Artículos

José Martí y el debate legal sobre la inmigración europea y asiática en los Estados Unidos

José Marti and the legal debate over European and Asian immigration in the United States

Oleski MIRANDA NAVARRO
Augustana College, Estados Unidos

José Martí y el debate legal sobre la inmigración europea y asiática en los Estados Unidos

Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 24, núm. Esp.2, pp. 219-227, 2019

Universidad del Zulia

Recepción: 19 Marzo 2019

Aprobación: 19 Mayo 2019

Resumen: En este artículo se discuten las opiniones publicadas por José Martí en la prensa hispanoamericana sobre la inmigración europea y asiática en Los Estados Unidos en la década de 1880. Luego de establecerse en Nueva York, Martí expuso en la prensa continental en formas de crónicas y artículos la situación del inmigrante, observándolos como grupos excluidos de la democracia angloamericana. Se presta atención al marco político de reformas como La Ley de Exclusión China que, en 1882, dio continuidad y definió las relaciones raciales en el país después de abolida la esclavitud. Se sugiere que, aunque en algunos de sus apuntes Martí se vio influenciado por el clima crítico hacia los inmigrantes, sus deliberaciones tomaron un matiz de denuncia al advertir la persecución y ataques hacia la migración asiática a la que se prohibió el ingreso a los Estados Unidos.

Palabras clave: José Martí, inmigración, exclusión, Estados Unidos.

Abstract: This article discusses the opinions published by José Martí in the Spanish-American press regarding European and Asian immigration in the United States in the 1880s. After settling in New York in 1880, Martí began to publish chronicles and articles discussing the difficulties immigrants faced in the U.S. and observed that immigrants were excluded by the Anglo-American democracy. His critiques focused on the political framework of reforms, such as the Chinese Exclusion Act of 1882, which gave continuity and defined racial relations in the country after the abolition of slavery. Although some of his texts suggested Martí was influenced by the critical atmosphere towards immigrants, his deliberations took on a form of denunciation that notice the persecution and attacks against Asian immigrants, who had been banned from entering the United States.

Keywords: José Martí, immigration, exclusion, United States.

INTRODUCCIÓN

En la década y media que Martí permaneció en la ciudad de Nueva York su pensamiento antirracista más avanzado fue tomando forma, para confluir en la organización de la última guerra para liberar a Cuba del gobierno colonial español. Este periodo estuvo marcado por importantes cambios en todas las esferas de la vida nacional. El país, finalmente daba muestras de que se había recobrado de la devastación que causó la Guerra Civil y la economía comenzaba a crecer (Solomon Otto: 1999). También fueron los años de las tomas de los vastos territorios indígenas para la explotación de recursos para sustentar la creciente economía industrial estadounidense. Equivalentemente, estos años de finales de siglo estuvieron marcados por la culminación del experimento democrático, la expansión capitalista y el individualismo impulsado por el lema: cada hombre por sí mismo. González (2011)

Los escritos de Martí desde Nueva York no estaban dirigidos a un selecto grupo de lectores como lo habían sido sus textos en México, Guatemala y Venezuela. Sus artículos y ensayos ahora llegaban a distintos países de la América Hispana. Publicaciones periódicas como La Opinión Nacional de Venezuela, El Partido Liberal de México, La Nación de Argentina y La Opinión Publica de Uruguay divulgaban sus textos, como también otras que lo hacían sin anuencia del autor. Asimismo, publicaría sus escritos en los Estados Unidos en publicaciones como La América, The New York Sun, The Hour y El Avisador Cubano haciendo que sus lectores se expandieran por todo el continente.

