Artículos
Marxismo y Dependencia
Marxism and dependence
Marxismo y Dependencia
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 25, núm. 89, pp. 83-97, 2020
Universidad del Zulia

Recepción: 18 Noviembre 2019
Aprobación: 15 Febrero 2020
Resumen: El artículo sostiene que para entender la teoría de la dependencia en la vertiente que desarrolló el pensador brasileño Ruy Mauro Marini en su Dialéctica de la dependencia y en otros textos, sólo puede entenderse en el contexto conceptual, categorial, metodológico y analítico de la crítica de la economía política y del marxismo, en particular con los insumos de El capital y los Grundrisse de Marx, y los desarrollos programáticos de Lenin con sus teorías del Estado y del imperialismo.
Palabras clave: capitalismo, dependencia, marxismo, superexplotación, teoría del valor.
Abstract: The article maintains that in order to understand the theory of dependence in the slope developed by the Brazilian thinker Ruy Mauro Marini in his Dialectic of Dependence and in other texts, it can only be understood in the conceptual, categorical, methodological and analytical context of the critique of political economy and Marxism, in particular with the inputs of Capital and Marx's Grundrisse, and Lenin's programmatic developments with his theories of the State and imperialism.
Keywords: capitalism, dependence, Marxism, overexploitation, value theory.
INTRODUCCIÓN
Existen dos corrientes de la teoría de la dependencia: una de origen weberiano-keynesiano-funcionalista con ciertos insumos marxistas representada, grosso modo, por Fernando Henrique Cardoso en Brasil que siempre negó la necesidad de construir una teoria de la dependencia, y la otra enraizada en los planteamientos y tesis fundamentales del marxismo cuyo representante más conspicuo es Ruy Mauro Marini por haber sido quien, al lado de otros prestigiosos investigadores como Vânia Bambirra y Theotônio Dos Santos, echó las bases teórico-políticas y metodológicas para la elaboración de una auténtica teoría marxista de la dependencia (TMD) que diera cuenta de la naturaleza de nuestras economías y sociedades en el contexto contradictorio, problemático y dialéctico de la economía capitalista mundial.
GÉNESIS DE LA TEORÍA MARXISTA DE LA DEPENDENCIA (TMD)
La TMD se inscribe dentro del proceso de desarrollo del pensamiento crítico latinoamericano y de las ciencias sociales de la década de los sesenta del siglo XX. El investigador cubano Fornet-Betancourt divide la recepción filosófica del marxismo en América Latina para mostrar cómo, justamente en la última, valora el significado y la importancia de la tmd.
Estas etapas que el autor desarrolla en varios capítulos de su libro son las siguientes:
a) Etapa preparatoria o de confusa difusión del marxismo (1881-1883).
b) Deslinde ideológico y encuentro entre marxismo y positivismo (1884-1917).
c) Recepción del marxismo a través de los partidos comunistas latinoamericanos (1918-1919-1929).
d) Etapa de naturalización del marxismo y del significado de la obra de Mariátegui (1928-1930).
e) Etapa de las polémicas filosóficas sobre el marxismo, o su incorporación al movimiento filosófico latinoamericano.
f) Etapa stalinista y de estancamiento dogmático del marxismo (1941-1958).
g) Fase actual (1959-1991): intentos de naturalizar el marxismo.
Para Betancourt la última etapa, que se abre con el triunfo de la revolución cubana y es vigente prácticamente hasta la actualidad, incorpora, como parte del resurgimiento del pensamiento latinoamericano, a la vertiente marxista de la teoría de la dependencia que surgió en el curso de la década de los sesenta, para afirmarse definitivamente en la siguiente década.
El agudo análisis de Fornet-Betancourt plantea que después de 1965, bajo la influencia de la revolución cubana y frente al fracaso de la Alianza para el Progreso (alpro) ―creada por la administración Kennedy para combatir a dicha revolución―, se inició una "reorientación del pensamiento político en América Latina" que condujo a convertir al marxismo en un punto obligado de referencia de las ciencias sociales latinoamericanas. Su planteamiento es el siguiente
Con dicha reorientación se configura además el desarrollo de la ciencia social como el lugar más importante para la transformación teórica de perspectivas de análisis marxista en América Latina. Como se sabe, este desarrollo lleva al surgimiento de la llamada nueva ciencia social latinoamericana que abarca la ciencia política, la economía y, ante todo, la sociología. Desde un punto de vista epistemológico, pero también político, se puede considerar la formulación de la teoría de la dependencia (o de las teorías de la dependencia) como el verdadero eje del desarrollo de esta nueva ciencia social latinoamericana, ya que con ella se introduce un nuevo paradigma para la interpretación de la situación del subcontinente; y también, lógicamente, para la acción política.
Obsérvese que el autor valora la teoría de la dependencia como expresión de la nueva ciencia social latinoamericana y destaca el papel que desempeña el marxismo en dicha reformulación. Una observación adicional, que generalmente ocultan los críticos y opositores de la tmd, es la relativa a la íntima relación existente entre el marxismo y la teoría de la dependencia.
