Arte
La recuperación de artistas olvidados: una aproximación a la trayectoria de Carlos Luis Monzón Grondona
Retrieval of forgotten artists: an approach to career of Carlos Luis Monzón Grondona
La recuperación de artistas olvidados: una aproximación a la trayectoria de Carlos Luis Monzón Grondona
Anuario de Estudios Atlánticos, vol. AEA, núm. 66, pp. 1-19, 2020
Cabildo de Gran Canaria
Recepción: 30 Abril 2019
Aprobación: 23 Septiembre 2019
Resumen: El presente artículo tiene la finalidad de dar a conocer la figura de Carlos Luis Monzón Grondona (Las Palmas de Gran Canaria, 1887-1959), quien gozó de una posición relevante en los ambientes culturales de la isla de Gran Canaria durante el primer tercio del siglo XX. Se pretende reivindicar su papel en los actuales discursos histórico-artísticos con la finalidad de paliar la falta de atención que la historiografía artística le ha prestado, mediante la aportación y análisis de fuentes inéditas y de diversa naturaleza.
Palabras clave: Carlos Luis Monzón Grondona, patrimonio artístico, historia del arte canario, teatro, escenografía, pintura.
Abstract: The aim of this paper is to announce to figure of Carlos Luis Monzón Grondona (Las Palmas de Gran Canaria, 1887-1959), who was very popular in the cultural circles in Gran Canaria during the first decades of 20th century. We intend to reclaim his rol in the currently historic and artistic discourses because we want to cover the lack of attention that the Historiography has given him through the inclusion and analysis of unplublished sources.
Keywords: Carlos Luis Monzón Grondona, artistic heritage, history of art in the Canary Island, theater, set design, painting.
Introducción
En la actual situación histórico-artística, las trazas generales y fundamentales de los grandes artistas y de sus obras están plenamente fijadas. No quiere decir que no deban ser revisadas cada cierto tiempo, y desde otras perspectivas, para ser conscientes de su importancia y relevancia. Pero de manera paralela también existe toda una serie de creadores que no han corrido la misma suerte en la historiografía artística y están en las sombras, eclipsados y a la espera de que sus obras vuelvan a despertar emociones en los espectadores. Este es el propósito de la presente investigación, cuya principal intención consiste en reivindicar la figura concreta de Carlos Luis Monzón Grondona.
Este artista disfrutó de una reconocida posición en los círculos culturales de Gran Canaria durante los primeros treinta años del siglo veinte. Se dedicó fundamentalmente a la creación escenográfica, rama principal de su quehacer artístico y la que le abrió las puertas para experimentar otras prácticas creativas. Durante el tiempo acotado, participó en los principales montajes teatrales que las distintas sociedades artísticas organizaron con gran éxito de crítica y público[1].
Por consiguiente, la envergadura de su figura, así como el hallazgo de toda una serie de originales fuentes no tenidas en cuenta hasta el momento, justifica la realización de este trabajo, que se articulará en tres apartados. En primer lugar, en la reconstrucción biográfica del artista. En segundo, en cartografiar los distintos montajes en los que participó como escenógrafo con la finalidad de discernir la ideología escénica que profesó a lo largo de su carrera. Y, finalmente, su faceta como pintor.
Acercamiento biográfico
La historiografía artística canaria ha prestado muy poca atención a Carlos Luis Monzón Grondona (Las Palmas de Gran Canaria, 1887-1959[2]) (figura 1). Prueba de ello es que no existe una investigación monográfica en torno a su completo quehacer creativo hasta el momento. Pese a ello, y en distintos momentos, algunos autores e investigadores han ahondado en diversos aspectos de su vida y obra.
Por una lado, está la bibliografía generada en vida del propio artista, en donde se afirma su condición de discípulo de Nicolás Massieu y Falcón, la formación que recibió en la Real Academia de San Fernando y su dedicación a la pintura y al dibujo[3].
