Artículos
Concepto de desconexión moral y sus manifestaciones contemporáneas
Moral disengagement concept and its contemporary manifestations
Concepto de desconexión moral y sus manifestaciones contemporáneas
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 25, núm. Esp.11, pp. 349-361, 2020
Universidad del Zulia

Recepción: 17 Agosto 2020
Aprobación: 26 Octubre 2020
Resumen: Se reflexiona acerca del concepto de desconexión moral. Se realiza una búsqueda en bases de datos, utilizando los términos “Desconexión Moral” y “Moral Disengagement”. Ésta es entendida como la capacidad del sujeto de desvincularse de sus marcos conceptuales éticos, permitiéndose ejercer el mal, al evitar la culpa y la vergüenza. Se exponen las manifestaciones contemporáneas de la variable, asociadas a fenómenos como el terrorismo y la agresión, y el liderazgo inescrupuloso y competitivo que incentivan algunas organizaciones, entre otros. Finalmente, la desconexión moral es explicada a partir de la interacción recíproca entre variables endógenas y exógenas que influencian al individuo.
Palabras clave: Desconexión moral, ética, conducta moral, conducta desviada..
Abstract: Ponders on the concept of moral disengagement. A search is carried out in databases, using the terms "Desconexión Moral" and "Moral Disengagement". The concept is understood as the subject's ability to detach himself from his ethical conceptual frameworks, allowing deviant behavior, by avoiding guilt and shame. The contemporary manifestations of the variable, associated with phenomena such as terrorism and aggression, and the unscrupulous and competitive leadership that some organizations encourage, among others, are exposed. Finally, the moral disengagement is explained from the reciprocal interaction between endogenous and exogenous variables that influence the individual.
Keywords: Moral disengagement, ethics, moral behavior, deviant behavior..
INTRODUCCIÓN
Las preocupaciones sobre el origen del mal han estado presentes a lo largo de la historia de la humanidad. Se ha intentado explicarlo desde posturas religiosas hasta un amplio espectro de disciplinas científicas que dan cuenta de la complejidad de las decisiones humanas. Pese a que el debate es tan amplio como los argumentos que existen, el asunto no deja de ser relevante en un mundo donde pululan las leyes para enmarcar las conductas tanto como sus quebrantadores. El estudio de la percepción de inmoralidad y las justificaciones a las que recurren quienes actúan fuera de los estándares morales sigue vigente en nuestros días.
La conciencia sobre las implicaciones que los propios actos pueden tener en la vida en sociedad ha sido explicada desde distintos enfoques psicológicos, que explican la forma como se desarrolla este constructo y el logro cognitivo que permite a la persona juzgar si una acción puede ser catalogada como buena o mala. Los estudios sobre la moral han estado dirigidos principalmente desde dos perspectivas: la cognoscitiva- estructuralista (Piaget: 1987, p. 9; Köhlberg y Kramer: 1969, p. 93) y la del aprendizaje social (Mischel y Mischel: 1976, p. 84; Bandura: 1977, p. 6). Mientras los primeros se ocuparon por el desarrollo de las estructuras cognitivas que permiten el razonamiento moral, los segundos buscaron explicar por qué las personas que ya cuentan con estas estructuras se comportan de forma inmoral, así, se enfocaron en la conducta moral (Ortega, Sánchez y Menesini: 2002, p. 37).
Desde el enfoque cognitivo social se plantea que las normas morales, el comportamiento moral, las nociones de lo bueno y lo malo, son aprendidas en el proceso de la socialización, que permite apropiar los valores existentes en la sociedad (Ortega et al: 2002, p. 37). Las contingencias ambientales se convierten en un determinante para la conducta moral. Mischel y Mischel (1976, p. 84), señalan que el logro del desarrollo de estructuras cognitivas que permiten la existencia de ciertas competencias cognitivas no garantiza que la conducta de los individuos sea moral, ya que la conducta se ve influenciada por motivaciones en situaciones específicas. Para estos autores dentro de las competencias morales se encuentran habilidades como colocarse en la posición del otro, razonamiento sobre dilemas morales, y la empatía para comprender las consecuencias a largo plazo de los actos sobre otras personas. Así, la conducta moral se relacionaría con las expectativas de los actos aprendidos desde la propia experiencia o de las experiencias vividas por otros y cuando las consecuencias no fueran inmediatas, se basaría en las propias autorreacciones.
Con base en la perspectiva cognitivo social, el desarrollo de la conducta moral en los niños y niñas inicialmente está dada por la expectativa de las consecuencias inmediatas y concretas sobre su conducta. Posteriormente, con la maduración, evaluación y reforzamiento de la conducta, se lograrán estimaciones más abstractas y con espacios más amplios de tiempo para el resultado de sus conductas (Mischel y Mischel: 1976, p. 84; Bandura: 1991, p.46).
Por otro lado, Bandura (1986, p. 37) señala la importancia del modelado, la tutoría y la exposición a las reacciones de los otros, en el proceso de la interiorización de las normas y valores, como guías en el camino que orientarán la propia conducta. De esta manera, los individuos aprenderán a distinguir entre lo bueno y lo malo, asumiendo diversos comportamientos estandarizados, que siguen llevando a cabo en concordancia con ellos, ante la posibilidad de la autocondena y la autoconmiseración (Bandura: 1996, p. 24; Bandura: 2002, p.101). De acuerdo con el autor, la moral se basa en un sistema regulador anticipatorio, donde las personas monitorean y juzgan su conducta según los estándares morales adoptados y las condiciones percibidas, y se autorregulan por las consecuencias aplicadas a sí mismos, buscando preservar la autoestima y la satisfacción. El funcionamiento moral se lleva a cabo a través de tres subprocesos (Bandura: 2002, p. 101):
- Monitoreo: es el inicio para el control de la conducta, da lugar a la evaluación de las propias acciones teniendo en cuenta las reglas morales y el contexto situacional.
