Artículos
Miradas decoloniales, interculturales y ecología política en la gobernanza de territorios
Decolonial, intercultural and political ecology looks at the governance of territories
Miradas decoloniales, interculturales y ecología política en la gobernanza de territorios
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 25, núm. 88, pp. 34-40, 2020
Universidad del Zulia

Recepción: 10 Octubre 2019
Aprobación: 05 Noviembre 2019
Resumen: Los procesos de gobernanza de territorios exigen un esfuerzo especial por abrirnos a las diversas comprensiones que circulan en torno a sus vocaciones productivas y condiciones de diversidad. Para ello, proponemos reflexionar desde perspectivas decoloniales, interculturales y ecológico políticas en torno a procesos de gobernanza de aguas en territorios marcados por la convivencia del capitalismo transnacional con economías y culturas campesinas e indígenas. Los casos de referencia empírica, proceden de las regiones de Biobío y Ñuble, en el Centro Sur de Chile, en que actores y actantes del sistema socionatural determinado por las plantaciones de monocultivos forestales, se enfrentan cotidianamente a dialogar, negociar y confrontar sus comprensiones múltiples en torno al agua.
Palabras clave: Agencias, aguas, capitalismo, locales, saberes, territorios.
Abstract: The processes of territories governance require a special effort to open ourselves to the diverse interpretations that circulate about its productive vocations and conditions of its diversity. To do so, we propose to reflect from decolonial, intercultural and ecological-political perspectives surrounding water governance processes in territories marked by the coexistence of transnational capitalism with peasant and indigenous economies and cultures. The empirical reference cases come from the regions of Biobío and Ñuble, in the South Center of Chile, where the actors and actants of the socionatural system determined by plantations of monoculture forestry, face daily dialogue, negotiate and confront their multiple understandings around the water.
Keywords: Agencies, water, capitalism, local, knowledge, territories.
INTRODUCCIÓN
Desde un acercamiento antropológico – provocado por la ecología política de tercera y cuarta generación, es decir, ontológica y decolonial - la cuestión del agua en la actualidad es un fenómeno polifónico y gravitante en los procesos de desarrollo y convivencia en los territorios. Constituye un fenómeno total, en los sentidos sociológicos de lo social – a decir de Latour – pero ante todo, un ensamblaje de valores, sentidos y lenguajes, observables a través de prácticas y procesos tales como:
las organizaciones de agua potable rural
las críticas a las plantaciones forestales por el alto consumo de agua y el empobrecimiento de los suelos
la gestión y conservación de la biodiversidad por parte del Estado y empresas forestales
la intervención pública en general (municipal, regional, nacional), para propiciar la gobernanza y la superación de la crisis hídrica.
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El problema que interesa abordar, es el de la gestión de la crisis hídrica que atraviesa actualmente a los territorios indígenas y campesinos, marcado por los desarrollos autoexpansivos del capitalismo que han logrado permear zonas íntimas de los sistemas productivos y culturales locales. Las interrogantes centrales de este trabajo, versan sobre las condiciones para el diálogo de saberes en contextos de hegemonía económica y cultural del capitalismo transnacional, donde se des-encuentran y negocian de modo permanente distintas versiones sobre la naturaleza, dualistas y relacionales, organizadas a la vez en estructuras evidentemente desiguales pero en ningún caso estáticas o uniformes. Muy por el contrario, la cuestión de la escasez hídrica y las implicancias de la desertificación en estos territorios son en sí mismas las interacciones, conflictos y procesos no lineales que, en la cotidianeidad, alimentan de sentido al pensamiento ambiental social y a la crítica social y política a los extractivismos. El presente texto, tiene como finalidad reflexionar en torno a los cursos de las interacciones que se producen para garantizar el acceso al agua, visualizando las posibilidades del diálogo entre saberes culturalmente diversos y políticamente desiguales.