Se sugiere que las impresiones de Martí sobre la inmigración europea y asiática, aunque fueron escritas para hacer un retrato a sus lectores latinoamericanos de la sociedad estadounidense, constituyen también bocetos para la comparación de los problemas raciales que el autor observó en las naciones hispanoamericanas. En ocasiones se nota el uso por parte del autor de los estereotipos y clasificaciones que imponía la ideología dominante que el mismo criticaba. Con millones de inmigrantes que arribaban al país por el pacífico y el atlántico, las deliberaciones de Martí sobre el tema se plasmaban en el curso de eventos donde las relaciones raciales se reacomodaban a nuevas estructuras legales.

Si bien en 1884 advierte sobre los peligros de la inmigración descontrolada y la inhabilidad de asimilación para algunos grupos de inmigrantes, para 1885, un alarmado Martí se concentra en denunciar las injusticias y ataques en contra los nacionales chinos. Al explicar a sus lectores que la sinofobia tiene en un trasfondo económico, describe a los inmigrantes chinos como hombres y mujeres dispuestos a aguantar duras faenas por una compensación mucho menor que los obreros blancos. Martí se hizo eco de la llamada Ley de Exclusión China firmada en 1882, definiéndola como el resultado de las falencias de la democracia angloamericana estadounidense en que la reconfiguración de las relaciones raciales privilegiaba la exclusión cuando afectaba intereses económicos de la clase domínate.

UN INMIGRANTE MÁS EN NUEVA YORK

El 26 de agosto de 1879 se reanudaban en Cuba las hostilidades con La Guerra Chiquita (1879-1880). Este conflicto había comenzado como forma de protesta en contra del recientemente firmado tratado de Zanjón, el cual ponía fin la llamada Guerra de los Diez Años (1868-1878), el primer gran levantamiento contra el gobierno español en la isla. Las autoridades españolas comenzaron a perseguir y arrestar a aquellos que consideraban factores desestabilizadores. Martí quien en ese momento ya era padre, nuevamente enfrentaba otra deportación, por lo que el 25 de septiembre de 1879 sería expatriado por segunda vez a España bajo los cargos de sedición. Sin embargo, esta segunda deportación a Europa sería relativamente corta. Arribaría a España por segunda vez el 11 de octubre de 1879, pero no pasaría mucho tiempo detenido. Martí sería puesto en libertad bajo fianza luego de dos días de su llegada a Santander. Comprendiendo que no podía permanecer en España, evadió la vigilancia, y en diciembre del mismo año escaparía a Paris. Partiría desdeLa Haya a Nueva York en diciembre de 1879 en un vapor trasatlántico arribando a tierras estadunidense el 3 de enero de 1880.

Luego de un año en Nueva York el escritor cubano decidió mudarse y emprender camino a otro país emancipado, pero esta vez en Suramérica. Llegaría al puerto de la Guaria en enero de 1881 donde pensaba establecerse para luego reencontrase con su familia. Al igual que en México y Guatemala, Martí comenzaría su participación pública publicando artículos en la prensa local. El periódico La Opinión Nacional de Caracas sería su primera tribuna en Suramérica hasta fundar la Revista Venezolana. Sin embargo, su estadía en la tierra de Bolívar tampoco duraría mucho. Después del segundo número de la recién fundada revista a mediados de Julio de 1881, el General Antonio Guzmán Blanco ordenaría a Martí dejar el país. La razón de su expulsión fue un ensayo que pareció en este segundo número sobre el recientemente fallecido escritor e intelectual venezolano: Cecilio Acosta. En vida había sido un destacado oponente del régimen del Guzmán Blanco. Una vez más, el ciclo que el autor cubano había experimentado en Cuba, México y Guatemala se repetía en Venezuela. El escritor sería percibido como instigador y crítico de los peligros del caudillismo en la región.

