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La emergencia del pensamiento intercultural en Nuestra América: reflexiones desde la filosofía anti-hegemónica y sub-alterna de Álvaro B. Márquez-Fernández
The Emergence of Intercultural Thinking in Our America: Reflections from the Anti-Hegemonic and Sub- Alternative Philosophy of Álvaro B. Márquez-Fernández
La emergencia del pensamiento intercultural en Nuestra América: reflexiones desde la filosofía anti-hegemónica y sub-alterna de Álvaro B. Márquez-Fernández
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 24, núm. Esp.1, pp. 144-158, 2019
Universidad del Zulia

Recepción: 27 Marzo 2019
Aprobación: 25 Abril 2019
Resumen: La crisis civilizatoria de nuestros tiempos en el campo social, cultural, ecológico, político y económico, se ha constituido en un referente de la decadencia del capitalismo y la democracia liberal/procedimental sobre la sociedad contemporánea. La incapacidad de generar un diálogo abierto en el marco de una episteme y praxis intercultural desde y con los de abajo, refleja la hegemonía de una modernidad/colonialidad asentada en la racionalidad instrumental y los intereses de una globalización de carácter neoliberal. El proceso de interculturalidad antineoliberal, constituye un espacio emergente derivado de la praxis de los grupos populares en sus territorios a lo largo de Nuestra América, parte de esta lógica se articula con un escenario que apuesta por otros mundos posibles y necesarios en donde la paz, la justicia social y la re-solución de los conflictos, sean el resultado de una situación de dialogicidad y acciones del sujeto individual y colectivo al interior de su comunidad.
Palabras clave: Interculturalidad crítica, Álvaro B Márquez– Fernández, descolonialidad, subalternidad, nuestra América.
Abstract: The civilizatory crisis of our times in the social, cultural, ecological, political and economic field has become a reference point for the decadence of capitalism and liberal / procedural democracy over contemporary society. The inability to generate an open dialogue within the framework of an intercultural episteme and praxis from and with those below, reflects the hegemony of a modernity / coloniality based on instrumental rationality and the interests of a neoliberal globalization. The process of anti-neoliberal interculturality constitutes an emerging space derived from the praxis of popular groups in their territories throughout our America, part of this logic is articulated with a scenario that bets on other possible and necessary worlds where peace, Social justice and the re- solution of conflicts are the result of a situation of dialogicity and actions of the individual and collective subject within their community.
Keywords: Critical interculturality, Álvaro B Márquez- Fernández, decoloniality, subalternity, our America.
A la memoria de nuestro amigo, el filósofo anti-hegemónico y subalterno, Álvaro B. Márquez-Fernández1 (Error 1: La referencia: 1 está ligada a un elemento que ya no existe) (1952-2018). Las luchas por otros mundos posibles y necesarios son el camino, la justicia y la resistencia desde abajo
INTRODUCCIÓN
Los procesos sociales de larga duración encargados de cuestionar las formas tradicionales de concebir la democracia, impuesta por los grupos hegemónicos en los espacios sociales que instituyen las comunidades. Refleja parte de la racionalidad instrumental propia de la sociedad neoliberal y el Estado capitalista. La re-producción de un poder político-colonial que se identifica con los intereses privados del bloque hegemónico, personifica parte de los retos que pretende superarse desde una dimensión intercultural crítica que promueva una praxis horizontal y opte por legitimar las luchas socio-culturales de los de abajo.
La narrativa sobre el discurso de la interculturalidad crítica emerge como un campo epistémico de larga duración, que pretenden superar los modelos arcaicos encargados de imponer patrones de diferenciación social y exclusión de la otredad. Al mismo tiempo, se configura como un espacio enfocado a superar las concepciones modernas/coloniales, y dar camino a una serie de prácticas sustentadas en la praxis y las demandas de los de abajo en sus respectivos territorios.
El sentido práctico de realizar una crítica a la modernidad/colonialidad, tiene que ver con la propuesta argumentada por el filósofo venezolano Álvaro Márquez – Fernández, el cual reconoce que la crisis de la ética, la política, la cultura y la razón son resultado de la modernidad de los grupos hegemónicos que generan una serie de elementos propios del poder colonial, y que está en función de los intereses constitutivos de la globalización neoliberal al interior de la sociedad capitalista (Márquez Fernández: 2018).
La superación de las categorías abstractas que se constituyen a partir del discurso de la interculturalidadneoliberal, el cual ha sido cooptado por los grupos hegemónicos, alude a una lucha por establecer un proceso descolonizador que denota un diálogo abierto, deliberativo y horizontal desde la otredad, que tenga como finalidad fortalecer la praxis desde abajo propia del sujeto en su proyecto subalterno por refundar la democracia más allá del marco procedimental y representativo del pensamiento liberal colonialista.
En efecto, la dimensión epistémica de la interculturalidad crítica radica en el reconocimiento de los discursos que emerge en el ámbito alternativo de los estudios socio-culturales propios de la antropología/sociología en sus orígenes. Ya que preténdete cuestionar las dinámicas que reconocen e imponen una sola forma de ver la cultura, es decir, estructuras monolíticas propias del sistema mundo moderno/colonial y los imaginarios instituido en una globalización neoliberal que desconoce la alteridad del sujeto en la comunidad.
Siguiendo, la narrativa de Márquez-Fernández se reconoce que “sólo a partir de una concepción latinoamericana de la alteridad de la palabra, es que la praxis emancipadora de la palabra es posible y factible como un proyecto filosófico. Este logos transformado interculturalmente por los sujetos históricos de las culturas subordinadas o dominadas, admite que el discurso del otro se sustenta en el derecho a la palabra que tiene un colectivo cultural para hablar desde su diversidad y formar parte de un mundo mucho más complementario e interactivo
La interculturalidad crítica se configura como una propuesta intersubjetiva que permite establecer diálogos abiertos y horizontales entre el sujeto, a su vez, ayuda a superar las lógica e imaginarios racistas, xenofóbicos, excluyentes y coloniales que desconocen las identidades que hacen parte de la otredad, es decir, representa una reflexión sobre las culturas que influyen en los espacios societales y las relaciones del sujeto en lo público.
