Portadilla
El ave maría purísima del hombre nuevo
The hail mary of the new man
El ave maría purísima del hombre nuevo
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 24, núm. 85, pp. 11-36, 2019
Universidad del Zulia


1.-
Probablemente la mejor antología del pensamiento de Ernesto Che Guevara es la publicada, bajo la dirección de José Aricó, por la editorial Siglo XXI (México) en 1977, diez años después del asesinato de Guevara. La obra lleva como título “El socialismo y el hombre nuevo” y su texto inicial es El socialismo y el hombre en Cuba (1977, p. 3-17). Se trata de una carta extensa que Guevara envió a Carlos Quijano, del semanario uruguayo Marcha en marzo de 1965. Quijano la publicó el 12 de ese mes. Este artículo comenta los campos temáticos de esta carta y extiende el análisis a otros dos textos de Guevara: Sobre la construcción del partido y El partido marxista- leninista, por razones que se explicarán en el cuerpo del trabajo. La secuencia temática de la carta que se comentará como eje de la discusión, es la siguiente: a) contrastar con la experiencia cubana el estereotipo que indica que en la etapa de construcción del socialismo su eje consiste en “la abolición del individuo en aras del Estado”; b) conceptualizar desde la experiencia cubana la dialéctica de dirigencia y masa entendiendo esta última como un movimiento/movilización social; c) una determinación del individuo, abocado al proceso dramático de construir el socialismo en su doble carácter de ser singular (único) y parte de un colectivo; d) el carácter del vínculo entre estímulos morales y recompensas materiales en el proceso de construcción del socialismo cubano; el tema contiene un corolario: la sociedad como escuela; e) la complejidad de la dialéctica entre el partido y obreros de avanzada insertos en el seno de las masas desde la exigencia del avance colectivo de la conciencia social; h) la institucionalidad revolucionaria y el papel de las masas (conjunto consciente de individuos) en ella; i) una fenomenología de la total conciencia del ser social (conjunto consciente de individuos), el papel del trabajo no enajenado en ella y la generación no enajenada de medios de producción; el desalojo de la mercancía; j) la determinación de la etapa vivida en Cuba como un primer período de la construcción del socialismo, esta fase antecede a la construcción del socialismo y comunismo presentados por Marx; k) la formación del hombre nuevo y el papel de la tecnología en esta primera fase de la construcción del socialismo en Cuba; l) filosofía y arte en la construcción del socialismo; crítica del “realismo socialista” ll) los jóvenes como sector social; m) el Partido como organización de vanguardia; n) la personalidad (individual) como individuo dirigente de masas que hacen la historia; ñ) el radical sentimiento de amor trascendente que anima al revolucionario efectivo; o) el internacionalismo proletario o la necesidad de una revolución mundial; p) dogmatismo, burocratismo y sentimentalismo como lacras de los cuadros revolucionarios; q) construir en Cuba una nación de vanguardia, un pueblo de vanguardia. Al finalizar su carta, Guevara avanza unas conclusiones que buscan condensar/enfatizar lo que ya ha escrito. Haremos uso de esas condensaciones en el momento que corresponda. Hemos utilizado el cierre de su carta para titular este artículo: “Reciba nuestro saludo ritual, como un apretón de manos o un ‘Ave María Purísima’. Patria o muerte.
2.-
Es probable que algún lector se pregunte qué valor o pertinencia tendrá interesarse en el pensamiento político de Ernesto Guevara en el año 2019 cuando un capitalismo mundial y armado ferozmente maneja el planeta al parecer casi a su antojo y coloca en el horizonte o una Tercera Guerra Mundial, o un genocidio sin precedentes en la historia de la especie (sobra población y escasean planeta y empleo) o una crisis del ambiente que impida sostener la vida compleja en la Tierra. ¿Para qué prestar atención en este siglo XXI a un guerrillero? Parece más retro que un teléfono fijo. Pero Guevara no es solo ni principalmente un guerrillero o un político-militar. Personifica también la comprensión radical de que un planeta políticamente imperialista y culturalmente colonialista (que es una forma de decir ‘racista’ y ‘patriarcal’, por añadir dos referencias) exige una tenaz resistencia como forma de existencia, y que esta resistencia surge desde una espiritualidad que no cejar en su voluntad de cambiar el mundo. No solo los campesinos sin tierra o los jóvenes entusiastas pueden apoyarse en Guevara. También puede hacerlo la muchacha espiritual y artista que no encuentra lugar ni interlocutores para su deseo identitario, o el afrolatinomericano que toca la batería en un grupo de rock en las noches que no escribe poesía. Sobre Guevara existen muchos estereotipos. Uno de ellos es que se trató solo de un luchador político-militar finalmente asesinado e inmortalizado por una fotografía que lo tornó eternamente sexy. Guevara nunca fue parte de un espectáculo. Vivió, pensó, escribió, amó, odió y combatió. Hizo suya la idea de encarnar personalmente una projimidad que valoraba como prójimos a los producidos sistémicamente como más vulnerables para, desde ellos, proponer para todos y en todas partes un universo de seres humanos emancipados habitando sociedades integradas que articularían a los diversos constructivamente, sin discriminación alguna. Estas ideas y sentimientos de Guevara, centradas en experiencias de contraste, resistencias y combates no han perdido su valor. En cuanto a los métodos de objeción, crítica y lucha que conducen tanto a crecer humanamente como a la victoria, eso depende de las circunstancias. No hay receta. Sí una memoria de errores que no deben repetirse.
EL ESTEREOTIPO SOBRE EL SOCIALISMO COMO ABOLICIÓN DEL INDIVIDUO POR EL ESTADO
1.-
En política los estereotipos son construcciones imaginarias acerca de la realidad de grupos o experiencias a las que se considera expresiones opositoras o enemigas de la experiencia propia (con sus instituciones) y, por ello, peligrosas o indeseables. Un estereotipo no se determina ni como verdadero ni como absolutamente falso. Lo que interesa para su construcción y propagación es que la población que lo recibe/consume lo considere acertado o propio para su identificación positiva. Los costarricenses han creado y utilizan estereotipos acerca de sus vecinos nicaragüenses como manera de afirmar una identidad propia que valoran verdadera y humana comparada o en contraste con la de esos vecinos que resulta menos humana o bestial. Así, los “nicas” son ‘violentos’ y los costarricenses ‘pacíficos’. O los primeros se someten a dictadores en cambio los “ticos” son democráticos. La función de este tipo de estereotipo consiste en resultar creíble como factor identitario propio y ajeno. Por ello puede utilizar fragmentos de realidad (la dictadura de la familia Somoza en Nicaragua, por ejemplo) e introducirlos en discursos más amplios que configuran el estereotipo. Casi todo costarricense puede narrar una anécdota que muestra que los “nicas” son violentos y brutos. Ahora, salta a la vista que la población nicaragüense bajo ciertas condiciones soporta dictaduras y, bajo otras, las derriba mediante una guerra insurreccional como la de la década de los setentas del siglo pasado. Sin embargo, esto último solo confirma el estereotipo que dice que los ‘nicas’ (el término es despectivo en Costa Rica) son violentos y en cambio los costarricenses ‘pacíficos’. Normalmente se asocia ‘estereotipo’ con un prejuicio socialmente aceptado pero habría que añadir que el prejuicio puede ser deliberadamente creado por ciertos actores para falsear realidades (hoy con el peso de los medios masivos y las redes sociales resulta más cómodo) o gestarse desde sentimientos generalizados y más anónimos en las que se afirman ‘identidades’ mediante contrastes.
1.1.-
El estereotipo generalizado acerca de un ‘comunismo marxista’ (y, por extensión, de todo socialismo, que los hay diversos) que anula al individuo y sacraliza un Estado todopoderoso o totalitario posee al menos dos fuentes: la inspiración liberal europea (EUA es una prolongación peculiar de esta Europa) que afirma que el hombre-individuo hace la historia ya como emprendedor económico ya como ciudadano. Como el Estado se seguiría de un pacto entre individuos (o ciudadanos) no podría actuar contra sus intereses sin perder su naturaleza de Estado y falsear (tal vez del todo) la de esos individuos. En esta perspectiva ideológica el individuo resulta libre y creador por naturaleza (al igual que propietario de lo que produce) y por ello un Estado que lesione este carácter resulta ilegítimo o, ya en el siglo XX, ‘totalitario’ o con tendencias al totalitarismo. Fascismo, nazismo y comunismo propondrían Estados totalitarios donde el individuo no cuenta. La segunda fuente del estereotipo se aproxima a la historia del Estado soviético. Éste surgió de una movilización política que destruyó el dominio zarista sin haber creado previamente, aunque fuese en embrión, las condiciones económico-político-culturales (excepto los soviets, 1905) de una nueva sociedad que reemplazara al complejo régimen que manejaba la autocracia zarista. Bajo el zarismo la población mayoritaria estaba constituida por campesinos empobrecidos, un reducido sector obrero en los escasos enclaves industrializados, sectores medios de propietarios rurales y profesionales liberales, y grupos burgueses locales y extranjeros enriquecidos por la explotación minera e industrial y otra minoría aristócrata terrateniente. Para sostener un sistema social tan poco consistente (por fragmentado, hambriento, injusto, amplio [el imperio ruso podía albergar algo más de 174 millones de habitantes en el momento de la revolución]) y extranjerizado el zarismo contaba con la iglesia cristiana ortodoxa de la que era cabeza, que prometía el cielo para quienes se resignasen a las condiciones políticas de existencia y a su autoridad. El gasto que supuso para Rusia su intervención en la Primera Guerra Mundial y su pobre desempeño en ella acentuaron los sufrimientos para su población.
Derrotado el zarismo y otros sectores por los bolcheviques en 1917 (su lema fue “Paz, tierra, pan y todo el poder para los soviets”) la situación desastrosa del país (hambre, empobrecimiento generalizado, etc.) llevó a una Nueva Política Económica (1921-1929) que básicamente consistió en un restablecimiento capitalista limitado: libertad de cultivo y mercado agrícola, libre comercio interior y exterior, captación de técnicos extranjeros y autorización para que funcionasen medianas y pequeñas empresas capitalistas. El Estado mantuvo el control de lo que consideró ámbitos estratégicos: transportes, comercio exterior, banca y grandes empresas. La Nueva Política Económica sustituía al ‘comunismo de guerra’ [1918-1921: (planificación central, control estatal de las empresas, requisa de los excedentes agrarios, prohibición total de huelgas, racionamiento y distribución centralizada, ilegalización de la empresa privada, control militar de ferrocarriles)] en el que la economía se ponía al servicio de ganar una guerra civil (los historiadores soviéticos llaman al complejo y extendido conflicto ‘Guerra civil e intervención militar de 1917-1922’ que describe mejor la naturaleza del conflicto) en la que se enfrentaban principal, pero no únicamente, un Ejército Rojo (bolchevique) contra un Ejército Blanco (zarista o antibolchevique) al que apoyaban Estados Unidos, Francia, Japón y el Reino Unido. En breve: tras la liquidación del zarismo los bolcheviques soportaron un conflicto armado que determinó una economía de guerra; intentaron recuperarse de los daños de esta guerra con una Nueva Política Económica más liberal y flexible y cerraron este período con los planes quinquenales de inspiración estalinista que hicieron en tiempo record de la Unión Soviética la tercera economía industrial del mundo. Se le conoció como el ‘milagro soviético’. Este ‘milagro’ le permitió enfrentar con éxito a Alemania durante la 2° Guerra Mundial en la que la URSS resultó victoriosa aunque también como la economía/nación más golpeada por el conflicto. Un trabajo investigativo que no simpatiza con el estalinismo determina los caracteres de esta línea político-cultural: dictadura burocrática y régimen de Partido Único; centralización extrema de la toma de decisiones en el líder del Partido; burocratización del aparato estatal (identificación de Partido y Estado); intensa represión policial y militar sobre disidentes políticos e ideológicos; control de la comunicación social; colectivización obligatoria de agricultura e industria; permanente exaltación (propaganda) estatal y del nacionalismo Gran Ruso como mecanismo de cohesión social y reproducción de la sociedad1. Este trabajo no toca algunas de las cifras que circularon en Occidente sobre los números de la represión política estalinista: solo entre 1937-38 se habló de 20 millones de detenidos y para el período largo, desde el comunismo de guerra a la década de los 50, de 7 millones de fusilados. Obviamente en estas últimas cifras no toda la responsabilidad recae sobre Stalin. En el otro polo y para la primera cifra algunos contabilizan ‘solo’ 2.5 millones de detenidos y, para el período largo, 800.000 fusilados. Normalmente estos números se inscriben en un u otro bando propagandístico de lo que en el siglo XX se llamó Guerra Fría2. No está al alcance de personas comunes verificar los números. Esto sin considerar que en las décadas del 30 y 40 del siglo pasado los censos y estadísticas no eran en exceso fiables, cuando existían. Tampoco suelen mencionarse otros aspectos para nada siniestros del “milagro” soviético: el analfabetismo pasó del 78% de la población a inicios del siglo XX (zarismo) a un 33% en 1930. Y descendió a 10% en 1939. Después de la Segunda Guerra Mundial esta disfuncionalidad fue erradicada. Y la Unión Soviética se había convertido geopolíticamente (por su capacidad nuclear) en una de las dos potencias mundiales. Y también en la segunda potencia deportiva del planeta. A este asombroso y conflictivo proceso soviético siempre se le tuvo miedo en Occidente. Y este miedo/asombro es el factor que constituye el otro factor del estereotipo a que hace alusión Guevara en su carta. La planificación económica y el rigor político podían alcanzar éxitos económico-político- culturales incluso siendo procesos mundialmente cercados y agredidos (1965). La pareja emprendedor individual-mercado y régimen democrático de gobierno no era la única fórmula de éxito. Existían alternativas. O caminos que parecían serlo. Lo que no logró la Unión Soviética fue avanzar en una economía política marxista (por Marx-Engels). Su fracaso, autodisolución (1991) y el tránsito posterior al capitalismo más grosero (su rostro actual) no se derivó de su aplicación del ideario del socialismo marxista, sino más bien de su ausencia e incomprensión de él. En su carta, más adelante, Guevara observa que el escolasticismo frenó durante el siglo XX el desarrollo del pensamiento marxista e impidió el tratamiento sistemático de los primeros momentos de transición al socialismo/comunismo “cuya economía política no se ha desarrollado” (1977, p. 11). La Unión Soviética no pudo darse la oportunidad de elegir entre escolasticismo y teoría. Sus dirigentes se focalizaron en sobrevivir. Su experiencia se constituyó como un socialismo carencial. Su voluntad de sobrevivencia los condujo al capitalismo. Tal vez en su tragedia se encuentre parte significativa de la verdad no dicha de este último.