El eje conceptual, a saber, ético político y metodológico, de la presente reflexión es la cuestión del diálogo de saberes en el marco de la superación de la dicotomía naturaleza/cultura y la aplicación de miradas basadas a los ensamblajes socionaturales que se construyen y reproducen en nuestros territorios. Estas miradas, tienen una base común en las propuestas de redefinición de lo social hechas por Bruno Latour (2005), a partir de las cuales el foco se centra en las interacciones, las contradicciones, las agencias y lo que este autor llama “las asociaciones”. Desde esta perspectiva, se hace posible liberar al ejercicio reflexivo de la presión hipotético deductiva y abrirnos a la imaginación etnográfica en el estudio de los ensamblajes socionaturales donde las agencias son tanto humanas como no humanas – tecnológicas, naturales, materiales. Desde allí, vemos al problema del agua como una interconexión de intereses, intenciones, disputas y expectativas, que reflejan los sentidos de la desigualdad económica y la diversidad cultural en el territorio.
A partir de lo anterior, revisaremos a continuación un conjunto de posibilidades para comprender la cuestión del agua, entendiéndola como un actante que posee diversas versiones, todas ellas entrecruzadas en territorios comunes. Estas posibilidades se han inspirado en las provocaciones intelectuales del pensamiento decolonial, intercultural y ecológico político, intentando con ello demostrar la fecundidad de esta interacción crítica.
Lo primero, es abrirnos a comprender al problema de la escasez de agua como un proceso/disputa que agencia saberes, prácticas y conflictos de tipo científico, ideológico y político. Los saberes agenciados provienen de actores transnacionales, nacionales y locales, entrelazados en tramas de resistencia, convivencia y/o negociación permanentes. Localmente, las dinámicas del agua están marcadas por agentes tales como los comités de agua potable rural, las tomas de agua (que usualmente pueden estar en medio de predios forestales), el desarrollo de proyectos de ingeniería e infraestructura para favorecer el abasto y el mejoramiento de la calidad de agua, la creación de redes de formación y promoción de soluciones a escala, entre otros. En estos contextos, ha sido posible reconocer críticamente a los ejercicios coloniales de los saberes científicos hegemónicos sobre el medio ambiente: la sustentabilidad, la conservación de la biodiversidad, la gestión integrada de cuencas, entre otras referencias conceptuales que hoy lideran la gestión ambiental y socioambiental oficial, y que se materializan en ocasiones a través de actos dogmáticos que invisibilizan saberes y agencias locales. No obstante, es necesario aclarar que estos saberes científicos ambientales no son en ningún caso homogéneos, sino que poseen un intenso debate interno en que se reelaboran las versiones de la naturaleza y se problematizan las bases éticas y metodológicas del quehacer científico en torno a problemas críticos como los problemas del agua. En estos debates, la cuestión de los sistemas de conocimiento y prácticas locales juegan un rol central, y marcan una importante diferencia entre perspectivas que no la visualizan, la consideran o bien instrumentalmente – bajo formas de participación institucionalizada – o bien como un recurso vital tanto para la actualización de propuestas de intervención como para materializar los propósitos de un ejercicio científico pluralizado, extendido, posnormal. Desde estas últimas perspectivas, se ha identificado la instalación de enfoques socioambientales que reconocen un principio integrador entre naturaleza y sociedad. Estos enfoques, entre los cuales se destacan los sistemas socio ecológicos (Ostrom: 2009), la gestión integrada de cuencas y el diálogo de saberes (Leff: 2014; Betancourt et al.: 2014), permiten hoy solventar una comprensión crítica a la conservación de la biodiversidad monocentrada en la epistemología científico moderna, de corte naturalista. Estas nuevas miradas dan lugar a imaginar hoy los ejercicios prácticos de una ecología política decolonial e intercultural, desde la cual la conservación de la biodiversidad debe ser revisada en el marco de los desafíos del diálogo de saberes.
Para lo anterior, un requisito fundamental es que las prácticas científicas sean concebidas como parte de la construcción de procesos de gobernanza de aguas. Esto quiere decir intencionar un ejercicio científico social dirigido, pero no en los sentidos del cambio social dirigido de la antropología aplicada para el desarrollo (Escobar: 1996), sino de una praxis que promueva el diálogo de saberes, y que permita visibilizar, legitimar e integrar a los conocimientos locales en el diseño y la organización de propuestas. En estos contextos, los registros etnográficos ya no son sólo caudal de la antropología ni del repertorio occidental sobre los pueblos, sino actantes en procesos que inciden directamente en la vida de personas y comunidades.
