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El neoliberalismo como trama ideológica en la Argentina reciente
Neoliberalism as ideological weave in recent Argentina
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 21, núm. 74, pp. 29-49, 2016
Universidad del Zulia



Recepción: 10 Mayo 2016

Aprobación: 26 Julio 2016

Resumen: Este trabajo busca contribuir a la crítica de la ideología neoliberal, entendiendo que una nueva coyuntura política reclama atender a esa dimensión ideológica en la que el neoliberalismo nunca dejó de producir sus efectos. El texto se pregunta por ese nivel en el que las subjetividades son afectadas por el neoliberalismo como ideología, a partir de la identificación de cuatro núcleos centrales: justificación de la desigualdad, meritocracia, tecnocratismo e ideología de la flexibilidad de la vida. A través del trabajo con los resultados de una encuesta y ciertas discursividades públicas se intenta observar la extensión y articulación de esos núcleos.

Palabras clave: Ideologías, justificación, meritocracia, neoliberalismo.

Abstract: This paper intends to contribute to the critique of Neoliberal Ideology, assuming that a new political situation claims to attend the ideological aspect in which Neoliberalism never stopped producing effects. The paper interrogates that level in which subjectivities are affected by Neoliberalism as Ideology, by identifying four central ideological cores: Justification of inequality, Meritocracy, Technocratism and Ideology of Life’s Flexibility. Through the analysis of the results of a survey and certain public discourses we propose to observe the extension and articulation of these cores.

Keywords: Ideologies, justification, meritocracy, neoliberalism.

1. PRESENTACIÓN

Los desenvolvimientos políticos recientes en América Latina evidencian el comienzo de un desplazamiento en el rumbo que guía, en términos institucionales y culturales, el horizonte político de la región. Esta nueva tendencia puede caracterizarse como un cuestionamiento a las experiencias políticas de izquierda y nacional-populares que marcaron los años de la última década. De esa manera, el neoliberalismo se abre paso en nuestro presente histórico, colocándose como un problema colmado de interrogantes para un conocimiento social crítico.

Sin embargo, no se trata de un problema novedoso, ni para la historia política regional, ni para el conocimiento social. En la Argentina, las políticas económicas del kirchnerismo se articularon con un discurso que confrontaba con el neoliberalismo extendido en la región durante los años `90. Mientras tanto, las ciencias sociales intentaban pensar la especificidad de un momento histórico que inauguraba una nueva época. A partir del análisis diferencial de las políticas económicas de los distintos períodos históricos, las ciencias sociales polemizaban sobre el grado de novedad de una época que incluso fue pensada en términos de “pos-neoliberalismo”. Esa discusión incluía una reflexión sobre las continuidades que evitaba concebir a las novedades históricas como rupturas absolutas que habrían inaugurado la fundación de algo completamente nuevo.

No obstante, observando ese nivel de las políticas económicas transformadoras –que en la Argentina estuvieron impulsadas por los gobiernos kirchneristas– se desatendía un nivel más difícil de observar, en el que las continuidades podían persistir imperceptibles para la mirada atenta a las transformaciones de la estructura económica. Dado que el neoliberalismo mismo suele ser pensado como una intensificación de algunas determinaciones esenciales de la acumulación capitalista, para estudiar sus persistencias se estudiaron los cambios que se producían en la estructura productiva o, también, las modificaciones entre, y al interior de las clases sociales. Pero habría un nivel en el que el neoliberalismo opera y en donde es capaz de sobrevivir, incluso cuando las políticas económicas se desarrollan en explícita confrontación con él. Nos referimos a los efectos sobre la subjetividad producidos en el nivel ideológico. La temporalidad del neoliberalismo como ideología no está supeditada a los tiempos de la coyuntura política y, paradójicamente, es la coyuntura política la que nos indica que ese nivel tiene que ser atendido en su complejidad.

El presente histórico en el que se ve amenazada la continuidad de los proyectos de izquierda y nacional-populares de América Latina –que en Argentina se expresó en el triunfo electoral de Mauricio Macri en 2015– reclama una interpretación de la amplia capacidad de interpelación del discurso neoliberal en la sociedad. Sobre todo, porque esa interpelación también afecta a sectores sociales que habían formado parte de las experiencias populares que sustentaron los proyectos de alternativa –política, social y cultural– al régimen económico neoliberal. Las transformaciones del rumbo regional no pueden ser entendidas como la irrupción violenta, de la noche a la mañana, de un fenómeno que, por su disonancia y extrañeza en relación con la historia reciente, aparece para los actores y el conocimiento crítico como incomprensible y carente de explicación. Insistir en una reflexión sobre las continuidades en ese nivel ideológico se vuelve necesario en un momento en el que aquello que parecía estar naciendo ha dado lugar a la reemergencia de lo que parecía estar muriendo.

Pero ¿de qué manera podemos conocer los efectos que el neoliberalismo produce en los sujetos? La tradición de la Teoría Crítica nos sugiere una posibilidad para avanzar con un análisis que le haga justicia a la complejidad del funcionamiento de las ideologías, atendiendo a su dimensión inconsciente, a su carácter por momentos contradictorio y no necesariamente racional, y a la heterogeneidad de las temporalidades en la que ellas operan. Ese fue el modo en que Adorno abordó la cuestión de la ideología autoritaria. Los análisis estadísticos recogidos en los Estudios sobre la personalidad autoritaria pretenden acceder a un nivel que no se reduce a lo que un individuo expresa como su opinión manifiesta1. A su vez, el trabajo que allí mismo realiza a través de entrevistas en profundidad, le permitía a Adorno indagar sobre el modo en que funcionan las ideologías, cómo se construyen las justificaciones y los argumentos sobre los que se sostienen. Pero, para lograr un abordaje integral, también era necesario incluir análisis críticos de discursividades públicas y dispositivos comunicacionales en los que la ideología se estructura2.

Para interrogar ese nivel ideológico del neoliberalismo no es suficiente indagar sobre las opiniones manifiestas de los individuos, pues la pregunta se dirige al modo en el que algunos sentidos y valores asociados al neoliberalismo lograron inscribirse en los sujetos, incluso más allá de la articulación explícita de sus opiniones. El modo de funcionamiento de los procesos ideológicos requiere de un modo de abordaje –un método– que atienda a su carácter inconsciente, contradictorio e imaginario.

Asumiendo los límites de los distintos abordajes ante la complejidad de los fenómenos ideológicos, en este escrito nos proponemos estudiar algunas dimensiones de lo que denominaremos subjetividad neoliberal a través de una diversidad de materiales heterogéneos.

Esa heterogeneidad funciona como índice del modo en el que entendemos ese nivel ideológico del neoliberalismo: no se trata de un conjunto de definiciones coherentes sobre el Estado (mínimo), el mercado (libre) o la organización (flexible) del trabajo sobre las que los individuos opinan; por el contrario, asumimos que el nivel ideológico habilita la convivencia y articulación de elementos contradictorios en la subjetividad. Entonces, no alcanzaría con interrogar por la adhesión a definiciones teóricas que caracterizan al neoliberalismo como doctrina (por ejemplo, en los términos de la Escuela de Chicago), sino que es necesario aproximarse al modo en el que algunos rastros de esas definiciones se inscriben en los sentidos y valores subjetivos, incluso más allá de la conciencia individual.

Con el objetivo de analizar la extensión de algunos nudos que consideramos centrales de la ideología neoliberal así como el modo en el que ellos se articulan en las representaciones de los sujetos, trabajaremos principalmente con los resultados de una encuesta probabilística3 en la cual –a diferencia de lo que sucede con la mayoría de los estudios cuantitativos sobre ideologías– se ha intentado registrar el nivel no manifiesto de la ideología4. A su vez, para aproximarnos a la diseminación del sentido alrededor de esos nudos ideológicos propuestos, consultaremos también algunas discusiones desarrolladas en el contexto de grupos focales5. Por otro lado, las referencias a intervenciones públicas de dirigentes políticos y cuadros empresariales nos permitirán exponer la centralidad y la actualidad de los núcleos que, de acuerdo a nuestra interpretación, configuran la trama ideológica del neoliberalismo en la Argentina reciente.

Antes de pasar al análisis, presentaremos lo que podríamos considerar como un esbozo de una teoría de la ideología neoliberal que nos permite identificar los cuatro núcleos centrales que analizaremos en este trabajo: la justificación de la desigualdad social, la meritocracia, la tecnocracia y la ideología de la flexibilidad de la vida. En el siguiente apartado, abordaremos la articulación entre las dos primeras de esas cuestiones, mientras que en el cuarto nos dedicaremos a las últimas dos. Por último, dejaremos un espacio para las conclusiones en las que retomaremos los hilos vertidos para analizar el funcionamiento en conjunto de la trama ideológica del neoliberalismo.