Al respecto, Fornet-Betancourt agrega que:
En el marco del presente trabajo es importante señalar que el planteamiento de la teoría de la dependencia en la nueva ciencia social latinoamericana no se formula como una alternativa ante la teoría marxista-leninista del imperialismo. Se concibe más bien en términos de una visión complementaria y enriquecedora de la marxista, cuya fundamentación específica se debe a la peculiar situación histórica del subcontinente. De aquí que ―para resaltar ahora sólo este aspecto― el desarrollo de la teoría de la dependencia signifique al mismo tiempo desarrollo del marxismo como componente esencial de una teoría latinoamericana de la liberación.
En función de lo anterior podemos delimitar los diferentes orígenes de las dos grandes vertientes de la dependencia. Por un lado, la que surge como continuación de la teoría dominante de la CEPAL, donde comparecen autores como Cardoso y Faletto, Paul Singer y otros. Por otro lado, la referida a la tmd cuyas raíces se encuentran en la realidad latinoamericana y en el marxismo para estudiar y diagnosticar los problemas latinoamericanos.
Respecto al contexto histórico y teórico-político de surgimiento de la tmd, Bambirra propone seis aspectos que influyeron en su formación.
a) Los análisis de Marx y Engels sobre la cuestión colonial.
b) La polémica de los socialdemócratas rusos y del mismo Lenin con los populistas rusos.
c) La teoría del imperialismo y sus alcances en la cuestión colonial en los escritos de Hilferding, Rosa Luxemburgo y Lenin.
d) La polémica al interior del Segundo Congreso de la Comintern sobre las tesis de la cuestión colonial.
e) La aplicación creadora del pensamiento de Mao Tse Tung y, por ende, de la experiencia de la revolución socialista de China después de 1949.
f) Por último, la obra de Paul Baran escrita en los años cincuenta sobre el problema del "subdesarrollo" es otra gran fuente de influencia.
Otro elemento se da en función del debate con el marxismo ortodoxo-endogenista y con las tesis de la CEPAL por cuadros de jóvenes intelectuales y militantes de la izquierda revolucionaria identificada con los planteamientos de la revolución cubana y con los ideales libertarios y justicieros del socialismo. De aquí surgirán organizaciones tan importantes como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en Chile y de cuya dirección política fue miembro el mismo Marini.
Esa reflexión y debate encontrarán su sistematización en la teoría de la dependencia de filiación marxista, en la medida en que es ésta doctrina, y no otra, la que le proporciona los elementos teóricos y el método de investigación y de exposición que posibilitan su constitución.
En cuanto al contexto histórico, la teoría de la dependencia surgió en Brasil al calor del golpe militar que depuso al gobierno constitucional de Joao Goulart en 1964 y anuló la creencia en la posibilidad del “desarrollo nacional autónomo”; se sistematizó más tarde en Chile, sobre todo, debido a las condiciones favorables que ahí ofreció el triunfo del movimiento popular y la instalación en el gobierno de la Unidad Popular en 1970 bajo la conducción del presidente Salvador Allende. Por último, en México experimentó uno de sus más fructíferos períodos debido a la permanencia de Marini durante casi dos décadas donde desplegó una fructífera actividad teórica y académica.
Además, la teoría de la dependencia, al lado de las ciencias sociales, fue diversificando sus líneas temáticas y objetos de estudio esforzándose en alcanzar altura para la comprensión de los fenómenos contemporáneos. El triunfo de la revolución cubana abrió una nueva etapa del pensamiento social y crítico en América Latina, la cual se prolonga prácticamente hasta la actualidad. Y mientras siga vigente dicha revolución y su ideal libertario, así como las desastrosas condiciones que provocan atraso y subdesarrollo en nuestros países capitalistas dependientes, la tmd tiene también un importante papel que desempeñar tanto en la teoría como, y más importante aún, en los procesos de transformación social y de liberación. En este contexto, es que esta teoría tiene que proyectarse para brindar un horizonte de cambio y transformación dentro de procesos inéditos económicos, sociales, políticos y culturales que están emergido en el continente al calor de las luchas de clases y del arribo de poderosas fuerzas populares, como verdaderos movimientos de resistencia ante la embestida de la globalización del capital y del imperialismo. Ejemplos de esta resistencia y movilizaciones se dan en Cuba, Venezuela, Ecuador, Haití, Argentina, Colombia y Brasil, entre otros que tensan al neoliberalismo y lo denuncian como verdadero capitalismo salvaje de carne y hueso completamente alineado a los intereses geo-estratégicos y políticos de dominación de Estados Unidos.