El debate actual de ir más allá de la figura institucional que ha tomado fuerza en las últimas décadas, la cual se ha encargado de moldear el discurso intercultural al servicio de los grupos dominantes, y bajo la dinámica de los intereses privados encargados de promover programas, proyectos, escenarios e instituciones de educación orientas al supuesto de una sociedad democrática, pacífica y con justicia social. Por el contario, dicha figura manifiesta una contradicción/ retroceso en toda dimensión, dado que la mirada estatista/burocrática de la interculturalidad se convierte en un simple cliché de la modernidad colonial de nuestra época.Tal como lo argumenta, el filósofo Álvaro Márquez-Fernández:
[…] la filosofía intercultural en América Latina considera que sólo a través de un reconocimiento del otro en su origen e identidad, es posible la liberación del pensamiento y la racionalidad de la cultura colonial hegemónica, presentes desde el “descubrimiento” de América hasta nuestros días. Insiste esta filosofía decolonial en afirmar que es en la esfera del despliegue ontológico de la intersubjetividad donde se hacen manifiestos los orígenes auténticos de nuestras culturas en sus praxis ancestrales. Por consiguiente, la insurgencia del otro es el resultado dialéctico de una conciencia fenomenológica de la existencia del ser en su alteridad; es decir, un ser para otro donde la libertad hace posible un encuentro sin las alienaciones que surgen de una cultura cuando ésta presume su superioridad (Márquez-Fernández: 2012, p. 7).
La iniciativa de concebir la interculturalidad como un campo epistémico vinculado a los procesos históricos, sociales, políticos y económicos que instituyen las diversas sociedades, responde a un ejercicio que pretende ir más allá del marco normativo e ideológico, para dar el salto hacia esquemas alternativos construidos desde la necesidades e intereses de los grupos subalternos. Así pues, es de gran importancia asumir las discusiones que representan “otra” forma del discurso intercultural crítico, a partir de la praxis por resignificar las luchas de los territorios y la defensa por la dignidad humana.
Así pues, la finalidad del presente artículo reside en desarrollar algunos elementos teórico- conceptuales sobre el pensamiento intercultural Latinoamericano, a partir de las reflexiones de la filosofía anti-hegemónica y sub-alterna del filósofo venezolano Álvaro B. Márquez-Fernández. Con el fin de exponer algunos elementos que se encuentran al interior de las discusiones sobre los procesos de interculturalidad crítica pensada desde la praxis de los de abajo.
INTERCULTURALIDAD CRÍTICA EN NUESTRA AMÉRICA
El filósofo cubano Raúl Fornet-Betancourt nos ofrece elementos para pensar la constitución del proyecto intercultural a partir del diálogo filosófico y la praxis del sujeto en comunidad. La capacidad de superar el binomio de filosofar la filosofía o de hacer la cultura per se, y dar el paso por formas alternas que permitan construir desde abajo y en función del interés de los grupos subalternos, constituye un campo emergente que pretende interpreta los discursos, narrativas y subjetividades del mundo social, dándole sentido al proyecto por explorar la alteridad como una base orientada a la construcción de alternativas desde las necesidades particulares del ciudadano en su comunidad (Fornet-Betancourt: 1994).
Así pues es de gran relevancia reconocer que:
[…] la interculturalidad crítica reivindica las cosmogonías y saberes de los pueblos originarios, afrodescendientes y subalternos del capitalismo que han construido conocimientos, teorías, pedagogías, didácticas o metodologías críticas latinoamericanas entre las que sobresalen la filosofía del Buen Vivir –Vivir Bien o Sumak Kawsay (en quechua)– Suma Qamaña (en aymara) de los indígenas de los Andes; la convivialidad en los pueblos originarios de Oaxaca, México; la educación liberadora de Paulo Freire; la metodología de la Investigación Acción Participante de Orlando Fals Borda y la descolonialidad o decolonialidad (Sandoval: 2018, p. 15).
La dinámica de Nuestra América, al ser un territorio que coexiste con problemáticas estructurales como el racismo, el colonialismo interno, la exclusión y la violencia sistémica entre otras, se establece como un espacio que permite plantear otras epistemes que versan en el reconocimiento del sentipensar el sujeto en su contexto socio-cultural. A su vez, significa ir más allá del poder colonial y la razón instrumental que se ha generado en el proyecto de la modernidad/colonialidad, debido a la importancia de optar por un camino que supere la invisibilización del sujeto y dar el paso por el reconocimiento de las particularidades que influyen en la coexistencia por otras sociedades que tenga la capacidad de construir a partir del proceso intercultural crítico desde los grupos subalternos.
El sentido de romper con el imaginario de subordinación/explotación que han producido los grupos dominantes en función de imponer un poder colonial, simboliza una apuesta que identifica el proceso de la interculturalidad crítica, al pretender dar espacio a las prácticas pedagógicas y el diálogo abierto de saberes, emociones, sensaciones y pensares que son fundamentales en la tarea de generar acciones encaminadas a un escenario de horizontalidad del sujeto
La ardua tarea de ir superando el imaginario colonialista encargado de establecer patrones de segregación, racismo y xenofobia, el cual es usado por las élites y los grupos hegemónicos en función de los intereses privados y propios de una mono-cultura basada en la violencia, la exclusión y la miseria de la condición humana. Por ello, la interculturalidad crítica se identifica como una invitación epistémica que pretende establecer diálogos abiertos con los grupos oprimidos que están situados en el sur global.