IDEAS PARA LA GOBERNANZA DE AGUAS DESDE LOS PENSAMIENTOS DECOLONIALES, INTERCULTURALES Y ECOLÓGICO POLÍTICOS
Bajo la mirada de Leff, “el ambiente no es la ecología, sino la complejidad del mundo; es un saber sobre las formas de apropiación del mundo y de la naturaleza a través de las relaciones de poder que se han inscrito en las formas dominantes de conocimiento” (2006, pp.13-14). Desde esta mirada, las aguas constituyen un dominio apropiado por las ciencias y por los marcos jurídicos y éticos hegemónicos, por las economías locales y globales que se disputan su acceso y control, y también por la espiritualidad de los pueblos indígenas desde la cual se elaboran sentidos y valoraciones que deben ser determinantes en su gobernanza. Por tanto, se hace oportuno proponer como primer paso el pensar la crisis hídrica en los términos de la epistemología ambiental que nos propone Leff, y comprender a la crisis hídrica como una crisis del conocimiento. Esto supone, asumir el desafío de desentrañar las dosis de poder que acompañan a la legalidad del quehacer científico y que se expresan en aparatajes conceptuales que requieren ser deconstruidos. Desde la categoría de racionalidad ambiental, Leff contribuye al pensamiento ecológico político propiciando la apertura de la racionalidad dominante ante una gama de matrices de racionalidades que, en virtud de diversos criterios, asocian a sociedades y naturalezas.
Frente a lo anterior, se hace posible adentrarnos a reconocer en la comprensión mapuche del agua una ontología particular, organizada desde principios relacionales. Siguiendo la inspiración de Marisol de la Cadena (2015), esta ontología implicará no sólo otro modo de conocer sino ante todo la irreductibilidad de la comprensión mapuche del agua en que lo natural y lo social son integrados en un mismo relato cosmológico. De aquí deriva el desafío decolonial de interpelar a los paradigmas de interpretación occidental de la diversidad cultural y de los ecosistemas e incentivarlos a que pluralicen sus acercamientos a otras versiones del agua y su historia. Al mismo tiempo, se vuelve más exigente la comprensión de los mundos indígenas en sus interconexiones, heterogeneidades y parcialidades, reemplazando las visiones reificantes y esencialistas por otras que partan de una comprensión política de las diferencias ontológicas. Éste es un dilema importante si lo que se busca es crear espacios de mayor horizontalidad entre los saberes, pues exige que aún desde epistemologías y ontologías diversas, mantengamos la posibilidad de construir lenguajes e intereses comunes.
La premisa de este trabajo es que las aguas ofrecen un dominio para ensayar este planteamiento de tipo decolonial, donde si bien se puede compartir un diagnóstico en torno a la crisis que se vive, tanto el desconocimiento como la incertidumbre frente al tema puede ser una oportunidad para incentivar a que se amplíen las perspectivas. En lo específico, diversas experiencias de trabajo aplicado en la última década muestran que hay una dimensión experiencial con el agua que es personal y colectiva a la vez, y que está siempre, íntimamente vinculada a sus contextos socioculturales. Por otra parte, las aguas forman parte de modelos ecológico- culturales en que se asocia con prácticas productivas, con concepciones religiosas de la naturaleza y más recientemente, con el cuidado del medio ambiente y la conservación de la biodiversidad. Para Betancourt (2017), estos serían problemas que requieren no sólo de la colaboración entre disciplinas sino entre marcos epistemológicos distintos. En otras palabras, para conocer a fondo el problema del agua es insuficiente conocer únicamente antecedentes de caudal, pluviometría, humedad, y por tanto debemos conocer también la experiencia y los imaginarios de relación y usos del agua en la vida personal, familiar y comunitaria. Dicho conocimiento, desde una mirada decolonial, debe proceder de la propia producción de conocimiento local, intentando reafirmar el principio de De Sousa Santos según el cual “la comprensión del mundo es mucho más amplia que la comprensión occidental del mundo” (Grosfoguel: 2011, p. 97).