Por el otro, años después de su desaparición, nuevos investigadores le dedicaron cierta atención. La más importante es la prestada a principios de los noventa por la doctora María Dolores Arroyo Fernández en su tesis doctoral sobre la pintura paisajística en las islas orientales de Canarias, pues es la que mayores datos nos ofrece. Amplía su labor profesional más allá de la pintura y el dibujo puesto que afirma que fue decorador, actor, profesor de dibujo y que poseyó un puesto burocrático como dibujante en la Junta de Obras de Puertos. Lo define como uno de los más clasicistas creadores de la transición entre los dos siglos ya que su obra pictórica, que amplía a paisajes y retratos, percibe un cierto miniaturismo y preciosismo decimonónico, pero también momentos de alguna pincelada suelta y empastada. Con todo, afirma que visitó diversas ciudades europeas (París, Roma, Londres y Berlín) y realizó varias exposiciones[4].

Maisch, T. Fotografía de Carlos Luis Monzón Grondona en el papel del Padre Nazarín de la producción Homenaje de Círculo Mercantil al ilustre novelista hijo de Gran Canaria, gloria de las letras españolas, D. Benito Pérez Galdós. 1931.
Archivo de El Museo Canario.Debemos esperar hasta las primeras décadas del nuevo milenio para que aparezcan nuevos estudios que confirmen la relación de Monzón Grondona con otras manifestaciones artísticas. Así, Fernando Betancor Pérez, en su estudio sobre la productora cinematográfica Gran Canaria Films, trata la relación de este artista con el cine[5]; y Yolanda Arencibia Santana, en su artículo sobre las sociedades artísticas grancanarias de principio del siglo XX, evidencia su relación con la Sociedad de Los Doce como escenógrafo[6].
Junto a ello, si recurrimos a diversas fuentes hemerográficas, podemos obtener también otros datos relevantes que complementan su figura y nos ayudan a comprender la magnitud del reconocimiento del que gozó en vida.
Su análisis nos ha permitido saber que asistió al colegio grancanario de San Agustín y que en 1903 fue alumno de la Escuela Superior de Artes Industriales. En general, obtuvo calificaciones de meros aprobados, salvo en las asignaturas de dibujo geométrico y dibujo geométrico e industrial, en las que se alzó con calificaciones de notables. Asimismo también hemos podido averiguar que llegó a recibir clases en la Escuela de Artes y Oficios[7].
Las distintas actividades que la prensa ha evidenciado sobre él nos ha posibilitado conocer su grado de integración en la sociedad del momento.
Por ejemplo, en 1912, Monzón Grondona se encontraba en Madrid, donde llegó a formar parte de una comisión política integrada por diversas personalidades de las islas con el fin de hacer frente a una de las tantas batallas relacionadas con el manido pleito insular[8]. En 1914, llega a solicitar voluntariamente al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria la restauración y arreglo del Teatro Pérez Galdós[9], aunque desconocemos si finalmente lograría efectuar tal propuesta. Posteriormente, tras el incendio que sufrió este teatro en 1918, Monzón Grondona fue miembro de la comisión que se encargó de decidir la restauración del inmueble[10]. Formó parte activa en la organización administrativa de distintas sociedades, pues fue director artístico de la Sociedad de Los Doce[11] y vocal y secretario en distintos momentos de la Sociedad del Gabinete Literario[12]. Y en 1932, impartió clases de dibujo lineal, artístico y pintura en la Escuela Politécnica de Las Palmas, institución a la que donó un aparato de proyección cinematográfico para garantizar una enseñanza moderna[13].
Además, hemos podido averiguar una cierta relación política, desconocemos si por decisión personal u obligado por las circunstancias, ya que en nombre de dicho gabinete confeccionó en 1937 un pergamino artístico a favor del General Francisco Franco[14].
Cuando estaba en Madrid, Sebastián Jiménez Sánchez, autor de una breve nota biográfica, afirma que llegó a realizar copias de las obras maestras del Museo Prado y en una ocasión recibió los elogios de la emperatriz María Eugenia de Montijo, quien estaba de visita en la pinacoteca[15].