En el escenario histórico-político de la génesis de la TMD merece un lugar destacado la Revolución Cubana cuya praxis se proyectó en el pensamiento social y teórico, echando por tierra dos concepciones por entonces boyantes: la de los partidos comunistas ligados a Moscú, que pregonaban la alianza con un presunta “burguesía progresista” encaminada a “aislar” y “derrotar” al enemigo por entonces considerado fundamental: los terratenientes feudales y, por otro lado, la concepción de la CEPAL, cuyo teorema centro-periferia iluminaba por aquél entonces las ideas y tesis de la intelectualidad bajo la idea-fuerza de que, para salir del subdesarrollo y superar la dependencia, era necesario desarrollar el “capitalismo autónomo” mediante la industrialización sustitutiva de importaciones.
Marini y la TMD negaban esta aseveración. Al respecto, ese autor escribe que: “La teoría de la dependencia conducía a descartar la noción de desarrollo capitalista autónomo, tan cara a los ideólogos cepalinos, y a considerar que la dependencia no podría ser superada en los marcos del capitalismo”. Y la historia le habría de dar la razón: no sólo se ha erradicado, como pregonaban los autores desarrollistas y los ligados al funcionalismo sociológico, sino que se ha profundizado en países clave, como Brasil y Argentina (durante sus respectivos procesos progresistas) que, se suponía, avanzaban hacia un “desarrollo autoconcentrado e incluyente socialmente” y que había “superado” la dependencia y el atraso.
DEPENDENCIA Y MARXISMO
A diferencia de otros autores ubicados en la corriente de la dependencia como Cardoso, Furtado, Ferrer, Weffort, el intento más acabado para edificar los pilares científicos de una teoría de la dependencia fue, sin duda, el desarrollado por Ruy Mauro Marini, principalmente en su libro Dialéctica de la dependencia publicado en México en 1973 después de que comenzara a circular por el continente latinoamericano de forma clandestina lo que revelaba, por otro lado, su importancia para la intelectualidad latinoamericana de izquierda de aquél entonces.
Néstor Kohan expone muy bien el lugar del pensamiento de Marini en el contexto de la TMD:
De todos los autores pertenecientes a la escuela de la teoría de la dependencia, Ruy Mauro Marini probablemente haya sido quien expresara con mayor fidelidad los puntos de vista teóricos y políticos de la corriente inspirada en el Che Guevara y, al mismo tiempo, quien se esfuerza por apegarse más a una lectura rigurosa, estricta y precisa del capital. A diferencia de otros teóricos de la dependencia, en el terreno político Marini pone en discusión cualquier posibilidad de salida nacionalista burguesa y/o populista, propugnando la revolución socialista — del capitalismo: AS — como alternativa continental. En el terreno específicamente teórico, rechaza la acusación de “circulacionismo" que pesa sobre toda esta escuela (y otras similares como la del “moderno sistema mundial" de Immanuel Wallerstein) propugnando la tesis de la superexplotación de la fuerza de trabajo por parte de las burguesías dependientes, socias menores del imperialismo. Tesis que – como El capital – ancla en la producción la clave explicativa de las principales columnas de la teoría.
En base a la perspectiva de El capital y de los antecedentes señalados podríamos decir que el objeto de estudio de la teoría de la dependencia es la formación económico-social latinoamericana a partir de su integración subordinada a la economía capitalista mundial. Abarca el periodo colonial y la post-independencia, en la cual la economía exportadora cedió paso a la formación de una economía industrial capitalista dependiente que forjó su propio ciclo de reproducción; mismo que, en el plano del mercado interno, se escinde en dos esferas: la alta, propia del consumo de las clases burguesas y medias, y la baja, que corresponde al consumo de las clases trabajadoras que se reproducen fundamentalmente a costa del salario a través de la venta de su fuerza de trabajo al capital y, en no contados casos, al Estado. En la producción surge, así, un régimen de superexplotación del trabajo en el que, dicho sea de paso, algunos autores ven la contribución más acabada y original del pensamiento de Marini como contrapartida de la transferencia de valores y de plusvalía que las economías dependientes realizan sistemáticamente hacia las industrializadas, las cuales la acumulan para garantizar su reproducción ampliada.
Es importante destacar que el marco teórico y el método de análisis de la teoría de la dependencia es el marxismo-leninismo ― afirmación ampliamente respaldada en el libro de Fornet-Betancourt ― la cual parte de la teoría del valor-trabajo de Marx y de otras nociones como ganancia, renta de la tierra y plusvalía. Pero no se limita a ellas: aborda también los problemas sociopolíticos y cuestiones más particulares que atañen al ámbito de la cultura, la tecnología y la educación.
El método de estudio de la TMD parte del concepto marxista de formación social (de América Latina) que se ubica en un plano más concreto que el concepto modo de producción, y se desplaza desde la circulación mundial del capital: del ciclo del capital dinero y del capital mercantil para, posteriormente, abordar la esfera propia de la producción interna de los países dependientes y, en seguida, plantear el problema de la formación de sus propias esferas de circulación (mercado interno-mercado mundial) con los consiguientes problemas de realización, en el plano de la economía interna, que de allí se derivan. Como resultado de la unificación de ambos procedimientos es posible pasar al análisis de las situaciones concretas de dependencia y de los fenómenos sociales y políticos que de ahí se desprenden.
