Arte
Mural de la capilla del Pilar de Ntra. Sra. de la Asunción de San Sebastián de la Gomera
MURAL OF THE CHAPEL OF PILAR OF OUR LADY OF ASUNCIÓN OF SAN SEBASTIÁN DE LA GOMERA
Mural de la capilla del Pilar de Ntra. Sra. de la Asunción de San Sebastián de la Gomera
Anuario de Estudios Atlánticos, vol. AEA, núm. 66, pp. 1-11, 2020
Cabildo de Gran Canaria
Recepción: 04 Diciembre 2018
Aprobación: 13 Septiembre 2019
Resumen: Estudio del programa iconográfico de la capilla y el mural conmemorativos del ataque perpetrado en 1743 por el británico Charles Windham contra la isla de La Gomera. Reflexiones a la luz de la documentación inglesa y del testamento de don Diego Bueno, comandante de la Isla en el momento de la agresión.
Palabras clave: La Gomera, islas Canarias, Gran Bretaña, Charles Windham, Marina Real británica, pintura mural, ataques navales, siglo XVIII.
Abstract: Study of the iconographic program of the commemorative chapel and mural of the attack perpetrated in 1743 by the British Charles Windham against the island of La Gomera. Reflections in light of the English documentation and the will of Don Diego Bueno, commander of the island at the time of the aggression.
Keywords: La Gomera, Canary Island, Great Britain, Charles Windham, Royal Navy, mural painting, naval attacks, 18th century.
Mientras elaborábamos el libro 1743. La Royal Navy en Canarias, nos dimos cuenta de que esta obra no era el espacio adecuado para prestar toda la atención debida al mural de la capilla conmemorativa del ataque del inglés Charles Windham contra La Gomera. Por tanto, en este artículo vamos a centrarnos en desarrollar todas nuestras consideraciones al respecto a la luz de la documentación inglesa que hallamos en su momento y a la del testamento de don Diego Bueno, comandante de las milicias gomeras durante la agresión y promotor de las obras de la capilla.
Breve reseña del episodio de Charles Windham en La Gomera
Entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 1743, San Sebastián, el puerto de La Gomera, fue atacado por unos enviados de la omnipotente Royal Navy, en el marco de la guerra hispano inglesa de 1739-1748[1].
Los navíos de línea británicos, el Monmouth de 70 cañones, capitaneado por el inglés Charles Windham[2], comandante de la expedición, y el Medway de 60, dirigido por el escocés George Cockburn[3], salieron de Portsmouth, en el canal de Spithead, al sur de Inglaterra, enviados directamente por el Almirantazgo con la misión principal de interceptar unas naves españolas que venían de América. Poco después de su partida apresaron una fragata corsaria de la misma nacionalidad, pero con tripulación francesa, de otras 24 piezas, la Saint Michel.
Este grupo de barcos tuvo serias dificultades técnicas y meteorológicas para entrar con diligencia en la bahía, pues se demoró un día completo en hacerlo; por lo que perdió así el factor sorpresa y dio oportunidad a la milicia de toda la isla para agruparse en torno a su puerto a fin de defenderlo: 1.525 hombres sin preparación militar profesional, que solo contaban con 15 cañones desfasados, útiles de labranza y un puñado de fusiles.
Por otro lado, un grave error de señalización del Saint Michel, el cual entendió que había peligro de embarrancamiento, llevó a que las naves anclaran en la bahía algo más lejos de lo deseado por el comandante de la expedición.
En la mañana del 30 de mayo dio comienzo un intenso cañoneo que se extendió hasta las diez de la noche. Al día siguiente, 1 de junio, se reanudó el fuego y, en un momento de cese, Charles Windham dirigió una carta de intimidación al comandante de las milicias gomeras, don Diego Bueno[4], en la que lo amenazaba con arrasar la villa si no accedía a sus pretensiones[5]. La brava y escueta respuesta que don Diego dio al inglés fue la siguiente: «Por mi patria, por mi ley y por mi rey, he de perder la vida y, así, el que tuviere más fuerza vencerá». Una frase que dio la vuelta a Europa y que fue publicada en varios idiomas cultos[6].
