Artículos
Entre la óptica neuroliberal y el neoliberalismo marqueziano
Between Neuroliberalism and Márquez Fernández Neoliberalism
Entre la óptica neuroliberal y el neoliberalismo marqueziano
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 24, núm. Esp.1, pp. 107-116, 2019
Universidad del Zulia

Recepción: 23 Marzo 2019
Aprobación: 27 Abril 2019
Resumen: Me propongo –muy esquemáticamente– una tarea insoslayable: la de proseguir desenmascarando a una expresión coetánea tan perjudicial para el hombre y la naturaleza como la del llamado neoliberalismo. Con tal motivo, voy a valerme de las mismas enunciaciones que nuestro homenajeado ha ido volcando sobre el particular, no sin antes sintetizar algunos lugares temáticos comunes, tales como los eslóganes y las frases hechas que han salido de la usina discursiva neoliberal y han calado hondo en la población: aquellas que preconizan que el Estado no es la solución, sino el problema, o más afirmativa y concluyentemente que el Estado es el problema y los mercados la solución. Asimismo, sintetizamos nuestra perspectiva en torno a la materia, que en parte consiste en proponer una trasmutación nominal: sustituir el término neoliberalismo por la expresión neuroliberalismo.
Palabras clave: Neoliberalismo, neuroliberalismo, crisis de identidad, Derechos humanos, Globalización.
Abstract: I propose –very schematically– an unavoidable task: to continue unmasking a contemporary expression so harmful to man and nature as the so-called neoliberalism. For this reason, I will use the same statements that our honoree has been making on the subject, but not before synthesizing some common thematic places. Among the slogans and phrases that have emerged from the discursive neoliberal power plant and have penetrated deep into the population are those that advocate that the State is not the solution but the problem or more affirmatively and conclusively that the State is the problem and the markets the solution. Likewise, we synthesize our perspective on the matter, which in part consists of proposing a nominal transmutation: to replace the term neoliberalism with the expression neuroliberalism.
Keywords: Neoliberalism, neuroliberalism, identity crisis, Human Rights, Globalization.
INTRODUCCIÓN
Aquí nos tienen bailando y el Titanic ya chocó: al mundo lo trastocóla fiebre insana del oro y siguen dándole al coro periodistas rococó.A nuestros paisanos indios hasta la momia han robao, la colonia han desplumao, saquearon a los criollos,y hoy con préstamos y embrollosya nacemos endeudaos […]Hay cosas que son veneno y eso no habrá de cambiar: combatan al capital, tenganló siempre cortito,y creanmé que es un mitoque lo van a humanizar"
Por un lado, se recalca el poder devastador que posee en muchísimos aspectos el neoliberalismo y la globalización financiera para los seres humanos y para la vida en general. Retomo aquí mi propuesta de sustituir el rótulo equívoco de neoliberalismo por el de neuroliberalismo, para referirnos a esa suerte de axioma ilógico e inverificable que sostiene que, quiéraselo o no, en el autointerés, en los propósitos egocéntricos y en la insolidaridad se halla la base o el camino del bienestar general. Dicha redenominación resultaría más indicativa para designar al espíritu posesivo, a la mercadofilia y a una ideología ultraindividualista desde la cual se accede por arte de gracia al bienestar y al equilibrio universal, mientras se niega perversamente la distancia astronómica que media entre menesterosos y potentados, entre ecología y desastre ambiental.
Entre las estereotipias ultraliberales que señalo en mi colaboración se encuentran las siguientes postulaciones: el bien común, la justicia social y el interés colectivo como mitos o abstracciones sin sentido; una irrestricta libertad individual como medio para el enriquecimiento de todos, cada uno es empresario de sí mismo; realismo político: voluntad de poder y dominación, las sociedades son naturalmente agresivas, tienden a maximizar el poder y a minimizar los derechos humanos; el alineamiento con el sistema mundial bajo los términos de lo que se ha denominado como realismo periférico; inmadurez constitutiva y vaciamiento cultural de los pueblos emergentes; la desigualdad, un principio constitutivo, no resulta un obstáculo para el desarrollo sino el germen de la prosperidad.
