes. Después de finalizar la conquista en 1484, Fernandes[100] apunta 7.000 u 8.000 hombres de pelea, que resulta una cifra intermedia respecto a Zurara y García de Santa María. En cambio, nos parece mucho más realista el dato de Alvise Cadamosto[101], que menciona de 8.000 a 9.000 «almas», es decir, hombres, mujeres y niños.

A partir del siglo XV se consolida la cifra de unos 10.000 guerreros, «Yo oí afirmar a muchos Canarios viejos que (...) quando llegaron los spañoles de nuebe mil canarios de pelea (...) otros dicen que fueron dies mil i más»[102]. Esta cifra en torno a 10.000 hombres de pelea se repite en las crónicas de López de Gómara[103], Frutuoso[104] o Marín de Cubas[105], que implicarían unos cuarenta mil o cincuenta mil habitantes.

Algunas valoraciones son más concretas y dividen el contingente militar entre los dos guanartematos de Telde y Gáldar. Así, se repartirían entre «unos quatro mil el de Telde i el otro hermano seil mil» el de Gáldar[106], reparto reafirmado por el teldense Marín de Cubas[107], pero el texto más antiguo que se conserva de Gómez Escudero es por una copia de Marín y Cubas. Los autores más tardíos incrementan aún más estas cifras, y así sólo para Gáldar se considera que tendría hasta 10.000 hombres de pelea[108], otorgándose indirectamente 6.000 a Telde cuando López de Ulloa[109] cifra en “más de dies y seys mill hombres” los combatientes.

Por el contrario, Abreu[110] adjudica a Telde 10.000 hombres frente a 4.000 para Gáldar, y Torriani[111] eleva a 14.000 los de Telde manteniendo en 4.000 los de Gáldar, sumando en total, 18.000 hombres de pelea y un contingente demográfico que oscilaría entre 72.000 o 90.000 habitantes. El mayor peso demográfico y militar de Telde respecto a Gáldar lo señala Bernáldez[112]:«era mayor el rey de Telde e de más gente que el otro»”.

Este aumento de cifras parece comenzar a mediados del siglo XVI con los 13.000 o 14.000 hombres de pelea de Barros[113]; continua con Abreu[114], quien indica que, «había en esta isla muchos hombres, y muchas más mujeres, que se dice juntarse catorce mil hombres», una cifra que coincide con las «catorce mil familias» de Gómez Escudero[115] y Marín de Cubas[116]. Cifras aún más elevadas son las de Torriani[117], quien señala que Gran Canaria sustentó “casi sesenta mil almas” y B. de las Casas[118] ,que las aproxima a cerca de 100.000 personas.

Lo que está claro es que a pesar de estos porcentajes poblacionales, se desarrollaron prácticas de infanticidio femenino para controlar la población en Gran Canaria. El texto de Abreu[119] es revelador

Había en esta isla muchos hombres, y muchas más mujeres, que se dice juntarse catorce mil hombres. Y, viendo cómo iban en crecimiento, y los mantenimientos les faltaban y no se cojían frutos que bastasen a su sustento, por no vivir en estrechura, entrando en consulta y congregación, que llamaban sabor, acordaron y hicieron un estatuto que se matasen todas las hembras que de allí adelante naciesen, con tal de que no fuesen los primeros partos que las mujeres hacían -porque a los tales vientres reservaban para su conservación-, y así supliesen los frutos que la tierra produjese, y no les faltasen, como había sucedido los años atrás.

Sobre el mismo hecho, Gómez Escudero[120] señala que surgió la «lei de matar todas las niñas que tubiessen (...) por hauer venido a número de catorce mil familias i ser años estériles muchos antes de la conquista».

El efecto fue que la población descendió a la mitad[121], dos tercios[122] o tres cuartos[123] al desencadenarse también una epidemia de «peste», pero en el fondo lo que nos está indicando es que las supuestas cifras de población y de hombres de pelea corresponderían como mucho a la etapa previa de la crisis subsistencial que forzó a este control demográfico. La escasez de mujeres aún era importante en el momento de la conquista pues López de Ulloa[124] señala que «de 50 años hauía en todo lo más del común que no conocía muger». La crisis alimenticia debió ocurrir en el siglo XIV o inicios del siglo XV, «pocos años antes de que la isla de Canaria fuese conquistada (…) creció la gente en tanta cantidad, que ya no bastaban las cosechas para su manutención, y empezaron a padecer carestía»[125].

Si tenemos en cuenta las cifras del siglo XV de 5.000 o 6.000 hombres de pelea ofrecidas por Zurara y Le Canarien, 20.000 o 25.000 habitantes siguiendo a Zurara o 24.000 y 36.000 personas de Le Canarien, deben de ser los valores máximos en la etapa previa a la crisis subsistencial que provocó la práctica del infanticidio femenino. A ello se sumó la epidemia de modorra que sucedió al final de la conquista, porque Sedeño[126] y Gómez Escudero[127] llegan a admitir que por entonces sólo sobrevivían 300 hombres de pelea en la isla,

hubo dies mil según nos informaron, a la primera venida de Vetencourt, i a la conquista quando vino Don Juan Rejón abría más de seis mil, después les fue dando a manera de peste que por último habría trescientos quando se acauó de sujetar la isla.

Entre las valoraciones recientes sobre los porcentajes poblacionales está la propuesta de Álvarez Delgado[128] de 25.000 habitantes en 1405, pero después de la crisis subsistencial y la práctica del infanticidio femenino, hacia 1451, apenas restarían 8.000 o 9.000 personas. Jorge Onrubia[129] se inclina por 4.500 hombres de pelea y unos 14.000 habitantes, que antes de la crisis subsistencial habrían sido unas 18.000 personas. En cambio, González Antón y Tejera[130] aumentan el porcentaje a 35.000 personas, al que se aproximan Navarro y Arco[131], quienes proponen más de 30.000 habitantes. Otro investigador como Jiménez González[132] admite unos 5.000 o 6.000 hombres de pelea y, aplicando un coeficiente de 7.14-7.69, sugiere una población entre 35.700 y 46.140 habitantes. Los valores más elevados son los propuestos por Macías[133], que acepta la presencia de 10.000 guerreros en armas y sugiere la cifra de 60.000 habitantes. Esto no se adecua bien con que al acabar la conquista de Gran Canaria sólo hubiesen 600 hombres de pelea[134], aunque fuesen sólo los que mantuviesen la última resistencia pues ya se habían entregado buena parte de los de Telde y Gáldar con sus respectivos guanartemes en 1481 y 1482, lo que ha llevado a sugerir a Onrubia[135] que sólo habrían unos 2.000 indígenas, aplicando un ratio de 1.3 hijos.

En cambio, no conviene olvidar los datos demográficos del siglo XVI, pues indican que Gran Canaria en 1585 contaba con 1.709 vecinos[136], lo que implicaría entre 6.836 y 8.545 habitantes. Este dato está confirmado por otro padrón de 1587, que recoge 8.545 habitantes. Sólo a finales del siglo XVII, en 1678, se mencionan 20.458, y en 1688, 22.154 personas[137].

Gadifer de la Salle no intentó conquistar Gran Canaria al carecer de suficientes tropas[138]. En 1404 sólo permaneció 11 días fondeado en Argineguín, donde se entrevistó con el hijo del Guanarteme, Artamy, pero terminaron atacándolo y tuvo que reembarcarse con muchos heridos[139] que los cronistas acabaron exagerando mencionando más de 200 muertos[140]. Los canarios los habían recibido «con mucho regocijo» pensando inicialmente que eran «los Mallorquines»[141], pero las intenciones ya no eran comerciales.

Maciot de Béthencourt realizó una primera tentativa contra Gran Canaria con un navío francés, desembarcando probablemente por Gando, «frontero de Telde, [d]onde (...) volvio mui derrotado»[142].

La primera expedición importante contra Gran Canaria fue la de Fernando de Castro en 1424 con una flota de 12 navíos, que transportaba 120 jinetes y 2.500 infantes[143]. Desembarcó en Las Isletas (Gran Canaria), pero fue derrotado y los portugueses sufrieron más de 600 bajas[144]. El ataque se produjo poco antes del fallecimiento de Jean de Béthencourt en 1425-26, en defensa de los intereses de su sobrino Maciot de Béthencourt, nuevo aliado del infante D. Enrique de Portugal.

Después de pactar Diego García de Herrera con los canarios del bando de Telde, construyó una torre en Gando hacia 1457-59[145], dejando una guarnición a su cargo para reclamar sus derechos señoriales sobre la isla y favorecer el comercio de orchilla para tintes[146].

Estas torres funcionaban como pequeñas factorías defensivas, que se justificaban en que «cuando los cristianos viniesen a contratar, tuviesen en qué se recoger y albergar y hacer oración a Dios»[147]. La solicitud de Diego García de Herrera fue de «una cassa de oracion en la plaia [d]onde se recogiesen los xristianos quando alli llegasen»[148]. La existencia de un oratorio dentro de la torre debía de favorecer las transacciones ante los indígenas, dándole un carácter sacro.

La torre no implicaba un punto de desembarco seguro y, cuando al año siguiente volvió el obispo Diego López de Illescas con Alonso Cabrera Solier y 300 soldados, presumiblemente en expedición esclavista hacia alguna isla, al ver que se trataba de un ejército, se tuvo que volver a embarcar al rodearlo los canarios en el puerto de Gando[149]. Las condiciones que les habían puesto no eran sencillas:

Ofrecieron a los Canarios defenderles sus costas de qualesquiera enemigos y piratas, restituirles todos los cautibos, que en las dos Yslas [Lanzarote y Fuerteventura] tuviesen y assi mismo ellos diesen los que tuviesen o si en su poder huviesse algun xristianos; que les compraran la orchilla que cogieren, y que de la plaia y cassa [torre] no saldrian para parte alguna (...) por ultimo piden rejenes (...) 30 muchachos hijos de los mas nobles vezinos de Lanzarote y Fuerteventura, permitiéndoles dejar en Gran Canaria un retén de 40 hombres[150].

Sin embargo, el infante portugués Enrique el Navegante envió una expedición a las Islas Canarias en 1459 al mando de Diogo da Silva de Meneses, con 3 barcos y 800 hombres. Saqueó primero Lanzarote y Fuerteventura, para luego desembarcar en Gran Canaria. Se apoderó de la torre de Gando en Telde[151], que quedó bajo soberanía portuguesa, pero fueron cercados por los canarios. Para contratacar, Diego de Silva se desplazó a Gáldar con 3 carabelas y 200 hombres, desembarcando en el puerto del Agumastel, donde también fueron cercados por el Guanarteme de Gáldar, quien finalmente les permitió reembarcarse[152].