Posteriormente los ingleses trataron de llevar a efecto sus amenazas y prepararon sus lanchas para desembarcar, pero, ante su aproximación a tierra, la milicia de toda la isla salió de su escondite dispuesta a recibir peleando en la playa a la fuerza invasora. Ese fue probablemente el momento en el que Windham se dio cuenta del enorme desequilibrio de fuerzas al que se iba a enfrentar –1.525 milicianos contra unos 350 ingleses–, por lo que finalmente decidió abortar la operación, tras lo cual se hizo un consejo de la oficialía a bordo del Monmouth para hablar acerca de la retirada.
Después de unas horas más de cañoneo, que ya no tenían mucho sentido, los ingleses se separaron definitivamente de La Gomera y fueron a ubicarse entre las islas para cumplir con su cometido inicial y principal: interceptar unas naves españolas que sabían que iban a venir desde América.
La capilla de Ntra. Sra. Del Pilar y su programa iconográfico alusivo a la batalla de 1743
Esta capilla constituyó la primera de una serie de ampliaciones y reformas que fueron realizadas en la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción durante la segunda mitad del siglo XVIII, con lo que se dio el tamaño definitivo al templo[7].

Su construcción fue impulsada por don Diego Bueno, que en 1738 había hecho voto de sufragar sus gastos. Cuatro años después, en 1742, don Diego había abandonado ya este propósito, pues por entonces tenía la intención de dejar la Isla para volver a su Valverde natal en El Hierro[8].
Sin embargo, finalmente el ataque de Charles Windham contra San Sebastián en 1743 le llevó, por su condición de comandante de las milicias de La Gomera, a quedarse en dicha isla retomando así su idea original y dedicando dicha capilla a conmemorar este violento suceso, en el que había sido protagonista de primer orden[9].
Según una inscripción de su retablo, las obras darían comienzo el 3 de febrero de 1744 y finalizarían el 24 de septiembre del mismo año. Poco tiempo después sería consagrada por el obispo don Juan Francisco Guillén[10].
La techumbre está a caballo entre el estilo portugués y la policromía canaria en las armaduras, combinando rosas y estrellas sobre los pares. Se realizó con un gusto que algunos autores han tildado incluso de refinado, siempre que se advierta la pobreza de medios que sufría la Isla en ese momento histórico.
Iconográficamente hablando, el conjunto de la capilla es el más completo e interesante que puede ofrecer el edificio. Dicho conjunto queda descrito, en gran parte, en el testamento de don Diego Bueno.
En el retablo fueron representados, de arriba abajo y de izquierda a derecha: una Lamentación ante Cristo muerto; la Aparición del Pilar a Santiago y sus discípulos; la Piedad; la Virgen de las Mercedes, con un posible retrato de don Diego Bueno; y un San Nicolás de Tolentino con las almas del Purgatorio. Mientras que en los cuatro lunetos de la techumbre están representados: San Francisco de Asís, Santo Domingo de Guzmán, San Agustín y San Francisco Javier; y en la almizate una coronación de la Virgen con la Santísima Trinidad.
Las otras representaciones destacables son la escultura de la Virgen del Pilar, ubicada en la única hornacina del retablo, la cual es copia exacta de la zaragozana; y el Sagrado Corazón de Jesús, labrado al pie.
Si atendemos al contenido del testamento de don Diego Bueno, en el conjunto de la capilla echaremos en falta el retrato del obispo don Juan Francisco Guillén; una imagen de San Diego de Alcalá[11]; y un vía crucis en quince láminas. Por el contrario, como ya hemos visto, están presentes dos pinturas que no están relacionadas en dicho testamento: la Lamentación ante Cristo muerto y la Piedad[12].
La capilla en conjunto constituye un auténtico canto de agradecimiento y conmemoración que se manifiesta, sobre todo, por medio del mural representativo de la batalla que está cubriendo la mitad superior de su pared lateral[13].