En todo caso, el marxismo-leninismo soviético, o estalinismo, nunca tuvo como referencia (tal vez no podía dársela) la representación de un ser humano universalmente libre y creativo capaz de recuperar su capacidad de sentirse/saberse/ comportarse como una especie natural en sociedades en las que el Estado se ha extinguido. Esta es la referencia del marxismo original (nadie afirma aquí que resulte alcanzable) aunque para ella Marx y Engels nunca hayan trazado la ruta que la conseguiría (excepto la mediación de una revolución obrera que en América Latina se traduciría como revolución popular).
LA SIGNIFICACIÓN DEL INDIVIDUO EN EL INICIAL PROCESO REVOLUCIONARIO CUBANO
1.-
Como se indicó, a Guevara le interesa en su carta mostrar cómo se presentaron sus campos temáticos tal como se vivieron en el proceso revolucionario cubano fechado inicialmente por las acciones ligadas al asalto al Cuartel Moncada en Julio de 1953. El ataque fracasó. Fidel Castro, que lo encabezaba, fue encarcelado, juzgado y posteriormente amnistiado y su relato sobre esos acontecimientos se encuentra en La historia me absolverá3. Guevara resalta el papel del individuo en esa etapa a la que describe como con solo “gérmenes de socialismo”. Puede traducirse como que el imaginario que dominaba en la movilización y sus dirigentes era liberal. No resulta extraño. José Martí (1853-1895) fue liberal y republicano. Escribe Guevara: “… el hombre era un factor fundamental. En él se confiaba, individualizado, específico, con nombre y apellido, y de su capacidad de acción dependía el triunfo o fracaso del hecho encomendado” (1977, p. 3). En la etapa de lucha guerrillera (Unidad Móvil Combatiente, diciembre 1956) este individuo, para Guevara, aparece en parte desplazado por dos actores: el pueblo, al que determina como ‘masa’ “todavía dormida”, es decir que está ahí y es interpelada pero no entra en escena, y su vanguardia, la unidad móvil combatiente a la que califica de “motor impulsor del movimiento, generador de conciencia revolucionaria y de entusiasmo combativo” (1977, pp. 3-4). Esta unidad de combate es alma o espíritu (principio que anima y da carácter) y también factor catalizador: creadora “… de las condiciones (político-culturales) subjetivas necesarias para la victoria” (Ibídem, p. 4, paréntesis no figura en el original). También en esta unidad de combate ve Guevara en el individuo “con historia de hechos notables en su haber” el factor fundamental. Cierra inicialmente este tema así: “Fue la primera época heroica, en la cual (los individuos) se disputaban por lograr un cargo de mayor responsabilidad, de mayor peligro, sin otra satisfacción que el cumplimiento del deber. En nuestro trabajo de educación revolucionaria, volvemos a menudo sobre este tema aleccionador. En la actitud de nuestros combatientes se vislumbra al hombre del futuro” (Ídem, paréntesis no está en el original). Como se advierte, Guevara enfatiza una transformación del espíritu. Sin esta transformación no existirá revolución. La Unidad Móvil Combatiente (su disciplina y sus diversos frentes de combate) es el ámbito de esta transformación del espíritu. El ‘espíritu’ del que habla Guevara consiste en la entrega total del individuo (que hace parte de colectivos) a la causa revolucionaria (Ibídem, p. 4). Advierte que “…encontrar la fórmula para perpetuar en la vida cotidiana esa actitud heroica es una de nuestras tareas fundamentales desde el punto de vista ideológico” (Ídem, itálicas no están en el original). Guevara establece dos relaciones: la fase/acción catalizadora de la unidad móvil combatiente resulta central para que la interpelación a la ‘masa todavía dormida’ consiga hacerla parte del proceso. Es el tema de la sensibilidad cultural (ethos) de la revolución. La segunda relación se establece con su observación sobre la existencia cotidiana: lucha y heroísmo como parte de una ‘entrega total’ hacen parte de una memoria social que resulta central para el éxito de una revolución en cuanto proceso que no se ocupa del final de su lucha, sino de empeñarse en ella en cada momento y acto de su existencia individual. Desaparece de esta manera el individuo como inercia determinada por las instituciones. Las instituciones deberán surgir del esfuerzo de individuos empeñados en los colectivos que configura el proceso revolucionario.
2.-
Guevara utiliza en su carta de 1965 un lenguaje ‘de masas’ que en buena medida es distante de la propuesta de la Segunda Declaración de La Habana (1962). En esta última el término ‘masas’ aparece relacionado con la noción de pueblo revolucionario y también con rostros sociales específicos: “…Pero esta lucha, más que aquélla, la harán las masas, la harán los pueblos; los pueblos van a jugar un papel mucho más importante que entonces; los hombres, los dirigentes importan e importarán en esta lucha menos de lo que importaron en aquélla. Esta epopeya que tenemos delante la van a escribir las masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados, la van a escribir las masas progresistas; los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de América Latina; lucha de masas y de ideas; epopeya que llevarán adelante nuestros pueblos maltratados y despreciados por el imperialismo, nuestros pueblos desconocidos hasta hoy, que ya empiezan a quitarle el sueño. Nos consideraba rebaño impotente y sumiso; y ya se empieza a asustar de ese rebaño; rebaño gigante de doscientos millones de latinoamericanos en los que advierte ya a sus sepultureros el capital monopolista yanqui”. La Segunda Declaración… apunta más aquí a la noción de sectores populares articulados en una lucha revolucionaria. Es el Sujeto Popular que alcanzó su existencia más significativa en el proceso cubano y en la insurrección nicaragüense con dirección sandinista. Este sujeto popular resulta más amplio y también más específico que el sujeto revolucionario determinado por el marxismo-leninismo: objetivo eje obrero u obrero-campesino capaz de convocar y aglutinar masas porque es dirigido por una organización (partido) de vanguardia ‘exterior’ a la clase obrera, pero a la vez capaz de interpretar y ejecutar las tareas de clase que los obreros de carne y hueso disuelven en el reformismo. Así la fase democrático-burguesa de la revolución (modernización) tenía conducción partidista porque la organización representaba los intereses obreros. En este sentido dinámico y existencial las masas son lo que Guevara niega: “Este ente multifacético no es, como se pretende, la suma de elementos de la misma categoría (reducidos a la misma categoría, además, por el sistema impuesto), que actúa como un manso rebaño. Es verdad que sigue sin vacilar a sus dirigentes, fundamentalmente a Fidel Castro, pero el grado en que él ha ganado esa confianza responde precisamente a la interpretación cabal de los deseos del pueblo, de sus aspiraciones, y a la lucha sincera por el cumplimiento de las promesas hechas” (1977, p. 4).
“Vistas las cosas desde un punto de vista superficial, pudiera parecer que tienen razón aquellos que hablan de supeditación del individuo al Estado, la masa realiza con entusiasmo y disciplina sin iguales las tareas que el gobierno fija, ya sean de índole económica, cultural, de defensa, deportiva, etcétera. La iniciativa parte en general de Fidel o del alto mando de la revolución y es explicada al pueblo que la toma como suya. Otras veces, experiencias locales se toman por el partido y el gobierno para hacerlas generales, siguiendo el mismo procedimiento.// Sin embargo, el Estado se equivoca a veces. Cuando una de esas equivocaciones se produce, se nota una disminución del entusiasmo colectivo por efectos de una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el instante de rectificar.” (Ibídem, p. 5). La descripción de Guevara resulta insuficiente. La conducción del proceso descansa en Fidel y el ‘alto mando revolucionario’, todos ellos estimados, por su comportamiento pasado ejemplar, como individuos sobresalientes que expresan al pueblo. Pero este último no constituye un ámbito activo del proceso sino principalmente reactivo. Así, cuando pierde entusiasmo le ha llegado a los dirigentes el momento de rectificar. El lugar epistémico- político-cultural, la ‘verdad revolucionaria del proceso’, descansa en los dirigentes, el gobierno y el partido. Ellos aparecen como el Sujeto. Su debilidad consiste precisamente en que en la historia de pueblo alguno, menos de uno ubicado en una zona geopolíticamente estratégica para un centro imperial, puede darse un Sujeto focalizado en minorías dirigentes o personalidades. Existen agentes o sujetos que funcionan en condiciones que ellos nunca pueden determinar por completo. De esta manera sus acciones contienen error o no factibilidad y los errores de las direcciones y ciertas no-factibilidades, situacionales o sistémicas, exigen una población agente organizada (un pueblo revolucionario) con capacidad al menos para señalar errores y también para definir su propio papel en la corrección de ellos. Esta capacidad crítica popular no lesiona la capacidad de los dirigentes para determinar, desde su perspectiva, los errores y para conducir, tomando en cuenta la crítica de ‘sectores organizados del pueblo’, el nuevo rumbo o los distintos énfasis de los procesos.
El tipo de organización de la que se habla, con base territorial, existió en Cuba desde 1960. Fueron los Comités de Defensa de la Revolución. Guevara no los menciona en su carta pese a que la tarea central de estos comités consistía en dar cuerpo a las tareas de cotidiana vigilancia política que demandaba en cada calle y zona una sociedad agredida por el principal imperio del mundo. Desde estas tareas de vigilancia ciudadana que cubrían el país, los Comités de Defensa de la Revolución ampliaron tareas y funciones para cooperar con la limpieza de calles, reciclaje de residuos, activación de mecanismos para el ahorro energético, patrullaje nocturno de vigilancia, recolección de sangre para hospitales, detección del crimen organizado, incorporación de los jóvenes al estudio y trabajo, atención a familias especialmente vulnerables y a ancianos. Los Comités participaron en la exitosa Campaña Nacional de Alfabetización (1960-61), propuesta por Guevara, y en las tareas de prevención, salubridad y vacunación contra, por ejemplo, la poliomielitis y el dengue hemorrágico. Aunque sin responsabilidad en la toma de decisiones estratégicas, estos Comités supusieron transferencias de poder y ejecutividad a los sectores populares organizados, ambos aspectos indispensables para una cultura revolucionaria que sabe que su proceso será agredido permanentemente y en todos los frentes. Guevara conoció estos Comités, pero no los menciona en su carta. Los Comités, que hacían del día a día existencial de los cubanos un aporte a la sensibilidad revolucionaria que sustentaría la nueva sociedad, llenaban bien, aunque no por completo, una de sus visiones: “…ahora las masas hacen la historia como el conjunto consciente de individuos que luchan por una misma causa. El hombre, en el socialismo, a pesar de su aparente estandarización, es más completo; a pesar de la falta del mecanismo perfecto para ello, su posibilidad de expresarse y hacerse sentir en el aparato social es infinitamente mayor” (1977: p. 10, itálicas no están en el original).
Aunque los olvida en su carta, Guevara habla en cambio de una instancia para nada independiente de los Comités Ciudadanos de Defensa de la Revolución: el Partido. Le dedica centralmente un párrafo al que previamente introdujo enfatizando el papel que en la Revolución Cubana adquirían la juventud y el partido.