Para tratar de compensar la presencia portuguesa, se incrementaron los contactos con los indígenas y, finalmente, el 12 de agosto de 1461, Diego García de Herrera, acompañado por el obispo de Rubicón en Lanzarote, Diego López de Illescas, recibió homenaje de los dos guanartemes de Telde y Gáldar en el puerto de las Isletas, acompañados de unos 1.000 indígenas [153]. La relación de vasallaje con Telde parece haber sido más estrecha, porque Gómez de Sintra[154] señala que «Herrera (…) es ahora señor (…) con parte de Gran Canaria».

Ante las quejas de García de Herrera, el rey Enrique IV había escrito a su cuñado Alfonso V de Portugal, quien emitió una orden el 10 de junio de 1461 exigiendo a Diego de Silva la devolución de la torre de Gando[155]. Diego de Silva quedó como alcaide de la fortaleza de Gando y prestó homenaje a García de Herrera en Lanzarote el 30 de septiembre de 1462[156]. Después se produjo la boda entre Diego da Silva y la hija mayor de Diego García de Herrera, María de Ayala[157], pues Diego de Silva inicialmente le había reclamado una compensación económica de 2.000 enriques por los gastos invertidos en la torre[158].

Una segunda torre, con oratorio quizás, fue construida en la propia capital de Telde. Sin embargo, quizás resulte más viable que la torre fue construida por Diego de Silva como señala el marinero sevillano Gonzalo Rodríguez:

quel dicho Diego de Sylua fasía guerra a los canarios e ganó una aldea de canarios que se llamaba Telde, en la qual fiso una fortalesa (...) e que después le fue quemada por los canarios con çierta gente que dentro estaua.

Esto pudo suceder bien durante la etapa portuguesa, entre 1459-61, bien ya como alcaide en Gando y representante de García de Herrera, bien después de su participación en el ataque en 1464 a Tánger y su cautividad, en 1465[159] o con posterioridad[160].

Sin embargo, en 1464 se produjo en Gibraltar, después de una entrevista del rey Enrique IV de Castilla con Alfonso V de Portugal, que venía de Ceuta, una cesión de derechos sobre las tres islas no conquistadas. Enrique IV estaba casado en segundas nupcias con doña Juana, Infanta de Portugal. Los beneficiarios fueron dos de los miembros del séquito de la infanta, Martín Gonçalves de Atayde, Conde de Atouguia y Pedro de Meneses, Conde de Vila-Real, gobernador de Ceuta[161], quien convino con el hermano del rey, el Infante don Enrique el Navegante, un nuevo intento de conquista de las dichas islas. La Real Cédula de Enrique IV de Castilla, de 6 de abril de 1468, anuló la cesión y ratificó los derechos de Diego García de Herrera[162].

Los canarios acabaron atacando la fortaleza de Gando hacia 1474, destruyendo una vivienda anexa, donde murieron 53 hombres[163], aunque posteriormente los cronistas elevan a más de 100 hombres, se derribó la torre hasta los cimientos y su alcaide estuvo preso varios años en Gáldar, al igual que otros compañeros[164], que se llega a cifrar en 80 personas[165]. No se firmó un nuevo acuerdo de paz hasta el 11 de enero de 1476, cuando marchó a Lanzarote una embajada de 10 canarios procedentes de Telde, Agüímes, Tejeda, Aquerata, Agaete, Gáldar, Tamaraseyte, Artevirgo, Atiacar y Arucas[166]. Eso debió de facilitar la reconstrucción de la torre.

A partir de la guerra luso-castellana de 1475 se incrementó la preocupación real por el control completo de las islas Canarias, tratando de evitar la conquista portuguesa de Gran Canaria o La Gomera y facilitar el acceso al lucrativo comercio del oro africano que estaba monopolizando Alfonso V de Portugal. A fines de 1477, los Reyes Católicos asumieron los derechos de conquista de las restantes islas Canarias, al comprárselos a Diego García de Herrera y su mujer Inés Peraza, ratificándoles el señorío en las islas ya conquistadas, pagándoles 5 millones de maravedís[167], con bastante retraso ca. 1486-90, una vez conquistada Gran Canaria en 1483, y concediéndole el título de Conde de la Gomera, no efectivo hasta 1516[168]. En todo caso, debe recordarse, como ya mencionamos para La Gomera, que según Gómez de Cintra[169] «En Gran Canaria y Gomera ya cerca de la mitad de los habitantes son cristianos».

La conquista de Gran Canaria se encargó a Juan de Frías, Obispo de Rubicón (Yaiza, Lanzarote), que envió a su representante, el deán Juan Bermúdez, dando el mando militar al capitán Juan Rejón. El 24 junio 1478 desembarcó Rejón con 30 jinetes y 600 hombres al mando del deán, instalando su campamento en Las Palmas de Gran Canaria, junto al río Guiniguada, después de un primer combate abierto en el que murieron 30 canarios y 7 peones castellanos[170]. Fue la única batalla, “de allí en adelante, ni él [rey de Telde] ni el otro rey de Gáldar buscaron trabar batalla”, quizá porque “los caballos produjeron un gran efecto”[171]. Estas cifras son incrementadas por Abreu[172], que supone que lucharon 2.000 canarios, y le aumenta un cero a los muertos canarios, 300, si bien acepta que sólo murieron 7 peones. Desde allí Rejón procuró debilitar a los canarios capturando sus ganados y quemando sus cosechas para provocar hambruna. Después se incorporaron 400 hombres más hasta sumar 1.000 infantes y 30 jinetes[173].

El rey Alonso de Portugal trató de impedir el inicio de la conquista castellana de Gran Canaria y en 1478 envió 17 carabelas que hicieron escala en Agaete para pactar con el Guanarteme de Gáldar y después aparecieron en el puerto de las Isletas, pero sólo pudieron desembarcar 200 hombres al ponerse mal la mar, lo que facilitó su derrota por Rejón[174]. La flota permaneció 8 días, pero la mar no permitió el desembarco. Marín de Cubas[175] sugiere que los indígenas llegaron a movilizar supuestamente hasta 9.000 guerreros, de los cuales 4.500 hombres intentarían hacer un ataque desde tierra combinado con los portugueses que finalmente no se produjo.

Durante el otoño de 1479, Rejón logró la ocupación y posterior abandono de la capital del Guanartemato de Gáldar[176], alcanzando las tropas los 1.340 infantes y 70 jinetes[177].

Sin embargo, por disputas entre los conquistadores, Juan Rejón fue enviado preso por el gobernador Pedro de Algaba a Sanlúcar de Barrameda[178], acompañado por «multitud de canarios que mucho antes él había hecho prisioneros en los combates»[179]. Pero Rejón con el apoyo del rey Fernando pudo volver a la isla en mayo de 1480 con un nombramiento de nuevo gobernador, recibiendo el apoyo de su cuñado el alférez mayor Alonso Jáimez de Sotomayor y del alcalde mayor, Esteban Pérez de Cabitos, y tras juicio, ordenó degollar a Algaba[180].

Hay autores como Cebrián Latasa[181], quienes consideran que Rejón dejó prácticamente finalizada la conquista en la primavera de 1481 pues en la Contaduría Mayor de Isabel I de Castilla se menciona «haber traido la noticia de la toma de Canaria», y Pedro de Vera, su sucesor, «sólo tuvo que emplear tiempo en limpiar reductos de huidos resistentes». Sin embargo, sabemos por el Registro del Sello que ya el 4 de febrero de 1480, Pedro de Vera estaba nombrado como “gobernador y capitán de Gran Canaria” y ese día se ordenó a Pedro de la Algaba la entrega de “la alcaidía de la fortaleza en la villa del Real de Las Palmas»[182].

Pedro de Vera partió del Puerto de Sanlúcar el 7 de agosto de 1480 y llegó el 18 de agosto, con 20 jinetes y 150 ballesteros, tropas de la Santa Hermandad de Andalucía[183], y prendió a Rejón y a Pérez de Cabitos, a los cuales envió presos a Castilla[184]. Pedro de Vera había sido alcalde de Cádiz y de Arcos, y había realizado ataques en la costa marroquí contra Larache y el islote de Fedala. Pronto consiguió a fines de 1480 o inicios de 1481 un importante acuerdo con el Guanarteme de Telde en el Real de Las Palmas, el menceyato que había tenido una aculturación más intensa durante el siglo XV, en donde se les reconocía su carácter de bando de paces y la posibilidad de residir libres en la isla[185]. El “rey y reyna [y] quatro canarios prinçipales” fueron enviados a la corte en Catalayud en mayo de 1481 durante 9 días, además de 3 esclavos canarios para el rey, llegando por el Puerto de Santa María[186] donde estaban presentes el 30 de mayo cuando los Reyes Católicos indican en Real Cédula que «reducidos e convertidos a nuestra Santa Fe Cathólica, nos imbiaron a dar e prestar la obediencia e fidelidad, e nos reconocieron por su Rey e Reyna»[187]. Ya estaba de regreso el «criado del rey»[188], Miguel de Moxica, al menos desde el 11 de agosto de 1481[189], pero no tenemos datos sobre el Guanarteme de Telde, que fue sucedido en el cargo por un hijo «por la muerte de su padre»[190]. No obstante, algún autor como Cebrián Latasa[191] aún lo identifica con el Guanarteme de Gáldar, capturado el año siguiente.

Para hostigar y debilitar la capital de Gáldar, Vera ordenó la construcción de una torre en el puerto de Agaete, al mando de Alonso Fernández de Lugo, con 30 hombres[192], finalizada en septiembre de 1481[193]. Para compensar la muerte de Rejón, los Reyes Católicos ordenaron a Fernán Peraza acudir a Gran Canaria con 80 gomeros de Orone y Agana que reforzaron la guarnición de la torre de Agaete[194].

Nuevos refuerzos llegaron el 28 de octubre de 1481 con Miguel de Moxica acompañado por 300 ballesteros y “el principal de los quatro [canarios] que avían enbiado a los reyes”[195]. Vera sumó nuevas tropas cuando incorporó a los 20 jinetes y 300 infantes que habían venido para conquistar La Palma con Juan Rejón, al morir a manos de hombres de Hernán Peraza[196].

Un nuevo éxito fue la captura o entrega pactada en una cueva a las afueras de Gáldar del Guanarteme de Gáldar, Thenesor Semidán, el 12 de febrero de 1482[197] por soldados de la torre de Agaete, pues pronto manifestó que «se hallaba gustoso y que quería ver al poderoso Rey». Poco después se presentó en el Real:

el gran capitán Maninidra, su pariente; quien satisfecho de la estimación y respeto con que los castellanos asistían a Guanarteme, mostró quererse quedar en el Real con otros hidalgos que venían con él. Lo que aceptó Vera, dándole la correspondiente distinción a Maninidra y a los demás hidalgos[198].

