ARTÍCULOS

Pedagogía, sensibilidad y ciudadanías emergentes, las alternativas descolonizadoras en una sociedad hiperrealista

Luis Javier HERNÁNDEZ CARMONA
Universidad de Los Andes-Venezuela, Venezuela
Marelvis MARIANO-VILORIA
Universidad Simón Bolívar, Colombia

Pedagogía, sensibilidad y ciudadanías emergentes, las alternativas descolonizadoras en una sociedad hiperrealista

Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 25, núm. 91, pp. 101-116, 2020

Universidad del Zulia

Recepción: 15 Mayo 2020

Aprobación: 22 Agosto 2020

Resumen: Frente a las constantes renovaciones de los discursos de la colonización para seguir manteniendo los individuos atrapados en sociedades signadas por la espectacularidad y el consecuente extravío por los laberintos hiperrealistas. Planteamos la pedagogía de la sensibilidad y las ciudadanías emergentes como alternativas descolonizadoras/liberadoras de las nuevas formas de coloniaje a partir de la concienciación del sujeto que asume posicionalidades críticas para desafiar lo establecido desde postulados democrático-humanistas que conduzcan a la resignificación de sí mismo y sus espacios en función de sus necesidades subjetivas diversificadas en necesidades sociales, capaces de transformar eventos y circunstancialidades.

Palabras clave: Pedagogía, sensibilidad, ciudadanía, democracia, humanismo.

Abstract: Faced with the constant renewals of the discourses of colonization to continue keeping individuals trapped in societies marked by spectacularity and the consequent loss of hyper-realistic labyrinths. We propose the pedagogy of sensitivity and emerging citizenship as decolonizing / liberating alternatives of new forms of colony based on the transcendent subjectivity or awareness of the subject that assumes critical positions to challenge what is established from democratic-humanist postulates that lead to the resignification of itself and its spaces based on its subjective needs diversified into social needs, capable of transforming events and circumstances.

Keywords: Pedagogy, sensitivity, citizenship, democracy, humanism.

INTRODUCCIÓN

El dialéctico, controvertido y productivo antagonismo entre razón y sensibilidad, ha dado sus frutos con la aportación de diferentes perspectivas argumentativas para crear una hermenéutica de la sensibilidad, convirtiendo la afectividad-subjetividad en herramienta para establecer mecanismos de interpretación, al posicionar lo comprendido en cuanto dinamismo de la vida humana y su vinculación con el espectro cultural, más allá de los sesgos presupuestos por la incorporación de la sensibilidad a los procesos interpretativos. Sesgos que han limitado en muchos sentidos la inserción de los mecanismos subjetivantes a manera de planos argumentales, que en el campo del arte, han dado muy buenos resultados al crear discursos alternativos basados en la operatividad metafórica y sus aportes en lo concerniente a las conversiones simbólicas y transversalizaciones referenciales alrededor del sujeto y sus proyecciones estéticas impregnadas de todo un aparataje crítico-reflexivo.

De hecho el arte representa la alternabilidad interpretativa de las sociedades por medio de las cuales se puede perfectamente indagar sobre las diversas relaciones de significación generadas en la transposición de los planos enunciativos convergidos en diversos planos teórico-metodológicos e imbricación de criterios estéticos que contienen proyecciones, ora legitimadoras de realidades y situaciones reales, ora cuestionadoras de esas estructuras evocadas alegóricamente para posicionar criterios negados por la historia conmemorativa o ejecutoria del poder gubernamental centrados en los discursos de la convencionalidad oficial.

Indudablemente los demás campos del conocimiento ofrecen ciertas y determinadas resistencias para vincular la subjetividad a los procesos de interpretación, llegándose hasta los extremos de negar la ponderación, factibilidad, profundidad y alcance de las propuestas realizadas con base a estas perspectivas; o en su defecto, se sectoriza su práctica para los textos artísticos a quienes se resta fortaleza argumentativa en nombre de una objetividad crasamente lógica causal que no permite la consideración de la racionalidad subjetiva.

Por ello durante el desarrollo de este planteamiento surgirá la insistencia de formular una racionalidad subjetivada que supera las intenciones ególatras que tanto daño han hecho a los liderazgos mundiales o las naturales cualidades sensible-emotivas de una persona. Al contrario, la racionalidad subjetivada abarca la existencia humana en su más profunda concepción de reconocimiento argumental, de valía intra e intersubjetiva, o mecanismos para crear sustentaciones gracias a los procesos de subjetivación, entendidos estos como mecanismos de reconocimiento de la trascendencia del sujeto al momento de encarar enunciativamente los acontecimientos; encantamiento que obviamente remite a la natural acción comunicativa transfigurada por la acción humana, profundamente humana.

Según esta perspectiva de la trascendencia del sujeto en el plano enunciativo, allí concurren las circunstancialidades que permiten la incorporación de la conciencia enunciativa como eje de la acción identificadora de los acontecimientos refrendados por lazos afectivo-subjetivos, quienes otorgan los sentidos de pertenencia, además de metodizar formas de interpretación sustentados por los campos experienciales y mundos primordiales, tal es el caso de la relación referencial de los sujetos con los discursos místicos, al ser abordados a través de concepciones paralelas a la lógica fundamentalmente racional, con fórmulas que disponen de otros mecanismos intrasubjetivos para incorporar al enunciante a los acontecimientos a través de lo transhistórico y lo extradiscursivo

Entonces la racionalidad subjetivada devenida en lógica de la subjetivación permite apreciar los referentes de la trascendencia correspondida con la referencialidad cotidiana para crear la recurrencia simbólica que especifica puntualmente referencialidades, o más bien, cotidianizada por los espacios intersubjetivos, configurantes de los mundos primordiales tanto individuales como colectivos, crea una multivocidad subjetivada, centrada específicamente en el sujeto enunciante, quien corporeiza las referencialidades para asumirlas en cuanto materia significante; de allí la importancia de la imagen al momento de la dialéctica enunciativa, más aún, cuando se trata de sociedades hiperrealistas, o al momento de los desplazamientos de lo enunciativo hacia lo ontológico y sus múltiples desdoblamientos, entre ellos el valor ético o la eticidad individual-colectiva, ya que:

Las cosas no están fuera de nosotros, en el espacio exterior medible como objetos neutrales (ob-jecta) de uso y de cambio, sino que son por el contrario ellas mismas las que abren el lugar original a partir del cual puede únicamente hacerse posible la experiencia del espacio exterior medible, es decir que están ellas mismas prendidas y com-prendidas desde el comienzo en el topos outopos en el que se sitúa nuestra experiencia de ser-en-el-mundo (Agamben, 2006, p. 112). (Resaltado en el original).

De allí la importancia de los mecanismos intrasubjetivos para la dialéctica enunciativa por su facultad de apreciar los poderes de conversión de lo percibido frente a la construcción de iconografías profundamente variables en un mismo acontecimiento encarnado en la cotidianidad o espacio representacional de movilidad constante por los diversos elementos interactuantes dentro de ella, pero siempre soportados por tres mecanismos de movilidad referencial insertos en el plano íntimo, privado y público; las tres grandes categorías articulatorias de sentido que permiten transitar simbólicamente a los sujetos enunciantes.