Sin duda la economía política marxista es el insumo esencial de la TMD, en particular, el marco epistemológico que es el materialismo histórico y dialéctico; con un énfasis central enraizado en El capital de Marx y otros expedientes como Los Grundrisse. Desde la perspectiva de la TMD es impensable desarrollarla desde otra corriente que no sea el marxismo. Fundamentalmente, se requiere utilizar el método de exposición (resultados, hipótesis, tesis) que va de lo abstracto a lo concreto; y el de investigación (datos, hechos), por el contrario, que se desplaza desde lo concreto a lo abstracto, ambos dialécticamente articulados.
No se trata de crear una nueva teoría del capitalismo puesto que esto ya fue certeramente elaborado por Marx y Engels; tampoco de “descubrir” un “tipo” diferente a aquel. Se trata de analizar las formas y características que asumen las leyes generales del modo de producción capitalista en los países dependientes subordinados a los ciclos y dinámicas de la economía capitalista central de los países avanzados.
Podríamos decir sintéticamente que la principal diferencia y contradicción entre el capitalismo central y el dependiente es la que se expresa en la prevalencia de la plusvalía relativa en el primero, y de la superexplotación en el segundo, generándose de este modo una complementariedad histórico-estructural entre ambos.
LA SUPEREXPLOTACIÓN DE LA FUERZA DE TRABAJO COMO PISO Y EJE DEL CAPITALISMO DEPENDIENTE
Desde su surgimiento, a mediados de la década de los sesenta del siglo pasado, la teoría de la dependencia fue superando sus contradicciones y limitaciones hasta alcanzar hoy un status de pensamiento social y crítico actualizado en sus propósitos de comprender y explicar la posición de América Latina en el acontecer del capitalismo mundial en crisis y decadencia civilizacional, ambiental y planetaria.
En una memorable entrevista Marini expresó lo siguiente al respecto:
(…) la teoría de la dependencia no nace como pensamiento marxista, incorpora instrumentos marxistas…mientras más avanza en sus planteamientos, más necesidad tiene del marxismo hasta finalmente plantearse enteramente en el plano del marxismo.
La conclusión de lo anterior es que entre más se desarrolle la TMD, más desecha las adherencias, los conceptos, categorías y métodos provenientes del estructural-funcionalismo que, en muchas ocasiones, confundieron la verdadera esencia de la dependencia que generalmente se atribuyó a autores y escuelas identificadas con aquélla corriente del pensamiento dominante. Muchos autores sostuvieron, sin fundamentos, que tanto el pensamiento de Marini, como la teoría por la que él bregó toda su vida, no eran sino una expresión radicalizada, de la “izquierda” de la CEPAL. Así, por ejemplo, Mires afirma que: “Aunque en su contenido esencial las tesis de Marini no se diferenciaban mayormente de las de Frank, ni de las de la CEPAL, fue evidente que el autor intentó fundar una nueva teoría ¿Y para qué fundar una teoría si ya era predominante la de la CEPAL a la que, según el autor, se adscribía el mismo Marini al que el crítico encajona en una de las “cuatro ramas del desarrollismo”?
Aun los que reconocieron la existencia de la teoría de la dependencia, incluso en la academia, conforme finalizaba la década de los setenta y se aproximaba la de los ochenta y noventa, se multiplicaron los juicios que anunciaban, sin argumentos sólidos y creíbles, la defunción de esta teoría supuestamente por los cambios vertiginosos que experimentaba América Latina y la economía mundial y a los que ya no correspondían los conceptos y categorías levantados por aquélla. Incluso un autor marxista como Agustín Cueva, que fue uno de los más serios críticos de Marini bajo la perspectiva del marxismo ortodoxo, como dice Alejandro Moreano en su Presentación del libro de ese autor,
Al cabo de los años, es evidente que las tesis más avanzadas de la teoría de la dependencia han mostrado su sorprendente validez. Agustín Cueva lo reconoció en varias ocasiones, y Ruy Mauro Marini —cuyo texto Dialéctica de la dependencia es sin duda el mayor esfuerzo teórico de interpretación de América Latina— aceptó los aportes de Cueva al debate.
Entre otros cambios referidos —que no solamente validan la TMD, sino que la potencian para explicar el acontecer contemporáneo— podemos apuntar la expansión de las grandes empresas trasnacionales-red apoyadas tanto en los Estados dependientes como en los imperialistas, adoptando la globalización, la democratización y la “defensa” de los derechos humanos como “valores universales”. Esto reforzó la cohesión del capital en los niveles industrial, comercial, rentista, bancario, financiero y ficticio, con lo que se presentó un panorama ideológico de “globalización del poder trasnacional”, cuyas contradicciones serían supuestamente superficiales y sólo podrían ser “resueltas” dentro del propio sistema capitalista y no mediante su superación. El “fin de la historia” (Fukuyama) y del trabajo (Bell); el “auge” de la new economy y del “consenso de Washington” promovieron la idea-fuerza de que el sistema era “todopoderoso” y de que “no existían” fuerzas sociales y políticas que lo pudieran superar, además de que la hegemonía alcanzada por el capital ficticio engendró la ilusión de que el sistema ya no requería, en la producción de riqueza y de valor, de la participación de la fuerza de trabajo. Desde la década de los ochenta del siglo pasado, el capital asumió la forma parasitaria del capital ficticio: una cierta supremacía hegemónica en el capitalismo globalizado del siglo XXI que castiga con severidad los sistemas productivos y las tasas de crecimiento del empleo productivo e industrial.