En efecto, las luchas de los pueblos indígenas, afros, mujeres, movimientos sociales y colectivos que instituyen una praxis alterna frente al orden moderno/colonial, se articula a la dinámica de los procesos interculturales que pretenden fragmentar la lógica de dominación, y dar el paso a una ciudadanía crítica, reflexiva y propositiva en los distintos espacios de lo público. Esto implica, establecer un rol de la interculturalidad en el marco de una episteme que logre constituir elementos teórico-prácticos orientados a un escenario basado en el ámbito dialógico de la construcción de un sujeto sentipensante y analítico de su realidad social.
La tarea de la interculturalidad critica en la región, reside en cuestionar desde la praxis ético-política del sujeto, lo que para Márquez-Fernández son:
[…] los procesos coloniales que recurren a la formación de imaginarios que se adecuen principalmente a las estructuras simbólicas que pueden servir de mediación para que los colectivos sub-alternos respondan al sentido de progreso con el que la hegemonía de las clases políticas, define el proyecto de nación para todos. La capacidad retórica que posee la cultura colonial hace posible la sostenibilidad de su discurso aun en aquellas circunstancias de oposición donde se puedan objetar sus valores, esto es posible porque la cultural colonial hace un registro de los beneficios que puede conceder para fomentar alianzas parciales o coyunturales a favor del proyecto de unificación nacional que se desea construir social y políticamente (Márquez-Fernández: 2018, p. 6).
El interés factible de propiciar una dimensión intersubjetiva que tenga como base la discusión de los estudios interculturales, tiene que ver con un campo epistémico que legitima los saberes locales y originarios, al mismo tiempo, entra en comunicación horizontal con la autogénesis cultural de los pueblos al proponersupera el velo de re-producir el conocimiento eurocéntrico para dar paso a la construcción deliberativa, popular y práctica del saber por medio del reconocimiento del sujeto sentipensante desde el territorio en el marco del buen vivir en comunidad.
Precisamente, la perspectiva de los estudios interculturales consiste en instituir una ética basada en el proceso dialógico de la otredad, la libertad desde la diferencia y la construcción de la realidad a partir de los intereses constitutivos del ser político. Hace alusión con lo manifestado por Álvaro Márquez-Fernández, cuando señala que la dinámica por superar las tramas sociales, parten de aprender de las prácticas ancestrales y reconocer la praxis de los actores subalternos como una muestra por descolonizar las estructuras modernas, ya que reconoce los elementos que permitan la legitimidad desde la diferencia del sujeto en lo colectivo (Márquez-Fernández: 2018)
Para Álvaro Márquez, se trata de impulsar los procesos democráticos desde abajo que no se encuentren mediados por el capital privado y los intereses de los grupos hegemónicos, por el contrario, radica en comprender los nuevos escenarios interculturales como son las universidades, institutos, colectivos y movimientos que no logran ser cooptados por los aparatos institucionales/burocráticos, sino que apuntan a tejer redes subalternas encargadas de desdibujar los imaginarios instituidos de la modernidad/colonialidad, para dar paso a un logo intercultural resultado de los procesos populares desde abajo (Márquez-Fernández: 2007).
El significado de comprender los nuevos escenarios que se gestan en Nuestra América como unamuestra de la praxis subalterna de los grupos populares, simboliza el sentido del sujeto en su tarea por descolonizar los ámbitos sociales y re-significar lo público desde las necesidades/demandas de las comunidades. Así pues, la transformación intercultural se constituye como una apuesta por ir más allá de la razón moderna y encontrar respuestas producto de las prácticas culturales en función de otros modos de constituir el sentipensar del sujeto en el territorio.
En este sentido emergen la importancia de asumir que:
[…] la interculturalidad parte de la subjetividad de los actores sociales y sus realidades objetivas en geografías, espacios y tiempos específicos caracterizados por las profundas desigualdades sociales, económicas y políticas. Es decir que la construcción de la interculturalidad decolonial en la sociedad en general o en ámbitos particulares como el educativo, considera a la convivencia un eje determinante en los procesos de análisis, deconstrucción y reconstrucción de las diferencias, los conflictos, las disputas y las negociaciones en contextos de coexistencia asimétricos (Sandoval: 2018, p. 15).
La presencia de la interculturalidad crítica en Nuestra América, responde a un:
[…] proyecto de este tipo de praxis intercultural, para repensar la polis con y desde el otro, requiere de compromisos que exijan apostar por un nuevo presente que permita servir de aliento y esperanza a los movimientos sub-alternos que poco a poco decantan los tiempos para la acción práctica de sus resistencias y superación de los ámbitos de socialización donde se encuentran manipulados o controlados, por el orden del discurso del poder monocultural. La construcción de la alteridad demanda una conciencia de ser que se autorefiere al sujeto de la vida que siente que a través de sí es que la realidad de las cosas y seres, adquieren sus características dentro del mundo de la naturaleza o del mundo de la humanidad (Márquez-Fernández: 2018, p. 4).
La incidencia del pensamiento intercultural crítico, tiene que ver con una filosofía hecha praxis, es decir, que comparte las luchas de los invisibilizados, aquellos grupos que asume un reconocimiento interno producto de la apuesta por escenarios autónomos, deliberativos y horizontales, en donde sea posible articular los procesos resultado del diálogo abierto y el debate con enfoques provenientes de la filosofía, teología,economía y política de la liberación, las teorías feministas, los movimientos sociales, la subjetividad y el poder entre otros.
Al mismo tiempo, la contingencia de reconocer los fenómenos sociales, políticos, económicos y culturales como la oportunidad por establecer lazos interculturales, que sean congruentes con las demandas del sujeto contrario a la lógica institucional del Estado, es decir, que apuesta por la construcción de saberes que tenga la capacidad de canalizar los conflictos, las violencias y las injusticias, que sirva como una convivencia pacífica, deliberativa y armónica orientada a identificar las diferencias sustanciales como un antecedente por superar las relaciones autoritarias al interior de los escenarios democráticos (Márquez-Fernández: 2015).