Expulsado de Venezuela Martí retornaría a Nueva York por segunda vez el 10 de agosto de 1881, y se establecería en la ciudad donde muchos cubanos exiliados habían optado para hacer comunidad. Esta vez Martí llegaría a los Estados Unidos con la experiencia y el conocimiento de la realidad que muchos países hispanoamericanos enfrentaban después de varias décadas de independencia: el caudillismo, la marginalización del indígena y los negros, y la falta de instrucción, constituyendo obstáculos para la construcción de las nuevas republicas. En este punto, Martí también conocía la actitud concreta de Europa hacía el mundo colonial, ya que su tiempo en España le había permitido empaparse de la situación de la metrópolis que aún mantenía su poder sobre Cuba. Por otra parte, Los Estados Unidos mantenía un crecimiento sostenido como nación. El progreso económico, una industrialización sin precedentes y la consolidación de una democracia que privilegiaba a los blancos se observaba después de la guerra civil que había devastado al país. A la par, la antigua colonia británica también comenzaba a mostrar sus propios intereses expansionistas con la incisiva anexión de largos territorios de su vecino del sur. El recién llegado Martí era así, un testigo privilegiado de este momento en la historia estadounidense y aunque demostró gran admiración por la prospera nación que lo acogía, también pudo conocer de cerca el conflicto racial y las contradicciones sociales existentes en el nuevo país que lo había recibido.

LAS PRIMERAS OBSERVACIONES SOBRE LA INMIGRACIÓN EUROPEA

Los primeros escritos sobre los inmigrantes del autor cubano en los Estados Unidos llegaban a la prensa como las impresiones de un gran éxodo humano, ya que el país y en especial la ciudad de Nueva York vivía el gran boom migratorio que había comenzado varías décadas atrás. Entre 1820 y 1920, aproximadamente 35 de los 50 millones de inmigrantes que dejaron Europa en búsqueda de mejoras materiales y oportunidades para una vida mejor se establecieron en los Estados Unidos (Gerber: 2011). La ola migratoria era tan amplia que en las últimas tres décadas del diecinueve, unos 11,7 millones entrarían al país norteamericano. Entre 1880 a 1895, el periodo de estadía de Martí en los Estados Unidos, estuvo marcado por la gran demanda de trabajadores que generalmente eran mal pagados, atraídos por el crecimiento económico y la expansión de capitales en el país.

Nueva York era uno de los puertos de mayor afluencia por donde los inmigrantes europeos entraban al país. Sus primeras observaciones sobre el tema aparecerían en el periódico caraqueño La Opinión Nacional el 21 de enero de 1882. Martí presentaba a sus lectores algunas reflexiones sobre el éxodo europeo y su arribo a tierras americanas. El secreto de la prosperidad de los Estados Unidos diría Martí, era la graninmigración de estos años. Estos primeros tanteos sobre el tema, le permitía al autor hacer comparaciones entre lo que él consideraba dos grupos distintitos de migrantes:

Y hay razas avarientas que son las del Norte, cuya hambre formidable necesita pueblos vírgenes. Y hay razas fieles, que son las del Sur, cuyos hijos no hallan que caliente más sol que el sol patrio, ni anhelan más riqueza que la naranja de oro y la azucena blanca que se cría en el jardín de sus abuelos: y quieren más su choza en su terruño que palacio en tierra ajena. (Martí: 1992a, p.224)

Si bien el autor cubano mostraba admiración a la capacidad de trabajo de “las razas del norte”, en su interpretación, también mostraba cierta cautela donde posicionada a los inmigrantes europeos como una “raza” no solo lista para explotar países que necesitaban desarrollo sino también como una raza capaz de hacerlo. Por otro lado, Martí definía a los hispanoamericanos como el mejor ejemplo de las “razas del sur”, de éstos resaltaba su conexión a la tierra y a afinidad a la familia como sus principales características. Con su reflexión conectaba las cualidades de la herencia cultural de cada grupo europeo que arribaba en la ciudad. Presentaba una taxonomía en la cual presentaba descripciones junto a datos estadísticos para retratar a grupos nacionales como los alemanes, irlandeses, italianos, franceses, escandinavos, polacos, holandeses y hebreos. Al reconocer que éstos llegaban en las condiciones más adversas, detallaba las paupérrimas circunstancias de sus viajes en los trasatlánticos que sobrepasaban su límite, que en la mirada del autor eran familias enteras llenas de “hambre y esperanza” (Martí: 1992a, p. 225).