Asumida esta movilidad junto a la experiencia ontosemiótica alrededor del sujeto enunciante-atribuyente, estamos en presencia de las potencialidades de la subjetividad derivada en lógica de sentido para dar cuenta de las relaciones de significación generadas por el proceso intersubjetivo estructurante de toda manifestación discursiva y su conversión en cultura subjetivada[1], esa cultura inherente al sujeto profundamente interaccionado por el lenguaje y sus capacidades simbólicas para reconocerse en sus propias vivencias, al mismo tiempo, en el establecimiento de puentes empáticos con los otros; esto es, un tránsito del Yo hacia el Nosotros.

Cabe resaltar la importancia de ese tránsito del Yo hacia el Nosotros para enfatizar los procesos imprescindibles en el reconocimiento de los integrantes de una comunidad a partir de los espacios enunciativos que hagan posible la homologación de intereses, propósitos y aspiraciones en torno a ideales vinculados por perfiles identitarios que permitan las indagatorias de los pasados colectivos en cuanto perspectivas afectivo-subjetivas; pues ellas constituyen la correspondencia referencial según la experiencia vinculante de los mundos íntimos como principios argumentales.

Más aún cuando los postulados de la sensibilidad están asumidos frente a la sociedad hiperrealista que precisamente descentra subjetivamente a ese sujeto para hacerlo presa fácil de las apetencias de las élites del poder político-económico, como representantes más emblemáticos de todas las redes de dominación existentes en la dialéctica sociohistórica. En la cual, el hiperrealismo deja de ser un tropo estético para convertirse en práctica enunciativa de la dominación por intermedio de las diversas praxis que convencionalmente convergen en los aspectos económico-mercantilistas.

Acá ya no se trata de movimientos artísticos sino de posturas fundamentadas esencialmente en: Baudrillard, Habermas y Bourdieu, para acantonar desde la ontosemiótica, importantes referencialidades de las posibilidades argumentales fundamentadas por la interacción de los sujetos enunciantes suscritos en el tránsito simbólico de los espacios íntimos, privados y públicos; instancias o posicionalidades enunciativas que determinarán la transposición de roles, por una parte, y por la otra, la irrupción de discursos, ciudadanías y vinculaciones emergentes que propondrán otros espacios de la acción comunicativa donde los sujetos puedan reinsertarse en los planos enunciativos con la ayuda de la concienciación de la realidad, que es a su vez, define su ubicación específica consigo mismo y el otro, para la constitución del nosotros semiótico[2].

Alrededor de este nosotros semiótico, por demás enunciativo, vamos a establecer las transversalizaciones referenciales para procurar ilustrar los principales mecanismos estructurantes de este complejo proceso significante, que en el caso de la hiperrealidad, constituye la develación del simulacro revelador de la verdad traspuesta detrás de las construcciones simbólicas, devenidas en imaginarios socioculturales. Razón para que la simulación opere como isotopía generadora de sentidos y significaciones hechas lógicas argumentales.

Ante tal situación, intermediados por la subjetivación o desubjetivación, a manera de procesos de ubicación del sujeto en cuanto a sus realidades, surge la pedagogía de la subjetividad con sus mecanismos de embrague, posicionamiento, readecuación o resignificación de las relaciones sígnico-simbólicas sostenidas por la construcción del sujeto mediado por los principios filosófico-simbólicos de la cotidianidad. Para de esta forma sondear la constitución de una eticidad subversora de las imposiciones sociales, económicas, culturales, políticas, religiosas, y fundamentalmente, pedagógicas a fin de principios rectores de la dominación e imposición de criterios y valores.

Esta eticidad subversora derivada de la concienciación del sujeto revertido en acción enunciativa, surge indefectiblemente como alternativa descolonizadora de las realidades hiperrealistas, donde la ilusión forma parte del encantamiento perverso para someter al hombre a las lógicas del interés económico-productivo de las sociedades y descentrarlo del sentir/pensar accionado por los planos trasformadores de la cultura primordial y su implosión para anteponer frente a las sociedades hiperrealistas, la esencia transformadora de la ancestralidad acantonada en los muros del tiempo, convocada según el Ser concienciado en sí mismo y el otro constituyente de la conciencia simbólica forjada por los planos identitarios que conduzcan a la diversificación de las relaciones de significación para afianzar el nosotros fundamentado en una hermenéutica de la sensibilidad.

LA HIPERREALIDAD EN LOS AFANES DE LA COTIDIANIDAD

Comencemos por centrar la atención en las interrelaciones generadas por la relación del sujeto enunciante y sus realidades definidas en cuanto acción comunicativa, entendida esta desde los postulados de Habermas que interpretan la sociedad bajo la interacción del mundo de la vida y la formalidad racional del sistema, para constituir la acción comunicativa conducente del “trasfondo moldeador y contextual de los procesos por los que se alcanza la comprensión” (1994, p. 204). De esta forma todo discurso comporta un valor argumental que conduce la materia significante hacia planos de la comprensión articulada por las circunstancialidades enunciativas.

Tomando en consideración lo anterior, es menester acotar que las circunstancialidades enunciativas forman parte vital de la constitución simbólica de los conglomerados sociales, pues en ellas recaen las diversas perspectivas mediante las cuales se puede abordar un tema específico, en este caso, el hiperrealismo alegorizando una nueva forma de coloniaje moderno para someter a los individuos según los intereses de las esferas del poder económico. Siendo obviamente vinculante con las fisonomías simbólicas a adquirir por los sujetos colonizados por la tecnología; el instrumento de dominación predilecto en los actuales momentos.

Por lo que estamos trabajando con la migración semántica de términos fundamentales para el análisis propuesto, al reactualizar conceptualizaciones desde el punto de vista ontosemiótico y la conversión simbólica de los procesos simulatorios devenidos en principios de estructuración ética, porque todo proceso colonizador genera su propia eticidad para fundamentar los valores a inculcar dentro de los paradigmas sostenedores de su constitución, garantes del sostenimiento en tiempos y espacios y posibilitantes de la metatextualización, quien ha dejado de ser un artilugio literario para convertirse en praxis de la dominación.

Ciertamente la metatextualización ha sido el recurrente principio generativo de la significación para los planos estéticos de la enunciación, que poco a poco trasvasa la cotidianidad de los enunciantes para crear los mecanismos de difusión implementados fundamentalmente por la televisión y el cine, hoy día, apoyados ciertamente en los avances tecnológicos y expansión de las redes sociales para la construcción de hipertextos que inundan la cotidianidad, comenzando por los espacios íntimos para luego proyectarlos a los espacios privados y públicos.

Actualmente la intimidad de los individuos ha pasado a ser un espectáculo que gana adeptos y produce dividendos económicos; así los reality show implican el cómodo escudriñamiento del mundo íntimo del otro, además de recrear el implícito goce de sentir placer ante los conflictos del ese otro desgajado por los planos cotidianos, implícitamente íntimos que hacen más ‘natural’ la proyección del drama comercializado. La cotidianidad ha pasado a constituir el gran escenario donde los espacios domésticos asumen la escena recreadora de la vida misma del sujeto espectador, está vez, con posibilidades ilusorias de realización, tal cual, lo han venido haciendo las telenovelas y la construcción de posibilidades para ascender en las escalas sociales por medio del amor sufriente, que no deja de ser una clara demostración de las perversiones del sistema social fundado por las desigualdades y las propuestas vedadas del intercambio corporal, la belleza, el confort o la felicidad atribuida específicamente en torno a la materialidad.