- Enjuiciamiento: se juzga la conducta teniendo en cuenta si se respetan o no las reglas morales.
- Autoreacciones: surgen como resultado del enjuiciamiento, el individuo experimenta emociones positivas o negativas que conllevarán a la acción final.
Según Bandura, los razonamientos morales no actúan como predictores de la conducta moral de un individuo, ya que el monitoreo no siempre se activa o lo hace de manera selectiva para la evaluación de la conducta, generando la desvinculación del control moral interno. El funcionamiento moral estaría regulado por distintas influencias que incluyen el pensamiento, las autosanciones, la conducta y las influencias sociales.
Desde esta perspectiva, el sujeto es considerado un agente autónomo en la elección de sus objetivos,que tiene en cuenta las normas sociales y personales que le dan curso a su conducta (Paciello, Fida y Tramontano: 2012, p. 199; Bandura: 2004, p. 121). En la infancia, las experiencias sociales más significativas ocurren en la familia donde los roles sociales con los que se pueden identificar los niños se expresan en las relaciones más cercanas (Amar y Martínez: 2011, p. 76). Así, Bandura da un enfoque interaccionista al fenómeno moral.
La desconexión moral y la conducta socialmente desviada
Bandura (2002, p.101) plantea el concepto de desconexión moral para referirse al proceso donde se presenta el desenganche respecto a los valores y normas adquiridos, acudiendo a la justificación de las conductas socialmente reprochables con argumentos lógicos, para protegerse de sentimientos como la vergüenza y la culpa. Los mecanismos de desconexión moral se manifiestan cuando el sistema de monitoreo para evaluar las conductas no se activa. De esta manera se da la desconexión selectiva de los marcos éticos (Bandura: 1996, p. 24). En este proceso se reestructura la percepción de la propia conducta con el fin de minimizar las consecuencias del comportamiento, manteniendo una coherencia entre dicha conducta y los principios y criterios morales. Lo anterior permite al individuo evitar las autosanciones y los conflictos morales. Según Mischel y Mischel (1976, p. 84) el individuo procurará siempre justificar su conducta por muy reprochable que sea, para conservar su autoconcepto y autovalía.
Esta propensión puede ser explicada desde el concepto de disonancia cognitiva planteado por Festinger (1957, p. 3), que explica la tendencia de los individuos a producir nuevas creencias cuando se enfrentan a una situación en la cual su comportamiento entra en conflicto con sus principios morales, con el fin de minimizar el malestar que esto pueda causarles y reestablecer la percepción de coherencia interna. Las creencias que favorecen el proceso de la desconexión moral se encuentran agrupadas en cuatro técnicas de racionalización, compuestas por ocho mecanismos de defensa que permiten la desactivación de la autorreacciones o autosanciones (Bandura: 1991, p. 45; Detert, Treviño y Sweitzer: 2008, p. 374) y facilitan implementar libremente conductas reprochables.
Técnicas de racionalización y mecanismos de defensa3
De acuerdo a lo propuesto por Bandura (1999, p. 193), las técnicas de racionalización y mecanismos de defensa que permiten a los individuos desconectarse moralmente son los siguientes:
Reinterpretación de la conducta: en esta técnica el individuo utiliza los siguientes mecanismos dedesconexión moral:
Justificación moral: convierte un acto vituperable en uno loable, asociándolo a un propósito ético o heroico. Con la utilización de este mecanismo la conducta se resignifica personal y socialmente, convirtiendo el acto en algo socialmente aceptable e indiscutible con propósitos elevados (Waller: 2013, p. 57). Ejemplos del uso de este tipo de mecanismo se reflejan en las acciones que, en nombre de la religión, de la paz, o del nacionalismo se cometen crueldades. La justificación moral lleva a las personas a considerarse moralmente superiores a las víctimas o a los adversarios, lo que habilita a generar acciones nocivas contra estos.
Etiquetación eufemística: con los eufemismos se busca encubrir las acciones utilizando palabras que mitiguen los actos reprochables. Aquí, el lenguaje es utilizado como un modelador del pensamiento (Bandura: 1999, p. 193), es decir, que una conducta reprobable puede ser despojada de su naturaleza dañina utilizando expresiones atenuantes, por ejemplo, llamar a los celos “demostraciones de amor”. Otra manifestación del lenguaje eufemístico es la voz pasiva sin agente, donde se pretende crear la ilusión de que las acciones ocurren solas por fuerzas desconocidas (Bandura: 1999, p. 193), por ejemplo, al decir “el arma se disparó” o “caídos en combate”. La etiquetación eufemística también puede recurrir a utilizar palabras positivas como “carrusel” para referirse a una serie de actos de corrupción, o “falsos positivos”, para referirse al homicidio masivo de civiles a manos de militares. Estas expresiones atenúan la percepción negativa que las audiencias puedan tener sobre estos actos en la sociedad.
Comparación ventajosa: hacer comparación de la conducta con otra más grave hace que se evalúe como menos negativa. De esta manera, actos crueles pueden llegar a ser considerados leves o benévolos al compararlos con otros considerados graves, es decir, entre más grave sea el acto con que se compara la conducta cometida, menos grave se asumirá la misma (Bandura: 1999, p.193). Por ejemplo, cuando las personas justifican el castigo físico con palmadas a los niños afirmando que hay quienes usan correas.
