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Necesidades sociales, asociacionismo y movimientos vecinales

Social needs, association and neighborhood movements

John Fredy SÁNCHEZ MOJICA
Corporación Universitaria Minuto de Dios, Colombia

Necesidades sociales, asociacionismo y movimientos vecinales

Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 25, núm. 9, Esp., pp. 295-308, 2020

Universidad del Zulia

Recepción: 25 Mayo 2020

Aprobación: 30 Julio 2020

Resumen: Se propicia una reflexión derivada de una investigación sobre asentamientos informales en la ciudad de Bogotá, en la misma se utilizó el método indiciario para la recolección de la información buscando desde los pequeños indicios llegar a marcos de análisis más generales sobre los procesos de asentamiento informal en las ciudades latinoamericanas. De este modo se reflexiona sobre la manera en que se afronta el desarrollo y el surgimiento de los asentamientos informales en las urbes latinoamericanas, desde las necesidades sociales de sus habitantes, y cómo éstas juegan un papel importante en el tránsito del asociacionismo a movimientos vecinales.

Palabras clave: Asentamientos informales, asociacionismo, movimientos vecinales. necesidad social..

Abstract: A reflection derived from an investigation on informal settlements in the city of Bogotá is encouraged. In the same it was used the hint method for collecting information, seeking from small hints to reach more general frameworks of analysis on informal settlement processes in Latin American cities. In this way, it reflects on the way in which the development and emergence of informal settlements in Latin American cities is confronted, from the social needs of their inhabitants, and how it plays an intrinsic relationship between the transition from association to neighborhood movements.

Keywords: Informal settlements, association, neighborhood movements. Social need..

INTRODUCCIÓN

El presente artículo reflexiona sobre los procesos subyacentes a las luchas por el reconocimiento a la ciudad, a la tierra, a la vivienda, a los servicios públicos, en últimas, a la dignidad, en asentamientos informales de las grandes urbes latinoamericanas, específicamente en dos barrios de Ciudad Bolívar (Jerusalén - Naciones Unidas), una localidad con bajos índices de calidad de vida de la ciudad de Bogotá. Se analiza cómo en dichas luchas se encuentra subyacente la necesidad social como eje central de la fuerza de sus habitantes, posibilitando una relación entre necesidad social, identidad barrial, cohesión social, asociacionismo y movimientos vecinales. Para dar cuenta de lo anterior, el presente artículo, basado en la investigación “Establecidos y marginados. Una historia de los conflictos internos de los habitantes en los barrios Jerusalén- Naciones Unidas en Ciudad Bolívar 1956-2000”, desde una metodología indiciaria de recolección de información y desde una reflexión micro social y microhistoria, realizará una disertación sobre los aspectos generales de los asentamientos informales en las urbes latinoamericanas y las dinámicas en que recaen dichos espacios.

A continuación, se intentará demostrar cómo la necesidad social se convierte en eje articulador del surgimiento y desarrollo de estos barrios, por un lado, y generador de cohesión social en sus habitantes, por otro. Esa cohesión cimienta procesos identitarios en las relaciones sociales de los habitantes de dichos territorios y la necesidad propicia la movilización y la lucha popular de una manera menos organizada y más difuminada, en un inicio, pero con forma de movimientos vecinales más organizados con unos repertorios de lucha determinados y significados, posteriormente.

Para tal fin, el escrito se organiza de la siguiente forma: en un primer momento, se explicitará la metodología y la manera en que se recolectó y se utilizó la información. Luego se analizará el surgimiento y desarrollo de los barrios Jerusalén y Naciones Unidas para el entendimiento complejo de las relaciones sociales que allí se evidencian, se desarrollará el concepto de necesidad y su relación en las imbricadas formas de surgimiento y desarrollo de la Localidad de Ciudad Bolívar, así como su vínculo con la identidad de la barriada y los procesos de cohesión social que allí se evidencian. Finalmente, se estudiarán estos procesos de cohesión social e identidad barrial en la formación del asociacionismo y su relación con formas organizativas más especializadas que con el tiempo se van transformando en movimientos vecinales gracias a la conjugación de varios factores, entre ellos el más determinante: la necesidad social.

LOS ANÁLISIS MICRO PARA LA REFLEXIÓN SOBRE LOS ASENTAMIENTOS URBANOS INFORMALES

Al entablar un acercamiento inicial con los territorios, se evidenciaron unas particularidades propias de sus habitantes y de la manera en que se fueron configurando a ellos mismos y a su territorio, que remitieron inmediatamente a los autores del presente escrito a la teoría Elisiana sobre estos procesos. En su libro Establecidos y Marginados. Una investigación sociológica sobre problemas comunitarios, (Norbert Elias: 2016) intenta dilucidar unas dinámicas particulares en tres zonas de una misma barriada en la ciudad de Londres. El libro se configura como un estudio de las relaciones sociales entre dos entes (establecidos y marginados) a primera vista homogéneos, pero que desde una mirada más minuciosa resultaban verse, sentirse y practicar posturas disímiles de habitar su territorio y apropiarse del mismo, relaciones minadas por el poder, y que para el mismo (Elias. 2016: 16), resultaban ser temas que desde lo micro social podrían configurar una “discusión respecto de la universalidad de la relación establecidos-marginados, pero considerando las especificidades de la configuración estudiada”.

De esta manera, estos postulados parecían ser muy cercanos a las vivencias que podrían existir en las dinámicas que sobre los barrios Jerusalén y Naciones Unidas se encontraron. En estos territorios se evidencian unas formas disímiles de sociabilidad entre aquellos pobladores que fundaron el barrio a partir de su propia gestión, durante los años 80 y 90 del siglo XX, y aquellos pobladores que fueron habitando la zona posteriormente, ya bien entrado el siglo XX e inicios del siglo XXI. Resulto, pues, interesante analizar dichasdinámicas, retomando los fuertes conflictos que hicieron, y todavía hacen parte, de la cotidianidad en la cual estos grupos mantienen relaciones entre sí, conflictos que se suman a las ya difíciles condiciones de vida para sus integrantes (Alape:1995).