Desde su propia condición de inmigrante reconocía el alto grado de multiculturalismo presente en lascalles de Nueva York, asimismo resaltaba que la ola migratoria estaba compuesta mayormente por familias pobres. Demostraría este punto meses después en otra crónica para La Opinión Nacional con fecha del 11 de abril de 1882. Allí, discutía la inconstitucionalidad del llamado “impuesto por cabeza”, con el cual el gobierno local requería a cada inmigrante un pago al poner pie en el puerto. Desde 1876, como lo indica Susan Martin (2011), leyes estatales implementadas en los Estados de Massachusetts y Nueva York requerían un pago de 2 dólares por inmigrante. Estas leyes fueron implementadas para desalentar la llegada de posibles indigentes e inmigrantes enfermos. Eventualmente fueron declaradas inconstitucionales dado que infringían el derecho federal de regular la inmigración. Para Martí, aunque esta tarifa requerida por las autoridades era inconveniente, la justificaba en ciudades como Nueva York como un impuesto necesario. Este dinero se usaba para proveer a los inmigrantes más necesitados, lo cual se había convertido en un problema para las autoridades locales (Martí: 1992a).

En dos años el cubano tomaría un matiz más crítico sobre el tema, como lo muestra su texto para la revista La América de Nueva York en número de febrero de 1884. Con un sugerente título La inmigración inculta y sus peligros, dejaba atrás su benevolente posición manifestando que la inmigración desmedida también podía representar algunos peligros para el proceso de construcción nacional:



Hablando de esos inmigrantes sin educación industrial y sin familia, espuma turbia de pueblos viejos y excrecencias de cueva, que de Europa vienen a los Estados Unidos en bandadas demuestra una estadística reciente que no hay alimento más abundante para las cárceles, ni veneno más activo para la nación, que estas hordas de gente viciosa y abrutada. No embrutecida, no: abrutada. (Martí: 1992f, p.382)

En muchos sectores de la ciudad existía una sobrepoblación de inmigrantes los cuales tenían un gran impacto en los bajos niveles de salud y calidad de vida. Oscar Handlin explica en su canónico libro The Uprooted, originalmente publicado en 1951, que los inmigrantes de ese periodo eran hombres y mujeres en plenitud de vida, sin embargo, las muertes entre ellos eran mucho mayores que la mayoría de los estadounidenses. Las estadísticas apuntaban a que la expectativa de vida era mucho menor entre los inmigrantes pobres. Handlin manifestaba que, dentro de la opinión pública, una posición hostil y llena de prejuicios se había establecido hacia los inmigrantes ya a finales del siglo XIX (Handlin: 1971). Ante esteescenario, muchos ciudadanos afectados por las condiciones de vida en sectores de clase trabajadora veían esto como una consecuencia directa de la inmigración descontrolada.

En un periodo de dos años Martí en sus textos comienza a usar epítetos como “gente abrutada” al ver el desempleo de inmigrantes con falta de instrucción u oficio. Se refería principalmente a aquellos que llegaban sin habilidades para desarrollar algún trabajo, y que el autor también notaba como faltas y deseos de aprender. Si bien Martí toma en cuenta las difíciles condiciones en las que las que cientos de familias de inmigrantes llegaban, no discute en estas primeras interpretaciones la explotación que enfrentaban como parte del proceso de expansión de una fluida economía capitalista que definió a los Estados Unidos en este periodo.