Confusión de la responsabilidad del acto: el individuo utiliza los siguientes mecanismos de desconexión moral para no asumir la responsabilidad que tiene sobre el mismo:
Transferencia de la responsabilidad: el individuo no asume la responsabilidad de una conducta moralmente reprochable, al considerar que no es él quien la genera (Bandura: 1999, p. 195). En este sentido, las personas pueden llegar a cometer actos atroces cuando reciben una orden, ya que no se sienten responsables, porque se encuentran siguiendo las directrices de otro (Bandura: 1999, p. 196). Así, desde esta teoría, la barbarie de las organizaciones terroristas no obedece exclusivamente de las características de personalidad de los miembros de su grupo, sino que puede darse debido a una jerarquía legitimada con una ideología cruel (Waller: 2013, p. 57). Este mecanismo restringe las autoreacciones y disminuye la empatía hacia las personas maltratadas. Se dará una mayor obediencia y coerción por parte de los individuos en cuanto exista mayor legitimidad y cercanía física con la autoridad, ocurriendo lo contrario si la persona tiene la oportunidad de interactuar u observar directamente el dolor de la víctima.
Difusión de la responsabilidad: las acciones grupales cobran gran importancia en este mecanismo, debido a que el actuar individual es velado por el actuar grupal, ocurriendo una difusión de la responsabilidad entre las partes. Cuando todos son responsables, paradójicamente nadie lo es, y entre mayor sea el número de personas involucradas menor será el sentir de responsabilidad individual (Bandura: 1999, p. 198). Por ejemplo, en las protestas sociales que se tornan violentas y causan daños físicos a establecimientos, la responsabilidad individual desaparece y esta queda difusa en el grupo.
Ignorar las consecuencias: los efectos de las acciones pueden minimizarse recurriendo a los siguientes mecanismos:
Distorsión de las consecuencias: En este mecanismo se pretende distorsionar, negar o minimizar las consecuencias del daño causado a las personas para así evitar la responsabilidad de los actos, y, si disminuirlo no es suficiente se busca desacreditar la prueba del daño. En este sentido, cuando los individuos cometen actos reprobables, particularmente estando solos, tienden a alterar las consecuencias de los mismos, ya que se les dificulta evadir la responsabilidad en esta situación. Así, se facilita causar daño a los demás si esto no es visible o cuando las consecuencias son distantes de quien comete la conducta dañina, por ejemplo, quienes utilizan la tecnología como medio para dañar a los demás (Bandura: 2002, p. 102).
Detrimento de la víctima: la última técnica de racionalización implica depositar en la víctima el origen de la conducta inmoral generada en su contra, así esta técnica se expresa a partir de la utilización de los siguientes mecanismos:
Culpabilizar a la víctima: Trasladar la culpa a la víctima es la estrategia utilizada desde este mecanismo que busca señalar a la víctima como provocadora y que el acto dañino solo es una respuesta ante dicha provocación. Lo anterior justifica el acto como surgido ante las circunstancias y no como una decisión propia de querer dañar al otro. Desde este mecanismo el individuo no siente vergüenza o culpa, pues considera que su respuesta fue la indicada y se siente orgulloso por eso. En el peor de los casos, el uso constante de este mecanismo puede llevar a la víctima a convencerse de que esta es su realidad y que merece el maltrato suministrado, generando autodesprecio y sentimientos de minusvalía (Bandura: 2002, p. 103).
Deshumanizar a la víctima: las implicaciones que conlleva este mecanismo son graves para la víctima y en general para la sociedad donde se presenta, por lo que es considerado como el peor de los mecanismos. La capacidad de establecer empatía con los demás permite promover sentimientos que inhiben el deseo de dañarlo, sobre todo si se trata de alguien conocido, pero si esta cualidad humana se excluye de la víctima y en su lugar se le atribuyen por ejemplo cualidades animales o demoníacas será más fácil dañarle. Bandura (1991, p. 47) observó en sus experimentos que estudiantes sentían mayor disposición de maltratar al otro cuando estos eran denominados “animales”. Así mismo sucede cuando se asocian las acciones de un grupo a las características esenciales de cada uno de sus integrantes (Sabucedo, et al: 2004, p. 69). Existen condiciones que facilitan la aparición de la deshumanización, entre ellas, las presentadas frente minorías étnicas, religiosas o ideológicas, que se llegan a considerar peligrosas por parte de un grupo mayoritario, trayendo a colación crímenes pasados bien sea reales o imaginarios perpetrados por las minorías (Waller: 2013, p. 59). Desvincular a las personas de sus cualidades humanas lleva al agresor a ignorar por completo las normas morales contra la agresión, entendiendo que un cuerpo deshumanizado carece de valor y significado. Esto puede darse hasta el punto que, en esta situación se llega a desaparecer la percepción real de seres humanos de las víctimas.
Cabe resaltar que la desconexión moral no se presenta de manera inmediata y total, sino que es un proceso en el que los individuos llegan a habituarse dada la repetición de este tipo de conductas y de las creencias que los justifiquen, las cuales se presentarán antes de activar las autosanciones que logren mitigar formas más graves de violencia (Bandura: 2002, p. 109; Tsang: 2002, p. 25). De esta manera, el individuo podría llegar a cometer actos realmente crueles ignorando los cambios cognitivos que ha presentado.
Considerando esta perspectiva sobre las creencias que subyacen a la conducta inmoral, esta investigación se propuso analizar las distintas aplicaciones que se ha hecho del concepto de desconexión moral para el abordaje de problemáticas sociales contemporáneas. La propuesta hecha por Bandura no suele incluirse en los planes de estudio de psicología, ni de ética, sin embargo, y como se evidenciará a continuación, es ampliamente debatido en la investigación científica y sus consideraciones ofrecen oportunidades para conocer y transformar esquemas de pensamiento que deterioran los lazos sociales y llevan a la legitimación de formas maladaptativas de relacionamiento en la sociedad.