Según otras versiones, fue capturado dentro de Gáldar al amanecer, por entonces semiabandonada pues la población estaba refugiada en los cerros de los alrededores, cuando visitaba su casa acompañado por 15 hombres[199]. Finalmente, se plantea que el informante que lo vigilaba fue el lengua lanzaroteño Juan Mayor, el cual había sido uno de los 30 rehenes entregados por García de Herrera, que había residido en Gáldar, quien observó que el Guanarteme con sus 15 hombres había ido a visitar a su mujer a Gáldar[200]. En el mes siguiente de marzo, se eligió a un gaire, Tazarte, para continuar la lucha en Gáldar por quienes resistían, aliado con un hijo del Guanarteme de Telde[201].

Inmediatamente, o menos probablemente pocos meses después, el Guanarteme de Gáldar marchó a la corte con Miguel de Moxica y regresaron ambos, primero por el Puerto de Santa María el 1 de octubre de 1482[202], para partir desde Sanlúcar de Barrameda[203], llegando a la isla el 24[204] o el 28 de octubre[205]. En la visita fue ayudado por «un escudero que fue por lengua con Nogudarteme de Sevilla a Córdoba»[206] que se identifica con Juan Mayor[207]. También fue acompañado por su mujer que dio a luz a una niña el 29 de septiembre de 1482 en Córdoba, después de haber estado «doliente a la muerte» su último mes de parto, bajo cuidados de Juan de Frías, lo que probablemente explique que se alargase la estancia del Guanarteme y la fecha de salida[208]. No parece que esta hija sobreviviese por falta de constancia documental de ella.

Tampoco está claro dónde el Guanarteme de Gáldar rindió vasallaje ante los Reyes Católicos, «besó la real mano y [la] puso sobre su cabeza», quizá en Córdoba. A continuación marchó a Toledo, donde fue bautizado por el arzobispo de Toledo, Pedro González de Mendoza, como Fernando Guanarteme, al actuar como padrino el rey don Fernando[209].

Después de una etapa relativamente tranquila tras los acuerdos con el Guanarteme de Telde a inicios de 1481, y en febrero de 1482 con la captura y rápido pacto con el Guanarteme de Gáldar, se fue articulando la resistencia bajo el mando de los faycanes o jefes religiosos de Telde y Gáldar y alguno de los hijos de los guanartemes, lo que exigía conseguir un control efectivo del territorio y explica el reforzamiento de las tropas. Los faicanes están emparentados con Fernando Guanarteme, «sus dos tíos los faisanes, a el de Telde hermano de su madre i a el de Gáldar hermano de Padre»[210]. Con Miguel de Moxica vinieron en octubre 200 ballesteros vizcaínos, 150 ballesteros de la Santa Hermandad de Andalucía y 55 jinetes en 5 navíos[211].

Vera y Moxica ya estaban combatiendo el 5 de noviembre en Fataga[212] y el 10 de noviembre se les incorporó Fernando Guanarteme en la fortaleza de Agaete, donde marchó «a hablar con çiertos canarios parientes suyos, e allí conçertó con algunos dellos que se venían a tornar cristianos»[213].

Después del cerco y la victoria sobre los refugiados en el cerro de Bentaiga, el hijo del Guanarteme de Telde, Bentago, de unos 18 años, y el faycán de Gáldar, tío ya anciano de Fernando Guanarteme, con un número importante de indígenas aceptaron rendirse «con condición que todos los hombres se viniesen en Castilla en los navíos», mientras el gayre Tasarte optó por desrriscarse[214]. El hijo del Guanarteme de Telde estaba casado con su prima, Masequera, de 16 años, la hija del anterior Guanarteme de Gáldar y sobrina de Fernando Guanarteme[215].

No lo aceptó el faycán de Telde y el guerrero llamado Bentehuy, quienes optaron por refugiarse con sus seguidores en la fortaleza de Axodar, donde Miguel de Moxica quedó gravemente herido y sus ballesteros vizcaínos sufrieron los principales daños, con más de 50 muertos, siendo importante el apoyo que tuvieron de Fernando Guanarteme con 300 canarios de Gáldar, hasta que decidieron levantar el asedio y retirarse[216]. Marcharon a recuperar los heridos a la población de Gáldar y para su defensa «hisieron allí iunto una torresilla, arrimada a una casa grande de los antiguos»[217].

El último refugio de los canarios fue la fortaleza de Ansite (Tirajana) y la rendición pactada del faycán de Telde, e incluyó también que «se fuesen en Castilla»[218]. Sin embargo, otros sugieren que el faycán y el hijo del guanarteme de Telde se desrriscaron antes de rendirse[219].

El 29 de abril de 1483 se produjo la entrega formal, traídas en andas, de una hija y una sobrina de Fernando Guanarteme[220], su hija Guayarmina de Gáldar, Doña Margarita Fernández y su sobrina Masequera Semidan, Doña Catalina, hija de Guayasen Guadartheme, aún menor de edad, heredera del trono[221]. Según algunos autores la entrega fue en el Real de Las Palmas viniendo desde Tirajana[222] y para otros en el entorno de Ajodar[223].

A los 8 días de la rendición, salieron de la isla para la Península los dos guanartemes, los dos faicanes y hasta 120 indígenas que se habían rendido por último. Un segundo grupo de 140 hombres los embarcó el 14 de abril con la excusa de realizar una razzia en Tenerife y los llevaron a Sevilla, donde llegaron en junio de 1483. Finalmente, mandó a otros 100, «las mujeres todas e la gente menuda (…) e les dieron casas en Sevilla; e toda la parcialidad del rey de Telde vino a Sevilla»[224].

Procedentes de Sevilla y Gran Canaria, unos 200 indígenas acabaron en Tenerife, teniendo unos 160 presencia documental individualizada en protocolos notariales[225]. Fernando Guanarteme fue a recoger a su mujer el 15 de agosto de 1483 a Córdoba «para la llevar a su tierra»[226]. Debió de haber marchado a la Península poco después de la victoria pues coincidió con el rey de Granada, Boabdil, que fue capturado el 21 de abril de 1483 en Lucena (Córdoba), según se indica en la probanza de Margarita Fernández Guanarteme de 1526[227].

La Palma (1492-93)

En La Palma, Zurara[228] apunta 500 hombres, lo que implicaría unos 2.000 habitantes, que es considerada una cifra errónea por Álvarez Delgado[229] pues sugiere que debían de ser 1.500 hombres de pelea, faltando el “mil” antes de “Vc”. El dato más preciso es de Bernáldez[230] , quien señala que Alonso Fernández de Lugo capturó «mill e dozientas ánimas, varones e mugeres, chicos e grandes, e veinte mill cabeças de ganado cabruno e obejuno», aunque es posible que no incluyese a los bandos de paces.

No debe olvidarse que había prácticas de infanticidio para controlar la población, y no parece referirse a una etapa coyuntural, sino a una estrategia planificada de control de la población. En una cita prácticamente coetánea a la conquista de la isla, Gómez de Sintra[231] señala que:

tiene entre ellos tan sólo el número de los que pueden sustentar en toda la isla, y no consienten que sus propios hijos sobrepasen ese número. Y si nacen más hijos de los que corresponden a su número, entonces el padre y la madre cogen al hijo y le ponen la cabeza encima de una piedra, y cogen otra piedra (...) y le rompen la cabeza; y así los matan (...) Igual hacen cuando algún cristiano llega a la isla, si excede el número de ellos en ese momento; si no, lo dejan vivir.

Teniendo esto presente, no deja de sorprender que las propuestas demográficas más recientes apunten a una población que oscilaría entre 3.000 y 4.000 personas[232], superaría los 4.000 habitantes[233] o incluso alcanzaría unas 8.047 personas[234].

La Palma, que vivió un momento de apogeo económico por el comercio americano en el siglo XVI, en 1585 contaba con 1.110 vecinos[235], lo que implicaría entre 4.400 y 5.550 habitantes.

Realmente no hubo ningún intento de conquista serio en La Palma hasta la expedición de Fernández de Lugo en 1492. Las expediciones trataban de evaluar el potencial militar de los indígenas y, sobre todo, capturar esclavos. El primer intento sucedió en 1405, cuando Jean de Béthencourt permaneció 6 semanas en la isla, en las cuales murieron 5 franceses y más de un centenar de palmeros[236].

Una segunda expedición de más entidad, con varios navíos, fue mandada por Maciot de Béthencourt y el Obispo de Rubicón, donde se capturó a 75 esclavos[237]. El obispo ha sido identificado con Fray Francisco de Moya, lo que situaría el ataque entre 1436-41[238].

Hacia 1446-47, Guillén Peraza de las Casas, con 3 navíos y un ejército de 200 ballesteros y 300 naturales desembarcaron en Tijuya, fueron atacados por el rey local Echedey y su hermano Chenauco, junto con Dutinymara de Tagaragre en Barlovento, y les «mataron más de doscientos cristianos, y entre ellos a Guillén Peraza (...) le dieron una pedrada, de que murió»[239], lo que sugiere que el ataque se produjo hacia San Andrés y Sauces, o mejor, Puntallana.

Años después se produjo un nuevo ataque por parte de marinos portugueses entrando por Tazacorte «adonde tenia su corte y Palacio el Rey; en el qual entrando robaron algunas personas entre las que se dice fue el Rey», los cuales fueron vendidos como esclavos. Aunque el rey de Portugal ordenó el retorno de todos los capturados en La Palma y La Gomera, sólo lo hicieron con los gomeros[240], quedando esclavizados los palmeros.

Estando encauzada ya la conquista de Gran Canaria en 1481, los Reyes Católicos encargaron a Juan Rejón la conquista de La Palma y Tenerife[241], quien embarcó en Cádiz con 20 jinetes y 300 hombres, pero en su marcha hacia La Palma por un temporal hizo escala en La Gomera, donde fue muerto por gomeros al servicio de Hernán Peraza[242], quien se excusó diciendo que sólo quería que lo llevasen ante él y Rejón se había resistido.

En 1492, el gobernador de Gran Canaria, Francisco de Maldonado, con la mediación de una esclava palmera, Francisca del Bando de Gazmira[243], consiguió que los reyes de cuatro territorios del suroeste de La Palma, Ahenguareme (Fuencaliente), Aridane (Tazacorte, Los Llanos, El Paso), Tijuya y Guehebey viniesen a Las Palmas de Gran Canaria donde se bautizaron[244], fijando un acuerdo de paz con los cuatro, retornándolos después a La Palma.