Para tal propósito, se siguió un marco metodológico de corte cualitativo y de tipo indiciario en donde las entrevistas y la revisión documental del archivo histórico tomaron relevancia en todo el proceso. Con esta metodología se buscó una reconstrucción indirecta y conjetural a partir de un detalle minúsculo pero persuasivo. Gracias a la posibilidad que da el método indiciario de “leer entre líneas”, (Jiménez: 2013), se pueden reconstruir aquellos discursos que se escapan a los oficiales y se integran en la cultura de los grupos populares, aquellas huellas profundas en las cuales se encuentran imbricadas relaciones culturales populares que no hacen parte del oficialismo.

Dadas las posibilidades comparativas de la metodología, se buscó establecer un control con la teoría eliasiana: en particular, se intentó contrastar las dos categorías que resultan fundamentales para el desarrollo de la investigación, es decir, las relaciones procesuales entre establecidos y marginados, con las reconstrucciones precisas de los hechos que acontecieron en el trasegar histórico de los barrios Jerusalén y Naciones Unidas.

Los conceptos establecidos y marginados se derivan de otras categorías como la necesidad, que constituye un elemento fundamental (aunque no el único), en el desarrollo identitario de los habitantes de los barrios investigados. Esta necesidad se teje y consolida en la lucha popular que deben ejercer los pobladores; funciona como un elemento de cohesión social en los grupos. De igual forma, solo puede ser entendida en términos históricos, puesto que es a través del tiempo que los integrantes de cada grupo desarrollan unos repertorios de lucha y se consolidan unas organizaciones propias que afianzan unos procesos identitarios sólidos para la población.

Con esta comparación teórico-empírica se pretendió dar respuesta a un hecho eminentemente local, y fundamentar la teoría sociológica misma, en particular, en las relaciones sistémico procesuales que integran largos periodos de construcción identitaria. A su vez, para efectos del abordaje de los objetivos propuestos, el análisis de la experiencia social de estos grupos diferenciados (Establecidos y Marginados), se abordaron elementos como las prácticas concretas de cohesión social (acciones coordinadas de movilización y elementos de identificación entre establecidos), las barreras sociales, entendidas como formas concretas de conflictividad y tensión social (como querellas y contravenciones entendidas como reportes de conflictos vecinales), y los parámetros de sociabilidad en los que se inscriben las relaciones entre estos grupos.

Para tal fin, se utilizaron instrumentos de recolección de información de corte cualitativo que dieron cuenta de estas particularidades, a saber: 80 títulos de revisión documental (documentos públicos que dieran cuenta de las particularidades del desarrollo y surgimiento de los barrios), 80 querellas que dieron cuenta de los conflictos vecinales, y 10 entrevistas a habitantes de la comunidad, que referenciaron hechos específicos y coyunturales en los procesos de asentamiento, surgimiento y desarrollo de los barrios, así como la observación como eje triangulador de la información.

LA CONFORMACIÓN DEL ASENTAMIENTO

Como afirmaba (Norbert Elías. 2016), la reflexión sobre el desarrollo de la estructura de la barriada es fundamental para el entendimiento de los aspectos teórico - conceptuales subyacentes a las investigaciones sobre espacios urbanos y comunidades. Por esta razón, es importante indagar y reflexionar sobre la cuestión del surgimiento y el desarrollo de la localidad de Ciudad Bolívar y específicamente de los barrios Jerusalén y Naciones Unidas. A continuación, se contextualizará al lector sobre las particularidades inherentes al surgimiento y desarrollo del territorio estudiado para comprender las relaciones conceptuales que intentará dilucidar este artículo.

Es pertinente resaltar que, en las ciudades latinoamericanas, es recurrente encontrar formas deasentamiento periféricos e informales en donde sus habitantes son de bajos recursos y la precariedad en la calidad de vida en sus territorios es bastante evidente. Son espacios marginalizados, reductos de la migración y los cambios políticos y sociales del siglo XX que fueron cambiando la morfología de la ciudad auspiciando espacios que, en palabras de (Cuellar, C. 2015: 67), son “tugurios, barrios populares y barrios ilegales, cuyos habitantes eran los nuevos ciudadanos migrantes o aquellos con pocos recursos”. Este es el caso particular de la localidad 19 de Ciudad Bolívar en Bogotá, espacio de configuración de asentamientos de miles de “ciudadanos” pobres o inmigrantes por la violencia partidista del país.

La localidad 19, durante décadas, se configuró como espacio de recepción de migrantes provenientes dediversos espacios de Colombia desplazados por la violencia partidista de los años 50 y 60 y por la falta de oportunidades y la pobreza en las zonas rurales de Colombia.

Otro de los factores de poblamiento se da por … la migración forzada […] (violencia, persecución, amenazas, asesinatos, ataques a poblaciones, entre otros) desplazamientos forzados inicialmente, hoy reconocidos como desarraigo y destierro… que principalmente se desarrolló en los departamentos del Tolima, Santander, Cundinamarca y Boyacá con la arremetida de las cuadrillas conservadoras hacia las facciones liberales gaitanistas por grupos como los chulavitas y los pájaros, que provocaron la salida del campo de múltiples oleadas de personas, que ven como lugar de refugio y posibilidades, las grandes ciudades del momento, en particular la capital del país. (Gómez, et al., 2014: 23).

De esta manera, Ciudad Bolívar ha funcionado como caldo de cultivo para formas particulares de asentamientos informales que, desde los años 50, han venido poblando esta zona del territorio bogotano, entrañando formas igualmente particulares de surgimiento y desarrollo, con unas características bastante interesantes.