En el plano del pensamiento y de la ideología, este fenómeno se presentó como teoría articulada del "fin del trabajo" caracterizada por el hecho de negar que el fundamento ontológico y pragmático del sistema capitalista global es el trabajo abstracto creador de valor y de plusvalía, mientras que le atribuyen esa cualidad a otras categorías como el conocimiento, la técnica, la cultura o la ciencia que — supuestamente — existen de manera “autónoma” respecto al trabajo. Hay, por tanto, una incomprensión esencial de esta fenomenología que ocurre en los sistemas productivos y de trabajo, y que se expresa en la gran contradicción entre el tiempo de trabajo socialmente necesario y el trabajo excedente, entre valor de uso y valor y que Marx distinguió a la perfección. De esta forma, no es casual que a partir de la década de los años setenta, pero con mayor fuerza durante los ochenta y noventa del siglo pasado, se comenzó a postular por parte de ideólogos y medios de comunicación, la idea de que finalmente se había encontrado una forma de producir plusvalía y riqueza sin el concurso y participación de la fuerza humana de trabajo, cabiendo desempeñar ese papel ahora a las máquinas o al capital ficticio y a sus concomitantes ganancias ficticias.
De este modo,
El trabajo, por consiguiente, habría perdido la centralidad; la tecnología, la información y el dominio del conocimiento fueron erigidos a la categoría de entes mágicos capaces de todo y objeto de adoración. Finalmente el capital no necesitaría más ensuciar sus manos en la producción para realizarse como ser capaz de, por sí mismo, generar ganancias, ganancias elevadas. También la naturaleza seria secundaria.
En efecto, desde mediados de la década de los setenta del siglo pasado varios autores comenzaron a sustentar la tesis de la supuesta pérdida de la centralidad del trabajo en las sociedades contemporáneas conforme afirmaba sus intereses y hegemonía el capital ficticio en el ciclo del capital y en la sociedad. Así, por ejemplo, Habermas postuló la tesis del desplazamiento de la ley del valor-trabajo de Marx por la comunicación y el trabajo inmaterial; Claus Offe, proclama la incapacidad del trabajo (asalariado) en la "determinación macrosociológica" de la sociedad y postula la necesidad de crear una nueva teoría social; Jeremy Rifkin, postula el "fin del trabajo"; Robert Reich sustituye el mundo del trabajo por el "analista simbólico" (o "sociedad del conocimiento"); Dominique Méda habla de la disparition ("extinción") del trabajo, mientras que Gorz, sustituye al proletariado y a la clase obrera con una nueva "figura subversiva" que denomina: la "no-clase de los neoproletarios posindustriales". Castel vislumbra, por su parte, que "…el trabajo ha perdido su posición central, el salariado se ha degradado, y trata de encontrarle escapatorias, compensaciones o alternativas" y Bell resume la "sociedad post-industrial" preeminentemente como "sociedad del conocimiento” que se caracteriza: "…por la coordinación de máquinas y hombres para la producción de bienes. La sociedad postindustrial se organiza en torno al conocimiento para lograr el control social y la dirección de la innovación y el cambio, y esto a su vez da lugar a nuevas relaciones sociales y nuevas estructuras que tienen que ser dirigidas políticamente".
Cuando ocurría este desplazamiento de la teoría del valor-trabajo y de la superexplotación por el capital ficticio y se coronaba la tesis de la “sociedad postindustrial” basada en la técnica y en el conocimiento científico, Marini postuló, en franca negación de las teorías del fin del trabajo, que la fuerza de trabajo del obrero es el factor esencial productor de ganancias extraordinarias debido a la tendencia a igualar las composiciones orgánicas del capital en la economía mundial y al proceso de homogeneización tecnológica que aumentaron la importancia del trabajador como fuente de ganancias extraordinarias. De este modo la superexplotación del trabajo se constituyó en factor fundamental para enfrentar la agudización de la competencia capitalista en escala mundial y contrarrestar las dificultades que enfrenta el capital en la producción de valor y de plusvalor. En este contexto se debe ubicar la nueva organización del trabajo, como el toyotismo y otros dispositivos flexibles correspondientes al “neo-fordismo”, encaminados a intensificar la fuerza de trabajo y doblegar su resistencia a los cambios y, pues, a revalorar al obrero como fuente de producción de valor y competitividad para el capital.