METODOLOGÍA
Esta investigación, emerge de la búsqueda en bases de datos de literatura sobre desconexión moral y sus variables asociadas. Se realizaron consultas en bases de datos como Scopus, Web of Science [WOS], utilizando como criterio de búsqueda los términos “desconexión moral” y “moral disengagement”. A partir de los hallazgos se establecieron categorías de agrupación considerando las variables a los cuales este concepto ha sido asociado. El número de referencias para el término arrojó 7 artículos en español y 905 artículos en inglés en SCOPUS, frente a 0 artículos en español y 1.129 en inglés en WOS con fecha de corte a junio de 2020. A continuación se presentan los resultados de esta búsqueda y del proceso sintético que permite analizar las manifestaciones contemporáneas de este concepto asociado a distintas problemáticas presentes en la sociedad.
RESULTADOS
El estudio de la desconexión moral en sus manifestaciones contemporáneas
La desconexión moral permite dar explicación a diversas conductas reprobables de los seres humanos, las cuales conllevan al daño no solo físico, sino también psicológico y verbal. Dichos comportamientos van desde asesinatos y crímenes universales, hasta conductas como manipulaciones, gritos, robos y mentiras (Barnes y Leavitt: 2010, p. 26).
Debido a los alcances explicativos que posee este constructo sobre la conducta inmoral, ha sido empleado en distintos escenarios de la sociedad contemporánea como el acoso escolar, el abuso de sustancias, la agresión entre menores, el terrorismo, la delincuencia juvenil, las competencias deportivas, la corrupción, las conductas antiéticas en las organizaciones, entre otras.
Desde los estudios realizados acerca de la violencia, se ha evidenciado que la desconexión moral constituye la base de las racionalizaciones que justifican la legitimación de la violencia (Soares, et al: 2018,p. 27), particularmente en situaciones de conflicto (De Posada, Flórez y Espinel: 2018, p. 55).
También se ha indagado sobre la desconexión moral como factor predictor de las conductas agresivas en niños y jóvenes (Paciello et al: 2017, p. 591, Caprara et al: 2017, p. 680, Camodeca y Taraschi: 2015, p.173) y cómo estas se asocian al acoso escolar (Grundherr et al: 2017, p. 278; Wang et al: 2017; p. 1304; Pozzoli, Gini, Vieno: 2012, p. 378). Teniendo en cuenta la relevancia que han adquirido las tecnologías y la virtualidad en las interacciones humanas, se ha estudiado el rol de la desconexión moral en la aparición de conductas nocivas como el cyberbullying (Machackova: 2020, p. 130; Cross et al: 2015, p. 109; Perren, Gutzwiller-Helfenfinger: 2012, p. 195; Yang et al: 2018, p. 256;); y para entender la manera como los jugadores la utilizan para evitar el conflicto moral relacionado con sus conductas violentas en los videojuegos (Walter y Tsfati: 2018, p. 3; Teng et al: 2017, p. 54; Hartmann, Krakowiak y Tsay-Vogel: 2014, p. 310).
Los estudios sobre este fenómeno también han dirigido una importante atención a la relación de la desconexión moral y los actos terroristas, para comprender su origen psicosocial y su permanencia en el tiempo (Mafimisebi y Thorne: 2015, p. 447; Lellio y Castano: 2015, p. 1277; Mcalister, Bandura y Owen: 2006,p. 141) comenzando a utilizarse en modelos interventivos para prevenir la polarización en contextos afectados por el terrorismo (Aly, Taylor y Karnovsky: 2014, p. 369).
La delincuencia juvenil también ha sido estudiada en su relación con la desconexión moral (Zapolski et al: 2018, p. 290), en el marco de abuso de sustancias (Giulio, Petruccelli y Pace: 2018, p. 417; Newton, Havard y Teeson: 2012, p. 261) y la psicopatía (Petruccelli et al: 2017, p. 670; Gini, Pozzoli y Bussey: 2015,p. 51; Dhingra et al: 2015, p. ). Se ha encontrado una mayor tendencia a la desconexión moral y al crimen cuando se pertenece a un grupo delictivo (Niebieszczanski et al: 2015, p. 589).
Ahora bien, no solo se han analizado conductas sociales evidentemente nocivas como la agresión o la delincuencia, sino que también se ha incluido el análisis de ciertas formas de corrupción en las organizaciones, estilos de liderazgo organizacional competitivo que puede imponer decisiones con el fin de alcanzar los objetivos de la empresa (Shaw, Tang y Liao: 2020). Asimismo, en el escenario organizacional se han estudiado las justificaciones detrás de conductas poco éticas asociadas a dinámicas interpersonales en el marco de relaciones laborales frágiles o inseguras, propias de las políticas laborales contemporáneas en muchas sociedades (Probst et al: 2020, p. 343).
Si bien los factores socioculturales y familiares tienden a relacionarse con la desconexión moral (Martínez-González et al: 2016, p. 315), se evidencia en la mayoría de los estudios la inclinación por dar explicación de este fenómeno por medio de variables endógenas e individuales (Muratori et al: 2017, p. 514). No obstante, los autores plantean que la tendencia a la desconexión moral varía dependiendo de las experiencias vividas a largo plazo y de las situaciones de contexto a corto plazo. Además, señalan que el uso de estos mecanismos no debe asumirse como un rasgo de personalidad de los individuos (Thornberg et al: 2017, p. 49).