En sus inicios, la localidad se fue formando por migrantes de la violencia partidista. El conflicto colombiano de tientes rurales retrató y delineó las ciudades como efecto directo de la violencia de mediados del siglo XX. Bien entrado el siglo XX, en los años 80, con los planes del presidente Belisario Betancur en relación a políticas económicas y de desarrollo social dirigidas a población vulnerable, se formó lo que (Forero, y Molano. 2015:122) describen como “una representación sobre el sur urbano como espacio para la vivienda de los pobres, cuya labor es aportar mano de obra barata”. En dichas políticas, se plasmaron los territorios de Ciudad Bolívar como espacios para la segregación territorial de la ciudad, y como fuente de mano de obra pobre y necesitada para la industria distrital.

Con lo anterior no se quiere afirmar que, antes de los años 80, la localidad no existía, o que su surgimiento y desarrollo comenzó precisamente con las políticas emprendidas por el gobierno de turno. Al contrario, la localidad, su surgimiento y desarrollo se ha presentado desde antes de los años 50, pero dicho territorio no se constituyó “legalmente”, ni se evidenció en los planes distritales hasta bien entrado los años 80, situación que, como se verá, generó un surgimiento característico basado en las necesidades sociales de sus habitantes y propició espacios para la acción colectiva que termino siendo parte de la construcción de la identidad de la localidad y sus pobladores.

El poblamiento de la localidad de Ciudad Bolívar, específicamente de los barrios Jerusalén y Naciones Unidas, se puede delimitar en tres momentos: un primer espacio en los años 40, marcado por el asentamiento de población específicamente rural en busca de mejores condiciones de vida en la ciudad. Un segundo momento, en los años 50 y 60, cuando se da un asentamiento de población de dos tipos: por un lado, un alto porcentaje de desplazados de la violencia bipartidista y, por otro, un nuevo agente en la barriada: inmigrantes urbanos, población citadina pobre en busca de un espacio en donde levantar un hogar y un techo digno para vivir. Por último, los años 80 y 90 e inicios del nuevo siglo, en los cuales se evidenció un proceso de asentamiento a partir de la generación de políticas públicas de vivienda para población vulnerable y de bajos recursos en la ciudad, y la exigencia de ciudadanos de un espacio vital digno para guarecerse, sujetos que viven la ciudad en precarias condiciones y que forman asentamientos informales como expresión en la búsqueda del derecho a la ciudad.

Aunque estas tres oleadas tienen sus particularidades y especificidades, poseen una serie decaracterísticas que han hecho del asentamiento y de la identidad de Jerusalén y Naciones Unidas un caso bastante particular. Las tres oleadas tienen en común que, en su mayoría, son asentamientos de carácter ilegal, lo cual conlleva un surgimiento desde la necesidad social de los habitantes que van ingresando al territorio: de servicios públicos, de vías, de transporte, de seguridad, de espacio público, de vivienda digna etc. Los poblamientos se van dando de manera paulatina, los espacios son delimitados y territorializados según parámetros bastante rústicos, y no planificados, lo que terminará en una configuración arquitectónica característica de la localidad, bastante desordenada y sin unos parámetros urbanísticos delimitados. En Ciudad Bolívar, las personas fueron implantando sus viviendas sin una distribución o planificación específica. Así mismo, la dotación urbana es casi inexistente en materia de colegios, centros de salud etc., los cuales no se hallan en un primer momento dentro del surgimiento de los barrios y llevó años de luchas conseguirlos. De manera similar, los servicios públicos fueron dados a cuenta gotas y debieron ser buscados por sus habitantes. Lo anterior lo constata Jenny Chaparro, Presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio Naciones Unidas e hija de su fundador:

Aunque estas tres oleadas tienen sus particularidades y especificidades, poseen una serie decaracterísticas que han hecho del asentamiento y de la identidad de Jerusalén y Naciones Unidas un caso bastante particular. Las tres oleadas tienen en común que, en su mayoría, son asentamientos de carácter ilegal, lo cual conlleva un surgimiento desde la necesidad social de los habitantes que van ingresando al territorio: de servicios públicos, de vías, de transporte, de seguridad, de espacio público, de vivienda digna etc. Los poblamientos se van dando de manera paulatina, los espacios son delimitados y territorializados según parámetros bastante rústicos, y no planificados, lo que terminará en una configuración arquitectónica característica de la localidad, bastante desordenada y sin unos parámetros urbanísticos delimitados. En Ciudad Bolívar, las personas fueron implantando sus viviendas sin una distribución o planificación específica. Así mismo, la dotación urbana es casi inexistente en materia de colegios, centros de salud etc., los cuales no se hallan en un primer momento dentro del surgimiento de los barrios y llevó años de luchas conseguirlos. De manera similar, los servicios públicos fueron dados a cuenta gotas y debieron ser buscados por sus habitantes. Lo anterior lo constata Jenny Chaparro, Presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio Naciones Unidas e hija de su fundador:el agua se traía de Quiba, las personas de las partes altas tenían burros y los alquilaban para bajar el agua y venderla, la luz se traía desde el lado de Tunjuelito para acá… poniendo unos postes de madera, y los fueron poniendo desde el lado de Tunjuelito y arrastrando con cables para arriba hasta donde estamos actualmente. (Jenny chaparro)

De este modo se suplían las carencias y las necesidades por los habitantes, el colectivo, la configuración de una comunidad que se fortalecía y formaba redes de apoyo en busca de mejores condiciones de vida, como se constata por las palabras de (N. Agudelo).