Todos estos fenómenos y acontecimientos influyeron para que en el curso de la década de los noventa prácticamente se olvidara la discusión sobre la dependencia y otros fenómenos como el subdesarrollo y el atraso al calor del surgimiento de una serie de teorías, particularmente las neoliberales encuadradas en el “pensamiento único”, que tenían en mente el paradigma de la “recuperación del capitalismo norteamericano” particularmente en la era Clinton sobre la base de la famosa “new economy” y las sacrosantas fuerzas del mercado y del irrefrenable desarrollo científico-tecnológico.
Sin embargo, cuando muchos pensadores e intelectuales, de la izquierda y de la derecha, pontificaban que la TMD estaba prácticamente agotada, esta resurgió con fuerza al calor de la crisis estructural de modo de producción capitalista, particularmente luego de la crisis de 2008-2009 con epicentro en Estados Unidos y que se bifurcó a Europa y al resto del mundo castigando severamente las tasas de crecimiento promedio del modo de producción capitalista en decadencia.
En la actualidad la vitalidad de la teoría de la dependencia se expresa en la formación de múltiples colectivos y de redes sociales que difunden análisis e investigaciones desde esta perspectiva crítica y marxista. En las universidades latinoamericanas y europeas, y aún estadunidenses, se elaboran tesis estudiantiles de nivel de licenciatura y posgrado sobre la categoría dependencia como objeto de estudio, o bien, sobre tópicos y aristas temáticas de la misma en diversas disciplinas de las ciencias sociales como la sociología, la ciencia política, la economía y la filosofía, entre otras.
CONCEPCIÓN DE LA CATEGORÍA DEPENDENCIA
Echemos una mirada a las principales definiciones de la categoría “dependencia” para ubicar a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de su actualización en el mundo contemporáneo.
Theotônio Dos Santos entiende la dependencia como,
(…) una situación donde la economía de cierto grupo de países está condicionada por el desarrollo y expansión de otra economía, a la cual se somete aquella. La relación de interdependencia establecida por dos o más economías, y por éstas y el comercio mundial, adopta la forma de dependencia cuando algunos países (los dominantes) pueden expandirse y autoimpulsarse, en tanto que otros (los dependientes) sólo pueden hacerlo como reflejo de esa expansión, que puede influir positiva y/o negativamente en su desarrollo inmediato. De cualquier manera, la situación básica de dependencia lleva a los países dependientes a una situación global que los mantiene atrasados y bajo la explotación de los países dominantes.
El autor aclara que la dependencia condiciona "…cierta estructura interna que la redefine en función de las posibilidades estructurales de las diferentes economías nacionales", con lo que confirma su alejamiento, al igual que Marini, de las tesis estancacionistas del desarrollismo y de las críticas elaboradas por Cardoso atribuidas injustamente a los autores dependentistas como Marini.
Para Gunder Frank, autor heterodoxo y multifacético de la dependencia, esta,
(…) no debe ni puede considerarse como una relación generalmente 'externa' impuesta a todos los latinoamericanos desde fuera y contra su voluntad, sino que la dependencia es igualmente una condición 'interna' e integral de la sociedad latinoamericana, que determina a la burguesía dominante en Latinoamérica, pero a la vez es consciente y gustosamente aceptada por ella. Si la dependencia fuera solamente 'externa' podría argumentarse que la burguesía 'nacional' tiene condiciones objetivas para ofrecer una salida 'nacionalista' o 'autónoma' del subdesarrollo. Pero esta salida no existe ―según nuestro argumento― precisamente porque la dependencia es integral y hace que la propia burguesía sea dependiente.
Marini define la noción de dependencia como una:
(…) relación de subordinación entre naciones formalmente independientes, en cuyo marco las relaciones de producción de las naciones subordinadas son modificadas o recreadas para asegurar la reproducción ampliada de la dependencia. El fruto de la dependencia no puede ser, por ende, sino más dependencia, y su liquidación supone necesariamente la supresión de las relaciones de producción que ella involucra.
En otro de sus escritos, el autor apunta que:
Uno de los méritos de los estudios sobre la dependencia, que se desarrollaron en América Latina a partir de mediados de la década pasada…ha sido el de demostrar que el imperialismo no es un fenómeno externo al capitalismo latinoamericano, sino más bien un elemento constitutivo de este. La consecuencia teórica más importante que de allí se desprende, y que no ha sido todavía sistemáticamente tratada, es la de que la dominación imperialista no se reduce a una de sus expresiones más visibles, como son la presencia de capitales extranjeros en la producción, la transferencia de plusvalía a los países imperialistas mediante mecanismos mercantiles y financieros y la subordinación tecnológica, sino que se manifiesta en la forma misma que asume el modo de producción capitalista en América Latina y en el carácter específico que adquieren aquí las leyes que rigen su desarrollo. La manera como se agudizan, en el capitalismo dependiente, las contradicciones inherentes al ciclo del capital; la exasperación del carácter explotativo del sistema, que lo lleva a configurar un régimen de superexplotación del trabajo; los obstáculos creados al paso de la plusvalía extraordinaria a la plusvalía relativa, y sus efectos perturbadores en la formación de la tasa media de ganancia; la extremación consiguiente de los procesos de concentración y centralización del capital, esto es lo que constituye la esencia de la dependencia, la cual no puede ser suprimida sin que se suprima el sistema económico mismo que la engendra: el capitalismo.