El carácter horizontal que existe en el discurso intercultural crítico, responde a una reflexión sobre lasprácticas que se constituyen en el sujeto, al optar por establecer un espacio donde el diálogo sea la base para la re-solución de los conflictos y la búsqueda de alternativas en sean acordes a los intereses de los de abajo. Al mismo tiempo, se identifica con una dinámica por indagar, describir, comprender y explicar los modos inductivos de la realidad con el fin de constituir una narrativa social acorde a las demandas/potencialidades por descolonizar los ámbitos educativos, familiares, sociales y culturales que hacen parte de lo público.
De este modo, las relaciones sociales interculturales facilitan una forma distinta de aprender-aprendiendo y co-laborar desde la base social, es decir, se infiere como un proyecto en donde el sujeto adquiere la posibilidad de impulsar acciones en pro del interés colectivo, siendo un pilar encargado de robustecer los tejidos comunitarios a partir de las emociones, los sentimientos y los pensamientos en el territorio. Siendo de gran relevancia, proponer un escenario que logre posicionar prácticas interculturales sustentadas en lo propuesto por Boaventura de Sousa Santos:
[…] la ecología de saberes es una profundización de la investigación-acción. Es algo que implica una revolución epistemológica […] Consiste en la promoción de diálogos entre el saber científico y humanístico que la universidad produce y los saberes legos, populares, tradicionales, urbanos, campesinos, provincianos de culturas no occidentales (indígenas, de origen africano, oriental, etc.) que circulan en la sociedad (Santos: 2004, p. 69).
La lógica de establecer una ecología de saberes en el marco de una trayectoria intercultural crítico, reside en legitimar los conocimientos excluidos por el paradigma de la modernidad/colonialidad. Para dar el salto, hacia una justicia desde abajo que pueda partir de una comunicación abierta entre lo popular, académico, científico y comunal, empezando por la necesidad de subvertir los órdenes establecidos de los grupos hegemónicos, y dar el paso a develar otras formas de prácticas culturales subalternas.
La dimensión política de la subalternidad radica en hacer grietas a la condición del capitalismos cognitivo,partiendo de superar la brecha de la injusticia de saberes y la descalificación del conocimiento, el cual no es reconocido por la racionalidad positivista-moderna, ya que se ha encargado de imponer una estructura colonial sustentada en legitimar un cierto tipo de teorías, enfoques, conceptos y metodologías propias del discurso empírico- analítico de corte colonialista (Picotti: 1990). Igualmente, es de suma importancia para Márquez-Fernández establecer un campo epistémico intercultural que empiece por reconocer:
[…] el punto de choque o de quiebre donde el pensamiento colonial sufre su discontinuidad, respecto a sus fines pragmáticos, apunta claramente a una fractura de su “filosofía” de la objetivación del otro, por lo que se requiere de una praxis decolonial donde se recupere la subjetividad del sujeto desde sus formas de vida alternativas actuales, encubiertas por diversos sistemas alienantes de la cultura hegemónica, cada vez más globalizada por la tecnociencia de la producción del capital (Márquez- Fernández: 2018, p. 8).
La complejidad de la narrativa intercultural crítica, emerge como una propuesta que va en contravía a las formas tradicionales del conocimiento, debido a la necesidad de superar las brechas de saberes impuestas por la modernidad/colonial. Por ende, se constituye como un proceso descolonizador que promueve un conocimiento teórico – práctico como muestra de las bases alternativas que permitan ir más allá de la narrativa oficial/tradicional que versan sobre los discursos acerca de lo étnico, lo cultural, lo social, lo lingüístico, lo político, de género y económico en el plano local, regional y nacional.
INTERCULTURAL Y PRAXIS SUBALTERNA
La capacidad de sentir las voces y los discursos que proviene de las culturas marginadas/excluidas, implica una apuesta por instituir la praxis subalterna del sujeto bajo la dinámica de espacios interculturales, los cuales puedan establecer un camino distinto que permita asumir una filosofía en la acción que sea congruente con la reflexión desde abajo, y en coherencia con la dinámica dialógica del individuo que se propone cuestionar desde adentro las estructuras endogámicas establecidas por los sectores hegemónicos al interior de la arena pública (Márquez-Fernández: 2016).
La capacidad de incursionar en los saberes alternativos provenientes de la descolonización, tal como resulta ser la cosmovisión indígena, las prácticas milenarias y los rituales que hacen los pueblos en movimientos en defensa de la vida, el territorio, la naturaleza y la coexistencia en un ambiente de armonía y paz en la comunidad. Demuestra, la importancia por optar por un camino en donde sea posible la construcción de una praxis intercultural, que responda a la re-configuración de otra realidad que tenga en cuenta las demandas internas/externas del sujeto en sociedad.
Tal como lo argumenta, Fornet-Betancourt cuando asume que la filosofía intercultural se establece como un discurso que irrumpe con la tradición normativa de la modernidad, y da el paso a un escenario caracterizado por el reconocimiento de las prácticas del sujeto sustentadas en los sentimientos, emociones y subjetividades que constituyen la realidad social del mismo. La tarea de asumir los procesos interculturales, consiste en elaborar un plano horizontal donde lo epistémico, lo teórico y lo metodológico responde a lo práctico, es decir, asumir una postura que no sólo se quede en el ámbito académico sino que se articule con las denuncias/demandas elaboradas por los grupos subalternos (Fornet-Betancourt: 2016).
Las luchas socio-culturales que han realizados los actores periféricos en la región, se configura como un aspecto de emergencia por descolonizar las estructuras modernas impuestas por los actores hegemónicos, dando paso a una lógica inter-subjetiva que tenga la capacidad de cuestionar/transformar desde adentro y logre orientar los intereses constituidos del sujeto. Aquí, el rol comunitario está vinculado con el reconocimiento de experiencias propias de una democracia de abajo, ya que se propone un marco plural, deliberativo y asociativa en donde el sujeto tenga la capacidad de incidir por un ambiente propio de la justicia cultural en la comunidad y el territorio.