Alonso Fernández de Lugo fue el encargado por los Reyes Católicos de la conquista de La Palma. Partió con 400 hombres de Sevilla, en parte canarios vendidos en el mercado de esclavos de Sevilla y luego liberados por ser cristianos. A ellos se unieron 300 hombres y 38 jinetes en Las Palmas de Gran Canaria, también en parte indígenas canarios, sumando un contingente de 740 hombres en dos navíos y un barco[245]. Desembarcó en el puerto de Tazacorte el 29 de septiembre de 1492[246], en el territorio de Aridane, uno de los bandos de paces.

La isla estaba conquistada ya en el verano de 1493, pues sólo hubo una resistencia significativa en Tedote, que engloba Breña Alta, Breña Baja y Santa Cruz de la Palma, y en el territorio de Aceró, actual Caldera de Taburiente, principalmente por la difícil orografía del terreno[247]. No hay constancia de ningún hecho de armas importante y el enfrentamiento más duro parece haber sido un levantamiento de unos 300 indígenas justo después de finalizar la conquista[248]. El resultado de la conquista fue que capturó «mill e dozientas ánimas, varones e mugeres, chicos e grandes, e veinte mill cabeças de ganado cabruno e obejuno»[249], esclavizando también a 140 palmeros de los cuatro bandos de paces, justificado con que trataban de atacar el real a traición.

Tenerife (1494-96)

Los datos demográficos de la isla de Tenerife son bastante contradictorios incluso en las fuentes más antiguas que preceden o son coetáneas a la conquista. Cadamosto[250] señala que “Tenerife, que es la [isla] más poblada”, “de la que se dice que tiene de catorce a quince mil habitantes”.

En cambio, contrastan con las cifras aportadas por otra fuente contemporánea, Palencia[251], quien menciona que «mantiene unos sesenta mil habitantes», lo que se aproxima a las cifras recogidas por Marín de Cubas[252] de que «tendrian hasta dose mil hombres de pelea», pues sumando sus familias implicaría entre 48.000 y 60.000 habitantes para Tenerife. Estas cifras son incluso magnificadas por Gómez de Sintra[253] pues «dicen que hay en ella 23.000 hombres», lo que implicaría entre 92.000 y 115.000 habitantes, aparentemente recogida en La Gomera, donde en teoría se tenían datos aproximados por los asaltos esclavistas que se hacían al sur de Tenerife desde La Gomera. Sin embargo, los valores deben de estar exagerados para disuadir a los atacantes.

Según la estimación propuesta por Béthencourt Alfonso[254] en «la isla [habría] una densidad de población de 27.000 habitantes», pero poco después se contradice cuando calcula «la capacidad militar de la isla en 12.000 hombres», pues sólo con las mujeres sumarían 24.000 habitantes y apenas habrían niños, pues sólo contabiliza 3.000. Para el momento final de la conquista, Béthencourt Alfonso[255] plantea que:

Al celebrarse la paz de Taoro (...) existían en Tenerife 20.000 guanches de todas las edades y sexos aunque predominando las mujeres y niños, de los cuales unos 5.000 continuaron rebelados en medio de los montes sin querer darse a partido, y los otros 15.000 se mezclaron con un millar entre conquistadores y pobladores (...) Cuanto a mujeres europeas, como aconteció en las demás islas, eran contadas. De los 1.000 entre conquistadores y pobladores (...) unas pocas docenas eran portugueses, como 200 indígenas isleños en su mayoría de Canaria y el resto de españoles, que siendo casi en la totalidad solteros se casaron con las guanchas.

Al terminar la conquista, Béthencourt Alfonso estima que habría 20.000 personas, mientras nosotros pensamos que el volumen de población se había reducido drásticamente como efecto de los combates, las hambrunas después de dos años de guerra y el efecto final de la epidemia de modorra, identificada por el doctor Rodríguez Martín[256] como una gripe, por el doctor Chil y Naranjo[257] como un tifus, mientras el doctor Viana[258] lo califica de «pestilencia».

Varios autores siguen la primera estimación de Cadamosto de 14.000 o 15.000 habitantes como Álvarez Delgado[259], mientras se ha propuesto 15.500 personas por Rodríguez Martín[260], divididos en 5.800 habitantes en los menceyatos del norte y 6.400 en los menceyatos del sur, a los que habría que sumar las dos regiones más aisladas, Anaga y Dabte, con Teno, que tendrían 3.300 habitantes.

El dato más aceptado en la actualidad parece ser los «seis mil hombres de pelea, según los naturales afirman»[261], que multiplicándolo por 5, esto es, una familia con padre guerrero, madre y tres hijos ha servido para proponer una población de 30.000 personas en Tenerife por González Antón y Tejera[262], o algo más de 30.000 habitantes por Navarro y del Arco[263], que ya fue la propuesta inicial de Diego Cuscoy[264]. Apoyándose en los 6.000 guerreros de Zurara, se ha sugerido por Macías[265] cifras algo más elevadas, 36.000 habitantes.

Sin embargo, después de la epidemia, Espinosa[266] sólo menciona que «casi quedó despoblada, habiendo más de quince mil personas en ella». Según relata Núñez de la Peña[267], «Dióles un contagio, ò modorra que cada día morían mas de cien naturales, sin remedio perecían, que en menos de un mes, murieron con la pestilencia mas de seis mil». Manteniendo dicha cifra de bajas, Viana[268] concentra las bajas en una epidemia súbita durante sólo 10 días. Por su parte, el doctor Marín de Cubas[269]señala que entre el verano y el otoño de 1495 habían muerto 4.000 personas, pues una vez detectada la enfermedad los afectados no sobrevivían más de tres días.

Nuestra estimación sugiere la presencia de 16.800 habitantes, de los cuales unos 4.200 eran hombres de pelea. En este porcentaje, que supone 2 hijos que sobreviven por pareja, los 8.400 niños serían los más sensibles a las hambrunas y a la epidemia de modorra, y su drástica disminución fue probablemente la razón del brusco descenso de población a unos 7.000 habitantes, lo que implicaría unos 9.800 muertos por la enfermedad, bajas que debieron de continuar después de la derrota, especialmente los primeros años (tablas 2 y 3).

Los supervivientes indígenas se han reducido a sólo 3.000 a fines de 1513 a partir de la mención de 600 hombres adultos[270]. A finales del siglo XVI la isla más poblada era con diferencia Tenerife con 4.070 vecinos en 1585[271], lo que implicaría entre 16.280 y 20.350 habitantes. Un dato muy interesante de contraste es que Espinosa[272] mencione a fines del siglo XVI la existencia de «siete mil y más hombres» «de pelear» en la isla de Tenerife, bajo dominio castellano, lo que implica que cuando se barajaban estas cifras se refieren a hombres e hijos mayores de 16-18 años capaces de ser movilizados y llevar armas y sólo se multiplica por 2.5, 7.000 x 2.5, 17.500, o por 3, 21.000 habitantes.

Tabla 2
Propuesta de distribución de la población entre los menceyatos de Tenerife
Distribución de la población entre los menceyatos de Tenerife
Menceyatos de Tenerife Hombres de pelea Mujeres Niños Total
Taoro + Inmobad 1.200 1.200 2.400 4.800
Güímar 600 600 1.200 2.400
Adexe 600 600 1.200 2.400
Anaga 300 300 600 1.200
Tegueste 300 300 600 1.200
Tacoronte 300 300 600 1.200
Icode 300 300 600 1.200
Dabte 300 300 600 1.200
Abona 300 300 600 1.200
Total 4.200 4.200 8.400 16.800
Elaboración propia

Tabla 3
Propuesta de un relativo equilibrio demográfico entre los menceyatos de guerra y de paz en Tenerife
Hombres de pelea en los menceyatos de Tenerife
Menceyatos de guerra Hombres de pelea Menceyatos vinculados a Adexe Hombres de pelea Menceyatos de paces Hombres de pelea
Taoro + Inmobad 1.200 Icode 300 Anaga 300
Tegueste 300 Dabte 300 Güímar 600
Tacoronte 300 - - Abona 300
- - - - Adexe 600
Total hombres de pelea 1.800 Total hombres de pelea 600 Total hombres de pelea 1.800
Total población 7.200 Total población 2.400 Total población 7.200
Elaboración propia

Al igual que hizo en Gran Canaria y La Gomera, Diego García de Herrera recibió en persona en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife parte del reino de Anaga, un acto de vasallaje en 1464 de los 9 menceyes de Tenerife, Taoro, Guímar, Anaga, Adexe, Abona, Icode, Dabte, Tacoronte y Tegueste, permaneciendo en paz hasta ca. 1470, visitando la isla «el Obispo de Canaria e otros frayles»[273]. Poco después, hacia 1465-66, se construyó una torre en una de las márgenes del Barranco de Santos en Santa Cruz de Tenerife, que les servía para adquirir pez y maderas, «una torre e una yglesia, e después los canarios se le rebellaron e derribaron la dicha torre»[274], después de haberla evacuado durante la noche al ser atacados. Autores como Cioranescu[275] dudan de que el Barranco de Santos fuera un buen emplazamiento si debía primar la conexión marítima, proponiendo La Caleta.

Para la conquista de Tenerife, Alonso Fernández de Lugo inicialmente pensó en disponer de «mas de doscientos de cavallo e mil quinientos peones e afletó muchos navíos, que serían treinta e dos o treinta e tres», pero en la práctica el contingente fue menor, concretamente «poco mas de mil hombres de à pie, entre Españoles, y Canarios, naturales Catolicos de las otras islas, y ciento y veinte de a cauallo»[276]. Sin embargo, otros autores dan cifras menores y Abreu[277] cita «casi mil soldados» mientras Torriani[278] menciona 40 jinetes y casi mil soldados.

La visión más minimalista es la de Álvarez Delgado[279] ,quien sugiere que las tropas sólo serían unos 316 combatientes, 58 jinetes de la compañía de Castillo y 258 peones, pues considera que los valores que se utilizan corresponden al total de tropas en las dos entradas de Fernández de Lugo. La argumentación se basa en que de las listas de Viana, si se eliminan las tropas enviadas en la segunda entrada del duque de Medina Sidonia y la compañía de Maldonado, sólo restan 118 hombres, concretamente 6 jefes, 58 jinetes y 54 peones, supervivientes de la matanza de Acentejo.