La política de puertas abiertas para la migración trasatlántica atribuida a las décadas finales del diecinueve podía muy bien entenderse como un mito. Lejos de encontrar una tierra prometida de oportunidades e igualdad, Los Estados Unidos era todo menos un lugar económico y socialmente ventajoso lleno de oportunidades para todos los inmigrantes (Behdad: 2005). Con este escenario era más cómodo atribuir las inciertas condiciones que surgían para los recién llegados a su pobreza y falta de educación, y no a la falta de oportunidades para ganar lo suficiente y sobrevivir (Handlin: 1971). Para exacerbar la situación, una aversión a los europeos no nórdicos había comenzado a tomar lugar a mediados de siglo. El fenómeno se formó como una distinción racial donde las elites anglo-protestantes desarrollaron una ideología en la se establecía una superioridad de la raza blanca sajona sobre otros grupos europeos. Como consecuencia, un gran miedo entre los nacidos europeos americanos surgió ante la posible mezcla de los nórdicos con razas europeas “inferiores”, ya que podía “mongolizar” y destruir la verdadera raza blanca (Feagin: 1997). En La inmigración inculta y sus peligros, Martí aun sin conocer en profundidad el tema se vio influenciado por el criticismo dirigido a los inmigrantes, y así mismo llenó sus interpretaciones de los prejuicios existentes contra la pobreza y su poco deseo de mezclarse con grupos diferentes a los suyos.

Según Dale Knoble (1996) desde La Guerra Civil hasta mediados de 1880, muchos grupos que se hicieron llamar “nativistas” fueron tomando forma, como agentes de clase media que promovían valores del protestantismo angloamericano, como la principal fuente ideológica en que debía construirse la nación. Para los llamados nativistas las razas se determinaban a través de la línea del color. No obstante, Knoble sugiere que la inclinación y el vigor de los nativistas para diferenciar a la raza blanca, contradijo el pensamiento racial del periodo, el cual establecía marcadas distinciones entre blancos, negros, amarillos y rojos. Sin embargo, llama la atención la discordancia de algunos nativistas para seguir la lógica de sus argumentos y demostrar que otras razas, tales como los afroamericanos y los nativo-americanos, podían constituir candidatos más lógicos para optar a la ciudadanía que muchos de los inmigrantes blancos europeos. Es importante señalar que, aunque Martí en sus primeros acercamientos al tema si bien caía en interpretaciones prejuiciadas, el cubano no se adhería a estos extremos. Para Martí no era conveniente la idea de oponerse a la inmigración como lo demostraban los nativistas quienes se oponían a una política de puertas abiertas para los inmigrantes. Para Martí la apertura y el flujo de distintos grupos étnicos era una necesidad de las repúblicas jóvenes:



Se piden inmigrantes en muchas de nuestras Repúblicas. Los pueblos que tienen indios, deben educarlos, que siempre fructificarán mejor en el país, y lo condensarán más pronto en nación, y la alterarán menos, los trabajadores del país propio que los que le traigan brazos útiles, pero espíritu ajeno. Porque esa es la ley capital en la introducción de inmigrantes: sólo debe procurarse la inmigración cuyo desarrollo natural coincida, y no choque, con el espíritu del país. Vale más vivir sin amigos, que vivir con enemigos. Importa poco llenar de trigo los graneros, sí se desfigura, enturbia y desgrana el carácter nacional. Los pueblos no viven a la larga por el trigo, sino por el carácter. En inmigración como en medicina, es necesario prever. No se debe estimular una inmigración que no pueda asimilarse al país. (Martí: 1992f, 384)

Aunque su representación estaba basada en la sociedad estadounidense, se puede argüir que esta perspectiva sobre la inmigración podía muy bien aplicarse a la realidad de los países latinoamericanos. Sin compartir la radical definición étnico-racial de los nativistas, un punto de encuentro en la que coincidía con éstos era en resaltar los problemas que la inmigración sin control estaba causando, atribuyéndolo a la inhabilidad de muchos grupos étnicos a no poder asimilarse. Desde la perspectiva del autor, esto podía provocar divisiones sociales que no representaban beneficios para los interesases nacionales.