EL PARTIDO MARXISTA-LENINISTA
1.-
El párrafo que Guevara dedica al partido en su carta a Carlos Quijano resulta esquemático (1977, p. 14). Lo determina como organización de vanguardia y compuesto por trabajadores/as propuestos por sus compañeros para integrarlo. Se trata de un partido de cuadros, o sea de militantes capaces de llevar adecuadamente la línea partidaria a los distintos frentes sociales (para ello requieren estar insertos en esos frentes) y también capaces para organizar la información que recogen en esos espacios (necesidades, aspiraciones, respuestas, ánimo) e informar a la dirigencia partidaria de la situación y pulso de esos distintos frentes sociales4.
Guevara no conoció al Partido Comunista de Cuba (se fundó recién en 1965, precisamente cuando él abandonaba Cuba), sino a sus organizaciones antecedentes, las Organizaciones Revolucionarias Integradas compuestas por el Movimiento 26 de Julio, el Partido Socialista Popular (Comunista) y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, creada en 1961, y el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba fundado en 1962 tras una pugna interna en el seno de la primera organización (juicio contra Aníbal Escalante y su grupo).
En el párrafo que le dedica al partido en su carta, Guevara añade otras características. Los cuadros del partido revolucionario son propuestos por sus compañeros trabajadores (utiliza el genérico indeterminado) para integrarlo. Y despliega dos ideas: mediante sus cuadros el partido se presenta como ejemplo vivo de laboriosidad y sacrificio en el enfrentamiento con los enemigos de clase, las lacras del pasado y el imperialismo (Ibídem, p. 14). La otra idea es una aspiración: imagina un partido de masas, pero cuando éstas “hayan alcanzado el nivel de desarrollo de la vanguardia, es decir cuando estén educadas para el comunismo” (Ídem). ‘Las masas’ podrían aquí ser entendidas como la ciudadanía organizada o como una ampliación del concepto de ‘trabajadores’ a otros sectores sociales y las mujeres. Los dirigentes del partido, en el futuro, provendrían de la elección que de ellos hiciese el pueblo de Cuba. Pero no extiende la idea.
2.-
Sin embargo Guevara en vida se responsabilizó asimismo por un prólogo al libro El partido marxista- leninista publicado por la Dirección Nacional del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba en 1963. Se trata de un texto considerablemente más amplio, que, en la edición de Siglo XXI, se extiende entre las páginas 45 y 52. Excepcionalmente ampliamos la carta a Carlos Quijano con este texto. La justificación para esta excepción, que es doble porque también remitiremos a otro texto, se encontrará en el comentario.
Tanto el título del libro que prologa Guevara como el encabezado de su prólogo utilizan la expresión/concepto ‘marxismo-leninismo’. En el texto mismo se menciona una declaración de Fidel Castro del 2 de diciembre de 1961: “… soy marxista-leninista y lo seré hasta el último día de mi vida” (Nota 3). Ahora, respecto del marxismo-leninismo se puede tener muchas opiniones, pero aquí destacaremos dos: se trata de una ideología (en sus sentidos de cosmovisión socio-política de clase y también de guía central para una política revolucionaria conducente a la sociedad comunista), o estamos ante una doctrina orientada centralmente a la constitución y defensa (reproducción ) del Estado soviético y a sostener el liderazgo incontrastable de la URSS en lo que se llamó en ese momento “revolución socialista-comunista mundial”. El texto de Guevara se centra precisamente en estos dos núcleos pero privilegia (por su extensión) la socio- historicidad del proceso cubano (algo más de seis páginas), mientras reduce las cuestiones generales o básicas a dos páginas. Estas dos páginas remiten al Manual del marxismo-leninismo de Otto V. Kuusinen (1881-1964), un finlandés expatriado muy próximo a la experiencia comunista (burocrática) encabezada por Stalin. Cito del manual aprobado oficialmente por la Unión Soviética en lo que respecta a la existencia de un único partido en la construcción del socialismo-comunismo: “Lo que precisamente da más fuerza a la dictadura del proletariado es que toda su labor se basa en una voluntad única, es orientada por el Partido según una idea única”5. El punto más polémico aquí no es la propuesta de un partido único, sino su papel y carácter (voluntad única, idea única) en sociedades compuestas de ‘masas’ populares internamente diferenciadas e ‘individuos’ diversos aunque agrupados pluralmente con los cuales la ‘voluntad única’ y la ‘idea única’ tendrán que dialogar y, probablemente en ese diálogo, ambas partes deberán esforzarse por aprender y también por desaprender. La existencia permanente de un solo polo que ‘nunca aprende’ no es de experiencia humana e históricamente ya se sabe condujo al fracaso. Ahora, si se está a las puertas de enfrentar una Guerra Mundial en la que se puede perder todo, se entiende que este verticalismo situacional puede resultar útil para efectos de sobrevivencia de la experiencia soviética.
3.-
Guevara recoge del manual soviético la idea del partido marxista-leninista: “… personas fundidas por una comunidad de ideas que se agrupan para dar vida a las concepciones marxistas, es decir para llevar a cabo la misión histórica de la clase obrera” (1977, p. 45). En el marxismo original ‘la clase obrera’ es un concepto (o categoría) propio de un modo de producción. Lo que existe en realidad (en situación singular y procesual, existencial) es el movimiento obrero. Ahora, pudiese darse que el movimiento obrero no desee el socialismo-comunismo porque no lo entiende o porque tiene una visión que le hace estimar que en ciertas formas de capitalismo puede mejorar su situación. Si es así, habrá que obligarlo a trabajar/producir (para el socialismo) en el mismo movimiento en el que se le impone una fuerza no reversible de Estado-partido. Según la referencia del manual, el partido constituye el ‘alma’ (lo que da vida y anima) a una misión histórica que surge de las concepciones-ideas marxistas. Si es así, se trata de idealismo y metafísica (en el sentido filosófico) redondos. El ‘alma’ solo puede surgir de la comunidad humana (partido) o interacción no directiva, aunque direccionada, y otra comunidad más amplia (movimiento obrero o masas). No resulta factible emancipar mediante procedimientos unilaterales y verticales. Si se camina hacia la emancipación, se tiene que alterar el esquema partido-que-todo-lo-sabe (porque ha leído a Marx/Engels y sigue a Lenin/Trotsky) y movimiento obrero o masas que nada saben (o al menos no saben lo que ‘en verdad’ les conviene). Guevara asume el punto directamente: “… un partido (revolucionario) no puede vivir aislado de la masa” (1977, p. 45, paréntesis no está en el original). Y añade rasgos de sus ligámenes: “… cómo debe estar en permanente contacto con ella, cómo debe ejercer la crítica y la autocrítica, y ser muy severo con sus propios errores" (Ídem). Seamos generosos y pensemos que la autocrítica y el reconocimiento de errores tienen como uno de sus factores el diálogo con el movimiento obrero y los sectores populares. Sin diálogo efectivo se perderá la posibilidad de corregir las desviaciones y errores del proceso a tiempo.
Guevara utiliza también respecto del capítulo de Kuusinen un lenguaje más clásico, pero lo matiza: “…el papel dirigente y catalizador de este partido, vanguardia de la clase obrera, dirigente de su clase, que sabe mostrarle el camino el triunfo y acelerar el paso hacia nuevas situaciones sociales” (Ibídem, p. 46, itálicas no están en el original). ‘Catalizador’ es un concepto central para la idea guevarista respecto a que las condiciones subjetivas de una guerra revolucionaria pueden inducirse… si las condiciones objetivas están ya presentes. Por supuesto el partido es de clase: o sea, según dice la Segunda Declaración de la Habana responde a una movilización popular emancipadora en el marco de una lucha de clases. Guevara termina esta fase de su texto indicando que la emancipación nacional (antiimperialista) en América Latina tiene carácter socialista. La burguesía latinoamericana carece de voluntad nacional: “…en América al menos, es prácticamente imposible hablar de movimientos de liberación dirigidos por la burguesía. La Revolución cubana ha polarizado fuerzas; frente al dilema pueblo o imperialismo, las débiles burguesías nacionales eligen el imperialismo y traicionan definitivamente a su país. Se pierde casi totalmente la posibilidad de que en esta parte del mundo se produzca un tránsito pacífico al socialismo” (Ídem). La revolución tendrá meta socialista, será armada y también, aunque no reductivamente, nacional.
3.1.-
El espacio más extenso del texto de Guevara remite a la experiencia cubana. Guevara inserta esta experiencia “en la época del desarrollo de la revolución americana” (Ídem). Guevara considera enriquecedor el despliegue cubano para las luchas emancipadoras de otros pueblos por su vigor y también por sus errores que han sido “analizados y corregidos públicamente, en contacto con las masas y ante el juicio de la opinión pública” (Ídem). El itinerario de Guevara, para hablar del proceso cubano, es el siguiente: i) el crecimiento y maduración de Fidel Castro como líder; ii) el aprendizaje, a partir de fracasos de la lucha armada revolucionaria. Ve en la unidad móvil combatiente la experiencia inicial que cataliza al movimiento popularde lucha en toda la isla; iii) considera la dinámica del ejército revolucionario y el entusiasmopopular que lo sostiene un eje de acumulación de fuerzas que no puede ser derrotado; iv) considera factores determinantes del éxito revolucionario cubano la manifestación de condiciones objetivas para avanzar hacia el cambio en el marco de una crisis de poder que ofrece los caminos para ese cambio. Recién aquí menciona al partido: “… la misión de los dirigentes y de los partidos es la de crear todas las condiciones necesarias para la toma del poder y no convertirse en nuevos espectadores de la ola revolucionaria que va naciendo en el seno del pueblo” (Ibídem, p. 48); v) determina los caracteres de la lucha revolucionaria popular: - de menor a mayor; - del campo a la ciudad; -que la lucha irregular y revolucionaria determine los campos que le son más favorables para su acción político-militar.; -claridad, pasión y unidad (de discernimiento y conducción) del análisis estratégico revolucionario: es la lucha por el control interno que, en el proceso cubano tiene connotaciones clasistas: “… el ejército rebelde (sierra) ya es ideológicamente proletario (…), el llano (ciudad) todavía sigue pequeño-burgués” (1977, pp. 48-49, paréntesis no están en el original). En la experiencia cubana la unidad de mando se conseguirá solo después del triunfo de la lucha armada; vi) el contenido y sentimiento antiimperialista resulta decisivo para el fortalecimiento de la sensibilidad revolucionaria: para cada acción imperialista se tenía una respuesta revolucionaria; vii) el control oportuno de la pugna sectaria y por el liderazgo (con desviación caudillista) en el seno de las direcciones revolucionarias; viii) la creación de un partido “vivo” (ágil) por su contacto con las centros populares, obreros y no-obreros: “… se estableció el sistema de consulta de todos los centros de trabajo” para que ellos eligiesen los integrantes de los núcleos del partido.
3.1.1.-
Conviene detener aquí la enumeración de connotaciones con que Guevara describe/determina al partido para ocuparse, sin afán histórico, de un aspecto de la contraparte que estas connotaciones enfrentaron. Básicamente ellas se referían a la conducción del proceso revolucionario y, con ello, a su carácter. Ya se mencionó la distancia entre llano y ciudad (partidaria esta última de una lucha armada general que conducía a una huelga general revolucionaria que daba el poder a los civiles y determinaba el carácter profesional del ejército). Existe asimismo un punto relacionado con esta cuestión que Guevara no menciona: el de la conducción o interna o exterior del proceso. Fidel expresaba al llano (lucha armada general y toma total del poder por el ejército popular) y también la tesis que la conducción decisiva residía en Cuba y no fuera de ella. Pero el centro de la descripción de Guevara en el ámbito de estas pugnas y enfrentamientos se centra en la discrepancia entre el liderazgo fidelista y el deseo de conducir (copar) el proceso de algunos dirigentes del Partido Socialista Popular (Comunista pro-soviético). Guevara describe así la fase culminante de esta pugna: después de eliminar desviaciones de derecha y “En el proceso de estructuración (del partido), el compañero Aníbal Escalante se encargaba de la organización y comenzaba una etapa negra, aunque, felizmente, muy corta, de nuestro desarrollo. Se erraba en los métodos de dirección; el Partido perdía sus cualidades esenciales de ligazón a las masas, del ejercicio del centralismo democrático y del espíritu de sacrificio. Recurriendo a veces, a verdaderos malabarismos se colocaban gentes sin experiencia y sin méritos en lugares dirigentes, por el hecho de haberse acomodado a la situación imperante.// Las ORI (Organizaciones Revolucionarias Integradas) pierden su función de motor ideológico -y de control de todo el aparato productivo a través de esta función- y pasa a ser un aparato administrativo” (pág. 50, el paréntesis no figura en el original). Política y culturalmente el desafío finalizó con la total condena de la llamada “línea sectaria” por parte de la dirección revolucionaria. Su principal dirigente, Aníbal Escalante, fue destituido en 1962 (viajó a la URSS y a Checoslovaquia) y retornó a Cuba un par de años después. En 1967 fue acusado de conspirar contra el gobierno cubano. Juzgado, se le sentenció a 15 años de prisión. Sin cumplir toda su condena retornó a Checoslovaquia o a la URSS. Murió en un hospital cubano en fecha no bien precisada. Muchos y encontrados hilos parecen moverse en el accionar de Aníbal Escalante. La relación más generalizada sobre su comportamiento, sin que pueda afirmarse que sea la verdadera, es la que lo muestra desconfiando o despreciando la determinación revolucionaria del sector fidelista (valoraba a sus principales dirigentes como “pequeño burgueses” y "aventureros") y propiciando que la conducción del proceso fuese encabezada por militantes ‘verdaderamente revolucionarios’ provenientes del Partido Socialista Popular (comunista). Conceptualmente estimulaba un fraccionalismo pro-soviético. Sin embargo este posicionamiento no parece haberle atraído el apoyo de la dirección de la Unión Soviética. Su postura en Cuba claramente era el de una minoría. El apoyo popular a Fidel era en cambio sólido y mayoritario en la población. Para la mayoría de cubanos que se quedaron en la isla Castro expresó siempre de manera apropiada, su propia ‘cubanía’ martiana a la que confirió, además, nuevos caracteres. Moverse contra su carisma y liderazgo fue, cada vez que ocurrió, intentar ir contra un más que animoso torrente colectivo. Este apoyo, sin embargo, tenía más de sentimiento que de organización consciente en relación con el carácter del proceso. Los sentimientos resultan indispensables para los movimientos y procesos revolucionarios, pero no son suficientes.