Los estigmas de la felicidad e incorporación al mundo ideal proyectado por las sociedades del consumo y la materialidad, encuentran actualmente en los avances tecnológicos el mejor aliado para diversificar sus intenciones, e indudablemente, conseguir sus objetivos, pues con la telefonía celular y la capacidad de los dispositivos móviles, toda circunstancialidad enunciativa puede ser proyectada hacia el colectivo en fracciones de segundo, además de representar el posicionamiento del enunciante dentro de ese colectivo, para la aparición de una competencia por asumir el liderazgo icónico sustentante de escenas, imágenes o locaciones que posibiliten la asunción de lugares de privilegio en los espacios enunciativos de la virtualidad.

Pero además de ese liderazgo o notoriedad virtual, la situación se complejiza para revelar aristas profundamente importantes al momento de hacer las respectivas interpretaciones de las unidades de análisis a seleccionar en un momento determinado, pero que indudablemente representan la colonización del sujeto enunciante por parte de la realidad virtual, hiperrealista por demás, quien va creando sus propias gramáticas que garanticen su sostenimiento referencial, los materiales sígnicos-simbólicos para la generación de las diversas y disímiles semiosis a constituir los planos enunciativos convalidantes de ese espacio de la significación.

Por ello concurre el hipertexto a la palestra enunciativa para representar las posibilidades de ampliación sígnico-simbólica fundamentadas por las amalgamas referenciales, al surgir estas encarnadas por las isotopías o ejes temáticos a diversificarse textual y consecuentemente con la acción comunicativa, quien a su vez, ensancha sus horizontes interpretativos a través de las lógicas del interés individual-colectivo implícitas en la construcción de nociones de realidad supeditadas a la dialéctica cotidiana que encarna la imagen en su fundamental sustrato interactuante.

De por sí, esa la realidad encarna en sí misma la facultad hiperreal para atribuir la cotidianidad más allá del simple artilugio estético que en otrora lo hacía posible la segmentación de la enunciación artística, puesto que:

Ya no estamos en un mundo surrealista, estamos en un mundo hiperrealista donde las cosas se iluminan ellas mismas, irónicamente ellas solas. Ya no hay necesidad de subrayar el artificio o el sinsentido de las cosas, pues todo eso forma parte de la representación misma, forma parte de su encadenamiento visible (demasiado visible, por cierto), forma parte de su superfluidez que crea por sí sola, por exageración, por un efecto de parodia (Baudrillard, 1997, p. 23).

A diario podemos observar la inclusión de nuevos vocablos por parte de la Real Academia de la Lengua Española, derivados de la práctica del sujeto en su conversión cotidiana-virtual, conversión de vertiginosa evolución, que a cada momento implosiona con nuevas codificaciones, obviamente, demandadas por la naturaleza misma de las llamadas redes sociales y su creación de paralelismos semióticos entre cotidianidad y realidad virtual, el paso cuasi-imperceptible del sujeto a los espacios de la virtualidad para la representación de otras posibilidades de la escenificación-significación.

Precisamente esa transversalización de la cotidianidad con los escenarios virtuales podemos asumirla como la instauración de planos enunciativos que acarrean diversos desdoblamientos o derivaciones referenciales, puesto que:

La simulación no es en absoluto una esfera homogénea, uniforme, donde todos los signos son pura simulación, donde no hay más que simulación. Nunca dije eso. Dije que en un momento dado hay un principio de realidad y en otro, otra cosa, un principio de simulación, que es un fenómeno distinto que choca con el primero. También aquí hay un antagonismo, lucha, un exterminio –el exterminio de lo real-, y eso sí es de veras un acontecimiento. Después si llegásemos a estar enteramente en la realidad virtual, una vez cometido el crimen perfecto, ya no habría diferencia (Ibídem, p. 42).

Contestes con la anterior afirmación es de destacar la convergencia simbólica a producirse por el tránsito entre realidad y espacios virtuales para la construcción de ‘nociones’ de realidad o circunstancialidades enunciativas para intentar dar cuenta de las diversas percepciones de los espacios a través de los cuales se enuncia, para encontrar una metasimulación o metarepresentación en las fronteras de dos espacios que transversalizan sus referenciales en intentos de homologación que nunca son posibles, pero si imprescindibles para la generación de renovadas significaciones y postulaciones de lógicas de sentido.

De tal forma, no es un camino concluyente, sino de constante tránsito para develar al sujeto transpuesto en roles, envuelto por sensaciones de libertad y comodidad deparadas por las posibilidades virtuales, al ofrecer posibilidades para ‘retocar’ la realidad, hacerla más afín a los intereses particulares, pues cuando se retoca una imagen, se ensayan poses o direccionan miradas hacia ciertas partes del cuerpo o destaque de lugares, no es simplemente una intención estética, sino la posibilidad a ‘ser’ Dios y ordenar el mundo según aspiraciones e intereses.

Por ello los escenarios virtuales ofrecen mayor sensación de libertad al permitir incorporar los espacios íntimos y cotidianos a las esferas de lo privado, que a la larga, configuran un gran espacio público para el acicalamiento de los egos, compartir las penas y cuitas del desamor o mostrar los momentos de felicidad, muchas veces a convertirse en opulencia o punto de partida para posicionarse enunciativamente con respecto al otro. De esta forma el develamiento de lo íntimo-doméstico forma parte de una específica codificación para ingresar al mundo virtual y sus posibilidades de reconfigurar realidades.

Lo cierto es que en ambas circunstancialidades enunciativas asistimos a la desubjetivación del sujeto y su plena incorporación a la circulación consumista de las realidades hiperrealistas, pues:

Hoy, para la organización del sistema ya no se necesitan sujetos; lo que se requiere es una especie de mónadas, unas mónadas autogerenciales, autonormadas, autocontroladas, o sea, seres que ya no son más que él mismo, idénticos a sí mismo, pero ya sin otro. Entonces, en este caso, el sujeto pierde justamente su división: ya no está dividido, ya no está alienado. Por el contrario, está en un mundo mucho más duro y es mucho peor que la alienación, porque de cierta manera es la exterminación, la desposesión total: es como una destructuración del sujeto (Ibídem, p. 60).

E indudablemente todo ese proceso de descentramiento del sujeto requiere de la implementación de dialécticas pedagógicas que garanticen los cometidos propuestos por los sistemas regentes del mundo, de esta forma podemos ubicar pedagogías de la dominación a razón de procesos normatizadores de esas intenciones. Al respecto, podemos identificar una pedagogía de la colonización virtual cimentada y fortalecida a medida que van evolucionando las redes de significación estructurantes de dicho espacio simbólico, cuya materia significante por excelencia, es la cotidianidad de los sujetos[3].

Bajo estas perpectivas de análisis la pedagogía representa la semiosis y construcción enunciativa que va a normatizar los procesos de aprendizaje contestes a los discursos de la dominación/colonización inscritos en los procesos socio-históricos para afianzar los mecanismos de sujeción. Una pedagogía asida a los principios de la cultura soportada por valores ideológicos-cognoscentes que la ubican en el devenir histórico vinculada profundamente con la racionalidad y la interpretación científica-racionalista. Sin menoscabo al uso de los valores espirituales a manera de artilugio para crear éticas ilusorias que conllevan al desencanto del sujeto en su búsqueda espiritual y afectivo-subjetiva.