Asimismo, la prensa ofrece noticias banales relacionadas con sus vacaciones[16], su intento de conseguir el pasaporte[17], así como las defunciones de su familia[18] y hasta descripciones de cómo era física y psicológicamente:
(…) Rara laboriosidad la de Carlos Luis; temperamento inquieto y nervioso, físicamente débil y con poco volumen corporal; pero de fuerte voluntad que se traza una norma y ella ajusta el ritmo de su vida. Lo que no se ve, porque es una fuerza interior, psicológica que se traduce en actos, es el resorte volitivo que rige sus actividades (…)[19].
Incluso su muerte, producida el 28 de febrero de 1959[20], fue comentada en la prensa, ya que se difundió la idea que había sido resultado de no haber superado las seguidas muertes en el tiempo de dos de sus hermanos meses antes[21].
Por consiguiente, basándonos en fuentes bibliográficas y hemerográficas, podemos afirmar Carlos Luis Monzón Grondona disfrutó de un cierto reconocimiento en vida y que fue un artista versátil, pues llegó a ser escenógrafo, pintor, dibujante, ilustrador, docente, director cinematográfico, restaurador, actor y gestor cultural, como podremos demostrar a continuación.
Su labor como hombre de teatro
Las distintas reseñas biográficas y entrevistas de Monzón Grondona halladas en la prensa confirman en todo momento su condición de escenógrafo[22].
Según hemos podido averiguar, su relación con esta rama se iniciaría a través de actividades lúdicas durante su infancia, bajo la docencia de don Diego Mesa[23], profesor del colegio San Agustín[24]. Su dedicación a ella se dilataría en el tiempo hasta mediados de los años cuarenta del siglo XX, pues es cuando localizamos la última escenografía realizada tras haber llevado a cabo una reconstrucción pormenorizada de su trayectoria en este campo y que tendremos ocasión de analizar más adelante.
Recordemos que el análisis bibliográfico y de hemeroteca realizado nos ha permitido dilucidar la formación artística que Monzón Grondona recibió. No solamente fue discípulo de Nicolás Massieu y Falcón, sino también alumno del colegio San Agustín, de la Escuela Superior de Artes Industriales y de la Escuela de Artes y Oficios. Sin embargo, su aprendizaje no se limitó al contexto isleño puesto que entre 1912-1915 se estableció en la capital madrileña tras lograr una pensión del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria para ampliar sus estudios como pintor escenógrafo[25]. Presentó la solicitud el 8 de noviembre de 1912[26] y fue concedida al día siguiente en valor de una pensión de mil quinientas pesetas por un año. Durante este periodo, entraría en la Real Academia de San Fernando, donde obtendría calificaciones de sobresaliente en competencia con otros pensionados de distintas provincias españolas; visitaría el Museo del Prado asiduamente, donde copiaría a los grandes maestros; y se convertiría en discípulo de Amalio Fernández[27]. Al año siguiente, consiguió que se prorrogara la pensión[28]y que aumentara a trescientas pesetas más[29]. Regresó definitivamente a su ciudad natal en 1915[30]. Mas no cabe duda que su marcha a Madrid demuestra su clara intención de decantarse y dedicarse a la escenografía de una forma profesional.
En una entrevista que concedió en 1955 se puede comprobar que su trayectoria como escenógrafo puede dividirse en tres etapas: su colaboración como escenógrafo en la Sociedad de Los Doce, su estancia en Madrid y su colaboración en otras sociedades grancanarias[31]. A continuación abordamos cada una de ellas para comprender el perfil escenográfico que nuestro artista desarrolló a lo largo de su trayectoria.
Escenógrafo de Los Doce
La relación de Monzón Grondona con el teatro comienza en la Sociedad de Declamación de Los Doce[32],cuando en 1906 colaboró con uno de sus primeros directores, Miguel Rivero Montañez, en la decoración del pequeño teatro que la sociedad poseía en calle Viera y Clavijo de Las Palmas de Gran Canaria. Este es el punto de partida de su seria dedicación como escenógrafo teatral y que se desarrolla en el contexto de esta institución, ya que desde entonces se convirtió en uno de los escenógrafos más habituales en los distintos espectáculos que esta sociedad llevó a cabo.