EN CONTRA LA INMIGRACIÓN ASIÁTICA

De todos los grupos de inmigrantes que llegaron a los Estados Unidos durante este periodo, los asiáticos que entraban al país por la costa del oeste fueron los inmigrantes más discriminados dado su estatus étnico- racial. Con la firma de la Ley de Exclusión China por el presidente Chester Alan Arthur (1829-1886) el 6 de mayo de 1882, por primera vez en la historia de los Estados Unidos se aprobaba una ley federal que prohibía la entrada al país de un grupo étnico basada completamente en la raza y nacionalidad (Gyory: 1998). Esos años el racismo hacia los inmigrantes y descendientes chinos, a diferencia del racismo contra los negros, estaba definido por una forma de rechazo cultural en vez de racismo biológico (Spoehr: 1998).

En parte, la exagerada xenofobia en el inmenso estado de California, primera puerta de entrada para la migración china, estaba sustentada en la imagen negativa de los hábitos y costumbres de esta población. Los inmigrantes chinos eran relativamente nuevos en los Estados Unidos, lo que causaba una diferenciación en el conceso racial existente. Muy diferente a la situación de los negros quienes habían establecido un extensivo contacto con la cultura americana siendo una parte importante de esta. La cruzada en contra de la inmigración china alcanzó gran resonancia nacional, resultando en la Acta de Exclusión China de 1882. La población trabajadora china proveía mano de obra en las minas y granjas que alimentaba la industria minera del oeste del país. Igualmente fue de gran importancia en la construcción de las líneas de ferrocarriles que conectaron el oeste con el este. En 1870, en un intento para limitar el boom económico del estado de California e impulsar la economía en un estado de depresión, los trabajadores blancos tomaron acciones cuando percibieron que sus trabajos estaban amenazados por los bajos salarios que los inmigrantes chinos ultimadamente aceptaban. Su causa empujada por una combinación de factores como inestabilidad financiera, el conflicto racial y el ambiente político, llevó a detener el influjo de inmigrantes chinos, así como su expansión interna (Gerber: 2011).

En marzo de 1882, más de un año luego de su llegada a Nueva York, Martí volcaba su mirada a reflexionar sobre el debate que se llevaba a cabo en el Congreso de los Estados Unidos, antes de la firma de esta ley sin precedentes que cerraría la entrada a un grupo específico de inmigrantes. En su columna del 31 de marzo de 1882, en La Opinión Nacional, comenta sobre el clima político que más adelante se establecía como una ley que limitada a los chinos su entrada a los Estados Unidos, ley que también propagaría su expulsión y persecución del país. Aunque entendía el problema como un conflicto de larga data, llevaba a sus lectores de la época a centrar el conflicto en la ciudad californiana de San Francisco, explicando el escenario de xenofobia y discriminación como un “teatro de más extraña lucha” (Martí: 1992b, p.282), indicando que se trataba del “duelo mortal de una ciudad contra una raza” (Martí: 1992b, p.283). En este texto Martí presentaba el álgido debate que se llevaba a cabo en el Congreso de los Estados Unidos para aprobar esta ley, y que en la opinión mesurada de Martí, tenía un carácter inconstitucional:



En vano imponentes grupos en la alta y baja Cámara decían que prohibir la entrada de hombre alguno, y de un pueblo entero de hombres, a esta tierra, era como rasgar con daga la Constitucióngenerosa de este pueblo, que permite a todos los hombres el ejercicio libre y libre empleo de sí. (Martí: 1992b, p.282)

En contra de como se había manejado la situación, cuestionaba el hecho de cómo una ciudad podía hacer una petición de este tipo para sancionar una raza servil y trabajadora. En un esfuerzo de explicar la aversión al chino a los lectores hispanoamericanos, Martí hace una comparación de su situación a la situación del negro: “Por mantener la esclavitud de los negros hizo una guerra el Sur. Pues por lograr la expulsión de los chinos hubiera hecho una guerra el Oeste” (Martí: 1992b, p.282). Martí vio este caso como el producto de una crisis y las consecuencias de la amenaza económica que representaban la cultura de trabajo del chino. Estos al ser una fuente de trabajo barata desplazaban a los blancos que buscaban las mismas plazas de empleos.