2.LA TRAMA NEOLIBERAL

Como mencionábamos anteriormente, en la Argentina es usual entender al neoliberalismo como un conjunto de políticas económicas específicas. Lo que se conoce como reformas neoliberales o “revolución conservadora” posee características globales, que pueden ser encontradas en la mayoría de los países que forman parte de la actual economía capitalista globalizada, y condiciones específicas de implementación y desarrollo que son propias de la experiencia histórica de cada país. Las transformaciones distintivas que suelen definir al neoliberalismo a nivel global implican el debilitamiento (o destrucción) de las actividades coordinadoras, promotoras y niveladoras del Estado-nación y un proceso de creciente preponderancia de las empresas globales y los flujos financieros. En los estudios del caso argentino6 este proceso implicó la destrucción de las capacidades estatales para dirigir las principales empresas de servicios públicos, regular el comercio exterior y la política monetaria, y un profundo proceso de desindustrialización que condujo a un aumento de la desocupación, la precarización laboral y la marginalidad.

Ahora bien, sostenemos que el neoliberalismo no puede ser definido solamente a partir de un listado de transformaciones económicas y políticas, porque éstas han intervenido a la vez en el orden ideológico de las sociedades históricas en las que se inscribieron. Es en ese sentido que estudios contemporáneos como los de Richard Sennett, Axel Honneth, Jürgen Habermas, Luc Boltanski y Eve Chiapello, o François Dubet han señalado la necesidad de analizar críticamente las transformaciones del carácter, la moralidad, la racionalidad de la administración pública y los criterios de justicia surgidos con la “revolución neoliberal”. En sus estudios sobre las transformaciones asociadas al neoliberalismo se pone de manifiesto la intención de ir más allá de los análisis de las políticas públicas y la estructura económica para registrar al neoliberalismo operando sobre otro nivel.

En ese sentido, el sociólogo francés François Dubet7, construye dos modelos de justicia social contrapuestos a propósito de determinadas políticas públicas igualitarias diversas y asociadas, respectivamente, al Estado de Bienestar europeo y al neoliberalismo que vino a transformarlo. El objetivo no consiste en producir únicamente una categorización de políticas de Estado, sino dilucidar distintas concepciones sociales sobre la igualdad. Dubet muestra que tanto lo que él denomina “igualdad de posiciones” como la “igualdad de oportunidades” implican nociones de la igualdad que son compatibles con cierta inequidad social. Pero mientras que la primera fundamenta la expansión de derechos sociales que aproximen efectivamente las distintas posiciones en una sociedad (sin cuestionar la diferencia estructural entre obreros y empresarios, aproxima las condiciones de vida de ambos), la segunda promueve el acceso igualitario (de las mujeres o de todas las “minorías visibles”) a todos los trabajos, y así desarma la diferencia entre posiciones fijas en tanto se supone que todos los individuos parten desde el mismo punto cero. De esta manera, la inequidad final se explica por diferentes esfuerzos o capacidades individuales, y por eso Dubet señala que la igualdad de oportunidades constituye un mito contemporáneo que opera como una justificación individualista de la desigualdad social.

La cuestión subyacente a este planteo es que un modelo económico que no deja de aumentar exponencialmente las desigualdades, requiere justificaciones para que los individuos puedan compatibilizar el concepto de igualdad sobre el que las sociedades democráticas modernas se sostienen con las desigualdades con las que se enfrentan cotidianamente. Por eso, creemos que la “justificación de la desigualdad” es un núcleo central de la ideología neoliberal que desresponsabiliza al Estado y a la sociedad en general de las inequidades.

Sobre este punto vuelve Axel Honneth, quien analiza cómo es afectado por esta concepción el modo en que los individuos se perciben a sí mismos en los diversos contextos sociales. Si Dubet nos permite pensar aquellas concepciones que justifican la elaboración de políticas sociales, Honneth a su vez nos permite concebir esta cuestión desde el punto de vista de los individuos. En el nuevo “capitalismo desorganizado” –dice– el Estado ya no aparece como el responsable por las trayectorias de vida, y esto se debe a que el neoliberalismo institucionaliza una moral individual y un derecho “des-solidarizado” que han generado las condiciones para que “los ciudadanos tiendan cada vez más a percibir sus desempeños, sus éxitos y fracasos, de manera individualizada, de modo que les resulta prácticamente imposible establecer una referencia a un todo mayor”8. De esta manera, el mérito individual se convierte en el criterio central que ordena las jerarquías sociales justas. Por eso, reconocemos a este nuevo modo de individualismo des-solidarizado como un núcleo de la ideología neoliberal que denominamos “meritocracia”.

Por otro lado, esa desresponsabilización del Estado sobre las desigualdades sociales posibilita también, como ha sostenido recientemente Habermas a propósito de los dilemas políticos de integración que suscita la unión monetaria de la Unión Europea9, una tentación de colonizar los ámbitos institucionales de toma de decisiones por parte de una lógica técnica proveniente de la esfera económica cuyo modelo es el de la gestión de la empresa capitalista. Se puede entender esta colonización como señalando un núcleo “tecnocrático” de la ideología neoliberal, que valora el saber técnico sobre la política, y concibe la tarea del Estado como una administración eficiente de recursos.

Se trata de un modo de entender al Estado que recupera la vieja noción de dominio burocrático, valorándola positivamente. Cuando Guillermo O`Donnell concebía la forma de dominación estatal en la Argentina de 1966 a 1973 mediante el concepto de “autoritarismo burocrático”, apelaba al concepto weberiano de burocracia para pensar el imperio de la racionalidad instrumental en el ámbito de la política estatal. El efecto al que conducía la burocratización creciente era –según O´donnell– la autonomización de los aparatos del Estado de los fines determinados por valores sociales compartidos. En ese contexto, el concepto de autoritarismo burocrático apuntaba a la “exclusión política de un sector popular previamente activado, al que somete a severos controles tendientes a eliminar su previa presencia en la escena política”10. Esa exclusión autoritaria propia de gobiernos dictatoriales no es identificable con el modo en que el tecnocratismo como ideología funciona en nuestras sociedades democráticas. Y, sin embargo, podríamos decir que algunos rastros de esa práctica político-institucional, en tanto forma de exclusión política, sobrevive en discursos que argumentan respecto a quiénes son -y quienes no- aquellos que se encuentran en condiciones de gestionar lo público. En pocas palabras, la tecnocracia sería la ideología que hace del concepto de burocracia un modelo normativo. En la tecnocracia como aspecto de la ideología neoliberal, lo que era objeto de la crítica en el espíritu weberiano de O’Donnell se invierte, convirtiéndose en un discurso que ofrece justificaciones para un modelo despolitizado de Estado.

Un cuarto núcleo del neoliberalismo como ideología puede ser desplegado, finalmente, a partir de los análisis de los efectos subjetivos producidos por las mutaciones de las formas de trabajo en el capitalismo tardío.

Por una parte, Luc Boltanski y Ève Chiapello han estudiado aquellas reconfiguraciones ideológicas asociadas a las transformaciones del mundo económico, siguiendo la idea de que con las reformas neoliberales se habrían gestado nuevos modos de justificación de la adhesión de las personas al orden capitalista. En los manuales empresariales de los años 90 que ellos estudian en El nuevo espíritu del capitalismo, Boltanski y Chiapello observan que la organización del trabajo en las grandes empresas se transforma de manera tal que el individuo creativo, autónomo, espontáneo, con capacidad de adaptación, es decir, flexible, está en lo más alto del orden valorativo que allí se construye. Lo que se transforma con el “nuevo espíritu del capitalismo” son los recursos motivacionales que movilizan a la fuerza de trabajo. Esa transformación es presentada como una incorporación, por parte del “espíritu” del capitalismo, de los cuestionamientos a las jerarquías y las rigideces de la sociedad industrial, que habrían tenido su momento de realización histórica en los movimientos de protesta de Mayo del 68 (aquello que los autores denominan “crítica artista”). La imaginación, las redes descentralizadas, la creatividad, la adaptabilidad aparecen en los manuales de gestión empresarial a partir de los cuales Boltanski y Chiapello pretenden reconstruir un nuevo orden de justificación (al que llaman “ciudad por proyectos”) que propone un conjunto de motivaciones para la adhesión al capitalismo en toda la sociedad, es decir, más allá del ámbito empresarial en donde surgen estas justificaciones.

Por su parte, en La corrosión del carácter: las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo, Richard Sennett ha observado los efectos subjetivos de las nuevas relaciones laborales, introducidas por las reformas neoliberales. En lo que el sociólogo denomina “capitalismo flexible” se ha desdibujado la posibilidad de ese trabajo estable que permitía la planificación y organización de las trayectorias vitales a largo plazo y se ha generalizado la incertidumbre en la vida laboral asociada al imperativo de la movilidad constante. Por eso Sennett se preguntaba por las consecuencias psico- sociales de esa inestabilidad de las condiciones de vida determinada por las nuevas modalidades de trabajo flexible.

Así, siguiendo tanto las argumentaciones de Boltanski como las de Sennett, parecería que la idea de “flexibilidad de la vida” constituye un núcleo ideológico característico de los nuevos tiempos, originado quizás en modos novedosos de organización del trabajo, pero que, como ideología, podría expandirse constituyéndose en un modo de configuración de las subjetividades.