Además de la puesta adicional en valor de la mencionada ideología neuroliberal, habría que hacer hincapié en otra perspectiva conceptual y pragmática: aquella que el maestro Arturo Roig ha acuñado bajo la expresión de “Rearme categorial” y que conjuntamente hemos dado en rotular asimismo como “Pensamiento alternativo”. En tal sentido, sin soslayar otras propuestas teóricas o ficcionales, tendría que hacerse referencia a las aportaciones contrahegemónicas alusivas que ha enunciado el mismo Álvaro Márquez Fernández, junto a la propia contribución de Zulay Díaz Montiel, desde distintos libros, publicaciones periódicas, repertorios, foros -como el Corredor de las Ideas del Cono Sur- y otros espacios colindantes. Estoy aludiendo en definitiva a nociones tales como las de justicia, ciudadanía y democracia emancipadoras.
Dentro de la evocación conjunta de ese enorme animador intelectual que fue Álvaro Márquez Fernández, me propongo –muy esquemáticamente– una tarea insoslayable pero algo ingrata, dada la índole del tema en sí mismo. Una tarea a la cual el propio Álvaro no ha dejado de empeñarse: la de proseguir desenmascarando a una expresión coetánea tan perjudicial para el hombre y la naturaleza como la del llamado neoliberalismo. Con tal motivo, voy a valerme de las mismas enunciaciones que nuestro homenajeado ha ido volcando sobre el particular, no sin antes sintetizar algunos lugares temáticos comunes y nuestra perspectiva en torno a la materia en cuestión1.
TIPOLOGÍA AD USUM
Se ha insistido –nunca en demasía– sobre el poder devastador que posee en muchísimos aspectos el neoliberalismo y la globalización financiera para los seres humanos y para la vida en general. Dentro de ese poder cuasi omnímodo también se encuentran las celadas que nos tiende un lenguaje psicológicamente seductor construido con múltiples invocaciones icónicas: Occidente, Primer Mundo, civilización; sentido común, pensar positivamente, iniciativa personal; triunfar, racionalizar, invertir, modernizar; previsor, austeridad, eficiencia, pudiente…
Entre los eslóganes y las frases hechas que han salido de la usina discursiva neoliberal y han calado hondo en la población se encuentran aquellas que preconizan que el Estado no es la solución sino el problema o más afirmativa y concluyentemente que el Estado es el problema y los mercados la solución. Todo lo cual llevaría al lanzamiento de sonsonetes como el que propalara José Alfredo Martínez de Hoz, un economista instigador de la más feroz dictadura cívico-militar argentina: “Achicar el Estado es agrandar la nación”, mientras que, por otro lado, se instrumentaba el aparato represivo estatal más brutal que se conoció en la Argentina. De ahí se desprende algo tan palmario como que el Estado objeto de ataques es aquel construido en torno a ideales más igualitaristas, lo cual el propio neoliberalismo va a rechazar de plano.
Consecuentemente, tenemos las gravitantes medidas propuestas por figuras doctrinarias como las de quien fuera el cabecilla de los Chicago Boys, Milton Friedman: ¡Privatizar, privatizar, privatizar!, que vienen a fusionarse con el postulado de la libre empresa, la desregulación estatal, los ajustes salariales y la concentración del capital. Según resulta archisabido, una de las principales puestas en práctica de ese recetario del shock sería llevada a cabo, como única alternativa viable, por gestiones públicas a lo Margaret Thatcher que, además de negar la existencia de la sociedad, produjo una sensible reducción del impuesto a las ganancias e incrementó fuertemente el desempleo y la flexibilidad laboral.