Las tropas castellanas desembarcaron en Santa Cruz de Tenerife por el puerto de Santa Cruz de Tenerife el 1 de mayo de 1494, aprovechando los acuerdos existentes con el mencey de Anaga, aunque se ha propuesto también a inicios de enero de 1494[280]. Allí vinieron a entrevistarse 4 de los 9 menceyes de la isla, «Acaymo, rey de Güímar y asentó paz con él, y más con el rey de Anaga y con el de Adeje y con el de Abona»[281], aunque Espinosa[282] localiza el encuentro en Gracia. Por otra parte, Álvarez Delgado[283] sugiere que Fernández de Lugo fue en barco a Abona y Adexe a entrevistarse con esos dos menceyes.

El ejército avanzó hacia la actual Ermita de Gracia en La Laguna, donde Fernández de Lugo se entrevistó con el Mencey de Taoro, el más poderoso de la isla, que negó su vasallaje al Rey de España[284]. Ante la falta de acuerdo, Alonso Fernández de Lugo optó por proseguir rápidamente por el territorio del menceyato de Tacoronte, en dirección hacia el menceyato de Taoro, mientras un ejército más amplio de guanches de los menceyatos de paz del Sur de Tenerife avanzaba desde la montaña, contra los que marchó el Mencey de Taoro con el grueso de su ejército.

Alonso Fernández de Lugo eligió el Camino de los Guanches o de Centejo de Abajo para cruzar el Barranco de Acentejo, por el emplazamiento de la Ermita de Guía, que le permitía acceder al Llano de Centejo, desde el cual se podía alcanzar el Barranco Hondo, el cual si era superado le hubiese permitido el acceso al menceyato de Taoro. Sorprendido el 4 de mayo mientras atravesaba el barranco «donde no pudiesen aprovecharse de los caballos (que era lo que ellos más temían (...) espeso de monte, cuesta arriba, embarazoso de piedras, matorrales y barrancos»[285], por unos 300 guanches al mando del hermano del Mencey de Taoro, Himenechia[286], causaron 800 muertos, «quinientos españoles y canarios católicos trescientos»[287] o «casi novecientos hombres»[288], a un ejército algo mayor de 1.200 hombres, salvándose sólo de regreso para Gran Canaria «60 jinetes y 300 peones». Las bajas incluso son incrementadas por Rumeu[289], quien sugiere la muerte de 1.200 peones y 90 jinetes de un ejército de 1.500 peones y 150 jinetes. En cambio, Álvarez Delgado[290] considera que sobrevivieron 120 hombres, en buena parte heridos, de los 316 que cree que se desplazaron a la isla de Tenerife. Sólo quedó en Tenerife un retén en la torre de Añazo que «estaban tan atemorizados y medrosos que no osaban salir de ella a buscar de comer cuando les faltaba si no era de noche»[291] (tabla 4).

Después de la derrota de La Matanza de Acentejo, Alonso Fernández de Lugo solicitó al tercer Duque de Medina Sidonia, Juan de Guzmán, 50 caballeros y 1.000 peones al mando de Bartolomé de Estupiñán, caballero de Jerez, que había participado en la guerra de Granada[292], tropas que en septiembre de 1497 intervendrán en la conquista de Melilla. Sin embargo, los cronistas no consideran que llegase todo el cuerpo expedicionario, 45 caballeros y 650 peones[293] u 80 caballeros y 670 peones[294], que con las tropas de indígenas de Gran Canaria, La Gomera y Lanzarote sumaron algo más de 60 o 70 caballeros y poco más de mil peones[295], elevada por Torriani[296] a 80 caballeros y 1.500 peones. Estas cifras son incluso superiores en Morales Padrón[297], 150 caballeros y 1.500 peones.

El desembarco de parte de este segundo contingente, transportado en 6 carabelas, se produjo hacia inicios de enero de 1495 según Rumeu[298], con el objetivo inicial de construir 2 torres, una en el puerto de Añazo en Santa Cruz y otra de localización imprecisa, que se ha sugerido en Gracia, próximo al menceyato de Tegueste[299], no aceptada por Álvarez Delgado[300], denominada el Real de San Miguel[301]. La fecha del desembarco propuesta tradicionalmente ha sido el 2 de noviembre de 1495[302]. La segunda batalla se celebró en La Laguna el 14 de noviembre de 1495[303], aunque otros autores la sitúan el 30 de noviembre[304]. Esta vez los guanches no estaban dispuestos a dejarlos avanzar como la primera vez en dirección hacia Taoro, participando en la resistencia los guanches de los menceyatos de Tegueste, Tacoronte y Taoro, todos del noreste de la isla.

Para evitar ser sorprendido mientras ascendía por La Cuesta, que conecta el puerto de Santa Cruz de Tenerife con La Laguna, Fernández de Lugo tuvo especial cuidado en levantar antes de amanecer a sus tropas y subir rápidamente hasta alcanzar el actual emplazamiento de la Ermita de Gracia, una loma que controla el acceso hacia La Laguna, con buena visibilidad hacia el puerto de Santa Cruz de Tenerife. En todo caso, estaba en una ladera descendente frente a los guanches situados en una posición más elevada. Luego avanzó hacia el sector del sur de La Laguna, entre la Ermita de San Cristóbal a la Cruz de Piedra, donde comenzó el choque[305]. Probablemente el hecho más importante de la batalla fue la muerte bien del Mencey de Taoro, Benitomo, por el canario Pablo Martín de Buendía[306], o más probablemente el hermano de Benitomo, llamado Tinguaro[307] o Himenchia[308]. Este hecho pudo provocar una retirada de los guanches hacia el menceyato de Tacoronte y explicar el limitado número de bajas que debió de haber por ambas partes, 45 por los castellanos y 1.700 guanches[309], o bien casi 200 castellanos y 2.600 guanches[310], de un ejército de 11.500 guanches[311], que queda reducido a 5.000 por Rumeu[312]. Todas estas cifras de guerreros guanches son de muy difícil aceptación. Durante la batalla fue importante la llegada de Fernando Guanarteme con 25 o 30 canarios acompañado por unos 200 peones y caballeros castellanos[313] que estaban protegiendo el Real del puerto de Santa Cruz.

Los castellanos regresaron a su campamento en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde permanecieron entre el 15 de noviembre y el 1 de diciembre de 1495, cuando llegaron provisiones traídas desde Gran Canaria. Avanzaron hacia La Laguna y Tacoronte, superaron el Barranco de Acentejo, donde se celebró la anterior batalla, e instalaron su campamento el 24 de diciembre en el Llano de Centejo. Al día siguiente, el 25 de diciembre de 1495, se celebró una tercera batalla, cerca de donde después se fundaría la Ermita de La Victoria de Acentejo, un combate en llano en un terreno relativamente abierto, con escasa vegetación, pues los guanches no desistieron de plantar batalla, siguiendo un patrón ya visto en La Laguna, permitiéndoles utilizar de nuevo tanto las ballestas como la caballería[314]. En el choque participaron tropas de los menceyes de Taoro y Tacoronte, quedando ambos heridos, mientras los castellanos tuvieron 64 muertos y quizás unos 250 heridos, y los guanches supuestamente 2.000 muertos[315], de un ejército de 5.000 guanches[316]. Nuevamente se vuelven a sobredimensionar tanto las tropas como las bajas para enfatizar la importancia de esta victoria.

En todo caso, destaca la prudencia de Fernández de Lugo, que prefirió no entrar en el territorio del menceyato de Taoro, permaneciendo sólo 9 días en Acentejo, y decidió regresar a Santa Cruz para recuperar a los heridos. La importancia de la victoria queda bien reflejada en que las tropas profesionales del Duque de Medina Sidonia enviadas a Tenerife ya estaban de vuelta en Sevilla a fines de marzo de 1496.

Posteriormente, los castellanos penetraron en el menceyato de Taoro, actual valle de La Orotava, e instalaron su campamento o Real en el actual Realejo Bajo «para tener allí la invernada»[317], en el extremo occidental del valle, sin atreverse a ascender a la ladera de Tigaiga[318], límite natural con el menceyato de Icode. En la campaña del año siguiente, se mantuvo alguna resistencia y «mui pocos se fortificaron en la sierra de Tigaiga, a onde se fue a ponerles sitio allí serca a el pie de la sierra», instalando un segundo Real en el Realejo Alto[319], pues se había refugiado «el rey Bencomo que tras el alto risco de Tigaiga prevenía gran número de gente»[320]. Los refugiados en la sierra de Tigaiga estaban encabezados por Bencomo de Taoro y Beneharo de Anaga[321]. Algunos autores incluyen a los menceyes de Taoro, Tacoronte, Tegueste, Anaga y Zebensui de Punta del Hidalgo[322].

Según la reconstrucción propuesta por Rumeu[323], en los primeros días de mayo de 1496, concretamente el 3 de mayo[324], se produjo la sumisión en el Realejo Bajo de los menceyes que considera que aún resistían: Tegueste, Tacoronte, Icode y Dabte. Posteriormente Álvarez Delgado[325] lo adelanta a la primera quincena de marzo, sin descartar febrero, argumentando que por motivos económicos licenció inmediatamente a las tropas del duque de Medina Sidonia y trató de vender esclavos cuanto antes. Aparte de la duda sobre qué menceyes se presentaron, está el problema cronológico.

Sin embargo, los cronistas defienden que un ejército con los menceyes de Taoro, Tacoronte, Tegueste y Anaga, y Zebezui de Tegueste, todos del norte y noreste de la isla, pactaron un acuerdo a cambio de mantener su libertad como gozaba el antiguo guanarteme de Gáldar, condiciones que aceptó Fernández de Lugo el 25 de julio de 1496, Santiago Apóstol y San Cristóbal[326], una fecha que primero propone Viana[327]. Dos meses después, el 29 de septiembre, Arcangel San Miguel, se presentó en Tigaiga un nuevo ejército con los menceyes de Icode, Dabte, Adexe y Abona, del noroeste, este y suroeste de la isla, quienes aceptaron también la sumisión a los Reyes Católicos[328]. En cambio, esta fecha es vinculada por Álvarez Delgado[329] a las últimas operaciones contra la resistencia en Adexe y Abona. Fruto de ello llegó un importante contingente de 54 esclavos a Valencia de Tenerife en noviembre de 1496[330].

De acuerdo con Rumeu[331], inmediatamente Fernández de Lugo convocó a los 4 menceyes aliados del sur de la isla: de Anaga, Güímar, Abona y Adexe, más el heredero del mencey de Taoro y partieron en barco desde Candelaria[332], bien 7 menceyes según Marín de Cubas[333], faltando los de Taoro y Adexe[334] y 7 según una carta del embajador de Venecia, Francesco Capello[335], o bien 9 menceyes[336] hacia la corte en la Península. Allí fueron recibidos por los Reyes Católicos en Almazán (Soria), entre el 20 de abril y el 10 de junio de 1496, según carta del embajador veneciano del día 10, «parece que de dichos reyes han sido traídos 7 con estas últimas carabelas que han venido»[337]. En cambio, un cronista como Núñez de la Peña[338] considera que este viaje con los menceyes se realizó en 1497.

