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LA CRÍTICA DEL EUROCENTRISMO DEL LLAMADO “MARXISMO OCCIDENTAL”

Néstor KOHAN
Universidad de Buenos Aires, Argentina

LA CRÍTICA DEL EUROCENTRISMO DEL LLAMADO “MARXISMO OCCIDENTAL”

Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 25, núm. 89, pp. 252-255, 2020

Universidad del Zulia

LOSURDO Doménico. Editorial Trotta. 2019. Madrid. Editorial Trotta. 207pp.

Resumen: El mundo de la farándula intelectual está atravesado de estrellas fugaces que viven sus cinco minutos de fama y se apagan, sin pena ni gloria. Al poco tiempo todo el mundo se olvida de ellas. Sus libros pasan inmediatamente a la mesa de saldos. No permanecen en la historia del pensamiento ni como bibliografía de apoyo o secundaria. No es éste precisamente el caso de Doménico Losurdo, el erudito pensador marxista italiano, comprometido con las causas populares, agudo polemista, perteneciente a la tradición comunista, ácidamente impugnador del eurocentrismo de las academias en las que él mismo se formó y filósofo crítico hacia “afuera” y hacia “adentro” del propio paradigma marxista.

La crítica del eurocentrismo del llamado “marxismo occidental”

El mundo de la farándula intelectual está atravesado de estrellas fugaces que viven sus cinco minutos de fama y se apagan, sin pena ni gloria. Al poco tiempo todo el mundo se olvida de ellas. Sus libros pasan inmediatamente a la mesa de saldos. No permanecen en la historia del pensamiento ni como bibliografía de apoyo o secundaria. No es éste precisamente el caso de Doménico Losurdo, el erudito pensador marxista italiano, comprometido con las causas populares, agudo polemista, perteneciente a la tradición comunista, ácidamente impugnador del eurocentrismo de las academias en las que él mismo se formó y filósofo crítico hacia “afuera” y hacia “adentro” del propio paradigma marxista.

Su trabajo más reciente, que corona una extensa obra donde no hay un solo volumen “de relleno”, está centrado en la crítica severa y exhaustiva del denominado “marxismo occidental”.

Aunque esta última expresión la volvió famosa el historiador británico Perry Anderson, antiguo director de la prestigiosa revista New Left Review, en su texto ampliamente conocido bajo el título Consideraciones sobre el marxismo occidental [1976], en realidad la dicotomía entre un marxismo europeo y los demás marxismos (asiáticos, africanos, latinoamericanos, etc.) viene de mucho antes.

En el siglo XX, desde la segunda posguerra en adelante, durante el auge de la denominada “guerra fría” y quizás como una concesión (inconsciente) a este singular clima cultural de bloques geopolíticos en disputa y emergencia de la revolución anticolonialista a escala mundial, se instaló como un axioma autoevidente la antinomia entre un “marxismo occidental”, refinado, sutil, erudito, humanista, etc. y un marxismo primitivo, rudimentario, tosco, esquemático, propio de las sociedades “atrasadas”, no occidentales, periféricas y dependientes. A este segundo marxismo se lo denominó de distintas maneras: “marxismo soviético”, marxismo oriental, marxismo tercermundista, marxismo africano, marxismo latinoamericano, etc.

Quien introdujo semejante dicotomía, desde el Collège de France [Colegio de Francia], es decir, desde lo más selecto de una Academia parisina perteneciente a una Francia colonialista en guerra por sus dominios ultramarinos de Argelia y Vietnam, fue principalmente el pensador Maurice Merleau-Ponty en su conocido libro Aventuras de la dialéctica (Merleau-Ponty, M. [1955] (1957): 37 y ss.), donde le dedicaba un capítulo completo a esta problemática, titulado precisamente “El marxismo «occidental»”.

Luego de Merleau-Ponty, desde su exilio en los Estados Unidos, le tocó el turno a Herbert Marcuse adoptar y reproducir la misma antinomia en su obra de 1958 El marxismo soviético (Un análisis crítico), publicada inicialmente en el corazón de la Academia estadounidense (Columbia University Press). En ella insistía con esta contraposición, ya por entonces asumida como un lugar incuestionable en el terreno del debate ideológico de la guerra fría (Marcuse, H. [1958] (1984): 43 y ss.; 200 y ss.).

(Es verdad que una década después de aquel ensayo, durante la rebelión juvenil alemana, Herbert Marcuse, sin abandonar la contraposición central que estructuraba el argumento de El marxismo soviético, en sus debates públicos con Rudi Dutschke —máximo dirigente marxista del movimiento estudiantil en Berlín occidental— otorga un lugar destacado a la guerra de Vietnam en las discusiones (Marcuse, H. [1967] (1986)). Sin embargo, tampoco deja de ser cierto que ese mismo año, y en forma totalmente contradictoria con sus posiciones pro-Vietnam, Marcuse toma partido —curiosamente apelando a su origen judío, a pesar de que sabía perfectamente que judaísmo y sionismo no son de ninguna manera sinónimos ni términos homologables— a favor del estado de Israel contra los movimientos de liberación nacional anticolonialistas de Oriente medio (Losurdo, D. (2019): 93-94).