Establecidas de esta forma, la ilusión y desilusión de los sujetos, son planos enunciativos a interaccionar con la cotidianidad o las diversas nociones de realidad construidas desde los diferentes espacios enunciativos que crean relaciones de significación y lógicas de sentido más allá de las apariencias, por ejemplo, en la nostalgia de reencontrarse con lo siempre pretendido y consecuentemente va a generar la acción hacia el cumplimiento del propósito, tal es el caso de las utopías consustanciadas por su poder de impulsar hacia la acción reconociendo al sujeto inmerso en su dialéctica enunciativa. Recurrente el uso de una codificación nostálgica para enganchar al sujeto enunciante en una cadena de consumo masivo, cuyos productos, consustanciados con pasados primordiales, asumen la supremacía del presente hasta llegar a nacionalizarse, desplazando, contraviniendo o usurpando los tiempos históricos.

Ahora bien, concebido el orden argumental de esta forma, surge una interrogante: ¿Por qué si la cotidianidad de los sujetos es la materia significante de estos espacios, ella constituye al mismo tiempo el descentramiento de éste? La respuesta la hayamos en Habermas de vuelta a la referencia de la acción comunicativa intrínsecamente relacionada con la experiencia cotidiana y su estrecha vinculación con la corporeidad sensible que abarca no solo lo cognoscente sino también lo afectivo-subjetivo, ambas representando los intereses naturales de los sujetos enunciantes.

Y esta condición natural de la afectividad-subjetividad posibilita la manipulación de esta para crear espacios de flotación simbólica donde los individuos se extravían en sus lógicas de interés para ingresar a otras perspectivas descentrantes que en nada lo representan, sino más bien lo manipulan. Hecho reiterado bajo los mecanismos de seducción de los medios de interacción individual-colectiva, que en las redes sociales encuentra a cada momento efectos de ponderación significante para envolver en una burbuja hiperrealista a los enunciantes obnubilados por los encantos de la ilusión perversa del consumismo.

LA ILUSIÓN O LA ARGUMENTABILIDAD RENTABLE

Fundamentada esta ilusión con Pierre Bourdieu según “la realidad con que calibramos todas las ficciones no es más que el referente universalmente garantizado de ilusión colectiva” (1992, p. 34), para insistir en la creación de universos simbólicos a manera de mecanismos para construir nociones de realidad que terminan conformando fórmulas argumentativas que finalmente van a conformar paradigmas modelizadores. Obviamente al construir esa ilusión, “La ilusión que coloca en el objeto el origen de los sentimientos responsables de su representación de ese mismo objeto no es totalmente ilusoria” (Ibídem, p. 67), al contrario, adquiere validaciones por las acciones humanas interaccionadas en los espacios de la circulación comunicativa.

En este sentido la ilusión pasa a ser mecanismo de autorregulación de las relaciones de significación y construcción de lógicas de sentido soportadas por las condiciones de producción enunciativa para lograr las condiciones de realización bajo los efectos y propósitos pretendidos, tal es el caso de la publicidad y su profundo peso en la construcción de realidades hiperrealistas, que aun cuando su efecto colonizar produzca la desilusión colectiva sigue construyendo los sentidos provisorios de las circunstancialidades enunciativas que permiten la transposición de roles de los sujetos enunciantes. Haciendo de la interacción sígnico-simbólica el complejo proceso de ilusión y desilusión colectiva que entran en antagonismo cuando irrumpen los discursos descolonizadores y su figuración de alternativas enunciativas.

Pudiéndose constatar con la aparente armonía entre sujeto y escenarios de la virtualidad, la generación de espacios sin distinción, o conformados según grupos de interés común alrededor de la ilusión de estar integrados bajo equilibrios emotivos; la ilusión históricamente sostenida por los tránsitos del tiempo dentro de los órdenes sociales en busca de la integración de intereses y propósitos individual-colectivos, que quizá en los escenarios virtuales encuentra ilusorias posibilidades de realización. A decir de Baudrillard:

Quizá todos estos artefactos modernos, de los publicitarios a los electrónicos, de lo inmediático a lo virtual, todos esos objetos, imágenes, modelos, redes, tienen de hecho una función de vértigo simplemente, mucho más que una función de comunicación, de información, de arte o de estética. (1997, p. 25).

Al respecto podemos inferir una subjetividad descentrada, formulada por la posibilidad de manipulación del sujeto en sus necesidades, fundamentalmente afectivas, quienes pasan a convertirse en centro enunciativo, al mismo tiempo, fórmulas para el descentramiento del sujeto y su incorporación a la espectacularidad de la cultura del entretenimiento, que supone el desplazamiento de los valores de la cultura primordial o legítima por valores profundamente foráneos y de la instantaneidad. Con la penetración de los planos afectivos-subjetivos, la eficacia de la manipulación aumenta para arrojar a los consumidores hacia los campos de la oferta y la demanda a razón de ejes articulatorios de sentido estrictamente manipulador de las relaciones de significación y constitución de lógicas de sentido.

Bajo la denominación de cultura primordial o legítima queda referida la base inherente al sujeto y su condición de ciudadanía originaria, sin anclajes forzosos en cronologías o sustratos inamovibles, sino en la esencialidad dialéctica de los constructos culturales revestidos de construcciones simbólicas reactualizadas por la interacción individual-colectiva en torno a elementos caracterizadores de puntuales manifestaciones o localías representacionales, que conjuntadas a la universalidad envolvente de los procesos enunciativos, capitaliza relaciones de significación y construcción de imaginarios socioculturales.

Por siempre la cultura primordial o legítima será la estructurante de la utopía o canal de acción para alcanzar la realización de los sujetos supeditados al reconocimiento en sí mismos y sus mundos primordiales e intrasubjetivos que han visto amenazados sus principios fundamentales por la hiperrealidad que intentan vaciar al mundo de utopías centradas en lo afectivo-subjetivo o bases del pretendido reconocimiento individual-colectivo, imponiendo por medio de la fuerza tecnológica renovadas utopías modernas que para nada toman en consideración la preeminencia del sujeto como norte cierto de la acción humana.

Así, vaciar la realidad de utopías fundamentales, conduce a la desilusión del sujeto enunciante frente a las posibilidades de realización que desarticula la manufactura de objetos del mundo artificial sustentador de la hiperrealidad, pues cuando la objetualización desincorpora la función espiritual de la existencia misma, convierte la desilusión del mundo en ironía que lo caricaturiza:

Ahora bien, esa ironía no es ya la ironía subjetiva de los románticos. Es una ironía objetiva, se ha pasado a las cosas, se ha convertido en objeto, ya no es una función del sujeto un espejo crítico donde se refleja la incertidumbre del mundo- sino el propio espejo del mundo, del mundo artificial que nos rodea. La función crítica del sujeto ha sido suplantada por la función irónica del objeto. A partir del momento en que todos los productos son fabricados, ya no tenemos sino artefactos, signos, mercancías. Las cosas mismas ejercen una función espiritual e irónica por su existencia misma (Ibídem, p.p. 22-23).