3.2.-
Realizado la precisión anterior acerca de los desencuentros y pugnas internas de los grupos revolucionarios, y liquidados en principio el sectarismo y el dogmatismo ausentes de contenido histórico y popular, Guevara estima que “Se abre ante nosotros un amplio y luminoso camino de construcción socialista en la que al Partido le toca la tarea de conducción. Esa conducción no será la de la orden mecánica y burocrática, la del control estrecho y sectario, la del mandar hacer, la del consejo que debe seguirse en cuanto a expresión verbal y no por constituir un ejemplo vivo, la del privilegiode las ideaso de la historia pasada” (1977, p. 51, itálicas no están en el original). La condena de los errores del pasado reciente está clara: no a la burocracia mecánica, no al control sectario (inevitablemente vertical porque proviene de quienes ‘saben’ contra quienes ‘no saben’), la del mandar hacer en lugar de enseñar a hacer con el ejemplo: haciendo; rechazo del idealismo filosófico y de la tradición o hegemonía de las pasadas relaciones de clase y sus antiguas identificaciones. Guevara no desea una organización burocrática que dirige a masas, sino un partido en diálogo crítico permanente con los diversos sectores sociales revolucionarios a los que se debe. Sin embargo, pese a su importancia, no avanza un diseño de cómo funcionaría esta propuesta. Al parecer, eliminadas las personalidades negativas, todo funcionaría bien. El desafío de la dinámica dirigencia-pueblo revolucionario resulta más complejo.
Desde la explicitación de lo que partido no será, Guevara realiza su propuesta: “El partido del futuro estará íntimamente unido a las masas y absorberá de ellas las grandes ideas que después se plasmarán en directivas concretas; un partido que aplicará rígidamente su disciplina de acuerdo con el centralismo democrático y, al mismo tiempo, donde existan, permanentes, la discusión, la crítica y la autocrítica abiertas, para mejorar el trabajo continuamente. Será en esta etapa un partido de cuadros, de los mejores, y éstos deberán cumplir su tarea dinámica de estar en contacto con el pueblo, transmitir las experiencias hacia las esferas superiores, transmitir a las masas las directivas concretas y ponerse en marcha al frente de éstas. Primeros en el estudio, primeros en el trabajo, primeros en el entusiasmo revolucionario, primeros en el sacrificio; en todo momento los más buenos, más puros, más humanos que todos los otros, deben ser los cuadros de nuestro partido” (Ídem). Sin duda buenos deseos. Pero el desafío consiste en cómo tornarlos operativos. No aparece la tesis que, discutida, podría entregar un nuevo carácter a los buenos deseos: la transferencia de poder (en especial de control) a las bases sociales organizadas.
La primera nota es el íntimo vínculo del partido con los sectores populares (“masas” en el lenguaje de Guevara, que corresponde a la época). Estos sectores populares constituirán el lugar epistémico-político-culturaldel proceso revolucionario. Serán su ‘verdad’. El partido ‘absorberá’ de ellas las ‘grandes ideas y deseos, visiones’ que se plasmarán, vía partido-Estado en directivas y políticas determinadas. De estos sectores populares el partido asimismo obtendrá la energía para criticar y autocriticarse que solo pueden conducir a mejorar rendimientos, al cumplimiento permanente, aunque esforzado, de metas. En el texto “El socialismo y el hombre en Cuba”, Guevara presentó una propuesta para todo revolucionario (cuadro del partido o individuo y sector popular): “El presente es de lucha. El futuro es nuestro” (1977, p. 14). La idea resulta clara. Si se quiere un futuro nuestro el presente no puede ser verticalista, dogmático ni burocrático. Por esto, crítica y autocrítica tienen su referente epistémico-político-cultural: los distintos sectores organizados del pueblo revolucionario.
Como se sabe, Guevara dejó Cuba a inicios de 1965 para iniciar un proceso internacionalista de guerra popular revolucionaria. Fue asesinado en 1967. No conoció por tanto la Constitución Cubana (1976) que resuelve de esta manera el papel político del Partido Comunista de Cuba: “El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista” (art.5, itálicas no están en el original). Se trata de un partido único que es vanguardia de la nación y dirige Estado y gobierno en su orientación hacia la construcción del socialismo/comunismo. El artículo parece determinar condiciones para la generación de una conducción burocrática y sectaria de esa construcción. Pero los artículos constitucionales 6 y 7 siguientes abren otra posibilidad. El 6 designa a la Unión de Jóvenes Comunistas con una autonomía relativa en el trabajo político-cultural con jóvenes de modo que éstos puedan aportar constructivamente, como sector y ciudadanía, en las tareas de construcción del socialismo. Y el 7 dice: “El Estado socialista cubano reconoce y estimula a las organizaciones de masas y sociales, surgidas en el proceso histórico de las luchas de nuestro pueblo, que agrupan en su seno a distintos sectores de la población, representan sus intereses específicos y los incorporan a las tareas de la edificación, consolidación y defensa de la sociedad socialista” (itálicas no están en el original). La construcción del socialismo y comunismo es un eje común: pero los lugares epistémico-político-culturales que alimentan al Estado y Gobierno están tanto en las organizaciones populares como en la juventud y el Partido. Según sea la fase y la situación estos tres factores concurren y ello supone una capacidad del pueblo cubano organizado para criticar incluso al Partido tanto en su espiritualidad de vanguardia como en sus tareas de organización y dirección. La posibilidad de una dialéctica constructiva que permite a los distintos factores del proceso ‘desaprender’ y ‘aprender a aprender’ en un proceso inédito quedan en la Constitución al menos sugeridos. Esta posibilidad habría sido quizás de la simpatía de Guevara porque disminuye la tendencia al endurecimiento, ceguera, sectarismo y burocratismo factibles en el ejercicio de un partido único (que no dialoga sino consigo mismo) que con inercial facilidad puede sentirse dueño de la revolucionaria verdad inapelable del marxismo-leninismo.
3.2.1.-
La simpatía de Guevara hacia una dialéctica pueblo organizado-partido de vanguardia (en este último se recordará se ha elegido a los mejores) puede mostrarse con fragmentos de un texto que es también ambiguo en cuanto muestra simpatía por aspectos conflictivos de la experiencia soviética. Los textos van en dirección opuesta. Se encuentran en “Sobre la construcción del partido”6, una alocución de marzo de 1963. El primero de los textos es un chiste cubano narrado por Guevara. Dice “…se trataba de un hombre que iba a entrar al Partido y al cual le decían los miembros del seccional, en fin, los organizadores, le explicaban los deberes de un comunista. Le exponían la necesidad de estar al frente en el trabajo de horas extra, de conducir con el ejemplo, de utilizar todas las horas del día en mejorar su preparación cultural, de ir los domingos al trabajo voluntario, de trabajar voluntariamente todos los días, olvidarse de todo lo que fuera la vanidad y concretarse todo el tiempo a trabajar, a participar en todos los organismos de masas que existan en este momento y, por último, le decían: "y, además, usted como miembro del Partido debe estar listo en todo momento a dar su vida a la Revolución. ¿Usted estará listo?" Y entonces el hombre contestaba: "Bueno, si voy a llevar esa vida que usted dice, ¿para qué la quiero? Encantado la doy." (1977, p. 38 de la edición de Siglo XXI). Guevara dice no saber si el chiste lo creó un revolucionario o un contrarrevolucionario, pero que su contenido es contrarrevolucionario y esto porque “…precisamente un trabajador de vanguardia, un miembro del Partido dirigente de la Revolución, siente todos estos trabajos que se llaman sacrificio con un interés nuevo, como una parte de su deber, pero no de su deber impuesto, sino de su deber interno y lo hace con interés (…) Entonces el concepto de sacrificio adquiere nuevas modalidades” (Ídem).
El segundo texto de esa alocución remite a la conocida insistencia de Guevara sobre la superioridad, en la lucha revolucionaria por el socialismo, del estímulo moral sobre el interés material:
Por eso el interés material estará presente durante un tiempo en el proceso de construcción del socialismo. Pero, precisamente, la acción del Partido de vanguardia es la de levantar al máximo la bandera opuesta, la del interés moral, la del estímulo moral, la de los hombres que luchan y se sacrifican y no esperan otra cosa que el reconocimiento de sus compañeros, no esperan otra cosa que la sanción que ustedes hoy han dado a los compañeros eligiéndolos para formar parte del Partido Unido de la Revolución. El estímulo moral, la creación de una nueva conciencia socialista, es el punto en que debemos apoyarnos y hacia donde debemos ir, y hacer énfasis en él. El estímulo material es el rezago del pasado, es aquello con lo que hay que contar, pero a lo que hay que ir quitándole preponderancia en la conciencia de la gente a medida que avance el proceso. (…) El estímulo materialno participará en la sociedad nueva que se crea, se extinguirá en el camino y hay que preparar las condiciones para que ese tipo de movilización que hoy es efectiva vaya perdiendo cada vez más su importancia y la vaya ocupando el estímulo moral, el sentido del deber, la nueva conciencia revolucionaria (1977, p. 37, itálicas no están en el original).
El tercer texto toca precisamente el punto de la dialéctica entre el partido y pueblo: “Nosotros pretendemos que todo nuestro pueblo marche a un solo ritmo, con un solo paso; que su destacamento de vanguardia tenga que luchar y caminar muy rápido con muchas dificultades para superar al destacamento más fuerte, al destacamento entero del pueblo. Esa es la tarea" (1977, p. 44, itálicas no están en el original). El pueblo, en este giro del discurso, aparece como el destacamento más fuerte (y crítico). Tanto que el partido debe extremar su esfuerzo para no quedarse atrás. Es vanguardia entonces sólo porque expresa la voluntad/imaginación de la gente revolucionaria organizada que se supera cada día a sí misma en las tareas heroicas de construcción del socialismo. De nuevo es la nueva espiritualidad que contagia a todos pero su lugar de gestación y logro está en las transferencias de poder a las mal llamadas ‘masas’.
LA PERSONALIDAD POLÍTICA INDIVIDUAL: FIDEL CASTRO Y ROCKEFELLER
1.-
En su carta a Carlos Quijano, Guevara ha venido realizando varias apreciaciones respecto a la dialéctica dirigente-masas (donde estas últimas aparecen como agrupaciones de individuos) y ha destacado asimismo el papel de los colectivos que esta dialéctica supone en las tareas iniciales de la construcción de una nueva Cuba: reforma agraria, la administración de las recién creadas empresas estatales, el combate armado contra los bandidos financiados por la CIA, la crisis de los cohetes con armamento atómico y el triunfo cubano ante la invasión en Playa Girón (en 1961 cubanos exiliados armados, entrenados y financiados por el Gobierno de Estados Unidos [administración Kennedy], desembarcaron en Bahía Cochinos, Cuba, para asentar un territorio ‘liberado’, formar un gobierno provisional y pedir la ayuda de la OEA y el reconocimiento internacional. El destacamento invasor, con sus aviones y barcos, partió de la Nicaragua somocista. Fue derrotado por las milicias y el ejército cubano en tres días de combate. Sufrió alrededor de una centena de muertos y la captura de unos 1.200 prisioneros. Posteriormente Estados Unidos pagó por ellos con alimentos, medicinas y tractores unos 53 millones de dólares. La invasión fue uno de los factores que hizo que el proceso cubano se declarara socialista y marxista).