Mutatis mutandi, un somero repaso de la lógica ultraliberal puede ser expuesto de la siguiente manera:
el bien común, la justicia social y el interés colectivo como mitos o abstracciones sin sentido;
una irrestricta libertad individual como medio para el enriquecimiento de todos, cada uno es empresario de sí mismo;
realismo político: voluntad de poder y dominación, las sociedades son naturalmente agresivas, tienden a maximizar el poder y a minimizar los derechos humanos;
alineamiento con el sistema mundial bajo los términos de lo que se ha denominado como realismo periférico;
inmadurez constitutiva y vaciamiento cultural de los pueblos emergentes;
la desigualdad, un principio constitutivo, no resulta un obstáculo para el desarrollo sino el germen de la prosperidad.
Mientras se le imputa al populismo una pesada carga ideológica y a sus dirigentes un insuperable carácter retrógrado e impulsivo, estas vertientes liberales no se presentan como voceros clasistas sino como dotados de una concepción suprahistórica y extrapartidaria que exalta el espíritu benefactor del empresariado y reniega de la planificación gubernativa, del control de precios, de los sindicalistas y hasta del sistema jubilatorio, las conquistas y obras sociales o el salario mínimo. Simultáneamente, la soberanía, el imperialismo y la dependencia son visualizados como fenómenos irrelevantes. Todo ello viene munido con una antropología pesimista sobre el hombre común como mentalmente confuso y desafecto al saber.
Una panoplia del arsenal neoliberal ha sido reactualizada en el libro de Mendoza, Montaner y Vargas Llosa, Últimas noticias del nuevo idiota iberoamericano2. Por una parte, se ensalza allí la racionalidad de las clases medias y se le reconocen grandes méritos a gestiones tan desprestigiadas como las del menemismo en la Argentina por la paridad que estableció con el dólar, el recorte a los gastos fiscales y al empleo público, la privatización de las empresas estatales, mientras se descalifica como autoritaria, desastrosa y corrupta la política kirchnerista, a la cual se acusa de haber aumentado la pobreza y la marginación. Por otro lado, se estima como promisoria la integración subregional llevada a cabo por los países minoritarios que han formado la Alianza del Pacífico, censurándose la creación de grandes bloques autónomos –sin presencia estadounidense– como los de UNASUR, CELAC –un invento del castrismo y el chavismo– hasta los de la propia OEA y Mercosur –monumento al dirigismo y al proteccionismo. Se condena los planes asistenciales y se efectúan diversas identificaciones: el Estado con la burocracia y los altos gravámenes, los neopopulistas con los neocomunistas –que plantean la distribución de la riqueza– o las empresas pequeñas con la ineficiencia y la informalidad. Si bien los autores festejan el eclipse del idiota latinoamericano ante el “desarrollo liberal” no dejan de lamentarse por la aparición de un neoidiota que, siguiendo la ignorancia y la incultura de las masas, apuesta por el socialismo del siglo XXI y por los gobiernos que alientan a los movimientos comunitarios.
El marco general responde a una modernización conservadora que, mientras reproduce pautas provenientes de los países capitalistas centrales, adopta un discurso redentorista, pseudocientífico, tecnocrático, en la cual se postula el mejor de los mundos, sin grandes privaciones y con tiempo libre para quienes se suban al tren del progreso. Un tren cuyas características fueron develadas en una obra desmitificadora3, en la cual sus autores afirman que, según la supuesta convocatoria, debemos subir al tren de la modernidad (como si hubiera uno solo), aunque no sepamos si el mismo va adonde queremos ir e ignoremos también si nos van a subir como pasajeros o como personal de servicio, a quienes se los devuelve al punto inicial una vez terminado el viaje, o si a la llegada seremos trabajadores inmigrados. Vuelve así a implementarse el dogma del maquinismo, según el cual el mero silbato de una locomotora conllevaría el fin de las guerras y la conflictividad social.
enemos por último dos empinados flancos neoliberales. Por una parte, su antropología de la rapacidad y del sálvese-quien-pueda, al desalentarse con medidas específicas una predisposición humana fundamental: nada menos que la de ocuparse de los demás. Por otra, el equívocamente llamado pensamiento positivo que, como los textos de autoayuda, induce a los sectores populares a internalizar los valores y apetencias de los potentados. De ese modo se busca que la mercantilización del mundo y la guerra de todos contra todos parezcan cuestiones propias del sentido común, para que terminen aunados las víctimas y los victimarios o que prosperen mecanismos neuróticos como los de la identificación con el agresor, la negación de la realidad y otras alteraciones por el estilo.