Semanas después, el 26 de abril del mismo año en la sección final de otra de sus crónicas en el periódico caraqueño el cubano volvería a hablar sobre el debate que cubría las paginas principales de la prensa estadounidense (Martí: 1992d). Martí que cuidadosamente siguió las deliberaciones que se llevaban a cabo, sentía complacencia que durante esos días de abril, el presidente de los Estados Unidos, Chester A. Arthur, había vetado el acuerdo que prevenía la inmigración china. Describía el veto por el presidente republicano, quien había llegado al poder algunos meses antes después del asesinato del presidente James Garfield (1831-1881), como un claro acto de sabiduría. Najia Aarim-Heriot explica que las objeciones del presidente Arthur se limitaban a puntos específicos del acta, por ejemplo, en reducir a 10 años el veto en vez de 20 (Aarim-Heriot: 2006). Martí reflexionaba que impedir la entrada a un grupo étnico-racial no era más que un “acuerdo loco, por lo que los representantes cierran esta nación cuya gloria y poder viene de ser casa de todos los hombres” (Martí: 1992d, p. 298). Lo cierto es que Martí no visualizaba que sería el mismo presidente quien dos semanas después, firmaría y con la mayoría de los votos de los representantes republicanos y demócratas, el acta final de exclusión donde se prohibía la entrada de inmigrantes chinos por un periodo de 10 años. Aunque se hablada del acta como un experimento corto, la realidad es que la misma se extendería para prohibir la entrada a otros inmigrantes asiáticos como japoneses y coreanos hasta las primeras décadas del siglo veinte (Gyory: 1998).

Con las puertas del país ahora clausuradas a los nacionales chinos, la denuncia de Martí resonaba, años después en una sección de su crónica para La Nación de Buenos Aires, aparecida el 23 de octubre de 1885. Martí destacaba la dura realidad de los trabajadores chinos que permanecían en los Estados Unidos. La idea del texto era describir el auge de la violencia cometida contra los chinos por trabajadores blancos que seguían viéndolos como amenaza. La violencia contra los inmigrantes chinos, en su mayoría se llevó a cabo en la parte oeste del país en la década de 1870. Con gran repercusión en la prensa nacional, entre los casos más infames, se encuentran las revueltas de Los Ángeles el 24 de octubre de 1871, donde 15 inmigrantes chinos fueron ahorcados por hombres blancos. En Denver, Colorado el 31 de octubre de 1880, un grupo de protestantes golpearon salvajemente a una pequeña comunidad de chinos destruyendo sus propiedades y matando a uno de ellos. La violencia contra el chino alcanzo su punto máximo con el ataque sinofobico más sangriento registrado hasta entonces. En el poblado de Rock Spring, Wyoming, el 2 de septiembre de 1885, unos 150 mineros blancos armados asesinaron a 28 inmigrantes chinos y saquearon y destruyeron sus propiedades. El caos se extendió al punto de que tropas del gobierno federal fueron enviadas para asegurar la zona (Gilje: 1999; Zesch: 2012; Zhu: 2013). Para introducir el suceso, Martí comparaba las capacidades de trabajo de los chinos con sus perseguidores. De esta amanera le atribuye características que consideraba centrales para atizar la aversión de los trabajadores blancos que los desdeñaban:



El chino no tiene mujer, vive de fruslerías, viste barato, trabaja recio; persiste en sus costumbres; pero no viola la ley del país; rara vez se defiende: nunca ataca: es avisado, y vence en la lucha, por su sobriedad y su agudeza, al trabajador europeo. (…) Pero como trabajador el chino es sobrio,barato, bueno. Como vive en condiciones diversas del trabajador blanco, ni consume lo que éste, ni los problemas de éste--necesidades, salario, huelga-le alcanzan de igual manera; por lo que, satisfecho siempre de una retribución que nunca está por debajo de lo que necesita, por ser esto tan poco, rehúye la liga con los trabajadores blancos, y se sabe odiado de ellos. (Martí: 1992e, p.306)