Ya la ironía deja de ser un proceso deconstructor de la realidad tal y como lo predijo Derrida (1998) para convertirse en contravención del mundo representado y los espacios de la representación soportados por la conversión objetual de todo el continuum simbólico, para que la ilusión se haga visible en los discursos de la publicidad, o más bien, por intermedio de una pedagogía de la publicidad, que diversifica, motivada por múltiples didácticas, la legitimación de los contenidos del artilugio de las realidades hiperrealistas que permitan la reconversión de las realidades en fuentes ilusorias, según las cuales, sean posibles los extravíos del sujeto en los laberintos del artificio y la alienación.

En este aspecto convergimos en los espacios de la fascinación donde la ilusión ha abandonado todo su contendido humano para convertirse en mecanismo de seducción mercantilista que constituye una renovada estética del artilugio, al ocultar las verdaderas intenciones de textualizar los sujetos bajo la correspondencia de los intereses publicitarios, homologantes por demás, despersonificando a los enunciantes para hacerlos masa consumista de imágenes y productos; imágenes que no apuntan hacia la individualidad sino a la homologación en todos los sentidos y aspectos, a la globalización, universalización referencial para intentar plantear ciudadanías universales –totalitarias- para que los rasgos caracterizadores de la cultura primordial o legítima se diluyan dando paso a la generalidad homologante.

Entonces los espacios hiperrealistas están fundados sobre la apariencia que no refleja la esencia de la realidad, al contrario, deforma esa realidad con la intervención de la espectacularidad referencial, quien asume los diversos planos enunciativos para crear ilusiones argumentales que perentoriamente permitan a los sujetos ubicarse en una circunstancialidad enunciativa, denominada en párrafos anteriores, cultura recreativa. Por lo tanto la ilusión ya no está ligada a la utopía, su propósito ha sido desviado hacia otros escenarios de la significación para su argumentación publicitaria-mercantilista e inserción de los sujetos en las burbujas hiperrealistas que los invisibilizan a través de los mecanismos desubjetivantes, del desarraigo y la desmemoria.

Dicha circulación desubjetivante por los escenarios de la significación crea espacios para el no-reconocimiento del sujeto o no-lugares, según consideraciones de Marc Augé, para referenciar la invisibilización del individuo con respecto a los lugares de la identidad, pues:

Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar. La hipótesis aquí defendida es que la sobremodernidad es productora de no lugares, es decir, de espacios que no son en sí lugares antropológicos y que, contrariamente a la modernidad baudeleriana, no integran los lugares antiguos: éstos, catalogados, clasificados y promovidos a la categoría de lugares de “memoria” (Augé, 2000, p. 44).

Contrariamente en las sociedades hiperrealistas los lugares de la desmemoria convalidan la individualidad solitaria y efímera diluida bajo el vértigo de las grandes aglomeraciones y concentraciones que orientan las conversiones simbólicas hacia la materialidad y objetualización del individuo abandonado a los vacíos referenciales que justifican la multiplicidad de significantes del frenesí iconográfico y la espectacularidad de las sociedades, en las cuales, eufóricamente se sustituyen las presencias corpóreas por las virtualidades etéreas, reduciendo las identidades a un intercambio de máscaras alrededor de las prácticas culturales.

Todo ello bajo la ocurrencia y concurrencia de la saturación visual-tecnológica que fragmenta la sensibilidad para luego restarle autenticidad, originalidad y profundidad simbólica, sustituyendo las visiones patémicas de lo real, o las dimensiones autónomas de lo real, en cuanto al sujeto enunciante, por la circulación masificada de los signos que han perdido su sentido originario para convertirse en meros artífices del consumo masivo, evitando de esta forma, la reconstrucción de las espacialidades que contienen los rasgos elementales de la cultura primordial o legítima.

Ante estos extravíos del Ser y sus significantes, opera una pedagogía de la dominación/colonización y su eticidad desvinculante que cancela toda posibilidad de retorno a la ancestralidad fundamental para la dinamicidad cultural, al proponer escenarios de permanente vacilación, confusión y dudas acerca del sujeto mismo, donde el cuerpo se ha convertido en l espacio de la representación por excelencia para presentar las vulnerabilidades de las sociedades en constante riesgo de los discursos hiperreales.

De esta forma el cuerpo sufre los ensambles más grotescos para convertirse en el perfecto pastiche que intenta instaurar nuevos cánones de belleza compelidos entre lo humano y la máquina, haciendo más precarios los sentidos de identidad al trasformar el cuerpo en la caricatura de su propia imagen, quien adversa con la evolución misma del hombre, al ser sustituida por los afanes y sueños cibernéticos, o los cuerpos virtuales que intentan esconder –superar- las debilidades humanas por medio de la artificialidad usurpadora de la esencialidad natural.

Lo que conduce a la descorporeización del sujeto de su afectividad-subjetividad o esencia simbólica de los planos enunciativos para dar paso a seres mecanizados o especie de zombis que transitan por espacios masificados hacia la vida constituida en espectáculo; bufo espectáculo que blinda los sistemas de producción mercantilista para el establecimiento de la dictadura de la tecnología sobre la raza humana, induciéndola hacia el adormecimiento tecnológico y ser presa fácil de la manipulación y adoctrinamiento ideológico[4].

De allí que la espectacularidad ocupe la referencialidad de los planos enunciativos para adormecer la población bajo los artilugios de la cultura recreativa y despojarla de los preceptos identitarios que conduzcan a su reconocimiento en los estamentos propios del individuo y del colectivo, así:

El espectáculo se muestra a la vez como la sociedad misma, como una parte de la sociedad y como instrumento de unificación. En tanto que parte de la sociedad, es expresamente el sector que concentra todas las miradas y toda la conciencia. Precisamente porque este sector está separado, es el lugar de la mirada engañada y de la falsa conciencia; y la unificación que lleva a cabo no es sino un lenguaje oficial de la separación generalizada (Debord, 2003, p. 22). (Resaltado en el original).

Con el espectáculo surge el anonimato de la individualidad masificada a través de los principios de la distracción y el descentramiento de las referencialidades básicas y esenciales de una sociedad bajo la cultura recreativa expresada en sus formas ilusorias de presentar visiones artificiosas de la realidad transpuesta a la ilusión manipuladora o construcción de fingidas utopías para conjuntar isotopías de los mundos primordiales–individuales-colectivos y manipular la cultura originaria y legítima, la historia y sus estamentos reivindicativos en función de los intereses consumistas-mercantilistas.

Con base en estas reflexiones podemos ubicar la manipulación de los discursos nostálgicos en cuanto formas de concebir, desde los planos afectivos-subjetivos, el pasado para la conversión simbólica de lo específicamente esencial en simple artificio de los intereses e ideales mercantilistas de la sociedad hiperrealista. O más bien, por la caricaturización del pasado en presentes determinados por la inmediatez y fugacidad referencial que debe cambiar de piel vertiginosamente al ritmo del aluvión de imágenes que a diario arrastran la población hacia la sociedad del espectáculo o escenarios para que el Ser pierda toda perspectiva trascendente y transfigurase en universal pasarela por la cual desfilan los modelos a seguir de la vida moderna.