LA TÓNICA NEUROLIBERAL
Al vernos desprovisto de un término estrictamente propio para caracterizar la sacralización del mercado, el pensamiento crítico tuvo que conformarse con recurrir a aproximaciones equivalentes: –como neoconservadorismo o neodarwinismo, Estado ultramínimo y otras– que podrían ser perfeccionadas por nuestro intento de referirnos a una óptica neuroliberal. Junto a Diego Fernández Peychaux, consideramos que desde esa perspectiva podríamos recuperar un espacio “libre” de neoliberalismo y renegociar tanto el sistema de exclusión interno a su campo ideológico (i.e. quién es un exitoso y quién un fracasado) como el campo en su totalidad. Para decirlo sin rodeos: con el provocador vocablo de Neuroliberalismo hemos querido combatir la eterna “encerrona” que significa refutar el positivismo hiperbólico de la ideología aplicada, por ejemplo, durante los gobiernos de Thatcher, Reagan, Pinochet, Menem o Collor de Mello, en vez de someter a crítica la misma existencia del mito de un mercado en el que una humanidad exitosa encontraría las satisfacciones que tanto anhela.
Al hacer esa trasmutación nominal hemos pretendido despojarnos de un lenguaje que apela fundamentalmente a la subjetividad y que, por más que se proclame en él la libertad, el individualismo y la autoayuda, se termina despersonalizando e invisibilizando al otro y a uno mismo, al punto de que, bajo los efectos de una profunda crisis identitaria, salgamos a defender intereses sociales muy ajenos a los nuestros o que sectores populares terminen incorporando como si tal cosa la mentalidad valorativa de los poderosos y privilegiados.
Desde hace algún tiempo, hemos venido proponiendo, en distintos foros y espacios, la conveniencia de sustituir el rótulo equívoco de neoliberalismo por el de neuroliberalismo para referirnos a esa suerte de axioma ilógico e inverificable que sostiene que, quiéraselo o no, en el autointerés, en los propósitos egocéntricos y en la insolidaridad se halla la base o el camino del bienestar para todos: multimillonarios e indigentes, hiperdotados y minusválidos –una creencia elitista que se ha instalado en diferentes momentos, constitucionales o de facto.
Además de las cuestiones teóricas esbozadas, también aludimos a la incidencia de distintos autores ultra o neuroliberales y a la existencia de fundaciones multinacionales dedicadas, por ejemplo, a adoctrinar niños y jovencitos en el evangelio de la fortuna para que endiosen y dilapiden el vil metal, se inserten en la lucha por la supervivencia y pasen a convertirse, de simples empleados, en dueños de toda una megacorporación, al estilo fantasioso de lo prédica subyacente al “sueño americano”.
El cambio semántico o el contenido conceptual y casuístico que trae aparejado la expresión neuroliberalismo ayudaría a reflexionar de forma alternativa sobre el influjo liso y llano del neoliberalismo, mientras que su resignificadora introducción en el habla común o técnica, se hallaría en una línea semejante a lo que está sucediendo con el vocablo Nuestramérica o nuestroamericano (todo junto) para desplazar otras acepciones problemáticas como la de Hispanoamérica o la misma referencia a América Latina latu sensu.
Por consiguiente, si se admite con el estudioso David Harvey, que la principal arma del neoliberalismo radica en el poder de su lenguaje4, sostenemos la necesidad de sustituir un nombre equívoco que, además de pretencioso, no permite sobrepasar críticamente el campo discursivo liberal, lo que nos lleva a plantear, como adelantamos, su reemplazo por el de neuroliberalismo.