El primer encargo que hemos documentado al que se enfrentó de forma solitaria, tanto en su carrera como en esta sociedad, data del 12 de agosto de 1911, cuando colaboró en el montaje Canción de Cuna, de Gregorio Martínez Sierra, en el Teatro Pérez Galdós, y donde consiguió el éxito de la crítica[33]. Las fuentes hemerográficas no aportan más datos sobre la producción, salvo que existió una gran expectación y que el escenógrafo elaboraba los decorados y el vestuario exigidos por el autor de la obra[34].
No obstante, casi noventa años después de su estreno, se publicaron en la prensa dos fotografías de la producción (figura 2). Aunque son de muy mala calidad, nos acreditan para afirmar que efectivamente, como ya dijeron las críticas que enjuiciaron el montaje, Monzón Grondona siguió las acotaciones prefijadas por el autor del texto. Según hemos podido contrarrestar entre estas fuentes artísticas y la dramaturgia, nuestro artista representó el rincón del claustro del convento en que transcurre el primer acto y el locutorio del segundo[35]. Todo ello mediante la utilización de telones pintados. Cabe destacar que el montaje se repitió en varias ocasiones posteriores, pues era una práctica habitual en la trayectoria de Los Doce[36].

Reproducción fotográfica del montaje del primer acto de Canción de cuna, de Gregorio Martínez Sierra, con escenografía de Carlos Luis Monzón Grondona. 1911. Extraída de MORENO, M. (27-08-2000). «Siesta de memorias. Páginas donde el pasado se siente y revive arte escénico de primera clase»
La Provincia/Diario de Las Palmas, p. 83.La siguiente intervención de Monzón Grondona para Los Doce tuvo lugar el 14 de marzo de 1912 cuando realizó la escenografía basada en telones pintados del texto Doña Clarines, de los hermanos Álvarez Quintero, en el Teatro Pérez Galdós. Su propuesta fue elogiada y definida como elegante y sencilla. En ese mismo año también promovieron otras puestas en escena, como Abuela y nieta, de Jacinto Benavente; Lo que lleva el correo, tercera parte de Los Misterios de Antonio Zozaya; Electra, de Benito Pérez Galdós; y Mañana de sol, de los hermanos Álvarez Quintero. En todos estos montajes nuestro artista llevó a cabo los decorados con notable éxito[37].
Aunque en la producción llevada a cabo en noviembre se propusieron también otros títulos, como Los fiambres, de Ricardo Catarineu y Pedro Sabau, con puesta en escena por Néstor Martín-Fernández de la Torre. La fama de este llegó a eclipsar a la de Monzón, pues las críticas prestaron mayor atención al pintor del Poema de Atlántico. No obstante, en el archivo digital de fotografía histórica de Canarias de la FEDAC hallamos una fotografía del montaje (figura 3), que pone de manifiesto la calidad escenográfica de Monzón y el carácter ochocentista de su decorado, como lo demuestra el hecho de representar la realidad sobre el escenario, la preocupación por la perspectiva y el seguimiento de las acotaciones de los autores[38].

Tras volver de Madrid en 1915, Carlos Luis continuaría colaborando activamente con Los Doce. En septiembre de ese año participó en el estreno de la obra La señorita se aburre, de Jacinto Benavente, donde realizó la restauración de un decorado propio del Teatro Pérez Galdós, procedente de la casa Rovescali de Milán[39]. A los pocos meses, en diciembre, realizaría el decorado para el estreno de El patio azul, de Santiago Rusiñol[40].
Uno de los montajes más importantes que puso en escena Los Doce fue la representación de La intrusa de Maeterlink (29 de junio de 1917, Teatro Pérez Galdós), basada en la traducción de Gregorio Martínez Sierra e incluida en un acto en homenaje al fallecido director de la sociedad Miguel Rivero Montañez. Tradicionalmente se ha atribuido su puesta en escena a Néstor Martín-Fernández de la Torre, pero las fuentes cotejadas nos indican que no es así. Se trató de un montaje que despertó un gran interés y se consideró el gran acontecimiento cultural del año. Antes de su estreno, la escenografía de Monzón Grondona fue elogiada. Pero, como era habitual tras el estreno, las críticastan solo reconocieron su autoría y valoraron positivamente su trabajo, mas no hicieron ninguna descripción sobre el decorado. Cabe destacar que la prensa afirmó que en el programa del acto se reprodujo un dibujo alegórico de la obra, cuya autoría le corresponde a Monzón Grondona[41].