De la cita anterior podemos extraer seis conclusiones de la TMD que nada tienen que ver ni con el desarrollismo estructuralista de la CEPAL, ni con las concepciones de los partidos comunistas de la época, ni mucho menos con las corrientes funcionalistas de la dependencia:
a) En primer lugar, que el imperialismo, en tanto sistema mundial de dominación, no es externo al capitalismo dependiente, sino que es parte de su propio funcionamiento.
b) La dominación imperialista no se reduce únicamente a la penetración del capital extranjero y de las empresas trasnacionales.
c) Las formas concretas que asumen en el capitalismo dependiente, respecto a los países capitalistas desarrollados que configuran el centro del sistema, las leyes generales del modo de producción capitalista descubiertas por Marx, tales como la ley del valor y de producción de plusvalía; la ley general de acumulación de capital y el ejército de reserva; la conversión de los valores de las mercancías en precios de producción y luego de mercado; la renta de la tierra (absoluta y relativa) y la tendencia constante a la caída de la tasa de ganancia.
d) La superexplotación del trabajo no es un accidente o factor coyuntural en las economías dependientes, sino que se constituye en un régimen que articula la producción de la plusvalía absoluta, la plusvalía relativa y la expropiación de parte del valor de la fuerza de trabajo que se transfiere al proceso de acumulación y de reproducción del capital.
e) La imposibilidad estructural de que la plusvalía extraordinaria, que resulta de la competencia monopolista intercapitalista, como ocurrió en los países desarrollados, se transmute en plusvalía relativa y que, a la par, esta se convierta en hegemónica en la producción global de mercancías de los países dependientes, es uno de los ángulos duros que explica la esencia y persistencia, hasta nuestros días, de la dependencia, el atraso económico y social y el subdesarrollo.
f) Por último, tesis exactamente contraria a todas las levantadas tanto por el marxismo ortodoxo como por la CEPAL: la dependencia, el atraso y el subdesarrollo históricos no se pueden superar mediante reformas; es preciso, como afirma tajante Marini, suprimir el sistema capitalista que los engendra, lo que conlleva a plantear el problema de su superación y del tránsito al socialismo.
REFLEXIÓN FINAL
En El capital, Marx sentencia que: “toda ciencia sería superflua si la forma de manifestación y la esencia de las cosas coincidiesen directamente”. Y justamente porque no hay coincidencia entre forma y esencia, entre apariencia y contenido, es que se justifica el conocimiento científico a través del proceso de abstracción que se desplaza desde las formas aparenciales (la pobreza, el desempleo, el Estado, las crisis capitalistas) a sus formas esenciales que, mediante el análisis riguroso, las explican y ordenan en sus múltiples relaciones, determinaciones y contradicciones.
Según Lenin,
El materialismo ha eliminado esta contradicción, profundizando el análisis hasta llegar al orígen de estas mismas ideas sociales del hombre, y su conclusión de que el desarrollo de las ideas depende del de las cosas es la única conclusión compatible con la psicología científica. Además, también por otro concepto, esta hipótesis ha elevado, por vez primera, la sociología al grado de ciencia...El materialismo ha proporcionado un criterio completamente objetivo, al destacar las ‘relaciones de producción’ como la estructura de la sociedad, y al permitir que se aplique a estas relaciones el criterio científico general de la repetición, cuya aplicación a la sociología negaban los subjetivistas.
Descendiendo más en su análisis el autor ruso, más adelante, asevera que:
El análisis de las relaciones sociales materiales permitió inmediatamente observar la repetición y la regularidad, y sintetizar los sistemas de los diversos países en un solo concepto fundamental de formación social. Esta síntesis fue la única que permitió pasar de la descripción de los fenómenos sociales (y de su valorización desde el punto de vista del ideal) a su análisis rigurosamente científico, que subraya, por ejemplo, qué es lo que diferencia a un país capitalista del otro y estudia qué es lo común para todos ellos.
Como vemos, se parte de un nivel de abstracción muy alto (modo de producción, formación social, etcétera) para arribar a un plano de la realidad social más concreto (país, región, etcétera). Incluso de aquí podemos seguir descendiendo en el análisis hasta aprehender el concepto de localidad, pueblo o región dentro de una misma formación social.
Sergio Bagú, plantea que la relación fundamental entre la realidad social y el conocimiento de esa realidad, depende de una parte o de un fragmento de lo que no conocemos de la misma, tanto de su pasado como de su expresión contemporánea. Esta afirmación es de enorme importancia porque, al revés de lo que ocurre con las corrientes empiro-positivistas, abre el conocimiento y la ciencia social para abarcar al conjunto de fenómenos sociales y humanos que transcurren en nuestra contemporaneidad, así como los anteriores que son responsables de su constitución histórica. Por ejemplo, la dependencia es inexplicable sin el conocimiento del colonialismo; en cambio éste, contemporáneamente constituido, como en Puerto Rico, se puede explicar sin la dependencia.