Si bien abundan los trabajos relativos al “modelo neoliberal” –durante bastante tiempo el modelo porexcelencia o el único realmente existente– desde el punto de vista socio-político y económico, no faltan tampoco las aproximaciones a ese modelo con respecto al terreno de la subjetividad y la salud mental. Estos últimos aspectos han procurado deslindarse, por ejemplo, en libros como los que diera conocer el psicólogo mexicano Enrique Guinsberg a comienzos de este siglo5. Aunque se rebasan allí las barreras de la etapa propiamente neoliberal y se establecen además paralelos e imbricaciones con la posmodernidad, no dejan de encararse las “patologías del fin de milenio”, dentro de las cuales se comenta el paso de un individualismo restringido a otro integral, bajo modalidades narcisistas, solipsistas, hedonistas junto a tendencias esquizoides como la anorexia y la bulimia.
Entre los lineamientos centrales de un libro nuestro6, hemos argüido que la inclinación a "pasar por alto" la realidad, a reprimir la conciencia social y a enajenar las identidades personales, se manifiesta para "sobrellevar” un fuerte costo emocional: "hacemos como si" el canto de las sirenas neoliberales –cuando claman que el mundo pertenece al cuentapropismo– contiene una fuerza magnética inevitable, y que no podemos actuar en contrario. No admitimos el mensaje consumista a ultranza porque nos creamos que sea lo más racional, ni porque se nos imponga como tal, sino porque resulta más tolerable seguir usando la máscara de que nuestro éxito futuro depende de nosotros, en vez de enfrentarnos con el hecho de que incluso nuestro consumo es una forma de trabajo para el capital. Sin embargo, nos seguimos comportando como consumidores felices y nos ofendemos cuando se nos impide "el libre consumo" que “garantice” nuestra autonomía. Planteamos el símil de una droga tomada a sabiendas de los efectos perniciosos que produce y que puede conducirnos al servilismo o al autoexterminio. Aunque no desconocemos su nocividad, la deglutimos igual. De ahí la siguiente neurosis: no sólo nos olvidamos del otro sino que hacemos "como si" no estuviésemos sufriendo nosotros mismos.
En resumidas cuentas, nos arriesgamos a formular una doble propuesta: una teórica en la cual se busca hacer visible y pensable cómo los discursos (incluso aquellos tenidos por más populares) están estructurados a partir del sentido común del éxito y el fracaso individual que da cuerpo a todo el campo ideológico del neuroliberalismo. Al describir desde distintos enfoques los principios de la ética de los gladiadores del mercado no quisimos confrontarla con la realidad, pues si lo hiciéramos estaríamos, de algún modo, manteniendo vigente la fantasía que pretendemos impugnar. Sino que el objetivo estuvo puesto en volver a explicitar que la irrealidad de todo aquello que va en contra del “peso de las cosas” no proviene de su carácter utópico, sino de la potencia de las fuerzas que se conjuran para impedir, siquiera, su enunciación.
La otra variante propuesta, la de recurrir a un nuevo vocablo apela más a la acción, en sintonía con la prédica efectuada por Julio Cortázar a una reunión de intelectuales: “hacer de la palabra un instrumento de combate para la liberación”7, en este caso, para liberarnos de un embozado destructor de la humanidad y la naturaleza: el neoliberalismo y su parafernalia simbólica. A tal efecto, reiteramos nuestra redenominación terminológica: la adopción de un vocablo más indicativo como el de neuroliberalismo para designar al espíritu posesivo, a la mercadofilia y a una ideología ultraindividualista desde la cual se accede por arte de gracia al bienestar y al equilibrio universal, mientras se niega perversamente la distancia astronómica que media entre menesterosos y potentados, entre ecología y desastre ambiental.