En el Teatro-Circo Cuyás, bajo los auspicios de la Sociedad Fomento y Turismo y con la colaboración de Los Doce, diseñó el montaje para la comedia El rosal rojo, de Sebastián Suárez León[42], cuyo estrenó aconteció el 23 de diciembre de 1918. Sin embargo, las críticas tras el estreno apenas hicieron alusión a su trabajo pues tan solo reconocieron su autoría y calificaron su obra de forma positiva al prestar mayor atención a la interpretación y al propio dramaturgo[43].
Uno de los últimos trabajos de los que tenemos constancia de Monzón Grondona para Los Doce fue en la puesta en escena de La reina mora, de los hermanos Álvarez Quintero, representada el 7 de noviembre de 1919 en el Teatro-Circo del Puerto de Las Palmas de Gran Canaria[44].
A tenor de los datos aportados, la colaboración para Los Doce de Carlos Luis Monzón Grondona fue crucial puesto que fue el marco que le permitió decantarse profesionalmente como escenógrafo. Pese la escasa existencia de fuentes artísticas, las añadidas nos permiten considerar que Monzón Grondona desarrollo un perfil escenográfico de corte decimonónico con especial tendencia a representar la realidad sobre el escenario, el seguimiento de las acotaciones de los dramaturgos y la preeminencia de los decorados basados en telones pintados.
Estancia en Madrid
Las reseñas biográficas y las propias declaraciones de Monzón Grondona publicadas en la prensa en relación a su dedicación a la escenografía que aludimos anteriormente nos indican que su trabajo en Madrid estuvo vinculado a tres agentes: Amalio Fernández, Ernesto Vilches y Ricardo Baeza[45].
La ausencia de fuentes complica el grado de relación que pudiera haber entre Amalio Fernández (1858- 1928)[46] y Monzón Grondona, aunque sabemos que se desarrollaría entre 1913 y 1915 y que Fernández sería el responsable de la formación como escenógrafo del canario en Madrid. Durante este tiempo, el propio Fernández enviaría una carta a la corporación municipal isleña donde avalaría la solicitud de la prórroga de la pensión de su discípulo. Además, este colaboraría en la confección de los decorados de Parsifal, de Richard Wagner, a partir de las escenografías diseñadas por el albeceteño, que se estrenó en Madrid el 1 de enero de 1914 en el Teatro Real. Suponemos que su trabajo en la confección de los decorados para este montaje le proporcionaron importantes saberes de las obras wagnerianas y de las puestas en escena que en sus obras se utilizaron; y que, en el caso concreto de Parsifal, aprendería y reforzaría sus conocimientos sobre distintos aspectos relacionados con la iluminación y la transición, la precisión y la tramoya de los decorados[47].
La formación recibida durante su estancia pensionada en Madrid le sirvió para mostrar los conocimientos adquiridos en su ciudad natal, lo que influyó para que Ernesto Vilches[48] (1879-1954), en su gira por Canarias, lo conociera y lo contratara. Este vínculo laboral se materializo para la temporada de invierno de 1916 del Teatro Príncipe Alonso de Madrid. Es muy probable que la participación de Monzón consistiera en la necesidad de la compañía de contar con un escenógrafo profesional para adaptar los decorados que habían adquirido previamente a otros artistas al escenario del teatro y restaurarlos cuando fuera necesario debido al deterioro producto de su uso constante. No obstante, hemos podido averiguar en la prensa que llegó a diseñar una escenografía original para la comedia de Rosas de otoño, de Jacinto Benavente, que se estrenó el 13 de octubre de 1916 con motivo de la inauguración de la temporada de la compañía. Las críticas elogiaron la interpretación de los actores, la asistencia masiva de público y valoraron positivamente la obra representada por la compañía de Vilches, pero no se hicieron eco de nuestro artista ni de su decorado[49].