Tabla 4
Principales enfrentamientos bélicos durante la conquista de las islas Canarias
Enfrentamientos durante la conquista de las islas Canarias
Isla Batalla Año Aborígenes Conquistadores Bajas aborígenes Bajas castellanos Bibliografía
Lanzarote 1402 Rey 40 Gadifer 20 3 heridos - Gadifer de la Salle, 1404-19/1980: 34
Lanzarote 1402 rey Afche 22 7 - 1 herido Gadifer de la Salle, 1404-19/1980: 35
Fuerteventura 1403 45 o 50 15 - - Gadifer de la Salle, 1404-19/1980: 39
Fuerteventura 1404 42 10 - - Gadifer de la Salle, 1404-19/1980: 60
Fuerteventura 1404 - 15 6 muertos - Béthencourt, 1488-91/1980: 173
Fuerteventura 1404 60 - - - Béthencourt, 1488-91/1980: 175
Fuerteventura 1404 - - 10 muertos - Béthencourt, 1488-91/1980: 176
Gran Canaria Arguineguín 1405 45 - 22 muertos - Béthencourt, 1488-91/1980: 196
Gran Canaria Guiniguada 1478 500 (T) (2000 A) 30 jinetes y 600 peones (T) 30 (T) (300 A) 7 peones y 27 heridos (T) 7 muertos y 26 heridos (A) Torriani, 1592/1978: 130-132; Abreu, 1592-1632/1977: 182-183
Gran Canaria Tirajana 1479 - 500 (¿400 jinetes?) (P) 30 (P) 25 (V) 26 (A) + 100 heridos (A) 20 Palencia, 1490-91: 487-488; Varela, 1487-88/1978: 500; Abreu, 1592-1632/1977: 199
Gran Canaria Tirajana 1480 - - (25 A, error ataque previo) varios muertos Varela, 1487-88/1978: 500; Abreu, 1592-1632/1977: 214
Gran Canaria Gayerte-Agaete 1480 - - 22 (V) varios heridos Varela, 1487-88/1978: 500; Abreu, 1592-1632/1977: 211
Gran Canaria Puerto de Agaete 1481 300 60 jinetes 200 soldados - - Varela, 1487-88/1978: 500-501
Gran Canaria Fortaleza granero de Litana-Titana 1481 - 3 compañías (M) 25 muertos (V, A, M) y cautivos - Varela, 1487-88/1978: 501; Abreu, 1590-1632/1977: 228; Marín de Cubas, 1694/1986: 212
Gran Canaria Fortaleza Fataga 1482 - - 3 muertos - Varela, 1487-88/1978: 501; Marín de Cubas, 1694/1986: 213
Gran Canaria Fortaleza Ventagay-Bentaiga 1482 50 300 (M) 3 muertos y 27 cautivos (V) 8 muertos (A, M) 2 muertos Varela, 1487-88/1978: 502; Abreu, 1590-1632/1977: 228; Marín de Cubas, 1694/1986: 209
Gran Canaria Fortaleza Aganegu 1482 - - 5 muertos y 10 cautivos - Varela, 1487-88/1978: 502
Gran Canaria Fortaleza Ventagay-Bentaiga 1482 150 Guanarteme con 30 canarios muertos y 80 cautivos - Varela, 1487-88/1978: 502
Gran Canaria Fortaleza Axodar en Tafarte-Taxarte 1483 140 (M) 200 (A) Guanarteme con 300 canarios (A) Guanarteme con 500 canarios (Ch) +100 muertos (B) +200 muertos (B) 130 muertos (M) +50 muertos (A) Miguel Moxica Varela, 1487-88/1978: 503-504; Bernáldez, 1513/1978: 514; Abreu, 1590-1632/1977: 231; Marín de Cubas, 1694/1986: 210; Chil y Naranjo, 1891: 231
Gran Canaria Fortaleza Ansite 1483 - 300 (M) - - Varela, 1487-88/1978: 504; Marín de Cubas, 1694/1986: 213-214
La Palma Tedote-Tigalate 1492 - - muchos muertos y cautivos - Marín de Cubas, 1694/1986: 236
La Palma Sierra Tinibucar 1492 - - muertos y cautivos - Abreu, 1590-1632/1977: 282; Marín de Cubas, 1694/1986: 236
La Palma Ecceró-Açero fortaleza Tuburienta-Taburiente 1493 - - algunos muertos y cautivos - Abreu, 1590-1632/1977: 285-287; Marín de Cubas, 1694/1986: 237
La Palma sierra 1493 +300 (A, M) 30 (A, M) - algunos muertos y muchos heridos Abreu, 1590-1632/1977: 288-289; Marín de Cubas, 1694/1986: 238
Tenerife La Matanza 1494 300 (A, E) 3000 (N) 120 jinetes y 1000 peones (N) 40 jinetes y 975 peones (T) 58 jinetes y 258 peones (AD) - 800-900 muertos +600 (A) 800 muertos (B) 800 (500 castellanos, 300 canarios) (V) 900 (E) Bernáldez, 1513/1978: 519; Abreu, 1592-1632/1977: 318; Espinosa, 1594/1980: 100; Torriani, 1592/1632: 182; Viana, 1604/1986: 224; Núñez de la Peña, 1676/1994: 126; Álvarez Delgado, 1960a: 264, 279
Tenerife La Laguna 1495 11.000, reducido por la peste a 5.000 (V) 11.050 (N) 60/70 jinetes y 1000 peones (E) 80 jinetes y 1500 peones (T) 155 jinetes y 1200 peones (R y S) 38 jinetes y 722 peones de Medina Sidonia + 58 jinetes y 220 peones (AD) 1700 (V, N) 2600 (M) 10 jinetes y 35 peones (V, N) casi 200 (M) Espinosa, 1594/1980: 107; Torriani, 1592/1632: 185; Viana, 1604/1986: 282, XI; 303, XII; Núñez de la Peña, 1676/1994: 142, 146; Marín de Cubas, 1694/1986: 244; de la Rosa y Serra, 1949: 112, 115; Álvarez Delgado, 1960a: 264
Tenerife La Victoria 1495 5000 (N) - +2000 (N) 64 (N) Núñez de la Peña, 1676/1994: 161-162
Elaboración propia

Conclusiones

Los valores demográficos que muchos autores han propuesto para las islas Canarias, desde el siglo XVI, están claramente sobredimensionados. Los aborígenes exageraron su fuerza para evitar ataques externos desde las islas vecinas, y los cronistas y herederos de los conquistadores, maximizaron el número de enemigos para otorgar mayor importancia militar a los enfrentamientos y justificar la lentitud de algunas conquistas. El pequeño tamaño de los contingentes militares empleados por normandos, portugueses y castellanos en la conquista evidencia que las fuerzas a las que se iban a enfrentar eran pequeñas.

Por otra parte, las dos islas principales se vieron sometidas a fases de estrés demográfico justo antes de la conquista. En el caso de Gran Canaria, a finales del siglo XIV y primer cuarto del siglo XV, hubo prácticas de infanticidio femenino para controlar el crecimiento poblacional, lo que redujo el número de habitantes en el momento previo de la conquista. A ello se sumó durante la conquista una guerra de tala y quema de cosechas y árboles para debilitar por hambre a la población indígena. En el caso de Tenerife, la aparición de una epidemia, como resultado de las muertes producidas en la batalla de La Matanza de Acentejo, debilitó significativamente a las tropas indígenas en el momento de la segunda entrada y facilitó la conquista.

Las razzias esclavistas afectaron mucho a las islas durante los siglos XIV y XV, pues era la principal riqueza que se podía obtener en ellas, buscándose en particular mujeres y niños, lo que acabó por debilitar a estas poblaciones en islas de muy baja demografía como Lanzarote, Fuerteventura o El Hierro. La escasez de enterramientos aborígenes en islas como Lanzarote o Fuerteventura en parte debe derivar del bajo número de habitantes que tuvieron ambas islas. Las razzias se centraron después en La Gomera y a continuación de La Palma, normalmente con expediciones salidas desde El Hierro.

Resulta significativo que los bandos más afectados por estas razzias, el sur y sureste de La Palma desde El Hierro o el sureste-sur-suroeste de Tenerife desde La Gomera, fueron los primeros en pactar la paz, antes de iniciarse la conquista militar[339].

Con estos bajos contingentes demográficos, interesaba matar al menor número de aborígenes, especialmente en las islas con menos población. Como señala Gadifer de la Salle[340] para Lanzarote, «si no encontramos otro remedio, que matemos a los hombres de defensa del país (…) y conservaremos a las mujeres y a los niños y los haremos bautizar». Primero, para mantenerlos como población residente por la escasez de familias de repobladores, en particular en las islas pequeñas, El Hierro o La Gomera, o en las más áridas y orientales, Lanzarote y Fuerteventura. En segundo lugar, porque el principal beneficio inmediato de la conquista era capturar prisioneros vivos, para venderlos, que además sirvió para ir pagando las campañas militares, siendo el caso de Fernández de Lugo el más evidente en La Palma y Tenerife. En tercer lugar, porque en los bandos de paces y entre los prisioneros se reclutaron siempre tropas para combatir en las islas vecinas.

En los choques armados, los castellanos tenían la gran ventaja de tener caballería, ballestas y armaduras, aunque no se usaron armas de fuego. Esta inferioridad en el combate cuerpo a cuerpo llevó a los indígenas a evitar los choques frontales, tratándose de refugiar en lugares escarpados que les daba ventaja para lanzar dardos y piedras desde posiciones más elevadas. La más grave derrota de los castellanos durante la conquista del Archipiélago fue en La Matanza de Acentejo, en Tenerife, al atravesar el cauce de un gran barranco, donde se produjo una emboscada cuando no podían utilizar la caballería y la vegetación restó efectividad a las ballestas.

En este tipo de combate de cabalgadas y razzias, los principales choques, con excepción de Tenerife, sucedieron cuando se asediaban zonas escarpadas donde se refugiaron los aborígenes. Respecto al número de bajas entre los conquistadores, un buen ejemplo fue el duro asalto de Axodar (Gran Canaria), donde «los heridos, que eran muchos; y los muertos fueron más de cincuenta cristianos, que nunca otra tal como ésta pasó en lo que duró la conquista»[341]. Por otra parte, se aprovecharon las divisiones políticas existentes en las islas, en particular La Gomera, Gran Canaria, La Palma y Tenerife, y probablemente también en Fuerteventura, como elemento de búsqueda de alianzas para focalizar los ataques, dado el bajo número de tropas de las que disponían los castellanos.