EL MIRAJE MARQUEZIANO
Dotado de un gran bagaje hermenéutico que apela al marxismo, al neomarxismo, a la teoría crítica, al estructuralismo, al posmodernismo y a la interculturalidad Álvaro Márquez Fernández, tras haberse zambullido en las aguas de la producción capitalista, la ideología, la alienación, el control social y el consumismo, comienza a interiorizarse de la problemática liberal en correlación con dos preocupaciones claves de su producción universitaria: el bloque hegemónico en contraposición a la filosofía antihegemónica. Ambas manifestaciones se hallan vertebrando su tesis doctoral parisina8, dentro de una prestigiosa revista alemana9 y en la versión más abreviada que dio a conocer en esta misma publicación periódica que nos nuclea10, aquella que le imprimió el nervio motor a esa serie compacta de revistas que tendría el propio Álvaro la feliz iniciativa de propiciar.
Sin embargo, la pieza fundamental de MF en torno al neo es aquella que impartió hacia 2006 en la Universidad de Navarra para el Grupo de Estudios Peirceanos11. De un modo u otro, nuestro homenajeado, les saldrá al cruce allí a quienes conceptúan el proceso de globalización neoliberal como un fenómeno civilizatorio, para tomar partido por las versiones que asocian ese proceso a la “expansión del poder tecno- ideológico de la racionalidad capitalista”. En resumidas cuentas, lejos de humanizar el mundo, para AMF dicha globalización y su concomitante doctrinal contribuyen a extender los márgenes comunitarios de injusticia y desigualdad. A tales efectos, con el auxilio de las redes telemáticas de comunicación para el caso, mejor de colonización se implementa un corpus ideatorio en el imaginario ciudadano, a favor de la reproducción del capital, como si se tratara de una “forma de vida consentida”. El tipo de liberalismo instalado termina resultando fácticamente incompatible con los derechos humanos, dada la creciente exclusión y desintegración social emergentes que cuestionan a todas luces los supuestos beneficios de la mentada globalización financiera, mientras se confisca la conciencia y las libertades políticas ciudadanas, se invisibiliza a los demás, se reemplaza el diálogo por la imagen, se pretende neutralizar, inter alia, las diferencias de clases y la capacidad de resistir. Retomando los planteamientos de Raúl Fornet Betancourt, el mayor reparo que le dirige Márquez Fernández a la globalización y a las políticas neoliberales es que carecen de proyecto histórico e impiden desarrollar auténticamente una vía intercultural para incorporar a la alteridad.
En otro espacio académico, la Universidad Católica de Asunción, Márquez responde, como miembro del CESA12 a una convocatoria del Corredor de las Ideas del Cono Sur, presentando en nuestra mesa de Pensamiento Alternativo su ponencia ad hoc13. Habiendo ya avanzado para esa época, junto Zulay Díaz Montiel, en sus indagaciones sobre la idea de la justicia emancipadora, vuelve a incursionar replantea el tema en cuestión desde la óptica del Estado neoliberal, sin dejar de aludir a las reacciones potenciales de la sociedad civil frente a esos dictámenes gubernativos y a los mismos designios paralizadores de la plataforma liberal en cuestión.Más puntualmente, se advierten las fracturas hegemónicas del neoliberalismo para resolver tanto las contradicciones entre democracia y representación como el poder coactivo y represor que contiene la subyacente economía de mercado. Un corolario de ello consiste en aseverar que el fracaso del Estado neoliberal capitalista radica en su incompetencia para resolver las contradicciones ínsitas en la división de clases con su caudal discriminatorio y segregacionista; un fracaso que, más que una crisis aguda, llegaría a concebirlo como “absoluto”, al hacer referencia al caso venezolano durante un nuevo congreso que tendría lugar en la Argentina progresista y posneoliberal del kirchnerismo14.
El tema de la crisis sistémica e ideológica del neoliberalismo se volverá a plantear más explícitamente en otros artículos ulteriores. En uno de ellos, dicho conglomerado ideológico resulta esbozado en sus diferentes facetas: socio-económicas, político-estatales y como una exteriorización de la democracia15. En otro de los textos alusivos más recientes, las diversas coyunturas epocales, que incrementan o debilitan la fuerza de los movimientos sociales contestatarios, inducen a sostener que la crisis del Estado neoliberal y sus formas de representación no implican una alternativa donde pueda darse por concluido el modo paralelo de producción capitalista16.