Entre las variables internas estudiadas junto a la desconexión moral se encuentran la irritabilidad y la rumiación (Caprara et al: 2014, p. 71); las emociones negativas (Fida et al: 2018, p. ; Roos, Salmivalli y Hodges: 2015, p. 30); la autoeficacia (Barchia y Bussey: 2011, p. 107); el autocontrol (Fine y Van Rooij: 2017,p. 354); los factores de personalidad (Kokkinos, Voulgaridou y Markos: 2016, p. 74; Caprara et al: 2013, p.290) y las habilidades para la resolución de problemas sociales (Coker et al: 2014, p. 87). Cuando se ha estudiado la relación con la conducta prosocial (Stanger et al: 2018, p. 392; Kavussanu y Stanger: 2017, p.185) y actitudes como la empatía (Paciello et al: 2012, p. 199), los hallazgos evidencian un comportamiento inversamente proporcional entre las variables.
En cuanto a los estudios enfocados en la edad y las distintas manifestaciones de la desconexión moral,existen distintas posturas. Algunos autores señalan que se presenta menor desconexión moral a mayores edades (Doyle y Bussey: 2017, p. 91), pero otros afirman que estas diferencias se dan en situaciones específicas (Travlos et al: 2018) o plantean que no existen relaciones significativas (Bandura: 1996, p. 20; Pornari y Wood: 2010, p. 81).
Respecto al género no se evidencia una clara perspectiva en los estudios (Leduc et al: 2018, p. 215; Randa y Hayes: 2015, p. 93), sin embargo, autores señalan que existe una mayor desconexión moral en hombres que en mujeres (Camodeca, Baiocco y Posa: 2018, p. 7).
Por otro lado, en lo referente a variables sociales, culturales o situacionales, estudios señalan que haydiferencias con la interpretación de la situación de contexto, al igual que una influencia de aspectos concernientes a la dinámica familiar inmersos en las culturas en que se desarrollan los niños. En este sentido, autores sugieren que la desconexión moral se ve influenciada por la percepción que tengan los individuos de las normas sociales (Allison y Bussey: 2017, p. 7).
La dinámica familiar juega un papel relevante en la presencia de la desconexión moral en los niños. Estudios señalan que en la relación cuidador-infante se evidencia el riesgo de la aparición de la desconexión moral, incluso en las prácticas de crianza favorables; concluyen que estas prácticas de crianza delimitan el uso de los mecanismos por los cuales los niños se inclinan, más no el hecho de que los usen o no (Martínez- González et al: 2016, p. 315; Campaert, Nocentini y Menesini: 2018, p. 2656). Asimismo, se ha encontrado que los niños expuestos a maltrato presentan una mayor tendencia a la utilización de los mecanismos de desconexión moral en sus relaciones interpersonales (Wang et al: 2017, p. 134). Las conductas problemáticas o disruptivas en los niños se han asociado con la desconexión moral de los padres, por encima del temperamento y la motivación moral de los mismos (Camodeca y Taraschi: 2015, p.173).
CONCLUSIONES
Con base a lo anterior, se logra evidenciar la vigencia del concepto desconexión moral, las implicaciones de sus manifestaciones para la comprensión de fenómenos presentes en la dinámica social y la necesidad de continuar su estudio desde distintas perspectivas que faciliten establecer la relación de éste en los distintos escenarios en que se desenvuelven los individuos.
Los distintos mecanismos de desconexión moral planteados por Bandura, aparecen de múltiples formas y hace evidente la necesidad de avanzar en procesos de investigación, pero también de intervención desde modelos educativos en distintos niveles de formación, que resalten el papel de la ética en la vida cotidiana. Plantear reflexiones sobre las creencias a través de las cuales las personas sostienen conductas poco éticas e inmorales, abre un camino para la deconstrucción de éstas promoviendo una sociedad más empática, ciudadanos más responsables sobre las decisiones tomadas, sobre el propio comportamiento y sus consecuencias sociales y personales más allá de la presencia o no de quien pueda juzgarlas.
BIODATA
Marina B. MARTÍNEZ-GONZÁLEZ: Psicóloga. Doctora en Ciencias Sociales de la Universidad del Norte. Decana del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de la Costa. Sus temas de investigación incluyen la legitimación de la violencia en la infancia, la desconexión moral y la crianza. Sus publicaciones más recientes son: “Fatores psicosociales asociados al conflicto entre menores en el contexto escolar. Educação & Sociedade, 2019, 40”, “Role-playing game as a computer-based test to assess the resolution of conflicts in childhood. Interciencia, 2019, 44 (6), p.p. 355-361”, “Convivencia escolar: una mirada al caribe colombiano. 2018. Educosta, Barranquilla”.
Claudia A. ROBLES-HAYDAR: Psicóloga. Doctora en Psicología de la Universidad del Norte. Coordinadora del área de Epistemología, Medición e Investigación del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de la Costa. Sus temas de investigación incluyen la desconexión moral, comportamiento desviado en adolescentes y la crianza. Sus publicaciones más recientes son: “Role-playing game as a computer-based test to assess the resolution of conflicts in childhood. Interciencia, 2019, 44 (6), p.p. 355-361”, “Crianza y desconexión moral en infantes: Su relación en una comunidad vulnerable de Barranquilla. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales Niñez y Juventud, 2016, 14(1), p.p. 315-330”, “Legitimación de la violencia en la infancia: un abordaje desde el enfoque ecológico de Bronfenbrenner. Psicología desde el Caribe, 2014, p.p. 133-160”.
Judys ALFARO-ALVAREZ. Psicóloga y Magister en Psicología con Énfasis en Desarrollo Humano de la Universidad de la Costa. Investigadora adscrita al Grupo Cultura, Educación y Sociedad de la Universidad de la Costa.
BIBLIOGRAFÍA
ALLISON, K. R., BUSSEY, K. (2017). “Individual and collective moral influences on intervention in cyberbullying”, Computers in Human Behavior, Vol: 74, pp. 7-15.