Además de permitirnos identificar nudos que interpretamos como centrales de la ideología neoliberal, Dubet, Honneth, Habermas, Boltanski y Sennett nos señalan la necesidad de incorporar en las indagaciones sociales, interrogantes sobre las predisposiciones y actitudes subjetivas asociadas a las transformaciones neoliberales. De esa manera, ellos responden a esa búsqueda de ampliar los estudios sobre el neoliberalismo a su dimensión ideológica, búsqueda en la que este trabajo se inscribe. Los modelos de la igualdad que Dubet diferencia, la moral que Honneth interroga, la lógica estatal que Habermas distingue, el orden de justificación de Boltanski y Chiapello, y el carácter que Sennett analiza, no pueden identificarse inmediatamente ya que cada uno de ellos indica un aspecto distinto de lo que aquí interrogaremos como reconfiguraciones ideológicas asociadas a las transformaciones neoliberales. Los estilos de vida, los valores y los criterios de justificación que las reformas neoliberales movilizan, permiten pensar al neoliberalismo también como un proceso cultural que, en tanto tal, produce efectos sobre los sujetos en un nivel ideológico, que es quizás más difícil de observar que las transformaciones históricas del modelo de acumulación o de la política legislativa.

Los diferentes modos en los que los distintos autores citados abordan ese nivel, dan cuenta de la complejidad que supone tomar a la ideología como objeto de estudio. Atender a esa complejidad es el propósito fundamental de este trabajo en tanto permitiría exponer el funcionamiento del neoliberalismo como entramado no visible que está siendo rearticulado en las transformaciones políticas que marcan el nuevo ritmo político de la región. Así contribuiríamos a la comprensión de las condiciones de posibilidad subjetivas de la revitalización del neoliberalismo como proyecto político regional.

3.ENTRE LA DESIGUALDAD Y EL MÉRITO

La cuestión de la desigualdad ocupó un lugar central en las articulaciones ideológicas de la Argentina durante los últimos años. Las decisiones políticas que se tomaban desde los órganos del Estado apuntaban a ampliar los horizontes igualitarios, tanto económica como culturalmente, a través de la redistribución de la riqueza social –como con la Asignación Universal por Hijo– y el reconocimiento de las diferencias –como con la Ley de Identidad de Género–. Mientras tanto, se producían reacciones ideológicas que resistían a la inclusión producida por la ampliación de derechos. Así, distintos modos de justificar la desigualdad se fueron fortaleciendo y extendiendo, expresándose como críticas de las políticas de Estado o de los modos de su implementación. En ese sentido, una de las consecuencias no deseadas de las políticas igualitaristas fue la condensación creciente de un núcleo ideológico de justificación de la desigualdad como modo de rechazo de aquellas intervenciones. Intentaremos exponer aquí los modos en los que ese núcleo anti-igualitario se articuló en las subjetividades.

Uno de los enunciados de la encuesta con la que trabajamos registra esa condensación de manera directa. La afirmación ante la cual los encuestados debían manifestar su nivel de acuerdo sostenía que “El Estado no debería entregar planes de asistencia a los sectores de menores recursos porque con eso se fomenta la vagancia”. Un 46,6% de los encuestados se manifestaron en acuerdo con esta expresión de la reacción desigualitarista frente al intervencionismo estatal redistributivo11.

La justificación de la desigualdad pone en movimiento una serie de prejuicios que también podemos encontrar en las discusiones de los grupos focales. En ellos, este ideologema dedicado a los “planes que fomentan la vagancia” ha reaparecido una y otra vez. En un grupo de jóvenes, se sostuvo que en el mundo actual los individuos cuentan con oportunidades suficientes para acceder al mercado laboral y, por lo tanto, para salir de la pobreza. Sin embargo, si la pobreza y el desempleo persisten se debe a la “mentalidad” de los sujetos poco dispuesta al trabajo y acomodaticia, esto es, acostumbrada a una dependencia de la asistencia estatal:

A: Es que ya nacen con la mentalidad de que el gobierno los tiene que mantener, que tienen que cobrar los planes, que el gobierno los tiene que asistir, que los del gobierno les tienen que bancar a los hijos. Nosotros nos criamos con otra mentalidad.

En este fragmento no sólo se observa un cuestionamiento de la intervención estatal a favor de una mayor igualdad de derechos sociales, sino que además aparece la interpretación de la pobreza como una cuestión genética. Son los pobres quienes “nacen” con una mentalidad opuesta a la del trabajo. Por otro lado, el fragmento expone la composición de un nosotros que se diferencia rápidamente de un otro plural que resulta exterior, ajeno, con el que no se comparte nada. La rapidez en la identificación de un nosotros depende completamente de la diferenciación con ese otro, y no de cuestiones compartidas con el resto del grupo, a quienes el participante A desconocía completamente. El contenido imaginario que hace posible esa diferenciación que construye un nosotros común parecería aludir a representaciones de clase que no se correspondían con niveles de ingreso o de educación reales, sino más bien con percepciones superficiales que se pusieron en práctica en la situación del grupo focal.

En ese mismo grupo, frente a la pregunta por el significado de la justicia social, sólo uno de los seis participantes pudo aproximarse a su sentido socio-económico asociado a la redistribución entre quienes él definió como “ricos y pobres” (y no entre clases sociales), presentándolo en términos de equidad. El resto asoció la justicia social a la “justicia por mano propia”, es decir, ajusticiamientos realizados por la sociedad, sin mediaciones jurídico-institucionales. Inmediatamente, la sugerencia de “justicia por mano propia” fue asociada con abstracciones como “justicia del pueblo” o “justicia de masas”, sin poder dar ejemplos al respecto cuando se les solicitaba.

Una vez que la coordinadora del grupo identificó la justicia social con una idea de equidad, les preguntó si creían que vivían en un mundo justo y la respuesta más elaborada fue la siguiente:

B: Bueno pero yo creo que las oportunidades están, nos dan todo desde, o sea, desde el gobierno nos dan la oportunidad. Porque nos dan la escuela pública, que no hay que pagar; te dan la oportunidad de seguir creciendo en una secundaria también pública, en una terciaria, te dan la posibilidad de estudiar. Está en uno si quiere o no salir adelante o tomar esas oportunidades. Porque las oportunidades están si uno no las quiere tomar ya es una cosa de uno.

En este enunciado la desigualdad queda justificada por la falta de voluntad de algunos individuos para trabajar y estudiar. El criterio de justicia hace abstracción de las diferencias entre clases sociales para colocar la responsabilidad en el individuo. De esta manera, el mito de la igualdad de oportunidades que Dubet asociaba a ciertas políticas públicas aparece como discursividad asumida en tanto opinión propia por los sujetos.

El mismo participante B afirmó, sin dudarlo, que estaba de acuerdo con un enunciado que se les propuso para generar la discusión: “Para evitar el crecimiento de las villas miseria el Estado debería impedir por la fuerza que se produzcan nuevos asentamientos”:

B: Está bien. Después de que está asentado no tenés forma de sacar[lo]. Aparte es lo que crea pobreza. Hace que justamente la gente tenga más lugar para asentarse en un lugar donde NO puede vivir.

(…) No pueden decir que no consiguen trabajo, que no pueden estudiar porque son grandes ¡no pueden meter excusas que no son válidas, cuando les están dando todo!

(…) Además de que están haciendo lugar para que entre gente afuera, no pagan gas, no pagan luz, no pagan agua, no pagan impuestos… Están viviendo completamente de arriba. Y eso a mí me molesta.

En este pasaje se observa una reacción autoritaria de rechazo a los sectores populares por esa supuesta “mentalidad” de la que serían portadores, un rechazo que llega a afirmar, sin problemas, la necesidad de usar la violencia para evitar que crezcan las villas. Incluso se sostiene que serían los nuevos asentamientos los que “crean la pobreza”, como si ésta no existiera hasta el momento en el que la toma de terrenos se produce. Ese argumento implicaría que una solución para no “crear” más pobreza sería invisibilizarla, violentamente si es necesario. Asimismo, en el transcurso del intercambio suscitado en el grupo focal que estamos comentando una de las participantes sostenía que estaba a favor de que el Estado impidiera por la fuerza que se produzcan nuevos asentamientos porque (de otro modo) “se pierde el uso del espacio público. Lo mismo pasa con los manteros, ya son una plaga”12.

Al señalar que hay individuos que están fuera de (su) lugar, esto es, desubicados, pervirtiendo el espacio público, se articula un discurso social que se molesta con la confrontación cotidiana con la desigualdad y racionaliza ese rechazo entendiendo que la desigualdad es resultado de la responsabilidad individual. Esa responsabilización permite volver comprensible a la desigualdad, otorgándole un sentido, y tornándola de ese modo más tolerable. Pero, al mismo tiempo, esa responsabilización racionaliza la reacción autoritaria de rechazo, elaborando justificaciones que legitiman la “molestia” frente a la irrupción de los excluidos en el espacio común o, como diría J. Rancière, frente al desajuste de una partición dada de lo sensible13. En ese sentido, la responsabilización individual de la desigualdad habilita, también, una mayor intolerancia frente a la percepción de sus efectos.