Nos cuidábamos como hermanos, como familia. Nos colaborábamos muchísimo cuando era lo del agua, pues nos guardábamos los turnos; con ellos nos acompañábamos, porque a esa hora, tres de la mañana, nosotros cogiendo agua pues era también peligroso, entonces los vecinos eran de gran ayuda y nos colaborábamos muchísimo, en fin, por ejemplo, esa gente que no tenía nada que comer pasaban pidiendo que una librita de arroz y uno les colaboraba.

Como se ve, al principio, la necesidad de los servicios públicos básicos (agua y luz) construyó un objetivo de luchas por lo “básico”, las cuales, con el tiempo, fueron dando vida a repertorios más organizados de lucha y a necesidades sociales y de otro tipo, unas más generales y especializadas como se contextualizará más adelante.

En este contexto, pareciera ser que, en las ciudades latinoamericanas, vivir en sociedad significa para las grandes mayorías habitar en ciudades segregadas, segmentadas, con un alto grado de inseguridad ciudadana, en la que se dificulta el acceso al suelo urbano, con carencia de equipamientos públicos y sociales; inadecuados sistemas de vialidad y transporte, agua potable, eliminación y procesamiento de desechos; viviendas con condiciones de habitabilidad inadecuadas, escaso respeto al entorno ambiental, que se traduce–entre otras situaciones– en una baja calidad de vida, precarias condiciones de salud y un alto grado de vulnerabilidad a los fenómenos naturales que afectan principalmente a los pobres. Es decir, a grandes rasgos, la necesidad es una constante dentro del surgimiento de los barrios en asentamientos informales en América Latina, una característica que toma fuerza en los relatos de los habitantes y configuró la identidad característica de estos.

Los testimonios de los habitantes de los barrios Jerusalén y Naciones Unidas dan cuenta del procesomencionado: “Llegamos a un potrero y ahí organizamos como dicen un ranchito; lo que hicimos fue un ranchito en paroi ; hay vivimos como diez años, con el tiempo se fue construyendo, llegamos sin agua, sin luz, sin nada, por acá no había nana, lomas y potreros”. Este relato de doña María Eugenia, una habitante del barrio Jerusalén, demuestra la situación en la que llegaron los primeros pobladores y cómo se fueron asentando en el territorio. Esta típica llegada de los habitantes con sus propias particularidades remite a pensarse el porqué del arribo de estos seres humanos a estos territorios inhóspitos. La llegada de los habitantes se da por la violencia y el conflicto armado que se vive en el país, lo cual da paso a migraciones y desplazamientos campo-ciudad sin precedentes.

(…) la construcción de nuestras llamadas ciudades modernas, ha estado precedida, ha tenido un origen fundador en violencias regionales de cuño bipartidista y hoy se sigue transformando por la vía de los efectos devastadores de la guerra irregular que se ha agudizado desde mediados de la década de los ochentas del siglo XX (Naranjo, 2004: 2)

Ha sido recurrente pensar las dinámicas de urbanización de las grandes ciudades colombianas desde los procesos migratorios generados por el desplazamiento forzoso y la violencia en las zonas rurales del país. Es evidente que estos han sido uno de los factores iniciales de urbanización de las ciudades extensas de Colombia, sobre lo cual no hay mayor discusión. Lo que no se demuestra en los análisis es que este fenómeno se ha perpetuado perenne en el tiempo. Los pobladores de sectores como Ciudad Bolívar y el desarrollo y surgimiento de los asentamientos informales en ciudades como Bogotá y Medellín en la época de los años 80 y 90 del siglo XX, estuvo plagada por una heterogeneidad de causas, entre ellas el desplazamiento forzado, pero en su mayoría estas barriadas surgieron y se desarrollaron por la necesidad de vivienda, por la búsqueda de movilidad social, por una reivindicación latente del derecho a la ciudad de sus habitantes ya establecidos en las zonas urbanas. Nuevamente, los testimonios de los habitantes así lo reflejan:

(…) nosotros ya habitamos en Bogotá como unos cinco años, pero no nos arrendaban por tener tantos niños y nos tocaba negar al menor, la necesidad de vivienda de un techo nos trajo aquí … mi esposo vino a ver el lote a las 6 de la tarde y al otro día a las 8 de la mañana ya teníamos el trasteo acá sobre un potrero (Norma Agudelo 34 años habitando Jerusalén).

(…) mi papa tenia nuestra casa con nosotros en el barrio centenario, pero compro un lote acá

grandísimo para lotearlo y venderlo; como le dijeron que invasores estaban pensando en robarle los terrenos decidimos venirnos a vivir aquí (Jenny chaparro)

(…) con mi esposo duramos varios años viviendo en el barrio Galán un barrio pobre pero legal y con sus servicios y todo, una situación económica difícil de desempleo nos trajo a vivir acá por necesidad (María Eugenia Alvarez).

La literatura sobre el tema da cuenta del mismo proceso. (Rico. 2009: 52) en su libro Ciudad In - formal: la historia de un barrio ilegal, consigna los siguientes relatos:

Sí, pues acá es..., aquí se está explotando, se está explotando y se empieza a explotar una riqueza grandísima que hay acá, pero cada cual mira la riqueza desde el punto de vista propio. Por ejemplo, usted como arquitecto, la riqueza suya es cómo hacer los diseños de unas casas bien bonitas acá, ¿cierto?”. Y me dijo: “Sí”. Y yo: “Exactamente, en cambio la riqueza de nosotros es mirar cómo logramos hacer un ranchito para meternos y no mojarnos […].

De este modo, el poblamiento de los barrios y de gran parte de los asentamientos informales luego de los años 80 estuvo marcado por un reclamo al derecho de la ciudad. Como afirma (Borja. 2013), el derecho a la ciudad relacionado con espacio público, accesibilidad, servicios urbanos, calidad ambiental, vivienda digna etc., está presente en la mayoría de la ciudad compacta y central, pero la ciudad periférica, los asentamientos informales, carecen de este derecho. Los habitantes de estos espacios reclaman la ciudad desde formas particulares; desde la representación de la propia necesidad como fuerza de su lucha.