1.2.-
La cuestión de la interacción dialéctica tratada por Guevara de una manera intuitiva (que no es la peor, pero casi no admite evaluación) la resuelve asimismo Guevara exaltando la personalidad notable de Fidel Castro “…cuyo particular modo de integración con el pueblo solo puede apreciarse viéndolo actuar. En las grandes concentraciones se observa algo así como el diálogo de dos diapasones cuyas vibraciones provocan otras nuevas en el interlocutor. Fidel y la masa comienzan a vibrar en un diálogo de intensidad creciente hasta alcanzar el clímax en un final abrupto, coronado por nuestro grito de lucha y victoria.// Lo difícil de entender, para quien no viva la experiencia de la revolución, es esa estrecha unidad dialéctica existente entre el individuo y la masa, donde ambos se interrelacionan y, a su vez, la masa, como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes” (1977, p. 5). Guevara ha descrito bien la dinámica, no necesariamente la dialéctica (que supone interpenetración efectiva y logros duraderos), entre un dirigente de cubanía excepcional y un pueblo diverso, aunque relativamente homogeneizado por las fugas iniciales de profesionales y propietarios enriquecidos, pero también sólidamente sostenido por una cubanía forjada en su historia y en sus padecimientos, esperanzas y goces.
1.2.1.-
Guevara intenta mostrar una diferencia entre el liderazgo de Castro y los liderazgos carismáticos perpetrados en las sociedades capitalistas. Piensa tal vez en Juan Domingo Perón (1895-1974) cuyos primeros mandatos (presidencias) vivió y conoció habiendo Guevara salido ya de la adolescencia y siendo un hombre joven. Tanto Perón como su esposa Eva fueron oradores notables y además introdujeron a los trabajadores y obreros a la escena política argentina, de la cual no han podido hasta hoy ser expulsados.
Escribe Guevara: “En el capitalismo se pueden ver algunos fenómenos de este tipo cuando aparecen políticos capaces de lograr la movilización popular, pero si no se trata de un auténtico movimiento social, en cuyo caso no es plenamente lícito hablar de capitalismo, el movimiento vivirá lo que la vida de quien lo impulse o hasta el fin de las ilusiones populares, impuesto por el rigor de la sociedad capitalista” (1977, pp. 5-6, itálicas no están en el original). Para Guevara es claro que, al menos en el ‘capitalismo latinoamericano’ los sectores populares nunca tendrán las oportunidades que sus familias y su humanidad requieren. Por eso añade una nota más bien económico-filosófica tomada quizás del marxismo original: En esta sociedad capitalista “… el hombre está dirigido por un frío ordenamiento que, habitualmente, escapa al dominio de la comprensión. El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordón umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella actúa en todos los aspectos de la vida, va modelando su camino y su destino.// Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que este se percate. Solo ve la amplitud de un horizonte que aparece infinito. Así lo presenta la propaganda capitalista que pretende extraer del caso Rockefeller —verídico o no—, una lección sobre las posibilidades de éxito. La miseria que es necesario acumular para que surja un ejemplo así y la suma de ruindades que conlleva una fortuna de esa magnitud no aparecen en el cuadro y no siempre es posible a las fuerzas populares aclarar estos conceptos” (1977, p. 6). Guevara anticipa o intuye ya una tesis que ampliará con su lucha y muerte. La producción de una humanidad diversa pero ligada por nexos de solidaridad fraternos se gestará desde las luchas de los pueblos (aun cuando sus dirigentes visibles en ese momento no lo deseen) del Tercer Mundo, o no será. Se trata de una cuestión política y cultural cuyo lugar de nacimiento y despliegue se encuentra en las resistencias socio-políticas y logros por su humanidad de las poblaciones mayoritarias del Tercer Mundo. Escuetamente y en un paréntesis Guevara indica además que los trabajadores de un mundo que ya empieza a ser post-industrial se benefician asimismo de la explotación de las poblaciones del Tercer Mundo y que su emancipación, parte de la emancipación de todos, por tanto, no podrá contar, al menos en sus primeras fases, con su solidaridad/compromiso activos.
2.- Excurso sobre el liderazgo personal en Cuba
Las líneas siguientes quieren acompañar las breves indicaciones de Guevara al carácter del liderazgo de Fidel Castro. Se publicaron inicialmente en el Semanario Universidad N° 1679 (Costa Rica), de agosto del 2006, tras conocerse en el mes de julio anterior el retiro, por enfermedad grave, de Fidel Castro como primer dirigente del proceso cubano. Su título periodístico fue “Gracias al pueblo de Cuba”. Se reproduce aquí tal como fue publicado entonces. Solo se han añadido itálicas que el Semanario no admite.
GRACIAS AL PUEBLO DE CUBA
Muchos latinoamericanos estamos agradecidos, y siempre en deuda, con el pueblo de Cuba. Nos ofreció, hace ya medio siglo, su gesta revolucionaria y popular convocándonos a querer aprender cómo dar cuenta de nuestra identidad personal, social, nacional y hemisférica, para que irradiaran dignidad y autoestima. Desde su economía difícil y agredida en un Caribe discriminado y empobrecido nos regaló, y sigue regalando, respaldo profesional y humano espléndidos. El pueblo de Cuba ha sido resguardo para innúmeros sufrimientos bajo las formas del asilo, atención médica, refugio familiar ante el acoso y el odio, espacios para el estudio y aprendizaje. Pueblo admirable. Cálido, generoso, dulce. Irónico y también orgulloso y fuerte ante quienes lo subestiman y le ofertan una mano envilecida por la arrogancia del dinero y el desprecio racial y cultural.
La experiencia cubana animó la Teología latinoamericana de la liberación, la Teoría de la dependencia, el redescubrimiento de nuestra literatura como ethos cultural popular y, por desgracia, como negocio editorial. Entre los creyentes religiosos tuvo interlocutores como Pablo Freire, Hélder Cámara, Pedro Casaldáliga, Frei Betto y a millares que aprendieron del pueblo de Cuba que la fe religiosa es espíritu, pero también algo que se testimonia todos los días con organización y trabajo. La Teoría de la dependencia, con Bambirra, dos Santos, Marini, contribuyó tempranamente a cuestionar el mito del desarrollo al insistir en la ausencia entre nosotros de una ‘burguesía nacional’ y nuestra posición en el capitalismo mundial. Lo que fue hipótesis analítica es hoy presuntuosa proclama corporativa y tecnócrata, tenebroso lugar común globalitario. Constituir sociohistóricamente la verdad de lo “imposible”, el asalto popular y armado al cielo, es punto de toque de la estética de la violencia y el silencio (Rulfo) y de un realismo mágico (García Márquez) que conflictúan la realidad oficial desde la imaginación, la memoria y el deseo. Con las hazañas del pueblo de Cuba los latinoamericanos todos nos hicimos durante el siglo XX, sin merecerlo, especie humana.
A este pueblo alborotador y bravo que nos ha abierto tantas posibilidades a los latinoamericanos, algunos lo estiman aterrado, enfermo, nostalgioso de los “métodos de fuete y mayoral” oligárquico e imperial. Ansioso por lamer la bota de los amos disfrazada de blanca lógica del mercado. Abierto de piernas para desempeñar el papel prostituto que, ‘en el orden de las cosas’, le corresponde, como ‘al resto’ de América Latina.
Del vientre, discernimiento y corazón de este pueblo complejo y sabio, sufrido y alegre, de su historia, surgió el liderazgo de Fidel Castro. Sin pueblo de Cuba, no hay Fidel. Fidel campeonizó con dignidad en todas las batallas porque condensó y expresó a su pueblo. Fidel pudo crecer y convencer fuera de sus fronteras porque, previamente, su pueblo lo había forjado en estatura humana. Pueblo campeón en América Latina el pueblo cubano. Campeón Cuba. Campeón Fidel. Campeones de la dignidad, por primera vez hecha gobierno perdurable, de los más humildes. Viva el pueblo de Cuba. Viva Fidel. Estas cosas nunca mueren si usted lucha organizado para que existan.
LA SOCIEDAD Y EL AULA (EDUCACIÓN FORMAL) EN LA GENERACIÓN DE LA NUEVA SOCIEDAD
1.-
Tras discutir las distancias entre la personalidad de un liderazgo revolucionario efectivo (que se ejerce en función de un pueblo y desde él) y los liderazgos falsos en el marco de una sociedad capitalista (descrita aquí por Guevara como “carrera de lobos” en la que solo se puede tener “éxito” sobre el fracaso/derrota de otros), la carta se ocupa en un par de párrafos sobre la persona/individuo en la construcción de la nueva sociedad: el punto de partida es esta persona vista en “…su doble existencia de ser único y miembro de la comunidad” (1977, p. 6, itálicas no están en el original). Se trata, en opinión de Guevara, de una realidad compleja y procesual. “Las taras del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que hacer un trabajo continuo para erradicarlas”. Este trabajo continuo lo realizan tanto la sociedad, es decir las nacientes tareas del nuevo momento comunitario, como el mismo individuo en un proceso de permanente de autoeducación.
1.1-
Aparece así en Guevara una tesis extraordinariamente realista, aunque escasamente observada en América Latina, respecto del fenómeno educativo: la sociedad es un aula y el aula formal es parte de su sociedad. Si esta última desea transformar revolucionariamente su sentido, el aula debe, en su nivel, expresarlo. No puede darse paralelismo entre sociedad y aula. O, mejor, puede darse, y se da, pero entonces sociedad y aula se mienten mutuamente con ventaja para la primera porque un aula ‘comunitaria o solidaria’ inevitablemente es derrotada por una economía, familia, iglesia, barrio, existencia cotidiana, medios masivos, etcétera, insolidarios y no comunitarios o, peor, anticomunitarios. En estas condiciones la niña/niño aprende más en los baños y pasillos de la escuela y en los recreos que en el aula formal en que un docente adulto hace discursos sobre una sociedad y respecto a valores que no se dan (o se dan como excepción) en la existencia cotidiana. En el mismo diseño, Guevara realizar otra observación enteramente pertinente: toda educación efectiva contiene autoeducación. En el aula formal se educan tanto el maestro como los estudiantes. Así como la sociedad ‘educa’, en el aula no existe un siempre docente/dicente y unos siempre escuchantes/obedientes. Todos en el aula deben aprender al escucharse mutuamente. Y escucharse es un comportamiento obligatorio que ha de cultivarse tanto en el aula formal como en las comunidades que configuran la nueva sociedad. Paulo Freire publicó sus primeros estudios (Educación como práctica de la libertad y Pedagogía del oprimido) entre 1966-67. Guevara escribe esta carta en 1965. Sin conocerse, la sintonía es aquí total. La educación en sociedades modernas tiene como sus principales referentes el principio de agencia humana (esforzarse por crecer desde sí mismo) y la dimensión comunitaria (ser uno mismo con otros y para otros).
1.2.-
Los puntos de vista de Guevara sobre la educación para una nueva sociedad son adecuadamente complementados por su énfasis en que el proceso de transformación se nutre más de estímulos morales que de estímulos materiales. El estímulo moral hace parte del alma de una población que busca crecer en una nueva espiritualidad comunitaria: “De allí que sea tan importante elegir correctamente el instrumento de movilización de las masas. Ese instrumento debe ser de índole moral, fundamentalmente, sin olvidar una correcta utilización del estímulo material, sobre todo de naturaleza social” (1977, p. 7). Guevara fue muy entusiasta acerca del trabajo voluntario mientras permaneció en Cuba. Deseaba que los cubanos revolucionarios hicieran verdad un deseo del poeta español León Felipe (1884-1968): “Pero el hombre es un niño laborioso y estúpido que ha hecho del juego una sudorosa jornada/. Ha convertido el palo del tambor en una azada, y en vez de tocar sobre la tierra una canción de júbilo/ se ha puesto a cavarla/. ¡Si supiésemos caminar bajo el aplauso de los astros/ y hacer un símbolo poético de cada jornada! / Quiero decir que nadie sabe cavar al ritmo del sol/ y que nadie ha cortado todavía una espiga/con amor y con gracia. Ese panadero, por ejemplo, ¿por qué ese panadero no le pone una rosa de pan blanco a ese mendigo hambriento en la solapa?".