En estas expresiones “profanas” del modelo de la igualdad de oportunidades construido por Dubet, también se pone en juego esa moral desresponsabilizada estudiada por Honneth, que deposita única y exclusivamente en el individuo la responsabilidad por su propio destino. La función del Estado no sería tanto achicar la brecha social sino garantizar ciertas condiciones de competencia igualitaria entre los individuos, esa igualdad de acceso que permite decir que “si no trabajan es porque no quieren”, porque tienen una “mentalidad” que los conduce a la “vagancia”. Tal como es presentado por Dubet, el objetivo de las políticas de Estado de ese modelo neoliberal de justicia social, no sería reducir la desigualdad entre clases, sino ofrecerle a todos los individuos las mismas posibilidades para ocupar posiciones desiguales (según principios meritocráticos): la desigualdad que habría que combatir sería únicamente la que opone obstáculos para una competencia igualitaria, y no la que resulta de esa competencia.

La sugerente idea de que en las sociedades neoliberales “preferimos la desigualdad”14 supone que las justificaciones de la misma se encuentran muy extendidas. En efecto, podemos leer esa extensión en la sociedad argentina a partir de una articulación de las ya referidas respuestas15 al enunciado “El Estado no debería entregar planes de asistencia a los sectores de menores recursos, porque con eso se fomenta la vagancia”, con las posiciones de los encuestados frente a otros enunciados igualmente orientados a indagar en la Justificación de la desigualdad16. Un 51,3% de los encuestados justificaría (más o menos intensamente) la desigualdad, oponiéndose a los modos en los que Estado podría producir una redistribución hacia condiciones más igualitarias, como las políticas sociales, los planes de asistencia a sectores de menos recursos, o los impuestos progresivos, (mencionados en los enunciados que componen la variable). Se presenta, así, la imagen de una sociedad dividida en relación a esta cuestión.

Pero ¿es posible extraer de estos datos la conclusión de que la naturalización de la pobreza –que suele ser objeto de las críticas al neoliberalismo doctrinario– se ha convertido en ideología estructurante de subjetividades? Confrontados con un enunciado en el cual se expresaba abiertamente la naturalización de la pobreza como un dato inmodificable de la realidad (“Como en toda sociedad la pobreza es inevitable, lo único que nos queda es la compasión y la caridad”), un 70,7% de los mismos encuestados se declaró en desacuerdo o muy en desacuerdo, lo cual nos permite sostener que, a diferencia del neoliberalismo entendido como una doctrina, la ideología neoliberal funciona en las subjetividades de una manera más compleja.

Si consideráramos a esta última pregunta como una manifestación de la concepción de la desigualdad que el neoliberalismo doctrinario sostiene y contra la que se construyen sus políticas sociales asistencialistas y focalizadas17, sería preciso sostener que sólo un porcentaje menor de la población (los casos ideológicos más extremos) se identifica con él. Y, sin embargo, este rechazo manifiesto de la naturalización de la pobreza por parte de la mayoría de la población encuestada es relativizado en su confrontación con aquellos otros enunciados que indagaban en las concepciones sobre la desigualdad social de manera indirecta. Aunque la ideología neoliberal no sería capaz de reproducir inmediatamente una naturalización de la pobreza de manera extendida, parecería que sí impide pensar las mediaciones sociales que la producen, tal como se demuestra con el elevado porcentaje de justificadores de la desigualdad. La posición manifiesta sobre la pobreza como un problema a resolver no impide que se acuerde con las justificaciones de la desigualdad que terminan por enfrentar cualquier política social redistributiva y, de este modo, por impedir la ampliación hacia condiciones sociales más igualitarias.

Queda así de manifiesto la no correspondencia entre el neoliberalismo doctrinario y el modo de funcionamiento del neoliberalismo como ideología. Esa discordancia se vuelve visible al interrogar los modos, por momentos contradictorios o no lineales, en los que el neoliberalismo se inscribe en las subjetividades. En el rechazo a las políticas redistributivas e, incluso, a la lucha por una distribución más equitativa, está operando implícitamente una justificación de la desigualdad social; en efecto, se condensa en este núcleo la idea de que hay desigualdades justas o legítimas sobre las que, por lo tanto, el Estado no debería intervenir y sobre las que tampoco habría nada que reclamar. Podemos reconocer entonces la extensión de un modelo de “justicia de la desigualdad” que hace funcionar esa naturalización de la pobreza que el neoliberalismo doctrinario enuncia y con la que los individuos no se identifican explícitamente.

4.MÉRITO Y DESRESPONSABILIZACIÓN

La diferenciación de núcleos ideológicos enriquece el estudio de la inscripción subjetiva del neoliberalismo, en tanto comprende la multiplicidad de discursos en los que éste se articula. Sin embargo, la distinción analítica corre el riesgo de producir la imagen de un paralelismo entre los problemas, líneas que no se cruzan o elementos autónomos que existen unos al lado de otros. Atendiendo a ese riesgo, nos ocuparemos de desplegar los modos en los que la justificación de la desigualdad, que como hemos expuesto ocupa un lugar central en la estructuración de la ideología neoliberal en la Argentina reciente, funciona en articulación con otro aspecto, asociado usualmente al neoliberalismo, como es la meritocracia.

Apartir de estudios sociológicos sobre el capitalismo contemporáneo como los que hemos mencionado de Dubet y Honneth, se puede reconocer una creciente tendencia a individualizar la atribución de triunfos y fracasos en las biografías laborales y en los destinos personales. Las precarizaciones y las reducciones salariales en los ámbitos de trabajo, características de los años ’90 en la Argentina, se produjeron a la par de la difusión de una concepción según la cual, en la vida laboral, la supervivencia y el éxito se deben sólo al esfuerzo propio. Evidentemente esta idea se contrapone a la interpretación fundada en la imagen de que el mercado se configura en base a una responsabilidad mutua respecto de las vicisitudes laborales, de manera que es preciso que las instituciones estatales regulen sus fluctuaciones y desequilibrios con políticas de seguridad social.

Con el deterioro de las políticas de protección social (asociadas históricamente al modelo del Estado de Bienestar) que el neoliberalismo produce bajo el criterio de la “competitividad”, la mutua dependencia de los destinos individuales se ha invisibilizado. De esa manera, el mérito individual se convierte en el único fundamento de un éxito que adquiere cada vez más un carácter de excepción.

En otros momentos de la historia del capitalismo en América Latina, y en Argentina en particular, las instituciones estatales se encontraban nutridas por una ética económica cooperativa y social del mercado capitalista. En ese entonces, la meritocracia ponía en ejecución efectivamente la presunción de igualdad de base como fondo sobre el que era posible proyectar las diferentes inserciones en la estructura social. Nos referimos, por ejemplo, a la promoción de la justicia social como valor y como política de Estado de las experiencias peronistas que producían condiciones de vida más igualitarias. En este contexto, el esfuerzo y el trabajo personal eran el mérito requerido para el ascenso social. Pero se trataba de un mérito que dependía siempre del tejido social que construía las condiciones de posibilidad igualitarias, de manera que el éxito era percibido como el resultado de un esfuerzo individual que se enlazaba con un esfuerzo colectivo.

En ese sentido, el modelo de la “igualdad de posiciones” pensado por Dubet a partir de los Estados de Bienestar europeos (con un Estado que garantiza los derechos sociales vinculados a las diferentes posiciones de una sociedad y de esa manera produce una redistribución que reduce la desigualdad sin pretender abolir las diferencias sociales) no funciona para pensar al Estado del peronismo histórico que se sostenía sobre promesas de movilidad social ampliadas. Reducir la brecha social no era el único objetivo de la redistribución sino que también estaba en juego un acceso igualitario a las posiciones jerárquicas. De esa manera, el ascenso social operaba como horizonte de sentido clásico en el peronismo.

El modelo de Dubet tampoco parecería funcionar para pensar al Estado argentino del reciente período kirchnerista, que amplió tanto derechos sociales como derechos civiles. Pues lo que Dubet denomina modelo de la “igualdad de oportunidades” (asociado al modelo neoliberal que responde a la crisis de los Estados de Bienestar europeos) implica la ampliación de derechos civiles como modelo de justicia, en detrimento de la ampliación de derechos sociales del período anterior. La meritocracia se asocia para él al modelo de la “igualdad de oportunidades”, porque luchando contra los sesgos que históricamente sufrieron las minorías, se busca garantizar la realización del mérito individual en condiciones de competencia equitativas.

Esa modelización que Dubet construye a partir de dos momentos de los Estados europeos puede servir para distinguir criterios que están operando detrás de ciertos discursos e incluso de algunas políticas públicas, a pesar de que no funcione para distinguir períodos del Estado argentino. La meritocracia que intentamos analizar aquí, no es característica de un determinado momento del Estado nacional, sino que atraviesa ideológicamente a la historia argentina, aunque sea recién con la expansión del neoliberalismo que se ha convertido en un modo de justificación individualista de la desigualdad.

Luego del despliegue de las políticas neoliberales, las raíces igualitarias de esa ideología, parafraseando a Max Weber, se secaron. Al hacerlo, se reveló con cinismo la crudeza de la interpretación neoliberal de los mercados: el individuo efectivamente está abandonado a su propia suerte.