Tres años más tarde de que apareciera El marxismo soviético de Marcuse en la Universidad de Columbia (USA); en 1961 (el mismo año de la invasión a Cuba donde las tropas invasoras, dirigidas y tuteladas por las Fuerzas Armadas estadounidenses, son derrotadas y militarmente humilladas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias [FAR], cubanas, en Playa Girón), también desde su exilio en Estados Unidos y a través de un prestigioso sello editorial norteamericano, Erich Fromm volvía a girar tercamente sobre el mismo eje, postulando una hermenéutica del joven Marx, en cuya conclusión ubicaba al autor de los Manuscritos económico filosóficos de 1844, por oposición al comunismo y sin mayores matices, como un… “representante de la tradición occidental” (Fromm, E. [1961] (1973): 92-93).

Quince años más tarde, quien coronó esta prolongada construcción de la dicotomía, ahora con mayor distanciamiento e incluso animándose a la polémica, pero dejando intactas las sedimentaciones excluyentes de la antinomia central, las características y las peculiaridades atribuidas a cada uno de los “marxismos” fue, como es bien conocido, Perry Anderson, en su ya clásico Consideraciones sobre el marxismo occidental (Anderson, P. [1976] (1990): 35 y ss.). Si en 1955 Merleau-Ponty todavía vacilaba en utilizar comillas para referirse al marxismo «occidental», dos décadas después, en 1976, Anderson abandonaba toda ambivalencia, asumiendo sin comillas, dudas ni zigzagueos la occidentalización del marxismo pretendidamente más exquisito e intelectualmente superior.

Cuatro autoridades de la teoría social mundial. Dos filósofos: uno francés (Merleau-Ponty), el otro alemán (Marcuse); un psicoanalista: (Fromm), también alemán; y finalmente un historiador: (Anderson), británico. Todos europeos y occidentales, que adoptaban como un dato autoevidente esa supuesta disyuntiva, en la cual el “marxismo occidental”, aún con sus limitaciones (por ejemplo su academicismo, su lenguaje críptico y su incapacidad para elaborar estrategias políticas, como observara en su reconstrucción Perry Anderson), se mostraba infinitamente superior frente a su contracara supuestamente “primitiva” y “subdesarrollada” (no es casual que en ninguna de las cuatro obras, hoy canónicas, apareciera, ni siquiera mencionada en una simple nota al pie, ni una sola personalidad ni una sola obra, ni un solo artículo o creación intelectual del marxismo de América latina).

Sin embargo, recorriendo y reflexionando sobre aquellas posiciones abiertamente occidentalistas, nos interrogamos: ¿la emergencia del “marxismo occidental” no es muy anterior, en su proceso de gestación y consolidación, a los limitados criterios cronológicos asumidos por Merleau-Ponty, Marcuse, Fromm y Anderson? ¿El occidentalismo no impregna y recorre, como una arteria vital, gran parte de la producción teórica y de la circulación de saberes y perspectivas ya desde la Segunda Internacional?

Y continuamos con nuestras preguntas e interrogaciones. ¿Era realmente superior dicho “marxismo occidental” frente a los marxismos revolucionarios del Tercer Mundo, creados, elaborados y producidos desde los “eslabones más débiles” —según la conocida expresión de Lenin— de la cadena imperialista mundial?

En la práctica, no obstante sus ornamentos eruditos y sus barrocas citas de los clásicos, los exponentes occidentalistas más renombrados desde los tiempos de la Segunda Internacional en adelante, dejaban intactos e incluso legitimaban muchos de los antiguos prejuicios de la supuesta White Supremacy [supremacía blanca] del Occidente colonialista, desconociendo en sus reflexiones y objetos de estudio las diversas opresiones coloniales del régimen capitalista entendido como sistema de explotación y dominación a escala mundial.

Por contraposición con las elaboraciones hoy ya canonizadas de Merleau-Ponty, Marcuse, Fromm y Anderson, mucho más cerca nuestro, en la obra que estamos reseñando, el pensador marxista Doménico Losurdo ha puesto en discusión aquella pretendida superioridad teórica e intelectual del “marxismo occidental”. Lo ha hecho —esto es lo que aquí más nos interesa— cuestionando duramente su sospechoso silencio frente a la opresión colonial de la inmensa mayoría de la población mundial, conformada por pueblos, etnias y nacionalidades enteras sometidas al colonialismo y al neocolonialismo euro-norteamericano (Losurdo, D. (2019): 46, 51-52, 59 y ss.).