Para un impulso de carácter aplicado, la meta es visibilizar esta dimensión de convivencia local con el agua, atravesada por contenidos religiosos y sagrados en el caso mapuche, y que son también cosmológicos y prácticos como en el caso de comunidades campesinas. Si antes se buscó recoger estos saberes para orientar mejor la aplicación de políticas públicas, hoy se valora como un aporte inherente de todos quienes forman parte y poseen intereses en los territorios. Hoy estos saberes ya no deben ser traducidos por ningún intérprete a través del cual se asegure su condición subalterna. Hoy debemos más bien, propiciar la formación de facilitadores de procesos que deberán ser capaces de distinguir y ensamblar lenguajes y sabidurías otras. Los actuales análisis de procesos de gobernanza en contextos de crisis hídrica, muestran que en ellos se contraponen permanentemente diversos proyectos políticos, en los cuales los actores defienden “su concepción de la naturaleza del agua, del entendimiento que se tenga del origen o la causa de los problemas, así como de las soluciones y estrategias que se planteen como las más adecuadas para superar la crisis del agua” (Caldera: 2017, p. 244). La puesta en juego de proyectos políticos implicaría la coexistencia de tipos ideales defendidos por diversas actorías a través de procesos de gobernanza, entre los cuales Caldera identifica a los proyectos políticos del agua como bien económico y del agua como derecho humano (ob. cit). Aplicando esta comprensión a los territorios del centro sur de Chile marcados por la expansión de los monocultivos forestales, podríamos agregar a los proyectos políticos identificados por Caldera el del agua como bien sagrado, propio de comunidades y organizaciones mapuche que reivindican otra ontología, donde lo natural es también espiritual. Bajo un propósito decolonial, resulta indispensable instalar este tipo de proyecto político en el centro de los debates conceptuales y metodológicos en torno a la gestión y gobernanza del agua. Entre los principales desafíos que supone esta instalación se encuentra el de contar con redes interdisciplinarias e interculturales dispuestas epistemológica y ontológicamente al diálogo con otras versiones sobre los problemas del territorio, los ecosistemas, sus valores patrimoniales, sus usos productivos y su conservación. Cada versión es en sí misma una apuesta política que pone en juego sus intereses particulares, lo que hace de las alianzas instrumentos especialmente estratégicos para la visibilización de los proyectos políticos críticos con la hegemonía del agua como bien económico.
Desde la perspectiva intercultural de Ricardo Salas (2017), los procesos en que se entrecruzan proyectos políticos, epistemologías y ontologías, deben ser vistos en el marco de estructura de relaciones sociales y políticas asimétricas constitutivas del territorio. Desde esta perspectiva, es necesario reconocer la propia heterogeneidad del mundo mapuche, donde es posible encontrar relaciones y prácticas de respeto y espiritualidad con la naturaleza, y también relaciones y prácticas que tributan a otros principios, más bien provistos por la propia modernidad neoliberal. Desde esta mirada, el mundo mapuche ha sido sometido al colapso de sus formas de vida asentadas en principios de mayor reciprocidad con lo natural, dando lugar a nuevas y diversas formas de reconstrucción de sus identidades territoriales. Es decir, dentro del mundo mapuche circulan diversos proyectos políticos, pero en su gran mayoría comparten el proyecto del agua como bien sagrado, fundamental en su espiritualidad como personas y pueblo. Siguiendo los planteamientos de Salas (ob. cit), esta otra ontología debiese ser incluida simétricamente en el diálogo de saberes para la gobernanza del agua. Los saberes del proyecto del agua como bien sagrado deben ser reconocidos en su legitimidad, y su vivencialidad, no sólo como referentes de sistemas epistemológicos distintos sino más aún, como marcos ontológicos de la vida.
La reflexión política intercultural con este énfasis crítico, comparte con la ecología política la atención por las relaciones tensionadas y las asimetrías que se construyen a partir de los intereses de diversa naturaleza que ofician, en este caso, sobre las mismas aguas. La filosofía intercultural contribuye especialmente en esta discusión sobre tensiones y asimetrías, prestando especial atención a la reproducción de contextos de dominación multiculturales y elaboraciones hegemónicas sobre la diversidad cultural. El ejercicio filosófico de pensar las relaciones interculturales en contextos de crisis hídrica permite prestar atención a las distintas dimensiones puestas en juego en esta expansión: las de la materialidad – las formas del agua, los lenguajes del agua, los usos del agua, las de las fronteras – los límites de las aguas: la vegetación, el consumo, el mercado, las de la espiritualidad – la naturaleza de las aguas, las dimensiones prácticas y éticas de los sistemas relacionales y socioculturales del capitalismo contemporáneo – el agua como un recurso para el desarrollo, como un actor/red.