Por eso, es posible delinear los contornos de ese núcleo que hemos llamado Ideología Meritocrática, entendiéndola como la particular radicalización del individualismo que se realiza como interpretación privatista de las trayectorias sociales. A pesar de que en ella, como en el núcleo Justificación de la desigualdad, también se pone en juego una desresponsabilización, podemos reconocer una especificidad en la idea de mérito como fundamento del orden social. No se trata de una interpretación sobre lo que se debe hacer frente a la desigualdad sino más bien de la acentuación individualista de la cultura del mérito. Así, identificamos dos nudos ideológicos diferentes que, sin embargo, funcionan como anverso y reverso: mientras que, por un lado, se justifica la desigualdad explicando las exclusiones sociales a partir de atributos individuales (como una mentalidad contraria al esfuerzo), por otro lado, se explican los éxitos en las trayectorias vitales a partir de otros atributos también individuales (como el esfuerzo o la astucia). El individuo está en el origen, tanto de los éxitos como de los fracasos.

La lectura de algunos resultados de la encuesta “Problemas de la democracia en Argentina” a la que nos referimos anteriormente, permite corroborar esa asociación. La correlación entre las variables “Justificación de la desigualdad” e “Ideología Meritocrática” (que se expresa en coeficientes como el Rho de Spearman de 0,323) indica que efectivamente funcionan de manera asociada: el 52,4% de los muy desigualitaristas son también muy meritocráticos.

Cuadro N°1
Tabla de contingencia “Ideología Meritocrática” y “Justificación de la desigualdad”

Problemas de la democracia en Argentina (CONICET/ANPCyT), 2013. Área de cobertura: Ciudad de Buenos Aires. Población: mayor de 29 años. Considerando un nivel de confianza de 95% el error de estimación para proporciones a nivel muestral total es de +/-3.7%.

El funcionamiento asociado de las dos cuestiones es señalado por el dibujo de la línea diagonal en la que se ubican los porcentajes más altos de cada fila (línea hacia la que se acercan también los porcentajes más altos de las columnas). Según la perspectiva de quienes adhirieron intensamente a los enunciados asociados con ambos núcleos18, el Estado no debe producir políticas redistributivas, ni tiene sentido luchar por ellas, pues son las cualidades individuales las que colocan a los sujetos en el lugar de la estructura social que se merecen. Si bien el extremo opuesto también concentra un alto porcentaje del total de la muestra (un 8,9%) y también constituye el espacio con mayor cantidad de casos de la columna, hay una diferencia entre la intensidad de la asociación expresada por cada uno de los polos si comparamos los porcentajes ordenados según las columnas19. Esto significa que mientras que los igualitaristas se distribuyen de una manera más bien dispersa frente a las cuestiones de la meritocracia, los desigualitaristas presentan posiciones menos fragmentadas.

Sin embargo, este tipo de lectura fuerza los términos con los que estamos intentando pensar la dimensión ideológica del neoliberalismo. Pues no se trata de identificar individuos como desigualitaristas (o meritocráticos) a partir de una serie de preguntas cerradas, sino más bien de una interrogación a propósito del modo en el que las ideologías trabajan. En este sentido, lo que el cuadro permitiría pensar es que, ante la cuestión de la meritocracia, la ideología de la justificación de la desigualdad se comporta de una manera bastante homogénea, concentrando el mayor porcentaje del total de la muestra, por un lado, y el mayor en términos relativos, comparándolo con los porcentajes de asociación expresados en cada una de las columnas de Justificación de la desigualdad.

Evitando la sustancialización del neoliberalismo como una identidad que puede ser atribuida a determinados individuos, el cuadro permite visualizar el hecho de que el neoliberalismo está produciendo efectos subjetivos. La intensidad del extremo muy meritocrático y muy desigualitario es mayor a la del resto de los posicionamientos registrados en el cuadro, de manera tal que se puede reconocer allí al neoliberalismo operando como una trabazón ideológica penetrante.

Allí reside el valor de pensar a la ideología meritocrática y a la justificación de la desigualdad de modo articulado y no como problemas aislados. El anudamiento de esas cuestiones en las subjetividades refuerza la idea de la complementariedad entre los sentidos de los dos núcleos, como verso y anverso de la responsabilización individual de méritos y fracasos. Sólo a partir del reconocimiento de esa asociación se vuelve visible, como índice, la existencia de una urdimbre más amplia, la ideología neoliberal produciendo subjetividad. Aunque la justificación de la desigualdad y la meritocracia no sean los únicos trazos de esa configuración, su asociación permite reconocer que existe un entramado del que ellos son parte.

5. DE LA EMPRESA AL ESTADO

Si no sabés manejar una empresa, no sabés manejar un país”.

Franco Macri, Marzo 2016.

Esa subjetividad neoliberal que comenzamos a delinear es atravesada también por otros dos núcleos ideológicos, que hemos llamado Tecnocratismo e Ideología de la flexibilidad de la vida. Nos detendremos primero en los trazos ideológicos asociados a la cuestión de dónde se ubica el límite que separa a aquellos que pueden acceder a la toma de decisiones en el Estado de aquellos que son excluidos. Pues si la desresponsabilización se expande en las sociedades contemporáneas, se vuelve un problema pensar quienes serían los que toman las decisiones por todos.20 La ideología tecnocrática propone una respuesta para este problema. En este apartado analizaremos, primero, cómo se articula esta ideología con la cuestión de la justificación de la desigualdad, para luego pasar a una digresión sobre una torsión contemporánea del tecnocratismo en las transformaciones del Estado que está impulsando el nuevo Gobierno Nacional argentino.

El discurso tecnocrático se caracteriza por negar su propio carácter ideológico, pues se propone como un saber experto neutral que soluciona los “vicios” de las ideologías políticas entendidas como distorsionadoras de la toma de decisiones racionales. El modo de funcionamiento de la tecnocracia consiste en deslindarse de las “posiciones parciales” que ésta atribuye a las ideologías políticas. Pero precisamente esa pretensión de imparcialidad es lo que constituye su carácter ideológico: las posiciones tecnocráticas pueden terminar funcionando, incluso, como justificaciones de la desigualdad social.

Una posibilidad para comenzar a desmontar esta pretensión de neutralidad y reconocer el carácter ideológico del tecnocratismo, es abierta a partir de algunos resultados de la encuesta ya citada. Que el tecnocratismo funciona en una cierta conjunción con otras cuestiones centrales de la ideología neoliberal, queda evidenciado en el hecho de que en la encuesta sea esta variable la que más fuertemente se asocia con los enunciados del núcleo Justificación de la desigualdad (Rho de Spearman de 0,442).

Podemos observar esta asociación en el siguiente cuadro de dispersión:

Cuadro N° 2
Dispersión de casos según “Tecnocratismo” y “Justificación de la desigualdad”

Problemas de la democracia en Argentina (CONICET/ANPCyT), 2013. Área de cobertura: Ciudad de Buenos Aires. Población: mayor de 29 años. Considerando un nivel de confianza de 95% el error de estimación para proporciones a nivel muestral total es de +/-3.7%.

El cuadro muestra que los encuestados que ponderan intensamente al tecnocratismo como una forma de resolver el problema de quién toma legítimamente las decisiones por todos en el Estado, son también aquellos que han puntuado muy alto en las preguntas relativas a la cuestión de la justificación de la desigualdad social. No sólo porque los puntos tienden a trazar esa línea imaginaria que marca la correspondencia exacta entre las dos variables, sino, sobre todo porque es en el extremo superior en el que se concentra la mayor cantidad de casos asociados (tal como expresa la coloración intensa de los círculos en ese espacio).

A pesar de que la dispersión no nos muestra los porcentajes exactos de los agrupamientos (como sí lo hacía el cuadro N°1), este modo de presentar la relación entre las variables evita la sustancialización de las identidades que las categorizaciones producen. En lugar de reconocer individuos como “muy tecnocráticos” o “muy desigualitaristas”, corriendo el peligro de reproducir un análisis de las ideologías como productoras de identidades fijas, la dispersión de todos los casos nos permite visualizar intensidades del derrame de una ideología por las porosidades de lo social.

El cuadro pone de manifiesto que aquellos que reconocen en los técnicos legítimos agentes de la toma de decisiones colectivas, tienden a aceptar justificaciones de las desigualdades sociales. Y esta asociación permite poner en cuestión la pretensión de neutralidad que sostienen las posiciones tecnocráticas acerca de la economía y la gestión pública.

No deja de resultar elocuente dicha asociación entre ambas cuestiones en un contexto como el actual, cuando el discurso sobre el que se articulan las políticas del nuevo gobierno argentino repone continuamente la división entre “políticos sobre-ideologizados” –asociados a los denominados populismos latinoamericanos– y “técnicos razonables”. Estos últimos aparecen, en ese discurso oficial, como aquellos que tienen el coraje de tomar decisiones que, aun cuando a nadie le guste adoptar (puesto que su corolario se traduciría, por ejemplo, en un aumento de la tasa de desempleo, pobreza o indigencia), no pueden sino ser tomadas, a los fines de normalizar o sincerar las cuentas fiscales del Estado y recuperar así la senda del crecimiento económico21.