Basándonos en las declaraciones de Monzón Grondona, su última conexión con Madrid tendría lugar en el estreno de Juan Gabriel Borkmann, de HenrikIbsen. La obra fue representada en el Teatro Princesa el 27 de septiembre de 1919 por la compañía de Cuadro Atenea de Ricardo Baeza (1890-1956)[50]. Sin embargo, Monzón Grondona no lo nombra en sus declaraciones cuando afirma su participación en el proyecto. Por su parte, la prensa de la época no menciona a nuestro escenógrafo como el responsable de los decorados, sino a Fernando Mignoni. Por tanto, todos estos datos nos hacen pensar que, en el caso de que trabajara en este montaje, lo hiciera para la confección de los decorados a partir de los diseños de aquel ya que seguramente se conocieran por haber trabajado en la compañía de Ernesto Vilches[51].
Pese a que pongamos en duda esta última colaboración, en el resto de los casos quedarían confirmadas las palabras del propio Monzón debido a las fuentes aportadas. Estas nos afirman que efectivamente estuvo bajo el discipulazgo de Amalio Fernández y que trabajó en la compañía de Ernesto Vilches. Así pues, su estancia en Madrid estaría acotada a su período de formación, en torno 1913-1915, y luego a su pertenencia en dicha compañía en 1916. No obstante, los siguientes encargos que trataremos y que tienen lugar en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, ponen en relieve que Monzón Grondona no logró el éxito artístico ni laboral en la capital española puesto que, de lo contrario, como otros muchos artistas del momento, hubiera decidido establecer su residencia definitiva en ella.
En cualquier caso, su estancia en Madrid fue rentable para que nuestro artista afianzara su posición y lograra un cierto éxito en su ciudad, como podremos demostrar en la última etapa de su trayectoria escenográfica.
Su colaboración en otras sociedades grancanarias
En el 22 de agosto de 1930, bajo el patrocinio de la sociedad Circulo Arenales, llevó a cabo el montaje de El nido, de los hermanos Álvarez Quintero. La prensa afirmó que realizó un decorado adaptado a la obra con mobiliario real procedente de una empresa privada[52].
En 1931, entre el 4 y 10 de enero, se celebró la Gran Semana Galdosiana en la capital grancanaria con el fin de homenajear a la figura de Benito Pérez Galdós. Fue promovida por los poderes públicos de la isla, así como por distintas sociedades culturales y empresas privadas. Se llegó a convocar una comisión que se encargó de la gestión y producción de los actos, dirigida por Federico León, presidente del Círculo Mercantil. En ella también tuvo cabida José Rodríguez Iglesias, antiguo presidente de la Sociedad de Los Doce; Ramón Baudet, empresario gestor del Teatro Pérez Galdós; la actriz y poetisa Josefina de la Torre (1907-2002);y nuestro escenógrafo, entre otros[53].
Fue un proyecto cultural de gran envergadura en el que se celebraron conferencias, ofrendas florales, paseos por la ciudad y la representación de las obras Marianela, del segundo acto de la comedia La de San Quintín y de una propuesta escénica que daba a conocer a distintos personajes de las obras del literato sobre el escenario[54].
La colaboración y participación de nuestro artista fue bastante considerable porque se encargó de la dirección y confección de los distintos decorados que se usaron y llegó a participar como actor. Además, también se encargaría del diseño del programa de mano del evento, realizado en pergamino y con una gran calidad artística[55] (figura 4).

Portada del programa de mano diseñado por Carlos Luis Monzón Grondona de la producción teatral Homenaje del Círculo Mercantil al ilustre novelista hijo de Gran Canaria, gloria de las letras españolas, D. Benito Pérez Galdós. 1931.