Sólo en la segunda entrada en Tenerife se recurrió a tropas profesionales, que habían combatido en la conquista de Granada, enviadas por el Duque de Medina Sidonia, 80 caballeros y 670 peones[342], llegados en noviembre de 1495, que fueron rápidamente licenciadas en marzo de 1496, después de las batallas de La Laguna y La Victoria de Acentejo, y participaron al año siguiente en la conquista de Melilla.

Agradecimientos

Una versión preliminar fue presentada en una conferencia en la Facultad de Psicología de la Universidad de La Laguna en abril de 2004 por la amable invitación de César Esteban López del I.A.C.

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Notas

[1] Lobo (1983); Betancor (2002); Tabares de Nava y Santana (2017).
[2] Pérez de Cabitos (1990 [1476-77]), p. 225.
[3] Verlinden (1970-71), p. 579.
[4] de la Salle (1980 [1404-19]), p. 66.
[5] Franco Silva (1991), pp. 53-66.
[6] Cortes Alonso (1955), pp. 479-547.
[7] de la Salle (1980 [1404-19]), p. 42.
[8] de la Salle (1980 [1404-19]), p. 66.
[9] Navarro y Arco (1987), p. 16.
[10] Macías Hernández (1992), p. 14.
[11] Cabrera Pérez (1989), p. 42; Cabrera Pérez (1992), p. 30.
[12] Cabrera, Perera y Tejera, A. (1999), p. 94.
[13] Álvarez Delgado (1981), p. 63.
[14] Zur ara (1998 [1452-53]), p. 51.
[15] Bernáldez (1978 [1513]), p. 507.
[16] Fernández Martín (1975), p. 114.
[17] Salle (1980 [1404-19]), pp. 19 y 42.
[18] Salle (1980 [1404-19]), pp. 58-59.
[19] López de Ayala (1875 [1396]), p. 214.
[20] Ladero Quesada (1979), p. 18.
[21] Peraza de Ayala (1957), p. 81; (1977), p. 145.
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[23] Pérez de Cabitos (1990 [1476-77]), pp. 220, 225.
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[28] Salle (1980 [1404-19]), p. 27.
[29] Salle (1980 [1404-19]), p. 45.
[30] Salle (1980 [1404-19]), p. 29.
[31] Salle (1980 [1404-19]), p. 44.
[32] Salle (1980 [1404-19]), p. 65.
[33] Béthencourt (1980 [1488-91]), p. 182.
[34] Zurara (1998 [1452-53]), p. 51.
[35] Macías Hernández (1992), p. 16.
[36] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 60.
[37] Macías Hernández (1992), p. 15.
[38] Navarro y Arco (1987), p. 16.
[39] Tejera y González Antón (1987), p. 140.
[40] Cabrera Pérez (1993), p. 30.
[41] Macías Hernández (1992), p. 15.
[42] Fernández Martín (1975), p. 115.
[43] Salle (1980 [1404-19]), pp. 37-38.
[44] Béthencourt (1980 [1488-91]), p. 174.
[45] Béthencourt (1980 [1488-91]), p. 184.
[46] Salle (1980 [1404-19]), p. 41.
[47] Pérez de Cabitos (1990 [1476-77]), p. 225.
[48] Salle (1980 [1404-19]), p. 61.
[49] Béthencourt (1980 [1488-91]), p. 197.
[50] Béthencourt (1980 [1488-91]), p. 197.
[51] Bernáldez (1978 [1513]), p. 507.
[52] Fernández Martín (1975), p. 115.
[53] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 85.
[54] Navarro y Arco (1987), p. 16.
[55] Álvarez Delgado (1981), p. 53.
[56] Macías Hernández (1992), pp. 16, 22 cuadro 3.
[57] Salle (1980 [1404-19]), p. 41.
[58] López de Ayala (1875 [1396]), p. 214.
[59] Zurara (1998 [1452-53]), pp. 51 y 55.
[60] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 247.
[61] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 252.
[62] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 252; de la Torre (1950), pp. 47-72.
[63] Álvarez Delgado (1981), p. 52.
[64] Navarro y Arco (1987), p. 16.
[65] Navarro Mederos (1992), p. 187.
[66] Macías Hernández (1992), pp. 17 cuadro 1, 21, 22 cuadro 3.
[67] Navarro Mederos (1992), p. 188.
[68] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 252.
[69] Macías Hernández (1992), p. 13.
[70] Béthencourt (1980 [1488-91]), p. 174.
[71] Fernández Martín (1975), p. 114.
[72] Álvarez Delgado (1960b), p. 457.
[73] Zurara (1998 [1452-53]), p. 51.
[74] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 250.
[75] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 252.
[76] Ladero Quesada (1979), pp. 28-29.
[77] Zurara (1998 [1452-53]), pp. 53-54.
[78] Torriani (1978 [1592]), p. 205; Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 79.
[79] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 80.
[80] Zurara (1998 [1452-53]), p. 44.
[81] Zurara (1998 [1452-53]), p. 48.
[82] Álvarez Delgado (1959b), pp. 294-295; (1960b), p. 458.
[83] Gómez de Sintra (1992 [1484-1502]), p. 71.
[84] Ladero Quesada (1979), p. 30.
[85] Álvarez Delgado (1960b), p. 488.
[86] Castillo (2001 [1737]), p. 81.
[87] Gómez de Sintra (1992 [1484-1502]), p. 94.
[88] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 247-248.
[89] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 248-249.
[90] Marín de Cubas (1986 [1694]), pp. 223 y 227.
[91] Marín de Cubas (1986 [1694]), pp. 227-228.
[92] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 252.
[93] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 228.
[94] de la Salle (1980 [1404-19]), pp. 40 y 63.
[95] de la Salle (1980 [1404-19]), p. 60.
[96] Béthencourt (1980 [1488-91]), p. 127.
[97] García de Santa María (1946 [1419]), p. 6.
[98] Béthencourt (1980 [1488-91]), p. 196.
[99] Zurara (1998 [1452-53]), p. 51.
[100] Fernandes (1998 [1506-07]), p. 83.
[101] Cadamosto (2017 [1463]), p. 86.
[102] Sedeño (1978 [1507-1640]), pp. 352 y 375.
[103] López de Gómara (1985 [1552]), p. 309.
[104] Frutuoso (1964 [1584-90]), p. 3.
[105] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 264.
[106] Gómez Escudero (1978 [1639-1700]), p. 441.
[107] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 254.
[108] Ovetense (1978 [1639-46]), pp. 142 y 164; López de Ulloa (1978 [1646]), p. 293; Lacunense (1978 [1660-1700]), p. 211.
[109] López de Ulloa (1978 [1646]), p. 311.
[110] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 172.
[111] Torriani (1978 [1592]), p. 97.
[112] Bernáldez (1978 [1488-1513]), p. 513.
[113] Barros (1988 [1552]), p. 49.
[114] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 169.
[115] Gómez Escudero (1978 [1639-1700]), p. 440.
[116] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 261.
[117] Torriani (1978 [1592]), p. 88.
[118] Casas (1989 [1558]), p. 229.
[119] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 169.
[120] Gómez Escudero (1978 [1639-1700]), p. 440.
[121] Álvarez Delgado (1981), pp. 44 y 46.
[122] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 169.
[123] Torriani (1978 [1592]), p. 116.
[124] López de Ulloa (1978 [1646]), p. 316.
[125] Torriani (1978 [1592]), p. 115.
[126] Sedeño (1978 [1507-1640]), p. 362.
[127] Gómez Escudero (1978 [1639-1700]), p. 433.
[128] Álvarez Delgado (1981), p. 48.
[129] Onrubia (2003), pp. 250-251.
[130] González Antón y Tejera (1981), p. 54.
[131] Navarro y Arco (1987), p. 16.
[132] Jiménez González (1998), pp. 339-340; Jiménez González (1999), pp. 194-195.
[133] Macías Hernández (1992), pp. 20, 22 cuadro 3.
[134] Bernáldez (1978 [1488-1513]), p. 515
[135] Onrubia (2003), p. 263.
[136] Fernández Martín (1975), p. 113.
[137] Arbelo Curbelo (1987), pp. 429, 430 tabla 2.
[138] Béthencourt (1980 [1488-91]), p. 127.
[139] Salle (1980 [1404-19]), p. 64.
[140] Sedeño (1507-1640/1978), p. 346.
[141] Sedeño (1507-1640/1978), p. 345.
[142] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 112; Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 95.
[143] Zurara (1998 [1452-53]), p. 53.
[144] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 119.
[145] Rumeu (1975), p. 71; (1986), p. 143.
[146] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 128-129.
[147] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 128.
[148] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 138.
[149] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 116.
[150] Marín de Cubas (1986 [1694]), pp. 138-139.
[151] Pérez de Cabitos (1990 [1476-77]), p. 229.
[152] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 120-125.
[153] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 115-116; Marín de Cubas (1986 [1694]), pp. 130-131; Rumeu (1978), p. 67.
[154] Gómez de Sintra (1992 [1484-1502]) p. 71.
[155] Rumeu (1978), pp. 71-72.
[156] Rumeu (1975), p. 72; (1986) pp. 148-149.
[157] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 119.
[158] Pérez de Cabitos (1990 [1476-77]), p. 283.
[159] Lobo (2012), p. 48.
[160] Rumeu (1975), p. 84.
[161] Rumeu (1975), p. 79; (1988), pp. 370-372.
[162] Rumeu (1978), pp. 70-71.
[163] Pérez de Cabitos (1990 [1476-77]), p. 229.
[164] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 129-130.
[165] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 168.
[166] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 135.
[167] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 137.
[168] Rumeu (1969).
[169] Gómez de Sintra (1998 [1484-1502]), p. 94.
[170] Torriani (1978 [1592]), pp. 130-132.
[171] Torriani (1978 [1592]), pp. 130-132.
[172] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 179-180.
[173] Palencia (1978 [1490-91]), p. 486.
[174] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 185-186.
[175] Marín de Cubas (1986 [1694]), pp. 168-169.
[176] Palencia (1978 [1490-91]), p. 489.
[177] Palencia (1978 [1490-91]), pp. 491 y 493.
[178] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 197-198.
[179] Palencia (1978 [1490-91]), p. 485.
[180] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 202.
[181] Cebrián Latasa (2003), p. 400.
[182] Aznar (1981), p. 10 nº 45-46.
[183] Varela (1978 [1487-88]), p. 499; CÁrdenas (1929), p. 101.