6.DIGRESIÓN SOBRE LA CEOCRACIA

El tecnocratismo, entendido como una ideología sobre la que se pretende construir un Estado burocrático conducido por cuadros técnicos expertos, parece haberse convertido en proyecto estatal del nuevo Gobierno Nacional argentino, pero en las condiciones de una reconfiguración de su concepto. No es la primera vez en la historia argentina que se esgrime desde el Estado Nacional el discurso de la “modernización” y se estructuran los gabinetes ministeriales con funcionarios que detentan un saber técnico específico. Sin embargo, a diferencia del protagonismo de los cuadros empresariales durante los años noventa, protagonismo anclado principalmente en la recurrencia de actividades habituales de lobby, el Gobierno Nacional ha presentado una novedad en el armado de sus “equipos” de trabajo, por reclutar de manera completamente preponderante a esos funcionarios en el sector privado22. Las corporaciones empresariales ya no son solamente un actor de presión más de los funcionarios públicos, sino que son los mismos gerentes empresariales los que ahora toman las decisiones por todos ocupando distintas áreas de gobierno23. El argumento esgrimido en la justificación de este nuevo protagonismo de “los que saben” apela a la búsqueda de profesionalización del sector público, asumiendo la imagen del “empresario exitoso” como modelo de corrección de los “vicios e ineficiencias” de la política. En esto consiste uno de los rasgos más determinantes que marcan al partido de gobierno –PRO– como fuerza política24.

Por lo tanto, el discurso tecnocrático que piensa a la política como administración y prioriza el saber técnico a la hora de tomar decisiones desde el Estado, se reconfigura agregando nuevos elementos, pero sin abandonar el nudo teórico y normativo de su concepción ideológica fundamental. Consideramos adecuado interpretar esta preponderancia del tecnocratismo en el discurso estatal, no como la irrupción de una nueva ideología en el Estado sino más bien como un desplazamiento en la correlación de fuerzas en su interior. No es novedoso el conflicto entre, por un lado, el discurso que aspira a subordinar la política económica al conocimiento técnico de grupos de especialistas cuyo saber garantizaría la racionalidad de las decisiones y, por otro lado, aquella posición que sostiene una autonomía de la política para definir el orden de las prioridades en la toma de decisiones según criterios normativos de emancipación e igualdad. Sin reducir la complejidad de la historia reciente a un binarismo simple, podríamos afirmar que la tensión entre ambas posiciones fue resuelta durante el tiempo de la experiencia del kirchnerismo en el sentido de una primacía de la política y su dimensión conflictiva sobre las decisiones económicas, mientras que en la actualidad, el nuevo Gobierno Nacional ha pretendido expandir un discurso que identifica la administración eficiente como una experiencia del ámbito de lo privado que debe ser llevada también al ámbito de lo público.

La reconfiguración ideológica del perfil y trayectoria deseable en los funcionarios públicos que llegó de la mano del partido hegemónico en el Gobierno Nacional –aquello que se ha denominado “Ceocracia”– no sólo pone en juego argumentos de la tecnocracia como ideología extendida en la sociedad argentina sino que se monta también sobre aspectos de la ideología empresarial contemporánea que suelen asociarse a las transformaciones neoliberales. Esos aspectos provienen, como desarrollan Boltanski y Chiapello, del modo en que se concibe la organización del trabajo en las empresas en el neoliberalismo. Con el nuevo Gobierno Nacional argentino, llega al Estado el discurso del “trabajo en equipo por proyectos”, la “dinamización de la gestión” contra las anquilosadas burocracias tradicionales25.

7. LA FLEXIBILIDAD DE LA VIDA COMO IDEOLOGÍA

Las nuevas formas de trabajo y el orden de justicia que ellas suponen, según los trabajos de Boltanski y Sennett, no están muy extendidas en las industrias, comercios o pequeñas empresas de la sociedad argentina, aunque ciertamente se trata de discursos que circulan públicamente y se actualizan en declaraciones de empresarios afines y funcionarios del gobierno argentino actual.

Sin embargo, no es posible asumir que la amplia circulación de los discursos que valoran la flexibilidad vital se traduzca inmediatamente en una extensa inscripción en las subjetividades contemporáneas. Las tesis de la ideología como manipulación subjetiva, que se han derivado de lecturas simplificadoras de las reflexiones de Althusser sobre los “aparatos ideológicos del Estado” y de las indagaciones de Adorno y Horkheimer sobre la “industria cultural”, conducirían a asumir una relación de determinación univoca entre ese discurso expandido a través de los medios y el Gobierno actual, de un lado, y lo que los individuos piensan, del otro. Sin embargo, no entendemos que exista un centro productor de ideología desde el que se manipule a los sujetos sino que, más bien, se trata de la circulación de corrientes discursivas que se nutren entre sí continuamente, aunque esto no implique una simetría en las capacidades de determinación de la discursividad ajena. Atender a estas asimetrías es lo que precisamente nos conduce a considerar la creciente presencia del discurso de la flexibilidad tanto en cuadros políticos y empresariales, como en periódicos formadores de opinión, aunque sin asumir que esa expansión se traduzca inmediatamente en una configuración de nuevas subjetividades.

En tal sentido, cabe destacar un artículo publicado en 2014 en el diario La Nación26, en el que se insiste en que los logros laborales ya no serían el resultado de una carrera esforzada sino producto del talento innato de ciertas “personalidades destacadas”. Según el artículo, las empresas tienen que transformar los modos de trabajo para contener y potenciar a esas personalidades, dándoles un ámbito flexible para su realización. De esa manera, se construye un modo de justificación a la flexibilización del mercado laboral por medio de argumentos asociados a unas pocas empresas multinacionales que presentan sus métodos como el paradigma a seguir.

Por su parte, el empresario sojero Gustavo Grobocopatel, cuyo hijo es asesor del actual Jefe de Gabinete, publicó una nota de opinión en la edición argentina de Le Monde Diplomatique27 en la que defiende el modelo conceptual de “igualdad de oportunidades” definido en los términos de Dubet. Allí se sostiene una concepción precisa acerca del rol que tiene que ocupar el Estado en relación con las desigualdades sociales que se sostiene en argumentos provenientes de la ideología del managment empresarial. Según Grobocopatel (2014):

La diferencia es un gran activo (…). En las empresas se suele hablar de la “gestión de los talentos”. (…) El trabajo en equipo se basa en la idea de lo diferente, la interdependencia crea competencias colectivas que superan las individuales.

Puede observarse aquí el modo en que se pretenden proyectar los nuevos valores del mundo empresarial como una ética expandida hacia toda la sociedad. Sin embargo, esta revitalización de algunos aspectos del núcleo ideológico que aquí hemos denominado flexibilidad de la vida que se comprueba en las discursividades públicas, no se corresponde con el poco nivel de adhesión a la variable que interroga estas cuestiones. Comparada con los otros aspectos del neoliberalismo que hemos considerado, la expansión de este núcleo ideológico parecería ser mucho menor28.

Pero esto no sólo nos señala la necesidad de repetir los estudios empíricos en un nuevo contexto sociopolítico sino que además puede ser leído como un límite que resiste a la expansión de esta ideología, que habría que interpretar. Se trata de un discurso que no llegó a la sociedad argentina de la mano del partido que desde diciembre ocupa el Gobierno Nacional, sino que, algunos de sus elementos, pueden ser rastreados en las justificaciones ideológicas de las políticas de flexibilización y precarización laboral que se expandieron en los años ’90. Podríamos interpretar que la crisis del 2001 en la que estalló ese modelo socio-económico constituye una experiencia histórica que ha dejado una huella mnémica que funciona como obstáculo para la expansión del discurso sobre la flexibilidad, al menos cuando éste aparece asociado a nuevas formas de organización del trabajo29.

Quizás por eso la revitalización de este discurso desde el Gobierno Nacional argentino30 aparece asociada con nuevos elementos que también son parte de esa ideología de la flexibilidad de la vida, como el “emprendedorismo”, la “creatividad”, y los “proyectos innovadores”, en los cuales el motivo de la flexibilidad aparece en un segundo plano, ante el mayor protagonismo de aspectos asociados a lo que algunos autores han denominado “capitalismo artístico”31.

Atender a esta torsión de lo que hemos denominado Ideología de la flexibilidad de la vida, requiere pensar lo que ella tiene de específico, aquello que la distancia del ámbito laboral al que estuvo asociada en los años ‘90. La justificación de la inestabilidad y precariedad del trabajo asalariado en la Argentina actual ya no es formulada en sus propios términos, sino que aparece resignificada con nuevas asociaciones semánticas, que pueden registrarse en ese nivel discursivo que requiere un estudio detallado, capaz de registrar matices enunciativos en tiempo presente.

8. CONCLUSIONES

En este trabajo hemos intentado analizar los modos en que los núcleos ideológicos del neoliberalismo se inscriben en las subjetividades contemporáneas. Si es posible reconstruir algo así como una subjetividad neoliberal en la que estos aspectos se articularían, en esa configuración no se debería perder de vista que la ideología no puede entenderse como una identidad asumida de forma positiva por parte de los individuos. En los análisis realizados hasta aquí hemos pretendido atender a esta complejidad requerida por el análisis ideológico.