Por tal razón, la interculturalidad crítica Latinoamericana refleja una apuesta teórico-epistémica de largotrascendencia, ya que pretende integrar saberes de forma horizontal en función por descolonizar las prácticas, discursos y narrativas del sujeto en su realidad comunitaria (Restrepo: 2011). La lógica de interculturalizar los saberes tiene que ver con una dinámica que pretende contribuirá a realizar un contexto donde la justicia, la verdad y la liberación del proceso inter-subjetivo sea la base por reajustar la diversidad de culturas a partir de un diálogo abierto y horizontal desde el sujeto en sociedad.
La resistencia de las comunidades y los grupos subalternos a lo largo de Nuestra América, demuestran el sentido práctico de los procesos de liberación que responde en su interior a la razón de ser de la interculturalidad crítica, ya que la cuestión epistémica se identifica con las diversidad, las luchas y las autonomías que se gestan como apuestas alternas para hacer grietas a la condición hegemónica que instituye la sociedad moderna/colonia, que opta por un pensamiento funcionalista/sistémica orientado alcapital privado transnacional, lo que va contravía de las formas emergentes de construir el desarrollo, la paz y la democracia desde abajo (Fornet-Betancourt: 2004).
En este sentido, la crítica intercultural a la globalización neoliberal se identifica como un proyecto que pretende romper con las formas tradicionales del conocimiento y los métodos/modelos impuesto por los actores hegemónicos, para dar el salto hacia un esquema descolonial que pueda establecer diálogos con los actores y a su vez cuestiones/proponga un modelo alterno al tradicional donde las ideas, los sentires, las emociones y las imágenes puedan ser un vínculo para ir más allá de los paradigmas clásicos del saber (Márquez-Fernández: 2012)
Tal como sucede en nuestros tiempos donde:
[…] el intento de la sociedad neoliberal por uniformizar o estandarizar la sociedad a través de principios universales que imponen un reconocimiento y aceptación, como principios que contienen y suprimen las diferencias en aras de una igualdad formal en las relaciones de la producción, del intercambio y de las relaciones sociales consideradas y aceptadas como necesarias para todos, es completamente fallido y estéril. Los nuevos movimientos sociales que se están gestando y desarrollando en la América Latina, ponen sobre el tapete la deslegitimación filosófica y el desconocimiento de los ideologismos políticos de las clases hegemónicas para perpetuarse en el poder (Márquez-Fernández: 2008, p. 3).
La vitalidad de asumir un pensamiento crítico latinoamericano en materia de los estudios interculturales, se encuentra asociado a la interacción de la idea del trabajo co-laborativo y la horizontalidad del saber, debido a que efectúa un esquema que parte de la noción por cuestionar la modernidad capitalista y el pensamiento hegemónico, dado elementos a los modelos alternativos propio de la praxis del sujeto que insiste en construir desde adentro y en función de las demandas de las sociedades teniendo en cuenta las dinámicas de crisis estructural de nuestros tiempos (Sandoval: 2016).
Pensar desde el sujeto una praxis intercultural propia del pensamiento subalterno, radica en no generaruna repetición del conocimiento moderno/colonial, sino de establecer un espacio público donde el ciudadano tenga la capacidad de transformar su contexto local, a su vez, genera una serie de acciones encaminadas a la dimensión ético-política del actor que si sitúa en lo político, debido a la capacidad de reconocer que la acción intersubjetiva cuestiona los modelos de dominación patriarcales, coloniales y neoliberales que se re- producen al interior del imaginario colonialista propio del Estado capitalista.
El sentipensar intercultural crítico ocupa un lugar importante en el plano de lo político, ya que se configura como un discurso que cuestiona los organismos internacionales en su marco institucional, para asumir una dinámica que legitime las movilizaciones, el sentir y las acciones de los grupos subalternos, aquí las luchas indígenas, afros, feministas y campesinas entre otras, son instintivo de los movimientos descoloniales encargados de cuestionar el orden político dominante para dar el salto hacia tendencias alternas que no son legítimas/reconocidas por los grupos hegemónicos.
En nuestra situación, partimos de asumir que la perspectiva de la interculturalidad crítica responde a condiciones distintas a las tradicionales, dado que establece un escenario donde la diferencia sea la base para constituir diálogos abiertos, horizontales y deliberativos que sean la plataforma para suponer modelos interculturales que estén orientados a la transformación de las realidades de los actores oprimidos y sometidos a las violencias, el despojo y la invisibilizado por parte de los grupos políticos que re-producen el poder colonial propio del capitalismo moderno
La teoría crítica parte de concebir la importancia de establecer un vínculo entre la teoría-práctica a partir de las necesidades, se sumerge en lo manifestado por Álvaro Márquez cuando señala que la teorización de la realidad no debe ser la tarea inicua del conocimiento, sino parte de la dinámica por transformar las condiciones sociales e históricas de existencia. Al mismo tiempo, la tarea del pensamiento intercultural críticotiene que ver con la posibilidad de combinar la dinámica teórica con la práctica subalterna con el fin de establecer nuevas rutas que sean el principio de esperanza basada en un equilibro entre el valor de la vida, la naturaleza y la dignidad del sujeto en lo colectivo (Díaz: 2008).
La importancia de ir más allá de la simple crítica per se/ a priori, representa el sentido práctico e intersubjetivo que se configura en el pensamiento intercultural, lo que implica que es un espacio epistémico- político que logra establecer un diálogo con la dinámica de la descolonización, la teoría crítica Latinoamericana y las movilizaciones de los grupos subalternos entre otros. Ya que se posiciona como una narrativa que logra comunicar la oralidad, el testimonio y la experiencia del sujeto al irrumpir con el molde de la objetividad, dado el salto hacia la emergencia de cambios en sintonía con la diversidad sexual, étnica, religiosa, lingüística, cultural e ideológica que existe en los colectivos sociales (Márquez-Fernández: 2007).