Aunque sus comentarios están llenos de generalizaciones como estereotipos raciales, destacaba al mismo tiempo el clima de hostilidad que enfrentaban los trabajadores chinos en el país. Exaltaba las capacidades de los trabajadores sugiriendo que estos trabajaban más duro que otros grupos de inmigrantes, siendo esta razón por la cual las mineras del oeste buscaban siempre emplearlos. Aunque entendía que los mineros blancos los veían como una amenaza no podían acusarles de ser “no menos diestro y vigoroso que los trabajadores de otra raza” (Martí: 1992e, p.306).

CONCLUSIONES

Martí concluye su síntesis en esta crónica para la prensa bonaerense haciéndose eco del sangriento suceso de Rock Spring. Martí exagera las cifras y da por muertos a unos 150 chinos por la horda de mineros blancos. Aunque el número de muertes que tuvo lugar no era preciso, su discusión del evento, el cual había sucedido unas semanas antes de publicar su nota en La Nación, era un llamado de atención para destacar el suceso como uno de los peores ataques jamás registrado a la comunidad china en los Estados Unidos. Conocido, como la Masacre de Rock Spring, Martí había confundido los números, ya que el número estimado de muertes fue de 28 mineros chinos, una gran discrepancia con los 150 que Martí revelaba en su crónica. En todo caso la confusión podría haberse dado ya que la población de la villa atacada era de unos 150.

Las víctimas habían sido asesinadas por unos mineros carboníferos que protestaban contra la empresa llamada Union Pacific Coal Company. Los obreros blancos estaban en contra de los bajos salarios que la empresa ofrecía a los chinos, y que acusaban de usurpar sus trabajos. La violencia no había cesado después de la firma del Acta de Exclusión China, al contrario, mucha de la violencia y tensiones entre los mineros blancos y los obreros chinos había aumentado (Aarim-Heriot, 2006). Más allá de las imprecisiones de Martí, su discusión del evento no se limitada a expresar su rabia hacia los mineros blancos que veían en la expulsión y muertes de los chinos como respuesta a su propia situación. El cubano trata de hacer un análisis más profundo del asunto al destacar la impunidad con la que se cerró el tema, reflexionado que aquellos que perpetraron las muertes no habían sido apresados: “La ley anda despacio en perseguirlos” (Martí: 1992e, p.307). De esta forma sus comentarios con respecto a la impunidad con la que se manejaba la persecución y las agresiones a la comunidad china, era una forma de exponer el tipo de acciones que persistían cuando se debía proveer justicia a razas que Martí percibía como excluidas y estigmatizadas por la América sajona.

Si bien en sus primeras observaciones Martí se vio influenciado por el clima hostil hacia la inmigración pobre europea, para 1885 ya con más de cuatro años en el país, Martí tiende a ver la explotación y persecución del inmigrante, al recibir menos compensación por el mismo trabajo que sus pares blancos nacidos en el país. Lo que entonces debía entenderse como un tema económico, ultimadamente se había convertido en una cuestión teñida por el complejo tema de la raza y el racismo. Aunque muchas de estas opiniones llegaban con la premura que demanda el discurso periodístico, ya con cinco años viviendo en los Estados Unidos el cubano pudo comprender que al igual que la situación de los negros y los indígenas en las primeras décadas después de abolida la esclavitud, muchos grupos étnicos que se establecieron en el país, como los asiáticos y los inmigrantes pobres europeos, se les afrentaba como ciudadanos de segunda clase. Esta visión estaba respaldada por la marcada división que reforzaría las viejas relaciones raciales, donde la supremacía de un grupo sobre otro se legitimaba a través de códigos y leyes.

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