De hecho con esta mirada Bagú resolvió, desde 1949, el dilema que durante la década de los setenta se dio en el debate sobre feudalismo o capitalismo en América Latina. Se trataba de una fuerte polarización entre quienes defendían que lo que hubo primero fue el “feudalismo”, mientras que por la prevalencia del capitalismo se inclinaron muchos autores, sobre todo los historiadores.
En un libro memorable, muy cerca de las concepciones de Mariátegui, Bagú acuñó el concepto de “capitalismo colonial” resolviendo, de este modo, la dicotomía entre feudalismo y capitalismo que muchos autores confundían al identificar el primero con el colonialismo. Así, escribe que: “Ni feudalismo ni capitalismo. En realidad, un capitalismo naciente, arremetedor, inescrupuloso, que en América Latina parecía revivir engañosamente cierto ropaje feudal. Pero capitalismo en esencia”.
En realidad, al lado de las concepciones teóricas, se trataba de un problema metodológico, en el sentido del papel que los conceptos y categorías desempeñaban en el análisis social y que se expresaba en un fuerte desfase entre la primacía de éstos sobre la realidad (dogmatismo) o, bien, de esta sobre aquéllos (el empirismo). Lo primero conducía a acuñar caracterizaciones como el feudalismo de aquéllas formaciones como las latinoamericanas que no coincidían con los conceptos teóricos tales como acumulación capitalista, explotación y trabajo asalariado, propiedad privada o producción de plusvalía. El segundo procedimiento, el empirismo, los desechaba al afirmar que nuestras economías y sociedades nada tenían que ver con el capitalismo y sí con otros “tipos” esencialmente diferenciados de este. Se habló, de este modo por ejemplo, de “subcapitalismo”, “anti-desarrollo”, “sociedades duales” o “tradicionales” particularmente por parte de las corrientes funcionalistas.
En cuanto al “marxismo ortodoxo”, en su obra escrita en 1923, Lukács aclara que:
No significa reconocimiento acrítico de los resultados de la investigación marxiana, ni "fe" en tal o cual tesis, ni interpretación de una escritura ‘sagrada’. En cuestiones de marxismo la ortodoxia se refiere exclusivamente al método. Esa ortodoxia es la convicción científica de que en el marxismo dialéctico se ha descubierto el método de investigación correcto; que ese método no puede continuarse, ampliarse ni profundizarse más que en el sentido de sus fundadores.
A diferencia de la ortodoxia que opera a nivel del método de investigación y de exposición, el dogmatismo (dentro del marxismo, del funcionalismo o del estructuralismo) sustituye mecánicamente y sin mediaciones la realidad empírica e histórica por el cuerpo de ideas, conceptos, postulados e hipótesis que obran en los sistemas de ideas elaborados en altos niveles de abstracción. Como dice Marini se sustituye "…el hecho concreto por el concepto abstracto" (dogmatismo) y remonta cualquier posibilidad de análisis concreto, empírico y objetivo de la realidad.
Además, los autores de esta corriente denominada dogmática,
(…) ponían en un mismo plano el concepto de modo de producción, a partir del cual Marx plantea su estudio, y el de formación social, en tanto que forma histórica de realización de aquel concepto, obligando a la búsqueda de fases de desarrollo que ―como, por ejemplo, la manufactura―ni siquiera han llegado a cristalizar plenamente en muchos de los países dependientes.
Por ello cobra importancia la afirmación de Vânia Bambirra respecto a que la teoría de la dependencia en cuanto tal, es decir, en tanto teoría marxista de la dependencia, sólo se forja, no en el plano del modo de producción capitalista, sino en el de la formación económico-social (y político-cultural) capitalista en todos los países y sociedades del mundo que operan de manera subordinada y dependiente en la periferia del capitalismo avanzado; en particular, girando en torno a la hegemonía de los centros principales del poder imperialista: Estados Unidos, Alemania, Francia y Japón, entre otros.
Al no cambiar el status dependiente, subdesarrollado y, en algunos casos, neocolonial, de los países latinoamericanos, sino sólo haberse ajustado, en el último medio siglo, a las prerrogativas de “desarrollo y modernización” permitidas y toleradas por el capitalismo imperialista hegemónico, las condiciones estructurales, socio-políticas y culturales reflejadas en el pensamiento y plasmadas en conceptos y categorías, posibilitan que la TMD sea la corriente adecuada en nuestros tiempos para estudiar, analizar y descubrir las tendencias (económicas, sociales, ideológicas, geopolíticas y culturales) que sobredeterminan e indican la inserción y la trayectoria que dichos países dibujan en el contexto de un sistema capitalista mundial en crisis y decadencia, liderado por las grandes potencias del orbe.
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