ALY, A., TAYLOR, E., KARNOVSKY, S. (2014). “Moral Disengagement and Building Resilience to Violent Extremism: An Education Intervention”. Studies in Conflict & Terrorism. Vol: 37, nº 4, pp. 369-385.
AMAR, J., MARTÍNEZ, M. (2011). El ambiente imperativo. Editorial Universidad del Norte. Barranquilla.
BANDURA, A. (2004). “The role of selective moral disengagement in terrorism and counterterrorism”. In: Understanding terrorism: Psychological roots, consequences and interventions. American Psychological association Press. Washington D.C. pp.121-150.
BANDURA, A. (2002). “Selective Moral Disengagement in the Exercise of Moral Agency”, Journal of Moral Education. Vol: 31, nº 2, pp. 101-119.
BANDURA, A. (1999). “Moral disengagement in the perpetration of inhumanities”, Personality and Social Psychology Review. Vol: 3, nº 3, pp. 193-209.
BANDURA, A. (1996). “Failures in Self-Regulation. Energy Depletion or Selective Disengagement?”, Psychological Inquiry. Vol: 7, pp. 20-24.
BANDURA, A. (1991). “Social cognitive theory of moral thought and action”, Handbook of moral behavior and development. Vol: 1, pp. 45-103.
BANDURA, A. (1986). Social foundations of thought and action: A social cognitive theory. Prentice Hall. Englewood Cliffs, NJ.
BANDURA, A. (1977). Social learning theory. Prentice-Hall. Oxford.
BARCHIA, K. BUSSEY, K. (2011). “Individual and collective social cognitive influences on peer aggression efficacy, moral disengagement and collective efficacy”, Aggressive Behavior. Vol: 37, pp. 107-120.
BARNES, C. LEAVITT, K. (2010). “Desvinculación moral: ¿cuándo los buenos soldados harán cosas indebidas?”, Military Review, nº 1, Noviembre-Diciembre, pp. 26-31.
CAMODECA, M., TARASCHI, E. (2015). “Like father, like son? The link between parents’ moral disengagement and children’s externalizing behaviors”, Merrill-Palmer Quarterly. Vol: 61, nº 1, pp. 173-191.
CAMODECA, M., BAIOCCO, R., POSA, O. (2018). “Homophobic bullying and victimization among adolescents: The role of prejudice, moral disengagement, and sexual orientation”, European Journal of Developmental Psychology. Vol: 16, nº 5, pp. 1-19.
CAMPAERT, K., NOCENTINI, A., MENESINI, E. (2018). “The role of poor parenting and parental approval for Children’s moral disengagement”, Journal of Child and Family Studies. Vol: 27, nº 8, 2656-2667.
CAPRARA, G. V., ALESSANDRI, G., TISAK, M. S., PACIELLO, M., CAPRARA, M. G., GERBINO, M., FONTAINE,R. G. (2013). “Individual differences in personality conducive to engagement in aggression and violence”, European Journal of Personality. Vol: 27, nº 3, pp. 290-303.
CAPRARA, G. V., GERBINO, M., PERINELLI, E., ALESSANDRI, G., LENTI, C., WALDER, M., NOBILE, M. (2017).“Individual differences in personality associated with aggressive behavior among adolescents referred for externalizing behavior problems”, Journal of Psychopathology and Behavioral Assessment. Vol: 39, nº 4, pp. 680- 692.
CAPRARA, G.V., ALESSANDRI, G., FIDA, R., TISAK, M., FONTAINE, G., PACIELLO, M. (2014). “The contributionof moral disengagement in mediating individual tendencies toward aggression and violence”, Developmental Psychology. Vol: 50, nº 1, 71-85.
COKER, K. L., IKPE, U. N., BROOKS, J. S., PAGE, B., SOBELL, M. B. (2014). “The effect of social problem solving skills in the relationship between traumatic stress and moral disengagement among inner-city african american high school students”, Journal of Child and Adolescent Trauma. Vol: 7, nº 2, pp. 87-95.
CROSS, D., BARNES, A., PAPAGEORGIOU, A., HADWEN, K., HEARN, L., LESTER, L. (2015). “A social-ecological framework for understanding and reducing cyberbullying behaviours”, Aggression and Violent Behavior. Vol: 23, pp. 109-117
DE POSADA, C. V., FLÓREZ, J., ESPINEL, N. (2018). “Moral disengagement mechanisms and armed violence: a comparative study of paramilitaries and guerrillas in Colombia”, Revista Colombiana de Psicologia. Vol: 27, nº 1, pp. 55-69.
DETERT, J., TREVIÑO, L. SWEITZER, V. (2008). “Moral disengagement in ethical decision making: a study of antecedents and outcomes”, Journal of Applied Psychology. Vol: 93, nº 2, p.p. 374-391.
DHINGRA, K., DEBOWSKA, A., SHARRATT, K., HYLAND, P., KOLA-PALMER, S. (2015), “Psychopathy, gangmembership, and moral disengagement among juvenile offenders”, Journal of Criminal Psychology. Vol: 5, nº 1.
DOYLE, F., BUSSEY, K. (2017). “Moral disengagement and children’s propensity to tell coached lies”, Journal of Moral Education. Vol: 47, nº 1, pp. 91-103.
FERNÁNDEZ, I. (2009). Justificación y legitimación de la violencia en la infancia. Un estudio sobre la legitimación social de las agresiones en los conflictos cotidianos entre menores. Universidad Complutense de Madrid, Servicio de Publicaciones. Col: Tesis Doctorales. Madrid.
FESTINGER, L. (1957). A theory of cognitive dissonance. Stanford University Press. Stanford, CA.