Precisamente, estas instancias de la espectacularidad trasuntan el cuerpo hacia la simple expectación en los no-lugares antienunciativos y el Ser simplemente pasa a constituir el simple recipiente a llenarse constante y alternativamente de contenidos que responden a la deshumanización a manera de principio fundante. Al mismo tiempo, el cuerpo pasa a convertirse en simple maniquí a ser revestido según la ocasión, para luego exhibirlo en la gran vitrina del espectáculo.

Porque la hiperrealidad formula la potencialidad de la burbuja virtual para la exhibición como recurso de cegamiento/deslumbramiento del sujeto conmovido por la espectacularidad a modo de discurso imperativo y dictatorial que reduce su radio de acción y lo desencaja de las bases argumentales originarias y legítimas. Al respecto, la corporeidad también se aleja de las perspectivas afectivo-sensibles para convertirse en bien de consumo masivo, objetualización crasa y banal para que la naturalidad pase a convertirse en mercancía de la medicina cosmética o paradigma de la belleza en las sociedades de artificio, inmediatez e intrascendencia.

Obviamente este proceso de desfiguramiento afectivo-subjetivo y manipulación para su consiguiente descentramiento de la subjetividad reivindicadora, conlleva a la suposición de una pedagogía implícita en las acciones comunicativas hiperrealistas y su manifestación soportadas por diversas prácticas didácticas que garanticen la sujeción de los individuos a este elaborado, sofisticado y por qué no, macabro juego de la suplantación de valores por los artificios de la dominación consumista de las sociedades hiperreales.

Formalmente y para su mayor efectividad esa pedagogía forma parte de la cotidianidad del sujeto, pues a mayor exhibición de los mundos íntimos, mayor empatía y reconocimiento por parte de este en los espacios –burbujas- del artilugio. Porque, evidentemente, la exhibición juega un papel fundamental en los planos enunciativos, al cimentar todo el potencial simbólico de la iconografía del objeto proyectado, a través del cual va a operar la mirada y el reconocimiento de las visiones ilusorias propuestas por la sociedad y no como en realidad son, para proyectarse investidas por las articulaciones del espejismo articulatorio de la aparición/desaparición o ilusión desvinculante de la trascendencia subjetiva.

Quizá este momento sea oportuno para plantear: si las pedagogías educativas que intentan surgir a modo de alternativas frente a las de la dominación y el desarraigo, han pensado en la importancia de los planos intrasubjetivos para los procesos de enseñanza-aprendizaje. Porque solo apelar a la incorporación de los sujetos a las sociedades en su funcionabilidad de entes interactuantes, partícipes y concienciados de los cambios sociales que contribuyan a la incorporación de las mayorías al bienestar, disfrute y realización individual-colectiva, pudieran desviarse hacia principios profusamente ideológico-políticos y convertirse a la larga en discursos de la colonización.

De allí el criterio de que todo discurso de la descolonización debe apelar al reconocimiento del sujeto en sí mismo y el otro, en referencia al principio esencial de sostenerse en la cultura primordial o legítima impulsada por los procesos de subjetivación o formas de concienciación frente a las sociedades hiperrealistas, profundamente cosificadas mediante la espectacularidad y los bienes de consumo para satisfacer un mercado común y despotenciar a los individuos de sus valores esenciales, dejarlos huérfanos de alternativas reales y ciertas de poder reflexionar a partir de sí mismos y los valores de la cultura primordial y legítima.

LA PEDAGOGÍA DE LA SENSIBILIDAD O LA UTOPÍA RAZONABLE

Para el siguiente aparte se ha asociado la pedagogía de la sensibilidad con la idea de utopía razonable expresada por Pierre Bourdieu, para anteponerla frente a las sociedades hiperrealistas e intentar proponer mecanismos descolonizadores ante la homologación de los sujetos en simples objetos de consumo e inserción de la cultura especulativa con fines puramente mercantilistas.

El punto de partida de Bourdieu, está fundamentado en los principios de Ernst Bloch, y su principio esperanza, para oponer la utopía, por demás razonable, al fatalismo económico, quien junto a la matemática, vaticinan el fin de los principios más subjetivos del hombre, entre ellos: la historia y las utopías mismas, al respecto, aduce:

Ahora la gente está tratando de creerse que el mundo social está escrito con un lenguaje económico... A través de las armas de las matemáticas –y también del poder de los medios de comunicación– el neoliberalismo se ha convertido en la forma suprema del contraataque conservador, que lleva amenazando durante los últimos treinta años bajo el nombre de «el fin de la ideología» o, más recientemente, «el fin de la historia».[5]

Con estos discursos de la finitud/fatalidad están ensayándose fórmulas pedagógicas colonizadoras para desprender a los sujetos de sus espacios de sujeción originaria y legitima para suplantarlos a otros escenarios foráneos y allí desvirtuar las esencias alternativas o discursos de los bordes enunciativos que pudieran irrumpir contra los núcleos temáticos profundamente ideologizantes. De esta forma las burbujas hiperrealistas contienen todos los mecanismos desubjetivantes para que las sociedades patrocinantes de éstos, logren sus propósitos y cometidos.

De allí la insistencia en llamar la atención sobre la implicación de esas pedagogías de la dominación y colonización hacia todos los ámbitos de la vida humana para cercar a los individuos por medio de estancos que los encasillen irremediablemente en la disolución e invisibilización. Permeando espacios de suma importancia para la re-subjetivación, interpretada fundamentalmente por los discursos del arte, pues los campos literarios han sido convertidos en industrias editoriales que buscan vender recetarios para la ilusoria felicidad o material de autoayuda para reafirmarse en la ilusión hiperrealista; lo mismo ha ocurrido en el cine, donde el espectáculo de los efectos especiales o la construcción de paradigmas fundados en la acción heroica-bélica ha sustituido el cine documental y su acción comunicativa-liberadora.

Mientras las pedagogías de la dominación/colonización anulan el derecho a soñar e imaginar las realidades no solamente estéticas, sino todos los conceptos a través de los cuales podemos definir las nociones de realidad en común denominación con los imaginarios socioculturales, con la pedagogía de la sensibilidad surge la posibilidad de rescatar la ilusión y su acción reivindicadora, las alternativas de narrar el mundo en función de la imaginación o actos de narrar sostenidos por formas de objetivar bajo soporte afectivo-subjetivo, ejemplo decantado por los discursos míticos y su eficacia didáctica en cuanto creación de ciudadanías emergentes que implican la recuperación de espacios simbólicos o principios identitarios.

Mediante la pedagogía de la sensibilidad los lugares comunes de la cotidianidad permiten las transversalizaciones referenciales capaces de unir al hombre con lo afectivo-subjetivo o surgimiento de la primera instancia para impeler dentro de la acción comunicativa, puesto que en los planos simbólicos, esta cotidianidad, “se puede leer como una historia, es porque la estructura que organiza la ficción, y que fundamenta la ilusión de realidad que produce, se oculta, como en la realidad, bajo las interacciones entre personas que estructura” (Bourdieu, 1992, 35). Entonces los constructos realidad-ficción implican el sobreseimiento de lo representado a los planos enunciativos para crear otras posibilidades de narrar la realidad y sus colateralidades.