La violenta maldición inserta en un lateral del retablo «Hora mala, malditos josicos de diablos, revienta perros malditos por toda la eternidad. Amén» se puede relacionar directamente con una parte del testamento de don Diego Bueno[14]: «[…]me dio mucho miedo de los Diablos del Infierno y me pareció los veía en las proas de los navíos[…]». Seguramente esos josicos de diablos y esos perros malditos no eran otra cosa que los mascarones de proa de los dos navíos de línea ingleses que atacaron San Sebastián de La Gomera, junto a la fragata Saint Michel. En ese momento histórico los buques ingleses de 70 cañones, como el Monmouth de Windham, y los de 60, como el Medway de Cockburn, solían llevar en sus proas leones de influencia artística china con un hocico de aspecto perruno que buscaba la intimidación del enemigo[15].
Por otro lado, el exabrupto «Hora mala […]» no deja de llamar poderosamente la atención por su presencia dentro de un lugar sagrado y dedicado a la religión del amor al prójimo, lo que refleja un odio sin medida contra aquellos que llegaron a amenazar con arrasar San Sebastián, circunstancia explicable por la diferencia religiosa entre bandos. Hay que tener en cuenta que el enfrentamiento entre los “católicos papistas” españoles y los “protestantes antipapistas” ingleses era un punto de fuerte desencuentro, que embargaba poderosamente el ánimo de los contendientes[16] y que se manifiesta también con mucha fuerza en el testamento de don Diego Bueno[17].



El mural representativo de la defensa de La Gomera
Según la profesora Margarita Rodríguez González habría que considerar este mural como una “pintura de batallas” propia del barroco y períodos precedentes de la plástica canaria.
Los dos primeros ejemplos de este tipo de obras representan la batalla de Lepanto: una composición de Cristóbal Hernández de Quintana conservada en La Laguna y su copia, ubicada en El Palmar (Buenavista del Norte).

Los otros tres casos que menciona Rodríguez González fueron hechos en el siglo XVIII y rememoran acontecimientos señalados de la historia del Archipiélago. Uno de ellos, datado en 1764 y ubicado en las Casas Consistoriales de La Laguna, representa la conquista de Tenerife. Los otros dos plasman hechos bélicos de la década de 1740 que se produjeron en Fuerteventura –escenas pintadas en el banco del retablo mayor de la iglesia de San Miguel, en Tuineje– y en La Gomera, que es el que nos ocupa en este artículo[18].
Si nos centramos en el mural gomero fue Olivia Stone, la incansable viajera inglesa que recorrió nuestro archipiélago, quien nos legó el importante dato del nombre de su autor, José Mesa, habitante de la ciudad[19]. Eso sí, llegó a confundir a confundir el ataque representado con el de Francis Drake[20].
En cuanto a su fecha de factura, el testamento de don Diego vuelve a prestarnos una importante ayuda, ya que en este documento escrito en 1758 se manifiesta que la pintura ya estaba hecha. La capilla donde se localiza, como ya vimos más arriba, es de 1744, y Olivia Stone nos dice que la fecha del mural es 1780, que es la que frecuentemente se da por buena. Esto nos lleva a barajar la hipótesis siguiente: es posible que el año exacto de su realización sea 1750, dado que es la única cifra entre 1744 y 1758 que tiene tres dígitos iguales a 1780, y un cuarto, el 8, que en determinadas circunstancias (que van desde el trazo, hasta un simple desconchado[21]) podría ser confundible con el 5.
De ser cierta esta aproximación, tendríamos que considerar al mural como el más antiguo de Canarias. Por delante, incluso, del mural del ayuntamiento de San Cristóbal La Laguna, al que antes hicimos alusión y tenido hasta ahora como tal[22].