FIDA, R., TRAMONTANO, C., PACIELLO, M., GUGLIELMETTI, C., GILARDI, S., PROBST, T. M.,BARBARANELLI, C. (2018). “'First, do no harm': The role of negative emotions and moral disengagement in understanding the relationship between workplace aggression and misbehavior”, Frontiers in Psychology. Vol: 9, Mayo.
FINE, A., VAN ROOIJ, B. (2017). “For whom does deterrence affect behavior? identifying key individual differences”, Law and Human Behavior. Vol: 41, nº 4, pp. 354-360.
GINI, G., POZZOLI, T., BUSSEY, K. (2015). “Moral Disengagement Moderates the Link Between Psychopathic Traits and Aggressive Behavior Among Early Adolescents”, Merrill-Palmer Quarterly. Vol: 61, nº 1, pp. 51-67.
GIULIO, D., PETRUCCELLI, I., PACE, U. (2018). “Drug use as a risk factor of moral disengagement: A study on drug traffickers and offenders against other persons”, Psychiatry, Psychology and Law. Vol: 15, nº 3, 417-424.
GRUNDHERR, M., GEISLER, A., STOIBER, M., SCHÄFER, M. (2017). “School bullying and moral reasoning competence”, Social Development. Vol: 26, nº 2, 278-294.
HARTMANN, T., KRAKOWIAK, K. M., TSAY-VOGEL, M. (2014). “How violent video games communicate violence: a literature review and content analysis of moral disengagement factors”, Communication monographs. Vol: 81, nº 3, pp. 310-332.
KAVUSSANU, M., STANGER, N. (2017). “Moral behavior in sport”, Current Opinion in Psychology. Vol: 16, pp. 185-192.
KÖHLBERG, L., KRAMER, R. (1969). “Continuities and discontinuities in Child and Adult Moral Development”, Human Development. Vol: 12, nº 2, pp. 93-120
KOKKINOS, C. M., VOULGARIDOU, I., MARKOS, A. (2016).“Personality and relational aggression: Moral disengagement and friendship quality as mediators”, Personality and Individual Differences. N° 95, pp. 74-79.
LEDUC, K., CONWAY, L., GOMEZ-GARIBELLO, C., TALWAR, V. (2018). “The influence of participant role, gender, and age in elementary and high-school children's moral justifications of cyberbullying behaviors”, Computers in Human Behavior. Vol: 83, pp. 215-220.
LELLIO, A., CASTANO, E. (2015). “The danger of “new norms” and the continuing relevance of IHL in the post- 9/11 era”, International Review of the Red Cross. Vol: 97, nº 900, pp. 1277-1293.
MACHACKOVA, H. (2020). “Bystander reactions to cyberbullying and cyberaggression: Individual, contextual, and social factors”, Current Opinion in Psychology. Vol: 36, pp.130-134.
MAFIMISEBI, O. P., THORNE, S. (2015). “Oil terrorism-militancy link: Mediating role of moral disengagement in emergency and crisis management”, Journal of Emergency Management. Vol: 13, nº 5, pp. 447-458.
MARTÍNEZ-GONZÁLEZ, M. B., ROBLES-HAYDAR, C. A., AMAR-AMAR, J. J. CRESPO-ROMERO, F. A. (2016).“Crianza y desconexión moral en infantes: Su relación en una comunidad vulnerable de Barranquilla”, Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud. Vol: 14, nº 1, pp. 315-330.
MCALISTER, A., BANDURA, A., OWEN, S. (2006). “Mechanisms of Moral Disengagement in Support of Military Force: The Impact of Sept 11”, Journal of Social and Clinical Psychology. Vol: 25, nº: 2, pp. 141-165.
MILGRAM, S. (1969). Obedience to authority: An experimental view. Harper & Row. New York.
MISCHEL, W., MISCHEL, H. N. (1976). “A cognitive social-learning approach to morality and self-regulation”, Moral development and behavior: Theory, research, and social issues, pp. 84-107.
MURATORI, P., PACIELLO, M., BUONANNO, C., MILONE, A., RUGLIONI, L., LOCHMAN, J. E., MASI, G. (2017).“Moral disengagement and callous–unemotional traits: A longitudinal study of italian adolescents with a disruptive behaviour disorder”, Criminal Behaviour and Mental Health. Vol: 27, nº 5, pp. 514-524.
NEWTON, N. C., HAVARD, A., TEESSON, M. (2012). “The association between moral disengagement, psychological distress, resistive self-regulatory efficacy and alcohol and cannabis use among adolescents in Sydney, Australia”, Addiction Research & Theory. Vol: 20, nº 3, pp. 261-269.
NIEBIESZCZANSKI, R., HARKINS, L., JUDSON, S., SMITH, K., DIXON, L. (2015). “The role of moraldisengagement in street gang offending”, Psychology, Crime & Law. Vol: 21, nº 6, pp. 589-605.
ORTEGA, R., SÁNCHEZ, V., MENESINI, E. (2002). “Violencia entre iguales y desconexión moral: un análisis transcultural”, Psicothema. Vol: 14, nº 1, pp. 37- 49.
PACIELLO, M., FIDA, R., TRAMONTANO, C. (2012). The developmental relation between moral disengagement and aggregation with deviant peers in understanding violent adolescent behavior. In: Handbook on the Psychology of Violence, pp. 199-213.
PACIELLO, M., MASI, G., CLEMENTE, M. G., MILONE, A., MURATORI, P. (2017). “Moral disengagement andcallous unemotional traits configurations in adolescents with disruptive behavior disorder: A person-oriented approach”, Psychiatry Research. Vol: 258, pp. 591-593.