Para el desafío decolonial de participar de la gobernanza de aguas en territorios indígenas y transnacionales, esta contribución de la mirada intercultural es garante de que la reflexión ontológico relacional no se remitirá a una lectura culturalista o neo relativista. Pensar la gobernanza de aguas desde una ecología política decolonial, en diálogo con la filosofía intercultural permite entonces detenernos en la problematización de las relaciones de dominación y abrirnos a la creación de nuevas formas de agencia.
NUEVAS FORMAS DE AGENCIA
La gobernanza como agencia, es un proceso en que permite ensayar nuevas formas de encuentro y diálogo entre los diversos agentes – económicos y culturales – que tensionan al territorio con sus respectivos intereses, en ocasiones, contrapuestos. Procesos como el de los Acuerdos Voluntarios para la Gestión integrada de Cuencas, promovidos por la Agencia para la Sustentabilidad y el Cambio Climático en Chile desde 2016, dan cuenta de la actualización de las agendas y metodologías para incentivar la gobernanza del agua. Su estrategia, se centra en la aplicación de un modelo de proceso social en que son convocados diversos actores del territorio – municipio, pequeños propietarios, empresarios, líderes y representantes de organizaciones, directivas de comités de agua potable rural, además de representantes de todos los organismos públicos con injerencia en la cuenca. El modelo contempla que entre todo/as se construya un plan para la gobernanza con acciones y metas a uno, dos y tres años. Todas las actorías participantes asumen compromisos y en conjunto se lleva adelante el monitoreo al cumplimiento del Acuerdo. Este tipo de nuevas formas de diseño de procesos de participación parecen abrir nuevos espacios para la puesta en diálogo de los diversos proyectos políticos y culturales en torno al agua. Allí entonces se requieren racionalidades, saberes y ciencias que trabajen desde enfoques de diversidad biocultural que hayan superado las limitaciones del paradigma eurocéntrico de conservación de la biodiversidad.
El capitalismo global ha propiciado ya diversos modelos para la gestión de la diversidad cultural. Por lo tanto, es prioritario que se enfaticen las aproximaciones críticas prestando especial atención a este tipo de procesos, en que se entrecruzan sistemas de conocimiento y proyectos políticos y en los que usualmente se invisibilizan sus diferencias asumiendo que existen universales indiscutibles, a saber, el cuidado del agua como recurso, su carácter indispensable para la vida. Asimismo, es prioritario que los equipos de investigación de distinto tipo se manifiesten como actores partícipes de los procesos, que se visibilicen en sus respectivas visiones y posiciones al igual de los/as demás actores. Este aspecto es prioritario, para concebir un escenario simétrico para el diálogo epistemológico y ontológico, en el cual los saberes locales tengan un lugar propio, visible y vinculante en la toma de decisiones.
CONCLUSIONES
Las actuales agendas disponibles para construir procesos de gobernanza de aguas exigen propiciar aperturas epistemológicas que permitan decolonizar los discursos hegemónicos de la naturaleza. Para ello, es necesario ampliar el debate metodológico en torno a los diálogos de saberes, y provocar la interpelación permanente a reconocer otros modos de vivir el problema, concebir las crisis del agua y la construcción de territorio.
Es necesario a su vez, ahondar en la recopilación de los aportes que las perspectivas decoloniales, interculturales y ecológico político pueden hacer en la instalación de enfoques críticos que se hagan visibles a través de propuestas concretas de investigación aplicada. Esto implica que los equipos de investigadores/as y los proyectos en sí mismos sean actores y agentes reconocidos en el ensamblaje, visibles y reconocidos por otros. Estos enfoques se pueden reconocer entonces como proyectos políticos por la gobernanza del agua a través del diálogo de saberes, y trabaja por que el proyecto del agua como bien sagrado sea legitimado en su condición epistemológica y ontológica.
Se trata de tomar los impulsos del pensamiento decolonial que condena los epistemicidios y que promueve la ecología de saberes, para reconocer en epistemologías y ontologías otras a nuevos repertorios de conocimiento crítico para el diseño de acciones y la toma de decisiones.
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