Guevara, que exalta el poema, señala “… nosotros podíamos decirle hoy a ese gran poeta desesperado que viniera a Cuba, que viera cómo el hombre después de pasar todas las etapas de la enajenación capitalista, y después de considerarse una bestia de carga uncida al yugo del explotador, ha reencontrado su ruta y ha reencontrado el camino del juego. Hoy, en nuestra Cuba, el trabajo adquiere cada vez más una significación nueva, se hace con una alegría nueva” (1977, pp. 78-79). El trabajo voluntario en Cuba consistía en un desempeño laboral no pagado y fuera delhorario regular con el que un trabajador/ciudadano colaboraba en tareas que ayudaban a otros y a colectivos. Guevara prefería que este trabajo se hiciera a alguna distancia del lugar laboral y de residencia para romper no solo con el vínculo salarial sino con los estancos territoriales y sociales determinados por la individualista división social y técnica del trabajo capitalista. De la función del trabajo voluntario como educador cultural destacaba “… nosotros decimos que el trabajo voluntario no debe mirarse por la importancia económica que signifique en el día de hoy para el Estado; el trabajo voluntario fundamentalmente es el factor que desarrolla la conciencia de los trabajadores más que ningún otro. Y más todavía cuando esos trabajadores ejercen su trabajo en lugares que no le son habituales, ya sea cortando caña, en situaciones bastante difíciles a veces, ya sean nuestros trabajadores administrativos o técnicos que conocen los campos de Cuba y conocen las fábricas de nuestra industria nuestra industria por haber hecho en ellas el trabajo voluntario” (1977, p. 79, itálicas no están en el original). Para Guevara la construcción de la nueva sociedad no se sigue exclusivamente de la conducción del Estado, sino de una autoeducación de los individuos avanzada por su relación con el beneficio y el goce comunitarios. Lograr que los panaderos regalasen rosas de pan hecho con alegría a las mesas de las familias cubanas también gozosas de haber contribuido con el panadero y con otros mediante su aporte voluntario.
En sus palabras: “La sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela” (1977, p. 7).
2.-
Por supuesto Guevara advertía los obstáculos para esta transformación y autotransformación de los individuos y sus colectivos: “La nueva sociedad en formación tiene que competir muy duramente con el pasado. Esto se hace sentir no solo en la conciencia individual en la que pesan los residuos de una educación sistemáticamente orientada al aislamiento del individuo, sino también por el carácter mismo de este período de transición con persistencia de las relaciones mercantiles. La mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia” (1977, p. 6, itálicas no están en el original). No es solo el capitalismo: “Para algunos continuará vigente todavía la fórmula de casta: el premio a los obedientes consiste en el arribo, después de la muerte, a otros mundos maravillosos donde los buenos son los premiados, con lo que se sigue la vieja tradición. Para otros, la innovación; la separación en clases es fatal, pero los individuos pueden salir de aquella a que pertenecen mediante el trabajo, la iniciativa, etcétera. Este proceso, y el de autoeducación para el triunfo, deben ser profundamente hipócritas: es la demostración interesada de que una mentira es verdad” (1977, p. 8, itálicas no están en el original). Para Guevara el camino al socialismo emprendido por los cubanos no requiere de subterfugios, o sea de mentiras. Lo que se explica resulta verdadero porque lo es, es decir porque la gente lo experimenta como tal: “La educación prende en las masas y la nueva actitud preconizada tiende a convertirse en hábito; la masa la va haciendo suya y presiona a quienes no se han educado todavía. Esta es la forma indirecta de educar a las masas, tan poderosa como aquella otra//. Pero el proceso es consciente; el individuo recibe continuamente el impacto del nuevo poder social y percibe que no está completamente adecuado a él. Bajo el influjo de la presión que supone la educación indirecta, trata de acomodarse a una situación que siente justa y cuya propia falta de desarrollo le ha impedido hacerlo hasta ahora. Se autoeduca.// En este período de construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca” (págs.8-9). A Guevara le correspondió vivir una Cuba casi sin enemigos internos (los distintos tipos de poderosos habían llamado a abandonar la isla). Esto animaba y daba respaldo a su lema: “El presente es de lucha, el futuro es nuestro” (1977, p. 14). También quizás otras muy distintas experiencias animaron a Pablo Milanés en 1980 a componer y cantar Años: “El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos, el amor no lo reflejo, como ayer. En cada conversación, cada beso, cada abrazo, se impone siempre un pedazo de temor, vamos viviendo, viendo las horas, que van muriendo, las viejas discusiones, se van perdiendo entre las razones”. Guevara no vivió la Cuba de “las razones” y también quizás la canción de Milanés no tuvo la intención que aquí se le confiere.
MARX Y LA TRANSICIÓN HACIA EL SOCIALISMO EN EL SIGLO XX
1.-
Guevara dedica unas pocas líneas en un párrafo a la distancia que existiría entre cómo Marx pensó e imaginó la transición al socialismo desde el capitalismo relativamente desarrollado que él conoció en la Europa del siglo XIX (principalmente Inglaterra, Francia y Alemania) y la transición que debía desplegarse en los regímenes complejamente neocoloniales derivados tanto de un reciente pasado colonial como del proceso de mundialización imperialista (que configura neo-oligarquías) desplegado durante el siglo XX (1977, p. 7). La gran distancia entre los dos tipos de procesos se daría, en la breve referencia de Guevara, porque Marx imaginó la transición al socialismo como resultado de las contradicciones internas del capitalismo (que desencadenaban una explosión interna determinada por la lucha obrera y otros sectores sociales) mientras que en las periferias neocoloniales las contradicciones internas de la acumulación de capital se dan pero su lógica objetiva no ha alcanzado ni el despliegue económico ni el punto político subjetivo que hacen saltar el sistema. Las conflictividades toman otro rostro: “La lucha de liberación contra un opresor externo, la miseria provocada por accidentes extraños, como la guerra, cuyas consecuencias hacen recaer las clases privilegiadas sobre los explotados, los movimientos de liberación destinados a derrocar regímenes neocoloniales, son los factores habituales de desencadenamiento”. La acción consciente (de la unidad móvil combatiente y del Ejército de Liberación Nacional) hace el resto al crear el espacio para una ‘reflexión consciente’.
Curiosamente, aunque Guevara menciona a Lenin en el párrafo (los países con poblaciones revolucionarias como las “ramas débiles” que se desgajan del árbol imperialista), no toca aquí el desafío de una ‘revolución socialista (y comunista) y obrero-popular en un solo país’ que fue la tesis impuesta por Stalin para explicar los caracteres de la experiencia socialista en la URSS. Guevara simplemente resuelve: “…los movimientos de liberación destinados a derrocar regímenes neocoloniales, son los factores habituales de desencadenamiento. La acción consciente hace el resto”. Sin ,u observación solo remite al éxito eventual de un “asalto al poder” (personalizado por las oligarquías y sus asociados locales y por el imperialismo. En el caso cubano, por la ostensible presencia económica y geopolítica de EE.UU.). El campo temático al menos habría ameritado una reflexión sobre una transición hacia un socialismo decolonizador y su vínculo con el poder internacional de la URSS y China (que en el momento de escribir Guevara se disputaban la conducción de lo que esperaban sería una revolución mundial7.
2.-
Sin mencionar el punto anterior, Guevara abre el campo respecto de la construcción del socialismo en una sociedad como la cubana. Se trata de una periferia en la que “…no se ha producido todavía una educación completa para el trabajo social y la riqueza dista de estar al alcance de las masas mediante el simple proceso de apropiación. El subdesarrollo por un lado y la habitual fuga de capitales hacia países «civilizados» por otro, hacen imposible un cambio rápido y sin sacrificios. Resta un gran tramo a recorrer en la construcción de la base económica y la tentación de seguir los caminos trillados del interés material, como palanca impulsora de un desarrollo acelerado, es muy grande” (1977, p. 7). Lo que afirma es que existió la posibilidad de generar conciencia para la insurrección armada y el asalto exitoso al poder, pero que los grupos revolucionarios se hallan asimismo ante las dificultades de una economía-cultura subdesarrollada (teratologizada) de modo que el programa no puede consistir en que los trabajadores expropien la riqueza ya existente y se apropien de ella. “El subdesarrollo por un lado y la habitual fuga de capitales hacia países ‘civilizados’ por otro hacen imposible un cambio rápido y sin sacrificios” Se tiene una dirección revolucionaria (forjada en la lucha armada), pero una base económicaque no permite el socialismo. Se gobierna (el pueblo o sus representantes), pero se carece de la base económica que permitiría construir el socialismo. Con este planteamiento Guevara parece reconocer que la lucha armada puede generar un ethos revolucionario generalizado (y que ello resulta factible en América Latina) y avanzar hacia la constitución de un gobierno revolucionario, pero que la revolución como tal, que exige una determinada base económica, no se ha producido ni está a la vuelta de la esquina. El punto resultará altamente conflictivo cuando, sin poder realmente optar, Cuba resuelva insertarse en el mundo económico socialista (1972) determinado por la Unión Soviética. Guevara había sido asesinado en 1967.
2.1.-
Puntualizando que el socialismo no estaba a la vuelta de la esquina para el revolucionario pueblo cubano, Guevara advierte de inmediato sobre lo que considera el principal peligro: perseguir la quimera “…de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta” (1977, p. 7). Este texto resultó zahorí, aunque Guevara no lo desmenuza. La Unión Soviética y el mundo de las sociedades- economías de un socialismo histórico, inspiradas en el marxismo y guiadas por el marxismo-leninismo y el oportunismo, estrictamente ni eran socialistas (aunque tuvieron políticas sociales) ni tampoco avanzaban hacia el socialismo8. Eran un tipo de socialismo carencial y defensivo determinado tanto por economías teratologizadas como por los requerimientos de una geopolítica activada por su polo capitalista. En este mundo la Unión Soviética resultó una superpotencia por su poderío atómico, pero su economía no era competitiva ni su población (empleo pleno) deseaba avanzar en la construcción de un mundo nuevo. Aspiraba, en realidad, a competir vía el consumo. Y un sector de su burocracia, a enriquecerse.
2.1.1.-
Refiriéndose específicamente a los procesos que intentan construir el socialismo desde la periferia y contra el colonialismo y el neocolonialismo, Guevara señala que “En estos países no se ha producido todavía una educación completa para el trabajo social y la riqueza dista de estar al alcance de las masas mediante el simple proceso de apropiación (…) Resta un gran tramo a recorrer en la construcción de la base económica y la tentación de seguir los caminos trillados del interés material, como palanca impulsora de un desarrollo acelerado, es muy grande.// Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (…), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia”. En esta distancia larga “…la base económica adaptada (del capitalismo) ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo (1977, p. 7. Ni el paréntesis ni las itálicas están en el original).
2.2.-
Por ello es que Guevara enfatiza el papel político educativo de la organización y movilización política de masas (una combinación de estímulo moral con estímulo material). Este doble ingreso, a su juicio, resulta relativamente sencillo cuando se dan crisis (invasión de Bahía Cochinos, por ejemplo), pero exige que la sociedad en su conjunto se transforme, en todos los momentos de la existencia cotidiana en una “gigantesca escuela”. El referente es que el pueblo revolucionario puede y logre tomar su autoconstrucción liberadora en sus manos. En este mensaje se centra la educación estatal y el diálogo cultural en cada lugar de trabajo y familia de modo que el nuevo ethos (que confiere seguridad, alienta una actitud constructiva y esboza horizontes) tiende a convertirse en hábito, alma y espiritualidad. Nuestra seguridad y nuestro presente y futuro están en nuestras manos articuladas, no en la voluntad y milagros de Dios o en la excepcionalidad de nuestros dirigentes. Es, dibujada por Guevara, “…la imagen de las multitudes marchando hacia el futuro”, marcha en la que encaja “el concepto de institucionalización como el de un conjunto armónico de canales, escalones, represas, aparatos bien aceitados que permitan esa marcha, que permitan la selección natural de los destinados a caminar en la vanguardia y que adjudiquen el premio y el castigo a los que cumplen o atenten contra la sociedad en construcción”. Así, con sudor y respiración compartidos, y la confianza y compromiso del pueblo, es que Guevara imagina la dictadura del proletariado que combate y derrota a los enemigos (de dentro y de fuera) y se autoeduca en su proceso. La propuesta popular para nada elimina a los dirigentes (y al partido) porque ellos han surgido de la marcha y compromiso de todo un pueblo y de ellos se deriva su capacidad de liderazgo. Guevara intuye y propone así un carácter distinto al concepto de vanguardia o partido de vanguardia9.
2.2.1.-
En la presentación anterior, Guevara, en pocas líneas, ha combatido en dos frentes: situando la experiencia cubana no en el capitalismo avanzado, sino en su periferia, indica que sus contradicciones internas no coinciden con la propuesta de transición al socialismo (y una dictadura proletaria) esbozada por Marx-Engels en el siglo XIX. Pero asimismo avanza un rechazo ala propuesta de inspiración estalinista (‘partido de vanguardia’ que administra la dictadura del proletariado) puesta en práctica, desde sus propias condiciones socio-históricas, por la conducción de Stalin (1878-1953). Socialismo en un solo país. Para Guevara, la ‘dictadura proletaria’ o ‘democracia de los trabajadores’, régimen político-cultural socialista, se sigue de un ligamen (forjado en la guerra revolucionaria) entre el pueblo político revolucionario y una dirección generada en su seno. Este ligamen debe generar una institucionalidad siempre en proceso, permanentemente actualizada, que supone constantes transferencias (autotransferencias) de poder, o, mejor, un constante flujo de transferencias de poder, potenciadas por esa misma institucionalidad. Este planteamiento de Guevara, contenido en su carta a Carlos Quijano, expresa una revisión crítica, cuando no el desahucio, de sus planteamientos en 1963 (“Sobre la construcción del partido”), “El Partido marxista- leninista”), o sea 2 años antes. Ha de ser puesta, además, en relación con su tesis de una Guerra Popular Prolongada.