Mucho se ha hablado sobre la parte perdida de la pintura. La elucubración popular comenta que se extendía hasta el suelo con la representación de una vista de la villa de San Sebastián. En cuanto a esta cuestión hemos de decir que las dimensiones del mural apreciadas por la viajera Olivia Stone, cuando se puso frente a él «[…] Tiene unos veinte pies de largo por doce de alto […]». Es decir, 6 m X 3,7 m) se acercan notablemente a las medidas tomadas para este trabajo (5,6 m X 3,7 m), lo que permite constatar tanto la buena apreciación a simple vista de dicha señora como el hecho de que no debió de ser mucha la parte que se malogró. Quizá lo justo para completar la cenefa «[…] con un marco pintado alrededor […]» que rodearía la pintura por abajo, más algo de espacio para la firma y fecha vistas por Stone (José Mesa, ¿1750?) y hoy desaparecidas.

En 1743 la villa de San Sebastián estaba situada junto a un barranco que bajaba de la cumbre tenía un buen puerto con diez brazas de fondo y bien abrigado de los vientos. Para su defensa contaba con tres pobres emplazamientos estratégicamente dispuestos en su bahía, que se repartían 15 cañones desfasados. El representado en el mural (el castillo de los Remedios) era el mayor y mejor artillado –nueve cañones–, y se encontraba en el centro de la bahía, dominándola[23].
Los navíos representados en el mural son, como ya dijimos, el HMS Monmouth de Charles Windham, un navío de línea de tercera clase con 70 cañones; el Medway, de George Cockburn, un cuarta clase de 60 cañones; y la fragata corsaria Saint Michel, capturada en alta mar, poco después de salir de Gran Bretaña[24]. Mientras que la pequeña embarcación aparejada con velas que vemos hacia el centro del mural es un “longboat” (bote grande), quizá el del Medway. Se trata de la balandrilla que –según la crónica de Miguel de Santiago– «andaba de barco en barco» llevando órdenes[25].



En el fuerte de Ntra. Sra. de los Remedios ondea la bandera de las Instalaciones y Fortificaciones de la Marina española, utilizada a lo largo del siglo XVIII a la cual le falta, eso sí, el escusón de los Borbones en el abismo, con las tres lises doradas sobre campo azur[26]. Encima de esta se ve izada una insignia roja de desafío (defiance), que aterrorizó a los ingleses, según un escrito del retablo de la propia capilla, y la blanca del bote que llega a tierra es una bandera de paz (truce). Estos dos últimos paños eran convenciones internacionales[27].
Los navíos de línea de la división inglesa –el Monmouth de Windham y el Medway de Cockburn– probablemente vestían de rojo, tal y como están representados en el mural, ya que así lo hacían los que estaban en comisión independiente, es decir, con órdenes directas del Almirantazgo. Sin embargo, lo absolutamente correcto hubiera sido representar en la proa de los dos navíos de línea la Union Jack de 1606. Por otro lado, el corsario Saint Michel debió de ser representado vistiendo la bandera inglesa con la cruz de San Jorge en la proa[28].
La munición que vuela entre ambos bandos corresponde a los tres tipos básicos que se utilizaban en la época: balas redondas (“round shot”), palanquetas (“double head”) y metralla (“grape”)[29].








Una característica propia de este mural es su intento de representar a la vez y en un único espacio los momentos más importantes del combate. De otra manera es imposible, si atendemos a la narración de las crónicas, que al tiempo que llega a tierra el bote de la parte inferior con bandera de paz y la carta de intimidación de Windham, se esté abriendo fuego de lado y lado.
Según las crónicas en español, después de recibir la carta de amenaza, don Diego Bueno envía otra de respuesta con la ya mentada frase: «Por mi patria, por mi Ley y por mi Rey he de perder la vida y, así, el más fuerte vencerá» y ordena izar la bandera roja de desafío (“defiance”), para hacer ver al enemigo que los gomeros rechazan la propuesta inglesa y están preparados para la lucha.
Seguidamente los ingleses inician el intento de desembarco, representado en el grupo de botes con hombres junto a los barcos de guerra[30].
Pues bien, toda esta secuencia de acciones fue representada de una sola vez en la superficie del mural, como si hubieran ocurrido al mismo tiempo o se quisiera presentar todo lo sucedido en un plano único.
Referencias
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Notas
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