El reconocer que discursos como el multiculturalismo, la ciudadanía multicultural y la interculturalidad estatal, representa narrativas que emergen como una apuesta por dar espacio a la diferencia social y los excluidos, pero con el tiempo se convierte en un grillete utilizado por la sociedad neoliberal y el Estado capitalista. Por ello, dicha perspectivas hacen parte de la dinámica eurocéntrica del conocimiento, dado que objetivizan/modulan al sujeto asumiéndolo como un objeto de estudio, el cual es funcional a los intereses del capital cognitivo y la racionalidad instrumental moderna.
Por ende, la importancia de re-pensar los códigos, las constituciones y los proyectos institucional que incorporan la interculturalidad, responde a lo que Márquez – Fernández asume como una apuesta subalterna que irrumpe con aquellos significados impuestos por el poder colonial, para así buscar alternativas desde la praxis de la liberación del sujeto en función de un acto reflexivo interno/externo que es legitimado por la comunidad en el ámbito de lo político y lo público (Márquez Fernández: 2018). Tal como lo implica, las formas de organización indígenas, los concejos comunitarios de los pueblos afros/negros y la distribución socio- territorial de las comunidades agrarias/campesinas en su territorio, siendo el resultado de un proceso horizontal orientado a constituir la política desde la praxis del sujeto contrario a la lógica moderna/colonial de imponer el poder político desde Estado y las instituciones colonialistas.
El proyecto de la descolonización no está mediado por los intereses privados de los grupos políticos quese encuentra en el Estado y monopolizan las instituciones burocráticas, tal como ha sucedido en los gobiernos de Ecuador, Bolivia, Venezuela y Argelia que han construido una agenda política partiendo de principios que se encuentra en los estudios descoloniales, y a primera vista intenta reflejar una postura abierta, dialógica y plural. Sin embargo, la narrativa descolonizadora en el marco de la interculturalidad crítica se plantea como una reflexión de larga duración que emerge/construye desde la intersubjetiva del sujeto en el marco de la transformación de la realidad social desde y con los de abajo (Alonso & Alonso: 2015).
La experiencia de proponer un diálogo intercultural crítico se constituye como un marco de referencia encargado de dar un giro epistémico y conceptual, debido a que parte de reconocer la experiencia del sujeto en el marco de la transformación de la realidad social, así pues, se propone como una reflexión en un sentido holístico que opta por reconocer las subjetividades, las prácticas y las narrativas que se construyen al interior de los grupos, colectivos y actores sociales, siendo una muestra de hacer de investigación acción- participante desde el sujeto y la comunidad.
El proceso dialógico pretende ser una expresión-practica conducente a subvertir los órdenes impuestos desde el paradigma moderno/colonial, que es legitimado/usado por las élites en los territorios. Por ende, la necesidad de incorporar a los “otros” como un “nosotros” se articula con la capacidad de establecer vínculos que faciliten las identidades colectivas, dado la importancia de legitimar las diferencias como el resultado de otras formas de hacer, ejercer y construir conocimiento proveniente de la experiencia del sujeto en su praxis de resistencia, liberación y autonomía al interior de los espacios públicos.
Las luchas políticas que han ejercido los movimientos sociales y los grupos subalternos por promover un proyecto descolonizador en clave intercultural, se asume como iniciativa que rompe con los cánones de lamodernidad/colonialidad caracterizada por un tipo de racionalidad instrumental, una mono-cultural y un modelo positivista de ciencia, por el contrario, la apuesta por interculturalizar el conocimiento desde el sujeto radica en cuestionar las estructuras que generan segregación/ dominación al interior de los grupos subalternos en el marco de superar el poder de influencia del capital dentro del sistema mundo moderno- capitalista.
El conjunto de prácticas descoloniales desde el sujeto y en el territorio, se vincula como una muestra por construir un diálogo abierto entre culturas desde una mirada horizontal, siendo una razón que exige romper con la lógica de dominación impuesta por la racionalidad moderna, para dar el salto a las relaciones sociales caracterizadas por instituir una co-laboración en donde los actores sociales logren formar un proceso de integración y deliberación en la comunidad política y los espacios socio-culturales.
Por tal razón, los cambios sociopolíticos que se gestan en Nuestra América pensados desde un marco intercultural crítico, son aquellos que optan por descolonizar las estructuras del saber, el ser y el poder del sujeto, las rebeliones/resistencias territoriales por constituir un orden alternativo al hegemónico, y las movilizaciones populares en las comunidades. Esta serie de prácticas hacen parte de la matriz descolonizadora por establecer interacciones inter-culturales que rompan con la lógica monolítica de la sociedad para dar paso a la diversidad holística pensada desde la realidad social de los de abajo.
El ejercicio político por democratizar la democracia desde el sujeto, significa un acto intercultural críticoque apuesta por dar otro sentido a los procesos de lo político y lo público, ya menciona los vacíos que existen del pensamiento liberal de la democracia, al ser un campo epistémico que ha sido usado por los grupos políticos y actores dominantes en los distintos espacios públicos de la sociedad civil. La razón consiste en comprender las configuraciones alternas que se gestan desde la praxis intercultural y liberadora del individuo en los espacios de discusiones y construcción colectiva.
El proceso autonómico del sujeto por incidir en la transformación de su realidad social, demuestra la importancia por controvertir los órdenes modernos/coloniales, y dar espacio al sentipensar desde la acción y los sentimientos que existen en el territorio. Lo que significa, una apuesta teórico- conceptual y práctica por comprender la intersubjetividad de los actores en el plano individual/colectivo, en consonancia a la necesidad de reconocer que el orden hegemónico es el resultado del imaginario colectivo del poder político colonialista, siendo el referente ad doc por subalternizar desde la praxis del sujeto en la comunidad política (Sandoval: 2013).