Según Losurdo, la impotencia política de gran parte de las obras y hermenéuticas de los marxistas “occidentales” para dar cuenta de la opresión colonial-nacional a escala mundial, incluyendo su silencio sospechoso frente a gigantescas guerras de liberación de las que tercamente han hecho caso omiso, expresa notables déficits y vacíos teóricos que inducen a poner en discusión su pretendida y celebrada “superioridad intelectual” por sobre el marxismo de los bolcheviques y otros marxismos revolucionarios de las periferias del sistema capitalista mundial.

Por más que la reciente obra de Doménico Losurdo aspire a ser una respuesta polémica frente a la historiografía consagrada de Perry Anderson, por nuestra cuenta agregamos que esta sospecha acertada y este sólido cuestionamiento sobre la pretendida e injustificada “superioridad intelectual del marxismo occidental” se extiende en realidad, no sólo a partir desde la década de 1930 en adelante —como postulaba Perry Anderson (mucho más preciso que Merleau-Ponty, Marcuse y Fromm) guiándose por un doble criterio geográfico y generacional (Anderson, P. [1976] (1990): 10-15)— sino desde mucho antes, esto es, desde los tiempos del eurocentrismo occidentalista-colonialista de la Segunda Internacional (organización donde se destacaron por su defensa acrítica del colonialismo pensadores y políticos como Eduard Bernstein, Hendrikus Hubertus (Henri) Van Kol, Emile Vandervelde y muchos otros reformistas como Terwagne, Rouanet, etc., además del afamado Karl Kautsky, entre tantos otros).

Ubicando en ese horizonte polémico la perspectiva reciente de Losurdo, debemos advertir que su autor elude las medias tintas y los eufemismos. Filosofando e historiando con el martillo, Losurdo no se cansa de demoler ídolos, pero no para quedarse en un cómodo nihilismo ni en una inofensiva pose de provocador “terrible”, sino proponiendo un descentramiento del marxismo eurocéntrico e invitando a la intelectualidad occidental a abrirse al marxismo del Sur Global.

La crítica global ensayada por Losurdo se mueve en dos niveles epistemológicos: (a) la crítica hermenéutica de obras y autores, incluyendo desde autoridades ya canonizadas hasta “estrellas” de la farándula intelectual hoy a la moda, (b) la crítica histórico-social de procesos políticos frente a los cuales el llamado “marxismo occidental” se ha mostrado impotente, mudo, atado de pies y manos, postergando su “espíritu crítico” para un lejano futuro mesiánico

En este último rubro, Losurdo nos propone una novedosa relectura del siglo XX (notablemente distinta a la propuesta por el historiador Eric Hobsbawm) que no sólo destroza el anticomunismo convencional, los denominados “revisionismos” filo-fascistas o nostálgicos del nazismo y de la pretendida supremacía blanca, sino que al mismo tiempo descentra los relatos tradicionales sobre las dos guerras mundiales, en la primera mitad del siglo XX y sobre toda la lucha de los pueblos periféricos, dependientes, subdesarrollados y sus procesos anticolonialistas, en la segunda mitad de dicho siglo.

Para Losurdo todo el siglo XX está marcado por el despertar de guerras nacionales (Rusia liberándose de la invasión neocolonial de la Alemania nazi, China de la invasión japonesa) y luchas anticolonialistas (donde se ubicaría la guerra de Vietnam frente a Francia y Estados Unidos, las liberaciones africanas frente a los racismos europeos, las rebeldías latinoamericanas, etc).

En definitiva, el intento de Doménico Losurdo ensayado en este libro no constituye una “mosca blanca” sino que corona una meditada y prolongada reflexión —volcada en numerosos volúmenes, uno más crítico que el otro, todos elaborados desde la perspectiva de un marxismo renovado y contemporáneo— sobre el racismo, el occidentalismo, la defensa de la esclavitud y el desprecio, pretensiosamente erudito pero en relidad profundamente ignorante, que han atravesado diversos autores consagrados y no pocas tradiciones filosóficas canonizadas durante los dos últimos siglos.

BIBLIOGRAFÍA

ANDERSON, PERRY [1976] (1990). Consideraciones sobre el marxismo occidental. México, Siglo XXI.

FROMM, ERICH [1961] (1973). Marx y su concepto del hombre. México, Fondo de Cultura Económica.

LOSURDO, DOMENICO (2019). El marxismo occidental. Cómo nacio, como murió y cómo puede resucitar. Madrid, Editorial Trotta.

MARCUSE, HERBERT [1958] (1984): El marxismo soviético (Un análisis crítico). Barcelona, Alianza.

MARCUSE, HERBERT [1967] (1986): El final de la utopía. Barcelona, Planeta.

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