Indudablemente la cotidianidad crea campos de la significación que permiten re-enunciar las realidades envueltas en la conjunción del mundo íntimo, el privado y el público, instancias enunciativas por excelencia para la interacción sujeto-mundo bajo la tensión y distención de la realidad y ficción o estructuras de la ilusión soportantes de la acción humana; porque “ la realidad que nos sirve de medida de todas las ficciones no es más que el referente reconocido de una ilusión (casi) universalmente compartida” (Ibídem, p. 65). Concreción que podemos puntualizar regresando al discurso mítico y su potencialidad universal, a la vez, de recreación de objetividades fundadas en la subjetividad e imaginación.

Hecho que complejiza el enfoque de la pedagogía de la sensibilidad para enriquecer las alternabilidades frente a los discursos de la colonización/dominación al posibilitar el surgimiento de ciudadanías emergentes frente al estatismo de la historia conmemorativa o los discursos normativo-jurídicos que hacen de las nociones de ciudadanía, campos fértiles para la implementación de mecanismos de sujeción, limitación y minusvalía ante la omnipresencia del Estado.

Por figuración contraria, las ciudadanías emergentes trastocan los órdenes establecidos, pues están centradas en el sujeto y el ejercicio de la acción enunciativa de la conciencia del sujeto consigo mismo y el otro, para potenciar su participación en todos los sentidos y aspectos. De allí que tomamos en consideración: la memoria, la región imaginal de profunda connotación simbólica, las culturas primordiales y legítimas, el arte en su fundamento de ilusión liberadora y su figuración constitutiva de ciudadanías emergentes o planos enunciativos que privilegian al sujeto, para la plena consustanciación dentro de la dinamicidad cultural, diametralmente opuesta a las pretensiones colonizadoras de cualquier tiempo o espacio sociohistórico.

Las diversas ciudadanías emergentes a ejercerse mediante la pedagogía de la sensibilidad asumen el reto de potenciar la ilusión liberadora con la reinserción de lo afectivo-subjetivo y su principio de conjunción referencial para crear lazos o vínculos empáticos que rebasen los localidades y permitan una universalización no desde las visiones globales, donde una cultura soslaye la otra, sino en los encuentros de la signicidad cultural que permite la reinserción de los mundos primordiales y legítimos según la: “posibilidad real de situarse en los orígenes de un mundo cuyo funcionamiento se nos ha hecho tan familiar que las regularidades y las reglas que los gobiernan se nos escapan” (Bourdieu, ibidem, p. 81).

Llegado el momento de puntualizar la pedagogía de la sensibilidad en correlato con las ciudadanías emergentes, es menester aclarar que en ningún momento estamos proponiendo las egolatrías o simples sensiblerías a modo de articulación enunciativa, porque sería seguir redundando en la sensibilidad descentrada impuesta por las sociedades hiperrealistas. Al contrario, la pedagogía de la sensibilidad está centrada en las potencialidades intra e intersubjetivas que permitan la construcción del sujeto educativo o instancia que sea capaz de interactuar los espacios enunciativos con las manifestaciones patémicas creadoras de oportunidades de libertad personal y consustanciación social.

Valorada según esta perspectiva, la pedagogía de la sensibilidad establece formas constitutivas soportadas en la interacción tanto de los sujetos, contenidos programáticos y contextualidades, para de esta perspectiva lograr:

Una resignificación del sujeto a partir de él mismo como espacio de la enunciación capaz de transformar eventos y circunstancialidades. Enseñar desde el sujeto y sus desdoblamientos: el cuerpo, la memoria histórica, la memoria mítica y la memoria íntima, el deseo, la compatibilidad y la tolerancia (Hernández, 2014, p. 235).

Ahora bien, alrededor de estos preceptos sensibles surgen lógicas de sentido que no coartan las manifestaciones patémicas de los individuos, al contrario, fomentan las alternativas para refundar sociedades, forjar ciudadanías emergentes y generar conocimiento bajo la confluencia individual-colectiva para la configuración de formas de leer el mundo fundamentadas en un giro educativo hacia el sujeto, la sensibilidad liberadora, los espacios sensibilizantes y los discursos sensibilizadores.

Acotadas en torno a ese perfil, las ciudadanías emergentes siempre van a representar alternativas para cuestionar los discursos colonizadores, más aún, en su base fundamental de negar, desplazar y suplantar al sujeto de su esencia creadora dentro de la acción comunicativa, obviamente desdoblada en acción humana. Figurada en esta dialéctica, la pedagogía de la sensibilidad asume el reto de constituirse en proceso normatizador de la figuración patémica y sus diversas transfiguraciones dentro de los espacios de la cotidianidad, en condición de garantes de la recuperación de los espacios simbólicos mediados por la signicidad cultural.

En resumen, soportados por procesos de subjetivación o mecanismos descolonizadores que posibiliten la concienciación.-interiorización de los cambios (Ricoeur, 1989) y su fortaleza de dinamizadores del estatismo cultural promovido por las sociedades hiperrealistas a través de la falaz movilidad centrada en la espectacularidad, hacen de los espacios cotidianos escenarios para el desdoblamiento en la virtualidad creadora provista por el discurso metafórico-simbólico que permita rescatar la ilusión y hacerla utopía razonable:

«Utopismo reflexivo» como un utopismo que actúa «en virtud de su pleno conocimiento anticipado y consciente de la tendencia objetiva, la posibilidad objetiva y real de su «época»; un utopismo que, dicho de otro modo, «anticipa psicológicamente una realidad posible». El utopismo racional se define por estar tanto contra las «meras ilusiones (que) invariablemente han cargado de descrédito a la utopía, como contra “las perogrulladas filisteas fundamentalmente preocupadas por los hechos”»; se opone a «la herejía, derrotista en último término, de un automatismo objetivista, según el cual las contradicciones objetivas del mundo bastarían por sí mismas para revolucionar el mundo en el que se producen», así como al «activismo por el puro activismo», puro voluntarismo basado en un exceso de optimismo.[6]

Utopía razonable en contravención a los efectos colonizadores de los discursos del poder hegemónico que intenta crear atmósferas totalitarias para hacer realidad sus pretensiones de dominación. Estableciendo racionalismos centrados en el sentir/pensar para fundar alternativas ante el racionalismo científico-objetivista que excluye la expresión patémica de las formas discursivas, sustituye al sujeto en su función dialéctica para transformarlo en simple objeto de consumo, desplazando la cultura primordial y legitima hacia los bordes excluyentes de las hegemonías del poder.

Frente a los avances de las sociedades hiperrealistas y sus consecuentes materializaciones en discursos colonizadores, la apelación está dirigida hacia la consecución de renovados espacios de la significación simbólica para hacer posible la aplicación de las utopías sustentadoras de la autenticidad

El resto de las personas que se preocupan realmente por el bien de la humanidad, deberían reestablecer un pensamiento utópico con el respaldo científico, tanto en sus objetivos, que deberían ser compatibles con las tendencias objetivas, como en sus propios medios que, además, han de ser científicamente validados. Necesitan trabajar colectivamente en análisis que sean capaces de lanzar proyectos y acciones realistas, estrechamente vinculadas a los procesos objetivos del orden que pretenden transformar.[7]

No se trata de posiciones extremas o excluyentes sino de la conciliación de los más profundos ideales del hombre con las racionalidades conjuntadas a su servicio, la preeminencia de lo humano frente a lo material; para que los espacios enunciativos converjan en una pedagogía de la sensibilidad o escenario de cohabitación soportado por la equidad y la tolerancia, para que los procesos educativos –escolarizados y no escolarizados- estén fundados en el hombre, quien debe ser su principal objetivo razonado desde lo afectivo-subjetivo como punto de partida relacional entre sujetos, hechos y contextos.