Colección del autor.El día 6 de enero de 1931, en el Teatro Pérez Galdós, se puso en escena Marianela, patrocinada por el Circulo de Arenales. Su éxito fue arrollador. Pero, como viene siendo habitual, las referencias al decorado son bastante nulas, pues simplemente se enjuició de manera positiva[56]. Dos días después de este estreno, se produjo sobre el escenario del Teatro Pérez Galdós el día grande de la Semana Galdosiana bajo el título Homenaje de Círculo Mercantil al ilustre novelista hijo de Gran Canaria, gloria de las letras españolas, D. Benito Pérez Galdós. Se desarrollaron varias actuaciones, entre las que el plato fuerte fue la representación del segundo acto de La de San Quintín y la presentación de cincuenta y un personajes de las distintas obras dramáticas del escritor, quienes desfilaron por el escenario al tiempo que la orquesta de la Sociedad Filarmónica tocaba a Beethoven.
El éxito fue nuevamente desmedido, como se demuestra en las páginas enteras que describieron la velada artística[57]. Además, se llegó a publicar una fotografía del acto final (figura 5), en el que aparecieron sobre el escenario los distintos personajes teatrales que el canario había creado en sus dramas y que participaron en el acto[58].

A pesar de todo el despliegue informativo, las referencias a la escenografía y a nuestro artista en las críticas consultadas son bastante escasas en comparación con el resto de las informaciones que se vierten en ellas. Simplemente se le reconoce su autoría de las decoraciones, su capacidad como director y su interpretación como el Padre Nazarín.
La única fuente artística que hemos podido hallar para documentar este trabajo de Monzón Grondona se corresponde con la mencionada fotografía del acto final que acabamos de mencionar y que nos demuestra su decisión de crear escenografías a partir de telones pintados (figura 5). Aunque en esta ocasión recurrió también a una serie de andamios escalonados para que tuvieran cabida los cincuenta y un actores que participaron, creemos que es una forma de dar solución a la gran cantidad de actores y no a una decisión de ruptura o renovación escénica. Esta se halla en el archivo de El Museo Canario, donde se encuentran otras fotografías de estudio de distintos personajes que participaron en el espectáculo, como el propio Monzón Grondona como el Padre Nazarín (figura 1) o la genial Josefina de la Torre como Miss Fli (figura 6)[59].
El 29 de abril de 1938, con el Cuadro Atenas, presidido por el Sebastián Suárez León, se llevó a cabo el estrenó el montaje El divino impaciente, de José María Pemán, en el Teatro Pérez Galdós, en el que nuestro escenógrafo fue el autor del decorado, aunque tuvo la ayuda del escenógrafo Sergio Calvo (1920-2010). Monzón Grondona también se hizo cargo de la dirección escénica y el mismo Suárez León participó como actor protagonista. La prensa recurrió a la importancia de ambos artistas en los quehaceres teatrales para ensalzar la importancia de la representación, aunque las referencias sobre los decorados siguen la misma tónica de mera calificación positiva[60].

Maisch, T. Fotografía de Josefina de la Torre en el papel de Miss Fli de la producción Homenaje de Círculo Mercantil al ilustre novelista hijo de Gran Canaria, gloria de las letras españolas, D. Benito Pérez Galdós. 1931
Archivo de El Museo CanarioLa siguiente empresa escenográfica que hemos documentado de Monzón Grondona tiene lugar para la obra El genio alegre, de los hermanos Álvarez Quintero. Producción organizada por la sociedad Cuadro Artístico de Educación y Descanso, cuyo estreno tuvo lugar en el Teatro Pérez Galdós el 29 de junio de 1940[61]. Esta misma sociedad fue la encargada de promover la última incursión escénica que hemos documentado de nuestro artista. Esta tiene lugar en 1945 cuando dirigió y realizó el figurinismo de El Alcalde de Zalamea, de Calderón de la Barca. En un principio iba a ser dirigida por Sebastián Suárez León, pero su fallecimiento lo impidió[62].
Aunque desconocemos las razones que explican este abandono del hecho teatral, Carlos Luis Monzón Grondona debe ser considerado, junto con Néstor Martín-Fernández de la Torre[63], uno de los más destacados escenógrafos del primer tercio del siglo XX en Gran Canaria. Su importancia radica en que continuó la tradición escenográfica decimonónica en el teatro que aún pervivió en las primeras décadas del siglo XX en toda España. El hecho de que fuera discípulo del mismo Amalio Fernández, así como que llevara a cabo decorados pintados, participara en numerosas comedias burguesas y siguiera las acotaciones de los dramaturgos, son evidencias fundamentales de tales afirmaciones.