Transcribimos por fin las prometidas reflexiones de Márquez Fernández sobre nuestra propuesta en torno al neuroliberalismo; unas reflexiones que insinúan a la par su misma estima pertinente.
La absorción que sufre el sujeto económico, es decir, el trabajador en general, en los procesos de acumulación, distribución y consumo, que se perfilan en las tesis del neoliberalismo, excede, en la sociedad de corte neuroliberal, el dominio específico de la compra de fuerza laboral del trabajador que sirve de reproducción al capital […] es una absorción mucho más profunda y compleja la que aliena al sujeto, en su condición de otra mercancía más del sistema, por el flanco de su conciencia despolitizada y una sensibilidad deseante en la construcción de un yo mismo, único, aislado, narcisista. El dominio del capital no solo absorbe la fuerza física del sujeto-obrero, sino de su existencia intelectual y emocional [a Biagini y Peychaux] les interesa estudiar […] esa experiencia volitiva y psíquica por medio de la que el neuroliberalismo se transforma en un proceso de colonización preconsciente que condiciona más aún al sujeto a reconocerse en un tipo de relaciones humanas tan despersonalizadas y mediadas por la publicidad, que lo transforma en sujeto agente del propio sistema de dominación al que debería adversar. Es más, se siente identificado, aceptado y valorado por un sistema de poder del que se declara libremente aliado y adepto a las leyes que lo norman. Este será el sentido práctico con el que el sujeto compromete la autonomía de su libertad para actuar y responder: se hace adepto del valor subliminal con el que la sociedad neuroliberal se proyecta como deseable y accesible para juzgar y disciplinar la conducta de obediencia que requiere la vida cotidiana individual en tanto que un proyecto de éxito y de fracaso personal. Es decir, se confirma su desintegración social al carecer de patrones de conductas fiables para socializar la vida desde principios colectivos o comunitarios.
Las razones políticas que defiende el neoliberalismo para justificar su concepción de sujeto a partir de su individualidad reprimida, es el principal pretexto ideológico para aprovecharse del uso de su libertad. Los ideales de la libre competencia, los derechos humanos, la participación ciudadana, no garantizan en modo alguno que la inserción de este tipo sujeto en el espacio público efectivamente pueda incidir o revertir el statu quo que le sirven al neuroliberalismo para mantener la dominación. Una contradicción que no parece resolverse de acuerdos a los fines que se pregonan y sustentan en la justicia social que debería fungir de balanza a favor de los más necesitados y marginados17.
VIABILIDADES
Así como Márquez Fernández ha podido sustentar una filosofía antihegemónica en pendant con el neoliberalismo y su infraestructura material18, nosotros también le hacemos un frente proposicional y adherimos a las expresiones o formulaciones empíricas que se han desatado urbis et orbe en defensa de una democracia sustantiva.
Revisando nuestro posicionamiento sobre el neoliberalismo, refrendamos los argumentos que lo visualizan como el acompañante ideológico del llamado nuevo orden internacional que trajo aparejado el proceso de la globalización financiera, bajo la forma de un capitalismo predatorio, especulativo o de casino, con una mayor acentuación de las fuerzas del mercado para fijar salarios y con el menosprecio de la inveterada causa de los derechos humanos (por más sesgados que ellos hayan sido desde su lanzamiento originario dentro de la plataforma liberal), junto a otros ítems decisivos no ajenos a la impronta decimonónica, crudamente competitiva e individualista.