En 1965, Guevara estima la institucionalidad revolucionaria cubana generada por la dinámica masas- dirigencia surgida desde el seno de las primeras no se ha conseguido todavía, pero está en proceso. Por ello, escribe: “Buscamos algo nuevo que permita la perfecta identificación entre el Gobierno y la comunidad en su conjunto, ajustada a las condiciones peculiares de la construcción del socialismo y huyendo al máximo de los lugares comunes de la democracia burguesa10, trasplantados a la sociedad en formación (como las cámaras legislativas, por ejemplo). Se han hecho algunas experiencias dedicadas a crear paulatinamente la institucionalización de la Revolución, pero sin demasiada prisa. El freno mayor que hemos tenido ha sido el miedo a que cualquier aspecto formal nos separe de las masas y del individuo, nos haga perder de vista la última y más importante ambición revolucionaria que es ver al hombre liberado de su enajenación” (1977, pp. 9-10, itálicas no están en el original).
El concepto, Guevara lo tiene claro: “... las masas hacen la historia (día a día) como el conjunto consciente de individuos que luchan por una misma causa (…) Todavía es preciso acentuar su participación consciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y de producción y ligarla a la idea de la necesidad de la educación técnica e ideológica, de manera que sienta cómo estos procesos son estrechamente interdependientes y sus avances son paralelos. Así logrará la total consciencia de su ser social, lo que equivale a su realización plena como criatura humana, rotas todas las cadenas de la enajenación”. (Ibídem, p. 10, paréntesis e itálicas no están en el original). Su idea se muestra claramente ligada al Marx de los Manuscritos económico-filosóficos de 1844: “Esto se traducirá concretamente en la reapropiación de su naturaleza a través del trabajo liberado y la expresión de su propia condición humana a través de la cultura y el arte. // Para que se desarrolle en la primera, el trabajo debe adquirir una condición nueva; la mercancía-hombre cesa de existir y se instala un sistema que otorga una cuota por el cumplimiento del deber social. Los medios de producción pertenecen a la sociedad y la máquina es sólo la trinchera donde se cumple el deber (…). Hacemos todo lo posible por darle al trabajo esta nueva categoría de deber social y unirlo al desarrollo de la técnica, por un lado, lo que dará condiciones para una mayor libertad, y al trabajo voluntario por otro, basados en la apreciación marxista de que el hombre realmente alcanza su plena condición humana cuando produce sin la compulsión de la necesidad física de venderse como mercancía” (1977, p. 10-11).
3.-
En una referencia inmediatamente anterior de la carta de Guevara, éste ha escrito: “El freno mayor que hemos tenido (para el despliegue de un ethos socialista) ha sido el miedo a que cualquier aspecto formal nos separe de las masas y del individuo” (paréntesis no figura en el original). El eje del nuevo vínculo social está en la dinámica fluida, material, entre masas y dirigencia, donde la segunda proviene de la primera y de sus necesidades: primero los requerimientos de la lucha revolucionaria armada, después, las exigencias de transitar desde una sensibilidad determinada por las dinámicas capitalistas (el trabajo humano y el trabajador mismo como mercancías) a una donde cada individuo y todos aprendan a crecer desde sí mismos como partes de un esfuerzo compartido. Destacamos aquí su motejamiento crítico de ‘los lugares comunes del régimen democrático burgués’. Pero Guevara amplía más adelante su crítica al marco conceptual e imaginario que ha de configurar la sensibilidad socialista. Lo hace mediante observaciones sobre la estética del ‘realismo socialista’ y su papel o función como instrumento de liberación de la enajenación que supone un mundo burgués determinado por una relación (la acumulación de capital) que pervierte el trabajo humano y destruye la naturaleza. El sentido de su intervención aparece en la carta como conclusión de esta parte de su pensamiento: “Resumiendo, la culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original; no son auténticamente revolucionarios. Podemos intentar injertar el olmo para que dé peras, pero simultáneamente hay que sembrar perales. Las nuevas generaciones vendrán libres del pecado original. Las posibilidades de que surjan artistas excepcionales serán tanto mayores cuanto más se haya ensanchado el campo de la cultura y la posibilidad de expresión. Nuestra tarea consiste en impedir que la generación actual, dislocada por sus conflictos, se pervierta y pervierta a las nuevas. No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni «becarios» que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas. Ya vendrán los (artistas) revolucionarios que entonen el canto del hombre nuevo con la auténtica (por autoproducida) voz del pueblo. Es un proceso que requiere tiempo” (1977, p. 14, itálicas y paréntesis no están en el original).
3.1.-
La mirara crítica de Guevara en relación con la ‘alta cultura’ (pintura, arquitectura, literatura, filosofía incluso) comprende tanto lo que se produce, o producía, como tal en el mundo capitalista y en los mundos socialistas de inspiración marxista. Su referente común se enuncia en la siguiente declaratoria: “En el campo de las ideas que conducen a actividades no productivas, es más fácil ver la división entre la necesidad material y espiritual. Desde hace mucho tiempo el hombre trata de liberarse de la enajenación mediante la cultura y el arte. Muere diariamente las ocho y más horas en que actúa como mercancía para resucitar en su creación espiritual pero este remedio porta los gérmenes de la misma enfermedad: es un ser solitario el que busca comunión con la naturaleza. Defiende su individualidad oprimida por el medio y reacciona ante las ideas estéticas como un ser único cuya aspiración es permanecer inmaculado”. La observación de Guevara se sigue de instalarse en un mundo fragmentario en el cual el ser humano distanciado de su organismo ampliado que es la Naturaleza entiende el trabajo, y las prácticas que lo acompañan, como una práctica individual, no como un emprendimiento/tarea social o colectivo. Así el arte y el trabajo intelectual se instalan en individuos solitarios (autores) que buscan liberarse de la enajenación (y transmitir esta liberación) sin transformar (superar) las determinaciones sistémicas en que sus producciones se instalan. En el mundo burgués los artistas técnicamente mejor dotados u originales son instalados en los mercados culturales que les procuran, no a todos, ingresos y prestigio. En el mundo socialista histórico (que no alberga tampoco la tendencia a crear una nueva espiritualidad y que renuncia, por las razones que sean, a instalar a sus gentes de una manera alternativa en el mundo, con él), el arte (llamado usualmente ‘realismo socialista’) y con él los ‘artistas’, continúan siendo individuos particularmente dotados y que obtienen status y legitimidad (que pueden ir acompañados de privilegios en relación con otros individuos) por el sistema oficial de poder. Se producen así artistas oficiales y artistas censurados o prohibidos. Artistas burgueses y socialistas/comunistas adquieren de esta manera una identidad que los ubica por encima de su sociedad: sus pinturas, poemas, esculturas, sinfonías ‘dicen’ sin contaminación enajenante ninguna. El arte es sincero porque conmueve. Se trata de emociones sinceras pero que no contribuyen a cambiar el carácter del mundo que las produce. Para Guevara en las sociedades modernas: “Se inventa la investigación artística a la que se da como definitoria de la libertad, pero esta «investigación» tiene sus límites imperceptibles hasta el momento de chocar con ellos, vale decir, de plantearse los reales problemas del hombre y su enajenación. La angustia sin sentido o el pasatiempo vulgar constituyen válvulas cómodas a la inquietud humana; se combate la idea de hacer del arte un arma de denuncia.// Si se respetan las leyes del juego se consiguen todos los honores; los que podría tener un mono al inventar piruetas. La condición es no tratar de escapar de la jaula invisible” (pág. 12). Básicamente, las artes apreciadas no se aprecia, como experiencias de contraste que obligan a replantearse formas de existencia: tanto el arte burgués como el socialista se inscriben en una estética del espectáculo, fuera, por ello, de la responsabilidad de quienes, como espectadores, lo admiran o disfrutan.
3.3.1.-
Guevara ha valorado como “intentos de fuga” las artes y la ‘alta cultura’ en sociedades cuyas dinámicas ocultan las enajenaciones básicas en las que ellas se afirman. Su determinación trae a la memoria un film de 1975 “Atrapados sin salida” (One Flew Over the Cuckoo's Nest). En la película, que narra la existencia en un manicomio (Cuckoo's Nest) de un grupo de pacientes atormentados por una enfermera sobrerrepresiva (que obtiene identidad del ejercicio de un poder irracional), un paciente ‘sano’, que desea eludir la prisión, lidera a una partida de enfermos a quienes propone escapar de su encierro. Pero cuando uno de ellos, fortachón, rompe una pared permitiendo así la fuga, este chiflado falso se queda en el manicomio. Lleva el encierro en su interior. Experimenta la sobrerrepresión como gratificación. Lleva su cárcel en el espíritu y, también, inevitablemente, en su cuerpo. Guevara no pudo conocer esta película, pero el corolario de su pensamiento es: para quien lleva la sensibilidad de la mercancía en su espíritu, cada puerta de salida de su laberinto no es sino una puerta de entrada a él. Los imaginativos artistas creadores modernos están presos y no lo saben. O se comportan como si no lo supieran.
3.3.2.-
Guevara estima que las falsas fugas (por improbables) se encuentran asimismo en uienes se experimentan “artistas libres” en las sociedades del socialismo histórico. Aun reconociendo la legitimidad de la búsqueda artística original, ella se escuda tras el concepto de ‘libertad’ recogido del idealismo individualista burgués. Contra él, la autoridad 'revolucionaria esgrimió “…un dogmatismo exagerado” (que se tradujo estéticamente como realismo socialista) que hizo que la cultura general se convirtiera “…casi en un tabú y se proclamó el summum de la aspiración cultural, una representación formalmente exacta de la naturaleza, convirtiéndose ésta, luego, en una representación mecánica de la realidad social que se quería hacer ver; la sociedad ideal, casi sin conflictos ni contradicciones, que se buscaba crear” (itálicas no están en el original). El realismo socialista cambia contenidos del realismo del siglo XIX pero mantiene su tendencia hipermpírica y anula las condiciones sistémicas en las que el trabajador heroico o el indígena rural generan desde sí mismos y con-otros-para-otros una condición objetiva y subjetiva nuevas, una seguridad y un desafío enteramente nuevos, un mundo que imperiosamente se desea nazca. Escribe Guevara: “…una representación mecánica de la realidad social que se quería hacer ver; la sociedad ideal, casi sin conflictos ni contradicciones, que se buscaba crear” (1977, p. 12). “Se busca entonces la simplificación, lo que entiende todo el mundo, que es lo que entienden los funcionarios. Se anula la auténtica investigación artística y se reduce al problema de la cultura general a una apropiación del presente socialista y del pasado muerto (por tanto, no peligroso). Así nace el realismo socialista sobre las bases del arte del siglo pasado” (Ibídem, p. 13). Guevara advierte que el ‘realismo socialista’ imita al realismo burgués del siglo XIX. Pero también señala que no es válido oponer al ‘realismo socialista’ (un esfuerzo frustrado en su inicio porque marca el intento de retornar, estéticamente, a un pasado de clase, no revolucionario ni obrero ni campesino) ‘la libertad’. “No se puede oponer al realismo socialista «la libertad», porque ésta no existe todavía, no existirá hasta el completo desarrollo de la sociedad nueva; pero no se pretenda condenar a todas la formas de arte posteriores a la primer mitad del siglo XIX desde el trono pontificio del realismo a ultranza, pues se caería en un error proudhoniano de retorno al pasado, poniéndole camisa de fuerza a la expresión artística del hombre que nace y se construye hoy” (Ídem).
Guevara señala que en Cuba no se ha incurrido en el error del mecanicismo realista, pero que en cambio sectores pugnan por reproducir las formas del arte capitalista del siglo XX. Lo considera también error/desviación porque ese arte “transparenta la angustia del hombre enajenado”. Realiza asimismo una condena drástica: “El capitalismo en cultura ha dado todo de sí y no queda de él sino el anuncio de un cadáver maloliente en arte, su decadencia de hoy” (Ídem). Contra esta desviación, comprensible, se ha producir una fe antropológica en que es el ´ser humano del siglo XXI “…el que debemos crear, aunque todavía es una aspiración subjetiva y no sistematizada” (Ídem). Un referente de horizonte en días para nada claros. Al finalizar su reflexión sobre estos temas, en parte estéticos, redacta uno de sus textos clásicos: “…las nuevas ideas van alcanzando adecuado ímpetu en el seno de la sociedad, las posibilidades materiales de desarrollo integral de absolutamente todos sus miembros, hacen mucho más fructífera la labor. El presente es de lucha, el futuro es nuestro (1977, pp. 13-14, itálicas no están en el original).