El carácter polifacético de su producción artística: la pintura
Las fuentes consultadas nos indican que el abandono del hecho teatral por parte de Monzón Grondona coincidió con el inicio de su dedicación como pintor hasta prácticamente el final de su vida[64].
Según los datos cotejados, nuestro artista llegó a participar en dos exposiciones individuales, aunque antes habría participado en diversas colectivas donde habría dado a conocer esta faceta[65]. La primera se inauguró el 24 de mayo de 1947 y se celebró en el Gabinete Literario[66], mientras que la segunda tuvo lugar el 12 de mayo de 1955 en la extinta Galería Wiot de Las Palmas de Gran Canaria[67].
En el catálogo de la exposición celebrada en 1947 se puede observar que Monzón Grondona presentó veinticuatro lienzos cuyas temáticas abordan las naturalezas muertas, los paisajes, los retratos y los asuntos religiosos[68]. En la de 1955, incluye treinta y dos obras, de las que veinte eran óleos sobre lienzo y doce dibujos en los que repite la misma temática[69].
Aunque recibió una muy buena acogida por parte de la crítica[70], lo cierto es que estos datos numéricos nos ofrecen informaciones interesantes sobre esta faceta de nuestro protagonista. Por un lado, parece obvio que los temas que aborda son de carácter inofensivos cuyo principal interés consiste en captar posibles compradores. Por el otro, si analizamos el listado de obras incluidas en las exposiciones individuales que hemos mencionado, no hay ningún rastro de obras relacionadas con el espacio escénico. Ello nos hace pensar que muy probablemente siguiera esa mentalidad de la época de no considerarlos obras de arte y de no estimarlos lo suficiente como para que fueran objetos museísticos. Tal situación explicaría que no se haya conservado ni que tengamos constancia de la existencia de bocetos escenográficos de su autoría hasta el momento. Mas ello no quiere decir que rechazara esta faceta, la relegara o se avergonzara de ella, pues en numerosas entrevistas reivindicó su trabajo como escenógrafo y director[71].
En cualquier caso, contamos con la suerte de que en la Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria se conservan quince obras pictóricas de nuestro artista (figuras 7, 8, 9, 10, 11 Y 12)[72]. Aunque no está del todo claro el momento exacto de su ingreso en las colecciones de la institución, se cree que pudieran estar vinculadas a sus momentos iniciales[73].
Pese a ello, deben considerarse fuentes fundamentales para comprender el perfil pictórico de Monzón Grondona. Este, según hemos podido comprobar, no difiere de su perfil escenográfico, es decir, lleva a cabo una pintura de carácter eminentemente figurativa de carácter tradicional en la que el color juega un papel importante, aunque alejada de cualquier atisbo vanguardista.


Monzón Grondona. C. L.Portada de Santa Gadea-Mansel (calle de Colón). Plumilla sobre papel.
Casa de Colón

Monzón Grondona. C. L. Iglesia-convento de San Francisco. ca. 1940-1950. Plumilla sobre papel
Casa de Colón.



Conclusiones
Llegados a este punto, podemos confirmar que el estudio realizado ha presentado toda una serie de reflexiones y fuentes totalmente originales que no se habían tenido en cuenta hasta ahora sobre la figura de Carlos Luis Monzón Grondona.
Se dio a conocer como escenógrafo y se convirtió en uno de los hombres de teatro más importantes del siglo XX en Gran Canaria. Esta es la actividad con la que debe ser identificado, pues constituye la principal dedicación que llevó a cabo durante gran parte de su vida, la que le aportó el reconocimiento en los ambientes culturales de la época y la que le permitió posteriormente enfrentarse a otros medios creativos.
En definitiva, no cabe duda de que los resultados obtenidos permiten enriquecer los actuales discursos sobre la historia del arte canario y poner en valor las distintas fuentes y obras artísticas generadas que se conservan en la actualidad de Monzón Grondona.
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Notas
Notas de autor