Para salirle al cruce a esa impronta deshumanizadora, se ha recurrido a nociones-fuerza como las de la solidaridad y la cooperación. Nuestra recalificación genérica del neoliberalismo como neuroliberalismo, aspira a encolumnarse tanto dentro del saber espontáneo como del más elaborado o erudito, y junto también a las aserciones en las cuales se agudiza el ingenio colectivo frente a las facetas con las que se exterioriza la cosmovisión cuestionada:
Alterglobalización: “otro mundo es posible”;
Estado chico, infierno grande”. Estado ausente, de malestar o de Hood Robin (el que le roba a los pobres);
La libertad neoliberal equivale a la del zorro en el gallinero y responde a la lógica del pez (el grande se come al chico);
“Deuda eterna” (en vez de externa), o, la deuda es pública pero la enseñanza, la salud y la banca no lo son;
FMI=Fracaso Monetario Internacional;
Privado viene de privar, que significa restringir y robar;
El hombre es un lobby para el hombre;
Resistir es existir;
Pienso, luego estorbo
Nada tienes, nada vales
Nuestros sueños no caben en vuestras urnas;
¿Dónde está la socialdemocracia?, al fondo a la derecha;
El cobre por el cielo y la educación por el suelo;
Neoliberal, neocriminal.
Así como se ha podido rebatir al presuntamente incontestable modelo neoliberal, también se lo ha encarado desde un punto de vista fáctico, en base a los proyectos y realizaciones de corte popular, democrático y latinoamericanista que han estado encarado los diferentes gobiernos de la nueva izquierda en nuestro continente. Se trata de experiencias no ajenas a las adecuaciones reformistas keynesianas, renuentes a admitir la armonía entre el bienestar público y los propósitos egoístas, sin descartar para ello las nacionalizaciones ni las leyes antitrusts.
Cabe recordar empero que el aristocrático Keynes –como otros intelectuales de abolengo pero con inquietudes sociales– distó de representar un nuevo Marx –como lo han acusado los liberales conservadores– sino que propició el control político de la economía para salvaguardar precisamente al antiguo capitalismo – considerado por él como un delicioso método para el cómodo reparto de las tajadas– de su entera declinación.
En dichos países nuestroamericanos, tras varias décadas de excluyentes políticas neoliberales, se había logrado recuperar el crecimiento y las prescripciones afines con el keynesianismo: invertir en infraestructura, fomentar los puestos laborales y el gasto social, profundizando la democracia y la participación ciudadana o haciendo que la salud y la educación no estén orientadas únicamente hacia quienes tienen poder de compra.
Las inquietudes esbozadas se hallan también a la base de la carpintería conceptual liberacionista de Álvaro Márquez Fernández, cuya plataforma filosófica fue diseñada en una suerte de concienzuda automemoria intelectual, cuando, para resignificar su proyecto de Utopía y praxis junto a su propia cosmovisión, aquél llegaría a alegar: “se trata de acentuar el sentido crítico de quien se piensa como otro diferente, fuera del sistema hegemónico de la racionalidad impuesto como regulador conductual, en su tendencia inequívoca a reprimir (psique) y alienar (polis) el pensamiento dialéctico, emancipador y alternativo”19.
BIODATA
Hugo E. BIAGINI: Investigador argentino, emérito del CONICET y de la Academia Nacional de Ciencias (Buenos Aires), donde conduce la sección de Pensamiento Latinoamericano. Es Director de CECIES y ha cofundado el Corredor de las Ideas del Cono Sur. Recibió en su país el Primer Premio Municipal de Ensayo Eduardo Mallea y en Guatemala, con motivo del Día Mundial de la Filosofía, la Medalla UNESCO Toussaint Louverture. Homenajeado con números especiales sobre su obra, por las revistas de Pensamiento Crítico latinoamericano, Pacarina del Sur (México-Perú) y por las publicaciones periódicas universitarias de Colombia, Questiones de Ruptura y Entretextos, de Estudios Interculturales Un número de la revista venezolana Utopía y praxis latinoamericana fue dedicado “En honor a Hugo Biagini: conciencia emancipadora y mentor de juventudes”, mientras que ha sido objeto de un capítulo ad hoc en el libro Personajes latinoamericanos del siglo XX, editado en México por la UNAM.
Notas