Las ciudades colombianas y latinoamericanas surgieron por las necesidades sociales, ya sea de campesinos migrantes, de citadinos reclamantes de su derecho a la ciudad o del mismo sistema capitalista que necesita y propicia la ciudad y los asentamientos informales como forma de subsistencia, puesto que como han evidenciado análisis como los de (Harvey. 2013) y (Castell. 1986), el sistema capitalista necesita de las ciudades para su misma existencia, genera una relación simbiótica con esta forma de ordenamiento territorial en tanto le provee los excedentes de producción y consumo para su subsistencia. Las ciudades han brotado de la concentración geográfica y social de un excedente en la producción. La urbanización ha sido, por tanto, un fenómeno relacionado con la división de clases, ya que ese excedente se extrae de algún sitio y de alguien,mientras que el control sobre su uso suele corresponder a unos pocos. El capitalismo descansa, como nos explicaba Marx, sobre la búsqueda perpetua de plusvalor (beneficio), cuyo logro exige a los capitalistas producir un excedente, lo que significa que el capitalismo produce continuamente el excedente requerido por la urbanización, pero también se cumple la relación inversa: el capitalismo necesita la urbanización. (Harvey, D. 2013).

NECESIDAD SOCIAL LA INTERSECCIÓN DEL ASOCIACIONISMO Y LOS MOVIMIENTOS VECINALES

Existe una constante en las configuraciones de los asentamientos informales de los barrios Jerusalén y Naciones Unidas: el concepto de necesidad social, el cual es recurrente en los relatos de los pobladores locales. La necesidad social posibilita la movilización de diferentes categorías y realidades sociales como identidad barrial, lucha popular, cohesión social y dinámicas propias del barrio, es decir, la necesidad social es una fuente vital para el surgimiento y desarrollo de los barrios. El concepto surge como un tópico de relevancia en el estudio de los asentamientos informales, lo cual se ha invisibilizado en la literatura o se ha limitado a un mero apéndice o consecuencia de los procesos de urbanización informal.

Desde los análisis clásicos de la sociología y la antropología, el concepto de necesidad aparece en autores como Durkheim, Manislowki, Simmel etc. Dichas investigaciones han realizado una revisión taxonómica y una reflexión algo esencialista del término. Al abordar el tema de las políticas públicas y el urbanismo, sin embargo, se hace imperativo un concepto más moldeable, como “aspiración”, las aspiraciones de los habitantes del territorio sobre sus categorías morales, sobre lo que evidencian que en su contexto pueden y deben exigir como carencias (Chombart de Lauwe 1969). Las necesidades se han visto como propias de la estructura socioeconómica, en donde existirán unas necesidades de carácter natural y otras creadas por el sistema que serían unas no necesidades o necesidades falsas. (Marcuse. 1981). En general aquellos que han reflexionado sobre el urbanismo han tendido con naturalidad a acudir al concepto de necesidad como a uno de tantos recursos utilizables para aprehender las transformaciones producidas en la sociedad del moderno bienestar. (Bouzada, Xan. 1994).

De este modo el concepto de necesidad, toma protagonismo dentro de los análisis que en las ciencias sociales hacen de los temas urbanos o las reflexiones en torno a los asentamientos informales. Los análisis micro - sociológicos de Simmel por ejemplo dan cuenta de esto, pero como ya se afirmó resultan ser análisis por demás esencialistas, y en donde el concepto de necesidad salta a la palestra como un mero apéndice y no como configurador de realidades. Como afirma (Coenen.1970: p. 29) “… el concepto de necesidad ha tendido en general, y de modo genuino, a funcionar como un recurso, como un constructo intelectual, resultado de una situación dada y emanado desde un proyecto normativo”.

Antes esta dificultad se han presentado varias respuestas, como las de (Marcus. 1981), en una aproximación critica a los Estados Unidos de inicios de los años cincuenta, tratando sobre el tema de las necesidades sociales, intento constatar la existencia de una línea divisoria entre necesidades básicas y falsas necesidades. Esa inicial ordenación que le conducirá a cuestionar el universo de las necesidades y satisfacciones en clave de simple verdad o mentira logrará hacerla compatible con la afirmación y el reconocimiento de la historicidad sustancial de esos asertos. Este tipo de acercamientos, aunque delimitan las realidades subyacentes al concepto de necesidad, siguen cayendo en generalización abstractas y fuera de los contextos y realidades para analizar.

Para soslayar este escollo, autores como (Michel Picón. 1978), Retoman el concepto de habitus de Bourdieu para contrastarlo al de necesidades sociales, esta postura resulta bastante interesante por el hecho que, permite analizar las prácticas de consumo evitando los escollos del subjetivismo y del objetivismo sobre los cuales suele fragmentarse la sociología de las necesidades, por tanto, el cambio de perspectiva que va del hacer hincapié en el hábil concepto de necesidad a hacerlo en el de habitus, parece permitir aproximarnos a un enfoque superador de una discutible taxonomía de las necesidades básicas, adentrándonos en otra formade ver las cosas en donde el esfuerzo por alcanzar una distribución más igualitaria de la riqueza material, para la cual las inversiones de carácter colectivo se opondrían a aquéllas de carácter privado e industrial. Asimismo, la toma en consideración del habitus permite evitar su congelación en formas estandarizadas caras al universalismo abstracto, así como el poder asumir y actuar desde aquellos contextos sociales y culturales en los cuales tienen lugar diferentes tipos de iniciativas tales como la producción e implantación de equipamientos culturales. (Bouzada. 1992).