LAS PASIONES DEL REVOLUCIONARIO
1.-
En los últimos apartados de su carta a Carlos Quijano, Guevara incluye una afirmación que ha sido reproducida descontextualizada muchas veces. Lo hace sabiendo que lo enunciado por él puede parecer grotesco y cínico. La frase dice: “Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad” (1977, p. 15). Lo escribe el mismo hombre y dirigente que habló a los pueblos del mundo de la siguiente forma en su Mensaje a la Tricontinental11 de 1967: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.// Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y aun dentro de los mismos: atacarlo dondequiera que se encuentre; hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral irá decayendo.// Se hará más bestial todavía, pero se notarán los signos del decaimiento que asoma”12. Estos textos, también descontextualizados, se han reproducido muchas veces para ensuciar a Guevara como demente o criminal. Su contextualización es sencilla. Habla del espíritu de la guerra anticolonial de los pueblos. Y su referente inmediato es la guerra que un Vietnam popular da al resistir la agresión armada del imperialismo estadounidense. Vietnam, de larga experiencia en vejación colonial, ya había derrotado militarmente a Francia, potencia colonialista, en una guerra de casi diez años (1945-1954). El Occidente capitalista dividió entonces a Vietnam para sostener su peso geopolítico en el área. Estados Unidos se hizo militarme cargo de la región. La inhumanidad de su guerra (1955-1975) ha sido mostrada por la película de Francis Ford Coppola Apocalipsis ahora (1979). El pueblo armado de Vietnam ganó esa guerra por su independencia nacional en 1975. La ganó contra el ejército y la voluntad política del Estado más poderoso del planeta y del ejército más brutal y con mayor poder destructivo (y autodestructivo) que nunca se haya conocido. Guevara se refiere entonces al espíritu/alma que mostraron los vietnamitas para lograr su liberación. “…hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo. La participación que nos toca a nosotros, los explotados y atrasados del mundo, es la de eliminar las bases de sustentación del imperialismo: nuestros pueblos oprimidos, de donde extraen capitales, materias primas, técnicos y obreros baratos y a donde exportan nuevos capitales -instrumentos de dominación-, armas y toda clase de artículos, sumiéndonos en una dependencia absoluta. El elemento fundamental de esa finalidad estratégica será, entonces, la liberación real de los pueblos; liberación que se producirá, a través de lucha armada, en la mayoría de los casos, y que tendrá, en América, casi indefectiblemente, la propiedad de convertirse en una revolución socialista.//Al enfocar la destrucción del imperialismo, hay que identificar a su cabeza, la que no es otra que los Estados Unidos de Norteamérica.// Debemos realizar una tarea de tipo general que tenga como finalidad táctica sacar al enemigo de su ambiente obligándolo a luchar en lugares donde sus hábitos de vida choquen con la realidad imperante. No se debe despreciar al adversario; el soldado norteamericano tiene capacidad técnica y está respaldado por medios de tal magnitud que lo hacen temible. Le falta esencialmente la motivación ideológica, (es lo que muestra la película de Coppola) que tienen en grado sumo sus más enconados rivales de hoy: los soldados vietnamitas. Solamente podremos triunfar sobre ese ejército en la medida en que logremos minar su moral. Y ésta se mina infligiéndole derrotas y ocasionándole sufrimientos repetidos”. Se trata de guerras que se debe ganar en un largo y costoso proceso mundial y en que la moral de los pueblos solidarios debe terminar por aplastar primero y convertir después la moral del capital y la codicia en existencia digna para todos.
En este mensaje, Guevara se expresa fiero y radical, pero también con propiedad. No dice nada que Generales, tenientes y soldados no sepan. En guerras llevadas al límite, y en ésas es que se empeña Estados Unidos, triunfa quien quiebra la moral del otro. Tanto su moral como su habilidad/eficacia es la que hace a un destacamento militar y al pueblo que lo sostiene derrotar al enemigo o sufrir derrotas transitorias solo para renacer con más fuerzas. Estados Unidos ocupa hoy militarmente Afganistán, directamente o por medio de la OTAN, desde hace 16 años. Afganistán es un país pobrísimo. Estados Unidos no lucha allí contra un rival militar. Intenta liquidar un espíritu. Y no desea preguntarse por la razón que lo lleva a intentar esa aniquilación, de antemano perdida. Democracia, derechos humanos, extremismos, humanidad, se transforman en sonidos ásperos que a los oídos de otros, incluidos muchos afganos, resuenan ‘tiranía’, ‘violaciones’, ‘destrucción ciega’, ‘insania brutal’ si las pronuncian políticos y militares de Estados Unidos. Es en este contexto que Guevara habla al alma política de los pueblos que luchan por una emancipación. Les recuerda deben ser brutales para soportar un ya larguísimo, y que amenaza resultar interminable, terror/opresión, no solo para resistir o vencer sino para que sus hijos mantengan la guerra si quienes combaten hoy mueren en el enfrentamiento. Nada especial que celebrar. Solo el triunfo final es una fiesta. Tampoco nada especial que deba horrorizar. Ojalá los millones de familias decentes que existen en EUA lograsen movilizarse para que sus hijos e hijas no acepten ser reclutados/as en los aparatos armados de Estados Unidos ni menos enviados a guerras en las que ellos nada tienen que ganar y también para que sus impuestos no sean utilizados en gastos militares que se emplearán en guerras criminales. No es éste elEstados Unidos del que se sienten orgullosos. Hace falta un movimiento interno gigantesco y permanente por la paz en el mundo de la ciudadanía estadounidense honesta. Ninguna persona nace allí criminal. Su Estado al servicio de gulas particulares los produce criminales. Hoy, parte de sus crímenes, los llevan a cabo mercenarios. Estas realidades son las que deberían horrorizar a la población del mundo. No las descontextualizadas palabras de Guevara y que coinciden con el testimonio de Muhammad Ali (1942-2016) cuando se negó a ir a ‘entretener’ tropas en Vietnam porque esas gentes vietnamitas nunca le habían mostrado beligerancia alguna y tenían todo el derecho a existir según sus propios criterios.
1.1.-
No existe por ello incompatibilidad alguna entre las declaratorias de Guevara acerca del guerrero antiimperialista eficaz como “una fría máquina de matar’ y su observación respecto a que el ‘revolucionario verdadero está alimentado y guiado por grandes sentimientos de amor’. En los distintos espacios de las guerras militares los sentimientos de amor configuran ‘frías máquinas de matar’, pero la amplia propuesta revolucionaria anticolonial de los pueblos resulta alimentada por grandes sentimientos de amor. Estos sentimientos no solo ganarán las guerras sino que serán decisivos para construir las nuevas sociedades y la nueva humanidad.
2.-
Despejado el punto anterior, conviene retornar al texto de la carta de Guevara a Carlos Quijano. Guevara determina el amor del dirigente revolucionario como un sentimiento que lo hace especial y lo separa de la existencia cotidiana de los individuos comunes. Califica este aspecto como un ‘drama’: “Quizás sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe unir a un espíritu apasionado una mente fría y tomar decisiones dolorosas sin que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible. No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita” (1977, p. 15). Un amor único, escribe Guevara, hacia ‘las causas más sagradas de los pueblos’ separa a los dirigentes del individuo más común que es parte de estos pueblos y que quizás, a su manera, también lucha. La separación se exige porque los dirigentes han de tomar “decisiones dolorosas” con una mente fría que se inscribe en las necesidades del proceso revolucionario. La apuesta parece peligrosa. Distinguir entre ideas (que es una manera de separarlas) puede resultar útil muchas veces, en especial si la separación abre debates y reflexiones. Separar sentimientos, cuando se está en proyectos comunes y en especial si ellos incluyen radicalidad, parece no solo menos útil sino altamente improbable. Cuando Guevara se refirió a la especial comunicación, mutuamente pedagógica, entre Fidel Castro y el pueblo cubano su observación remitía a una confluencia de emociones y sentimientos que hemos calificado de común ‘cubanía’. No existe en esta cubanía separación sino acercamiento y hasta fusión.
Pero Guevara parece aquí situarse en otra realidad. Los revolucionarios de vanguardia “No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común los ejercita”. Se trata de la clandestinidad. Se entiende. La represión castigaría brutalmente ese cariño. La carta prosigue: “Los dirigentes de la revolución tienen hijos que, en sus primeros balbuceos, no aprenden a nombrar al padre; mujeres que deben ser parte del sacrificio general de su vida para llevar la revolución a su destino; el marco de los amigos responde estrictamente al marco de los compañeros de revolución. No hay vida fuera de ella” (1977, p. 15; en algunas ediciones ‘revolución’ aparece con mayúscula). Se entiende. La clandestinidad supone impenetrabilidad. Pero, ¿y en las zonas y tiempos liberados? La separación de sentimientos y aspiraciones en la existencia cotidiana no parece resultar eficaz porque deshumaniza. Guevara advierte el peligro: “En esas condiciones, hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización” (Ídem). Su propuesta resulta débil. ‘Gran dosis de humanidad, gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad’ constituyen abstracciones, palabras apenas amenazadas por los “actos que sirvan de ejemplo, de movilización”. Y la amenaza es en cambio terrible y práctica: “… caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas”. En ningún momento, y menos en la fase de acumulación de fuerza revolucionaria, se ha de caer en dogmatismos, escolasticismos y aislamiento de las masas. El punto político no es solo material/objetivo. Es también, y sobre todo, subjetivo: compromete la identidad emocional del revolucionario y compromete asimismo el destino mismo del proceso revolucionario. No olvidemos que los caracteres de la construcción del nuevo orden social se avisan en la etapa de acumulación de fuerzas. Un proceso con etapas pero único, es decir sin solución de continuidad, queda comprometido por este posicionamiento de Guevara.
Guevara advierte el desafío, pero lo dirige hacia un asunto distinto: “…hay peligros presentes en las actuales circunstancias. No sólo el del dogmatismo, no sólo el de congelar las relaciones con las masas en medio de la gran tarea; también existe el peligro de las debilidades en que se puede caer. Si un hombre piensa que, para dedicar su vida entera a la revolución, no puede distraer su mente por la preocupación de que a un hijo le falte determinado producto, que los zapatos de los niños estén rotos, que su familia carezca de determinado bien necesario, bajo este razonamiento deja infiltrarse los gérmenes de la futura corrupción.// En nuestro caso, hemos mantenido que nuestros hijos deben tener y carecer de lo que tienen y de lo que carecen los hijos del hombre común; y nuestra familia debe comprenderlo y luchar por ello. La revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar día a día su espíritu revolucionario” (1977, p. 16, itálicas no están el original). Es una reflexión curiosa que parece ligar sentimientos (no acciones) hacia la familia con una eventual venalidad futura: la que afectó a las burocracias de las sociedades del socialismo histórico (comunismo bajo el alero soviético especialmente) que se constituyeron en minorías dirigentes con ingresos y estilos de vida privilegiados. Este fenómeno parece estar ligado al verticalismo de la conducción única sin transferencias de poder ‘a las masas´’ que preocupa constantemente a Guevara. Pero él no avanza directamente en este sentido político y lo resuelve en la frugalidad que ha de imperar en poblaciones que han carecido de todo, en especial de oportunidades, y cuyas economías han de servir también a los procesos de transformación mundial. Reiteramos la fórmula: “En nuestro caso (el cubano y el personal), hemos mantenido que nuestros hijos deben tener y carecer de lo que tienen y de lo que carecen los hijos del hombre común; y nuestra familia debe comprenderlo y luchar por ello. La revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar día a día su espíritu revolucionario” (Ídem, paréntesis no figura en el original). Antes ha aludido, en relación con el aspecto político del asunto a algo que ya en su vida se había transformado en fraseología con escaso contenido efectivo: el internacionalismo proletario: si el afán del revolucionario “… se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala local y se olvida el internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestros enemigos irreconciliables, el imperialismo, que gana terreno. El internacionalismo proletario es un deber pero también es una necesidad revolucionaria. Así educamos a nuestro pueblo” (Ídem, itálicas no están en el original). En efecto, Cuba, con su océano de limitaciones, fue extraordinariamente solidaria con las luchas de otros pueblos. En cambio el internacionalismo proletario, ya en vida de Guevara, había hecho gran parte de su camino como frase sin contenido efectivo. Y el factor determinante para esta corrupción pasa por la discusión del carácter de las transferencias de poder a los sectores populares organizados. En la construcción de la nueva sociedad estos últimos expresan la verdad (dura y gozosa) de las transformaciones.
Notas