En relación a la justificación de la desigualdad, hemos expuesto su asociación con el rechazo de la políticas de redistribución impulsadas por el Estado kirchnerista en los últimos años. Incluso hemos analizado, a partir del trabajo con los grupos focales que hemos considerado, el modo en el que ese rechazo se convierte en reacción autoritaria ante los excluidos. Ser capaces de pensar que la amplia extensión de las justificaciones de la desigualdad puede darse al mismo tiempo que una desidentificación con la doctrina neoliberal, que sostiene una concepción naturalizada de la pobreza, es uno de los desafíos de la crítica a la ideología neoliberal en el presente de América Latina.

Por otro lado, el análisis de los datos de la encuesta, presentados en los cuadros 1 y 2, nos permitió observar el modo en el que ese aspecto central definido como Justificacion de la desigualdad se articula con los núcleos Meritocracia y Tecnocratismo –respectivamente–. En primer lugar, la correlación entre variables nos sugiere la articulación entre el individualismo desresponsabilizado que entiende al “éxito” como resultado del esfuerzo personal y la justificación de las exclusiones sociales que se manifiesta como oposición a la redistribución. En segundo lugar, contra las pretensiones de neutralidad con las que se presenta el tecnocratismo pudimos reconocer que este discurso no funciona de manera aislada en las representaciones de los sujetos. Es eso lo que interpretamos a partir de la intensa correlación entre la variable Tecnocratismo y Justificación de la desigualdad.

Con los resultados de la encuesta se pudo visualizar la existencia de un nudo ideológico intenso que hace funcionar a estos núcleos diferenciados de manera articulada en las subjetividades. Ese anudamiento subjetivo constituye el material sobre el que trabaja, con relativo éxito, el discurso neoliberal revitalizado que se convirtió en discurso estatal a partir de la asunción de Macri en el Gobierno Nacional en 2015.

No podríamos entender esta revitalización sin una interpretación de ese otro núcleo, que tiene una creciente presencia en discursos políticos y/o mediáticos, que aquí hemos llamado flexibilidad de la vida. Las renovaciones de este núcleo que reaparecen en el discurso del Gobierno Nacional actual, señalan la necesidad de seguir atendiendo a las reconfiguraciones que producen un desplazamiento de los sentidos asociados a la flexibilidad laboral hacia nuevos sintagmas vinculados más bien a la dimensión artística que esta ideología empresarial revitaliza.

Para concluir, vamos a exponer dos modos de observar estas relaciones en conjunto. Por un lado, en las correlaciones entre los enunciados de la encuesta correspondientes a cada uno de los nudos ideológicos presentados y las preferencias políticas de los encuestados. Finalmente, introduciremos un índice global que da cuenta del grado de expansión de esta ideología en la sociedad argentina.

En términos generales el cuadro Nº 3 expone que hay una asociación inversa entre los enunciados neoliberales y el respaldo a la gestión de Cristina Kirchner. Por el contrario, la asociación con la gestión del gobierno de Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires es siempre positiva. En otras palabras, la cuestión del neoliberalismo permite observar una polarización entre los apoyos políticos. De hecho, el enunciado sobre los planes sociales, que destacábamos dentro del núcleo de la justificación de la desigualdad, posee la asociación más fuerte con los posicionamientos políticos de los entrevistados. Esto es, quienes aprueban la gestión nacional de Cristina Kirchner tienden a acordar con las políticas igualitarias mientras que los que aprueban la gestión de Macri en la Ciudad tiende a estar en contra de ellas. Incluso otro de los enunciados que muestra una alta correlación (de signo contrario en cada caso) con las preferencias políticas es el que pregunta por la cuestión de la redistribución del ingreso a través de políticas impositivas.

Sin embargo, los cuadros siempre nos enfrentan con el riesgo de la reproducción de una teoría de la ideología que identifica a individuos como portadores de identidades consistentes. En ese sentido, el cuadro no debería llevar a la conclusión de que la ideología neoliberal limita su pregnancia a una identidad política específica. Por el contrario, hemos intentado mostrar aquí que ella, a lo largo de los años en los que el kirchnerismo fue gobierno, se ha expandido en las subjetividades, trascendiendo el nivel visible en el que se desarrollaban las políticas públicas. Las junturas en las que se realiza la ideología neoliberal no pueden interpretarse como patrimonio exclusivo de una preferencia política. De todas formas, lo que sí sugiere el cuadro es que los núcleos ideológicos del neoliberalismo suscitan una polarización política.

Si ahora observamos de manera global las respuestas de la población encuestada ante esos grandes temas del neoliberalismo en el cuadro N° 4, podemos notar que un significativo 60,5% acuerda con los enunciados identificables con los núcleos que enhebran esta trama ideological

Cuadro N° 3:
Subjetividad neoliberal, preferencias políticas (correlaciones según Tau-b de kendall)

Las categorías para las preguntas de opinión van desde muy en desacuerdo hasta muy de acuerdo y las categorías para las preguntas de evaluación de gestión van desde muy desfavorable hasta muy favorable.

Problemas de la democracia en Argentina (CONICET/ANPCyT), 2013. Área de cobertura: Ciudad de Buenos Aires. Población: mayor de 29 años. Considerando un nivel de confianza de 95% el error de estimación para proporciones a nivel muestral total es de +/-3.7%.** La correlación es significativa en el nivel 0,01 (bilateral).

Cuadro N° 4
Porcentajes del Índice de subjetividad neoliberal

Problemas de la democracia en Argentina (CONICET/ANPCyT), 2013. Área de cobertura: Ciudad de Buenos Aires. Población: mayor de 29 años. Considerando un nivel de confianza de 95% el error de estimación para proporciones a nivel muestral total es de +/-3.7%.

El funcionamiento heterogéneo y contradictorio de las ideologías, las temporalidades diversas en base a las cuales ellas se componen, impiden identificar a los sujetos en un lugar fijo del mapa ideológico. Ese 60,5 % no es un conjunto homogéneo que sostenga y se identifique expresamente con una identidad neoliberal; de hecho en ninguno de sus enunciados aparece mencionada la palabra “neoliberalismo”. En ese sentido, parece necesario leer la heterogeneidad que el cuadro insiste en mostrarnos. A pesar de que hay una mayoría que se concentra de la mitad hacia arriba en el índice, los más intensos constituyen una minoría de un 15,2% a la que cabría estudiar en mayor detalle, a los fines de analizar esa subjetividad que los tiempos políticos anuncian en expansión.

El estudio que aquí emprendimos no debe entenderse como un intento de clarificación de la coyuntura política, sino como un análisis suscitado por un síntoma que podemos leer en nuestro presente histórico. El difícil trabajo de explicar las causas o incluso anunciar las perspectivas futuras de esta nueva etapa del neoliberalismo en la Argentina requiere, entre muchas otras tareas, comprender el modo en que los núcleos de la ideología neoliberal se articulan en la subjetividad. Es en este sentido que el análisis de la justificación de la desigualdad, la meritocracia, el tecnocratismo y la ideología de la flexibilidad de la vida, pretende contribuir a la crítica de un neoliberalismo revitalizado, mostrando el entramado subjetivo–capaz de sobrevivir a la sombra de grandes transformaciones políticas y económicas con un sentido antineoliberal– sobre el cual el discurso neoliberal encuentra un terreno fértil.