De este modo, las necesidades sociales desde la perspectiva del habitus para el análisis de los asentamientos informales en las urbes Latino Americanas, resulta de especial atención, puesto que, deja vislumbrar los recovecos sobre los que recaen los procesos identitarios de los habitantes de los barrios que surgen en difíciles condiciones, la necesidad social en este sentido resulta una de las fuentes en las que bebe la construcción identitarios de la barriada , y de los procesos que esta subyace. Es por esta razón, que, para los planificadores urbanos, les resulta tan difícil propiciar desde sus análisis y puesta en marcha de equipamientos y demás un fluido comunitario, ya que este suele emerger allí donde los vecinos lo desean y acaso les conviene y no necesariamente allí donde el planificador se esfuerza en inducirlo. La literatura sobre el tema así lo ha evidenciado.

(…) la solidaridad comunitaria alumbra precisamente allí donde aprieta la escasez de recursos y ladistancia limita con su aislamiento (Stacey, 1960; Morris y otros. 1965; Bidart, 1988). Allí donde las demandas insatisfechas son mayores, las dinámicas solidarias y de apoyo suelen multiplicarse (Bouzada. 1992: 68).

Del mismo modo, las entrevistas de la investigación dan cuenta del mismo fenómeno “las necesidades hacen que se junten las comunidades” (Luz Marina Zarate), “el ambiente entre la poca comunidad era muy bonito, lo que era un diciembre acá era una cosa muy espectacular, todos colaboraban, pintando los andenes poniendo los pendones etc.” “las celebraciones católicas y de navidad unían y generaban cohesión entre la población (Nelly chaparro)

Este retrato sobre las necesidades sociales como una de las fuentes de los procesos identitarios de labarriada se evidencian de modo más claro desde el análisis de las formas de sociabilidad y relacionamiento que se instauraron en Naciones Unidas y Jerusalén, a partir de las herramientas que Norbert Elias elabora para el estudio de las relaciones que surgen entre agrupaciones de establecidos y marginados en diversas comunidades.

El desarrollo de este tema dentro de la investigación se encuentra compuesto por tres apartados, en un primer momento se precisan los elementos conceptuales que permiten que la mirada elisiana tenga cabida en el análisis. Si bien el trabajo de Elías no suele centrarse en reflexiones metodológicas, los estudios realizados cuentan con la posibilidad de constituirse en referentes para el análisis de fenómenos sociales que cuenten con la misma forma de interacción social. Dentro de dichos trabajos, el estudio Establecidos y marginados, una investigación sociológica sobre problemas comunitarios (Elias & Scotson. 2016) brinda elementos para acercarse a un proceso como el ocurrido en Ciudad Bolívar. Al tener como tema central las dinámicas de exclusión y estigmatización, es también un insumo para el análisis de diversas modalidades de relacionamiento. Posteriormente, se reflexiona en torno a los modos de relacionamiento identificados en el proceso de poblamiento de Ciudad Bolívar, haciendo énfasis en la interacción y la ruptura existentes entre los habitantes llegados en el inicio de la segunda ola analizada con antelación y los que llegaron finalizando la tercera (con centralidad en el caso de Naciones Unidas); así como en los procesos de sociabilidad entre las conglomeraciones que se asentaron a lo largo de los ochenta (con centralidad en el caso de Jerusalén). Los habitantes de la segunda ola en estos barrios propician repertorios identitarios bastante homogéneos al sentir de sus habitantes a diferencia de los habitantes de la tercera oleada, como los afirman sus pobladores: “los antiguos por así decirlo somos personas más tranquilas, menos bulliciosos, más comunitarios y más sociables, la gente que llega nueva eso le molesta por que quieren es la fiesta, pero no el trabajo con que se logran las cosas” (Nancy, Chaparro) En un tercer momento, la interrelación de estos dos análisis, la teoría elisiana y las dinámicas propias de los barrios Jerusalén y Naciones Unidas en cuanto a las dos oleadas de llegada de habitantes, propicia un dialogo sobre la cohesión social en los procesos de identidad barrial. El ejercicio dealejamiento y diferenciación frente a los individuos que llegaron desde el año 1980 a Naciones Unidas constituye un fenómeno que, además de ser una salvaguarda de la vida ante la violencia, responde a elementos propios de la asociación que, como grupo, los primeros habitantes habían creado a partir de experiencias compartidas. La llegada de nuevos habitantes a las zonas que se habían constituido colectivamente dio paso a que la cohesión construida por los primeros pobladores saliera a flote. Esto generó una serie de manifestaciones que fortalecieron la identidad grupal que había tomado forma en la medida en que surgía el sector.

De esta manera, el rechazo a los nuevos habitantes no sólo respondió al miedo por la creciente inseguridad, sino que tuvo en su centro una impugnación moral frente a la llegada de extraños que atentaban contra la experiencia compartida por los primeros habitantes, y en oposición a una serie de pautas, valores, costumbres y marcos de valoración que se habían configurado de manera tácita y que daban forma a un modo de vida aceptado en el sector. De esta manera, lo que se veía amenazado era la propia identidad que se había creado como grupo, en función de la cual se había logrado la consecución de logros y crecimiento colectivo.

De este modo, la anterior información deja entrever como la necesidad social propicia no solo el surgimientos y desarrollo de las barriadas, sino que además dinamiza otros procesos sociales como la identidad barrial, misma que esta minada por un fluido comunitario que propicia lo que de ahora en adelante se denominara cohesión social, los habitantes se unen en lazos de solidaridad y se organizan a partir de dichas formas coercitivas de identidad barrial. Procesos que al pensar de este articulo resultan no solo en asociacionismo en búsqueda de suplir ciertas necesidades, sino que propician movimientos barriales más organizados.