Por consiguiente, el discurso de la democratización subalterna no se agota en la mera narrativa de proponer cambios, sino que manifiesta todo un corpus de saberes situados en una praxis intersubjetiva que cuestiona los espacios privados, el Estado, el mercado, la sociedad civil y las instituciones debido a su contenido y forma de hacer la política desde los intereses privados del capital transnacional y la globalización neoliberal, es decir una colonialidad del poder (Sandoval: 2016). Parte de esta lógica, se articula a reconstruir desde abajo los conceptos de ciudadanía, comunidad y lo público en donde exista la posibilidad de reconocer la liberación desde la praxis intersubjetiva como una apuesta subalterna ante los procedimientos normativos, lineales y monoculturales que existen en la sociedad moderna/colonial.
La interculturalidad crítica contiene una dimensión ética del sujeto en lo que concierne los procesos políticos que emergen de su praxis en sociedad, la razón radica en plasmar un espacio deliberativo e intercultural de lo público como una muestra de la capacidad de vinculación que tiene el ciudadano sobre los procesos al interior de la democracia. Lo que implica, ir más allá de la narrativa y los discursos sobre la politización de la cultura para dar sustento a las experiencias que influyen en un nuevo orden social en la comunidad. La particularidad de esta propuesta consiste en superar la dimensión procedimental de las instituciones y los espacios politizados por el poder colonial, intentando desde abajo generar una comunidad política que tenga la capacidad de construir procesos desde una perspectiva inter-cultural y horizontal.
En consecuencia, la perspectiva crítica parte de reflexionar:
[…] que el diálogo entre culturas es la matriz del concepto neoliberal de “interculturalidad”, podemos inferir que subyace una crítica a la hegemonía de la cultura dominante que no trasciende al cuestionamiento de las estructuras violentas económicas, sociales y políticas dominantes de la sociedad capitalista que generan injusticias, desigualdades, pobreza y miseria que de manera frecuente incentivan los conflictos y la diversidad de violencias. Es decir, que las relaciones entre culturas son también relaciones sociales determinadas por las relaciones de poder que se caracterizan por ser de explotación, marginación, exclusión, indiofobia, dominación masculina, racismo, misoginia, desconocimiento de otros saberes y de “epistemicidios”, entre otras (Sandoval: 2018, pp. 26-27).
La necesidad de fortalecer la dinámica autónoma del sujeto en comunidad, tiene que ver con la capacidad de establecer diálogos abiertos e interculturales desde el contexto de los actores, es decir, asumir un giro epistémico-político que tenga en cuenta las formas de descolonización del poder político, la comunidad, el Estado y los grupos económicos encargados de imponer una racionalidad moderna. Parte de este proyecto radica en establecer otros escenarios donde la colaboración y socialización sean parte de la construcción de saberes desde la otredad y en función de los intereses compartidos que coexiste en los espacios políticos.
Los postulados de una dinámica intercultural crítica parte de reconocer procesos interdisciplinarios entredistintas formas de concebir las ciencias sociales, aquí se apuesta por un conocimiento en donde el pensar, el sentir y el hacer sean factores fundamentales de la co-participación de la construcción del mismo. Por ello, la descolonización pensada a través de los principios de la interculturalidad de las sociedades, refleja un sentido epistémico inmerso en la praxis del pensamiento orientado a concebir otra forma de construir una realidad que logre superar las brechas de la pobreza, la violencia, la desigualdad e injusticias que caracteriza la sociedad moderna/colonial propia del capitalismo global.
La necesidad de superar la concepción que existe sobre:
[…] los poderes hegemónicos del Estado y la sociedad neoliberal, que requieren de un corpus o sistemas de transferencias y concentración de poderes, que le permitan un “armónico equilibro” entre las diferencias de clases. La consensualidad que produce la hegemonía, está dirigida a cohesionar las relaciones sociales en obediencia a ciertas normas socio-políticas y jurídicas institucionales que le permiten al pueblo o ciudadano, orientar el ejercicio de su poder necesariamente a favor del poder constituyente de los poderes sociales, políticos y económicos (Márquez-Fernández: 2008, p. 3).
Por este motivo, el sentipensar del sujeto refleja una forma intercultural crítica por construir saberes desde la experiencia de los actores en la comunidad, ya que reconoce el contexto, las vivencias y las luchas de los colectivos que apuesta por superar las brechas que ha generado la modernidad capitalista, a su vez, buscar transitar por una realidad donde la praxis intersubjetiva represente la apuesta por otros mundos posibles tiendo en cuenta los intereses constitutivos de las comunidades en los territorios.
Las dimensiones de los estudios interculturales críticos reflejan un campo epistémico de larga discusión que logra establecer elementos que se articulan con la descolonización del saber, y legitima las epistemologías del sur global como aquellas epistemes que reconocen la lucha de la otredad, la diferencia sustancial del sujeto y las dificultades de los grupos subalternos al ser resultado de construir conocimiento desde abajo. Igualmente, permite tener en cuenta la importancia de realizar un tipo de investigación social que responda a las demandas del actor que coexiste en un escenario intercultural, abierto y solidario en comunidad.
Parte de la crítica intercultural del sujeto en la comunidad, tiene que ver con una dinámica del pensamiento descolonial, que se identifica como una apuesta por:
[…] demostrar que el fracaso del Estado neoliberal capitalista, reside en su incompetencia para resolver la conflictividad política que tiene su origen en la sociedad de clases en la discriminación y la segregación. Producidas las causas en las que se sustentan las contradicciones de clases: la praxis liberadora no la porta las clases dominantes. Esa praxis le corresponde histórica y culturalmente, a las clases subordinadas o alienadas. Son éstas, entonces, las que deben construir las nuevas relaciones sociales desde su alteridad… devastada por la destrucción de su conciencia social y de su conciencia moral ciudadanía (Márquez-Fernández: 2008, p. 12).