[184] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 209.
[185] Rumeu (1969), pp. 50-54, 57, 65.
[186] Varela (1978 [1487-88]), p. 500-501; Ladero Quesada (1966), p. 49-50.
[187] Santiago (1973) p. 335.
[188] Aznar (1981), p. 16 nº 68.
[189] Ladero Quesada (1966), p. 29.
[190] Gómez Escudero (1978 [1639-1700]), p. 415.
[191] Cebrián Latasa (2003), pp. 253, 331.
[192] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 213-214.
[193] Ladero Quesada (1966), p. 27.
[194] Matritense (1978 [1525-1700]), p. 248.
[195] Varela (1978 [1487-88]), p. 501.
[196] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 216, 218.
[197] Castillo (2001 [1737]), p. 135; Santiago (1973), p. 332.
[198] Castillo (2001 [1737]), p. 136.
[199] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 222-223.
[200] Marín de Cubas (1986 [1694]), pp. 202-203.
[201] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 227; Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 207.
[202] Ladero Quesada (1966), pp. 41-42.
[203] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 227.
[204] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 207.
[205] Varela (1978 [1487-88]), p. 501.
[206] Ladero Quesada (1966), p. 45.
[207] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 222-223; Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 205; Castillo (2001 [1737]), p. 137.
[208] Ladero Quesada (1966), pp. 59-60.
[209] Marín de Cubas (1986 [1694]), pp. 205; Castillo (2001 [1737]), pp. 136-137; Trejo y Carvajal (1891 [1526]), p. 230.
[210] Sedeño (1978 [1507-1640]), p. 360.
[211] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 224, 226-227.
[212] Varela (1978 [1487-88]), p. 501.
[213] Varela (1978 [1487-88]), p. 501.
[214] Varela (1978 [1487-88]), p. 502; Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 230; Gómez Escudero (1978 [1639-1700]), p. 415.
[215] Gómez Escudero (1978 [1639-1700]), p. 415.
[216] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 231; Marín de Cubas (1986 [1694]), pp. 210-211; Trejo y Carvajal (1891[1526]), p. 228.
[217] Matritense (1978 [1525-1700]), p. 250.
[218] Varela (1978 [1487-88]), p. 504.
[219] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 233.
[220] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 234.
[221] Castillo (2001 [1737]), p. 146-147.
[222] Sedeño (1978 [1507-1640]), pp. 363-364.
[223] Gómez Escudero (1978 [1639-1700]), p. 418.
[224] Varela (1978 [1487-88]), p. 504; Bernáldez (1978 [1513]), pp. 514-515.
[225] Betancor (2002), p. 113.
[226] Ladero Quesada (1966), p. 60.
[227] Castillo (2001 [1737]), p. 138; Chil y Naranjo (1891), p. 223.
[228] Zurara (1998 [1452-53]), p. 51.
[229] Álvarez Delgado (1981), p. 52.
[230] Bernáldez (1978 [1513]), p. 517.
[231] Gómez de Sintra (1992 [1484-1502]), p. 77.
[232] Álvarez Delgado (1981), p. 53.
[233] Navarro y Arco (1987), p. 16; Martín Rodríguez (1992), p. 15.
[234] Macías Hernández (1992), pp. 21, 22 cuadro 3.
[235] Fernández Martín (1975), p. 114.
[236] Béthencourt (1980 [1488-91]), p. 196.
[237] Pérez de Cabitos (1990 [1476-77]), p. 190.
[238] Álvarez Delgado (1959a), p. 172.
[239] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 107-108; Quesada y Chaves (2007 [1784]), pp. 152-153; Álvarez Delgado (1960b), p. 487 n. 87.
[240] Quesada y Chaves (2007 [1784]), p. 153.
[241] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 209, 216.
[242] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 217-218.
[243] Aznar Vallejo (1981), p. 82 nº 397.
[244] Aznar Vallejo (1998), pp. 368 y 371.
[245] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 235.
[246] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 282.
[247] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 285-287; Marín de Cubas (1986 [1694]), pp. 237-238.
[248] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 288-289; Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 238.
[249] Bernáldez (1978 [1513]), p. 517.
[250] Cadamosto (1998 [1463]), p. 70.
[251] Palencia (1978 [1490-91]), p. 474.
[252] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 241.
[253] Gómez de Sintra (1998 [1484-1502]), p. 95.
[254] Béthencourt Alfonso (1991 [1912]), pp. 70-71.
[255] Béthencourt Alfonso (1994 [1911]), p. 78.
[256] Rodríguez Martín (1994), pp. 5-14.
[257] Chil y Naranjo (1891), p. 361.
[258] Viana (1986 [1604]), p. 282; XI.
[259] Álvarez Delgado (1981), p. 53.
[260] Rodríguez Martín (2000), p. 29.
[261] Espinosa (1980 [1594]), p. 41.
[262] González Antón y Tejera (1981), p. 54.
[263] Navarro y Arco (1987), p. 16.
[264] Diego Cuscoy (1968), p. 87.
[265] Macías Hernández (1992), pp. 17 cuadro 1, 21, 22 cuadro 3.
[266] Espinosa (1980 [1594]), p. 114.
[267] Núñez de la Peña (1994 [1676]), p. 142.
[268] Viana (1986 [1604]), p. 303; XII.
[269] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 244.
[270] Serra y de la Rosa (1952), p. 281
[271] Fernández Martín (1975), pp. 113-114.
[272] Espinosa (1980 [1594]), p. 125.
[273] Pérez de Cabitos (1990 [1476-77]), p. 274; Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 117; Núñez de la Peña (1994 [1676]), pp. 70-71; Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 131; Quesada y Chaves (2007 [1784]), pp. 176-177.
[274] Pérez de Cabitos (1990 [1476-77]), p. 286; Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 314-315; Marín de Cubas (1986 [1694]), pp. 131-132.
[275] Cioranescu (1977), p. 37.
[276] Núñez de la Peña (1994 [1676]), p. 114.
[277] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 316.
[278] Torriani (1978 [1592]), p. 182.
[279] Álvarez Delgado (1960a), pp. 264 y 279.
[280] Álvarez Delgado (1960a), p. 256.
[281] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 316.
[282] Espinosa (1980 [1594]), p. 95.
[283] Álvarez Delgado (1960a), p. 253.
[284] Espinosa (1980 [1594]), pp. 95-96.
[285] Espinosa (1980 [1594]), p. 98.
[286] Espinosa (1980 [1594]), pp. 97 y 100.
[287] Viana (1986 [1604]), p. 224; VIII.
[288] Espinosa (1980 [1594]), p. 100.
[289] Rumeu de Armas (1975), p. 198.
[290] Álvarez Delgado (1960a), pp. 264-265.
[291] Espinosa (1980 [1594]), p. 105.
[292] Rumeu de Armas (1975), pp. 207 y 236-237.
[293] Espinosa (1980 [1594]), p. 106; Álvarez Delgado (1960a), pp. 319-320.
[294] Viana (1986 [1604]), cap. XI.
[295] Espinosa (1980 [1594]), p. 107; Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), pp. 319-320.
[296] Torriani (1978 [1592]), p. 185.
[297] Morales Padrón (1978), p. 35.
[298] Rumeu de Armas (1975), p. 222.
[299] Rumeu de Armas (1975), pp. 225, 228, 230; Aznar Vallejo (1981), p. 83 nº 405.
[300] Álvarez Delgado (1961), p. 29.
[301] Aznar Vallejo (1981), p. 374.
[302] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 320; Núñez de la Peña (1994 [1676]), p. 139.
[303] Espinosa (1980 [1594]), p. 108; Rumeu de Armas (1975), pp. 247-248.
[304] Núñez de la Peña (1994 [1676]), p. 144; Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 244.
[305] Viana (1986 [1604]), p. 304, XII; Núñez de la Peña (1994 [1676]), p. 144.
[306] Trejo y Carvajal (1891 [1526]), p. 215; Núñez de la Peña (1994 [1676]), pp. 145-146.
[307] Viana (1986 [1604]), p. 311; XII.
[308] Torriani (1978 [1592]), p. 186.
[309] Núñez de la Peña (1994 [1676]), p. 146.
[310] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 244.
[311] Núñez de la Peña (1994 [1676]), p. 142.
[312] Rumeu de Armas (1975), p. 247.
[313] Trejo y Carvajal (1891 [1526]), p. 215.
[314] Viana (1986 [1604]), pp. 353-358; XIV.
[315] Núñez de la Peña (1994 [1676]), p. 162.
[316] Núñez de la Peña (1994 [1676]), p. 161.
[317] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 245.
[318] Espinosa (1980 [1594]), p. 112; Quesada y Chaves (2007 [1784]), p. 190.
[319] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 247.
[320] Viana (1986 [1604]), p. 360, X; Núñez de la Peña (1994 [1676]), p. 163; Gómez Escudero (1978 [1639-1700]), p. 457.
[321] Viana (1986 [1604]), p. 377, XV.
[322] Núñez de la Peña (1994 [1676]), p. 163; Quesada y Chaves (2007 [1784]), p. 191.
[323] Rumeu de Armas (1975), pp. 292 y 296.
[324] Álvarez Delgado (1960a), p. 261.
[325] Álvarez Delgado (1961), pp. 16, 18 y 35.
[326] Núñez de la Peña (1994 [1676]), pp. 163-165; Quesada y Chaves (2007 [1784]), pp. 191-192.
[327] Viana (1986 [1604]), p. 360, X; Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 247.
[328] Núñez de la Peña (1994 [1676]), pp. 166-168; Quesada y Chaves (2007 [1784]), pp. 192-193.
[329] Álvarez Delgado (1981), p. 39.
[330] Cortes Alonso (1955), p. 498.
[331] Rumeu de Armas (1975), p. 296.
[332] Quesada y Chaves (2007 [1784]), p. 199.
[333] Marín de Cubas (1986 [1694]), p. 247.
[334] Álvarez Delgado (1961), p. 18.
[335] Rumeu de Armas (1975), pp. 297-298.
[336] Núñez de la Peña (1994 [1676]), p. 171.
[337] Rumeu de Armas (1953), pp. 59 y 76 n. 7; Rumeu de Armas (1975), p. 297; Álvarez Delgado (1960a), p. 246.
[338] Núñez de la Peña (1994 [1676]), p. 171.
[339] Mederos Martín (2009), p. 151.
[340] Salle (1980 [1404-19]), p. 35.
[341] Abreu y Galindo (1977 [1590-1632]), p. 231.
[342] Viana (1986 [1604]), cap. XI.

Notas de autor

* Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid. Facultad de Filosofía y Letras. Campus de Cantoblanco. 28.049 Madrid. España. Teléfono: +35914972093; correo electrónico: alfredo.mederos@uam.es
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