DEL ASOCIACIONISMO A LOS MOVIMIENTOS VECINALES

Los procesos de acción colectiva que van surgiendo en la barriada de Jerusalén y Naciones Unidas en un inicio se basan en lo que (Torres. 2006: 3) denomina como “asociacionismo en torno a demandas y proyectos y las estrategias de resistencia cotidiana”. Los habitantes van cerrando filas en torno a exigencias particulares y propias a las necesidades que los aquejan, los pobladores “establecidos” constituyeron formas organizativas en torno a la exigencia y formalización de aspectos infraestructurales como servicios públicos, vías, construcción de colegios y centros de salud. Estas formas organizativas, para los años cincuenta, luego del acontecer del Frente Nacional, se institucionalizaron como juntas de acción comunal (JAC) que iniciaron el desarrollo de acciones en alianza con entidades distritales, aunque antes ya existían como experiencias organizativas vecinales no institucionalizadas.

De esta manera, la construcción de los barrios y el asentarse en la ciudad resulta eje de la acción colectiva barrial en Bogotá. Así lo afirma (García. 2013); según este autor, los barrios populares se han constituido como materialización de la lucha por el acceso a la ciudad, de habitantes que llegaron a un híbrido de urbanidad y ruralidad, desprovistos de los beneficios sociales y económicos con los que, desde el ideal del desarrollo urbanístico e industrial, se cuenta en la ciudad. Es posible mencionar, con una mirada centrada en los fenómenos de construcción barrial en América Latina, que este tipo de habitantes, caracterizados como nuevos pobladores, “encontraron en el asociacionismo, la autogestión y la protesta mecanismos útiles para la consecución de recursos y la solución de sus problemas más apremiantes” (García. 2013: 123), esto se visibiliza como la construcción de lugares de solidaridad ante la pobreza compartida:

Bogotá ha sido escenario de la emergencia de múltiples experiencias asociativas protagonizadas por los pobladores y pobladoras populares; enfrentados a precarias condiciones, se asocian para ganar mayor capacidad de solución a sus necesidades, de interlocución con el Estado y de impulso de iniciativas propias (Torres. 2006: 4).

Este asociacionismo se dio desde la llegada de la primera oleada de habitantes y se consolido con la segunda en la consecución de necesidades y reivindicación de derechos por los pobladores. Estas luchas yacciones colectivas se vieron centralizadas en hechos coyunturales en un comienzo, como afirma (Jenny, Chaparro), “en un inicio se luchaba por que lo que el día pedía, la luz que quitaban, la vivienda que iban a tumbar, el agua que no llegaba” pero que con el pasar del tiempo estas acciones se fueron trasformando en acciones colectivas mucho más organizadas como el paro cívico de 1993, en el que confluyeron diversos sectores populares que representaban la vida y la política comunitaria del sur de Bogotá. Fue vindicado como cívico y local, en cuanto apelaba a “prácticas colectivas reiterativas y sistemáticas de inconformismo y movilización social, presentes en diferentes espacios de la geografía nacional en las dos décadas anteriores” (Forero & Molano. 2014: 119). En este sentido, fue la expresión de un descontento generalizado de las localidades del sur, con principal visibilización de Ciudad Bolívar, ante dinámicas de exclusión e imposición de lógicas gubernamentales amparadas principalmente en medidas de omisión ante las carencias y estigmatización como costo de la pobreza.

De este modo, las acciones colectivas que en un inicio resultaban coyunturales con el pasar del tiempo fueron representando formas de lucha más organizada que las acciones colectivas iniciales, puesto que esta toma forma y propicia de este modo una serie de ganancias sociales y culturales significativas para los habitantes de los asentamientos: capital social y capital político en la mayoría de los casos resultan en ganancias para los habitantes (no todos). Este capital resulta relevante en el momento de entender las dinámicas de movilidad social que se evidencian en forma disímil dentro de las barriadas y, además, propicia la especialización en las formas organizativas de los habitantes, al poder entablar dialogo con entes estatales, al capacitarse y al tener una mayor experiencia en formas de organización los pobladores logran formar movimientos vecinales duraderos. Estos lo perciben de esta manera y así lo manifiestan:

(…) surgen liderazgos y unas ganas de organizarnos y salir adelante para transformar territorio; entonces es donde nace las organizaciones sociales efectivamente, … otra clase de comunidad organizada de cara al desarrollo, … no solo el desarrollo físico sino el comunitario … transformar pensamiento, educación, capacitación … desarrollo más allá de lo barrial (Luz Marina Zarte).

Por tanto, la experiencia de los barrios analizados evidencia cómo la necesidad social posibilita la cohesión barrial y la identidad colectiva del barrio y sus habitantes. Estos se conforman como grupo desde las necesidades sociales y desde la lucha por esas necesidades. En palabras de Don campos, fundador del barrio y primer conductor de vehículo que subía a la zona, al preguntársele por su labor inalcanzable como líder barrial y por el homenaje hecho por Bavaria: “la labor fue de todos no solo mía, con todos mis amigos que luchamos jadiamos por acá por allá íbamos de aquí cuando trajimos la gota de agua bueno” “Yo me siento orgulloso por los compañeros que se han muerto”. Los relatos de Don campo Elias y las demás personas entrevistadas evidencian una apropiación por su territorio, formas conjuntas de necesidades sociales que se terminan convirtiendo en formas conjuntas de mirarse a sí mismos y de reflejarse ante la sociedad.

De esta manera, la necesidad social propicia una serie de repertorios de identidad barrial en los asentamientos informales, genera cohesión social. Desde estos tres aspectos los habitantes de las barriadas conforman grupos de luchas y grupos de exigencias; acción colectiva desde la asociación por aspectos coyunturales, el reclamo por el agua, luego el reclamo por la luz, por la presencia policial etc. Posteriormente, estas luchas coyunturales comienzan a conformar repertorios más especializados de lucha que terminaran conformando movimientos más organizados o movimientos vecinales que mantienen la necesidad social como fuente de sus luchas pero que ahora desde una tecnificación de la lucha podrán entablar un diálogo más cercano con el estado y propiciar nuevas exigencias más allá de las necesidades de la barriada. Las juntas de acción comunal representan este espacio de interlocución en un comienzo, pero con el pasar del tiempo resultan demasiado institucionalizadas y se retoman organizaciones de acción ciudadana.