En Nuestra América, los procesos de resistencia frente a la globalización neoliberal se han constituido como un punto de inflexión que ha permitido rescatar los valores, sentimientos y pensamientos, a través de la diversidad, la pluralidad y la diferencia del sujeto en lo social, lo político y lo económico. Dicha situación, se configura como una muestra por establecer un campo de respeto entre las culturas que contribuya a las identidades de los pueblos, las comunidades y los movimientos que asume un sentido práctico por construir un saber a partir del dialogo intercultural como la muestra de una praxis orientada a la alteridad que reconoce la otredad en una dimensión integral de la vida.
La necesidad de articular la praxis ético-política del sujeto, a partir de la narrativa intercultural, expresalos intereses de superar las barreras normativas y coloniales que están pensadas desde el Estado, dando paso a las formas de organización y resistencia desde abajo siendo una muestra por descolonizar las estructuras del modelo neoliberal que establece/impone una cultura dominante funcional a los intereses sistémicos del capital privado. En contravía, a esta racionalidad emerge la alternativa del proyecto dialógico e intercultural que propone una globalización de las luchas, las resistencias y las autonomías identitarias, territoriales y comunales, las cuales establecen otro tipo de desarrollo, democracia, poder y comunalidad que se identificada por una praxis desde la ética de los valores subalternos y la liberación del sujeto.
En definitivas, la interculturalidad crítica pretende ser un proyecto descolonizador de las formas coloniales de hacer política, ejercer el poder y coexistir en comunidad. Se articula como una lógica que sitúa al sujeto como un actor sentipensante que apuesta por un mundo donde el diálogo, la verdad, la solidaridad y la convivencia sean aspectos que determinen los intercambios y la comunicación entre iguales, logrando que la cultural se convierte en un escenario del respeto, la pacificación, la justicia, la resolución de conflicto y la construcción de paz descolonial desde el sujeto subalterno.
A MODO DE CONCLUSIÓN
La emergencia del pensamiento intercultural crítico en Nuestra América se configura como una apuesta epistémica del sur, la cual tiene un trayecto de larga duración debido a su capacidad de establecer comunicación con enfoques provenientes de la ciencia política, la historia, la economía, la sociología y la filosofía entre otras. Esta serie de corrientes teóricas tiene la capacidad de plantear temas de investigación social desde el sujeto y las comunidades.
Las ideas holísticas que ofrece el pensamiento del filósofo anti-hegemónico y subalterno de Nuestra América Álvaro B. Márquez-Fernández, representan un corpus teórico de gran dimensión que versa en la capacidad de dialogar con miradas interculturales desde la perspectiva de la ética, la política, lo público, la ciudadanía, la subalternidad y la praxis del sujeto en los espacios políticos. A su vez, el sentido de reconocer las prácticas intersubjetivas como el insumo por descolonizar los discursos que existen en las estructuras modernas/coloniales se articula con el sentido práctico de los estudios interculturales en la región.
Así pues, la perspectiva de la interculturalidad crítica no solo se queda en un simple enfoque alternativo para las ciencias sociales, sino que pretende subalternizar los órdenes coloniales para lograr constituir otra realidad que este pensada bajo la dinámica de las relaciones de poder horizontales y una ética-política, al servicio de los más necesitados, es decir, una opción preferencial por el pobre, el despojado y el necesitado desde su propia condición y en función de la liberación a partir de su sentipensar en comunidad.
La tarea de resistir desde abajo se articula con las nociones que teorizó Álvaro Márquez-Fernández, al proponer desde la investigación y la narrativa académica- popular unas ciencias sociales subalternas en medio de un proceso dialógico abierto, multidisciplinar, deliberativo y horizontal, tal como lo representa la apuesta por casi 25 años de la Revista Utopía y Praxis Latinoamericana, que se ha dado la tarea de cuestionar radicalmente desde una praxis de la liberación, aquellas lógicas coloniales del capitalismo cognitivo, los grupos corporativos y las clases endogámicas/privadas que desarrollan un tipo de ciencia, pensamiento, universidad, la cual está en función del interés privado del capital transnacional a través de la demanda colonizadora de los grupos corporativos en el sur global.
La propuesta de Márquez-Fernández a través del proyecto de Utopía y Praxis Latinoamericana, simboliza un escenario intercultural crítico que da paso a las discusiones de mayor nivel en el sur global, y bajo la necesidad, la experiencia y el contexto de los grupos subalternos que parten/cuestionan de sus luchas socio- culturales desde abajo, siendo parte del significado del pensamiento descolonial en Nuestra América.
En últimas, las luchas descoloniales cuestionan de forma concreta nuestros tiempos turbulentos y sometidos a la crisis sistémica/viral del capitalismo y la globalización neoliberal, la cual ha impuesto una racionalidad identificada con la dominación, la explotación y la miseria de los grupos sociales en la región. La praxis ética, intercultural y subalterna propia del pensamiento de Márquez-Fernández, es/será un baluarte para las futuras generaciones que apuestan por un mundo donde la justicia, la verdad, la resistencia y la paz sean la ruta de valores que dignifiquen las rebeliones de los escenarios que configuran la utopía de Nuestra América y la praxis de los movimientos, comunidades, actores y sujetos que en su esencia hacen coexisten con el proyecto de descolonizar nuestras realidades, en función de otros mundos posibles y necesarios en donde la esperanza por un buen vivir al interior de los pueblos y territorios latinoamericanos sea una realidad social.
BIODATA
Eduardo Andrés SANDOVAL FORERO: Doctor en Sociología, Maestro en Estudios Latinoamericanos, y Antropólogo Social. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México nivel II desde 1995. Profesor invitado de universidades de: Estados Unidos, América del Sur, España e Italia. Fundador y Coordinador Académico de la primera Maestría y Doctorado en Educación para la Paz y la Convivencia Escolar en Nuestra América. Publicación más reciente: Etnografía e investigación acción para los conflictos y la paz. Metodologías descolonizadoras. Ediciones Aragua, Venezuela. Profesor-investigador del CIEAP, Universidad Autónoma del Estado de México.
José Javier CAPERA FIGUEROA
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Notas