Notas

1 Para un abordaje teórico-metodológico de esta cuestión véase ADORNO, Th (2004). “Estudios de opinión y opinión pública” in: Escritos sociológicos: I, Akal, Madrid.
2 ADORNO, Th (2009). “La técnica psicológica de las alocuciones radiofónicas de Martin Luther Thomas”, in: Escritos sociológicos II, Akal, Madrid; ADORNO, Th & HORKHEIMER, M (1998). “La industria cultural como mistificación de las masas”, in: Dialéctica de la Ilustración, Trotta, Madrid; ADORNO, Th (1993). “La televisión como ideología”, in: Consignas, Amorrortu, Buenos Aires.
3 La encuesta “Problemas de la democracia en la Argentina” (CONICET/ANPCyT), realizada en 2013, estaba compuesta por un segmento orientado a cuestiones de estructura social y movilidad y otro segmento construido como una escala de Lickert. Ese segundo segmento estaba constituido por 48 enunciados, en los que se indagaban cuestiones ideológicas en relación con la democracia y sobre los que se ofrecían 5 respuestas posibles (desde “Muy en desacuerdo” hasta “Muy de acuerdo”). Los primeros resultados de esta encuesta pueden encontrarse en IPAR, E; CHAVEZ MOLINA, E & CATANZARO, G (2014a). “Dilemas de la democracia (y el capitalismo) en la Argentina: transformaciones sociales y reconfiguraciones ideológicas. Parte I”, Realidad Económica, vol. 285, Julio-Agosto, pp. 33-56.
4 Para una comprensión de los criterios metodológicos y epistemológicos a través de los que se intentó abordar ese nivel no manifiesto, véase IPAR, E & CATANZARO, G (2016). La subjetividad anti-democrática. Elementos para la crítica de las ideologías contemporáneas, Documento de Trabajo, n°. 76, Instituto de Investigaciones Gino Germani, Buenos Aires.
5 Los Focus Groups de los que extraemos los fragmentos discursivos que analizamos en este trabajo fueron realizados siguiendo dos criterios fundamentales: 1) obtener una muestra amplia de contextos discursivos para relevar las problemáticas que resultaban de interés para los objetivos de la investigación 2) relevar preferentemente las posiciones extremas que pudieran existir sobre un determinado tema o alguna de las dimensiones de nuestro estudio. Para satisfacer ambos criterios realizamos un total de 10 Focus Groups: 6 en una situación controlada según los procedimientos estándares de esta técnica de investigación (selección previa y cámara gesell, en la Ciudad de Buenos Aires) y 4 en contextos no-contralados, que nos ofrecían sin embargo opiniones y posiciones muy interesantes para nuestra investigación porque abordaban los mismos problemas desde contextos sociales y generacionales muy diferentes (2 de estos grupos fueron realizados con mujeres mayores en situación de reclusión carcelaria y otros 2 con jóvenes entre 14 y 18 años en escuelas secundarias de la Provincia de Buenos Aires).
6 Analizado en textos como: SVAMPA, M (2005). La sociedad excluyente-La Argentina bajo el signo del neoliberalismo, Taurus, Buenos Aires. RAPOPORT, M (2008). Historia económica, política y social de la Argentina (1880-2003), Emecé, Buenos Aires. SCHNEIDER, B & WOLFSON, L (2005). “La organización de intereses económicos y las coaliciones políticas en el proceso de reformas de mercado en América Latina”, Desarrollo Económico, Vol. 45, nº. 179, pp. 349-372.
7 DUBET, F (2014). Repensar la justicia social, Siglo XXI, Buenos Aires.
8 HONNETH, A (2009). Crítica del agravio moral. Patologías de la sociedad contemporánea, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires. p. 412.
9 HABERMAS, J (2015). The Lure of Technocracy, Polity Press, Cambridge.
10 O’ DONNELL, G (1996). El estado burocrático autoritario, Editorial de Belgrano, Buenos Aires, p. 61.
11 En la campaña para las elecciones nacionales de 2015 uno de los candidatos presidenciales incluyó una reformulación de esta idea en uno de sus Spots. Sergio Massa afirmaba: “¿Viste que nadie se anima a hablarte sobre qué va a hacer con los planes sociales? Bueno, yo sí me animo. Quiero llevarle tranquilidad a los que no pueden solos (…) Pero cuidado, también vamos a sacarles los planes a los que no quieren trabajar, y a los punteros que usan tu trabajo. Con los planes no se roba más. Es importante que Argentina recupere la cultura del trabajo”. https://www.youtube.com/watch?v=cfOJ24eFD2I Visitado por última vez 09/05/2016
12 En enero de 2016 el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (bajo la conducción del jefe de gobierno del PRO Horacio Rodriguez Larreta) ha procedido a expulsar a los vendedores callejeros que colocaban sus mantas con productos en la vía pública, los “manteros”, haciéndose eco de esa concepción que pretende invisibilizar a la pobreza, sacarla del campo de visibilidad cotidiana.
13 A partir del relato de Tito Livio de la secesión de los plebeyos romanos en el Aventino, dice Rancière: “Partición se entenderá aquí en los sentidos del término: como unidad y separación. Es la relación de una y otra la que define una partición de lo sensible (…) Para los patricios, no hay escena política puesto que no hay partes. No hay partes dado que los plebeyos, al no tener logos, no son.” RANCIÈRE, J (2012). El desacuerdo, Nueva Visión, Buenos Aires.
14 DUBET, F (2015). ¿Por qué preferimos la desigualdad?, Siglo XXI, Buenos Aires.
15 Obtenidas, como señalamos anteriormente (ver nota 3), en la encuesta “Problemas de la democracia en Argentina” (CONICET/ANPCyT).Área de cobertura: Ciudad de Buenos Aires. Población: mayor de 29 años. Considerando un nivel de confianza de 95% el error de estimación para proporciones a nivel muestral total es de +/-3.7%.
16 “En la actualidad el esfuerzo personal se ve desmotivado por los altos impuestos que aplica el gobierno a los sectores más productivos”, “No conviene reclamar tanto por mejores salarios o condiciones laborales. Acá hay que trabajar más y hablar menos”, y, con un sentido inverso a los anteriores, “Deberían destinarse más fondos a Políticas Sociales que a Seguridad”.
17 Sobre las políticas sociales asociadas al neoliberalismo véase GRONDONA, A (2014). Saber de la pobreza, Ediciones del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Buenos Aires.
18 El 14,2% del total de la muestra se ubica en ese extremo de muy meritocráticos y muy desigualitaristas, constituyendo el casillero con mayor concentración de casos
19 El 35,8% de los muy igualitaristas, son también anti-meritocráticos, pero el porcentaje de los muy desigualitaristas que son muy meritocráticos es mucho mayor (52,4%).
20 No trabajaremos aquí la cuestión de los efectos despolitizadores que puede tener la ideología neoliberal. Para un tratamiento de ese problema que analiza datos de la misma encuesta con la que trabajamos aquí puede consultarse GAMBAROTTA, E (2015). “¿Puede la cultura política ser despolitizante? Sobre el espesor de los principios de (di)visión de lo político en base a información estadística de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina)”, in: Desafios da democracia na América Latina, CLACSO-Fundação Perseu Abramo-Expressão Popular, São Paulo.
21 Al ser consultado por un periodista sobre cuáles serían las consecuencias de que se frustrara el tratamiento parlamentario del convenio con los fondos buitre, Macri respondió: "Ajuste o hiperinflación. No hay alternativa”. http://www.lanacion.com.ar/1879460-mauricio-macri-dijo-que-si-no-se-aprueba-el-acuerdo-con-los-holdouts-habra-ajuste-o-hiperinflación Visitado por última vez el 17/05/2016
22 La discusión acerca de la especificidad de lo que se ha denominado “CEOcracia” durante la gestión macrista, y su diferencia en relación a los viejos modelos científico-sociales acerca de la tecnocracia, puede ser enmarcada dentro de la cuestión más amplia acerca de la nueva derecha en la región. Véase: TERESCHUK, N & FRASCHINI, M (2016). “¿Nueva derecha?”, El Estadista, n°. 137, 29 de febrero, Buenos Aires.
23 Dentro de los gabinetes nacionales, bonaerenses y porteños, hay ex gerentes de Shell, Techint, General Motors, HSBC, Telecom, Grupo Clarín, LAN, Banco Galicia, Pan American Energy, JP Morgan, Citibank, Telefónica, Coca-Cola, Deutsche Bank, Farmacity y Axion, entre otras empresas. El centro de estudios CIFRA, de la CTA, publicó el dato de que el 72,2% de los altos funcionarios (ministros, secretarios y subsecretarios) de la gestión macrista provienen del sector privado. Véase CIFRA, (2016). “La naturaleza política y económica de la Alianza Cambiemos”, Documentos de trabajo, n°. 15, 1 de febrero, FLACSO, Buenos Aires.
24 De hecho ya no se trata –solamente– de especialistas en economía asociados a la doctrina de los “Chicago boys” sino más bien de cuadros empresariales que comparten lo que Vommaro describió como un “ethos del managment” en VOMMARO, G & MORRESI, S (2015). Hagamos equipo. PRO y la construcción de la nueva derecha en la Argentina, Universidad Nacional General Sarmiento, Buenos Aires.
25 Pueden recuperarse estos conceptos en las comunicaciones del Jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña. https://www.youtube.com/watch?v=q_Ay8ZWKYSM Visitado por última vez 17/05/2016. Además se puede consultar un análisis del discurso empresarial del partido de gobierno en el libro de Vommaro y Morresi ya citado.
26 SCARPINELLI, L (2014). “Personas con talento, empresas con éxito”, La Nación, 02 de noviembre, Buenos Aires. Disponible en http://www.lanacion.com.ar/1740447-personas-con-talento-empresas-con-exito Visitado por última vez 16/05/2016
27 GROBOCOPATEL, G (2016). “Una sociedad sin ataduras”, Le Monde Diplomatique, n°. 202, Abril, Buenos Aires. Disponible en http://www.eldiplo.org/index.php?cID=2002750 Visitado por última vez 10/05/2016
28 51,3 % de disposiciones favorables a la “Justificación de la desigualdad”, 58,5 % a la “Meritocracia”, 47,7% al “Tecnocratismo”, y sólo 34,8% para “Ideología de la flexibilidad de la vida”.
29 Ese es el caso de los enunciados que componen la variable “Flexibilidad de la vida” en la encuesta analizada, tal como puede consultarse en el cuadro N°3.
30 En Hagamos equipo, Vommaro y Morresi han reconstruido la incidencia del mundo empresarial en la construcción del discurso público del PRO como “partido de lo nuevo”, dinámico, “con pasión por el hacer”.
31 Nos referimos a lo que Boltanski describe como una integración capitalista de la crítica artística cuyo modelo histórico lo representa la experiencia del Mayo francés del ´68. Sobre esta cuestión, véase también LIPOVETSKY, G & SERROY, J (2015). La estetización del mundo: vivir en la época del capitalismo artístico, Anagrama, Buenos Aires.


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