Ejemplos de lo anterior se encuentran en los espacios analizados. Por un lado, está la organización “Carnavalito por la vida”, movimiento vecinal y artístico que nace desde las luchas de sus habitantes y de la necesidad y reivindicación de derechos. Este fue convirtiéndose en un espacio más organizado en donde la acción colectiva no solo se expande por la localidad, sino que adicionalmente sus exigencias sobrepasan las necesidades iniciales del asentamiento informal en desarrollo.

La propuesta nace como respuesta a dos situaciones, por un lado, una forma de manifestarse en torno a una situación de violencia presente en una la localidad […], y por el otro lado, por el interés de un grupo de madres comunitarias que querían hacer actividad con los niños, en el marco de una política institucional. (Fernando. 2016: 36)

El Carnavalito por la vida surge por las necesidades de madres comunitarias, mujeres líderes de sus comunidades que han vivido en el territorio por más de 20 años, que han estado en su surgimiento y desarrollo y que vivieron sus luchas iniciales. El carnavalito, de este modo, se establece en una organización posterior a las luchas iniciales pero que bebe de su capital, por lo cual se termina evolucionando en un movimiento vecinal más organizado, puesto que tiene unos repertorios de lucha más definidos, posee unos objetivos más claros y adicionalmente configura unas acciones colectivas más organizadas (el solo carnaval funciona como medio y fin del movimiento). (Fernando. 2016: 38)

Otro ejemplo de tales cuestiones tiene que ver con la organización AMUPROC (Asociación de mujeres del barrio la Cumbre). La señora Luz Marina Zarate presidenta de la junta de acción comunal del barrio La Cumbre pertenece a dicha organización y así lo expresa “Bueno yo llegue hace 26 años a este territorio […], y hace 17 años pertenezco a AMUPROC, Asociación de mujeres del barrio la Cumbre, entonces es como esa mi relación, y que además yo soy muy allegada a trabajar de la mano con el sector”. De esta organización de mujeres, desafortunadamente, no es mucha la información documental existente, sus acciones y demás se documentan por el relato oral al llegar e interactuar con el territorio, así la describen sus fundadoras “nosotras somos una organización de mujeres que reivindican los derechos de las mujeres de la zona desde su territorio” (Luz Marina Zarate). Es decir, son mujeres que se han organizado desde su papel relevante en el desarrollo y organización de sus barrios para ahora reivindicar sus derechos como mujeres, madres, esposas etc.

CONCLUSIONES

En relación a las dinámicas propias de los asentamientos analizados y de los propósitos de este escrito se ha podido precisar la forma en que los procesos de relacionamiento y sociabilidad constituyen un marco desde el cual es posible aproximarse a los elementos constitutivos de un entorno específico. En los casos trabajados, se establecieron los factores determinantes en la consolidación de los sectores y los fenómenos que les fueron dando forma de un modo concreto.

En el marco de la condición actual de la localidad, lo aquí desarrollado evidencia que la ruptura que acontece entre los grupos de habitantes, más allá de sus complejidades, orígenes y prácticas, constituye una afectación colectiva, en cuanto más allá del rechazo y la agresión, se impone la imposibilidad de avanzar en procesos de integración y reconocimiento, lo que hace difícil establecer las carencias que se comparten y, así mismo, dar paso a acciones que permitan solucionarlas a partir de lo colectivo y el reconocimiento del otro.

Ahondando en dichas dinámicas de cohesión, y retomando las modalidades informales de acceso al suelourbano (Abramo. 2003), en donde se pudo establecer el modo en que los asentamientos informales contaron con lógicas de necesidad en la que el acceso al suelo estaba motivada primordialmente por la carencia de recursos que impedía el acceso al mercado formal de vivienda, esta necesidad se configuro en una de las aristas propias de la identidad barrial, en donde sus habitantes “establecidos” de la segunda ola de llegada contaron con unos repertorios propios de comunidad y sociabilidad que en su mayoría están trasversalizados por la necesidad y la reivindicación de derechos.

Por último, se pude decir que las necesidades sociales son un motor movilizador para los procesos identitarios en las barriadas, propiciando cohesión social dentro de los pobladores, y coadyuvando en los procesos reivindicativos y las luchas iniciales en el surgimiento y desarrollo de la barriada, pero con el tiempo resulta fuente propicia para organizaciones más especializadas, con unos objetivos y repertorios de lucha más prolijos de cara a nuevas reivindicaciones desde movimientos vecinales organizados.

BIODATA

John fredy SÁNCHEZ MOJICA: Licenciado en Ciencias Sociales de la universidad Distrital de la ciudad de Bogotá, Magister en Estudios Sociales de la universidad del Rosario, docente hace más de 10 años en educación básica media y superior. Investigador universitario desde hace más de 4 años en temas relacionados a la educación, sociología urbana, intervención social, migración y temas de género. Ha publicado un libro denominado Asentarse en Ciudad Bolívar. Una historia de sociabilidad y solidaridad en la construcción de la ciudad popular, así como diversos capítulos para libros, el ultimo denominado bibliographical review: infantile migration and educational inclusion, así mismo ha participado de diversos congresos como ponente en los temas antes reseñados; actualmente se dedica a la docencia y la investigación como docente investigador titular de la Corporación Universitaria Minutó de Dios y la Secretaria de Educación del Distrito Capital de Bogotá.

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