En tal sentido se trata de aplicar pedagogías liberadoras a los espacios de la castración y usurpación de identidades para proponer renovadas formas de abordar al hombre y sus circunstancialidades enunciativas que sirven de entorno y acción simbólica para manifestarse en lógicas de sentido subjetivadas; apuntaladas sobre las bases de una pedagogía transfigurada en hermenéutica del sujeto configurado en sistema sígnico del mundo real, el mundo del texto, y la configuración de imaginarios socioculturales.

CONCLUSIONES

Los desafíos deparados por las sociedades hiperrealistas implican optar por una pedagogía de la sensibilidad impregnada de horizontes utópicos razonables para que los discursos sean la más genuina expresión de los sujetos. Una pedagogía enraizada éticamente con la transformación de la justicia y equidad social y cultural, para contravenir las políticas de la exclusión que los imperios económico-mercantilistas generan a través del avance científico y tecnológico puesto al servicio de los más inmobles propósitos colonizadores.

Sociedades hiperreales, sociedades ágrafas en las cuales todo conocimiento sucumbe en las fauces de los discursos ideologizantes, colonizadores y de la dominación, fundamentados por pedagogías de la razón que centran su acción en la objetualización para luego descentrar a los sujetos de su realidad y alojarlos dentro de burbujas hiperrealistas, para que la acción comunicativa pase a ser la negación misma del sujeto caricaturizado por las corporeidades del artificio, los cuerpos ideologizados, mediatizados e insensibilizados.

Al materializarse los espacios enunciativos en la vacuidad hiperreal, la pedagogía pasa a ser la razón práctica de la sinrazón humana, que conducida por sendas del consumismo, posibilita la cristalización de los más perversos propósitos de los discursos del poder o la repetición de resignificaciones insustanciales para alimentar el artificio y la diáspora argumentativa en los preceptos de la moda, avances tecnológicos y el confort que estos implican. Obviamente sin querer dejar aquí la sensación sobre una demonización de la tecnología,, porque esa sería una muy desafortunada conclusión, sino la reutilización de la tecnología puesta al servicio del hombre y su correspondiente articulación en sectores tan importantes como la salud y la educación.

Porque la realidad indica que la aplicación de los grandes avances tecnológicos acarrear también profundas desigualdades, donde los sectores menos favorecidos económicamente –la gran mayoría- no tienen acceso a ellos, creándose otras formas de colonización atentatorias de las necesidades subjetivas, sociales de la población y la creación de ilusiones que guardan el único propósito de la dominación, en el cual, los principios de equidad son borrados por las apetencias económico-mercantilistas, y lo que por derecho corresponde, pasa a convertirse en manipulaciones de las acciones gubernamentales, tal es el caso de la esperanza de sociedades más justas, pero que siempre queda suspendida en la acción discursiva, para ser reconvertida constantemente en propósito de manipulación electoral.

Ante tales circunstancias y asumida la cotidianidad a partir del dialéctico espacio de interacción simbólico-cultural, surge el planteamiento de la pedagogía de la sensibilidad y las ciudadanías emergentes como alternativas frente a los discursos colonizadores de una sociedad hiperrealista, estimulante de sujetos descentrados de su esencia afectivo-subjetiva o forma de concienciación de la acción humana convertida en acción comunicativa que en realidad genere transformaciones desde los mundos primordiales individual-colectivos; ambos consolidados por lógicas de sentido reivindicadoras de la acción humana y reposicionamiento en las redes de significación.

Las tecnologías al servicio del hombre y no armas de doble filo para atentar contra lo afectivo-subjetivo o degenerarlo en subjetividad descentrada, que en vez de liberar, condena a las cadenas de la esclavitud materialista, sino más bien, provea de escenarios para la circulación de la ilusión liberadora, de la utopía y la esperanza convergidas en vehículos de salvaguarda del sujeto consustanciado en sí mismo y el otro mediante relaciones intra e intersubjetivas que enriquezcan, fortalezcan y preserven el capital humano como el tesoro invaluable de las sociedades orientadas hacia el reencuentro con el humanismo a cada momento reactualizado en los diversos escenarios enunciativos que provee la cotidianidad y su aserción tecnológica.

BIBLIOGRAFÍA

AGAMBEN, Giorgio (2006) Estancias. La palabra y el fantasma en la cultura occidental. España: Pre-textos.

AUGÉ, Marc (2000) Los no lugares. Espacios del anonimato. España: Gedisa.

BAUDRILLARD, jean (1997) La ilusión y la desilusión estética. Caracas: Monte Ávila Editores.

BOURDIEU, Pierre. (1992) Las reglas del arte. (Génesis y estructura del campo literario). Barcelona: Anagrama.

DEBORD, Guy. (2003). La sociedad del espectáculo. Valencia: Editorial Pre-textos.

DERRIDA, Jacques (1998) Márgenes de la filosofía. Madrid: Cátedra.

HABERMAS, Jürgen (1984) Teoría de la acción comunicativa: complementos y estudios previos. Madrid: Cátedra.

RICOEUR, Paul (1989) Ideología y utopía. Barcelona: Gedisa.

Notas

NOTAS [1] La noción de cultura subjetivada implica ontosemióticamente las vinculaciones intra e intersubjetivas de los sujetos, discursos y contextos para el surgimiento de vinculaciones empáticas que permitan determinar los imaginarios socioculturales según lo afectivo-subjetivo y su representación de posibilidad argumentativa. Ello implica el reconocimiento del lenguaje como mediador creativo de la recepción-percepción que soporta los procesos interactivos alrededor del Ser, para constituirlo, centro enunciativo por excelencia.

[2] El nosotros semiótico o conciencia semiótica devenida de las relaciones de significación intra e intersubjetivas permiten al sujeto enunciante reconocerse en cuanto agente de la significación con la incorporación real de la reconversión discursiva del acontecimiento referenciado.

[3] Interesante señalar la importancia de la cotidianidad para las intenciones colonizadoras de las sociedades hiperreales por su creciente suministro de agentes de enganche que permiten la sujeción devenida de espacios profundamente reales que adquieren fisonomías fantásticas al ingresar a los planos de la ilusión hiperreal. De esta forma lo extraordinario pasa a cotidianizarse, pasa a convertirse en habitual referencia para re-nombrar el mundo alrededor de las codificaciones colonizadoras.

[4] La facilitación de tecnología por parte de los gobiernos utilizando estrategias y programas educativos, con la distribución de dispositivos electrónicos, la oferta de antenas satelitales con paquetes controlados de canales televisivos, son muestras fehacientes de la importancia de la tecnología para el control y sumisión ideológica para lograr los fines y propósitos de la dominación política-mercantilista. Al ser las vías expeditas para disuadir las poblaciones manipuladas por las sociedades del espectáculo.

[5] Afirmación contenida en el discurso de aceptación del Ernst-Bloch Preisáde la ciudad de Ludwigshafen, el 22 de noviembre de 1997.

[6] Bourdieu. Ob. Cit.

[7] Bourdieu. Ob. Cit.

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