PERREN, S., GUTZWILLER-HELFENFINGER, E. (2012). “Cyberbullying and traditional bullying in adolescence: Differential roles of moral disengagement, moral emotions, and moral values”, European Journal of Developmental Psychology. Vol: 9, nº 2, pp. 195-209.
PETRUCCELLI, I., BARBARANELLI, C., COSTANTINO, V., GHERARDINI, A., GRILLI, S., CRAPARO, G.,D'URSO, G. (2017). “Moral Disengagement and Psychopathy: A Study on Offenders in Italian Jails”, Psychiatry, Psychology and Law. Vol: 24, nº 5, pp. 670-681.
PIAGET, J. (1987). El criterio moral en el niño. Ediciones Martínez Roca. Barcelona.
PORNARI, C. D., WOOD, J. (2010). “Peer and cyber aggression in secondary school students: The role of moral disengagement, hostile attribution bias, and outcome expectancies”, Aggressive Behavior. Vol: 36, nº 2, pp. 81-94.
POZZOLI, T., GINI, G., VIENO, A. (2012). “Individual and class moral disengagement in bullying among elementary school children”, Aggressive behavior. Vol: 38, nº 5, pp. 378-388.
PROBST, T. M., PETITTA, L., BARBARANELLI, C., y AUSTIN, C. (2020). “Safety-related moral disengagement in response to job insecurity: Counterintuitive effects of perceived organizational and supervisor support”, Journal of Business Ethics, Vol. 162, nº 2, pp. 343-358
RANDA, R., HAYES, B. (2018). “Addressing Onset and Desistance of Bullying Behavior: Surveying Perpetrators”, Violence and Gender. Vol: 5, nº 2, pp. 93-102.
ROOS, S. SALMIVALLI, C. HODGES, E. V. (2015). “Emotion Regulation and Negative Emotionality Moderate the Effects of Moral (Dis)Engagement on Aggression”, Merrill-Palmer Quarterly. Vol: 61, nº 1, pp. 30-50.
SABUCEDO, J. M., BARRETO, I., BORJA, H., LÓPEZ-LÓPEZ, W., BLANCO, A., DE LA CORTE, L., DURÁN, M.(2004). “Deslegitimación del adversario y violencia política: el caso de las FARC y las AUC en Colombia”, Acta Colombiana de Psicología. Nº 12, pp. 69-85.
SHAW, K., TANG, N. y LIAO, H. (2020). “Authoritarian-benevolent leadership, moral disengagement, and follower unethical pro-organizational behavior: An investigation of the effects of ambidextrous leadership”, Frontiers in Psychology. Vol. 11.
SOARES, M., BARBOSA, M., MATOS, R., MENDES, S. M. (2018). “Public protest and police violence: Moral disengagement and its role in police repression of public demonstrations in Portugal”, Peace and Conflict. Vol: 24, nº 1, pp. 27-35.
STANGER, N., BACKHOUSE, S. H., JENNINGS, A., MCKENNA, J. (2018). “Linking motivational climate with moral behavior in youth sport: The role of social support, perspective taking, and moral disengagement”, Sport, Exercise, and Performance Psychology. Vol: 7, nº 4, pp. 392-407.
TENG, Z., NIE, Q., GUO, C., LIU, Y. (2017). “Violent video game exposure and moral disengagement in early adolescence: The moderating effect of moral identity”, Computers in Human Behavior. Nº 77, pp. 54-62.
THORNBERG, R., WÄNSTRÖM, L., HONG, J. S., ESPELAGE, D. L. (2017). “Classroom relationship qualities and social-cognitive correlates of defending and passive bystanding in school bullying in sweden: A multilevel analysis”, Journal of School Psychology. Nº 63, pp. 49-62
TRAVLOS, A. K., TSORBATZOUDIS, H., BARKOUKIS, V., DOUMA, I. (2018). “The effect of moral disengagement on bullying: Testing the moderating role of personal and social factors”. Journal of Interpersonal Violence. March. SAGE Journals.
TSANG, J. A. (2002). “Moral rationalization and the integration of situational factors and psychological processes in immoral behavior”, Review of General Psychology. Vol: 6, nº 1, pp. 25.
WALTER, N., TSFATI, Y. (2018). “Interactive Experience and Identification as Predictors of Attributing Responsibility in Video Games”, Journal of Media Psychology. Vol: 30, nº 1, pp. 3-15.
WANG, C., RYOO, J. H., SWEARER, S. M., TURNER, R., GOLDBERG, T. S. (2017). “Longitudinal relationshipsbetween bullying and moral disengagement among adolescents”, Journal of Youth and Adolescence. Vol: 46, nº 6, pp. 1304-1317.
WANG, X., YANG, L., GAO, L., YANG, J., LEI, L., WANG, C. (2017). “Childhood maltreatment and chinese adolescents' bullying and defending: The mediating role of moral disengagement”, Child Abuse and Neglect. Nº 69, pp. 134-144.
WANG, X., YANG, L., YANG, J., GAO, L., ZHAO, F., XIE, X., LEI, L. (2018). “Trait anger and aggression: Amoderated mediation model of anger rumination and moral disengagement”, Personality and Individual Differences. Nº 125, pp. 44-49.
YANG, X., WANG, Z., CHEN, H. LIU, D. (2018). “Cyberbullying perpetration among Chinese adolescents: The role of interparental conflict, moral disengagement, and moral identity”, Children and Youth Services Review. Nº 86, pp. 256-263.
ZAPOLSKI, T. C. B., BANKS, D. E., LAU, K. S. L., AALSMA, M. C. (2018). “Perceived police injustice, moral disengagement, and aggression among juvenile offenders: Utilizing the general strain theory model”, Child Psychiatry and Human Development. Vol: 49, nº 2, pp. 290-297.